Durante la madrugada del sábado 25 de Agosto, Color Blue se fue de gira por primera vez en Europa.

Harry no tuvo oportunidad de hablar con Draco desde que volvieron a Londres. Con suerte tuvo tiempo para respirar, en realidad. Con todos los últimos arreglos del tour, las últimas entrevistas, la última cita con su novia falsa, las sesiones con Laura y el acuerdo de hablar por teléfono cada día, todo le había consumido. A lo más, se las habían arreglado para mandarse un mensaje de buenos días y buenas noches, o tener charlas ocasionales cada vez que se encontraban para preguntarse qué había sido de su día. Incluso Draco había terminado por graduarse, y debido a lo ocupados que estaban, no pudo atender a su ceremonia.

Pero sabían que en ese momento, su sueño era lo más importante.

Todo había vuelto a caer en la misma rutina que existía antes de su pequeño viaje, y era horrible. Sin embargo, Harry se las podía arreglar. Si forzaba a su mente a olvidar la semana de Nueva York, casi podía pretender que absolutamente nada había sucedido.

O eso quería creer.

Durante el día antes de partir, y a pesar de que se supone que no debían, se juntaron todos de igual manera a celebrar en el apartamento de Hermione. Se rieron y conversaron acerca de los años que había tomado llegar hasta allí. Recordaron cómo había meses en los que no les alcanzaba el dinero para absolutamente nada, el día que nadie había atendido a sus audiciones porque Tom los difamó, o cuando Draco había tenido que vivir con Harry porque ninguno de los dos podía costear bien sus gastos. Tomaron un poco más de la cuenta e hicieron teorías acerca de que pasarían a los libros de historia de la música. La emoción era tan grande que sentía que no le cabía en el pecho, y Harry había podido fingir medianamente que nada sucedía con Draco. Y se fue aquella mañana dispuesto a pasar su última tarde en Londres con solo una preocupación: hacerlo bien durante la gira.

Pero jamás pensó en el reto que iba a suponer tener que convivir con él a cada segundo, pero rodeado de gente.

El primer día en el bus durmieron separados, obviamente. Aunque las primeras horas de la noche se habían reunido todos en los asientos que tenían dentro y conversaron sobre lo que venía apenas empezara el otro día. La gente que conocerían. Las cosas que harían. Hermione había trenzado el cabello de Ginny mientras ella movía sus manos con dramatismo mientras contaba una anécdota y Blaise le reía todas las gracias. Ron había amenazado a Harry con quebrarle una mano luego de que este le robara uno de sus snacks para compartir, y Draco junto a Theo habían escrito una canción totalmente estúpida que hablaba acerca de las miles de formas de decirle al "pene". Y Harry nada más se había reído, para luego irse a dormir, a esperar el gran día sin decirle una palabra directamente a él. Tal cómo habían sido las cosas desde su regreso a Londres.

Sin embargo, no podía mantener sus ojos lejos de su persona, a unos asientos más allá. Sabía que debía descansar -tenían un concierto en menos de veinticuatro horas, y prueba de sonido y vestuario en la mañana-, pero le era imposible y doloroso el tenerlo tan cerca, y sentirlo tan lejano.

A Harry le estaba costando horrores el fingir que nada había pasado entre ellos, si era completamente honesto. Aceptar que verdaderamente ese podría ser el final. Aceptar que la vida siguió y que todo continuaba normal.

Aquella semana en Nueva York se sentía a años luz. Cómo un espacio en el tiempo donde Harry dejó de ser Harry, y Draco dejó de ser Draco. Dónde eran solo dos personas que se querían, y ya. Dos personas que no debían preocuparse por fingir y asegurarse de estar lejos.

Y era aún peor cuando Draco le miraba de vuelta, y ninguno apartaba sus ojos.

El primer concierto fue más allá de lo excelente. Un estadio completo coreando sus canciones, gritando por ellos. Ninguno pudo evitar la emoción, la forma en la que sus ojos se les llenaron de lágrimas, mientras iban por sus éxitos más antiguos hasta los más nuevos e incluso canciones inéditas. Toda esa multitud había agotado las entradas para verlos a ellos. Habían invertido su dinero y estaban gritando por tenerlos al frente.

Eso era. Ese era el sueño.

Debido a la seguridad, las distintas chicas que solían esperarlos luego de cada concierto no estaban tras bambalinas; lo cual fue un alivio, en un principio. Sin embargo, no les evitó que los esperaran en las afueras, cuando iban a tomar el bus.

Harry pasó de ellas, junto a Ron, Hermione y Draco, apresurándose a subirse al vehículo. Fueron unos segundos de paz, dónde pudo sentir al rubio rozando su mano, oler su aroma sin preocupaciones. Pero todo se vio arruinado en el momento en el que el resto del equipo y los integrantes se montaron en el bus.

El moreno decidió ponerse audífonos y hacer oídos sordos a la pelea que tuvieron Ginny, Theo y Blaise en la parte trasera. No podía creer que no llevaban ni veinticuatro horas y ya estuvieran discutiendo. Suponía que debía haberlo imaginado. Pero en vez de amargarse por eso, dejó que el sentimiento de felicidad que había sentido en el estadio lo inundara, que las memorias de aquella noche no se disiparan. Que eso era lo que tanto había esperado.

Pasados los conciertos de Inglaterra, y para cuando aterrizaron en Irlanda, se establecieron unos días en un hotel de Dublín. Eran tres días de shows en la misma ciudad, entrevistas y firmas, por lo que les salía mejor instalarse en vez de seguir durmiendo en un bus. Habían podido turistear muy poco, y fueron seguidos a prácticamente todos los lugares que visitaban. Era extraño, aunque algo agradable, el conversar con gente que realmente decía que les habías cambiado la vida. Ginny incluso lloró con el abrazo de una niña que sollozaba por tenerla cerca. Y todos los chicos (incluso Theo, que en ese momento estaba peleado con ella), la habían molestado sin parar por ser tan sensible, a lo que Gin respondió con poner picante en el té que tomaron a la mañana siguiente.

Harry se salvó, por preferir el café (gracias a Dios). Y es que apenas podía dormir, la verdad. De hecho, estaba descansando apenas tres horas diarias, necesitaba la cafeína. Laura no estaba contenta en lo absoluto por la brevedad de las llamadas que mantenían, pero el ojiverde no podía hacer mucho al respecto. Estaba exhausto.

Sin embargo, el día se alegraba cuando luego encontraba gente que lo miraba con adoración, y le decía que amaba su trabajo. Cuando durante la noche coreaban sus canciones. Podía soportar el resto. Incluso cuando eso significaba añorar a Draco con cada pedazo de su alma. Con verlo libre y feliz en un escenario, el único lugar donde podía ser realmente él. Cuando lo veía reírse de algo estúpido que el resto había dicho, o cuando aparecía con un nuevo look para algún evento. Podía aguantar.

Podía aguantarlo todo.

¿Verdad?

•••

Casi al final de la semana, y cuando abandonaron Escocia y se instalaron en un hotel de Estocolmo en Suecia (para los conciertos de los siguientes dos días), Harry se quebró.

Todo el tiempo había respetado el espacio que Draco intentaba poner entre ambos, y cómo el rubio parecía rogarle que no se acercara. Cómo queriendo ponerle un punto final a su historia; aunque Harry sintiera que eso era imposible y que le mataba por dentro. Una ilusión.

¿De qué servía la fama, de qué servía el dinero? ¿De qué servía todo eso, si al final del día, Draco no estaba a su lado?

Él, que ya tenía todo, y aún así se sentía incompleto, sabía que no servía de nada.

Ni siquiera lo planeó. Harry había bajado hasta el casino durante la madrugada al no poder dormir, para así buscar algo pequeño de comer, y se había encontrado con unas fans. Cómo siempre, fue una sorpresa agradable. Conversó un poco con ellas, recibió felicitaciones, llantos, abrazos y deseos de buena suerte con su "novia", y luego subió de vuelta a su habitación, sabiendo que a las cuatro de la mañana ya los despertarían nuevamente. Iba cabizbajo, cansado. Se metió al ascensor sin ver si estaba acompañado o no, y entonces, el corazón se había detenido en su pecho, solo para comenzar a latir con más fuerza.

—Mala noche, ¿huh?

Esa voz. A pesar de que no se había dirigido a él en semanas, siempre se sentiría como el primer día.

Harry cerró los ojos con vehemencia ante esas palabras cuando las puertas se cerraron. Una semana, una semana y no habían conversado absolutamente nada. Meses, si contaban el tiempo que pasaron en Londres. ¿Cómo podía? ¿Cómo podía fingir que no eran más que compañeros de banda, cuando hace semanas atrás había repartido besos en cada pedazo de piel disponible? No lo comprendía.

—Te extraño.

Salió de sus labios antes de poder detenerlo, y se golpeó mentalmente por ello.

Pero era la verdad.

No se giró a ver la reacción de Draco, no se giró a saber si tenía una mirada suplicante, o triste. No quería. No lo soportaría. Simplemente escuchó cómo se atragantaba con su saliva y luego se apegaba a la pared, mientras el ascensor continuaba subiendo.

—Harry —suspiró.

No dijo nada más, y el moreno tampoco respondió. No lo miró, simplemente esperó a llegar hasta su piso, uno más abajo que el de Draco, para así poder tirarse a la cama con tranquilidad y fingir que el vacío y la distancia no lo estaba destruyendo por dentro.

Lo que más le dolía, era que Draco esperaba que al menos uno de los dos fuera feliz. Lo que Draco esperaba, era que Harry conociera a una chica bonita, se enamorara de ella y tuvieran una buena vida. Que se olvidara de él. Alejarlo de tener que esconderse y vivir miserable.

Draco quería pagar el precio por los dos.

Pero eso no era posible. ¿Cómo le explicaba, que Harry no iba a ser capaz de amar a nadie más? No de la forma en la que lo amaba a él. Eran jóvenes y estúpidos y era totalmente delirante el pensar que podían funcionar; o que valía la pena arriesgar todo por algo que quizás no fuera a durar. Pero en esos momentos, cuando lo tenía tan cerca, solo podía pensar que lo delirante era no estar a su lado.

Sí, Harry podría casarse, y podrían tomar caminos separados. Pero eso iba a ser millones de veces más doloroso, porque no lo tendría a él.

El ojiverde soltó una respiración temblorosa, al mismo tiempo que el ascensor finalmente llegaba a su primer destino y sentía a Draco dar un paso hasta él. Las puertas se abrieron, y Harry esperó solo tres segundos a que hiciera algo, cualquier cosa. Pero aquello nunca llegó. Y con los hombros caídos y la mirada en el suelo, se perdió rápidamente en el pasillo para poder llegar a su cuarto.

Bien, bien, todo estaba bien. Mañana tenían un concierto y otro evento de firmas y todo estaría bien.

Llegó hasta su número, y temblando, sacó la llave para meterla en la cerradura. Se comería el postre e intentaría dormir una hora o algo. Intentaría tratar de subsanar el dolor con el pensamiento de que aquello no podía ser tan malo, ¿no? Al fin y al cabo, estaba cumpliendo su sueño.

Harry abrió la puerta, dando un largo suspiro, y entró a su habitación. Solo quería meterse a la cama y olvidarse un rato del mundo, sabiendo que era imposible olvidar a Draco aunque quisiera. Se giró, para poder cerrar y-

Y unos largos dedos se lo impidieron.

Harry sintió cómo su estómago se hundía y su pulso se aceleraba a mil por hora. Draco estaba de pie en el umbral, afirmando la puerta abierta, con las ojeras pronunciadas, los ojos rojos y tan jodidamente hermoso y real. No lo había tenido cerca durante casi dos meses, y ahí estaba. Lo vio tragar, su manzana de Adán moviéndose lentamente mientras Harry soltaba un jadeo. No lo esperaba. Ya había asumido que debía aprender a coexistir con el hecho de que Draco no quería hacer las cosas más difíciles de lo que ya eran.

Se miraron por lo que parecieron horas.

Y entonces Draco entró, lo tomó de la cara, y lo besó.

Harry dio un paso atrás, abriendo los ojos desmesuradamente mientras el rubio cerraba la puerta con el pie. El moreno se quedó inmóvil, mientras aquellos labios se movían sobre los suyos. ¿No había estado en el ascensor hacía no dos minutos…?

—¿Qué…? —empezó a decir, pero la lengua que ingresaba a su boca cortó todo pensamiento racional que se había creado en su cerebro.

Harry posó las manos en su cintura y creó círculos ahí, a medida que ambos daban pasos errantes por la habitación. El mundo pareció más brillante de un segundo a otro, y todo lo que sentía que iba mal, todo lo que sentía que ya no tenía sentido, se arregló. Más de dos meses sin tenerlo cerca y habían sido como años. Nuevamente, nuevamente se sentía completo. Ellos encajaban, así eran las cosas.

Sintió una mano enterrarse en su cabello, y soltó una respiración temblorosa, mientras el rubio delineaba su labio inferior con la lengua y Harry se inclinaba hacia él queriendo más. Siempre querría más. Todo lo que pudiera conseguir.

Se preguntó si Draco también lo sentía, la impotencia. El no poder alejarse, no realmente.

—Podemos… —empezó a decir el ojigris, encima de sus labios, a medida que llegaban a los pies de la cama—. Podemos estar así, por- por el tour.

Harry se separó un poco para poder mirarlo a los ojos. También lucía cansado, y a esa distancia las ojeras bajo sus orbes eran más pronunciadas. En su cara estaba escrito la palabra "necesidad", y suponía que él se encontraba en las mismas condiciones.

Pasó un cabello rubio rebelde por detrás de su oreja y tomó una de sus manos, entrelazando sus dedos esmaltados.

—¿Por el tour? —preguntó Harry con duda.

La cara de Draco cambió, transformándose en una dolorosa mueca. Sabía lo que estaba pensando: eso era todo a lo que podían aspirar. A besos robados en hoteles en la oscuridad, a las espaldas de todos, y con una fecha límite.

Cómo dolía.

—Sí.

Harry lo miró unos segundos más, respirando encima de sus labios. No sabía muy bien qué decir antes esa respuesta. No quería discutir, solo quería tenerlo con él. Era lo único que quería. Así que lo besó. Volvió a besarlo, porque en ese momento parecía la única solución.

Draco quería vivir en una mentira, una mentira cómoda y vacía. Pero Harry sabía la verdad: esto era una forma de engañarse. Sabía que para cuando la semana acabara, y estuvieran de vuelta en Londres, serían incapaces de alejarse.

Harry rompió el beso para así poder abrazarlo, y descansó la frente en su hombro, sintiendo aquella certeza en sus venas. Y también melancolía. Porque no debería ser tan difícil. ¿Por qué mierda era tan difícil?

—Solo- no, no lo entiendo, Draco. ¿Cuál es la maldita diferencia? No quiero… no quiero separarme de ti. Por favor. Por favor, no me hagas separarme de ti —susurró, sintiendo un nudo comenzar a formarse en la garganta.

Draco se sorprendió ante aquellas palabras, y trató de empujarlo, pero Harry mantuvo su posición y su agarre. Lo necesitaba. Aquello no iba a cambiar ni allí, ni en España, ni en Suecia, ni en ningún maldito lugar. Lo amaba.

—Te amo.

El corazón ajeno comenzó a latir con fuerza instantáneamente bajo la piel que tocaba, y Draco intentó deshacer el abrazo en un forcejeo. Sin embargo Harry enterró la nariz en su cuello y no lo dejó ir. No deseaba que la confesión sonara tan de pronto y que lo agarrara así, con la guardia baja. Pero necesitaba decirlo. Necesitaba que Draco lo entendiera. Por favor, que lo entendiera.

—Harry, no-

—Te amo —repitió, interrumpiendolo—. Te amo, Draco. Te amo. Te amo tanto.

Sintió la desesperación del rubio, su respiración agitada. Y prontamente sus dulces labios estuvieron sobre los de Harry nuevamente. Era un beso enojado, un beso que solo destilaba frustración. Draco tomó su barbilla, y Harry sintió cómo una pequeña gota caía encima de su mejilla. Lo apretó más fuerte, con la esperanza de que aquello sanara. Que supiera que él estaba ahí.

—No me hagas esto. No me hagas esto. No me hagas esto —susurraba, entre beso y beso. Harry sentía que era de los más agridulce que le habían dado—. Quiero que estés bien. Por favor, Harry. Por favor, quiero que estés bien.

Harry se encargó de besarlo de vuelta, de apretarlo, de que no quedara un solo espacio entre sus cuerpos. Que entendiera que no había de otra forma. Que ese era el orden de las cosas. Aunque nadie más lo entendiera. Aunque el resto del mundo no lo hiciera.

—Eres mío. Y yo soy tuyo.

El sollozo que cortó la garganta de Draco era una mezcla de quejido y necesidad. Todo en sus movimientos lo era, la forma en la que sujetaba su barbilla, y continuaba besándolo.

—No quiero hacerte daño —murmuraba incansablemente—. No debí haber venido. No quiero hacerte daño.

Harry negó con la cabeza, el nudo en su garganta haciéndose cada vez más y más intenso. No era justo. Draco estaba en un debate horrible, su cuerpo respondía ante sus besos y sus caricias, pero su mente gritaba de todas las formas posibles que aquello no estaba bien. Que eso no podía terminar bien para nadie. Y el moreno quería que dejara de pensar en el posible futuro. Quería sentirlo. Quería tocarlo. Quería que lo tocara. Solo quería tenerlo ahí, a su lado.

Draco se alejó, y Harry pudo ver cómo estaba luchando consigo mismo. Estaba escrito en cada línea de su expresión.

—Harry, por favor. —Apoyó la frente encima de la suya, suspirando temblorosamente, mientras hablaba en medio de besos, encima de su boca—. Por favor, no- ¿qué quieres? ¿Quieres que todo se nos vaya a la mierda? ¿ Qué quieres?

Harry ni siquiera lo pensó.

—A ti —dijo, tomando su cintura—. Te quiero a ti.

Draco cerró los ojos con fuerza, tomando su mano.

—Harry.

No necesitaba nada más.

•••

La segunda semana de la gira tenía aún más molido al ojiverde y a los chicos de lo que querían admitir.

Además de los conciertos y las ruedas de prensa, junto a las firmas, su equipo había decidido que era buen momento para comenzar a grabar el nuevo álbum (que tenían preparado para fin de año) durante esa semana, para más promoción. Harry no podía creerlo en un principio, pero cuando estuvieron metidos en un hotel de Francia dentro de un cuarto insonorizado improvisadamente, no pudo hacer más que caer en la realidad.

Para ese punto, Harry no recordaba cuándo había sido la última vez que durmió por ocho horas seguidas. Quizás la semana que pasó con Draco en Estados Unidos; pero tampoco tenía memoria de haber descansado un montón.

Entre medio de un ensayo, y la entrevista de antes del show de la noche, sus managers se habían encargado de juntarlos a cada uno para que grabaran su parte de una canción que querían mostrar en el último concierto de Inglaterra, al finalizar el tour.

Harry había hecho su parte. Los dedos le dolían luego de estar días y días sin parar de tocar, y había comenzado a tener moretones, además de pequeñas heridas en las puntas. Ginny y Draco fueron los primeros en entrar a grabar -para hacer la armonía y la voz principal, respectivamente-, por lo que cuando salió al pasillo a unirse a ellos, no esperaba ver en lo absoluto a sus dos representantes rodeando a Hermione y Ginny y gritándoles en el pasillo.

Harry prácticamente corrió hasta ellas.

—Hey, hey, hey —dijo en cuánto se acercó, colocándose frente a las chicas de forma protectora.

Robert alejó la mano de Harry, que se había levantado para crear distancia entre los hombres y sus amigas, de un manotazo, y le levantó el dedo índice entre ceja y ceja.

—No te metas —siseó.

Harry frunció el ceño, cambiando la mirada del idiota ese hasta su otro representante, Josh, que miraba la escena con esa fría postura. Sus manos formaron puños a los costados y la bilis comenzó a subir por su garganta.

—Estás gritándole a las únicas dos chicas de toda la banda. Me parece que voy a meterme todo lo que quiero —le rebatió, apretando los dientes.

Robert bufó. Ginny atrás de él estaba bastante quieta y extrañamente callada. Si fueran otras las circunstancias, le habría dicho a Harry que no necesitaba un salvador, que ella se encargaba. Aquello era mala señal. O Gin estaba muy afectada, o estaba exhausta. Cómo fuera, no era bueno. Hermione se aferró con más fuerza a su ropa, como intentando decirle sin palabras que daba igual.

—A las dos putas inútiles, querrás decir —escupió.

Harry ni siquiera lo pensó. Se abalanzó hacia el hombre dispuesto a pegarle un puñetazo en el ojo para que se callara. Pero Hermione alcanzó a detenerlo, con una fuerza que no tenía idea que poseía. Por el rabillo del ojo, vio cómo Ron y Draco se acercaban. No tenía idea dónde habían estado hasta ese momento, pero le daba igual.

Iba a matar a ese desgraciado.

—¿Cómo te atreves…?

—Mira, Harrison o cómo mierda te llames —espetó Robert con veneno, rojo de la rabia. Harry gruñó, de verdad gruñó—, entiendo que ustedes vengan del campo y de la suciedad y que hayan sido unos pobretones de mierda. Pero aquí, para estar al nivel, tienen que dar más. —Alzó el dedo índice antes puesto frente a su cara para posarlo en su pecho, dando un toque. El ojiverde se removió, dispuesto a tirarse encima de él—. Lo que están dando es una mugre.

De qué mierda estaba hablando, joder. ¿Qué le pasaba? Apenas habían dormido. Apenas hacían nada más que lo que ellos querían.

—¡Estamos haciendo lo que podemos! —le gritó.

—¡No están haciendo lo suficiente!

Harry sintió cómo la sangre borboteaba bajo su piel y subía a su cara, de la más pura rabia. Tenía la mandíbula tensa, y mordía el interior de la mejilla, mientras ahora Ginny se sumaba a afirmarlo, porque Harry quería golpearlo tan fuerte. ¿Cómo se atrevía?

El resto de sus compañeros llegaron dónde estaban, confundidos, y Robert les dio una mirada airada y despectiva, antes de dar media vuelta.

—Acostúmbrate a esto, Potter —le dijo, girándose una última vez. Harry estaba tratando de controlar su respiración—. Aún te quedan cinco años más. Ni siquiera llevas uno. —Su cara se adornó con una de las sonrisas más asquerosas que el azabache había visto en la vida—. Quizás, después de todo, no estás hecho para ser una estrella. Habrá que hacer algo al respecto.

Y con ello, continuó su curso. Harry quería gritar, decirle algo, mandarlo a la mierda. Sentía la ira fluir por sus venas y unas ganas enormes de que lo soltaran para golpearlo hasta que se le cansaran las manos, pero se quedó congelado, sintiendo cómo un peso se instalaba en su estómago.

Cinco años...

Josh, quién había visto la escena sin decir una palabra, se acercó hasta él, haciendo que Ginny y Hermione lo sujetaran con más fuerza. Porque Harry estaba dispuesto a pegarle también. Lo miró con todo el odio que una persona podía cargar, y éste le devolvió la mirada unos segundos. Pero luego bajó la voz para que sólo Harry pudiera escucharlo, hablando casi encima de su oído. Aunque no estaba seguro de que su mejor amiga no lo hubiera escuchado también.

—Si fuera tú —arrastró las palabras, con aire de advertencia—, tendría más cuidado con las personas que ven quienes entran a mi habitación. No me gustaría que ciertas información fuera filtrada. —Se separó, estudiando su reacción, y luego sonrió al resto, una sonrisa practicada, asintiendo con la cabeza—. Buenas tardes.

Lo sabía.

Josh lo sabía.

Harry sintió cómo lo último que había comido durante el desayuno comenzaba a subir por su garganta. Y frío. Un frío entumecedor, que se apoderaba de cada rincón de su persona. El agarre de las chicas comenzó a aflojarse y pronto se vio libre de nuevo. Pero no podía prestarle atención a la conversación que se estaba desarrollando a su alrededor, algo sobre que Ginny había olvidado la letra y la armonía por el sueño. No podía enfocarse en los ojos grises preocupados sobre él, o las palmaditas que estaban hechas para ser reconfortantes en su espalda por parte de Hermione.

Todo su cuerpo se sentía como debajo del agua.

Harry se disculpó casi de inmediato, dijo que necesitaba un tiempo solo antes de la entrevista en un par de horas, y se marchó a su habitación. Necesitaba respirar, organizar sus ideas. Las palabras de Josh y Robert repitiéndose en bucle en su cerebro.

Soltó un respiro tembloroso, y sintió cómo su pecho comenzó a arder, la ropa a asfixiarlo. Harry respiró hondo y se quitó el collar que adornaba su cuello, mientras empezaba a tirar del borde de su camiseta, que apretaba. Su corazón latía rápido y todo se veía distante. Su respiración agitada siendo lo único que oía en todo el mundo.

Acostúmbrate a esto, Potter.

Terminó sacándose todo lo que llevaba de la cadera hacia arriba, para así poder tomar aire con tranquilidad, y comenzó a buscar un reloj, algo, algo que delimitara un ritmo que pudiera seguir.

Aún te quedan cinco años más.

Con manos temblorosas, se tiró a sus cosas para así poder buscar su celular. El ardor de su pecho ahora estaba en todas partes, y sentía que en cualquier momento sus rodillas se iban a rendir y caería al suelo.

Ni siquiera llevas uno.

Mierda, mierda, ¿por qué había pensado que aquello no era definitivo? ¿Por qué aún no parecía que eso estaba pasando? Se habían metido allí, hasta el fondo. Y Draco, y las citas, y las entrevistas. Eso no iba a parar. No iba a parar. No iba a parar. No iba a parar.

Tendría más cuidado con las personas que ven quienes entran a mi habitación.

Con el corazón en la garganta, Harry marcó rápidamente el número de su psicóloga y se dejó caer al piso, con la espalda apoyada en la pared.

—¿Hola? ¿Harry?

Sintió cómo un poco de peso era retirado de sus hombros.

•••

Harry se pasó por al menos una hora escuchando las palabras tranquilizadoras de su terapeuta, que calmó el pequeño ataque que le había dado. O que estuvo a punto de tener.

Y pensó obsesivamente en el contrato.

Draco no fue a buscarlo, aunque él supuso que ya debía estar preparándose para la entrevista. Pero Harry no tenía ganas de nada más que quedarse allí hasta el próximo año. O hasta la próxima vida. La verdad, lo único que le motivó a moverse fue la idea de ir a buscar a Hermione, para aclarar las cosas.

Por suerte, su amiga estaba a unos pasillos, porque se alojaba en el mismo piso, así que se encaminó hasta su cuarto. Los últimos pisos del hotel estaban reservados solo para la banda y el equipo, por lo que no debían preocuparse sobre ojos curiosos mirándolo.

No tardó mucho en encontrarla, y, cómo tenía mucha suerte, alcanzó a escuchar un fragmento de una discusión que Hermione y Ginny estaban manteniendo. Odiaba escuchar cosas que no debía, sobre todo cuando se trataba de peleas.

Dios, ¿acaso ahora todo se trataba de peleas?

—¿Qué estabas pensando? —escuchó cómo su amiga decía, entre dientes, mientras Harry se acercaba más a la puerta.

—Claramente no lo estaba, soy una puta estúpida- —La voz de su ex novia salió tan ronca, que lo sorprendió.

No entendía qué mierda estaba pasando. Pero aquello no tenía que ver con la pelea con sus representantes, definitivamente no. Era algo más.

—Ginny, no…

Harry tocó, sin saber que la puerta estaba entreabierta. Sin quererlo, ésta se abrió sola, y pronto se encontró parado en el umbral, con un brazo arriba y mirando a las dos chicas. Ginny estaba en uno de los sillones, con los ojos rojos, y Hermione se encontraba sentada a su lado, abrazándola parcialmente. Harry se aclaró la garganta, sin saber muy bien qué decir.

La castaña se separó de Gin al verle, dedicándole una sonrisa forzada.

—Lo siento, yo- —comenzó a decir él, gesticulando hacia atrás y luego a la puerta. No había sido su intención irrumpir así.

—¿Qué pasa, Harry? —preguntó en cambio Hermione con suavidad.

Harry pasó saliva.

—Puedo volver luego…

Ginny bufó, y aunque se suponía que debía ser juguetón, su cara estaba desprovista de humor, sus ojos perdidos en un punto del suelo.

—Ya estás aquí —dijo Hermione, acercándose—. ¿Te sientes mejor?

Harry se rascó la cabeza y cambió el peso de un pie al otro, completamente incómodo con la situación.

—Cierto. Eh… sí —balbuceó, para luego sacudir la cabeza. Decidió ir al grano—. Solo quería saber, mmm... si lo que se sabe de nosotros, lo que es conocimiento público, lo controla L.W Records.

Su oración salió muy parecida a una pregunta y se mordió el labio, inseguro. Su amiga ladeó la cabeza y se cruzó de brazos, estudiándolo.

—Pues sí, estaba en una de las últimas cláusulas —pronunció lentamente, y luego abrió la boca, cómo si fuera a preguntar "por qué", tal como Harry lo esperaba. Pero por alguna razón, se arrepintió a último momento. En cambio, dio un profundo suspiro y caminó hasta un montón de papeles encima de su mesita a un lado de la cama. Sacó un fajo de ellos, para luego pasarlos a Harry, cuidadosa—. Ten. Aquí hay una copia. Siempre las llevo conmigo en caso de.

Él recibió las copias con la mano ligeramente temblorosa y sonrió, aunque su sonrisa era igual de forzada que la de la castaña.

—Uhm. —Le dio un vistazo a Ginny por encima de su hombro, que aún parecía ausente, y luego a Hermione, quien lo observaba—. Gracias.

Ella asintió.

—Bien. Te veo luego.

Y con eso, cerró la puerta.

Harry suspiró, casi trotando de vuelta hasta su habitación y se encerró allí, apoyándose en la puerta a leer con cuidado. Sus ojos pasando de línea en línea y su respiración volviéndose aún más agitada, porque mierda.

A pesar de que conocía los puntos, era la primera vez que se daba cuenta, que eso era de por vida.

Harry nunca sería libre. Nunca podría decir que él y Draco estaban juntos, en un futuro lejano. Ni siquiera sabía que eso estaba en su planes, hasta ese momento. Y ahora sabía que era imposible. A menos que quisiera demandarlos. Pero él había firmado el contrato, había estado de acuerdo.

No existía forma de deshacerse de ello. De ganar.

•••

A medida que la semana llegaba a su fin, los ánimos dentro de la banda comenzaron a volverse más y más caldeados.

Una nueva pelea había sucedido, aunque esa vez había involucrado a Blaise y Theo, los amigos inseparables desde que la banda había empezado. Draco fue el que tuvo que separarlos, y Harry ni siquiera se molestó en saber qué pasaba esa vez. La relación entre todos se había desgastado un poco ya, cómo grupo. Ginny no hablaba mucho con nadie. Hermione y Ron estaban en su propia burbuja. Harry y Draco se preocupaban todo el tiempo de convencerse que todo estaba bien. Y Theo con Blaise nunca habían sido muy cercanos al resto tampoco. Por lo que los espacios que antes se llenaban con palabras de camaradería, fueron rápidamente reemplazados por silencios incómodos, o directamente: peleas.

Podía ser la falta de sueño. Podía ser la plasta de sus managers dando órdenes y Harry conteniendose de iniciar una trifulca. No sabía. Solo sabía que la tensión parecía crecer con cada momento, sin muchas razones. Y todo aquello en menos de un mes de convivencia.

Lo único relativamente bueno era que entre Draco y Harry todo volvió a la misma dinámica de siempre, cómo si nunca hubieran estado separados en primer lugar. Costaba disimular, eso sí. Nunca antes había sido tan difícil el estar reunidos todos, hablando sobre temas banales, y no darle la mano, o recostarse en su pecho, cómo si fuera lo natural.

Y es que, ¿por qué no podía? ¿Por qué mierda no podía? ¿Por qué tenía que esconder lo que sentía, de sus propios amigos? Estaba enamorado. No entendía por qué era tan terrible. No le cabía en la cabeza. Cada vez era más y más pesado, el tener que fingir que no eran nada, cuando lo único que quería era mostrarlo al mundo. Y no solo eso. El hecho de que tenía los dedos entumecidos, de que ya no podía más mental ni físicamente. Que ni siquiera podía alzar la voz y detener los gritos de sus representantes en contra de sus amigos. Era todo jodidamente injusto.

Porque Harry no tenía poder alguno. Lo había dado en el momento que puso su nombre en esa hoja.

La noche que se iban de Italia hacia España, su equipo les dijo que sería beneficioso que se les viera en una fiesta que se estaba dando en un club de no-sabía-qué. A cada uno se les dieron indicaciones específicas, y al no poder negarse, no había mucho qué hacer.

Eso no evitó el trago amargo que se llevó Harry al ver a Draco coqueteando con un montón de chicas toda la noche.

Porque él debería estar en ese lugar. En la pista de baile, tomándolo de las caderas, tal como lo habían hecho en Londres, o en Nueva York. Él debería estar recibiendo una de esas sonrisas perezosas y sin esfuerzo, que le estaba dedicando a una chica x para así ser fotografiado. Él debería estar abrazándolo y tomándolo de la mano. Él.

Ni siquiera eran celos.

Era un sentimiento de vacío. De profunda tristeza. De impotencia. De añoranza.

Harry, cayó en cuenta, que extrañaba su vida.

No eso. No lo que estaba haciendo en ese momento. El simplemente existir. Extrañaba las risas en medio de los ensayos, y las bromas mientras grababan un disco. Extrañaba la excitación antes de salir al escenario, y los abrazos tras bambalinas. Extrañaba el escribir para él, a las cinco de la mañana porque no podía dormir. Extrañaba su amor por la música. Extrañaba lo que era. Lo que Color Blue solía representar para él.

Y sobre todo, extrañaba la libertad. O al menos la seguridad de un día, poder serlo.

Harry se mantuvo toda la fiesta en un rincón, observando al rubio usar sus mayores dotes de encanto y actuación, preguntándose cómo era capaz de hacer todo eso. Y entonces, cuando la gente se acercaba a hablar con él, y su cara cambiaba a una sonrisa de forma instantánea, se dio cuenta de que él también lo hacía.

Harry no sabía cuándo había sido la última vez que no estaba fingiendo.

Aquella noche durmió con Draco, sin importarle una mierda que alguien de su equipo pudiera entrar y quedar al descubierto. Se aferró a él cómo si fuera lo único real en ese mundo de títeres y cosas prescritas y guionizadas.

Y todo pareció volver a estar bien.

Entonces al siguiente día, un reportaje no consensuado de su vida se difundió y publicó.

Cómo la guinda de la torta. Ahora cada persona que lo conociera sabría su historia, y por lo que había pasado; junto a la dirección de su apartamento de Londres. Aquello que había sido personal e íntimo, solo de él, estaba de boca en boca. Los Dursleys, sus cicatrices, sus miedos, todo.

Y Harry descubrió que no podía sentir nada al respecto.

Era como si sus emociones se hubieran apagado, cómo si ya no supiera dónde terminaban las líneas de la realidad y empezaban las de la pesadilla. Los entrevistadores de aquel día no hicieron más que preguntar acerca de su primo Dudley, y ni las caricias de Draco, o las insistentes llamadas de Laura que ni contestó, fueron capaces de sacarlo de su estupor.

Extrañaba su vida, pero por nada más y nada menos, que porque aquello ya no lo era.

•••

La última noche que pasarían en un hotel, la última noche en España, y antes de tomar el vuelo de vuelta a Inglaterra, Harry se encontró entre los brazos de Draco durante la madrugada, ambos agradeciendo mentalmente que la semana al fin terminara.

Harry estaba con la cabeza apoyada en su regazo, ambos sentados en un diván frente al gran ventanal que daba a la ciudad de Barcelona. Se veía bonita, los edificios de colores neutros adornaban el paisaje. Y por unos instantes, se permitió de nada más que disfrutar la vista y sentir el cariño de los dedos de Draco en su cuero cabelludo.

Irónico, cómo llevaban casi dos semanas viajando sin detenerse, y no había sido capaz de disfrutar prácticamente nada de las ciudades dónde habían estado.

—¿No lo encuentras extraño? —preguntó Draco al cabo de un rato, con un hilo de voz.

Aún seguía tirando sus mechones de pelo, y Harry se giró un poco para mirarlo. El rubio tenía la vista fija hacia afuera, pero había una tensión en sus facciones que ya estaba ahí desde hacía un buen tiempo, y que no abandonaba su cara. Su lechosa piel blanca brillaba un poco con las luces de afuera, y aún estaba algo húmeda por el baño que se habían dado hace no mucho.

—¿Qué? —preguntó Harry, suspirando.

Draco detuvo sus caricias por un segundo.

—Todo esto.

Las palabras salieron antes de que pudiera procesarlas.

—¿Sinceramente, Draco? Lo estoy odiando.

Cerró los ojos, sorprendiéndose hasta a él mismo. No quería ser tan tajante, pero era lo que sentía. Lo que venía sintiendo desde hacía un buen tiempo. Toda la emoción del inicio, los primeros conciertos, se habían disuelto en nada más que un recuerdo. Un constante cansancio y amargura frente a lo que debían o no hacer. Frente a las peleas. Frente a lo que antes amaba.

Draco no hizo nada más que mirarlo, con la cuidadosa expresión en blanco en su rostro y sus ojos grandes y grises. Harry se preguntó si sentía lo mismo. Si sentía esa asfixia. Ese nudo en el pecho cuando pensaba en lo que estaba sucediendo. No lo sabía.

Ni siquiera sabía si en primer lugar eso era lo que Draco siempre había querido, ¿no? Siempre había hablado del sueño de Harry, y una sola vez mencionó que también era suyo. Pero siempre se refería a la posibilidad de un contrato como una oportunidad y no como una meta de vida.

—Ni la emoción de los conciertos compensa la mierda que he estado sintiendo —continuó Harry, expresando sus sentimientos en voz alta—. Siento- siento que todo se está yendo al carajo.

Draco nuevamente no hizo nada más que mirarlo, y Harry tuvo que apartar la vista, desviando sus ojos verdes a la ciudad.

Sintió su garganta picar y cerrarse, mientras mordía el interior en su mejilla. En cualquier momento iba a empezar a lagrimear, lo sabía, y sentía una rabia inexplicable al respecto.

—No se suponía que esto iba a ser así… —murmuró con la voz rota.

Draco se dobló sobre su propio eje de inmediato, para así poder envolverlo entre sus brazos, y descansar su frente en uno de sus hombros, mientras depositaba un beso allí. Harry tembló, pero de la ira y de la tristeza.

Porque quería deshacerse de ese puto vacío. Quería recuperar la emoción de hace meses atrás. De hace años atrás. Quería desaparecer el sentimiento de pérdida, de desilusión, que amenazaba con terminar por quebrarlo. Se odiaba a sí mismo por sentirse así. Se odiaba porque no sabía si era muy iluso o muy estúpido.

Y por lo mismo, tenía rabia.

Porque no debería estar sintiendo eso. No debería. Debería estar riendo, disfrutando y celebrando. Ese era su sueño. Lo había sido desde que vivía con Ron, a los catorce, y ambos fantaseaban por tardes enteras sobre su futuro. Lo había sido desde que había juntado a la gente necesaria. Lo había sido siempre. Siempre. Debería por fin abrazar el éxito y lo que les había costado tanto trabajo lograr.

¿Pero a costa de qué?

No sabía qué le deparaba en ese punto. Se sentía un esclavo de sus propias fantasías.

—¿Qué sugieres hacer? —fue la voz de Draco que rompió el hilo de sus pensamientos.

El corazón de Harry se hundió en su pecho, y sintió cómo el mundo se desmoronaba.

—Ya no hay mucho que hacer.

Nada.

Draco no respondió, y Harry suspiró temblorosamente, con su cabeza hecha un lío. Se enderezó, dispuesto a abrazarlo cómo correspondía. De alguna forma, aquél dolor solo se comparaba con el que sintió cuando creyó que el rubio se había ido de su vida. El sentir que perdió algo, que no lo valoró lo suficiente cuando lo tuvo. Pero no tenía sentido, porque se suponía que estaba en la cima. Que eso era lo que quería, no-

Draco tomó su barbilla entonces, y depositó un beso en sus labios.

Harry dejó que su mente se apagara, cómo lo venía haciendo durante los últimos días y se fundió, reteniendo las lágrimas. Envolvió el delgado cuerpo del ojigris entre sus brazos y lo besó, lo besó cómo si la vida dependiera de ello.

Draco le estaba diciendo que lo amaba, que estaba ahí con él; sin palabras.

Y Harry lo supo ahí, en ese beso. Ni la fama, ni el sexo, ni las drogas, ni el alcohol. Ninguno de sus sueños. Nada.

Nada era más importante.

Solo él.

Solo lo quería a él.

Me han comentado mucho que por favor que esto no termine mal, y ya les dije que tiene final feliz!! JDKDKD. Siempre respetando la verosimilitud de la historia, y en congruencia con mis personajes, cabe aclarar. Pero feliz.

En fin, 2 caps más epílogo. OMG