Draco se fue, y la vida siguió. Por supuesto que sí, no entendía qué lo había hecho pensar que eso no sucedería. Porque, ¿por qué no lo haría? Así funcionaba. Harry lo había tenido claro desde un inicio. Solo no esperaba que fuera tan pronto.
Aquella noche el rubio no llegó a su piso, y no volvió en los días posteriores tampoco. Goyle, su amigo, fue una semana después a buscar sus pertenencias cuando Harry se encontraba en La Madriguera intentando distraerse, (sin conseguirlo), y le dejó una pequeña nota en la cocina que decía que se fuera a la mierda junto a una llave encima. La llave que pertenecía a Draco.
Así que Harry se encontró miserablemente bajo un techo que nunca se había sentido más lejano a ser familiar y una habitación que nuevamente no pertenecía a nadie, y su cabeza aún no podía acostumbrarse a la idea.
Lo había perdido.
Los ensayos de la banda se habían cancelado de momento, porque Draco parecía no dar señales de vida, lo que lo hizo preocuparse hasta que el alma le cayó a los pies y se rindió, llamando a Goyle para saber de él. Blaise estaba tan perdido como Harry, pero sabía que Gregory sí tendría información, y le importaba una mierda que lo odiara, solo necesitaba saber que estaba bien. Que estaba vivo. Lo único que recibió fue un mensaje que le aseguraba que Draco se encontraba viviendo con él, que volvería solo para tratar temas de la banda y que no intentara contactarlo o él mismo sería capaz de quebrar cada hueso de su cuerpo. Fue la primera vez que pudo respirar en días.
Pocas veces antes Harry se había sentido tan vacío. Tan… a la deriva. No había querido pensar en ello, en lo que había sucedido, así que se dedicaba a salir cada día, yendo a ver a sus amigos, a comprar cosas, a arreglar asuntos de la banda. Lo que fuera, con tal de no estar en esas cuatro paredes, donde en cada esquina que miraba estaba el fantasma de Draco preparando algo de comer que probablemente le quedaría del asco, sentado en el sillón componiendo, en su ducha cantando y besándolo y riendo. Era insoportable. Por lo menos durante el día podía desconectar su mente, aunque fuera durante unos minutos, pero por las noches… joder. No podía dormir en su cama, le parecía fría, y vacía. Así que se dejaba caer en el sillón, y rogaba porque los días pasaran rápido y dejara de doler.
Cuando inevitablemente el recuerdo de aquella noche volvía a su mente, era todo confuso y aún le hacía sentir enojado. Intentaba convencerse, intentaba pensar que Draco estaba siendo honesto, había parecido serlo. Pero, ¿qué hay del resto? ¿Qué hay de la camiseta, la charla que estaban teniendo? ¿Y si después de todo, le había mentido desde el principio? ¿Si el día donde lo de ellos había comenzado, había estado follando con ese tipo y luego se lo ocultó? Porque después de repasar sus palabras una y otra vez, había algo de lo que sí tenía certeza: "no he follado con él, no desde que empecé a hacerlo contigo". Eso quería decir que Damen, o Damon, o como fuera que se llamara, había estado en su vida desde antes que Harry. Y considerando que lo que Draco le decía fuera verdad, antes ¿le habría dicho las mismas cosas? ¿A él sí que le había mostrado su pasado? ¿Lo había dejado ayudarle? ¿Participar? Harry no podía competir contra eso.
No sabía qué pensar, y le hubiera gustado creerle. Le hubiera gustado tanto, pero aquella vocecita en su interior siempre ganaba. La que le decía que después de todo, era más probable que fuera verdad que mentira. Considerando que Draco era… Draco. ¿Y él qué?
Aunque también, también estaban esos días donde los recuerdos le quemaban por dentro. Donde no podía concebir que todo haya sido una farsa, ¿no? Nadie era tan buen actor. Pero siempre llegaba a la conclusión de que realmente no podría existir nadie que se preocupara de esa forma de él. Ni siquiera Ginny había conseguido soportarlo.
En cualquier momento sentía que iba a estallar, y deseaba desesperadamente poder contar con alguien. Poder hablarlo con alguien. La única opción era Blaise, y no se veía haciendo eso. Mucho menos sabiendo que él era mucho más cercano a Draco.
Harry suspiró, intentando calmarse. Necesitaba hacer algo, despejar su mente. Debía superarlo rápido, ya no había vuelta atrás. Ni siquiera era capaz de dormir en la misma cama que solían compartir, joder. Y tenía que afrontar que tarde o temprano debía volver a verlo, por la banda. Y no estaba preparado para eso, no aún.
Por lo mismo había dicho que no podría ir al ensayo de aquella tarde.
Draco finalmente había salido de su escondite y les pidió a todos que se reunieran a hablar. El solo hecho de pensar en verle, en sentir su aroma y no ser capaz de hablarle, de acercarse y tocarlo, o reír con él, le resultaba insoportable. No quería ni imaginarse si lo que dijera fuesen malas noticias. Normalmente Harry no rehuía de sus problemas, pero ese era demasiado grande.
Así que esperó, y esperó, y esperó, hasta que dos horas más tarde recibió una llamada que ya se estaba esperando.
—¿Qué pasó? —Fue lo primero que dijo al tomar el teléfono.
Lo único que recibió al otro lado fue estática, y por un momento consideró que quien le había llamado podría ser literalmente cualquier persona, y no alguien de la banda. Cuando estuvo a punto de disculparse, la voz de Blaise sonó a través del auricular.
—Esa es una pregunta que debería estar haciéndote yo.
Se oía mucho más serio que de costumbre, y Harry no pudo evitar que un mal presentimiento se instalara en su pecho. Cerró los ojos, intentando no ahogarse, y esperó lo peor.
—Blaise, ¿qué pasó? —preguntó con voz temblorosa.
Nuevamente lo único que recibió fue silencio. Preferiría que le dijeran de una buena vez que se habían jodido todas las cosas buenas en la vida. Y por su culpa. Todo era su maldita culpa.
—¿Qué sucedió entre Draco y tú?
A Harry se le cayó el alma al piso, y por unos segundos no pudo elaborar ningún pensamiento coherente. ¿Qué tenía que ver eso en todo esto? ¿Acaso Draco había confesado lo que estaba sucediendo entre ellos? El ramalazo de la traición lo atravesó antes de que pudiera detenerlo. No. No podía ser. No sabía bien de cuántas cosas no era capaz, pero sí que el tema de ventilar su sexualidad era una de ellas. Además de que Hermione y Ron ya estarían aporreando la puerta de su apartamento si así fuera. No. Debía ser algo más.
Eso no lo hacía mejor.
—Nada —mintió.
—Potter…
—No pasó nada. Draco y yo solo--
—¿Tuvieron una pelea? —lo interrumpió con un toque de impaciencia.
Consideró decirle la verdad, solo un momento, pero lo descartó casi de inmediato. No existía la confianza, y como ya había pensado antes, Blaise siempre, siempre abogaría por Draco. Sin importar qué.
—No, Blaise. No pasa na--
—Deja de mentir —le siseó a través del teléfono.
—No sé que estás pensando, esto no es--
—Sabes que me estás mintiendo. ¿Por qué no fuiste hoy?
Harry intentó hacer memoria en su propia mentira. ¿Había dicho que le dolía el estómago? Era lo más probable, nunca había sido bueno con las excusas. Desesperado por no admitir que estaba en medio de una crisis, desesperado por no decir en voz alta que todo se había torcido irremediablemente, contestó.
—No me sentía bien…
—¿Sí? ¿Quieres que te vaya a echar una mano? —cuestionó de forma acusatoria. Harry respiró hondamente. Sabía que se quejaba mucho del Blaise risueño y juguetón, pero lo prefería mil veces antes del detective serio.
—Solo quiero saber qué pasó-- —intentó nuevamente pero fue interrumpido.
—Te lo diré, una vez que me digas la puta verdad…
Harry se mordió la lengua frente al insulto, y se contuvo con todas sus fuerzas de no gritarle. La emoción tenía que salir de alguna forma, pero contó hasta diez antes de volver a responder.
—No te estoy mintien--
—Se fue de la banda, Harry.
El moreno enmudeció instantáneamente y sintió como si le echaran un balde de agua fría encima.
Se había ido. Por segunda vez, se había ido.
No le importó nada, ni los momentos juntos, los sueños, los logros, las promesas, las risas, los juegos, los desayunos, las duchas, las palabras. Mandó todo a la mierda, y Harry no volvería a verlo, no si no quería ser encontrado. Ni su propio padre había podido hacerlo.
El arrepentimiento fue lo primero que se abrió paso por su sistema. ¿Por qué? ¿Por la pelea? ¿Por no haber ido a la reunión? Se odió aún más por no haberlo mirado mejor la última vez que estuvieron juntos, se arrepintió de no haber memorizado su aroma, de no haber grabado el sonido de su voz cuando se despertaba por la mañana. Y ahora no podría hacer eso. Ya nunca más. Se había ido.
Aquel pensamiento, ese que se repetía en bucle desde que aquel infierno había tomado su lugar, volvió.
Lo había perdido.
Aunque, ¿lo había hecho? Después de todo, aunque haya querido convencerse de lo contrario, Draco nunca fue suyo.
Nunca fue suyo para que lo perdiera.
—¿Harry?
Se obligó a reaccionar, sin prestarle atención al picor de su garganta. No iba a llorar. No lo había hecho desde esa noche y no iba a empezar ahora.
La verdad le daba miedo ya no detenerse.
—¿Cómo fue? —dijo, y su voz sonó impresionantemente firme a sus oídos.
Oyó a Blaise suspirar. Luego de lo que fue al menos un minuto de espera asfixiante, respondió.
—¿Te gustaría que fuera a tu piso y lo hablamos?
No, la verdad no le gustaba nada. Quería hacerse un ovillo y olvidarse que existía un mundo ahí afuera que requería de su presencia. Se pasó una mano por el cabello, mirando a su alrededor. No estaba sucio -apenas pasaba allí- aunque el apartamento había tenido mejores épocas. Pero él también.
—Te espero —contestó al final.
—Nos vemos.
Y con eso, colgó.
Harry se mordió las uñas esperando su llegada. Era un hábito horrible, e inconscientemente había parado de hacerlo desde que estaba con Draco, porque sabía que si no, lo obligaría a ponerse ese asqueroso esmalte del que se jactaba siempre. Bueno, ahora daba igual. Porque se había ido.
Se fue de la banda, Harry.
Las manos le tiritaban por marcar su número, y hablar con él, pedirle explicaciones, intentar arreglar las cosas, decirle todo lo que no pudo, intentar borrar los hechos. ¿Serviría de algo? La verdad, ni siquiera él sabía si se sentía capaz de hacer borrón y cuenta nueva. Su cerebro estaba dividido en lo que pensaba racionalmente, en cuando analizaba los hechos con objetividad y llegaba a la conclusión de que Draco había sido sincero. Y en lo que sucedía cuando lo pensaba demasiado, en base a la experiencia, dónde siempre terminaba sabiendo que, muy a su pesar, Harry no valía la pena. Que lo extraño sería que no lo hubiese engañado. Y si después de todo, si al final Draco decía la verdad, entonces Harry tampoco se merecía estar a su lado por lo que le había hecho. Por las cosas que había dicho. Y por consiguiente, no tenía el derecho de llamar a Draco. O quizás sí. Aún estaba enojado por lo que había pasado, si lo analizaba bien y rememoraba que habían acordado ser solo los dos. Aún ardía en rabia cuando se acordaba. ¿O era solo tristeza camuflada?
Dios, qué desastre.
¿Qué se hace cuando lo que quieres y lo que debes no es lo mismo?
No pasó mucho hasta que Blaise tocó su puerta. Después de todo, vivían cerca, en el centro de Londres. Cuando Harry fue a abrirle, su cara no le delató mucho más de lo que habían hablado por teléfono, pero para el ojiverde fue como haber sido arrojado a la realidad de golpe. No pudo detener las palabras que comenzaron a brotar de su boca.
—No, no, no. Tienes que hablar con él Blaise. Tienes que convencerlo —le dijo, y descubrió que estaba tiritando—. Tienes que hacerlo. Draco no puede irse. Tienes que hablar con él, tienes que…
No, no, no, no. La idea de no volver a ver su cabello rubio, o de no volver a ver sus ojos grises le resultaba demoledora. No podía, no podía ser que la última vez que se vieron se habían gritado cosas terribles. No, no, no. No era así cómo se supone que debían funcionar estas cosas. Harry lo amaba. ¿Acaso no era suficiente? ¿Acaso no tenía amor suficiente para los dos? Draco no podía desaparecer así de su vida. Daba igual ya que lo hubiera traicionado o no, daba igual que--
—Harry. —Blaise puso las manos sobre sus hombros, mirándolo con preocupación. Al parecer había estado hablando y él no le escuchaba—. Harry, hey…
Dio una mirada a su alrededor. El más moreno se las había arreglado para meterlos dentro. Harry volvió a clavar sus orbes suplicantes en su rostro, y posó sus propias manos encima de las de Blaise.
—Tienes que hacerlo, Blaise. No puede irse. No puede irse, por favor. Tienes que hablar con él. Tienes que llamarlo. Por favor. Por favor, convencelo. No--
—¡Harry! —exclamó él, más preocupado que antes—. Harry, ya te lo dije. Lo siento, hombre, no tenía idea de que te pondrías así, joder. No era cierto. Lo siento, de verdad lo siento. No encontraba otra forma de que hablaras conmigo, o con nadie en realidad, según los chicos. Estábamos preocupados. Todos, incluso Draco. Joder, lo siento. No es cierto, Harry. No se irá.
Sintió cómo el aire volvía a llenar sus pulmones y tomó un paso atrás, abrumado, dejándose aliviar por esa certeza. Draco no se había ido. Volvería a verlo, eventualmente. No había perdido su última oportunidad de poder decirle algo. Se pasó la mano por la cara, y luego se giró hacia Blaise, con los ojos inyectados en sangre y una mueca de rabia.
—Hijo de puta…
Él levantó los brazos, poniendo distancia. No parecía muy asustado, pero no tenía idea de cuánto Harry había estado esperando algo o alguien para desquitar su frustración. Se obligó a respirar para no abalanzarse encima y golpearlo hasta que le dolieran los puños.
—Harry, de verdad lo siento —dijo, y parecía sincero—. No quería tener que recurrir a esto, pero, honestamente, ¿me habrías dejado entrar si te hubiera dicho que solo quería asegurarme de cómo estabas? ¿Qué quería saber por qué mierda Draco se veía miserable hoy, y ahora, tú no luces mucho mejor?
Eso hizo que bajara las defensas. ¿Draco se veía miserable? No tenía idea de cómo aquello le hacía sentir. Por supuesto que no le hubiese hecho gracia que estuviera saltando en un pie de la felicidad, y una pequeña parte de sus ser estaba contento de que también estuviese sufriendo. Pero esa era la voz, egoísta y oscura. La verdad, no esperaba que esa oración se le clavara como una estaca en el corazón. No quería que Draco fuera miserable. En lo absoluto.
—Solo… nos peleamos —respondió, desviando la mirada—. Cómo notarás, ya no vive aquí.
—Puedo ver eso —Blaise respondió, dando una mirada alrededor—. Además de que él lo mencionó.
Harry levantó su vista rápidamente. El moreno lucía mucho más relajado ahora, mucho más Blaise.
—¿A qué te refieres con que lo mencionó? —preguntó con un atisbo de miedo.
—Simplemente dijo que había pedido un traslado de instituto por problemas con sus compañeros. Hay tres sucursales en Londres de su facultad, y lo pusieron en la más lejana. Así que se excusó con que por eso no había podido ir, porque se estaba cambiando de casa —Blaise examinó sus facciones con cuidado, tomando asiento en el sillón—. Algo me dice que su cambio de casa no es la razón por la que discutieron, si no que se está cambiando de casa por la razón que discutieron.
Harry soltó un suspiro exasperado, absteniéndose de rodar los ojos y ordenarle que se marchara. En cambio, acató sus palabras, tomando asiento frente a él. Una pequeña porción de su persona se alegró de que estaría lejos del tipo ese, si se había cambiado de instituto.
—¿Y los demás le creyeron? —cuestionó con voz débil.
Blaise chasqueó la lengua, pero asintió.
—Los demás no conocen a Draco como yo, y sé que le pasa algo. —Hizo una pequeña pausa—. Ron mencionó que estaba preocupado por ti a Hermione, los escuché y saqué mis propias conclusiones. No fue muy difícil.
Harry soltó un respiro tembloroso. Bueno, tarde o temprano Blaise se daría cuenta de que algo pasaba, ¿no? Después de todo, era él único que sabía que ellos estaban juntos.
No sé qué hacemos juntos entonces.
Sacudió la cabeza, intentando no pensar. No pensar era lo único que estaba ayudándolo a mantener la cabeza a flote.
—¿Qué más dijo?
—Volvió a acomodar su nuevo horario. Los ensayos vuelven la próxima semana.
Joder. Al menos tenía un par de días para prepararse. Asintió una vez, apoyándose en el respaldo mientras cerraba los ojos.
—¿Qué pasó, Harry? ¿Terminaron? —preguntó Blaise con cautela. Harry soltó una risa irónica.
—Nunca estuvimos juntos —respondió, con aquella declaración quemándole por dentro.
Blaise lo observó el tiempo suficiente para que Harry frunciera el ceño y le devolviera la mirada.
—¿Sabes qué creo? Que estás lleno de mierda.
—Tal vez. —Se encogió de hombros—. Ya no hay nada que hacer al respecto.
El moreno se levantó, alisando las arrugas de su ropa y mirándolo con reproche. Harry no se sintió con el ánimo de prestarle atención a eso.
—Son los dos iguales —dijo, no sin simpatía, pero aquella oración se le quedó en la mente por un largo tiempo.
El ojiverde no respondió, solo bajó la cabeza hasta enterrarla entre sus brazos y comenzó a mover la pierna de abajo hacia arriba, esperando a que se fuera.
—Tienes que hablar con alguien, amigo. Eventualmente. Si no es conmigo que sea Ron, o Mione. —La voz de Blaise estaba teñida con preocupación—. Y recuerda que lo único que no tiene solución es la muerte.
Quizás eso dolería menos.
Harry levantó la cabeza, esbozando una leve sonrisa que esperaba que no terminara saliendo como una mueca.
—¿Desde cuándo tan sabio, Zabini? —se burló de él, intentando dejar ir el tema.
Blaise bufó, cruzándose de brazos.
—Desde que Gin me ha estado dando unas charlas larguísimas acerca del autocuidado, la salud mental y todas esas mierdas. Ser amiga de Luna le está afectando el cerebro —soltó el moreno con acidez, pero tenía una sonrisa en la boca. Harry la imitó.
—Mierda, sí. No he hablado con Ginny por lo mismo. Cuando estábamos juntos no podía soportar que me saltara una comida porque eso ya tenía que ver con mis traumas del pasado. —Harry sonrió ante el recuerdo de una Ginny molesta con él por no desayunar adecuadamente—. ¿Cómo está, a todo esto?
La expresión de Blaise cambió a algo indescifrable y levantó sus hombros, caminando hacia la cocina y dándole la espalda.
—Bueno, tú sabes, es Ginny. Siempre está sonriendo y feliz, muy a pesar de las cosas que le sucedan. —Respondió, abriendo su refrigerador—. Dios, Harry, ¿qué has estado comiendo?
Harry cerró los ojos. No había absolutamente nada comestible en su cocina. No tenía hambre, si era sincero. Comía por inercia cuando estaba con alguien, pero eso era todo.
—Deja ahí —replicó con voz débil—. Estaré bien, en serio. Nos vemos la próxima semana.
Blaise asomó su cabeza por la encimera y le dio una mirada exageradamente herida. Era bueno ver que al menos había recuperado su humor habitual.
—Esa es una forma muy grosera de echarme. —Negó, chasqueando la lengua—. Te diré que vamos a hacer. Voy a ordenar comida y me voy a sentar aquí, vigilando que te la comas toda como una mamá gallina, o me obligarás a llamar a Hermione. Tú decides.
Harry le dedicó una mirada exasperada, pero se levantó, con el estómago rugiendo a la mención de comida. Dios, ¿había tomado desayuno ese día siquiera? No recordaba.
—Está bien.
—Perfecto.
Así es como terminó por una hora soportando a Blaise contarle miles de anécdotas que si no lo hicieron sonreír, al menos lo dejaron respirar un poco más tranquilo. Draco no se iría. No lo suficientemente lejos para perderlo para siempre. Al menos había una esperanza.
¿Para qué? No lo sabía.
•••
Aunque tuvo que haber estado preparado, el ver a Draco fue algo que tiró abajo todas sus barreras. Todas.
Necesitaba desesperadamente decirle algo. Hacer algo. No soportaba tenerlo tan lejos, no soportaba que no lo mirara, que no le hablara. El enojo por fin se había esfumado y en su lugar quedó un revoltijo de sentimientos confusos y emociones contradictorias. Harry solo quería saber por qué. Por qué las cosas se habían ido por el caño. Quién era el culpable.
De todas formas, Draco no le dio esa opción. Si lo miraba, era cuando era estrictamente necesario. Si le hablaba, era porque la situación lo requería. Nada más que saludos fríos, preguntas acerca de las canciones nuevas del álbum. Coordinación de entrevistas. No hubo una sola recriminación, por mucho que Harry esperaba que la hubiera, y Draco se marchaba antes de que el moreno pudiera acercarse. Nunca había tenido la intención real de hacerlo, de todas formas. Solo mentalmente.
Era una tortura, sinceramente. Ya no había manera de evitarlo. Cada hora, cada segundo, ese día se repetía. Esa conversación se repetía. Draco no explicó nada, él no lo había dejado, las dudas seguían allí, y además de todo, el resto de sus problemas había salido a la luz. ¿Cómo podía querer un final feliz si ni siquiera eran capaces de confiar en el otro? Porque no se creía él "yo sí confié en ti" de Draco. Si así hubiera sido, lo habría dejado entrar. Y eso no sucedió.
¿Cómo estás seguro de que no te dio todo lo que podía?
Harry sacudió su cabeza. Solía hacer eso todo el tiempo, últimamente. Era la única forma de desprenderse de los recuerdos, y de los pensamientos que no hacían más que confundirlo. Su cabeza ya estaba lo suficientemente dañada, gracias.
—¡Harry!
El moreno alzó la vista, encontrándose a prácticamente todos los Weasley mirándolo fijamente y con preocupación. Mierda. ¿Se había absorbido nuevamente en su mente? Harry tragó, tomando el tenedor e intentando fingir demencia. Apenas había tocado su comida, y Molly además de triste se veía algo ofendida. No era su intención, pero no tenía ni el más mínimo apetito.
—Lo siento. ¿Qué pasa? —dijo hacia Ginny, que era la que había hablado.
Ella entrecerró los ojos suspicazmente y se reclinó en su silla, cruzando sus brazos.
—¿No tienes ninguna opinión acerca de lo que Hermione acaba de decir? —inquirió, levantando una ceja.
Harry miró a su amiga. ¿En qué maldito momento Hermione había hablado? No escuchó ni una mierda. Disimulando, se limpió la boca con una servilleta, acomodando sus lentes.
—Eh… Qué bien. Me alegro. —Asintió hacia ella, esperando que fuera lo indicado.
Ginny bufó, pero al parecer la respuesta había sido aceptable, porque el resto volvió a sus cosas, a pesar de la sonrisa incómoda que Hermione le dedicó y el gesto de no enterarse de nada de Ron. Daba igual. Había zafado, y debía estar más atento.
—Qué bueno que te emocionen los planes para el próximo año, Harry —Hermione prosiguió, entusiasmada. Él elevó las cejas. ¿Próximo año? Si todavía faltaba más de un mes para Navidad—. Creo que podríamos estar finalmente a puertas de lo que siempre hemos buscado. Te lo juro, del próximo año no pasa.
Harry sabía lo que eso significaba, y no pudo hallar en su interior la emoción correspondiente a esa noticia. ¡Dios! ¡Le estaban diciendo que probablemente firmarían con alguna disquera! ¡Que tendrían managers, giras, equipo de producción! ¿Y él en qué pensaba? En qué no podría compartir esa felicidad con Draco. Algo estaba mal en él. Algo estaba muy mal.
—Confío en ti, Hermione —se decidió por decirle, y le sonrió lo más honestamente posible para él en esos momentos.
Durante la cena, su mente siguió divagando a cualquier cosa menos el presente, y los ojos cafés de Ginny no se despegaron de su rostro. Harry estuvo a punto de decirle que qué le pasaba y que se fuera a la mierda, en frente de todos, pero se contuvo. Ya había jodido casi todo lo demás que tenía, no era lo ideal seguir haciéndolo.
Ron le había dicho que organizarían un partido de fútbol, y Harry declinó su oferta. El fútbol era una buena distracción, pero no se sentía con el ánimo de moverse. Quería echarse a dormir y que lo despertaran cuando las cosas hubiesen mejorado y lo peor ya hubiera pasado. Y si no, que al menos lo dejaran tranquilo hasta que aquello sucediera.
—Harry.
Estaba claro que no tenía tanta suerte.
Harry levantó la mirada del suelo y vio a Ginny parada delante de él en el sillón. Molly estaba en la cocina junto a Arthur y Ron, Hermione y los gemelos estaban en el patio trasero. No tenía idea cómo carajos iban a organizar un partido de fútbol sin Ginny y él, -porque Hermione no contaba-, pero tampoco tenía ganas de averiguarlo.
—¿Qué pasa, Gin? —replicó tranquilamente.
La pelirroja se sentó en el brazo del sillón con un suspiro, y Harry gruñó por lo bajo. Joder, ¿ahí venía, no? A callarse y a escucharla parlotear sobre que debía hablar de lo que sentía y mil mierdas así.
—Te ves como el culo —dijo ella. Harry bufó.
—Gracias.
La chica le pasó el brazo por la espalda en un abrazo que Harry recibió tenso, sin atreverse a mirarla.
—¿Qué pasa? —preguntó con delicadeza.
¿Qué pasa? Draco se fue. Jodí las cosas, cómo siempre. No fui capaz de mantenerlo a mi lado. Él no fue capaz de quedarse. No confié en él y él no confió en mí y ahora ya no queda nada. No soy lo suficientemente bueno para salvarnos y para que luchen por mí. No merezco tener otra oportunidad. No sé si quiero otra oportunidad. No soy capaz de pensar con claridad. No sé si puedo creerle. No sé qué hacer. No sé qué sentir.
—Nada.
Ginny volvió a suspirar, y se bajó de su lugar, para volver a posarse enfrente. Se arrodilló, buscando su mirada, una mirada que Harry se negaba a darle porque no quería tener esa conversación, quería que lo dejaran tranquilo. La pelirroja tomó sus manos y Harry la dejó, exhausto.
—Sé que no quieres decírmelo —dijo ella con suavidad, dándole un apretón—. Sé que nunca quieres decirle a nadie lo que te pasa. Qué crees que eres una molestia y que de esa forma no se va a solucionar nada. —Harry cerró los ojos con fuerza, la vergüenza subiendo por su garganta—. Pero tienes que hablarlo con alguien, Harry. Si no es con tus amigos, entonces con un desconocido. No es sano que te guardes las cosas, no te hace bien.
Oh, no. Habían tenido esa conversación tantas veces, tantas veces y de distintas formas. Aparentemente Ginny no se rendía. Harry no encontró palabras para negarse.
—Te va a terminar matando.
El pelinegro abrió sus ojos, para encontrarse con los de ella. La chica lucía genuinamente preocupada. Dios, ¿tan mal se veía? O quizás, después de todo, Ginny lo conocía mejor que a nadie. Habían sido años de relación.
Curioso, cómo siempre creyó que las cosas se trataban de tiempo. Como nunca entendió cómo podían existir personas que se enamoraban tan rápidamente; pero en todo el tiempo que estuvo con ella jamás llegó a sentir lo que sintió por Draco en unos meses. No era cuestión de tiempo. Era cuestión de la persona.
—Gracias, pero--
—Sabes que Luna está ya en su último año —Ginny lo interrumpió con firmeza—. Conoce un montón de profesionales, Harry. Profesionales buenos —vio cómo el moreno iba a abrir la boca para negarse, rebatir, y volvió a hablar, rápido—. Sé que me vas a decir que no lo necesitas, y no te estoy obligando a ir. Solo… piénsalo. Piénsalo, ¿sí? Te han pasado un montón de cosas horribles, has salido adelante de situaciones que matarían a otras personas, y sigues siendo… tú. Lo que sea que estés pasando ahora, lo superarás, sé que lo harás, pero no hay razón para que lo hagas solo.
Ginny soltó su mano, para levantarla y acunar su rostro en un gesto totalmente maternal. Harry trató de hacer caso omiso del nudo de su garganta frente a sus palabras. No tenía ni idea de por qué le estaban llegando tanto. Quizás solo estaba sensible. Quizás era solo que le emocionaba la percepción tan equívoca que Ginny tenía de él.
—Tú eres mi amigo, Harry, no mi pareja. Mis motivos para estar encima tuyo recomendándote un psicólogo ya no son para que nuestra relación funcione o por intereses personales. Quiero lo mejor para ti. Todos los que te amamos lo queremos. Y no estaría aquí dándote esta charla si pensara que esto no es lo que necesitas. Carajo, es lo que todos necesitamos —prosiguió, en voz baja—. Por una vez en tu vida, hazme espacio en esa cabezota tuya, y considera mis palabras en vez de mandarlas al tacho de la basura de inmediato. ¿Puedes?
Harry calló. Calló un tiempo considerablemente largo. Dudaba hacer lo que le pedía; no le gustaba la idea de los psiquiatras, y los psicólogos. Consideraba que eran un montón de gente hipócrita que no se preocupaban de forma real por ti. Pero también pensó en Luna. No podía imaginarse a Luna siendo de esa forma con sus pacientes. Mezquina, arrogante y cínica. Esa era su percepción del resto, y Luna era la excepción a la regla. ¿No existirían más?
Negó. No. No se sentía capaz de contarle sus vivencias a un completo desconocido. No era capaz. De todas formas, le conmovía la preocupación de Ginny. Le conmovía, que a pesar de todo, de toda la historia entre ellos, siguiera pensando que valía la pena.
—Lo pensaré —le aseguró, sabiendo que era una mentira.
Ginny sonrió, haciéndole un pequeño cariño en el pelo, y abrazándolo, haciendo que su aroma floral se impregnara en sus fosas nasales, y permitiéndole por un segundo, un solo segundo, soltar la carga que traía en sus hombros en ese abrazo.
Harry suspiró. Si la había dejado tranquila, al menos había sido una mentira convincente.
Aquella misma noche, luego de haber quedado un poco mareado con el vino que Arthur le dio incansablemente, convencido de que así le ayudaría a subir el estado de ánimo, Harry llegó a su apartamento con la única tarea en mente de buscar el Whisky que Draco se había dejado y beberlo hasta que olvidara su nombre.
Tambaleó un poco, sacando un vasito de una de las estanterías junto a la botella medio llena y se sirvió. Los primeros le escocieron desagradablemente, pero del quinto en adelante descubrió que era más fácil pasarlo. Nunca había sido muy fan del alcohol, prefería por sobre todo la hierba, pero en ese momento necesitaba algo que lo hiciera sentir igual de miserable en el exterior que en el interior.
Luego del décimo trago, por alguna razón, creyó que sería divertido tomar un shot por cada fracaso de su vida. ¿Por qué no? ¿Quién estaría allí para decirle algo? Todos se iban al fin y al cabo. Soltó un resoplido de risa, elevando el vaso y pensó.
Por tener una familia de mierda.
Apenas sintió cómo el líquido pasó por su garganta, y corrió a servirse nuevamente.
Por no haber sido capaz de defenderme cuando me quemaban.
Harry esa vez inclinó la cabeza hasta atrás, para que no quedara una sola gota al final, y volvió a echarse Whisky.
Por haber resultado en una decepción.
Repitió la acción, sintiendo cómo por fin el trago estaba subiéndose a la cabeza y lo tenía ligeramente flotando, sin estar consciente de sus movimientos torpes.
Por ser inservible.
Cuando quiso volver a servirse, volteó el vaso, haciendo que el líquido se derramara y el vidrio por poco se quebrara, así que desistió. Para ese punto, decidió que lo mejor era tomar desde la misma botella.
Por ser un estorbo.
Por no ser normal.
Por tomar decisiones estúpidas.
Por esperar mucho.
Por herir a la gente que quiero.
Harry comenzó a andar por el pasillo, tambaleándose con cada paso dado. No sabía cuál era su intención realmente. ¿Ir al baño? De seguro no pensaba acostarse en su cama. No la había tocado en el último mes, no iba a hacerlo ahora.
Por no ser suficiente.
Por creer que algún día podrían quererme de vuelta.
Por ser un imbécil.
Por tía Petunia. Por tío Vernon. Por Dursley. Por haber hecho mi vida un puto infierno.
Harry se apoyó en la pared, tomando un poco de aire. No iba a vomitar, no aún, pero si seguía moviéndose el proceso se aceleraría. Soltó una risa irónica. Era terriblemente patético el espectáculo que estaba dando.
Por estar solo.
Por no poder olvidar.
Por no ser fuerte.
Por haber creído que las cosas serían diferentes.
Sus pasos se dirigieron inconscientemente hasta la habitación de Draco. No no no no, ¿qué estaba haciendo ahí? Harry se paró en el umbral de la puerta, apoyándose en su hombro y miró hacia adentro, dándole otro miserable trago al Whisky.
Estaba tal cual la había dejado Goyle, excepto por una fina capa de polvo que ahora cubría cada mueble. Faltaba la mochila de Draco en una esquina. Faltaba el cuaderno donde anotaba sus ideas, canciones, melodías y rimas. Faltaba la pila de deberes de la Universidad, las carpetas de las diferentes materias que cursaba y la lámpara a un lado de la cama. Faltaba la foto de su madre y su olor a lavanda. Y faltaba él, anotando como desquiciado a las tantas de la noche. Faltaba que doblara el cuello hacia atrás, lo viera y le dedicara una sonrisa exasperada por estar espiándolo. Joder, le hacía tanta falta. Lo echaba tanto de menos.
Harry entró, con pasos burdos y la botella de Whisky aún en su mano, deteniéndose frente al mueble donde debía estar él, acariciando la superficie y llenándose de polvo, que se limpió en sus ropas. No tenía muchos recuerdos de aquella habitación. No los que debía afrontar si entraba a la suya. Pero el hecho de pensar que no lucía tan distinta era una daga en el corazón. ¿Habría sido a propósito? ¿Acaso Draco siempre pensó en irse?
Cuando dio media vuelta para examinar el resto del cuarto, el mareo le vino con mucha más fuerza, y cayó hacia la cama, derramando un poco de alcohol en el proceso. Joder. La visión le daba vueltas y ahora sí que estaba a punto de vomitar. Decidió respirar hondo, e intentar calmarse. ¿Cuándo había sido la última vez que había vomitado por alcohol? ¿Desde los veinte? No quería romper el récord, pero también era cierto que no tenía ni la costumbre, ni la resistencia, ni mucho menos era usual para él andar mezclando diferentes tragos en tamañas cantidades.
Harry se quedó tranquilo, mirando el techo un largo rato. ¿Esta sería su vida ahora? Siempre había encontrado ilógico cuando las personas se derrumbaban tras una ruptura, después de todo, era solo una persona. No la necesitabas para respirar, o para vivir. Ciertamente nada de eso le había pasado con Ginny, al final. Pero con Ginny también, las cosas habían sido claras desde un inicio. Si Harry miraba hacia atrás, a su historia con Draco, no tenía claro donde empezaban realmente, dónde las cosas se habían vuelto más serias, ni donde se había enamorado de él. Quizás fue así desde un inicio. No lo sabía. Lo que sí sabía, es que dudaba que algún día dejara de doler. Tal vez solo debía acostumbrarse a eso.
Suspirando, rodó un poco para dejar en el suelo la botella y se puso de costado hacia el otro lado, mirando la pared. No tenía el ánimo para levantarse. Tampoco quería averiguar si su sistema colapsaría y una vez en pie no vomitaría la sustanciosa comida de La Madriguera, y definitivamente no estaba de humor para limpiar vómito así de borracho. O peor aún, no ser capaz y dejarlo ahí hasta mañana. Hacer que el olor inundara todo el departamento.
No. No le gustaban los espacios sucios. Ni oscuros. Ni fríos. Ni pequeños.
Harry volvió a moverse, ya de forma definitiva, poniéndose encima de su estómago. La voz de Hermione lo felicitaba dentro de su cabeza. Muy bien, Harry, así no te ahogas mientras duermes.
Por un momento pensó, si no sería más fácil que eso sucediera.
El moreno dejó caer su brazo en el pequeño hueco entre la cama y la pared, colgando allí a la deriva, cuando en un costado del colchón, sus dedos rozaron algo rugoso. Harry cerró los ojos, y luego, extrañado, volvió a abrirlos. ¿Algo rugoso?
Volvió a pasar la mano por el costado del colchón y nuevamente la sensación rugosa se repitió. Parecía empezar cuando la parte suave de las sábanas acababa. ¿Qué carajo era eso? ¿Acaso Draco había quemado la cama y él acababa de enterarse?
Por última vez, sus dedos recorrieron la extensión de la cama con más lentitud y llegó hasta el extremo donde lo que sea que fuera eso, se sentía. Posó sus dedos allí, y descubrió, que era un algo. Algo que se doblaba bajo su tacto. Frunció el ceño. Parecía cartón. Pero...no, no era solo una cosa. Eran varias.
¿Eso era papel?
Con esfuerzo, Harry se inclinó hacia la pared e intentó sacar los papeles que estaban allí, enterrados entre el catre y el colchón, pero su fuerza estaba débil, y sus movimientos torpes y mareados. No le resultó. Ni a la primera, ni a la segunda. A la tercera logró que sobresalieran más y confirmara que, efectivamente, eran papeles. ¿Por qué mierda Draco había escondido papeles? Una parte de su cerebro, la irracional y llena de alcohol, le dijo que podrían ser documentos y certificados que demostraban que Draco no era realmente Draco, si no un espía del gobierno. Harry casi se desternilla de la risa ante la idea de un Draco, el mismo que se teñía el pelo de rosa y usaba delineador y esmalte negro, con un pasamontañas negro reportando que finalmente estaba teniendo sexo con el objetivo.
Luego de un par de intentos fallidos más, Harry logró sacar los papeles con brusquedad, haciendo que algunos se partieran y sonaran feo. Frunció el ceño. Eso no sería de mucha ayuda. Se incorporó un poco, lo suficiente para no hacer mucho esfuerzo pero para poder ver con claridad lo que traía entre manos. La luz de los faroles que ingresaba a través de la ventana sin cortinas lo obligaba a forzar la vista, pero no era nada terrible. Había tenido que intentar ver en peores condiciones. Ya listo, con la mente aturdida y sin saber muy bien qué estaba haciendo, se dispuso a ver los papeles.
Pero no eran cartas o información. No se trataba de un secreto oculto de su pasado, ni de documentos de su antigua vida. El contenido de las hojas eran, nada más ni nada menos, que canciones.
Estrofas repartidas de forma desordenada entre las páginas. Sueltas, juntas. Canciones completas e incompletas. A veces tachadas. Mera poesía. Sin ritmo, sin anotaciones de música. Eran… eran lo más parecido a un diario de vida. Eran como el cuadernillo suyo que Draco había visto una vez sin querer.
Harry tocó la pulcra letra en el papel con la yema de sus dedos, sonriendo de forma inconsciente. Una sonrisa borracha. ¿De cuándo serían todos esos escritos? ¿Por qué Draco no los tenía dentro de un cuaderno como la gente normal? Si no que los escondía. Casi con vergüenza. Algunas hojas estaban amarillentas, delataban años de haber sido tocadas. Otras, parecían muchísimo más nuevas. Se sintió un poco mal por haberlas roto, pero no fue un sentimiento que le durara demasiado.
Se dispuso a leerlas, deteniéndose cada dos por tres en las palabras que más le costaba entender. Ya fuera por la antigüedad, por la letra, la palabra en sí, o porque estaba tan borracho que a veces veía borroso. Probablemente la última.
En algunas canciones y estrofas realmente sentía estar invadiendo su privacidad, así que las dejaba de lado y continuaba. Hablaban de un tiempo oscuro. Hablaban de su adolescencia. De maltratos. De cosas realmente íntimas que Harry no quería enterarse a través de un papel. Pero no todas eran así. Algunas eran incluso ridículas. Draco escribió muchas veces de crushes tanto ficticios como reales y él mismo terminaba haciéndole sátira a sus rimas. Harry pensaba que a pesar de eso, estaba seguro que las canciones serían un éxito.
Entonces llegó a los papeles más nuevos.
No eran canciones como tal, eran estrofas repartidas al azar en la hoja. Cómo si Draco necesitara vertir ahí el sentimiento de forma ocasional. Las leyó con mucha más atención que el resto.
Eres como el aire que vuela
Y el alma de la tierra
Y la fogata mañanera
Y el mar del horizonte
Qué poético. Harry soltó una risita al recordar que en una de las canciones del álbum anterior, Draco sugirió una línea en la que el narrador de la historia mandaba a tomar por culo a todo el mundo. Literalmente. Harry volteó la hoja, para leer la pequeña letra en una de las esquinas.
Mientras te miro, sé que he ganado
La apuesta, la vida, un lago
Dinero, joyas, respeto
La seguridad, el estar a tu lado
No sabía si era porque estaba borracho como una cuba, pero no podía encontrarle sentido a esa parte. ¿Cómo demonios ganabas un lago? Wow. El sentido figurativo le iba como la mierda borracho. ¿Cómo sería escribir una canción en ese estado? Probablemente le saldría puras tonterías. Volvió a dar vuelta la hoja, para leer la estrofa del centro. Le divirtió un poco ver cómo se caía la letra, sin seguir el patrón cuadriculado del papel.
Estás aquí, ¿no?
¿Por qué es tan difícil creerlo?
¿Por qué siento que no te tengo?
¿Por qué me pierdo en tu pelo negro?
Eso lo hizo pestañear un par de veces. ¿Pelo negro? Su corazón, su traicionero corazón, dio un vuelco en su pecho; pero rápidamente lo desechó con amargura. No era el único ser humano con cabello negro. Era estúpido pensar que Draco escribiría sobre él, cuando el mismo Damián tenía el pelo de ese color, o como fuese que se llamara. Suspiró, inseguro de continuar. Era como estar echándole sal a la herida.
Lo hizo de todas formas.
¿Podemos quedarnos aquí?
A vivir en este momento
Quiero que digas que sí
Quiero que compartas el sentimiento
¿Cuántas veces no se había sentido él mismo así? Millones. Recordaba haberlo pensado. ¿No estaría…? No. Era improbable. Imposible. No quería hacerse ilusiones.
Sin embargo, una pequeña luz de esperanza empezó a brillar en su interior. Sacudió la cabeza. Probablemente era sólo producto de la borrachera.
Quizás sería un poco más fácil
Si después de todo, no te quisiera
Si tus ojos verdes no iluminaran mi vida entera
Si mi corazón de ti no dependiera
Ojos verdes. Harry soltó una exhalación temblorosa. Okay. Okay. ¡Okay! Él sabía que era denso. Se lo habían dicho múltiples veces múltiples personas. Pero, ¿no era demasiada coincidencia? ¿Podría ser que aquello se tratara de él? Quería creer que sí. Quería pensar que después de toda la mierda, era mutuo. Mareado, volvió a leer todo, en diferente orden, de arriba a abajo, en tonalidades. Los momentos que pasaron juntos empezaron a llegar en barricadas. El cuadro de Draco, el anillo que no se quitó jamás, las conversaciones en la oscuridad, las risas, los abrazos, los besos, las declaraciones, la conexión. Y siempre llegaba a la misma conclusión. Joder.
¿Cómo habían estado tan ciegos?
Y luego recordó lo que había pasado. La razón de que hubiese encontrado esas páginas en primer lugar. ¿Cómo mierda se volvía de aquello? ¿Cómo se remediaba el haberse herido de esa manera? Si hubieran confiado más. Si hubiesen estado mejor…
El estómago se le revolvió. Literalmente. Harry se llevó una mano a la boca y contuvo la acidez que amenazaba subir por su garganta, pero no se detuvo ahí. Las arcadas volvieron con más fuerza, y aunque sabía que su cabeza iba a dolerle y por un momento su visión se iba a nublar, se levantó de la cama de un salto, corriendo hacia al baño mientras se afirmaba de los muebles y las paredes a su alrededor.
No iba a llegar, no iba a llegar, no iba a llegar.
Ni siquiera se molestó en encender la luz, se tiró de rodillas a la taza y se abrazó a ella, vertiendo todo el contenido de su estómago allí. En uno de esos momentos, agradecía ser hombre y tener la mala costumbre de no bajar la tapa. Era lo que le había salvado de no manchar todo su piso.
En un momento dado retiró las gafas que amenazaban con caerse dentro del váter y continuó con la purga. Recordó que Blaise siempre le consolaba diciéndole que después de vomitar se sentiría mejor, y a un Ron que quedaba tan exhausto y tranquilo luego de ello que dormía de pasada hasta el otro día.
Harry suspiró un momento, tomando aire, y con dificultad, (y con la parte consciente de su cerebro), se inclinó para tirar de la cadena. Se limpió con la manga la boca, y arrugó la nariz. Qué rico. Quizás en cuanto tiempo no podría ni siquiera oler Whisky. Al menos eso le había pasado con el pisco años atrás.
Se alejó de la taza, arrastrándose por el piso y apoyó su espalda en la pared. Miserable. Así se sentía. Así se había estado sintiendo el último tiempo. O el último mes. O el último año. O tal vez toda su vida.
De pronto, en un lugar recóndito de su mente, una solución comenzó a gritar. No le gustaba. No le gustaba en absoluto. Pero, ¿no era mejor que nada? ¿Acaso tenía otra solución disponible? Después de todo, no tenía idea qué hacer él mismo. Quizás alguien más la tendría. Antes de que pudiera arrepentirse, sacó el teléfono de su bolsillo y tecleó con torpeza.
"Cmsigueme una cita paqa eklunes"
Listo. Ya no había vuelta atrás. Una vez que Ginny recibiera ese mensaje no lo dejaría tranquilo.
Lo envió de todas formas.
No podían estar juntos, no de esa forma. Pero si Draco también lo quería, había una oportunidad. Si la única forma de obtener esa oportunidad era hablándole a otra persona de sus problemas personales para que le dijera qué hacer, eso haría.
•••
Harry, pronto descubrió, que a pesar de que su motivación de haber empezado a ir a terapia había sido su ruptura con Draco, ahí había mucho, mucho más que sus problemas amorosos. Estaba jodido.
La mujer que lo recibió de primeras se llamaba Susan Averty. Era una mujer rubia de unos cincuenta años con lentes de lectura y expresión calmada pero seria. A Harry le recordaba vagamente a una maestra que tuvo en sus últimos años de escuela, Minerva McGonagall, y fue imposible sentirse cómodo. Al contrario, sentía estar nuevamente en su despacho siendo regañado por algún motivo, en vez de estar hablando con una completa extraña. Así que salió de allí cascando y no volvió. Luna, que estaba tomando un café con Ginny para esperarlo una vez que saliera, se rió de su expresión y la pelirroja le pasó un brazo por los hombros en un gesto de consuelo. No había resultado nada bien.
Luego vino Jhon. Jhon era un hombre de treinta años, lleno de energía y vitalidad. Básicamente una versión de Blaise con estudios de psicología. A Harry no le cabía duda de que debía ser muy profesional y que estaba bien entrenado, pero no podía verlo sin que se imaginara a Blaise dando consejos psicológicos sobre relaciones y no pudo asistir a más de la segunda sesión. No había hecho ningún progreso, después de todo. No se sentía a gusto como para haberle contado los traumas de su niñez de una sola vez.
Ginny le explicó que, cómo sucedía con el resto de la gente, era normal que no se sintiera a gusto con cada terapeuta y que no por eso debía desanimarse; que al contrario, debía buscar a uno que se adecuara a sus necesidades. Harry no estaba seguro de que eso funcionara así para él, pero lo dejó pasar. Se dejó hacer por Ginny, o de lo contrario debía afrontar que no había solución para nada de lo que representaba ser él. Y entonces, fue cuando llegó Laura Hamill.
Laura era una mujer de unos cuarenta y tantos años, morena, de cabello tan oscuro como el suyo y delgada. A simple vista parecía ser severa, y Harry creyó que estaría enfrentándose a otra McGonagall, pero cuando ella le habló, irradiaba una tranquilidad tan grande que en la primera cita, si bien no le había logrado sonsacar mucho debido a la posición renuente de Harry, sí que logró que le dijera por qué estaba allí. Eso era mucho más de lo que podían decir sus psicólogos anteriores. Cerrado como una ostra, le había dicho Hamill. Harry comenzaba a pensar que quizás tenía razón.
A medida que el tiempo pasaba y los ensayos disminuían a causa de las fiestas que se aproximaban, Harry se encontraba buscando cada vez más cualquier contacto con Draco. Seguían sin hablarse, por lo que el moreno buscaba cosas referentes a la banda para siempre poder conversar con él, y se dio cuenta un día, que Draco hacía lo mismo. Harry atesoró cada mirada de soslayo, cada sonrisa, aunque no fueran para él.
Aún tenía sus dudas, pero claramente el hablar con alguien le servía. Le servía poder desahogarse más que con un lápiz y un papel, y con una persona que no pensaría nada, que no lo juzgaría. Porque no lo conocía realmente.
Aunque, cuando se acercaban las navidades, y luego de una sesión algo movida con Laura, aquel sentimiento de pesadez volvió, lleno de recuerdos.
Harry había planeado pedirle a Draco que lo acompañara a La Madriguera. Había pensado en unos cuantos regalos que hacerle. Había deseado cenar con él y besarlo a media noche durante Año Nuevo. Pero no podría hacer nada de eso. Se lo había contado a Laura, inseguro por confesarle a otra alma viviente que estaba enamorado de un hombre. Cuál fue su sorpresa al enterarse que la mujer compartía aquello con él. No que le gustaran los hombres, al contrario. Su terapeuta era lesbiana.
Así que luego de demolerlo a los hechos, Harry no podía hacer más que volver a sentirse miserable. Había jodido las cosas. Había jodido las cosas totalmente.
Cansado caminando a casa, se apoyó contra la pared. Los autos pasaban a su lado y el clima era avasalladoramente frío. ¿Cómo estaría Draco? ¿Estaría acostado en su cama, con la calefacción al máximo, y aún así tiritando? ¿Estaría al lado de alguna chimenea, con sus manos al fuego? ¿Se habría conseguido a alguien para pasar la noche y el frío que venía con ella? Harry no podría culparlo.
Mordiéndose el labio, se decidió. Era ahora o nunca. Ya había esperado bastante, ¿no? Ya habían pasado casi dos meses. La herida no estaba cicatrizada, pero definitivamente no estaba en piel viva, ardiente y sangrante. Al menos eso es lo que él quería creer.
El ojiverde entró a la cabina telefónica con un nudo en el estómago. ¿Lo mandaría a la mierda, verdad? Eso era lo más Draco que podría hacer. Eso es lo que esperaba que hiciera. Suspiró, y mordiéndose los dedos, le echó una moneda al teléfono. Inseguro, comenzó a mover sus manos sobre los botones, rogando por ser escuchado. Tenía que sacarlo de su pecho. Tenía que hacerlo.
Esperó en línea, y el pitido sonó cuatro veces, antes de que su corazón cayera hasta el final de sus entrañas y su voz se escuchara a través del auricular.
—¿Hola? ¿Quién llama?
Harry por un momento se olvidó de respirar, y se embriagó con el sonido. No había ruido de fondo, y no se escuchaba agitado. Eso ya era un buen comienzo. Luego, recordó que si no decía algo Draco cortaría y su oportunidad se iría por el caño. Volviendo a respirar profundamente, habló a trompicones.
—No cortes por favor.
Sintió cómo la respiración se estancaba al otro lado del teléfono y apretó con fuerza los ojos. NocortesNocortesNocortesNocortes.
—Harry… —oyó cómo susurraba.
Abrió los ojos nuevamente, viendo cómo alrededor la gente pasaba fuera de la cabina en su propio mundo, y suspiró, desordenando su cabello. Bien. Ahora o nunca. Ahora, o nunca.
—Déjame decirte esto antes de que me mandes a la mierda, por favor. Tengo que decirlo, y luego si quieres cuelga y ya nunca volverás a saber de mí —dijo rápidamente, sin darle el chance de contestar—. Lo siento. Siento mucho lo de esa noche. Me gustaría decírtelo en persona pero la verdad creo que un puñetazo en la cara es lo único que recibiría y si te soy sincero, me lo merezco. Siento haber hecho comentarios tan horribles y siento haber sido tan injusto contigo. Realmente lo siento. Siento que las cosas terminaran así y--joder. Lo siento. Me arrepiento de dejar que todo se torciera hasta ese punto, de dejar que avanzara. De haberte dejado marchar. Lo sien--
—Harry. Basta. Lo entiendo —Draco interrumpió su balbuceo, y Harry aún sentía la tensión en cada célula.
No sabía qué esperar. Sabía que había sido injusto. Que estaba midiendo las cosas con una regla que no correspondía. Recordó las palabras de Laura. La conversación que habían tenido.
—¡Pero él no me contaba nada! —le había gritado Harry, paseándose por la consulta.
Ella lo miró impasible, cruzada de piernas y con voz calmada; no se dejó amedrentar.
—Bueno, Harry. A veces las personas no pueden hablar de sus traumas y su pasado. Comprendo que si tú no has experimentado nada similar, no puedas entenderlo--
—Pero sí que lo he hecho.
Él se paró frente a ella, desesperado. El brillo en la mirada de Laura cambió y una pequeña sonrisa de simpatía asomó en sus labios.
—Entonces, ¿tú sí que le contabas todo a Draco? —preguntó casi de forma retórica, y Harry, por primera vez en meses, cayó en cuenta de la ironía de la situación. ¿No había pensado que apreciaba que Draco no preguntara nada? Cerró los ojos y ella volvió a hablar, conocedora. Por supuesto que lo sabía—. Permíteme ponerlo en duda.
Se armó de valor nuevamente. Se merecía las disculpas. Se merecía saber lo que Harry pensaba.
—Entiendo completamente si no quieres volver a saber de mí, a pesar de que es prácticamente imposible por la banda, pero fuera de esta no tenemos por qué ser amigos o algo así —prosiguió—.Y entiendo que no quieras perdona--
—Te disculpo —Draco lo interrumpió con fuerza y Harry sintió cómo la tensión abandonaba su cuerpo, una tensión que lo había acompañado desde esa noche. El peso de haber hecho las cosas irremediables, de haberla jodido. Pero no, Draco lo perdonaba. Draco-lo-perdonaba—. Por supuesto que te disculpo. Lo hice esa misma noche. Solo…
No terminó la oración y de todas formas el moreno tuvo que contener un gritito de frustración. Necesitaba saberlo. Necesitaba que le dijera todo.
—Dime —pidió.
—No. No creo que--
—Estoy yendo a terapia —lo cortó, mordiéndose el labio. Sería honesto. Uno de los dos tendría que serlo en algún momento—. Me facilitarías mucho las cosas que terminaras tus oraciones, según mi terapeuta.
Oyó un resoplido sin humor. Harry se sentía igual. Parecía una broma mal hecha, pero era la verdad. Ansiedad, lo había denominado Laura.
—Creí que tampoco querrías saber nada de mí —terminó confesando.
Fue su turno de reír un poco. Recordó lo que Blaise me había dicho hace tiempo atrás. "Son iguales". No podía estar más de acuerdo. Joder. Si tan solo se hubiesen hablado un poco, un poco más.
—Ese es el puto problema. Nos basamos en lo que creemos en vez de preguntarle al otro la verdad.
Draco no respondió de inmediato, y Harry se apoyó en la pared de la cabina, esperando. Estaba siendo una conversación más ligera de lo que pensaba, o quizás era solo el alivio de ser perdonado que le hacía pensar así.
—Quizás… quizás si no hubiese cometido tantos errores, lo de esa noche-- —Draco volvió a cortarse a sí mismo, pero no fue debido a querer guardarse información. El dolor era palpable en su voz, y algo dentro de Harry se entristeció ante la perspectiva.
—No es necesario que lo hablemos ahora, ni por el teléfono —le aseguró, con voz tranquila.
No sabía a qué errores se refería, pero intentó con todas sus fuerzas enterrar la voz que le decía que hablaba de haberse acostado con alguien más. No sería capaz de soportar eso. Cualquier cosa, menos eso.
—Pero necesito decírtelo. Ese tipo era mi amigo, y sí, follamos unas cuantas veces antes de ti, pero te juro que fue solo eso. Al parecer, el idiota se coló de verdad, después de todas mis advertencias, y no le hizo mucha gracia que le dijera que a mí me gustaba alguien más, y que quería ir en serio con él. —Harry, por una vez, no necesitó que le especificara que se trataba de sí mismo. Una emoción cálida se expandió por su ser ante esa certeza un segundo, antes de que Draco continuara —. Seguimos siendo amigos luego, pero nada más. Y la camiseta que viste fue de un día que salimos y se manchó con comida y debía estar en otro sitio después. Le ofrecí mi ropa, y ahí fue cuando vio el apartamento. Cuando subió a cambiarse.
Lo que sintió Harry en ese momento, fue otra clase de alivio. Un alivio abrumador que le recorrió de pies a cabeza. Era como ser curado de una herida que no podía cerrar, una herida que se había mantenido abierta desde ese día, sin saber si algún día cicatrizaría, o terminaría infectandose.
—Había estado las últimas semanas insistiendo que habláramos de lo que habíamos tenido, que él quería decirme algo importante, pero yo no quería —continuó Draco. A Harry le tomó unos segundos darse cuenta que estaba hablando del tipejo Damon ese—. No quería tener nada que ver con él, no de esa forma. Y… pasó lo de esa noche, y--
La voz se le rompió a la mitad, inesperadamente y su corazón se retorció. Quería estar allí, cerca. Quería abrazarlo y curar su pena.
Lamentablemente no era posible.
—Hey… —dijo con voz conciliadora.
—Lo siento yo también —Draco volvió a tomar la palabra, mucho más inestable que antes—. Siento no haberte dado los suficientes motivos para confiar en que decía la verdad. Pero debes creerme. Debes creerme. Él y yo… Yo jamás--
—Te creo —lo interrumpió Harry, con un dolor sordo en el pecho—. Te creo. Siempre lo he sabido de una forma u otra. Solo…
No pude creerlo en ese momento, porque soy insuficiente. Porque aún no puedo entender cómo fue que te fijaste en mí. Porque estoy lleno de traumas, inseguridades y con un montón de mierdas que no mereces tener que lidiar.
Harry soltó un suspiro, dándose un pequeño golpe en la cabeza. No. Esa era la clase de comportamiento autodestructivo del que a Paula le encantaba hablar. Piensa positivo, decía su voz dentro de su mente.
Positivo mis huevos. Harry seguía sintiéndose miserable, teniendo a Draco solo a través del teléfono.
—Realmente jodí las cosas, ¿no? —terminó diciéndole con una sonrisa sin humor.
Sintió cómo Draco estaba a punto de replicarle algo, pero un ruido de fondo captó su atención. Un par de voces se oyeron a través del auricular, una chica y un hombre. Parecía ser Goyle. Draco seguramente se había puesto el teléfono en el pecho y les contestaba algo. Harry esperó pacientemente, sin decirle nada más.
—Me tengo que ir —le dijo Draco al final, con una nota de disculpa en la voz.
Harry asintió, sabiendo que no podía verlo, y se metió la mano al bolsillo. Luego de la adrenalina del momento, por fin volvía a ser consciente del frío de afuera y dentro de la cabina. Movió sus pies, buscando algo que decir.
—Bien. Me alegra haber hablado contigo.
Draco suspiró.
—A mí también.
—Aunque preferiría haber dicho todo esto en persona —agregó Harry en un ataque de sinceridad.
—Y yo. —Fue la respuesta que recibió.
No quería dejar de hablarle. Quería preguntarle si podía ir dónde fuera que estuviera. Quería enterrar sus dedos en su cabello rubio y no dejarlo escapar jamás. Pero no era posible.
Pasitos de bebé, la voz de su psicóloga resonó en algún rincón de su cabeza.
—Gracias por no cortar —le dijo.
Oyó cómo Draco soltaba algo parecido a una risa, y se mantuvieron un minuto seguido en silencio. Harry se preguntaba si sentía lo mismo. Si tampoco quería dejarlo ir.
—Extrañaba escuchar tu voz —murmuró el rubio.
El corazón volvió a latir con fuerza. ¿En qué momento había dejado de hacerlo? Y una sensación agradable revoloteó en la boca de su estómago. ¿Hace cuanto no sentía eso? Parecían años. Con una sonrisa boba, se quedó sin palabras.
—Adiós Harry —se despidió Draco.
—Adiós —correspondió él, y necesitó volver a decírselo—. Lo siento.
—Yo también.
Y con eso, cortó.
Harry dejó el teléfono fijo en su lugar, y se tomó unos minutos para calmarse. El mundo parecía volver a tener color y sentido. Había hablado con Draco. Ambos lo sentían. Por primera vez, no parecía todo realmente perdido. Esperaba que no lo estuviera. Se puso el gorro de la chaqueta, contando hasta diez. Había hecho eso. Lo había llamado. Habían hablado. Era suficiente.
Una señora golpeó el vidrio con gesto impaciente, y Harry notó que seguía acaparando la cabina, así que salió, disculpándose por lo bajo con la mujer y continuó el recorrido hasta su apartamento. Seguiría pareciendo frío, y solo, pero ya no se asemejaba a un cementerio en su mente. Al recuerdo de mejores momentos que ya no volverían.
Seguían sin afrontar realmente las cosas, seguían estando en un terreno flojo, y en una situación incierta.
Pero al menos hablaban.
Era un comienzo.
