Lo primero que hizo Harry al volver a Londres, fue comprar un apartamento casi a las afueras de la ciudad, en un condominio que jamás en la vida podría haber soñado con poder pagar.
Era casi tres veces más grande que el antiguo: blanco, moderno, con un ventanal en la pieza principal y en la sala de estar. Cada espacio separado. Había quedado encantado apenas lo vio, aunque aún así no se comparaba con su anterior piso. Quizás era la carga emocional; allí había vivido tantas cosas. Ese apartamento había visto el inicio de su relación con Draco. Pero era agradable, al final de todo, renovar aires.
No le quedaba opción, además. No luego de que se filtrara su dirección y no hubiera podido volver a su antiguo apartamento. No hubiera podido despedirse. Tuvo que esperar pacientemente a cómo le traían las cosas de más valor, porque el área estaba llena de chicas que acampaban esperando verlo.
No era el único que se había mudado. No mucho después de volver, Ginny, Ron y Harry habían juntado su dinero para comprarle una casa (más parecida a una mansión, que cualquier cosa) a Molly y Arthur. Harry pocas veces se hacía sentido tan contento. Por mucho que le tuviera cariño a La Madriguera, esa casa era lo que ellos se merecían. Lo que siempre se habían merecido. Todos terminaron en mejores condiciones de vivienda, y al menos eso ayudó a disipar el mal sabor que el tour había dejado en su boca.
Sin embargo, el trabajo no se detuvo. Apenas dos días tuvieron de descanso -en los que Harry no paró de dormir-, antes de que los empujaran nuevamente. Entrevistas, promoción del nuevo álbum. Evento de firmas. Invitaciones a ser los conductores de distintos programas. Fiestas. Eventos sociales. Una semana después, y Harry nuevamente estaba durmiendo no más de cinco horas diarias. Al menos, no fue hasta luego de un mes que tuvieron un concierto nuevamente.
La emoción era la misma, siempre. Para todos. De todas formas, los sucesos que se empezaron a gestar a su alrededor durante esos meses, comenzaban a opacar aquello.
Lo realmente bueno, fue que Draco se mantuvo a su lado todo el tiempo.
Llegaron de la gira, y el rubio no dejó su costado. Y para cuando Harry se había instalado en su nuevo apartamento, Draco dormía, comía, básicamente vivía allí. Ninguno había hablado nada al respecto, pero era agradable. La vida se hacía menos pesada, y los temores de Harry de tener que soportar una vida sin él se disipaban con cada día que el ojigris amanecía entre sus brazos.
Pero la charla debía llegar en algún momento, ¿no?
Una noche, luego de que Draco haya rechazado una vez más la pregunta de Goyle de irse a su casa a través del teléfono, (dónde se había estado quedando hasta antes de la gira), Harry se había acostado a su lado, apoyándose en el respaldo de la cama, y había preguntado sin mirarlo:
—¿Entonces esto significa que estamos juntos?
La reacción fue casi inmediata. Draco, sentado a su costado, se giró rápidamente a él y su cuerpo se tensó, mirándolo. Harry no tenía idea qué iba a decir cuando abrió la boca, pero él se le adelantó, dándose vuelta y frunciendo el ceño.
—Harry…
—No, escucha —habló por encima, interrumpiéndolo. Draco se calló—. Ya te he dicho que te entiendo, pero entiéndeme tú a mí. Ya te perdí una vez, Draco. Ya te perdí una vez y creo que jamás en la vida me había sentido tan- vacío. —Las palabras comenzaron a salir de su boca con apenas unos segundos de contemplación. Bueno, había pasado un largo rato desde que tuvo su último vómito verbal. Draco lo escuchaba, serio, en silencio—. No quiero separarme de ti, y sí, quizás estoy siendo obtuso. Pero no hay manera que el estar lejos sea la solución a los problemas que tenemos, al contrario, nos va a terminar destruyendo. La vida se puede estar cayendo a pedazos, y sé que si tú estás ahí al final del día puedo soportarlo. Puedo hacer cualquier cosa. Cualquier cosa Draco. Entiéndelo, maldito terco, no hay nadie ni nunca habrá nadie que no seas tú. Desde el momento en que te vi, desde el momento en que te conocí… sé que lo que tenemos tú y yo es diferente, lo sé. Y sé que somos jóvenes e ilusos. Pero tengo la certeza que la conexión, la complicidad, el amor que tengo contigo, no lo tendré con nadie, y- joder, creo que es la primera vez que hablo tanto de sentimientos.
Harry sacudió la cabeza, mareado. No solo era la primera vez que hablaba tanto acerca de sentimientos. Quizás era la primera vez que hablaba tanto de sopetón en la vida.
Draco se removió en su lugar, y esbozó una sonrisa débil, rompiendo parcialmente el semblante frío. Su postura y su expresión no demostraba nada, si es que acaso las palabras de Harry lo habían afectado.
—Cuidado, que no te haga cortocircuito el cerebro —bromeó al final.
—Draco...
Draco suspiró, mordiendo su labio. El cabello estaba desordenado, el flequillo cayendo en su frente, y en la mano aún tenía su teléfono, con el que jugaba a abrir y cerrar la tapa, denotando la duda, el nerviosismo. Harry apartó la mirada.
—Pero tu sueño-
El moreno volvió a adelantarse.
—Podemos hacer que funcione, y si no funciona, a la mierda. Te tengo a ti. —Se encogió de hombros, y cargó de significado las siguientes palabras—: Te tendré a ti.
Se atrevió a volver a verle, y allí estaba ese brillo especial de sus ojos. Aquel que le decía que ya había ganado la batalla. Harry extendió una mano, para poder tomar la ajena.
—¿De qué me sirve el dinero? ¿La gloria? ¿De qué? —preguntó de forma retórica.
—Harry…
Sonó apenas como una respiración, y Harry, para no alargarlo más, se inclinó hacia él y lo besó.
Si eso no lo convencía, no sabía qué más lo iba a hacer. Además, le aburría un poco conversar de cosas tan profundas. Ya estaba bien, ya era suficiente. Estaban sucediendo demasiadas cosas como para también preocuparse por Draco y su necedad. Harry ahuecó su cara entre las manos e ingresó su lengua dentro de la boca ajena, arrancándole un suspiro. Draco posó sus dedos en los brazos del ojiverde y se dejó besar. Se dejó llevar.
Y los temores y las dudas se disolvieron también. Harry no sabía por qué no había pasado antes.
Se separó, apoyando su frente en la de Draco y cepilló sus narices juntas, haciéndolo sonreír. Harry volvió a darle un beso casto y lo miró a los ojos. Aunque de esa distancia, la cara de Draco era más una distorsión que nada; lo importante era tenerlo cerca.
—¿Vas a dejar de nadar contracorriente de una maldita vez, bastardo terco? —preguntó, encima de sus labios.
Draco bufó, rodando los ojos.
—Idiota.
Harry sonrió y el rubio se acercó para así darle otro beso, algo más corto que el anterior. Sintió cómo por su estómago y su pecho se extendía una emoción cálida, una felicidad que antes no había experimentado. Cuando todo empezó con Draco, hacía más de un año y medio atrás, los bordes de su "acuerdo" estaban difuminados. Harry no sabía dónde empezaba la relación y dónde terminaba la amistad. Luego, cuando todo había terminado, no recordaba haber sentido más que dolor. Pero ahí, ahí estaba una certeza que antes no existía.
Estaban juntos. Al fin. Cómo una pareja normal.
O bueno, relativamente normal.
—¿Eso quiere decir que ya puedo decir que eres mi novio? —preguntó Draco de pronto, dejando un pequeño beso en su cuello—. Eres el primer novio que tengo en la vida, Harry. Eres muy afortunado. Hay quienes matarían por estar en tu lugar.
Harry soltó una risa.
—No lo dudo —replicó—. Tú también eres mi primer novio.
Lo último fue dicho con más suavidad de la que el moreno esperaba y maldijo por lo bajo. ¿Qué era todo esto? No tenía trece años, por el amor de Dios.
Pero Draco no hizo comentario alguno acerca de eso. En cambio, dejó otro beso en su mandíbula.
—Míranos, todos vírgenes e inexpertos.
Harry lo abrazó.
—O sea…
El rubio rió, cayendo finalmente ambos al respaldo de la cama. Harry sentado y Draco en su pecho. El último comenzó a trazar líneas encima de su piel y Harry enterró los dedos en el cabello ajeno, masajeando allí.
Aún le costaba entender lo rápido que caían en la rutina, cuando se trataba de ellos.
—¿Esto significa que ya vas a aceptar también que estás viviendo aquí o…? —soltó de pronto el azabache.
Draco se separó de golpe, para así mirarlo a los ojos. Harry lo miró de vuelta, elevando una ceja desafiante.
—No estoy viviendo aquí —dijo Draco de forma determinante.
—Claro, ¿eso te dices en la noche para poder dormir? —preguntó de vuelta con sarcasmo. Draco pellizcó su piel en venganza y Harry se alejó, arrugando el entrecejo—. Draco, honestamente, desde que llegamos a Londres no has dejado este apartamento, acéptalo. —El ojigris no contestó de inmediato y Harry resopló un poco, deteniendo sus caricias—. Gracioso, cómo aún así pensaste que te ibas a librar de mí.
Draco bufó también, volviendo a recostarse encima de su pecho, y luego lo abrazó. Harry lo abrazó de vuelta. La luz de una lámpara en su mesita de noche era lo único que alumbraba la habitación. Afuera, el paisaje del ventanal daba a los demás edificios, y a lo lejos, campo. Campo verde que en la noche no se veía.
—No estoy viviendo aquí, Potter —dictaminó con aire final—. Pero yo creo que compraré un departamento en este condominio. O cerca.
Harry sonrió.
—Me agrada la idea, pero te quiero aquí —insistió.
—¿Y si te enojas y me echas? —preguntó Draco.
El moreno frunció el ceño, separándose para mirarlo.
—¿Cuando, en el nombre del Señor, te he echado?
Sintió a Draco sonreír encima de su piel.
—No puedes decir que no quisiste hacerlo, cuando peleábamos. —Hizo una pequeña pausa—. Yo sí quise, la verdad. Pero no era mi apartamento.
Harry abrió la boca exageradamente, dándole un golpe en el brazo. Draco se quejó, aunque era más por quejarse que porque le haya dolido de verdad.
—No, Draco, no soy un psicópata —respondió—. Me siento ofendido.
—Llorón.
El azabache volvió a apretarlo contra sí, mientras miraba su cabello. Se estaba poniendo cada vez más largo. Si no lo cortaba, en poco tiempo pasaría sus hombros. Se le veía jodidamente bien, sinceramente. Esperaba que no lo cortara.
Cuando iba a replicar, un pensamiento cruzó su mente.
—¿Te das cuenta que desde que tuvimos la pelea, ya no hemos vuelto a discutir? —preguntó, algo asombrado.
Sí, habían tenido una pequeña discusión cuando Draco lo había besado, aquella vez antes de salir a un concierto. Pero no era lo mismo. Antes peleaban, peleaban de verdad.
—No llames a la mala suerte —fue la respuesta de Draco.
Harry negó suavemente.
—No, pero enserio, me impresiona. Siempre creí que pelearíamos toda la vida, y ahora hasta diría que somos una pareja de telenovela.
Draco volvió a levantar la cabeza, para mirarlo con la frente arrugada.
—¿Por qué ves telenovelas? —preguntó con diversión.
Harry se encogió de hombros.
—Son entretenidas.
Draco se lo quedó viendo un rato, perdido en sus facciones. Luego se inclinó hacia adelante, dejando un pequeño beso en su mejilla, que Harry recibió con gusto, una leve sonrisa asomándose en las esquinas de su boca.
—Tienes razón —dijo Draco, volviendo a acomodarse—. Respecto a que no hemos peleado. Quizás era porque estallábamos al no decirnos nada, no lo sé. Ahora nadie te calla.
—Te odio.
—Nah, no lo haces.
Harry pellizcó a Draco esta vez, haciéndolo lloriquear.
Aún no entraban de lleno al invierno, aunque cada día hacía más frío. Sin embargo, eso no les impedía dormir desnudos, ambos con miles y miles de cubiertas, (que Draco le robaba en medio de la noche), y abrazados.
Siempre dormían abrazados.
—Es tan extraño —dijo Harry al cabo de unos minutos, con la mente aún en la pelea—, pensar todo lo que hemos pasado. En lo que sucedió aquella vez.
Draco tardó un poco más en contestar.
—No me lo recuerdes —espetó en tono despectivo—. El imbécil de Damen aún tiene el ojo morado del puñetazo que le dí.
—¿Le pegaste? —preguntó Harry, asombrado.
—Por supuesto, ¿quién mierda se creía? Me había arruinado la puta vida en ese momento.
Harry sintió cómo su corazón se detenía por un momento, al imaginarse a Draco golpeando a alguien. Tenía que haber algo mal en él, porque suponía que no era normal encontrarlo tan desesperadamente caliente. Y estaba el hecho de que lo había golpeado por lo que el tipo dijo y provocó. Draco incluso había usado la frase: "me arruinó la vida". Era una combinación extraña que hacía su estómago retorcerse.
—Me hubieras invitado —dijo al final, con enojo fingido.
Draco rió.
—Creo que estamos en camino a ser una pareja muy violenta.
Harry asintió lentamente, comenzando a acariciar su cabello.
—Bonnie y Clyde no son nada en comparación.
El siguiente día era libre, -gracias a Dios-, así que deberían aprovechar para dormir un poco. Pero estaba tan cómodo así. No quería moverse para apagar la lámpara, ni bajar para poder acostarse completamente. Afuera, parecía que había empezado a lloviznar, y le daban ganas de abrir la ventana y salir a mojarse. Solo por la diversión de hacerlo. Suponía que a Draco no le haría gracia.
Sintió al rubio suspirar hondamente encima de su pecho, mientras trazaba las cicatrices de su estómago. Harry sentía los músculos tensarse bajo su toque, y cómo su cuerpo entraba de a poco en calor, al estar acostado a su lado. Definitivamente tenía una circulación de mierda.
Draco volvió la cabeza nuevamente para poder mirarlo.
—Narcissa y Lucius llamaron cuando volví de gira —confesó de sopetón.
Harry alzó las cejas, sin esperarlo. Habría creído que Lucius y Narcissa ya no querrían saber nada de Draco, no luego de lo que le habían hecho. ¿Hacía cuánto que Draco no oía nada de sus padres? Que él supiera, al menos.
El hecho de que ahora se lo estuviera contando, que lo estuviera compartiendo con él, era tan importante. Algo que un año atrás jamás habría soñado.
—¿Sí? —preguntó con suavidad, sin detener sus caricias.
Draco asintió con lentitud, cerrando un poco los ojos al sentir a Harry retirando unos mechones de cabello de encima de sus ojos.
—Dicen que realmente quieren hacer las paces.
Aquello lo detuvo. Bajó la mano, frunciendo el ceño instantáneamente, mientras una rabia comenzaba a nacer en su interior. ¿Cómo se atrevían a buscarlo ahora? Ahora que Draco estaba bien, claro. Lucius había hecho de su vida una mierda. Draco, su Draco, había sufrido por ser quien era. Y luego lo dejaron a su suerte, sin importarles si comía o no. Si vivía o no.
—Eso te dijeron la última vez.
—Lo sé —susurró el rubio.
No se merecían un segundo de su tiempo. No se merecían nada de Draco. Ni una sola mirada. Eran una mierda.
Pero aún así los ojos de su novio brillaban, y eso era algo innegable.
—Hicieron de tu vida un infierno —dijo Harry con severidad.
Draco apartó la mirada, apoyando su barbilla en el pecho del moreno.
—Yo- fue hace mucho tiempo atrás.
—El año pasado nada más volvieron a decepcionarte —le recordó.
Y recordó lo mal que había estado Draco. La forma en la que su rostro había cambiado. El dolor con el que había actuado. Recordó todo eso y la sangre comenzó a hervirle.
Draco apoyó la mejilla esta vez, y cerró los ojos con fuerza.
—Son mi familia.
Salió en apenas un susurro y el pecho de Harry se encogió un poco, al encontrar la vulnerabilidad en su voz.
Pero era una trampa, tenía que serlo.
O eso creía él. ¿Pero realmente podría saberlo? Harry no tenía padres. No sabía cómo funcionaban esas relaciones. ¿Podría ser verdad? ¿O Draco solo estaba siendo indudablemente iluso? No quería volver a verlo como aquella vez, no quería volver a verlo mal. Ya tenían suficiente con la mierda que estaban pasando. Otra traición de Lucius y Narcissa no serviría de nada.
Harry retomó sus caricias, agachándose para dejar un beso en la frente de Draco.
—Si crees que te hará bien —empezó a decir él, aunque en tono dudoso—, ve y habla con ellos. Depende de ti. —Hizo una pequeña pausa, sin saber muy bien qué añadir—. Yo te apoyaré en todo.
Draco abrió los ojos, y le dedicó una sonrisa tan grande que pareció iluminar la habitación entera cómo un rayo. Era como mirar directamente a una luz muy brillante. Tenía una hilera de dientes rectos, y en sus comisuras se formaban hoyuelos diminutos. Su nariz se arrugaba un poco en la punta y en las orillas de sus ojos claros había pequeñas líneas de expresión. Harry pasó un dedo por sus pestañas, imitando su sonrisa.
—Eres el mejor novio del mundo —dijo Draco en tono de diversión.
—Gracias, ya sabía.
El rubio le dio un nuevo pellizco en la piel, que hizo que Harry le diera una patada involuntaria. Draco entonces se vengó comenzando a hacerle cosquillas en el cuello y Harry había ocupado toda sus fuerzas para empujarlo debajo de él, y comenzar a besarlo. Un beso que le robó el aire a ambos y terminó en gemidos y te amos susurrados.
Y Harry casi podía fingir que el mundo real no estaba sucediendo allá afuera.
•••
Durante los siguientes meses no pasó mucho. Harry continuó con su terapia, luego de la recaída que había tenido durante el tour. Y seguía siendo difícil, más ahora que sentía que le habían arrebatado algo que él amaba. Pero aún así era un alivio.
Draco efectivamente se compró un apartamento en el mismo condominio, aunque eso no quería decir que lo ocupara en lo absoluto. De pronto, cuando tenían algunos desacuerdos, desaparecía por unas horas, maldiciendo por lo bajo y alejándose por el bien de la relación. Pero siempre volvía a dormir con él.
Draco siempre volvía a Harry.
A medida que el Otoño se transformaba en Invierno, los chicos fueron invitados a más programas y les agendaron bastantes eventos y conciertos. Para la semana de vacaciones de Navidad y Año nuevo, no tenían un solo día libre.
De todas formas, y luego de haberlo notado una noche, durante Junio y Julio de ese año ambos habían estado tan ocupados que habían olvidado festejar y celebrar sus cumpleaños a como diera lugar. Así que para cuando llegó Navidad, (bueno, una semana antes, por temas de calendario y trabajo), Harry organizó una cena en casa, dónde cocinó él, vieron televisión basura, y se hicieron bastantes regalos. Fue una noche sin preocupaciones.
Una noche que les sirvió para prepararse para lo que se les venía.
Durante el 24 de Diciembre Draco tuvo que fingir una cita con una modelo nueva, Emily quedando olvidada en la historia. Y Harry viajó a Italia dos días antes de Año Nuevo para ayudar a Daphne en una pequeña promoción de su banda y, por órdenes directas, la besó en frente de una multitud cuando el reloj dio las doce. Y lo único que podía pensar Harry era que esperaba que Draco jamás lo viera. No quería causarle tristeza.
El dos de enero, el moreno volvió al fin, y luego de pasar todo el día con Draco y hacerle el amor de todas las formas posibles para recordarle que lo amaba a él y solo a él, celebró su Año Nuevo de verdad con los Weasley.
Fue un almuerzo agradable, y aquella vez estaba toda la familia. Molly lo llenó de besos apenas lo vio, y Arthur no paraba de agradecerle.
Aunque la casa nueva se sentía completamente distinta y menos acogedora que La Madriguera, continuaba siendo un lugar cálido, sobre todo cuando las personas con las que prácticamente se había criado, estaban allí. Charlie cada vez era más musculoso, y Bill había vuelto radiante con la noticia de que Fleur, su esposa, (quién no podía viajar), estaba embarazada. Molly había llorado al saberlo y Arthur había fingido que no lo hacía. Percy también estaba, hablando como de costumbre de su trabajo. Y Fred junto a George extendían sus sucursales con cada día que pasaba a diferentes países. A ninguno le podía estar yendo mejor.
Por lo mismo, no había explicación para la delgadez de Ron y la cara demacrada de ginebra.
Harry estaba consciente que probablemente tenía- no, debía tener relación con la banda. Se preguntó si él mismo no se vería así. Había tratado de relegar hasta el fondo de su mente la rabia y la tristeza que sentía cada vez que pensaba en Color Blue, pero podía ver claramente que no era el único.
Además, Ginny fue la que peor lo pasó durante la gira.
Luego de la comida, Harry captó un momento en el que los dos hermanos desaparecieron de la mesa, y movido netamente por su preocupación fue a buscarlos. Tamaña fue su sorpresa al encontrarlos en el salón grande de la entrada, Ron abrazando a Ginny mientras ella colapsaba en su pecho.
Harry no recordaba cuándo fue la última vez que les había visto abrazados. Antes de los quince, probablemente.
Ron estaba acariciando su espalda, intentando calmarla, y ella tenía la cara tapada con el cabello. Harry dio un paso dentro de la habitación para hacer notar su presencia, y escuchó lo que Ron murmuraba.
Dios, ¿siempre debía escuchar a escondidas todo?
—No es tu culpa que Blaise y Theo no se hablen, Ginny. Son sus decisiones.
Era muy tarde para echarse hacia atrás, y ambos ya habían notado la presencia de Harry dentro de la habitación. Ambos levantaron la cabeza al mismo tiempo y Ginny se enjugó las lágrimas, dando un paso lejos de su hermano.
Harry nuevamente estaba parado frente a ella como un imbécil.
—Gin- —comenzó, pero no sabía muy bien qué decir. Ella lo miró—. Lo lamento.
Ron carraspeó, rascando la parte posterior de su cabeza. Ginny le dedicó una sonrisa suave, y el pelirrojo hizo una seña, que indicaba que se iba. Harry no sabía si sentirse agradecido o no por ese hecho. Disipaba la situación incómoda, pero solo para dejar al ojiverde en una nueva.
Finalmente, Ron salió del lugar dándole una palmada en la espalda a Harry, quién se quedó quieto, maldiciendo mentalmente por haber sido tan metiche, y esperando que Ginny hablara.
Eventualmente, lo hizo.
—Está bien —dijo ella, mordiendo su labio—. Te ibas a enterar en algún momento. Yo soy la que lo lamenta.
Harry frunció el ceño. ¿Él no acababa de meterse de puro metiche en una conversación que no le correspondía? No entendía qué hacía Ginny disculpándose.
—¿Por qué? —preguntó extrañado.
Quizás no debió haberlo hecho.
La cara de la chica cayó, y se contrajo en una mueca que expresaba dolor.
—Porque me dijiste que no hiciera nada qué jodiera el ambiente de la banda, y eso es exactamente lo que hice, soy una estúpida-
—No —la cortó Harry, ante el balbuceo—. Ginny, no digas eso-
—Pero eso pasó —continuó ella—, soy una idiota. Debí haberlo sabido mejor. Soy una zorra-
—Estoy liado con Draco.
Salió de sus labios antes de que lo pensara y cerró los ojos, sintiendo frío en todas partes. Su cerebro ni siquiera había procesado bien qué se supone qué debía decir, pero ahí estaba. ¿No hacía siempre lo mismo? Se dio una patada mental. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¡Ginny estaba teniendo un ataque! ¿Qué mierda tenía que ver Draco?
Suspiró, dejando escapar el aire de sus pulmones y apartó la mirada.
Sinceramente, solo lo había dicho para callarla. Y había funcionado.
—¿Disculpa? —preguntó ella con tono incrédulo, dando un paso hacia él—. Creo que escuché mal.
Harry se mordió el interior de la mejilla, cambiando el peso de su cuerpo al otro pie. Ginny tenía una expresión de asombro escrita por todo el rostro, y su mandíbula había caído un poco, mientras lo miraba.
Joder.
—No has hecho nada malo, Ginny —decidió retomar el tema, y alejarlo de ese cauce—. Tú no tienes la culpa de que todo se esté yendo a la mierda. Es un- todo. Si tú deberías ser juzgada, yo también.
—¿Estás con Draco? —preguntó nuevamente, ignorando lo que acababa de decir.
Mierda.
Ginny acortó los pasos hasta quedar completamente frente a él y Harry se sentía atrapado. Él mismo se había orillado a esa situación, y era un imbécil. ¿Qué rayos estaba mal con él?
Harry retrocedió, sintiendo su garganta comenzar a cerrarse. Y entonces el gesto de Ginny cambió. Esbozó una sonrisa triste que sorprendió al moreno y volvió a hablar. La diversión era palpable en su voz.
—Oh, Dios, ¿cómo no me di cuenta antes?
Harry abrió la boca para decir algo, cualquier cosa, y entonces ella lo miró de mala manera.
—No te atrevas a disculparte.
La cerró.
Harry se quedó inmóvil en su lugar, viendo cómo la pelirroja se abrazaba a sí misma, y asentía un par de veces, cómo perdida en sus pensamientos.
—Bueno, felicitaciones. Supongo —dijo finalmente, encogiéndose de hombros—. O mis condolencias. No sé qué aplica mejor en la situación de mierda en la que están.
Le hizo gracia el comentario, pero Harry soltó una risa demasiado forzada para su gusto, cargada de toda la incomodidad que sentía. ¿Quién se sentiría cómodo abordando un tema así, y en esas circunstancias?
Pero cuando miró a Ginny, y vio la forma en la que se lo estaba tomando, sonrió, sintiéndose profundamente agradecido. Sabía que estaba tratando de no hacer las cosas excesivamente extrañas. Un poco de tensión abandonó sus hombros y se permitió observarla de lleno, metiendo las manos en sus bolsillos.
—Tienes un sentido del humor bastante oscuro —comentó por lo bajo.
Ella sonrió.
—Lo siento.
Harry se encogió de hombros.
—No lo hagas.
Ginny suspiró, y de pronto, su semblante se oscureció, cómo si su mente hubiera recordado por qué estaba mal en primer lugar. Harry apenas podía creer lo rápido que había sucedido todo, pero decidió volver al tema, ahora que estaba más calmada. Rascándose el cuello, dijo lo único que se le venía a la mente:
—Ginny. Ginny, no es tu culpa…
La chica sacudió la cabeza, comenzando a alejarse ella esta vez. Él dio un paso, tomando sus antebrazos e impidiendo que se apartara.
—Tú no sabes lo que he hecho, Harry —murmuró Ginny, más para ella que para el chico. Harry negó.
—Nada puede ser tan terrible.
—Besé a Blaise cuando estaba con Theo —soltó de sopetón. Harry se congeló en su lugar, mirándola con los ojos bien abiertos—. Le di esperanzas y creo que me enamoré de él. He estado jugando con ambos, soy una puta imbécil-
—Gin —lo interrumpió mareado, por la información, y por cómo la pelirroja estaba tratándose a sí misma—. Ginny, basta.
Vio cómo la chica comenzaba a perder el control. La forma en la que negaba con la cabeza era cada vez más frenética y pesada. Harry trató de acercarse más, pero ella se resistió, intentando soltarse de su agarre, su cara cambiando nuevamente a esa expresión de dolor.
—Harry, he cagado todo. Me merezco lo que está pasando. Me lo merezco, porque-
—Hey, hey. —Harry se sintió horrible por ella, y sin saber qué más hacer, la abrazó, envolviéndola entre sus brazos—. No llores.
Ginny se aferró a él, con desesperación, las manos formando puños en su ropa. Harry no podía sentirla llorar, pero la había visto, y seguramente las lágrimas silenciosas estaban cayendo encima de su ropa.
Era extraño verla así. A los ojos de Harry, Ginny era de las personas más fuertes que conocía. No dejaba que nada le afectara, y sus reacciones siempre involucraba el "patear traseros" cuando se sentía pasada a llevar o mínimamente triste. Eso, la forma en la que Harry tuvo que sostenerla hasta que pudiera volver a calmarse, era totalmente nuevo.
—Lo siento —susurró al cabo de unos segundos, hablando contra su pecho.
Harry comenzó a acariciar su cabello, suspirando. No sabía qué demonios decir para hacerla sentir mejor, nunca lo había sabido. No se le ocurría. Ginny se tomaba las cosas de forma diferente.
La sintió tragar, cómo queriendo cortar al fin el llanto.
—¿Sabías que lo que más me gustaba de ti cuando estábamos juntos era que nunca llorabas?
Ginny se separó de golpe, mirándolo totalmente confundida. Su cara estaba roja, combinando con sus pecas y su cabello, y había un rastro de humedad por todas partes.
—¿Qué?
Harry le dio una sonrisa de disculpa. En su mente aquello había sonado mejor.
—Lo siento.
Ella sonrió, tan leve que era casi imperceptible.
—Idiota —dijo, a modo de juego, pero su tono carecía de vida. Era cómo un vacío.
Ginny volvió a abrazarlo y Harry se quedó allí el tiempo que fuera necesario. Al cabo de unos minutos sintió un par de pisadas acercándose, y para cuando levantó la cabeza, Ron se asomó por la puerta, con las cejas alzadas y preguntándole sin palabras por su hermana. Harry le hizo un gesto casi imperceptible con la cabeza, negando, y él esbozó una mueca mientras asentía, volviendo a alejarse.
Harry aún no podía creer que acababa de confesarle la verdad acerca de él con Draco, y que Ginny lo había tomado de forma tan natural. Él, si las cosas hubieran sido distintas, no sabría cómo se hubiera tomado el hecho de que Ginny estuviera saliendo con una chica. Era… extraño.
Y lo agradecía. Agradecía que ella fuera así. Lo menos que podía hacer era consolarla, o hacer el intento.
—Ginny, no sé- no sé qué ha pasado. Voy a suponer que las peleas que tuvieron en el tour fue a causa de esto. —Volvió a hablar Harry, haciendo una pequeña pausa para que ella confirmara o negara esa información. Sin embargo, la pelirroja no respondió, haciéndolo suspirar—. Pero no creo que lo hayas hecho adrede. No eres- tienes… tienes que pensar antes de actuar. Eso me lo decías siempre.
Ginny soltó un resoplido de risa sin humor y luego sorbió los mocos sonoramente. Encantador.
—Ya sé —respondió bajito.
—Soy una mierda dando consejos.
—Sí.
Ambos rieron y Harry se separó, para verla a los ojos. Brillaban de lágrimas, y el lagrimal estaba irritado, seguramente porque se había secado con brusquedad. Harry tomó aire.
—Entonces te diré lo que alguien muy sabio e inteligente me dijo una vez —comenzó a decirle, mordiendo el labio—. Ve a terapia, sánate. Hazlo por ti, por tu bien.
Ginny no lo esperaba, podía verlo. Harry estaba devolviéndole sus palabras, y ahora por fin tenían sentido a sus oídos. La pelirroja soltó un suspiro, asintiendo, y Harry asintió de vuelta, algo más aliviado.
Ginny acomodó su cabello, que se había desordenado y enredado. Ahora le llegaba hasta la mitad de la espalda, hacía años que no lo veía tan largo. La chica se envolvió a sí misma, separándose de Harry.
El pelinegro esperaba genuinamente que lo escuchara. Ya estaba harto de verla pasándolo mal.
—Te quiero, Harry.
Eso no se lo esperaba él. Abrió los ojos, sintiendo sus lentes de contacto moverse, y la miró. A la primera persona que amó, o que creyó amar, y no podía creer cómo habían cambiado las cosas. Harry llegó a pensar que se casaría con ella. Que tendrían un "felices para siempre". Y a ese día, no eran más que amigos. Muy buenos amigos.
Una gran parte de él agradecía que Ginny no hubiera sido la indicada para él.
—Yo también.
Ella suspiró temblorosamente y sacudió su vestimenta, cómo tratando de eliminar arrugas imaginarias, y miró hacia abajo mientras hablaba.
—Lo siento por ti y Draco.
Harry sintió cómo su corazón se hundió en su pecho. Había sonado tan honesta, cómo si lo lamentara de verdad.
Que hubiera algo que lamentar dolía.
—No lo sientas —dijo, encogiéndose de hombros—. Me hace feliz. Eso es lo más importante.
Ella lo miró fijo, limpiando el resto de lágrimas en sus ojos. Harry no apartó la mirada.
—¿Estás enamorado?
No tenía ni que pararse a pensarlo.
—Sí.
Ginny volvió a quedarse en silencio, examinándolo, y Harry se sintió infinitamente incómodo bajo el escrutinio. Por fin estaba haciéndose consciente de lo que acababa de hacer. Salió del closet, -o algo así-, por primera vez con una persona que realmente quería. Le dijo la verdad. Un secreto que llevaba solo en su espalda por ya casi dos años.
Finalmente la chica tomó su mano y le dio un fuerte apretón. Harry tragó saliva, entendiendo lo que significaba. Se lo devolvió.
—Me alegro —dijo Ginny—. Uno de nosotros tiene que ser feliz en toda esta mierda.
Harry sonrió, dándole un pequeño golpe en el hombro, y sin saber muy bien qué hacer a continuación, le hizo una seña para que volvieran con los demás, Ginny ya completamente calmada.
•••
El trabajo cada vez era peor y peor. Harry, ya para ese punto se estaba conformando más que nada; pero le tocó ver como todos parecían, lentamente, un poco más muertos. Ron era el que se veía mejor, siempre acompañado de Hermione, aunque cada día adelgazaba más. Y Ron ya era lo bastante delgado. Harry no sabía por qué, pero apostaba que tenía que ver con la falta de tiempo.
Sinceramente, habría pensado que la que peor estaba mentalmente era Ginny, luego de lo que había visto. Sin embargo, le bastó una fiesta para darse cuenta de que eso no era así.
Harry no había disfrutado nada, cómo de costumbre, y había ido al baño, emocionado por ya irse. Pero se perdió en el camino. Terminó en otra sección del local, en un cuarto más oscuro que el resto, dónde estaban pasando cosas que no tenía intención de presenciar.
Y se habría marchado de inmediato, si no hubiera visto cómo alguien de su equipo le estaba suministrando drogas a Blaise.
Harry actuó instintivamente, avanzando entre la multitud para llegar hasta él y- y… y no sabía qué. Pero hacer algo. Lo vio ingerirla, para luego recostarse en el sofá. A esa distancia, el pelinegro pudo notar lo delgado y ojeroso que se veía, completamente demacrado.
—¿Qué mierda estás haciendo?
Harry tomó su brazo, zarandeandolo un poco en el proceso. Blaise frunció el ceño, mirándolo desde abajo. Sus pupilas se encontraban dilatadas, y la boca estaba entreabierta. Sorpresa pasó por su rostro, antes de convertirse en reconocimiento, y por último, indiferencia.
—¿Y a ti qué te importa?
Harry inhaló profundamente. Volviendo a moverlo.
—Me importa imbécil. ¿Qué te pasa?
Blaise se encogió de hombros, la droga empezando a hacer efecto.
—Mira, no es tu problema.
Harry se mordió la lengua, intentando encontrar paciencia dentro suyo.
—Blaise-
—Vete a la mierda y cállate, ¿quieres? —lo interrumpió, las sílabas cada vez más y más enérgicas—. No. Es. Tu. Problema.
Harry comprendió, que no había nada que pudiera hacer. No mientras Blaise estuviera en ese estado. Lo soltó, separándose, mientras negaba con la cabeza y se alejaba, buscando al idiota que le había pasado las drogas. Al cabo de un rato lo encontró, solo para saber que él solo estaba cumpliendo con lo pedido.
Con lo pedido.
Así que al día siguiente Harry fue a la oficina de L.W Records a hablar con sus representantes y echarles en cara toda su mierda.
Entró a la oficina sin ser invitado, y los encontró a ambos conversando sobre una campaña de una cantante que él no conocía ni tenía intenciones de conocer. Harry dio un portazo, parándose frente a ellos y tomando la parte trasera de la silla del frente del escritorio.
—Hola, Po-
—Voy a contar todo.
Vio cómo ambos alzaron sus cejas, en respuesta al atrevimiento. A Harry le importaba una mierda. Cada día acumulaba más y más resentimiento hacia ellos y hacia lo que les obligaban a hacer. No había querido ser tan abrupto, pero era lo único que deseaba: exponer la verdad.
Porque algo le decía que estaban orillándolos a todos a ser manipulables. Solo había que darle un nuevo giro a la situación de Blaise para ver cómo existían órdenes de que le pasaran droga. Quizás desde hacía cuánto que eso estaba sucediendo. Apretó los dientes.
—Chistoso —dijo Robert con una sonrisa—. Eres un hombrecito chistoso.
Harry sintió la rabia crepitar en su interior ante la indiferencia y la burla, pero no se dejó amedrentar.
—Voy a contar lo que están haciendo. Que le están proveyendo drogas a Blaise.
Esperaba que aquello fuera suficiente para que al menos se sintieran amenazados. Era una acusación directa, sin ánimos de rodeos. Pero Harry no obtuvo la reacción que quería. Ninguno de los dos lucía intimidado en lo absoluto. Es más, hasta parecían divertidos.
Harry se aferró al respaldo de la silla con fuerza y los miró, sin apartar los ojos. Robert dio un paso hacia él, quedando a unos centímetros y sonriendo maquiavélicamente.
—Hazlo —dijo él, lentamente—. Ve, dilo.
Harry se sorprendió, no entendiendo aquello. ¿Creerían que no estaba hablando en serio? Porque sí que lo estaba. Harry estaba dispuesto a destapar su mierda.
Dio un paso atrás, aturdido, y vio las sonrisas triunfales que ambos esbozaron ante eso. Era obvio que los roles habían cambiado, y Harry era el que estaba preso en el juego. No al revés.
—¿Realmente crees que nos va a pasar algo, Potter? —Josh preguntó, impasible desde su lugar.
Intocables. Esos tipos se creían intocables. Harry sintió cómo todo comenzaba a dar vueltas, mientras el gesto de Robert se transformaba en algo completamente asqueroso. Parecían acostumbrados a esas conversaciones, cómo si las tuvieran todos los días con otras personas, a juzgar por sus expresiones, y algo dentro de su estómago se revolvió ante ese pensamiento.
—Hazlo —repitió Robert, en tono siseante—. Pero prepárate para las consecuencias.
Eso lo hizo volver a la realidad. La rabia que estaba naciendo en la boca de su estómago creció, y tensó la mandíbula, sintiendo que en cualquier momento iba a estallar. Fijó sus ojos verdes llameantes en ellos y pudo ver cómo por un segundo, un atisbo de duda pasó por la expresión de Robert; pero solo duró un segundo.
—¿Me estás amenazando? —preguntó Harry, cargando cada palabra con advertencia.
Josh rió, cruzándose de brazos.
—Considéralo un consejo —dijo él, sarcástico—. Piensa bien las cosas. ¿Qué ganarás con decirlo todo? ¿Tú crees que te creerán? ¿Quién va a perder? ¿Nosotros? —Hizo una pausa, arqueando una ceja—. ¿O Blaise?
Eso bastó para hacerlo caer en cuenta. No podía creerlo. No podía creer el juego sucio que estaban formando. Harry sintió cómo era sumergido en agua congelada, y aún así no era suficiente para apagar su ira.
—Son unos hijos de puta —escupió.
—Y tú eres un marica de mierda con complejo de héroe, y te tenemos que aguantar igual —soltó Robert de sopetón—. Así son las cosas. Una pena.
Harry apretó los dientes tan fuerte, que los escuchó rechinar. ¿Quién mierda se creían? ¿Todopoderosos? Solo por la forma en la que lo miraban, podía adivinar que efectivamente pensaban cada palabra que decían.
Las ganas de cometer un crimen y decirles hasta de qué se iban a morir estaban allí, picando en su garganta. No recordaba haber sentido tanta rabia antes, pero sabía que no podía hacer nada. No luego de lo que acababan de decirle. Escapaba de sus manos. Y estaban amenazando con perjudicar a Blaise, hasta meterlo a la puta cárcel. Ya los había provocado lo suficiente.
Sin dedicarles una mirada más, salió de allí hecho un rayo, solo para no pegarles. Pero no se iba a quedar de brazos cruzados. No. Aquello sí que era más grande que los límites que se suponía que tenía.
Va a hacer algo. Algún día. Harry no pensaba quedarse como un mero espectador de las injusticias.
•••
La supuesta homosexualidad de Draco volvió a ser un tema muy sonado a mediados de Mayo.
Según alguien, un fan, había visto a Draco en Estados Unidos en una discoteca gay. Lo raro del asunto, es que había sido en una fecha en la que el rubio estaba en Inglaterra, y el avistamiento ocurrió en Los Ángeles. Draco jamás había pisado Los Ángeles.
Sin embargo, no existía forma de desmentirlo, la duda quedaría. Y por ello, sus representantes de mierda habían organizado que Draco fuera visto en un club. Pero un club con strippers.
Y cómo no. Harry no podía permitirlo. No podía. Aquello iba más allá de si le dolía o no. Aquello era casi una tortura personal para Draco.
—No.
Harry estaba en medio del pasillo, luego de enterarse lo que querían hacer, y los detuvo, quedándose frente a ellos y obligándolos a escuchar.
Las miradas despectivas fueron instantáneas. Al parecer, ya era sabido que Harry les daba problemas. El moreno apretó los puños.
—De verdad, antes era gracioso —dijo Josh, arrastrando las palabras—. Ahora es simplemente patético ver cómo piensas que tú haces las reglas.
Harry ni pestañeó al comentario. Ignorándolo, repitió su intención.
—No van a hacer que Draco vaya allí, mándenme a mí.
Ambos lo miraron con fastidio, y el moreno podía ver la negativa en sus caras. Pero se mantuvo firme en su posición.
—¿No me escuchaste bien, Potter? Tú no haces las reglas. El niñito Malfoy hará lo que sea que yo le diga porque así está en el contrato que ustedes mismos firmaron. —Robert arqueó una ceja burlona—. ¿Quieres que te lo recite? Imagen pública: todo-
Harry le dio un empujón tan fuerte que logró desestabilizarlo.
Ofendido, Robert intentó devolverlo, pero el azabache se impuso, poniendo su dedo frente a su cara. Hijo de puta.
—No puedes obligarlo —siseó.
Harry imprimió su mirada con todo el odio que sentía. Sin embargo, ni eso, ni el empujón que le había dado, sirvieron para persuadirlo.
—Puedo hacerlo —contestó él—. Mírame.
—No-
Josh soltó un suspiro exasperado, caminando hasta quedar a la misma altura de él, de brazos cruzados.
—Qué puto pesado, Potter. ¿Recuerdas lo que hiciste? —lo interrumpió, haciendo que Harry se fijara en él—. ¿Recuerdas lo que acordaste o eres jodidamente retrasado? Desde que firmaste, desde que firmaron ese contrato y por los siguientes cinco años: me perteneces. —Esbozó una sonrisa que podría haber sido tomada por dulce, si otras fueran las circunstancias —. Tu música me pertenece, tu nombre, todas tus cosas, el dinero, el puto auto que tienes, tu lamentable piso- todo me pertenece y todo lo puedo controlar yo. Por los cinco años, por todo el tiempo que quiera, en realidad; no hay paso que des sin que yo haya dado mi consentimiento primero. —Harry sintió cómo su interior se retorció sobre sí mismo, escuchando todo lo que le decían—. ¿No querías fama? ¿No querías el dinero, pedazo de imbécil? Bueno, así es el camino. Acostúmbrate, y deja de ser tamaño grano en él-
Harry le encajó un puñetazo entre ceja y ceja.
Fuerte.
Sus nudillos se resintieron de forma instantánea, y justo arriba del ojo izquierdo del idiota se hizo una herida, cortando la piel. Todo se sintió borroso por un segundo, y vio cómo personas se les acercaban. Seguramente los chicos de la banda.
Josh se recuperó, mirándolo de ojos entrecerrados y apretando la mandíbula.
—Maricón de mierda-
Aquello se sintió como un golpe también.
No era la primera vez que lo llamaba así, pero sí era la primera que lo hacía frente a otras personas. Era la primera vez que aquello era dicho con tanto… asco. Desprecio.
Harry se quedó en su lugar, mientras el resto de la gente de su equipo comenzaba a rodearlos, y ayudar a detener la pelea. Aunque sus palabras parecían mudas a sus oídos. Lo único que veían y percibían sus sentidos, eran a esos dos hombres asquerosos frente a él.
—Y aquí, yo que estaba siendo generoso contigo —dijo Josh.
Y cuando el ojiverde iba a escupirle que esa era una puta mentira, se marcharon. De un momento a otro, el lugar donde habían estado quedó vacío.
Harry dejó salir una exhalación, apoyándose en la pared y dejó caer la cabeza, mirando el suelo. Por sus venas aún fluía la rabia, y algo mucho, mucho más grande.
Venganza.
Oía a lo lejos cómo sus compañeros le hablaban, cómo Draco tenía los ojos fijos en él, y cómo parte de su equipo comenzaba a curarle la mano, sin tratar de incomodar o preguntar demasiado. Agradeció mentalmente a ellos. Al menos, no todos eran una mierda.
El problema eran los que se creían más grandes que sus egos.
Aquel día, Harry se marchó con la certeza de que habían cosas que estaban más allá de su control.
Draco tuvo que ir al club, y él no pudo hacer nada al respecto.
Nada más que quitarle la tristeza a besos. Prometerle que nadie volvería a hacerle daño, ya no. A pesar de que no tenía poder. A pesar de que no podía hacer nada de verdad.
Deseaba con todo su corazón algún día poder ser capaz de cumplir sus promesas.
•••
Llegó el punto en que Harry no sabía si las acciones que tomaban esos idiotas era porque era necesario, o simplemente para fastidiarlos.
Comenzó con cosas tan sencillas cómo no permitirles sentarse juntos en algunas entrevistas, que era comprensible. Después de todo, debían mostrar diferentes facetas. Pero se extendió a reducirlo a la nada. Draco no podía acercarse a él ni en los conciertos, a interactuar. Lo único que aún les pertenecía, se lo estaban quitando.
Ni siquiera tenía que ver con su relación. Era… Draco tenía un ángel. Era querido por la forma natural en la que se desenvolvía. Y hasta eso lo estaban limitando. No le estaban permitiendo ser… él.
Por eso fue el rubio quién reclamó aquella vez.
Harry estaba buscando a Draco, para así poder abandonar las instalaciones luego del último concierto, y se lo encontró en medio de una acalorada discusión en el camerino de Josh, peleando a viva voz.
Por primera vez, agradecía su mala suerte de llegar en los momentos menos oportunos.
—¡¿Acaso no puedo acercarme a Harry porque ustedes dicen?! —escuchó gritar a su novio.
Harry se acercó, quedando frente a la puerta.
—Exactamente, me alegra que lo entiendas —Josh respondió, su voz amortiguada por la puerta.
—Es mi compañero de banda-
—Todos sabemos que es mucho más que eso.
Un silencio abrumador siguió esas palabras. Silencio que Harry aprovechó para ingresar a la habitación, con el corazón latiendo con fuerza en sus oídos.
—Ah, genial, la guinda de la torta —escupió el hombre con sarcasmo.
Dentro, Josh estaba de pie frente a un sillón negro, y Draco casi a un lado de la puerta, con sus manos formando puños. Ambos lo miraron, el primero con diversión perversa, y el último con preocupación.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry, dirigiéndose a Draco.
El rubio lo miró con inseguridad y titubeó, pero Josh contestó antes de que pudiera decir nada.
—Pasa, que tu noviecito quiere que les permitamos ser unos degenerados frente a todos-
Harry se volvió hacia él en un santiamén, girando el cuello con tanta fuerza que le sorprendió.
No sabía qué tan asesina era la expresión de su rostro, pero debía ser bastante, porque Josh calló, la duda pasando su semblante. Parecía abatido.
Bien, que se sienta inseguro.
—¿Sabes qué? Ya estoy aburrido de esta mierda. Me da igual las amenazas que tengan para decir —espetó Harry, tensando cada músculo de su cuerpo—. Voy a contar esto, habrá organizaciones felices de saber todo esto. Es 2002-
Josh caminó hasta él a zancadas, cruzando la habitación en un par de segundos, la amenaza escrita en su cara. El supuesto miedo de hacía unos segundos ya era historia, y las ganas que le daban al moreno de devolvérselo a golpes, solo crecían con cada segundo.
—Mira, Potter, ya me tienes harto —siseó el hombre, apretando los dientes—. Creo que la última vez no te quedó claro. Creo que la última vez me entendiste mal. —Subió un brazo, extendiendo su dedo índice hasta que casi tocó su pecho. Harry lo apartó de un manotazo, a pesar de que a Josh pareció no importarle—. Mueve un pelo, y soy capaz de destruir tu carrera, tu imagen, todo. ¿Crees que la sociedad te va a creer, si digo que eras cómplice en el tráfico de drogas de Zabini?
—Yo no- —comenzó a decir Harry, confundido por la última pregunta.
—¿Crees que te van a creer, cuando tengas una investigación encima? ¿Crees que te van a creer si un día saco a relucir que tocaste a una niña…
Harry se sintió enfermo al oírlo. Al escuchar ese vómito verbal, lleno de amenazas. Se sintió aún peor cuando comenzaba a comprenderlas.
—Yo jamás he hecho algo así —espetó el pelinegro, repleto de ira.
—...de forma inapropiada? Y no te preocupes, por dinero puedo encontrar el testimonio que quiera —agregó, ante sus palabras—. Puedo manipular la verdad a mí antojo. Puedo destruir tu imagen, si es que tu plan es firmar con otra discográfica. Puedo… Potter, ni siquiera te imaginas las cosas que puedo hacer. Haznos el trabajo más fácil a todos y no me orilles a hacer algo que no quiero. —Su cara ya no era esa máscara indiferente, o esa cordialidad falsa. Su cara expresaba todo el odio que sentía por él, por lo que Harry representaba—. Porque puedo joderte la puta vida.
El moreno se sintió entumecido, similar a cómo había estado sintiéndose el último tiempo. El tumulto de emociones siendo relegadas al final de su mente.
Aún quería pelear, de todas formas. Quería jodidamente matarlo. Pocas veces se había sentido así. Ese enojo que te hace ver todo rojo.
—Harry.
Harry no se giró ante la voz, pero sintió los dedos de Draco entrelazarse a los suyos, y la mirada asqueada de Josh fijarse en ello. Pero el moreno no le quitaba los ojos de encima. ¿Cómo sería mejor? ¿Un golpe, o una patada?
—Harry, vamos —pidió su novio de nuevo. Al ver que Harry no se movía. Se acercó a su oído, susurrando—: Deja a este hijo de puta. Vamos. Por favor.
La rabia bullía en su interior, y amenazaba con salir de la peor forma posible. No estaba en su naturaleza, el dejarse vencer. El dejarse amedrentar o intimidar. Harry no era así.
—Por favor.
Finalmente se giró a Draco. Sus ojos grises brillaban con súplica. Y se vio obligado a despabilar. A alejarse. Solo por él.
Harry le dio una última mirada, impregnando su rabia en ella, su promesa de no dejar las cosas así como así. Josh sonrió, seguro de sí mismo. Siempre ganaba. Estaba tan seguro de que lo iba a hacer, que se creía con el derecho de jugar a ser Dios, y ellos, su experimento.
Harry apretó los dientes, sintiendo cómo Draco lo tiraba del brazo para sacarlo de allí. ¿Qué se podía hacer? Debían hacer algo. Debían-
—Draco —dijo Harry, expresando sus pensamientos—, hay que hacer algo.
—No podemos —contestó él, sin darse vuelta. Ambos dirigiéndose al camerino del ojigris.
—Draco-
—Harry. —Se detuvo él a mitad de un pasillo, para así poder mirarlo. Soltó su mano, suspirando y cerrando los ojos. Cómo si lidiar con el ojiverde fuera tan complicado como discutir con esos imbéciles—. Harry, ahora mismo, no estás pensando con claridad.
El moreno se quedó en silencio, meditando sus palabras, e intentando calmarse. Quizás tenía razón, quizás-
La ira era más fuerte.
—No me voy a quedar de brazos cruzados —insistió una vez más, cargando sus palabras con determinación.
Y por la forma en la que la expresión de Draco cambió al escucharlo, supo que en su rostro se había reflejado la convicción que sentía.
•••
Los cumpleaños de ambos pasaron, cómo pasaron el resto de las celebraciones importantes: fingiendo. Cada día era peor.
Octubre trajo las noticias de Gwen Araujo, -la chica trans americana asesinada sin la justicia debida- y la horrible certeza de que en ese mundo, la gente como Draco y él no eran más que escoria. Las amenazas al rubio por su rumoreada orientación sexual era más latente, peor aún cuando algunos de sus "exs" habían salido nuevamente a exponerlo. Fue la excusa perfecta para obligarlo a ser visto como mujeriego, muy a pesar de Harry.
Para la segunda gira de Color Blue, esta vez incluyendo distintos continentes, Ginny y Theo terminaron de forma definitiva. Al fin. Y la situación en la banda ya no podía ser peor. Los entrevistadores comenzaron a acosar a Gin a causa de esto, y la impotencia de Harry al no poder hacer nada crecía cada día. Las amenazas continuaban en pie e incluso los forzaron a firmar un acuerdo de confidencialidad.
Para ese punto, Harry no podía creer que ese había sido su sueño alguna vez.
•••
Navidad y Año nuevo pasaron en un borrón y solo sirvieron para hacerle saber que ya no lo soportaba más.
Se despidió de Draco, un día dentro de la primera semana de enero, sin decirle qué necesitaba hacer y partió al departamento de Hermione, a hablar con ella. Debía hacerlo. Ya no debía seguir dilatándolo.
De lo contrario, lo iba a destruir.
Sin embargo, las cosas nunca pasan como uno quiere. Y cuando llegó a su puerta, la persona que le abrió fue Ron. Ron, quién le comunicó que Hermione no estaba y que no volvería hasta bien entrada la noche.
Harry no sabía qué más decir. Suponía que debía volver luego, pero la intensa mirada de su mejor amigo parecía haberlo clavado en su lugar. Ron estaba callado, analizándolo, cómo si supiera que Harry estaba ocultando algo.
Y es que lo estaba. Por años ya.
De todas formas no le hacía gracia la idea de quedarse y averiguar a dónde los llevaría esa conversación.
—Puedo volver luego- —comenzó a decir, pero Ron lo detuvo, cerrando casi por completo la puerta detrás de él, sin dejar de mirarlo.
—Harry —le dijo, en tono firme—. Harry, ¿qué pasa?
El moreno apartó la mirada, incapaz de sostenerle la vista, y se abrazó a sí mismo. Debería irse. Debería irse ya. No estaba preparado para eso, no aún.
Y a pesar de que no había querido admitirlo antes, su relación con Ron también se distanció, aunque fuera solo un poco. Sabía que el pelirrojo deseaba volver a tener la misma amistad de siempre. Lo sabía. Y él también lo quería. Pero Harry tenía miedo de que una vez que fuera honesto, sucediera todo lo contrario.
Y no soportaría perder a Ron. No a él.
—Estaba- —dijo al final, tartamudeando un poco—. Necesitaba decirle algo.
—¿Algo como qué?
Harry no sabía qué contestar. No deseaba seguir mintiendo. Joder, no quería seguir mintiendo. Las mentiras eran lo que les había arruinado. Las mentiras siempre terminaban destruyendo todo. ¿No era así?
Siempre lo hacían.
Ron vio su vacilación y tomó la palabra, intentando convencerlo.
—Harry, sabes que siempre me puedes contar todo, ¿no? Eres mi hermano —habló con suavidad, inclinándose un poco para quedar a la altura del ojiverde—. Eres mi familia.
Harry sintió cómo su pecho se estrujaba por un segundo. ¿Realmente era así? ¿Ron de verdad lo consideraba su familia? ¿Seguiría haciéndolo, si supiera la verdad?
El moreno volvió a mirarlo. Sus ojos azules eran cálidos y su sonrisa amable. Invitándolo a que le dijera qué sucedía. Su expresión no era nada fuera de lo común. Sin embargo, el azabache podía ver la desesperación. Podía ver la súplica en sus facciones.
—Harry-
Ron trató de tomarlo, y- oh qué más daba. Si necesitaba huir, al menos estaba fuera del apartamento.
—Draco y yo somos novios.
Harry quería apartar la mirada, de verdad que quería. No tenía ganas de ver el desprecio de su mejor amigo, o la lástima, no. Pero no pudo, y fue capaz de presenciar centímetro a centímetro como el shock se abría paso por el rostro de Ron.
El pelirrojo se quedó a medio camino. Su brazo levantado, sus facciones congelándose en su lugar. Su boca cayó abierta, y parpadeó un par de veces, cómo queriendo asegurarse de que aquello estaba pasando en realidad.
—¿Qué?
Harry dio un paso hacia atrás, intentando escapar del momento incómodo.
Ya lo había hecho.
El secreto que había llevado tras su espalda por tanto tiempo.
Un secreto que no debería serlo. No tenía por qué.
—Uhm…
Ron continuaba sin creerlo, Harry lo notaba. Seguía en el mismo lugar, esperando que lo desmintiera. Que aquello fuera una broma de mal gusto.
Pero no lo era.
Dios, qué tonto. ¿Qué estabas pensando? ¿Que esto iba a ser fácil? Es tu mejor amigo. Vas a perder a tu mejor amigo. Vas a-
—¿Tú, y Draco…? —preguntó Ron, incapaz de continuar la frase.
Harry cerró los ojos, tratando de ahuyentar la sensación de vacío de su estómago. Le gustaría poder retroceder. Nunca haber dicho nada.
Pero ya no podía negarlo a esas alturas.
—Somos novios —confesó, mordiéndose el labio. Al no recibir reacción, agregó—: Desde hace bastante tiempo, en verdad.
Eso pareció despertarlo. Ron se compuso, enderezandose y mirándolo, con el ceño fruncido.
Aunque las recriminaciones por su sexualidad nunca llegaron.
Lo que Harry vio en sus ojos fue dolor. Traición. Traición por no haber contado con él. Por no haberle dicho nada. De pronto, se sintió cómo si fueran nuevamente dos adolescentes y Harry no le hubiera contado acerca de la chica que le gustaba.
Y eso lo asombró más de lo que le hubiera gustado.
—Nunca me dijiste —dijo Ron, cerrando la boca al fin.
Harry se sintió culpable de inmediato, el rubor comenzó a subir por su cuello y llegó a sus mejillas en un par de segundos.
Había entendido todo mal. Había esperado todo lo que no debía esperar.
—Lo siento —se disculpó.
—Creí que me contabas todo —comentó Ron, y- oh Dios, Harry podía sentir el dolor en su voz.
Tragó en seco, metiendo las manos a sus bolsillos.
—Lo siento, en un principio no- ni siquiera yo lo sabía —le dijo con sinceridad—. Es complicado. Lo siento.
Harry calló, esperando que su mejor amigo contestara. Pero eso no sucedió.
Lo único que hicieron ambos fue mirarse por bastante tiempo. Hasta que el moreno ya no solo se sentía culpable, si no también totalmente incómodo.
—No entiendo cómo pudo pasar —suspiró Ron, confundido.
—Es complicado —repitió Harry.
—Sí, ya lo dijiste.
El shock seguía presente en sus facciones, y nuevamente un silencio avasallador los arrolló a ambos. Harry desvió la mirada hasta sus pies, tratando de encontrar una manera de abordar- lo que sea que tuviera que abordar.
Bueno, ya está hecho. Debía pasar en algún momento, ¿no? Mejor tarde que nunca.
Te tardaste casi tres años.
Cállate.
—¿Tú? —volvió a hablar Ron, aún procesando la información—. ¿Eres gay?
Eso lo tomó desprevenido.
Harry lo pensó un momento. La verdad, nunca se había etiquetado. Nunca le habían gustado las etiquetas. Le atraían ambos, ¿no? Hombres y mujeres. ¿Eso era ser bisexual? No lo sabía.
—Creo que solo me ha gustado Draco, pero también me gustan las chicas. No sé, es raro —respondió al final, encogiéndose de hombros—. Hetero no soy.
—Wow, crees conocer a alguien y-
Ron se cortó a sí mismo, y Harry cerró los ojos.
Incómodo y culpable. ¿Ya lo había dicho?
—Lo siento —murmuró.
Ron suspiró, pero no contestó de inmediato. Harry esperó lo más paciente que podía.
—Lo importante es que me lo estás diciendo ahora —dijo él, tratando de quitarle importancia—. ¿Qué cambió?
El moreno dejó caer un poco de la tensión en sus hombros.
—Todo.
Ron lo observó, sin comprender.
—Tendrás que explicarme —replicó con simpleza.
El moreno negó con la cabeza. Lo que quería hacer él era irse.
—Ron-
—Harry —el hombre lo interrumpió con firmeza—. Eres mi hermano. Sin importar qué —dijo, con total convicción—. Además tuve que haber sospechado algo. Ya sabía yo que tanto abrazo no era normal.
Harry tardó en reaccionar, analizando sus palabras. Lo miró de lleno, ojos bien abiertos y miles de emociones recorriéndolo. Ron también lo miró, con una media sonrisa y el moreno se sintió instantáneamente mejor.
Soltó una risa, pero más que de diversión, era de alivio. El oír a su mejor amigo de toda la vida decirle eso era… era mejor de lo que había soñado.
Ni siquiera tenía idea que había soñado con ese momento hasta ese día.
—Idiota —respondió Harry, aún asombrado. Ron sonrió más amplio. El ojiverde hizo una pequeña pausa, bajando la mirada un segundo—. Siento no haberlo dicho. Lo siento, de verdad. No sabía cómo, ni siquiera lo había pensado.
Era un alivio gigante poder hablarlo con él. No sabía lo mucho que le hacía falta. Durante más de una década, Harry había compartido absolutamente todo con Ron. Excepto Draco.
Draco era un secreto que había reservado solo para él. Y nunca debió haber sido así. Nunca.
El pelirrojo se encogió de hombros, viéndose un poco más relajado también.
—Aún quiero saber qué te hizo contarme. Y qué querías de Hermione, ¿tiene que ver con esto, cierto? —dijo de forma retórica, hablando para sí mismo. Harry asintió. Ron asintió de vuelta—. Quiero saber entonces.
El hombre abrió la puerta, invitándolo a pasar, y Harry meditó sus opciones. Bueno. Ya había dicho lo peor, ¿verdad? Y se terminaría enterando de todas formas.
Era mejor pasar el trago amargo cuánto antes.
—Está bien, te lo diré.
Harry entró, siguiendo al hombre. El momento había pasado tan rápido, que el moreno realmente se preguntó por qué había tenido miedo de contarle. Ron no era… no era así.
—¿Ron?
Su amigo ni siquiera se volteó.
—¿Mmm?
—Gracias.
Ron le dedicó una sonrisa por encima del hombro, y aunque había algo de tensión en su expresión, parecía más tranquilo de lo que lo había visto en meses.
—No hay nada que agradecer. Hermanos una vez, hermanos toda la vida.
•••
Harry volvió a casa esa noche algo más liviano. Llegó hasta el cuarto, viendo a su novio sentado en la cama, con un libro en su regazo y completamente enfocado en su lectura; y Harry no pudo hacer más que sentirse mejor. Todo se sentía correcto, mientras miraba su perfil perfecto y su pelo húmedo y la forma adorable en que fruncía sus labios cuando algo no le parecía.
Caminó hasta él y se acurrucó a su lado, abrazándolo y apoyando su cabeza en el pecho. Draco le sonrió, dándole un beso de bienvenida, y luego continuó su lectura, empezando a repartir caricias en su pelo.
—¿Draco? —dijo Harry al cabo de un rato, dónde no había hecho más que mirar la pared, debatiendo si preguntar o no.
Draco se removió en las sábanas para mirarlo, dejando el libro encima de sus piernas. Levantó una ceja, su expresión suavizándose completamente al observarlo.
—¿Sí, Harry?
Harry cerró los ojos un segundo. Botando el aire de sus pulmones.
Bien. Bien. Era ahora o nunca.
—Hay algo que quiero hablar contigo.
•••
Pasada la celebración de su cumpleaños, Color Blue fue recibida con otro escándalo que los involucraba.
Harry, sinceramente, ya no prestaba atención a la mierda que decían de ellos en los medios de comunicación. O al acoso constante. Las preguntas, los paparazzi, las personas que los seguían, les mandaban cartas e incluso les decían que llevaban hijos suyos dentro de sus vientres.
Todo eso había dejado de afectarle hacía bastante tiempo atrás.
Ron ganó un poco de peso, si eso eran buenas noticias. Y Ginny, Blaise y Theo se reconciliaron. Al menos, podían estar en una misma habitación sin romper en gritos o maldiciones.
Sin embargo, ya nada era lo mismo.
Cada día era igual al anterior. El mismo sobrecargo de trabajo, las mismas entrevistas, las mismas preguntas y el mismo trato asqueroso. Ya ni siquiera los ojos emocionados de los fans eran capaz de llenarlo por dentro. Los conciertos. Todo estaba controlado. Y Harry estaba harto también.
Apenas cumplirían tres años del contrato, y aún quedaban otros dos.
Harry no podía imaginar vivir una vida así para siempre. No podía.
Y por ello, fue a ver a su primera opción para solucionarlo. A su única opción. Ya no tenía sentido esperar.
Harry estaba sentado en el sillón del apartamento. El mismo en el que se había sentado meses atrás, cuando fue a Ron a quién le contó lo que deseaba hacer. Claro que en ese momento, todo era una idea abstracta. Ahí, se podía decir que Harry tenía todo planeado. Junto a Draco.
—¿Qué pasa? —preguntó Hermione, rompiendo el hielo.
Se habían mirando durante minutos sin decir una palabra. La chica estaba apoyada en un pilar y tenía un té en sus manos, el cual revolvía, estudiando cada movimiento del moreno. Harry ya había dicho que necesitaba hablar con ella, pero jamás pensó que costaría tanto. Las palabras simplemente no salían.
—¿Puedes sentarte? —dijo en cambio.
Ron se había quedado en su lugar, apoyado en una pared, pero Harry lo observó un segundo, diciéndole con la mirada que estaba bien. Que podía hacer eso. El pelirrojo asintió, con duda en un inicio, pero de todas formas los dejó solos. A Harry siempre le había llamado la atención cómo se comunicaban ambos con la mirada. Desde pequeños. Era algo que llevaban en las venas.
Mientras Ron abandonaba la sala de estar, Hermione se veía más sospechosa con cada segundo que pasaba. Haciéndolo sentir inseguro.
¿Y es que cómo no lo estaría?
Pero debía hacerlo.
—¿Ron no puede saber, o…? —preguntó ella mientras se sentaba frente a él, dejando en el aire el final de la oración.
Harry intentó relajarse.
—Ron ya lo sabe —contestó, evitando sus ojos—. Y me apoya. Necesito decírtelo a ti también.
Si su amiga antes ya lucía intrigada, ahora la curiosidad estaba escrita por todo su rostro.
—Está bien...
Joder, lo iba a hacer. Esta vez planeado. Joder, joder, joder.
Harry tomó una respiración honda, preparándose. Realmente no sabía por dónde empezar. No sabía cómo no ser abrupto. No-
—¿Esto tiene que ver con Draco?
El pulso se le disparó, y sus nervios hicieron un nudo en su estómago. Harry sintió cómo todo se le contrajo, mientras levantaba la mirada, con la boca ligeramente entreabierta.
Hermione tenía una mirada gentil. Maternal.
Su garganta se cerró, en búsqueda de palabras y- Dios. Harry no sabía qué decir.
Qué sorpresa.
—¿Se te olvidó que te conozco desde que tenemos once años, Harry? —cuestionó ella con suavidad.
El moreno boqueó un par de veces, intentando formar un pensamiento coherente. Hermione sabía, sabía y aparentemente no le importaba.
Sin que nada se le pasara por la mente, dijo, lo que venía diciendo por meses.
Por años.
—Lo siento.
La chica alzó las cejas de inmediato, y alcanzó su mano, entrelazando sus dedos, haciendo que Harry bajara la vista hasta sus zapatos, respirando hondo.
¿Ginny? Podía entenderla. Con su afán de no hacer las cosas raras. ¿Ron? Había sido la reacción de una persona normal.
Esto. Esta naturalidad y ternura con la que su amiga se lo estaba tomando, era algo totalmente nuevo y extraño. Y atemorizante.
—No lo sientas —dijo ella—. No es nada malo.
Harry no la miró.
—Siento no contarte —repitió.
Hermione soltó una risita.
—Siempre supuse que lo harías cuando estuvieras listo. —Por el rabillo del ojo, vio cómo se encogía de hombros—. Y ahora lo estás.
Harry tragó en seco, sintiéndose súbitamente vulnerable.
Los adoraba, pero ahora estaba siendo expuesto, y aunque fueran la gente más importante de su vida, aquello había sido un secreto casi total por años. Y hasta Theo debía saberlo ya para ese punto.
La chica volvió a darle un apretón.
—Hermione…
Ella negó con la cabeza.
—Basta —comandó, pero con delicadeza.
—Pero-
—Harry, tú y Draco están juntos, gran sorpresa. Ya lo suponía, no es la gran cosa —lo interrumpió, y Harry elevó sus ojos, para encontrarse de lleno con esa sonrisa amable que le ponía de los nervios—. Quiero saber qué tienes para decirme.
Era tan abrumador lo normal que Hermione hablaba del tema, que Harry sintió una oleada de afecto gigante hacia ella. Tan pero tan grande, que ni siquiera se lo pensó al tirarse encima de su mejor amiga, hasta el punto de casi botarla para darle un abrazo. Un abrazo que ella correspondió en medio de risas.
Así que Harry le contó. Le contó acerca de lo que quería hacer. Le habló y le rogó y la halagó sacando el tema de sus contactos, hasta que Hermione accedió.
Bien. Ahora sí era real.
•••
Harry se la pasó aquel día lejano con los Weasley. Habló con ellos. Les contó toda la verdad y su plan.
Y estuvo agradecido infinitamente al solo recibir palabras de aliento.
Draco, por su parte, estaba haciendo exactamente lo mismo, hablando con sus padres en un lugar público. Y cuando Harry se encontró con él, lucía tranquilo. Las cosas no fueron cómo esperaba, nunca lo eran con esa familia. Pero estaba claro que no podían hacer nada por detenerlos.
Cuando volvieron a casa y estuvieron ambos bajo las sábanas y en la oscuridad de la noche, Harry se sintió instantáneamente menos pesado, y más feliz.
Se acercó hacia él, abrazándolo, y las caricias no se demoraron en llegar. Todo el peso y los años que llevaban parecían haber sido sacados de los hombros de Draco, quién resplandecía a su lado.
—¿Entonces está listo? —preguntó el rubio al cabo de un rato, en el que no habían hecho más que mirarse.
Harry se mordió el labio y no apartó la mirada, sintiendo su pecho inflarse de amor.
—Sí.
Draco apretó la boca, y Harry pudo divisar un destello de duda. De miedo. Pero no de su parte, si no, miedo de lo que el moreno podría sentir o hacer a última hora.
—Harry…
Él negó de inmediato, tomando su mano y dándole un beso largo y concienzudo.
—Es difícil, pero- pero no me voy a arrepentir —le aseguró, leyéndole el pensamiento—. Es lo único que podemos…
—Sí —completó Draco—. Lo sé.
Se miraron por lo que parecieron horas, y entonces, Harry se acercó para depositar un beso. Un beso que disipara las dudas y los temores que los miraban desde una esquina, dispuestos a atacarlos.
Pero no, ya era demasiado tarde para eso. Ya todo estaba listo y hecho.
—¿Harry? —susurró Draco, cuando el azabache se había separado un poco.
Harry alzó las cejas, enterrando la nariz en su cuello, y esperando a que continuara, en silencio.
—Te amo.
Sintió sus ojos arrugarse en una sonrisa, y levantó la cara, para atrapar otra igual. Harry dejó un casto beso en sus labios, y lo apretó con fuerza.
—Yo también.
Cinco años, o una vida. El sentimiento seguiría siendo el mismo.
