Capítulo 7

Benjamín POV

La explosión del portón principal nos alertó –¡Vámonos, hay que huir! –grité tomando a Tía de la mano.

–¡El OJO DE DIOS! –desconectó el pequeño pen drive.

Don Nadie desenfundó su arma –¡Corran! ¡Llévense el OJO DE DIOS!

–¡Alerta, nos atacan, nos atacan! –dije por el comunicador.

Nadie respondió.

¿Qué sucedía?

¿A ellos también los estaban atacando?

¡Joder! ¡Seguramente había sido una trampa!

¡Maldito Anderson!

Corrimos hacia la puerta trasera, pero fue en vano, estaban intentando abrirla con una sierra.

–¡No! –Tía se paralizó.

–¡Puta mierda! –miré a los lados desesperado, debíamos huir, o nos harían trizas –¡Por las ventanas, vamos Tía, apresúrate!

Se oyeron unos disparos.

–¿Qué hay con Don Nadie?

–No podemos hacer nada por él, que se cuide solo –rompí una de las ventanas con el codo, asomé mi rostro fuera, no había moros a la vista.

–¿Y?

–¡Ven!

–Sal tú primero –señaló temerosa.

Una vez del otro lado, le pedí que tuviese cuidado con los vidrios.

–¡Rápido, rápido!

–Ahhhhh, ¡Benji, ayúdame! –alguien la tironeaba hacia dentro.

–¡Nooooo! –la sujeté con fuerza.

–¡No me sueltes, te lo suplico! –sollozó rogándome.

–¡Defiéndete, pégales patadas!

Don Nadie se apareció por detrás, metió el arma en el hueco de la ventana y comenzó a disparar.

–¡Tira de ella! –ordenó.

La saqué de un tirón con rapidez.

–¡Al coche, ya! ¡Tú conduces, Benjamín! –me lanzó las llaves.

Comenzaron a dispararnos, pero el coche era blindado, las balas rebotaban.

–¡Acelera! –Tía me sacudió.

Una vez que nos alejamos del taller, volteé para agradecerle a Don Nadie por salvarnos el pellejo.

No podía creer que se había arriesgado por nosotros.

–¿Estás herido? –noté que tenía sangre en ambas manos.

Asintió –Me dieron –se colocó de costado, mostrándome su espalda.

Tenía una gran mancha de sangre.

–¡Oh, madre mía! –Tía se horrorizó –Debemos ir a un hospital, deben asistirlo o se desangrará.

–¿Dónde diablos hay un hospital?

–Descuiden, tengo mi propio seguro médico –me mostró su teléfono celular, estaba emitiendo una alerta –enviarán un helicóptero sanitario por mí, ustedes sigan, escondan el OJO DE DIOS.

–¡No lo tengo! –chilló Tía revisándose los bolsillos –¡Me lo quitaron!

Frené de golpe.

–¿Qué?

–¡Me lo han quitado!

–Eso significa que estás en peligro, si tienen el OJO DE DIOS, tú ya no les sirves de nada, intentarán eliminarte, Egypcian.

–No lo puedo creer –golpeé el volante con furia.

–Déjenme aquí, el helicóptero está cerca, ustedes deben huir ¡no se detengan!

Lo ayudamos a bajarse del coche, estaba perdiendo mucha sangre, no se veía bien.

–Estaré bien, ¡váyanse! –exclamó empujándonos.

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Garrett POV

Mientras tanto

Nos estaban masacrando.

Disparé mi arma hasta quedarme sin municiones.

–¡Vámonos! –Edward me hizo señas para huir.

Me percaté que en una esquina estaba Kate tirada en el suelo, un hombre encapuchado caminaba hacia ella por detrás, llevaba un arma en mano.

–¡Kate! –grité desaforado.

Volteó, el hombre le dio una patada en la mano, su arma voló por el aire.

Corrí, enredé mi brazo en el cuello del hombre, e hice presión.

Me dio un codazo en el estómago, lo solté.

–Debilucho –susurró sonriente.

Saqué la navaja que tenía en mi bota derecha.

Me levanté con rapidez, deslicé la navaja por su cuello, la sangre le salía a borbotones.

Se arrodilló rendido, tocó su cuello.

Alcé a Kate en brazos.

–¿Por qué no huiste, idiota?

–¿Y dejarte para morir?

Sonrió.

–¿Irina?

–No lo sé –negué mientras buscaba la forma de salir de allí.

–¡Hey, Garrett! –sin previo aviso, Rosalie nos jaló dentro de un coche.

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Irina POV

–¿Te duele? –Edward rodeó la pierna de Kate con su cinturón para detener el sangrado.

–¡Eres una estúpida Irina! ¡Una estúpida con todas las letras! –gritó envenenada –¡Carlisle podría haberte matado!

–¡Pero no lo hizo, se quedó sin balas!

–¡Tuviste suerte, eres una ingenua!

Me alejé.

–¡Prometiste que me escucharías! ¡Dijiste que no te arriesgarías a ciegas, y volviste a hacerlo! –Garrett la sostuvo.

Bufé.

–Tranquilízate, por favor, te hará mal…

–¡Solo busco hacer justicia por Jasper! ¡No entiendes! ¡No sabes lo que es amar a alguien y perderlo en manos de una lacra como Anderson!

–Si sigues comportándote así, sabré lo que significa –inhaló profundamente –te veré morir en manos de Anderson.

–No debemos pelear entre nosotros –Emmett gruñó –¡Nos tendieron una trampa! ¡Debemos contactar a Benjamín lo antes posible!

Don Nadie no responde –aclaró Garrett frotándose la frente.

¿Estarían muertos?

–La herida de la pierna de tu hermana podría empeorar –susurró Edward en mi oído.

Asentí.

–La llevaré a un hospital local… ustedes busquen a Benjamín.

–La próxima vez –apretujó mi brazo –recuerda que perder la cabeza provocó que tu hermana corriera tras de ti, y terminara herida. Tienes que ser más prudente, Irina, por ti, y por el resto del equipo.

–Tienes razón –no podía contradecirle, era verdad, por mi culpa Kate había resultado herida, y cada vez que reaccionaba impulsivamente, perjudicaba a todos.

Mi sed de venganza me cegaba, pero no podía controlarme, no cuando tenía a Carlisle Anderson en frente.

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Carlisle POV

Al cabo de cuatro horas

–El OJO DE DIOS nos muestra a las hermanas Denali y al secuaz de Don Nadie en el ingreso de un hospital a unos minutos de aquí, señor. Al parecer a Kate Denali la ingresaron en el sistema por un balazo en la pierna.

–¡Vayan por ellos! –gritó Bewley.

Me acomodé la corbata.

–Déjenmelos a mí.

–¿En dónde están los demás? ¡Tenemos el puto dispositivo! ¡Encuéntrenlos ya! –perdió la compostura.

–Estuvieron en el aeropuerto de Abu Dabi hace media hora, deben haber tomado un vuelo.

–¿Hacia dónde?

Me quedé oyendo.

–No lo sé, señor, no hay datos, las cámaras los perdieron.

–¡Eso es imposible!

–Debieron infiltrarse en un vuelo privado –interrumpió Jared.

–Revisa los datos de los aviones privados que hayan salido en ese horario –ordené impaciente.

–El avión AXD–002 que transportaba coches de alta gama partió para Los Ángeles en ese horario.

–De seguro volvieron a su casita –indicó Jared riendo.

–¡Haz una búsqueda internacional, maldición! ¡Si están en Los Ángeles, quiero saber dónde se esconden! ¡Los haremos trizas! ¡Y tengan un avión preparado, iremos tras ellos!

Subí a mi coche, me dirigí al hospital para eliminar a las hermanas Denali.

Estaba ansioso por hacerlas trizas.

Las última dos veces, Irina había tenido suerte.

¿Cuánta suerte podía poseer una persona?

Aparqué, cargué dos pistolas Bersa Thunder 22, en cada una cabían diez balas. Le puse silenciador a una de ellas.

Ingresé por la puerta trasera, donde se encontraban los vestidores. Robé una bata para hacerme pasar por médico.

Le sonreí a una de las enfermeras que estaba en la mesa de entrada.

–¿Lo conozco? –consultó arreglándose el cabello como si quisiera agradarme.

–Soy nuevo, he venido a hacer prácticas –lamí mi labio superior –Dr. Anderson.

–Oh –se levantó de la silla para saludarme –Encantada, Dr. Anderson –pestañeó repetidas veces.

–Me gusta tu sonrisa –dije apoyando mis brazos sobre la mesa –¿Renata, cierto? –leí el nombre en su blusa.

–Ay –tapó su rostro mientras se sonrojaba –Sí, mi nombre es Renata, doctor.

–¿Eres soltera?

–Sí, doctor, lo soy.

–¿Qué dices si al terminar el turno, vamos por un trago?

Miró a los lados, verificando que nadie nos oyera.

–Salgo en tres horas –murmuró.

–Yo estoy por terminar mi turno, querida, te esperaré en el estacionamiento.

–Increíble –jadeó lujuriosa.

–Ah, casi lo olvidaba –me hice el distraído –¿Puedo saber dónde se encuentra la paciente Kate Denali?

–Sí, ya mismo le busco la información –tipeó en el ordenador el nombre –Segundo piso, habitación 218.

–Excelente trabajo, querida –le guiñé un ojo.

–Nos vemos luego, Dr. Anderson –se mordisqueó las uñas.

Me subí al elevador, apreté el botón PISO DOS.

Le quité el seguro a una de las armas, la sostuve dentro del bolsillo de la bata.

Al llegar, caminé con lentitud hasta la habitación 218.

Abrí la puerta de golpe, elevé el arma ansiosos por disparar.

No había nadie allí.

¿Qué?

¿Dónde estaban?

Tocaron mi hombro, me volví con ligereza, disparé.

Renata abrió la boca estupefacta.

Tocó su pecho, le había disparado.

La sujeté y tapé su boca para que gritase, ni llamase la atención.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, estaba asustada, me temía y no comprendía que sucedía.

–Shhhhh, shhhhh, no debiste venir aquí.

Se desvanecía.

–¿Dónde está Kate Denali? –interrogué quitando mi mano de su boca.

–¿Por–por–por qué? –preguntó clavando sus uñas en mi brazo.

–¿Dónde está Kate, y su hermana Irina? –la sacudí rabioso, pero había muerto –¡Maldición! –la coloqué sobre la camilla vacía, limpié la sangre de mis manos con la bata, tuve que quitármela y tirarla.

Me retiré de allí e intenté buscar a alguien que me pudiese dar información sobre las hermanas Denali.

Un doctor estaba saliendo de la habitación 227, cuando intervine en su camino.

–Oh, lo siento –le dije disculpándome.

–No hay problema, señor.

–¿Puedo preguntarle dónde se encuentra mi hermana?

–¿Quién es su hermana?

–Kate Denali, la ingresaron con un balazo en la pierna –describí mintiéndole.

–¡Sí, la atendí yo mismo hace como dos horas!

–¿Y? ¿Dónde está ella? –necesitaba saberlo de una vez por todas.

–El marido de su hermana me enseñó su placa de policía, me ordenó que la suturara lo más rápido posible. Hice lo que me dijo porque ella sangraba mucho –aclaró –les otorgaron la habitación 218.

–¡Ella no está allí! –chillé.

–Les imploré para que se quedaran, ya que debía reportar la herida de bala a la policía local, pero insistieron en irse, dijeron que estaban en problemas, una muchacha con algunos rasguños en el rostro insistía en irse.

–¿Hace cuánto se fueron?

–Se habrán ido hace como media hora –revisó su reloj –no puedo decirle más, lo siento.

Asentí.

¡Mierda!

¿Pero cómo habían huido sin que el OJO DE DIOS los viera salir del establecimiento?

Al salir, noté que las ambulancias ingresaban al edificio para dejar a los pacientes, ninguna cámara filmaba en ese sector.

¿Se habrán escabullido dentro de una ambulancia?

Llamé a Bewley para tenerlo al tanto.

–Ellos huyeron, de seguro en una ambulancia. ¡Haz que tus hombres los busquen! ¡Siguen en Abu Dabi, no irán lejos, hace minutos que se fueron de aquí!

Subí a mi coche y conduje para alejarme del hospital, aparqué en una calle poco transitada, esperando a que me devolviera la llamada con nueva información.

Me estaba impacientando, cuando me envió un mensaje con la ubicación.

"Una cámara los ubica en el aeropuerto de Abu Dabi, intentan huir, compraron tres pasajes para Bagdad, el vuelo sale en veinte minutos aproximadamente" –B

Conduje a alta velocidad, pasándome todos los semáforos en rojo.

Tenía que apresurarme.

Estaba llegando, llamé a Bewley –¡Dime dónde están! ¡Estoy llegando!

–En este momento están por abordar.

–¡Fuck! –guardé una granada en mi bolsillo.

Dejé el coche en doble fila, corrí adentrándome en el aeropuerto.

Subí por las escaleras mecánicas, empujando a unas cuantas personas.

–¡A un lado! ¡A un lado!

Había un control que debía pasar exclusivamente con pasaje.

Le quité el seguro a la granada y la lancé a un lado dónde se encontraba un pequeño bar, debía desviar la atención.

La explosión hizo que la gente se volviera loca.

Algunos corrían desesperados, otros se tiraban al suelo aterrados.

Pasé el control una vez que todos los policías corrieron a socorrer a las personas heridas.

El humo casi nublaba mi visión.

Desenfundé mi arma.

Entre las personas que corrían, estaba Irina sujetando a su hermana.

–¡Ahí están, malditas perras!

La tenía en la mira cuando un policía se puso delante –¡Baje el arma, hágalo despacio! ¡Bájela ya!

Le disparé sin piedad en la cabeza.

Avancé, Kate me vio venir.

–¡Anderson! –gritó con pavor.

Le disparé a Irina en el abdomen, cayó sobre su hermana, aplastándola.

Corrí hacia ellas, sonreí con perversión, deseaba verlas morir.

–Por mi hermano –gocé colocando el arma dentro de la boca de Irina –¿No suplicarás por la vida de tu hermanita? –miré a Kate regocijándome.

Un fuerte golpe en la cabeza me noqueó.

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Edward POV

Los Ángeles

Después de reencontraron con Benji y Tía, decidimos volver a Estados Unidos, ya que nuestros enemigos poseían el OJO DE DIOS y estábamos en peligro.

Sin rastros de Don Nadie, y con las hermanas Denali y Garrett; que se había ofrecido a protegerlas; aún en Abu Dabi, arriesgándose a ser descubiertos, el equipo se había reducido notablemente.

–¿Creen que Bewley, su sequito, y Anderson ya sepan que estamos aquí? –pregunté en voz alta.

–De alguna forma lo averiguarán –declaró Tía –con el OJO DE DIOS en sus manos, ya deben habernos visto en el aeropuerto, rastrearan cada vuelo.

–Anderson no parará hasta vengarse de nosotros, y Bewley quiere a Egypcian muerta para preservar el proyecto del OJO DE DIOS –Benji rodeó con su brazo a Tía –tenemos que encontrar la forma de eliminar a ambos de un solo tiro, ahora que son aliados, son más peligrosos.

–Una guerra viene hacia nosotros –murmuró Emmett entrelazando sus dedos –y la enfrentaremos de la mejor forma –hizo una pausa –en las calles que mejor conocemos, aquí, en Los Ángeles.

–¿Qué tienes planeado, Emm? –Rose frunció el ceño.

–Son mercenarios de armas grandes, tenemos que tener un buen plan –Benji caminaba en círculos con los ojos cerrados –¿es posible perjudicar el OJO DE DIOS? –se detuvo de repente.

–Perjudicarlo, ¿cómo? –Tía dudó.

Tenía mi atención por completo.

–¿Qué pensaste?

–¿Hay forma de ponerle un virus al sistema?, para que no puedan localizarnos… perjudicar su funcionamiento.

–¿Hablas de hackear mi sistema de hackeo?

–Sí, eso mismo.

–¡Esa es una idea asombrosa!

–¿Pueden hacerlo? –Emmett los observó a ambos ilusionado.

–Sí, es posible hacerlo, pero deberíamos estar al menos a cinco kilómetros del sistema –explicó Tía moviendo sus manos en el aire –lo que quiero decir es que, para hackearlo necesito tomar su señal, estar cerca.

–Eso significa que debemos exponernos para atraerlos, y de esa forma hackear el sistema una vez que estén cerca, solo así podremos eliminarlos y recuperar el OJO DE DIOS –interpretó Rose.

–Exacto –Benji garantizó asintiendo.

–Pero si nos exponemos, y el plan sale mal, estaremos fritos –interrumpí mirándolo.

–Sí, Ed, eso también es cierto –sonrió con incomodidad –pero aún no tengo planeado morir, por lo que haré hasta lo imposible para lograrlo, te lo juro, bro

–Tendremos que correr con Tía a bordo –proclamó Emmett elevando sus cejas.

Ella tembló.

–Ustedes se encargarán de Bewley –colocó su mano en el centro –y de hackear el OJO DE DIOS –apoyé mi mano sobre la suya –pero yo me encargaré de Carlisle Anderson en cuanto aparezca, ¡es mío, lo haré trizas!

Rose se cruzó de brazos.

–¿Seguro Emm? –su plan era arriesgado, enfrentarlo solo, era una locura.

–Estoy seguro, podré hacerlo, lo eliminaré –me aseguró convencido.

Una vez que perfeccionamos el plan, decidí comunicarme con Bella por teléfono, debía ponerla al tanto.

–Cariño, estaba esperando tu llamado, ansiosa –murmuró.

–Las cosas no han salido bien, Bella.

–¿Qué sucedió?

–Anderson se alió con Bewley, y nos robaron el OJO DE DIOS, una vez que lo obtuvimos, nos tendieron una trampa, caímos como unos tontos.

–¡Oh, no!

–Te estoy llamando desde Los Ángeles, llegamos hace dos días, tuvimos que volver de urgencia, estamos en un escondite de Don Nadie, Garrett nos dio la ubicación, antes de separarse del grupo, un contacto suyo nos consiguió el dato de un avión privado que transportaba coches de alta gama, fue toda una locura, nos infiltramos en su vuelo.

–¿Con el OJO DE DIOS en sus manos podrán localizar nuestra llamada?

–No, tranquila, el teléfono de aquí encripta las llamadas.

–¿Y qué haremos ahora?

–Te pido por favor, que ni tú, ni Nessie se movilicen, no salgan a la calle, no hablen con nadie, quédense bajo la guarda de Mike hasta que todo acabe, te prometo que no descansaré hasta eliminarlos.

–Es–esta– bi–bi–en, Ed –respondió con la voz temblorosa.

Estaba asustada, y era lógico.

–¿Están todos a salvo? ¿Mi hermano está bien?

–Emmett y Benjamín están bien, pero las hermanas Denali se quedaron atrás, no hemos sabido nada de ellas desde que dejamos Abu Dabi.

–¿Qué sucedió con ellas? ¿Por qué no volvieron con ustedes?

–Kate estaba mal herida. No podíamos viajar con ella así. Tuvo que ir a un hospital local para ser atendida.

–Pero… ¿y si Anderson la encontró?

–Si la encontró, entonces ya está muerta, igual que Irina, y Garrett.

–¡Ay, no!

–Si en veinticuatro horas no sabes de mí, quiero que huyas…

–¡Edward!

–Si Anderson se sale con la suya, usa el pasaporte que consiguió Mike y huye, huye lo más lejos posible.

–No te dejaremos –gruñó.

–Debes proteger a nuestros hijos, Bella, ellos son la prioridad.

–No me hagas esto, Edward, por favor –alejó el teléfono, oí su llanto ahogado.

–Bella… Bella –insistí llamándola –Si sobrevivo a este desquiciado plan, te juro que estas aventuras se acabaron, no más balas, no más riesgos.

–Volverás a casa, tendremos al bebé juntos, te necesito, eres el amor de mi vida, no puedo perderte.

Respiré hondo.

–¿Recuerdas cuando nos conocimos? –me puse algo melancólico.

–¿Cómo olvidarlo?

–Llevabas unos jeans negros y una blusa blanca de Rolling Stone con escote en V, esos deliciosos pechos estaban a punto de explotar –jadeé.

–¡Pervertido!

Reí.

–Me sedujiste, y eso me calentó tanto –admitió.

–¿Yo te seduje? ¡Tú te me apareciste en la cama desnuda!

–Y eso te encantó –susurró con picardía.

–Sí, me encantó –sonreí excitándome.

–¿Estás excitado?

–Me conoces –mordí mi labio inferior.

–Ya quiero que todo esto se termine, y que me folles sobre el capot de tu coche –gimió.

Rocé mi polla.

–Si estuvieras aquí conmigo, te lo haría toda la noche, bebé.

–Imagíname en tu cama.

–Eso haré –admití.

De repente el silencio nos irrumpió.

–Te amo –dije con la respiración acelerada.

–No lo digas de esa forma…

–¿De qué forma?

–Como si te despidieras de mí.

–Te amo –repetí.

–Volverás a casa, tienes que volver, o te odiaré.

–Te amo –volví a decírselo antes de colgar.

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Emmett POV

–¿Y si él te elimina antes? –Rose me cuestionó furibunda.

Su mirada denotaba pavor.

–Lo haré pagar, Rose, se lo prometí a Jasper… te lo prometí a ti –froté su barbilla.

–Eres un imbécil.

–Sin Don Nadie, sin las Denali, sin Garrett, sin Clark, estamos solos, ya no podemos echarnos atrás.

–¡Yo puedo hacerlo contigo! ¡Puedo apoyarte!

–No, tú tienes que proteger a Tía para apoderarnos del OJO DE DIOS. Todos aceptamos el plan de Benjamín, dijimos que lo haríamos así.

–Pero…

–No hay peros, Rose –la sujeté de ambos brazos –Yo me encargaré de Anderson si se aparece, y tú apoyarás al equipo.

Me recosté en la cama, le hice señas para que se pusiera a mi lado.

–Ven –estiré mi mano hacia ella.

Se recostó bufando.

–Eres un cabeza dura –estaba indignada.

Acaricié su nuca, deslicé mis dedos por su columna vertebral.

Se estremeció.

–No te arriesgues solo, si Anderson aparece déjame ir contigo a combatirlo.

–Rose –suspiré negando.

–¿Acaso deseas morir? –preguntó clavando su mirada en mí.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

–¿Por qué dices eso?

–Al estar solo, estarás en desventaja, ¿crees que no sé lo que hiciste luego del funeral de Jasper? –me cuestionó –¡Don Nadie me lo dijo, y si no fuera por él, estaríamos enterrándote, Emm!

–Aceptaré lo que suceda, Rose, lo dejaré en manos de Dios.

–¿En manos de Dios? –chilló levantándose de la cama.

–Shhh –tironeé de su blusa –tranquilízate.

–¡No puedo tranquilizarme!

–Sabes que en cuanto salgamos de este escondite, ambos vendrán por nosotros. Bewley tiene el maldito dispositivo, encontrarnos es cuestión de tiempo, el equipo no puede lidiar con ambos, alguien tiene que…

–¿Qué? ¿Sacrificarse?

–Alguien tiene que eliminarlo, que encargarse de él –indiqué –¡Debo encargarme de él, es mi deber! –golpeé mi pecho –¡Debo proteger a la familia!

–Estás jugando con fuego, y lo sabes –sollozó –no quiero que mueras –se aferró a mí como una garrapata.

Hundió su rostro en mi pecho.

–Volveré a ti, lo prometo –la besé impulsivamente, separó sus labios temblorosa, su lengua se entrelazó con la mía.

El peso de su cuerpo sobre el mío, presionando sus senos contra mí, el aroma de su piel, su corazón latiendo cada vez más rápido.

Nunca tendría suficiente de ella.

La rodeé con mis brazos –Amarte es lo mejor que me ha sucedido, Rose.

Le hice el amor, podía ser la última vez que fuera suyo.

Me aferré a su cuerpo desnudo, no deseaba soltarla.

–Todo por mi culpa, si hubiese muerto aquel día, nada de esto estaría sucediendo, tú estarías viviendo una vida plena y feliz con Carmen, Jasper y Alice estarían vivos, Edward y Bella estarían a salvo en casa con su hijita –dijo afligida –mi existencia es el problema.

–¿Estás loca? –sus dichos me entristecían.

–Es cierto, Emm.

–¡No, Rose!

–Si hubiese muerto, nada de esto habría pasado, no puedes negármelo, jamás habría conocido a DOBLE A, jamás se hubieran enredado en esta mierda para liberarme, ¡desearía estar muerta!

–¡Jamás vuelvas a repetirlo! ¡Que estés viva es un milagro!

–Carlisle debería haberme eliminado a mí, no debió tocar a Jasper, soy la culpable de que Alistar esté bajo tierra –inclinó su rostro, besé la punta de su nariz.

–Shhhhh, no sigas.

Esperé a que se durmiera.

Los segundos parecían más largos, el tiempo se hizo eterno.

Rocé con mis dedos su mejilla izquierda.

La observé con detenimiento, odiaba dejarla, pero si no lo hacía, ella se interpondría en mis planes.

Sentía que tenía intenciones de entregarse a Anderson para evitar que me maten o a otro miembro del equipo. No podía permitir tal cosa.

Anderson era mío, lo tenía que eliminar para proteger a la familia.

El plan del equipo se pondría en marcha en dos horas, tenía que adelantármeles.

Edward y Benjamín estaban pacíficamente dormidos, mientras Tía preparaba café en la cocina.

En punta de pie me dirigí hacia la escalera.

Subí lentamente, giré la perilla con cuidado.

Estábamos escondidos en el sótano de un galpón "abandonado" que poseía Don Nadie.

Encendí una linterna, tomé las llaves de uno de los coches del galpón.

Cargué el baúl con dos pistolas, una escopeta, suficientes municiones, y una bolsa de granadas.

Elevé el portón, el sol me encandiló.

Subí al coche, apreté con mis manos el volante –Una última carrera –susurré observando el atardecer.

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Rose POV

Abrí los ojos, Emmett no estaba a mi lado.

–¿Emm?

Me puse una chaqueta y fui a verificar.

Edward aún dormía en un sofá, con la cabeza apoyada en las piernas de Benjamín.

Tía estaba en la cocina, le temblaban las manos.

–¿No pudiste dormir? –pregunté rozando su hombro.

–Estoy nerviosa –bebía lo que parecía ser café.

–¿Cuántas tazas has bebido?

–Al menos tres…

–Tía, no quiero ser metiche, pero el café no te ayudará a relajarte, es mejor que bebas una infusión.

–¿Infusión? Creo que Don Nadie es fanático del café, y no del café suave, ¡del intenso! –abrió la alacena, estaba repleta de paquetes de café.

What the fuck

–Sí, literal.

–¿Y Emmett? ¿Dónde se metió?

–Creí que estaba en la habitación contigo –dudó.

Negué.

Fui a revisar el baño, estaba vacío.

–¿Dónde te metiste, Emmett? –gruñí.

¿Emmett abandonándome mientras dormía?

Sentía que esto ya lo había vivido.

–¿Quizás está verificando que los coches estén en condiciones? –Tía señaló la escalera hacia arriba.

Subí las escaleras murmurando su nombre.

Al abrir la puerta, denoté que el portón principal estaba abierto.

–¿Estás aquí, Emm?

Faltaba uno de los coches.

¡No!

–¡¿Qué rayos haces, Rose?! –Edward exclamó mi nombre con desesperación, giré para verle, estaba detrás de mí.

Me tironeó –¿Qué haces? ¿Tú abriste el portón? ¡No podemos exponernos!

–¡Emmett no está!

–¿Qué?

–Se fue… falta uno de los coches.

–¡Joder! –se asomó fuera con precaución –no puede ser… no, no, no.

–Debí saberlo –dije sintiéndome traicionada.

–¡Es un maldito inconsciente! ¿Porqué lo hizo? –apretujó los puños.

–Creyó que yo era un impedimento para eliminar a Anderson, por eso se fue.

–¿Pelearon?

–Algo así.

Presionarlo había sido un error.

–Hay que acelerar el plan, despierta a Benji –ordenó volviendo al sótano.

Me desplomé sobre el sofá, Benjamín saltó del susto.

–¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?

–Tranquilo, es el escondite de Don Nadie –Tía frotó su frente para calmarlo.

–A ver, levántate Benji, el plan se adelantó –manifesté dando una bocanada de aire.

Edward cargó su arma.

–¿Adelantarlo? ¿Por qué?

–Emmett se fue, se cortó solo –indicó Edward lleno de rabia –se expondrá antes de tiempo, no podemos dejarlo solo.

–¿Por qué mierda lo hizo? –Tía no comprendía nada.

–Prepárense, que en treinta minutos salimos –Edward repartió los chalecos antibalas, sobraba uno.

–Emmett dejó el suyo –Benjamín se agarró la cabeza.

¿Por qué lo hacía?

¿Por qué jugaba con su vida?

.

Bewley POV

Abu Dabi

Horas antes

Anderson estaba en una celda en el apartado policial del aeropuerto, lo acusaban de terrorismo, había lanzado una granada, asesinado a un oficial, y disparado un arma de fuego en un aeropuerto repleto de civiles.

–¡Señor!

–¿Tienes algo nuevo? –le miré de reojo.

–Jared pudo intervenir el coche que trasladaba a Anderson, está trayéndolo en este instante.

–Bien, no quiero atrasarme, debemos llegar a Los Ángeles lo antes posible –subí al avión –Hay que eliminar a Swan, su engorroso equipo y a Egypcian, ya no nos sirve de nada esa muchacha, es un peso.

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Anderson se veía como la mierda, tenía un tajo en la cabeza, en su cabellera rubia la sangre se veía asquerosa, el ojo derecho lo tenía entrecerrado y de un color morado oscuro.

–Ups, se te ve mal –comenté cuando se sentó frente a mí.

–Sí, tu niñito ya me lo dijo –señaló a Jared que reía a carcajadas.

–Casi las tenías, ¿eh?

–Me viste con el OJO DE DIOS, ¿cierto?

–Sí, lo hice. Estuviste impecable, pero te olvidaste de un detalle…

–¿Qué detalle?

–El secuaz de Don Nadie, él te dio con un matafuego.

Frotó su nariz.

–Tranquilo, no pienses más, ya los mataremos a todos –le lancé un blíster de analgésicos –descansa, el viaje será largo, diecinueve horas, y debemos agradecer que este es un vuelo exprés.

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Los Ángeles

Después de diecinueve horas

Una vez que aterrizamos, nos apresuramos para instalarnos lo antes posible en un apartamento en el centro de la ciudad.

Bebí un trago de whisky para relajarme.

–¿Quieres? –le ofrecí a Anderson.

–No –se negó.

–¿No bebes alcohol, bro? –Jared le dio una palmada en la espalda.

–Si quiero estar alerta, el alcohol no es opción –alejó su mano realizando una mueca con sus labios –¿Hay alguna pista de Swan o su equipo? –insistió inquieto.

–La voz de Swan fue identificada por el OJO DE DIOS, en un teléfono público, aquí en Los Ángeles como dedujimos.

–¿Ahora? –me levanté del sofá –¿A quién llamó?

–Se llamó a sí mismo, al teléfono de su taller, se dejó un mensaje.

–Reproduce la llamada, quiero oírla.

–Sé que poseen el OJO DE DIOS y que pueden oírme. Estaré esperándote Carlisle Anderson, tendremos una pelea callejera para resolver nuestros asuntos, ¿qué dices maldito desgraciado? –dijo con tono amenazante.

–¿Tienen su ubicación? –Anderson sonrió deleitándose.

–Sí, está en Hill y la séptima, estacionado en la esquina, inmóvil.

–¿Está solo?

–Sí, está solo, no hay rastros del resto de su equipo, ni de Egypcian.

–Iremos por él, preparen el helicóptero –ordené a mi equipo –Quiero todo el armamento listo, ¡sin errores!