TW: bastante homofobia.

Las bandas de rock tenían permitidas muchas cosas. Demasiadas, comparadas al resto en la industria. Escándalos sexuales, drogas, posturas políticas problemáticas, dichos poco populares y un sin fin de cosas más, pero, como el resto del mundo, seguían ligados a las reglas morales principales de la sociedad.

Y es que sí, las prohibiciones eran escasas, pero si querían alcanzar el éxito, ser queer era una de ellas.

La reacción de Draco al leer la revista y el artículo, por supuesto, fue encerrarse en su mundo e ignorar a Harry, al mismo tiempo que sus celulares estallaban y eran llamados a una reunión urgente con el resto de la banda, a petición de Hermione.

El ojiverde se apoyó en la puerta, tocando por enésima vez desde que esa mañana habían ido a comprar algo a la cafetería de al frente y habían visto como en una de las tiendas, su cara junto a la de Lucius había sido portada en esa revista asquerosa. Al parecer, era todo un acontecimiento. Lucius no era portada desde hace unos años, en los 90's, y los medios luego de haber creído que su época de escándalos como juez y político había acabado, estaban sirviéndose con que en los primeros años de los 2000 hubiese vuelto a protagonizar alguno.

—Draco, debemos ir —dijo, llamándole y sabiendo que no recibiría respuesta—. Hermione sabrá qué hacer. Ella siempre sabe qué hacer.

Suspiró en el silencio, y apoyó la cabeza en la puerta, pensando en qué posiblemente podría decir en esa situación; con una parte tan íntima de su vida saliendo a la luz.

—Todo va a estar bien. Lo vamos a solucionar —intentó consolar.

—Tú no sabes eso, joder.

Bien, al menos le respondía. Las primeras palabras que conseguía de él en horas.

—No, pero si no sales de allí no podremos hacer nada para averiguarlo.

Harry tuvo que agarrarse de la pared del pasillo, porque la puerta de la habitación fue abierta de par en par, haciendo que casi se fuera de espaldas hacia adentro. Draco estaba allí, tal como lo había dejado hace unas horas cuando habían vuelto, y lo miraba de ojos entrecerrados.

—¿Cómo podríamos remediar esto? El mundo lo sabrá —dijo bajito.

El moreno se giró para encararlo. Draco nunca lucía frágil, ni siquiera cuando lo vió en su peor momento. Pero si se veía más joven, mucho más pequeño. Él solo quería abrazarlo, pero eso era superar demasiados límites no hablados. Se rascó la cabeza.

—Lo que hay son solo especulaciones —intentó consolarle—. Hermione debe tener una idea de...cómo hacer para remediar todo esto. Tú tranquilo —le dió una sonrisa que no fue correspondida. Mierda, no sabía qué hacer con todo esto. Se frotó la parte posterior del cuello—. Aunque...

Pero se detuvo. Era estúpido preguntarlo, ¿no? Era jodidamente estúpido. Reconocía que a veces sentía que vivía bajo una piedra; después de todo, había pasado toda su vida preocupado solo de encontrar maneras de sobrevivir, pasando de trabajo en trabajo y ahora buscando oportunidades para la banda. Pero sí sabía, que desde hacía unos años el colectivo LGBT había tomado fuerza, o al menos eso había escuchado en USA. ¿De verdad era tan difícil admitirlo?

Para Harry nunca había sido problema, no de verdad. Era algo por lo que jamás se tuvo que preocupar, o en lo que pensó, y aún ni siquiera sabía en qué categoría cabía en todo el embrollo, solo era algo que había aceptado. Pero tenía claro que para Draco, las cosas habían sido totalmente distintas.

—Aunque qué. —Draco dijo, frunciendo el ceño.

El ojiverde dió un paso atrás, negando levemente y encogiéndose de hombros.

—Nada.

El rubio avanzó hacia él, volviendo a acortar la distancia que había ganado.

—Potter, aunque qué.

Harry tragó, volviendo a rascarse el cabello y desvió la mirada, hasta el fondo del pasillo. Sabía que no tenía forma de salir de esa, y que en verdad, tampoco deseaba mentirle.

—¿De verdad hay algo que solucionar...? O sea, ¿por qué no dejas que hablen? Uhm...¿realmente es tan terrible? —respondió, tropezando con sus palabras.

Draco lo miró un segundo, y luego, le dedicó una sonrisa que Harry no podía describir bien, pero feliz no era.

—A veces creo que te criaste en una cueva.

Él volvió a encogerse de hombros.

—Algo así.

Draco suspiró, saliendo al pasillo junto a él y cerrando la puerta tras de sí. Harry se plantó en frente, y se sostenieron la mirada un segundo. No lo había besado, no desde hacía dos días cuando habían estado juntos por última vez, porque el día anterior ambos habían estado demasiado ocupados por temas de la banda, y genuinamente, eso lo estaba matando.

—Matthew Shepard —dijo Draco.

Harry parpadeó un par de veces, y frunció el ceño, confundido. No tenía la menor idea de qué rayos estaba hablando.

—¿Huh...?

—Wow. De verdad vives en tu mundo, ¿no?

—¿Lo siento? —preguntó Harry con incomodidad.

—Matthew Shepard fue un estudiante de 21 años en Estados Unidos que era abiertamente gay. Un día, sus amigos con los que se había reunido para planear la semana de concientización de la comunidad LGBT no pudieron acompañarlo a tomarse algo, así que fue solo —dió un hondo respiro, mientras el ojiverde seguía sin entender—. Dos hombres se acercaron a él, con la intención de robarle, y por ser gay, lo amarraron a una cerca de troncos con una cuerda, lo golpearon con la culata de un arma hasta veintiun veces en la cabeza, desfigurándolo y causándole una conmoción y lo dejaron allí por dieciocho horas. Nunca recuperó la consciencia; murió hace casi dos años atrás.

Harry puso una expresión de horror en su rostro. ¿Qué clase de persona--? ¿Qué clase de animal haría algo así? Estaba consciente de que había discriminación, no era imbécil. Pero, ¿torturar a alguien? ¿Matarlo, por ser diferente? Un sentimiento de amargura y protección se expandió por su pecho, e inconscientemente dió un paso hasta Draco, para protegerlo, para no permitir que jamás le pasara algo así. No podían, no--

—Eso es lo que pasa cuando el resto del mundo sabe, o cree que eres gay, Harry —le dijo con la voz pequeña, quizás hasta triste—. Además de que no quiero--no tengo intenciones de que la gente sepa eso de mí, no es su puto problema.

Se enderezó, recuperando su usual postura y apuntó con la barbilla hacia la sala de estar en el pasillo.

—Creo que hay un lugar donde debemos estar, así que tendríamos que irnos, ¿no?

Harry quería decir algo, quería decir desesperadamente algo, cualquier cosa; pero no podía. Nunca sabía qué era lo correcto, ¿qué iba a eliminar el hecho de que el mundo era un lugar horrible y asqueroso, y que la gente que habitaba en él no eran mejor que los gusanos? Nada, nada cambiaba eso, por mucho que quisiera pensar que no. Solo deseaba abrazar a Draco, besarlo, hacerle promesas vacías que sabía que no podría cumplir.

En cambio, pasó el peso de su cuerpo a su otro pie, y asintió.

Cuando llegaron, todos estaban sentados en los sillones del apartamento de Hermione. Apenas los miraron--o bueno, a Draco. Seguramente ninguno tenía idea de cómo reaccionar ante ese tipo de situaciones. Dios, él no sabía cómo reaccionar y se lo estaba follando.

Aunque, bueno, él nunca sabía que hacer con nada que involucrara la palabra sentimientos.

—Gracias a Dios están aquí —la castaña dijo, colgando la agitada llamada que mantenía por teléfono—. ¿Dónde estaban?

—Fue difícil pasar por el centro de Londres con la cabeza abajo porque tu cara está en todas partes —respondió Harry, sentándose en el brazo del único sillón solitario disponible, mientras Draco tomaba asiento a su lado—. ¿Qué opinan de todo esto?

Por un momento, nadie habló, simplemente pasearon su mirada por las caras del resto con aire incómodo. A Harry le hirvió la sangre. ¿No tenían la mínima, la mínima decencia de fingir al menos que no era tan importante? ¿Que eso no cambiaba en nada las cosas? Las ganas de agarrar la mano de Draco y mostrarle fuerzas nunca habían sido tan fuertes.

—Bueno, debemos hacer algo al respecto —contestó Ginny, mordiendo su labio inferior—. En el blog se han vuelto locos, y las personas aprovechadoras, o Tom, no tardarán en llegar.

Blaise asintió a eso, y Ron también, un poco, siendo el más serio referente a la situación. Theo, cómo siempre, miraba a Ginny con atención. Por la forma en la que estaban sentados, y la cercanía, no era difícil adivinar que estaban resolviendo sus diferencias.

Casi rodó los ojos. No era ninguno de sus problemas.

—Sí, sí —concordó Hermione—. El tema es —se giró a Draco, que permanecía impasible en su lugar—, voy a ser directa. Esto —tomó la revista entre sus dedos— ¿es verdad?

La arrojó sobre la mesa de centro. En el titular se leía claramente: "Lucius Malfoy, ¿distanciado de su hijo por su orientación sexual?" junto con una foto de Lucius caminando con su porte aristocrático con una mujer rubia cubierta, y una pequeña foto de Draco en la esquina, de uno de los recitales más recientes que habían tenido. Sus ojos grises brillando con la luz del reflector.

El artículo básicamente decía parte de la historia que el rubio había dejado entrever en sus escasas conversaciones. Lucius rechazando a su hijo por ser gay, y éste yéndose lejos, estudiando música y uniéndose a una banda para fastidiarle. Algunos datos de cuando era más joven y dichos homofóbicos del hombre en el pasado que hicieron que Harry tirara la revista contra la pared cuando los había leído. No sabía de dónde sacaron todo eso, pero sí sabía que allí había una clara influencia de gente del pasado de Draco.

Un pasado que al ojiverde no había sido mostrado, y del que no era parte. Porque no era parte de la vida de él, no de verdad. No más que como compañero de banda, o de piso, y de ocasional acostón.

Nunca hablaban de las cosas verdaderamente importantes, no hasta que éstas les estallaban en la cara.

—¿Por qué estás preguntando semejante mierda? —respondió Draco a la defensiva.

Ron se tensó aún más, inclinándose hacia adelante y dispuesto a defender a Hermione a capa y espada si es que era necesario. Harry se giró levemente hacia él, y negó con la cabeza, captando por una fracción de segundo sus orbes sofocados.

—Solo quiero saber, si lo que dice aquí, es verdad —replicó la chica de brazos cruzados y frunciendo el ceño.

—¿Por qué estás preguntándome eso? ¿Cuál es el puto punto? ¿Preguntarme sí--?

—¿Por qué te estoy preguntando esto...? —lo interrumpió Hermione, con un deje de irritación en la voz al tono difuso, algo agresivo y totalmente defensivo del rubio—. Mira, Draco, literalmente me da igual si es verdad que eres gay, aunque asumo que no, por la forma en la que contestaste; no me importa una mierda. Lo que sí sé, es que real o no, hay que hallar una forma de desmentirlo sin hablar del tema.

Harry volcó toda su atención a ella ante eso, las palabras saliendo de la boca de su amiga como un torbellino. Era extraño, por decir lo menos.

Conocía a Hermione desde básicamente el mismo tiempo en el que conoció a Ron, y pasaron muchas vacaciones y navidades en La Madriguera, por lo que podía decir que no solo la conocía superficialmente, si no de verdad. Pero jamás la había escuchado expresarse acerca del tema. No era algo que se hablara mucho tampoco; de su escuela no había salido nadie gay, o lesbiana. Por lo que le parecía curioso y extrañamente reconfortante que le dijese aquello. Y al mismo tiempo, que se contradijera al final.

—¿Por qué? —preguntó él.

Sintió cómo todas las miradas en la habitación recayeron sobre su persona y prácticamente se encogió en su lugar. Hermione acentuó su ceño fruncido antes de responderle.

—¿Por qué? ¿Tienes una idea de lo que sigue diciéndose de Freddy Mercury hasta el día de hoy? —le dijo. Harry no respondió, pensando en ello, en lo poco que sabía de la vida en general, pero que sí había oído. Por supuesto que sabía lo que se decía del vocalista de Queen; todas esas barbaridades con las que no estaba de acuerdo en lo absoluto. Nadie habló, nadie respondió o la interrumpió, incapaz de debatirle—. No tengo que tener un doctorado en marketing para saber que un rumor de homosexualidad traerá más desgracia que cosas buenas, por mucho que no esté de acuerdo. Por mucho que me dé igual si alguno de ustedes es gay, o lesbiana, o bisexual, o incluso trans. No me importa, pero estoy aquí para ayudarlos a subir, y esto...esto los va a bajar —volvió a pasearse un poco por el lugar. Harry tenía la impresión de que en cualquier momento se tomaría la cabeza entre las manos y la agitaría.

A su lado, Draco tenía puesta esa máscara que él odiaba tanto, la que lo ponía como un hijo de puta sin sentimientos o emociones. Aquella que utilizaba cuando un tema era demasiado grande para él. Pero no quería verla, quería verlo gritar, o enojarse, o sonreír o llorar de la frustración. Que se expresara como lo veía cada vez que cantaba. No eso, no una cáscara vacía que espera órdenes y acata lo que le digan.

—Así que lo que estoy preguntando, Draco, es si es verdad que no mantienes contacto con Lucius. Sé que no tienen buena relación, o eso he inferido de acuerdo a lo poco que has dicho de él, pero eso es distinto a no hablarse en lo absoluto —Hermione dijo, interrumpiendo el curso de sus pensamientos.

El rubio apoyó sus codos en sus rodillas, inclinándose hacia adelante, y asintió.

—Es verdad, mi padre y yo no nos hablamos —respondió con calma.

La castaña se mordió el labio, y volvió a abrir su celular, marcando y poniéndoselo en el oído.

—Bien. Entonces, esto es lo que vamos a hacer antes de que el álbum salga la próxima semana.

Entonces allí estaban, al siguiente día fuera de una de las discotecas más reconocidas de Londres, y dónde solo algunos tenían pase para entrar.

—¿Cómo lograste que nos pusieran en la lista? —había preguntado Harry a Hermione.

—Solo recuerda nunca hacerme enojar, porque tengo contactos hasta para esconder tu cadáver —replicó ella con un guiño, empujándolos a todos a la fila—. Bien, actúen bonitos, sean fotografiados, den de que hablar, pero no tanto, y sonrían, siempre sonrían. Ah, y tratar de ser amigables y formar relaciones con gente influenciable tampoco está de más, eh.

Ginny rió, al mismo tiempo que se colgaba un poco de Theo y éste le sonreía. Bueno, al menos habían durado algunos meses con su disputa y no se habían reconciliado a la mera semana. Ron extendió sus brazos para atrapar la cintura de Hermione y darle un beso, (quién se había vestido un poco más acorde a la ocasión, cabía acotar), y Blaise pasó un brazo por encima de los hombros de Draco, golpeándolo un poco.

—Va a ser una noche genial —alentó, al mismo tiempo que sacudía a Draco y éste se quejaba—. ¿Sí o no, Harry?

El moreno sonrió, dándole un giro al aro de su nariz y asintiendo.

—Seh.

Blaise volvió a zarandear al pobre rubio que lucía más irritado con cada segundo que pasaba.

Harry se tomó un tiempo para mirarlo, mientras la fila avanzaba y se acercaban a la entrada. Tres días iban ya, desde la última vez que había podido besarlo y secretamente ese hecho lo estaba matando. Luego de que Hermione le explicara que saldrían de fiesta y que Draco debía enrollarse con todas las chicas posibles y ser visto, ambos habían vuelto a la soledad de su apartamento en silencio, y cómo no, el ojigris se había encerrado en su habitación, sin salir siquiera para desayunar al día siguiente. Harry no sabía cómo acercarse tampoco, no lo conocía lo suficiente para saber qué decir, y no quería que Draco pensara que en esos momentos lo único que pensaba era en tener sexo con él.

Que sí lo pensaba, obviamente, pero no iba a decírselo. Y no era solo eso, quería estar cerca, darle un abrazo, o simplemente rellenar con gestos todo lo que sus palabras no podrían. Pero no era algo que tenía permitido.

Llegaron al inicio de la fila, dieron sus nombres e ingresaron. Con el calor del lugar cerrado, las múltiples luces de colores, el humo y la música a todo dar recibiéndolos. Harry tuvo pequeños recuerdos de un lugar parecido, pero al que nunca admitiría a nadie haber ido.

Y en el que se había sentido mucho más abrumado y más libre también.

—Entonces, ¿recuerdas qué debes hacer, Draco? —Ginny le dió un leve empujón y él le dedicó una sonrisa—. Mira, si con esa carita de ángel que te traes no consigues a nadie, me ofrezco como voluntaria.

Harry le frunció el ceño, y Draco pasó la mirada entre los dos con la misma sonrisa ampliándose. Le dió una palmada en la espalda al moreno y él se sintió un estúpido por estar esperando que la dejara allí.

—Códigos de caballeros, Ginny, lo siento mucho —replicó—. Pero hey, conozco a alguien que se ofrecería como voluntario por ti —apuntó con la barbilla a Theo a unos metros de ellos, manteniendo una plática con Zabini. Ginny resopló.

—Qué manera de rechazar a una dama. Voy a hacer que te echen de la banda —bromeó. Mientras Draco reía, y miró alrededor—. Bueno, supongo que sí al final de la noche no tengo opción...

Harry recorrió el lugar con la mirada también, empezando a ser consciente de pronto que allí donde la pista se erguía, y quizás donde ellos estaban parados en ese preciso momento, Draco besaría a otras personas.

Draco bailaría, y besaría a otras personas, de la misma forma en la que lo hacía con él. Suave en un principio, pero con ímpetu; aquel metal frío de su labio colapsando con el de otra chica, y finalizando con un mordisco de esos que le gustaban tanto. Draco haría todo eso, y frente a sus ojos. Y él no podía hacer absolutamente nada para detenerlo.

Un peso frío se instaló en su estómago, regresando a la realidad, mientras Ginny tomaba a Draco de un hombro y comenzaba a arrastrarlo lejos de él.

—Espera —llamó tras ellos, haciendo que se voltearan—. Necesito ir al baño.

La chica frunció el ceño, confundida y el rubio parecía ver a través de él. Dios, ¿acaso era tan obvio?

—¿Y? Pues anda —contestó Ginny.

Harry se rascó la parte posterior del cuello, alzando las cejas en dirección a Draco.

—Sí, pero lo que pasa es que...tú sabes cómo soy--eh, necesito que Draco me acompañe.

El ceño fruncido en el rostro de la pelirroja se intensificó, y Draco tenía una sonrisa imperceptible en su boca, pero que Harry conocía muy bien. El jodido bastardo.

—¿Necesitas que te limpie el culo acaso? —dijo ella confundida.

—Sí--¡No! Dios, Ginny. Es porque me pierdo, y--

—Antes nunca te ha importado el perderte o alejarte de nosotros —replicó la pelirroja.

—Pero es que ahora Hermione quiere que nos fotografíen, y que debemos tener contactos y esas mierdas, y--

—Y sin mí, no los volvería a encontrar por el resto de la noche, porque yo sí tengo un buen sentido de la orientación. ¿Eso, Potter? —interrumpió el ojigris, alzando sus cejas significativamente.

—¡Sí! —el moreno lo apuntó— Eso.

Ginny soltó a Draco, y dió un paso hacia atrás, encogiéndose de hombros para que el rubio se acercara a él.

—Ron se va a poner celoso —canturreó—. Trata de pasar tiempo con él hoy, o va a hacer su papel de novia despechada. Nos vemos en la pista, Draco. Vamos a estar en la sección cerca del oeste, a un lado del bar, o eso dijo Mione.

Y el segundo siguiente, se había ido. Harry pasó saliva, apuntando con la barbilla al letrero que indicaba el baño, apartado del resto de las cosas y por un pasillo, sin poder ver a Draco a la cara.

—¿Vamos?

Se encaminaron al baño, serpenteando por los cuerpos y las personas que apenas les prestaban atención mientras iban. Suponía que eso era lo bueno de no ser tan conocidos aún, nadie los pararía o los miraría más de lo normal mientras iban juntos.

Cuando llegaron, Harry simplemente no aguantó más. Se cercioró de que no hubiese nadie, cerró la puerta con llave y empujó a Draco contra ésta, juntando sus labios en un beso que había anhelado por tres días.

Se movió con fuerza, buscando más, deseando más, mientras el rubio se aferraba a su chaqueta y lo atraía hasta él hasta quedar pecho con pecho, con una de sus piernas entremedio de las propias.

—Joder —susurró sobre sus labios, y dando una pequeña succión—. Joder...

No se detuvo allí, Harry coló sus manos por abajo de la camiseta del chico y acarició sus costados, sintiendo cómo se tensaba bajo su tacto y su respiración se hacía aún más agitada.

Se separó brevemente para descender un poco en sus besos, siendo su cuello lo que más cerca tenía debido a su diferencia de altura, y comenzando a bajar. Draco soltó una risa estrangulada.

—¿Qué bicho te picó? —preguntó, un poco ahogado.

—Quería ser el primero a que besaras ésta noche —Harry murmuró contra su cuello y cerca de su oreja—. También me estaba matando el hecho que no lo había hecho en un buen tiempo, maldito bastardo.

Volvió a juntar sus labios, en un intento de hacerle ver, hacerle notar, que él estaba allí. Que daba igual cuántas bocas tocara esa noche, que daba igual lo que dijeran mañana en la prensa. Él estaba allí.

—Solo han pasado tres días... —susurró Draco separándose un poco, en busca de aliento. Subió una mano hasta su cabello y lo atrajo hasta él, enredando sus largos dedos en sus mechones oscuros—. Solo--

—Es suficiente —Harry lo interrumpió, frotando solo un poco sus entrepiernas recién comenzando a ponerse duras. Draco soltó un dulce y pequeño gemido que quemó en sus oídos—. Y creo que podría morir si no--

Draco trató de poner un poco de distancia entre ambos, posando las manos encima de su pecho y dando pequeños besos repetidamente.

—No aquí —le dijo, separándose un poco—. No ahora.

Harry bufó, pero lo aceptó, sabiendo que todo el punto de que estuviesen allí y no en el apartamento era porque necesitaban ver a Draco, y eso no pasaría si se quedaban allí por horas. Por mucho que eso es lo que deseaba hacer.

—Vamos, entonces —Harry asintió, girándose un poco para mojarse la cara y calmarse, y así salir.

Sintió cómo la puerta sonaba, pero antes de que pudiese darse cuenta si estaba abierta de nuevo o no, Draco estaba besándolo de nuevo.

—Entra un baño —le dijo entredientes, sin cortar el beso del todo—. Te espero afuera.

Y sin más, salió, dejando a un agitado Harry, con las mejillas rojas y nublado en su lugar, atinando de forma insconsciente a meterse a uno de los cubículos y esperar a que un tiempo decente pasara antes de salir tras el rubio.

Sintió unas voces al poco rato que Draco se marchó, y se dijo que ese era un buen momento para salir. Total, ya habían visto que el ojigris no estaba allí con él, si no afuera. Se lavó las manos, y suspiró, encontrando nuevamente su respiración nivelada.

Afuera, Draco estaba apoyado contra la pared, viendo alrededor.

—¿Gran noche, eh? —preguntó con un dejo de amargura, mirándolo de reojo.

—Intentemos que lo sea —Harry respondió, dando unos pasos hacia el frente—. ¿Vamos?

Se unieron al grupo en corto, quienes se encontraban ya tomados o fumados en su gran parte, mientras conversaban animadamente en una de las mesas al lado de la pista. Ron palmeó su espalda y le ofreció un poco del porro, que Harry aceptó gustoso. Draco le arrebató la botella a Blaise y se la bebió él, casi de un sopetón, arrugando la nariz y dando un escalofrío. Ginny rió, Hermione le dió un apretón de fuerza y luego de un par de bromas y gritos, estaban todos bailando casi al centro.

Theo y Harry prácticamente gritaban las letras, al mismo tiempo que un chico de otra banda, (que el ojiverde admitía no estaba lo suficientemente consciente para reconocer), se acercó a hablarle a Ginny y Hermione, mientras Ron se deslizaba a un lado de la última, pasando su brazo por su cintura y uniéndose a la plática sutilmente, al ritmo de la música. Fue inmediato notar, que Draco había desaparecido.

Su estómago se enrolló sobre sí mismo, y la bilis subió por su garganta, tratando de subir un poco sobre la punta de sus pies y buscarlo con la mirada. Pero no había nada, ni un rastro. Suspiró, frustrado, mientras unas manos se posaban en sus caderas.

—Hey, guapo, ¿bailas? —una chica preguntó.

Harry miró hacia abajo. Era morena--no, no morena, negra. De ojos azules y una cabellera lacia. Le sonrió, mostrando una hilera de dientes blancos. Él asintió, algo desconcertado y dejándose guiar. Era solo bailar, al fin y al cabo.

Salvo que no pudo concentrarse. La chica se movía contra él de una forma que en otra ocasión los habría llevado al baño o a su propio apartamento, pero su mente estaba en otra parte. No veía a Draco desde hacía unos 40 minutos ya, y a pesar de que lo último que deseaba era verlo besar a otra persona, tampoco le gustaba la incertidumbre que se gestaba en su pecho al no saber qué estaba sucediendo con él.

El resto de sus amigos estaban repartidos en otros lugares, aunque no alejados y la chica lo estaba mirando fijamente, seguramente esperando que Harry hiciera el primer movimiento.

Que él no pensaba hacer, por supuesto.

Podría ser solo un beso, solo uno, y él no estaba con nadie en esos momentos, Draco se lo había dejado en claro incontables veces. Podía ser solo uno y nadie tendría derecho a decirle nada, no le debía nada. Pero no quería.

No quería besar a nadie que no fuese el rubio, no quería tener tan cerca a nadie que no fuese él. Por mucho que no hubiesen hablado sobre no ver a otras personas, por mucho que no hubiesen dicho que no podían acostarse con alguien más. Harry no quería.

Al lado de Draco, no había nadie que le hiciera competencia de verdad.

Harry tomó a la chica de las caderas y se alejó unos centímetros, sonriendo a forma de disculpa.

—Tengo que irme.

Se pasó el resto de la noche a un lado de sus amigos, mezclando sustancias y tratando de obviar el hecho de que alguien no estaba allí. No sabía lo que le hacía sentir, no más que una presión en el pecho.

Hermione, cómo siempre, consiguió algunos contactos y al parecer todos habían hablado con gente más famosa y formado vínculos, incluso él, en el estado en el que estaba.

Todos estaban felices y contentos y por un momento pudo fingir que lo estaba disfrutando.

Ya durante la madrugada, Draco se les unió en la acera, a la hora acordada para irse. Algo en su interior se encogió al verlo así, tambaleante, despeinado, sudoroso y con los labios rojos. Era solo una evidencia de lo que había pasado. Una evidencia de que había cumplido con su deber.

—¿Conseguiste que te fotografiaran? —preguntó Hermione, mientras Harry hacía parar un taxi para ir a casa.

—Eso creo —contestó Draco, arrastrando las palabras, claramente borracho.

El ojiverde suspiró. Un taxi paró frente a ellos, y tomó a Draco de un brazo, apoyando su peso contra él y abriendo la puerta.

—Nos vemos el Lunes —dijo, ayudando al rubio a meterse dentro del auto—. Espero que duerman bien.

—Adiós —corearon todos.

Se sentó, y le dió indicaciones al chófer de dónde ir. Él tampoco estaba en su mejor estado, si era sincero, pero siempre estaba mucho mejor que Draco, ahora que lo pensaba. El auto partió, dió vueltas por algunas calles y de pronto, sintió una cabeza apoyada en su hombro. Se tensó un poco.

—No te ví en toda la noche —murmuró Draco contra su chaqueta—. Fue horribleee.

Harry, disimuladamente para que el chófer no les viera, pasó una mano encima de los hombros del rubio y lo atrajo hacia él, pegándolo a su costado y pasando su mano de arriba a abajo, tranquilizándolo.

—Al menos ahora vamos a casa —respondió.

Escuchó cómo la respiración de Draco se pausaba un segundo, pero no le prestó atención, mirando hacia afuera por la ventana a las aún transitadas calles del centro de Londres.

—¿A casa? —preguntó con una voz pequeñita.

Harry miró hacia abajo, a sus mortales ojos plata y le dedicó una leve sonrisa, sin querer hablar mucho. No después de todo lo que había sucedido.

—A casa —afirmó, antes de desviar la mirada nuevamente.

Subir 7 pisos con un Draco ebrio nunca iba a ser muy diferente a la primera vez que lo hizo. Deteniéndose en algunos para comentar la fachada, o ahora que los conocía, criticar a los vecinos tras las puertas. Apoyarse en Harry, recargando la totalidad de su peso en él y casi botándolo en cada escalón. Aunque ahora se había agregado el pegarse a su costado como una lapa, mientras el ojiverde abría la puerta, y los adentraba a su departamento.

El rubio pareció despertar un poco, y se alejó, perdiéndose hacia adentro. Harry lo dejó. Seguramente iba al baño a vomitar, o a lavarse los dientes, o lo que sea que hiciera después de que llegaba de beber. Se giró, cerrando su puerta con un montón de cerraduras, (agregadas por Draco después de lo de Tom), y dejó sus llaves en la encimera de la entrada.

Cómo siempre, puso sus zapatos a un lado de la puerta solo para molestar al ojigris y se quitó la chaqueta, tirándola en uno de los sillones, bostezando. Sus lentes cayeron por el puente de su nariz, mientras se adentraba en el pasillo, y estuvo a punto de quitárselos y dejarlos en el mueble de su habitación, ese que estaba casi a la entrada, y tirarse con libertad encima de la cama.

Pero había otro cuerpo allí.

—Draco —le dijo Harry, con una sonrisa traicionera en su voz—. Draco, ésta no es tu habitación.

El rubio, tendido sobre las cubiertas y en su estómago en posición de estrella, abarcando casi todo el espacio disponible, balbuceó algo inentendible contra la tela.

—¿Qué? —rió el moreno, buscando un pijama nuevo en el clóset. Su sonrisa solo creció al pensar que si Draco estuviese en sus cinco sentidos, probablemente haría una broma acerca de estar buscándose a sí mismo allí dentro—. ¿Me vas a obligar a echarte, Draco?

Sintió el ruido de sábanas a sus espaldas, mientras él se quitaba la polera y los pantalones, para poder entrar en su traje de dormir añejo.

—Hace frío —protestó por lo bajo el rubio, con su tono ebrio—. Tengo frío, Harryyyyy.

El ojiverde resopló, volteándose para encontrarlo boca arriba, pero bajo las tapas y sin haberse quitado su ropa. Sonrió ante la visión.

—¿Voy a tener que dormir en tu cama? —preguntó, ya resignado ante la idea.

—¡No-ooo! —respondió Draco cómo un niño pequeño, elevando las manos—. ¡Aquí, idiotaaa! —palmeó el lugar a su lado. O bueno, el poco lugar que había dejado.

Harry se cruzó de brazos, caminando hasta él y mirándolo desde arriba. El rubio lo observaba con el ceño fruncido, cómo si estuviese enojado con él por ser tan lento y estúpido. Era, literalmente, estar hablando con un niño pequeño.

—Te vas a arrepentir por la mañana —advirtió—. Dios, estás tan ebrio.

—Nooo, no tanto —rebatió él, y Harry lo consideró. Bueno, lo había visto peor—. Estaré más arrepentido si duermes en mi cama. Y--tengo frío. Y ven, tengo sueño. Y quiero dormir contigo. Y--

—¡Bien! —levantó las manos en señal de rendición—. Ya voy.

El pelinegro, aún inseguro sobre sí hacerlo o no, rodeó la cama para acostarse a su lado. Abrió las tapas con lentitud y se deslizó bajo las cubiertas, sintiendo inmediatamente cómo unos brazos se aferraban a su cintura y una cabeza descansaba en su pecho, su respiración contra su piel.

—No me vomites por favor —le dijo, aceptando su tacto.

Aceptando que por la mañana todo eso se habría ido.

Y tratando de ignorar que esas manos habían estado sobre otras personas hace no mucho rato.

Draco, para molestarlo, comenzó a hacer ruidos de náuseas y vómitos, a lo que Harry golpeó su espalda suavemente, moviéndolo.

—¡Me estás agrediendoooo!

—Demándame.

Pero el rubio solo se aferró a él con más fuerza.

Harry se acomodó, y se sacó los lentes, dejándolos en su mesita de noche. Cerró los ojos, intentando rememorar cómo se sentía eso, su cuerpo a su lado y la respiración pausada. Cómo él tenía el privilegio de ello, aunque sea solo cuando Draco no podía pensar bien si quería tenerlo a su lado o no.

Suspiró, sintiéndose relajado por primera vez en días. O en meses. O quizás hasta en años. Y empezó a dormirse, dejando el largo día atrás.

—¿Ésta noche besaste chicas también tú? —preguntó Draco cuando ya estaba a punto de caer en la inconsciencia, susurrando en la oscuridad de su habitación.

Harry dió un pequeño respingo, y soltó una pequeña risa por eso, comenzando a trazar de vuelta patrones en su espalda, encima de su camiseta. Dios, iba a despertar odiando haberse quedado dormido con ropa.

No sabía qué responder, no sabía que era lo correcto.

Decidió decirle la verdad.

—No.

Ninguno de los dos agregó nada más.

Al siguiente día, Draco fingió que nada había pasado, y Harry despertó en una cama vacía.

No pasó mucho tiempo antes de que salieran las fotos del rubio besándose con una chica, que aparentemente, era una reconocida modelo del medio. Una de las solteras más cotizadas, y en las revistas ya estaban armando teorías y emparejándolos en cada mención que hacían de él o su banda. Harry sabía que Draco era gay, él mismo se lo había dicho, pero aún así no podía sentirse mal al respecto. Una modelo. El chico se había liado con una modelo. ¿Qué era él, comparado con eso?

Nada. No era nada.

No quiso ver las fotos; no veía el punto en someterse de forma voluntaria a verle besar a alguien más, el solo pensamiento lo volvía loco.

Más testimonios comenzaron a salir. Chicas que afirmaban haber sido sus novias, o haberse enrollado con él. Draco las leía y se reía, preguntándose si Hermione les había pagado para que dijeran eso, o si eran mujeres que habían visto la cantidad de atención que se le estaba prestando a lo que llamaban "la banda del momento", pero servía. Los rumores de su sexualidad persistían, aunque se disipaban cada vez más, causando discusiones y conflictos entre sus fans en el blog.

Gente que afirmaba que lo era, gente que discutía y decía que no era posible. Gente que defendía a Draco diciendo que no, cómo si serlo fuese algo malo y gente diciendo que daba igual si así fuera o no; que lo que importaba era la música. También habían unos cuántos que se unieron al "fandom" por el hecho de que los rumores empezaron, que decían que ojalá lo fuese. Experiencias avasalladoras de gente perteneciente al colectivo y que estaba allí en su blog como apoyo a la comunidad. Esos eran los que más le gustaba leer a él; había aprendido a la mala que "lo gay" no vendía, pero le hacía sentir mejor el saber que alguien había encontrado algo de confort en pensar que una persona algo influyente podría ser como ellos.

—Al menos con esto se calmarán un poco —dijo Draco, arrojándole la revista en su regazo. Harry parpadeó un par de veces, bajando su cabeza para verlo.

Habían lanzado el álbum hace dos días, y al parecer estaba alcanzando su puesto como uno de los más vendidos de la semana, en muy poco tiempo, por lo que eso los traía a todos de muy buen humor. No tenían ningún recital o tocata agendada, pero Harry podía apostar que eso tenía que ver con que Hermione estaba atrás de algo grande.

Draco acababa de ir a comprarles pizza al otro lado de la calle. No era de la mejor, pero ya estaba claro que cada día lo reconocían más, al punto de que a veces eran dos personas por día. A él no era tanto, pero sí durante la última semana le había pasado de nuevo, así que no quería arriesgarse a ir muy lejos y ser atacado con preguntas incómodas.

—Página 8 —exclamó desde la cocina, dónde Harry escuchaba el sonido de platos moviéndose, seguramente para servirles.

El moreno abrió la revista de chismes para encontrarse con una chica de cabello castaño y corto, delgada, de labios rosados y bastante blanca. Blanca tipo Draco, pero de ojos verdes grandes y amables. Aparecía caminando por la calle con una vestimenta casual y sonriendo a la cámara. Algo en su estómago se revolvió.

—¿"Es un chico bastante divertido y guapo, además de buen besador, no me molestaría conocerlo más"? —dijo Harry, leyendo las palabras citadas en una burbuja a un costado— ¿Ésta es la chica que...?

—Seh, la modelo con la que tuve un acalorado romance en Prada y con la que tuve que terminar por petición de mi padre —replicó con ironía, yendo hacia ellos con dos platos blancos de porcelana y dos grandes pedazos de pizza en ellos. Le pasó uno a Harry, que resopló.

—Gracias —le dió un mordisco, y Draco se sentó a su lado—. Odias comer en el sillón, ¿por qué hacer una excepción hoy? —preguntó con la boca media llena. El ojigris arrugó la nariz y él le sacó la lengua.

—Porque estoy feliz por nuestra posición en los charts, y te ves lindo sentado en esa posición —respondió con simpleza.

Harry se sonrojó. Draco raramente decía esas cosas--bueno, raramente mientras no estuvieran follando. No sabía cómo contestar; suponía que era algo obvio que lo encontrara atractivo, si no, no serían follamigos en primer lugar. Pero aún así, le costaba creerlo.

Aquella voz en su cabeza diciendo que era tonto, y torpe y que nunca sería suficiente jamás se iba. Sin importar qué.

—Cállate —murmuró, dándole otro mordisco a su comida y mirando la página de nuevo.

Básicamente todo eran especulaciones. Cenas románticas en secreto, conexiones de lugares donde habían estado juntos al mismo tiempo, y extractos de algunas canciones del nuevo álbum que supuestamente coincidían con la modelo, su forma de ser y su apariencia. Al menos, eso era buena publicidad.

—¿Ella era una buena besadora también? —bufó, tirando lejos la revista y buscando el control para encender la TV.

—Oh, me gustaría poder decir que sí, pero lo único que recuerdo de ella es que le quité el mojito de la mano y me lo bebí. Quizás pensó que estaba bromeando, pero yo verdaderamente quería ese mojito.

Harry rió, encendiendo el televisor y acomodándose hacia atrás, disfrutando el sabor de su pizza. Estuvo a punto de replicar algo ingenioso, pero el sonido de mensaje en el celular de Draco encima de la mesa de la cocina lo hizo fruncir el ceño.

—Ugh, cállate —dijo el rubio mirando por encima del hombro.

—¿Quién es?

—Madre. Sigue insistiendo que nos veamos.

Un silencio siguió a sus palabras. Harry comió de su pizza, mirando la pantalla y tratando de saber qué decir. Draco obviamente quería reunirse con su madre, pero alguna experiencia pasada lo retenía de ello. Le gustaría saber si estaba bien confiar, y decirle que fuese de todas formas o aconsejarle que siga diciéndole que no.

—Sabes... —tragó, limpiándose la boca con la manga— podrías ir, para--demostrar que todo está bien, usar eso cómo excusa, y descubrir si realmente todo está bien. Tal vez--tal vez solo quiere estar contigo, Draco. Tal vez de verdad quiere retomar su relación.

El rubio tenía la vista fija en la pantalla, mientras masticaba lento. Ni mostraba signos de haberlo oído, no más que el hecho de que estaban sentados lado a lado. Harry suspiró. Quizás no había dicho lo correcto después de todo.

—Y si...¿qué hay de si Padre está allí y quieren llevarme? —dijo al cabo de unos segundos, con voz neutra.

El ojiverde sabía que eso era improbable, y que si lo hicieran, no pasaría mucho tiempo antes de que la gente comenzara a especular sobre la desaparición del rubio, y las cosas se tornaran feas para Lucius en el Parlamento. Pero Draco era todo un misterio frente al tema de su pasado y de su familia, por lo que si creía que así podría ser, no podía dudar de él.

—Entonces iremos todos, nos ocultaremos. Haremos lo que sea —respondió, parando a pensar un poco—. Quizás en un tiempo necesitemos guardaespaldas, nunca lo habría imaginado--bueno, cómo te decía, ahí estaremos, grabaremos aunque no tenga camara de vídeo. Haremos lo que sea. Pero, sé que quieres verla. Lo noto. No--

—Está bien —lo cortó, asintiendo. Vaya, eso no había costado tanto—. Lo haré. Pero no...solo te quiero a ti allí. No a los demás.

Harry miró su perfil. Su nariz recta y sus pómulos levantados junto a sus pestañas largas y trató de ocultar su sonrisa. Era una estupidez, pero se sentía elegido de alguna forma.

—Bien.

Y la conversación cambió a una acerca de la banda, el día a día y modelos atractivas, dejando atrás el tema.

Cuatro días después, volvió.

Draco le dijo que se iban a juntar en un café concurrido en el centro, y que él podía esperar en la plaza que estuviese al frente y llamarlo en caso de que viese algo extraño. O a la policía, nunca se sabía. Así que Harry aceptó sin una palabra más y se sentó en un banco, mirando fijamente cómo Draco hablaba con una mujer a un lado de la ventana. No había podido verle la cara, solo sus cabellos de su misma tonalidad. Debía ser la misma persona que aparecía con el tal Lucius en las fotos, la que nunca miraba a la cámara.

Habían pasado 15 minutos apenas, cuando el rubio se levantó de la mesa, le dijo algo y salió despavorido por la puerta del café, aferrándose a su vestimenta. La mujer se levantó con él, pero no lo siguió hacia afuera. Harry reaccionó, parándose rápidamente hacia él.

—¿Qué pasó? —preguntó cuando llegó a su lado, a la vuelta de la esquina del lugar. Draco no frenó su caminata—. Hey, hey. ¿Qué pasó?

El rubio le dió una patada a una lata que había a un lado de la acera y soltó un sonido de exasperación. Algunas personas que pasaban allí se pararon a mirarlos, pero a ninguno de los dos le importaba.

—Años. Años, y quiere retomar la relación. Cómo si nada, cómo sí pudiera confiar en ella después de-- —se agarró el cabello, negando— Viene aquí, y pretende que nada pasó. Cómo si ella no me hubiera dejado solo. Cómo--

Harry puso una mano en su hombro, para que se calmara y Draco se giró hacia él, sobresaltado. Sus ojos grises le recorrieron el rostro, y sin previo aviso, se cerró. Pareciera que acababa de darse cuenta con quién estaba hablando, que estaba develando más de lo que debía. El rubio negó y se sacó la mano de la espalda con un movimiento, empezando a caminar, y dejando a Harry en su lugar, confundido.

No entendía por qué el hecho de que Draco no confiara en él lo suficiente para hablar de eso dolía tanto.

Miró su espalda perderse a lo lejos, agitado y molesto. Su cabello brillando con el escaso sol y unas pocas personas reconociéndolo, quedándose mirándolo mientras caminaba. Aunque Harry no sabía si era por la banda, o por lo precioso que era. Draco no era una persona que podías ignorar.

Lo miró desaparecer, y ni él trató de alcanzarlo, ni Draco intentó esperarlo.

—¿Quieres más guiso, cariño?

Harry levantó la mirada desde su plato vacío para mirar a Molly y sonrió, negando.

—Estoy bien así, Sra. Weasley. Muchas gracias.

—Estás muy delgado, mi niño. Vas a tener que comer postre. No aceptaré un no como respuesta.

El ojiverde asintió, pasándole su plato a Ginny que estaba retirándolos. La pelirroja le guiñó un ojo, mientras Molly se ponía a charlar con Arthur sobre los gemelos. Aparentemente, habían estado ayer allí y habían re abierto la tienda.

—Te juro, creo que te extrañaba a ti más que a cualquiera de nosotros —Ron susurró, golpeándolo en el costado—. Deberías venir más seguido. Siempre están preguntando por ti.

Harry solo sonrió, sabiendo que no era verdad. No completamente, al menos. Nadie realmente quería invitarlo; apenas comía o hablaba. Era mejor ahorrarles el mal rato a los Weasley de tenerlo allí siempre, a solo ir cuando el extrañarlos se volvía imposible de resistir.

—¿Dónde está Hermione? —decidió cambiar el tema, mirando directo a los ojos azules de su mejor amigo—. Creí que dijiste que se iba a unir.

Ron se encogió de hombros, y recibió el helado que Ginny le estaba ofreciendo. Harry aceptó el suyo de igual forma, aunque no sabía si podría devorarse una pieza tan grande. Bueno, siempre podía darle las sobras a Ron.

—Algo salió —dijo, después de darle una probada a su helado—. Mira, promete que no dirás nada...

Harry frunció el ceño y asintió, con la cuchara en la boca. ¿Se estaba refiriendo a Draco? Já. Lo que menos hacían era hablar.

Auch.

Ron bajó la voz y se acercó a él. Harry subió la cabeza para que su oreja quedara a la altura de su boca.

—Creo que está logrando que nos den el puesto de teloneros de alguna banda importante, o de un cantante. No lo sé bien, Harry. Pero podría ser grande —susurró, ilusionado. Ginny los miraba con ojos entrecerrados de al frente de la mesa—. Yo creo que no quiere decirnos nada para no ilusionarnos, o porque quiere mantenerlo secreto. Dios, esa mujer debería hacerse manager de nosotros de tiempo completo. No sé cómo lo hace para estudiar y conseguirnos lo que queremos al mismo tiempo.

Harry abrió los ojos exageradamente, tragando el helado que se había metido a la boca y sonrió, complacido.

—¡Eso es genial! —exclamó, aún en voz baja—. ¡Esto es mejor que haber acabado en el top 15 de los charts! Esto--

—¡¿Quince!? —replicó Ron— ¡Hasta ayer estábamos en el puesto 25!

—¡Te lo juro, hoy día lo revisé en una computadora de una biblioteca de aquí cerca! —Harry asintió repetidamente—. ¡No lo sé, pero cada día hay más gente escuchándolo!

Ginny, que se había acercado por atrás, se metió entremedio de los dos y los abrazó por el cuello, juntándolos en un incómodo abrazo.

—¡¿Por qué están discutiendo cosas de la banda sin incluirme?! —les regañó, mientras ambos estaban tratando de deshacer el agarre. Dios, ¿siempre había tenido tanta fuerza?— Joder, ¿de verdad, Harry?

—Mhmfr.

—Oh, lo siento —lo soltó, riendo. Él la miró molesto. Ginny revolvió su cabello y Ron le dió un golpe en el estómago, que ella le devolvió en la frente. De pronto, se volvió hacia Harry, y su expresión cambió, poniéndose casi seria—. ¿Esto tiene que ver con...? Ya sabes, ¿con el rumor de Draco siendo...gay?

El azabache la miró tras sus lentes. Ninguno en la banda había reaccionado incómodo ante lo que se había dicho de Draco, no más que el día que planearon qué hacer. Tampoco lo trataron de forma diferente. Pero eso podía ser solo por el hecho de que no creían que fuese verdad. ¿Cómo sería, si supieran que Draco efectivamente era gay? ¿Cuánto cambiarían las cosas? ¿Y si se enteraran que Harry y él estaban follando? ¿Que él tampoco era heterosexual? Desvió la mirada.

—Bueno, ciertamente la historia con la modelo ayudó. Y hace una semana lo vieron con su madre, así que la gente hace todo tipo de conjeturas. Por supuesto que tiene que ver con eso, me imagino —contestó con un deje de amargura.

—¿Pero él es...ya sabes--?

—¿Gay? —Ginny le frunció el ceño a Ron que se veía un poco más tenso— No es una palabra maldita. Gay, gay, gay--

—No lo sé —los interrumpió Harry, mintiendo—. No lo sé. No creo. Pero sí así fuera, ¿eso cambia mucho las cosas para ustedes? —preguntó con algo de miedo.

La pelirroja lo miró con el ceño fruncido, cómo si la pregunta la desconcertara. Ron mantenía una expresión inescrutable que no le gustaba para nada.

—Harry, tú sabes que Luna es lesbiana, y es una de mis mejores amigas. No me molesta en lo absoluto. Solo sería extraño--extraño en el sentido de que siempre creí que era hetero, y que no pienso que no lo sea ahora tampoco. Pero además de eso--

—¿A ti no te pone incómodo? —Ron cuestionó, dirigiéndose a Harry y cortando a Ginny a media oración, quién le pegó en un costado de la cabeza—. Digo, vive contigo, ¿no te pone incómodo saber que podría, no sé, enamorarse de ti...?

No.

—No creo que eso pase —contestó con sinceridad. Era crudo decirlo, pero era la verdad, aunque ellos nunca lo sabrían—. Y seguiría siendo Draco, sabes.

—No sé, nunca he conocido a uno--

—¿Por qué hablas de "ellos" cómo si fueran una especie extraña, eh? —la pelirroja volvió a darle un golpe, y Ron se quejó por lo bajo—. No estamos en los 50's, Ron, ubícate. Acabamos de pasar al siglo XXI. Deberías--

—¡Hey! —exclamó, molesto—. ¡No tengo nada en contra de ellos! ¡Pueden hacer lo que quieran! Solo... no sé, Ginny, es un poco extraño para mí, eso es todo.

Extraño. ¿Por qué esa denominación que siempre usaban para describirlo a él, en esa situación lo hería tanto?

—Bueno, claramente te falta salir más a la calle e informarte. No es extraño, y me avergüenza que en los plenos 2000s sigas pensando así —resopló ella. Siempre solía ponerse así cuando se hablaba algo referente al tema, motivada por su cercanía a Luna. Harry nunca había opinado antes, nunca le había tocado a él experimentarlo así de cerca.

—No es como si fuera a tratar al rubiecito diferente o algo. He aprendido a que me agrade, un poco. Era solo una pregunta, por el amor de Dios.

El moreno suspiró, desviando la mirada. No quería hablar más del tema.

—Bueno, da igual. Si así fuera o no, nunca lo sabremos. Solo hay que cuidarse de que la prensa pare con esos rumores —dictaminó Ginny, alejándose y volviendo a su lugar en frente.

Harry, de pronto, se encontró incapaz de terminar su helado.

El resto de la velada pasó entre juegos, anécdotas, promesas y comida, pero el sabor amargo que le quedó en la boca del estómago no se fue jamás de su sistema.

Cuando Harry llegó al piso esa tarde lo encontró vacío. La única evidencia de que Draco había pasado por allí era una taza sucia en el lavadero y una nota que rezaba que estaría de vuelta en unas horas, junto a unas revistas. Harry frunció el ceño, abriéndolas y viendo qué decían.

Por supuesto, por supuesto que el tema de la homosexualidad de Draco no era algo que los medios dejarían ir tan fácil. Más gente que cursó con él en su instituto pijo de mierda habló diciendo cosas y alimentando los rumores, junto a otros que desmentían todo aquello. Era casi una guerra campal. Suspiró, botándolas al basurero y sabiendo que en las próximas entrevistas les harían preguntas al respecto, o tratarían de forzar aún más el romance con la chica del club. Él sinceramente no sabía qué era peor.

Decidió hacer aseo para distraerse un poco. Era raro, que eso y el cocinar lo calmaban. Quizás encontraba la familiaridad en lo que hizo casi toda la primera parte de su vida. Así que limpió, ordenó, cambió algunas cosas, y cuando quedó exhausto, salió a caminar.

Era más notorio ahora, cómo más gente lo miraba mientras pasaba. Se sentía un gran giro, el pasar a ser un don nadie a pensar que en cualquier momento alguien le pediría hablar, o lo saludaría. No era cómodo, no le gustaba la atención, pero sí la fama. Ni siquiera sabía cómo explicarlo.

Llegó al lugar que siempre iba cuando quería conexión a internet y decidió meterse al blog. Comentarios nuevos habían sido agregados, algunos de odio, pero en su mayoría de apoyo y de gente felicitándolos por el álbum y el plot del final. Otros hablando de la situación de Draco, pero la mayoría defendiendo su "masculinidad" y heterosexualidad. Aunque sí se encontró algunos que decían que ojalá fuese gay porque así tendrían una oportunidad. Al menos eso le hizo sonreír.

Revisó la página de los charts y los puestos no habían cambiado, así que se fue; no sin antes pedir prestado algunos libros que sabía que Draco había mencionado y que él mismo quería leer.

Llegó de vuelta a su piso algo más calmado. Aún no había nadie. Suspiró, decidiendo que lo mejor era llamar al rubio y asegurarse de que nada le había pasado.

Pero nada, no hubo respuesta. El celular sonó tres veces antes de irse a buzón de voz. Frunciendo el ceño, intentó otra, y otra, hasta que se rindió y asumió que Draco no iba a responder. Abriendo la bandeja de entrada, empezó a escribir.

'Si no obtengo señales de vida de aquí a cinco minutos, llamaré a la policía'

Cerró el celular y lo puso encima de la encimera. Avanzando hasta su pieza, decidió ponerse algo más cómodo. Mañana habría ensayo con la banda temprano, así que era bueno el descansar unas buenas horas, y no tenía pensado hacer nada más por el día, o salir. Poniéndose la parte de arriba de su pijama, sintió el sonido de llaves.

—¿Draco? —llamó, asomando la cabeza por la puerta de su habitación hacia el pasillo—. ¿Llegaste?

Por un momento, no recibió respuesta, así que salió, dispuesto a recibirlo. Pero apenas tuvo un pequeño vistazo de su persona, quedó quieto en su lugar, congelado. Sus vellos se erizaron y su boca se secó instantáneamente.

—Draco...

—No, aún no llego. Soy un holograma —replicó él, bufando. Dejó su bolso encima del sillón y se giró hacia él, conectando sus miradas—. ¿Qué? —le espetó.

Harry dió un paso hacia él, aún atontado. Joder.

—Esto...

—¿Es lo que estaba haciendo? Pues sí, Sherlock.

El moreno abrió y cerró la boca un par de veces, incapaz de formar una oración coherente. Porque las puntas del cabello de Draco estaban de un rosa chicle.

Sí, lo iba a repetir. Draco se había teñido las puntas de su cabello de rosado, y él sentía que le iba a dar un paro cardíaco de lo caliente que se veía. Harry dió otro paso, con su corazón latiendo a mil. Sus ojos tenían un leve delineado negro, y se había cambiado la argolla de su boca por uno de dos puntos. El chico elevó la barbilla, a la defensiva. Harry tragó en seco.

—¿El gato te comió la lengua?

—¿Cómo...? —empezó a decir, cada vez más cerca de él. Draco permanecía tenso en su lugar.

—Pues, es bastante fácil, ¿conoces la tintura? Vas a un lugar, y te--

—Cállate —ordenó, y el ojigris cerró la boca de golpe, ofendido. Frunció el ceño.

Harry dió un paso hacia él, y cuando ya lo tuvo lo suficientemente cerca, lo tomó de la camiseta y lo acercó hasta él, besándolo. Subió su mano y la enterró en sus suaves cabellos, ahora compartiendo el rubio brillante con rosado y enredó un mechón entre sus dedos. Draco no respondió en un inicio, sorprendido, pero al cabo de unos segundos, comenzó a besarlo con la misma familiaridad de siempre. Sus dos manos se aferraron a la espalda de Harry y lo atrajo hacia él.

—¿Cómo es jodidamente posible que todo te quede bien? Es ilegal, y es tan estúpidamente caliente que no tienes idea de cuánto quiero sacarte la ropa en éste momento y follarte aquí mismo.

Draco ahogó un suspiro, y lo miró directo a sus ojos. Harry y él nunca habían hecho nada, no de ese calibre. Manteniéndose en nada más que mamadas y del estilo de cosas que no involucraban penetración. Alegaron que querían tomarse todo lento, considerando que era la primera experiencia de Harry en ese ámbito. Ciertamente follaban, pero no de esa forma. El ojiverde depositó un casto beso en sus labios, poniéndose de puntitas para alcanzarlo.

—Puede ser otro día, no hay problema —intentó calmar los ánimos—. Todos estamos agotados hoy —le sonrió.

Draco cerró sus párpados, y lo apretó fuerte. Era lo más parecido a un abrazo que le había dado, al menos totalmente consciente. Él se dejó hacer.

—¿Siempre tienes que ser tan endemoniadamente perfecto? —susurró, devolviéndole el beso—. ¿Siempre tienes que ser tan...diferente?

Algo le daba la impresión que no se refería algo malo. Harry esperaba que no se refiriera a algo malo.

—¿Porque estoy agotado como tú?

Draco sonrió, alejándose suavemente y quitándose la chaqueta. El pelinegro siguió cada uno de sus movimientos, embobado.

—Seh.

Ambos sabían que no era eso a lo que de refería.

Días después, luego de haber dado una entrevista, Harry había atacado a Draco cuando llegaron a casa, empujándolo contra la pared y dándole una mamada que él claramente no se esperaba.

Había sido una mierda, al menos para el moreno. Prácticamente todas las preguntas dirigidas hacia Draco tenían que ver con la super modelo que había besado, a lo que el ojigris por supuesto tuvo que responder entusiasmado, y obviamente, dejando abierto a interpretación del público si estaba con ella o no. Si podrían estar juntos. Había una pequeña audiencia, que gritó como loca cada vez que el tema salía a la luz, y a Harry se le retorcía todo ante eso. ¿Gritarían así, si supieran la verdad? ¿Si la persona de la que Draco hablara así fuese él, y no ella? Lo dudaba. Lo dudaba mucho.

El punto positivo de todo, es que el hecho de que se hubiera teñido el cabello fue un punto ganado en toda la reunión. Los medios se sirvieron de ello, cómo el rosado representaba una burla a todos los rumores. En el programa lo habían alabado, y bueno, Harry pensaba que se lo merecía. Le quedaba tan jodidamente bien.

Terminaron tocando una de las canciones nuevas, y se sorprendieron ante el hecho de que la gente se las sabía. Todo estaba genial, era lo que siempre había querido, siendo reconocidos por la TV, con sus canciones sonando en cada radio. Entonces ¿por qué esa presión en el pecho?

Él y Draco no eran nada. Se lo repetía al menos cuatro veces por día. Era solo sexo, era solo atracción. Se lo habían dejado claro el uno al otro. Draco no tenía novios, y Harry jamás había expresado interés por tener algo más que placer carnal. Eso lo sabían ambos. Entonces, ¿por qué...?

No era capaz de asumir la respuesta.

—¿Por qué tu habitación es el doble de grande que la mayoría de las que he conocido? —preguntó el ojigris una vez que ambos se dieron una ducha, y estaban sentados en su cama, simplemente conversando.

Harry se rascó el cuello, incómodo, dándole un vistazo alrededor. No, no era algo de lo que quería hablar.

—Necesito espacio para mí y mi egocentrismo. Cómo tú siempre dices —intentó bromear, pero las comisuras de su boca se fueron hacia abajo, formando una mueca. Se aclaró la garganta, secándose el cabello con una toalla—. ¿Por qué, has conocido demasiadas habitaciones acaso?

Draco bufó, empujándolo hacia un lado y entendiendo el cambio de tema.

—Idiota —le sacó la lengua, y Harry lo imitó. Hizo una pequeña pausa, desviando la mirada—. Lucía...cómo si la conductora quería conocer la tuya.

El pelinegro frunció el ceño, buscando sus lentes en la mesita de noche y colocándoselos en el puente de su nariz, parpadeando un par de veces.

—¿Huh? ¿De qué hablas?

—La...agh, da igual. Nunca te das cuenta de esas cosas —replicó, levantándose y caminando a paso lento hacia la ventana.

—Si me dí cuenta, Draco. Solo creo que su coqueteo fue profesional. Ya sabes, lo que hacen con todos los invitados —se encogió de hombros, siguiendo con la mirada la línea de su espalda descubierta.

—Si tú lo dices... —dijo, cruzándose de brazos— La verdad me tenían harto con las preguntas de la tal...¿cómo se llamaba?

Ambos sabían que él recordaba perfectamente su nombre.

—Emily —respondió con acidez.

—Emily, sí. Me tenían harto —suspiró, volteándose de nuevo hacia él—. Aparentemente tendré que hacerla mi novia falsa, o salir con ella de nuevo, para que se detengan por un momento.

Algo pesado se instauró en su estómago ante la idea. Tenía razón, tenía toda la razón y él no podía hacer nada para cambiar ese hecho. Desvió la mirada, mientras Draco caminaba de vuelta hasta él.

Se sentó a su lado, y Harry, inevitablemente, volvió a fijarse en su cara. Sus pecas plateadas, y sus mejillas ahuecadas. Su ligera heterocromía, su piercing, su cabello ahora con tinte rosado. Todo en él era perfecto, y era injusto saber que podía tocarlo, pero no tenerlo. Que si eso pasara, todo se iría a la mierda.

Suspiró, inclinándose y dejando un pequeño beso en sus labios.

Era la segunda vez que hacía eso luego de haber estado juntos. Draco no reaccionó muy diferente, se quedó en su lugar, pasmado y tenso, y Harry solo podía pensar que podría ser peor. Que era con lo que se tenía que conformar.

—Bueno, quizás si sea la solución que salgas con la tal Emily —le dijo bajito, encogiéndose de hombros.

Draco se llevó una mano a la boca, y negó, pero suave.

—Si sigues haciendo eso, voy a terminar acostumbrándome.

Harry lo observó, y se lamió los labios, tentado a darle otro. A hacerlo acostumbrarse, a obligarlo a que no quiera que nadie más lo bese. Pero Draco no lo había dicho como algo bueno.

—¿Y es eso algo malo? —preguntó en cambio.

El rubio le dedicó una leve sonrisa, y se acostó de espaldas, mirando el techo. Harry seguía mirándolo a él.

—Créelo o no, lo es.

Fue en forma de broma, pero las cosas no dichas entre ambos colgaban como un puente. Harry sabía que había mucho más detrás de esas palabras, mucho más de lo que cualquiera de los dos podría admitir.

No supo que responder, así que simplemente se tendió a su lado, a una distancia razonable y miró al cielo, en silencio.

Por un buen tiempo, ninguno dijo nada.