—¡Harry!

Draco ingresó a la oscura habitación, corriendo, y el ojiverde vió su figura borrosa acercarse a él, mirándolo desde arriba. Intentó tomar una bocanada de aire, pero no sirvió en lo absoluto.

—Joder... —escuchó cómo murmuraba. Harry cerró los ojos, tratando de rehuir de cualquier sonido y centrarse en su respiración. No estaba funcionando—. Hey, hey, mírame, por favor.

El chico ahora estaba arrodillado frente a él, con la expresión más suave que le había visto jamás, o bueno, lo poco que podía ver. Su pecho se movía de arriba a abajo doliendo, se encontraba tiritando y sentía que podría morir. Literalmente, que en cualquier momento su corazón se detendría.

Ni siquiera tus padres te quisieron. Te abandonaron y murieron. Eran drogadictos, alcohólicos y ahora nos hemos quedado contigo. Deberías agradecer que te acogimos. Deberías agradecer seguir vivo. Eres inútil. No mereces nada.

No eres nada.

—Harry... —sintió su tersa voz lejos, aunque sabía que estaba allí— Harry, puedes hacer esto. Hey, puedes estar aquí.

Unos dedos se posaron sobre su mejilla, sosteniendo su rostro, pero apenas lo sentía. El reloj, necesitaba el reloj, sin el reloj, no podía volver a respirar, no sabía cómo respirar. ¿Cómo marcaba el ritmo? Iba a morir, iba a morir, iba a morir--

El mundo sería mejor si así fuera. Nadie te necesita aquí. A nadie le importaría si dejaras de vivir.

—Okay, Harry. Mírate, estás bien. Yo estoy aquí —la misma voz aterciopelada seguía diciendo, haciéndolo volver un poco más al presente—. Estoy aquí, estoy aquí contigo y lo que sientes está en tu cabeza.

Sintió cómo era jalado hacia adelante, y de un momento a otro, su cabeza estaba descansando en un hombro ajeno, y su pecho, justo en el lugar de su corazón, estaba pegado a otro, en un abrazo fuerte, en medio del piso, y algo incómodo pero a la misma vez reconfortante. Quería decirle algo al hombre, quería agradecerle, quería--

Se va a ir. Se va a ir como todo el mundo porque nadie te soporta, y nadie quiere quedarse a tu lado. Eres inútil. Eres inservible. Acostúmbrate.

—Estoy aquí, Harry —unos dedos se enredaron en su cabello, masajeándolo, con una mano en su espalda—. Y no permitiré que nadie te haga daño. Nunca. Estás a salvo. Conmigo, estás a salvo. ¿Tomas algún medicamento?

Harry, en medio de los temblores, logró negar con la cabeza. La presión en su pecho había disminuido un poco, y sus pensamientos persistían, pero un poco menos claros. Más difusos. La calidez del cuerpo de Draco era abrumadora, y le ayudaba el saber que sí, que efectivamente estaba allí.

—Está bien...está bien, cariño —murmuraba, una y otra vez—. Harry, concéntrate en mí.

No te quiere, no de verdad. Eres una criatura espantosa que no es merecedora de amor.

—Concéntrate en mí. ¿Sientes mi corazón?

Tuvo que hacer un esfuerzo inhumano para poder tener sensaciones en la realidad. Los dedos seguían en su cabello, la voz continuaba en su oído, la mano de dedos largos aún estaba en su espalda, y allí, dónde sus torsos se juntaban, había un latido descontrolado. Asintió una vez.

Estás en el presente. Draco está a tu lado, estás sintiendo su corazón. ¿Cuando antes has sentido su corazón? Estás vivo.

—Bien. Estoy vivo, y soy real. Tú también lo eres. Estás bien. ¿Sientes lo rápido que va? Es por ti —susurró, con calma, totalmente lo contrario a cómo el órgano se movía en su caja torácica—. Respira conmigo, Harry. Eso, sigue mi respiración. Inhala...exhala...sí...

Su pecho subía y bajaba a la misma velocidad que el que estaba pegado al suyo, y los temblores cada vez se hacían menos. Cerró los ojos, apretando con fuerza la frente contra el hueso del hombro de Draco. Odiaba esto, odiaba cuando sucedía. Odiaba que durara tanto. Odiaba sentirse así.

¿De verdad lo odias? U odias el que te despierten. Odias que no te dejen morir de una vez por todas.

—Bien, muy bien. Aquí estoy. No me iré a ningún lado.

Harry comenzó a recobrar sus facultades. Se despegó un poco de su lugar, dándose cuenta de que seguramente el estruendo de él cayéndose de la cama para ir al baño lo había despertado. Tuvo que haber sido un golpe fuerte para eso, y Draco tenía el sueño bastante ligero de todas formas. Suspiró, con el rubio aún murmurando palabras dulces en su oído, los propios latidos de su corazón bajando de intensidad.

Draco está aquí.

—Lo siento... —le dijo bajito.

La opresión en su caja torácica seguía allí. Cerró los ojos, contando hasta diez. Podía respirar, podía respirar. Tenía un latido en algún lugar de su pecho. Draco estaba allí.

El ojigris los separó un poco, cosa de que estuvieran cara a cara, pero Harry no se sentía capaz de abrir sus párpados. No de esa forma. Era una molestia, siempre sería una molestia. No quería verlo reflejado en su rostro.

—No te atrevas a disculparte, Harry Potter —dictaminó, con voz fiera.

Aquello le hizo abrir los ojos contra su voluntad. Sus esferas color plata estaban mirándolo de vuelta, cómo siempre lo hacían con una tarea nueva, o un reto. Con determinación. Draco pasó uno de los mechones que habían caído sobre su frente tras su oreja y suspiró, lento. Harry no sabía qué hacer con esto, porque estaba acostumbrado a que Draco lo mirara, pero no así. No con esa intensidad y concentración, al punto de que ni él se daba cuenta de lo que estaba haciendo.

—¿Quieres hablar de ello? —preguntó con suavidad.

Harry pensó en las quemaduras de su torso, pensó en las cicatrices que tenía, en hablar de quienes se las habían dado. En hablar del sucio y viejo armario. No quería. Negó con la cabeza, un poco mareado. Draco asintió.

—No, no--yo solo...quiero dormir —respondió, inseguro de si estaba bien pedir eso—. ¿Por favor?

El rubio le sonrió.

—Vamos a dormir entonces.

El calor se fue, mientras Draco se ponía de pie. Le extendió la mano, haciendo que Harry la tomara y así ayudarlo a levantarse. Vio alrededor, lo poco que podía ver, y notó cómo las sábanas de su cama estaban todas echadas hacia abajo por su causa. Se encogió en su lugar, incómodo. Esto era peor, era más íntimo que verlo desnudo. El rubio soltó su mano, y se dirigió al colchón, dónde volvió a reacomodar la cama. La abrió, para que Harry se metiera en ella, y se sintió cómo un niño por hacerle caso. Se acomodó, pensando en que mañana no sabría cómo mirarlo a la cara. Que quizás ni siquiera Draco querría volver a tenerlo cerca después de esto.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que otro cuerpo se ubicara a su lado.

Su respiración se cortó, y eso no era bueno, no luego de haber tenido un ataque de pánico. Pero joder, ahí estaba Draco, se estaba acostando a su lado por decisión propia. No lo esperaba. Realmente no.

Quería preguntar el por qué, quería preguntar qué le había hecho hacerlo, pero no podía darse el lujo de arruinar el momento, de no disfrutar el hecho de tenerlo allí, a su lado. No era algo que tenía cada día.

Draco en un principio estaba claramente fuera de su zona de confort, así que permanecieron un buen rato nada más tendidos al lado del otro, mirando al techo con respiraciones más niveladas, pero luego, un brazo delgado se metió por atrás de su espalda, y el otro lo envolvió, en un abrazo. Harry sentía que en cualquier momento sus latidos volverían a descontrolarse. Un abrazo. Le estaba dando un abrazo.

Se giró para encararlo, y descubrió que Draco lo estaba mirando. Quizás nunca había parado de hacerlo. Frente a frente, Harry se acercó más a él, hasta el punto en que lo único que detenía que se tocaran por completo eran sus narices. La luz de la acera siendo lo único que iluminaba la habitación, y los mechones rubios con rosa esparcidos por su almohada.

Se sentía bien. Se sentía completo.

Intentó dormir, pero las emociones le sobrepasaban. Esto era casi sacado de un sueño.

Trató de hacer todo lo posible de desechar los pensamientos que le decían que no era real, que era por lástima. Necesitaba que ese momento fuera perfecto.

—Gracias... —dijo, al cabo de un rato, incapaz de decir algo más.

Draco, quién había cerrado los ojos, volvió a abrirlos. Estaba sereno--bueno, él nunca se encontraba intranquilo, pero había un nuevo elemento en esa serenidad con la que podría embriagarse.

—No hay nada que agradecer —respondió, con calma.

El rubio subió su cabeza, y depositó un casto beso en su frente, para luego pasar sus dedos en su cabello, jugando con él. Harry se acurrucó aún más, rozando sus narices, queriendo sentir eso por siempre. Era nuevo, refrescante y lo hacía sentir mejor. Solo el hecho de respirar su aroma, de sentir su tacto le hacía sentir que el mundo podría haber sido creado bajo sus dedos.

Recordó un tiempo donde no tenía a nadie a quién llamar. Dónde nadie sabría entenderlo. Ahora lo había, ahora alguien por fin podía comprenderlo, ayudarlo, hacerlo sentir mejor. Por mucho que no quisiera, Draco era especial para Harry. No había punto en mentirse más. Era especial.

Y eso ni él ni nadie se lo iba a poder quitar.

—Estoy tan feliz de que estés aquí —murmuró Harry encima de su piel.

Sintió cómo el ojigris tembló, y su cuerpo se tensó, pero fue solo un momento. Simplemente lo aferró más fuerte, dándole un corto beso en los labios, uno que Harry apenas sintió.

—Y yo estoy feliz de estarlo —bostezó, diciendo con aire somnoliento.

Algo cálido pasó por su sistema, y decidió no cuestionarse las palabras. Solo las aceptó. El mundo era mejor al lado de Draco, y él también estaba feliz de estar a su lado.

Al menos estaban de acuerdo en algo.

El día siguiente, se despertó bajo una mirada de ojos grises.

Draco tenía los párpados entrecerrados y pestañeaba un par de veces, para acostumbrarse a la luz. Harry bostezó, levantando la cabeza para saber qué hora marcaba el reloj de la pared. 11:16 a.m.

—Buenos días —suspiró, frotando sus ojos.

Estiró su brazo por encima del cuerpo del rubio para alcanzar sus lentes encima de la mesita de noche y se los puso, parpadeando. Draco continuaba con su cabeza pegada a la almohada, desorientado, los ojos hinchados y el sol entrando por la ventana atrás de ellos hizo que el rosa brillara más. Pensó, por un momento, que esa era la imagen que quería ver por el resto de sus días. Verlo despertar.

Entonces, el ojigris pareció caer en cuenta de dónde estaba.

—No —le dijo Harry, negando. Él lo miró confundido—. No es necesario que te vayas. Podemos desayunar aquí —Draco continuaba en silencio. Le dedicó una sonrisa débil—. Si quieres.

El rubio se apoyó en sus palmas y se sentó, con las sábanas deslizándose hacia abajo. Miró la habitación, cómo si buscara indicios de algo. Harry por primera vez recordó lo que había pasado ayer, por qué realmente estaba allí. Se arrepintió un poco por haberlo invitado.

—Está bien —respondió, lento. Sus propios hombros bajaron, relajándose. Draco volvió su vista hasta él y elevó una ceja, agregando con tinte altanero:—. Quiero té, del nuevo, y mermelada.

Harry soltó un respiro de risa, y negó, levantándose también. Se puso un par de calcetines, emprendiendo camino a la cocina.

—Increíble —murmuró—. Ya vuelvo, Su Majestad.

—¡Pan tostado también! —gritó Draco desde la habitación.

Con una gran sonrisa en la cara, que ni siquiera notó que traía, hizo el desayuno cantando. No era la voz de Draco, pero hey, tan mal no estaba. Puso todo en una bandeja y lo llevó, incapaz de deshacer el pensamiento de que esto significaba algo más.

O él esperaba que significara algo más.

—¿Has estado escribiendo algo últimamente? —escuchó cómo decía el rubio cuando entró a la habitación de nuevo.

Harry lo buscó con la mirada. Estaba en su escritorio, a un lado de su cuadernillo por dónde pasaba sus dedos con suavidad.

—Nah —respondió, dejando la bandeja en la cama—. Dudo que saquemos una canción nueva.

Se sentó, tomando de inmediato la taza de su té y dándole un sorbo, para probar si necesitaba azúcar. Draco odiaba que se sirviera con azúcar, vaya a saber en nombre de los ricos por qué. Miró hacia arriba, encontrando al chico parado a un lado de su cama, viéndolo.

—¿Qué?

—¿Escribes para la banda? —cuestionó, tomando asiento en el otro extremo.

Harry tomó una de las tostadas y la untó, encogiéndose de hombros.

—Pues, ¿sí?

—Me refiero a que si lo haces solo por eso. ¿No escribes, no sé...para ti?

El ojiverde comenzó a bajar gradualmente la velocidad de sus mordiscos y lo miró, pensando. Por supuesto que lo hacía, siempre lo había hecho. Cuando despertaba y tenía ataques, por ejemplo, pero hacía un buen tiempo que no escribía nada por gusto, por él, para él. Todo lo que había hecho por los últimos dos meses, mínimo, había sido comercializado. Tragó, limpiándose la boca con la manga.

—Supongo que no he tenido inspiración últimamente —contestó al final.

Draco lo miró unos segundos, pero no presionó. Se acercó a la bandeja, tomando su taza y le dió un sorbo, alejándola y arrugando la nariz. Se veía malditamente adorable cuando hacía eso.

—¿Qué te dije del té nuevo? —se quejó, dejándolo encima de la bandeja—. Todo lo tengo que hacer yo.

Harry frunció el ceño. Él recordaba perfectamente haber servido de ese. ¿Se habría equivocado? Se rascó la cabeza, mirando hacia abajo.

—Hey, estoy bromea--

—Oh —levantó su propia taza—. Creo que me equivoqué y aquí está tu té —dirgió su mirada al rubio—, ¿upsi?

Draco bufó, arrebatándole la taza y dándole un mordisco a su tostada.

—Agradece que hoy me levanté piadoso.

Harry sonrió, tomando el té que el rubio había dejado en la bandeja. Cuando vio que éste se iba a llevar el suyo a los labios, lo detuvo.

—Hey, ¡pero eso tiene mi saliva! ¿No te da asco? —lo molestó.

Draco paró, asustado en un inicio, y luego le frunció el ceño, sacándole el dedo medio.

—Eres un idiota, y no tengo idea de por qué me molesto en compartir mi tiempo contigo.

—Porque soy lindo.

—Ah, sí. Eso.

Harry ocultó su sonrisa tras su taza y vio el reloj. 11:32 a.m.

Ese día debían ensayar para una tocata de bandas que tendrían el Viernes, así que no podían llegar tarde. Sería la primera vez que tocarían sus nuevas canciones en vivo y todo debía salir perfecto. Bueno, con Draco de vocalista que hubieran errores era básicamente imposible, pero de que se necesitaba ensayo, se necesitaba ensayo.

—Así que... —dijo Draco, haciéndolo volver a la realidad. Oh, Harry sabía lo que se venía. Se preparó mentalmente, sin querer hablar del tema realmente— Ayer dijiste que no tomabas pastillas.

Harry suspiró, dejando la taza encima de la bandeja y subiendo sus lentes de vuelta al puente de su nariz, empezando a tamborilear su pierna con sus dedos.

—No. De hecho, no tenía idea de que existían —hizo una pequeña pausa, para volver a mirarlo—. ¿Tú...tomas?

—Seh —respondió Draco, removiéndose—. Deberías ir al psiquiatra, la verdad sirven bastante.

No, gracias. A Harry no le gustaba la idea de ir a psicólogos, psiquiatras y esas mierdas. Pero no lo dijo, simplemente sonrió, tratando de buscar una escapatoria. ¿Draco podría entender eso?

—Tú--la noche que peleamos...

—¿Cuál de todas? —interrumpió Draco, bufando.

—Touché —se sacudió el cabello, buscando las palabras—. Eh...a ti, ¿te pasa siempre?

El rubio se terminó su té, dejando la taza vacía a un lado de la del moreno y se enrolló en sí mismo, abrazando sus piernas y apoyando la barbilla en una de las rodillas.

—No siempre... —se encogió de hombros— Antes me pasaba más seguido. Ahora suele ser cuando bebo, más que nada.

Harry juntó las piezas en su cabeza y lo miró con el entrecejo junto. Estuvo a punto de cruzarse de brazos.

—¿Es porque las mezclas con eso?

Draco no respondió en un inicio, pero luego le dedicó una débil sonrisa y ladeó la cabeza.

—Eres tan lindo cuando tratas de descubrir cosas por tu cuenta —respondió.

—Creo que ya habíamos establecido que era lindo —respondió Harry aún con el ceño fruncido—. Pero eso no fue lo que pregun--

—Tan lindo.

Resopló y casi rodó los ojos, volviendo a tomar su té.

—Okay, cambio de tema. Lo capto —le dijo, y Draco se relajó visiblemente. No sabía cómo eso le hacía sentir. Se aclaró la garganta—. ¿Aún te da nervios pensar en tocar en público?

Draco lo pensó, rascándose una ceja. Una vez que terminaran de comer, debían salir de la cama, e irse. Pero Harry quería alargar ese momento para siempre, quería que cada día hubieran desayunos en la cama y no preocuparse de tomar distancia. No quería tomar distancia.

—Un poco —se encogió de hombros—. Siento que ya me he acostumbrado. Sería peor, no sé, cantar solo frente a una persona que un montón.

El ojiverde rió en confusión.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque es... más privado. Los errores se notan más. En frente de un gran público hay demasiado ruido.

—Yo jamás podría encontrar un error en tu voz —dijo Harry simplemente, y las mejillas de Draco se tiñeron de un leve rosa—. Aw, no sabía que eras tan humilde.

—Idiota.

—Me has dicho eso antes también —vió lo que Draco estaba haciendo con su mano y le levantó el dedo índice con ímpetu—. No te atrevas a tirarme una tostada.

—No me tientes.

Harry le sacó la lengua, terminando de echarse el último bocado y analizando por fin lo que estaba pasando. Ellos, ellos que siempre, (o casi siempre al menos), que compartían durante el día de forma normal, pretendían que la otra parte, la parte en la que se besaban o estaban juntos, no existía, ahora estaban allí. En la cama de Harry, luego de haber dormido abrazados, y luego de que Draco lo haya ayudado. Tomando desayuno, cómo si fuera algo usual.

—¿Esto es raro para ti? —preguntó el rubio, sacándolo de sus pensamientos. Aquella postura poco natural de hace unos minutos había vuelto, evitando su mirada—. Ya sabes--

—No —interrumpió Harry, y la expresión de Draco cambió a una imperceptible. Se apresuró en aclarar:—. Ya sabes, no encuentro diferencia en esto a separarnos y tomar desayuno en la cocina. Es básicamente lo mismo.

Draco se removió en su lugar y suspiró.

—Seh —sus ojos se posaron en el reloj de la pared y comenzó a contar con sus dedos—. ¿A qué hora tenemos que estar en el estudio?

Harry sonrió.

—¿Cuentas con los dedos?

—No voy a repetir mi pregunta.

Él rodó los ojos, sin borrar su sonrisa, y miró la hora también. 11:42 a.m. Se encogió de hombros.

—Dijeron que debíamos llegar antes de la 1:30.

El rubio esbozó una sonrisa ladina y se lamió los labios. Era un simple gesto, y sentía que estaba a sus pies. ¿Cómo carajos era eso posible?

—¿Te apetece acompañarme a una ducha?

Harry nunca se había levantado de la cama tan rápido.

El concierto no fue nada más distinto a como otros en los que habían tocado antes. Draco se ganaba a la gente, lo conocieran o no. Y Harry no era capaz de sacarle los ojos encima, incluso cuando se supone que debía estar concentrado en su instrumento.

Aunque quizás, no era solo por lo talentoso que era Draco, si no por las cosas que hacía, que él no se esperaba. Porque como dijo, el concierto no fue nada más distinto a otros habían tenido, no, lo distinto fue antes de él.

Ellos tenían un acuerdo implícito de no llevar "eso" a cosas cotidianas, o a afuera del apartamento. Por consiguiente, estaba aún más fuera de límites apenas insinuarlo cuando estaban con la banda. La primera vez que se rompió esa regla, fue la noche de la disco, cuando Harry lo apresó en los baños. Aunque ambos llegaron a la conclusión de que era aceptable por las circunstancias del momento, el no haberse tocado por días. Pero allí, ese día...ese día habían follado antes de ir hasta allá, para liberar tensiones, según ellos. Así que no había explicación, no había excusa para faltar a su regla.

Para que Draco lo haya besado en los camerinos.

Hermione estaba trabajando en su alborotado cabello. Dando los toques finales, mientras Harry se quejaba.

—Quédate quieto —lo regañó, pasando todo su pelo hacia un lado—. No sé qué hacer con este nido.

—¡Hey! —Harry arrugó la nariz, haciendo que los lentes encima de su nariz se movieran—. Es mi rasgo más destacable.

—Tu rasgo más destacable son tus ojos. Realmente deberías considerar lentes de contacto, Harry —replicó ella.

—Gracias a Dios alguien más está de mi lado en esto —una tercera voz se unió—. Dile, dile por favor que bote esas cosas horribles y que le dé una oportunidad a algo que no le cubra la mitad de la cara.

Draco se paró a un lado de Hermione, haciéndola reír, y a Harry perder el aliento.

Usaba una polera sin mangas blanca, pero exagerado, descubriendo hasta sus costillas. Tenía una camisa de cuadros roja amarrada a la cadera y unos jeans negros rotos. Aquel delineado de siempre y su aro adornando su rostro. Su cabello estaba suelto, y despeinado, pero Harry lo conocía bien, estaba de esa forma a propósito. La bandana que usualmente ocuparía para ayudarlo a mantener la cara despejada estaba amarrada a su muñeca, terminando el look con sus uñas pintadas de negro. Joder.

—...y me dijo que si yo se los compraba, que estaría encantado. Pero ahora puede hacerlo él.

Parpadeó, viendo cómo Hermione terminaba de descubrir su frente, echando todo su cabello a un lado mientras hablaba con Draco. Había estado mirándolo como un idiota quien sabe por cuánto tiempo, Dios. Se sonrojó, negando.

—¿Oíste, Potter? —Draco le dijo con diversión. ¿Se había dado cuenta? Esperaba que no se hubiese dado cuenta—. No seas tacaño y hazte un favor a ti mismo.

Harry le frunció el ceño, aún avergonzado, y alzó la barbilla.

—Haré lo que me dé la puta gana.

—Uy, amargado —tanteó Draco y Hermione se alejó, contemplando su obra, aplaudiendo mientras lo miraba—. Quién lo diría, Potter, con un par de manos milagrosas ese cabello puede lucir medianamente decente.

Se cruzó de brazos, mientras su amiga le daba un leve empujón al rubio en forma de amonestación. Él sonrió, dando un paso más cerca de Harry.

—Okay, en cinco deben salir —se despidió, moviéndose al siguiente que necesitara su ayuda—. Terminen de hacer lo que tengan que hacer y vamos.

Ambos asintieron, quedándose solos. Harry continuó con su expresión molesta y Draco con la petulante.

—Dijiste que te gustaba mi cabello —le recriminó, formando un leve puchero.

—¿Estás haciendo pucheros, Potter? —se burló Draco, frente a él.

—No.

—Oh, yo creo que sí —pasó la lengua por sus dientes delanteros, y Harry estuvo a punto de tirársele encima por esa simple acción. Se inclinó hacia adelante, bajando la voz—. Me gusta tu cabello alborotado, no me mal interpretes. Solo en ocasiones un tanto distintas a esta.

Le guiñó un ojo, volteándose al espejo frente a ellos. Harry tragó en seco, intentando que su mente no se fuera a lugares que no correspondían e imitó su acción viendo su reflejo.

Realmente se veía...aceptable. O bueno, mejor que el promedio del resto de los días. Todo su cabello estaba echado hacia su lado izquierdo, mostrando su larga cicatriz de la frente que Hermione había rellenado con algo de brillo, muy en contra de su voluntad, cabía acotar. Aunque se veía bien, si era completamente sincero, la luz hacía parecer que la forma de rayo brilaba paulatinamente según se movía. Por primera vez, no le molestaba tanto cómo la había recibido.

Sus lentes estaban poco más abajo del puente, por lo que si miraba hacia arriba, cómo claramente debía hacerlo cuando estaba hablando con Draco o cuando quería verle, sus ojos se verían por encima del cristal.

Atrapó el reflejo del rubio en el espejo, que tenía una ceja levantada.

—¿Nunca has pensado en ponerte algo de negro en esos ojos mortales tuyos?

Harry no sabía cómo podía sobrevivir a esas palabras para contarlo. Negó, sin saber si la voz le funcionaría si trataba de hablar.

—Deberías intentarlo. ¿Quieres intentarlo?

El moreno se aclaró la garganta, pero fue interrumpido antes de poder responder.

—¡Draco, Harry! —Hermione los llamó desde atrás. Ambos miraron por encima de su hombro, viendo cómo todos estaban saliendo y la castaña los estaba esperando solo a ellos— ¡Vamos!

Harry empezó a moverse, pero Draco lo sostuvo del brazo de forma disimulada y le sonrió a la chica.

—De inmediato. Éste idiota quiere probar delineado en los ojos —se excusó, haciendo que él lo mirara confundido—. Será un segundo.

—Bien. Uno —Hermione accedió, saliendo del lugar—. Si se demoran les voy a cortar las--

Su voz se perdió por el amortiguado de las paredes y ambos se quedaron solos, mirándose nada más que el uno al otro. Draco dio un paso hacia él, acortando la distancia.

—Puede ser realmente agresiva cuando se lo propone, ¿huh? —dijo el rubio.

—Nunca te dije que quería delinearme los ojos —expresó Harry su duda en voz alta.

Draco sonrió, tomando los costados de su cara entre sus manos llenas de anillos y se acercó hasta él, rozando sus narices. El corazón del moreno iba como loco. Esto era nuevo, y necesitaba que lo hiciera, necesitaba que esto pasara siempre, que lo besara antes de salir allí fuera, que estuviese ahí--

—Cállate —habló sobre su boca—. Odio que tengas que pararte ahí, a mi lado, y lucir así y--

—¿Quién es el que no se calla ahora?

Draco mordió su labio, negando con la cabeza y arrancándole un pequeño jadeo.

—Insoportable.

Entonces, lo besó.

Harry tuvo que subir un poco en sus pies para poder profundizar el beso, y se aferró a sus caderas, juntando sus cuerpos. Podía entrar alguien, podía volver Hermione, y eso de alguna forma hacia todo mucho más adrenalínico. Draco lo besaba con suavidad y lentitud, como si poseyeran todo el tiempo existente, y no tuvieran que darle cara al mundo en un par de minutos. Harry soltó un suspiro, separándose en busca de aire.

—Podría vivir solo de tus besos —murmuró, de forma inconsciente.

Draco se alejó también, y Harry se dio cuenta de lo que había dicho. Comenzó a entrar en pánico, mientras la mirada gris recorría su rostro. Joder, ¿siempre debía arruinar todo? Abrió la boca para decir algo, cualquier cosa, pero no podía pensar en una excusa lo suficientemente buena.

Pero Draco no lo dejó, sorprendiéndolo. Porque no dijo nada, no respondió, simplemente volvió a besarlo.

Y eso tal vez era una respuesta en sí misma.

Una vez que salieron del camerino, tratando de calmar su respiración agitada, vio que Ron se había quedado atrás de todos, esperándolos apoyado en una pared. Draco se tensó un momento, pero no lo demostró, y asintió en su dirección, siguiendo su camino. Harry por un momento se sintió cómo un infante siendo descubierto en una travesura. Pero no podía ser, ¿verdad? El pelirrojo lo miró con los ojos entrecerrados, dando un paso a él.

—¿Sigues siendo mi mejor amigo, verdad? —le preguntó con sospecha.

Algo en su interior se llenó con alivio, y casi rió por la situación. Pasó un brazo por encima de los hombros de Ron, caminando por el pasillo y viendo la espalda de Draco unos metros adelante.

—Siempre.

Harry dejó caer su cabeza en el respaldo del asiento, con su estómago rugiendo por el hambre y la televisión sonando de fondo.

—No pienso comer en el sillón, Potter.

El moreno bufó, ladeando la cabeza y viendo cómo Draco dejaba la comida que habían ordenado por teléfono en la encimera de la cocina, y comenzaba a buscar platos.

—Lo has hecho otras veces.

—Otras veces estaba de mejor humor. Ven aquí.

Harry se quejó, pero se terminó levantando de igual forma, mirando cómo en el noticiero estaban pasando un informe especial de la tarde. Draco dejó los cubiertos y se sentó, sin esperar a que el azabache lo imitara.

—¿Curry? —preguntó Harry una vez que estuvo a su lado, y veía el contenido de los distintos recipientes de comida india—. Odias el curry.

Draco se limpió con una servilleta, retirando sus ojos del televisor para posarlos en él.

—Sé que es tu favorito. Al igual que la pizza de pepperoni.

Algo cálido se expandió por su pecho, al igual que siempre lo hacía que no se esperaba ese tipo de cosas. Era estúpido, totalmente estúpido, él también sabía que la comida Thai era su preferida, aunque nunca lo haya mencionado, cómo él con el curry. Pero era lindo saber que sí ponía atención a los detalles. Se aclaró la garganta, comenzando a servirse.

—...siguen luchando por la ley de Acto de Reconocimiento de Género en el Reino Unido, muy a pesar del lado conservador de la sociedad y del Parlamento...

La atención de Draco se desvió a la pantalla, completamente pendiente de lo que sea que estuvieran diciendo. Harry intentó entender, pero la verdad eran palabras que no tenían mucho sentido en su cabeza.

—...aseguran que no es un asunto urgente, y que no está entre sus prioridades hasta unos buenos años más. Pero ya entrados en éste nuevo siglo, hay gente que asegura que la comunidad LGBT y los trans...

—Jodidos idiotas —Draco murmuró con el ceño fruncido.

Harry ladeó la cabeza para poder ver mejor. En la pantalla habían un montón de imágenes de gente vestida de colores distintos, estrafalarios y con carteles que marchaban por distintas avenidas y calles.

—¿Qué? —preguntó Harry— ¿Es muy importante?

Draco devolvió la vista a él con incredulidad, dejando el tenedor en el aire.

—¿No sabes de qué están hablando?

—Uhm...

—Oh, okay —dió un hondo respiro—. Termina eso y vístete, vamos a salir.

Harry arrugó el entrecejo, y lo miró sin entender.

—¿Qué?

—Eres queer, Potter. Eres queer y no entiendes la importancia de los derechos de la gente trans. Vamos a salir —dictaminó él.

—¿Soy...queer? —preguntó Harry con cautela.

Draco entrecerró los ojos.

—Bueno, hetero no eres, ¿no? No cuando ayer tenías mi polla hasta--

—¡Bien! —levantó las manos, sonrojado— Bien, entiendo.

El rubio sonrió y le guiñó un ojo.

—Así me gusta.

Aún no eran siquiera las 8 p.m, por lo que después de lavar los platos y cada uno perderse en su habitación, Harry se dió una pequeña ducha y se puso...cualquier cosa. Draco no le había dicho dónde irían.

Agitó su cabello y se miró en el espejo. Lo usual, chaqueta denim, ropa completamente negra y sus botas, dió una vuelta, mientras la puerta de su cuarto sonaba y delataba que Draco había entrado, probablemente buscándolo.

—¡En el baño! —exclamó, acomodando sus gafas.

El rubio asomó la cabeza por el umbral y sonrió, examinando su look.

—¿Por qué parece que vas al funeral de la familia Adams?

Harry le sacó el dedo de al medio, y Draco rió, ingresando a la habitación y pasándose a su lado, con un pequeño bolso en sus manos. El moreno lo miró. Usaba ropa un poco más brillante, pero nada estrafalario. Aunque, bueno, viniendo de Draco eso era bastante poco usual.

—¿Qué es eso? —apuntó con su barbilla al bolso.

El ojigris le dedicó una sonrisa inocente y lo levantó.

—Oh, ¿esto? —pestañeó repetidas veces—. Esto...

—Draco--

—¿Qué opinas de dejarme delinear tus ojos?

Harry bufó, y se cruzó de brazos.

—¿Qué clase de fetiche tienes con hacerme eso?

Draco le guiñó el ojo, dándole un toque a la punta de su nariz para molestarlo.

—Yo solo creo que se te vería lindo, y yo nunca me equivoco.

Harry elevó las cejas, y asintió, cómo si Draco estuviese hablando estupideces. Recibió un empujón.

—Violento —dijo, haciendo un puchero—. En todo caso, ¿a dónde vamos que tenemos permitido salir con delineador a las calles de Londres? ¿A dónde me llevas?

—Ya lo verás —respondió, y apuntó con la cabeza al inodoro— ¿Me dejas? —preguntó, haciendo gala de una ternura que Harry sabía bien que no poeseía.

Pero no podía negarle nada a esos ojos grises.

Soltó un largo suspiro de exasperación y tomó asiento, quitándose los lentes. Draco sonrió en un gesto de victoria y se paró frente a él, abriendo el pequeño estuche y sacando un lápiz negro que Harry suponía era el que él usaba cuando tenían conciertos.

—Cierra tus ojos —ordenó bajo.

Obedeció. Draco comenzó a pasar la suave punta del lápiz en su párpado, creando una línea más o menos gruesa que terminaba justo donde su ojo acababa. Lo hacía con precisión, y no lo regañaba porque su párpado se movía involuntariamente como lo hacía Ginny o Hermione. Tenía una mano puesta en su costado, y la otra sujetando el delineador. Harry suspiró, sintiendo el olor de su jabón entrando por sus fosas nasales.

Justo cuando estaba terminando su ojo izquierdo, sintió cómo Draco se inclinaba y dejaba un leve beso en sus labios. Tan leve, que apenas lo sintió, si no fuera por el movimiento de su cuerpo moviéndose hacia abajo. Su corazón dió un vuelco y abrió sus párpados para encontrar al rubio mirándolo con una gran sonrisa.

—Oh, joder. Mírate...

Harry correspondió su sonrisa, pero no se levantó, en cambio, aprovechó la posición en la que estaban para agarrar a Draco por los muslos y tirarlo en algo parecido a un abrazo, con su cara quedando en su estómago, haciéndole perder el equilibrio.

—¡Me vas a botar! —le gritó, pero la sonrisa era clara en su voz.

—¿No lo sabías? Ese fue mi plan desde el inicio.

Draco logró zafarse del agarre y Harry rió, levantándose mientras se colocaba los anteojos y el rubio lo miraba con ojos acusatorios en el umbral, alejado. Se observó en el espejo. No se veía mal, en lo absoluto, incluso tras el cristal podía ver la intensidad de su mirada verde gracias al negro, que ayudaba a crear contraste. Draco había vuelto a su rostro neutral y serio, pero él podía notar que estaba orgulloso de su obra.

—Espera aquí —dijo, antes de abandonar la habitación.

Harry se pasó las manos por la cara, y se frotó los ojos, para luego recordar que acababa de aplicarse maquillaje en ellos. Los abrió rápidamente, y descubrió que solo se había corrido un poco, así que procedió a limpiarse con desesperación antes de que Draco volviera. Joder, ¿cuánto había durado?

—Voy a adivinar: se te olvidó que tenías los ojos pintados —una voz a sus espaldas lo hizo desviar la mirada, y Harry le dedicó una sonrisa inocente—. Era obvio. Suerte que no fue nada terrible.

El moreno se alejó del espejo, girándose hacia él. Draco le pasó un objeto que cuando tomó, descubrió que era un antifaz. Un antifaz de color plata que cubriría desde su frente hasta la mitad de su rostro. Frunció el ceño.

—¿Y esto...? —comenzó a preguntar, pero fue interrumpido.

—Es día de antifaces —el rubio le dió una mirada a sus lentes—. Supongo que tendré que ser tus ojos y ayudarte a ver de lejos.

Harry volteó el antifaz, detallando la forma. ¿Adónde demonios iban?

—¿Tengo que usar esto? —preguntó, viéndolo. Draco asintió enérgicamente—. ¿Entonces para que querías ponerme toda esa sombra negra si no se me van a ver los ojos?

—Tú mismo dijiste que tenía un fetiche —canturreó, tomando su propia máscara y echándola al bolsillo de su chaqueta roja—. Ahora, vamos —finalizó, tomándolo de la muñeca y arrastrándolo hacia afuera.

Él no desaprovechó la oportunidad, y entrelazó sus dedos, que no se soltaron hasta que llegaron a la calle y tomaron un taxi. Si fuese más ingenuo hubiera creído que Draco no se dió cuenta del gesto, pero si la pequeña sonrisa que no borró significaba algo, Harry quería que tuviese que ver con eso. Así que se relajó, dejando que lo llevara donde quisiera.

Ni en un millón de año pensó que sería al mismo club dónde había estado semanas atrás.

Se pusieron en la fila, y Draco se abrazó a sí mismo, con el antifaz puesto como el resto del mundo. Harry también, por supuesto. A falta de lentes le dificultaba ver a lo lejos, pero al menos las cosas que estaban cerca eran claras.

—Así que...¿qué tiene que ver esta salida con la noticia de la TV? —preguntó, mirando cómo la larga fila era nada más que un borrón.

—Solo creo que debes ver la diversidad con tus propios ojos. La gente trans es un sector muy oprimido de la comunidad, y si te lo explico estoy seguro que, o no me entenderás, o tendrás una idea errónea. Pero básicamente, lo que quieren es liberarse, ser reconocidos como el género que realmente son y no con el que nacieron. ¿Entiendes?

La verdad solo lo hacía un poco.

—Eh...

—No tienen permitido cambiar sus nombres, tienen que ir por la vida con una identidad que no les corresponde. ¿Comprendes? Es como si tú te vieras obligado a ser llamado Harriet durante toda tu vida sabiendo que eres hombre, y que legalmente seguirán tratándote cómo les dé la gana. Tienes que ver con tus propios ojos lo felices que son, lo libres que son cuando son tratados como corresponde, y entender que lo mínimo que merecen es sentirse así por siempre.

Bueno, eso era un poco más claro.

—¿Por qué no dejan que se cambien el nombre...? —Harry expresó su duda en voz alta— Digo, es solo un nombre.

—Vaya a saber Dios porqué —respondió Draco con acidez—. La gente no entiende que por darle más derechos a ciertos sectores de la sociedad no les van a quitar los suyos. Y eso que Inglaterra es una de las naciones de más "mente abierta", eh —dijo haciendo comillas con los dedos, mientras avanzaba—. No quiero ni imaginar cómo debe ser en otros lugares. Quizás a los ojos de los demás, es una realidad que ni siquiera existe.

A Harry se le revolvió algo en el estómago al pensar en eso. Sonaba horrible, y no podía comprenderlo. Se sintió mal al haber ignorado todas esas cosas durante años cuando estaban frente a él. Quizás también fue parte del problema, al hacer oídos sordos.

—Así que...estoy aquí para ver diversidad —dictaminó el moreno.

—Así es —asintió Draco—. Y bueno, porque quería salir contigo a un bar gay. Necesito ver tu primera reacción.

Harry se rascó la parte posterior del cuello, incómodo.

—Sí, sobre eso--

—Siguiente —la voz del mismo hombre que lo había atendido aquella vez hace unos meses habló, interrumpiendo su charla—. Hey, bombones.

Entonces estuvieron dentro.

Las mismas luces lo recibieron, solo que ahora por obvias razones las veía con menos claridad. La gente yendo de acá para allá, hombres bailando, unas cuantas mujeres. Gente con vestidos, tacones, gritando y cantando. Draco tenía una leve sonrisa que Harry correspondió solo por verla en su rostro. Era impresionante, no tanto como la primera vez, dónde todo había sido demasiado abrumador como para quedarse, pero seguía siéndolo.

El rubio lo tomó del brazo y lo llevó hasta el bar, inclinándose sobre el mostrador y dándole un vistazo a los tragos.

—Creo que deberíamos empezar con shots —dijo Draco, asintiendo.

Harry arrugó la nariz pensando en lo fuerte del sabor.

—Pero--

—Ah, ah —negó él—. No quiero escuchar ningún argumento de ancianos. ¡Siempre te veo tomar cerveza! Dale una oportunidad a los pobres shots.

El moreno bufó.

—Bien —accedió.

—¡Sí! —Draco alzó un brazo en señal de victoria que lo hizo reír, y llamó al bartender—. Dos shots de tequila, por favor.

El hombre, que tenía la cara llena de brillos y labial, dejó los dos vasitos encima de la mesa con un poco de sal, y limón, guiñándoles un ojo. Harry tomó el suyo, echando un poco de sal en el dorso de su mano y el limón en la otra. Draco lo imitó.

—A la cuenta de tres —comenzó—. Uno...dos...¡tres!

Lamió la sal y luego el líquido bajó por su garganta, quemándolo, para dar paso a morder el limón. Arrugó el gesto, viendo cómo Draco hacía lo mismo y tosió.

—Eso fue horrible —dijo Harry con la voz áspera.

El rubio sonrió, dejando el vaso encima y tirándolo del brazo de nuevo.

—Cobarde. Ven, vamos a bailar —pidió.

Ver a Draco animado e hiperactivo era todo un acontecimiento. No recordaba haberlo presenciado jamás. Era lo más parecido a lo que veía en el escenario, con sus pasos apresurados y una sonrisa juguetona en la boca. Algunos hombres lo devoraban con la mirada mientras pasaban, al menos los que él podía ver; pero extrañamente, no le molestó como debería, al contrario, lo hacía sentir orgulloso de alguna forma. Porque Harry lo tenía, Harry podía besarlo. Así que que miraran, podía entenderlos mejor que nadie. Incluso podía compadecerse de ellos.

Él sabía perfectamente lo que era desear a Draco y no poder tenerlo.

No fue hasta que llegaron al medio, y sintió las manos del rubio en sus caderas que cayó en cuenta de lo que iba a suceder. El ritmo de la música retumbaba en sus oídos, y la gente a su alrededor se movía, pegados el uno al otro y saltando. Iba a bailar con Draco. Nunca pensó en eso, nunca se le había pasado siquiera por la mente porque era algo totalmente imposible, ¿no? Jamás pensó que lo que ellos tenían superara las paredes de su apartamento, y sin embargo allí estaban.

De pronto, se le olvidó cómo se supone que debía mover las extremidades.

—¿Asustado, Potter? —tanteó terreno el rubio, acercándose hasta él y hablando en su oído, mientras dejaba un pequeño beso allí.

Harry tragó en seco, subiendo las manos a los costados de su cara y ganando valor para darle un beso, para poder soltarse.

—Te gustaría.

Y entonces, comenzaron a bailar.

Draco se movía encima de él, frotando sus caderas en las suyas y cantando. Harry debía seguirle el ritmo, muy a su pesar, tratando de centrarse en lo que estaba sucediendo y no en que quizás no lo estaba haciendo del todo bien.

Se besaron, rieron, bailaron, cantaron, se movieron por la pista aterrizando en diferentes lugares y sudaron, con alegría. Desde hacía un buen tiempo que Harry no se sentía así, libre, y con la mente despejada.

Al cabo de, al menos, una hora, Draco los llevó hasta unas cabinas con mesas, dónde se arrojó en el asiento, pidiéndole al chico que estaba tomando las órdenes dos vodka con vaya a saber qué.

—Eso fue toda una experiencia... —se burló, subiendo las cejas y una sonrisa ladina—. ¿Qué dirían los medios si supieran de esto?

Los ojos de Draco seguían viéndose potentes incluso con el antifaz puesto, las luces de colores ocasionalmente golpeando su cara.

—No creo que sienta mis pies mañana —se quejó Harry, arrugando la frente aunque no pudiera verla.

—Llorón —le sacó la lengua el chico, en el mismo momento que las bebidas llegaban—. Ten, bon appetit.

—Eso es "buen apetito" y no vamos a comer —lo molestó.

—Shh —Draco le puso un dedo en los labios—. He sido buena persona hoy, no arruines eso.

Harry tomó su propio vaso y le dio un sorbo, mientras miraba a su alrededor. En las cabinas más cercanas a la de ellos había gente conversando alegremente. No podía distinguir si eran hombres o mujeres pero sí que usaban cabellos escandalosos, maquillajes neón, labiales fuertes y tacones. Se reían y hablaban con seguridad, como probablemente no podían hacerlo en otros lugares. Libres.

—¿Lo entiendes ahora? —preguntó Draco con suavidad, siguiendo el curso de su mirada.

Harry asintió.

—Lo entiendo.

Dos tragos más tarde, y un par de conversaciones más hicieron a Harry entrar en calor, por lo que quiso sacarse el antifaz un momento.

Fue cosa de un segundo, nada más que la fracción de este, en el que su máscara cayó y parte de su frente y cejas fueron develadas, antes de que Draco la atajara y la pusiera de vuelta en su lugar, negando.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, con urgencia.

—Tengo calor —respondió Harry confundido.

Draco se levantó, y el moreno inconscientemente hizo lo mismo, algo mareado por los tragos que había ingerido. Dios, realmente no estaba acostumbrado a beber.

—Bueno, entonces, avísame para ir a algún lugar más fresco y no te saques eso, ¿no se te ocurre que alguien podría reconocer--?

—Hey, ojos verdes.

Ambos miraron hacia el lado, para encontrar a un chico más bajo que ellos, de rizos castaños y un antifaz de brillos rojo. Él sonrió, posando su mirada en Harry y dio un paso adelante.

—¿Ya te olvidaste de mí? —preguntó, suave.

Entonces un recuerdo de unas noches atrás, él aturdido en un callejón y un joven ayudándolo, al que besó, pasaron por su mente. Harry abrió los ojos exageradamente tras su máscara y boqueó.

—Yo, eh--hey —saludó, sin saber muy bien qué decir—. Hey, uhm...¿cómo estás?

El chico lindo rió, con amabilidad, y extendió su mano.

—He estado bien, gracias por preguntar. Soy Matt. No creo que nos hayamos presentado propiamente la última vez que nos vimos.

Harry estrechó su mano, volviendo a la realidad y viendo de reojo cómo Draco miraba la escena en silencio. Algo poco propio de él. O al menos la versión de él que era con Harry.

—Uhm, puedes llamarme James —mintió, no creyendo que fuera lo apropiado decirle su nombre real. Aunque tenía la impresión de que Matt no contaría jamás que se había besado con él, o que lo difundiría en la prensa—. Este es mi, uhm, amigo...

—Vincent —habló Draco por primera vez que el otro chico había llegado, con una sonrisa tensa—. Un gusto.

Matt asintió, aún con expresión amable, y volvió a dirigir su atención a Harry.

—¿No es loco? ¿Volvernos a ver? —preguntó, algo entusiasmado.

El moreno se envolvió a sí mismo, pasando su peso al otro pie y sintiendo que esa situación no iba a acabar bien. No sabía por qué.

—Sí, la verdad sí. ¿Vienes muy seguido, acaso? —dijo, cortés.

—No, no tanto —Matt contestó hablando rápido—. Pero no te había visto de nuevo, no desde esa vez. ¡Qué genial que hoy sí!

Por el rabillo del ojo, pudo ver cómo la postura de Draco cambiaba, y se transformaba en aquella correcta. La relajación se había ido, sus hombros estaban rectos, su barbilla alzada, y sus manos tras su espalda.

—Sí...¿Cómo me reconociste? —preguntó, con genuina curiosidad.

—Tu cabello es algo difícil de olvidar, y la contextura de tu cuerpo también. Había estado dudando en si acercarme o no y preguntarte. Pero cuando te quitaste el antifaz y pude ver el inicio de tu cicatriz, fue difícil el pensar que podías ser alguien más.

Harry formó una "O" con sus labios y volvió a asentir, sin estar seguro de qué decir.

—Eso es...impresionante —replicó.

—Tengo buena memoria —Matt le guiñó un ojo, desviando su mirada a la pista. Se puso notoriamente más nervioso, agarrando su brazo y mordiéndose el labio inferior—. Yo...uhmm, me preguntaba si, eh ¿querías...bailar conmigo?

El moreno posó sus ojos inmediatamente sobre Draco, que lo observaba neutral. No podía ver sus cejas, pero estaba casi seguro que estaba elevando una de ellas. Tragó, pasándose la mano por el cabello.

—Yo...verás, estoy aquí con, uhm —apuntó a Draco—, con mi amigo, y--

—Ve, James —el rubio recalcó su nombre con un tono que no supo identificar—. Adelante.

Pero había algo en su voz, había algo que era distinto. Eso no era como las otras veces, no era un "tranquilo, estaré bien". Se sentía un aire hasta peligroso.

—¿Qué? —preguntó Harry.

—No soy tu jodido proyecto y no necesitas cuidar de mí. Ve.

Sonó a un reto.

Harry no estaba seguro de si aquello le molestaba o no, con Draco nunca sabía nada. ¿Debía hacerle caso, e ir? Eso era lo que le estaba diciendo, eso era lo que claramente quería que hiciera. El rubio no se caracterizaba por abandonar algo que realmente buscaba alcanzar. Si de verdad le molestaba, si de verdad deseaba que Harry no bailara con él, habría hecho algo, lo hubiese detenido, se hubiese puesto en medio. Eso era una demostración más de que claramente lo que sea que se traían, no era importante.

Entrecerró sus ojos.

—Bien.

Draco se quedó en su lugar, sin pronunciar una palabra más, al mismo tiempo que Matt tomaba su brazo, contento, y comenzaba a parlotear sobre temas que realmente no le llamaban la atención. Sus orbes no se despegaron de los grises, que le siguieron hasta que llegaron a la pista.

Entonces, todo pasó muy rápido, despegó su mirada un segundo para enfocarse en el chico que le sonreía, y cuando volvió a mirar hacia donde estaba Draco, solo encontró vacío, y su espalda moviéndose entre la gente hasta la salida de emergencia. Joder.

—...y entonces yo le dije que--

—Matt —lo interrumpió Harry, con culpabilidad—. Matt lo siento mucho, te prometo que lo siento mucho, pero creo que acabo de cometer un error.

El gesto en el rostro del chico se suavizó, y esa vez encontró su misma sonrisa, pero triste. No le gustaba así.

—¿Le gustas, no? —preguntó, sin esperanza.

Los latidos de su corazón estaban aumentando de intensidad y bajó la cabeza, dando un paso hacia atrás.

—No lo sé. Pero no puedo dejar las cosas así, yo-- —suspiró— Si no fuese por esto, te juro que--

—Que me darías una oportunidad —finalizó, aún con el mismo tono—. Está bien, lo entiendo. Conozco mi momento de retirada y en este caso, éste es. No te preocupes.

Harry casi hace un puchero.

—Lo sien--

—No te preocupes —repitió, calmado—. Ahora ve antes de que no lo encuentres.

El pelinegro le dedicó una sonrisa débil y le dió un apretón a su mano.

—Gracias por comprender.

Empezó a caminar entre los cuerpos, sabiendo que Draco había dejado el lugar. Era obvio. Sentía tanta impotencia, tanta molestia. De alguna u otra forma siempre terminaba tras él, siempre. ¿Por qué no podía ser claro de una maldita vez? ¿Por qué no podía hacerle entender que era lo que realmente sentía? No sabía. Lo que sí sabía, era que esa sería la última vez que lo perseguiría, se había acabado, era--

—¿Desde cuándo fumas? —preguntó Harry frunciendo el ceño al salir afuera.

Draco estaba apoyado en la pared de en frente, y no se volteó hacia él cuando lo escuchó. Le dio una calada a su cigarrillo y expulsó el aire, con el antifaz aún encima.

—¿Desde cuándo te importa una mierda?

Harry dejó caer la puerta a sus espaldas que emitió un ruido sordo cuando se cerró. Se acercó a él, hasta quedar en frente y se cruzó de brazos.

—¿Por qué te fuiste así? —expresó su mayor duda en voz alta, sin querer caer en el juego.

—Quería dejarte solo, con quién asumo, fue tu primer beso, ¿no? —replicó Draco con amargura— Adelante, vete, y haz lo que sea que tengas que hacer...puto idiota —murmuró lo último, para que Harry no escuchara, pero lo hizo de todas formas.

—¿Qué es todo esto? —lo cuestionó.

—¿Qué cosa? —respondió Draco, con la mandíbula apretada—. ¿No te excitó la idea de follarte al buenito ese y por eso vienes a buscarme a mí?

Su entrecejo se arrugó, y Harry apretó los puños. ¿De qué mierda estaba hablando?

—¿Qué?

—¿O vienes aquí a avisarme que te lo llevas a casa, eh? Pues hazlo. Me importa una puta mierda.

Harry se encontraba más confundido con cada segundo que pasaba.

—¿Por qué estás hablando así? —dijo, sintiendo como su propia voz empezaba a endurecerse.

—¿Así cómo? —el rubio dirigió su mirada a él ahora, botando el cigarro—. ¿Qué, no soportas saber que me vale mierda lo que hagas con tu vida?

El moreno dio un paso atrás, negando y sintiéndose como un estúpido. Se quitó el antifaz, arrojándolo al pecho de Draco y se giró, dispuesto a olvidarse de que alguna vez pensó que quizás esto podría significar que estaban en la misma página. Porque no lo estaban. Eso era claro.

—Jódete —le dijo, sin mirarlo.

—¿Adónde vas? A intentar follarte a ese niñito--

—¡¿Y qué si lo hago?! —se dio vuelta, por fin enojado, y el rubio se sobresaltó— Acabas de decir que te importa una puta mierda, así que sí, ¡me voy a follar a Matt! ¿Y qué?

—¡Pues hazlo! —Draco gritó también, sacándose el antifaz y perdiendo los estribos—. ¡Vete y devóratelo como lo estabas haciendo con la mirada allí dentro! ¡Como se notaba que querías follartelo--!

—¡¿Y qué mierda te importa si lo hago?! —respondió Harry volviendo a acercarse a él.

Draco no se dejó intimidar, su ceño se frunció y sus labios formaron una fina línea de disgusto.

—¡No me importa!

—¡¿Entonces por qué pareciera que sí es de tus asuntos que vaya y folle con quién se me dé la puta gana?!

—¡Porque no quiero que veas a otras personas, joder!

Harry abrió la boca para decir algo, pero se calló instantáneamente. Su corazón se había disparado como loco y cada vello de su cuerpo se erizó. ¿Había escuchado bien, o...? ¿Draco acababa de decir que no quería que viera a otras personas? ¿Que fueran exclusivos?

El pánico se filtró en las facciones del rubio y sus ojos se abrieron un poco más grandes de lo normal. Boqueó un par de veces, en busca de algo que decir. Expuesto. Harry podía leerlo en toda su cara. No sabía qué hacer, no sabía qué decir. Nunca sabía nada, joder. Si no hacía algo, Draco era capaz de decir cualquier cosa hiriente, lo tenía claro. Lo tenía muy claro.

Así que solucionó sus problemas de la única forma que conocía.

Agarró los costados de su rostro y los juntó en un beso. Fue duro, rápido, y fue solo para evitar que el momento se arruinara. Porque Draco quería que solo fueran ellos, y eso, eso estaba bien. Se sentía bien. No quería que se fuera, no quería que se lo arrebatara con enojos estúpidos o palabras crueles. Se separó, viendo directo a sus esferas plata.

—Yo tampoco —susurró.

La cara de Draco, que había estado desorientada por el beso, lo observó inmediatamente, y Harry, por primera vez, pudo ver cómo sus guardias habían bajado. Cómo una pared había caído. Lo que vio en su expresión fue algo que jamás había imaginado, ni en sus mejores sueños, el experimentar. Sus cejas estaban caídas, su boca entreabierta, sus mejillas rojas, y la luz del farol lo hacían parecer una especie de ángel.

Draco tenía todo rasgo inundado con esperanza.

—¿Tú también quieres que seamos...? —empezó, tembloroso, incapaz de terminar la oración.

—Solo los dos, sí —finalizó por él, sin soltar su rostro—. Aún sigo molesto contigo, la verdad.

El rubio le dedicó una leve sonrisa, y dio un paso atrás, abrazándose a sí mismo y mirando a cada lado del callejón.

—Lo siento, yo... —agitó la cabeza. Lucía mareado— Una vez me contaste que tu primer beso con un hombre había sido en...

—Un callejón —lo cortó Harry, algo incómodo—. Sí.

—¿Ya habías venido, no? —elevó una ceja, pero la sonrisa tímida no lo había dejado. Era reconfortante, y quería que así fuese siempre entre ellos.

—Seh.

—¿Me estás besando en el mismo lugar que...ese chico?

—Uhm... —le dedicó una expresión de disculpa.

—Vamos —lo tomó de la mano, negando un poco—. Demos un paseo a casa.

A casa.

Harry se dejó guiar, caminando en silencio. Su mundo parecía haber dado una vuelta, y algo que había anhelado tanto, tanto, pero jamás le había puesto un nombre, estaba allí. Estaba allí y había valido totalmente la pena. Sintió cómo unos dedos se entrelazaban entre los suyos y cuando miró a Draco, éste lo miraba con la misma expresión que cuando le dijo que él también deseaba lo mismo. Que lo quería a él y solo él.

Esperanza.

—Draco... —habló, desviando la mirada hacia la acera, con la noche sobre sus cabezas— También quiero desayunos en la cama.

Lo escuchó reír, y todo se sintió totalmente distinto a otras veces. Su pecho se calentó, y se aferró aún más a su mano.

—Hecho.


tal como lo dije en Wattpad, debía avisarlo aquí: ésta historia es team final feliz! así que lean tranquilxs Jajajaja