No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco. Leer nota al final.
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Una pila de folletos cayó del maletín del laptop de Isabella a la alfombra con estampado de flores. Simplemente increíble. Ella había olvidado cerrar el maletín en su afán de escaparse del salón de conferencias. Con un fuerte suspiro, ella se inclinó a recoger los papeles regados. ¿Podría este día ponerse un poco peor, por favor?
Un coro de ― ¡toma, toma, toma! seguido de entusiastas aplausos se escuchaba desde el lobby del otro lado, al frente de los ascensores. Bueno, al menos alguien estaba pasándolo bien esta noche. Ciertamente no se trataba de ella.
Ella metió los papeles en su maleta y cerro con fuerza el cierre antes de continuar por el saturado lobby del hotel camino hacia el sexto piso. Un largo baño caliente sonaba como el paraíso. ¿Cómo había permitido que su decano la convenciera de presentarse en esta estúpida conferencia en primer lugar? Que pérdida total de tiempo.
Los demás profesores de su campo no reconocerían una idea innovadora, aunque esta se parara en sus cabezas y les cantara una canción. Y, de cualquier modo, ¿Que le importaba a ella lo que pensaban sus colegas de sus métodos? Los estudiantes amaban sus clases.
Siempre estaban llenas. Ella tenía listas de espera para…
Había alguien siguiéndola. El cabello detrás de su nuca se puso de punta. Ella se detuvo con el corazón acelerado, sus palmas húmedas.
Quien fuera que la estaba siguiendo estaba unos cuantos pasos atrás. Ella podía escucharlo respirando.
¿Jeremy?
No. No podía tratarse de su ex-esposo. Él no sabía cómo encontrarla. ¿Verdad? Claro, dile eso al sudor frio recorriendo su espalda.
Ella recogió su maletín fuertemente, preparada para golpear a cualquier que fuera lo suficientemente tonto para perseguirla.
―Gran conferencia, Dra. Swan. – Dijo una voz desconocida a su espalda. No era Jeremy. Gracias a Dios. Ella respiro profundo y se asomó sobre su hombro. Alto, de unos cuarenta años, el hombre extendió una mano en su dirección. ― ¿A quién se le hubiera ocurrido usar solos de guitarra en una discusión sobre psicología humana? No a mí. Quiero decir, estoy convencido de la eficacia del método. Simplemente no creo que yo pudiera lograrlo con su nivel de, eh... – El aclaró su garganta. ― Entusiasmo. – Él sonrió, su mirada deslizándose hacia el escote del ajustado traje gris que ella usaba.
Con el corazón aún acelerado en su pecho, Isabella suprimió la necesidad de ahorcarlo y extendió su mano libre para aceptar su saludo.
―Gracias, Señor... uh...
Cuando sus dedos se cerraron alrededor de los suyos, su sonrisa se amplió de oreja a oreja.
―Doctor. Doctor Erik Yorkie de Standford. Psicología anormal. De hecho, soy el jefe del departamento.
Ah, Doctor Imbécil. Doctor Imbécil Presuntuoso. Ya te he conocido. Te he conocido miles de veces.
Ella asintió y trato de sonreír.
―Un gusto conocerlo, Doctor Yorkie.
―Y, ¿le gustaría tomarse un trago conmigo? – El señaló hacia el lounge a su izquierda, mientras acariciaba su mano con su pulgar.
Isabella se encogió internamente, mientras externamente trataba de mantener una sonrisa. Este tipo era la antítesis de su tipo de hombre. Aburrido. No, gracias. Su presente aversión a lo aburrido existía a un nivel visceral.
―Lo siento, pero voy a tener que pasar. Justo me dirigía a mi cuarto a descansar. A lo mejor en otra oportunidad...
Él se desinfló como un globo pinchado.
―Claro. Lo comprendo. Debe estar cansada después de esa animada... – Él sonrió de nuevo. ―...discusión.
¿Discusión? ¿Acaso no había estado allí? Masacre‖ era una palabra más adecuada, y ella no había salido precisamente ilesa de ella.
―Si. – murmuro ella, entrecerrando sus ojos. Ella liberó su mano de la de él, se dio la vuelta y continúo su camino hacia el ascensor, caminando junto al bar del hotel y esquivando algunas plantas y arbustos.
El fuerte estallido de risas atrajo su atención al lounge. Cuatro hombres sentados en una mesa semi circular, riéndose del quinto hombre, que se encontraba acostado en el centro de su mesa. La mesa, cubierta con vasos que contenían varias cantidades de líquido ámbar se balanceó precariamente bajo el peso del hombre, cuando él se inclinó hacia un lado. Sus acompañantes se apresuraron a rescatar sus cervezas de una muerte segura.
―Díganle al hotel que deje de girar. – El hombre acostado le gritó a la lámpara Tiffany que estaba volteada a su lado.
―No más cerveza para ti, Edward. – dijo uno de sus amigos. Edward levantó un dedo.
―Una más. – Levantó otro dedo, ―o dos – otro dedo, ―mmmmmejor cuatro.
Isabella sonrió. Ellos cuatro no se mezclaban con los asistentes de la conferencia, mayormente profesores, regados por el lounge y el lobby. El poco convencional grupo de esa mesa atraía una buena cantidad de miradas y animosidad. ¿Eran los tatuajes? ¿Los piercings y los taches? ¿El cabello teñido, los cortes de cabello extraños y la ropa negra?
Lo que fuera. Ellos eran sólo chicos siendo chicos. Ella podía apostar que ninguno de ellos era aburrido.
Isabella tomo un paso dudoso hacia el ascensor. A ella le hubiera encantado quedarse con ellos por un rato. Ella podía disfrutar un poco de diversión-algo además de una conversación estimulante con un intelectual. Ella tenía lo suficiente de eso en el trabajo.
Edward, aún acostado en el centro de la mesa, vocalizó un sólo, haciendo un increíble show de guitarra de aire con sus manos. Isabella reconoció la serie de notas inmediatamente.
Ella las uso en su clase para explicar la sensualidad masculina, porque nadie en el mundo tocaba la guitarra más sensualmente que Master Cullen. ¡Un momento! Podía ser que...
Nah, ¿que podría estar la banda Sinners haciendo en una conferencia de profesores? Ellos probablemente eran simples fans de la banda, aunque el nombre Edward la hacía dudar. ¿No era Edward Cullen el nombre real del guitarrista líder de la banda?
Uno de los hombres sentado en la mesa giro su cabeza para rascarse su barbilla con su hombro. A pesar de sus gafas oscuras, ella reconoció instantáneamente al vocalista Jasper Whitlock. Su ritmo cardiaco se aceleró inmediatamente. Ellos eran los Sinners.
―¡Estoy tan putamente borracho! – gritó Edward. El giró sobre la mesa, tirando varias botellas vacías de cerveza, y aterrizo sobre las piernas de dos de sus acompañantes. Ellos lo tiraron indelicadamente en el suelo.
Isabella resopló y después miró a su alrededor para asegurarse de que nadie la había escuchado producir un ruido tan poco digno de una dama. Ella tenía que hablar con ellos.
Podía pretender que quería conocer la banda por su conferencia. En realidad, ella simplemente amaba su música. Ellos tampoco eran difíciles de apreciar. La definición exacta de su tipo de hombre. Salvajes. Si, por favor. Ellos le darían exactamente lo que necesitaba después del día que había tenido, garantizado.
Abandonando su plan de esconderse en su habitación, Isabella paso por la pared que separaba el pasillo del lounge. Ella se detuvo al frente de Edward, quien estaba luchando para levantarse de sus manos y rodillas. Ella puso su pesado maletín en el suelo y se arrodillo para ayudarlo a pararse. En el instante en que ella tocó su brazo, su corazón se saltó un latido y empezó a correr. Magnetismo animal. Él lo tenía. Hola, Señor Diversión merecida.
Su mirada recorrió sus piernas y cuerpo, y su cara lentamente apareció. Él tenía el tipo de facciones que un escultor adoraría: una mandíbula fuerte, una barbilla en punta, pómulos altos. ¿Sería demasiado presuntuoso acariciar los contornos de su rostro con sus dedos? ¿Con sus labios? Ella forzó su atención a su mano, que estaba cerrada sobre su musculoso brazo.
―Ten cuidado con este brazo. – dijo ella. ―Hay tan pocos guitarristas con tu talento.
Él la usó como soporte para ponerse de pie. Cuando él se tambaleo contra ella, ella pudo oler su esencia e inhalo profundamente, sus ojos cerrándose. Deseo primal bombardeó sus sentidos. ¿Acababa ella de gruñir en voz alta?
Sus fuertes manos apretaron sus hombros mientras el recuperaba su equilibrio. Cada terminación nerviosa de su cuerpo se puso en máxima alerta. Ella no podía recordar la última vez que se había sentido instantáneamente atraída hacia un hombre. Edward la soltó y se inclinó en la pared de atrás de la mesa para apoyarse. El parpadeó fuertemente, como si estuviera tratando de enfocar sus intensos ojos marrones en su rostro.
―¿Tu sabes quién soy yo? – preguntó el, su voz enredada.
Ella sonrió y asintió animada.
―¿Quién no? – El movió una mano alrededor teatralmente, lo que hizo que perdiera aún más su balance.
―Todos los nerds que están en este maldito lugar, ellos son quien.
Él le gruñó a una mujer de pelo gris en un pesado cardigán que estaba mirándolo abiertamente. La mujer se sobresaltó y concentró su atención en su coctel azul océano, tomando la bebida tan distraídamente como le era posible fingir.
―Edward, no comiences con tus mierdas. – Jazz, el cantante líder del grupo, dijo. La mirada ácida que Edward le disparó a Jazz era apta para limpiar paredes.
―¿Qué? Yo no estaba comenzando nada. ¡Es esta gente que tiene el jodido problema de quedarse mirándome!
Cierto. Ellos estaban mirando. La mayoría habían concentrado ahora su atención en Isabella. Probablemente preguntándose como rescatarla del territorio enemigo.
―¿Les importa si me siento un momento? – Preguntó Isabella, esperando llamar menos la atención sentada. Ella metió el mechón de pelo que se había escapado de su broche detrás de su oreja y le sonrió esperanzadamente a Edward. El acarició su ceja con su dedo índice mientras contemplaba su petición. ¿Por qué querría una chica de apariencia sofisticada sentarse con cinco estrellas de rock?
Jazz le abrió un espacio en la mesa semi circular y acaricio el espacio vacío de vinilo verde bosque a su lado. Ella movió su mirada de Edward para concentrarse en Jazz. La apariencia de chico guapo común de Jazz contrastaba con su reputación de chico malo mujeriego.
Ella no seguía las vidas personales de los miembros de las bandas que admiraba, pero incluso ella conocía la reputación de Jazz. Su sonrisa, completa con hoyuelos, era increíblemente dulce, lo que era la razón más probable por la que él la cubrió inmediatamente frunciendo el ceño. Un rápido velo de indiferencia le regresó su estatus. Esos adorables hoyuelos no iban realmente con su imagen.
Isabella se sentó en la mesa junto a Jazz, limpiando sus manos sudorosas en su falda, mientras se acomodaba junto a él. Está bien, estoy aquí. ¿Ahora qué?
―¿Eres algún tipo de mujer de negocios o algo así? – Jazz se inclinó hacia atrás para examinar su traje profesional. A Isabella no le disgustó que la mirara de nuevo.
―Algo así. De hecho, hago parte de todos los nerds que están en este maldito lugar. Soy una profesora de universidad y estoy aquí en una conferencia.
―¿De verdad? – Ella reconoció a la persona que hablaba, sentado al frente de ella, Emmett McArty el baterista de la banda. ―Si hubiera sabido que las profesoras de universidad estaban tan calientes, hubiera considerado matricularme.
Isabella se rio. Ella miro a Edward que seguía apoyándose en la pared junto al hombro derecho de Emmett. Su corazón dio otro salto doloroso. Él era hermoso.
―¿Quieres sentarte, Edward?
Isabella se acercó a Jazz, su rodilla al lado de la suya bajo la mesa. Edward colapsó en el asiento a su lado, dejándola en medio de dos de los más sexy y talentosos músicos del negocio. Ella había muerto e ido a parar al cielo. Cálmate Isabella, si comienzas a actuar como una fanática, ellos te van a echar de aquí. Y ella de verdad no quería eso.
Edward se inclinó hacia adelante y reposó su cabeza sobre la mesa con un gruñido. A Isabella le tomo todo su poder de concentración no ofrecerle una caricia consoladora. Ella sabía quién era el, pero él no tenía ni idea quien era ella, pero, uh...
Ella respiró profundamente para calmar sus pensamientos y forzó su atención sobre Emmett.
Ella podía mirarlo sin comportarse como una idiota, pero se dio cuenta que no podía dejar de mirar su loco corte de cabello- la mitad largo, con una línea central de cortos picos, el resto a diferentes largos y simplemente extraño. Un mechón carmesí de un dedo de ancho se enroscaba a un lado de su cuello. Cabello de Rockstar. Ella suprimió una risita excitada.
―¿Y qué enseñas? – Emmett tomo un sorbo de su cerveza, sus ojos azul pálido nunca dejaron su rostro. Bueno, a lo mejor él se quedó mirando un rato su pecho, pero la mayoría del tiempo mantuvo su mirada por encima de su cuello.
Isabella hizo una mueca al oír su pregunta y bajo su mirada a la mesa. Cualquier oportunidad de ganarse su respeto se evaporaría en el momento en que ella revelara el tema que enseñaba.
―¿Tengo que decirlo?
―Vamos. – Ella suspiró pesadamente.
―Sexualidad humana. – Emmett se ahogó con su cerveza. Se limpió su boca con la parte de atrás de su mano.
―Jodeme.
―Bien, si, supongo que ese es mi tema de estudio. – dijo Isabella con una sonrisa torcida.
Los chicos se rieron. Excepto Edward. Inmóvil, su cabeza aun descansaba en la mesa al frente suyo. ¿Estaba inconsciente? Borracho no comenzaba a describir su condición actual.
―¿Él se encuentra bien? – Preguntó Isabella.
―Sí, sólo un poco hecho mierda. – dijo Emmett.
―Totalmente hecho mierda. – dijo Garrett Jhonson, el guitarrista rítmico de la banda, que estaba sentado junto a Emmett.
―Cállense. – Murmuro Edward. El giro su cabeza para mirar a Isabella, manteniendo un ojo cerrado mientras intentaba enfocarse en ella. Ella tuvo una urgencia inexplicable de acomodar su enredo, totalmente negro cabello, que caía justo sobre sus hombros y salía disparado en ángulos extraños de su cabeza. ― ¿Cómo te llamas, profesora Sexo?
Ella sonrió, a lo mejor él estaba interesado...
―Isabella.
Él se rio.
―Ese es un nombre de anciana.
…O a lo mejor no lo estaba. Ella esperaba esconder bien su decepción.
Jazz estiró su brazo detrás de Isabella y golpeó a Edward en la espalda por su insulto. Edward ni siquiera parpadeo. Lo más seguro es que ni siquiera lo hubiera sentido.
Isabella se encogió de hombros.
―Tiene razón. Yo fui nombrada en honor a mi bisabuela. Ella califica como anciana.
Edward giro su cabeza para que su frente descansara contra la mesa de nuevo. El trago varias veces.
―Creo que me estoy sintiendo mal.
―Emmett, llévalo al baño. – dijo Jazz. ―Lo último que necesitamos es una mesa cubierta con el vómito de Cullen.
Emmett gruñó.
―Yo quiero quedarme hablando con la linda dama. En esta mesa no ha habido nada más que los mismos tipos aburridos. – A pesar de sus protestas, Emmett se deslizo en su lado del asiento y arrastró a Edward hasta ponerlo de pie.
―Voy a seguir aquí cuando regreses. – Prometió Isabella.
―Cómprale un trago, Jazz. O, ya que tú estás invitando esta noche, cómprale dos. – Emmett envolvió el brazo de Edward alrededor de sus hombros y dirigió a su desbalanceado amigo hacia el baño. Isabella los miro retirarse, sus ojos apreciando el perfecto culo de Edward, cubierto por jeans negros.
―No creas que lo hizo a propósito Bella. Él no se comporta así normalmente. El sólo acaba de... uh... salir de una relación. – dijo Jazz.
Garrett puso sus ojos en blanco y sacudió su cabeza.
―Sí, podría decirse eso.
―No entiendo porque esto le sigue pasando a él. – Benjamin Frann, el bajista, masajeo el aro de plata en su oreja. Él era el único rubio del grupo- tinturado, si sus cejas y barba corta indicaban algo. El miembro más pequeño de la banda, él tenía un aire de chico malo, de James Dean. Probablemente intentaba apagar su ternura natural. Isabella simplemente quería abrazarlo.
―El tipo es abandonado más que cualquiera que conozca. – Garrett simplemente se veía malditamente sexy. Cuando sus apasionantes ojos entrecerrados se encontraban con los de Isabella, un cosquilleo se instalaba en la base de su espina.
―Eso es porque es un jodido retardado cuando se trata de mujeres. – Jazz paso una mano sobre su negro cabello. ―Él se enamora de estas idiotas una después de la otra. Él nunca va a aprender.
―O a lo mejor su problema es que alguien siempre termina jodiendo las cosas para él. – dijo Garrett. ―Sólo una idea.
―Esa perra no valía su tiempo. Edward es demasiado bueno para ella. – Gruñó Jazz.
Isabella miro de un hombre al otro. Había algo más acerca de esta historia de lo que ellos estaban diciendo. O a lo mejor...
―Edward es un romántico desesperado ¿Verdad?
Jazz se acercó a su oído.
―Shh. Eso es un secreto. – Un escalofrío recorrió su cuello. Ella se giró y encontró la nariz de Jazz a menos de una pulgada de la suya. Ella podía ver cada una de sus pestañas detrás de la superficie brillante de sus gafas. Encontrando desconcertante ser observada por un hombre con lentes oscuros, ella se estiro y las deslizo por su nariz. A ella le gustaba pensar que sería mejor mirarlo a los ojos, pero su penetrante mirada de ojos azules hizo que su corazón se acelerara. Él sonrió, sin duda alguna consiente del efecto que tenía en las mujeres. Jazz levantó su brazo para llamar a la mesera de cocteles.
―¿Cuál es tu veneno, Isabella?
―¡Solo agua para mi!
―¿No necesitas algo más fuerte para relajarte un poco? – Levantando una ceja hacia ella, sus ojos escanearon su conservador traje.
―Totalmente innecesario, yo siempre estoy relajada.
―No te ves relajada.
El toco con su dedo el primer botón de su chaqueta. Casualmente estaba situado directamente en medio de sus pechos. Este chico era problemas con P mayúscula.
Debo. Evitar. Al. Vocalista. Caliente.
―Las apariencias engañan.
Ella se alejó de él para mirar a la mesera y romper el contacto de sus rodillas. Jazz se rio.
―De alguna manera creo que eso es cierto en tu caso. – A la mesera le dijo. ―Dos vasos con agua, por favor.
―Oh, yo sólo necesito uno.
―El otro es para Edward.
Isabella se sonrojo.
―Por supuesto.
La mesera puso un vaso de agua delante de ella. Isabella miro hacia el baño de hombres esperando que Edward se encontrara bien. El no parecía sentirse para nada bien. Y ella preferiría totalmente concentrarse en él, en lugar del Señor Jugador aquí, quien estaba acariciando en este preciso momento con sus nudillos su rodilla. Cuando sus dedos encontraron su camino debajo del dobladillo de su falda, sus ojos se agrandaron y ella se giró unos cuantos centímetros fuera de su alcance. Garrett se veía seguro sentado al frente de ella, chupando su chupeta roja. A lo mejor ella debería pasarse al otro lado de la mesa.
Ella levantó su vaso de agua hacia su boca.
Jazz apretó su rodilla. Isabella se ahogó y movió su mano de su pierna debajo de la mesa.
Sin inmutarse, él se acercó aún más. Ella tenía el presentimiento de que este hombre no estaba acostumbrado a ser rechazado.
―¿Te gustaría ir arriba conmigo? – susurró Jazz en su oído, su nariz acariciando el borde de su cuello mientras el inclinaba su cabeza.
―Uh...
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¡Sorpresa, sorpresa! Espero no haber estrenado muy tarde jajaja He preparado varias sorpresas durante esta semana n.n varios estrenos, algunas chicas ya saben más o menos de qué va el chisme o los otros estrenos (estoy intentando mantener mi perfil actualizado para darles una idea de cuándo actualizaré).
Porfis, díganme sus opiniones, actualizaré tanto como me lo permitan mis materias jajajaja
Espero que todas estén muy bien!
¡Nos leemos pronto!
