Esta historia, contiene personajes de la señora Meyer, a quien respeto mucho, la historia es mía, y sólo me divierto. Gracias por la espera.

CONTENIDO SENSIBLE.

2 de octubre de 1994.

Tengo 5 años, el mismo número que los deditos de mi mano. Mami me enseñó. Estoy sentado cerca de las escaleras en donde tengo la mayoría de mis juguetes regados. Mi cabello está corto porque mi mami me lo ha cortado hace un par de horas. Me gusta cuando mami acaricia mi cabeza. Mis zapatos nuevos están sueltos de los cordones, pero aún no sé cómo amadarlos. Me tallo la nariz con el dorso del brazo y sigo jugando en el suelo.

Escucho un vidrio romperse y alzo la vista hacia la habitación de mami y papi. Papi no me deja estar cerca de ahí. Mami a veces llora cuando papi grita mucho. Cubro mis oídos, como mami me enseñó, porque sé que él comenzará a decir palabras feas.

— ¡Cállate puta!— y de nuevo se escucha otro golpe.

Me encojo de hombros y tiemblo.

— ¡Me importa una mierda! — grita de nuevo papi y yo levanto la frazada que mami me hizo, corro hacia una esquina donde hay abrigos y me oculto ahí, sin cerrar la puerta.

Piensa en cosas bonitas, piensa en cosas bonitas.

Me sostengo sobre mis pies conmi frazadacontra el pecho y mis manitas sobre mis orejas. La sonrisa de mimamiviene a mi cabeza y me siento tranquilo.

Te quiero tanto, mi pequeño Edward...

— ¡No! — alguien grita y se escucha un golpe en la pared.

Me sobresalto por la sorpresa y apuño los ojos con fuerza porque tengo miedo de escuchar otra vez. ¿Por qué se enoja tanto? Mami hace todo para quepapi esté contento. Se arregla bonito y se maquilla, incluso hace torta de chocolate para merendar. El chocolate me pone feliz, ¿por qué a papi no?

—¡Ay!— escucho gritar y entonces abro los ojos de golpe.

Oigo los pasos pesados de mi papi acercándose y con ellos, una segunda voz: la de mami.

— ¡Por favor, por favor!— dice ella con mucha tristeza.

Me retuerzo en mi lugar incómodo, no me gusta que hable así. No se oye feliz.

—¡Eres mi mujer! ¡Mi puta! ¡Mi esposa! Puedo hacer contigo lo que me plazca.

Me asomo entre los abrigos, con la puerta abierta y puedo ver a mami acostada en el suelo y temblando. Mis ojos pican con ganas, aguantando el llanto. Él la mira con una sonrisa en la boca pero no parece contento. El rostro de mami está rojo y morado y tengo un mucho miedo. No…

— ¡Por favor, Anthony! ¡No me pegues más!

—¿Me darás ordenes tú? Maldita perra estúpida…

Y entonces, él la levanta del suelo y le jala su lindo cabello. El rostro de mami muestra que le duele. ¡Déjala en paz!, quiero decirle, pero ella me ha dicho que cuando él se enoja debo permanecer escondido… Hasta que se le pase.

Los cordones de miszapatos están desamadados aun, pero camino lentamente hacia la escalera con mis manos bien sujetas a la frazada y lo veo de cerca. Papi parece otro. Mami dice que me parezco mucho a él y sé que no es así, yo jamás le pegaliaa ella.

Y cuando menos me lo espero, él la golpea en la cara con su puño.

— ¡NO! —Grito desesperado porque mami comienza a sangrar. Tomó su pierna y me cuelgo de él con ganas. Papi me empuja como si fuera un mueble y me da un golpe en la espalda que me duele mucho. Las lágrimas se me salen sin pensar pero no lo suelto, me duele pero quelo proteger a mami.

—¡Quitate, Edward!— me grita y me patea lejos.

Mami me mira horrorizada y se levanta con fuerza del suelo, y pelea con él. Papi se ve más furioso y empuja de nuevo a mami.

— ¡A él no lo toques! — le grita y yo comienzo a dejar de llorar, no sé por qué.

Mi mente se queda nublada. No escucho los ruidos, ni mucho menos las palabras feas de papá. ¿Qué pasó?

Cuando parpadeo, todo está tranquilo y me asusto porque no la veo a ella.

— ¿Ma…mi?

Camino despacio para no tropezar y me asomo por las escaleras, donde tengo cuidado al bajar para no caerme. Y entonces, me siento feliz porque todo acabó. Me limpio la nariz con el brazo y no puedo evitar correr hasta su lado, para abrazarla.

Sonrío y me acuclillo frente a ella.

— Ya se fue — le susurro bajito y acomodo su cabello largo que se desparrama en el suelo. Sus rulitos brincan entre mis manos cuando los acaricio.

Cuando la toco, está fría. Mi mami está muy fría. Me preocupo y decido hacer algo por ella, como cuando me quedo dormido viendo el televisor y me cobija. Corro de nuevo escaleras arriba y cuando subo los primeros escalones, espero que me regañe porque sé que le disgusta que haga eso, le asusta y tiene miedo de que me lastime, siempre me está cuidando.

Pero ella no dice nada. Corro hacia el lugar en donde estaba escondido y tomo mi frazada para volver a donde estaba. Esta vez,bajo tomado del barandal y medesciendo lentamente, con una sonrisa en los labios. Me doy cuenta de que quizás mami si está dormida, y no quiero despertarla.

Me arrodillo frente a ella y de nuevo peino su cabello suavecito.

Me gusta su cabello.

Pero cuando paso mis manitas por su oreja, siento algo en los dedos y me asusto. Está húmedo y está tibio. Miro mi manita con curiosidad, ¿Mami tiró pintura roja? Su cabello se va hacer feo, pero creo que no le importa porque no se mueve. Creo que está muy cansada.

La cubro bien y siento mi cara pegajosa por las lágrimas, se siente rado. Me acuesto a un lado suyo y mis zapatos se manchan de la pintura roja que se le cayó a mami. Le doy un besito en la cara y sonrío.

— Todo está bien, mamita. Con mi cobija no tendrás frío— le prometo como cuando ella me cuide de las pesadillas, cuando escucho la voz de papito. Y de nuevo, me abrazo a ella pero no parpadea—. No te preocupes, yo te cuido.