X: Akira


Cuando Nanami cumplió el sexto mes, Miko comenzó a preparar su proceso de parto casi con inercia, sin consultárselo a nadie. Tomoe y Mikage habían cuestionado su actuar y hacerlo durante el momento en el cual la chica tal vez no sería capaz de soportarlo, mas ella no estaba muy segura de permitir que el pequeño cachorro se mantuviese hasta la última etapa en el cuerpo de la diosa, necesitaba separarlos. Mientras más rápido, mejor para los dos. Necesitaba que su probabilidad de sobrevivencia fuese la más alta posible, y permitir el término del embarazo solo le haría daño a la diosa de la tierra. Nanami estaba de acuerdo, con mucho miedo en su corazón, pero no podía permitir nublarse por el terror. Mientras ordenaba los últimos detalles en su habitación, Nanami le pidió a Miko que se acercara.

— ¿Tienes miedo? — Preguntó la sacerdotisa un tanto divertida por la cara de la chica. —

— Estoy aterrada… Respondió, Miko rio por el honesto comentario que había dicho con tanta ligereza. —

— Es algo normal, ten por seguro que todo pasará bastante rápido, la idea es que ambos no pasen por tanto sufrimiento o podría ocasionar complicaciones.

— Miko-san… Si esto no funciona… ¿Hay algo que puedas hacer para sobrevivir? — Preguntó Nanami, si bien sabía que todo corría con algo de suerte, necesitaba saber que tenía por lo menos una garantía. Miko sin embargo, la miró con tristeza mientras tomaba su mano. —

— No corre por mí, eso depende de tu fuerza y que ese cachorro resista. — Respondió secamente — Aunque…

— ¿Aunque?

— Si tu corazón deja de latir… Podría darte una descarga — Su manos mostraron chispas de energía, Nanami tragó duro. — Es muy gratificante hacerlo cuando no pueden más. Es como tirarlos del pie una vez que piensen que van hacia la luz — Siguió con una risa maliciosa y llena de sádico deseo —

— Está bien.

— ¿Eh? — Nanami tomó las manos de la dorada kistune —

— ¡Si llego estar en peligro, haz lo que tengas que hacer! — Miko quería decir que había sido una broma, una no malintencionada. Sin embargo, esos ojos llenos de esperanza que tenía Nanami, solo hizo que no pudiese serle honesta. Con una sonrisa forzada, presionó sus manos. —

— Sí.

Antes que la labor de parto comenzase, Miko permitió que la familia de la chica se acercase a ella para darles ánimos. Siempre era difícil verlo cuando no tenía un futuro certero de lo que sucedería dentro de la habitación. Incluso la princesa del tatara numa estaba ahí para darle las mejores energías a su querida amiga. Tomoe solo le había dado un cálido beso una vez todos se habían alejado, mencionándole algo que a Nanami parecía haberle agradado bastante, ocasionando un sonoro suspiro de alivio.

— Estamos listas. Mencionó la dorada kistune para que Tomoe se dirigiese a la salida de la habitación. Observó a Nanami suspicaz, esta solo rio por la notoria curiosidad que tenía la sacerdotisa. —

— El nombre de nuestro hijo. Miko pareció un poco impresionada, por lo general los zorros solían darles nombres posterior a los tres días de nacido. — ¿Qué te parece Akira? — Miko sonrió. —

— Es perfecto para un hijo viniendo de ti. Ahora, preparémonos.

— Si…

Miko sabía que eso sucedería, maldita sea que lo sabía… Entonces, ¿por qué no se había preparado con más sangre para casos así? Ahh, sí. Era una estúpida que confiaba demasiado en las promesas. Sus cojones imaginarios que Nanami estaría bien, tan rápido como ocasionó la labor de parto para que el cachorro bajase, la chica se desestabilizó drásticamente.

— ¡No hay suficiente dilatación!

— ¡Su energía está decayendo de golpe, Miko-sama!

— Miko-sama está perdiendo mucha sangre-

— ¡Ya lo sé maldición! — Gritó endemoniada a las chicas que la asistían. La estaba perdiendo con más rapidez de lo que esperaba y lo que estaba haciendo a su alcance era inútil… La cabeza de la cría ni siquiera estaba coronando y la chica había perdido demasiada sangre para ejercer fuerza. —

— Miko-sama debemos insensibilizar su parte posterior para que pueda dar fuerza sin tanto dolor…

— No pueden.

— Pe-Pero la chica apenas puede consigo misma…

— El problema es que eso la dejara tonta, necesitamos que este consiente en todo momento — Un par de minutos más, logró ver lo que quería, la cabeza estaba asomándose. -

— Bien empecemos… ¡Nanami!

— Q-qué… — La pobre chica había estado gritando por tantas horas que apenas podía modular una sola palabra en ese momento, ya no le quedaban fuerzas para seguir batallando. —

— Necesito que hagas fuerza cuando te lo ordene, ¿me oyes?

— Si…— Afirmó con apenas un susurro. —

— Muy bien

La sangre se detuvo por un momento corto, ya no había nada que perder más que rogarle a la diosa que hiciera su mejor esfuerzo para que la cría no se ahogara por esperar demasiado tiempo. Después de un par de minutos lo único bueno que estaba saliendo esa noche, fue que el nacimiento había sido exitoso. La pobre diosa estaba agotada… Demasiado. Pero al menos habían salvado a su cría que se encontraba levemente cianótico. Miko y sus ayudantes respiraban aliviadas luego de la batalla de varias horas que habían sufrido. Agradecía que los canes espirituales tuvieran mayor resistencia que una criatura común, o el pobre cachorro hubiese tenido problemas por haberse demorado tanto en sacarlo del canal de parto.

— Es un lindo cachorrito — Mencionó una de las ayudantes una vez había hecho las pruebas iniciales de un recién nacido. —

— A su pecho, ahora. —Ordenó Miko al momento de ver que lo limpiaron por completo —

— ¿Miko-sama no lo analizaremos?

— En un rato. El nacimiento es una experiencia traumática para todos. Sentir a alguien conocido es lejos lo mejor para calmar ese miedo, de hecho tuvieron que hacerlo antes de limpiarlo. — Mencionó con algo de reproche, más las chicas no estaban aún tan acostumbradas a los partos tan peligrosos como el que habían vivido. Lentamente la joven diosa comenzaba a reaccionar con el peso extra que se encontraba en su pecho —

— Esto…

— Mira Nanami — Susurró mientras acariciaba su rostro es pos de hacerla reaccionar. — Conoce a tu hijo.

— Hola… — Respondió con dificultad mientras abrazaba a la pequeña criatura cuya cabeza apenas le caía en la palma de la mano. — Ahh que lindo cabello tienes… Como el de Tomoe, eres precioso, Akira. — La sacerdotisa lo retiró de sus brazos para analizarlo —

— Será mejor que descanses por un momento. Luego lo tendrás todo lo que quieras.

— … S-Si… — La joven diosa comenzó contraerse débilmente, como si le doliera el cuerpo —

— ¿Nanami?

— ¡Hay un problema! - La respiración de Nanami, quien era muy débil posterior al parto, comenzó a agitarse de repente y se detuvo en un largo suspiro. Su corazón dejo de latir y su esencia se desvaneció por completo en menos de tres segundos, ninguna pudo hacer nada por la rapidez de su muerte. Miko le dio al cachorro a una de las asistentes hiciera sus preparaciones. La chica quien lo tomó la miro con tristeza —

— Pobrecito, don- ¡¿Miko-sama?! — Entro en pánico al ver en Miko una sonrisa macabra y unas manos levantadas con carga eléctrica, nadie sabía lo que tenía pensado hacer su jefa. —

— Oye Nanami, no te dije que descansaras tanto…

La tensión en eso momento se desvaneció a una profunda tristeza cuando Mamoru se desfragmento lentamente por el aire. Eso solo podía indicar una sola cosa. Antes de que los individuos pudiesen pensar en lo que estaba sucediendo, un grito los hizo incorporarse con sorpresa.

— ¡HIJA DE PUTA! — Después de eso, una agotada y ensangrentada Miko se asomó por la puerta, como si hubiese salido de la guerra —

— ¡Miko-san! — La sacerdotisa salió de la habitación con la cabeza gacha, ante la expectación de todos por el estado de Nanami y la razón de ese grito desgarrador que se había escuchado hace poco. — Ese grito… Nanami-chan

— Ahh, ella murió. Pero la regrese de una descarga — Levantó la mirada con orgullo y una sonrisa maliciosa, mientras su manos notaban descargas eléctricas —

— ¡E-Está bien, Nanami! — Cuestionó Himemiko exaltada, el tenso ambiente que se desarrolló por semanas, se desvaneció tan pronto como la sonrisa de Miko se mostró, al momento de salir de la habitación para sentarse al lado de los presentes, Tomoe entro rápidamente a la habitación con una mirada ausente. —

— ¿Está bien que Tomoe-kun entre en este momento? — Preguntó Mikage. —

— Si, déjenlo calmar sus penas. Puede estar viva, pero eso no quiere decir que no siga débil. Este mes es la clave para recuperar la salud de Nanami y ya no preocuparse tanto por el cachorro.

— ¿Y-Y su hijo? -Tartamudeo Himemiko -

— Está bien, es un niño albino bastante saludable.

— Me gustaría entrar a ver la condición de Nanami-chan… Mencionó Mizuki un tanto deprimido. —

— Sabes que no puedes Mizuki. En un par de días podrán entrar a verla.

— Si… — Respondió con tristeza —

— Nanami…. — Se acercó rápidamente a su amada cuando las ayudantes de la sacerdotisa de lo permitieron, quien en ese momento pudo sentir como los miedos y las preocupaciones lo soltaban lentamente luego de tanto tiempo. Estaba tranquila, con un rostro iluminado y sin gemidos de dolor que pudo escuchar durante varias horas detrás de la puerta. Le tocó el rostro mientras se sentaba al lado del futón. Su diosa estaba viva —

— … Tomoe… — Levantó la mirada, con ese brillo que bien conocía de su querida mujer. — Miko-san lo hizo con gusto…. — Respondió con pena —

— Lo sé… te tuvo que doler horrores. ¿No?

— No… No me dolió. Pero me asusto… — El elegante familiar la tocaba gentilmente mientras Nanami se dejaba consentir por las caricias de su amante. Había sido una larga noche. Tomoe levantó las ropas para acostarse al lado de la diosa —

— Te cuidare hasta que amanezca, debes estar cansada, ¿no?

— Te-ten cuidado — No se dio cuenta sino hasta que dirigió su mirada más abajo del futón, que un bulto blanco y con una gran cola en comparación a su cuerpo se encontraba acurrucado en el vientre de Nanami — Tiene que estar cerca de mi todo el tiempo… Es sordo y ciego al nacer, me lo dijeron las chicas…. Así que por ahora solo siente mi olor. ¿No es un niño lindo, Tomoe?

— ¿Lindo? — Lo tocó ligeramente con una de sus garras, ciertamente no era como un niño humano al nacer. Este era ligeramente más pequeño, no tan arrugado y con bastante pelo a su alrededor, gimió con molestia cuando sintió su calor. Tomoe hizo una mueca de fastidio. — Me parece una bola de pelos.

— Pues más o menos — Rio la chica con dificultad por el comentario nada paternal, pero fue lo suficiente para Tomoe para ser hipnotizado al escucharla, hace tanto no lo había hecho, que le resultaba hasta soñadora. — Soy tan feliz en este momento… Lo he logrado. Tomoe

— Bien hecho — Besó su nariz — Ahora solo necesitas descansar…

— Si…

Ambos, al fin podían descansar.


No sé cuantos capítulos subí de corrido, pero me quedan 20 aún.

Mátenme.