Resumen: Un extraño caso de robo de varitas a nivel internacional envolverá a Harry y Draco en una aventura que los hará enfrentarse a aquello que fervientemente han silenciado en sus corazones durante tanto tiempo. DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos con el capítulo quiero agradecerles a todos los que han leído, añadido a favoritos o agregado a alertas esta historia. En especial, quiero agradecerle a susigabi por tomarse el tiempo de comentar. Siempre es lindo saber que hay alguien detrás de una pantalla dispuesto a leer mis historias. Ahora sí, los dejo con este nuevo capítulo.
Honor y Deber
2 de noviembre de 2009.
Y se detiene. Harry siente el preciso momento en el cual su corazón deja de latir por completo al ver frente a sí la imponente figura de quien acecha sus más tristes y dolorosos recuerdos, el mismo que protagoniza cada uno de sus más hermosos e impúdicos sueños. Y no puede hacer más que quedarse estático en su lugar, esperando el momento en el cual despierte de esta pesadilla; pero él no despierta, y las figuras paradas a unos pocos pasos de su escritorio no desaparecen, por el contrario, comienzan a observarlo con mayor intensidad a la espera de que diga algo. Sin embargo, Harry no puede complacerlos. Simplemente no puede, porque su garganta se ha cerrado y su voz parece haberse desvanecido por completo, su cerebro no demuestra intensiones de enviar un poco de orden al colosal desconcierto alojado en su mente, y como si esto no fuera suficiente, vuelve a sentir el conocido picor en sus ojos… ese que avecina una tormenta de incontenibles lágrimas.
─¡POTTER!
El inesperado grito de su jefe provoca que dé un pequeño sobresalto en su asiento, a la vez que siente un insoportable calor apoderarse de sus mejillas. Afortunadamente, el regaño de su superior hace que algo de sentido común retorne a su mente, con lo cual consigue hacer un nervioso movimiento con su cabeza para dar a entender que lo ha oído, y con temblorosas manos, comienza a ejecutar un absurdo intento por ordenar el absoluto desastre que es su escritorio. Sin embargo, un frío e imponente arrastre de palabras lo detiene en el acto, provocando que un escalofrío recorra cada célula del cuerpo de Harry.
─No es necesario, Robards. Sólo necesito los testimonios de las brujas que dicen haberlo visto.
─¡Tonterías, Malfoy! ─Interrumpe su jefe en un tono que no admite derecho a réplica, a la vez que le lanza una furibunda mirada a Harry para que continúe ordenando su escritorio. ─No sé cómo se majan en Francia, pero aquí trabajamos con los archivos en la oficina. Nadie tiene permitido sacar nada del ministerio. Así que será mejor que te vayas poniendo cómodo, porque puede que tengas que pasar buena parte de tu tiempo en este cubículo. Y tú, Potter… ─Dice su jefe apuntándolo con un acusador dedo. ─Haz el favor de poner algo de orden en este chiquero que llamas oficina.
Las mejillas de Harry entran en un estado febril difícil de ocultar por tal regaño, y, ciertamente, no quiere siquiera elevar la vista para ver lo que la fría mirada de Draco pueda reflejar. Afortunadamente, su jefe le hace una seña al rubio auror para que lo siga y ambos lo dejan allí, solo, y con un fuego en su rostro que no parece ser capaz de eliminar ni con un hechizo de congelamiento.
Draco… Draco está aquí.
Su cerebro no parece poder registrar otra cosa más que esas palabras, mientras que sus manos sudan y tienen un pequeño temblor imposible de detener. Harry siente extenderse el ardor de su rostro hacia el resto de su cuerpo, pero contrariamente a lo esperado, no siente calor. Paradójicamente, un desgarrador frío se instala en los confines de sus entrañas y amenaza con congelarlo todo a su paso, a tal punto, que lo único que atina a hacer es dejar la pluma que estaba sosteniendo y simplemente se queda estático observando hacia la nada misma.
Y no lo entiende. No entiende por qué, después de que han pasado once años desde la última vez que lo vio, el destino ha decidido que Draco vuelva a aparecer en su vida. Así. Sin ningún tipo de explicación o permiso. Sin siquiera un aviso del porqué de su regreso. Sin ser capaz de brindarle una forma de prepararse para afrontar esos recuerdos y vivencias que los unieron en el pasado, y que parece que volverán a unirlos en el presente.
Y quizás te unan en el futuro.
La molesta voz de su conciencia lo atormenta con imágenes de un futuro junto al sarcástico y atractivo joven del cual se ha enamorado, creando en su débil corazón falsas esperanzas que en su mente sabe que jamás llegarán a buen puerto. Después de todo, sus entrelazados destinos parecen ser incapaces de forjar un camino que conduzca a un feliz final. Las lágrimas se arremolinan en sus ojos, pero Harry se fuerza a retenerlas y evitar que caigan. No le daría la satisfacción de verlo llorar por él. Al menos agradece que su gran orgullo no se lo permita y pueda detener esas saladas gotitas justo a tiempo.
Unos pasos resuenan en el frío mármol del piso, y no necesita más que escuchar ese seguro andar para saber quién se acerca en dirección a su oficina. No tiene tiempo de siquiera fingir continuar con la terea que le fue encomendada por su jefe, cuando vuelve a tener la imponente figura de Draco frente a sí. Harry reúne fuerzas desde lo más profundo de su voluntad y eleva la vista en el mismo momento en el cual Draco se detiene en el marco de entrada de su cubículo. Lo primero que asalta la mente de Harry es que ha cambiado mucho. Demasiado. La imagen que se presenta frente a él es la de un mago que ha crecido varios centímetros a su ya remarcada estatura. Debajo de esa gruesa túnica azul se vislumbra un cuerpo fuerte y relleno de músculos en los lugares correctos. Sus afiladas facciones siguen en la misma línea que antaño, no obstante, hay algo que las hace ver mucho más maduras… más perfectas. Su cabello continúa siendo igual de rubio y sedoso, pero el largo se ha incrementado a tal punto de rozarle descuidadamente la parte baja de su cuello. Sin embargo, lo que más hipnotiza a Harry, lo que termina por comprobarle que está absolutamente jodido, es esa gris mirada que lo observa con recelo, como si estuviera esperando por algún tipo de ataque.
Harry siente un extraño nerviosismo recorrerlo entero, e internamente se pregunta cómo demonios hará para trabajar a su lado sin dejar en evidencia sus verdaderos sentimientos. Por fortuna, Draco es el primero en tomar la palabra y le evita tener que desplegar un inentendible sinfín de vergonzosos balbuceos.
─Realmente no voy a robarte demasiado tiempo, Potter. Sé que no tienes motivos para creerme, pero no miento cuando digo que no estaré mucho por aquí. Sólo he venido porque han avistado en este país a uno de los fugitivos del caso que me asignaron, aunque estoy seguro que, para estos momentos, el maldito ya debe haberse enterado de que he venido y ha vuelto a huir.
El saber que Draco sólo ha venido en servicio por el país al que representa hace que algo se rompa en su pecho, provocándole un lacerante dolor que se refleja en su triste mirada.
Por supuesto que ha venido únicamente por trabajo. ¿Realmente creíste que había venido por ti? ¿De verdad esperabas que viniera a confesarte que también te ama? ¿Es que así de ingenuo eres?
La molesta voz de su conciencia no pierde tiempo en dejar salir esas ponzoñosas palabras, clavando con mayor intensidad el puñal que siente instalarse en su corazón. Y Harry no puede hacer más que desear morir en este mismo instante, detener de una vez por todas esa insoportable sensación de vacío que oscurece cada recoveco de su alma.
Sí, él no ha venido por ti, pero eso no significa que no puedas sacar provecho de la situación, ¿verdad?
Y por más que deteste hacerlo, debe darle la razón a su insidiosa conciencia. No existe mejor momento que éste para intentar reparar el error que cometió once años atrás. Esta vez no podía dejar que Draco volviera a escapársele de entre los dedos como una voluta de humo. Esta vez tenía que sacar su oxidada y olvidada valentía Gryffindor de donde quiera que la haya enterrado, y pelear por él. Pelear por ese destino que tiene por seguro que los une, y debe hacerlo de inmediato, porque puede que esta sea la última oportunidad que se les presente.
Armándose de un valor y seguridad que claramente no siente, Harry eleva la comisura de su boca en un intento por brindarle una especie de sonrisa a Draco y le ofrece la silla que dejó Hermione para que tome asiento.
─No te preocupes por ello. ─Dice Harry con un bajo tono para evitar dejar demasiado en evidencia el leve temblor en su voz. ─Siento el desorden. Como podrás ver, no soy uno de los aurores más organizados.
En el mismo instante en que esas palabras escapan su boca, Harry siente unos imperiosos deseos de darse cabezazos contra el escritorio. Sus mejillas continúan oscureciendo la rojiza coloración que parece haberse instalado en ellas desde que Draco ha reaparecido en su vida, y se pregunta cuánto más serán posibles de seguir oscureciéndose. Extrañamente a lo esperado, Draco no hace mención alguna al caos reinando su escritorio, y simplemente toma asiento en la silla que le es ofrecida. Y es en ese momento en el cual siente que las horas laborales comenzarán a ser una amplia tortura para él, porque la deliciosa fragancia masculina que emana de la colonia de Draco lo hipnotiza por completo. Harry está seguro que la Amortentia tiene que tener ese hechizante olor, porque no hay otro aroma en el mundo que siquiera pueda asemejársele; y en verdad debe hacer un esfuerzo sobrehumano para no saltar de su asiento y colocársele a horcajadas, mientras entierra su nariz en el cuello de Draco para embriagarse en su perfume.
Afortunadamente, Draco parece ajeno a la lucha interna que Harry está teniendo y comienza a tratar de despejar un poco el espacio en la pequeña porción de escritorio que está ocupando. Una lista con románticos obsequios cae en el campo visual del rubio auror, pero no comenta nada al respecto y simplemente la hace a un lado.
─Esa… esa lista no es mía. ─Harry siente la imperiosa necesidad de aclarar tal hecho por algún extraño motivo que aún no termina de comprender, a pesar de que su compañero no parece brindarle más de un leve asentimiento. ─Es de Hermione.
Termina en un susurro y desviando la vista a sus manos, como si ese hecho fuera más que suficiente para explicarlo todo. No obstante, Draco no le da importancia y continúa ordenando en silencio su espacio. Cuando considera ha hecho espacio suficiente, eleva la vista hacia el nervioso auror a su lado y dice:
─Necesito que me digas en dónde guardan los archivos con los informes. Debo buscar el caso del robo de varitas de las dos jóvenes brujas.
─Los… los archivos están en la sala de archivos. ─Ante esa obvia respuesta, Draco rueda los ojos y le regala una exasperada mirada que hace volver a elevar la temperatura en el rostro de Harry, por lo que rápidamente se apresura a aclarar. ─Siguiendo por este pasillo, es la última puerta a la derecha.
─Gracias.
Draco hace un intento por levantarse de su asiento, pero es retenido por una temblorosa mano.
─Espera. ─Harry siente sus mejillas arder al ver la sorpresa con la cual Draco lo observa, por lo que rápidamente se apresura a retirar la mano de la túnica. ─El caso del que hablas no está allí.
─¿Y dónde está? ─Pregunta con un educado tono, pero con un leve vestigio de irritación. Ante esto, Harry murmura algo ininteligible y comienza a rebuscar entre todo el desorden que hay en su escritorio, volviendo a rellenar el espacio que Draco ordenó minutos atrás.
─Aquí está. ─Dice con un victorioso tono, como si hubiera sido toda una hazaña, y se lo entrega a un más que suspicaz joven que lo observa con algo que parece ser curiosidad.
─Gracias.
Un escalofrío lo asalta al escucharlo agradecerle por segunda vez en el día. Sin duda había cambiado muchísimo, porque el antiguo Draco jamás hubiera concebido el hecho de agradecerle a él; pero más importante aún, era el hecho de haber tomado el archivo y simplemente comenzar a leerlo entre todo el desorden de su escritorio, sin siquiera recriminarle por tal desorganización, con lo cual deduce que quizás no haya querido dejar salir ningún mordaz comentario para no comenzar una de sus famosas peleas. Queriendo hacer sentir más a gusto al atractivo mago que no deja de embriagarlo con su costoso perfume, comienza a desaparecer toda la basura que no sirve de su escritorio, comenzando por esa tonta lista que dejó olvidada su amiga. Con un pase de su varita, Harry desaparece envoltorios de dulces vacíos y vasos descartables de café, tinteros vacíos y pergaminos con anotaciones que ya no tienen valor. Para cuando termina de ordenar en una pulcra pila todos los informes que debe guardar en la sala de archivos, Draco ya ha terminado de leer el informe y observa en silencio la pared que tiene en frente.
─¿Encontraste lo que buscabas? ─Pregunta Harry con un bajo tono, no comprendiendo en qué momento esta insoportable timidez se ha apoderado de su personalidad.
─Si por encontrar te refieres a lo mal que fueron interrogadas las víctimas, entonces sí.
─¡Oye! ¿Qué te hace pensar que fueron mal interrogadas? ─Pregunta Harry con un molesto tono, porque si bien se ha enamorado del sarcástico y atractivo hombre a su lado, no puede permitirle bajo ningún concepto que denigre de esa forma su trabajo como auror.
─Espera, ¿tú las interrogaste? ─Pregunta Draco con desconcierto y algo de confusión, como si estuviera tratando de encontrar una forma más amable de decir lo que piensa.
─Sí, yo las interrogué. ¿Algún problema con eso, Malfoy?
Harry lo observa con el ceño fruncido en un adusto gesto, instándolo a que le recrimine algo de su trabajo. Sin embargo, la seguridad que exterioriza no se corresponde con la desesperación interna que posee. Su cabeza da vueltas tratando de encontrar algún detalle que se le pudo haber pasado por alto de ese interrogatorio y que justifique la grave acusación a la que ha sido sometido, pero por más que lo intenta, no encuentra nada fuera de lo usual. Por su parte, Draco parece debatirse entre dejar pasar el tema para no molestar al susceptible Gryffindor, o armarse de valor para decir aquello que claramente quiere soltar sin importarle que esto pueda desatar la ira del auror de la cicatriz. La valentía prevalece sobre el sentido de supervivencia, y sin titubear, Draco posa la vista en Harry y dice:
─No estoy diciendo que hayas hecho un mal trabajo, simplemente digo que no confío en el testimonio de esas brujas. Está claro que te mintieron.
─¿Y cómo puedes saber que han mentido? ¡Ni siquiera estuviste ahí! No puedes venir, decir algo como eso y… ─Harry se detiene de inmediato al ver que Draco se levanta y comienza a caminar hacia la salida. Un desgarrador temor lo recorre por completo al verlo alejarse de sí, y a su mente regresa la imagen de un Draco mucho más joven saliendo del ministerio. Temiendo volver a perderlo una vez más, Harry se apresura a levantarse de su asiento y seguirlo. ─Espera, ¿a dónde vas?
─A interrogar a esas brujas de nuevo. ─Dice Draco sin detener su andar.
─Iré contigo. ─Espeta Harry con un tono que no admite una negativa.
Draco le dirige una mirada de reojo, mas no dice nada y continúa caminando hacia la salida. Tomando eso como una señal, Harry acelera el paso para ponerse a la par del alto auror. Desafortunadamente, son detenidos por Justin Finch-Fletchley antes de salir del departamento.
─¿Miren a quién tenemos aquí? ─Dice con un arrogante tono mientras se cruza de brazos y los observa con una socarrona risita. ─Al Mortífago arrepentido. ¿Tratando de limpiar un poco tu desprestigiado apellido?
Draco pretende no escucharlo e intenta continuar con su andar, pero se ve imposibilitado por el auror que les cierra el paso.
─¿A dónde creer que vas? No he terminado contigo.
─Pero yo sí lo he hecho contigo. ─Responde Draco con un gélido siseo que eriza los vellos de la piel de Harry.
─Casi lo olvido. ─Deja salir Justin con un malicioso tono, y Harry sabe que lo próximo que salga de su boca estará destinado a herir en lo más profundo a Draco. ─Salúdame a tus padres. ¡Oh, qué torpe soy! ¿Cómo pude olvidarlo? ¡Cierto que no puedes!
Justin comienza a reír con malicia y alguno de los aurores más cercanos lo secundan. Por su parte, Harry no puede salir de su asombro al oír del fallecimiento de los padres de Draco. ¿Cómo era posible que no se haya enterado? Aunque esto no debería sorprenderlo, ya que no ha sabido de Draco durante once años. Vamos, si ni siquiera sabía que estaba viviendo en Francia, mucho menos que se había convertido en un auror, ¿cómo iba a saber del fallecimiento de Lucius y Narcisa? Sin embargo, de lo que sí está seguro es que no va a permitirle bromear al imbécil de Finch-Fletchley con eso.
─Métete en tus asuntos, y has el favor de apartarte de la puerta. ─Responde Harry con un peligroso tono que hace temblar a más de uno de sus compañeros.
─¿O sino qué, Potter? ─Redobla la apuesta con soberbia, a la vez que le dirige una exasperada mirada. ─Mejor no te metas en esto, marica.
Harry siente las mejillas arderle en rabia al oír esa despectiva forma en la que Justin se refiere a su orientación sexual, y realmente debe hacer un esfuerzo sobrehumano para no partirle la cara al imbécil. Sin embargo, lo que más le molesta de toda esta situación es el hecho de que algunos de sus compañeros parecen encontrar graciosa la forma en la cual Justin se ha dirigido a él. ¿Cómo era posible que fueran tan intolerantes y cerrados de mente? Sin duda ese pensamiento atrasaba un siglo. No obstante, Harry no tiene tiempo de soltar un mordaz comentario, porque para sorpresa de todos, Draco toma a Justin del cuello de su túnica y lo estampa fuertemente contra la pared. Sin darle tiempo a que reaccione, le propina un golpe en el centro del rostro con tal potencia que consigue romperle la nariz en el acto.
─Dime, Finch-Fletchley, ¿qué se siente que un marica te rompa la cara? ─Deja salir con el mayor desprecio que jamás lo ha escuchado hablar. Sin soltar el fuerte agarre que tiene sobre el cuello de Justin, Draco eleva la vista al resto de aurores que los observan con algo similar al miedo, y dice: ─¿Alguno tiene algo que objetar?
Nadie responde y sólo continúan observando al Slytherin con aprensión a la espera de que éste intente atacar a alguno de ellos. Draco parece conforme con lo que ve y regresa su atención al suplicante ser en el que se ha convertido Finch-Fletchley.
─Y en cuanto a ti, señor bromista… ─Sisea con un peligroso arrastre de palabras, a la vez que incrementa la presión que ejerce sobre el cuello del atemorizado auror. ─La próxima vez que escuche salir de tu asquerosa boca un mísero comentario homofóbico, terminarás con algo más que una nariz rota. ¿Estoy siendo lo suficientemente claro, o necesitas que te dé un adelanto de ello?
La cara de Justin se transforma en una de absoluto terror al oír la velada amenaza, pero el fuerte agarre en su cuello no le permite emitir sonido. Lo único que puede hacer para dejarle saber que ha entendido y que no volverá a meterse en su camino es asentir a medias. Draco parece satisfecho con esto y suelta con fuerza el cuerpo del auror que sostenía aprisionado contra la pared. Este hecho hace que Justin resbale por la pared y caiga al suelo como un títere sin cuerdas. Dirigiéndole una última mirada cargada de desprecio, Draco se aleja en dirección a los ascensores sin esperar a Harry.
A Harry le cuesta unos segundos más salir de ese aturdimiento en el cual ha caído, producto de la sorpresa que le produjo la vehemente defensa de Draco hacia su persona, y para cuando consigue instar a sus pies a caminar, Draco ya se encuentra a unos pasos de alcanzar los ascensores. Sin perder más tiempo, Harry corre con fuerza hasta lograr ponerse a la par del rubio auror que lo espera con un aburrido gesto en sus bellas facciones. Ninguno de los dos dice nada y esperan en silencio a que las puertas del ascensor se abran. Una vez dentro, Harry eleva la vista y posa su mirada en el adusto rostro de Draco.
─Gracias. ─Harry no puede evitar que una pequeña sonrisa se apodere de la comisura de su boca, a la vez siente que una cálida sensación instalarse en su pecho, una que se parece en demasía a la esperanza. No obstante, su parte racional decide con sabiduría no indagar en tales sentimientos y trata de despejar un poco esas extrañas ganas de agradecerle al rubio con algo más que palabras. ─Aunque no debiste golpearlo, podrías meterte en problemas.
Ante ese reproche, Draco suelta una irónica risita y observa a Harry con confusión.
─¿En serio? Y según tú, ¿con quién podría tener problemas? ¿Con Robards? ¿Con Finch-Fletchley? ─Deja salir ese último apellido con una mezcla de repugnancia y desprecio, a la vez que se cruza de brazos y eleva una ceja en alto.
─Hablo en serio. No deberías buscarte enemigos tan fácilmente. ─Dice Harry con un suave tono, pensando en las posibles represalias que Justin pueda hacer.
─¿Quién eres y qué has hecho con Potter? ─Exclama Draco con un ultrajado tono, como si lo que acaba de decir fuera la mayor ofensa del mundo. ─El Potter que conocí jamás se hubiera dejado intimidar por un patético imbécil como ese, mucho menos preocuparse por las consecuencias de lo que un accionar como este podría acarrear.
Pero el Potter que conociste no había admitido para sí mismo que estaba enamorado de ti, idiota. Y el simple hecho de que alguien te lastime, es suficiente para volver loco a este Potter.
Nuevamente, la voz de su conciencia se cuela entre sus pensamientos y deja expresado en su mente la cruda verdad que no enuncia en palabras. Harry sabe que está en lo cierto, mas no puede dejar en evidencia la realidad de esos sentimientos que podrían llevarlo a un desolado desenlace. Tratando de deshacer el incómodo silencio que se ha instalado entre ellos, Harry le regala una socarrona risita y lo observa con una desafiante mirada.
─¡Oh, sigo siendo el mismo Gryffindor terco y valiente de siempre, Malfoy! Simplemente he madurado lo suficiente como para no brindarle importancia a las personas que no se merecen un único pensamiento de mi parte. Y el imbécil de Justin, claramente, es uno de ellos.
Draco no parece del todo conforme ante ese despliegue de seguridad por parte del joven de la cicatriz, sin embargo, no hace el menor intento por continuar con esa delicada conversación. Harry agradece internamente el intento de tregua que le ha brindado el rubio y se mantiene en silencio por el resto del viaje en el ascensor. Si bien no lo exterioriza, su mente es un torbellino de preguntas sin respuestas. Harry no puede dejar de revivir el incómodo y violento intercambio que se produjo minutos atrás, y se pregunta cómo es posible que el ex Hufflepuff sepa más de la vida del Slytherin que él. Porque sí, realmente parecía que Justin conocía al menos una parte de la actual vida de Draco, al menos así lo dejó entrever al insinuar la ausencia del matrimonio Malfoy. Y ya puestos a ello, ¿qué les había ocurrido a los padres de Draco? ¿Cómo habían fallecido? Y más importante aún, ¿por qué nunca supo nada de esto?
El ascensor arriba al atrio y lo aparta de la lucha interna que se está librando en su mente por contener su curiosidad, evitando de esta forma atosigar al rubio auror con preguntas sobre su misterioso pasado. Ambos caminan en silencio los pasos que los separan de los puntos de aparición, mientras diversos magos y brujas saludan a Harry con educación y algo que se asemeja a la idolatría. Las mejillas de Harry vuelven a adquirir un leve rubor, producto de la vergüenza e incomodidad que le generan dichos despliegues de admiración hacia su persona, y se pregunta qué estará pensando Draco de todo ese abrumador panorama. Tratando de actuar con la mayor sutileza posible, eleva la vista y la posa en el irritado gesto que se ha apoderado de ese afilado rostro; y es entonces, donde Harry sonríe para sus adentros y se dice que, después de todo, las cosas no han cambiado por completo. El molesto ceño fruncido de Draco es indicativo suficiente para dejarle en claro que aún continúa molestándole que Harry siempre consiga llevarse toda la atención.
Ambos se detienen al alcanzar el primer punto de aparición desocupado y se observan en silencio pensando cómo proseguir a partir de ahora. Afortunadamente, Harry no debe pensar demasiado en qué decir, ya que Draco extiende su mano y lo toma del brazo con fuerza. Sin darle tiempo a cuestionarle nada, los desaparece en dirección a la casa de una de las víctimas del robo. El único pensamiento rondando la mente de Harry es que desearía poder quedarse así para siempre… siendo sujetado por Draco en un posesivo agarre.
Notas finales: nuevamente, les agradezco por leer. Trataré de actualizar todos los martes. Antes de despedirme, voy a robarles un segundo más de su tiempo para pedirles que me dejen sus opiniones acerca del capítulo en un comentario.
Beso enorme y nos leemos la próxima semana.
