Harry había intentado convencerse una y otras vez que sus planes para el cumpleaños de Draco iban a gustarle tanto como él deseaba que lo hicieran.
Así que el 5 de Junio a las 12:00 a.m en punto aporreó su puerta a golpes y lo amenazó con tumbarla si no le abría. El rubio lo había hecho, malhumorado, alegando que era su cumpleaños. Pero antes de que pudiera molestarse mucho más, Harry se abalanzó hacia él, depositando un beso en sus labios y dándole un pequeño pastel con una vela solitaria en él.
—Feliz cumpleaños —le sonrió.
Solo por eso, se la había dejado pasar.
Durante el día, tuvo suerte de que Draco tuviera clases durante la tarde, porque así contaban con toda la mañana libre. Era suficiente. Esperaba que fuera suficiente.
Ambos tomaron un desayuno liviano, donde Draco contestaba llamadas y mensajes de tanto en tanto. Harry también recibió un texto de Hermione diciendo que en la última entrada del blog los comentarios estaban a reventar de felicitaciones a su vocalista y que debían publicar una foto al respecto. Él estuvo de acuerdo.
Cuando ya hubieron terminado, Harry empezó a jugar con el dobladillo de su ropa, nervioso. No estaba seguro de si era buena idea lo que haría, pero se preparó para cualquier cosa. Esperaba que Draco no reaccionara mal, pero con él nunca se sabía. Se aclaró la garganta, levantando la vista para encontrar los ojos grises de ya mirándolo fija y sospechosamente.
—Suéltalo —le dijo tajante.
Harry se rascó la cabeza, haciendo un lado el plato de comida que tenía y viéndose incapaz de ingerir nada más.
—Te tengo un regalo —respondió, bajito.
En un principio el rubio no se mostró tan sorprendido como Harry creyó que lo haría. Claro que eso cambió, una vez que le dijera que en realidad su presente no estaba precisamente allí.
—¿A qué te refieres con que no está aquí, Potter? —preguntó el suspicazmente.
El ojiverde se mordió el labio, levantándose de su lugar e intentando rehuir su mirada. Podía mandarlo a la mierda fácilmente.
—¿Me concederías tu mañana?
Draco pareció quedarse sin palabras. Se reclinó en su asiento, tomando una servilleta para limpiarse y ganar tiempo, organizar sus ideas. Sus ojos se entrecerraron, intentando desentrañar las intenciones de Harry.
—¿Qué quieres hacer? —le cuestionó.
—Quiero que te vistas bonito y que me hagas el favor de acompañarme —contestó el pelinegro tratando de no inmutarse.
—¿Para qué?
—Ya lo descubrirás.
Durante todo el trayecto, Harry hizo un esfuerzo de no deslumbrar nada de su plan. Era estúpido, y rara vez había hecho algo así. Pero quería darle algo, algo especial. Ya descubrió que no existía nada material que pudiese regalarle, nada que él supiera que Draco valoraría. Y él quería que lo hiciera. Quería que disfrutara de su cumpleaños.
Harry desaba eso, deseaba ser parte de eso.
Solo esperaba que eso no empeorara las cosas. Incluso una pequeña parte de sí, anhelaba que quizás eso significara un cambio.
Cuando llegaron al Regent's Park, el semblante de Draco cambió casi de manera automática. El moreno estudió con detenimiento su reacción. Sus hombros bajaron levemente, su entrecejo se arrugó, como si estuviese tratando de descifrar un enigma, y cuando se giró hacia él, tenía la cara llena de duda.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —prrguntó en voz baja.
El ojiverde negó, tomándolo del brazo e intentando que la gente de alrededor no se percataran de quienes eran.
—Sígueme.
Draco no pronunció palabra, y Harry intentó trazar su ruta, recordando el mapa que había visto ayer por la noche del parque.
Trató que sus ojos no se desviaran a Draco cuando pasaron los lugares concurridos, pero fue inevitable. ¿Le traería muchos recuerdos? ¿Había sido una buena idea? Pero el rubio no dio más señales que un leve ceño fruncido de reconocer dónde estaban. Harry realmente no sabía si era así, o lo estaba ocultando. Quizás ambas.
—¿Adónde vamos? —preguntó, al ver cómo pasaban de largo las estancias más populares.
Harry se giró brevemente, sabiendo que aún faltaba, pero estaban cerca.
—No pretendo secuestrarte, si eso es lo que piensas —contestó con una sonrisa.
—Eso sería bastante grosero considerando que hoy cumplo veintitrés.
—Todo un anciano.
Draco bufó, pero no pronunció palabra más, hasta que el azabache se metió por unos caminos no transitados y bastante, bastante solitarios.
—Okay, ahora realmente me estás preocupando —el rubio dijo, mirando hacia abajo desde donde Harry lo esperaba, para que pudieran llegar al destino.
—No es nada. No permitiría que nada malo te pasara —intentó tranquilizarlo, mirando alrededor. Los árboles estaban erguidos y solo había un par de parejas en el pasto, conversando. El sol apenas calentaba un poco. Draco aún lo miraba dubitativo. Harry suspiró—. ¿Confías en mí?
Aquello trajo una nueva expresión a su rostro, y le dedicó la más leve de las sonrisas, tomando la mano que el moreno le ofrecía. Algo en su pecho se calentó.
—Si me muero, quiero que sepas que es enteramente tu culpa —terminó respondiendo, pero Harry sabía que eso era un "sí".
Comenzaron a avanzar, sin soltarse la mano.
—Puedo vivir con ello.
Draco le sonrió, y finalmente, llegaron a su destino. Harry solo había leído de él, como había sido inaugurado hace poco, y que escasa gente sabía de él. El parque japonés, escondido a la simple vista de los visitantes, se erguía orgullosamente, más bello y desierto que el resto del Regent's Park. El rubio miró a su alrededor, tratando de esconder la maravilla que amenazaba por tomar rienda de su expresión, y Harry abrió su mochila, sacando la manta para poder sentarse frente al lago, dónde unas cuántas aves nadaban.
—No tenía idea de que existía algo así —murmuró Draco, tomando asiento a su lado de forma inconsciente.
—Ni yo. Pero me alegra que no muchos lo sepan —respondió, concentrando en sacar de su bolso toda la comida que había traído—. Al menos podremos ver si alguien se acerca. No creo, en todo caso. Pero podemos estar tranquilos.
Draco se giró hacia él, intercambiando su mirada entre su cara y las bolsas de sufflés y papas que reposaban frente a ellos.
—¿Por qué decidiste traerme aquí? —preguntó al final, casi inseguro de querer saber la respuesta.
Harry suspiró, retirándose sus lentes y frotando sus ojos. Sabía que la mejor forma de responder a esa pregunta era con sinceridad, pero no quería hacerlo. No conocía a Draco lo suficiente para saber cómo se lo tomaría.
—No tenía ni puta idea de qué regalarte--
—Sí, creo que me lo dejaste claro.
El moreno frunció el ceño, sacándole el dedo miedo y haciéndole reír. Se permitió también el esbozar una sonrisa.
—Bueno, estaba perdido, y tú no parecías muy dispuesto a colaborar. Así que--no me mates —pidió, desviando la mirada. Draco le observaba con curiosidad, pero no aseguró ni negó nada—. Llamé a Blaise, para pedirle el número de tu amigo Goyle, para tener así una idea, y él me proporcionó unos detalles. Sé que amabas éste parque de pequeño, que tu madre solía traerte, pero--
Hizo una pequeña pausa, verificando que Draco no estuviese espantado. No lo parecía, aunque aquella máscara en blanco permanecía allí. Harry tragó, volviendo a ponerse sus lentes, mirando cómo dos aves se peleaban ahora por...no sabía qué era eso. ¿Y esos eran gansos? ¿Palomas? No, no podían ser palomas, las palomas--
Bueno, se estaba desviando del tema.
—Pero, no estaba seguro de que te gustaría revivir antiguos tiempos con tus padres, sabiendo la...delicada relación que tenían —suspiró nuevamente—. Así que quise traerte aquí, pero a un lugar donde puedas crear nuevos recuerdos. Y, además, te traje mucha comida chatarra.
Levantó una bolsa de papas fritas para probar su punto, haciendo que el rubio le dedicara una leve sonrisa. Le quitó el envase en cuestión, abriéndolo y desviando la vista también hacia el lago. Harry, observando cómo el sol le arrancaba destellos a su cabello rubio, se veía incapaz de dejar de observarlo. Eso no era todo el regalo, por supuesto, pero quería que le gustara de igual forma.
—Gracias —pronunció Draco bajito, llevándose una papa a la boca. Harry se la arrebató antes de que lo hiciera, comiendola él y ganándose una mirada fulminante.
—Sé que puede que estés acostumbrado a relojes y cosas costosas, al menos durante unos buenos años lo estuviste. Pero sinceramente no conozco tanto tus gustos y la probabilidad de cagarla era más grande —se encogió de hombros—. Además esto no es todo. No podía ser tan simple.
Draco lo miró interrogativamente, empujándolo un poco con el hombro.
—Hace mínimo cinco años que nadie me regala nada que cueste más de diez dólares —arrugó la nariz—. Pero lo prefiero así. Y esto es perfecto, está todo muy lindo, y no venía aquí desde que tenía como...¿trece? ¿Catorce? —sus ojos brillaron con algo difícil de identificar—. Gracias.
Harry volvió a encogerse de hombros, dejando que la palabra lo bañara de cabeza a pies.
—Solo quería que estuvieras a gusto.
Draco entonces comenzó a comer cada una de las cosas que llevaba en la bolsa. No habían desayunado hace mucho, y pronto sería el almuerzo, pero el rubio no se veía asqueado ante eso. Es más, parecía disfrutar con más ganas. Mezclando sabores y haciendo que Harry hiciera ademanes de que iba a vomitar al verlo.
Lo alimentó un par de veces, y tiraron pedazos muy pequeños de papas a las aves que apenas les prestaban atención. Aún no eran las 12 de la tarde, y la gente al parecer no se sentía curiosa de vagar por esa zona del parque. Lo único que se escuchaba era el aleteo de los animales, la brisa del viento y sus ocasionales risas cuando alguno hacía algo muy estúpido.
Harry, se encontró pensando de pronto, que eso era demasiado parecido a una cita.
Su estómago se revolvió, pero contrario a otras veces, era algo bueno. Draco apoyó la cabeza en su hombro, y él pasó un brazo encima de su espalda, atrayéndolo más hacia él. Estaban sumidos en un silencio amistoso, y el rubio pasó su propia mano por la cintura de Harry, dejándolos envueltos en algo parecido a un abrazo. Se preguntó, si quizás esto significaba un avance para su amistad. Si quizás esto significaba que al final de todo si podían tener una relación más cercana, pero quería que fuera más. Anhelaba que fuera más. No parecía, ciertamente, algo que hicieran dos amigos o gente que nada más follaba.
Y se permitió soñar.
Tal vez había estado equivocado todo este tiempo. Tal vez, y solo tal vez, Draco podría llegar a sentir lo mismo que él. Tal vez podría darle la oportunidad de que le hiciera sentirlo. De que Harry le demostrara que era posible. Si quizás...
—A padre no le gustaba que mamá me trajera al Regent's Park. Así que lo hacía a escondidas —dijo Draco, al cabo de un rato.
Harry se tensó casi de forma imperceptible. Era la primera vez que Draco hablaba de su padre, al menos la primera vez que lo mencionaba para contar una anécdota. Y que lo llamaba así. Siempre era "Lucius" o el apelativo de progenitor usado de una forma irónica. Sin embargo allí, su voz era pequeña, y no parecía estar contando algo que fuera especialmente triste.
—¿Sí? —preguntó Harry, subiendo su mano para posarla en su cabello y comenzar a masajearlo—. ¿Por qué?
Draco se acomodó aún más, y Harry pudo ver por el rabillo del ojo cómo cerraba sus párpados, y se dejaba mimar, haciéndolo sonreír.
—Porque prefería uno que estaba frente al Palacio, decía que tenía más clase y bla, bla, bla —bufó, sabiendo lo estúpido que sonaba—. Pero aquí siempre hubieron más niños, y mamá solía reunirse con una mujer que se le parecía. Aunque nunca me habló de ella luego, y yo nunca le pregunté quién era. No lo sé, en un hogar lleno de responsabilidades y apariencias, aquí era el único lugar donde podía ser un niño normal.
Harry analizó sus palabras, pensando en ellas. Era verdad que ninguno de los dos había tenido una infancia que podía ser catalogada como "normal". Él, con sus horribles tíos, y Draco, por lo poco que sabía, con un montón de protocolos y etiqueta que él no comprendía ni quería comprender.
—¿Tan terrible era? —dijo, expresando su duda.
Él asintió, y antes de que pudiera responder, deshizo la posición en la que estaban.
Por un horrible segundo, Harry pensó que había dicho algo incorrecto, y que no era un tema que le correspondía a él tocar. Que, la verdad, no lo era. Pero Draco simplemente descendió, hasta recostar su cabeza en su regazo, estirando su cuerpo por la manta, y dejando su cabeza a su disposición, haciendo a su corazón latir mucho más rápido. No perdió el tiempo, reanudó su masaje.
—Hasta que fui a la escuela, recibía lecciones de todo lo que pudieras imaginarte. A los seis años ya sabía hablar francés, chino, y español. Además de inglés —respondió, con aire tranquilo. Harry estaba demasiado concentrado en su cabello—. La primera vez que fui a un funeral tenía siete, y nada más por etiqueta. No tenía tiempo ni para respirar. Así que mamá me traía aquí cuando podía, y a mi me encantaba. Lo único bueno que me quedó de todo ese sobrecargo, fueron las lecciones de piano y canto. Sin ellas, no hubiera descubierto la música.
Harry asintió, intentando encontrar algo que decir.
—Sin ellas, no hubieses estado en la banda —le dijo, creyendo que era lógico.
Un minuto de silencio pasó.
—Sin ellas no te hubiera conocido a ti.
Su pulso aumentó en una fracción de segundo, deteniendo su caricia, para calmarse. Tragó en seco, intentando encontrar palabras para eso. No las tenía.
Draco mantenía sus ojos cerrados, y Harry se dobló sobre sí mismo para bajar su cabeza y depositar un suave beso en sus labios, y luego en su mejilla, y su nariz, y su frente, y sus cejas, arrancándole una risa que no hizo más que calentar su corazón.
—No puedes negar que te encantaba ser un niño mimado —lo pinchó. Draco resopló.
—Era lo mínimo que merecía.
Se mantuvieron allí bajo el sol y la calma por al menos media hora más, robándose pequeños besos ocasionales y hablando tonterías. Harry nunca se había sentido tan lleno, y sabía que allí había una verdad indiscutible. Eso no era una salida común y corriente.
Se encontró pensando prontamente, que a pesar de todo, el mundo era un poco más feliz y brillante desde que Draco estaba allí con él.
Pasadas las doce, comenzaron a guardar las cosas, justo cuando Deaco se durmió y Harry se apresuró en despertarlo. Él le discutió que porqué le hacía eso si aún faltaban bastantes horas para sus clases. Pero el azabache nada más le miró de reojo, y murmuró un: "hay otro lugar en el que debemos estar", acallando sus quejas.
—¿Y ahora qué, Harry? —suspiró Draco con fastidio, pegándose a su lado y enganchando sus brazos mientras caminaban de vuelta—. Realmente quieres matarme de un disgusto.
Pero el moreno sabía que no lo decía en serio. No cuando esa sonrisa no se le había borrado de la cara.
Cuando llegaron a los espacios más concurridos, Draco soltó su brazo. Había más personas que antes, pero ninguna parecía prestar atención a lo que estaban haciendo. Harry sacó su celular un momento del bolsillo, checando la hora. El lugar adonde iban estaba a unos minutos de allí, así que no tendrían problema. A menos que Draco se demorara caminando. Y había aprendido gracias a sus largas piernas, que el que solía quedarse atrás era él.
Esta vez el ojigris no se puso a cuestionar como loco hacia donde lo llevaba, simplemente estaba en su costado soltando comentarios ácidos sobre cómo era el peor cumpleaños de su vida haciendo reír a Harry y robándole besos cuando pasaban por callejones y nadie los veía. Lo que llevaban de día estaba siendo inusualmente perfecto, y no hallaba una forma de no dejarse perder en él.
Una vez que estuvieron frente al edificio, Draco abrió sus ojos de par en par. Brillaban, como si no pudiese creer lo que estaba viendo, y Harry tomó una gran satisfacción de aquello.
—Ven —lo instó—. Deben estar esperándonos.
Draco lo siguió silenciosamente, y el ojiverde se encontró a sí mismo con unas ganas prácticamente incontrolables de tomar su mano mientras caminaban, pero no podían. Una mujer de cabello tan negro como el suyo y ojos oscuros lo recibió, anotando sus nombres en la lista. Como Harry ya había pagado todo antes, no era necesario más que confirmar su identidad para que todo estuviese listo, y la sala a su disposición.
Ella abrió la puerta, murmurando unas breves directrices y deseándoles suerte. Harry miró alrededor. No había mucho, solo una ventana, un par de muebles, asientos, y al medio de todo, un gran piano negro que estaba cerrado.
Draco dejó caer su viejo bolso desraído y el pelinegro se maldijo mentalmente por no pensar en comprarle uno. Aunque, con todo lo que habían ganado últimamente, suponía que Draco podía hacer eso perfectamente por sí mismo, y que si no había pasado, era nada más que por flojera o falta de tiempo.
Antes de que pudiera procesarlo, esbozar una sonrisa, presentarle el lugar o simplemente guiarlo al piano, el rubio se abalanzó hacia él, haciéndolo tropezar y pegar la espalda a una de las paredes, dándole un beso intenso y profundo. Harry lo sujetó por la espalda, apretándolo hacia su cuerpo y suspiró temblorosamente.
No había un mejor lugar en el universo que los labios de Draco.
—Como te dije, no tenía idea de qué más darte —habló, una vez que se separaron, mirando directo a sus ojos grises y pasando uno de sus mechones de pelo por atrás de la oreja—. Sé que en tu facultad debe haber algún piano, pero dudo que los dejen usarlo así como así. Debe haber pasado un largo tiempo desde que tocaste en uno con libertad, y sé por las veces que hemos hablado de ello, que te encanta. Es el único instrumento que realmente te gusta usar —le dio otro beso breve, acariciando su mejilla—. Así que he arrendado éste, por el tiempo que quieras. Aunque...me gustaría tocarte algo yo. Bueno, de lo poco que sé.
Si había pensado antes que Draco era el ser humano más lindo de la vida cuando estaba serio, o inexpresivo, claramente esa descripción se quedaba corta cuando intentaba reprimir una gran sonrisa, mordiéndose el labio o bajando la cara. Harry le sonrió también, feliz y agradecido de que el regalo le hubiera gustado como el quería que lo hiciera.
—Vamos a escucharte, entonces —susurró el rubio, robándole un besito—. Ven.
Lo tomó de la mano con suavidad, y ambos se sentaron frente al piano, mientras Draco lo abría. Habían unas cuantas partituras allí que el mismo Harry pidió, e intentó encontrar la que buscaba. Era una canción que aprendió al revés y al derecho años atrás, luego de un arduo ensayo en los centros de práctica gratis de Londres. Había pasado un buen tiempo desde que intentó tocarla, pero días atrás, cuando decidió ensayar para poder presentarla a Draco, descubrió que la canción volvía a él. No sin un poco de dificultad, obviamente.
—No te rías —advirtió, divertido, colocándose en posición y pasando sus dedos por encima de algunas teclas—. No todos tuvimos lecciones de piano desde que sabíamos limpiarnos el culo.
—Nah, desde antes —replicó él, acomodándose para darle mayor facilidad al tocar—. Venga, te escucho.
Así que Harry empezó a tocar la pieza "Nocturne op.9 No.2" de Chopin.
Las primeras notas salieron más lentas, intentando acostumbrarse al ritmo y la distancia entre las teclas, pero al cabo de unos cuantos segundos pudo agarrar más confianza y desenvolverse con más soltura. Totalmente concentrado, dejándose ir.
Siempre le sucedía lo mismo cuando tocaba algún instrumento; su mayor pasión era la guitarra, eso era claro, pero el piano también le había gustado mucho desde que descubrió su interés por la música. Era un alivio, poder expresarse así. Sabía lo que quería decir aquella canción, sabía que las nocturnas de Chopin eran todas serenatas románticas, y sabía que Draco tenía conocimiento de aquello también. Era mejor así.
Cerró los ojos a la mitad, dejando que sus dedos fluyeran con la canción. No le importaba nada más. Sintió el cálido aliento del rubio chocar contra su cuello, haciendo que su corazón se disparara y tocara aún con más ganas. Era su regalo, tenía que salir perfectamente.
Sintió a Draco removerse a su lado, pero no fue capaz de mirarlo. Eso, lo que estaba haciendo, era básicamente el equivalente de abrir su pecho y mostrarle su corazón. Lo tenía claro. Ambos lo hacían. Por una vez, esperaba que no fuera detenido. Necesitaba hacer eso.
Después de todo, Chopin escribió al terminar aquella partitura: "Le digo al piano lo que a ti te diría."
Suponía que estaban en las mismas condiciones.
El resto de la melodía fue más calmada, pero no menos difícil. Sus dedos vagaban por el teclado con más expertiz de la que esperaba, y se sentía a la vez, como una meta. No era bueno con las palabras, no era bueno con los sentimientos. Dudaba algún día poder expresarle a Draco lo que un simple roce de sus palmas podría llegar a hacerle sentir, el miedo que experimentaba cada vez que creía que estaba cruzando una línea. Aquello era lo más cercano a una declaración que alguna vez haría. Y deseaba pensar, que mágicamente todo quedaría claro entre los dos luego de aquel día.
Alguien tenía que haberle advertido que a veces el simple hecho de querer algo, no es suficiente.
Finalizó más calmado, abriendo sus ojos lentamente sin atreverse a mirar hacia el lado. Retiró sus yemas con calma, sintiendo bajo su tacto la superficie lisa. Tragó en seco, carraspeando un poco y bajó la mirada, incapaz de ver la expresión que Draco podía tener encima.
Por un buen tiempo ninguno de los dos habló. Entonces, el rubio tomó su mano, entrelazando sus dedos y antes de que Harry pudiera hablar, depositó un breve beso en el dorso, descansando allí sus labios un momento y dedicándole una sonrisa de oreja a oreja.
—Te tenías bien guardadito esto, ¿eh? —le molestó, pinchando su costado con la punta de su dedo, e inevitablemente, haciéndole reír—. ¿Ahora como podré impresionarte?
Harry por fin se atrevió a mirarlo abiertamente, siendo consciente de que su expresión podía delatarlo aún más.
—No necesitas impresionarme.
Draco le dio un fuerte apretón a su mano, y se sentó más cerca, pasando sus propios dedos por encima de las teclas.
—¿Sabías que Chopin era gay? —preguntó, al cabo de un rato. Harry alzó las cejas.
—¿Qué?
—Sí... —dijo, tocando un poco— Sus cartas tenían implicaciones homoeróticas y románticas solo hacia sus maestros y amigos. No hay rastros de aquello hacia mujeres. Al parecer, estaba enamorado de su mentor Titus Woyciechowski.
Él rió un poco, ante la ironía de la situación, y recordó lo que él había escrito en distintas obras. Viéndolo así, tomaba mucho más sentido. Y llegaba más de cerca.
—Las coincidencias de la vida... —bromeó, chocando sus hombros—. Una pieza de un gay para un gay.
Draco bufó.
—Eres hilarante. Que no se te olvide que te gustan tanto las pollas como a mí.
Las mejillas de Harry se tiñeron de un rojo profundo, negando con la cabeza de forma divertida.
—Irascible —canturreó, inclinándose para dejar un beso en el borde de su mandíbula—. ¿Por qué tan tenso, Malfoy?
Draco giró el rostro para robar un beso más, antes de quitarlo de encima con un movimiento de hombro.
—Porque no me dejas disfrutar de mi regalo, Potter.
Entonces, se puso en posición para tocar él.
Harry le dejó el espacio, viendo cómo el rubio rebuscaba en las partituras alguna canción de su agrado. Sería la primera vez que lo vería manipular algún instrumento que no fuese la guitarra, habiéndola utilizado para crear breves ritmos al componer, nada más. Mentiría si dijera que no se encontraba ansioso. Era improbable pensar que Draco pudiese hacer algo mal, pero le causaba cierta curiosidad si sería lo mismo que verle cantar. Eso era un espectáculo, era como ver a otra persona. Aquello sin duda debía ser calmado, pero no por eso menos interesante.
El rubio se dispuso a interpretar Liebestraum no. 3, y Harry, de lo poco que sabía de música, tenía claro que aquella también era una pieza romántica.
Significaba "sueño de amor."
Se dispuso a observar el perfil anguloso de Draco. Había algo adictivo en esa acción, su nariz recta, sus pómulos altos y sus mejillas ahuecadas invitaban a perderte en esa imagen. Era irremediablemente atractivo, y que estuviese tocando con soltura y pasión, tal cómo cantaba, no ayudaba en lo absoluto a que el sentimiento que amenazaba con aflorar en su pecho creciera con más intensidad.
Tuvo que obligarse a cerrar los ojos.
Draco, para su deleite, tocó un par de obras más, riendo cuando se equivocaba y frunciendo el ceño cuando estaba completamente concentrado. Algo le decía, que no pudo haber pensado en un mejor regalo. No era material, pero para eso tendría a Blaise, o a cualquier otro amigo. Él quería darle algo que recordara, y tenía claro que esa salida había logrado su objetivo.
Volvieron a su casa llenos de risa, entrando a la cocina y dándose un par de besos allí. No demasiados, porque Draco tenía cosas que hacer y no podía desentenderse de sus asuntos pendientes, pero sí los suficientes para haberlo considerado. Se despidió de él con un 'gracias' y se marchó, poniendo a Harry a empezar a organizar la fiesta sorpresa (que no era tan sorpresa) para ese día en la noche, y llamando a sus amigos para conseguir que todo estuviera impecable. Debería estarlo. Se lo merecía.
El local no demoró mucho en ser decorado, y la gente tampoco tardó mucho en llegar, a eso de las nueve de la noche en adelante. Se suponía que Blaise era el que se encargaría de llevar a Draco allí a base de artimañas, y que él, según las propias palabras de Harry, debía fingir con todas sus armas que aquello le había pillado por sorpresa.
Se acomodó a un lado de la puerta, sosteniendo un champagne carísimo que habían comprado entre todos y esperó a que Theo entrara a dar la señal.
—Espero que le guste —susurró Ginny a su lado, con el pastel de cumpleaños—. O le corto los huevos.
Harry rió, negando con la cabeza.
—¿Le vas a cortar los huevos en su propio cumpleaños?
—Nadie sospecharía de mí —afirmó, mordiéndose el labio.
Se permitió observarla un segundo. El cabello ya le había crecido hasta los hombros, y su septum seguía en el lugar. Definitivamente esa noche se encontraba bellísima, y no pudo evitar pensar que si no estaba con Theo, aquel día volverían de forma permanente. Después de todo, Gin nunca había dejado de estar enamorada de él.
Recordó lo que creyó, cuando Ginny le contó lo que había sucedido entre ellos. Cómo había pensado estúpidamente que estaba exagerando, y que al fin y al cabo, era solo sexo. No lo era, solo que Harry no podía entenderlo aún. Si entre Draco y él pasara algo parecido, dudaba que alguna vez pudiera perdonárselo.
Bajó la mirada. Entre ellos no podría pasar algo parecido, porque Ginny y Theo habían llegado a ser novios. Draco y Harry ni siquiera se habían acercado a eso.
No pudo perderse mucho tiempo en esa línea de pensamiento, porque antes de que lo procesara, el salón entero estalló en un gran "SORPRESA" que casi lo hizo saltar, y sonrió ampliamente, al ver cómo Draco sobre actuaba una mueca de desconcierto. Bueno, como estrella de cine se moriría de hambre.
—Oh, no puedo creerlo —gesticuló, con una ironía que Harry esperaba solo él haber captado—. Muchas gracias.
Entonces, la vela del pastel que Ginny traía entre sus manos fue encendida y todas las personas, (que eran un montón, seguramente por obra y gracia de Hermione), empezaron a corear la canción del feliz cumpleaños. Harry abrió la botella al final, haciendo que el corcho volara y virtió el líquido directamente en la boca de Draco, que se había agachado un poco, sacando la lengua y siendo empapado totalmente por el alcohol. Aquello, estaba de más decirlo, envió un par de imágenes bastante impías a su cerebro.
La fiesta empezó. Todo tipo de canciones, incluidas las de la banda, comenzaron a resonar por los parlantes y la gente iba y venía con variedades de bebidas, cigarros, y trajes de noche. No había rastros de prensa, solo un fotógrafo, que según su amiga le explicó, estaba allí para hacer recuerdos, y si había algo lo suficientemente bueno, aprovechar de colgar algunas fotos en el blog.
Harry divisó en la pista alguna gente conocida frotándose sin un atisbo de vergüenza con otros, probablemente sintiéndose resguardados por el anonimato, y al mismo Draco bailando junto a Ginny. Incluso, en un momento dado y animados por los demás, se dieron un pequeño beso amistoso, de no más de un segundo. Haciendo que ambos arrugaran la cara con asco y provocándole una risa. Negó con la cabeza, llevándose la cerveza en su mano a los labios y le dio un mirada al resto del local.
Era bastante inconcebible ver signos de parejas homosexuales allí, como lo sería si salieran a un pub cualquiera, pero de todas formas, era mucho más fácil notarlo ahora de lo que alguna vez fue. Un par de mujeres conversaba en una esquina, en la oscuridad, cerca y con claras intenciones de algo más. Antes de todo...eso, Harry no le hubiese dedicado más de dos miradas, lo habría confundido con una charla cualquiera, con amistad. Estaba claro que no era así.
También notó hombres que se retiraban juntos, a tener más privacidad, y se preguntó cómo nunca lo había visto antes. Era casi obvio. Suspiró, tomando otro trago.
No quería salir a bailar, no quería tener que fingir que deseaba tomar las caderas de otra chica cuando el único objeto de su deseo se encontraba en la pista, solo y saltando mientras bebía, disfrutando de su cumpleaños. Él lo prefería así incluso. Solo verlo era pago suficiente.
Hermione y Ron se encontraban entre las parejas que conversaban, en su propio mundo. Blaise estaba en un grupo de al menos unas cinco personas, y si Harry no se equivocaba, esa podría ser la noche en la que le hiciera honor a los rumores que en un principio habían dicho de la banda, a juzgar por la mirada que se dedicaban entre ellos y cómo se tocaban. Sacudió la cabeza. Él podía ser abierto de mente, pero continuaba siendo tradicional en muchos aspectos.
Theo continuaba tras Ginny como una abeja detrás de la miel, y no pudo mentirse a sí mismo al decir que no le satisfacía el paisaje. Era lo mínimo que se merecía su ex novia, y era lo que él debía hacer, después de todo, si deseaba tenerla de vuelta. Sin embargo, si que sentía un atisbo de compasión al ver cómo Gin pasaba de él, bailando con otras personas. Excepto cuando Theo no miraba, claro, ahí ella parecía enfocarse completamente en su ser.
Con el pasar del tiempo, y con varios tragos en su sistema, se le habían acercado a conversarle varias personas. Sobre todo mujeres. Pero él dejaba claro desde el principio que la charla era meramente amigable, y los hombres, bueno, si intentaron coquetearle al menos no lo notó.
Cuando estaba en medio de un debate con un chico poco mayor que él, acerca de si eran mejor The Beatles o Queen, vio a lo lejos cómo un hombre alto de cabello castaño y una pequeña trenza, del mismo tamaño de Draco, se acercaba a hablarle a éste último. No habría sido de extrañar, considerando que era la mayor atracción al ser el cumpleañero, pero sí activó unas cuantas alarmas en su cerebro, porque el tipo en cuestión se acercó a su oreja tortuosamente, y le susurró algo, demasiado cerca, haciendo que Draco se separara, contestara y luego dirigiera su mirada hasta él, con nerviosismo. Si no hablaban de Harry, hablaban de algo que tenía que ver con su persona, y él no quería quedarse con la duda.
El hombre en cuestión no parecía contento con la situación, pero nada más hizo una mueca, recorrió a Draco con la mirada y se marchó. A Harry no le pasó desapercibido cómo rozó sus manos cuando pasó a su lado y tuvo que obligarse a no mostrar signos de que aquello le había afectado. Pero algo le olía mal. No ayudaba en lo absoluto que al menos a la lejanía el muy bastardo pareciera guapo.
No pasó mucho antes de que Draco se acercara a él por cuenta propia. O al bar, daba igual. Tenía el cabello pegado en ciertos lugares y sus mejillas se encontraban rojas. Aún no daba signos de estar borracho, pero al paso que iba, no faltaría mucho para que eso sucediera. El moreno iba por el mismo camino.
Cuando llegó a su lado, Harry se giró hacia él, aprovechando que se había quedado solo, y le preguntó sin rodeos.
—¿Quién era ese?
Intentó hacer lo posible que el tono despectivo quedara fuera de su voz.
—¿Quién? —retornó Draco, y él no sabía si se estaba haciendo el tonto, o realmente no sabía.
Harry bufó, dándole un sorbo a su vaso con pisco.
—Ese tipo alto, el que tenía una trenza al final de la cabeza. Medio feo.
El rubio lo miró por el rabillo del ojo, con una sonrisa divertida.
—¿Damen? —preguntó, recibiendo la bebida que había pedido al bartender. El moreno se encogió de hombros.
—Supongo. Ese que se te acercó demasiado al oído.
Draco resopló, girando el cuerpo para volver a encarar la pista, y apoyó la espalda en la barra. Harry no imitó su pose, aunque no dejaba de mirarle.
—Pues nada. Es un compañero de la facultad —respondió con calma, llevándose el vaso a los labios—. Solo quería saber si deseaba acompañarlo a afuera.
Harry tenía demasiado claro qué significaba "afuera", así que apretó la mandíbula.
—¿Y tú qué le dijiste? —hizo su mayor esfuerzo de parecer neutral.
Draco ladeó la cabeza para observarlo bien. Las luces de la fiesta bañaban el lado derecho de su cara, y un par de botones de su ropa habían sido abiertos, seguramente por el calor.
—Bueno, claramente, fui con él —contestó, sus palabras impregnadas de sarcasmo—. Lo que ves ahora, es solo una ilusión.
Tuvo que usar todas sus fuerzas para no rodar los ojos. En cambio, le dio un largo trago a su bebida, haciendo rodar el vaso entre sus dedos.
—Tenemos que hacer algo con esos celos tuyos —lo pinchó Draco al cabo de unos segundos, dándole un codazo amistoso. Harry lo alejó con un manotazo.
—No son celos —se defendió inútilmente.
—Bueeeno —rió el rubio, alargando la 'e'—. Es una lástima, pues a mí me parece que te ves jodidamente caliente celoso.
Eso hizo que el azabache lo mirara, arqueando una ceja. Draco se lamió los labios, posando sutilmente su mano encima de su muslo, y una vez que se aseguró que nadie les prestaba atención, Harry se inclinó hacia él, para hablar en su oído.
—¿Sí? Yo no puedo esperar a que salgamos de aquí para follarte contra la encimera de la cocina —dijo, en voz baja—. Me encantaría eso, ¿a ti no? Dejarme que te doble y te folle hasta que me ruegues que no me detenga.
Se alejó, pudiendo observar triunfalmente cómo Draco tenía la boca abierta en forma de 'O' y sus ojos estaban entrecerrados del deseo. Él le dedicó una sonrisa ladeada, volviendo a tomar otro trago.
—Veamos si eres capaz de cumplir tus promesas, Potter —contestó, con cierta resequedad en la voz. Él solo se limitó a lamerse los labios en respuesta.
Draco apretó una vez más su muslo, y se devolvió por dónde venía, y Harry no cabía en su satisfacción. Si por un momento había considerado escabullirse con ese tipejo, ahora sabía que ni siquiera estaría en sus planes.
El resto de las horas fue una bruma total, y cuando llegó la hora de irse, ambos se encontraban lo suficientemente borrachos para no parar de reír en el camino a casa en el taxi. Se suponía que Blaise sería el encargado de cerrar, y si no, Harry, pero a juzgar por como terminó ese día, Theo terminó ofreciéndose a hacerlo y Ginny, bueno, no iba a desaprovechar la oportunidad de quedarse a solas con él. Todos salían ganando.
Subieron los siete pisos casi abrazados, tropezando con los escalones y deteniéndose a besarse contra la pared de cada nivel, riendo. Harry a veces callaba a Draco con pequeños 'sh' y luego terminaba partiéndose de risa, intentando no caerse de manera grave. El rubio parloteaba y parloteaba de cosas sin sentido que Harry encontraba hilarantes, debido a su estado, y cuándo lograron abrir la puerta luego de que las llaves se les cayeran al menos una docena de veces, ninguno perdió mucho tiempo al abalanzarse encima del otro.
No fue lo que él había previsto hacer en la discoteca, que era puro deseo carnal. Draco lo desvistió a consciencia, y Harry lo imitó, separándose para tomar aire a través de los besos o a simplemente reírse de la situación. Sentía que no cabía en sí mismo de la felicidad, y probablemente Draco estaba en las mismas. Era distinto a lo que planeaba que sucediera hace unas horas.
Aunque sí sucedió una cosa de eso, pues de la cocina no pasaron.
Lo importante de aquel día y lo que Harry atesoraba no fue aquella, de todas formas, fue que algo cambió, se notaba en el aire.
La primera señal era que después de ese 5 de Junio en aquel apartamento de Londres, Draco no volvió a dormir solo en su cama, ni Harry en la suya.
Era un avance.
Unos días después, algo peculiar sucedió, pero no especialmente desagradable. Draco y él habían despertado casi al mismo tiempo, gozando de un muy buen sexo mañanero, y decidieron darse una ducha juntos, para empezar el día. Tenían ensayo en unas horas, y así podían comer un poco antes de irse.
Ninguno de los dos contaba con una visita inesperada.
Si bien Draco dormía cada noche con él, seguía teniendo en su habitación todas sus cosas y continuaba pasando tiempo en ella como antes. Por lo que Harry se vestiría en su pieza y el rubio en la suya, cómo siempre. El tema fue que al salir de la ducha, unos gritos irrumpieron la calma.
—¡Draco! ¡Harry!
Ellos se miraron, con una interrogante en sus cabezas. ¿Qué mierda?
—¡Heeey! ¡Sé que están aquí porque el conserje me dijo que no habían salido desde ayer! ¿Dónde están?
Harry maldijo por lo bajo, pasándose una camiseta por la cabeza y vistiéndose rápida y torpemente, para así recibir a Blaise.
—Hola, ¿qué haces aquí? —le cuestionó, una vez en el pasillo.
El moreno levantó la llave de repuesto que Harry le había pasado para que fuera a buscar a Draco el día de la fiesta y la dejó en el mueble de la sala de estar, sonriente. El ojiverde sacudió su cabello, asintiendo un poco.
—Ah —fue lo único capaz de decir—. ¿Gracias por traerla?
Blaise le quitó importancia con la mano, y entrecerró los ojos en su dirección, analizándolo.
—¿Dónde está Draco?
Harry se rascó el cuello, mirando hacia atrás. Esperaba que Draco hubiera tenido la ocurrencia de vestirse, porque con lo impetuoso que era su amigo, lo veía bastante capaz de avanzar él por el pasillo y descubrirlo en su habitación. No sería bueno verlo desnudo.
—Eh...
Justo en ese momento, la puerta de su cuarto se abrió de par en par, y un Draco con una camiseta en la mano, y una toalla en su cintura los miró.
—Harry, mi camiseta se mezcló con tu--oh, hola Blaise —le dijo casualmente, para luego girarse hasta el pelinegro de nuevo—. Dejé tu ducha limpia. Lo mínimo que puedes hacer es reparar la mía.
Y sin más preámbulo se perdió en su propia habitación, dejándolo con la palabra en la boca.
Harry, nervioso y sin saber si Blaise se había comprado la farsa de la ducha rota, se giró hasta él. Tenía una mirada suspicaz que no recordaba haberle visto nunca antes, y una pequeña sonrisa, aunque no era juguetona, como las que solía esbozar.
Descubrió que no quería saber realmente qué significaba su expresión.
—Eh...¿si me disculpas? —le dijo, y sin esperar respuesta, se dirigió a la pieza de Draco, a la que entró sin tocar, y se apoyó en la puerta, mirándolo.
El rubio le vio de reojo.
—¿Ya se fue? —preguntó con desinterés.
—No —respondió Harry, mirándolo ya vestido—. Pero no sé qué decirle.
Draco bufó.
—Bueno, que te quedes aquí no ayudará.
El moreno estuvo a punto de asentir y volver con Blaise, cuando una foto llamó su atención. Una foto que no había estado allí antes. Un marco nuevo reposaba en la mesita de noche, a un lado de la cama de Draco, con dos figuras esbeltas y pálidas.
No es como si Harry entrara mucho a su habitación, ya tenían la suya, y la mayoría de veces que el ojigris estaba allí se encerraba, pero estaba seguro de que eso no estaba ahí desde hace mucho tiempo. Sin pensarlo dos veces, se acercó, distinguiendo con mayor claridad a las personas de la foto.
—¿Y esto...? —preguntó, inconscientemente mientras tomaba el cuadro. No pudo ver la expresión que Draco le dedicó.
—Lo puse hace unas semanas. Encontré la foto en mis cosas viejas —dijo él, con voz neutral.
Harry pasó la yema de sus dedos por el vidrio, mirando a la mujer. No era la primera vez que la veía, pero si era la primera en la que podía estudiar sus rasgos. Eran mucho más finos que los de Draco, que era todo ángulos y líneas rectas. Sin embargo, había un parecido innegable allí, uno que no reconocía hasta ese momento. Su cabello rubio era largo y caía hasta su cintura, liso, junto a una mirada penetrante y ropas sobrias pero elegantes. Su madre estaba seria, y Draco a su lado, no distaba mucho de esa expresión. Ambos eran bellos, y la juventud en la cara adolescente del cuadro aún estaba en el Draco del presente, solo que allí lucía un poco más joven, y más delgado. Además de eso, y que ahora su cabello estaba más largo, no existía mucha diferencia entre su yo pasado. No por primera vez, mirando la ostentosa decoración de fondo, se preguntó qué había pasado realmente para que el rubio se alejara de aquella vida sin mirar atrás. Tenía sus sospechas, pero suponía que no era todo.
—Tú madre es preciosa —le dijo con honestidad, volviendo la vista a él. Draco esbozó una sonrisa irónica.
—¿Ahora también te gusta mi madre, Potter?
Harry sonrió, dejando la foto de vuelta a su lugar y acercándose a él, que se estaba secando el pelo de forma ausente, para pasar los brazos por su cintura y se estiró para darle un breve beso.
—Qué puedo decir —habló contra su boca—. Tengo una debilidad por los rubios.
Draco rio un poco, pegándole en el brazo para separarse y encaminarse a la puerta. Harry casi había olvidado que Blaise estaba allí. Aunque, cuando el rubio la abrió, no pudo entender cómo había sido así, cuando el moreno en cuestión estaba apoyado en la pared de brazos cruzados y mirándolos sugestivamente.
—¿Cómo es que han estado follando y no invitan?
Oh, mierda.
Draco bufó empujándolo para salir y Harry lo imitó, un poco más nervioso de lo que demostraba.
—Jódete Zabini —le espetó, perdiéndose en el pasillo—. ¿Qué quieres?
Blaise, sin embargo, no borró su sonrisa y se quedó caminando a un lado de Harry, imperturbable.
—Pues nada, te iba a llevar a desayunar, hablar un poco, recordar viejos tiempos. Pero si están ocupados, lo dejamos para otro día.
Harry y Draco intercambiaron una mirada, pero el azabache aún no se sentía con la fuerza para decir nada.
—No seas idiota —le dijo el rubio, ya en la cocina—. Bueno, voy a buscar mis cosas y podemos ir a comer algo a la cafetería de la vuelta —entonces se dirigió a Harry—. ¿Te traigo algo?
Él negó, aturdido.
—No, comeré aquí —contestó, incómodo ante la mirada de Blaise—. ¿Nos juntamos a las once afuera?
Draco asintió, sacando las llaves del mueble, y devolviéndose hasta su cuarto, seguramente, para ir a buscar sus botas.
Nuevamente quedó en silencio junto a Blaise. Y aunque no era usual entre ellos, tampoco se molestó en forzar plática, no luego de las implicaciones que Blaise había hecho. Por mucha broma que fuesen.
O quizá no tanto.
—Hey, Harry —dijo él bajito, cuando el ojiverde se encontraba en la cocina, intentando buscar una distracción—. Psst.
Rodó los ojos a sus espaldas, y finalmente se giró hasta él, encontrándose a Blaise parado en frente, con las manos en los bolsillos y expresión más seria.
—¿Sí? —intentó preguntar con suavidad. El hombre levantó las manos.
—Solo quería decirte que...me parece genial que tú y Draco... —dejó la oración en el aire. Él elevó una ceja.
—¿Que yo y Draco...? —repitió, haciéndole resoplar.
—Ya sabes —hizo un gesto con sus manos—. Solo--me alegra. No sospeche nunca que tú...bueno, ya sabes —se aclaró la garganta, viéndose como pez fuera del agua. Algo demasiado extraño—. Él nunca me ha dicho nada... pero yo lo sé. Simplemente lo sé. Y--nada, me alegra que seas tú. Hace mucho que no lo veo tan bien.
A Harry le dio un vuelco el corazón, tensándose de inmediato y pasando sus ojos por todos los lugares de su rostro. ¿Podría ser...? No, todo lo que había dicho Blaise era demasiado ambiguo para hacer conjeturas. ¿No sospecharía, no?
—Bueno, somos buenos amigos —mintió. Zabini ahora se veía incrédulo.
—Llámenlo cómo quieran —contestó, con la voz un poco más dura ahora—. Lo único que te digo es que no tengo problema con que se den duchas juntos. Si tengo que ser específico.
Joder.
Sintió cómo un balde de agua fría le cayó encima, y llevó una mano inconscientemente hasta su cabello, que aún goteaba. Entendiendo por fin. Solo había una ducha, y ambos tenían el cabello empapado, al mismo nivel, al momento en el Blaise había llegado. Y eso, sumado a que Draco salió de su cuarto... Joder.
Decidió ser práctico.
—No puedes decirle a nadie —le dijo, sin esconder la súplica en su voz. Ahora fue Blaise quién rodó los ojos.
—No lo haré —le aseguró—. Solo... quería que lo supieras. Si no lo hablo con Draco es porque él no puede hablar de ello, ni quiere oírme. Pero tú no eres Draco, y quizás necesitas que alguien te asegure que no está mal. Porque no lo está, hombre. Y si les hace bien, soy el primero que los va a apoyar. Vivan los gays y todo eso.
No pudo evitarlo, soltó un resoplido de risa justo cuando el rubio volvió hasta ellos, con una mirada de sospecha.
—¿Vamos? —preguntó a Blaise. Él asintió.
—Adiós Harry, piensa en lo que te dije —el moreno sonrió abiertamente de nuevo, yendo hasta la puerta—. Nos vemos.
—Nos vemos —exclamó, perdiéndolo de vista. Draco lo interrogó con la mirada, y él negó, aunque tenía la noción de que podrían haberse comunicado solo a través de gestos—. Adiós. Qué partida más agonizante.
El rubio rodó los ojos, pero sonrió de todas formas.
—Melodramático.
—Es contagioso.
Bueno, un dedo del medio era lo mínimo que esperaba conseguir, antes de que la puerta se cerrara con un ruido sordo, haciéndole botar el aire de los pulmones.
¿Qué mierda?
Infantilmente había creído que nadie lo notaría, jamás. Que era un secreto que podía llevarse a la tumba. Era ilógico en pensar en decirle a Ron, o a Hermione. Ni siquiera pensaba en el hecho de presentarlo algún día cómo su pareja, si es que lo fueran. No podía, lo de ellos no se podía. Mucho más allá de la complejidad de los sentimientos, estaban en la misma banda, por el amor de Dios. Si se empezaba a correr el rumor, si era de dominio público... Ni siquiera quería pensar en las consecuencias.
Pero también era estúpido haber pensado que podía ser un secreto, alguien terminaría sabiéndolo, y era mejor que fuera Blaise antes que nadie. Alguien que conocía a Draco de antes y que nunca le haría pasar por mal alguno.
Harry no sabía qué sentir al respecto, de pronto, parecía haber sido sacado de una burbuja en la que se había encerrado con Draco en aquel apartamento, y no pudo evitar pensar que eso podía terminar antes de que empezara siquiera, si aquello salía a la luz. ¿Y qué sucedería entonces? ¿Qué pasaría con...todo eso?
Sacudió la cabeza, haciéndolo a un lado. No podía pensar en ello. No quería. No era el momento. Nada realmente grave había pasado. Aunque sí estaba seguro de una cosa.
Si algo salía mal, Draco sería el último. No habría nadie más después de él, no de verdad. Lo había pensado varias veces, pero era un hecho que ya no podía ser discutido, por mucho que quisiera.
Si no resultaba, Harry estaba seguro que aquel que viniera solo sería un intento a la desesperada por su parte de encontrar a alguien que haga de Draco, que intente ser aunque sea su cuarta parte. Y eso era imposible.
No, definitivamente no quería pensar. Terminó de arreglarse, olvidándose pronto de sus pensamientos sombríos que fueron reemplazados por la perspectiva del espectáculo que tendrían en Agosto, y de su cumpleaños que cada vez estaba más cerca. Nada podría salir mal, no hasta entonces.
El cumpleaños de Harry llegó ese año con un calor inmenso que ninguno esperaba.
Durante los últimos dos meses habían tenido bastantes ganancias, y tocaron en algún que otro recital en escenarios no tan formales, junto a un par de entrevistas dónde anunciaron por todas partes que serían el número de apertura durante finales de Agosto y los álbumes que sacaron, sobre todo el último, se estaban vendiendo como pan caliente. La fama que estaban alcanzando no se lo había visto venir.
Tom dijo algunas cosas aquí y allá a las que francamente nadie prestaba atención, y al parecer se había unido a otra banda. Harry, sinceramente, esperaba que le fuera bien y se olvidara de ellos para siempre. Estaba harto de que por sus dichos Draco haya que tenido que irse de cita con la modelo esa, y no quería arriesgarse a que pasara de nuevo. Ya era suficiente con que tuvieran que topársela y que la tipa coqueteara descaradamente con Draco frente a él. Sin olvidar, por supuesto, sus respuestas cada vez que le preguntaban por el ojigris y la banda, que no hacían más que avivar los rumores sobre su infame romance.
Ginny y Theo volvieron, cómo era de esperarse, y Hermione junto a Ron estaban contemplando la posibilidad de irse a vivir juntos, (al fin). Blaise no volvió a hacer comentarios acerca de aquel día o a tocar el tema, pero a Harry no le pasaban desapercibidas las miradas que les dedicaba cada vez que Draco hablaban en los ensayos. Pero bueno, eran detalles.
Entonces, aquel día martes justo cuando cumplía los veintitrés años, se despertó con una sonrisa sincera, un desayuno en la cama y un pequeño regalo a su lado. Draco estaba acariciando su cabello.
—Buenos días —dijo suavemente, para luego agacharse y darle un beso—. Feliz cumpleaños.
Harry se preguntó si eso era la perfección, porque lo parecía.
—Gracias —le sonrió de vuelta, algo atontado—. ¿Qué me trajiste?
Draco se levantó, poniendo la bandeja donde ambos pudieran comer y, antes que nada, le entregó su regalo.
—Ten —le tendió la pequeña cajita, sonrojado—. Espero que te guste.
Harry miró el regalo con divertida curiosidad y lo tomó, abriéndolo. No sabía qué esperar, pero definitivamente no un anillo de plata, con grabados de símbolos extraños. Lo puso entre sus dedos, examinandolo al sol.
—Acepto —bromeó.
—Idiota —Draco rio, pegándole suave en el hombro—. Fíjate en el grabado interior.
Harry obedeció, viendo que dentro de él, y algo deslavado, estaba su apellido junto a unos números. Frunció el ceño, sin entender.
—¿Qué es esto? —preguntó con genuina curiosidad.
Draco suspiró, comenzando a servirse una tostada y evitando sus ojos.
—Donde... solía vivir con mis padres, hay todo tipo de cosas —comenzó a explicarle bajito—. Antigüedades, reliquias, objetos que claramente no han entregado al Parlamento o al Gobierno inglés porque... Bueno, datan de hace muchos años atrás —apuntó con la barbilla al anillo—. Eso estaba entre esas cosas, y fue parte de la gran colección que robé cuando huí de la mansión. Pensé que podía ser valioso, pero además de la presunta antigüedad, no creo que sirva de mucho. Es una alianza de bodas de un Potter con algún Malfoy. Y sé... O bueno, supongo, que no tienes nada de tus padres, y tú apellido siempre me pareció vagamente familiar. Así que... quería dártelo.
Extrañamente, el gesto le conmovió más de lo que esperaba, y posó sus ojos tercamente en el anillo, como si no pudiera creer su suerte. Cuando volvió a mirar a Draco, éste fingía no estar prestando atención, pero él lo conocía, así que sabía que era todo lo contrario. Lo tomó de la nuca y lo atrajo hasta él, intentando impregnar en el ojigris todo su agradecimiento por lo que acababa de hacer. Un regalo que tenía que ver con su familia.
Un pequeño nudo se formó en su pecho, pero el rubio lo deshizo con caricias y besos, y sonrisas. Jamás esperaba ver nada que tuviera relación con sus padres. Ciertamente no había nada. Eran revolucionarios, nómadas. No tenían nada para haberle heredado, y lo que sí seguramente terminó en manos del Gobierno. Pero allí, en su dedo anular, reposaba un anillo que perteneció a un hombre que llevaba su misma sangre. Quizás incluso su abuelo, o su bisabuelo. Daba igual. Lo importante es que así fue.
Una vez que se separó, tiró a Draco en un pequeño abrazo. Joder. No recordaba haberle querido tanto antes, daba igual de qué manera.
—Gracias —susurró, con miedo de que su voz se rompiera si hablaba más alto.
—No fue nada —contestó, devolviéndole el abrazo.
Harry acarició su espalda desnuda, sintiendo su tersa piel bajo la yema de sus dedos, sus músculos y su espina dorsal. Quizás eso era un regalo de cumpleaños aún mejor, tenerlo a su lado.
—Draco, de verdad--
—Basta —lo cortó—. Es un regalo, y me ha complacido dártelo. No fue nada, y te lo mereces.
Lo dijo con voz tan suave que Harry tuvo que resistir el impulso de querer acostarlo bajo él, y hacerle el amor mientras miraba su rostro. Pero suponía que eso era demasiado, y aunque las cosas hubieran cambiado, si se abalanzaba de esa forma no haría más que espantarlo. De todas formas sí deseaba conectar sus miradas, así que se separó unos centímetros, acunando su mejilla.
—¿Esto quiere decir que somos primos lejanos y nuestra relación es incestuosa? —dijo con diversión. Draco bufó. Si el término 'relación' causó algún tipo de estrago en su interior, además del vértigo que le provocó a él mismo decirlo, lo disimuló muy bien.
—Así es. Casi hermanos diría yo. Seremos el escándalo de las señoras que siguen viviendo en la época Victoriana —su voz derrochaba sarcasmo—. Creo que nada le complacería más a Lucius. Siempre quiso que me casara con mi prima.
El ojiverde puso una expresión de horror, y Draco se burló de él, riendo y negando.
—¿Querían que...te casaras--?
—¿Con mi prima? Sí. Tenían hasta fecha de boda y todo. Lástima que nunca pudimos concretar nada, pero al final hice lo quería, ¿no? Me en--eh, me estoy liando con mi primo.
Harry soltó una carcajada, sin disimular su buen humor, y lo dejó ir, sin antes darle otro beso.
—Tú y tu familia están de patio.
—Gracias. Es por el incesto de mis antepasados, pronto lo estarás tú también.
Pasaron una mañana alegre, contándose anécdotas, y a veces sin poder parar de reír. Y bueno, si a Harry se le paró como un fierro al escuchar a Draco cantarle feliz cumpleaños al oído, y hayan tenido que ir a la ducha en medio de protestas y tropezones, solo lo sabían ellos dos.
Para cuándo salieron, y Draco se vistió rápidamente debido a que iba tarde a su clase, tuvo que aceptar que sería un día bastante agitado, considerando la celebración que lo esperaba en La Madriguera, (sin fiestas, de acuerdo a sus propias peticiones), y el pequeño café que se tomaría con la banda durante la tarde. No le gustaban mucho sus cumpleaños, le recordaban a cosas que a veces era mejor olvidar, sin embargo, si la gente se esmeraba en mimarlo como un bebé él no iba a protestar.
El rubio tuvo que marcharse, dándole un rápido beso y asegurándose que se verían en unas horas, dejándolo en la soledad de su apartamento que nunca antes de había sentido tan lleno. Pensó en el tiempo en que Draco había ido a vivir allí, cómo apenas se notaba su presencia en un inicio, y ahora parecía estar en todos lados. En cada esquina,mueble y recoveco. ¿Cómo se había perdido de todo eso por tantos meses y semanas? ¿Cómo había sido tan ciego?
Feliz y sonriente, salió por el pasillo. El ojigris se había asegurado en limpiar su habitación mientras él estaba en el baño secando su cabello. La cama estaba hecha, y la vajilla limpia en la cocina. A pesar de que sus palabras habían sido "que no se acostumbrara."
Ya en la sala de estar, se encontraba juntando las cosas para irse, cuando vio que encima de la mesa de centro había un... ¿qué era eso? ¿Un cuadro? Parecía un cuadro, pero era muy grueso. ¿Era un lienzo enmarcado? Bueno, era para él, a juzgar por el lazo que tenía encima. ¿Era de parte de Draco? Tenía que serlo, a no ser que le hubiera encargado a algún amigo que se lo entregara. Pero eso no tenía sentido.
Lo tomó, preso de la duda, y lo único que atinó fue a soltar un jadeo.
Era él.
Era él, en un cuadro.
Era un dibujo de él.
Tenía puesta una chaqueta denim que había usado mucho durante el invierno y el otoño, junto a una camiseta gris abajo de ella. Sus lentes redondos sobre el puente de su nariz, y la línea de su mandíbula marcada, mientras el Harry de la pintura miraba hacia un lado y su cabello caía encima de sus ojos, de una manera que hace bastante tiempo no usaba. Su aro de la nariz era casi imperceptible a la vista, y sus ojos verdes eran definitivamente lo más brillante del cuadro, contrastando con lo oscuro de sus ropas y el fondo blanco. Solo estaba dibujado del torso hacia arriba, y parecía un boceto más que una obra meticulosamente planeada. Pero era preciosa. No quería ser egocéntrico, realmente no, pero la persona que lo dibujó poseía talento y le hizo preguntarse brevemente si así lo verían los demás o era una ilusión.
Por supuesto que debía ser de Draco. Nadie más era capaz de lograr la perfección en todo lo que se proponía.
Soltó un suspiro, sin poder separar sus ojos del lienzo, y lo giró, para ver qué tan grueso era el marco y dónde podría colocarlo, cuando lo vio.
Se sentó a leerlo con rapidez, el corazón a mil. No había esperado encontrarse con eso, y puede que no fuese mucho, pero los regalos combinados ya se sentían bastante. Draco ya de por sí era un regalo suficiente. Y sin embargo, ahí estaba aquello.
Una sonrisa boba se formó en sus labios, mientras delineaba con sus dedos cada palabra, y comprendiendo al fin, aceptando al fin lo que antes no había querido. No tenía otra explicación y no deseaba que la tuviera. Sin importar cuánto doliera.
Se había enamorado de Draco Malfoy.
Querido Harry:
Honestamente no sé que escribir aquí. Supongo que ya quedó más que claro que no soy bueno con las palabras. O, mejor dicho, con ciertas conversaciones. Pero eso está bien, ¿no? Después de todo, tú no eres mejor que yo en eso, te lo aseguro.
Seré breve, y no pienso volver a tocar este tema porque ya es lo suficientemente embarazoso haberme comportado como un maldito Hufflepuff un día entero. (Una Casa del Instituto al que Blaise, Theo y yo íbamos de pequeños. Los que iban a esa Casa era porque más llorones, idiotas y sensibileros no podían ser. Así me siento). Pero, bueno, tengo que ser honesto al menos una vez, te lo debo, y aquí va una pequeña confesión: hace años que no pintaba, no antes de este cuadro. Quizás por eso no sea el mejor que hayas que visto, pero dame crédito, llevo en esto al menos ocho meses, y pude terminarlo para tu cumpleaños. Hurra.
Quita esa expresión ridícula de tu rostro, Potter, sí esa sonrisa. Te conozco. No me vas a mencionar esto o me enfadaré, y ¡tampoco quiero que me compares mentalmente con un cachorrito rabioso! No Harry, no es lo que estás pensando, no leo mentes, solo... Te conozco.
Espero que disfrutes de las horas que te quedan, y que me hagas el amor en cuanto me veas de nuevo. (Queda muy feo decir follar, ¿no? Aunque, mierda, lo acabo de hacer). Por lo menos sé que a no ser que quieras morir lenta y dolorosamente, esto no llegará a leerlo nadie más que tú.
No sé cómo terminar una carta, nunca le había escrito ninguna a nadie más que a mis padres. Pero... Bueno, supongo que aquí van las despedidas y todo eso. Es estúpido que las diga, considerando que probablemente leas esto cuando yo esté en el mismo apartamento. Aunque si tengo el suficiente sentido común y no me has nublado la mente con tus tácticas del demonio, (que tú sabes cuáles son, no hay que decirlo con niños presentes), te la entregaré cuando no esté en el piso. Si eso no pasa, te castraré si intentas abrazarme.
Bueno, no. Me gustan tus abrazos.
Sinceramente, Draco.
No sé ocupar bien ff, y por eso no contesto las reviews! perdónenme JAJAJAJ pero sí que las leo, me hacen muy feliz. Muchísimas gracias
