XVII: Inevitable
Tres años después
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Dejó en visto por décima vez los preparativos para a ansiada noche de mañana, sería la primera vez en años de los que por fin tendría vacaciones en Hokkaido junto a su familia, por lo que Tomoe hizo lo posible en avanzar la mayor cantidad de trabajo posible. Los integrantes del templo ya se habían dirigido a sus habitaciones correspondientes, caminaba por los pasillos oyendo un fuerte viento que contoneaba las ramas de los árboles mientras terminaba de realizar los últimos preparativos que necesitaría para el viaje, viendo además como unas cuantas hojas cayeran por su camino, el otoño dejaba una huella por el templo anunciando su llegada, definitivamente el festival que visitarían se vería hermoso en la fecha actual. Sintió un escalofrío en su espalda, comenzaba a hacer frio esa noche así que se dirigió a su habitación, ya no había nada más que avanzar. Cuando llegó cerca de la puerta se percató que una suave luz de la lámpara de tela iluminaba con calidez la habitación de su amada esposa.
— ¿Nanami? — Al entrar pudo observarla sentada en el futón, ordenando ciertos papeles que probablemente serian de los creyentes. El problema en si era que su kimono era extremadamente delgado para la fecha que hacía que las curvas de la chica se notaran con mucha más facilidad, dando una sensualidad elegante mientras que su cola que casi nunca se mostraba, estaba tambaleándose de un lado a otro, hipnotizándolo — Por qué sigues… ¿Despierta? — Tragó fuerte mientras llamaba su atención —
— Ohh… El viento me despertó, así que me dedique a leer algunas oraciones. Dejaré mi labor de lado por mucho tiempo, así que estaba viendo como adelantar.
— No deberías esforzarte tanto — Se acercó lentamente hacia ella, su olor le rodeaba peligrosamente a través de sus agudos sentidos — Mañana aun cuando no tengamos mucho trabajo que hacer, no es bueno que trasnoches.
— Pero me gusta hacer est- — Antes de seguir la idea, el familiar le quitó los papeles, tirándolos hacia una mesa de la habitación, dejando caer su cabeza en regazo de la diosa — ¿Tomoe?
— Estoy cansado… — Posó sus manos cerca de la cintura baja de la joven diosa, acercando su cuerpo para acomodar mejor su cabeza en el regazo de la chica — Necesito atención, Nanami… — Susurró por lo bajo mientras desataba lentamente el obi de su kimono —
— Tú siempre pareces necesitar atención. ¿No has escuchado algo llamado autoservicio? — Preguntó juguetona mientras hacia lo posible por sacárselo de encima. —
— ¿No me vas a hacer caso? — Se incorporó quedando a su altura, mientras la miraba con las orejas bajas y una expresión adolorida. Punto bajo para Nanami, hacía que solo quisiese abrazarlo y cabalgarlo hasta que esa expresión se viese opacada por la de un intenso salvajismo animal. — Eso es cruel, yo siempre intento portarme bien y tú no me das ningún premio… — Se acercó hacia su oreja mientras le rodeaba la cintura con sus brazos, levantándola, dejándola sobre sus piernas — ¿O es que ya no lo merezco? — Mordió su oreja con suavidad —
— No he dicho eso… — Respondió evitando que supiese hasta donde tenía el control sobre ella. —
— Ya, entonces Nanami… Consiénteme
Desató con facilidad el obi que había desajustado hace un par de segundos, logrando abrir el kimono de la chica que cayó entre su cuerpo con suma rapidez, dejándola al descubierto hasta sus caderas. El pecho de la diosa subía lentamente ante su respiración, que aumentaba cada vez más ante los roces de los dedos del kitsune con su piel. El frio se hizo notar en el ambiente, por inercia abrazo la espalda contraria, dándose tiempo de disfrutar cada porción de piel ante de permitirse dejar liberados sus más bajos instintos.
Lo que ocasionó que ni Tomoe ni Nanam se percatasen, que su tan preciada crisálida que protegía el castillo había sido destrozada por completo.
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El templo estaba más oscuro que de costumbre, lo atemorizaba, generaba que sus mayores miedos que desde hace años sentía como oprimían su pequeño corazón se desvelasen, sin permitirle descanso alguno. Sin pensarlo mucho, se dirigió a la habitación de la diosa de la tierra, de su amada madre. Pero comenzó a dudar cuando se encontró en frente de la puerta. Tal vez estaba actuando de forma muy cobarde solo porque no se sentía seguro en aquel lugar o simplemente pensaba que la chica se iba a molestar por pedirle si podía quedarse con ella por un rato, no se lo decía, pero podía notar la molestia en el rostro de su padre cuando tocaba la puerta incluso siendo ya un niño grande de cinco años.
— Te enfermarás si te quedas demasiado tiempo en la puerta. — La voz que escuchó en el interior le sorprendió, abrió la puerta con lentitud. Su madre estaba sentada mirándolo con ternura, mientras un cuerpo más grande se encontraba recostado con una mano apoyada sobre su rostro con el kimono ligeramente desordenado. —
— ¿No puedes dormir, Akira? - Esta vez era la chica quien le hablaba — ¿Quieres que vaya a dormir contigo?
— Si…
Se abalanzó a sus brazos mientras se dirigían hacia su cama, abrazándolo con dulzura mientras que con una de sus manos le acariciaba las orejas durante el trayecto.
Nanami no pudo reaccionar cuando vio la gigantesca masa de miasma rodeando el templo, mientras una serie de espíritus rodeaban la entrada con ansia de sangre y carne. Abrazó a su cachorro con ímpetu mientras se dirigía nuevamente a su habitación. Mas un demonio, de abundante cabello verde y gran altura le golpeó la cabeza con un mazo, ocasionando que tanto el mundo de la chica como del pequeño kitsune, se desvanecieran en un segundo.
Jamás pudo avisarle a Tomoe.
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— ¿Dónde está el zorro?
— Pues… Existe un problema.
Cuando se dirigieron a la celda pudieron ver a que se referían con problema. No habían tomado solo al cachorro, estaba siendo protegido por su madre. La diosa de la tierra. No lo soltaba por mucho que trataran de liberarlo, se encontraba golpeada y débil que parecía que en cualquier momento caía rendida.
— ¿Cuánto han esperado? — Cuestionó, ningún ente espiritual luchaba tanto tiempo por un simple cachorro. Aun siendo un Dios. —
— Como 5 horas…
— Estará inconsciente en cualquier momento — Se acercó a la reja — Lucha mientras pueda señorita, cuando te duermas ese perro será mío. ¿Sabes cuánto poder tendremos por una porción de su carne? Tenías un maldito huevo de oro en ese lugar. ¿Por qué no liberas el hechizo de inmunidad letal que le lanzaste para que todo esto termine pronto? Vamos, puedes hacer más perritos con tu linda cara.
— Vete a la mierda.
— Que osado comportamiento para una zorra celestial… — Rio con sarcasmo — Me pregunto si tu boca se atreverá a desafiarme cuando mis hombres te destrocen por completo la entrepierna. — La castaña no respondió, se mantenía impávida. Sin embargo, se oyó una risa burlesca sumamente suave viniendo de ella — Espero ser espectador de los incontables lloriqueos llamando con desesperación a tu amado Tomoe.
— Cuando no te tiemble la voz al pronunciar su nombre, recién te tomaré en serio. Bastardo.
Bufó, mientras que con un rápido movimiento, consiguió liberar la energía eléctrica que había estado manteniendo durante bastante tiempo. Ocasionando que todo el lugar se desmoronase, liberándola.
Tenía que buscar a su cachorro, necesitaba salir de ahí.
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Al momento de escapar comenzó a buscar desesperadamente al pequeño cachorro que hace menos de una hora había escuchado gritar con histeria, por lo que había usado todas sus fuerzas con el fin de rescatar a su querido hijo, no le importaba si necesitaba sacrificar su vida con ello, sacaría a su cachorro de ahí. En uno de los pasillos logró divisar sus ropas en el suelo, al tomarla se percató que estaban ensangrentadas y rasgadas, el pánico comenzó a emerger en su ya alterado corazón. Un par de celdas más allá lo pudo encontrar, y fue en ese momento en el que Nanami sintió que podría morir de dolor. La imagen que llegó a sus sentidos la hizo tambalearse de la angustia en sus entrañas que por un segundo cerró los ojos esperando que no fuese su cachorro, estaba amarrado desde la cola con una cadena más gruesa que sus brazos, no parecía estar despierto puesto que no emitía sonido alguno, un montón de sangre y sudor corría por sus extremidades y sus orejas estaban tan marañadas que se le había caído un poco de pelo. Rompió la puerta con una fuerza que no reconocía como suya y lo soltó. Sacándole un gemido ahogado, probablemente uno de sus brazos estaría roto, pero no estaba muerto, daba gracias a los cielos el conjuro que por mera casualidad Miko le había enseñado años atrás para mantener con vida ante heridas de muerte, si tan solo hubiese sido más fuerte, seguramente nada de eso hubiese pasado. Lo tomó suavemente para arrullarlo en sus brazos mientras pasaba una de sus manos sobre su rostro. Estaba hinchado y se veía exhausto, sin embargo, aun respiraba y eso agradecía infinitamente.
Cuando logró escapar de aquel lugar se dio cuenta que no se encontraba en el infierno como previo, sino en una montaña cualquiera. Corrió hacia el bosque con las pocas fuerzas que le quedaban, había perdido sangre en el camino producto de los latigazos que le habían generado en pos de eliminar la protección de su cachorro, por lo que sería fácil para los asaltantes encontrarla, así que se mantenía en movimiento todo lo que podía, lo único bueno de toda esa situación es que era de noche, por lo que sus huellas no se veían con tanta facilidad. Se detuvo por un momento cuando se sintió desfallecer, había caminado demasiado con una pierna herida. Se acurrucó en una rama que se levantaba entre la tierra y para su sorpresa el cachorro que tenía en brazos comenzó a reaccionar, respirando con dificultad por el frio que abundaba. Tan pronto como sintió que alguien le abrazaba comenzó a pelear. Pensando que se trataba de alguno de sus secuestradores
— Akira soy yo… Es mamá… — La chica susurró cerca de su oreja para tratar de tranquilizarlo lo más que podía, estaba espantado. Por más que la diosa de la tierra le repitiera una y otra vez que se trataba de ella este no le entendía, seguía luchando pensando que posiblemente, le haría el mismo daño que aquellos bastardos que había dejado atrás. — No tengas miedo…. Ya estoy contigo. — Cuando fue abrazado con más fuerza y sintió las lágrimas en su rostro se quedó estático, dejo de arañarla reaccionando ante su olor mezclado con sangre —
— …. Mama….
— Ya estas a salvo cachorrito.
Gemía tratando de llorar pero no lo conseguía, se encontraba tan deshidratado que no tenía la posibilidad de derramar ni la más pequeña lagrima, poco a poco la fiebre que estaba teniendo comenzó a elevarse peligrosamente, Nanami al darse cuenta de la condición en la que se encontraba comenzó a asustarse, se levantó y comenzó a buscar un rio o algún lugar donde le pudiese dar de beber.
— Te encontré…. Me hiciste pasar por muchos problemas….
Nanami se volteó, aterrada. El líder que había visto hace varias horas atrás estaba a unos cuantos metros de ella con un hacha de su propio porte. Ahora que podía verlo de frente, lo recordó. Ese sujeto era un coleccionista del cual Tomoe siempre le había advertido, era un peligro para los espíritus recién nacidos, y obsesionado con el poder divino, lo había estado evitando todos estos años utilizando barreras y lugares exclusivos para no ser atrapados. Entonces, ¿Cómo le había hecho para llegar hacia el templo? Definitivamente se debía a que debido a Akira había dejado su labor de Diosa casi por completo, por lo que sus poderes con los de su marido habían disminuido drásticamente, era cosa de tiempo para que seres como él se atreviesen a atacar. Siendo que incluso Mikage y muchos espíritus le habían advertido lo mismo. ''Cuida a tu cachorro'' Ella solo pensó que sería suficiente con lo que ella podría darle, que ilusa era.
Advirtió que se veía derrotado y su ropa se encontraba magullada, ¿había sido atacado?
— Todos fueron asesinados ante mis ojos, porque tu maldita perra, les diste la alarma… Si te mato a ti y a ese peluche al menos lograre vengarme de ellos… — Levantó su martillo en dirección a la cabeza de la chica esperando un rostro de desesperación por su próxima muerte, sin embargo ella comenzó a llorar con una dulce sonrisa en su rostro —
— Te tardaste tanto… — Quedó paralizado, una mano desconocida lo tomó por la cabeza y comenzó a tirarlo de esta mientras era empujado hacia el suelo. Un dolor agónico y agudo comenzó a sentirse por toda su columna, grito desesperado tratando de zafarse. Sin embargo, fue totalmente inútil, estaba siendo dividido por una bestia quien disfrutaba viéndolo tan desesperado como se encontraba cuando escucho su sonrisa emerger, lo único que pudo ver antes de ser decapitado fue el rostro de la chica caer bajo un profundo sueño por el denso frio que se sentía. —
— Lo siento tanto, Nanami.
