HOLA!
Aqui estoy con otra historia... Llevo mucho tiempo escribiéndola a ratitos.
De principio, iba a ser de otra forma, pero quise publicarla ahora, para estar entretenidas todas...
Vosotras por leer y yo, por escribir.
He cambiado un poco la trama, para poder publicarla ya. Iba a ser más dramática, pero... la he endulzado ;-)
Es bonita, es romántica, sentimental y, con algún toque simpático.
Algo tranquilo que leer.
Espero que os guste... Os dejo con...
(*Os dejó la intro y el primer capi, ok?)
DÁNDOME UNA VIDA
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Charlie está solo desde que su madre muriera, hace más de veinte años; no llegó a casarse y no tiene hijos.
Hasta ahora, momento en que su enfermedad lo ha dejado prácticamente inválido, sus amigos Quileutes lo han cuidado, pero ha llegado el momento en que alguien, con estudios médicos, se haga cargo hasta que la muerte se apiade de él.
Aunque a esa fecha no le unía nada con su tío abuelo, Bella no pudo negarse a ir tras recibir una llamada de Billy Black, el íntimo amigo de Charlie.
Por un lado el saber que estaba terminal, que necesitaba de una enfermera para paliar los efectos del cáncer.
Por otro que no tenía donde ir; no tenía trabajo, apenas dinero y sin ningún sitio que la atase o donde quisiera estar.
Y por último, los lazos afectivos que, por mucho que le doliera admitirlo, seguían uniéndola a Charlie.
Porque el tiempo que pasó con él de niña, cuando se hizo cargo de ella durante casi dos años, fueron los mejores de su niñez. Le dio un ambiente familiar, le dio estabilidad y sobretodo le dio amor. Fue el primer sitio donde realmente pudo sentir que la querían. Y esos recuerdos la hacían tener una deuda con él.
Pero estaba muy dolida con Charlie por no haber cumplido la promesa de adoptarla que le hizo por aquella época.
Lo que ella nunca supo es que él si lo intentó; gastó cientos de dolores peleando por ella; pero su sobrina, la madre de Bella, no quiso cederle la custodia por rencillas familiares.
La hermana de Charlie, Mary, es ocho años mayor que él. El pequeño Charlie llegó al mundo siendo una auténtica sorpresa. Aunque ese no fue el único sentimiento que despertó su llegada: Los celos emanaron en Mary desde que el bebé apareció en casa, en los brazos de su madre.
Aunque lo quería, los celos que sentía por él, la mataban.
El tener que compartir con su hermano era algo superior a ella; era una princesa destronada por el heredero.
Pero los problemas reales llegaron cuando de forma repentina, el patriarca Swan muriera de un infarto. Entonces los pequeños contaban con trece y cinco años, y la Sr. Swan tuvo que ponerse a trabajar unas horas para engrosar las arcas, más bien escasas, que habían quedado en la economía familiar.
Eso solo consiguió envenenar a la chica aún más, ya que de golpe y porrazo, tuvo que quedarse en casa con su hermano mientras sus amigas salían por el pueblo e iban a cenar al burguer los viernes.
Por el contrario, Charlie adoraba y veneraba a su hermana, lo que hacía que estuviese tras sus faldas a la mínima ocasión. Acto que hacía estar a Mary a la gresca constante con el pequeño, llevándose regañinas de su madre.
Tras acabar el instituto, Mary puso tierra por medio, no soportando más la situación en casa y se fue a estudiar una profesión junto con dos amigas a más de cien kilómetros.
Le exigió a su madre que le diese el dinero que tenía ahorrado, recriminándole que no podía ir a la universidad porque ella no trabajaba más horas por no dejar solo a Charlie. Y ella, sintiéndose culpable y mala madre, se lo dio todo, dejando a la familia sin un dólar. Y la pequeña Swan, se desentendió de su familia.
Unos años después, Mary se casó y eso pareció endulzarle el carácter, visitando alguna vez a su familia. Visitas que se incrementaron poco después, ante el nacimiento de su primera hija, Sheryl.
Todo le iba estupendo a Mary. Su marido tenía un buen trabajo que le hacía no tener que trabajar a ella y vivir acomodada, por lo que iba con cierta frecuencia a Forks a pavonearse de su gran vida.
Mientras tanto Charly ayudaba en todo lo que podía a su madre. Al quedarse ellos solos con tan solo ocho años, asumió el rol de cabeza de familia y era un ejemplo a seguir. Buen estudiante, educado, respetuoso… Era todo lo contrario a su hermana.
En cuanto pudo se puso a trabajar para ayudar en casa. Al acabar el instituto se negó a irse y dejar a su madre sola, rechazando una beca en la universidad de Seattle. La Sra. Swan estaba aquejada de una lesión cardíaca, que le acortaría la vida inevitablemente.
Se preparó para policía y en poco tiempo, llegó a ayudante del Sheriff. Años después, ascendió y se convirtió en un querido y respetado Jefe de Policía.
Cuando Sheryl tenía catorce años, la abuela Swan falleció y ahí, fue el punto de ruptura entre los hermanos.
Se lo había dejado todo, absolutamente todo a Charly. A Mary le cedió unas reliquias familiares, de recuerdo. Pero ninguna ganancia.
Mary montó en cólera, armando un espectáculo en la notaría.
Desde entonces, no volvió a comunicarse con su hermano. Hasta que el destino le dio una lección:
Su hija, su gran orgullo, con dieciséis años, estaba embarazada. Y ella, quería tener el bebé.
Mary, egoísta, interesada y con un carácter de hielo desde que nació, nunca aceptó a aquel bebé; a su nieta: Bella.
Coaccionó y manipuló a su joven hija para que estudiara y se formara, como era el plan inicial, a condición de que ella se ocuparía de la niña. Cosa que no fue así.
Sheryl se despreocupó algo demasiado de su hija, saboreando la vida universitaria, creyendo que la niña estaba bien atendida.
Bella volvió a quedarse con su terrible abuela. Haciéndole la vida imposible. Castigándola por haber nacido; por humillarla ante la gente porque su hija salió embarazada de adolescente. La reñía sin justificación, le imponía conductas severas de comportamiento, no tenía juguetes, solo una muñeca que le había regalado su madre, no tenía un bonito dormitorio, sino un cuarto triste y escaso en muebles y no tenía afecto de ningún tipo.
Lo único que si tenía, era ropa; de todos los tipos, formas y colores; había que dar buena imagen en el vecindario.
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Cuando Bella tenía seis años, de la noche a la mañana, y mientras Sheryl comenzaba su vida en Seattle, Mary le dejó a Charly a su nieta de seis añitos alegando que se lo debía por no haber tenido parte de la herencia.
Lo que en realidad era, es que se iba de viaje y no sabía dónde dejar al estorbo de su nieta.
Lo que iban a ser unas semanas, se convirtieron en dos años.
Todo iba genial, hasta que Charlie le comentó a su sobrina la intención de adoptar a Bella. Sheryl, aunque sorprendida, si iba a darle el consentimiento a su tío ya que era consciente de que Bella nunca la había tenido como madre, y que Charlie parecía darle la estabilidad necesaria, pero en cuanto Mary se enteró de esos planes, volvió a malmeter para que la adopción no se diera.
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Y de todo eso, Bella no tenía idea. Su abuela Mary le inculcó de que Charlie había sido el que las había llamado diciendo que Bella ya era grandecita y que comenzaba a dar demasiado trabajo, y que se hicieran cargo de ella.
Con esa idea había crecido Bella, volviendo a un hogar hostil donde no se la quería ni se preocupaban de ella.
Por lo que en cuanto pudo, desapareció de la vida de su madre y de su abuela, sin pedirles absolutamente nada.
No sabía lo que era querer y ser querida por una madre. Y lo echó de menos, mucho. Sobretodo cuando su madre se casó y tuvo otro hijo. Otro hijo al que si cuidaba y protegía como debió hacer con ella.
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Desde que pudo deshacerse de la tiranía de su abuela, se las había arreglado sola; pasando necesidades y carencias, pero nunca les pidió nada a ellas.
Estaba sola.
Y ahora, catorce años después, Bella se encuentra tomando el mismo autobús que la llevaría de nuevo a "su" casa de Forks.
Y volvía a sentir los nervios agarrotándole el estómago.
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Lo que Bella no imaginaba es todo lo que aquel pequeño y aburrido pueblo le esperaba a su regreso.
Encontraría la protección y el amor paternal junto a Charlie, el poco tiempo que le quedaba.
Pero lo que menos imaginaba era encontrarse con una familia, la cual le abriría los brazos, incluyéndola como una más. Sintiéndose querida y cuidada.
Y, el amor… Uno de cuento de hadas. Un príncipe educado, romántico y guapísimo, el cual daría su vida por ella. Que con solo mirarla la envolvía en el erotismo y el amor. Pero él era otro tipo de príncipe.
¿Qué hacer…? ¿Huir? ¿Desaparecer?
Pero las cosas cambian cuando él, está... "Dándome una vida"
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CAPÍTULO 1
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El conductor del autobús que hacía el trayecto Port Ángeles - Forks, anunció su llegada.
"El recorrido hasta casa de Charlie no es muy largo, pero… con las maletas… ¡uff!"
Ese pensamiento solo consiguió angustiarme más aún. Charlie no podía apenas moverse, por lo que él no iría a buscarme.
Ahora soy adulta, no una niñita desvalida, ¿no? Se supone que podré llegar por mi misma; pero eso, llevo dos maletas y una bolsa de viaje. ¿Cómo se supone que voy a llegar cargada con todo esto?
- Ya podía venir a recogerme alguien… - no pude evitar rodar los ojos; manía que me conllevó muchos castigos y regañinas excesivamente duras de niña. - Pero… ¿quién?
Como pude, recogí todo mi equipaje del maletero del destartalado autobús, con una sensación agobiante en mi estómago.
Sin entender por qué, alcé la cabeza buscando, algo. La cual bajé rápidamente al no ver ninguna cara conocida que me mirara, con intención de ayudarme.
Me senté en la acera, ahogándome con la soledad de la estación del autobús, ahora vacía.
Y sin entender muy bien por qué, el recuerdo de la llamada telefónica del Sr. Black, me llenó el pensamiento:
- Bella, soy Billy Black. ¿Me recuerdas?
- Si, por supuesto… - Su nombre y su voz, me trasladaron a mi infancia. A la única época en donde realmente tuve una. En Forks, con Charlie. - ¿A ocurrido algo? - Pregunté de pronto nerviosa.
- Verás… Charlie, está enfermo. Le han detectado un cáncer de páncreas muy agresivo. - Deje de respirar. Porque por muy dolida que aún me sintiera con él, no podía obviar que lo quería; que lo había querido muchísimo. - Lleva mucho peleando contra él; dos operaciones, y varias sesiones de quimio, pero nada a servido. - La voz de Billy fue debilitándose a medida que narraba. - Nosotros lo hemos estado ayudando, pero ahora, tras la última tanda de quimio, ha quedado muy débil. Apenas puede valerse solo y necesita cuidados profesionales.
Siguió contándome mientras yo intentaba que no se me escapara ningún suspiro de las lágrimas que me arrollaban por las mejillas.
- Él no estaba muy conforme en llamarte, pero al final ha cedido. Tú tienes estudios médicos y bueno… eres la única familia que tiene.
- Mi madre… - no me dejó terminar.
- La única familia que él quiere. - Cerré los ojos con fuerza.
"si tanto me quisiera, me hubiera adoptado, como prometió"
- Si lo cuidas los meses que le quedan, te dará alojamiento, comida y un sueldo. - Me explicó. - Solo tendrás que posponer tu vida durante un tiempo, poco. Los médicos le han dicho que no le dan más de 5 meses. Entre todos, te ayudaremos para que tengas tiempo libre.
Nunca había sido una persona egoísta, y eso que lo había llegado a pasar mal, económica y afectivamente hablando, pero la oferta me venía en un momento más que genial.
Sería muy hipócrita si no admitiera que lo que pesó más en mi decisión de aceptar, fue el tema económico.
Había acabado mis prácticas hacía casi un año y durante estos meses hice bajas de unas pocas semanas, o realizaba cuidados a domicilio; lo cual no me aportaba grandes ingresos. Sobrevivía malamente, en un apartamento mugroso, en un barrio que daba pánico. Pero era lo único que podía pagar.
Hacía días que no hacía una comida "normal", y ya no me acordaba de la última caliente.
Lo único bueno de esto, era que estaba más delgada de lo que podía recordar, ya que mi constitución siempre había sido de líneas curvas.
Solo podría quedarme en mi mini apartamento lo que quedaba de mes, ya que no tenía dinero para pagar el próximo. Y por lo que me habían dicho en la bolsa de trabajo, no había nada hasta pasados varios meses, y no podía arriesgarme a esperar una baja de última hora.
Los servicios a domicilio iban y venían, no había ninguno que fuese de una duración considerable, por lo que tampoco podía tirar de ahí.
Ya me había mentalizado a pedirle ayuda a mi madre, por mucho que jorobarse la idea, pero era eso, o dormir en la calle.
- Está bien Billy, Iré. Dame unos días para que lo deje todo organizado. Te avisaré con mi llegada.
- ¡Estupendo! No sabes lo que te lo agradezco. - su voz se alzó varias octavas; exultante de alegría. - Te mandaré un giro de dinero, para que pagues el viaje.
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Y aquí estaba. Sentada en la acera de está pequeña estación de autobús, siendo una cobarde.
Sería pesado el ir cargada hasta casa de Charlie, pero no imposible. Además, aquello era un pueblo, si le pidiera a alguien que me acercara, lo haría. Pero estaba allí sentada al borde de las lágrimas por la cobardía de llegar a casa y verlo; verlo al borde la muerte.
"Vamos Bella… no seas cobardica"
Me levanté, y me sacudí el trasero con las manos, con energía.
Cuando estaba apilando mis maletas, un joven rubio y guapísimo, se me acercó.
- ¿Necesita ayuda, señorita? - Su voz era dulce y suave. Su mirada ambarina transmitía una gran seguridad y tranquilidad. Aunque tenía algo, raro.
- ¡Oh! - Eso fue lo único que mi gran cerebro consiguió decir. El chico me sonrió, escondiendo una cierta picardía.
- La veo un poco… apurada. - Alzó los ojos, chistoso. Yo, como de costumbre, rodé los míos.
- Si. - Suspiré - Un poco… Voy a casa de Charlie… - No me dejó terminar.
- ¡Tu eres Isabella! - Afirmó - La sobrina que viene a cuidarlo, ¿verdad? - sus ojos se avivaron con un brillo casi cegador.
- Si. Veo que las cosas en Forks no cambian. - Incliné mi cabeza a un lado - En este sitio es imposible tener un secreto. - Hice un puchero divertido con la boca. Al chico le cruzó por la mirada una picardía difícil de explicar, pero la cual no me pasó desapercibida. - O… ¿hay secretos en Forks? - Alcé las cejas, intrigante.
- Seguramente habrá alguno, pero ahora resolveremos tu problema de logística, ¿te parece? - Asentí con demasiado fervor.
- ¡Jasper! - Una voz grave y profunda, rozando un tono sensual, nos hizo girar a ambos. - Ya me encargo yo. - Un chico moreno, alto y muy musculado nos miraba de forma algo seria a unos pasos de distancia.
Era tremendamente guapo. Con unas facciones que te hacían quedarte embobada mirándolo. Pero tras ese segundo de "babeo", y mirándolo detenidamente, había algo que me resultaba familiar en su rostro.
- Hola Jacob. - Lo saludó el tal Jasper de forma seria.
"¿Jacob… Black? ¿Ese era el niño desgarbado que siempre estaba picándome y siguiéndome cuando estuve aquí viviendo?
¿Él?
Pues menudo cambio… ¡Guauuu!"
En mis pensamientos internos, pude observar como el rostro de Jasper había cambiado; ya no era dulce y tranquilo; Ahora estaba serio y algo indescriptible manaba de él, enviándome una sensación de miedo incomprensible.
- ¿Eres Isabella, verdad? - Me preguntó recortando la distancia entre nosotros. Asentí, sintiéndome de pronto algo agobiada. - Siento haberme retrasado, pero tuve un contratiempo en el trabajo.
Carraspeé, aclarándome la voz.
- Acabo de llegar, tranquilo. - Casi susurré.
- Vamos, tengo el coche ahí fuera. - Cuando me moví para coger alguno de mis bultos y ayudarlo, él ya se había cargado con todos y caminaba en dirección a su coche.
Yo me giré para encarar a Jasper.
- Perdona, no me ha dado tiempo a presentarme, soy Jasper, como has oído - Meneó la cabeza hacía un lado, volviendo a parecer dulce como antes. Y otra vez esa sensación de tranquilidad me invadió - Nos veremos pronto, - Fruncí el ceño - Trabajo en el hospital, y por desgracia, tendrás que hacer varias visitas por allí.
- ¡Ah! Ok. Pues nos vemos, Jasper. Por cierto, soy Bella, no Isabella - le guiñé ojo, de forma amistosa.
Eché una carrera para alcanzar a Jacob, el cual ya estaba cerrando el maletero de un destartalado Volkswagen Golf.
- Ya se que el coche no es una maravilla, pero es lo que hay. - su tono no fue ofensivo, pero sus palabras parecieron dagas.
- Me encantan los coches europeos. - Le confesé. - No entiendo mucho, pero este parece muy antiguo. Es una pasada. - Le hice una mueca de sonrisa.
Mi limitada sabiduría en coches, sumado al halago pareció suavizar su talante algo tosco, y dejó entrever algo parecido a una mini sonrisa.
- ¡Vaya! Supuse que un coche así te desagradaría. - Fruncí el ceño - Estarás acostumbrada a otro tipo de coches, en la gran ciudad. - su voz llevaba un toque de sarcasmo que me molestó de manera instantánea.
- Yo no estaba acostumbrada a nada. - Contesté molesta. - De antemano yo no tenía coche. Un compañero de facultad tenía un escarabajo del ochenta, que de tener dinero se lo hubiese comprado… Eso si conseguía convencerlo para que lo vendiera, claro - Rodé los ojos.
- ¡Um…! - Me miró de lado, con una sonrisa socarrona, y durante el resto del camino ni me miró ni me volvió a hablar.
Reconocí las calles a pesar del tiempo, aunque había cambios.
Tuvimos que cruzar lo que era el centro del pueblo, donde antes había varios solares, y ahora había pequeños edificios de dos plantas, con los bajos llenos de tiendas.
"Forks se había modernizado, y prosperado"
Cuando enfocamos la calle que nos llevaba a la casa de Charlie, la última, tomé la palabra.
- Tu eres Jacob, Jacob Black, ¿verdad? - Pregunté girándome un poco en el asiento para verlo de frente. Él frunció el ceño.
- Si. - Tras varios segundos, don musculitos, se dignó a contestar.
- ¿Tu… me recuerdas? - Le pregunté, notando como mi ceja curiosa y picotera, se alzaba.
- Si.
- ¡Ah!... Tú… ¿eres siempre tan breve? O, ¿se te acabaron las palabras? - Le solté. Eso pareció hacerle gracia, ya que sonrió más abiertamente.
- Creo que mi recuerdo de ti, está anticuado. - Eso me hizo fruncir ambas cejas - Ya que antes no eras tan… insolente.
Eso me dejó alucinada.
Este tío, ¿qué se creía para soltarme algo así?
"¿Insolente, yo?"
- ¿Perdona?... - Justo cuando iba a soltarle alguna fresca, él tomó la palabra.
- Llegamos. Dentro está mi padre. Te está esperando para darte indicaciones. También Emily, que es la que está cuidándolo ahora. Te llevaré las maletas.
Se bajó del coche, sin darme ni medio segundo para contestar.
¡Menudo imbécil!
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Salí del coche disparada, pero él, no se como, ya había sacado mis cosas del maletero.
- No hace falta que lleves nada. Ya puedo yo sola. - La rabia era más que patente en mi voz.
- Si, si que hace falta. - Rodó los ojos. - Tu no podrás llevarlo todo sola. - Sonrió socarrón. - Además, si mi padre te ve entrar cargada luego me tocará escucharle el sermón y… ¡paso!
Y allí plantada me quedé, como un árbol mientras él entraba en casa, cargado con mi equipaje; el cual manejaba como si no pesara nada. Y no era así, ya que llevaba varios libros, a parte de mi ropa y enseres.
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- ¡Bienvenida, Bella! - Me saludó Billy. - Espero que el viaje no haya sido muy pesado.
- Tranquilo, un poco solo. - ¡Mentira! Había sido mucho más que pesado. - Bueno, ponme al día. - sonrió complacido.
- Lo primero, perdona el retraso en recogerte - Su cara mostraba que sus disculpas eran sinceras. - Pero Jacob se entretuvo… - Miró hacía su hijo con cara de pocos amigos.
- Solo hacía unos minutos que había llegado. - ¡Mentira, otra vez! Entre una cosa y otra, llevaba en la estación casi media hora. Me alzó una ceja, y me dedicó una sonrisa de disculpa.
- Te enseñaré tu habitación. - Sonreí de lado, casi chistosa. Sabía dónde estaba mi cuarto. - A petición de Charlie la hemos cambiado. Ha querido ponerte una habitación de adulta, como él ha dicho. - Sonrió - Y el pequeño aseo que estaba junto a tu dormitorio, lo ha convertido en un baño para tu uso exclusivo.
¡Flipé!
- Pero, si solo hace seis días que me llamaste… ¿Cómo…?
- Bueno, él ya sabía que su enfermedad llegaría a esto - Suspiró y sus ojos mostraron una tristeza infinita - hace tiempo. Lleva peleando con este maldito cáncer hace casi dos años. - Abrí los ojos asombrada. Asombrada de que no me llamara, pero… no podía echarle en cara eso; yo fui quien cortó toda comunicación con él. - Cuando se operó la primera vez, y le dijeron que no habían conseguido limpiarlo todo, hizo obras en casa; previendo esto. - Agachó la cabeza, abatido.
Me fue enseñando la casa, donde iba notando los cambios:
La cocina ahora era más grande; se había tirado la pared que la separaba del salón y la entrada también estaba despejada.
Todo estaba más amplio, más abierto.
Al llegar a la escalera me quedé paralizada.
- El sistema de elevación para sillas, lo instaló tras la segunda operación. - Me explicó al ver mi cara de susto. - Al no poder hacer más, le dijeron que este día acabaría llegando. Ya que la quimio no estaba haciendo el trabajo esperado.
Me enseñó mi dormitorio, el cual era muy diferente.
Ahora había una gran cama matrimonial, un escritorio, una cómoda y un gran armario empotrado.
Todo era nuevo, a excepción de dos cosas:
La mecedora, "mi" mecedora, y mi tablón lleno de dibujos y recuerdos de mi estancia aquí.
Los ojos se me me llenaron de lágrimas.
- Dijo que mataría a quien osara tocar ese tablón y… "vuestra mecedora" - Billy pasó su brazo por encima de mis hombros, con delicadeza.
En esa mecedora se sentaba él, me acurrucaba entre sus brazos meciéndonos a ambos, mientras me contaba alguna historia antes de dormir.
También servía para las primeras semanas, cuando despertaba por una pesadilla. Volvía a acurrucarme y volvía a mecernos, mientras me acariciaba la espalda y la cabeza y se susurraba…
"- Ahora estás bien. Aquí conmigo, no te pasará nada. Duerme tranquila mi dulce Bella… Bella, como tu nombre"
El recuerdo me invadió, llenándome el pecho de una sensación extraña. De la sensación familiar del hogar.
- Ahora está durmiendo. - La voz de Billy me trajo a la realidad -Tardará algún tiempo en despertar; le tocó su chute de morfina y eso lo ayuda a descansar. - Me informó. Asentí; por mis estudios, había supuesto que ya le habrían recetado morfina para el dolor.
Bajamos a la cocina y Charlie me presentó a Emily.
- Hola. No creo que me recuerdes - me sonrió afectuosa - Yo soy unos años mayor que tú.
- No, lo siento. - ella se inclinó de hombros, restándole importancia.
- Ahora, como ves, - se acarició su abultada tripa - no puedo seguir cuidando de Charlie. Es demasiado trabajo para mi estado. Estoy de casi siete meses y tengo la placenta un poco baja, por lo que no puedo fatigarme, hacer esfuerzos y permanecer de pie demasiado tiempo.
- Claro, lo comprendo.
Entre los dos, comenzaron a explicarme el transcurso de la enfermedad de mi tío y los cuidados que requería. Me enseñaron los informes médicos y fuimos comentándolos entre los tres.
Billy preparó un café, supongo que para hacerme pasar el trago más llevadero, y sirvió para los cuatro; ya que Jacob seguía allí. Aunque no había abierto la boca en todo el rato.
- Jake, ¿Quieres hijo? - Asintió, con el rostro tenso. Billy le sirvió obviando su careto.
"¿Qué coño le pasará para tener esa cara de estreñido?"
Me señalaron dónde guardaban los medicamentos y los horarios de estos; todos bien apuntados en una pizarra en la puerta de la nevera.
- Hoy me quedaré yo contigo para ayudarte - iba a protestar, pero me hizo callar con la mano. - No. Será mejor, para que te aclimates. Además, debes estar agotada. En seis días, organizarlo todo para venir… y el viaje, que es larguísimo.
No sé por qué, giré discretamente la cara hacía Jacob, al cual se le había desencajado la cara de repente.
Mientras lo observaba, sin que él se diera cuenta, picaron a la puerta, y él murmuró algo. No lo entendí, pero parecía una palabrota.
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- ¿Quién será? - Preguntó Billy mientras se dirigía a la puerta.
- ¿Quieres que te lo diga? - Contestó Jacob con sarcasmo.
- ¡Jacob! ¡Basta! - La forma tan severa de reprenderlo me llamó la atención, haciéndome abrir los ojos alarmada.
- Hola Doctor y señora Cullen.
"¿Cullen? Ese apellido no me sonaba"
Me moví para poder ver, y justo en ese momento, dos monumentos entraron en mi campo visual:
Un hombre y una mujer, que no aparentaban más de treinta y pocos. Eran… Bellísimos. Hipnóticos. Atrayentes. Aunque debajo de todas esas cualidades, había algo… raro. Sobre todo en él. Tenía algo que no sabía explicar, como un magnetismo.
No podía apartar la mirada de ellos; hasta que sentí que me miraban; giré y míster musculitos, estaba mirándome con los ojos clavados en mí, fijamente.
Pestañeé varias veces para espabilar de mi aturdimiento, y agaché la cabeza, sintiéndome avergonzada.
- Bella… Ven, por favor. - Me llamó Billy. - Quiero presentarte al Dr. Cullen y a su esposa. Él está al cargo de la enfermedad de Charlie. - Me informó.
- Carlisle y Esme, querida. Dejemos los formalismos. - Me sonrieron y el doctor me guiñó un ojo.
- Cla-ro - tartamudeé como tonta. - Soy Bella. La sobrina de Charlie. - No se para que me molesté en explicarlo, ya que estaba más que segura de que ellos ya estaban al tanto.
- Es un placer tenerte aquí, por fin. - Sonrió la mujer. La cual tenía un aura de ternura; transmitía bondad, y algo parecido a la maternidad. - Charlie nos ha hablado mucho de ti; y estos días, estaba pletórico con la noticia de tu llegada.
- Incluso ha mejorado un poco. Estos días tenía la tensión más elevada y un color más rosado en el rostro. - Tomó la palabra Carlisle, con una sonrisa dulce como el almíbar. - Cualquier cosa que necesites, aunque no sea relacionada con Charlie, no dudes en pedirla. Estamos aquí para ayudarte. - No sé porqué, pero su voz transmitió una connotación de la más pura sinceridad.
- Igualmente bajaremos hasta aquí. - Agregó Esme. - Y nuestros hijos te ayudarán también, ya que te relacionarás con ellos - La miré mostrando mi confusión - Alice trabaja en asuntos sociales, y Jasper en psicología en el Hospital. - ¿Jasper? ¿Será el mismo de la estación?
"Seguro, porque se parecen un montón. No pueden negar que son familia"
- Y conmigo en las revisiones y sellado de recetas. - Añadió Carlisle. - Porque… nada más hay que hacer - Su bonita mirada se tornó triste.
El matrimonio Cullen se quedó durante un rato, en el cual Carlisle estuvo informándome sobre el desarrollo de la enfermedad de Charlie.
Cómo se la habían descubierto, los tratamientos, las largas temporadas ingresado en el hospital, las operaciones, las tremendas sesiones de quimioterapia… Y ciertas recomendaciones en mi trabajo de enfermera.
Era espeluznante escucharlo. Aún suavizándolo como sabía que él lo estaba haciendo.
Mientras tanto, observé de reojo, como Billy discutía algo con su hijo. El patriarca estaba molesto con algo que Jacob había dicho o echo; no podía escucharlos, pero Jacob estaba contestándole acalorado.
Al final, el chico se marchó de malas formas, y Billy se unió a la conversación que mantenía con los Cullen como si no hubiera pasado nada.
Tras una hora, el Dr. y su esposa, se fueron.
Había llegado la hora de la verdad:
Charlie estaba a punto de despertar.
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Bueno... ya sabéis cómo empieza y el porqué de estar Bella en Forks.
Una vida dura para nuestra pobre Bella.
Jake y Bella, ¿no se llevan bien? *Eso es todo un cambio para mis historias... jajaja! Estos dos, nos darán el punto de humor.
Ya han aparecido Carlisle y Esme.
Si sois buenas y me dejáis algo escrito, más tarde os subo otro capi.
BESOSSSSSSSS
