V: Miedos
¿Qué es lo que tenía que sentir en ese punto de su vida?
Desde que había despertado de su inconsciencia a causa de su extenso letargo, durante varios días aquella pregunta se había mantenido en su mente, constante, atenta a ser resuelta por muy simple que fuese su respuesta. Hace un mes atrás, hubiese respondido que su trabajo como deidad purificadora era su mayor responsabilidad en su día a día, que su matrimonio con su amado esposo se mantenía, además, con la misma importancia dentro de su vida. Pero ahora, ese cuestionamiento se le era tan complejo por tantas razones diferentes que su mente era un caos constante por hallar una respuesta. Aun no lograba asimilar que haría desde ahora en adelante, que estaba por venir, que debía de hacer. Y más aún, como debía reaccionar.
Nanami no podía utilizar ningún tipo de poder, y debía mantenerse en reposo hasta que se mantuviese estable de su salud. Y no podía saber cuánto tiempo demoraría en estarlo, ya que su sistema había colapsado agresivamente a causa de su terquedad y su cuerpo se había debilitado a un punto alarmante, por lo que el templo había pasado a ser responsabilidad de Mikage nuevamente, hasta que se encontrase mucho mejor. Ella no se quejó, ni siquiera emitido comentario alguno debido a que aún se sentía un poco confundida con respecto a toda a situación que vivía actualmente. Pero se sentía algo inservible, inútil en una tarea que ella debía realizar para poder pagar la bondad de los Dioses por entregarle una vida al lado de los seres que amaba.
Ahora que no sabía dónde se encontraba su deber ni su lugar en el mundo, ni tampoco cuanto demoraría en volver a ser responsable del templo, el sentimiento iba creciendo mientras pasaban los días. Poco a poco, llenaban de inseguridades el interior de su corazón y su mente se volvía un caos total.
Únicamente por no ser de utilidad. Por sentirse como una humana. Estaba completamente perdida mental y emocionalmente como en su época de adolecente, y lo peor de todo es que aún no sabía cómo seguir con la situación que estaba viviendo.
— No pienses en eso.
— Nanami-chan, ¿estás despierta? — Se levantó del futón cuando escuchó la voz de Mizuki llamándole desde fuera de la habitación. —
— Si… Adelante.
— Con permiso. — Cuando alzó la vista pudo presenciar a su familiar con una bandeja llena de alimentos para un desayuno humano balanceado. — Espero que se encuentre bueno, lo hice con todo el amor posible.
— Muchas gracias Mizuki. — Se reincorporó para acomodar la bandeja a su lado y para su sorpresa, Mizuki había avanzado considerablemente desde la última vez que había probado algo hecho por él. — Está delicioso.
— Me alegra saber que te guste. — Respondió sentándose a su lado, mientras atrapaba entre sus manos un trozo de naranja. — Debes alimentarte correctamente para mejorar lo más pronto posible, Nanami-chan.
Ella le sonrió con amabilidad. Sus palabras le advirtieron que tenía que recuperarse pronto para así no preocupar además a su familia ni a sus amigos, quien se preocupaba plenamente por ella más en esa etapa con la cual mejoraba a paso lento, eso lo tenía claro. Sin embargo, ahora no solo era por ella, tenía alguien más por lo cual preocuparse, tenía a alguien que dependía considerablemente de su condición física. Tomoe por su parte, no había aparecido desde que recuperó la conciencia y habló con el pequeño ser celestial que posterior a su paga, se retiró del templo y de la pequeña tienda que poseía en el inframundo, antes de ello, había visitado por última vez a Nanami para desearle la mejor de las suertes dentro de los próximos meses, indicando además que su viaje era debido a que donde se encontraba hospedado ya no era un lugar seguro por el cual mantenerse, ya que se había relacionado a la Diosa de la tierra de alguna u otra manera, Nanami purificaba los espíritus, por lo que su existencia había cambiado por su causa y necesitaba ser cauteloso. Se sintió algo nostálgica al recordar al primer individuo que conocía su actual condición, aún era demasiado pronto para que las personas anexas a su familia, conocieran la causa de todos sus actuales y venideros problemas, es por eso que necesitaban ser cuidadosos al respecto antes de los tres meses, en el cual al menos ya solo quedaban dos, los demás solo sabían que Nanami se recuperaba, nada más. Ni siquiera podían ir a visitarla por temor a ser contagiada con algún virus del ambiente, Mikage y Tomoe habían tomado todas las precauciones.
Tomoe…
¿Por qué no había vuelto?
…
Para él, las noches del templo eran parte fundamental para mantener su estabilidad emocional. No solía expresar sus sentimientos con respecto a los conflictos que vivía día a día, ni muchos menos frente a los demás, más bien por un tema de poca costumbre que desconfianza. Sin embargo, en ese momento, la suave brisa junto con la cortina nocturna que caía en el templo le daba la suficiente fuerza como para no necesitar ese tipo de experiencias. Era un hombre solitario y estaba acostumbrado a ello. Lo único que necesitaba era un pequeño momento a solas junto a una botella de sake como única compañera. Cuando acabó el alcohol, escuchó una puerta abrirse desde el otro lado, Nanami había salido de la habitación y lo observaba con tranquilidad, él a su vez solo desvió la mirada y dirigirla nuevamente hacia el suelo. No se encontraba ocultando su apariencia divina, por lo que sus orejas y sus colas se meneaban junto al viento, era débil ante esa imagen.
— No deberías salir en tu condición. — Respondió evitando sonar aletargado por el alcohol, ella solo se sentó a su lado, tapándose por una única manta de algodón grueso, regalo de los Dioses, seguramente. — ¿No me escuchaste?
— ¿Cuándo te he hecho caso alguna vez?
— Menos de lo que me gustaría. — Nuevamente, silencio. Nanami observaba como las almas pasaban a través del cielo buscando el descanso eterno, eran efímeras y casi translucidas. Una vez, había preguntado a Mizuk y a Tomoe si eran capaces de verlas, negaron su respuesta, mas Mikage mencionó que solo los Dioses eran capaces de presenciar el camino que generaban después de la media noche, en caso de que alguna se desviase del camino. Por lo que se sentía levemente desilusionada en que incluso en ese momento, Tomoe no fuese capaz de ver aquella imagen tan hermosa como triste. — ¿Por qué no has ido a verme?
— Tengo cosas que hacer, Nanami. — Respondió algo desanimado, Nanami por su parte sabía que algo ocultaba en su mirada. Lo abrazó desde su brazo derecho, cargando su cabeza en su hombro. — ¿Qué haces?
— No me mientas… No en este momento, Tomoe. Te necesito conmigo, no haciendo las necesidades del templo, que de eso se encargue Mizuki o Mikage.
— Es fácil para ti decirlo siendo que pasas todo el día durmiendo. — Se defendió, sin saber realmente de que. Nanami por su parte, lo observó con una mirada que casi destruye su corazón. Lucia dolida, demasiado para soportarlo o saber que había sido por su causa. —
— No me digas eso cuando lo único que necesito es que me contengas. Para mí no es fácil todo esto, Tomoe. Desperté sabiendo que cargaba a una criatura en mi vientre, y lo único que haces es evitarme. ¿Acaso no estás feliz? ¿Acaso crees que todo lo que pienso es en flores y dulces? Por los dioses… ¡Estoy aterrada y solo necesito que estés a mi lado! — Vociferó con una voz fragmentada, había explotado y liberando todos sus pensamientos en una sola frase que lo único que generó fuese que sus lágrimas cayesen sin detenerse, Tomoe, actuando por instinto, la abrazó tan fuerte que casi la deja sin aire. —
— Yo también, estoy aterrado… No sé qué decir ni cómo actuar con todo esto… Perdón. — Afirmó con fuerza, no la estaba evitando a ella, estaba evitando este momento, Tomoe no era para nada bueno cuando una situación lo superaba emocionalmente. Un niño, un cachorro de él y Nanami era algo por lo que ocasionalmente había soñado. Pero hace años parecía ser algo totalmente imposible, hasta hace unos días… Necesitaba acostumbrarse a la situación, pero no quería dejar a su esposa sobrellevándolo todo por si sola. Había fallado totalmente. —
— Entonces… ¿Estás feliz? — Le preguntó con dulzura su amada esposa, él la observó por unos segundos, tomando su mejilla con una de sus manos. Juntó su frente con la de ella en un símbolo de intimidad. —
— Totalmente.
No han pasado 84 años, solo 1
Actualicé netamente porque no me gusta dejar fanfics inconclusos y esta historia, junto a Nanami, las quise mucho como para dejarla así. Hay cosas que he olvidado casi totalmente, como los nombres de ciertos personajes o algunas ideas que tenia inicialmente, pero no creo que influya mucho en la trama.
Como mencioné el año pasado, esta historia está concluida, pero por pedazos y no haré un esfuerzo en desarrollar cosas como antes, así que los capítulos serán cortos y algo precisos con respecto a lo que podría decir. No podría ser la mejor forma de desarrollar una historia, pero prefiero eso a no terminarla jamás.
Si existe gente en el fandom aun, pues espero que disfruten esto.
