XV: Errores que no se repiten
Dado que en el festival de la montaña Kurama pasó más tiempo de la cuenta en la intemperie, Nanami cayó gravemente enferma por varios días seguidos. Cosa muy extraña ya que la salud de la joven diosa era bastante estable aun cuando era un ser humano. El pequeño cachorro había sido alejado por varios días seguidos para que no enfermara también. Sin embargo, cuando los familiares no estaban cuidándole, se escabullo a su habitación.
— Nanami… — Al abrir la habitación, pudo percatarse que había un montón de cosas alrededor del futón de la joven diosa, tales como líquidos, medicamentos y cosas ligeras para comer. La chica se levantó lentamente para ver quien le llamaba —
— Akira, no deberías estar aquí… — El cachorro corrió a su regazo — ¿Qué sucede? ¿Me extrañaste? — Preguntó dulcemente —
— Si… Tomoe no me dejaba verte.
— Estoy enferma. Tomoe no quiere que te enfermes también. — Respondió acariciando su cabello —
— No me enfermaré. Lo prometo. — Se metió dentro de su futón, asomando su cabeza, el corazón de Nanami no pudo con ello. —
— Solo un rato, ¿entendido?
— ¡Sí!
…
— Nanami, te traje agua fría.
Cuando entro a la habitación, se percató de que estaba durmiendo, por lo que dejo el recipiente al lado de la chica, cambiando el paño de su frente. Al fijarse bien pudo observar que el cachorro se encontraba a su lado durmiendo. Lo tocó con una de sus garras.
— Akira. Despierta.
— Nghh… — Se acercó más hacia el pecho de la chica — Un poco más…
— Te vas a enfermar si estás muy cerca de Nanami. Ven, te daré un poco de pastel de arroz — Al escuchar eso, el cachorro se sentó en el futón, somnoliento y con las mejillas sonrojadas. Tomoe no podía permitir que enfermase en el tiempo del cual se encontraban. — Ven. — Le tomó la mano, obediente. —
— Akira-kun, ¿dónde estabas? Te estuve buscando por un buen rato ~ - Comentó Mikage mientras el pequeño kitsune disfrutaba del pastel de arroz que le había hecho el familiar.
— ¡Estaba cuidando a mama!
— Ya veo. Espero que no hayas enferm-
— ¡Acho!
— Ohh no… — Respondió preocupado — Ahora estas enfermo...
— Tomoe me duele la cabeza…. —El familiar le puso su mano en la cabeza de la criatura —
— Estas con un poco de temperatura. Te daré un medicamento para que no enfermes más. Te advertí que no te acercaras a Nanami. — Le reprochó —
— Pero mama estaba sola…
— Estaba descansando.
— … Ella estaba sola. — Balbuceo para su adentros —
Se enfermaría en el peor momento de todos. Cuando Nanami tenía que ir a Izumo.
…
— ¿Tienes todo lo necesario para mañana?
— Si, solo necesito dejar las tareas a Mizuki sobre las labores del templo.
El pequeño kitsune observaba como la diosa se movía de un lugar para otro, llenando una maleta de diferentes tipos de objetos. Se acercó a ella con dificultad tomando una de sus mangas de su kimono.
— ¿Qué sucede? - Le preguntó con una sonrisa mientras se ponía a su altura — ¿Quieres ayudarme? — Negó con la cabeza —
— ¿A dónde vas?
— Iré a Izumo por una semana.
— ¿Tienes que ir? — Su tono de voz mostraba una clara angustia —
— Tengo que ir. Es mi trabajo como diosa de la tierra. — Se encaminó a sus piernas para acurrucarse en su regazo y tomo con fuerza las ropas de su kimono, como si la chica se fuera a ir en ese mismo momento —
— ¿No puedes ir otro día?
— Ojala pudiese aplazarlo para otra ocasión. Pero no puedo… — Comenzó a sollozar débilmente, sorprendiendo a la joven diosa — Volveré lo más pronto posible, lo prometo.
— Si…
— ¿Te portaras bien mientras no esté?
— No quiero…
— Vamos, si no me lo prometes no me iré tranquila… — Se le hizo un nudo en la garganta, imposibilitando que volviera a responder, por lo que solo atino a afirmar con la cabeza — Pero por favor, no estés triste. Te dolerá nuevamente la cabeza, estaré de vuelta tan rápido que no te darás cuenta. — Trató de animarlo —
— Lo sé…
Comenzó a acariciar su cabello, consolando al pequeño cachorro. Su fiebre a pesar de que iba bajando en comparación a como se encontraba hace un par de días comenzó a subir levemente por el llanto del menor. Sabía que era desolador para el estar solo por una semana entera. Aun si dejaba a Tomoe junto a él, para la joven diosa sería muy difícil manejar todos los trabajos relacionados con el templo en la cumbre de los dioses.
— ¿Nanami terminaste de ordenar la maleta?
— Aún no.
— ¿Qué estás haciendo con la bola de pelos? — Se acercó a revisar su temperatura — Está subiendo tu fiebre, será mejor que te vayas a dormir.
— No quiero. — Abrazó con fuerza las ropas de Nanami —
— Vamos, no tengo tiempo para esto.
— ¡No!
— ¿Qué es esto? ¿Te atreves a llevarme la contraria? — Bufó cabreado — No me importa si quieres o no. Te irás a la cama. — Cuando acercó su mano para tomarlo, este le mordió uno de sus dedos con fuerza — TE VOY A COMER… — Respondió gruñendo con molestia, con un aura oscura a su alrededor —
— Akira, discúlpate con Tomoe… — Habló con dulzura mientras lo ponía de frente al familiar — Está preocupado por tu salud. No es bueno que trates mal a las personas que se preocupan de ti. — El pequeño cachorro le miro por un momento mientras dirigió su mirada hacia el familiar, quien movía frenéticamente su cola en disgusto y con el ceño fruncido. Con una rápida mirada hacia su mano observo que estaba sangrando —
— Lo siento… — El familiar lo miro por un momento, para luego extender los brazos en señal de que el pequeño cachorro se fuera con él, este accedió con las orejas bajas y apoyando su cabeza en el pecho del zorro, lamiendo la sangre de su dedo en señal de disculpa. El mayor suspiro resignado. Ese niño demandaba mucha paciencia para el -
— Tomoe, Akira ira conmigo a Izumo.
— ¿Qué? — Se sorprendió por el repentino comentario — ¿A qué viene ese cambio?
— Aún sigue muy enfermo. No me gustaría dejarlo solo en ese estado.
— Mizuki puede cuidarlo. - Afirmó tajante — Además a los dioses de Izumo no les hará mucha gracia que vaya para allá.
— ¡Está bien, no creo que les importe mucho!
— Estas siendo estúpidamente optimista. — Carraspeó mirando al cachorro, ciertamente seguía en mal estado. Pero no sabía cómo reaccionarían los sujetos que se encontraban en la cumbre —
— ¿Sabes? Cuando era pequeña no solía enfermar mucho. Pero en esos días lo único que quería es que una mano conocida estuviese cerca de mí. Nunca hubo nadie. Y no me gustaría que Akira se sienta mal, además de estar enfermo. Estaré haciendo mi trabajo como corresponde. Y Akira se comportara bien, ¿no es así? — El pequeño kistune afirmó levantando sus orejas — ¿Ves? ¡No habrá ningún problema!
— Está bien… —Respondió resignado —
