El día de la llamada Draco y Harry pactaron una tregua temporal y no hablada que consistía en seguir en contacto, pero desde cierta distancia.

Se llamaron en Navidades, y Año Nuevo, deseándose felices fiestas y diciendo que se verían cuando retomaran los ensayos. Harry tuvo que morderse la lengua para no decirle que lo amaba cada vez que colgaban, o cada vez que se escribían algún mensaje diciendo que esperaba que estuvieran bien.

Las sesiones con su psicóloga seguían, tres veces a la semana. Laura no lo presionaba a que le contara cosas y Harry simplemente hablaba de Draco; por el momento. Ella había encontrado bastante positivo que hubiesen hecho las paces, y le aconsejaba que quizás sería bueno tener una conversación en más profundidad, ahora que entendían mejor las cosas, pero que quedaba a elección de él. Harry aún no se sentía preparado para eso, pero agradecía poder desahogarse con ella.

También, había comenzado a tomar medicamentos para sus ataques de pánico, y si bien no los habían erradicado, le ayudaron bastante. Draco tenía razón aquella vez que le sugirió que fuese a una consulta psiquiátrica. No podía decir que se había sanado, que ahora mágicamente todos sus problemas habían sido arreglados; pero sí que se encontraba más tranquilo. Y eso, con su mente caótica, era bastante decir.

Entonces, llegó enero, y ya se había cumplido un año desde que conoció a Draco y solo podía mirar hacia atrás y pensar en lo mucho que había cambiado su vida. En todos los sentidos.

Los conciertos volvieron. Draco no se quedó atrás, continuaba paseándose por el escenario con aire felino, pegándose a sus compañeros. Sobre todo a Harry. Tanto así, que el moreno a veces temía que el resto notara algo extraño. Pero en el momento, no es como si importara mucho. Draco y él apenas intercambiaban unas cuantas palabras en persona, pero sentirlo a su lado, tocándolo, abrazándolo, le hacía olvidar cada riesgo que podían pasar.

Incluso, Draco se atrevió un día, a posarse a su lado, pasarle el brazo que afirmaba el micrófono por los hombros, y ponérselo a Harry en la boca, para que cantara, mientras el rubio susurraba en su oído las letras de la canción. Harry lo hizo con mucha dificultad, más atento al aliento de Draco contra su oreja, de la cercanía de su cuerpo, de la puta tensión que no había hecho más que crecer en los casi tres meses que llevaban separados.

También era como un pequeño recordatorio de lo que ya no tenía.

Aquel día, luego del show, todos se fueron a sus camerinos individuales, (porque sí, cada vez tenían cosas más elegantes y privadas), y Harry se demoró a propósito, sabiendo que Draco tardaba un montón en dejar las instalaciones luego de cada concierto. Sus amigos pasaron a buscarlo pero Harry dijo que ya se iba, que luego los alcanzaba, y se quedó en el pasillo, esperando a que Draco saliera y pudiera fingir que era un encuentro casual. Ahora, que lo creyera o no, le daba igual. Solo necesitaba hablarle, verlo de cerca.

Entonces, el rubio salió de su camerino y frenó en seco al verlo. Harry tuvo miedo de que le preguntara qué demonios estaba haciendo y que lo mandara a la mierda. Sin embargo, se veía más afectado por su mera presencia que por ese pensamiento y reprimió un escalofrío. Se veía tan precioso, tan real. Tomó una honda respiración, despegándose de la pared y esbozando una sonrisa tímida.

—Hey.

Draco tragó, haciendo que su manzana de Adán se moviera de arriba a abajo y Harry se quedara mirando un poco más de lo normal aquel movimiento.

—Hey —respondió—. Fue un buen concierto.

Harry amplió su sonrisa.

—Lo fue. —Hizo una seña hacia el final del pasillo—. ¿Te acompaño afuera?

Draco dudó, pero luego de un par de segundos asintió y caminó hasta donde estaba. Harry giró su cuerpo, quedando a su lado, y ambos comenzaron a caminar, en silencio. Sus manos se rozaban y se sentía ocasionalmente como el cielo, y quería más. Dios, lo extrañaba tanto.

—¿Cómo te ha ido? —rompió el silencio Draco al cabo de un rato—. Con tu terapia, ¿cómo te ha ido?

Harry se encogió de hombros, un poco incómodo y se mordió el labio.

—Bien--mejor —se corrigió—. Es bueno poder hablar con alguien, ¿sabes?

Draco asintió con aire pensativo, y Harry aprovechó la oportunidad para grabar sus facciones en la memoria. Estaba más delgado, las mejillas se hundían mucho más y la ropa le quedaba algo más ancha. Harry quería estirar el brazo y acercarlo hasta él para que no se quebrara, pero se sintió incapaz. Desvió la mirada hasta sus zapatos, acercándose cada vez más al final del pasillo.

—Estuviste genial esta noche —dijo Harry, sincero, sin mirarle a la cara—. El público te adoraba.

—El público siempre me adora —repuso Draco, bromeando—. Tú también lo hiciste muy bien.

Harry sonrió, y pensó momentáneamente cómo en los últimos conciertos las chicas que antes solían esperarlos detrás del escenario cada vez eran menos. Y ninguna se le acercaba a nadie más que a Blaise. Bueno, no era tan extraño, considerando que tanto Draco como él se habían creado la fama de espantar a las pobres chicas. Mejor para él.

Llegaron al final; Harry quedó en reunirse con Ron y Hermione afuera para ir a tomar algo, y seguramente Goyle estaba esperando a Draco también. El ojiverde levantó la vista, chocando con sus ojos plata y todo su cuerpo pareció gritarle que lo besara. Sentía que todo lo que había pasado entre ellos podía borrarse con un beso. Pero se contuvo. Draco por su parte parecía estar pasando por una lucha similar.

—¿Cómo estás? —preguntó Harry—. ¿Estarás bien?

Draco sonrió levemente, dando un paso hasta donde el azabache estaba, haciendo que su estómago se contrajera.

—Estaré bien, Harry. —El rubio dio otro paso—. Nos vemos…

Pero Harry no iba a permitir que se diera la vuelta y se fuera sin más. Atrapó su mano, y lo atrajo hasta él, dándole un fuerte apretón significativo. Pasó su pulgar por la tersa piel, y su corazón aleteó en su pecho de gusto. La expresión de Draco no demostraba sorpresa, pero el pulso bajo sus dedos decía lo contrario. Harry lo sostuvo, cerca, y cargó sus palabras de sentimiento.

—Te echo de menos.

Draco volvió a tragar, y sus miradas eran como dos imanes. Ya le daba igual si alguien los veía. Todo lo que existía en ese mismo instante era Draco. Draco, con su delineado, su pelo en orden y su ropa negra. Solo él.

Entonces, le devolvió el apretón.

—Y yo a ti.

Con eso, soltó su mano y dio un paso atrás. Era un mensaje claro: no se podía.

Pero Harry lo sintió más que nada como un: por el momento.

Volvió a sonreírle y también retrocedió, comenzando a caminar a la puerta trasera con el corazón en la boca.

—Buenas noches, Draco.

Cuando la puerta estaba a punto de cerrarse tras su espalda, escuchó la respuesta del rubio.

—Buenas noches, Harry.

•••

Cuando salió de la consulta aquella tarde, por alguna razón, no le causó tanta impresión encontrarse con Blaise allí. Llovía bastante, y estaba bajo un paraguas azul. Algunas personas se detenían a mirarlo, seguramente porque reconocían quién era, y Blaise les sonreía de oreja a oreja como acostumbraba. Cuando vio a Harry, caminó hasta él con un café en su mano y se lo tendió cómo si fuera una ofrenda de paz.

—No me mates por estar esperándote —dijo Blaise mitad broma, mitad en serio.

Harry tomó el café y le dio un sorbo. Estaba bien, así que aceptó las disculpas no dichas y se puso bajo su paraguas, bajando los últimos escalones del edificio rápidamente para no mojarse.

—Eres muy pesado, ¿lo sabías?

Blaise le guiñó un ojo.

—Es un talento innato.

Comenzaron a caminar por las calles de Londres, mientras Harry esperaba que Blaise dijera algo, la razón por la que estaba allí. Suponía que Ginny o Luna le habían dicho la dirección de la consulta de su psicóloga y por eso sabría dónde encontrarlo, pero eso no explicaba el por qué quería. Las personas caminaban a su lado, y aunque no siempre sabían de dónde les sonaban sus caras, siempre se los quedaban mirando algo más que de costumbre.

—¿Qué pasa? —le dijo Harry al cabo de un rato, en vista de que Blaise no hablaba—. ¿Querías decirme algo?

El moreno se revolvió incómodo, con aire pensativo y el ojiverde lo observó con curiosidad. Su mente aún estaba nublada por un par de cosas que Laura le había dicho ese día, y sinceramente, si Blaise estaba allí por una crisis o por un consejo, Harry no estaba tan seguro de ser capaz de dárselo.

—Varias cosas la verdad. Tengo unas cuantas preguntas —murmuró Blaise, como si estuviera hablando en contra de su voluntad. El azabache arqueó una ceja.

—¿Preguntas? ¿Qué clase de preguntas?

Blaise se detuvo unos segundos, mirándolo por la esquina del ojo. Harry sinceramente no sabía qué esperar. ¿Querría hablar de Draco? No sabía si soportaría una de esas charlas.

—¿Cómo va todo con la terapia? —preguntó finalmente él. Harry ahora arqueó ambas cejas, sorprendido—. ¿Te gusta?

El ojiverde bajó la cabeza, inseguro. ¿Que si le gustaba? Joder, no. Odiaba que alguien tuviera alguna opinión sobre su vida. Odiaba sentir que estaba siendo expuesto. Odiaba saber que Laura tenía razón en lo que decía. Y odiaba darse cuenta que podía estar tan equivocado.

—Es que yo sabía que iba a pasar. Era obvio que tarde o temprano iba a terminar.

La mujer esbozó una sonrisa indulgente.

—¿Cómo lo sabías? —replicó ella con calma—. ¿Draco te lo dijo?

Harry soltó un suspiro exasperado, y se giró a ella con el enojo creciendo en su interior. ¿Cómo no lo entendía?

—No —respondió finalmente.

Laura amplió su sonrisa.

—¿Ves el futuro?

Harry pateó una piedra. Mordiéndose el labio. No iba a hablarle mal de la psicología a Blaise, no si quería buscar él mismo. Era consciente de que ayudaba, de que era para mejor, si tan solo no fuera tan jodidamente irritante...

—Ya sabes… Es mejor que nada —contestó Harry rehuyendo de su mirada—. Me hace bien poder hablar con alguien, y...

—Pero es… es obvio. Yo no soy nada--

Laura lucía genuinamente sorprendida, y Harry casi le aplaudió por ser tan buena actriz.

—O sea que ¿el problema eres tú? —dijo ella con un atisbo de ironía—. ¿Tú terminarías arruinando la relación tarde o temprano? ¿O acaso estabas esperando que sucediera algo todo el tiempo para que terminara?

Blaise lo miró con curiosidad, y Harry recién notó que se había quedado callado en mitad de la frase. Se aclaró la garganta, apretándose aún más bajo el paraguas y metiendo las manos a los bolsillos de su chaqueta, pero no continuó. Blaise esperó un par de segundos más, pero terminó concluyendo que Harry no terminaría la oración.

—¿Dirías que te está sirviendo? —Blaise parecía un poco histérico, y el ojiverde se preguntó si es que no tenía miedo también de los psicólogos.

Se rascó la cabeza, asintiendo un poco.

—¿No te parece eso un poco de auto-sabotaje, Harry? —Laura sonrió.

Harry volvió a desviar la vista, mirando cómo la lluvia iba en aumento. Recordó, cuando meses atrás él y Draco habían tenido que correr a casa bajo su chaqueta para que no se mojaran y sonrió inevitablemente. ¿Cómo estaría? No habían hablado nada desde hacía dos días, y fue nada más que un: "Estoy vivo, espero que tú también".

—Yo diría que sí —Harry se encogió de hombros.

—No hay culpables, Harry. Ni él estaba preparado ni tú sabías cómo manejar la situación.

Blaise asintió, con aire meditativo. Estaban aún a bastantes minutos de su apartamento y el del otro hombre, así que suponía que la charla daba para rato. Harry suspiró, sintiendo el frío colarse a través de la ropa.

—¿Por qué? —cuestionó—. ¿Quieres ir a terapia?

Blaise soltó un resoplido de risa y Harry lo miró con extrañeza.

—No, yo no —repuso el moreno—. Es Draco quien ha estado yendo.

Harry alzó las cejas. ¿Draco? ¿Draco ha estado yendo? Ciertamente no le había comentado nada, y tampoco se lo esperaba. ¿Habría sido porque Harry le había dicho que él estaba en terapia, meses atrás…?

Nah. No quería ser egocéntrico.

Una parte de él, sin embargo, se alegraba.

—¿Y…?

—No sé si sabes, pero Draco no ha tenido buena experiencia con los psicólogos. —le dijo Blaise. Harry bufó. Eso era un eufemismo. No tenía idea qué había pasado en concreto entre Draco y la terapia, pero aquel episodio de la universidad donde su padre se apareció allí a gritarle como un loco no era un buen indicio—. Solo quiero… que esté bien.

Que lo parta un rayo si él no quería lo mismo. Necesitaba que Draco estuviera bien. Necesitaba volver a escucharlo reír.

Dios, necesitaba volver a escucharlo reír, por favor. ¿Hace cuánto tiempo que eso no pasaba?

Harry lo pensó unos momentos. Quería verlo bien, pero una parte de él le decía que si Blaise estaba allí, era porque Draco no se estaba sintiendo cómodo. Y cómo no, luego de lo que quizás habría tenido que pasar. Suspiró, desordenando su cabello. Por supuesto que quería que fuera feliz, pero no quería verlo sufrir para lograrlo. ¿Acaso eso era tan ilógico?

—Realmente está intentándolo, Harry. —La voz de Blaise lo sacó de sus cavilaciones, mirándolo directo a los ojos—. Draco lo está intentando.

Harry sabía a lo que se refería, y su corazón no pudo hacer más que dar un vuelco dentro de su pecho.

No era solo que estaba intentando ir a terapia, ni estaba tratando de curar toda la mierda que había pasado. Draco lo estaba intentando por ellos. Draco quería ir a terapia por Harry, para poder estar bien. O eso creía. Eso quería creer. Joder, eso necesitaba creer.

Y Harry lo estaba intentando también.

Le dio el último sorbo a su café antes de botarlo en el basurero de la esquina donde doblaron. Blaise volvió a su estado meditativo y Harry se encontró medio preocupado y medio intrigado por ese estado. Hasta ese momento, habían sido contadas las veces en las que había visto a Blaise serio. Pero últimamente cada vez que lo veía estaba un poco más apagado que de costumbre, y Harry no pudo evitar preguntarse si eso tendría que ver con la familia con la que cortó lazos años atrás. Si era así, Harry no tenía idea de cómo aconsejarlo. No es como si él tuviera una familia problemática. O en defecto, una familia de verdad, si es que los Weasley no contaban.

—¿Qué era lo otro? —preguntó, sin despegar su mirada de su perfil—. Dijiste que querías hablar de unas cuantas cosas.

Blaise chasqueó la lengua, y volvió a removerse incómodo, Harry esperó pacientemente su respuesta, mientras calculaba que les quedaban aún como diez minutos para llegar a su piso por esa dirección. O un poco más. Siempre había sido malo con las matemáticas y las distancias.

—Sí… —Blaise lo miró de reojo—. Es que, quería saber… digo, tú te has enamorado de amigos, ¿no?

Harry frenó en seco, con los ojos bien abiertos tras sus lentes y la boca abierta. ¿Había oído mal? No, ¿verdad? ¡¿Blaise era gay?! ¡¿Y por qué mierda le estaba hablando a él de eso?! ¡Draco sabía más de esos temas! ¡No es como si él fuera un gay declarado! ¡No es como si fuera gay en primer lugar! El moreno le frunció el ceño, un poco disgustado por su reacción, pero Harry creía que estaba en el derecho. Blaise… gay. O bisexual. O queer. Wow.

Entonces, el entendimiento pasó por las facciones de Zabini y soltó una leve risa, negando con la cabeza.

—Dios, no, Harry. —Rió nuevamente—. Me refería al tema de la amistad, no al de que me gustara un hombre.

Espera. ¿Gustar?

Joder, no, Blaise había ocupado el término: enamorado. Eso era incluso más sorprendente. Amor. ¿Cómo mierda había pasado eso? ¿Quién era la desafortunada? Harry tragó en seco, reanudando su marcha y evitando sus ojos.

—Te gusta… ¿una chica? —preguntó con voz débil. Blaise resopló.

—¿Que si me gusta? —Negó—. Estoy loco por ella. Desde hace meses. O quizás años.

Wow. Solo… wow.

Harry asintió varias veces. ¿Querría su consejo? No es como si a él le hubieran gustado muchas personas. Solo Ginny y Draco, y el último no había sido su amigo como tal en un principio. Volvió a revolver su cabello, pensando.

—Creí que nunca en la vida te escucharía decir algo parecido —bromeó.

—Gracias.

—No puedes culparme. Es solo que… eres Blaise…

—Gracias —repitió él. Harry rió.

—Lo siento, vas a tener que darme unos segundos para acostumbrarme. —Una chica. Le gustaba una chica. Le encantaba una chica. ¿Blaise quería sentar cabeza? Qué raro. No podía imaginarlo en una relación. ¿Y quién sería la chica en cuestión?—. ¿Puedo preguntar quién es?

Blaise sonrió.

—Puedes, pero que te vaya a contestar es distinto.

—Me parece justo —Harry replicó—. Wow, una chica. Entonces, ¿cuál es el problema?

Fue el turno de él de encogerse de hombros con mal disimulada indiferencia. El pelinegro se encontraba cada vez más intrigado.

—Es complicado.

Harry recordó haber dicho esas mismas palabras hace unos meses atrás, y sonrió. Bueno, más complicado que su relación con Draco no podía ser, ¿no? ¿Qué era lo peor que podría pasar? ¿Que a ella no le gustara Blaise? Eso podía cambiar.

—¿No le gustas? —expresó su duda en voz alta.

—Ya te lo dije, es… complicado —fue la respuesta de Blaise—. Hoy--hoy la besé.

Harry alzó una ceja, haciéndole una pregunta muda.

—¿Y? ¿Te mandó a la mierda? ¿Te empujó lejos? ¿Tan mal besas?

Blaise rió, pero la expresión de su rostro parecía mucho más una mueca.

—No, no, el problema es… —suspiró, apretando los labios—. Me siguió el beso.

¿Problema? ¿Se había pegado en la cabeza o qué? Harry se acercó para tomarle la temperatura con el dorso de la mano y el moreno se alejó con expresión malhumorada. Oh Dios, ¿tan serio era? ¿Blaise molesto por una broma? Iba a temblar.

—¿Cómo va a ser eso un problema? —terminó preguntándole.

El moreno volvió a su expresión seria y sombría, enfocado en el asfalto bajo sus pies en vez del resto del mundo.

—Te dije que era complicado —murmuró.

—¿Qué tan terrible puede ser?

—No lo entiendes… todo se puede ir a la mierda. Puede acabar fatal. Horrible. Se puede ir absolutamente todo a la mierda.

Harry arqueó las cejas. ¿Estaría hablando de su vida? Se rascó la barbilla, meditando sus palabras. Si era tan grave, entonces lo más racional era alejarse de la chica en cuestión y seguir con su vida.

—Blaise… ¿qué quieres que te diga? —le dijo Harry arrugando el entrecejo—. Pareces bastante claro sobre qué hacer al respecto.

—Yo--solo... —Soltó una respiración exasperada—. Es que… Dios. Tú estuviste con dos amigos, ¿realmente es tan… difícil? ¿Realmente tengo tantas posibilidades de perderlo todo?

Harry chasqueó la lengua, y decidió que debía ser sincero. Muy a su pesar. Cruzaron la calle, y un par de autos les tocaron la bocina al ver cómo la luz cambiaba a roja justo a la mitad, y tuvieron que avanzar más rápido los últimos pasos.

—Bueno, sí… —contestó cuando cruzaron la acera—. Con Ginny casi rompí mi relación con lo que es básicamente mi familia adoptiva, y la banda tenía un ambiente del asco. —Blaise asintió, perdido en sus pensamientos. Harry supuso que estaba recordando esos años dónde él y Gin apenas se hablaban luego de su término. No había sido un buen tiempo—. Y con Draco… también. O sea, pudo haberse ido de la banda, pudo haber mandado todos nuestros proyectos a la mierda, pero-- —Suspiró, acordándose de lo horrible que había sido cuando creyó que todo había terminado, que Draco había dejado la banda—. No sé, Blaise. Yo no estaba pensando en eso… Cuando me dijiste que se iba, yo solo podía pensar en que no volvería a verlo. No en que nos faltaba un cantante, no que mi sueño se había ido por el caño. Lo único que me angustiaba era… el hecho de que no volvería a tenerlo cerca. —Harry alzó la mirada, encontrando los ojos cafés de Blaise. El moreno parecía inquieto, atormentado. ¿Años, había dicho? ¿Había estado reprimiendo ese sentimiento por años, y finalmente la chica estaba correspondiéndole, y él dudaba? Se aclaró la garganta, sabiendo que ya se acercaban a su piso—. Lo que quiero decir… Es que para mí, vale la pena. Correr el riesgo. No sé, Blaise.

Blaise pareció palidecer un momento, pero sacudió la cabeza y continuó. Las manos le temblaban ligeramente, y Harry decidió tomar él el mango del paraguas para que no se le cayera y terminara empapando a ambos. El moreno se lo entregó sin pensar, y Harry suspiró de nuevo. ¿Había dicho algo mal?

—Sigo insistiendo, ¿qué quieres que te diga? —preguntó bajo—. Sabes que no soy la mejor persona con la que hablar.

Blaise esbozó una sonrisa débil.

—No sabía a quién más decirle… digo, hablé con Draco, y —se mordió el labio, cómo si recordara algo gracioso—, me preguntó si era un imbécil de mierda y que no se me ocurriera seguir adelante con esto.

Harry sonrió también, sabiendo que eso era algo muy Draco de decir, acompañado con una expresión malhumorada y un resoplido de desdén. Miró a Blaise, que parecía cada vez más confundido, y le dio un leve codazo.

—Yo podría haberte dicho exactamente lo mismo —le dijo.

—Lo sé.

El apartamento ya estaba a la vista, y Harry apretó la mandíbula, en búsqueda de algo que decir. No tenía la cabeza concentrada como para aconsejarle, ni mucho menos sabía él mismo lo que era correcto. Observó a Blaise por la esquina del ojo, y disminuyó un poco el paso.

—Sé que es difícil, cuando lo que quieres y lo que debes hacer, no es lo mismo... —susurró—. Creo que lo que quieres escuchar, es que todo estará bien independiente de lo que hagas. Pero no lo sabes, ni yo lo sé tampoco.

Pararon frente al edificio, mirándose debajo del paraguas. Blaise asintió, perdido, y Harry extendió su mano para posarla sobre su hombro.

—Piensa, al final del día, que es lo único de lo que no te arrepentirás. Sea bueno, o sea malo —continuó.

Harry asintió una vez, re asegurando lo que había dicho, y dio un paso atrás, quedando parcialmente bajo la lluvia. Blaise asintió de vuelta.

—Vaya, te ha vuelto sabio esto de ir al loquero —bromeó.

El ojiverde sonrió, haciéndole una seña de adiós y Blaise se despidió también. Harry subió hasta su piso aún pensando quién podría ser la chica. Abrió la puerta, quitándose los zapatos mientras recordaba con nostalgia que Draco no estaría allí para regañarlo y se sentó en el banco de la cocina, obligándose a comer algo. Sacó su celular, viendo si tenía algún mensaje del rubio, y tuvo una sorpresa al ver que efectivamente tenía, pero no eran de él. Eran de Hermione. Frunciendo el ceño, lo abrió.

"Quién es Bianca y por qué todos los medios dicen que tienen una relación? No es que me queje, es buena publicidad, pero me siento un poco ofendida porque no nos has dicho nada.

Llámame cuando puedas!"

Harry acentuó su ceño fruncido. ¿Quién mierda era Bianca?

Daba igual, no podía ser nada bueno que estuvieran diciendo algo así.

"D q hablas?" Escribió.

La respuesta de Hermione llegó no muchos minutos después.

"Bianca, actriz, dice estar enamorada de ti. The Sun dice que están juntos desde hace dos meses, desde el cumpleaños de Blaise. Llámame!"

Oh, joder no.

Harry salió de los mensajes rápidamente y sin pensarlo más de una vez, su teléfono estaba en su oído, y esperaba pacientemente que la voz de él se escuchara a través del teléfono. Era urgente. Urgente. Necesitaba aclararlo cuanto antes, necesitaba--

—¿Harry? ¿Hola…?

Harry soltó un suspiro de alivio, y se dejó caer en su asiento. Draco le había contestado. No estaba enojado, no quería no saber nada de él. Estaba ahí, y esperaba pacientemente a través de la línea.

—Es mentira —dijo él de inmediato.

—¿Qué?

Sonaba tan confundido, que Harry lo encontró adorable. ¿Quizás había sido un poco abrupto…?

Meh. Daba igual. Ya estaba allí.

—Es mentira —repitió—. No sé ni quien mierda es Bianca.

Unos segundos de silencio pasaron, y Harry se preguntó si Draco estaría intentando hacer cuentas y llegar a conclusiones, o si simplemente no estaría entendiendo una mierda de lo que Harry estaba hablando. Sin embargo, lo sintió aclararse la garganta, y removerse en su lugar. Donde sea que estuviera.

—Ah…

Harry suspiró. No era la respuesta que buscaba.

—Lo leíste entonces.

Draco no contestó inmediatamente. Nunca lo había hecho, la verdad.

—Bueno, sí…

Harry cerró los ojos. Sonaba tan desanimado, que le hubiese gustado estar allí con él, asegurarle a besos que no era cierto, y prometerle que ya nada los separaría. Daba igual cuántos artículos falsos sacaran. Daba igual todo, solo--

—No quiero estar con ella, Draco. No quiero estar con nadie más que tú —le dijo, con un toque de desesperación.

—Lo sé.

Por primera vez, la respuesta llegó rápido. Draco apenas lo había pensado.

Dios, apenas lo había pensado.

Un pinchazo de culpabilidad le atravesó. Draco lo sabía, tenía la certeza de que Harry no estaba con nadie más. De que no podría estar con nadie más. Draco hacía lo que Harry no pudo: confiar en él. Confiar tanto en sí mismo como para saber que era irremplazable.

—Jamás pensé lo contrario —continuó el rubio, ajeno a lo que el azabache estaba sintiendo—. Lo sé, Harry.

Harry suspiró temblorosamente, pasando una mano encima de su rostro. Miró al pasillo, y por un momento, sintió que si avanzaba a través de él, vería a Draco en su habitación, sentado en la cama mientras escribía; o en su propio cuarto, enredado entre las sábanas con una sonrisa somnolienta, invitándolo a unirse.

Quería tenerlo cerca. Tanto. Sentía que solo así todo se arreglaría. Que todos los problemas se irían. Que toda la mierda pasaría.

Se levantó, para servirse un vaso de agua y así disipar el nudo que se le había formado en la garganta. Le habrían gustado tantas cosas. Le habría gustado tanto que las cosas fueran más simples.

Dios, ¿por qué no podían ser más simples? ¿Acaso era tanto pedir? ¿Era mucho pedir por tener algo bueno en la vida?

—¿Harry? —Draco preguntó, y Harry notó que no había contestado a lo que le había dicho.

—Lo siento —le dijo, una vez que tomó el agua. Estaba siendo sincero. Lo sentía, lo sentía por todo. Por el artículo, por haber jodido las cosas, por no poder ser capaz de decirle que le quería, que viniera a estar con él, o que le invitara—. ¿Cómo estás tú?

Draco se desentendió del otro tema, y pareció meditarlo un poco. ¿Estaría pensando lo mismo que él? ¿Estaría debatiendo entre ser honesto, o tranquilizar al resto? Porque ese era el problema por el que pasaba Harry. Solo te está preguntando por cortesía, le decía la mente. Nadie quiere escuchar tus problemas.

—Bien —contestó—. No, no bien. Mejor. ¿Tú?

Harry asintió, a pesar de que no le veía. Bien. Estaba siendo honesto. Le alegraba, porque él realmente quería saber cómo se encontraba.

—Mejor.

El silencio se extendió entre ambos. ¿Qué seguía ahora? ¿Qué seguía, cuando lo único que quería hacer era decirle que lo amaba? ¿Que le quemaba no poder estar a su lado? Harry se rascó la cabeza, y se aclaró la garganta, intentando que los pensamientos no lo consumieran.

—Blaise fue a verme hoy —le comentó.

—¿Sí? —Draco habló casi encima de él, y Harry pudo distinguir que no deseaba que la conversación acabara—. ¿Qué mierda quería el tonto?

Harry sonrió, y se reclinó en su lugar. Y le contó, le contó sobre su problema, y sobre el enamoramiento de Blaise, y Draco se rió cuando era indicado, y también lo insultó cuando correspondía, y Harry sintió que tal vez, solo tal vez, su corazón se arreglaba un poco.

•••

A mediados de febrero, la vida de Harry dio un giro de 360 grados. Todo cambió. Todo cambió de forma definitiva.

Era un día de ensayo. Estaban todos reunidos en el estudio que ya podían costearse y Hermione llegó de imprevisto, agitada, sudorosa y emocionada, interrumpiéndolos. Todos se le quedaron mirando con la interrogante plasmada en el rostro, y ella se arregló el cabello, acomodó su falda, y soltó la noticia sin suavizarla ni un poco.

—L.W Records les acaba de ofrecer un contrato.

La mandíbula de Harry literalmente cayó, los vellos de cada pedazo de su persona se le erizaron, y lo primero que hizo fue mirar a Draco, que estaba experimentando la misma reacción. El resto estaba como paralizado en su lugar. Ron tomó su hombro, y lo apretó con tanta fuerza que a Harry le dolió. Blaise, luego de quedarse mirando al infinito, tomó a Ginny de la cintura y la zarandeó un poco, cómo queriendo despertarla de la ensoñación, y Theo, el primero en reaccionar, se paró frente a su amiga y la tomó de los hombros.

—¿Que L.W hizo qué?

Hermione sonrió como un tiburón y asintió con tanta fuerza que a Harry le impresionó que no se le hubiera quebrado el cuello, y agarró de los hombros también a Theo, sacudiéndolo.

—Lo que escuchaste. Quieren firmar. Con ustedes. Quieren tenerlos en su lista de artistas. Quieren hacerlos famosos. Más famosos. Quieren financiarlos y hacerlos triunfar. Y yo se los conseguí, les conseguí el mejor contrato que pude. Chicos, lo hicieron, al fin. Luego de seis años--

Hermione iba a seguir hablando, pero Ron se levantó como un resorte de su lugar y corrió hasta ella, apartando a Theo de un empujón torpe y besándola con intensidad. Era un beso desordenado, y Harry quiso apartar la mirada, pero estaba tan conmocionado que no se sentía capaz de moverse. Sintió a alguien posarse a su lado, y hasta que no sintió cómo su mano era discretamente entrelazada con otra, no supo quién era.

No tenía idea si su corazón latía tan fuerte por eso, o por el hecho de que sus sueños estaban allí, que podía hasta tocarlos.

Lo habían conseguido.

Iban a hacerse famosos, iban a tocar en todos los escenarios importantes que existían, iban a pasar a la historia, y lo haría con sus personas favoritas en el mundo. Lo haría con Draco.

Draco.

Harry giró la cabeza y vio cómo este le observaba de vuelta. El ojiverde le dedicó una amplia sonrisa, una de esas que hacían que te dolieran las mejillas, y Draco se la devolvió, dándole un pequeño apretón a su mano. Esto estaba pasando, ¿verdad? ¿No lo estaba soñando?

Se volteó nuevamente a Hermione, que seguía en su mundo junto a Ron. Harry quería llenarla de preguntas, quería saber específicamente qué le habían dicho. Cuando firmarían. Qué pedían de vuelta.

Y no se contuvo. Pasada la emoción inicial, todos se separaron y Harry comenzó a acribillarla con preguntas, preguntas del contrato, del futuro, y de lo que sucedería. Hermione contestó cada una con paciencia, y era tan bueno, era tan jodidamente bueno… mejor de lo que Harry había esperado que sería. Tanto así, que no podía creerlo.

Ron fue el primero en saltar, diciendo que debían celebrar como en los viejos tiempos. Agarró a Harry luego de que todos se recuperaran, se despidieron, (y cabe mencionar que su apretón de manos con Draco duró un poco más de lo requerido), y se fueron al Caldero Chorreante, al bar al que solían ir en plena adolescencia, dónde no les miraban de más por ser menores de edad.

Se sentaron, y no demoraron nada en empezar a pedir rondas y rondas de alcohol, bromeando sobre el futuro y celebrando por lo que acababa de pasar. Harry aún se encontraba en un estado en el que la noticia no le caía encima. No era capaz de dimensionar la magnitud de lo que sucedía. Era como estar viendo todo desde afuera, y el contrato no fuese más que una idea imaginaria y abstracta a la lejanía, algo que no tenía posibilidades de ser real.

—Aún no puedo creerlo —dijo Harry ya con una buena cantidad de alcohol en la sangre

—Ni yo —respondió Ron, sonriendo. Una sonrisa ebria—. Esto es lo que queríamos, desde que éramos unos mocosos, Harry. Tú aún preguntabas cómo se hacían los bebés cuando me decías que algún día seríamos tan famosos como los Beatlessss.

Harry sonrió. Por supuesto que se acordaba. Era algo que siempre había querido. Ser una leyenda, pasar a la historia. Estiró su mano para pasarla encima de la espalda de Ron y la palmeó un par de veces, quizás un poco brusco.

—Me alegra tanannntoo haber seguido persiguiendo el sueño —Harry canturreó, dándole otro sorbo a su cerveza.

Ron alzó la suya, e hizo un salud imaginario antes de tomarla toda de golpe y luego estampar el vaso contra la mesa, soltando un "aah".

—Y yo —terminó diciendo—. Me alegro de que me hayas convencido.

Harry lo apuntó, alzando las cejas. ¡Eso era cierto! Lo había convencido. Había convencido a todos. Más de una vez se plantearon abandonar, ¿y qué había hecho él? Se había mantenido constante, y perseverante, y lo habían conseguido. Já. En tu cara, tía cara de caballo.

—¿Alguna vez te han dicho que…? —Ron comentó, sacándolo de sus pensamientos. Parecía desorientado, mirando a su alrededor a las personas que se acercaban a la barra. Harry se le quedó mirando en espera de que terminara su pregunta—. Se me olvidó.

El pelinegro soltó un resoplido de risa y le dio otro de sus mortales tragos a su bebida. Ron seguía perdido, cómo si estuviera viendo el bar por primera vez y Harry se lo quedó mirando con diversión. Cuando su amigo volvió a enfocarse en su rostro, lo apuntó, chasqueó los dedos y asintió un par de veces.

—Aaah sí —le dijo Ron—. ¿Alguna vez te han dicho que tus ojos se ven diminutos, así como muy chiquititos, cómo los de un topo?

Harry tardó unos segundos en procesar lo que acababa de decir.

—¿Qué? —replicó, con el ceño fruncido. ¿Topos? ¿De qué carajo hablaba? Ron rodó los ojos, cómo si Harry no estuviera entendiendo algo completamente racional y fuera un estúpido de primera.

—Por los lentes, Haaaarryyyyy —respondió cómo si fuera obvio.

Ah. Bueno, obviamente sabía que los lentes le hacían los ojos chiquititos. Si no, que se lo dijera el mismo Draco que se pasaba repitiendolo. Arrugando la frente, los tomó y se los sacó, examinándolos. ¿Hace cuánto que tenía esos lentes? Ya estaban viejitos. Los dejó encima de la barra y se giró a Ron, parpadeando y exagerando la vista. De cerca al menos, su visión no era tan mierdas.

—¿Y ahí? —preguntó.

El pelirrojo se alejó un poco, cómo si Harry hubiese pasado a ser alguien completamente diferente en cuestión de segundos y se puso en posición de ataque.

—Wow. Quién eresss —arrastró nuevamente las letras—. Voy a llamar a la policía. Vete.

Cuando Harry iba a ponerse a reír, Ron, para continuar la broma, buscó su teléfono en sus bolsillos. Pero sus movimientos eran torpes, y lentos, y en menos de dos segundos hizo un giro medio extraño, que terminó botando su vaso, y su vaso empujó sus lentes, y de pronto, los cristales estaban en el suelo, hechos añicos. Harry soltó una exclamación ahogada de pánico. ¡Se iba a quedar ciego! Y se agachó, haciendo que el mundo le diera vueltas a su alrededor y cayó de rodillas frente a sus gafas. Se habían muerto. Ron había matado sus gafas.

—Noooooo —Harry exclamó, viendo cómo no tenían salvación.

Su amigo parecía haber despertado del trance, y se agachó también él a ver el desastre de los lentes. Los tomó, cómo si fueran un hijo perdido y esbozó un puchero.

—Te los pagaré.

Harry sabía que no costaban tanto, pero de todas formas quería hacerlo sentir culpable y le puso mala cara.

—Por supuesto que me los pagarás, idiota.

Luego del incidente, se quedaron un rato más. Harry tenía que entrecerrar los ojos para ver algunas cosas y Ron se burlaba de él cada vez que lo hacía. Oh, Harry iba a hacérselo pagar.

Cuando salieron a la calle, hacia un frío de los mil demonios. Harry tiritaba y Ron por su parte, encontró una muy buena idea inventar una canción para entrar en calor. Así que se fueron recorriendo las calles de Londres a las tantas de la madrugada cantando acerca del frío y del calor, y de las estaciones del año, abrazados y tambaleándose.

Para cuando Harry llegó a su piso, lleno de felicidad, ni siquiera lo pensó y dio tumbos hasta su habitación. Había cambiado las sábanas esa misma mañana más por la fuerza de la costumbre que porque realmente fuera a ocuparlas. Sin embargo, estando allí, no pudo evitar notar que la cama le estaba coqueteando desde su lugar. Le estaba seduciendo para que se tumbara en ella y descansara al fin. Harry dudó, pero con pasos vacilantes se acercó hasta el catre y sintió momentáneamente que estaba traicionando la memoria de Draco.

Suspirando, comenzó a desvestirse. Bien. Dormiría esa noche en la cama, porque… porque le daba flojera levantarse e irse al comedor, donde hacía frío. Al menos su habitación era algo más cerrada y un poco más calentita, o al menos eso recordaba él. Se puso el pijama cómo pudo y se metió bajo las tapas. Inconscientemente, llevó una mano hasta su cara para quitarse los lentes, y resopló al darse cuenta de que ya no estaban ahí. Se habían ido. Tenía que darles un propio minuto de silencio por ser tan fieles acompañantes.

Harry se tapó hasta la coronilla y trató de dormir, pero de alguna forma u otra su mente siempre terminaba divagando hasta Draco. ¿Qué estaría haciendo? Sentía que le faltaba. Si otras hubiesen sido las circunstancias, Harry estaría en ese preciso momento hablando con él, comentando la noticia, y luego harían el amor hasta que ya no pudieran recordar sus nombres. Frustrado, se reincorporó un poco, mareandose en el proceso y buscó a tientas en la cama su celular. Sabía que no iba a dormir a menos que escuchara su voz.

Una vez que lo encontró, marcó rápidamente y se lo llevó hasta la oreja. Se acomodó en el colchón, volviendo a taparse, y esperó. La primera vez, nadie contestó, pero Harry no iba a desistir tan fácil. Volvió a marcar, y creyó que tendría que volver a hacerlo una vez más, pero ya en los últimos pitidos, Draco contestó.

—¿Aló? —dijo, con una voz perezosa que indicaba a todas luces que había estado durmiendo y que Harry lo despertó. El pelinegro intentó buscar dentro de él algún remordimiento, pero no lo encontró. Estaba demasiado feliz de poder escucharlo.

—Hoooolaaaa.

—¿Harry? —Draco preguntó sonando un poco más despierto—. ¿Qué pasa?

Harry cerró los ojos, volcándose hacia el otro lado para acomodarse mejor en la cama. Se acurrucó, sonriendo un poco.

—Nada. No pasa.

Sintió una leve risita a través del teléfono que calentó su corazoncito y sonrió más amplio.

—¿Qué? —dijo el rubio, sonando divertido.

—Quería escuchar tu voooooz, nada más. —Se encogió de hombros—. Tienes una voz muy bonita, ¿sabías?

Draco volvió a reír, y eso era música para sus oídos. Uy, música. ¿Qué tan pasado de la raya sería pedirle que cantara un poco? Para dormir. Un poquito.

—Me lo habían dicho un par de veces.

Harry asintió solemnemente con los ojos cerrados.

—Deberías hacerte... cantante.

—No me digas —dijo Draco, y el ojiverde podía sentir la sonrisa en su voz—. No se me había ocurrido.

Harry bufó con superioridad, volviendo a voltearse. ¿Por qué se movía tanto? Draco siempre se quejaba de que nunca lo dejaba dormir de tanto que cambiaba posiciones en la noche.

—Es que yo soy el… el de las ideas millonarias. Ya sabes. ¡La meunte maestraa! —terminó la oración con más dramatismo que de costumbre.

—Obviamente —respondió Draco, con mucha lógica y Harry sonrió complacido—. Dime, ¿cuánto tomaste?

Oh, pillado. Harry negó, con el ceño fruncido. Era inocente.

—¿Yo? Yo no tomé…

—Mientes horrible —lo cortó el rubio.

Oh, pillado de nuevo. Bueno, tenía que ser sincero.

—Es que no te quiero menti-ir —canturreó—. Nuncaaaa.

Draco no contestó de inmediato, y el silencio se hizo pesado. Uh, ¿habría tomado mal sus palabras? Podría ser. Pero no habían sido con doble intención. ¡No lo habían sido!

—Harry… —Draco murmuró y el pelinegro supo que había dado en el clavo.

—Relájate abuelooo —le dijo Harry con firmeza—. Ponle un poco más de alegría a tu vida. Un poco más de azúcar. Uh, ¿sabes quién está hecho de azúcar? —Hizo una pausa—. Yo. Já.

Draco volvió a reír, relajándose y Harry sintió que ganaba en la vida. ¿Por qué no le habían dicho jamás que lo que le haría experimentar aquel sentimiento de victoria, sería hacer reír a Draco Malfoy?

—¿Estás diciéndome que me haces falta? —bromeó él.

—¿No es obvio? —Harry resopló con un poco de desdén—. Y tú también me haces falta a mí. Cómo… mucha falta. Oye, estoy en mi cama ahora, y hace frío. Yo nunca había tenido frío. Te extraño--

—Harry, creo que debería cortar-- —se apresuró el ojigris al ver hacia donde iba la conversación, pero Harry fue más rápido.

—No, no. No me arrepentiré de esto en la mañana, traaanqui —lo tranquilizó. Si ya le había dicho que lo echaba de menos, esto no era diferente. Se lo dijo—. Además, ya sabesss que te extraño. ¿En qué cambia esto? Te extraño, te extraño, te extraño, te extraño. ¿Ves? El mundo no se acabó.

Draco suspiró temblorosamente, y Harry no sabía si aquello era bueno o era malo. Quería pensar que era bueno. Cambió de posición, mirando el techo (aunque en realidad aún no abría los ojos) y esperó.

—Joder… —Fue lo único que recibió.

Oh. Sonaba raro. ¿Lo habría espantado? Probablemente sí. Dios, estaba borracho. Suponía que no era lindo recibir llamadas a las tantas de la madrugada de alguien ebrio y que se pusiera a decir tantas estupideces. Harry se aclaró la garganta, dispuesto a cortar.

—¿Estás bien? Perdón si te asusté, pero es la verdad. Quizás si sea mejor que me va--

—Lo sé —Draco volvió a interrumpirlo, y el azabache se quedó confundido por unos segundos—. Yo también te extraño.

Ay. Draco también lo extrañaba. Draco-lo-extrañaba. Eso hacía las cosas simples, ¿no?

—Entonnnces veeen.

El ojigris suspiró, hondo, y sintió cómo se revolvía también en su propia cama.

—Me estás haciendo muy difícil esto, Harry —murmuró Draco.

—No lo estoy diciendo de borracho, porque sé que estoy borracho. Poquiiiito. Mira, hice el cuatro. —Mentira, pero tenía que probar su sobriedad de alguna forma, y estaba seguro de que hubiera podido mantener el equilibrio si lo hubiese intentado—. Ojalá lo hubieras visto. No me caí. De verdad te quiero--

—Ya sé que me quieres ahí… —Draco dijo con más resignación que otra cosa, pero Harry frunció el ceño. ¿Por qué le había entendido mal?

—No, no, Draco. Yo te quiero.

Sintió la respiración del rubio atascarse y sonrió para sus adentros. Si le provocaba eso, ¿era una buena señal, no? Él pensaba que sí. Pero Harry pensaba muchas cosas, y no olvidaba que se había tomado muchas cervezas antes de hablarle.

—Harry…

—No, ¿sabes qué…? —le dijo, negándose a escuchar mierda. No le iba a quitar eso—. No me callaré, ¿sabes la verdad? No solo te quiero, Draco. Yo te a--

—Harry, no —lo cortó él con voz firme. Muy firme.

Harry se sorprendió. ¿Por qué le molestaba? ¿Había leído mal las señales? Bueno, un te extraño significaba lo mismo aquí, y en China. No creía que extrañara su super amistad, si no el casi algo que tuvieron. ¿Qué tenía de malo decirle que le quería? ¿Que le amaba? Porque vaya que le amaba. Mucho.

—¿No, qué? No me vayas a decir que no sé lo que sieeeento y esas mierdas, porque sí que lo sé —aseguró Harry—. Hace mucho que lo sé, y hace mucho que quiero decirt--

—No es eso.

Harry casi gritó de frustración frente a la nueva interrupción y arrugó la frente, irritado. Iba a comenzar a enojarse. ¡Él solo quería ser sincero!

—No entiendo —le dijo enfurruñado.

Draco nuevamente se tomó su tiempo para contestar, y el pelinegro comenzó a impacientarse. ¿Por qué demonios las cosas tenían que ser tan difíciles? ¿No podían ser y ya? No era justo. No era jodidamente justo.

—Harry, no nos hagas esto —pidió Draco y Harry tuvo el impulso de poner los ojos en blanco aún con los párpados cerrados.

—Pero queeeee —reclamó.

—Esto —insistió el rubio—. Estamos tan cerca...

—¿De qué?

—De nuestro sueño —dictaminó Draco con ferocidad—. De sueño.

¿Y eso qué tenía que ver?

Harry se quedó callado. Él quería a Draco, y Draco lo quería a él. O bueno, él pensaba que lo quería. De nuevo, podría ser solo su cerebro lleno de alcohol el que pensaba eso. Pero aún así, ¿qué carajos tenía que ver eso con la banda? ¿Acaso pensaba que iban a terminar y que todo se iría a la mierda? Bueno, lo peor que podía pasar ya había pasado, ¿no? Harry sabía que habían escenarios peores, pero no los creía posibles.

Definitivamente no estaba pensando con tanta claridad.

—No lo entiendo… —susurró con honestidad. Draco volvió a suspirar con pesadez.

—Harry… si tú me lo dices--si tú me dices eso, lo dejo todo. —Hizo una pausa, y Harry sintió cómo la sangre dejaba su rostro, y se mareaba. El pulso le iba enloquecidamente rápido, y su estómago se revolvió. ¿Iba a vomitar? Al parecer no, eran solo las mariposas destructoras de esófagos. De todas formas, se quedó quieto, por miedo a ponerse a regurgitar con Draco escuchando todo a través de la línea—. Dejo todo, absolutamente todo. Pararé lo que sea que esté haciendo e iré corriendo, y… y esto solo nos hará sufrir. —Su voz estaba teñida de tristeza, y Harry quería negarlo, pero no podía. No le encontraba sentido a eso, su mente no era capaz de procesarlo—. No puedes hacerme esto, cuando estamos a puertas de cumplir nuestro sueño… Cuando sabes que soy capaz de abandonarlo por ti.

¿Se había muerto? ¿Era eso el cielo?

Sí, sí, muy triste el discurso y todo, pero eso era lo más cercano a una declaración que había obtenido de Draco y no podía dejar ir el sentimiento de alegría que le embargaba.

Draco era capaz de abandonar su sueño por él.

Dios, no se merecía a ese hombre, ya lo sabía. Y no tenía el derecho de decirle esas cosas cuando Harry sentía que ya no podía más de añoranza y que eso solo le hacía sentir que tenía que estar a su lado como fuera. Pero lo aceptó. Respetaría su deseo, al menos por esa noche.

Sonriendo, dio vuelta nuevamente en la cama y se hundió entre las tapas.

—Entonces… —Empezó tentativamente, buscando un tema del que hablar que no involucrara sentimientos—. ¿Sabías qué ya decidí que me voy a comprar lentes de contacto? Bueno, Ron me los va a comparar, ja.

El alivio de Draco fue palpable a través del teléfono, y Harry también se relajó un poco. Se embarcaron en una charla acerca de lentes de contacto, y cómo había llegado a esa decisión. Harry cubrió su curiosidad con dedicación y hablaron hasta que alguno de los dos se durmió. El moreno no sabía cuál fue primero.

Sin embargo, una sola idea se había clavado en su mente.

Daba igual cuánto tiempo pasara, Harry no se rendiría. Ya no.