Harry miró directo al rostro de su amiga en busca de algún signo de que eso era una broma, un sueño, o una fantasía. No lo sabía.

—Estás diciendo... —comenzó con lentitud— ¿Que nos han aceptado como teloneros en el concierto que Blink–182 tiene en Londres?

Hermione asintió de arriba a abajo con energía, sin ser capaz de ocultar su emoción. Ginny ocultó un gritó tras sus manos, Ron estaba golpeando el sillón insistentemente, Theo y Blaise se encontraban abrazados y Draco junto a él solo la miraban de boca abierta.

—¿Es una jodida broma? ¿Dónde está la cámara oculta? —preguntó Ginny con la voz un poco más aguda que de costumbre.

Hermione ahora se dedicó a negar. Aparentemente, las palabras eran demasiado difíciles para ella en ese momento. Dio un pequeño paseo por la sala, mirándolos con orgullo.

Después de años, se presentarían en un escenario real. Real.

—Está todo listo, el contrato, las condiciones —explicó, gesticulando exageradamente—. Será dentro de dos meses, poco antes de que terminen las vacaciones.

Ginny volvió a dar otro gritito, cubriéndose ésta vez la cara con una almohada.

—¡No puedo creerlo! —exclamó, con la voz amortiguada.

Harry soltó una risa de la pura incredulidad, sintiendo cómo su corazón colgaba en su pecho, la adrenalina recorriendo sus venas. Era algo bueno, y emocionante. Joder.

—Eso no es todo, tendrán que ensayar. Mucho. Esforzarse —Hermione dijo, dando una mirada por el lugar—. Creo que podemos costearnos algo mejor que éste sucio lugarcito, ¿no?

Blaise alzó su dedo índice de inmediato, aunque una gran sonrisa bailaba en sus labios.

—¡Hey! —gritó—. ¡Más respeto con Sofía!

Todos lo miraron de inmediato, pasando de felicidad a confusión. Draco y Harry intercambiaron una mirada, el primero rodando los ojos haciendo que el ojiverde sonriera.

—¿So...fía? —preguntó Theo, siendo el menos divertido por la situación.

Blaise estuvo a punto de levantarse, pero en cambio, hizo un gesto con sus brazos que abarcaba todo el lugar.

—¡Sofía!

Ron se cubrió la boca con una mano para no reír, mientras que Hermione se ponía en posición de jarra, frunciéndole el ceño.

—¿Le pusiste nombre a éste apartamentucho? —Lo cuestionó. Y de alguna forma, sonó casi como regaño, pero Blaise no se dejó intimidar.

—¡Por supuesto! Fue la primera vez que hice algo útil.

—Y la última —aportó Draco.

El moreno le tiró un cojín de los viejos sillones que tenían en el lugar donde ensayaban y Harry lo atrapó antes de que le diera, haciendo al rubio reír y a Blaise lloriquear.

—Bueno, cómo decía —retomó Hermione, negando, como si así pudiera ahuyentar el tema de conversación—, creo que deberíamos rentar un mejor lugar, con mejor resonancia y así. Vamos a mitad de camino, y sé que los voy a llevar a la cima. Lo sé.

Todos le dedicaron sonrisas sinceras. Harry asintió, pensando dónde podrían ensayar ahora. Era cierto que tenían el dinero para costearlo, cada día ganaban más y más y al ser solamente siete, siendo Hermione la única "staff" las ganancias eran aún mayores. Era loco, pensar cómo había cambiado su vida en un transcurso de apenas seis meses.

—¿Entonces esto es en Septiembre, verdad? —se aseguró Ron, mordiendo el interior de su mejilla.

—Finales de Agosto —corrigió su novia, dedicándole una mirada dulce—. Tenemos el tiempo suficiente para pulir y afinar todo lo que necesitemos.

Blaise abrió los ojos desmesuradamente y ésta vez apuntó a Draco, asintiendo con energía. Apenas pudo percibir cómo el rubio se tensaba a su lado antes de que el moreno volviera a exclamar.

—¡Esto es como un regalo de cumpleaños, Draco!

Todas las miradas de la habitación estuvieron encima de su persona en un segundo. El ojigris se encogió en su asiento, poniendo una expresión hostil.

—Podías haber gritado un poco más fuerte, gracias —replicó con un bufido.

El ánimo de Blaise no flaqueó.

—¡Pero es tu cumpleaños!

—Aún no —lo cortó con simpleza.

Harry se giró hacia Draco casi completamente, con el entrecejo junto y la interrogante patente en todo su ser.

—¿Estás de cumpleaños en Agosto? —le preguntó.

Sintió a Blaise bufar, pero ambos lo ignoraron. Draco sacudió la cabeza con lentitud, empezando a jugar con su aro del labio.

—No--

—La próxima semana —interrumpió Zabini.

Draco lo miró con enojo y exasperación, mientras algo en su interior se removía, mirando al rubio con incredulidad. La próxima semana sería su cumpleaños, y él no tenía idea. ¿Acaso planeaba decirle siquiera?

Dios, ¿por qué importaba tanto?

No debería sentirse herido por ello, realmente no. Después de todo, seguían sin ser amigos, seguían sin compartir mucho, no mucho más que buenos orgasmos. El que no hayan terceros en medio no cambiaba nada, ¿no? Por mucho que Harry hubiera creído que sí.

Joder, ¿todas esas conclusiones porque no sabía cuándo mierda cumplía años? Algo estaba mal con él.

—¿Cuándo es? —decidió por preguntar al final.

Draco se encogió de hombros, desviando la mirada.

—El cinco.

Bueno, al menos tenía una fecha. Cinco de Junio.

Harry asintió, volviendo su mirada nuevamente hacia el resto quienes se habían sumergido en otra pequeña plática, excepto por Blaise, que aún los miraba con una sonrisa contenida, y Ron, que mantenía aquellos ojos entrecerrados cada vez que los veía interactuar.

Anotó mentalmente el preguntarle qué pasaba.

La conversación se desvió nuevamente al tema de la apertura, las cosas que harían, las entrevistas y las ventas que habían adquirido. Se comprometieron en buscar algún lugar nuevo en la semana, ensayar cada día, incluidos los fines de semana, (a pesar de los quejidos de Ginny), y Harry aprovechó luego de un rato, moverse al sillón de al lado para sentarse junto a Ron.

Draco lo miró, abriendo la boca para preguntar algo, pero antes de que alguno de los dos pudiese decir palabra, Hermione ocupó su lugar, con una gran sonrisa. Algo en las entrañas le dijo que no podía ser bueno, no si le hablaba solo a Draco.

Se giró, fingiendo inmiscuirse en la conversación que el resto mantenía aparte, pero toda su atención estaba puesta en lo que sucedía a sus espaldas. Ron se veía notoriamente más alegre de tenerlo a su lado, aunque por suerte, no intentó hablarle.

—...es algo pequeño, pero no nos podemos arriesgar a que crezca —escuchó decir a la castaña, bajo—. Es una forma fácil y rápida de eliminar todo esto de una vez por todas.

Unos segundos pasaron sin que Draco respondiera. Frente a él, Ginny había hecho una broma que hizo a todos reírse, así que Harry tuvo que fingir una risa. Ni siquiera sabía por qué.

—¿Sabes que nunca se van a ir del todo, verdad? —dijo Draco finalmente—. ¿Realmente tengo que hacer esto solo porque a Ryddle se lo ocurrió tener sus cinco minutos de fama e inventar esas cosas acerca de mí?

Hermione suspiró, y Harry casi pudo verla frotando sus sienes.

—Lamentablemente, sí —dictaminó ella—. Pero vele el lado positivo, puede que llegue a gustarte, de verdad. No debes hacer nada siquiera, con que los vean juntos ya es suficiente. Esto será bueno para la banda, ya verás.

Algo en su interior pareció volverse a acomodar ante esa frase. ¿Era eso lo que él creía que era, no? Por supuesto que sí.

—Hermione yo--

Draco se cortó a mitad de la frase, haciendo que Harry se sintiera mal por él. Era obvio que no quería, era obvio que odiaba esta situación, quizás incluso tanto como él mismo.

Se reclinó en su lugar, asintiendo a algo que Ron le preguntaba con una sonrisa.

—Draco... —su amiga dijo, bajando la voz, pero el ojiverde pudo escucharla de todas formas— Draco, ¿hay alguien más?

El corazón de Harry comenzó a ir mucho más rápido, aunque no tenía sentido. Porque no había nadie más, eso estaba claro. Si hubiese alguien más--si él fuese ese "alguien más", sabría la fecha de cumpleaños de Draco, planearían juntos. Aún así, el rubio no respondió de inmediato, y su pecho se llenó de expectación. ¿Diría algo? Era probable que no.

—Solo no creo que alguna vez me llegue a gustar esa chica. Nunca, Hermione —contestó finalmente, dubitativo—. ¿Siquiera tiene idea de que no es una cita real?

Harry tensó la mandíbula, y cuando su amiga comenzó a hablarle de managers, reuniones, y acuerdos, Ron le dio un golpe en el hombro.

—¿Estás bien?

El pelinegro se enfocó en él, que lo miraba con el ceño fruncido. Trató de dedicarle una pequeña sonrisa, intentando que fuese real. Esperaba que no hubiese salido como mueca. Asintió.

—Sí.

Ron acentuó su entrecejo, y Harry se hizo pequeño en su lugar. ¿Había dicho algo malo?

—Harry, ¿qué pasa? —cuestionó él.

El pánico volvió a surgir dentro suyo. ¿Acaso Ron sospechaba...? No, era imposible. Ron ni siquiera sabía si Draco era gay. Aunque...

—¿A qué te refieres? —devolvió la pregunta.

Ron se acomodó en su lugar, bajando la voz hasta que no fue más que un susurro, con el rostro enteramente serio.

—Apenas hablas conmigo, no me cuentas nada —dijo, en forma de recriminación.

Harry se mordió el labio. La verdad era que sí, que no le había contado nada de lo que había pasado últimamente. Pero es que, ¿qué le diría? No podía hablarle acerca de Draco, y del resto él ya estaba enterado. Se encogió de hombros.

—¿A qué te refieres? —decidió repetir su pregunta.

Ron bufó, cruzándose de brazos.

—Siempre estás con el rubiecito ese —dijo, arrugando la frente—. Vives con él, te vas con él, hablas con él en los ensayos. ¡Apenas te veo durante los fin de semanas!

Ah, así que eso era. Harry esbozó una pequeña sonrisa divertida, pasando una mano por encima de los hombros de Ron y pellizcando su mejilla. Él trató de alejarlo, con la misma expresión.

—¿Eso que huelo son...celos? —preguntó alzando y bajando sus cejas.

—Ya quisieras —murmuró él.

Ginny, que había estado prestando atención a su conversación soltó una pequeña risa, empujando a Ron.

—¡Te dije que tarde o temprano haría su papel de novia celosa! —dijo a Harry, quién asintió.

—No son celos.

—Sí lo son.

—No--

—¡Bien! —Harry levantó las manos, aún con una sonrisa. Se inclinó hacia Ron, hablando más despacio para que solo él pudiera escuchar. O Ginny—. Mira, sé lo que parece pero no--no es eso. No sé si podría considerar a Draco siquiera mi amigo, pero...¡vivimos juntos, por el amor de Dios! Obviamente comparto mucho tiempo con él, y hemos comenzado a llevarnos...bien.

Harry enunció la palabra algo distinto, pensando en lo que acababa de decir. ¿Draco y él eran amigos? No. No, nunca lo habían sido. Ellos eran...nada.

Un intermedio que no tenía nombre. Y si algo sucedía entre los dos, para bien o para mal, nadie se enteraría. Porque no era eso para lo que estaban hechos.

—Tú eres mi mejor amigo--no, mi hermano —le aseguró—. Siempre lo has sido y siempre lo serás. Puedes dejar tus celos.

Ron lo había empujado, y Harry había reído, cambiando el tema a algo mucho menos sentimental e intentando olvidar que a sus espaldas, Hermione y Draco discutían lo que debía hacer para salir con alguien más.

Alguien más que no era Harry.

Al menos, la emoción de que cada día la gloria crecía y que estaba más cerca de alcanzar sus sueños, nadie podía quitársela.

La cita tomó lugar dos días después de eso.

Cuando llegaron a casa la otra noche, ninguno de los dos dijo ninguna palabra acerca del tema. En primer lugar, porque se suponía que Harry no debía haber escuchado nada, y en segundo, porque Draco no lo trajo a colación. Así que no fue hasta la hora de almuerzo de ese mismo día, mientras comían algo que Harry cocinó muy a la rápida, que el rubio mencionó que iba a salir.

—¿Huh? —el azabache se hizo el tonto, sirviéndose un poco más de jugo—. ¿A dónde?

Draco se tomó su tiempo para contestar, evitando su mirada.

—Hermione programó una cita conmigo y la chica modelo —respondió con desinterés forzado—. Al parecer, Tom se ha encargado de seguir echando mierda, y ayer Crabbe se unió también.

Harry frunció el ceño ante eso, resistiendo la urgencia de estirar la mano ajena por arriba de la encimera y tomarla. Sostuvo su tenedor con fuerza.

—Lo siento —dijo, esperando que fuera lo correcto—. Siento que ese idiota siga molestándote después de tanto.

Draco se encogió de hombros, tenso, y desvió la mirada hasta su plato esbozando una amplia sonrisa.

—Bueno, es el precio de la fama.

Harry soltó una pequeña risa ante eso, intentando que en su rostro no se traspasara el pesar que sentía, por la gran cita. No debía importarle, era estúpido. Draco era gay, y por lo mismo eso no faltaba a su acuerdo de no ver a nadie más. No tenía sentido que doliera.

—Bueno, espero que al menos la chica modelo sea simpática.

El rubio había mantenido su sonrisa, y no volvieron a hablar del tema. Pero una vez que Draco se marchó, con su chaqueta puesta, y exclamó un adiós, Harry se encontró a sí mismo toda la tarde pensando en cómo sería. En ella riendo de alguno de los comentarios que Draco hacía, y tomando su mano como él no se atrevía a hacer.

Intentó distraer su mente. Dio un pequeño paseo, donde algunas personas lo saludaron con la cabeza, y trató de ver televisión, o escribir algo, pero no era capaz. Su cabeza volvía a lo mismo.

Así que cuando Draco apareció en el umbral esa noche, Harry no pudo hacer más que salir a su encuentro.

El rubio dio un paso adentro y cerró la puerta tras él con un ruido sordo, mientras que Harry se quedaba en su lugar congelado, mirándole. No sabía qué esperaba encontrar en su rostro, sinceramente no y tampoco sabía cómo sentirse respecto a lo que al final se presentó.

No quería que Draco se sintiera miserable, no quería ver esos oscuros círculos bajo sus ojos, ni sus expresivas cejas abajo o la fina línea que formaba su boca. Pero tampoco quería verlo bien, feliz y relajado. No quería verlo tranquilo cuando él apenas podía soportar esa situación. Quizás era egoísta, quizás no era un buen sentimiento. No lo sabía.

Lo que sí sabía era que quería borrar esa expresión de su rostro, quería que su ceja volviera a estar arriba en un gesto altanero y que su rostro riera solo al verlo. Quería ayudarlo, quería--

Se miraron por un minuto entero, sin decirse absolutamente nada. La chaqueta café con la que había salido hace unas horas estaba completamente abotonada ahora y su cabello un poco despeinado. Nada había cambiado, salvo que el humor con el que había salido por esa puerta luego del almuerzo había desaparecido. Harry necesitaba que volviera. No soportaba verlo así.

Cuando los hombros de Draco finalmente cayeron, y su frente se arrugó, Harry dio un paso hasta él y extendió sus brazos. Sin pensar.

—Ven aquí... —murmuró con una nota de desesperación filtrándose en su voz, mientras el rubio trataba de esquivar su mirada, negando, centrándose en el suelo bajo sus pies— Draco...ven.

Lo único que el ojigris hizo fue avanzar un centímetro, para que Harry completara el resto del camino y lo envolviera entre sus brazos. Fuerte. Dejó que Draco enterrara la nariz en su cuello y él posó sus dedos en los finos cabellos rubios, masajeando lentamente. Sintió sus delgados brazos envolverlo en la espalda baja. Harry suspiró, un leve olor a alcohol viniendo desde el costado de su boca.

—¿Estás ebrio? —preguntó con suavidad.

Sintió a Draco negar bajo su agarre.

—No, solo tomé un vaso y la chica me echó encima el suyo por error.

Harry sonrió inconscientemente. Hubiese sido divertido, ver a Draco molesto en medio de una cita porque el azabache tiró su vaso encima de su ropa. No se lo habría perdonado tan fácil y probablemente haría una rabieta digna de un niño de nueve años, que Harry luego tendría que calmar, y todo terminaría en un mar de besos, probablemente.

Entonces recordó que él nunca podría tirar un vaso encima de Draco. No en medio de una cita, en un restaurante público. Que ni siquiera estaba dentro de sus posibilidades. Ni siquiera sabía qué eran en primer lugar, pero incluso sabiéndolo, incluso así, jamás podrían estar en la calle a plena luz del día como dos personas normales. No sin que les tomaran alguna foto, y arrastraran a todos sus amigos con ellos.

Su corazón estaba latiendo con fuerza, podía sentirlo, pero por primera vez no le importaba si Draco lo sentía también. Estaban ambos arruinados, y el abrazo podría durar por siempre, si eso significaba que las piezas rotas volverían a dónde pertenecían.

Sintió al rubio dar un leve temblor, y trató de separarse, dejando caer sus brazos. Harry dio un paso atrás, sin soltarlo. No iba a permitirle que se encerrara, que volviese a dejarlo afuera como cada que hacía cuando las cosas se ponían difíciles.

Miró directo a sus ojos grises, reservados, serios; que ese día lucían extrañamente tristes, y sintió cómo Draco tomaba los costados de su rostro.

—¿Qué puedo hacer por ti? —dijo Harry por lo bajo. El rubio lo miró de forma inexpresiva—. ¿Qué puedo hacer para hacerte sentir mejor?

Draco no respondió nada en un inicio. Pasó uno de sus oscuros mechones de cabello por atrás de su oreja y descansó la palma en su mejilla. Harry tragó, al mismo tiempo que el ojigris decidió inclinarse por un beso.

Fue breve, pequeño y dulce. Aún así, las mariposas de su estómago no demoraron en llegar. Draco había tenido un día de mierda, y de todas formas estaba ahí, no se había ido.

Se separaron, solo unos centímetros. Harry apenas podía distinguir algo por lo cerca que estaban, y sentía latente la respiración del chico ahí donde lo había besado.

—Solo te necesito a ti —Draco habló encima de sus labios, ronco y exhausto. A Harry le recorrió un escalofrío—. Por favor, Harry. Solo te necesito a ti, haciendo lo que sea que sabes hacer que me ayudará a olvidar.

Solo te necesito a ti. Dios, ¿por cuánto tiempo había querido eso? ¿Cuánto tiempo había deseado escuchar algo parecido? Sabía que no era una declaración, que muy en el fondo, seguía sin significar nada. Que Draco estaba utilizando lo que ellos tenían como un modo de escape. Pero por un momento podía imaginar que no. Podía imaginar que era algo más, aunque doliera. Eso era lo que deseaba, y ahora podía tenerlo.

Mío, la voz egoísta suplió en el fondo de su mente. No importaba con quién saliera, no importaba con quién se viera. Draco era suyo, tanto como Harry era de él.

—¿Puedes besarme hasta que ya no recuerde mi nombre? ¿Podemos hacer eso? —pidió, rozando sus labios con cada sílaba.

El moreno acató sus palabras, sintiendo cómo se impregnaban en su torrente sanguíneo.

No podía hacer más que seguir sus órdenes.

Se puso de puntitas para darle un beso, pero un beso de verdad. Draco bajó su cabeza, profundizándolo y acomodándose en una mejor posición, sin soltarlo. Era un beso lento, sin ánimos de apresurar las cosas. Draco sabía a chocolate mezclado con champagne. A algo dulce.

A esperanza también.

Harry aflojó su agarre, subiendo sus manos hasta la mitad de la espalda y pasándolas allí repetidamente por la tela.

Un repentino pensamiento cruzó su mente, sintiendo los temblorosos suspiros que Draco soltaba cada que el moreno mordía su labio. Su corazón se encogió. Para Harry, habían sido solo unos meses, solo unos meses de ver a Draco teniendo que ocultarse, con modelos, besos, chismes y citas. Ciertamente no lo había visto aquella noche en el club, ni ese mismo día tampoco, pero eso era solo una pequeña parte. Un pequeño episodio de su vida que no hacía más que empezar.

¿Cuánto tiempo ha pasado escondiéndose? ¿Cuánto tiempo ha tenido que vivir en un clóset de cristal?

El rubio deslizó su lengua dentro de su boca, haciendo que chocara con la suya propia, y comenzó a caminar. Harry casi tropezó al avanzar de espaldas, pero no se separó de él, no podía, aunque quisiera. Era un beso tan suave pero infinitamente exquisito a la vez y llanamente no quería que acabara. ¿Acaso eso era tan malo?

Sintió su espalda chocar contra la pared y reconoció vagamente que era la de la cocina. Draco estaba totalmente apegado a él, besándolo como si la vida dependiera de ello, pero él se separó, boqueando por falta de aire y queriendo expresar lo que quería.

—No... —dijo, agitado.

Draco comenzó a besar su cuello, posando sus labios con suavidad encima de su piel y subiendo hasta su oreja. Harry soltó un jadeo, aferrándose a su espalda porque estaba seguro de que sus piernas podían fallarle. Deslizó su chaqueta por sus hombros, hasta que ésta cayó a los pies de ambos.

—¿Qué pasa? —susurró Draco en su oído, con la voz cada vez más ronca—. ¿Qué te gustaría que te haga, cariño?

Cariño. La palabra se repitió en su mente en bucle y estaba seguro de que sus rodillas temblaron un segundo. Tragó en seco, mientras el rubio continuaba repartiendo besos y pasando sus manos por sus costados de arriba hacia abajo.

—No...aquí —logró decir con dificultad.

Draco se separó lentamente, para mirarlo bien. Su entrecejo estaba levemente fruncido, sus mejillas comenzaban a sonrojarse.

—¿Dónde entonces?

Quizás era mucho pedir. Quizás iba a arruinar todo. Pero ya no soportaba las paredes, ni el taburete de la cocina, o la ducha. Quería tomar a Draco en su cama, quería besarlo, lamerlo y hacerle todo lo que pidiera, pero no en aquellos lugares tan impersonales y distantes.

Tomó una de sus manos, que descansaba en su cintura, y entrelazó sus dedos, sin ser capaz de mirarlo a la cara.

—Ven...

Y así lo arrastró por el pasillo. El rubio se tambaleó en un inicio, pero Harry siguió caminando, abriendo la puerta de su habitación y dando grandes zancadas a un lado de la cama, dónde se sentó, palmeando el lugar a su lado, indicándole a Draco que lo acompañara.

El ojigris, dubitativo, lo siguió y Harry volvió a besarlo, empujándolo lentamente para que apoyara la espalda en su colchón.

—¿No podías usar palabras en vez de arrastrarme así? —bromeó Draco una vez que Harry ya estaba casi tendido por completo encima de él.

El azabache sonrió, separándose para treparse a horcajadas encima de su pantalón y agachándose para robar un pequeño beso.

—¿Para qué hablar si puedo hacer esto? —respondió, alejándose. Tomó el borde de su camiseta, comenzando a tirarla lentamente hacia arriba.

El cuerpo de Draco era algo que él estaba seguro que lo maravillaría siempre. Marcado, con un fino vello que descendía desde el ombligo hasta perderse en su ropa inferior. La piel blanca contrastando con la suya, y su estómago tensándose cada vez que pasaba los dedos por encima de él. Era simplemente una obra de arte.

Draco levantó los brazos para que Harry terminara de sacarle la tela, y mientras lo hacía, aprovechó para robar otro beso, y otro, y otro, hasta que le arrancó una pequeña risita. Quizás podría atesorarla para el resto de sus días.

—¿Qué estás planeando hacer? —respiró Draco, una vez que Harry se encontraba repartiendo besos en su cuello.

—Probarte.

Prácticamente escuchó cómo la respiración del chico se atascó en su garganta. El ojiverde se frotó encima de su miembro, ocasionando que Draco soltara un gemido, mientras ambos sentían sus erecciones chocar con la otra.

—Vas a ser mi fin —susurró, al mismo tiempo que Harry comenzó a bajar con sus besos, marcando un recorrido.

Quiso contestar, pero la potente mirada de Draco sobre él a medida que descendía, dejando suaves toques encima de su ardiente piel, lo detuvieron. La expectación quemaba. Harry no quería que acabara nunca.

Lento, depositó un beso en su pecho, acercando la boca a su pezón y dándole una leve lamida que hizo que Draco sostuviera su cabello con fuerza. Ni siquiera se había dado cuenta que el rubio tenía los dedos enterrados allí.

—Mierda...

Harry repitió su acción, aprendiendo que eso le gustaba. Normalmente sería tímido al respecto, en probar algo nuevo. Pero era difícil sentirse tímido por algo cuando Draco Malfoy estaba haciendo esos sonidos resonando en la habitación, y mirándote como si no hubiese nada más digno de su atención en el mundo.

—Eres tan lindo —murmuró el rubio con la respiración entrecortada.

Su corazón se saltó un latido, dedicándole una sonrisa, siguiendo su camino abajo. Lindo. Draco se lo decía siempre. Suponía que nunca lo había creído.

Trazó un camino por su abdomen, con lentitud, sintiendo el leve olor a menta, jabón y coco que Draco siempre traía encima, aunque ahora aún quedaba un poco del hedor del alcohol en él. No le gustaba. Normalmente, no podía pensar en algo que le disgustara acerca de Draco. Pero el olor a Whisky, o lo que sea que eso fuera, le recordaba a una verdad inevitable que no quería afrontar.

Esto es imposible.

Llegó a su ombligo, bajando con calma mientras acariciaba sus costados con la yema de los dedos. Harry depositó dos besos húmedos justo arriba del borde de su ropa interior sobresaliendo de sus pantalones, y sintió los músculos encogerse bajo su tacto. El ojiverde miró hacia arriba, dedicándole una sonrisa ladeada. Draco estaba apoyado en sus antebrazos, sin perderse ninguno de sus movimientos. La mano seguía en su cabello, apretándolo algo más fuerte cuando Harry tomó entre sus dientes la tela de su bóxer.

—¿No quieres apurarte? —Draco bromeó, por la lentitud con la que el moreno estaba llevando sus manos hasta el botón de su pantalón.

—Tengo todo el tiempo del mundo —respondió, tomando en cambio la erección ajena por encima de las capas de tela.

Draco desordenó su cabello, y cuando Harry vio que estaba a punto de decirle algún comentario ingenioso, bajó su ropa.

El miembro de Draco, rosado y duro se apegó a la parte baja de su abdomen de inmediato, arrancándole un pequeño suspiro y haciendo que a Harry se le hiciera agua la boca. Descendió completamente hasta quedar de rodillas en el suelo al inicio de la cama, sin quitar la vista de Draco y terminando de bajar por completo todo lo que impedía la entera desnudez del rubio.

—Eres perfecto —susurró Harry, delineando con la mirada cada centímetro de piel blanca expuesta, pasando sus manos encima de los muslos ajenos repetidas veces y volviendo a centrarse en su cara.

Draco tenía una sonrisa presumida puesta en los labios, una ceja arriba, y respiraba de forma agitada, con las mejillas rojas.

—Deberías verte, joder —dijo en cambio, bajando la mano desde su cabello hasta su cara, retirando sus lentes con suavidad—. Quiero la fantasía completa.

Harry rodó los ojos con una pequeña sonrisa también. Sabía lo que le gustaba a Draco verle, sin obstáculos en medio de ambos. Realmente el hombre debía tener algún tipo de fetiche con sus ojos. El pensamiento lo hizo sonreír más amplio.

—¿De qué te ríes? —preguntó el rubio frunciendo el ceño y volviendo a descansar sus dedos en su oscuro pelo, acariciando.

Pero Harry no respondió. En su lugar, empezó a besar la parte interna de sus muslos, abriendo sus piernas para así posarse allí, sujetándolas. Lo oyó suspirar pesadamente.

Subió, casi tortuosamente lento, dejando besos y lamidas en la piel alrededor de su miembro, pero sin tocarlo, o prestarle atención en verdad. Veía de vez en cuando cómo la punta estaba llena de líquido pre seminal y sospechaba que en cualquier momento el rubio perdería la paciencia. Respiró encima de la cabeza, pasando su lengua y dejando un último beso allí. Draco maldijo por lo bajo, al mismo tiempo que Harry levantaba la mirada.

—¿Por qué me estás haciendo esto? —lo oyó murmurar con dificultad, haciéndolo esbozar una sonrisa malvada.

Envolvió su mano en su polla, deslizando la punta encima de su labio inferior, pero sin hacer nada más. Draco parecía ya no poder aguantar.

—Sé bueno para mí, Harry —dijo él, ronco, conectando sus miradas. Una descarga eléctrica recorrió su espina dorsal. Él quería ser bueno para Draco, quería hacerlo sentir las nubes—. Por favor, Harry, sé bueno para mí. Chupa mi polla, cariñ--

Las palabras del rubio murieron en su garganta, mientras Harry se inclinaba hacia abajo y sumergía su erección dentro de su boca. Amaba hacerle eso, sin dudas. Amaba la forma en la que debía hacer maniobras para tomarla por completo, cómo se sentía dentro suyo, y cómo sabía que eso lo volvía loco. Amaba oír sus gemidos, y la manera en la que tiraba su cabello mientras lo chupaba.

—Dios, oh, joder —Draco murmuró dejando unos segundos de silencio en medio de cada palabra.

Harry casi sonrió, subiendo y bajando mientras el rubio continuaba mirándolo, sin despegarse por un solo segundo, luchando por mantener sus ojos abiertos. Se sentía orgulloso y jodidamente caliente de poder deshacer a Draco de esa forma, aunque no tuviera mucha experiencia, parecía que le gustaba, y Harry había aprendido sus puntos débiles. Dónde lamer, el ritmo que llevar, cómo debía tragar para hacerlo caber por completo dentro de su boca. Draco ya estaba emitiendo gemidos, bajos y profundos, haciendo que su propia erección creciera con cada segundo que pasaba, si es que eso era posible.

Apretó sus piernas, haciendo círculos con su lengua por la extensión del tronco y pestañeando un par de veces para ahuyentar las lágrimas formándose en sus ojos.

—Eres tan bueno para mí —lo oyó susurrar, a través de los ruidos incoherentes que hacía—. Tan malditamente bueno.

Harry emitió un pequeño sonido necesitado ante esas palabras, haciendo que su propia polla saltara en sus pantalones. Draco pareció notarlo, porque de un momento a otro, continuó, a pesar de que le estaba costando horrores poder pronunciar, con el ojiverde succionando sin detenerse.

—Lo estás haciendo perfecto —decía, comenzando a empujarlo él mismo, estableciendo un ritmo y haciendo que se tragara por completo su miembro—. Jodidamente perfecto. Podría follarme tu boca a cada minuto del día.

Draco no detuvo su empuje con la mano, y a Harry le gustaba eso también. Antes de él, no tenía idea lo mucho que le fascinaría la idea, el ser usado así, el tener que batallar para respirar adecuadamente. Pero lo hacía. Sentía cómo su barbilla goteaba por no haberse separado y sabía que siempre sería así, y que nunca desearía que eso cambiara. El ahogarse, el escucharlo susurrarle cosas. A él, solo a él.

Era algo que solo Draco podría darle.

—¿Te gusta esto, no es así? —susurró, y Harry ni siquiera pudo asentir, demasiado ocupado en delinear su lengua alrededor de su polla—. Por supuesto que te gusta. Mírate. Joder, justo así, sigue.

Harry movió su mano con más rapidez, al mismo momento en que Draco lo alejaba con fuerza, porque se había ahogado al tener su erección golpeando continuamente la entrada de su garganta.

—¿Estás bien? —preguntó, bajando su mano hasta descansarla en su mejilla, con la boca formando una "O" debido a que Harry no paraba de masturbarlo—. Lo hiciste tan bien, ¿sabías eso?

Harry se lamió los labios, sintiendo escalofríos recorrerlo de pies a cabeza, y a su erección doler dentro de sus pantalones. En un intento de volver a meterse su miembro a la boca, Draco lo detuvo.

—¿Podríamos...? —empezó a decir, con un toque de inseguridad en la voz. Harry detuvo su movimiento, ladeando la cabeza y apoyándola en la pierna, respirando encima de su miembro—. Me gustaría que--usaras tus dedos.

Su voz había salido casi como una mera respiración y algo dentro del pecho del moreno se calentó aún más. Esto era nuevo, sería una experiencia completamente distinta y Dios, quería hacerlo, quería hacerlo desde hace un buen tiempo.

Draco apretó su cabello posesivamente en la forma que Harry amaba que hiciera, y asintió, con el nerviosismo a flor de piel. El rubio dejó salir un suspiro mientras él se levantaba, cruzando la cama hasta el cajón de su mesita de noche y sacando de allí el lubricante que había adquirido.

—¿Desde cuándo tienes lubricante, Potter? —preguntó Draco, quien volvía a estar sentado, con la dolorosa erección pegada a su estómago. Mirándolo con sospecha cuando volvió a su lado. Harry sonrió.

—Desde que investigué un poco más cómo funcionaba todo esto y qué debía hacer para hacerte sentir bien, idiota —respondió con simpleza.

Draco lo observó un tiempo más, antes de inclinarse hacia él para besarlo. Harry se dejó hacer, mientras el rubio lo mordía y lamía su piel sensible. Sintió cómo tomaba su camiseta y empezaba a levantarla para exponer su torso.

Ya habían sido incontables veces en las que lo había visto desnudo, sin embargo, cuando la prenda salió y fue arrojada al otro extremo de la habitación, la forma en la que Draco lo recorrió con la mirada le provocó el sentimiento de que esa era la primera vez. La primera vez que lo veía, que admiraba sus cicatrices, y las trazaba con cuidado, arrancándole suspiros.

De cierta forma lo era.

Harry volvió a besarlo, tomando él mismo el borde de su ropa interior y su buzo para bajarlo, con ayuda de Draco que ahora sonreía encima de sus labios, y empujaba la ropa hacia abajo, que el moreno luego pateó con una pequeña risita.

Draco se giró un poco sobre su eje, cosa de que le estuviese dando la espalda, sin separar sus bocas. Era un ángulo algo extraño, pero a Harry le gustaba. Le gustaba todo de ese momento, en realidad. El ojigris quedó tendido en su costado, doblando el cuello para continuar besándolo y separando las piernas para mejor acceso. Para que Harry comenzara a hacer lo pedido. Estaba horriblemente nervioso, pero excitado a la misma vez. Su propio miembro olvidado y duro contra sí no era más que una prueba.

Consideró hacerlo, e introducir un dedo inmediatamente, pero algo en su interior le dijo que sería mejor si lo hacía esperar, tal y como lo había hecho con la mamada. Quizás podría hacerlo hasta rogar. Recorrió su piel con la yema de sus dedos, tocando todas sus áreas sensibles. Pasó la mano encima de su polla por entremedio de sus piernas y bajó con cuidado por sus testículos hasta la hendidura de su trasero. La piel blanca y perfectamente rosada. Harry estaba tan duro que apenas podía formar algún pensamiento coherente.

—Mierda —dijo Draco, reclinando la cabeza hacia atrás—. ¿Por qué no lo haces ya? ¿Te da miedo? ¿Acaso esto ataca tus va--ah, tu moralidad?

Harry soltó una pequeña risa, abriendo el lubricante y empapando sus dedos. Acercó el inicio del pulgar a su entrada, aplicando nada más que un poco de presión.

—Hazlo —ordenó el rubio—. Joder, hazlo. Necesito algo adentro de mí, Harry

El moreno sintió el calor subir por su sistema, incluso más, y comenzó a sumergir su dedo con lentitud en él.

—¿Por qué no me preguntas amablemente? —Harry lo molestó, dejando un beso encima de uno de sus hombros.

Draco arqueó su espalda, en busca de más contacto, intentando que su dedo fuese aún más adentro.

—Esto estoy haciendo —respondió él.

Harry negó, y con toda la fuerza de voluntad que poseía no se movió más, ni emitió ningún otro ruido. Solo su respiración agitada resonando en las cuatro paredes. Draco lloriqueó, y Harry con lo poco que podía, vio que estaba haciendo un puchero.

—Por favor —terminó accediendo—. Por favor, necesito sentirte. Por favor, ¿no quieres ser bueno para mí? Por favor, por favor, por favor--

Solo porque sentía que si no lo hacía era capaz de morir, Harry hizo lo que le pedía, sumergiendo el resto de su pulgar. La espalda de Draco se apoyó sobre su pecho, y el moreno comenzó a besar su cuello y la piel disponible, oyendo sus gemidos, sosteniéndolo con la mano libre por la cadera mientras se movía en su interior con suavidad, intentando abrirlo.

—Jesús —Draco respiró, y si hubiese sido otro momento se habría burlado de él por su ateísmo, pero sinceramente, estaba más concentrado en otras cosas —. Más, por favor. Más. Necesito otro más.

Harry jadeó por la calidez y asintió de forma temblorosa, a pesar de que no podía verlo.

—Espera —dijo, y lo único que recibió de Draco fueron unos labios apretados con fuerza y su mano sujetando la cara de Harry hacia atrás.

El azabache sacó su pulgar, arrancándole un jadeo y volvió a llenar el resto de sus dedos de lubricante. Miró hacia abajo, retirando la mano que se aferraba a su cadera para así pasar a sostener su pierna, doblarla, y tener mejor acceso. Harry tanteó un poco su entrada, antes de introducir su dedo índice y la respiración de Draco se cortó unos segundos, volviendo a exhalar y a moverse encima de él.

—¿Así está bien? —se aseguró, consiguiendo un enérgico asentimiento de su parte y pequeños ruidos de placer.

Harry se sentía poderoso al tenerlo así, y unos inusuales celos al pensar en que más gente tuvo el privilegio de aquello. Era hipócrita, para él también habían habido muchas personas antes de Draco--

Pero no, no realmente. No podía venir nadie antes, ni nadie después de él. El pensamiento era incluso deprimente.

Draco se veía como una pintura griega. Tenía mechones de cabello pegados a su frente, y las mejillas casi rojas. Harry lo tenía casi incoherente, con los ojos apretados y la boca abierta intentando formular palabras pero solo terminando en quejidos, mientras movía el dedo dentro y fuera y se ladeaba para besarle.

—Estás tan jodidamente apretado — Harry susurró en su oído. Draco mordió su labio inferior, en el intento de una sonrisa.

—Más —fue lo que recibió de respuesta—. Por favor más, necesito más.

Harry añadió otro dedo casi de inmediato, centrándose en lo apretado y mojado que Draco se sentía. Miró su rostro. Tenía el entrecejo medianamente junto, sus dientes mordiendo su labio con tanta fuerza que éste casi se perdía y amortiguando los sonidos que el rubio estaba haciendo, mientras acariciabade arriba a abajo la pierna que sostenía.

—¿Te gustaría uno más? —preguntó por lo bajo, sin dejar de moverse.

Draco abrió sus ojos con dificultad, volteando su cabeza para mirarlo. Sus pupilas estaban completamente dilatadas y perdidas entre la bruma del deseo. Escaneó la cara de Harry, sin cambiar la expresión.

—No tienes la menor idea de cómo--ah...te ves, ¿no? —ignoró su pregunta, hablando de manera atropellada.

Harry presionó sus dedos en el nudo de nervios en su interior y observó cuidadosamente cómo sus párpados volvían a cerrarse y Draco volvía a lloriquear. Los retiró, solo para penetrarlo de nuevo con ellos de vuelta.

—¿Cómo me veo? —preguntó distraídamente, mientras continuaba abriéndolo.

—Necesito otro, Harry —volvió a ignorar su pregunta a propósito—. Otro más.

Pero Harry curvó sus dedos para tener un mejor ángulo, y presionó repetidas veces aquel botón que sabía que lo desharía entre sus manos. Draco soltó pequeños sonidos de placer ante eso, bajando su cabeza y, el ojiverde sabía, que estaba haciendo su mayor esfuerzo para no tocarse.

—Por favor —rogó Draco con un pequeño puchero.

Harry miró cómo su manzana de Adán se movió de arriba a abajo y dejó un beso allí. Entonces, añadió un tercer dedo.

Realmente podría hacer eso por siempre. Si esto era todo lo que obtenía de él, sería suficiente, sentirlo, sentir su calor, oírlo, verlo. Su propio líquido pre seminal goteaba empapando la espalda de Draco, mientras que con cada segundo sentía que el rubio se encontraba más preparado.

—Quiero que me folles—Draco logró decir, en un mar de jadeos e incoherencias.

Harry se detuvo instantáneamente, alejándose un poco. ¿Había escuchado bien? Draco pestañeó un par de veces, mirándolo con confusión. El pelinegro tragó, sintiendo la boca seca y su respiración agitada.

—¿Estás...seguro?—preguntó con inseguridad.

Sería su primera vez. Su primera vez con Draco. Con un hombre. Pero se sentía como mucho más.

Su primera vez en la vida.

El rubio dobló su brazo para atraerlo hacia sí y depositó el más dulce de los besos en sus labios, dedicándole una pequeña sonrisa de afirmación. Su estómago se llenó de mariposas, y sintió cómo, luego de haber sido empujado por meses, finalmente estaba cayendo al abismo.

—Te necesito dentro de mío —murmuró Draco, observándolo directo a los ojos, sin hesitar. Harry aún lo miraba dubitativo, haciendo que el rubio se moviera en sus dedos, cerrando sus ojos nuevamente—. Por favor, Harry. Necesito sentir como me llenas. Por favor.

Las palabras se impregnaron en su mente, bañándose en ellas. Asintió de forma torpe, retirando sus dedos, y volviendo a buscar el lubricante. Lo esparció en su polla, dura y goteando, pensando en que debía ser bueno. Tenía que ser bueno para Draco. Y bueno para él, después de todo. No había forma de que no lo fuera, trató de tranquilizarse. No había una sola manera de que no lo fuera, no con él.

Algo mareado, Harry tomó su miembro y lo ubicó en la entrada de Draco, intentando quedar cómodo en la posición que estaban. La cabeza de su polla comenzando a ingresar con suavidad bajo los suspiros del ojigris y la emoción indescriptible que sentía en el pecho. Sin condones, no cuando ambos se habían ido a hacer los exámenes correspondientes hace menos de una semana y hubiesen descubierto que no tenían nada. Al menos él no había tenido nada más con nadie en ese transcurso de tiempo.

Quería confiar en que Draco tampoco. Después de todo, él había pedido que fueran exclusivos.

—¿Todo bien? —preguntó sin aliento, ni siquiera a mitad de camino, por la pequeña mueca de dolor que el chico tenía en su rostro.

Draco asintió, sin mirarlo. Harry se inclinó para besarlo justo debajo de la oreja con dulzura.

—Queda poco—trató de consolarlo, mitad presente, y mitad sintiendo el abrasador calor de su interior.

—Bien —dijo Draco bajito—. Puedes seguir. Bien.

Harry esbozó una pequeña sonrisa, continuando con su misión. Las paredes lo recibieron, y tuvo que tensar la mandíbula por lo abrumador que todo se sentía. No era muy diferente a nada que no hubiese hecho ya antes, no comprendía por qué se sentía así, mientras estaba dentro de él, con una mano en su pierna, su pecho subiendo y bajando por lo que hacían, y la poca luz del farol de la calle que entraba por la ventana. Se maravilló con esa imagen unos segundos, el musculoso y suave cuerpo de Draco frente a él, que tenía el placer de conocer, y la oportunidad de aprenderlo de memoria.

Terminó empujando los últimos centímetros, hasta que estuvieron completamente unidos. La punta de su erección tocaba algo dentro de Draco, arrancándole un suspiro ahogado.

—¿Bien? —Harry preguntó, intentando asegurarse y resistir la urgencia de moverse, por la poca atención que le había prestado a su polla anteriormente. El rubio no respondió, simplemente continuó inhalando por la nariz— Draco, ¿te duele--?

El rubio ladeó su mandíbula para darle un beso desordenado que Harry estuvo más que gustoso de devolver, sintiendo cómo éste hacía ruiditos contra su boca.

—Ah, no. Se siente... —susurró, sin completar la oración, al mismo tiempo que Harry se movió de manera inconsciente, solo un poco. La mano que Draco mantenía libre sobre las sábanas, fue apretada con fuerza—. Ah, no te muevas. Joder--necesito un segundo.

—Oh, lo siento—se disculpó, compartiendo la misma respiración agitada. Se sentía conectado, de alguna forma, a él—. Trata de respirar...

Draco rio brevemente ante eso, y Harry pudo haberse sentido insultado o al menos estúpido por haber dicho algo tonto en un momento así, pero la risa hizo que el cuerpo ajeno se moviera y se tensara a su alrededor.

Eso era mucho más urgente.

Su desesperación creció a medida que el tiempo pasaba, pero no le prestó atención. Se sentía simplemente maravilloso, estar solo así. Sintiendo el palpitar alrededor de su polla y la sensación de que Draco y él eran uno solo, de alguna forma.

—Bien—dijo el rubio al final—. Puedes moverte.

La emoción recorrió su espina dorsal, y movió sus caderas para retirarse y luego volver a penetrarlo, esa vez con un poco más de fuerza, sintiendo el interior de Draco deslizándose en su miembro. Vio al rubio aferrarse más a la sábana, pero no pudo preocuparse, no cuando lo había oído susurrar.

—Oh Dios. Sí.

Las estocadas de Harry parecían abrir cada vez más a Draco, aunque no estuviera haciéndolo de forma brusca. Intentaba hacerlo con la mayor suavidad posible, pero una vez que bajó la mirada, por encima de la cintura de Draco, y vio cómo la polla del chico chocaba repetidamente contra su estómago, comenzó a aumentar la velocidad, viendo sus párpados apretarse y contenerse de gemir.

—Mierda, justo así —Draco dijo luego de unos minutos.

Harry no pudo evitar soltar una pequeña risa, entrando y saliendo de él con un poco más de velocidad. El rubio murmuró algo inteligible.

El moreno envolvió la pierna que mantenía levantada con su antebrazo y se inclinó para tocar la polla de Draco que descansaba sobre su abdomen, masajeándolo de arriba a abajo sin detener cada estocada. Draco parecía perderse con cada segundo en el placer, mientras que Harry tocaba su cabeza y acariciaba toda la extensión de su miembro de la forma en la que sabía que le gustaba, murmurando en su oído.

—He querido hacerte esto desde no tienes idea cuándo —dijo, subiendo el ritmo de sus atenciones—. Eres tan jodidamente hermoso.

—Dios —respondió Draco, con una expresión de placer que podía ser confundida con dolor, excepto que lo que salía de su boca era todo lo contrario—. Joder, te sientes tan bien dentro mío. Tan jodidamente caliente--

Harry decidió callarlo con más fuerza en sus estocadas, mordiendo su hombro lo suficiente para dejar un moretón y dándole algunos apretones a la dura polla entre sus manos.

—Más —Draco pidió, sin ser consciente de verdad lo que decía—. Por favor.

Harry no estaba seguro de si debía hacerlo más fuerte aún, pero si tenía al ojigris mirándolo así, cómo lo estaba haciendo, directo a sus orbes, no había nada que pudiera negarse en darle. Un océano. Todo su dinero. Sus sueños. Solo, si hacia que Draco lo mirara de esa forma por siempre.

—Lo que sea que me pidas —logró decir, saliendo de él por completo, antes de penetrarlo hasta que su cadera se encajó con su trasero.

Salió y entró de él repetidas veces, oyendo los gemidos de Draco y viendo desde ese ángulo cómo su boca estaba abierta, sus cejas arriba y su frente arrugada en una expresión de total lujuria y desesperación. Se veía tan dolorosamente hermoso así, perdido en las sensaciones que él le hacía sentir, que él mismo estaba sintiendo. El placer hacía que quisiera cerrar los ojos y apoyara su cabeza en el hombro ajeno, follarlo hasta que ninguno de los dos sintiera algo más, pero no podía hacerlo, no cuando tenía a Draco allí, y podía mirarlo. No había nada en comparación, y no podía desperdiciar el momento.

No podía darse el lujo de no mirar, porque no sabía cuándo tiempo les quedaba, después de todo.

No sabía cuándo terminaría eso entre ellos.

—Más fuerte —ordenó Draco, tomando a Harry de la parte trasera de la cabeza para darle otro beso mojado, que no fue más que simple contacto de lengua con lengua.

Pudo ver brevemente cómo aquellas esferas plata no eran más que negro, y toda la compostura y el control de sus emociones se había esfumado, dejando a ese Draco que tenía la cara roja, el cabello salvaje y aquel gesto imposiblemente caliente que hacía parecer que Harry lo estaba follando hasta hacerle olvidar como se hablaba correctamente.

—¿Así?

Harry volvió a salirse por completo y luego penetrarlo en una sola estocada, haciendo que Draco gritara un poco y advirtiéndole que no dudaría mucho más si seguían de esa manera.

—Sí, más fuerte —Draco susurró, aún con la boca encima de la suya, dejando pequeños besos desesperados—. Fóllame más fuerte, Harry. Dios.

No, realmente ninguno iba a durar mucho más. El sonido de sus cuerpos colapsando juntos resonaba en el cuarto. Los pequeños lloriqueos de Draco que subían de volumen mientras Harry lo follaba tan fuerte y duro como quizás nunca lo había hecho con nadie antes.

—Tócate —dijo Harry, soltando la polla de Draco para volver a tomar su pierna—. Quiero verte tocándote. Por favor, Draco.

—Ah,mierda —Draco maldijo, con su voz poniéndose cada vez más ronca y necesitada—. ¿Te gustaría eso, huh?

El rubio tomó su erección, comenzando a masturbarse bajo la atenta mirada de Harry, que continuaba el ritmo de sus estocadas.

—Me voy a...correr —dijo el rubio, apretando los dientes mientras dejaba otro beso—. Me voy a correr, Harry. Joder. Me voy a correr.

—Hazlo —se encontró diciendo, aunque no estaba prestando real atención a sus palabras—. Hazlo. Quiero verte, quiero ver lo hermoso que eres, quiero ver cómo te corres y quiero lamerte--

Se centró en cómo la cara de Draco se contraía en un gesto que no podía ser más que pre orgásmico. Su boca se abrió y sus ojos pestañearon un par de veces, luchando por mantenerse abiertos mientras que su ceño estaba totalmente marcado.

Era demasiado, ver cómo Draco alcanzaba el orgasmo gracias a él, con su preciosa cara hecha un lío y la forma en la que soltaba un gritito ahogado del puro placer, con las paredes de su interior tensándose alrededor de la polla de Harry mientras llegaba. Se derramó sobre su propio vientre, y él continuó follándolo mientras lo veía, para alcanzar su propio orgasmo que estaba tan jodidamente cerca.

Draco continuó derramándose, con los ojos firmemente cerrados, y Harry supo que ya no había punto de retorno. Salió de él una última vez antes de correrse en su espalda, corriéndose en las finas líneas de su cuerpo y parte de su trasero. Tragó y mordió su labio con fuerza, soltando un gruñido mientras continuaba corriéndose, haciendo un desastre entre los dos.

Por un par de minutos ninguno se movió. El cansancio llegó a Harry de golpe, mientras apoyaba su frente en el hombro de Draco y dejaba un beso en su espalda. Lo oyó respirar temblorosamente, aún agitados. Realmente no quería pararse e ir a buscar algo para limpiar, necesitaba quedarse allí, a su lado. Sería útil que existiera algún tipo de hechizo mágico que desvaneciera todo y pudiesen meterse nada más bajo las sábanas.

Pero eso no era posible, así que con un suspiro, se levantó, admirando a Draco que permanecía en su costado, con sus ojos cerrados y, bueno, manchado por atrás y adelante. Harry sonrió, alcanzando un poco de papel que estaba en el mueble y se lo tendió, apuntando con la barbilla al baño.

—¿Qué dices de una pequeña ducha?

Draco no respondió. Comenzó a retirar todos los restos de su estómago y Harry ayudó un poco en su espalda, empezando a caminar al baño casi pegados al otro.

Dio el agua mientras ingresaba, sujetando a Draco para que lo siguiera. No tardó mucho en calentar y se puso bajo el chorro, dejando que éste se llevara el sudor y la evidencia de lo que acababa de suceder. El rubio lo imitó, inclinando su cabeza, dejando que el agua mojara su pelo que ahora presentaba un rosado notoriamente deslavado en las puntas.

Harry comenzó a lavar su propio cabello, cerrando sus ojos en el proceso. Lo último que se esperó, fue que, atrás suyo, un cuerpo más alto que el de él se posara y retirara sus manos con suavidad, haciéndolo él mismo. Su piel se erizó, y su estómago comenzó a formar un extraño nudo. Draco nunca había hecho eso.

Nunca nadie antes había hecho eso.

Ginny y él rara vez compartían ducha, pero cuando lo hacían cada uno se ocupaba de lo suyo. Con las chicas que estuvo luego de ella, se encontraba demasiado ocupado en otras cosas para preocuparse de limpiar a la otra persona. Y antes, solo su tía Petunia le había preparado un baño, pero sin tocarlo. En lo absoluto.

Draco manejó su cuero cabelludo con tanta delicadeza que su garganta se cerró y tuvo que controlarse por calmarse. Era estúpido, jodidamente estúpido. ¿Quién querría llorar por esa simple acción? Probablemente el rubio lo había hecho incontables veces, con otras personas. Quizás era una tradición y finalmente se sentía con la confianza de hacérsela a él. No entendía por qué mierda siempre tenía que sentir diferente, por qué mierda siempre tenía que interpretar todo de formas distintas.

Si él fuera así, tal vez todo sería más fácil. Si fuera así, las cosas no se hubiesen complicado, y seguiría pensando que era solo sexo.

Porque no lo era. Joder. Había pasado tanto tiempo intentando convencerse de que sí, pero no lo era, y no tenía idea de cuando la verdad les iba a explotar en la cara. Cuando Draco se daría cuenta de ello y decidiría moverse a otro amante, a alguno que sí buscara lo mismo. Sin compromisos, sin ataduras, cómo él mismo lo había dicho.

Harry soltó un respiro tembloroso, al mismo tiempo que Draco lo giraba con suavidad, para que lo encarara. El pelinegro cerró los ojos, con sus manos aún enterradas en su cabello, y su corazón no pudo hacer más que dar un vuelco, cuando el rubio se inclinó y le dio un beso.

Pero no en los labios.

Draco había besado su cicatriz.

Nunca nadie lo había tocado allí antes, no más que los médicos que intentaron curarlo, mucho menos lo habían besado; porque siempre trató de ocultarla. Y ahí estaba Draco, besándola y tocándola como si fuese cualquier otra parte de Harry. Pero no.

Era lo único que verdaderamente le pertenecía solo a él. Y ahora también pertenecía a Draco.

¿Cuánto más tendría que darle?

—Estuviste perfecto —susurró Draco, quitando el shampoo bajo el agua—. Siempre lo eres.

Harry suspiró, sin encontrar la fuerza para abrir los ojos, y tomó a Draco de las caderas, sintiendo su tersa piel. Sus erecciones habían bajado, y definitivamente no había nada sexual en lo que estaban haciendo. Eso sería una primera vez. Una primera vez dónde se encontraban desnudos y no había intenciones de profundizar en ello.

Joder, ¿cuántas primeras veces llevaban? ¿Qué tan difícil sería para Harry recuperarse una vez que todo se fuera a la mierda?

En el turno de Draco de estar adelante, el moreno fue quién se encargó de limpiar su espalda con toda la suavidad que poseía, memorizado cómo los músculos se sentían bajo sus dedos, la forma en la que su mano encajaba a la perfección en su cintura, como si hubiese estado hecha para que fuera así. Besó su nuca, mientras Draco lavaba su propio cabello y lo abrazó por detrás, pensando que quizás, si lo deseaba lo suficiente, aquello no se acabaría.

Que podrían quedarse a vivir en ese momento para siempre.

Pero Harry sabía mejor que nadie que las cosas no eran tan fáciles. Nunca lo habían sido.

Salieron de allí, riendo un poco mientras envolvían una sola toalla en su cintura, y Harry ni siquiera tuvo que pedirle a Draco que se quedara. Simplemente ambos abrieron las cubiertas de la cama, y se metieron allí, desnudos, con el cabello mojado y pequeñas risas. Harry se amoldó a su esbelto cuerpo, haciendo nada más que observarlo con la escasa luz que había. Pasó su dedo índice por cada facción de su rostro, mientras Draco le devolvía la mirada, relajado.

De alguna forma eso se sentía mejor que el sexo en sí.

Estaba exhausto, y ninguno parecía tener más palabras para decir. Draco claramente no quería hablar de lo que sucedió esa tarde, y Harry no quería saber acerca de su cita. Nunca había estado en sus planes, pero tampoco quería rendirse ante el sueño. Necesitaba recordar ese momento, necesitaba grabarlo a fuego en su memoria. No quería perderse nada, ni como las largas pestañas de Draco rozaban sus mejillas cuando parpadeaba lento, o cómo su boca estaba levemente inclinada hacia arriba, en una sonrisa contenida. Cómo su cabello estaba esparcido en su almohada, mojándola, o la forma en la que su piel se fusionaba con el color de sus sábanas.

No quería dormirse, no podía.

Draco depositó un último beso, algo más largo que el resto y jugó con su aro unos segundos, cómo cada que hacía que estaba nervioso, pero nada más y al rato, sus ojos se cerraron, cayendo en el sueño.

Harry, eventualmente, lo siguió.

Desesperación era poco comparado a lo que estaba sintiendo.

Había estado vagando durante casi tres horas por prácticamente todo Londres, intentando encontrar el regalo perfecto para el cumpleaños de Draco, pero no había nada. No encontraba nada.

¿Un vinilo de Queen? Sabía que le gustaban, pero eso no quería decir que al punto de querer algo tan costoso y grande. ¿Ropa? Draco tenía ropa bonita, y ocupaba casi puro negro, ¿y si la cagaba? Además de que sentía que regalar ropa era demasiado simple, aunque él no le debía nada muy elaborado. Pero quería dárselo. ¿O no? ¿Se expondría si lo hiciera?

Harry llevó las manos hasta su cabello y le dio un leve tirón, intentando concentrarse. Faltaban apenas tres días para su cumpleaños y aún no había encontrado nada. Las libretas habían quedado descartadas, porque Draco tenía bastantes y además, quién mierda regalaba libretas. No tenía sentido hacerle comida que le gustara porque se la pasaban ordenando a domicilio y, honestamente, Harry no confiaba en su propia habilidad como para transformar eso en un regalo. No podía llevarlo a algún lugar, porque no tenía idea de qué le gustaba. ¿Disfrutaría yendo a un zoológico? ¿Al cine? Llevarlo a un recital sería demasiado, considerando que pasaban rodeados de ese ambiente todo el tiempo. ¿Le gustaría el teatro? ¿El fútbol? ¿La pintura? ¿Los museos?

¡Joder! No sabía nada. Absolutamente nada. No tenía la menor idea de cuál era su color favorito, o cuáles eran sus gustos además de la música. No sabía su película favorita, ni su canción favorita o básicamente todo lo que incluyera la palabra favorito. Todo lo que sabía de Draco, eran migajas que él le dio. Todo lo que sabía, era lo que había aprendido debido a su convivencia.

Maldijo por lo bajo, sintiéndose extrañamente vacío. ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Cómo podía saber tan poco de él?

Decidió tomar el bus a casa, molesto con él mismo, con las estúpidas tiendas con regalos mediocres y con Draco.

Cuándo llegó al apartamento, empujó la puerta con tanta fuerza que chocó con la pared, y luego la cerró de un portazo, sacándose los zapatos sin desabrocharlos y tirándolos dónde cayeran.

—¿Qué bicho te picó a ti? —preguntó Draco con el ceño fruncido, asomando la cabeza por el pasillo.

Harry entrecerró los ojos en su dirección y dio grandes zancadas para acercarse hasta el rubio, apuntándolo.

—¡Tú!

La confusión que presentaba Draco le habría dado ternura, si no se encontrara tan molesto con él.

—¿Yo qué...?—replicó, arrugando la frente—. ¿Hice algo?

Harry levantó su dedo índice hasta que chocó contra su pecho y juntó el entrecejo también.

—¿Hici ilgi? —repitió sus palabras con burla, arrugando la nariz. Draco se cruzó de brazos.

—¿Se puede saber de dónde viene éste arrebato de inmadurez? —cuestionó, con una ceja arriba.

—Si piidi sibir--

—¡Potter!

—¡No, nada de Potter! ¿Tienes idea de lo que tuve que pasar hoy, por tu culpa?

—¡No entiendo!

Harry dio una pequeña vuelta en su lugar, quitándose el abrigo de un solo tirón y arrojándolo dentro de su habitación, que tenía la puerta abierta, sin importarle que cayera en el suelo.

—¡Estuve tres horas! ¡Tres! ¡Buscándote un regalo en Lon--!

—¡Nunca te pedí un regalo! —lo interrumpió Draco, subiendo el tono de voz para igualar el de él.

—¡Me importa una mierda! ¡Te estaba buscando un regalo bonito! ¿Y sabes qué? ¡No lo encontré, porque no sé nada de ti!

Draco dio un paso hacia atrás, luciendo mareado de un segundo a otro.

—¿Qué?

—¡Eso! —prosiguió Harry—. ¡No tengo idea de qué te podría gustar!

El rubio negó con la cabeza, perdido.

—¿Qué? —repitió, algo más alerta.

—¡Pues eso, ya te dije! —Harry elevó las manos hacia el techo, en un gesto dramático—. ¡No tengo idea de qué darte, y tu cumpleaños es en tres días!

Draco se recobró unos segundos, pero no le gritó de vuelta. Elevó la barbilla, descruzando los brazos.

—Te dije que no quería nada. No te he pedido nada.

—¡Y yo te dije que me importaba una mierda y te quiero regalar algo! —replicó Harry sin calmarse. Le dolían los pies de tanto caminar—. ¡Y no sé qué! ¡No tengo idea de cuál es tu canción favorita, o tu estación del año favorita, o tu color preferid--!

—El azul —lo cortó, sin alterarse.

Harry bajó los brazos.

—¿Qué?

—Mi color favorito es el azul, pero no el azul oscuro, si no el azul turquesa, porque así tenía pintada mi habitación cuando era niño.

Un Draco pequeño vino a su mente, en una gran cuarto lleno de juguetes y cosas costosas, según lo que le había contado de como había sido su infancia, y algo cálido se expandió en su interior. Eran pocas las veces que Draco mencionaba cosas de su pasado.

Se dio cuenta que él nunca lo hacía.

—Mi canción favorita es Starman de David Bowie. Mi banda favorita solía ser Nirvana, pero ahora me gusta mucho más Guns n' Roses —soltó, todo de una sola vez, y Harry trató de anotar rápido en su mente aquella valiosa información—. Mi estación favorita es la primavera porque en Invierno me congelo y en Verano parezco jaiba por lo rojo que quedo bajo el sol. Odio el sushi. Amo la comida chatarra, porque nunca se me permitía comerla de niño. Me gustaría tatuarme algún día. Si fuera por mí me pintaría el pelo de todos los colores que hay. El aro del labio me lo hice en una noche de borrachera, pero no me lo sacaría jamás.

Draco suspiró, apoyándose en la pared y ladeando la cabeza para mirarlo por entre sus pestañas. Harry tragó en seco, acercándose a él y, sin pensarlo mucho, apoyó su frente en su hombro. Ya era una costumbre. No se abrazaban, no más de lo necesario, pero a él le gustaba tener ese tipo de contacto y Draco nunca se había quejado.

—¿Eso suple el vacío que tenías en tu lista sobre mi persona? —preguntó al cabo de un rato.

Harry rió, separándose para mirarlo a los ojos. La bella heterocromía resaltaba un poco más con la luz blanca del pasillo, y sus pecas parecían haber aumentado por los días de sol que pasaron en las últimas semanas. Sus mejillas estaban ahuecadas, y sus labios carnosos relajados. Se preguntó cómo, cómo, pudo vivir meses enteros sin tenerlo así de cerca.

—Sigo sin saber qué mierda darte.

Draco resopló, metiendo las manos a sus bolsillos y sacudiendo la cabeza para ahuyentar el pelo que cayó encima de su frente.

—No sé que más puedo hacer por ti entonces. ¿Te gustaría que te escriba la biografía de mi vida?—se burló.

Le dedicó una risa irónica, pero, la verdad, no era una mala idea. Harry no sabía nada de Draco, de su vida. Apenas lo conocía. ¿Era demasiado pedir el que se comportaran como si eso fuera normal entre ellos?

Suponía que sí. Suponía que eso no era lo que firmaron antes de. Draco no le debía nada a Harry y Harry no le debía nada a Draco. Nada más que exclusividad por acuerdo mutuo. Fuera de eso, los detalles de su persona, de lo que hicieran fuera de los momentos que compartían cama, no eran de su incumbencia.

Se dio cuenta que no habían límites, no existían. Lo que él más temía que sucediera terminó pasando, las líneas de lo que eran y no terminó desdibujándose hasta dejarlos allí, dónde Harry sentía que estaba caminando encima de cristal. Si decía algo mal, se rompería. Tenía demasiado miedo de preguntar, de pedir más, de establecer límites y parámetros.

Bajó la cabeza, desviando la mirada.

—Supongo que aún tengo tres días—terminó diciendo al fin.

Draco rió levemente, negando un poco.

—Ya te dije que no quiero nada. Con la fiesta que están planeando es suficiente.

—No creo que sea su--hey, ¿cómo supiste?—Joder, lo que faltaba. Genial.

El rubio guiñó un ojo, separándose del cemento y girándose para volver a su habitación.

—La próxima vez, recordarás que soy yo el que recoge el correo, y que por lo tanto, vi la notificación del arriendo del local. Bastante lindo, por cierto —respondió y sus mejillas se enrojecieron.

—Por favor no les digas que nos descubriste por mi culpa —pidió en forma de quejido. Blaise era capaz de asesinarlo con sus propias manos si eso sucedía.

Draco se apoyó en el umbral de su puerta, sonriente.

—Creo que necesito algo a cambio de mi silencio.

Harry rio también, emprendiendo camino hasta su propia habitación, con una idea pasando por su mente de inmediato. Se sintió idiota por no haberlo pensado antes. Era de lo poco que tenían en común, de lo poco que él sabía al menos.

—Aprovechador—replicó.

Draco le sacó el dedo del medio sin borrar su buen humor.

—Veremos qué se te ocurre, Potter.

Harry se encogió de hombros, empezando a darle forma a la idea en su cabeza, esperando que fuese una correcta.