VIII: Vencedor
''Incluso si decaigo no te preocupes, porque saldremos de esto, cueste lo que cueste, más que mal vengo de una fuerte familia de mujeres. Pero Tomoe, sonríe para mí, solo eso te pido. Eres mi más grande apoyo. ''
La promesa que Nanami le había hecho durante los primeros días de conocer la noticia que la mantenía delicada, ahora parecía un lejano recuerdo en los pensamientos de Tomoe, pensaba mientras fumaba durante la noche en el porche, pensando, esperando que su amada mujer despertase de su descanso.
El cuarto mes de embarazo se había cumplido durante un día despejado y radiante en plena época de otoño, nadie en el templo estaba feliz. Nanami no había despertado desde la recaída que había sufrido hace ya un mes exacto, y Miko solo pedía paciencia a quienes conocían el estado de la chica y pedían explicaciones que por el momento, no podía entregárselas.
''Era una posibilidad que esto ocurriese. '' Había dicho una vez que la había analizado ya hace varios días atrás. Miko era la única que se encontraba durante todas horas en el interior de la habitación de Nanami, que había sido preparada con telas y esencias alrededor para estabilizar su estado, daba la impresión de una pequeña crisálida de seda cada vez que la observaban desde fuera de la habitación. Un pequeño capullo en el cual sentían que su maestra moría poco a poco, junto con la vida del templo Mikage.
Nadie sabía cómo manejar la situación, el ambiente del templo se sentía asfixiante, apenas y se podía observar algo de miasma producido por la inestabilidad de la energía de la diosa de la tierra. Mikage hacia lo posible por limpiar el ambiente para que los creyentes de los pies de la montaña no se asustaran por el drástico cambio que el templo estaba sufriendo. Ya ni siquiera los visitantes podían mantenerse por más de cinco minutos en el templo secundario. No sabían que más hacer, pero dejaron las labores profesionales de lado, ahora estaban preocupados por Nanami y la pequeña criatura que hacia lo posible y lo imposible por mantenerse con vida, que más que mal, era por eso que la chica había colapsado.
— ¿La energía de la luna no serviría? Fue eso lo que la antigua criatura utilizó para darle más energías a Nanami-chan durante el primer mes. — Preguntó Mizuki mientras refrescaba el cuerpo de la chica con paños húmedos, ella lo miró desilusionada. —
— Eso no será posible, suele funcionar cuando sucede una desarmonía de sistema, no cuando el cachorro está luchando por vivir. Acá no hay una alteración, sino que la energía que tiene Nanami no es suficiente para mantener con vida a ambos, y eso además ocasionaba que la membrana se desprenda, es por eso que es importante que Nanami se mantenga casi sin moverse, su cuerpo entró en estado de suspensión por el bien de ambos.
— E-eso significa… — Mizuki comenzó a asustarse, temía por la integridad de su maestra y de su hijo, eso no se lo había dicho a Tomoe durante la última revisión. —
— No temas Mizuki, significa que solo queda esperar. Las mujeres son fuertes, todas las especies les cuesta en mayor o menor medida traer una nueva vida. No se lo digas a Tomoe.
— Si… Respondió con un mínimo de esperanza en su corazón. Confiaba en las palabras de Miko. —
— Además, se los dije desde el inicio. Mientras yo esté aquí, ambos estarán a salvo.
— Sí.
Durante los próximos días, Mizuki mantenía al tanto sobre la situación de su maestra a Himemiko y a Ami, quienes tampoco podían hacer mucho sobre cómo ayudar a su querida amiga. La condición de una diosa embarazada era algo tan particular que nadie tenía conocimientos al respecto sobre cómo actuar, salvo Miko. Ella había sido una antigua nodriza de los canes espirituales a cuidado de Inari, por lo tanto, tenía relación directa de cómo tratar entes divinos en estado de embarazo. Solo ella, podía ayudar a la diosa de la tierra.
Sin embargo, las personas que conocían a Nanami, y conocían su determinación, estaban de alguna manera, seguras y esperanzadas de que la chica podría mejorar en algún momento, confiaban en escuchar nuevamente su sonrisa y su sonrisa radiante que hacía creer hasta en lo imposible.
Porque era Nanami, porque era la chica más dulce que nadie hubiese conocido jamás, y porque definitivamente era demasiado terca como para que algo como un embarazo le hiciese perder la batalla.
Definitivamente, creían en ella. Necesitaban creer en ella.
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Durante una noche de fuertes lluvias, mientras Mikage se había dirigido hacia el templo de Ookuninushi para atender las responsabilidades de los Dioses en representación del templo, Nanami despertó. Débil, casi anémica debido al prolongado tiempo que se había mantenido inconsciente sin poder alimentarse correctamente. Mas lo primero que hizo al ver a sus familiares fue sonreírles con su dulce mirada. Miko se había retirado durante unos momentos dado que el estado parecía estabilizarse nuevamente, más se quedó en el templo junto a sus ayudantes en caso de que la salud de Nanami volviese a caer.
Mientras los días pasaban, volvía a tomar su característico color. Sin embargo, no hablaba más lo de necesario y parecía perdida en el espacio tiempo. Incluso Mamoru, quien se había mantenido como un mono pequeño durante todo el tiempo debido a que el poder divino de Nanami decaía constantemente, se mantenía en silencio o durmiendo al lado de su maestra.
— Tomoe…
— ¿Qué sucede? ¿Quieres más té?
Sugirió su familiar mientras se incorporaba de su asiento, había estado durante todo el día en el interior de la habitación sin nada más que acompañar a su amada, pero fue detenido por la frágil mano de la joven diosa. La observó por un par de minutos, si no fuese porque se aferraba con convicción ante la promesa que le había hecho a la chica hace bastante tiempo atrás, perdería la cabeza. Su querida mujer, con quien había sufrido altos y bajos durante más de mil años, con quien mantenía los más dulces y crueles recuerdos, estaba agonizando por un sueño difícil de seguir. Se notaba en su mirada… Por un segundo paso rápidamente la imagen de la chica cuando la vio en aquella cabaña hace años atrás, cuando él no tenía arraigado sus sentimientos en su corazón y no conocía lo que significaba amar a alguien hasta sentirse morir… Tiempo en que su íntimo y querido hermano cometió además, una estupidez con su amante. Dejó que sus recuerdos se volviesen espejismos en su cabeza. No tenía necesidad de recordar aquella ocasión en este momento. Nanami viviría… Ella lo había prometido, y el por lo tanto tenía que mantenerse firme y sonreír por ella.
— ¿Quieres que me acueste a tu lado? Pareces tener frio — Sugirió suavemente mientras se abría paso entre las mantas y se acurrucaba a su lado. Estaba temblando más de lo normal. — ¿Pasa algo malo?
— … Si — Su voz estaba fragmentada ante el llanto contenido. — Todo está mal… Lo siento Tomoe. Tengo miedo — Susurró angustiada, temiendo que alguien escuchase sus palabras fuera de la habitación. — Tengo mucho miedo de todo esto…. ¿Qué pasa si no lo consigo? ¿Qué pasa si no lo consigue mi pequeña? A Tomoe casi se le rompió el corazón escucharla decir esas palabras, Nanami estaba cansada, demasiado que pensaba que no lo conseguiría. Sin embargo, él la abrazó mientras besaba sus húmedos parpados, dándole al menos, un poco de tranquilidad a sus pensamientos. La entendía tanto, pero no podía decirlo en voz alta. —
— Está bien, yo estoy aquí. Lo dijiste la otra vez, ¿no? Serás tan fuerte como tu familia. Creo en tus palabras. Así que descansa tus penas en mí — Respondió con dulzura — ¿Esta bien?
— S-Si…
— Ahora duerme, no necesitas pensar en nada, salvo tal vez en una cosa. — Respondió con algo de diversión en sus palabras, Nanami lo miró confundida. —
— ¿Qué?
— Miko dijo que era un niño. — Las lágrimas de Nanami se sentían diferentes cuando vio como inundaban sus ojos, carraspeo suavemente. —
— Me ganaste. — Sonrió, Tomoe, divertido. Besó esta vez la coronilla de su cabeza. —
— Así es, yo gané.
