Cuando Harry se imaginó firmar el contrato de su vida, nunca pensó que sería así.

En su imaginación todos estaban celebrando y escribiendo sus nombres rápidamente en la hoja, mientras que Hermione los esperaba con una botella de champagne que abría inmediatamente luego de firmar, y se embarcaban en una fiesta en la misma habitación donde sus nuevos representantes se les unían y juntos celebraban.

En la realidad, se pasaron horas yendo punto por punto con los abogados de L.W Records, trabajadores de la notaría, sus nuevos representantes de la firma, Hermione, los seis chicos y un abogado que su amiga les había conseguido.

Era un contrato larguísimo, y estaba dividido en cinco partes por persona, considerando que este abarcaba absolutamente todos los aspectos de ellos cómo artistas, y tenía una validez de cinco años. Harry estaba a la mitad presente, y la otra mitad, divagando en sus fantasías sobre cómo sería su vida ahora.

A pesar de lo aburrido del trámite, no podía dejar de sonreír.

Cuando salieron de ahí, no dudaron un solo segundo en que irían a un bar a celebrar, y Draco caminó junto a Harry, riendo de las bromas de sus amigos y con la emoción sin caber dentro de sus pechos. Sus manos se rozaron accidentalmente un par de veces y el azabache le robó varias miradas, pero ninguno comentó nada.

No habían hablado sobre la noche de ebriedad de Harry, ni sobre lo que se dijeron por teléfono, pero el ojiverde quería abordar el tema de una forma u otra, aunque se sentía inseguro de cómo. No quería espantarlo, pero tenía claro que era lo correcto. Al fin y al cabo, no hablar las cosas era lo que les había llevado hasta allí.

—No pareces tú sin tus gafas —susurró Draco al cabo de un rato, con una sonrisa mientras caminaban, aprovechando que estaban a una distancia considerable de sus amigos. Harry lo observó.

—¿Eso es bueno o malo? —contestó, con otra sonrisa.

Blaise les echó una miradita por encima del hombro y le guiñó a Harry, conocedor. Draco frunció el ceño, arrugando la nariz y el azabache le pegó un codazo, para que dejara la actitud borde.

—Sabes que me encantan tus ojos sin nada encima, y que te insistí hasta el cansancio para que te compraras lentes de contacto —dijo Draco, encogiéndose de hombros, cómo si nada. Cómo si Harry no se hubiera ahogado con su saliva al oírlo admitir tan abiertamente aquello—, pero ahora que de verdad te faltan, y te veo todo el tiempo sin ellas, se siente extraño. Tus lentes parecen parte de tu sello.

El moreno soltó una risita.

—Pero si aún tengo lentes, Ron me compró un par nuevo. Los de contacto me los compré yo. Lo que pasa es que no los ando trayendo ya encima los otros —respondió Harry.

Draco le dio un golpecito en el hombro.

—Era demasiado pedir que te deshicieras definitivamente de ese crimen a la moda.

Harry amplió su sonrisa, negando un poco y continuaron su caminata en silencio un par de minutos más. Hermione iba parloteando sin cesar delante, contenta de que le hayan ofrecido un contrato a ella también cómo su manager oficial, mientras el resto la escuchaba. El bar no estaba muy lejos, así que no tardarían mucho en llegar.

Harry no sabía si habría un mejor momento para hablarlo. O cuando volvería a juntar el coraje. Tenía que hacerlo. Tenía que hacerlo ya.

Se aclaró la garganta.

—¿Por qué no me dejaste decirlo? —murmuró de pronto.

Draco dejó de caminar por un milisegundo, cómo si hubiera sido golpeado por algo y el pelinegro estaba seguro de que entendió a qué se refería. Cuál era la real pregunta.

¿Por qué no me dejaste decirte que te amaba?

—Ya te dije Harry. —Se apresuró a responder Draco suavemente, notando su brusca reacción—. Es una posición injusta. Para ti, para mí. Para todos.

Harry soltó un suspiro pesado y hondo, metiéndose las manos a los bolsillos y enfocándose en el pavimento. Lo que sea que se le haya metido en la mente a Draco, no estaba seguro de poder persuadirlo.

—Pero no entiendo… ¿Por qué no podemos…? Ya sabes. Intentar--

—Harry —lo interrumpió él, con severidad—. ¿Recuerdas aquella vez, cuando tuve que ir a una cita con la tal modelo? ¿Recuerdas cómo se sintió para ti?

El moreno conectó sus ojos verdes con los grises por un momento sin saber qué decir, antes de que Ron soltara un quejido en voz bien alta al recibir una palmada en la parte de atrás del cuello de parte de Ginny. Harry se distrajo, y luego, Draco estaba hablando nuevamente.

—Esto será lo mismo. Y será así por los próximos años. Por el resto de nuestra vida. No quiero-- —dijo el rubio, sin mirarlo. El azabache aún no lograba comprenderlo—. No quiero que sufras viendo eso. No quiero sufrir sabiendo que tú y yo jamás podremos volver a hacer cosas normales. Tú… Tú al menos puedes encontrar a alguien. Puedes llegar algún día a tener una relación pública. Y no te quiero arrastrar conmigo. Que tengas que ocultar--

Estaba hablando puras idioteces.

—Draco —lo cortó Harry con una firmeza que no sabía que tenía, buscando su mirada—. No quiero a alguien más. Yo te quiero a ti.

El rubio lo miró a través de sus pestañas, tragando visiblemente; y ahí, donde sus manos se rozaban, Harry tuvo el impulso de entrelazar sus meñiques. Era imperceptible para cualquiera, pero no les era indiferente a ninguno. Draco se atragantó un poco con su saliva, y Harry se sentía cada vez más firme en su posición.

—Harry, no--

—Te entiendo —volvió a interrumpirlo, ante su frente arrugada y la mirada suplicante—. Y si lo que quieres es que me aleje, lo haré. Pero jamás dejaré de quererte. Jamás vendrá nadie después de ti.

Draco exhaló, haciendo que un pequeño vaho saliera de su boca, y el azabache no se perdió ni uno de sus movimientos. Podía sentir el ruido de los autos, y unas pocas miradas de la gente encima de ellos, pero no le importaba. Sus amigos conversaban estrambóticos, totalmente ajenos a lo que Harry y Draco sentían, excepto tal vez, por Blaise y tenía claro que ya estaban llegando al pequeño local donde les servirían alcohol tan temprano durante la tarde.

—No quiero que la pases mal —murmuró finalmente Draco.

Harry cerró los ojos, contando hasta diez y tratando de aguantar las ganas que tenía de darle un beso para tranquilizarlo.

—No por no estar contigo significa que no me va a molestar o doler verte con alguien más —replicó Harry, encogiéndose de hombros. Draco no dijo nada—. Mira, no es necesario que digas nada ahora, o que decidamos algo. Entiendo tu punto, pero... te quiero.

El rubio alzó la mirada nuevamente, luciendo tan jodidamente anhelante que a Harry le dolió el corazón. Era la primera vez que le decía de frente como se sentía hacia él, y era… correcto. Simplemente correcto.

Harry pertenecía a Draco y Draco pertenecía a Harry. Así era el orden de las cosas. Así era como debía de ser.

Los vidrios del local "Las tres escobas" se hicieron presente ante ellos, y sus amigos no dudaron en entrar rápidamente. Harry y Draco se quedaron unos segundos afuera, uno al lado del otro y completamente mudos, hasta que el azabache, en un movimiento atrevido, entrelazó sus dedos rápidamente y le dio un apretón a su mano, hablando sin mirarle.

—Te voy a querer siempre.

•••

Una vez firmado el contrato, el tiempo comenzó a pasar a contrarreloj y no se detuvo.

Si hace unos meses Harry pensaba estar abrumado con tanto trabajo, claramente no tenía idea de lo que era estar bajo una firma y un contrato. Ser un artista profesional. Ya estaban escribiendo el nuevo álbum, que tenía que cumplir estrictamente con los requerimientos de L.W Records y eso lo traía despierto día y noche.

Su equipo se encargó de hacerles publicidad de una forma en la que no había visto jamás de Hermione, aunque su amiga hubiera querido, porque no tenía los medios. Sus nuevos representantes usaron todas sus armas: entrevistas, sorteos de sus discos, merchandising de la banda, conexiones con otros artistas, modelos y actrices, fotografías con ellos, concursos en la radio sobre sus canciones, eventos de firmas dónde tenían que pasarse horas sentados conociendo gente que según eran sus fans, (cosa a la que Harry aún no podía procesar), e incluso, ventas de extractos de sus canciones para usarlos en escenas de películas. Sitios oficiales de la banda, (cerrando el blog). Conciertos. Y mucho, mucho más.

Color Blue era la banda más sonada de todo Londres.

No, Harry estaba siendo demasiado humilde.

Eran la banda más sonada de toda Europa.

De solo pensar en la cara que debía estar poniendo Tom le daban ganas de saltar en un pie. El chico había dicho unas cosas aquí y allá pero ya todo el mundo parecía estar de acuerdo con el hecho de que era nada más que un envidioso y no tenía poder sobre la banda y su éxito. Parecía ayer, cuando con un par de comentarios había desestabilizado casi todo el trabajo que llevaban, o cuando había ido a su departamento molesto por haber sido reemplazado. Ya no había forma de que nada de lo que hiciera les llegara. Ni los rumores acerca de Draco que había sembrado, considerando que su equipo había logrado deshacerlos de forma efectiva, poniendo al rubio a seguir saliendo con Emily en algunas ocasiones (para el descontento de Harry, probando lo que Draco le decía acerca del dolor que pasarían si estuvieran juntos. Aunque al menos no debían hacer más que andar de mano en público para que los relacionaran), hasta que los rumores se disiparon.

Tom era inofensivo, y Harry estaba más que feliz por ello.

Lucius también formó una parte clave en todo el asunto. Con su insistente desaprobación de Draco y de su carrera musical, la gente comenzó a encariñarse aún más con el vocalista de Color Blue y a identificarse con él. Lucius nunca dijo públicamente que aquello le parecía una barbaridad, y tampoco volvió a intentar acercarse a Draco, pero las personas hacían sus suposiciones, y esas suposiciones siempre terminaban poniendo al rubio como el héroe de la historia: un chico que decidió salirse de su camino y seguir sus sueños, teniéndolo todo en contra. Los fans parecían enamorados de él. Absolutamente todos, y Harry no podía estar más contento por ello tampoco.

Además, habían varios rumores acerca de su persona. Era del que menos se sabía, después de todo. Blaise tenía padres famosos que aprovechaban que su hijo estaba teniendo fama para subirse al tren de la victoria y decir que siempre lo apoyaron. Theo no podía callarse acerca de lo feliz que estaba con su madre cuando le preguntaban y el orgullo que sentía por ella, y ella por él. Se reveló que tanto Draco, cómo Zabini y Theodore fueron a la misma escuela privada de niños. Ron y Ginny eran bastante abiertos respecto a su situación familiar e incluso habían fans que comenzaban a identificar a los gemelos y hacerse sus groupies también.

El único que nunca hablaba acerca de su familia, o su pasado, era Harry.

Por supuesto la gente no tardó en averiguar que sus dos padres estaban muertos, y que habían sido luchando por el bien mayor. Que hasta los catorce años vivió con sus tíos y luego fue adoptado legalmente por la familia de Ron y que habían ido junto a Ginny y la novia del pelirrojo a la misma escuela también. Pero Harry no hablaba de eso. Y, tal como dijo Draco hace muchísimo tiempo atrás, al parecer a la gente le gustaba todo ese aura de misterio que traía encima.

Era uno de los más populares también, aunque rara vez lo reconocían por la calle, porque solía ir intercambiando entre sus gafas y sus lentes de contacto para temas de la banda y de su vida cotidiana, junto a cubrir y descubrirse la cicatriz de su frente con el flequillo.

Al parecer, sí se veía bastante distinto con y sin lentes, pero mejor para él. Era otra de las razones por las que aún no necesitaba comenzar a buscar un nuevo edificio para vivir.

Las sesiones con su psicóloga no frenaron. Sin embargo, se vieron disminuidas con todo el trabajo que tenía tras la espalda. De tres sesiones, pasó a una, o dos, si es que realmente tenía el tiempo para ello. A Laura no le causó mucha gracia en un inicio, pero al ver que Harry estaba cumpliendo estrictamente con su medicación y con su promesa de ir al menos una vez, sin importar qué, pareció calmarse. Además, el mismo ojiverde podía sentir los cambios en su vida gracias a la terapia; cómo el peso en sus hombros habían disminuido y su forma de ver el mundo también.

Aún pensaba cosas autodestructivas, habían días en los que no le encontraba el sentido a levantarse de la cama y otros en los que a pesar de sus esfuerzos, el departamento se le hacía insoportablemente pequeño y oscuro. Pero iba para mejor. Había reconocido el problema, había buscado ayuda. Y eso, era un inicio.

Y al final de todo, aunque trataba de relegarlo al lugar más recóndito de su mente, existía una sola verdad.

Extrañaba a Draco.

Joder, cómo le extrañaba.

Las paredes lucían vacías y la casa igual, y a veces, todavía sentía su fantasma en las habitaciones. A veces, no era un consuelo el saber que hablaban cada día por teléfono, o que estaban conscientes de la vida del otro como ni siquiera lo habían estado cuando estaban verdaderamente juntos.

Pero ese sentimiento se veía sobrepasado por todo lo que estaban viviendo.

Su vida de ensueño.

Si Harry miraba hacia atrás, diría que eso era todo lo que siempre había querido: fama, reconocimiento, fiestas, locura. Jamás pensó que a esa ecuación le faltaría alguien. Que ahora jamás dejaría de faltarle alguien.

Trataba de no pensar en lo injusto que era, que Ginny y Theo se la pasaran volviendo y terminando, y que nadie pestañeara en su dirección, pero que él no pudiera tomar la mano de Draco en público porque sería considerado un ultraje. No era justo. No lo era. Al menos, se consolaba sabiendo que estaba viviendo su sueño.

Que nada sería mejor que eso.

Pero, de nuevo, a él nadie le había prometido que la vida sería justa, o que las cosas siempre son lo que parecen.

•••

Marzo y Abril pasaron en un borrón. Un borrón de mucha, mucha publicidad, y oportunidades.

Hermione no había querido contarles mucho, (¿cuándo lo había hecho?), pero al parecer, los estaban preparando para algo grande, algo que se vendría en algún mes del verano. Y Harry solo podía imaginarse una cosa, y para ello, necesitaban hacerse lo suficientemente famosos para que el costo de irse de gira valiera la pena.

Harry ni siquiera se dio cuenta de que llevaba seis meses sin estar junto a Draco cuando comenzó a sacar la cuenta de cuánto faltaba para su cumpleaños.

Seis meses.

Seis meses sin enterrar su nariz en su cuello. Seis meses sin acariciar su cabello. Seis meses sin dormir a su lado. Seis meses sin abrazarlo. Seis meses sin besarlo. Seis meses sin tomar desayuno con él. Seis meses sin hacerle el amor. Seis meses sin compartir duchas. Seis meses sin reír a su lado. Seis meses sin sentarse juntos en el sillón a ver una película, tapados por una manta y pegados al otro como si la vida se les fuera en ello.

Seis meses sin él.

Poco a poco, el consuelo que había tenido en un inicio, ya no era suficiente. De hecho, solo le estaba haciendo peor.

El trabajo cada día se hacía más pesado, y en lo único en que Harry podía pensar era que, si Draco estuviera a su lado al final del día, todo sería más fácil.

Mayo pasó en un sobrecargo de responsabilidades que él no se esperaba. El disco fue grabado en tres días, en los cuales Harry apenas pudo dormir doce horas en total y para cuando salió, se agotó en menos de una semana, llegando a los primeros puestos de casi todos los rankings en menos de dos.

Harry no sabía cómo estaba pasando, pero estaba pasando.

Durante ese transcurso, fue seguido varias veces a casa, fue llenado de cartas de chicas que alegaban llevar niños en el vientre que eran de él y también fue fotografiado en casi cada lugar al que salió, cuando lo pillaban con sus lentes de contacto puestos, y la cicatriz al aire.

Incluso, recibió una pequeña nota que fue la única alegría que tuvo durante ese tiempo.

Hey, ojos verdes.

Siento que esto pueda parecer un poco creepy, pero te juro que no es tan difícil conseguir tus datos si buscas bien, deberías checar eso.

Solo escribía para felicitarte por tu nuevo éxito. Cuando te conocí jamás imaginé que te vería por la televisión o te escucharía en la radio, pero me puedo declarar un gran fan de ti y de tu amigo. Te prometo, que me siento muy contento por ti.

El motivo de esta nota es para que tengas la seguridad de que yo jamás diré nada acerca de las veces que nos vimos. Tienes mi palabra. No quiero fama, ni necesito dinero. Además, en este mundo necesitamos apoyarnos y ayudarnos en vez de clavarnos la puñalada por la

espalda.

Descuida. Lo único que espero, es que puedas ser feliz. Yo ya lo soy.

Cuídate.

Matt

PD: ¡dile a tu amigo que canta genial! Saludos para él también.

Harry había sonreído al leer su pequeña carta y su letra tan correcta y chiquita. Y también se había preocupado un poco al saber lo fácil que era encontrar su dirección, cosa que informó rápidamente a sus representantes para que lo ayudaran a corregirlo. Pero no le entregó paz, porque Harry había sabido desde un principio que Matt no sería capaz de traicionarle. No parecía en lo absoluto ese tipo de persona.

Cuando le mostró la nota a Draco un día de ensayo, recordaba haberlo visto fruncir el ceño y chasquear la lengua de forma despectiva, pero sabía que eso que era una tranquilidad para él.

•••

El tiempo siguió pasando, y para mediados de Mayo, nuevamente las cosas que Draco le había dicho le regresaron en la cara.

Aparentemente, había una nueva banda de la misma empresa en la que ellos estaban que comenzaba a hacerse conocida también, y considerando que Theo y Ginny tenían su propia historia a los ojos del público, que Ron era novio de su manager, y que Blaise le servía a la banda como la figura de chico rompecorazones, rebelde y libre, las únicas opciones que les quedaban a L.W Records eran Draco y él, para que salieran con la vocalista del otro grupo.

Pero, por alguna razón, creyeron que el rubio era la mejor idea.

¿Los dos vocalistas de dos grupos que estaban siendo exitosos, ambos rubios y adorados por el público? Era una buena historia.

Sin embargo, eso no le sentaba bien a Harry. No le sentaba bien en lo absoluto.

Esto no era como las otras veces. No eran citas ocasionales. Esto era fingir una relación a largo plazo. Y no podían hacerle eso a Draco. No después de que tuvo que aparentar durante toda su adolescencia a causa de Lucius.

Por eso, cuando se lo estaban comunicando a todos en un tono más o menos casual, intervino.

—No creo que sea una buena idea —les dijo, en tono aburrido.

Los dos pares de ojos de Robert, -un hombre de cabello negro y piel tan oscura como la suya propia, y ojos cafés y vacíos-, y Josh -un tipo calvo, delgado y alto de nariz aguileña y expresión seria-, estuvieron de inmediato encima de él.

—¿Y eso por qué sería, Potter? —preguntó de vuelta Josh, con voz grave.

Podía sentir la intensa mirada de Draco en él, pero no le devolvió la vista. No había forma de que le convenciera que no estaba haciendo lo correcto. El resto de sus amigos también le miraban, pero con mucha más curiosidad que algo más, lo sentía.

—Draco ya tiene una historia con Emily, ¿no? —siguió, cómo si no le afectara y no tuviera un nudo en la garganta al pensarlo—. Y el público los adora. Creo que se ganaría más antipatía que algo más si de pronto comienza a salir con otra chica, cuando se supone que él y Emily tenían algo desde hace más de un año atrás.

Robert comenzó a asentir, meditando sus palabras, y el resto parecía encontrarle sentido a lo que estaba diciendo, pero Josh tenía sus ojos celestes clavados en él, cómo si quisiera leerlo. Harry no le dio en el gusto, manteniendo su semblante tan serio cómo podía.

—¿Y qué sugieres? —cuestionó Robert con el ceño fruncido.

Harry tomó una honda respiración.

—Creo que yo debería salir con esa chica.

Sintió de inmediato el murmullo de sus compañeros ante esas palabras, siendo que Harry hacía un buen tiempo que no le interesaba nadie. O las chicas, si era específico. La cara de Robert se curvó en una sonrisa, cómo si creyera descubrir el porqué de la intervención de Harry. Seguramente pensando que se debían a envidia, o que deseaba un poco de atención sobre él; pero no podía estar más lejos de lo correcto. Josh continuaba serio, aunque se notaba que también le encontraba sentido a sus palabras.

No se atrevía a mirar a Draco.

Sabía que quería protestar, sabía que sus ojos grises no se despegaban de su persona. Sabía que estaba ardiendo en rabia, al Harry querer salvarlo. Pero no le importaba. Tenía claro que para Draco, la situación habría sido peor. Habría sido horrible.

—Bien. —Asintió Josh, y los hombros de Harry se relajaron de inmediato, haciéndolo soltar un suspiro—. Tendrás una cita mañana mismo con Daphne y se encargarán de que el mundo sepa que son pareja. Y bueno, deberán hacer exactamente lo mismo que iba a hacer el chico Malfoy. Salir una vez al mes, dedicarle canciones, tener…

Pero Harry había dejado de escucharlo. Se reclinó en el asiento, permitiéndose por fin desviar la mirada hasta el rubio y quedarse allí.

La expresión en la cara de Draco era indescifrable.

Su rostro estaba sereno, cómo siempre, pero en sus orbes grises había un montón de emociones que Harry poco a poco había aprendido a conocer. Rabia, tristeza, añoranza, agradecimiento. Harry le devolvió la mirada con la misma intensidad, y el impulso de levantarse a abrazarlo fue tan fuerte que llegó a ponerse de pie, olvidando que estaban rodeados de personas. No fue hasta que se dio cuenta que toda la atención de la gente de la sala estaba encima de él que notó lo que había hecho, excusándose torpemente para poder servirse agua.

Ese día, Draco no contestó a su llamada.

La cita fue de maravilla. La chica era realmente simpática, y entendía que su supuesta relación no era más que publicidad para sus respectivas bandas, por muy distinta que fuera la música. Daphne se rió de todos sus chistes y para Harry no fue todo un suplicio tener que besarla al final frente a los paparazzi para sellar el hecho de que al ojo de todo el mundo, estaban juntos.

Y aún así, sentía que se rompía un poco por dentro al saber que ese beso nunca podría ser con Draco.

Las revistas y los programas de chismes no se hicieron esperar, y en menos de dos días, ya eran la pareja de moda, justo después de Draco y Emily, quienes supuestamente eran muy discretos por la ocupada carrera de la modelo. La gente adoraba ver a Harry en pareja, adoraba que fuera una chica como Daphne que según los medios era alegre y divertida, mientras él era callado, sereno y misterioso. Estaban llenos de club de fans que anhelaban un amor como ellos, y aunque no se molestó en leer la historia que sus representantes le habían escrito detrás, a juzgar por los correos y las pocas cartas que recibió, era creíble y totalmente romántica.

A él solo le daban ganas de vomitar cada vez que pensaba en ello.

No fue hasta una semana y media después que Draco lo confrontó al fin. Harry apenas tenía tiempo para sí mismo, con sus sesiones de terapia, las cosas de la banda, los reporteros que no lo dejaban en paz y la gente que lo reconocía en la calle, (haciéndole querer por unos momentos que su vida volviera a ser lo que era). Así que no fue hasta allí que al fin pudo tener una conversación decente con el rubio.

Antes de salir al escenario de uno de sus conciertos.

—Chicos…

Harry levantó la cabeza desde su lugar, acomodando los últimos detalles de sus prendas y su cabello. Hermione tenía la cabeza asomada por la puerta y lo miraba a él. Aunque había dicho "chicos".

Draco y él eran los únicos que quedaban en el vestuario.

—Salimos en quince--

—Hermione. —La ronca voz de Draco llamó su atención y Harry se sentía incapaz de despegar la mirada de él. Se veía tan condenadamente guapo, con sus pantalones rotos y su camiseta pegada al cuerpo—. Necesito que me des cinco minutos, por favor. Necesito hablar algo con Harry.

¿Qué?

El azabache parpadeó un par de veces, confundido, y ahora Hermione parecía más perspicaz también. Paseó su mirada de uno al otro un par de veces, para luego asentir rígidamente. Harry tragó en seco, sin saber qué se venía.

—Cinco minutos —dijo con dureza, antes de darles otra mirada por encima del hombro y cerrar la puerta tras de sí.

Harry comenzó a removerse nervioso en su lugar mientras veía cómo se acercaba el rubio.

—No vuelvas a hacer eso —le espetó él con fiereza, una vez que estuvo delante, sin ningún tipo de preámbulo. Harry parpadeó, perdido—. No vuelvas…

—¿Hacer qué? —preguntó él con la garganta seca. Desde esa distancia, podía sentir su aroma.

Qué fácil sería tomarlo de la camisa y darle un beso. Y morderle el cuello. Y follarmelo contra el espejo.

—Ofrecerte en mi lugar. Andar por ahí creyendo que va a ser mejor para mí sí tú vas a una puta cita en vez de--

—Es mejor para ti —le interrumpió Harry, frunciendo el ceño—. ¿Es que no lo ves? Esto significaba que tenías que mantener una relación a largo pla--

—¡Sé lo que significaba! —exclamó Draco, haciéndolo callar. Harry se quedó muy quieto, sin esperarse el exabrupto. El rubio comenzó a respirar agitadamente y sus manos estaban formando puños. Cerró los ojos, y pareció contar hasta diez. Harry no sabía muy bien cómo reaccionar—. Sé lo que significaba, y no quiero que te metas--

El moreno negó vehementemente con la cabeza.

—No voy a dejar que te hagas esto. Que te hagan esto. Ese trato te iba a terminar destruyendo…

—¡¿Y crees que es mejor para mí verte a ti haciéndolo?! —volvió a interrumpirle Draco, con una nota de desesperación en la voz. Dio un paso hacia Harry, tomándolo de las solapas de la chaqueta—. ¿Crees que es más fácil para mí, verte besando a una chica, sabiendo que te gustan? ¿Crees que es pan comido quedarme en mi casa, sabiendo que estás con otra persona? ¿Que podrías llegar a enamorarte de ella?

Harry no podía creer que prefería sentirse miserable él mismo, que prefería sentirlo en carne propia, antes de verle al ojiverde hacerlo. Lo miró con intensidad, y luego agarró los costados de su rostro con fuerza, obligándole a mirarle. Sus ojos grises estaban con su usual cuota de delineador y su cabello era un lío, de esos de los que Draco no se cansaba de quejarse de él.

—Escúchame bien, Draco —le siseó por lo bajo—. Jamás. Jamás podría enamorarme de alguien que no seas tú. Si estuve allí, fue porque no soportaba la idea de tener que someterte a ti a una esclavitud cada mes. Así… así eres libre. Emily solo te ve cuando es extremadamente necesario. Esto te iba a matar. Yo lo sé y tú lo sabes y…

—Basta —susurró Draco, cerrando los ojos.

—… y sabes que--sabes que si la situación fuera al revés, tú lo habrías hecho también. De hecho, quieres sacrificarte porque duele. Sé que duele. Te dije que el estar separados no cambia nada, te dije--

No pudo seguir, porque de pronto los dulces labios del rubio estaban encima de los suyos.

Harry se quedó paralizado en su lugar un segundo, pero no tardó absolutamente nada en corresponder. Se aferró con fuerza a su rostro, sintiendo que si lo soltaba en cualquier momento Draco se iba a desvanecer frente a sus ojos, y trató de procesar que aquello era real. Que estaba pasando. Que luego de tanto tiempo, ambos estaban ahí, y se estaban besando, y el sentimiento seguía intacto y... Oh Dios. ¿Eso era el cielo?

El beso era posesivo, y demandante, y Harry estaba complacido por ello. Si Draco quería reclamarlo como suyo, adelante. Él ya lo era.

El moreno medio abrió su boca, para darle todo el acceso necesario, y Draco no perdió el tiempo, pasó su lengua por el borde de sus labios y luego tocó su lengua, haciendo que escalofríos le recorrieran toda la espina dorsal. Harry había olvidado cómo se sentía el aro de su labio chocando contra los propios, o cómo era que un simple choque de lenguas hacía que sus piernas se volvieran gelatina en menos de dos segundos. Draco hizo un ruidito necesitado sin dejar de besarlo y Harry no quería que acabara. No quería dejar de sentirlo, de tenerlo tan cerca, no quería que…

Se quedaron sin aire.

Harry se despegó solo un centímetro, y no se atrevió a abrir los ojos, por miedo a romper el momento. Draco le imitó, aflojando el agarre de sus ropas y apoyando su frente en la del pelinegro. Y así estuvieron por unos segundos, tratando de que sus cerebros bajaran de la nube.

Harry no podía dejarlo ir. No podía dejarlo escapar. Estar con él era estar en la gloria y Dios, siete meses lejos era demasiado horrible para su sistema.

No podía imaginarse lo que sería toda una vida.

—Aún lo hago —dijo Harry sin pensar, de forma temblorosa, descubriendo que su voz se quebraba a mitad de la frase, y a sabiendas que Draco le había vetado de decir la palabra "amor".

Sintió cómo el ojigris respiraba encima de su boca, y luego, unos brazos le estaban rodeando la cintura, una cabeza estaba enterrándose en su pecho y el nudo de lágrimas, ese que se había hecho tan familiar desde que Draco se había ido, volvía a instalarse en su garganta. Harry lo rodeó casi de inmediato, apretándolo tan, tan fuerte, que esperaba que solo con ese abrazo pudieran arreglarse todas las cosas.

Esto era lo que tanto había esperado. Lo que tanto había imaginado. Volver a tenerlo en sus brazos y no soltarlo nunca más.

¿Acaso era demasiado pedir que eso sucediera?

—Y yo a ti —respondió Draco, con el sonido de su voz siendo amortiguado por la ropa.

Su corazón comenzó a latir con fuerza en su pecho, y la alegría, la felicidad que venía con una declaración así, se vio rápidamente ensombrecida por todo lo que estaba pasando.

En respuesta, lo apretó incluso más fuerte.

Y ninguno de los dos necesitaba que aclarara a qué se referían.

•••

El anuncio que Harry estaba esperando, llegó una semana después de eso.

No tuvo oportunidad de hablar con Draco acerca del beso, y lo que había pasado tras bambalinas, y mucho menos la tuvo luego, por el anuncio que sus representantes les hicieron:

Se irían las últimas dos semanas de Agosto de tour por Europa, y debían comenzar a prepararse ya.

Así que su día a día durante una semana y media fue básicamente comer, escribir y respirar la música y las canciones que ya tenían y preparar una nueva e inédita. Estaban felices, sí, pero también agotados.

Hermione, al notar esto, negoció un poco y les comunicó que tenían la primera semana de Junio libre, así que no lo arruinaran, y todo se tiraron encima de ella instantáneamente a darle las gracias. Harry no podía estar más feliz. Una semana de libertad significaba poder dormir hasta tarde, y no tener que preocuparse de nada más. Sabiendo que de ahí hasta final de año ya no pararían más.

Podía decir que el resto compartía exactamente el mismo sentimiento.

Así que se limitaron a trabajar duro hasta que llegara el tan ansiado receso, cosa de que sus representantes no tuvieran una sola duda de que se lo merecían. Harry básicamente estaba viviendo de café y ojeras, y sus compañeros no se veían mucho mejor. Pero valía la pena. Si eso les hacía llegar a tocar las estrellas, valía la pena.

O eso trataba de decirse a sí mismo.

•••

El día primero de Junio del año 2001 a las cinco de la mañana exactamente, unos golpes despertaron a Harry de sopetón.

Parecía que querían tirar el piso abajo con tal de que le abriera.

En un inicio, el moreno creía que había estado soñando, pero al ver que los golpes no se iban incluso luego de ir al baño, se dijo que eso estaba pasando realmente, que algún lunático quería verlo si o si a esa hora de la madrugada.

Atontado y aún mitad dormido, se dirigió a la puerta con nada más que la parte de abajo de su pijama puesto. Se pasó una mano por la cara, y sin pensarlo mucho, lA abrió.

El puño del hombre frente a él quedó suspendido en el aire, mientras Harry daba un paso hacia atrás, sorprendido. Pestañeando y con el corazón en la boca del estómago, apretó el borde de la puerta hasta que sus nudillos se volvieron blancos y entrecerró los ojos.

—¿Draco…?

El rubio lucía totalmente nervioso. Su cabello estaba hecho un maravilloso desastre, y mordía su labio hasta el punto en que Harry creyó ver que lo había hecho sangrar. Traía una vestimenta casual, y sus ojitos hermosos brillaban como hace bastante tiempo no los veía. Harry tragó en seco, queriendo abalanzarse sobre él y plantarle un beso que recompensara el tiempo perdido.

Draco también lo escaneó de arriba a abajo, con una pequeña sonrisa juguetona y con sus pupilas dilatándose por un momento.

—Veo que aún no aprendes a mirar antes de abrir —le dijo algo burlón, aunque la voz le tembló.

Harry comenzaba a ponerse caliente, con la erección mañanera apretando sus pantalones al tenerlo tan cerca, a pesar de que el rubio estuviera abrigado por lo temprano que era. Muy caliente.

Pero más que eso, estaba también demasiado confundido.

—¿Qué haces aquí?

Harry volvió a pasar sus ojos por todo su cuerpo y--

Draco traía una maleta.

¿Por qué carajos Draco traía una maleta consigo?

Sintió cómo si le hubiesen echado un vaso de agua fría para despertarlo, y su mente comenzó a maquinar instantáneamente. ¿Se iría de viaje, y quería venir a despedirse de él? Era lógico. Todos en la banda estaban de viaje en ese momento con amigos o familiares. ¿Querría venir a comunicárselo en persona? ¿Quería venir a tocar el tema que les faltaba por hablar? Era un poco temprano para eso. Harry volvió a parpadear un par de veces, pensando.

¿No querría irse de la banda, cierto?

¡¿Cierto?!

—¿Puedo pasar? —preguntó Draco, tímido, cómo si pudiera ver la línea de pensamientos por las que se estaba yendo Harry.

El moreno asintió, y abrió la puerta más amplio para que pudiera pasar, haciéndose a un lado. Draco lo hizo sin pensarlo dos veces, deteniéndose una cantidad razonable de tiempo para pararse al inicio del apartamento y darle una mirada a su alrededor, sus ojos posándose sobre la encimera de la cocina un poco más, haciendo que Harry se diera cuenta de algo.

Esa era la primera vez que Draco volvía allí desde esa noche.

El azabache cerró la puerta, comenzando a juguetear nerviosamente con sus dedos. ¿Estaría recordando momentos felices? ¿O estaría pensando que se arrepentía de haber ido allí, hace más de un año atrás? ¿Que se habrían ahorrado toneladas de sufrimiento de ser así? Harry no podía culparlo. Es más--

Pensamientos autodestructivos.

Sacudió la cabeza, dando un paso tentativo hacia él.

—¿Sucede algo? —murmuró.

Draco dio un pequeño respingo, y se giró en su dirección, poniendo una sonrisa un tanto forzada, que pronto se transformó en una mueca.

—Sabes que luego del tour todo va a cambiar, ¿no? Ya no solo será Europa —dijo, en voz baja—. Ahora será el mundo entero...

Harry decidió ponerse a unos pasos de él, sin estar muy seguro de que era capaz de hacer si lo tenía tan a su alcance como en ese momento. Dónde podía oler su perfume y extender la mano para atrapar un mechón de cabello que caía por su frente.

—¿Sí…? —replicó, dudoso—. Eso no explica qué está pasando, o qué estás haciendo aquí a esta hora.

Draco suspiró, soltando al fin la maleta que traía y acortando nuevamente la distancia. De repente, el rubio estaba frente a él, con una mirada totalmente dubitativa y pareciendo un pez fuera del agua. Cómo si lo que estaba haciendo definitivamente no era algo que estuviera acostumbrado a hacer.

—Empaca, Harry.

Harry estaba seguro de haber oído mal.

—¿Qué?

Draco avanzó de nuevo, y tomó su cara, tal y como el pelinegro lo había hecho ese día del concierto, semanas atrás. Sus ojos se conectaron y esa electricidad que él y solo él le transmitía volvió a recorrer su cuerpo. Harry pasó saliva, y Draco suspiró temblorosamente.

—Nos vamos a Nueva York.

AAAAH AL FIN SE VIENE LA ESCENA POR LA QUE EMPECÉ ESTE FIC!

Siento que no haya tanta acción en este capítulo, pero es lo que yo llamaría "caps de transición". Y, además, no quiero que el fic se me vaya tan rápido, es mi bebé *llora*

En fin, espero que disfruten el próximo capítulo tanto cómo yo, considerando que estará situado en NY!