Cuando Harry mirase hacia atrás, recordaría aquel día a fines de Agosto como el más importante de su vida. Porque sin él, nunca hubiera llegado donde llegó.
A veces, el destino tiene maneras extrañas de obrar.
Luego de meses de ensayo exhaustivo, de sudor, sacrificios y risas, el día había arribado. La presentación iba a suceder a solo minutos y luego de ese momento, existiría muy poca gente en Inglaterra que no conociera el nombre de la banda Color Blue.
Con las luces apagadas y ya en el escenario, (luego de una buena sesión de besos en el baño con Draco, había que decirlo), podía sentir la euforia de la gente, sus gritos. Aún no oscurecía del todo, pero el recinto cerrado hacía que la multitud no fuera más que una sombra a la lejanía. Harry podía sentir la adrenalina, cómo cada vez que estaba en esa situación. Esa no sería la excepción.
Se pusieron en sus lugares, y luego de que las luces se encendieran, tuvo que decir que el concierto fue un éxito. A pesar de que los teloneros no solían tener muy buena recepción en la mayoría de los shows porque al fin y al cabo, el público iba a ver al artista que venía luego de ellos, Harry nunca se había sentido tan acogido. Existía gente que coreaba sus canciones, otros que los animaban a gritos y el resto que no los conocía, parecía haberse encandilado con Draco, que en ese momento no lucía menos que una superestrella. Nadie diría que aquel hombre que estaba en medio del escenario, de rodillas y simulando que tocaba una guitarra, era el mismo que por las noches se abrazaba a Harry bajo las sábanas porque daba igual cuánto calor hiciera, sus pies estaban fríos. O que quemara absolutamente toda la comida que intentaba preparar; o que lloraba al ver películas a pesar de que Harry le hubiese recalcado más de una vez que solo era ficción.
Ya no podía contar cuántas veces se había preguntado cómo era que tenía tanta suerte, y que al final del día, ambos volverían a casa, juntos.
El resto también estaba en la gloria, por supuesto. Ron se paseaba con mucha más confianza de lo que alguna vez había hecho antes. Theo intercambiaba miradas con Ginny como si no pudiese creer lo que estaba sucediendo. Blaise parecía drogado, si era sincero, con tanta efusividad que Harry no hubiera dudado si le dijera que se había comido un kilo de azúcar antes de la presentación. Y él… él no recordaba haber sido más feliz.
Increíblemente, luego de la emoción, cuando ya estaban tras bambalinas, Hermione les informó que habían unos periodistas a las afueras que esperaban hablar con ellos, y que si hubiesen podido, habrían armado una rueda de prensa. Canales de televisión, radios, revistas, periódicos. De todo. Harry solo asintió maravillado ante ello y le hizo una seña a Draco, para que saliera al pasillo.
—¿Puedes creerlo? —le preguntó, una vez que ya no estaban a la vista del resto. Se pusieron frente a frente, cada uno apoyados en la pared a sus espaldas—. Me gustaría que este día no terminara nunca.
Draco, quién había tratado inútilmente que sus labios no se curvaran en una sonrisa, se mordió el interior de la mejilla, e hizo un ademán de querer darle la mano, pero se detuvo a último momento.
—Yo tampoco. —Terminó diciendo, poniendo una expresión tímida. Harry le sonrió abiertamente—. Sé que los chicos van a ir al club en cuanto salgamos, pero sinceramente siento que me voy a desmayar del cansancio, no creo ir —le dijo, desviando brevemente la vista hacia la puerta del camerino. Se mordió el labio—. ¿Tú irás?
Harry, quién no lo había pensado hasta ese momento, supo la respuesta antes de procesar bien la pregunta.
—Si no estás ahí no quiero —confesó, sonrojándose.
Draco le dedicó una sonrisa que mostraba todos los dientes, y miró a cada lado del pasillo antes de inclinarse hacia él y darle un rápido beso.
—Está bien —respondió—. Será nuestra noche entonces.
Harry intentó ocultar su emoción y decidieron volver ambos con la banda, intentando encontrar una buena excusa para no ir. Nunca antes se habían saltado una fiesta. Esperaba que no fuese demasiado obvio.
—Harry y yo no iremos. —Fue lo primero que anunció Draco cuando entraron a la habitación—. Lo siento, prometió ayudarme con un proyecto para la Universidad.
Obviamente el menos contento era Ron, quien giró su cabeza pelirroja en su dirección en un milisegundo, listo para reclamar.
—¡Compañero! —Se cruzó de brazos—. ¡Es nuestra noche!
Harry esbozó una sonrisa de disculpa y se puso a su lado, dándole unas pequeñas palmaditas a su amigo.
—Lo siento. Todos sabían que Draco no descuidaría sus estudios y me pidió hace unos días ayuda con esto.
Ginny se metió entremedio, abriéndose paso a codazos y pellizcando la mejilla de Harry que se quejó alto.
—¿Y no puede ser otro día, Draco? —preguntó, con un pequeño puchero—. ¡Debiste haberlo dejado listo! No es justo que se pierdan de la fiesta.
Draco abrió la boca para contestar, pero para su sorpresa, Blaise intervino, haciendo que ambos intercambiaran una mirada de alarma.
—Gin, GinnyWinny, Ginevra. —Se acercó a ella con una sonrisa—. Cariño. La luz de mis días… El trabajo no es para hoy, es para mañana en la mañana temprano. Por eso tienen que irse a dormir temprano, ¿no es cierto?
Se giró hacia ellos con una expresión casi demencial de triunfo. Idiota. Harry tendría que recompensarlo por ser tan buen amigo.
—¿Y tú cómo sabes eso? —preguntó Theo, notablemente molesto por el estúpido coqueteo de Blaise con su novia.
El moreno apenas se inmutó, y cuando contestó, no lo hizo mirándolo.
—Pues porque Draco me pidió ayuda en un principio, y yo se la negué porque yo sí quería ir a la fiesta. Supongo que Harry es mejor amigo que yo.
La insinuación en la palabra pasó desapercibido para el resto, pero no para Harry, que le frunció el ceño y estuvo a punto de decirle algo venenoso. No pudo, de todas formas, porque Ron soltó un quejido digno de un niño pequeño y Harry se fijó en Hermione, que miraba a Draco con una mezcla de resignación y admiración. Ñoña.
—Bueno, si no queda más remedio… —Ginny tampoco lucía muy contenta—. Solo quiero decir que este día ha sido especial, y no podría imaginar viviéndolo con alguien más que ustedes. Gracias Hermione, por tu trabajo incansable siendo nuestra manager, y gracias a todos. Los amo mucho. A cada uno de ustedes. Incluso a ti, rubiecito que pareciera que tiene un palo en el culo las veinticuatro horas del día.
—¡Hey!
Ginny, consciente de que eran amigos, le sonrió con inocencia.
—Te estás llevando al amor de mi vida de mi lado en una noche especial. Es lo mínimo que puedo decirte.
Harry chasqueó la lengua, negando. Ron rió junto a Blaise y un poco Hermione y Ginny dejó un sonoro beso en la mejilla de Theo, que se veía malhumorado. No pudo ver la expresión de Draco, pero suponía que estaba sonriendo.
—Son bromas, amor —Gin consoló al castaño.
Cada uno pronunció unas palabras de agradecimiento, de cariño, para luego abrazarse; y no mucho después de eso abandonaron el lugar, se despidieron y cada uno tomó su camino. Londres seguía igual de activo que siempre. Parecía difícil imaginar que esa noche ambos habían vivido una experiencia que los había cambiado por completo. Había pasado tan rápido… aún se sentía lleno de adrenalina. De pasión. Aún podía escuchar los gritos de la gente y el sonido del parlante en sus oídos. Sinceramente, no entendía como era que Draco tenía sueño.
—¿Cómo se te ocurrió la excusa del trabajo? —preguntó una vez que ya estaban en el apartamento. En su habitación.
Draco se giró hacia él, desabotonando sus pantalones mientras Harry se quitaba su camiseta.
—Porque es verdad, debo hacerlo. —Se encogió de hombros.
Harry frunció el ceño, quedándose en ropa interior y retirando sus lentes.
—¿Y no necesitas mi ayuda?
Draco se volvió a levantar sus hombros, mientras lo imitaba, dejando sus pulseras encima del mueble al lado de la cama.
—Nah. Ya tengo ayuda suficiente.
Harry esbozó un pequeño puchero de forma inconsciente, y sin mirarlo se metió debajo de las sábanas, pensando en que Draco no había ido a pedirle su ayuda cuando lo necesitaba, y sí a Blaise.
—Creí que no te interesaría. —El rubio se situó a su lado, sin acercarse lo suficiente para que se tocaran.
Harry no respondió, continuó mirando el techo, pensando. No quería que el día se arruinara por una nimiedad así, solo esperaba que Draco contara con él más seguido. Después de todo, las cosas habían cambiado. ¿Cierto?
¿Cierto?
Suspiró, poniéndose de costado para poder verle y descubrió que Draco le estaba mirando. Harry contuvo la respiración un segundo, antes de acercarse a él y levantar la mano hasta dejarla descansando sobre su cabello rubio. Ya no había rastro del rosado que antes le había adornado, y aunque Harry amaba como se le veía, también le gustaba así, con su color casi albino y celestial.
—Vas a ser mi fin —dijo Draco, acercándose también para abrazarlo.
Harry se amoldó a él, con el corazón un poco más alocado por la cercanía y la seguridad de su cuerpo. Le encantaba tenerlo en todas las posiciones posibles, le encantaba follar con él hasta perder el sentido, pero era impagable el solo estar a su lado. Ser capaz de escuchar su respiración pausada.
—Estuviste increíble —murmuró Harry contra su cuello—. Más que increíble.
Sabía que Draco estaba sonriendo incluso sin verlo y él hizo lo mismo, delineando pequeños patrones en sus brazos desnudos.
—¿Qué hay de tus solos? —Draco silbó—. La gente se volvía loca solo de escucharte.
Harry rió, pensando que estaba exagerando, pero tampoco lo corrigió. Era lindo escuchar cumplidos, después de todo. Depositó un beso en su mejilla, intentando con todas sus fuerzas no desviarse hasta sus labios, porque sabía que las cosas subirían de nivel y Draco estaba cansado. No importaba cuánto cada partícula de su cuerpo lo deseara.
—A veces me pregunto… —dijo el rubio al cabo de un rato—. Lo que hubiese pasado, si nunca hubiera aceptado unirme a la banda.
El moreno se tensó un poco. Nunca había pensado en eso antes, o nunca había querido pensarlo, en realidad. La sola idea de que Draco pudiera no estar en su vida en ese preciso momento le resultaba ridícula y difícil de digerir.
—¿Y? —preguntó suave.
Draco juntó sus frentes, respirando sobre su boca y Harry aprovechó para profundizar el abrazo, cosa de que no quedara un centímetro de piel sin tocarse.
—Nada, solo… —suspiró—. Me alegra haberlo pensado mejor.
Harry sonrió.
—Y a mí. —Tomó su cara por la mandíbula, haciendo pequeños círculos en su mejilla—. Las cosas serían completamente distintas.
Draco asintió. Aunque estaban a oscuras, sus ojos se encontraban un poco mejor adecuados a la luz, y era capaz de distinguir algunas cosas. No muchas, de todos modos.
—Lo serían también si no hubiese vivido acá.
Harry cerró los ojos, pensando en ello. Obviamente se refería a ellos dos. Tenía claro que el que Draco hubiese aceptado trasladarse a su piso cuando se lo pidió era un factor importante. Lo veía cada día, conversaba con él. Se enamoró de él, gracias a conocerlo mejor. Pero… dudaba que al final de todo, no se hubieran encontrado a medio camino, a pesar de que les hubiera demorado más tiempo. Él al menos quería pensar que era así.
—¿Por qué aceptaste? —le preguntó, recordando que una vez, hace meses, ya le había planteado esa duda—. ¿Por qué terminaste diciendo que sí?
Draco se apartó un poco; lo suficiente para que sus caras ya no estuviesen una encima de la otra y Harry distinguiera sus facciones con más claridad. Algo en la pregunta le había incomodado, era obvio. Esperaba que le respondiera de todas maneras.
—Porque tenía la oportunidad de pasar veinticuatro horas con un chico guapo y no iba a desperdiciarla —bromeó, dándole unas palmaditas a su brazo.
A Harry no le hizo mucha gracia, a pesar del halago.
—Draco…
—Harry —lo cortó con un hilo de voz—. No lo hagas--solo… —suspiró—. No.
Aquella inquietud que siempre afloraba cuando Draco desviaba la atención de ciertos temas no tardó en llegar, y deshizo un poco el abrazo. Era duro saber que aún, a pesar de que le gustaba creer que no era así, existían terrenos que no podía tocar, cosas que no podía mencionar. Estaba claro que Draco no quería dar mucho de sí mismo. O si quería darle algo, en absoluto.
—Está bien —susurró.
Ninguno de los dos dijo nada más, pero la súbita emoción que había sentido se hizo más pequeña, más contenida. Estuvo a punto de alejarse de Draco, dormir dándole la espalda como un niño pequeño, pero el rubio lo atrajo hasta él, dejándolo descansando contra su pecho y abrazándolo tan fuerte que por poco dolió. Draco suspiró, dejando un beso en su coronilla y comenzó a pasar su mano de arriba a abajo por su espalda, con cariño.
—Deberíamos dormir —dijo, con la voz un poco más firme—. Ha sido un día largo.
Harry asintió, aún un poco tocado por lo que había pasado, pero algo mejor. Con Draco sosteniéndolo así era imposible que siguiera del mismo humor. Lo abrazó de vuelta, sintiendo cómo su torso subía y bajaba con la respiración, cómo su corazón latía, y la manera en la que se sentía su piel bajo sus dedos. Era todo tan nuevo, y a pesar de que llevaran meses acostándose aún quedaba demasiado por descubrir. Sin embargo, de alguna forma, para Harry nada se había sentido antes así de... cómodo. Familiar.
—¿Harry? —Draco murmuró, cuando éste ya estaba rindiéndose al sueño.
—¿Mmm?
Sintió a través del tacto cómo su pulso subía, y cómo el rubio soltaba una respiración temblorosa. Por un momento, creyó que retomaría el tema. Harry no estaba seguro de querer afrontar eso esa noche.
—Tú sabes que me importas, ¿no?
Pudo haberse ahogado con su respiración, pero intentó mantener la compostura. Sus mejillas enrojecieron, y su cerebro intentó hilar alguna frase coherente, pero podría haberse puesto a bailar de la emoción. Draco nunca le había dicho algo similar. Tampoco es que fuera un "te quiero", pero era suficiente. Era más de lo que esperaba de él. Era también la confirmación de que no se estaba imaginando que las cosas habían cambiado.
Sintió cómo Draco se alejaba, y recordó que aún no decía nada debido a la impresión. Volvió a acomodarse contra su cuerpo con rapidez y esbozó una sonrisa boba que el rubio no podía ver, y habló.
—Tú también me importas a mí.
El cuerpo de Draco se relajó notoriamente bajo su agarre, y Harry sentía que la felicidad volvía a tomar parte de sus pensamientos y sentimientos. Ni las dudas que aún quedaban, o el hecho de que su garganta quemaba por las ganas de repetirle una y otra vez aquellas dos palabras que casi se le escapaban a cada momento del día, cuando lo veía desayunar cereal, o quejarse de las palomas solo porque las encontraba feas, o cuando follaban y Draco gritaba su nombre, podían arruinar ese momento.
•••
Agosto, lleno de ensayos, risas robadas y momentos dulces se desvaneció como un momento lejano en el tiempo, y cuando septiembre llegó, su vida finalmente reflejó el gran cambio que se había gestado durante tantos meses.
Harry sentía que apenas tenía tiempo para respirar de lo ocupados que estaban. Noches despiertos hasta la madrugada a causa de planes de último minuto para tocar en un festival, o un escenario. Ruedas de prensa, eventos sociales, tocatas, promociones, e ideas para un nuevo álbum en camino. Se sentía muy capaz de perder la cabeza en algún momento. El único consuelo que encontraba era que al llegar la noche, podía recibir unos cuantos mimos, pero seguían faltando cosas. Por ejemplo, apenas tenían tiempo para follar como era debido. ¡Follar, por el amor de Dios!
—Creo que podría explotar —exclamó Harry un día a mediados de Septiembre, sentándose en el sillón frente a Draco—. Deseo explotar.
El rubio sonrió, sin levantar la vista, con una guitarra entre sus brazos mirando un montón de hojas arremolinadas en la mesa de centro.
—No seas sádico, Harry. —Contestó distraído, marcando un pequeño ritmo con la punta de sus dedos en la madera del instrumento—. Hey, ¿qué opinas de esto?
Era la primera tarde libre que tenían en semanas, si es que se le podía llamar así, porque en unas horas debían ir al apartamento de Hermione a afinar los detalles para empezar a presentar las canciones del nuevo álbum. Harry frunció el ceño, mientras el rubio apuntaba las primeras líneas y cantaba con una melodía especialmente lenta.
—Draco, me encanta —lo interrumpió, con sinceridad, ganándose una mirada molesta—. Lo siento, pero si seguimos hablando de temas de la banda te aseguro que estoy a nada de tirarme de la ventana hacia abajo.
Eso suavizó su mirada, y Harry dejó salir el aire que estaba reteniendo. El rubio dejó la guitarra a su lado, y el ojiverde la tomó sin pensar, empezando a pasar sus dedos por encima de las cuerdas. Era increíble como esa sola acción lo calmaba.
—¿Alguien te dijo algo cuando volvías? —preguntó Draco, ya apoyado en el respaldo. Harry asintió.
—Un par de personas me saludaron. Nada más. Ninguno ha tenido el descaro de seguirme como la loca del otro día.
Draco bufó.
—Dímelo a mí.
Era al que más le sucedía de todos ellos, al ser la cara visible, había ocasiones en que la gente resultaba ser muy invasiva. Aunque les gustara mucho la cercanía con las personas no era agradable el tener que cuidar tus pasos para que no encontraran tu domicilio. Y si a eso se le agregaba el estrés por el que estaban pasando el último mes, bueno…
Harry empezó a tocar unas cuantas notas al azar, de forma inconsciente, pero al cabo de unos segundos su mente reprodujo una de las canciones que había aprendido hace años, y que se sabía de memoria. Así que empezó a tocarla.
No esperaba que Draco se uniera a él cantando.
Sonrió elevando la mirada, para encontrarse con sus ojos grises observándolo fijamente con una expresión perezosa.
Wise men say
El primer verso de "Can't Help Falling In Love'' resonó por el cuarto. Era diferente, por supuesto, el tono de Draco era mucho más agudo que el de Elvis, que solía tener una voz grave y profunda. De igual forma era un "diferente" bueno y Harry se encontró mirándolo con abierta admiración.
Only fools rush in
But I can't help
Los ojos de Draco no se despegaban de los suyos, y Harry se sintió morir en ese preciso instante. Brillaban con la tenue luz de la sala de estar, y le hacían sentir un poco más vivo. Un poco más importante.
Falling in love with you
Harry no quería ser una persona delirante y pensar que le estaba cantando a él. De verdad que no. La sola idea de que eso fuera así parecía sacada de una película.
Shall I stay?
Would it be a sin
Sus mejillas estaban rojas, y sus dedos cambiaban de acordes solo por inercia, porque lo único que le aseguraba que eso estaba pasando era el peso de la mirada plata sobre él, con sus largas pestañas rubias, y su cabello alborotado por el cansancio.
If I can't help falling in love with you?
Lo que había empezado como un inocente cambio de aires ahora se sentía mucho más. De su parte, en todo caso. Porque quería transmitirle a Draco todo lo que no podía decirle con palabras.
Like a river flows
Surely to the sea
Darling, so it goes
Some things are meant to be
Sintió que sus manos flaqueaban por un segundo, y trató de recuperarse. Draco lo notó, esbozando una pequeña sonrisa mientras se preparaba para la siguiente estrofa. Se veía mucho más relajado que cuando Harry lo encontró hace unos minutos y a él le gustaba verlo así.
Take my hand
Take my whole life too
For I can't help falling in love with you
Harry desvió la mirada, un poco sobrepasado por las emociones, y se concentró nada más en las cuerdas bajo su tacto. Descubrió, que eso era mucho mejor que escucharlo en un escenario, que era mucho mejor que tener gente a su alrededor que le aplaudían. Eso era solo de los dos, para ellos, y la forma en la que conectaban por la música le hacía olvidar que para muchas de las otras áreas tenían dudas o parecían el agua y el aceite.
For I can't help falling in love with you
Terminó la canción con suavidad, y tomó una honda respiración, antes de girarse a Draco, que tenía los ojos cerrados y continuaba tarareando la melodía por lo bajo. Inseguro de qué decir, dejó el instrumento a un lado, y se apoyó en el sillón, sin dejar de mirarlo. Dios, esperaba que no tuviera que dejar de hacerlo alguna vez. Sabía que era mucho pedir.
—Nunca me ha gustado tanto Elvis, ¿sabes? —le comentó con voz serena, y Harry dio un respingo.
—¿No? —preguntó con interés—. No se nota.
Draco resopló con simpatía.
—Todo el mundo se sabe Can't Help Falling In Love. Eso no quiere decir que me guste el artista. —Se encogió de hombros, aún sin abrir los ojos—. Si nos vamos estrictamente a las épocas, prefiero la música de los 80.
Harry rodó los ojos con cariño.
—Por supuesto. Eres mejor que el resto del mundo —lo molestó.
—Obviamente.
Harry sonrió y decidió levantarse dispuesto a ir a servirse algo de comer, pero en un ataque de valentía, antes de que pudiera cambiar de parecer, se sentó en el pequeño sillón, en el regazo de Draco, con la cara hirviendo y maldiciendo mentalmente por ser tan irresponsable e idiota e impulsivo y...
Draco lo besó con tanta fuerza que fue incapaz de formar un pensamiento racional. Y él le correspondió.
No era como planeaba que pasaría su descanso de unas horas, (durmiendo, si era honesto), pero no se quejaba.
Eso era mil veces mejor.
•••
A Harry nunca le gustó escuchar conversaciones a escondidas. No era su estilo. Lo hacía sentirse incómodo y, a veces, un poco perdido. Además de que le daban ganas de querer indagar más sobre el asunto del que hablaban. Que haya escuchado a Draco aquel día terminando septiembre no fue más que una casualidad.
Una desafortunada casualidad.
¿O afortunada? No lo sabía.
Ya tenían fijado dos shows en el centro de Londres y una ciudad cercana para Octubre, además de haber conseguido el concepto del álbum nuevo que sacarían el próximo año, (crítica social, enfermedades mentales y política, por supuesto), así que al menos tenían un respiro de unos cuantos días o semanas, y Harry aprovechó para hacer su visita a La Madriguera, pasar tiempo con Ron y Hermione en su nuevo apartamento y estar con Draco. Solo estar con él. Lo que sea que significara.
Los Weasleys, como siempre, estaban felices de tenerlo con ellos, alegando lo mucho que le habían extrañado. Y él también a ellos, obviamente. Si no los había visto antes, de todas formas, era porque Molly y Arthur habían viajado a visitar a Charlie y Bill en sus respectivos países de residencia auspiciados por Ron y él mismo, junto a la ayuda de George, Fred y Ginny, si era completamente justo. Tuvo una tarde agradable, jugando fútbol y comiendo hasta reventar, preguntándose qué haría Draco durante las horas en las que no coincidían. No solían ser muchas; no últimamente al menos, porque estaban pegados casi siempre por la banda y porque vivían juntos, pero existían puntos muertos donde él iba a estudiar a su Facultad y a veces debía quedarse hasta tarde, o momentos en los que Harry salía a visitar a sus amigos.
Draco siempre sabía lo que Harry estaba haciendo, porque él se lo contaba. No era mucho tampoco. Pero el rubio no. ¿Seguiría encontrándose con su madre? ¿Iría a la casa de Greg? ¿Cenaría con sus amigos de un pasado que él desconocía? Era interesante pensarlo. Casi se sentía como una persona aparte a la que él conocía.
Ron por lo menos ya había superado su estúpida etapa de celos por Draco, notando que de verdad el rubio no lo estaba reemplazando cómo mejor amigo. Nadie podría, de todas maneras. Ron era su hermano, junto a Hermione. Tenían un vínculo mucho más fuerte que una simple amistad, a pesar de estar ocultando algunas cosas de ellos. Aunque, si debía ser sincero, Draco y él… era mucho más que una amistad también.
Aquel día salió de la casa del clan Weasley con una pila de comida, una cita a ciegas hecha por Ginny que sabía que tendría que cancelar apenas pudiera y un montón de recordatorios de Hermione sobre la banda y responsabilidades y esas mierdas Hermionescas que provocaban que Ron se desternillara de la risa mientras era atosigado.
Con dificultad subió los siete pisos, saludando ocasionalmente a los vecinos que no hacían más que mirarlo de ojos entrecerrados por los problemas que a veces causaba, (o que su compañero de piso causaba, para ellos daba igual), y llegó hasta arriba, abriendo la puerta con sumo cuidado para no dejar caer nada y sacándose los zapatos.
Solía siempre llamar al rubio en cuanto entraba, pero por alguna razón no lo hizo, y dejó los víveres y platos en la encimera, mientras guardaba lo que debía en el refrigerador y organizaba las compras. Simplemente había asumido que Draco no estaba en casa.
Se había equivocado.
—...sabes que en mi vida aceptaría algo así.
La potente voz del ojigris lo hizo saltar en su lugar un momento. Buen Dios, ¿qué lo había hecho alterarse de esa forma, y con quién carajo estaba hablando?
—¡No, no tengo que pensar una mierda! —exclamó nuevamente, y Harry se decidió a dejar lo que estaba haciendo para ir a ayudarle. No sonaba como nada bueno—. ¿Que me calme? ¿Cómo carajo quieres que me calme? ¿Te escuchas cuando hablas?
El pasillo nunca se había hecho tan largo, y la habitación de Draco tan peligrosa, pero quería saber qué estaba pasando de todos modos. A juzgar por la falta de respuesta, debía estar discutiendo por teléfono.
—¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? —dijo el rubio esta vez con un tono más exhausto que alterado. Era peor de esa forma—. ¿Tienes idea de a lo que quieres que renuncie?
Por alguna razón, Harry se apoyó en la pared en vez de salir a su encuentro y se sintió cómo un sucio espía. Como si estuviera invadiendo su privacidad -que lo estaba haciendo-, pero se sentía incapaz de mover los pies y adentrarse en el cuarto.
Quizás porque sabía que Draco cortaría la llamada apenas lo viera.
—¿Así que este fue tu plan desde el inicio? ¿Para eso te acercaste a mí? —el tono dolido podría haber pasado desapercibido para cualquiera, para cualquiera que no lo conociera, y no supiera lo calmo que era Draco para expresar sus emociones—. Estás enferma. Eres igual a él.
El asco con el que soltó aquella frase, la ira que podía sentir a través de sus palabras hizo que su estómago se retorciera, creándole una leve sensación de angustia. No quería que Draco jamás le hablara así. Era horrible.
La voz al otro lado de la línea ahora sí sonaba más agitada, haciéndole reconocer el timbre femenino. Harry podía escuchar cómo Draco se paseaba por su cuarto de un lado a otro, gracias a la puerta que raramente tenía abierta.
—Bueno, me da igual. Él es importante para mí ahora. Vive con ello.
Sabía que Draco había cortado el teléfono, por lo tajante que sonó y el ruido que emitió al cerrarlo con fuerza, y no supo qué hacer, si volver a la cocina y fingir demencia, o acercarse. O bueno, esperar a ser descubierto; pero no creía que esa fuera la mejor opción. Finalmente tomó un hondo respiro, esperó unos segundos, y entró al cuarto.
Draco estaba parado frente a su mesita de noche, respirando pesadamente y de espaldas a la puerta. Harry no pudo no notar que la foto que orgullosamente había puesto allí hace unos meses ya no estaba, y él recordaba haberla visto durante la mañana, cuando fue a dejarle el desayuno antes de partir con los Weasley, pero no comentó nada. En cambio, dio un paso con cautela y se aclaró la garganta, incómodo.
—Hey…
No tenía idea de qué mierda estarían hablando él y la mujer, que Harry sospechaba, debía ser su madre, pero algo estaba claro: no era nada bueno, no si se basaba en la expresión desolada de Draco y su piel enrojecida junto a los ojos, además de su pequeño temblor en el labio.
—Draco… —se acercó, con toda la intención de abrazarlo, sostenerlo contra su pecho y no dejarlo ir—. ¿Draco, estás bien?
Era una pregunta estúpida. Se recriminó mentalmente por ello. ¿Que si estaba bien? ¡Claro que no! Imbécil.
—Draco--
—Estoy bien —le espetó, retrocediendo—. Solo… necesito estar solo.
Harry, como el terco que era, negó levemente con la cabeza y volvió a intentar acercarse. Quería que lo dejara ayudarle, curar sus heridas, como Draco lo había hecho por él, con sus pesadillas y sus ataques y su nula insistencia en hacer preguntas. Como el mismo Harry había hecho en otras ocasiones, pero no dio resultado.
—Si me dejaras--
—No —volvió a espetar, con fiereza—. Quiero que me dejes en paz.
Sentaba mal, el ser dejado fuera de esa forma. El saber que alguien que querías estaba eligiendo conscientemente buscar refugio en algo más, en alguien más, que no eras tú. Pero sentaría aún peor seguir insistiendo y volver a ser rechazado. Así que bajó su mano, la cual ni siquiera tenía idea que estaba en el aire y se tragó sus palabras, asintiendo amargamente.
—Estaré en la cocina —terminó diciendo, con la bilis subiendo por su garganta.
Dio unos pesados pasos por el pasillo, apretando los puños un momento. Se sentía frustrado, e inútil, y el ruido de la puerta cerrándose a sus espaldas no hizo nada por ayudarle con esa emoción.
Nunca has servido para nada, dijo una voz en su cabeza.
Bueno, muy equivocada no estaba.
Suspiró, decidiendo que lo mejor que podía hacer era cocinar para calmar su ansiedad y molestia. Aunque no tenía muy claro por qué, con lo que había comido, le alcanzaría hasta el otro día.
Sin embargo, sí que sabía por qué. No iba a dejar a Draco morir de hambre solo porque era muy… él. Y tampoco tenía ganas de calentar los platos que Molly le dio. Quería hacer algo, distraerse.
Terminó eligiendo como menú algo simple, una pasta de salsa blanca con champiñones como al rubio le gustaba y comenzó a cortar los hongos, ya lavados desde hace unos días, intentando no pensar, aunque la presión de su estómago no quería marcharse.
Ya iba a freír los champiñones, mientras colocaba los fideos en el agua hirviendo, cuando unas manos se posaron a cada costado envolviendo su cintura por la espalda, y reconoció su olor a coco y lavanda. Su corazón pareció derretirse involuntariamente al mismo tiempo que Draco apoyaba la barbilla en su hombro y lo hacía sentir protegido, como en casa.
Harry en un inicio se quedó parado recto, incómodamente tenso, pero no pudo resistirse por mucho tiempo más. Suspirando, se dejó caer contra su pecho, disfrutando del confort que le traía ese lugar.
Ya ni siquiera recordaba por qué se había enojado en primer lugar.
—Gracias —Draco dijo contra su oído, suave y casi arrepentido, dejando un dulce beso en el inicio de su mandíbula—. Por estar aquí. A pesar de todo.
Comprendió que daba igual. Todo daba igual, siempre y cuando, al finalizar el día, Draco lo abrazaba hasta que le hiciera olvidar que alguna vez sintió que alguna pieza le faltaba.
•••
El cumpleaños de Blaise cayó un día sábado a mediados de Octubre y no existía persona a la que no le hubiese gritado de emoción por aquello.
Harry y Draco llegaron junto a Ron y Hermione, llevando el regalo que todos habían adquirido para Blaise, (una nueva batería, una de la que había hablado por años), y la dejaron en el escenario, donde seguramente iba a colocarse el DJ.
No era una fiesta sorpresa, pero Blaise, como el melodramático que era, quiso fingir que sí lo era, así que planeó su entrada cuando el local estuviera lleno para que el resto de la gente lo alentara. Cuando se los dijo, Harry había reído hasta que soltó lágrimas, Draco simplemente le dijo que era un idiota, Ron le ayudó a armar el plan, y Hermione no podía creerlo.
La gente no tardó en llegar, a montones, y había un gran número que Harry no conocía, pero que le resultaba vagamente familiar. Se encargó de saludar a todos y darle la bienvenida, junto a Ginny que había llegado hace un rato atrás, tal como en el cumpleaños de Draco. En el montón, pudo distinguir al tipo de la trenza que le propuso salir al rubio en su cumpleaños, meses atrás, y su ceño se frunció antes de que lo notara. ¿Acaso Draco lo había invitado?
—Hey —le dijo, cuando lo encontró después de que Ron tomara su lugar—. ¿Cómo vas?
Draco lo miró de reojo, con una lista en sus manos de las cosas que debían estar en el lugar.
—Bien —respondió amable, contando con el lápiz pasta en el papel—. ¿Ya llegaron todos?
Harry se encogió de hombros, a pesar de que él no podía verlo.
—No lo sé, supongo que Ron nos avisará —sonrió, acercándose un poco más—. Hey, ví algunos rostros conocidos, y me parece haberlos visto para tu cumpleaños. ¿Tú los invitaste?
Draco soltó un bufido y rodó los ojos, pero parecía más bien un gesto al aire que dedicado hacia él. Como lucía cuando estaba irritado con Blaise.
—¿Bromeas? —negó—. No, cuando Blaise me ha ayudado en trabajos de la Universidad se ha hecho varios amigos. O conocidos. Bueno, tú sabes cómo es. Él los invitó. Invitó a todo el puñetero mundo que tenía anotado en su celular.
Harry asintió, mitad divertido, mitad curioso. Draco nunca le había pedido ayuda a él para sus trabajos de la facultad, y por supuesto que no tenía problema en ayudarle, considerando que hace meses no hacía nada durante el día, pero no comentó al respecto, en cambio, miró a cada lado y se acercó a él para hablarle al oído.
—Te ves irresistiblemente guapo esta noche —susurró.
La sonrisa de Draco se hizo más amplia, y le miró de lleno, alzando una ceja.
—¿Solo esta noche? —bromeó.
Harry fingió soltar una exhalación exasperada y miró al cielo.
—No voy a ser partícipe de este alimento para tu monumental ego.
Draco le pegó un codazo, dando un vistazo alrededor.
—Tú tampoco estás nada mal.
El ojiverde se llevó una mano al pecho, cómo si le hubiese lanzado un golpe y Draco rió, negando con la cabeza, cuando un brazo se posó encima de sus hombros y Ron se metió en medio de ambos, separándolos.
—Hey, Harry —le dijo, con obvia intención de fastidiarlo—. Te veo animado compañero.
Harry rodó los ojos, por lo infantil de la situación y Draco volvió a arquear una ceja, cruzándose de brazos.
—¿Estás celoso, Weasley? —le preguntó con un toque de diversión en la voz.
Ron lo miró con los ojos entrecerrados y resopló. Harry contenía una sonrisa.
—¿Celoso? ¿ De ti? —Zarandeó al azabache quien se quejó por lo bajo—. ¡Harry ha sido mi mejor amigo desde hace más de una década!
—No por mucho —se burló Draco, solo para meterse debajo de su piel.
Ron abrió la boca exageradamente, con aire ofendido y el moreno soltó una risita.
—¡No dijiste eso! —Lo apuntó—. ¡Dile algo Harry!
Harry, por su parte, se quitó a Ron de encima y negó, con una sonrisa tonta. El pelirrojo se cruzó de brazos y Draco tenía un brillo malvado en los ojos.
—Tengo que confesar… que mi mejor amigo es Theo. Lo siento chicos.
—¡Traición! —Ron exclamó.
—Deberíamos fundar nuestro club, Weasley. El club anti Harry, y hacernos mejores amigos por siempre —le dijo Draco, con la cara totalmente seria.
—Creo que nunca en la vida te había apreciado tanto como en este momento Malfoy. Esos sí son amigos de verdad.
Harry rodó los ojos, mirando cómo el local ya estaba completamente lleno, y se volteó a los dos hombres, que seguían discutiendo sobre él. Chasqueó los dedos, llamando su atención.
—¿Ya deberíamos ir a la entrada? —preguntó, sacando a Ron de su acalorada discusión con Draco y los planes que tenían.
—¿Ah? —La cara le cambió—. Mierda, sí. A eso venía, vamos.
El pelirrojo se abrió paso por la multitud, avanzando delante de ellos y Harry junto a Draco intentaron copiar su ritmo. Había gente que los miraba cuando pasaban, algunos les guiñaban, otros simplemente le observaban con curiosidad. Él respondía con sonrisas amables, pero no sugestivas. No quería que al final del día se les acercaran a coquetear.
Cuando estaban llegando a la entrada, la gente irrumpió en gritos, y descubrieron que Blaise ya había hecho su aparición, así que apuraron el paso, solo para encontrarse el chico con una expresión de sorpresa que pudo haberlo engañado fácilmente. Dios, en otra vida Blaise tuvo que haber sido un actor. Sonrió, deslumbrando a las personas y Ginny se puso a su lado, abriendo una botella de vaya a saber Dios qué y empapando completamente su cuerpo, al mismo tiempo que Blaise la tomaba de la cintura y depositaba un pequeño beso en su mejilla a modo de agradecimiento.
Entonces, después de cantarle la canción de cumpleaños con Draco a través del micrófono, la gente se dispersó y la fiesta comenzó.
—Ven, Blaise —le dijo Ginny emocionada, tomándolo del brazo—. Te tenemos una sorpresa.
Blaise la miró con los ojos bien abiertos, seguramente con ganas de saber de qué hablaba. Todos intercambiaron una mirada, dispuestos a guiarlos hasta la batería y fue cuando Harry notó que faltaba alguien.
—¿Dónde está Theo? —le preguntó a Hermione, una vez que ya habían empezado a caminar y ambos se habían quedado atrás—. ¿Está en el baño? ¿Hay que ir a buscarlo?
Ella soltó una risita irónica, enganchando sus brazos para no perderse en el mar de gente y habló en su oído para hacerse escuchar encima de la música.
—Se fue —respondió—. Discutió con Ginny por vaya a saber Dios qué y se fue.
Harry frunció el ceño, algo molesto con él. Le agradaba Theo, mucho menos desde que había pasado aquel incidente con su ex novia, pero seguía agradándole. Además de que si Gin lo había perdonado, él tampoco tenía derecho a guardarle rencor. De todas formas, le parecía una putada abandonar a un amigo el día de su cumpleaños por discutir con tu pareja. A menos que haya sido realmente grave.
—¿Por qué? —replicó, ya llegando al escenario—. ¿Terminaron?
Ella se encogió de hombros.
—Fue una tontería —exclamó—. Primero se retrasaron por culpa de Ginny, porque estaba arreglándose, y Theo según dijo que eso lo hacía para llamar la atención de más gente y no sé qué. Fue bastante ofensivo, la verdad, y Gin lo mandó de paseo.
Harry no pudo evitarlo, puso los ojos en blanco. Qué idiota. Si no había nada mejor en el mundo que ver a la persona que querías robar miradas y saber la suerte que tenías. A él le encantaba ver a Draco poniéndose su delineado y su ropa que le quedaba jodidamente bien.
—Se lo merece.
Y no, no era motivo suficiente para dejar a Blaise en su cumpleaños, pero por lo menos, si la ausencia de Theo le molestó, cuando Ginny le destapó los ojos y vio su regalo, mientras todos volvían a gritarle "sorpresa" se le olvidó de inmediato. Miró la batería con incredulidad, sin creer su suerte y la rodeó, atónito. Harry sabía que esa vez, estaba siendo completamente sincero.
—Wow —dijo, calmado. Luego los miró—. ¡Wow!
Corrió hasta ellos, primero a Ginny, a quién la abrazó, dándole vueltas en el aire que la hicieron reír. Luego a Ron, apretándolo fuerte y dándole unas pesadas palmadas en la espalda. El siguiente fue Draco, a quién movió de un lado a otro como un pingüino mientras este ponía una cara fingida de asco y los últimos fueron Hermione y él, a la cual a la primera intentó hacer lo mismo que con Gin, pero ella le puso una mirada de advertencia que lo hizo desistir y al último lo tomó de la mano, para luego atraerlo en un abrazo de oso que duró más.
Dios, Blaise era tan pegote a veces.
De todas formas, todos estaban sonriendo, felices, y se dieron cuenta que la gente del público los miraba expectantes. El moreno, al borde de las lágrimas, agitó las manos y exclamó que fueran todos a bailar o los echaba a patadas de allí. Harry rió de inmediato. Idiota.
Pronto se encontraron en la pista, y por primera vez en un largo tiempo, -y en la vida desde que Draco estaba en la banda-, los seis bailaron juntos en un círculo. La falta de Theo se sentía, era obvio, pero ninguno comentó nada al respecto y Ginny parecía querer olvidarse del trago amargo del inicio de la noche. Reían, cambiando parejas a cada rato, y tomando de las bebidas que pasaban en bandejas a sus costados de vez en cuando. Harry bailó con Hermione, Ginny, y un par de chicas que se unieron a ellos pero de forma fraternal, y sin poder quitar sus ojos del rubio en ocasiones, quien le imitaba.
Pronto estaban todos saltando, al ritmo de una electrónica, y Blaise se encontraba en el medio de ellos, disfrutando de ser el centro de atención y haciéndoles reír aún más. Harry tenía claro que el moreno rara vez se encontraba triste, pero ese día estaba tan hiperactivo que le sorprendió.
La gente a su alrededor los observaba, lo que era raro. En las fiestas anteriores casi pudo haber pasado desapercibido, incluso en el cumpleaños de Draco que fue un poco más reservado que esa celebración. Pero allí, se notaba que estaban siendo vistos como algo muy parecido a una celebridad, lo que lo hacía sentir extraño. No podía decidirse por completo si la atención le gustaba o no.
En un momento dado, alguien que él no pudo reconocer llamó a Draco a lo lejos. Harry suponía que eran sus amigos o compañeros de la facultad, así que no prestó mucha atención. De ahí en adelante el grupo se disolvió un poco, hasta que quedó solo, y decidió que podía ir a fumar algo por mientras, o a beber.
Cuando iba caminando, un hombre lo interceptó. Un hombre alto, musculoso y de rizos castaños que le sonrió de forma depredadora. Harry dio un paso atrás, sobresaltado.
—Hey —le dijo él, con voz grave—. ¿Te apetece ir a dar un paseo?
Harry, que no entendía bien nada de eso, supo de inmediato que lo que ese hombre le estaba pidiendo no tenía nada de inocente ni de camaradería. Negó, algo asustado y dio otro paso atrás.
—Oh, vamos —insistió un poco con aire juguetón—. Será divertido.
El ojiverde tragó en seco, sin ser capaz de formular bien sus ideas.
—N-no. Yo… —miró a cada lado, dándose cuenta que no había ninguna cara familiar cerca—. Tengo que irme.
Se metió en medio de la gente, perdiéndose lo más rápido posible entre las personas y dejándolo atrás. Le dio un escalofrío. Dios, ¿tanto se le notaba ahora que daba para ambos lados? Nunca un hombre en una fiesta normal se le había acercado a coquetearle, menos tan abiertamente. Joder, tenía que decirle a Draco. Él sabría qué hacer.
No tardó mucho en localizarlo. Pero no estaba solo, estaba ese tipo hablando con él, el idiota de la trenza. Draco no se veía cómodo con la charla, con las manos en los bolsillos e intentando alejarse de la cercanía que el hombre intentaba crear. Harry no dudó, debía rescatarlo. Eso haría Draco por él, ¿no? Comenzó a avanzar hacia ellos, captando pedazos de la conversación mientras se acercaba.
—Damen, no. No es momento de hablar de eso —oyó cómo Draco decía, negando con la cabeza.
—¿Y cuándo va a ser el momento, eh? —replicó el otro cabreado—. Dime cuándo.
El rubio también se veía irritado, y Harry pudo ver cómo encajaba la mandíbula, molesto. Se apresuró, convenciéndose de que lo hacía para ayudarlo y no por otra razón.
—Bueno, no ahora —lo cortó con acidez—. Y si me disculpas…
—Espera —lo detuvo, tomándolo del brazo, ahora hablando un poco más suave. Draco lo miró inquisitivamente—. Ten, debía pasarte esto.
Cuando Harry estaba a nada más que unos pasos, vio cómo el tipo se sacaba de su abrigo ridículamente grande una camiseta, arrugada, para disgusto del rubio y se la pasaba. Comprendió que era ropa de Draco, y todas sus alarmas se activaron. Eso no podía ser bueno, ¿no?
El ojigris miró alrededor mientras la tomaba y se topó con él, a unos metros. Harry no se dio cuenta que se había quedado parado en su lugar, cómo analizando lo que acababa de suceder. Draco se guardó la camiseta rápidamente en el bolsillo de su chaqueta y caminó en su dirección, sin sonreír como el resto de la noche.
—Hey —le dijo cuando llegó a su lado—. ¿Pasa algo?
El tinte nervioso de su voz no hizo nada para desvanecer el sentimiento de pesadez que se había instalado en sus entrañas. Lo miró unos segundos, sin saber qué decirle. Draco solo lo miraba de vuelta.
—Estaba buscándote, para preguntarte algo.—Luego miró atrás de su espalda, dónde el tal Damen se había quedado en su lugar, observándolos—. Pero da igual. ¿Estás bien?
El rubio asintió una vez, serio.
—¿Por qué estaría mal?
Harry se encogió de hombros, mirando a su alrededor. Algo en esa situación no le cuadraba, y lo hacía sentir especialmente incómodo. Tenía miedo de averiguar el por qué.
—Nada, solo--
—Eh, Malfoy. —Una chica de cabello azul interrumpió su charla, y Harry instintivamente retrocedió un paso, aunque no estuviesen hablando cerca—. Blaise te está buscando.
Draco volvió la vista hacia él, inseguro, y Harry asintió, haciéndole entender que fuera y que hablarían después. El rubio devolvió el gesto y siguió a la chica, no sin antes mirarle por encima del hombro cuando se alejaba. La sensación aún no se iba.
No pasó mucho antes de que el tipo se acercara a él. Por supuesto. Tendría que haberlo imaginado. Harry se tensó con anticipación y se obligó a ser cortés. Después de todo, no le había hecho nada. Aún.
—Debes ser Harry, ¿cierto? —le dijo cuando llegó a su lado, con simpatía. Harry solo lo miró inexpresivamente.
—Hola —replicó, con voz neutral—. No creo haber oído hablar de ti.
La sonrisa que el tipo traía puesta flaqueó levemente, pero se recuperó. Harry lo tomó como una victoria.
—Qué raro —comentó él, suspirando. El ojiverde frunció el ceño.
—¿Por qué sería raro?
—Porque Draco suele hablar mucho de todas las personas en su vida. Me parece raro que no te haya hablado de mí, cuando a mí sí que me habla del resto —suspiró hondamente.
Oh, había dado dónde dolía.
Se obligó a mantener la compostura, desviando la mirada y tomando uno de los vasos con alcohol que llevaban los camareros en las bandejas. No respondió.
—Bueno, me llamo Damen, de todas formas. Soy un amigo de la Universidad —prosiguió, tendiendole una mano.
Harry la miró el tiempo suficiente para ponerlo incómodo, pero la terminó tomando de todas formas, solo por educación. Estaba tentado a decirle que no le importaba, y que no le había preguntado, pero se contuvo. Si decía la verdad, no era buena idea enemistarse con uno de los amigos de Draco, por mucho que no lo conociera.
—Harry Potter —respondió a secas, deseando que la plática llegara a su fin.
Damen ladeó la cabeza, como si lo examinara y esbozó una sonrisa condescendiente.
—Te ves distinto a cómo te imaginaba —le dijo. Harry alzó una ceja sin mirarle.
—¿Sí? ¿Y cómo me imaginabas?
—No sé. Distinto —suspiró—. Más imponente.
Una punzada de dolor le atacó un costado, pero la alejó rápidamente. Era obvio que el tipo estaba diciéndole eso para molestarle, y si lo hacía, lograría lo que quería. Así que se obligó a sonreír, amplio y claro.
—Bueno, no puedes culpar a Draco —dijo, clavando su vista en él—. Debe apreciarme bastante para describirme de forma tan halagadora. Me gustaría haberme hecho una idea de ti, pero bueno… ni siquiera te mencionó. Lo siento.
Ahora sí la falsa dulzura que había expresado se eliminó, y sus ojos oscuros brillaron de ira. Harry no podía mentir diciendo que no lo esperaba, porque eso era exactamente lo que quería. No era bueno con la manipulación psicológica, así que si el tal Damen deseaba una pelea, esperaba que fuera lo más rápido posible.
—Oh, no. Yo no me refería a cómo Draco te describió —contestó esta vez con voz más siseante—. No, me refería a las fotos que he visto. Muy lindas a todo esto, quedan excelente en el pasillo del apartamento. Lástima que Draco sacó la de su madre, ¿no? Quedaba muy mona. No tanto como las que tienes en tu habitación, por cierto. Dios, tienes que darme el contacto de dónde compraste tu cama, nunca había probado una tan cómoda. Ya sabes, tan… apta, para ciertas actividades. Si sabes lo que quiero decir.
Entonces todo encajó. La camiseta que le dio el tipo. Los fragmentos de su conversación. La mención de sus cuadros. Los celos que sentía por él. Cómo se le había acercado hace unas noches en el cumpleaños de Draco.
Había estado en su apartamento. Había estado en su cama. Draco había llevado a ese tipejo allí, habían follado quizás hasta en su misma habitación, en la que ellos compartían cada noche, y ahora él, con su sonrisa triunfal le había dado el golpe final.
Draco lo traicionó. Y cuando atrapó sus ojos alarmados en medio de la gente yendo hasta ellos lo terminó confirmando.
Ni siquiera pudo responder, o formar un pensamiento coherente al respecto. No pudo sentirse mal por la mirada del tipo, ni llorar. Necesitaba aire. Por favor. Necesitaba respirar, o no sabía de qué sería capaz.
Por supuesto que lo hizo, ¿qué te hizo pensar que no lo haría? No eres especial para él. Nunca lo fuiste.
Harry tuvo que pestañear un par de veces para ahuyentar las lágrimas, sofocado por la gente. Podía escuchar a unos cuantos llamando su nombre mientras pasaba, pero no podía prestarles atención. Imágenes de Draco siendo besado por alguien más, de Draco compartiendo la ducha con otra persona, diciéndole las mismas cosas que le hablaba a él en voz baja, no paraban de llegar a su mente.
No eres nada. Sabías que esto pasaría. El mismo Draco te lo advirtió, cuando las cosas se ponían complicadas simplemente cambiaba de amante. ¿No? ¿Por qué creíste que tú podrías ser diferente? Míralo a él, y mírate a ti. No hay donde perderse.
Logró ubicar la salida a unos pasos, y antes de que pudiera pensarlo bien comenzó a correr hasta allí. Quería gritar, o golpear a alguien. Joder. ¿Por qué? Todo iba tan bien. Tan jodidamente bien. Obviamente pasaría algo. Así funcionaba la vida.
El aire frío lo golpeó, y le resultó agradable. La calle estaba desierta y por suerte no daba hacia la Avenida principal, nadie debería molestarlo. No quería ver a nadie. Quería irse. Irónico como hace unas horas estaba criticando a Theo y ahora era él quién abandonaría a Blaise. Pero no podía quedarse allí, no podía quedarse a ver cómo todo en lo que creía se iba a la mierda. Era demasiado doloroso. Demasiado-
—Harry…
Harry no pudo girarse a la voz, las piernas no le respondían y su garganta se encontraba seca. Quería gritarle que se fuera, que se fuera y lo dejara tranquilo para siempre. Que por qué le había mentido. Que qué le había hecho, para merecer eso de vuelta. Si alguna vez le hizo daño, si alguna vez hizo algo para merecerlo.
Es porque simplemente no vales nada.
—Harry, no sé qué pasa, pero te prometo que puedo explicarlo —su tono inexplicablemente tranquilo no hizo nada más que sacarlo de sus casillas, la ira comenzó a bullir en su interior—. Te juro que puedo explicarlo.
Harry, con los ojos inyectados en sangre, por fin alzó la vista, y lo que vio allí solo hizo que el dolor se acrecentara. Draco tenía el cabello en todas las direcciones, como si se lo hubiese jalado y su rostro estaba lleno de desesperación. Culpable. Toda su cara lo gritaba.
—Harry--
—Dios, qué idiota. Qué puto idiota. —Entornó los ojos, soltando una risa que no tenía una pizca de diversión.
—¿Qué?
Harry volvió a apartar la mirada, posando sus manos en su cabeza y aplastando su cabello.
—Que estúpido, que imbécil fui, ¿no? —habló retóricamente, sin intención de que Draco contestara—. Seguramente te reías de mí con ese tipejo. Dime, ¿te burlabas de cómo follábamos? ¿Hacías comparaciones con él? Dímelo. ¿Le decías también que fingías conmigo?
Draco dio un paso atrás, viéndose cada vez más confundido. El atrevimiento de verse así, cómo si no entendiera que su puto secreto había salido a la luz. Como si no entendiera que Harry ya sabía todo.
—No sé de qué estás hablando —pronunció lentamente.
—¿No sabes? —exclamó, mirando el cielo—. Dice que no sabe, qué puto mentiroso. Eso es lo que eres, joder. Un maldito mentiroso. ¿Quieres saber qué pasa? Pues no sé, dime por qué mierda ese estúpido de Damián o como sea que se llame sabe cómo es mi apartamento. Dime por qué acaba de insinuar que te folló en mi cama. Dime, Draco. Intenta justificarte. Me gustaría saber con qué cuento sales, a ver si yo también le encuentro lo divertido a esta situación.
La mirada de Draco cambió, y el nudo de su garganta volvió ante eso. Lo sabía. ¿Por qué había albergado la esperanza aún de que no fuera así? ¡Joder! Se dio vuelta, pegándole una patada al basurero a su lado y regocijándose porque un poco de dolor se extendió por su pie. Al menos aún podía sentir algo más que esa puta opresión en el pecho que no lo dejaba respirar.
—Harry, no--
—Debí suponerlo, ¿cómo pude esperar algo más de ti? —Se quitó la chaqueta, por la ira que calentaba su cuerpo—. ¿Cómo pudiste?
¿Y cómo pude pensar que tú sentías lo mismo?
—¿Poder qué, Harry?
El moreno lo miró con incredulidad, y Draco se veía desesperado. Aún no parecía caer en la realidad de la situación. ¿Intentaría excusarse? ¿Pensaría que aún había una forma de hacerle creer a Harry que no era así? ¿Que no se estuvo riendo en su puta cara durante meses?
—¿Exclusivos? —se burló Harry, exteriorizando sus pensamientos—. Exclusivos, joder. Y ahí voy yo y te creo como un idiota. Tú no podrías estar en algo así, aunque te lo propusieras--
—Vete a la mierda, ni siquiera estás tratando de escucharme —la voz del rubio ahora sonaba ofendida, lo que le hizo enojarse aún más. ¿Cómo se atrevía?
—¿Que me vaya a la mierda? —le gritó, perdiendo por fin los estribos—. ¡¿Que te escuche?! ¡Dime qué mierda tengo que escuchar, dime por qué carajos debería darte un maldito segundo de mi tiempo! ¡¿Qué excusa me vas a dar?!
—¡No quiero darte ninguna excusa! —Draco gritó de vuelta—. ¿Cómo mierda puedes creer que me acosté con alguien más?
—¡¿Y por qué no?! —Harry le gritó de vuelta—. ¡La pregunta es, cómo pude creer que no lo harías! Pff, tú no puedes tener algo así. Ni aunque te lo propusieras.
Un atisbo de dolor pasó por los ojos de Draco, pero rápidamente se convirtió en furia. Bien por Harry. Que le doliera, que sintiera una cuarta parte del dolor que él sentía en ese momento.
—¿Sí, eso crees? —replicó con veneno.
—Debí haberlo sabido, ¿no? No puedes mantenerte dentro de tus pantalones.
—Pues quizás no —Draco alzó un poco la voz, con rabia.
—Qué idiota —Harry comenzó a golpearse a sí mismo—. Qué idiota fui, cuando pensé que por mí serías diferente...
—Es diferente--
—...que al final de todo me querrías —sus manos se agarraban las sienes, soltando otra de sus risas sin humor—. Si me acomodaba a ti, si no hacía preguntas, si te daba en el gusto en todo. ¡Si me hacía tu puto monigote! Me hice...tan, pero tan insignificante para que me dejaras... entrar.
No fue capaz de mirarlo, era humanamente imposible. Le había abierto su corazón, y eso había conseguido. Eso había recibido, después de todo. Su interior estaba roto, no existía nada más que dolor.
—Nadie te pidió que fingieras ser quien no eras por mí —Draco dijo, pero su voz había perdido enojo. Harry lo miró, su rostro estaba lleno de emociones, y no podía identificar ninguna.
No hizo más que encolerizarlo.
—Dios, ni siquiera te importa una mierda haber hecho lo que hiciste. Haberte follado a ese tipo--
—¡Por Jesús, Harry! —Draco pegó un grito que no se esperaba—. ¡¿Cómo mierda puedes creerte eso?! ¡No he follado con él, no luego de empezar a follar contigo!
Harry negó con la cabeza tercamente.
—Bien, con él no, ¿y qué hay del resto? ¿Cómo sé yo que no te has follado a medio Londres?
Los ojos de Draco se llenaron de lágrimas por un segundo, pero sacudió la cabeza, ahuyentándolas. Las de sus ojos verdes estaban corriendo libremente por sus mejillas, aunque no era consciente de eso, y ni siquiera quería molestarse en limpiarlas.
—No sabía que tenías tan buen concepto de mí —replicó con ironía—. ¡No tenía idea que me creías capaz de hacerte una putada así! Gracias por aclararlo--
—De nada, ha sido un placer. Era obvio. Era obvio que esto pasaría--
—¡NO ENTIENDO COMO MIERDA PUEDES DECIR ESO! —el bramido de Draco pudo haber llamado la atención de todo el mundo, si la calle no estuviese completamente desierta—. ¡¿Has estado conmigo pensando que me follaría a mas gente a tus espaldas?!
—¡Ese es el puto problema! ¡Debí haberlo sabido!
Draco negó, cómo si no pudiera creerlo. ¿Creer qué? Joder, él lo había utilizado. Él se había burlado de lo que tenían. Había mandado todo a la mierda por un revolcón con ese estúpido.
—¿Sabes qué, Harry? No sé qué puedo hacer por ti. No sé qué decirte, no quieres escucharme —le dijo, con la voz temblando—. Ya te dije que no me he acostado con él desde que lo he hecho contigo. No me he acostado con nadie. No quiero hacerlo. Te dije que me importabas, ¿acaso eso no significa nada para ti?
La última oración tenía un tinte suplicante, y Harry se obligó a tomar aire, y tratar de analizar sus palabras. Pero no quería dejar de estar enojado, no podía. Una vez que dejara entrar a la tristeza ya no se detendría. No podía afrontar aquello de otra forma. Lo superaba.
—¿No significó nada para ti? —repitió, con la voz rota.
Harry no podía dejarse llevar porque su corazón quería acercarse y creerle. No podía, a pesar de que lo único que deseaba era que todo fuera una vil pesadilla.
—Sabes que no es eso. —Le dijo con fuerza—. Ahora mismo, lo que sucede aquí, es que estás intentando que--
—¡¿Estoy intentando qué, Harry?! —soltó un quejido, muy parecido a estar al borde de las lágrimas—. Esto es simple. Esto es muy simple, te estoy diciendo la verdad —cerró los ojos, y Harry lo imitó, demasiado dolido para poder mirarlo a la cara—. Te estoy diciendo la verdad, Harry.
No podía creerlo. Esa voz en su mente continuaba diciéndole que era imposible. Que ellos eran imposibles. Draco solo estaba intentando tener de vuelta a su muñeco, al que lo querría y estaría para él sin importar qué. Estaba intentando convencerlo de que no había sucedido, pero la camiseta hablaba por sí misma. ¿Cómo el tipo sabía lo de su cama? ¿Cómo sabía lo de las fotos? ¿Lo del cuadro de su madre?
—¿Confías en mí?
Harry abrió los ojos, y fue como si un millón de imágenes le pasaran por la cabeza. Draco negándose a hablar de su pasado. Negándose a hablar de su familia. Ocultando cosas, ocultando amistades. Draco alejándolo, dejándolo afuera de cada situación importante de su vida. Manteniéndolo en la sombra. Harry no era nada, y no podía confiar en lo contrario. No lo conocía, Draco no se lo había permitido. No podía establecer límites, no podía hacer nada, por miedo a que todo se desmoronara.ment by Joey: Como sugerencia, creo que generaría más impacto sin los puntos suspensivos
Fue cómo si la burbuja en la que habían estado durante meses se rompiera de sopetón. Draco dio otro paso atrás, y su rostro se arrugó como nunca antes lo había visto, en una mueca de tristeza, de incredulidad, y Harry ya no pudo sentirse bien al respecto. Sus ojos estaban vidriosos, su cara roja alrededor de los párpados, y su barbilla tiritaba. Por un segundo se veía tan frágil, que solo quería avanzar y tocarlo, tirarlo en un abrazo y no volverlo a soltar. Pero era imposible, Draco ya no estaba a unos pasos de él. Draco se encontraba a kilómetros y kilómetros de distancia. A un océano de palabras no dichas y sentimientos no hablados. Fue como si alguien le hubiera quitado el oxígeno unos segundos, y a lo único que el rubio atinó fue a alejarse de la puerta, y dar unos pasos tambaleantes lejos, muy lejos su persona. Como si no soportara verlo.
—No sé qué hacemos juntos entonces —lo oyó decir, con voz débil.
Harry sintió cómo si lo hubieran abofeteado, y la realidad le cayó encima de una vez. Estaban juntos. Eso era lo que sucedía. Y ahora todo se había ido a la mierda. Había terminado antes de empezar. Su corazón se estrujó, a la realización de aquello. Lo había perdido. Había perdido a Draco.
Quizás para siempre.
Se apoyó en la pared, y dejó que un sollozo cortara su garganta, un sollozo de la más pura impotencia. Quería echarse en esa calle a llorar. A morir. No podía creer cómo hace unas horas ambos estaban cantando en la ducha, cómo habían desayunado juntos y habían hecho el amor en la sala de estar, cómo había creído que era feliz y ahora todo se había acabado. Todo había terminado.
Terminado.
Draco se volteó hacia Harry, mirándolo por encima del hombro, y por primera vez en mucho tiempo, vio aquella máscara de indiferencia dirigida hacia él. Desde la distancia, no podía distinguir lo que había pasado. No había una sola pista de lo que acababa de suceder en su expresión.
Lo que dijo a continuación dolió mucho más de lo que esperaba.
—Espero que no te olvides, que yo sí confié en ti.
