Harry se despertó al otro día con un ardor en la cadera y la cabeza dándole vueltas.

No iba a volver a tomar en la vida.

Por supuesto, siempre decía lo mismo.

Se removió en la cama, sintiendo otro cuerpo pegado a él y pestañeó un par de veces, viendo el rostro dormido de Draco y un hilillo de saliva recorriendo su barbilla. Harry sonrió, alzando la mano para despejar un poco su rostro de los mechones de cabello rebeldes que estaban ahí y suspiró.

¿En qué mundo Draco creyó que había sido una buena idea tener dos camas y no una sola de dos plazas? No lo comprendía.

A medida que inhalaba profundo y su estómago gruñía, recordó lo que había pasado en la noche y botó el aire que se había juntado repentinamente en sus pulmones, mientras levantaba las tapas y miraba su cadera.

Su cadera con el nombre de Draco en ella.

Harry pasó su dedo encima del parche del tatuaje, y con cuidado, se levantó hacia el baño para poder mirarlo mejor, con el corazón latiendo a mil por hora. ¿Qué haría si alguien lo descubriera? ¿Qué diría? Era peligroso tenerlo.

Y sin embargo, el solo pensar en taparlo se sentía incorrecto.

La letra de Draco, elegante y estilizada estaba allí. Harry la había visto tantas veces. Y ahora estaba en su piel. Era un tatuaje pequeño -no más de ocho centímetros-, pero aún así para él se sentía más grande aún. Era como la prueba física de que todo lo que había sucedido entre ellos había sido tangible y real.

Se mordió el labio, repasando una vez más el relieve con sus dedos. ¿Qué pensaría Draco una vez que despertara y recordara la noche anterior? Suspirando, decidió darse una ducha corta para así poder ir a buscarles un poco de desayuno. Aún no sabía cómo funcionaba eso de servicio al cuarto.

Una vez listo, volvió al dormitorio con solo una toalla en la cintura, secándose el cabello con otra. Se acercó a su equipaje, tratando de hacer el menor ruido posible, cuando sintió las tapas revolverse, y de reojo, vio cómo un cuerpo delgado se sentaba encima de la cama. Harry se enderezó.

—Estás despierto —dijo, con una sonrisa comenzando a crecer en sus labios ante los ojos medio cerrados del chico—. ¿Cómo dormiste?

Draco no contestó su pregunta. En cambio, parpadeó un par de veces, cómo si estuviera confundido, y se limpió los ojos. Miró a cada lado, y cuando los recuerdos de la noche anterior volvieron a su cerebro, levantó las cubiertas para mirar bajo las sábanas con los ojos ahora extremadamente abiertos.

Fue ahí que soltó un largo quejido, se tapó la cara con las manos, y se dejó caer nuevamente hasta el colchón. Harry se acercó, riendo.

—No puedo creer lo idiota que soy —dijo Draco, con la voz amortiguada por sus dedos.

El azabache se sentó en la cama, con una sonrisa, y le sacó la mano de encima. Draco le miró con el ceño fruncido, pero no estaba verdaderamente molesto. No con él al menos.

—Ni yo.

Draco volvió a quejarse como un niño pequeño, y cuando Harry vio que estaba intentando sacar la almohada de atrás de su cabeza para poder tirarsela, el ojiverde fue más rápido, inclinándose hasta él, tomando su barbilla y plantando un suave beso de buenos días en sus labios. Sabía a alcohol y sueño.

—Debo oler horrible —murmuró Draco, algo atontado, encima de su cara.

Harry fingió estar asqueado y arrugó la nariz, asintiendo, aún sin soltar su barbilla.

—Así es.

El rubio abrió la boca, ofendido, y le dio un empujón sin fuerza. Harry volvió a reírse en su cara y a besarlo. Una y otra y otra vez. Hasta que la tensión desapareció del cuerpo de Draco y comenzó a recibir sus besos de una forma más abierta. Bueno, al menos la reacción podría haber sido peor

—Ya, Harry —dijo, haciéndose a un lado, por lo que Harry comenzó a besar su mejilla entonces—. ¡Basta! Qué asco.

Harry entonces se separó, dejando un casto y último beso en su frente y levantándose. Draco lo recorrió con la mirada, deteniéndose en el borde de la toalla con ojos hambrientos. Harry alzó una ceja, y el rubio se la devolvió, retador.

—Llorón —replicó el moreno finalmente, pero ya había visto su mirada y maldita sea sí la iba a dejar pasar.

Luego de vestirse y dejar a Draco en la ducha, Harry se encaminó a buscarles el desayuno y a preguntar cómo carajos se ocupaba el servicio a la habitación. Un empleado le dijo que no se preocupara, que pidiera y él se lo llevaría al cuarto donde se estaba hospedando. El ojiverde pidió el menú del día del desayuno (si es que eso significaba algo) y volvió a la pieza, para encontrarse al rubio perfectamente vestido y sonriente, abrochando el último botón de su camisa.

—Dijeron que nos traerán la comida —comentó Harry, acercándose silenciosamente a su espalda, y hablando en su oído para hacer notar su presencia. Draco asintió, como si no le afectara.

—Me parece.

El moreno envolvió al hombre en sus brazos, dejando reposar su cabeza en su hombro. Draco se reclinó hacia él, pegando completamente la espalda en el pecho ajeno. Harry dejó un pequeño beso dulce en su nuca, viendo cómo los vellos de allí se erizaban ante el contacto mientras tomaba una respiración profunda.

—Harry…

—¿Mmm?

Harry intentó ladear la cabeza para poder ver la cara de Draco pero este se lo impidió, y se mantuvieron en la misma posición anterior. El pelinegro frunció el ceño, pero no siguió insistiendo. Lo oyó tomar otra respiración profunda.

—Tengo que preguntar… —comenzó él, y aunque su voz sonaba tersa y tranquila, Harry podía sentirlo nervioso—. Y quiero decir, no puedo culparte, pero, bueno--dado lo que pasó ayer…

Eso activó sus alarmas. ¿Qué había pasado ayer? ¿El tatuaje? ¿Las mamadas? ¿Dormir juntos? No le estaba gustando esa conversación. Quería decir algo, pero esperó a que continuara, en silencio.

—Uhm… Harry, tú--¿Has estado con alguien más?

El moreno dejó de abrazar a Draco por atrás y lo tomó del brazo, poniéndose a su lado. El rubio se resistió en un principio, mirando tercamente hacia adelante, pero Harry volvió a tirarlo, y pronto le estaba mirando a la cara. Draco tenía una expresión tan triste y resignada, que a Harry se le rompió un poquito el corazón, y su primera reacción instintiva fue inclinarse para darle un beso y quitarle esa expresión del rostro.

Draco se dejó hacer de inmediato, y sintió cómo se relajaba en aquel contacto. Harry lo atrajo hacia él, hasta quedar lo más pegados posible, y una vez que se separó, lo miró a los ojos, acariciando su mejilla. El rubio aún esperaba una respuesta.

—No puede venir nadie después de ti, Draco.

Harry estaba siendo completamente sincero. ¿Para qué quería acostarse con alguien más, si la única persona que deseaba, estaba frente a él? No tenía sentido. Hubo un tiempo en el que follaba por follar, lo admitía, pero eso era antes de amar a Draco. No entendía cómo podría meterse con otra persona, cuando no quería. Quizá eso le funcionaba a otra gente, pero a él no. Así no funcionaban las cosas para Harry.

La mirada del rubio cambió, y le dedicó una sonrisa dulce y reservada, mientras enterraba los dedos en su cabello caótico.

—Bueno... —dijo Draco, por lo bajo—. Para mí tampoco.

Y Harry le creía.

Su primer instinto fue dudar, pero Draco no le mentiría. No le ocultaría cosas. Habían aprendido la lección. O él quería pensar que la habían aprendido.

Un toque en la puerta los hizo despertar a ambos de su ensoñación, y Harry dio un paso atrás, tomando su mano.

—Ven. Vamos a desayunar.

La comida no fue nada de otro mundo, aunque sí más sustanciosa que cualquiera que hubieran comido en su apartamento. Además, que allí, Harry se sentía libre de besar a Draco, hacerlo reír y mandarle miradas cómplices cuando quisiera, sin cortarse. En Londres, había tanto miedo entre ambos, tanta desconfianza e incertidumbre, que hasta el rozarse las manos en un momento "indebido" podría haberse considerado el final de su no-relación.

Una vez que terminaron, Draco le dijo que lo llevaría de cita a un lugar bonito, y si el estómago de Harry se agitó ante el uso de la palabra "cita", nadie tenía porqué saberlo.

Se quitaron ambos sus aros, -Harry el de la nariz, Draco el del labio-, y usaron lentes de sol junto a ropa que no ocuparía ni por si acaso en Londres -cortesía del rubio-, aunque, nuevamente, no era necesario. Literalmente nadie les prestaba atención. Nueva York estaba lleno, y cada persona pasaba en su propio mundo, sin mirarse realmente a la cara. El miedo de Harry de que alguien los reconociera o les dijera algo por sus manos tomadas desaparecía cada vez más con el paso de los días.

Comieron en un restaurante bonito, comida mexicana, y Harry intentó hacer demostración de los pocos modales que conocía de etiqueta, lo que hizo reír a Draco. Era un poco curioso el pensar cómo, cuando vivían juntos, el ojigris comía como una persona normal, al punto en que Harry podía olvidar cuáles eran sus orígenes. Pero allí, recordaba que para eso lo habían entrenado toda la vida. Para asistir a cenas con gente importante, comer comida lujosa y tener una esposa elegante. Draco sabía el uso de todas las cosas que había encima de la mesa, e incluso sabía español. El almuerzo pasó entre lecciones de etiqueta y lenguaje. Harry al final del día al menos sabía saludar y despedirse en otro idioma.

El resto de la tarde se la pasaron nada más que en el Central Park, el único lugar que el azabache realmente conocía de Nueva York. Era agradable y verde, y también había demasiada gente. Dieron un paseo, y luego se recostaron sobre una manta que Draco había llevado, para mirar el cielo, además de burlarse de las nubes y el ruido. Harry se encontró pensando, todo el tiempo, acerca de la vez que hicieron algo similar para su cumpleaños, y no disfrutó nada.

No, porque se la había pasado pensando en que lo iba a perder. En que deseaba que todo fuera para siempre. En vez de disfrutarlo, de agradecer el presente, se angustiaba, y empujaba lejos al chico.

Probablemente Draco había hecho lo mismo.

Aquella noche llegaron y volvieron a tomarse las cosas lento. Harry besó cada parte disponible que tenía de Draco, y Draco lo imitó.

Nuevamente durmieron en la misma cama.

•••

Despertar adolorido ya se estaba haciendo una costumbre para Harry.

Aquel día se ducharon juntos, como en los viejos tiempos, desayunaron en la cama, y luego de un par de mimos y caricias, Draco dijo que almorzarían en la calle. Harry no le creyó al inicio, (realmente, cualquiera que conociera a Draco de verdad, no lo creería capaz de comer en un puesto ambulante), pero cuando lo vio comprando una pizza en un puesto a un lado de la acera, cerca del Time Square, Harry tuvo que hacerle caso a lo que estaba viendo. Aunque se viera totalmente extraño. Gracioso. Cómo un pez fuera del agua.

Aquella tarde también fue excepcionalmente buena, solo ellos caminando por Manhattan mientras el rubio aportaba datos históricos de la ciudad que Harry no conocía ni por si acaso. Y para cuando se acercaba el ocaso, Draco le propuso subir el Empire State. El pelinegro accedió de inmediato.

Fue el ojigris quien se encargó de los detalles técnicos del pago y las tarjetas de no sé qué. Harry solo lo siguió. Tuvieron que subir escaleras mecánicas, ascensores, ponerse en fila para esperar su turno, e incluso continuar subiendo aún más escaleras hasta llegar al piso ochenta de la torre, donde estaba el mirador.

Para cuando estuvieron allí, casi no quedaban rastros de luz natural en el horizonte, y las luces de la ciudad comenzaban a encenderse. Estaba lleno, más lleno de lo que Harry pensaba, por lo que si cuando caminaban por los cuatro lados de la torre, el moreno se pegaba a Draco, nadie lo notaba. Sobre todo cuando oscureció totalmente, y lo único que iluminaba el mirador eran las luces de Nueva York.

Hacía frío en la azotea, y aprovechando la oscuridad, Harry se abrazó a Draco a un lado de una de las barandas, y juntos miraron el paisaje. Era extraño, y a la misma vez reconfortante, ese anonimato.

No es como si fueran ultra famosos, o mega reconocidos, pero en Londres Harry no podía tomar a Draco de la mano.

No podía abrazarlo, y apoyar la mejilla en su pecho mientras disfrutaban de una cita, como personas comunes y corrientes. Por un momento, cuando Harry se ponía de puntitas y depositaba un casto y disimulado beso en los labios de Draco, podía pretender que no eran ellos.

Que eran dos extraños y que esa era su vida. Que todo no cambiaría una vez que volvieran a Inglaterra.

Luego de que bajaron, -y nuevamente tuvieron que soportar la tediosa tarea de pasar por miles de escaleras-, Harry preguntó si podían comer en un McDonald's, o Burger King. Le gustaba ir allí. Siempre solían llevar a Dudley, y de pequeño se prometió que iría cada vez que pudiera. Y ahora realmente quería. Así que eso hicieron.

En medio de la merienda, Draco sugirió que fueran a ver alguna obra de teatro que se estuviera estrenando en Broadway. Harry, que nunca había sido muy fan del teatro, preguntó si podía ser un musical. A él le gustaban los musicales. Por lo que, una vez que terminaron de comer, el rubio hizo algunas preguntas, y juntos tomaron la línea del metro hasta la séptima avenida, para de ahí caminar hasta Broadway.

Cuando llegaron allí, se detuvieron a mirar la cartelera. A Harry le llamó la atención un musical llamado "Rent" de rock, por lo que Draco estuvo de acuerdo instantáneamente con él. La función estaba a minutos de comenzar, y las entradas se estaban agotando (si es que no lo habían hecho ya), así que se apresuraron en comprar y entrar al teatro para disfrutar.

Aunque Harry, si era sincero, se había pasado toda la obra más pendiente de Draco que de los actores. De cómo sus manos encajaban, y cómo reía, se sorprendía, o se molestaba por lo que estaba sucediendo frente a ellos. Le llenaba el pecho verle así. Tan libre. Finalmente no había entendido mucho de que se trataba, nada más que el lema que repetían: " no existe nada más que el día de hoy". Pero había valido la pena.

Extrañamente, Harry siempre tuvo un sueño, ¿no? La música era su sueño. Pero de niño, eso, eso que habían hecho durante esos días, era todo lo que había querido, una vez que escapara de los Dursleys. Disfrutar de la compañía de alguien que lo quisiera, y hacer cosas cotidianas y normales. Nada más.

Para cuándo volvieron a su habitación estaba corriendo bastante viento, y la ciudad, (contrario a lo que se supone que debía suceder), se ponía más ruidosa de noche. Draco lo retó a una carrera hasta su hotel, una vez que salieron del metro, por lo que alguna gente se les quedó viendo raro, y subieron en el ascensor solos y besándose cómo si no hubiera un mañana.

El cuarto los recibió tal y como lo dejaron antes de salir, y Harry y Draco pasaron al baño casi de inmediato para sacarse el día de encima. Aún acalorados, y con el pijama puesto, Harry se levantó a abrir la ventana hasta que la habitación se templara y estuvieran a gusto. Pero fue cosa de abrir el vidrio, cuando una melodía escandalosa y familiar se filtró a través de él, haciendo sonreír a ambos.

Harry tomó asiento en el pequeño sillón que estaba en la orilla del ventanal y miró hacia abajo, a la ciudad, tratando de buscar el origen de la música.

—Me gusta esta canción —comentó el pelinegro, más para sí mismo, que para Draco.

Sintió al rubio acercarse a él y ponerse tras su espalda. Harry aún no localizaba de dónde venía la canción, pero tenían que ser unos altavoces poderosos para que resonara tanto. Quizás un regalo de una pareja melosa. El moreno sintió una caricia suave en su cuello y por el rabillo del ojo vio a Draco extender su mano. Harry elevó la mirada.

—¿Me concede esta pieza?

Lo único que el ojiverde hizo por unos momentos fue mirar la mano de Draco, y luego su cara, y luego de vuelta a la mano, con una mueca del más puro horror e incredulidad.

—No seas ridículo —farfulló Harry, avergonzado y desviando la mirada hacia la ciudad.

Draco lo miró con falsa irritación -o no tan falsa- y se agachó a tomarlo del brazo. Harry lo empujó sin fuerza.

—Vamos, quiero bailar contigo —dijo el bastardo terco.

Pero Harry lo era aún más.

—Soy un pésimo bailarín —se quejó.

Draco cambió de técnica, y capturó sus labios en los ajenos, moviéndose encima de ellos cómo una deidad. Harry se deshacía cada vez que le besaba, y el maldito lo sabía.

—¿Por favor? —Hizo un puchero, una vez que se separaron. Harry se cruzó de brazos, molesto.

¿Cómo podía negarle algo?

—¿Para qué? —siguió, aunque sabía que era una batalla perdida—. ¿Para que te burles de mí?

Su voz no había salido acusadora, pero Draco frunció el ceño de todas formas y negó firmemente con la cabeza. Lo tomó de los dos brazos esta vez y comenzó a jalarlo hacia arriba con más fuerza.

—Ven aquí —dijo, mientras Harry se resistía.

—¡Suéltame!

Pero lo logró de todas formas, y de un segundo a otro Harry estaba parado, afirmado de los hombros y tomando a Draco por la cintura. Este último, con una sonrisa triunfal en la cara. El moreno lo miró de mala forma, e intentó seguirle un poco el ritmo, pero era imposible. ¡Se suponía que debía poder sentir la música, joder! Sus pies no respondían, vaya que no.

—Realmente eres un pésimo bailarín —comentó Draco con diversión.

Harry le dio un brusco golpe en las costillas.

—Cállate.

De ahí en más, Draco tiró a Harry en un abrazo, y aunque en un principio se resistiera para molestarlo y ponerle las cosas difíciles, pronto se dejó caer, y reposó su cabeza en el hombro ajeno, maravillándose de su aroma y su respiración y dejándose llevar por los gentiles pasos del rubio.

Some things, are meant to be…

Por supuesto que estaba sonando esa canción. ¿Cuál más? ¿Cuál otra sería lo suficientemente asquerosamente cursi y romántica para ellos dos?

Draco estaba cantando en su oído, deslizando las notas por su lengua como si fuera miel. Cómo siempre lo hacía. Era preciosa. A Harry le transmitía un sentimiento de confort.

De hogar.

For I can't help, falling in love with you…

El moreno dejó escapar un suspiro, y cerró los ojos. Las luces apagadas de su dormitorio hacían de alguna forma la atmósfera más íntima y secreta. Más de lo que alguna vez lo fue en su apartamento. Ahí realmente estaban ellos, y estaban solos. Y todas las cartas estaban encima de la mesa.

Sabían las peores cosas del otro, y seguían allí. Eso ya era mejor de lo que tenían antes.

Y todo comenzó con Harry enterrando su nariz en el cuello de Draco. Fue un gesto inocente e inintencional. Solo quería aspirar su aroma. Pero lo sintió estremecerse por ello, escuchó su voz flaquear y Harry creyó que sería chistoso ver qué más podría provocar. Así que comenzó a dejar besos lentos y concienzudos en su clavícula, atrás de la oreja, en la vena que se marcaba en su cuello. La respiración de Draco se tornó cada vez más pesada y el agarre en las caderas de Harry se intensificó cada vez que este mordía su lóbulo.

Y luego se estaban besando.

Era un beso igual de bueno que los demás, salvo que esta vez Harry dejó que Draco tomara el liderazgo, mientras el moreno lo desvestía. Harry empezó a desabotonar su camisa con lentitud, tocando poco a poco la piel expuesta. Pasó su mano por el abdomen ajeno, cuando Draco le mordió el labio, y acarició sus pezones, aferrándose a él de una forma en la que pocas veces lo había hecho.

Entonces todo se volvió más salvaje y menos consciente.

La camisa de Draco ya no estaba sobre su cuerpo, y lo que Harry traía tampoco. El rubio tomó el pantalón del pelinegro y se deshizo de él en un solo movimiento, dejándolo atrapado en las piernas de Harry quien lo apartó con patadas torpes y para nada certeras, sin despegar sus bocas.

—¿Me hiciste bailar para así poder desnudarme, Draco Malfoy? —bromeó, comenzando a caminar hacia una de las camas sin soltarlo.

Draco se separó un poco para sonreírle, y Harry aprovechó de bajar también él su ropa, dejándolo cómo Dios lo trajo al mundo. Le dedicó una mirada apreciativa y analizadora. Daba igual cuántas veces lo viera desnudo, siempre despertaba los mismos sentimientos en él. Siempre le hacía pensar que estaba mirando una obra de arte. El abdomen marcado e iluminado nada más que por las luces de la ciudad, el miembro semi erecto, y su figura alta y estilizada. Harry sentía que le estaban recibiendo en las puertas del cielo.

—Me atrapaste —contestó él, con una expresión altanera.

Harry volvió a atajar sus labios y a tocarlo por todas partes, de una forma casi desesperada, cómo si deseara fundirse en su piel.

—Te quiero… —murmuró de forma inconsciente, mientras le mordía el labio—. Te quiero tanto...

Draco no respondió, pero la forma en la que devolvía sus caricias era suficiente. Realmente suficiente.

Las piernas del rubio chocaron contra el colchón, y entonces este se separó para mirarlo unos segundos, y luego bajó la última prenda que Harry llevaba encima de un solo tirón, haciendo que su erección quedara presionada en su estómago. El ojigris la miró con ojos hambrientos y su estómago dio un tirón al saber lo que se venía.

Harry vio cómo Draco se sentaba en la cama y se ponía frente a su miembro recién liberado, así que tiró la cabeza hacia atrás y cerró los ojos con fuerza, apretando la mandíbula. Esperando. Era curioso, si lo pensaba, cómo su relación había evolucionado hasta tal punto en que no necesitaban las palabras para comunicar qué querían.

Sintió sus largos dedos envolverse en la base de su miembro y luego, el calor de su boca alrededor de su polla. Era tal cual, o incluso mejor, que todas las veces anteriores en las que lo había hecho, pero algo se sentía distinto. El estómago se le encogía de solo pensarlo, de pensar que entre ellos, aunque hubieran querido creerlo así, el sexo nunca había sido casual. Nunca había sido como con otras personas.

Draco fue su primera vez con un chico. Fue su primera vez en tantas cosas. Y cada vez que se tocaban, era para hacer sentir bien al otro, porque querían. Porque se necesitaban.

El ojigris tiró de su cadera, y después de tomar un poco de aire, lo guió con suavidad hasta que Harry quedó recostado sobre su espalda en la cama mirándolo embelesado, mientras Draco se ponía entre sus piernas a repartir besos por su cuello, lamiendo a un lado de su oreja, metiéndose uno de sus pezones a la boca y succionando, continuando el recorrido hasta su vientre, dejándole marcas. Era lento, concienzudo, y el moreno apenas pudo respirar cuando notó que, de pronto, sus besos no eran al azar.

Draco estaba besando sus cicatrices.

Era como si estuviera reescribiéndolas. Cómo si quisiera que cada vez que Harry las mirara, pensara en él en vez de su horrible pasado. El rubio se tomaba su tiempo, besando y acariciando.

Y su corazón estaba latiendo jodidamente fuerte mientras lo hacía.

Cuando Draco se separó para mirarlo, antes de continuar con lo que estaba haciendo antes, Harry se sintió indefenso ante la intensidad de su mirada.

Draco lo observaba como si él hubiera colgado la luna en el cielo.

—Eres tan jodidamente hermoso, que me duele —susurró, a medida que bajaba.

Las mejillas de Harry se tiñeron de rojo, mientras Draco volvía a atrapar su erección y lamer. Bajó la vista, gimiendo, incapaz de perderse el espectáculo. El rubio, mientras tanto, comenzó a tomar sus piernas con la mano libre y así abrirlas. Harry obedeció, gustoso.

Veía su cabeza rubia moverse de arriba hacia abajo, mientras lo masturbaba y jugaba con su lengua. El pelinegro tuvo que morderse el labio para no preguntar de dónde había aprendido eso, porque buen Dios, quería correrse cada vez que Draco le hacía una mamada.

Entonces, soltó su erección y bajó su boca hasta la hendidura de sus nalgas, comenzando a lamer a su alrededor, haciendo que Harry se sobresaltara por la sorpresa.

No era la primera vez que lo hacía, obviamente, por mucha vergüenza que al ojiverde le diera. Pero siempre resultaba impactante para él, considerando que toda la vida creyó ser heterosexual.

Además de que se sentía tan jodidamente bien.

—Se me olvidaba lo divertido que es hacerte esto —rió Draco, haciendo que un escalofrío le recorriera el cuerpo al sentir el cálido aliento en su entrada.

Harry volvió a bajar la cabeza (que ni siquiera se había dado cuenta que echó hacia atrás), para verlo. Tenía una sonrisa malévola en la cara, y sus ojos grises brillaban.

—No le veo lo divertido. —Le frunció el ceño.

En respuesta, Draco tomó sus nalgas para poder separarlas y repentinamente Harry sintió cómo su lengua se metía entremedio de ellas y comenzaba a deshacerlo entre lamidas largas y expertas.

—Oh, mierda… —soltó Harry entredientes, sin apartar la mirada, mientras Draco continuaba, deteniéndose un poco para poder verlo, apoyando la cabeza en su pierna y sonriendo.

—Te extrañaba.

Su corazón dio un vuelco, pero el rubio no le dio mucho tiempo de poder procesar sus palabras. Rápidamente, volvió a su trabajo, y Harry afirmó su cabeza, elevando sus caderas para darle mayor acceso.

Todo se volvió una enredadera de lenguas, movimientos y extremidades. De pronto, Draco ya no estaba lamiendo su parte más sensible, si no que estaba frotándose contra su polla encima suyo y susurrándole cosas al oído mientras mordía su cuello, haciéndolo sacudirse. Luego, estaba nuevamente en su entrepierna, succionando y jugando con él hasta llevarlo al límite.

—Desearía que pudieras verte —susurró Draco, apoyándose nuevamente encima de su estómago.

Harry sentía humedad en todas sus partes bajas y calor también dónde sus pieles se tocaban y miró hacia abajo. Miró los ojos tan claros de Draco, viéndole de vuelta con tantas emociones reprimidas que Harry podía sentir que quizás, después de todo, si era guapo a sus ojos. Sí era querido. Miró su cabello rubio desordenado y pegado a la frente sudorosa. Miró su nariz recta y sus pómulos marcados. Miró su heterocromía y sus pecas. Miró su boca roja e hinchada. Miró su piel pálida contra la suya morena, y su cuerpo metido entre sus piernas. Miró la forma en que cada parte que Draco acariciaba y cada momento en el que Harry lo sostenía entre sus brazos parecía encajar. Eran un contraste perfecto, cómo el ying y el yang.

—Creo que no hay nada más que me gustaría ver en el mundo —murmuró Harry, mientras levantaba su brazo y quitaba unos mechones de cabello que le habían caído en el rostro al ojigris.

Lo sintió sonreír, lento y tímido y él cerró los ojos, suspirando, y tratando de mantener la cordura por lo que iba a pedir. Pero lo quería. Lo deseaba. Deseaba formar parte de él.

—¿Podrías…? Uhm. —Se mordió el labio inferior—. Intentar… ¿con un dedo?

Sintió el delgado cuerpo entre sus piernas temblar de anticipación, y el moreno distinguió un momento de duda. Pero luego asintió, algo embobado. Harry habría esperado un poco más de preguntas y réplicas, aunque suponía que para Draco, quién tenía un poco -mucho- más de experiencia en el tema, no era algo tan extraño ni inusual de hacer. Y la naturalidad con la que lo aceptaba le dio el coraje de saber aún más que eso era lo que quería.

—Está bien —dijo él, mientras se levantaba a buscar el lubricante que usaron hace unas noches atrás, el cual habían dejado en el mueble al lado de la cama. Volvió a la misma posición donde estaba antes, entre sus piernas—. Quizás esto te moleste un poco —advirtió.

Harry tomó una respiración temblorosa y asintió, un poco más seguro que en un inicio. Draco volvió a acomodarse en su anterior posición, y luego de llenar su dedo pulgar con un montón de lubricante, lo presionó con delicadeza frente a su entrada, haciendo a Harry saltar por el frío.

—Sshh —susurró, acariciando su vientre y luego su miembro. Harry se mordió el interior de su mejilla nervioso—. Te prometo que no dolerá.

Entonces, un dedo estaba dentro de él.

Era verdad que no dolía, solo molestaba un poco, y Draco lo dejó acostumbrarse un minuto a la intromisión, mientras se levantaba para volver a su oído, y susurrar palabras de aliento.

—Va a estar bien… vas a estar bien.

Harry volvió a asentir, corriendo la cara para así poder darle un beso y Draco estuvo gustoso de complacerlo, comenzando a besarlo con ternura, delineando su labio inferior con la lengua y mordiéndolo. El moreno ni siquiera notó cuando el dedo comenzó a moverse en su interior, o como poco a poco, Draco estaba intentando introducir otro.

—Así, Harry... —murmuró el rubio contra sus labios—. Estás tan apretado…

La espalda de Harry se arqueó, mientras sentía cómo el segundo dedo estaba dentro de él. Era una sensación extraña, pero no enteramente desagradable. Además, Draco sabía lo que estaba haciendo. La forma en la que se movía, cómo si estuviera buscando algo, lograba que los sensores de placer de Harry se activaran y disfrutara del roce que provocaban los dedos en su interior. Ni siquiera se dio cuenta cuando comenzó a gemir en la boca del rubio.

—Te sientes tan malditamente bien, cariño —lo oyó murmurar, mientras continuaba con su trabajo de moverse de lado a lado dentro de Harry.

Joder, cómo le ponía que le dijera "cariño".

El azabache entreabrió sus labios un poco más mientras sentía cómo un tercer dedo buscaba su entrada. Sus caderas en ese punto ya estaban moviéndose solas, follándose a sí mismo en la mano de Draco.

—Te gusta esto —dijo Draco, con su habitual tono retador—. Te gusta que te haga esto, que te tome así. Estás siendo tan bueno para mí, Harry.

El cuerpo entero de Harry reaccionó ante esas palabras, y sintió a su miembro dar un pequeño saltito. Otro dedo se añadió a la mezcla y gimió, tensando sus piernas mientras el placer crecía a cada segundo. El ojiverde entrecerró los ojos, para enfocar a Draco que estaba ladeado y apoyado en su antebrazo, cosa de que veía todo el cuerpo de Harry. Se veía tan relajado, tan tranquilo, que el moreno se calentó aún más, de ser posible. Parecía que no le estuviera suponiendo ningún esfuerzo, el follarse a Harry así. Cómo si pudiera hacerlo todo el día. Cómo si no fuera totalmente obsceno la forma en que Harry levantaba sus caderas y sus dedos se perdían en su interior.

Como si no se notara ya lo mucho que quería a Draco dentro de él. Cómo necesitaba pertenecerle y formar a ser parte de su persona. Cómo si fueran uno.

Harry bajó la mirada hacia la polla dura y rosada de Draco, pegada a su estómago y sin ser atendida. El tatuaje de su nombre brillaba a un lado, y sintió un poderoso sentimiento de posesividad dentro de él. Alzó su mano, dispuesto a tocarlo, pero Draco lo detuvo con gentileza, negando un poco con la cabeza.

—Espera… —fue lo único que dijo.

Entonces ahí fue cuando el rubio tocó algo dentro suyo que lo hizo ver las estrellas.

O mejor dicho, la puta galaxia.

—¿Qué…? —exclamó Harry, bruscamente—. ¿Qué…? ¿Qué fue eso…?

Draco rió entonces, imitando el movimiento que había hecho recién.

Harry volvió a saltar.

—Oh, ¿esto? —replicó, con la voz ronca y los ojos oscurecidos por la lujuria.

El pelinegro asintió con vehemencia.

—S-sí, e--

No pudo terminar la frase, porque Draco lo hizo de nuevo.

Y de nuevo.

Y de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo. Hasta que redujo a Harry a un mar de incoherencias y ruidos extraños que parecían provenir desde el fondo de su garganta. El moreno se aferró a las sábanas, sintiendo el abrumador placer recorrer su sistema, mientras los dedos en su interior le abrían y él se tensaba alrededor de ellos.

—Eso, cariño mío, es la próstata. —Volvió a reír Draco, mientras continuaba tocando el punto sensible—. De la que tanto has oído hablar.

Bendita sea la próstata.

Harry comenzó a mover sus caderas para buscar más contacto. La sensación de incomodidad olvidada por completo. Draco acarició sus testículos con la mano libre y Harry jadeó y gimió hasta que olvidó donde estaba. No recordaba que jamás nada se hubiera sentido así de bien.

Cuando Draco añadió el cuarto dedo, Harry perdió la cordura.

—¿Se siente bien? —Se aseguró Draco, mientras besaba su frente.

Harry asintió con tanta energía que casi no sintió el cuello. Pero daba igual.

—Sí--oh, por fav--ah.

No era capaz de terminar ninguna frase, no mientras Draco se lo estuviera follando con su mano.

¿Por qué demonios no habían hecho eso antes? Lo estaba volviendo loco, necesitaba más.

Draco lo estaba sosteniendo como si su vida se le fuera en ello, y Harry se estaba amoldando a él porque necesitaba que así fuera. El rubio movía sus dedos, mordiéndose el labio con fuerza y sin quitarle la mirada de encima, disfrutando del espectáculo desastroso que debía ser Harry.

—Sí, justo así —susurró, refiriéndose a los movimientos desesperados del ojiverde, que ya había perdido casi todo pensamiento racional.

Harry tiró del cuello de Draco, y comenzó a besarlo nuevamente, aunque no fue nada más que dientes y lengua. Daba igual, porque ya estaba totalmente embriagado de Draco. Ni siquiera era consciente de que había comenzado a murmurar en su oído, rogándole que lo llenara.

—Inténtalo, Draco. Inténtalo...

No estaba pensando, no realmente. Lo único que quería era sentir a Draco dentro de él. El ojigris se separó, deteniendo un poco sus movimientos para mirarle cuidadosamente el rostro.

—¿Seguro? —preguntó, luciendo por primera vez en la historia desde que habían comenzado a follar, inseguro.

Harry volvió a asentir repetidamente. Quería eso. Quería sentirlo. Quería unirse a él. Quería gemir en su oído y venirse en su estómago. Quería--

—Quiero esto. Quiero sentirte. Completamente —expresó sus pensamientos en voz alta.

En un principio, Draco se quedó quieto, cómo si estuviera meditando sus opciones, y Harry esperó con paciencia. Pero pronto, asintió, su cara volviéndose algo más salvaje y el moreno sintió un calor renovado en el vientre al pensamiento de lo que iba a hacer.

Pero estaba bien. Porque lo amaba. Lo amaba de cualquier manera y forma posible.

Draco se ubicó entre sus piernas nuevamente, y Harry observó con ojos lujuriosos cómo se llenaba la polla de lubricante en un movimiento obsceno. Los condones olvidados a un lado, porque confiaba en Draco. Confiaba en que no mentía cuando le dijo que no había habido nadie más. Se lo debía. Además, lo prefería así.

El rubio posó una mano a un lado de la cabeza de Harry, descendiendo para besarlo. El ojiverde lo recibió, gustoso, tomando al rubio de sus costados y acariciándolo, mientras sentía cómo abajo, Draco intentaba alinear el miembro en su entrada.

El corazón comenzó a latirle con fuerza y su cuerpo se llenó de expectación y nerviosismo, sintiendo la sangre en sus oídos.

—Quizás arda un poco, y duela —murmuró él en sus labios. Harry asintió, con la respiración entrecortada—. Si me dices que pare, lo haré.

No necesitaba que se lo dijera dos veces.

Entonces Draco intentó. No fue solo una vez. La primera, fracasó estrepitosamente porque su polla no era capaz de hacerse espacio aún en el lugar que sus dedos y su lengua habían dejado, haciendo reír a ambos. Pero intentó, hasta que Harry se aferró a su piel con fuerza porque sintió cómo en su entrada había una presión. Draco se detuvo, alejándose un poco para poder mirarlo a los ojos.

—Relájate —le dijo, con palabras suaves—. Aquí estoy. No te haré daño.

Harry sabía que no mentía, pero aún así no podía evitar tensarse y sentir nerviosismo. Sintió al rubio lamer su oreja, mientras murmuraba palabras tranquilizadoras.

Así que Harry intentó relajarse también. Respirando tan hondo que su torso se infló de aire, y luego exhalando, tratando de botar la tensión.

—Está bien, cariño… —murmuró el ojigris.

Draco estaba siendo tan adorable con él, que Harry sentía cada vez más cómo le deseaba, en todos los aspectos posibles. Siempre había sido así. Cuando se trataba de ellos, Draco siempre había sido así.

Harry realmente intentó relajarse, hundiéndose encima del cobertor, abriendo aún más sus piernas. Y cuando Draco presionó nuevamente, en vez de morder su mejilla, respiró profundo y sintió cómo el rubio se sumergía.

—Cuando empuje, creo que es más fácil si tú también lo haces, ¿me entiendes? —le preguntó, y su voz sonaba algo ahogada por lo que estaba haciendo. Harry asintió, aunque no había entendido una mierda. Solo iba a hacer lo que estaba haciendo antes—. Bien, intentaré más...

Harry jadeó, sintiendo un pequeño ardor, mientras lo sentía aún más adentro. No era nada comparado a sus dedos, y sin embargo, se sentía mejor de lo que había esperado.

—¿Estás bien? —preguntó Draco, intentando controlar la respiración, mientras besaba su cuello y Harry intentó responder, aunque de su garganta solo salió un ruido agudo y poco digno.

—Me sorprende que me duela menos de lo que esperaba. —Rió, nervioso. Draco sonrió también.

—Suele pasar.

Harry notó cómo su cuerpo se relajaba bajo su tacto, y fue allí cuando pensó lo complicado que debía ser eso para él. Harry perfectamente podría pensar que eso no le gustaba, o detestarlo. O incluso Draco podía temer hacerle daño. Pero el hecho de que se sintiera bien, era agradable. Para ambos.

El rubio empujó los últimos centímetros y Harry cerró los ojos, disfrutando de cómo se sentía dentro de él, extraño pero a la misma vez placentero . No era muy diferente a lo que estaba esperando, pero al mismo tiempo sí que lo era. Se mordió el labio con fuerza, esperando el vaivén. Pero Draco no se movió, y cuando el moreno abrió sus párpados, descubrió que este le estaba mirando de vuelta.

La respiración de Harry se atoró en su garganta en ese momento, y se sintió parte de él, con todo lo cliché que eso pudiera sonar. Se sintió conectado a él de una forma en la que no había sucedido antes, y sentía cómo su corazón podía explotar dentro de su pecho ante la sensación que ese pensamiento le provocaba.

—Dime cuando pueda… —respiró Draco al cabo de unos segundos, frente a su rostro.

Harry asintió.

—Sí, sí. Déjame… Ahora, solo… —Volvió a respirar hondo y le dio un beso a Draco, hablando sobre su boca—. Puedes moverte.

Así que Draco lo hizo. Y cuando por fin sintió cómo su cadera golpeaba su cuerpo comprendió realmente lo que estaba pasando. El sentimiento fue eléctrico y Harry estiró la cabeza hacia atrás para gemir.

Draco continuó con las embestidas de adelante a atrás, con aire certero, estableciendo un ritmo. Dolorosamente lento en un inicio, haciendo que el interior de Harry se tensara alrededor de su polla y sintiera en cada nervio las estocadas.

—Joder, eres perfecto —murmuró Draco inconscientemente, mientras poco a poco aumentaba el ritmo—. ¿Cómo se siente? —preguntó, con susurros entrecortados en su oreja. Harry sintió una corriente atravesarle el cuerpo.

—Lleno —bromeó él en respuesta, a medida que cerraba los ojos tan fuerte que vio pequeños halos de luz y se mordía el labio para evitar gemir con fuerza, ante la fricción del estómago de Draco contra su propia polla.

—Quiero escucharte —le dijo el rubio, en un tono bajo, mientras Harry arqueaba su espalda y asentía, gimiendo con libertad.

Su mente apenas podía acostumbrarse al pensamiento de qué significaba para Harry lo que estaban haciendo. La polla de Draco llenándolo con embestidas cada vez más y más rápidas, y su propio miembro frotándose contra los abdominales de él. Era demasiado. Draco cambió el ángulo, y encontró aquel dulce punto que había estado tocando minutos atrás y Harry saltó, aferrándose a sus hombros ahora.

—Mierda —soltó, apretando los dientes, y el ojigris comprendió lo que había hecho, así que continuó golpeando ahí sin piedad, con una media sonrisa—. Joder--

El placer le recorría el cuerpo ola tras olas y Harry realmente sentía que estaba tocando el cielo con las manos. Volvió a buscar su boca, mordiéndolo, al mismo tiempo que Draco comenzaba a meter la mano entremedio de sus cuerpos para tomar su polla y envolverla entre sus dedos.

Realmente era demasiado.

—Mier--para —logró susurrar Harry.

Draco se detuvo de inmediato, con el pecho subiendo y bajando con pesadez. El moreno apenas había reconocido la urgencia de su voz.

—¿Pasa algo? —preguntó Draco, con una voz dificultosa. Harry negó repetidamente.

—No, no. —Inconscientemente, se movió, creando nuevamente fricción que los hizo gemir a ambos por lo bajo—. Es que me voy a correr.

Draco no reaccionó de inmediato, y Harry pasó saliva. Entonces, soltó una risita y se dejó caer parcialmente en su cuello, enterrando la nariz ahí y dejando un pequeño beso. Harry lo abrazó, sosteniéndolo con ternura.

—Claro, gracias por decirme. Eso es justo lo que no quiero lograr. Dios prevenga a Harry Potter alcanzar el orgasmo mientras tiene sexo.

Harry le dio una pequeña palmada, fingiendo molestia, aunque quería continuar ya, con el deseo quemándole por dentro.

—Cállate —le dijo, con el ceño fruncido—. No quiero que acabe tan rápido.

Draco se separó para poder mirarlo, y frotó sus narices juntas, en un gesto gentil.

—Siempre podemos volver a empezar.

Era una propuesta lo suficientemente buena como para rechazarla.

—Está bien… ah--

Ni siquiera había terminado la frase, cuando las caderas de Draco volvieron a chocar contra su piel y volvió a sentirlo enterrarse dentro suyo completamente. Harry hizo un sonido roto, bajando las manos hasta el trasero de Draco para apretarlo aún más, para sentirlo aún más. Draco retomó sus estocadas firmes y rápidas casi de inmediato, haciéndolo sacudirse.

El ruido que hacía la cama, el del choque de su piel, y los que salían de sus bocas era prácticamente sacado de una película pornográfica.

—Más —pidió Harry, y Draco gruñó, bajando para volver a darle al pelinegro un beso húmedo y caliente mientras le daba una embestida que resonó por todo el cuarto.

—¿Aún no quieres correrte? —se burló el ojigris.

Harry, en respuesta, enredó los dedos en su cabello, obligándolo a exponer su cuello pálido y comenzó a dejar ahí pequeños besos y mordiscos, haciendo que la piel se tornara roja. Draco gimió ante ello, mientras el azabache sentía su polla pulsar dentro de él.

—Mierda… —susurró Harry, al sentir cómo nuevamente la mano del rubio estaba en su miembro, limpiando su líquido pre-seminal.

Draco comenzó a masturbarlo frenéticamente, al punto de no retorno, mientras la espalda del ojiverde volvía a arquearse, sintiendo las descargas eléctricas por toda su espina dorsal. Harry observó la cara de Draco mientras se lo follaba sin piedad, los labios separados e hinchados, la frente arrugada en una mueca que parecía dolorosa, los ojos entrecerrados. Su cuerpo encajaba perfectamente contra el de él, contra su polla dura y el ritmo enloquecedor.

—Más fuerte —pidió Harry, cerrando los ojos.

—Joder-- —Fue la respuesta.

Sus movimientos se volvieron más torpes y rápidos, mientras su mano en el miembro de Harry no se detenía. Este elevó sus caderas, buscando más contacto, intentando que Draco se enterrara aún más en él mientras bajaba la mirada y veía cómo el rubio desaparecía dentro de su propio cuerpo.

Volvió a tocar ese dulce punto, y Harry ni siquiera lo vio venir. El placer que se había estado acumulando en su vientre bajo se liberó, mientras emitía un ruido agudo y ahogado. Hilos de semen cayeron entre ambos, manchando sus torsos, y la visión de Harry se nubló, mientras Draco no paraba sus movimientos ni en su polla, ni dentro suyo, haciendo que se agitara por el placer.

Se dio cuenta que Draco podría hacer eso toda la vida, si de él dependiera. Follarlo de todas las formas posibles. No separarse nunca.

—Eres tan jodidamente caliente —respiró Draco en su oreja, en el momento en que las estocadas comenzaron a hacerse más audibles y menos reservadas. Más desesperadas.

Harry lo tomó del cuello y le dio un beso desordenado, sintiendo aún como su cuerpo se agitaba en temblores.

—Justo así —dijo, sobre su boca.

Draco hizo un ruido desesperado, moviéndose aún más fuerte.

—Eres--mierda--tú —decía, incoherentemente—. Sí, sí--¡mierda!

Entonces Draco se corrió.

Hizo un sonido que se asemejaba a un gruñido, mientras volvía a enterrar la cara en el hueco del hombro de Harry, sin parar de moverse. El moreno podía sentirlo aún, deslizándose dentro y fuera de él, caliente, húmedo y duro. Draco continuaba con sus embestidas algo más lentas mientras se corría en su interior. Solo ahí, Harry se permitió soltar el agarre de su cuello y su espalda, envolviendolo en un abrazo que hacía que no estuvieran separados por un solo centímetro.

—Eres mío —susurró Harry, apretándolo más fuerte—. Y yo soy tuyo.

Draco se dejó caer con peso muerto finalmente encima de Harry, con un suspiro, haciéndolo reír. Estaban todos sudorosos y pegajosos, pero no importaba. No en ese momento.

—Eres mío —repitió Draco—. Y yo soy tuyo.

Entonces, se separó un poco, lo suficiente para mirar al moreno a la cara. Harry vio cómo pasaba sus orbes plata por todo su rostro, cómo si se bebiera la imagen que estaba frente a él, antes de que se inclinase a besarlo. Fue más dulce de lo que Harry esperaba, más lento y consciente. Una mano se posó a un lado de su rostro, y los brazos de Harry soltaron un poco su agarre.

Sinceramente, podrían quedarse así lo que les quedaba de vida y a él no le molestaría.

—Deberíamos ducharnos —dijo Draco, una vez que se separaron, arrugando la nariz, a pesar de que ya se habían dado una ducha rápida—. Estamos asquerosos.

Pero no se movió un centímetro, y Harry soltó una risita.

—Deberíamos ducharnos —concordó.

Se sentía agotado, y completamente feliz. Cómo si estuviera dónde siempre debió estar. Cómo si las piezas del rompecabezas por fin empezaran a cobrar sentido.

Siempre y cuando Draco le mirara de esa forma.

Era difícil medir el tiempo cuando estaba a su lado. Harry verdaderamente no sabía cuánto se quedaron de esa manera, antes de levantarse e ir a la ducha. Su corazón bailaba en su pecho, y su estómago estaba lleno de mariposas. Su cuerpo se sentía completamente lleno, y no solo físicamente hablando. Lo amaba.

Dios, no se iba a cansar de tener la certeza de eso.

Lo amaba.

Y, aunque no lo dijera, sabía que Draco le amaba de vuelta.

•••

Los siguientes días pasaron en un borrón. Tenían citas como personas normales y Harry de verdad no quería que llegara a su fin, por mucho que aquello significara que una vez que volvieran, empezaría el tour, y una nueva parte de su vida. Que todo cambiaría, y que se suponía que sería para bien.

—¿Qué piensas que viene ahora? —preguntó Harry durante el desayuno del último día. Volarían durante la madrugada.

Draco enfocó sus ojos grises en él, bajando el café a medio tomar y ladeando la cabeza, estudiándolo.

—¿Qué has querido toda la vida? —respondió en cambio.

A Harry le desagradaba bastante que le respondieran una pregunta con otra pregunta, pero como era él, se lo dejó pasar, y en cambio se apoyó en el pequeño banco de la habitación, jugando con la cuchara encima de la mesa.

¿Qué había querido toda la vida? ¿Qué era lo que había soñado? Tenía clara la respuesta.

—Fama. —Comenzó a enumerar, encogiéndose de hombros—. Reconocimiento. Fiestas. Alcohol —añadió lo último, a forma de broma.

Draco extendió una mano hacia él, cómo para probar su punto.

—Pues eso.

Harry guardó silencio en un inicio. Sabía que eso no era todo lo que deseaba. Quería que fuera más. Tenía que ser más.

El moreno puso su brazo encima de la mesa y alcanzó los dedos de Draco, entrelazándolos con ternura. Este apartó la mirada.

—Te quiero a ti ahora —afirmó Harry, con intención—. Para el resto de mi vida.

Vio cómo la cabeza de Draco bajaba, y se mordía el labio, pero no lo soltó. Harry creía en lo que decía. No iba a dejar que se alejara.

—Harry--

—No, está bien. Lo entiendo —interrumpió, con suavidad—. Pero estás loco si crees que te voy a dejar ir.

Draco negó un poco con la cabeza, aunque le dio un apretón a su mano, cómo si estuviera debatiéndose en lo que quería y lo que debía hacer.

¿Siempre tenía que ser así para ellos?

—Pero, lo que se viene… —dijo, con un hilo de voz. Fue el turno de Harry de negar.

—No tienes que estar de acuerdo conmigo ahora. —Prometió, acercándose para acunar su rostro—. Pero te darás cuenta que tengo razón. Que no tiene sentido estar separados. Eventualmente lo sabrás.

Harry sabe, lo supo desde un inicio, que para Draco eso era una despedida, todo ese viaje. Una manera de decirle adiós a una vida que ya no tendrían. Pero para él no era así.

Si Draco pensaba que eso era momentáneo. Si creía que era una despedida, se equivocaba. Harry no estaba dispuesto a dejarlo ir. Y aunque no le dijera que lo amaba, porque sabía que dejaría todo por él, tampoco lo dejaría escapar.

Draco se reclinó contra su mano, y Harry le dio un pequeño beso, cepillando sus narices. Una nueva y bonita costumbre.

Entonces, se separó, cómo si nada.

—¿Qué te gustaría hacer hoy? —preguntó, sonriendo.

El rubio parpadeó un par de veces, atontado, pero se compuso rápidamente. Enarcó una ceja rubia y sonrió, cómo si algo le divirtiera.

—Creo que me gustaría quedarme aquí contigo, y en la noche podríamos ir a dar una vuelta —respondió, encogiéndose de hombros.

Harry imitó su sonrisa.

—Hecho.

Así que eso hicieron. Y hablaron. Y rieron. Y se besaron. Y luego volvieron a hacer el amor. Y Harry podía fingir que quizás, solo quizás, ese futuro de anonimato y risas robadas era posible para ellos.

Durante la noche, la última, Draco juntó las camas para poder dormir más cómodos, y Harry se burló de él, debido a la elección inicial y porque se le ocurría hacerlo justo al final del viaje. Cada uno se tendió en su respectivo colchón, cómo si estuvieran en una cama matrimonial y se miraron, siendo transportados nuevamente hacia otros momentos. De pronto, eran de nuevo dos chicos de veintiún años que se estaban recién conociendo y que por alguna razón, pensaban que dormir en la misma cama era saltarse límites imaginarios.

Harry bajó una mano, y la dejó encima de la cadera del rubio, justo donde estaba el tatuaje de su nombre y acarició. Se encontraban sudorosos y él, sobre todo, estaba pegajoso y algo incómodo porque Draco hacía unos minutos había estado dentro de él. Pero se sentía bien. Todo eso se sentía bien.

—Sabes… —dijo Harry, y Draco puso esa cara que ponía cada vez que sabía que el ojiverde iba a decir algo extremadamente cursi. Harry sonrió—. No me mires así…

—¿Qué me vas a decir, a ver?

Harry rió.

—Sabes… no solo te tengo tatuado en la piel —tomó unas hebras de cabello rubio que cayeron frente a sus ojos plata, embelesado—. También en el alma.

Draco cerró los ojos.

—¿Cómo es que sabía que ibas a decir algo sacado de una comedia romántica mal hecha?

Harry abrió la boca indignado.

—No te vuelvo a decir nada bonito. —Se enfurruñó. Draco rió ahora también, acercándose para quedar pegado a su rostro.

—Lo sabía porque te conozco —continuó él, en un tono más suave.

Harry se giró, cosa de que quedó viendo al techo en vez de a Draco, con el ceño fruncido.

—Cállate.

Y el ojigris le hizo caso, pero solo porque empezó a repartir besos en toda su cara, hasta que Harry cedió a sus encantos. El maldito bastardo.

Aquella noche no pudo dormir, y apenas el sol comenzó a asomarse en el cielo, ambos se despertaron para hacer sus maletas, sin decir una sola palabra.

•••

El viaje de vuelta fue silencioso, y ocuparon exactamente las mismas cosas que se pusieron cuando volaron a Nueva York. Harry tenía el teléfono apagado, y no pensaba prenderlo aún. Todavía la fantasía no terminaba.

Se sentaron juntos en primera clase y ajenos al resto de pasajeros, tomados de la mano, diciéndose cosas ocasionales, aunque Harry podía ver por la expresión en el rostro de Draco, que ya no era lo mismo.

Es que sabía que todo iba a cambiar. Que eso ya nunca más sería posible. Que de viajar, ya nunca serían solo ellos dos, solos. Harry apretó su mano, cómo si eso fuera lo único que lo mantenía en ese mundo en ese momento.

Luego de despertar, bajarse del avión, y pasar por todos los procedimientos que debían pasar para volver a sus casas, Harry se paró frente a él, fuera del aeropuerto, a un lado de la calle. Aún quedaba un poco de luz, y su peluca negra se veía tan extraña por el contraste de su piel.

Se veía tan lindo también.

Harry se arrepintió un poco, de no haberlo besado más. De no haberlo abrazado más. De no haberlo disfrutado más. Incluso más de lo que ya había hecho.

—Sabes que aún lo hago, ¿no? —preguntó, al cabo de unos minutos en los que no habían hecho nada más que verse a los ojos.

Amarte.

Harry apretó la manilla de su maleta, esperando una respuesta. La gente pasaba a su alrededor, pero era incapaz de prestarles atención. En ese momento, todo lo que veía, todo lo que existía, era Draco.

Todo.

—Yo también, Harry —respondió, con el asomo de una sonrisa triste en sus labios—. Yo también.

Como alguien se ponga a reclamarme que Draco top, o Harry top, o lo que sea, borro el comentario y lo bloqueo. Es una escena importante para el desarrollo de su relación y la confianza, y así se va a quedar.

En fin, gracias gracias por leerme!!! No puedo creer que esto ya esté terminando