Harry empujó a Draco hacia atrás, bajando su mano desde la parte posterior de su cabeza y dejándola caer a un lado, luego de situarla en su pecho, alejándolo, sintiendo el fantasma de su tacto aún encima de sus labios y el sabor a vino en la lengua. La respiración agitada, las pupilas dilatadas. Todo indicaba que esos apenas cinco segundos habían sido los mejores de su vida.
Entonces, volvió a ver sus mejillas rojas, su cabello revuelto y sus labios hinchados y recordó, que él no era el causante de ese estado.
Alguien más lo había tenido, y hacía apenas un rato atrás.
Sabía que era injusto, sabía que no le debía nada. Que ellos en un principio no eran nada, pero dolía, joder cómo dolía. Draco lo observaba con expresión neutral, ambas manos aún en los costados de su cabeza.
—¿Ya te arrepentiste, Potter? —le dijo en tono de burla, con esa fría sonrisa.
Harry pegó la nuca en la pared, sin cortar el electrizante contacto visual. Su respiración seguía agitada, y sus rostros continuaban con la misma cercanía.
—No sabes una mierda.
—Me gustaría saber por qué, por qué tú, mi compañero heterosexual--
—¿Si fuese hetero te hubiera besado? —lo interrumpió, alterado— ¿Si fuese hetero, querría follarte hasta que ya no supieras hablar? Déjate de estupideces Malfoy. No voy a ser tu puta burla.
Draco dió un paso hacia atrás, como si hubiera sido golpeado, dándole el chance a Harry de tomar un poco de aire y respirar, de verdad ésta vez. Cerró los ojos, acomodando los lentes que se habían torcido debido al violento beso.
Luego de unos segundos, Draco volvió a hablar.
—No pensé que lo admitirías —dijo bajito.
Harry abrió sus párpados, encontrando los distantes ojos grises. Su rostro era un poema, y si no estuviese tan jodidamente frustrado, se habría abalanzado a devorarlo hasta que suplicara que se detuviera.
—Bueno, felicidades. Hurra, una victoria más a tu lista —murmuró con amargura, bajando la cabeza—. Ahora déjame ir.
Era una petición estúpida, en muchos sentidos. Si realmente quisiera irse, podría haberlo hecho ya, Draco no estaba ejerciendo ninguna presión en su cuerpo, solo en sus costados, no estaba obligandole a quedarse. Y, además de todo, no quería perder su cercanía. No aún.
Dios, era tan patético.
El rubio evaluó su cara, dudando. ¿Dudando qué exactamente? ¿Qué podría decirle? ¿Que las cosas se le salieron de las manos? Esto no era lo que él esperaba, lo sabía.
—¿Por qué tienes que hacer todo tan complicado? —susurró, pero fue más para sí mismo.
Harry frunció el ceño, parpadeando un par de veces. Su corazón seguía latiendo rápido, y el nudo de su estómago no se había aflojado ni un poco. Tragó en seco, siendo muy consciente que aún no se separaban.
Draco, que no había despegado los orbes de sus facciones, volvió a recorrerle con la mirada. Sus ojos seguían más oscuros que de costumbre, y sus inhalaciones eran más profundas, delatando que estaba intentando calmarse. No estaba funcionando. Harry tampoco estaba distante de eso.
De pronto, su vista retornó a sus labios, haciendo que el ojiverde sintiera mariposas solo por ello, y, sin esperarlo, el rubio se inclinó, volviendo a besarlo.
Era más suave que el recién compartido, el aro de su labio siendo lo único duro contra su piel sensible, moviéndose con más lentitud. Una de sus manos que estaba firme en la pared se posó en su mejilla, sosteniendo su rostro, y él, volvió a colocar la presión en su nuca. Harry no pudo evitar corresponderle, no cuando Draco Malfoy estaba intentando besarlo con ese afán. Encontraron un ritmo cómodo, y su pecho volvió a inflarse con emoción. Su lengua se abrió paso hacia la boca ajena, probando, sintiendo, y el ojigris mordió su labio inferior, arrancándole un pequeño suspiro.
Entonces, el pensamiento de él haciéndole eso a alguien más volvió a su mente.
El pelinegro se movió hacia un lado, haciendo que los carnosos y suaves labios de Draco descansaran a un costado de su boca, en el inicio de su mejilla. Fue hecho con más suavidad, pero el objetivo era el mismo.
—Tienes razón —murmuró contra su piel, sin abrir los ojos—. Estoy celoso.
Sintió cómo la respiración de Draco se quedaba atorada en su garganta y tomó satisfacción de eso. Al menos no era el único reaccionando a toda esa situación. Lo hacía sentir menos estúpido.
—Y por lo mismo, no puedo besarte así. Sabiendo que hace unas horas alguno más lo hizo. Vienes aquí luciendo —hizo una pausa, tomando aire— así, y no--no puedo...
Ninguno de los dos se movió, y Harry podía sentir el pulso de Draco sobre su piel, en su cara. Sus dedos estaban aún enredados en su cabello, y soltó el agarre con cuidado. No sabía que hacer. Nadie le había advertido cómo reaccionar en ésta situación.
—¿Me vas a hacer decirlo, no? —susurró el rubio, acercándose poco a poco a su oreja. Harry se removió levemente.
—¿Ah...?
—¿Cuál fue tu pregunta, Potter? —dijo, sintiendo su cálido aliento chocar contra su oreja, enviando un escalofrío por su espina dorsal.
—No entien--
—Me preguntaste si esto era un juego —susurró en su oído, y Harry volvió a aferrarse a las hebras de pelo, abriendo la boca en forma de O— Yo te dije que sí. Básicamente, gané esta partida.
Harry hizo un pequeño ruidito desde el fondo de su garganta, sintiendo cómo Draco mordía su lóbulo con una lentitud tortuosa. No podía moverse ni un centímetro, no así. Con dificultad, trató de contestar.
—Sigo sin entender que tiene que ver esto con--
—No estuve con nadie —volvió a cortarle Draco, y su pulso se disparó ante esas palabras. El rubio, con su mano libre, deslizó sus dedos encima de su suéter hasta el borde, jugando con él cómo si lo fuese a levantar—. Todo lo que te dije fue para ver si tenía razón. Y la tenía. Quieres esto tanto como yo.
Allí fue cuando sus manos se deslizaron dentro de su ropa, su fría palma entrando en contacto con su abdomen, repasando con la yema de los dedos cada borde y curva, de arriba hacia abajo, mientras Draco besaba el lugar donde cuello y mandíbula se unían, lento, tomándose su tiempo de saborear. Descendió, uno, dos, tres besos hasta el hueso de su clavícula. Harry suspiró, empujándolo contra sí.
—Pero, ¿era un plan? ¿Que acaso el tipo no exist--?
—Oh, hubo un tipo —Draco habló encima de su piel, volviendo en el camino que trazó con su boca—. Tu reacción fue lo que me hizo despacharlo.
Pero, y que hay de su apariencia, y su enojo, y lo que dijo, y las horas que estuvo afuera. Draco estaba en su mandíbula, besando su mejilla nuevamente y de a poco volviendo a la posición que estaban en un inicio.
—Pero--
—¿Quieres hablar, Potter? Porque puedo ir a hacernos un té, y sentarnos a charlar de la vid--
Harry ya no aguantaba más, movió su cara hacia el lado, y volvió a atrapar sus labios.
Draco besaba como todo lo que hacía. Con pasión, de forma pulcra y con un atisbo de perfección en cada acción. No era un beso agresivo, ni tampoco uno lento. Era algo nuevo, desesperado, con ansias de saborear y perderse en la bruma de su sabor. Al ojiverde le excitaba el solo hecho de pensar que esto era una primera vez para ambos, de alguna forma.
Harry dejó que sus manos se posaran sobre su chaqueta, la cuál empezó a bajar con rapidez, despojando a Draco de sus capas de ropa, sin romper el beso. Se separó brevemente, para mirar hacia abajo y saber dónde empezaban los botones de su camisa y así empezar a deshacerlos. Sintió cómo el rubio se cansó de jugar con su piel sensible y decidió que lo mejor era subir su sudadera definitivamente, dejarlos a ambos desnudos de cadera arriba.
Volviendo a juntar sus bocas, el pelinegro bajó la camisa del chico, y sus dedos fueron a parar y recorrer el camino de sus marcados abdominales, deleitándose del hecho de que lo que tantos días imaginó ahora estaba ahí, sucediendo. Draco había vuelto a besar su cuello, alejándose para retirar completamente cualquier tela entre ambos.
Sus ojos se encontraron, y Harry se sintió instantáneamente expuesto. No era la primera vez que se veían de esa forma, pero si era la primera vez que era tan íntimo. Con tanta cercanía. Dejó caer sus dos brazos a sus costados, incómodo, luchando con el impulso de cubrir sus cicatrices.
—¿No te vas a arrepentir de esto en la mañana? —preguntó Draco, y por primera vez desde que lo había visto, un tinte inseguro se coló en su voz.
Harry lo recorrió con la mirada, consciente de que se iba a delatar. Solo por la forma en la que se estaba lamiendo los labios mientras repasaba cada centímetro de piel descubierta, sabía que el rubio sabría de inmediato que se moría por él. De tocarlo, de saborearlo.
De follarlo.
—Esto te va a sorprender —dijo Harry, con el corazón en la garganta y fijando sus ojos en el bulto que sobresalía entre los pantalones negros, marcando su larga extensión abajo de la tela. Pasó saliva—. Pero no eres el primer chico al que beso.
Una rara expresión cruzó su rostro, pero antes de que pudiera procesarlo, ya estaba encima suyo de nuevo, pegando su espalda contra la fría pared. Pecho contra pecho, podía sentir el calor que irradiaba el rubio. Harry llevó ambas manos hasta sus costados, sintiendo su tersa piel bajo sus ásperos dedos. Draco estaba afirmandolo de sus caderas, y, luego de morderlo tan fuerte que dolió, frotó sus miembros por encima de los pantalones.
Harry llevó su cabeza hasta atrás, soltando un gemido. ¿Era normal que se sintiera tan bien? Pero no fue solo una vez. Fue una, y otra, y otra. Hasta que apenas era consciente de que nunca había hecho esto antes. Que estaba disfrutando el sentir su erección contra la ajena. El que quería más. Tocar, hacerlo derramarse solo de esa forma.
Draco aprovechó su posición para lamer su manzana de Adán, murmurando cosas contra su piel.
—Dios, Harry —decía, tanteando sus dedos encima de la tela de su pantalón y sin dejar de moverse—. No tienes la menor idea de lo que me haces.
El ojiverde le dió un beso desordenado, queriendo más. No sabía qué exactamente, pero más. Cada vello de su piel erizado y un montón de electricidad subiendo y bajando por su cuerpo.
Cuando la mano del rubio desabrochó el botón de su pantalón, y se posó en el bóxer, encima de su polla, fue traído a la realidad. Se separó levemente.
—Draco, yo... —dijo, sintiéndose tonto. Parecía un jodido virgen.
Aunque lo era, ¿no? Había estado con muchas mujeres, pero esto era una primera vez. Esto era totalmente distinto, nuevo, emocionante y jodidamente caliente. Nunca había sentido esto, no realmente.
Había visto algunos vídeos de porno gay, durante su investigación, y algunas cosas lucían verdaderamente dolorosas y no realmente excitantes si pensaba en aplicarlas en sí mismo. No estaba listo para todo ello, aún no.
El rubio lo miró por entremedio de sus pestañas, con el rostro contorsionado en una expresión de lujuria. Sonrojado, agitado, respirando por la boca. Era una imagen que no olvidaría jamás.
—¿Sí? —preguntó con voz ronca, haciendo que el sonido se fuese directo a su propia entrepierna. Pasó saliva, parpadeando.
—Yo nunca... —continuó, incapaz de explicarse. Pero fue suficiente.
El entendimiento pasó por sus facciones, y lo soltó un poco, su gesto suavizándose.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —verificó, con dulzura en sus palabras. Era la primera vez que le hablaba así.
Quizás Draco era de esa forma después de todo, con sus amantes. Quizás era dulce, y preocupado, y jodidamente bueno. Y Harry no tenía idea cómo había vivido sin tenerlo así de cerca. Cómo existió mientras el rubio le hablaba así a alguien más. Deslizó la yema de sus dedos nuevamente por cada rincón del abdomen de Draco, buscando una distracción.
—Sí.
—Entonces confía en mí —murmuró, tomando el borde de su ropa interior—. No haré nada que no quieras. Ni siquiera debe haber penetración.
Harry arrugó las cejas.
—¿Huh? —alcanzó a cuestionar.
Y de pronto, había sido despojado de la última prenda que lo separaba de la exposición.
Draco se tomó un momento para mirar, sus ojos desviándose hasta su erección, lamiendo sus labios como si se le hiciera agua la boca tan solo de verlo. Se sintió enrojecer, pero el rubio nunca dejaba que procesara demasiado nada, no. De repente, sintió sus largos dedos envolverse alrededor de su polla y moverse de arriba a abajo. Su estómago dió un vuelco ante la sensación y la sorpresa de ello. El ojigris tenía atrapado su labio inferior, comenzando a masturbarlo con lentitud.
—Joder —suspiró.
El ritmo se hizo constante, y Harry no podía mantener sus ojos abiertos. Draco lucía concentrado, cómo si estuviese realizando una tarea que requería de precisión. Sus músculos se tensaban por el agarre, y el ojiverde se encontró elevando las caderas para más contacto. Él pasó un dedo por su cabeza, extendiendo el líquido pre seminal que goteaba, por todo el tronco de su miembro, sin bajar la velocidad.
—¿Cuánto tiempo has querido esto? —Draco estaba en su oído de nuevo, hablando las palabras para que solo él las escuchara, a pesar de que estaban solos. Harry solo pudo atinar a parar de presionar sus labios y dejar escapar un gemido—. Dilo —ordenó.
El movimiento se hizo más rápido, y sintió cómo sus manos se cerraban en puños, arrugando la frente y persiguiendo el orgasmo que aún estaba lejos de él. Emitió un pequeño gruñido.
—Dilo —volvió a ordenar.
Ahora iba mucho más rápido.
—Semanas —Harry logró decir.
Draco rió en su oído, bajo, lamiendo por fuera de su oreja y besando allí. Sentía cómo el líquido pre seminal volvía a acumularse en la punta por esa simple acción.
—¿Tienes idea de cuánto llevo esperándolo yo? —susurró contra su cuello—. Desde el puto momento en que te conocí. No tienes idea de las veces que me he corrido pensando que lo estoy haciendo dentro de tu boca.
Harry abrió sus labios, pensando en una respuesta ingeniosa, pero el contacto en su erección había terminado. Solo un segundo, en todo caso. Porque antes de que pudiese quejarse, había vuelto, una mano completamente húmeda deslizándose por toda la extensión de su polla.
Volvió a mirarle. Draco estaba con su vista fija donde estaba trabajando, con su boca entreabierta, sus cejas arriba y sus labios empapados. Él había mojado su mano para masturbarlo.
Solo el pensamiento de eso estuvo a punto de llevarlo al tope.
Mierda.
—Voy a-- —Harry respiró— Voy a...
Draco retiró sus dedos de su dolorosamente dura entrepierna, con una sonrisita de satisfacción. El pelinegro le frunció el ceño.
—¿Tan rápido, Potter? —se burló— Sabía que no ibas a durar ni dos--
Harry cambió la posición de sus cuerpos, empujando con brusquedad a Draco contra la pared. El rubio abrió los ojos más de lo normal, no esperando en lo absoluto esa reacción. Dejó un casto beso en sus labios, y succionó, para luego lamer el borde de su boca. Atajó sus dos manos contra el cemento, separándose y elevando una ceja.
—¿Decías?
Pero el rubio no se iba a dejar amedrentar. Aquella petulante sonrisa volvió a su cara, apoyando su cabeza hacia atrás.
—Decía que sabía que no durarías absolutamente na--
Harry bajó sus pantalones y ropa interior de solo un tirón y se echó hacia atrás, ladeando la cabeza. Draco se atragantó, expuesto ahora. Parecía una maldita obra de arte.
—Joder, eres tan precioso —susurró para sí mismo.
Su polla era del mismo tono que el resto de su piel, pero más rosada en la punta y la base, con venas marcadas, hinchada, y goteando bajo su mirada. El solo pensamiento de ver el miembro de otro hombre tuvo que haberlo asqueado. En cambio, su boca se hizo agua, pensando en cómo sería lamer la vena que le recorría desde la base hasta la punta.
Draco se calló de pronto, y él no sabía si era por lo que dijo, por la intimidad, o por cómo lo estaba mirando. Pero daba igual, él solo podía concentrarse en lo mucho que quería tocarlo. Harry jamás había deseado tanto el dejarse caer de rodillas y tomarlo en su boca. Nunca había hecho esto, nunca había pensado en quererlo. Pero lo hacía. Quería lamer toda su extención, chuparlo hasta el inicio en su cuerpo y ver cómo la expresión de Draco se arrugaba de placer mientras se aferraba a su cabello y lo obligaba a tragar más. Se lamió los labios. Sabía que solo estaba mirando, pero sinceramente, estaba tan concentrado en aprenderse la piel desnuda del rubio en su mente que le daba igual.
Harry volvió a tocar su abdomen, pero ésta vez más cerca de su pubis, viendo cómo el estómago del chico se encogió bajo su tacto. Comenzó a bajar lentamente, encima de su vello corto. El resto de su cuerpo era suave, ya lo sabía, ya lo había sentido. Piel lisa y perfectamente cuidada. Draco seguía cada uno de sus movimientos con el gris casi totalmente perdido de sus ojos. Una imagen que sabría que no lo abandonaría nunca.
Escupió en su mano.
Vio cómo Draco iba a comentar la acción y rápidamente envolvió sus dedos alrededor de su tronco y comenzó a moverlos de arriba hacia abajo, haciendo un círculo en la cabeza de su pene que hizo que el rubio soltara un alto gemido, el cual cortó rápidamente en su garganta, y tensando sus músculos.
—Más rápido —pidió, con solo un aliento.
Harry, por supuesto, no le hizo caso y en cambio, se maravilló con cómo se sentía bajo sus dedos, su polla tan dura que sentía que dolía, de una forma tan exquisita que él quería probar tan desesperadamente, sentir a qué sabía la humedad que mojaba sus dedos cuando la punta aparecía y se deslizaba en su puño cerrado.
Harry quería mirar su cara, quería sonreírle y burlarse, hacer algo, pero no podía desviar la mirada de lo que estaba haciendo. Era una de las cosas más jodidamente calientes que había experimentado en la vida. No había nada mejor que sentir cómo jugaba con la base de su polla, cada vez más rápido y apretado. Draco tomó la parte posterior de su cuello y con brusquedad, lo empujó hacia él en un nuevo beso, dónde fue más que nada tacto de lengua contra lengua, el sabor de su saliva y el vino combinados en uno solo. Suspiró, pensando que quizás si según así, se correría solo con la intensidad del momento. Así de excitado estaba.
Harry aumentó el ritmo de su agarre, y el rubio deslizó sus dedos por su cabeza, tomando sus oscuros mechones de pelo y tirando. El moreno se mordió el labio, para evitar el desesperado ruido que su garganta quería emitir. No se detuvo, le sirvió para incrementar la velocidad.
—No tienes idea de cuánto tiempo quise tomarte del cabello —murmuró Draco, elevando sus caderas. Harry subió la mirada, solo para encontrar sus ojos cerrados, sus mejillas encendidas y una vena marcada en su cuello—. Mierda, mierda, mierda.
El ojigris palmeó su brazo, abriendo con mucha dificultad sus párpados y con la boca formando una gran O, inclinándose hacia adelante, y sin palabras, pidiéndole a Harry que se detuviera. Su sonrisa se expandió.
—¿Yo soy el que no iba a durar nada? —se burló el pelinegro. Draco solo lo miró, de una forma que hacía que sus entrañas se revolvieran, y puso una mano tras su espalda, para volver a sentirlo piel contra piel. Ahí, lo besó.
Sus besos solo podían compararse con alguna droga, crack, LSD, cocaína, y él estaba tan atemorizado de volverse adicto. Estando consciente que una vez que eso terminara, no podría besarlo. No al menos hasta que volvieran a encontrarse así.
Si es que alguna vez volvían a encontrarse así.
El pensamiento le hizo moverse encima de sus labios con más posesividad, tratando de dejarle en claro que nadie más lo besaría de esa forma. Mío, pensó, mientras deslizaba su lengua por la ajena con lentitud. Mío, mientras mordía despacio su labio inferior. Mío, mientras Draco gemía solo por su beso, ya habiendo soltado el agarre en su erección. Mío, mío, mío.
—¿Tienes idea cuánto he deseado esto? —murmuró él sobre su boca. Harry sonrió en el beso.
Cuando se separó, tomó valentía solo de la forma en la que Draco lo estaba observando. Observando, no mirando, cómo si ahora realmente lo estuviera viendo por primera vez. Sus ojos totalmente perdidos en sus facciones, sus labios rojos y entreabiertos, su cara parcialmente iluminada por la luz de la sala de estar, causando sombra justo donde Harry se encontraba. El rubio subió su mano, dejándola descansar en su mejilla y él, con la mano que había estado encima de su dura polla, la llevó hasta su boca, y lamió la palma, probando indirectamente a Draco a través de ella.
Su mirada se oscureció, y su ya agitada respiración se desordenó aún más. Harry sentía que necesitaba grabarse ese momento, como un logro personal. Algo que solo tendría una vez en la vida. Un sueño.
Con lentitud, y mientras Draco seguía cada uno de sus movimientos, sumergió su propio dedo índice dentro de su boca, saboreando el líquido pre seminal que había quedado entre sus yemas, ahuecando sus mejillas y sin cortar el contacto visual. Se sentía salado. El rubio cerró los ojos, y Harry sintió cómo un escalofrío recorría el cuerpo ajeno.
—¿Estás seguro de que nunca has hecho esto antes? —dijo con la voz rasposa—. Siento que me estás mintiendo.
El moreno sonrió.
—No con otro hombre —Harry volvió a reafirmarle al sacar el dedo de su boca y lamiendo sus labios.
—Joder, Potter. Joder —Draco tomó su cadera—. Tú no, realmente no sabes lo que--
El ojiverde se acercó, y sus entrepiernas desnudas se rozaron, arrancándoles gemidos a ambos. Tragó en seco, viendo cómo la perfecta polla sonrosada de Draco contrastaba con la suya propia, más oscura. Una pálida mano apareció en su campo de visión, y Harry solo pudo atinar a echar la cabeza hacia atrás, cuando sintió cómo, por segunda vez, lo tomaba.
Solo que ahora, juntó ambos miembros apuntándolos hacia arriba, y comenzó a moverse.
—Mierda.
Tenerlo en su mano era una cosa, y haberle sostenido también. Esto era una experiencia completamente nueva, la fricción de sus erecciones juntas, en un ritmo completamente desesperado y frenético. Harry apoyó su cabeza en el hombro ajeno, mientras Draco no paraba de gemir, concentrado en hacerlos llegar a ambos.
—No voy a durar nada si sigues haciendo esos ruidos en mi oído, Potter —Draco dijo con el aliento cortado, y el moreno ni siquiera se había dado cuenta de ello.
—Yo, ah...tampoco —respondió, mirando hacia abajo cómo ahora el rubio había bajado su otra mano para agarrarlos más fuerte, las puntas de sus miembros deslizándose en sus palmas y el líquido pre seminal juntándose en uno solo.
Harry besó el cuello de Draco, y sin pensarlo mucho, descendió su propia mano, para agarrar los testículos del chico y masajearlos con lentitud, sabiendo que al menos, eso le gustaba a él. El rubio jadeó, un sonido grave y duradero que sabía que recordaría por siempre.
—Vamos a hacer un desastre —el ojiverde pronunció contra su clavícula, sin detener su tacto mientras los movimientos del ojigris se hacían más frenéticos, con la pura idea de alcanzar el clímax. Harry se acercó más a él, empezando a succionar la piel sensible en su cuello.
—Oh, Dios, oh —Draco decía, sobrepasado por las sensaciones, incluso más que él—. Potter, voy a correrme, te juro que voy a--
Sus caderas se alzaron, al mismo tiempo que dejaba caer su cabeza hacia atrás y su boca se abría en un grito silencioso, era absurdo lo excitante que se veía de esa forma. Desde la punta roja de su polla empezó a correrse, golpeando poco más arriba de su ombligo, y luego comenzando a brotar hasta su abdomen y pecho pintando su piel de rayas blancas, salpicando un poco el propio torso de Harry en el proceso, mientras seguía moviendo la mano pero de forma mucho más lenta, exprimiendo hasta la última gota.
El ojiverde continuó también con su mano allá abajo, sintiendo un tirón en su propia entrepierna que dolía por ser liberada. Draco dejó salir un respiro acalorado, mientras volvía en sí, el esperma aún en su abdomen.
El rubio lo miró perezosamente hacia abajo, seguramente sintiendo cómo en el meollo de todo, Harry inconscientemente había dejado una pequeña marca sobre su piel.
—¿Nos sentimos posesivos, eh? —bromeó, sin saber la verdad tras sus palabras. Harry sonrió—. Ponte en la pared.
Él frunció el ceño, mientras Draco los soltaba y daba un paso atrás. Sudoroso, empapado y tan malditamente caliente. Harry tragó ante la visión, queriendo limpiar con su lengua cada gota de su delicioso cuerpo. El ojigris lo tomó de las caderas, volteándolo con suavidad y empujándolo ésta vez a él a la pared.
—¿Huh? —preguntó, sin entender.
El bastardo sonrió, tomando un poco de su propia corrida con la palma y, contra todo pronóstico, usándolo como lubricante y pasándolo encima de la polla de Harry. Sus piernas temblaron por la sensibilidad, la urgencia de llegar y también ante la visión, parecía una fantasía.
—Córrete en mi cara —ordenó, dejándose caer de rodillas—. Quiero probarte.
Harry sintió un calor renovado expandirse por cada centímetro de su piel. Esto era mejor de lo que había experimentado antes, mil veces mejor. Las palabras salían de la boca de Draco más dulcemente que cuando cantaba, y ni bajo un montón de maquillaje se vería tan bien como allí. Sonrojado, sudoroso, excitado. Tragó en seco, mirando cómo el rubio le observaba desde abajo, pestañeando lentamente y bañando sus mejillas cada vez que cerraba los ojos, sacando la lengua lo suficiente para probar su punto, pero no lo suficiente para tocar la punta de su miembro. Como una puta tortura. Harry tuvo que pelear con todas sus fuerzas el impulso de follarse su boca como tanto quería.
—Vamos a darte una probada entonces —replicó, y su voz hasta en sus oídos había sonado más ronca de lo que esperaba.
Tomó su propia erección, dirigiéndola hasta su boca pero sin acercarla lo suficiente como para tocarla, su cálido aliento chocando con la punta de su miembro, y, antes de que la sola imagen de eso lo hiciera llegar al borde, comenzó a masturbarse sobre la cara de Draco sin piedad.
Cuando, sin notarlo, se apoyó en la pared, entendió por qué el chico quería cambiar de posiciones, y tuvo que obligarse a no estirar la cabeza hacia atrás, o cerrar los ojos, porque no quería perderse ni un solo detalle de cómo Draco le miraba hipnotizado, ojos fijos en su polla y su mano aferrada con fuerza en su muslo, sosteniéndolo en su lugar. Sus movimientos eran rápidos, totalmente carnales, sintiendo cómo el orgasmo estaba formándose en el fondo de su vientre. La lengua del ojigris seguía ahí, y su expresión hablaba de alguien que realmente quería saborearlo.
Joder.
La presión de su estómago creció solo con un par de movimientos y, por fin, llegó, poniendo los ojos en blanco un segundo antes de recordar que tenía que mirar. Que esto era mejor que cualquier película pornográfica que hubiese visto antes.
Llegó a chorros, bañando de blanco la lengua ajena y su rostro. Pequeñas líneas de semen quedaron en su ceja, mejillas, alrededor de su boca, manchando el piercing de su labio de una forma tan obscena que lo hizo dar un escalofrío, y parte de su frente. Draco sonrió, aún tomando todo y cerrando los ojos. Disfrutando.
Solo lo hizo venirse más fuerte.
Harry abrió la boca, siendo consciente que tal como el rubio, había llegado sin emitir más que un hondo suspiro. Silencioso, cómo si fuese un secreto que solo ambos sabrían.
Salvo que sí lo era.
Bajando la velocidad de sus movimientos, y sabiendo que ya no quedaba nada más, se apoyó finalmente hacia atrás, siendo la vista de Draco lamiendo las orillas de sus labios para limpiar y tragando todo, la última cosa que miró, antes de cerrar los ojos, y acomodar sus lentes que se habían ido a la mierda. Sus piernas seguían temblando por el orgasmo recién alcanzado, y, a lo lejos, sintió cómo el rubio se movía. No podía molestarse en hacerlo él también, aunque debía verse gracioso con su miembro cada vez más blando afuera, los pantalones abajo, y respirando agitadamente. No podía hacer que le importara. Seguía perdido en otro lugar.
—Mierda... —susurró, sabiendo que en años había tenido algo así.
Draco le arrojó un pedazo de papel desechable humedecido, que alcanzó a agarrar, haciéndole reaccionar parcialmente.
—Tienes manchas ahí —apuntó con su barbilla, mientras Harry abría sus párpados para mirarle. Bajó la vista hasta su pecho, viendo cómo quedaban aún rastros del semen del ojigris.
Comenzó a limpiarse, mirando por el rabillo del ojo cómo Draco estaba haciendo lo mismo, con su rostro y torso, siendo él el mayor afectado por la única evidencia de lo que acababan de hacer. El peso de aquel hecho cayendo sobre sí mismo.
Se había corrido en la cara de Draco, le había tocado, lo había visto desnudo. Aún podía ver la forma de su polla, y lo perfecto que era, a pesar de que ahora nuevamente estaba cubierto de cintura hacia abajo. Había hecho todas esas cosas, aliviando por fin la fantasía que había tenido durante semanas. O meses.
Y solo quería más.
Se apresuró a volver a vestirse, sintiendo cómo la atmósfera en la que se habían sumido se rompía abruptamente, cómo si se hubiese reventado una burbuja de la que apenas estaba consciente. Con movimientos torpes se abrochó el botón, recuperando el aliento, y se sacó los lentes, recogiendo su suéter del suelo y limpiando los cristales empañados. Dios.
—Me voy a duchar —anunció Draco, sin retornar su mirada hacia él, y dándose una vuelta. Harry tragó en seco ante la visión de su espalda torneada y su trasero levantado.
¿Cómo se supone que debían actuar ahora? Vivían juntos. ¿Debían hacer como si nada hubiese pasado? ¿Qué tenía permitido de hacer? ¿Tenía permitido ir, y besarlo? ¿Saludarlo con un abrazo? ¿Iniciar esto todos los días?
Divertido, como esto había iniciado con un beso. Cómo se habían visto desnudos. Y aún así, besarse se sentía a un mar de distancia en estos momentos.
—Eh, yo... —Harry se rascó el cuello, colocándose su ropa— ¿Quieres té? Voy a hacer un poco.
Draco lo observó con los ojos entrecerrados, estudiando su reacción. Trató de esbozar una pequeña sonrisa, dándole a entender que todo estaba bien. O esperaba que estuviese bien.
—Bueno... —el rubio dijo lentamente, aún sin ponerse su camisa— Está bien. Por qué no.
Y con ello, se perdió en el pasillo antes de que el pelinegro pudiese decir algo más.
Dejó salir un suspiro. Sentía que las cosas se acababan de complicar más de lo que estaban en un principio.
Draco salió de la ducha prácticamente una hora después. El agua ya se había enfriado en el otro extremo de la encimera y Harry apenas había probado el suyo, demasiado ansioso con lo que vendría después.
El rubio se acercó, secándose el cabello que goteaban un poco y sin dedicarle una mirada, simplemente tomando la tetera y volviendo a llenarla de agua, mientras la ponía al fuego. Se había puesto el pijama de todos los días, la desnudez de hace un rato atrás quedando olvidada. Harry hizo su mayor esfuerzo para no mirar demasiado su parte trasera.
Alejó la taza, moviendo su pierna de arriba a abajo sin saber muy bien qué decir.
¿En qué los dejaba eso? ¿Eran amigos con derecho? Ciertamente no tenía idea cómo eso sería posible, tomando en cuenta que nunca fueron amigos en primer lugar. ¿Tenían permitido volver a hacerlo? ¿Llegar a más? ¿Podía besarlo cuando quisiera? ¿Podía besar a otras personas?
El solo pensamiento de imaginarse al rubio besando a alguien más hizo que su estómago se revolviera.
—No estoy arrepentido, si eso es lo que crees —le dijo al cabo de un rato, en el que Draco solo había estado mirando fijo la tetera, como si la vida se le fuese en ello. Se aclaró la garganta, incómodo—. Pensé que debía aclararlo.
Draco se volteó hacia él con lentitud, cada músculo de su cuerpo tenso. No de una buena forma, no cómo lo había tenido hace un rato, suplicante y jadeante. No, cómo si estuviese preparándose para una batalla. No le gustaba así.
—¿Qué es lo que quieres? Realmente, Potter —preguntó con cuidado, apoyándose en el mueble a sus espaldas, solo oyendo el ruido que hacía la tetera al calentarse por un momento. Harry parpadeó un par de veces.
—¿A qué te refieres con qué quiero? —replicó, honesto. Draco entrecerró los ojos en su dirección, y él alzó las manos—. Mira, tienes que ser claro conmigo. Nunca--nunca he hecho esto.
Draco bufó, haciendo que algunos cabellos húmedos que caían en su frente se movieran.
—Ya has dejado bastante clara esa parte.
Harry tuvo que recordarse que no podía rodar los ojos porque eso era considerado muy grosero. En cambio, frunció el ceño
—No, no me refiero a eso —le dijo con un poco de resentimiento, debido a que estaba recordándole su nula experiencia con hombres. ¡No todo el mundo nace sabiendo que quedarse mirando el cuerpo de tus compañeros hombres en los vestidores de la secundaria es porque quieres follartelos y no porque sabes apreciar la belleza masculina, lo siento mucho!— Me refería a que nunca he hecho esto.
Hizo un gesto entre ambos justo cuando el agua hervía y Draco, sin siquiera girarse, flexionó el brazo y la apagó, con esa mirada inscrutable que no dejaba su rostro.
Tan hermoso.
—No te estoy siguiendo —se cruzó de brazos el ojigris, aún con los párpados medio juntos. Harry dejó salir un ruidito exasperado.
—Ginny fue la primera relación seria que tuve —confesó, desviando la mirada y haciendo que sus mejillas se tiñeran de rojo—. Luego de ella, las chicas con las que me he acostado han sido básicamente puras extrañas. No las veo de nuevo, o no mantengo contacto con ellas seguido. Esto--¡vivimos juntos!
Algo parecido a una sonrisa nació en el borde de la boca de Draco. Esa boca que no hace mucho había estado soltando gemidos. Que había estado besándolo. Que había estado susurrando cosas incomprensibles contra su oído. Que había estado esperando probarlo.
Harry debía calmarse.
—O sea, me estás diciendo, ¿que nunca has tenido un follamigo? —preguntó con algo de diversión.
Él asintió rápidamente. Draco se volteó, tomando la tetera y botando el té que Harry le había servido en el lavabo para servirse de nuevo.
—¿Quieres? —dijo, una vez que su propia taza ya estaba llena y cargada. Harry apuntó con la barbilla hacia su infusión olvidada frente al rubio y volvió a asentir—. Hay que comprar té mejor que éste, Potter. Y café. No tienes café decente.
—Tenemos —le recordó, estirándose—. Tú compraste esa porquería.
—Shh —contestó él, devolviéndole la taza—. En este humilde hogar no admitimos mis errores, solo los tuyos.
Harry se llevó la taza a la boca, sin darse cuenta que estaba sonriendo, mientras miraba cómo Draco se sentaba frente a él. Habían estado en ésta exacta posición tantas veces, solo que ahora todo había cambiado.
—Dijiste que habías besado a un chico, ¿es eso así, o solo lo dijiste para molestarme?
El moreno dejó el té encima del plato, mirando sus ojos y tratando de ser lo más directo posible.
—Por mucho que lo parezca, el mundo no gira alrededor tuyo —contestó, viendo fijo su expresión. Draco usaba la misma cara en blanco de siempre.
—Ese es un descubrimiento impresionante —se burló, dando un sorbo a su bebida—. Pero si es así, ¿qué tanto sabes de todo...esto? Cuáles son tus límites.
¿Cuáles son mis límites? Mis jodidos límites son follarte hasta que ya no recordemos qué día es.
Por supuesto, no dijo eso.
Se frotó la parte posterior de su cuello, pensando. La verdad no tenía muchos, o no lo había analizado en verdad. Nunca pensó que eso realmente sucedería, ni en sus mejores sueños.
De pronto, entre el calor del momento y la bruma del deseo, recordó lo que Draco había dicho y a lo que no le había prestado real atención.
"He querido esto desde que te conocí." "No tienes idea cuánto he deseado esto."
—Sinceramente no--no tengo —dijo con la voz estrangulada luego de unos segundos, ante la realización de ello.
Draco también lo deseaba. Se lamió los labios, decidiendo que lo mejor era esconderse tras su taza.
—Debes tener —afirmó el rubio, poniendo una firme mano sobre la mesa—. ¿Te gusta pensar en chupar una polla? ¿Te agrada la idea de que esto vuelva a repetirse? ¿Te excita pensar en la penetración? ¿Te gusta la idea de mí follándote sobre esta misma mesa?
Joder.
Harry tragó en seco, viendo la forma en que Draco decía todo eso como si estuviera recitando el clima y no como lo que realmente era. Imágenes de ellos dos llegaron a su mente, y tuvo que bajar una mano hasta sus pantalones para estirarlos, intentando de que todo eso no tuviera real repercusión en su entrepierna.
—Eh... ¿sí? —respondió al final, con la garganta seca. Tomó otro sorbo, bajo la expectante mirada del rubio—. No lo he intentado nunca, pero sí. Y sí, quiero que se repita. Y no sé cómo actuar para eso. Perdón. Te dije que no era muy bueno en esto. ¿Cómo sé si tú quieres? ¿Cómo puedo hacer para saber si está bien lo que hago? Esto no se trata solo de mí, tú también tienes que sentirte bien. ¿Cómo--?
Draco dejó la taza encima de la encimera con un ruido sordo. Ni siquiera encima del plato de cerámica, no. Sobre la madera. Harry abrió los ojos más de lo normal tras sus lentes, siguiendo el hilo de sus movimientos.
—Dios... —dijo, levantándose de su lugar y acercándose a él de forma amenazante.
Harry solo atinó a hacerse un poco más pequeño, sin estar seguro qué había hecho mal. Llegó hasta donde estaba, y posó sus manos en sus hombros, mirándolo hacia abajo y de forma fija.
—¿Dije algo mal...? —preguntó con duda—. Si hice algo malo, necesito que me digas. Yo no entiendo si está bien para mí preguntar estas cosas--
—Cállate —ordenó—. Cállate, joder. Eres tan denso.
Y sin más preámbulo, se inclinó y lo besó.
Y habían compartido varios ya con el transcurso de apenas unas horas, pero besar a Draco siempre sería una experiencia de otro universo. Su tacto era suave, y el ritmo que establecía y guiaba siempre era satisfactorio. Harry dejó de aferrar la taza, tomando el borde de su afilada mandíbula.
Se separó solo lo suficiente para hablar.
—Pero, en serio, entonces, cómo sé sí--¿Cómo sé cuándo hacer esto, o no? ¿Cómo se si está bien?
Draco dejó un beso más pequeño, solo un roce de labios y habló sobre su boca.
—Solo hazlo.
—Pero--
—No pienses —lo interrumpió—. Solo hazlo.
Harry tuvo que hacer un esfuerzo para poder ver sus ojos de hielo tan de cerca. El poder de su sola mirada haciendo que descargas eléctricas recorrieran su cuerpo. Se alejó, solo lo suficiente para quitarse los lentes y que estos no fueran un impedimento para el beso que quería darle. Los dejó a un lado de su té, y parpadeó un par de veces para enfocar lo poco que podía, y entonces, miró a Draco de nuevo, acercándose.
—Tus putos ojos... —susurró, y fue lo último que escuchó, antes de que lo besara con fuerza.
De más está decir que el té quedó olvidado y frío encima de la madera. El único testigo de lo que sucedía en un pequeño apartamento en el centro de Londres.
Las cosas iban bien. Excelente, de hecho.
Los álbumes anteriores, y la nueva versión con la voz de Draco se vendían cada día más. Las visitas y comentarios a su blog subían cada día. La cantidad de invitaciones a tocatas en escenarios, bares, y otros, aumentaban como jamás lo había visto antes. El nombre de Color Blue sonaba más con el paso de las horas y su popularidad subía como espuma.
El hecho de que Draco sea su vocalista era una ayuda, no lo iba a negar. A todos les causaba una especie de morbo que el hijo de Lucius Malfoy estuviese tocando en una banda de rock, o rock-pop. O lo que sea que ellos fueran. No le gustaba las etiquetas.
De repente lo preguntaban, a Lucius, porque gracias a Dios todavía nadie lograba localizar a Draco por ahí, habiendo éste desaparecido completamente de la imagen pública hace años, hasta que llegó con ellos. Le decían que qué había de su único hijo, que cómo era su relación, si lo estaba ayudando en sus proyectos. A lo que el dichoso hombre, (al cual Harry quería pegarle un puñetazo entre ceja y ceja, está de más decir), solo respondía con silencio, y sus guardaespaldas interponiéndose entre él y la prensa. Por lo que el misterio quedaba en el aire.
Para su tercera entrevista radial, el día anterior, pasó algo que Harry había anhelado desde que empezó a soñar. Estúpido e ingenuo de quince años, pensando en la fama y la admiración que quería alcanzar.
Alguien lo reconoció por la calle.
Se había levantado antes que Draco, increíblemente, a pesar de que se habían acostado a la misma hora luego de haberse dado una ducha...interesante. Dormían separados, en todo caso, a pesar de que nada además de pajas (de todas las formas posibles), habían sucedido entre los dos. Y cuando terminaba todo, los besos ya no estaban permitidos. Era uno de los límites que no habían conversado, pero que ambos sabían que iba más allá de lo que era correcto.
Se les había agotado el té, a pesar de que hacía apenas una semana y media atrás habían hablado de que debían comprar, y él sabía que Draco no soportaba tomar café como primera cosa en la mañana, lo que era bastante extraño, considerando que la cafeína lo ayudaba a despertar. Pero había aprendido a no cuestionar al rubio y sus extrañas costumbres. Como retocar su esmalte cada tres días, o mandar a la lavandería la ropa de ambos sin consultarle, o soltar datos al azar por deporte. Harry lo disfrutaba, por decir la verdad.
Así que allí estaba, un poco más lejos de lo usual comprando en la única tienda abierta que había encontrado, cuando sintió un leve toque en su hombro en la fila para pagar.
Se giró, algo sobresaltado, encontrando a una chica morena de cabello lacio que le llegaba hasta la cintura y ojos cafés brillantes, sosteniendo una servilleta que mantenía arrugada entre sus manos. Era guapa. Quizás si hubiera estado interesado aún en las aventuras de una sola vez, le habría coqueteado. En cambio, se metió una mano en un bolsillo, con aire inseguro, y alzó sus cejas.
—Yo... —dijo ella, claramente nerviosa— Perdón que te moleste, pero vi tu cabello, y la cicatriz--mierda, lo siento. No sé si te incomoda, joder. La estoy cagando, eh--lo que pasa es que...mierda.
Harry, tomando un poco de coraje de su balbuceo, le dedicó una sonrisa tranquilizadora, dándole a entender que no le molestaba en lo absoluto.
—Hey, tranquila —replicó, mientras daba un paso hacia adelante porque la fila había avanzado—. No pasa nada, no has cagado nada.
La chica abrió los ojos desmesuradamente, arrugando aún más la servilleta y boqueando un par de veces, genuinamente sorprendida.
—Yo--lo siento. Soy una tonta. Quizás ni siquiera esté en lo correcto en primer lugar porque eres demasiado amable, si es así, déjame decirte que te pareces mucho--woah, quizás eres su hermano gemelo. ¿Tienes hermano gemelo? Digo, no. No es eso lo que quiero preguntarte —tomó un hondo respiro, haciendo que Harry cada vez se divirtiera más frente a su vómito verbal—. De casualidad, ¿eres el guitarrista de Color Blue? Una banda. Si no la conoces, muy buena. Diez de diez. Recomendado.
La chica sonrió forzosamente.
El corazón de Harry se aceleró un poco a la revelación de aquello. Habían--habían alcanzado una popularidad lo suficientemente alta, como para que alguien lo reconociera en la calle. Alguien que estaba allí, hablándole cómo si fuese una celebridad o algo. Se tragó el nudo de emoción que se había formado en su garganta y amplió su sonrisa, extendiendo la mano que antes tenía en su bolsillo.
—Ese sería yo. Harry Potter, un gusto —le dijo, mientras la chica parecía que se iba a desmayar.
Ella la tomó sin dudar, moviéndola de arriba a abajo con grandes ojos marrones que no pestañeaban. Lucían dolorosamente abiertos.
—Yo...wow —respondió, sin soltar su mano—. Tú--wow.
Harry quería reír por la situación, no de burla, si no de...no sabía. Era casi adrenalina. Se sentía tan bien. Mejor que pocas cosas que había experimentado. El fruto de su esfuerzo frente a sus ojos.
La chica aún no lo soltaba, hipnotizada por la revelación, y el ojiverde volvió a dar un paso hacia adelante, pero sin darle la espalda, para que no pareciera que estaba disgustado.
Aunque eso la hizo reaccionar. Lo soltó, carraspeando un poco y murmurando algo para sí, descolocada y descompuesta. Harry no podía borrar la sonrisa de su cara.
—Bueno, sinceramente te pediría un autógrafo, porque me gustan, me gustan mucho. Sobre todo el nuevo vocalista, nunca me gustó mucho Tom. No digas que dije eso, o sea la primera parte, Tom puede joderse. Sé que tú y Draco se llevan muy bien, o bueno eso dicen. Aunque claramente deberían llevarse todos bien, ¿no? Son una banda. Tú incluso saliste con Ginny. Me gusta su pareja. Aunque también me gusta ella con Theo, aunque nunca han confirmado nada, ¿si están juntos, no? —soltó todo tan rápido qué Harry consideró seriamente aconsejarle que iniciara una carrera en el rap. Apenas dándole tiempo para responder, continuó— Bueno, si así fuera, claramente no me lo vas a decir. Que tonta soy. Tonta, tonta, tonta. Venía aquí con la intención de pedirte una firma, pero no encontré lápiz, y realmente quería pedirte un autógrafo. Sé que has compuesto de mis canciones favoritas, ¡y la manera en la que tocas! Me gustaría tocar así, ¿te tomó mucho tiempo aprender, o es talento? Aprendería solo para poder interpretar a gusto sus canciones. Es que de verdad, ¡son muy buenos! ¿Little bird? ¿The blind men? Joder. ¿No tendrás de casualidad tú un bolígrafo o algo?
Harry abrió la boca para contestar, pero la cerró, sin saber muy bien qué decir, sobrepasado por el momento y por la cantidad de palabras que esa chica decía por segundo. Se tanteó su ropa, buscando un lápiz que él sabía que no tenía. Se encogió de hombros, con expresión culpable.
—No, lo sien--
—Adelante —la voz del cajero lo hizo darse vuelta, apresurado para sacar la cantidad de dinero exacta por la gran bolsa de té, que el hombre apenas contó y echó dentro de la caja fuerte.
Harry tuvo una idea.
—Disculpe, ¿no tendrá...? —hizo un gesto con la mano, simulando escribir en el aire.
El hombre, completamente serio, le pasó un bolígrafo de tinta azul sin apenas mirarle.
—Adelante.
La chica dió un paso, y antes de que volviese a rapear, Harry, con mucha suavidad, tomó la servilleta arrugada de sus manos, y la apoyó en la pared lisa, sin decirle nada. Allí, hizo su firma, torpe y de forma temblorosa, para entregársela a la muchacha que se había quedado paralizada en su lugar, levantando de forma insconsciente su dinero hacia el hombre tras el mostrador.
—Lo siento si está algo fea —dijo, tímido—. No estoy acostumbrado a esto.
Ella cerró la boca que había caído abierta y volvió a carraspear.
—Gracias, en serio.
Harry se mordió el labio mientras sonreía.
—Ten un lindo día —le deseó, y, solo porque nunca había vivido algo así, y esa era la primera y última vez, agregó:— ¡Sacaremos un álbum el próximo 25! Si guardas el secreto, y escribes a la página, podríamos regalarte un ejemplar físico cuando lo tengamos.
Ella recibió el dinero, aún algo atontada, y se hizo a un lado para dejar que la persona que venía tras ella pasara.
—¿Tu nombre? —siguió Harry, algo orgulloso por haberla dejado sin palabras—. Para saber que eres tú cuando escribas.
—J-Jane. Jane Williams —contestó, y un sonrojo le cubrió toda la cara.
—Bueno, Jane Williams, espero te guste.
Y con eso, salió del local. El día pareció mucho más brillante a su alrededor bajo los finos rayos de sol.
Cuando llegó a su piso, Draco ya había hervido el agua y puesto la mesa. El olor a pan fue lo primero que lo golpeó, mientras dejaba las llaves en el platillo de la entrada y se sacaba los zapatos, dejándolos a un lado de la puerta, sabiendo lo mucho que al rubio le fastidiaba que lo hiciera.
Draco estaba sentado, con su celular en mano y las tazas servidas, pero sin nada en ellas. Alzó la mirada, y Harry levantó la bolsa con hojas de té, para que entendiera que estaba comprando.
—Me iba a secar esperándote —fue lo último que le dijo, antes de pararse y arrebatarle la compra de las manos y echarlas al aparatito ese para hacer la infusión.
Harry se dejó caer en el asiento, suspirando, y se bajó la chaqueta solo para quedar con su camiseta manga larga. Tomó una tostada y le dió un mordisco, tratando de ignorar lo guapo que se veía Draco, calculando milimétricamente la cantidad que quería echarle al agua, con el flequillo cayendo sobre su frente y sus pestañas rubias en sus mejillas.
Habían días en los que se preguntaba por qué solo no podía besarlo, a toda hora, en todo momento. Por qué debían existir reglas estúpidas. Aunque en el fondo, sabía la respuesta.
—Adivina qué me pasó —le dijo, cuando el rubio ya se encontraba sentado nuevamente y lo miraba con una ceja arriba. Él le sonrió.
—Luces feliz.
—Lo estoy. Adivina por qué.
—¿Aterrizaste arriba de un pene? Si no, no entiendo tu optimismo.
Harry, por su propia salud mental, decidió no prestarle atención ni a sus palabras, ni al sonrojo que cubrió sus pómulos. Chasqueó la lengua, elevando su barbilla.
—Acabo de dar mi primer autógrafo.
Por unos segundos, nadie dijo nada. La ceja de Draco se elevó aún más, justo en el momento en el que su celular, que descansaba a un lado de los platos de comida, vibrara.
—Estás de broma.
—No lo estoy. Una chica me reconoció en la tienda. Dijo que le gustaba mucho la banda, y que le gustabas mucho tú, también...
—Qué mala noticia que soy gay cómo la mierda.
—...y me pidió mi autógrafo. Se lo dí. Y le ofrecí un ejemplar del álbum cuando lo saquemos —finalizó, ignorando su comentario y sonriendo.
—¿Estás ofreciendo nuestro talento gratis, Potter? Me decepcionas —dijo el rubio, pero aún así estaba correspondiendo a su sonrisa, emocionado por la situación—. ¿Qué tal fue?
—Genial —respondió, echándose hacia atrás en el banco—. Más allá de ser reconocido, está el hecho de que la chica realmente conocía nuestras canciones. Sabía quién yo era, y Ginny. Sabía todo. El saber que algo que amas está siendo valorado por más gente es...
—Orgásmico.
—No podría haberlo dicho mejor.
Ambos se dedicaron unas cálidas sonrisas, al mismo tiempo que volvían a comer. Un cómodo silencio extendiéndose entre ellos.
—Siento que algo grande se viene. Lo siento —comentó Draco al cabo de un momento, dándole un mordisco a una porción de fruta que se había servido.
—Y yo —asintió Harry—. Estoy más allá de la emoción.
El rubio iba a responder algo, pero el teléfono volvió a vibrar. Ahora, más insistente que antes.
Ambos lo miraron, uno, con incertidumbre, y el otro, con el ceño fruncido, confundido.
—¿No vas a contestar? Puede ser Mione. Quería que hoy nos juntáramos a ensayar para la entrev--
—No es Hermione —lo cortó Draco algo brusco—. Es... —se rascó el cuello, sin encontrar sus ojos— Es mi madre.
Harry no sabía cómo reaccionar. Nunca había conocido a alguien en la situación de Draco, y cada vez que el nombre de Lucius era mencionado, solía ser bajo alguna broma de su parte, y las anécdotas que contaba de su mamá eran nada más momentáneas, nunca deteniéndose lo suficiente para darle el chance al pelinegro de comentarlas. Ron y Ginny tenía una relación, en su mayoría, cercana con sus padres, y Hermione no podía tener más que una familia saludable. Theo y Blaise nunca hablaban de sus papás, no con ellos al menos. Y él, bueno...
Él simplemente no tenía papás.
El pensamiento de eso, tan duro, casi lo hace sonreír. Hasta que volvió al presente y se dió cuenta que aún no decía palabra.
—Uhm... —balbuceó, todavía viendo el celular— No sabía que te hablabas con tu mamá.
Draco soltó una risa irónica. Se preguntó brevemente cómo había aprendido a diferenciar esas de las verdaderas. Se obligó a mirarlo. Semblante serio, hombros rectos. Por muy distinta que sea su apariencia a cómo lo criaron, su postura delataba una vida de entrenamiento.
—No lo hacía. Se compró un celular hace poco, ella... —pareció morderse la lengua, arrepintiendose a último momento de decir lo que verdaderamente deseaba. También hacía mucho eso— Quiere que nos juntemos. Pero no puedo estar seguro que Lucius no sea el que está detrás de todo esto. No sería la primera vez.
La última frase se quedó en su cabeza, haciendo que odiara con más fuerzas a su papá más de lo que ya lo hacía. Alguien debía arrastrarlo por el suelo, y si nadie le ganaba, sería él.
—¿No le vas a contestar, entonces? —preguntó con cautela. Draco suspiró.
—Tendré que hacerlo, eventualmente. Hasta que entienda la palabra "no". Es difícil, ¿sabes? Es mi madre, la extraño. A pesar de todo —dijo con aire melancólico, olvidando por un momento que él no hablaba de esas cosas con nadie.
—Lo entiendo —trató de consolar Harry. Pero luego frunció el ceño, dándose cuenta de lo que acababa de decir. Miró a Draco, que le estaba mirando de vuelta—. No, la verdad no lo hago. Me imagino que debe ser difícil, y que te gustaría poder confiar en que una reunión entre ustedes solo tendría el carácter de madre-hijo, pero sabes que no es así. Entiendo el sentimiento de extrañar, aunque en mi caso nunca tuve nada que echar de menos. A veces me hubiera gustado tener un recuerdo de ella.
No supo por qué dijo lo último, pero salió de su boca antes de que hubiese podido detenerlo. Apretó los labios en una fina línea, antes de tomar un poco de té. Draco lo observaba de forma indescifrable.
—¿Sabías que la inteligencia que posees, la heredaste de tu mamá? —le dijo suavemente. Harry alzó las cejas, sabiendo que ese era el término del tema anterior. La vibración del teléfono del rubio siendo olvidada. Quizás así era mejor.
—¿De verdad?
—Así es. Las mujeres son las que pasan de generación en generación su inteligencia. Pero solo entre el género femenino esto es acumulable y hereditario. O sea, la madre de Ginny le heredó su inteligencia, y Ginny se la pasará a sus hijos, y si tiene una hija ella se la dará a sus hijos y así sucesivamente, por los siglos de los siglos, amén. Pero los hombres no podemos —explicó Draco con una media sonrisa—. El intelecto muere con nosotros. Así que cada vez que tengas una idea, piensa que sin la inteligencia de tu madre jamás podrías haberla tenido.
—Te juro que no sé dónde retienes tanta información.
—Es que soy superior al resto del mundo.
Efectivamente.
—No, solo eres un hijo de puta que se hace pasar por cool pero en realidad es un ratón de biblioteca.
—Se pueden ser las dos —replicó Draco de forma infantil.
—Mmm. No.
—Solo mírame, soy el vivo ejemplo.
Harry ladeó la cabeza, lamiendo sus labios y dándole una mirada apreciativa, recorriendo su cuerpo que seguía vistiendo pijama. Su cabello desordenado, sin intentos de haber sido peinado eran lo más perfecto en ese momento. El pensamiento de que él tenía el privilegio de verlo así, tan vulnerable, expandió una emoción cálida por su pecho.
—Sé de otras cosas que podrías ser el vivo ejemplo.
Una tostada aterrizó en su cara, justo entremedio de sus cejas. Abrió los ojos, cerrados involuntariamente por el golpe y vio cómo Draco tenía un dedo elevado, con una sonrisa sincera en la cara.
—Eso se te ha hecho una mala costumbre —se quejó Harry.
—Primero, solo fue una vez. Y dos, no, no vamos a hacer esto. Tenemos una reunión con Hermione en cuarenta minutos.
—Puedo romper un récord —le retó, pensando en qué tan rápido podía ir.
—¡No! —Draco rió, comiendo otra fruta—. Mantén tu polla dentro de tus pantalones.
Harry de cruzó de brazos, enfurruñado.
—Arruinas la diversión.
—Calenturiento.
Le dió un sorbo a su té, y pasaron una tarde agradable ensayando para la entrevista del día de mañana. Repasando los anuncios que debían dar, y las cosas que probablemente les preguntarían.
El día siguiente tuvieron que levantarse más temprano que de costumbre, despertándose con el mismo sol. En menos de media hora ya estaban peinados, vestidos y bostezando de sueño esperando en la calle el auto de los padres de Hermione, (o Molly y Arthur, aún no sabían cuál de los dos), para que los llevaran a la central radial a su entrevista a las ocho de la mañana.
Draco se apoyó a un poste, bostezando. En su cara aún había rastro del sueño interrumpido, sus ojos un poco más deshinchados que hace un rato y la punta de su nariz roja del frío. Harry se bebió de esa imagen, con el rostro iluminado nada más que con unos leves rayos de sol y las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta de cuero, abrazándose a sí mismo.
—Me estás mirando —dijo Draco después de un rato, con la vista fija en la calle. El ojiverde sonrió.
—Sí —respondió, y el rubio soltó un bufido.
—¿Nada mejor que hacer?
—No hay nada que preferiría hacer en este momento —contestó con honestidad, y vió como por el rostro ajeno no pasaba ninguna emoción.
Draco le miró de vuelta, y sus ojos se conectaron por lo que parecieron horas, estudiosos. Siempre luce así, pensó Harry, intentando saber qué quiero decir con mis palabras.
No quería decir nada, él no estaba jugando a nada. No de verdad.
El auto llegó, y el nerviosismo afloró en su piel. No había querido pensar mucho en la entrevista, y a pesar de que no era nada completamente nuevo, siempre estaba ese tumulto de emociones. Miedo, combinado con expectación. Todo seguía siendo tan nuevo, tan genial. Quizás Harry, en ese entonces, debió haberlo disfrutado más y haberse preocupado menos.
Los conductores radiales eran mucho menos fríos y más cercanos que los de la televisión. Sin todo esa aura aristocrática y seria. Los saludaban de mano junto a palmaditas en la espalda, y siempre, siempre, rompían el hielo con alguna broma. Cosa de que la entrevista no fuese completamente a ciegas. A Harry le agradaba eso, mucho más que los reflectores y las cámaras sobre él. La seguridad del anonimato y sus expresiones, solo su voz al aire. Era mucho mejor.
—Así que...¿conocen a Pete Doherty, sí? —preguntó uno de los hombres ya avanzada la entrevista, luego de haber hablado de su nuevo álbum, las canciones y cosas aún más personales.
Ron fue el que respondió.
—¡Sí! Uno de los guitarristas de The Libertines. Toca genial. La verdad nos gustan mucho —dijo, con un toque emocionado en su voz. Harry solo pudo atinar a sonreír.
—¿Sabían...que ayer mismo, en ésta misma central, mencionaron una de sus canciones? —David, el entrevistador, tenía una sonrisa sincera, mientras asentía a sus caras de incredulidad.
—¡Mentira! —exclamó Ginny, haciendo que su corto cabello se agitara.
—Lo juro por mi santa madre —dijo el otro hombre, inclinándose hacia adelante en la mesa redonda—. Le preguntamos algo, y él dijo: "ah, cómo dice esa canción..." y prosiguió a nombrar uno de sus mayores éxitos, chicos, Shadow Life. Entonces les preguntamos si los conocían a ustedes, que hoy estarían aquí y ellos respondieron que habían oído algunas de sus canciones, y que la verdad tenían muy buena música. Que esperaban ver qué sacaban dentro de poco.
Harry no pudo evitarlo, deslizó una mano hacia el muslo de Ron a su lado, compartiendo micrófono, y lo apretó tan fuerte como pudo, con la emoción fluyendo en sus venas. Su mejor amigo sonrió, tan amplio, que se veía doloroso. Ginny y Draco, sentados juntos, solo se miraron con grandes ojos, intercalando la vista entre los hombres desconocidos y ellos. Blaise elevó un puño y luego pasó un brazo por los hombres de un sonriente Theo,agitándolo de un lado a otro.
—Quiero decir, que si no estamos hablando, es porque literalmente estamos muriendo de un infarto cardíaco en este preciso momento —dijo Harry, algo agitado—. No se imaginan el honor que es esto.
Los entrevistadores rieron, y se aventuraron con bromas acerca de lo primerizos que eran, y comparaban su reacción con otras estrellas más grandes, dónde las últimas reaccionaban a este tipo de comentarios como si les hubieran dicho que hay de almuerzo. En cambio, ellos casi se, y citaba, "habían meado en sus pantalones."
Fue un rato agradable, dónde aprovecharon de promocionar su música, para luego ponerse a tocar una pieza en vivo. Dónde Draco, por supuesto, se robó toda la atención y miradas. En medio del caos, la excitación, y el aire fresco, Harry captó su sonrisa y la guardó en algún lugar de su pecho. Sabiendo que esa sería la primera vez que lo vería sonreír así por un reconocimiento de esa magnitud.
Se dió cuenta, que con Draco, habían demasiadas primeras veces compartidas.
Harry no iba a hacerse el tonto. Él sabía que no entendía muchas cosas. Que había incluso situaciones que para el resto eran normales, y que para su persona resultaban embarazosas e incómodas. Cómo los abrazos, o el consuelo. O estar en una fila para pagar, no sabe qué hacer con sus brazos. O que le pregunten qué quiere de comer. O se preocupen si está frío, o que...bueno, que se preocupen por él en general. A pesar de que Molly prácticamente lo había adoptado, nunca le había dejado de resultar extraño el tener a un ser humano que decía quererlo y no lo consideraba una molestia.
Por eso, la noche que Draco le dió la primera mamada, (bueno, no su primera mamada, estaba claro, pero sí entre ellos), no entendía por qué el rubio saltaba lejos de él cómo si quemara. Solo para irse, y volver minutos después vestido e invitarlo a cenar, o a ver TV, y se sentaba lejos. Era extraño, y Harry, real, realmente no lo entendía.
Se habían quedado quietos, y Draco había apoyado la cabeza en el interior de su muslo, dónde Harry aún se estaba recuperando del mejor orgasmo de su vida. Estuvieron así al menos unos cinco minutos, solo tendidos, sin hablar, y regulando sus respiraciones, cuando el moreno bajó su mano y comenzó a acariciar su cabello con dulzura, apartando los mechones que habían caído encima de su bella cara. Entonces, el chico había saltado lejos de él, sentándose en la cama y dándole la espalda, tenso.
De nuevo, no lo entendía.
—¿Por qué haces eso? —le preguntó, apoyándose con aire perezoso en sus codos para verlo mejor.
—¿Qué? —contestó bruscamente, sin girarse.
—Mira, perdón si esto es de mala educación, pero como ya te dije, no entiendo muy bien las reglas de todo esto. Pero, ¿por qué no simplemente te quedas? ¿Qué diferencia hay a qué te quedes aquí, conmigo, a que desaparezcas por quince minutos y luego estemos nuevamente juntos, pero vestidos? ¿Se trata de un tipo de decoro, o protocolo? ¿Te da vergüenza que te vea desnudo? Perdón, pero no sé que tantas barreras puedan quedar entre nosotros cuando aún tienes un poco de mi semen en tu boca.
Vió cómo la espalda de Draco se agitaba en una leve y silenciosa risa, mientras se giraba hacia él con una pequeña sonrisa, las comisuras de sus labios solo levemente elevadas. Harry le sonrió de vuelta.
—Eso no es justo. Sabes que me limpio bien —contestó. El moreno alzó las cejas.
—¿Sí? —preguntó, para palmear el lugar a su lado en la cama—. Ven aquí.
Draco, totalmente dubitativo, lo hizo. Gateando por el colchón hasta él con inseguridad. Se sentó a su lado, tenso e incómodo, y Harry se estiró, dándole un corto beso que no se esperaba. Era la primera vez que se besaban luego de, incluso un pequeño roce.
Harry, evitando su mirada, hizo como que saboreaba y asintió.
—Tienes razón —replicó, volviendo a acostarse completamente en la cama, aún sin verle—. Deberían darte un título. "Las mejores mamadas de Londres".
Draco le tiró un cojín en la cara, haciendo que se riera, y cortando el momento. Sabía que pudo haber sido peor, así que lo tomó como una pequeña victoria. Se lo sacó, para toparse con una sonrisa de oreja a oreja, los ojos cerrados y nuevamente relajado. Le gustaba cuando se veía así.
—¿Solo de Londres?
Harry fingió pensárselo.
—De Inglaterra. No, de Europa —hizo una pausa dramática—. "Del mundo"—siguió, alzando sus manos en el aire y haciendo como que estaba presentando un título.
—Me vas a subir el ego.
—Ah, ¿era posible? Creí que sí subía un poco más ibas a reventar.
—Ja, ja.
Ésta vez, alcanzó a agarrar la almohada en el aire y le sacó la lengua, aprisionando el cojín contra su pecho.
—Si me agredes una vez más, te pondré en contacto con mis abogados.
—Yo no me quejé cuando me estabas tirando el pelo hace unos minutos atrás para que te mirara.
Un leve escalofrío recorrió su cuerpo, haciendo que se girara a verle, apoyando su cabeza en su palma y flexionando el brazo. Draco seguía con los ojos cerrados, las manos encima del vientre y la respiración pausada. Si Harry tuviese talento con la pintura, le hubiera gustado pintar esa escena, atesorarla en algún lugar importante. Se limitó a observarla.
—Estás mirándome de nuevo —dijo él tranquilamente, sin el rastro acusador de hace unos días atrás. Harry quería extender su mano y abrazarlo, o dejarla reposada en su pecho. Pero no podía.
—Lo sé.
—Es espeluznante.
—Eres precioso.
Draco abrió un ojo para verlo por la esquina, una ceja levantada y la expresión aún en calma.
—Esas son palabras que hace meses atrás jamás pensé que dejarían tu boca —respondió, exhalando.
Harry tomó una cobija que estaba en sus pies y la subió, así cubriéndolos a ambos por el frío que ya volvía, al menos a su cuerpo.
—Yo tampoco. Pero lo pensé desde que te vi —confesó, buscando los lentes en la mesita de noche y volviendo a ponérselos.
Draco había seguido cada uno de sus movimientos, y subió la manta hasta cubrir la mayor parte de su pecho, dando un pequeño toque contra su piel con el dedo índice.
—¿Por qué nos tomó tanto tiempo llegar hasta aquí entonces? —dijo, refiriéndose a liarse, a nada más. No entendía por qué su corazón dio un vuelco.
—Porque pensaba que era simple admiración —contestó Harry con una risita. Draco resopló—. Creí que eras, no sé, genial. Interesante, de una forma totalmente... ¿amistosa? No sé si esa es la palabra. Pero jamás pensé que era porque te quería follar.
La respiración del rubio cambió por un segundo, solo levemente.
—Eres tan denso.
—Me lo has dicho muchas veces.
Ninguno de los dos dijo nada más, y aunque el pecho del moreno dolía un poco, solo un poco, al pensar que jamás podía aspirar a más que conversaciones en la cama y ocasionales encuentros, era suficiente.
Por ahora, era suficiente.
Así que sí, las cosas iban genial. Excelentes.
Entonces allí fue cuando el primer rumor de la homosexualidad de Draco explotó en la portada de la revista The Sun.
