Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Mylisssa, yo solo traduzco con su debido permiso.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Mylisssa, I'm just translating with her permission.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Es la tarde del día de Navidad. La nieve y el hielo están salpicados por el suelo, pero mañana todo se derretirá. El sol brilla en un cielo sin nubes con solo árboles para bloquear los rayos cálidos.

Tan pronto como entro en el camino de entrada de Charlie, sé que algo está pasando. La vieja y destartalada camioneta de Billy está aquí, junto con el pequeño sedán de Sue que hoy en día rara vez sale.

Mientras aparco el coche, la puerta principal se abre de golpe y Bella sale corriendo de la casa, pero no hacia mí. Un tipo alto corre tras ella. Su cabello largo y oscuro vuela por el aire detrás de él. Lo reconozco como uno de los chicos de La Push, pero no recuerdo su nombre.

Cuando agarra a Bella y la carga sobre su hombro, mi frente se arruga. No me importa quién sea, pero no me agrada.

Escucho a Bella gritar y reír mientras salgo del auto. Al verla patear sus pies, sacudo mi mano, no acostumbrada al peso del reloj que Bella me dio anoche cuando celebramos las fiestas con mi familia. Ella también quería su regalo, pero no se lo di. Me gusta verla retorcerse y puedo distraerla con facilidad. Sonrío. Me encanta distraerla. El recuerdo de anoche me detiene de perseguirla ahora. Empujo su regalo más abajo en mi bolsillo. Presiona contra mi pierna en el espacio confinado, pero está tan seguro como yo en mi relación con esta chica, que ahora está siendo balanceada por otra persona.

El chico me ve y comienza a caminar, pero no se molesta en dejar a Bella en el suelo.

—Oye, te he visto por ahí —dice cuando está más cerca, y Bella estira el cuello mientras trata de mirar.

—Sí, te ves familiar. Soy Edward.

—Jacob. —Extiende su mano e intercambiamos un torpe apretón con la mano izquierda mientras él todavía sostiene a Bella con su brazo derecho.

—Bájame —demanda ella, dándole un rodillazo en el estómago, pero no tan fuerte como me hubiera gustado.

Jacob la desliza hacia abajo.

—Creo que atrapé algo que te pertenece. —Me la entrega antes de que sus pies puedan tocar el suelo.

Bella besa mi mejilla cuando me doy cuenta de que Jacob es el nombre del hijo de Billy. Puedo ver la mirada airada de Billy en mi mente mientras observo la aparente razón. Es joven y no se inmuta por mí. Está demasiado preocupado por mirar a Bella de arriba abajo.

La aprieto más fuerte contra mí y dejo que el chico sueñe.

Los brazos de Bella rodean mi cuello mientras la levanto y la beso de una manera territorial que no puedo evitar. Hay un gruñido en mi garganta, pero no lo dejo salir. Bella me devuelve el beso, enredando sus dedos en mi cabello. Debería haber sabido que ella no se contendría incluso dado nuestro entorno.

Escucho los pasos de Jacob retrocediendo y el sonido de la puerta principal cerrándose. No puedo decir que me importe si a Jacob le molestaba mi afecto por Bella. Puede que tenga plena confianza en ella, pero este tipo necesita saber cuál es su lugar.

Bella se relaja en mi pecho y juega con mi reloj.

—¿Por qué no me dijiste que mi papá iba en serio con Sue?

Riendo, pregunto:

—¿Querías saber sobre eso?

—En realidad no, pero ahora no tengo otra opción. Ella se mudará aquí.

Mis cejas se disparan ante esto.

—No tenía ni idea. —Han estado saliendo por un tiempo, pero no puedo imaginar a Charlie formalizando.

Metiendo la mano en mi auto, agarro la caja de cerveza que le compré a Charlie para Navidad, y Bella toma mi mano mientras entramos a la casa. Un árbol se encuentra en la esquina, sosteniendo luces de colores que brillan alrededor de adornos aleatorios; muchos parecen caseros. Los árboles de Navidad de nuestra familia siempre tienen una combinación de colores y toda la decoración es frágil. Me gusta más esto.

Cuando escucho a Charlie refunfuñar en la cocina, dejo caer la mano de Bella. Es un reflejo que lamento tan pronto como rompo nuestro contacto.

Ella mira al suelo.

—Vas a estar distante.

Levantando su barbilla, le doy un ligero beso, esperando tranquilizarla.

—No, vayamos despacio y veamos cómo reacciona. No quiero que se sienta incómodo.

Ella asiente con la cabeza, suspirando, pero su postura rígida sugiere que no está de acuerdo. Froto mi pulgar a lo largo de su labio inferior mientras trato de transmitir todos mis sentimientos con mis ojos porque no sé las palabras para tranquilizarla.

—Edward, entra aquí, ¿quieres? —pide Charlie tan pronto estamos en su línea de visión.

—Ve. —Bella me empuja hacia adelante, pero se desvía en la dirección opuesta y sale.

Charlie mira la caja de cerveza que tengo en la mano y se la paso.

—Feliz Navidad.

—Grandes mentes. —Nos señala a él y a mí y luego a sí mismo de nuevo. Coloca la caja en el refrigerador y saca una caja idéntica. Esta está adornada con un lazo rojo. Me la entrega.

—Gracias. —Abro la caja y agarro una lata antes de poner el resto en el refrigerador.

Charlie empuja mi brazo antes de inclinarse cerca de mi oído.

—Bella los invitó. La chica no sabía nada, pero ¿puedes creer el descaro de Billy viniendo por aquí… en Navidad nada menos?

—¿Dónde está? —pregunto, notando el silencio en la casa.

Agita su mano.

—Están todos en la parte de atrás. Estoy seguro de que Billy está tratando de hacer funcionar sus encantos con Sue. —Su bigote se contrae mientras sonríe. Si pudiera leer su mente, apuesto a que está pensando que Billy es un tonto.

Abro la pestaña de mi cerveza y levanto la lata hacia Charlie.

—¿La misma Sue que se está mudando aquí?

—Oye, no te di ningún problema con tu nuevo arreglo de vida. No me digas nada sobre el mío.

Ocultando mi rostro con mi bebida, sonrío.

Una carcajada desconocida llega a través de la casa desde el exterior cuando Sue abre la puerta y entra.

Charlie me agarra del hombro.

—Nada más que problemas. Será mejor que vigiles a ese chico.

—Estoy en eso —le digo antes de desearle a Sue una feliz Navidad y dejar a la pareja sola. Capto un fragmento de Sue expresando su molestia con Billy justo cuando cierro la puerta.

Encuentro a Bella atrás. Se ríe con Jacob y Billy, sentados en sillas plegables alrededor de una fogata. Mis botas crujen sobre un parche de nieve endurecida. La cara de Bella se ilumina cuando me ve mientras la sonrisa de Billy se transforma en un ceño fruncido. Hay algunas sillas libres, pero no acepto una.

—¿Puedo sentarme contigo? —le pregunto a Bella, tomando su mano para ayudarla a levantarse.

Cuando estoy en la silla de Bella, la pongo en mi regazo.

—¿De qué te estás riendo?

—La vez que Jacob trató de enseñarme a conducir una motocicleta.

—¿Oh, sí? —Me río—. ¿Cómo fue eso? —Es un espectáculo que no puedo imaginar.

—¡Horrible! Tengo una cicatriz. —Después de quitarse la chaqueta, se sube la manga de su suéter. Dobla el codo y lo apunta hacia mí mientras trata de mostrármela. Al mismo tiempo, lucha por verla por sí misma.

Jacob se burla.

—Malditas mentiras.

—¡Jacob! —reprime la voz profunda de Billy.

Jacob lanza su mano al aire.

—¡No hay cicatriz!

Bella lo fulmina con la mirada antes de volver su mirada hacia mí.

—La ves, ¿no?

Al mirar su codo, encuentro un pliegue que podría confundirse con una cicatriz.

—Sí, aquí mismo. —Lo froto con el pulgar antes de presionar mis labios contra él.

—No —exclama Jacob—. Tienes que decir eso porque estás…

—¡Jacob! —interrumpe Billy antes de que Jacob pueda terminar.

Jacob retrocede como si le hubieran abofeteado.

—¿Qué? ¿No puedo decir que están saliendo?

Bella se sienta más derecha.

—No se te debería permitir decir nada.

Billy sonríe, asintiendo con la cabeza en lo que parece aprobación mientras Bella y Jacob se miran fijamente. Su animosidad juguetona muestra un lado de Bella que nunca había visto.

Me acerco a su oído y le susurro:

—Te amo.

Su sonrisa irradia y también sus mejillas. La ayudo a ponerse la chaqueta de nuevo y se acurruca más cerca de mí, presionando su fría nariz en mi cuello. El tacón de su zapatilla se clava en mi pantorrilla. Su peso está caliente encima de mí.

Jacob atiza el fuego con un palo.

—Entonces, Ed, ¿con qué frecuencia viajas a California?

Una garganta se aclara detrás de mí.

—Ocúpate de tus propios asuntos —demanda Charlie.

Bella jadea, pero probablemente soy el único que la escucha por la disculpa de Jacob.

Charlie toma asiento a nuestro lado y patea la pata de nuestra silla.

—Deja que el chico respire, Bells.

Ella me mira y pone los ojos en blanco.

Yo digo:

—Lo siento. —Me siento como un idiota por ponerla en esta situación, pero Bella solo se encoge de hombros antes de levantarse y tomar la única silla vacía entre Billy y Sue.

No le afecta que Charlie le pida que se mueva. Ella asiente hacia mí desde el otro lado del fuego, mirándome y haciéndome tensar mientras contengo la risa.

Hay una gran tensión entre Billy y Charlie, incluso cuando relatan recuerdos de su último viaje de pesca. Se ríen juntos cuando recuerdan a Felix arrojando su sándwich al agua y sus intentos de recuperarlo, con la esperanza de que pudiera ser rescatado. Charlie aprieta la pierna de Sue justo por encima de su rodilla y corta la alegría de Billy en una tos, como un recordatorio.

Sin embargo, al menos lo están intentando, al menos para Navidad. Tal vez este sea el comienzo de una amistad remendada o el comienzo de una tregua.

El sol comienza a ponerse cuando los últimos troncos se agregan al fuego. Los pinos nos rodean, elevándose por encima de nuestras cabezas mientras sus piñas ensucian el suelo. Estando afuera y respirando frío, humo y pino, estamos rodeados por los olores de la Navidad. Miro a Bella y la atrapo sacándole la lengua a Jacob. Cuando su mirada se vuelve hacia mí, sus pestañas revolotean. Mientras Charlie está fascinado con Sue, frunzo los labios en un rápido beso al aire, lo que hace que Bella se sonroje y ría en voz alta.

El fuego crepita, pero todos guardan silencio mientras ven arder la madera y el palo de Jacob mueve los troncos. Mientras miro la llama, el calor me calienta la cara hasta que una ráfaga de viento hace que el humo sople hacia mí y tengo que alejarme.

Mi desdén no se apaga con el fuego. Jacob continúa sus burlas y bromas con Bella durante toda la cena. Está claro que Jacob está arraigado en esta familia tanto como Billy, incluso con su amargura hostil. Empiezo a sentirme como un visitante casual.

Billy le agradece a Bella por la comida mientras se recuesta en su silla y se palmea el estómago lleno.

—Nos encantaría que vinieras antes de que te vayas a la escuela.

Bella se lleva el dedo a los labios mientras termina de masticar.

—Sí, ¿mañana está bien? —Ella me mira en busca de una respuesta.

—Sí, podemos estar allí mañana. —No me importa que no me inviten. Voy.

—Bueno, um... —tartamudea Billy, pero el golpe de la bebida de Charlie contra la mesa detiene a todos.

—Suena como un plan. Iremos todos. Trae a Carlisle. Apuesto a que el viejo tonto todavía cree que me ha enseñado todo lo que sé. Es hora de que le enseñe un par de cosas. —Charlie se ríe y el asunto está resuelto. Su bigote se contrae cuando me mira. Mi posición en este campo de batalla ya estaba clara, pero ahora está solidificada.

Sue se hace cargo de la planificación para mañana y Jacob no tiene ningún problema con nada. Lo acepta, inclinando la cabeza y de vez en cuando diciendo:

—Genial.

Él no se preocupa por mí y yo no necesito preocuparme por él. Eso es hasta que están a punto de irse, y él levanta a Bella en un abrazo y le planta un descuidado beso en la mejilla.

Mi lengua permanece entre mis dientes, preguntándome si soy el lobo, y este es el tercer cerdito que no puedo vencer. Su base es fuerte y su relación es natural, pero Bella no parece tener ni idea.

Después de acompañarlos a la puerta, vuelve sus grandes ojos marrones hacia mí mientras se inclina contra la puerta.

—Me quedaré contigo esta noche.

—Buena suerte con eso. —Me quedo atrás de ella mientras sale de la habitación.

—Papá, ya nos vamos. Nos veremos mañana en La Push.

Charlie está acostado en el sofá con la cabeza en el regazo de Sue. En la televisión suena una vieja película del oeste. Levanta la cabeza unos centímetros y gruñe.

Sue lo distrae con sus dedos en su cuero cabelludo.

—Feliz Navidad —dice ella con una sonrisa de complicidad—. Los veremos a los dos mañana por la tarde.

—Feliz Navidad —responde Bella y no espera otra palabra de Charlie. Ella me abandona y corre escaleras arriba.

Charlie me mira y menea la cabeza antes de que Sue lo adormezca y lo someta rascando detrás de su oreja.

Bella baja las escaleras con una bolsa llena y me hace señas para que la siga hasta la puerta. Le quito la bolsa, es más pesada de lo que parece, y le paso el brazo por los hombros.

Tan pronto como estamos uno al lado del otro en el auto, Bella se acerca y amasa la parte de atrás de mi cuello.

—Estás tan tenso.

—No me gusta ese chico.

—¿Qué chico? ¿Jake?

Inclino mi barbilla en un asentimiento corto.

—A mí tampoco. Es un revoltoso. Aunque te acostumbras.

—Sí. —Giro la llave en el encendido y estoy a punto de dar marcha atrás cuando Bella apaga el auto.

—¿Por qué lo dices así? —Saca la llave y la sostiene en su puño en su regazo—. ¿Qué estás pensando?

—Solo que ustedes dos son muy cercanos. Me hace preguntarme.

—¿Preguntarte qué? —cuestiona ella, distraída.

—Si alguna vez pasó algo entre ustedes dos.

Ella tiene una mirada en blanco antes de empezar a soltar carcajadas.

—Ew, no. —Tosiendo, se atraganta con la risa—. No digas cosas así.

—De cualquier manera, le gustas. —Incluso podría amarla, pero no digo eso porque su enamoramiento no equipara lo nuestro que sé que es real.

—Quizás. —Ella se encoge de hombros—. Si él cree que lo hace, es simplemente Billy poniendo pensamientos en su cabeza. Siempre pensó que su hijo era perfecto para mí, y mi papá siempre le dijo que estaba delirando.

—¿Jacob nunca tuvo una oportunidad?

—Ew, dejemos de hablar de eso. Solo tiene diecisiete años. Eso sería extraño. —Su mandíbula cae mientras me mira—. Lo siento. No quise decirlo así. —Envuelve su mano alrededor de mi brazo—. No creo que sea asqueroso estar con alguien más joven. Ves la diferencia, ¿verdad?

—Seguro.

—Tal vez el año que viene, cuando tenga dieciocho y yo veinte, no creo que sea asqueroso. Es la cosa de los menores de dieciocho años. No tuerzas mis palabras. —Ella resopla y empuja su cabeza hacia atrás contra el asiento.

—¿Así que no necesito preocuparme por Jacob hasta el año que viene?

Tira las llaves a mi pierna y se cubre la cara con las manos, ahogando su grito.

Las llaves caen al suelo. Espero que Charlie no se dé cuenta de que estamos aquí. Esto puede tardar un rato.

Le quito las manos de la cara.

—Está bien. Lo entiendo. Solo sé que tienes algo con La Push y meterte en problemas. Siento haber asumido que Jacob era con quien estabas.

—¿Qué quieres decir "con"? Nunca tuve una relación con nadie en La Push. —Su rostro se arruga mientras sus ojos se entrecierran, acusándome de acusarla de algo—. Hubo fiestas, claro, pero lo que mi papá piensa que es un problema en La Push es tirarse de acantilados y conducir motocicletas. Tal vez fue algo imprudente, pero no creo que alguna vez me haya puesto en peligro real.

—Está bien, lo siento. —Hice un gran lío de nada—. Debería haber pedido los detalles.

—Está bien. Puedo ver cómo es posible que hayas pensado eso. Solo espero que no lo pienses más.

—Ya no. —Me agacho para encontrar las llaves, pensando que hemos terminado aquí.

—¿Y qué hay de ti?

—¿Qué hay de mí? —Lentamente me vuelvo a sentar sin las llaves.

—Tú eres el que tiene una no-novia que es cercana a tu familia.

—No... —No sé qué tipo de novia significa eso. Busco las llaves de nuevo—. Voy a pedirle que no venga a la boda. —Problema resuelto.

Se pone de lado en su asiento.

—¡No! No puedes.

—Es un problema para ti, así que sí, se lo pediré. Ella lo entenderá.

—¿Entonces la conoces bastante bien? —Se encorva contra la puerta.

—No. —Encuentro las llaves y las pongo en el encendido.

Bella detiene mi mano.

—¿Es agradable?

—Lo suficientemente agradable que si le pido que no venga, no creo que lo haga.

—No puedes hacer eso. Pensará que todavía sientes algo por ella o que yo creo que lo sientes.

¿Cómo sabemos lo que pensará? Respiro hondo.

—Está bien, lo que quieras. —Giro la llave, pero Bella no ha terminado con esta conversación.

—¿Es bonita? —La inseguridad en su voz me hace sentir mal, pero es absurdo.

—No, en realidad no. Eres bonita. Ella... sí... no tanto.

Pone los ojos en blanco, pero sonríe.

—¿Por qué saliste con ella entonces?

Me encojo de hombros. No tengo ni idea de porqué.

—Estaba cansado y ella era aburrida, así que funcionó durante un tiempo.

—¿Qué significa eso? Estabas cansado. Acabas de inventar eso.

No lo hice, pero veo que la única forma de salir de esto es darle más de la historia. Reflexionando sobre los detalles, froto mis manos sobre mis muslos.

—Hice mi pasantía en la empresa de su padre. Trabajaba muchas horas y luego me obligaban a ir a sus fiestas. Charlotte siempre estaba ahí y siempre quería hablar conmigo. Hablaba y hablaba y no hablaba de nada, o tal vez yo estaba demasiado cansado para escucharla. —Hago una pausa, suspirando y preguntándome exactamente qué detalles aliviarán su mente—. A veces, ella estaba en la oficina cuando yo me iba y salíamos, pero nunca tuvimos una relación. Nunca la llamé. Nunca pensé en que hubiera más. Mi familia no es cercana a ella. Tienen una relación comercial con su familia.

Los ojos de Bella están cerrados.

—Está bien, eso suena aburrido. No puedo esperar para conocerla. —Sonríe y se ríe de sí misma.

Niego con la cabeza y aparto el cabello de Bella de su frente. Nunca la entenderé.

El viaje es corto y está lleno de pequeños momentos: los dedos de Bella jugando con la salida de aire, su risa cuando la miro demasiado tiempo en un semáforo y pierdo la luz que se pone verde, y su cabeza en mi hombro mientras bosteza y me pide que no la deje quedarse dormida.

Comienza a cabecear de todos modos. Apago el coche e intento despertarla con un codazo suave. Se deja caer hacia adelante e intento levantarla. La farsante se deja caer e intenta meter la mano en mi bolsillo.

Me muevo debajo de ella hasta que saco la pequeña caja y la presiono contra su palma.

Frota su pulgar sobre el terciopelo negro mientras sus ojos se amplían y se retuerce en su asiento. Respira hondo y devuelve la caja a mi mano.

—Um... dame esto en un rato. Salgamos. —Abre su puerta.

¿Por qué no lo quiere ahora?

Miro la caja y de nuevo a Bella, que ahora está fuera del auto y se dirige a mi lado. Abro la puerta antes de que llegue.

Toma mi mano y me acerca a un gran tocón.

—Hace frío —protesto cuando Bella me empuja a sentarme.

—Oh, Dios, no lo hace. Te mantendré caliente. —Se sienta a mi lado y coloca su pierna sobre la mía.

La luna ilumina su rostro con un brillo sutil mientras arquea la cabeza hacia atrás para mirarme.

—Te amo. Y me encanta que estés dispuesto a complacerme. Apuesto a que puedo conseguir que te quedes aquí conmigo toda la noche —sugiere y muerde mi mandíbula, atrapando mi barba entre sus dientes.

Froto donde ella mordió.

—Pruébalo —le digo, apretando su costado.

Ella se ríe y mueve mi mano hacia su cintura. Sus labios encuentran mi cuello, y sus dedos fríos encuentran su camino debajo de mi camisa, enfriándome, pero calentándola.

—Esto es bonito.

—Como hielo —comento mientras sus dedos se sienten como carámbanos goteando por mi piel.

—Como la noche de Navidad. —Mira al cielo—. Me gustan más las estrellas cuando hace frío. Creo que son más brillantes.

—Yo también. —Le entrego el regalo de nuevo.

Las bisagras crujen cuando abre la caja.

—No puedo ver —murmura, sosteniendo la caja hacia la luz en el cielo.

Saco mi teléfono, enciendo la pantalla y la ilumino hacia ella. Los pendientes de diamantes y zafiros brillan bajo la luz. El suspiro que hace se parece mucho a la decepción.

—¿No te gustan? —Extiendo la mano para agarrar la caja.

Ella la mueve fuera de mi alcance.

—¿Qué quieres decir? Estas son ahora las cosas más bonitas que tengo. Gracias.

Se inclina más cerca hasta que sus pestañas revolotean contra mi mejilla.

—Entremos. —El aire cambia cuando sus dedos se enroscan en mi hombro.

Estamos a solo dos pasos dentro la puerta cuando Bella se da la vuelta y dice:

—Me quedaré aquí hasta que nos mudemos a Seattle, y luego, siempre viviré contigo. —Su declaración suena como si estuviera anticipando una protesta de mi parte. Se mantiene firme mientras espera mi reacción.

—Suena bien.

—Para siempre —sentencia aclarando, inclinando la cabeza hacia un lado y levantando las cejas, cuestionando mi punto de vista sobre esto.

Dejo caer mis llaves en el mostrador y se deslizan con un ruido metálico.

—Para siempre.

La casa no está decorada para Navidad, pero sus ojos son más brillantes que cualquier luz y su sonrisa es toda la alegría que necesito.

—Tengo que cambiarme —dice antes de ir al baño, pero no hay nada allí para cambiarse.

Abro la cama y me pongo unos pantalones cortos antes de que me den un último regalo de Navidad. Bella entra a la habitación usando solo sus nuevos aretes. Su cabello está recogido en una especie de moño para lucir sus joyas.

Sentándome a los pies de la cama con las piernas dobladas y los pies en el suelo, me acerco a ella y le digo:

—Ven aquí.

Se detiene a un metro de mí y coloca una mano en su cadera y la otra detrás de su oreja. En cámara lenta, se da la vuelta y me muestra sus pendientes mientras modela diferentes poses. Hay una sonrisa juguetona en su rostro y en sus ojos.

Ella mira hacia un lado, dándome una vista perfecta de su oreja izquierda, pero ese es el último lugar que miro. Después de mirar su cuerpo, mis ojos se enfocan en mi peca favorita en su cadera.

Cuando vuelve a mirarme, capta mis ojos vagabundos. Me saca la lengua.

—Ven aquí —dice, haciendo un gesto con el dedo. La expresión juguetona ha sido borrada de su rostro y ha sido reemplazada por una seria.

No dudo en ponerme de pie y dar unos pasos hacia ella. Empuja la cinturilla elástica de mis pantalones cortos y los baja hasta que caen al suelo. Su sonrisa es satisfecha cuando descubre lo excitado que ya estoy. Me muevo hacia atrás mientras ella presiona mi pecho y retrocedo cuando me empuja hacia la cama.

Trepa por mi cuerpo y exhala contra mi piel mientras se mueve para sentarse a horcajadas sobre mis caderas. Se saca el pelo de la cola de caballo. Se desliza alrededor de su cabeza mientras lo sacude. Ejerzo todo el control y la paciencia que tengo mientras ella se cierne sobre mí, sin tocarme. Cuando raspa sus uñas por mi pecho, la miro a los ojos. Es más erótica que cualquier otra mujer que haya conocido. En momentos como estos, es difícil creer que alguna vez haya tenido momentos de inseguridad.

Me levanto, ya no puedo esperar, y capturo sus labios con los míos.

—¿Me quieres? —pregunta ella, respirando pesadamente, ya alineándonos.

Asiento y le chupo el labio. Mis palmas encuentran sus caderas y la ayudan a guiarla hacia abajo hasta que la estoy llenando y ella se aprieta a mi alrededor.

A pesar de la desesperación entre nosotros por seguir moviéndonos, por acogernos y encontrar la liberación que ambos estamos buscando, mantengo los ojos abiertos y no dejo de mirarla. Mi pecho se agita mientras mi corazón, cuerpo y mente la sellan como una llave que se ha puesto en una cerradura y se ha roto.

Sus ojos están cerrados mientras se mece. Su respiración sale en breves jadeos, mientras sus manos se mueven de mi pecho a los suyos. La observo por un rato antes de levantar la mano y quitar las suyas del camino, reemplazándolas con las mías.

Ella grita entre sollozos. Ambos estamos cubiertos de una ligera capa de sudor. Un mechón de su cabello se pega a un lado de su cara. Se deja caer contra mí. Sus pezones se presionan contra mi pecho mientras intenta mantener su cuerpo exhausto moviéndose para mí. Me agarro a sus caderas y me hago cargo.

Como su calor está a mi alrededor, y los dos estamos agotados, murmuro contra sus labios:

—Para siempre.


Creo que Bella esperaba encontrar otro objeto dentro de la caja de terciopelo...