III: Inicio


Sus largas pestañas se movían al igual que el ligero aleteo de una mariposa, suave, gracioso. Seguramente a causa de los sueños que en aquel instante estaría teniendo su preciosa mujer. Nanami podía seguir siendo una joven sin tacto ni delicadeza, ni mucho menos femenina al hablar o comportarse, pero su rostro al momento de dormir era increíblemente encantador y amaba ese pequeño momento, en que podía permitirse ver sus facciones hasta que se aburriera, cosa que hasta el día de hoy no llegaba. Se preguntaba secretamente si llegaría ese día, en que ese rostro de porcelana con el que podía perderse por horas terminaría por aburrirle... Pero él ya sabía la verdad, seguramente ese día jamás llegaría.

-Ngh... - La vio quejarse y poco a poco abrir sus adormilados párpados, mirando confundida a su alrededor hasta encontrarse con su mirada, le sonrió con ternura.- Buenos días... - Musitó -

-Buenos días - Respondió besando uno de sus adormilados ojos con delicadeza. - ¿Dormiste bien?

-Si… - Trató de incorporarse con pesadez a causa de su aún estado de letargo. Debido al consentimiento de su marido a lo largo de los años, ahora le costaba un par de minutos despertar de su descanso. -¿Cuánto tiempo llevas ahí?

-Unos minutos. - Mintió, besando su frente esta vez. - Despierta, tienes trabajo que hacer. - Sus rasgos de un momento a otro parecieron endurecerse, dejándole con una mirada molesta y alejándose de su contacto.-

-No me beses, aún estoy molesta contigo...

-¿Por qué? - Miro hacia el techo haciéndose el desentendido. Nanami había recordado la discusión nocturna más rápido de lo que había pensado. -

-No te hagas el tonto. No tuviste que hacer eso...

-Me estaba aburriendo.

-Eso no es excusa…

-¿Cuál es el problema con ello? No es como si no hubiese hecho una pequeña fortuna en todo este período para que estés contenta por unas décadas.

-¡Sabes que eso no me importa!

-Entonces no hay necesidad de seguir discutiendo.

-Pero me prometis-

-Nanami. - La calló levantando la voz mientras se acercaba a ella como un animal al asecho, quedando encima de su cuerpo sin aplastarla. Ella se quedó quieta, atenta a sus movimientos con el ceño fruncido.- No quiero estar cerca de los humanos. No me interesa que hayamos tenido un trato. He renunciado a algo que no me estaba ayudando de ninguna manera y tus intentos de relacionarme con ellos fracasó cuando me comencé a aburrir. Punto final de este tema.

-¡Eres un bastardo mentiroso!

Le lanzó una serie de objetos a su alcance que chocaban con fuerza por las paredes y el suelo, sin llegarle ni uno solo a rozar el cuerpo del zorro. Luego de un par de improperios Nanami tomó una muda de ropa y se dirigió al baño dejando a su marido tan cabreado como ella.

-Eres de verdad el rey de los imbéciles. -Comentó una suave voz desde el pasillo de la habitación, sin mirar a su dirección, Tomoe tomó una almohada lanzándosela a la cabeza del familiar.-

-Cierra la boca, esto no es asunto tuyo.

-Tal vez no lo sea, pero Nanami-chan sigue siendo mi maestra y es mi deber mantenerla feliz, aun si eso significara llevarte al mundo humano y obligarte a hacer amigos.

-¿Quieres intentarlo? - El aire golpeo con ligeras descargas al momento de responder, demostrando como los poderes del albino se elevaban por la ira. -

-N-no soy suicida, sólo lo digo hipotéticamente. Aun así sigues siendo un imbécil.

-Cierra la boca, víbora. - Gesticuló cada palabra con un odio interno que al pasar los años lo iba sintiendo menos en su interior. A pesar de todo, le agradaba ese molesto sujeto. Pero no soportaba que se metiese en la relación con su esposa. Mucho menos que se pusiera de su lado. - No es de tu incumbencia lo que discuta en la cama con mi mujer.

-Tal vez no, pero aun así me pregunto por qué has elegido justo en este momento renunciar al trabajo que después de mucho tiempo parecía estar entreteniéndote.

No respondió, se dirigió al baño principal del templo pasando olímpicamente de la presencia de Mizuki y su pregunta se quedó en el aire. Aun cuando no le gustase admitirlo, le había empezado a tomar cierto aprecio al campo laboral del cual era parte en el mundo humano. Pero estaba dejando de lado lo que más deseaba en ese momento y era mantenerse al lado de Nanami, pasar las mañanas a su lado y verla trabajar como una de las Diosas más importantes de la ciudad era algo de lo que a él le llenaba de orgullo en lo profundo de su corazón, y perderse esos momentos por tratar de aparentar ser un ser mortal por unas horas le estaba por consumir su paciencia. Si es que ya no lo había hecho. Su dulce mujer había avanzando tanto por si misma que incluso encontraba innecesario las ganancias que traía al terminar la jornada laboral, no es como si ganase mal de cualquier manera, a pesar de su especialidad, seguía siendo un médico.

Sin embargo ya había gastado siete años de su matrimonio contentando las expectativas de su mujer, ahora era él quien quería ser mimado y amado hasta la saciedad. Ya habría tiempo para los humanos, después de todo, ellos eran seres inmortales, cosa que Nanami solía olvidar con bastante frecuencia.

Dio por terminados los últimos arreglos antes de que su familia se sentase a la mesa. El templo estaba adornado con diferentes objetos y bendiciones que se esparcían desde la entrada hacia el jardín principal, listo para un matrimonio que iniciaría mañana en la noche. También había sido trabajo de Nanami organizar gran parte del trabajo sola, cosa que pudo evitar si no hubiese sido tan terca con la excusa de ''mi amiga merece lo mejor de lo mejor, y solo yo se lo puedo dar''. Habían veces que definitivamente quería encerrarla en una habitación, pero no podía negar que su trabajo había sido impecable. Eso también le atemorizaba…

¿Y si Nanami en un futuro dejara de depender de él? ¿En qué se convertiría?

Definitivamente no quería que su esposa lo viese como alguien del cual no pudiese apoyarse en momentos difíciles, y le caromomia la conciencia pensar que si se volvía lo suficientemente autónoma e independiente de él, se terminaría aburriendo. Que los Dioses se apiadasen de su alma si eso alguna vez ocurría, lo que más le espantaba actualmente era pensar no ser lo suficientemente capaz para que ella se apoyase o confiase en él. Sería tan humillante, tan vergonzoso, tan deplorable.

Ser dejado de lado por la mujer del cual únicamente podía proteger y servir.

Era un miedo irracional, lo tenía claro. Pero siempre estaba adueñándose de su corazón, como una plaga que cada día lo iba infectando más y más. Necesitaba cambiar eso. Por lo que un trabajo humano definitivamente en estos momentos no era lo que necesitaba para hacer feliz a Nanami.

Necesitaba que ella estuviese a su lado, que lo cuidara, que le permitiese apoyarse en él, pero sobre todo… Que lo amase.

Definitivamente eran cosas que no diría abiertamente, muchos menos a Mizuki.

-Tomoe, el desayuno esta tan delicioso, como siempre.

-¿Mikage-san, estas seguro que le has dado todas las presentaciones a los invitados de mañana?

-Por supuesto, no te preocupes. Todo está completamente listo. - Respondió con una amable sonrisa. - No deberías preocuparte tanto, Nanami.

-Es el matrimonio de mi más preciada amiga, ¡por supuesto que me preocupo!

-Está bien, pero no puedes dejar que ella te vea tan ansiosa en su día deseado, ¿no? Podría jurar que estas más nerviosa que ella para que la boda se realice. - Bromeo, tratando de tranquilizar ese semblante serio que le estaba entregando, fracasando considerablemente cuando ella solo se levantó de la mesa mientras mantenía su atención puesta en unos papeles que se había llevado a la mesa .- Juro que no vi cuando llegó el día en que nuestra linda Nanami creció hasta convertirse en una mujer responsable. Estoy tan orgulloso.

-Mikage-san no diga eso. -Lo reprendió Mizuki. - Nanami-chan no debería agobiarse tanto por su trabajo, terminará consumiéndola.

-Lo que dices también es verdad. En estos últimos años se ha dedicado con pasión a su deber. Tanto que me pregunto si será saludable. ¿Tú qué piensas Tomoe?

-¿Hm?. - El nombrado levantó la mirada, ajeno a la conversación.-

-A pesar de sentirme bastante orgulloso de los progresos de Nanami. Empiezo a preocuparme de su salud. Los Dioses a pesar de sus obligaciones también tienen que poseer ciertos pasatiempos de vez en cuando.

-Estoy en parte de acuerdo contigo, pero tampoco podemos obligarla a denegárselo.-Por ahora… -

-Tal vez deberías intentar convencerla para tener una distracción para ella. ¿Qué me dices? Tomo su trabajo por unas semanas mientras la ayudas a relajarse.

-¿Cómo unas vacaciones? ¡Me gusta la idea Mikage-san! - Respondió Mizuki emocionado. -Yo también podría acompañar a Nanami-chan para que se sienta realmente feliz.

-No te integres a nuestros planes. - Alegó Tomoe cabreado.-

-¿Por qué no? Yo también quiero pasar tiempo con Nanami-chan.

-Creo que por esta vez será mejor que los dejemos solos, Mizuki. Te quedarás a ayudarme en las labores del templo.

-¡No es justo!

Dejó la sala con elegancia dirigiéndose a la cocina, escuchando desde lejos los sollozos de Mizuki. A pesar de que no le gustaba mucho dejar el templo e ir por ahí de visita, realmente la idea le tentaba. Hace mucho tiempo que no había tenido tiempo para pasar a solas junto a Nanami, aun cuando siempre había sido generosa para ir a sus brazos y no le negaba su cuerpo en las noches, no era lo mismo estar en el templo que en un lugar donde estarían solamente ellos. Ya con la suficiente motivación para sugerirle la idea se dispuso a cambiar el rumbo e ir al templo de oraciones donde estaría trabajando. Tal fue su sorpresa al correr la puerta de bambú que por un momento quedo sin respiración.

Nanami estaba en el suelo respirando con dificultad, como si estuviese padeciendo una dolencia o a alguien que le estuviera haciendo daño con un hechizo a distancia. La última idea le provocó pánico y corrió hacia ella para tomarla entre sus brazos. Estaba ardiendo, su cuerpo entero estaba ardiendo.

-Nanami… ¿Puedes escucharme?. - Gracias al cielo que aún se mantenía consiente y su voz había sonado con más calma que su estado real.-

-Tomoe…

Su voz se oía quebrada y débil. La tomó entre sus brazos y se dirigió hacia el baño más cercano para abrir la regadera y dejar que el agua fría cayese hacia sus cuerpos. Agradeció internamente que eso ayudo a que su estado se controlara. Se sentó con las piernas cruzadas mientras permitía que Nanami se relajara entre sus brazos, su respiración se volvió más tranquila y cuando vio que su cuerpo se había enfriado lo suficiente, cerró el grifo y la secó con sus poderes, se levantó y se dirigió a la habitación de ambos para recostarla en su cama.

Cuando pasó por el salón, tanto Mizuki como Mikage se sorprendieron a ver a Nanami descompuesta.

-¿Qué sucedió? - Dijo Mizuki nervioso de que su maestra se encontrase desmayada. Tomoe se dirigió hacia Mikage.-

-La encontré en el templo de plegarias con temperatura muy alta, creo que se ha enfermado de una gripe o algo. La enfrié en la regadera pero aún está muy débil.

-Debió consumir sus poderes al límite. - Mikage tocó su frente para calmar su respiración. De un segundo a otro Nanami parecía estar dormida y sin dolores internos. - No suele ocurrir muy a menudo, pero para estar seguros llévala a descansar por hoy. Yo me encargaré de los deberes del templo.

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Nanami gruñó al sentir su cuerpo pesado, agotado. Desde que había dejado de ser humana pensó que jamás volvería a sentir esa sensación de derrote total. Por lo que lo recibió con un quejido mientras recobrara el conocimiento. Al abrir los ojos pudo notar que se encontraba en su habitación y el día había terminado para dar paso a ese cielo nocturno que tanto disfrutaba ver en el porche del templo. ¿Cuánto tiempo había estado desmayada? Se incorporó con dificultad para darse cuenta que no estaba sola en la habitación. Tomoe estaba arreglando unas ropas limpias en una esquina no tan lejana. Cuando la vio moverse se apresuró a ir a su lado para impedírselo y con suavidad la volvió a recostar en la cama.

-No te levantes, has dormido durante todo el día. ¿Te encuentras mejor?. - Susurró cerca de su rostro para no molestarle en caso de que tuviese dolores de cabeza. A pesar de todo, se había mantenido completamente consiente luego de acostarla y caer en un profundo sueño.-

-Si… Solo me siento cansada. No sé qué me pasó… Estaba por cumplir una plegaria cuando sentí que mi cuerpo se descompuso en un segundo.

-Debes estar agotada Nanami, te lo dije… A pesar de que eres un Zenko tienes que relajarte de vez en cuando.

-Pero no me he sentido agotada, ni siquiera un poco cansada. - Sus ojos se nublaron en lágrimas que no caían. - Me dio miedo Tomoe… Pensaba que me iba a pasar algo.

-Está bien. - Le calmó, recostándose a su lado sin destaparla para rodearla entre sus brazos, sentía su lenta respiración en la tela de su pecho mientras ella le rodeaba con sus delgados brazos de doncella. - Solo fue un susto, ahora estás mejor. - No sabía cómo, jamás en todos estos años ni con su extensa magia divina podía comprender como Tomoe solo con estar a su lado hacia que sus miedos desaparecieran con unas simples palabras. Como su calor solo con tenerlo cerca de su cuerpo le reconfortaba de una manera que nadie más podía. - ¿Te sientes mejor? - Susurró con dulzura. -

-Sí. -Se acercó a su cuerpo abrazándolo con más fuerza.- Creo que debería descansar un tiempo. Tal vez tienes razón y si me he extralimitado últimamente.

-Estuve hablando con Mikage en la mañana. Dijo que podía hacerse cargo de los quehaceres por unos días mientras te relajas fuera del templo.

-¿En serio? - Lo miró sorprendida. - ¿Podemos ir al mar?

-A donde tú quieras. Podemos salir del país si es lo que quieres.

-¿Estás seguro? - Nanami sabía que Tomoe no se tomaba muy bien estar tan lejos del templo. Por lo que jamás había pensado la idea de salir del país.- N-No necesitas hacerlo por mí… - Él tomó una de sus manos para besarle los nudillos, mientras la miraba con una pasión y posesión que casi le robo el aliento. -

-Por ti lo que sea, mi señora. - Esas palabras hicieron que sus lágrimas volvieran a emerger, podía ser tan maravilloso cuando estaban solos. Y ciertamente la idea le tentaba, estar con Tomoe era lo que le hacía más feliz que cualquier cosa. Disfrutar de su compañía mientras charlaban, debatían, compartían o se amaban era lo que le llenaba el corazón de una manera que jamás pensó que sucedería. -

-¿Tienes un destino en mente? - Usó la mano que Tomoe había tomado para acariciar su suave mejilla, el reacciono de una manera que le recordó a un felino buscando cariño. Pensó por unos momentos y le miró estoicamente. -

-Realmente nunca he pensado en algo así…

-Mmm… Cuando estudiaste en varias ocasiones me dijiste que te parecía interesante el panteón griego. Tal vez si vamos podamos tener la oportunidad ver a algún Dios curioso.

-Te sugiero que pienses bien el destino en ese caso. - Su mirada se había endurecido, como si la idea le molestase. - Los Dioses occidentales jamás han sido tan benevolentes como los Shinto. De hecho, se han visto envueltos en varias rencillas que han terminado violentamente.

-¿En serio? - La idea de que Tomoe dejase como benevolentes o amables a los Dioses que conocía le daba un escalofrío terrible el pensar como serian ellos. -

-Sí, no suelen ser muy amables cuando se sienten amenazados en su territorio… Aunque. - Pensó por unos momentos antes de mirarle nuevamente. -Eso sucedió hace más de mil años. Tal vez ahora estén más debilitados. Como casi no tienen creyentes posiblemente su fuerza ya no es como antaño.

-¿Alguna vez los has conocido?

-No, pero creo que conocí una vez a un mocoso libidinoso que era parte de ese panteón. Gastó mi paciencia en tiempo record y le di una paliza tan grande que jamás se atrevió a acercarse a los zorros espirituales. - Rio con sadismo.- Oh, el pobre imbécil se lo tenía bien merecido.

-¿Recuerdas su nombre? - Pregunto curiosa. -

-Uno de sus lacayos le decía Baco.

-¡Santo cielo, le pegaste a Dionisio!

-¿Es importante? - Su respuesta carente de importancia le hizo reír. Era increíble como Tomoe se había envuelto en situaciones de una pelea con un hombre del cual solo había leído e libros. Ciertamente, la inmortalidad tenía grandes beneficios para crear recuerdos con seres que habían sido inmortalizados en la historia. Su risa se detuvo por un segundo, recordando las cosas que había perdido por estar en esa situación. Era inmortal y estaba agradecida que viviría hasta el fin de los tiempos con un hombre tan maravilloso como lo era Tomoe. Pero había perdido tanto… Que le era difícil no pensar en eso la mayor parte de los días. - Creo que aun estás algo agotada, decidiremos el rumbo en la semana. Ahora solo necesitas dormir. - Cuando el zorro hizo ademan de levantarse Nanami lo agarró con más fuerza y rodeo sus piernas a través de su cuerpo.-

-No te vayas Tomoe.

-¿Estás segura?

-Sí, no quiero estar sola.

Eran palabras simples que la mayoría de los amantes se solían decir. Pero para ellos significaba tanto que no reclamo ante su petición. La rodeo nuevamente entre sus brazos y acaricio su cabello con delicadeza hasta que la sintió relajarse entre sus brazos. Su preciosa Nanami, tenía tanto miedo de pensar que le pasase algo. Tenía terror de perderla de un segundo a otro. Pero lo peor de todo. Es que sufría todos los días por no entregarle lo que ella hubiese deseado desde que era pequeña.

Si tan solo hubiese una forma.

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-¿Es necesario todo esto? - Pregunto Mizuki mientras luchaba inútilmente por acomodarse ese traje humano que para él era tan incómodo como ridículo. - Himemiko-san es un pez. ¿Por qué tiene que simular un matrimonio humano?

-Ya, ya. -Lo calmo Mikage mientras arreglaba su corbata por tercera vez. -Ella quiso que su boda fuese de la forma en que la lo celebraría Kotaro. Será solo por un rato. ¿Está bien?

-¡Pero es tan incómodo!

-Deja de llorar. -Respondió Tomoe cabreado, igual de incomodo que Mizuki, pero no quería admitirlo abiertamente. -

-Bien, Kotaro ya debe estar esperándonos, así que vayamos y deseémosle las bendiciones que corresponden, ¿está bien?

La boda había sucedido de acuerdo a todo lo planeado de manera perfecta. Himemiko había llegado a través de un camino de flores y kitsune-bi en un cielo nocturno con un vestido totalmente blanco que cubría su cuerpo humano. Todos los seres del pantano y amigos que Himemiko y Kotaro habían hecho a través de los años se encontraban ahí para darle sus respectivas bendiciones. A pesar de que no le gustaba mucho participar en las bodas, Tomoe se sentía feliz por ellos. Rebosaban alegría y amor por donde fueran y en el momento del vals, tradición que Himemiko quería incluir en su matrimonio, ellos lloraron de felicidad. Ciertamente había sido un día feliz y lleno de emociones para todos. Pero lo que más le perturbaba es que Nanami a pesar de estar tan alegre y emocionada como ellos, se veía agotada. Apenas caminaba con energías y en varios momentos la vio tambalearse de su lugar. La había obligado a ir al interior del templo para que descansara pero ella repetía una y otra vez que quería estar presente en el día más feliz de su tan querida amiga. Cuando la celebración terminó después de altas horas de la madrugada, Himemiko y Kotaro se acercaron a ella antes de retirarse a descansar de ese agotador día.

-Nanami-san, nuestra felicidad te la debemos totalmente a ti, muchas gracias por todo lo que has hecho. - Recibió un cálido abrazo por parte del hombre que ya desde hace bastante tiempo había perdido ese característico aire infantil en su cuerpo. Siendo reemplazado por un chico masculino y templado. -

-Espero que sean realmente dichosos en lo que les depara. - Lo soltó para dirigirse a su pequeña amiga que no había cambiado en absoluto a pesar de sus años. -

-Nanami-chan, muchas gracias por todo. Soy tan feliz que creo que lloraré otra vez. -La abrazó con ganas. -

-Oh por favor no lo hagas, que volveré a llorar si te veo a ti. - Rieron en complicidad mientras se soltaban mutuamente. -

-Aun no puedo creer que no hayas permitido a mis sirvientas ayudarte para esto.

-Ya te lo dije, quería que fuese especial y no podía permitir que quedase algo mal puesto o algún utensilio que faltase. - Himemiko rio por su terca y maravillosa amiga. -

-De verdad estoy feliz por lo que has hecho por mí, pero por tu bien… Ve a descansar unos minutos. Por mí. - Le pidió Himemiko cuando el rostro de Nanami ya se haba enrojecido por la alta temperatura. - Mikage-san me ha dicho que no te has sentido bien desde ayer y has estado durante horas en la celebración. No quisiese que te pasase nada malo.

-No te preocupes Himemiko. Disfruta en tu luna de miel.

-Lo haré. - Le dio un fuerte abrazo antes de alejarse. - Te llamaré cuando vuelva.

Le saludo con entusiasmo y cuando vio que ya no había registro de ella en el cielo, se desplomo en los brazos de Tomoe. Este algo cansado y bastante molesto por su actitud soltó una maldición mientras se dirigían a la habitación. Cuando llegó a su cama, la tiró hacia el futón

-¡Hey, podrías ser más delicado!

-No me vengas con eso cuando desde hace horas te he estado diciendo que te fueses a la cama. Maldición Nanami, has empeorado solo por estar jugando. - Tomo unas cuantas toallas desde el extremo de la habitación e hizo aparecer un poco de agua para mojarlas. -

-No estaba jugando. - Respondió cabreada. Pero Tomoe tenía razón, estaba segura que volvería a empeorar por no descansar correctamente. - Estaba disfrutando el momento más importante de la vida de mi mejor amiga.

-Eso no es excusa. Que no te das cuenta que arriesgas mi vida por no cuidarte. Eres tan inconsciente como cuando tenías 18 años.- Nanami se sintió ofendida por ese comentario mientras él le quitaba las ropas sin mucha delicadeza. -

-No soy contagiosa. - Reclamó tirando de su vestido para que no la viese semi desnuda.-

-No me refiero a eso. - Dejó caer la prenda en el suelo mientras la abrazaba con necesidad, Nanami estaba confundida por la incongruencia entre sus acciones y sus palabras. - ¿Que no te das cuenta que si te pasa algo no tendría sentido seguir para mí? - Sus palabras la golpearon fuerte. - Tienes que cuidarte por los dos Nanami. Si te pasara algo no sé qué sería de mí. - Ella apretó más su abrazo mientras una de sus manos viajaba por su cabello albino, sintiéndose culpable. Había preocupado más de la cuenta a su amado. -

-Lo siento… Prometo cuidarme, pero por favor deja de gritarme. Me duele mucho la cabeza y no tengo ganas de discutir.

-Está bien. - La soltó y le paso una de sus camisas para dormir. Cuando la tomó él se dirigió a la salida.- Iré a ver como se encuentra Mizuki. El idiota bebió de más. - Antes de salir Nanami se levantó y tomo el extremo de su haori. -

-Espera… Quiero preguntarte una cosa.

-Debes descansar Nanami.

-Es sólo que no dormiré tranquila si no me das una respuesta. - La miró con resignación y con un suspiro asintió.-

-¿Qué es?

-¿Por qué dejaste tu trabajo?

-¿De verdad quieres discutir eso otra vez?

-No, quiero la verdad Tomoe.

-¿Qué quieres que te diga? Estaba aburrido Nanami. He estado años de mi servicio solo haciendo cosas para complacerte, por una vez quería pensar en mí y estar en casa, contigo.

-¿Es así? ¿Pedí algo que para ti fue insoportable? - Sus ojos se inundaron en lágrimas por ese pensamiento, solo quería que Tomoe conociese el mundo de donde venía, que el también tuviese amigos. -

-No Nanami, no es así. - Acaricio su mejilla en un acto de reconfortarla. - Estaba aburrido, pero jamás dije que no lo haya disfrutado. No quiere decir... - Dudó un poco, mirándola nuevamente esta vez con más sinceridad.- Que no me vaya a acercar paulatinamente a ellos... Lo haré, te lo prometo. Pero por ahora... Sólo por ahora déjame disfrutar nuestros primeros años de casados. Por favor…

-Eso es imposible...

-Que… - La observó desconcertado. -

-Llevamos siete años casados, creo que nuestros primeros años ya han pasado. - Rio por sus palabras. -

-Ahh entonces será mejor que los recuperemos desde ahora. - Sonrió astutamente, haciendo que ella se alejase por inercia. -

-T-Tomoe estoy enferma. - Afirmó mientras rodeaba la habitación, alejándose aún más del astuto zorro que la asechaba lentamente, poniéndola nerviosa. -

-Eso no te ha detenido durante todo el día. - Dijo mientras daba un paso hacia ella que la dejó encerrada en la pared. - Ven aquí Nanami...

-¡A-aléjate de mí!

Destelló atravesando el cuerpo del kitsune mientras se dirigía al otro extremo de su habitación, pero antes de darse cuenta, su cuerpo dejó de reaccionarle y la realidad de pronto se volvió confusa. Cayó al suelo golpeándose el cuerpo con fuerza mientras escuchaba un constante sonido agudo que resonaba sus sentidos en comparación a los gritos incesantes de Tomoe que no comprendía en absoluto. Sintió su cuerpo siendo tomado, pero no sentía el calor propio de su amado. Su cabeza le daba vueltas y lo único que podía hacer era sentir como su cuerpo bullía en fuego que quemaba cada parte de ella, se sentía débil, indefensa. Antes de perder el conocimiento lo único que escuchaba era la voz de Tomoe gritando por ayuda desvaneciéndose en conjunto con su visión, quedando en una profunda oscuridad de la que no fue capaz de evitar.


Si que ha pasado tiempo desde la última vez que actualicé este fic. Estaba muy entusiasmada al principio pero el final de Kamisama me dejó con tan mal sabor de boca que simplemente perdí las ganas y el cariño de la historia. Así que me costó mucho conseguir la inspiración suficiente para seguir. No me gusta dejar los fics inconclusos, y de hecho ya tengo previsto el desarrollo completo de esta historia (Incluso algunas paginas de su final) pero como digo, de verdad el final fue tan mierda que no me dan ganas de recordarla, aunque mi amor por Nanami hará que siga este fic y probablemente el último para el fandom. Muchas gracias por las personas que pasen por aquí y nos vemos en la próxima actualización. ~