Resumen: Un extraño caso de robo de varitas a nivel internacional envolverá a Harry y Draco en una aventura que los hará enfrentarse a aquello que fervientemente han silenciado en sus corazones durante tanto tiempo. DRARRY

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola a todos! Como siempre, antes de dejarlos leer quiero darles las gracias a todos aquellos que han añadido la historia a alerta y favoritos. El capítulo de hoy va dedicado especialmente para Lula y Dracotentia por haberse tomado el trabajo de comentar. Siempre es un honor leer sus opiniones. Ahora sí, los dejo con el capítulo.


Honor y Deber

2 de noviembre de 2009.

Injusticia. Esa era la palabra exacta con la cual describir la rapidez con la que aparecen frente a la puerta de una de las víctimas, porque eso sólo consigue apartar de su brazo el firme agarre de Draco. Y por más tonto que suene, Harry no puede evitar sentir un agradable calor extenderse en el lugar donde segundos atrás estaba siendo sostenido. ¿A esto se había reducido? ¿A sentir absurdos cosquilleos con el simple roce de las manos de su amor imposible? ¿Qué seguían, mariposas en su estómago? Harry siente un leve rastro de irritación al estar comportándose como una quinceañera enamorada, por lo que cruza los brazos sobre su pecho y se dispone a esperar que Draco toque la aldaba de la puerta.

El sonido de unos pasos acercándose a la puerta lo sacan de sus pensamientos y lo obligan a poner toda su concentración en el asunto entre manos. De inmediato, la puerta se abre y por ella asoma una delgada y ojerosa jovencita. Al verlos, su cuerpo se tensa y su mirada se llena de temor.

─¿En… en qué puedo ayudarlos? ─Pregunta en un nervioso titubeo, tratando de ocultar el temblor en sus manos.

─Buenas tardes, señorita Williams. Auror Malfoy, del ministerio francés. Y ya conoce al auror Potter. ─Dice Draco señalando a Harry con un gesto de su cabeza. ─¿Podemos pasar? Me gustaría hacerle unas preguntas acerca del robo de su varita.

─No creo que pueda serle de ayuda, todo lo que ocurrió ya se lo he dicho al auror Potter. Estoy segura de que él lo puso al tanto, ¿verdad? ─Responde en un nervioso tono sin mirar a ninguno de los dos aurores a los ojos.

─Déjeme reformularle mi pregunta. ─Deja salir Draco con un frío tono que sorprende no sólo a la asustada muchacha, sino también a Harry. ─La investigación del caso ha brindado pruebas de que usted está más involucrada de lo que dijo en un principio. En su lugar, señorita, nos dejaría pasar a formularle estas preguntas. De lo contrario, puede dar por seguro que no tardarán en venir a arrestarla por encubrimiento y desviación de la información.

El rostro de la joven se llena de horror ante la implícita amenaza de encarcelarla en Azkaban, y con rapidez le brinda acceso a su casa. Nerviosamente, los conduce hacia los sillones ubicados en el centro de la sala y les hace un gesto para que tomen asiento. Harry sigue a Draco en silencio, preguntándose por qué su compañero le ha mentido de esa forma a la muchacha. Claramente no tenían ningún indicio de que esa jovencita estuviera involucrada en el robo, siendo que fue su propia varita la desaparecida. Sin embargo, no dice nada y toma la sabia decisión de permanecer en silencio a la espera de lo que sea que tenga planeado el rubio auror.

─¿Qué es lo que quieren saber? ─Pregunta la ojerosa jovencita, y es allí donde Harry entiende el motivo por el que Draco desconfía del testimonio que le dieron esa noche. El cansancio y la tristeza que carcome la mirada de la chica es indicio suficiente para pensar que hay algo que está escondiendo.

─Necesito que nos diga todo lo que ocurrió esa noche, sin omitir ningún detalle, por más irrelevante que lo considere. ─Dice Draco con un tranquilo tono, pero que no admite broma alguna.

─Ya se lo dije a usted, auror Potter. ─Intenta escudarse la chica en el auror de la cicatriz, evitando mirar a Draco a los ojos. ─Agnes y yo salimos a bailar. Estábamos completamente ebrias y terminamos en la cama con el tipo que nos robó las varitas. Cuando las dos despertamos, nuestras varitas no estaban; y tampoco había rastro del hombre con el que habíamos ido al hotel. No recuerdo nada más que eso.

Harry la observa removerse incómoda en el asiento y sabe que la chica está mintiendo, pero no dice nada porque el rostro de Draco es indicativo suficiente para hacerle ver que él tampoco le cree.

─Señorita Williams, creo que no nos estamos entendiendo. La declaración que he recopilado de su amiga dista mucho de la que usted me está brindando, y tengo claros motivos para arrestarla en este momento. ─Ante esto, la cara de la chica se transforma en una de absoluto horror y dolor, y ambos saben que es cuestión de tiempo antes de que la joven comience a cantar como un fénix. ─Es la última oportunidad que voy a darle. Quiero que nos diga con detalle qué fue lo que ocurrió esa noche.

La asustada jovencita se abraza a sí misma y comienza a llorar desconsoladamente, a la vez que empieza a relatar lo ocurrido esa noche.

─Yo no quería… nunca quise que nada de eso pasara. Yo sólo… yo sólo quería que me diera una oportunidad.

─¿Quién? ─Pregunta Draco con un neutro tono.

─Agnes. ─Responde la chica con dolor y una mirada cargada de un sentimiento que, desafortunadamente, Harry conoce demasiado bien. ─¿Saben lo que se siente enamorarse de la persona equivocada? ¿Tienen idea lo que es estar tan cerca de la única persona que le da sentido a tu vida, y, sin embargo, no poder hacer nada al respecto porque sabes que no serás correspondido?

Sí, claro que lo sabía. Harry conocía muy bien ese desgarrador sentimiento de estar tan cerca del amor de tu vida, y aun así no poder hacer nada por ello. Una opresora sensación se instala en su pecho, a la vez que siente el famoso picor acudir a sus ojos. No obstante, se obliga a evitar dejar salir la angustia que lo carcome, y retorna su atención a la solloza joven. El educado tono con el que Draco se dirige a la chica lo ayuda a recuperar algo de la concentración que ha perdido en esa reminiscencia a sus ocultos sentimientos.

─Puedo hacerme una idea.

─No, no puede. ─Responde la chica con un sarcástico tono. ─No puede a menos que se haya enamorado de su mejor amigo. De su heterosexual mejor amigo.

─Debo asumir entonces que usted no se acostó con el ladrón. ─Deja salir Draco con parsimonia, instándola a que continúe con el relato.

─Claramente. ─Suelta con desprecio la joven, mientras seca sus lágrimas con la manga de su sweater.

─Lo siento, señorita Williams, pero…

─Faith. ─Dice con un desganado tono. ─Llámenme Faith.

─Bien, Faith. Necesito que me ayude a comprender esto. Exactamente, ¿qué ocurrió esa noche?

La ojerosa chica los observa con cansancio y resignación, y comienza a narrar todo aquello que ha guardado desde esa noche.

─Salimos a bailar con Agnes. Tomamos demasiado alcohol, aunque por motivos muy diferentes. Ella sólo lo hacía por diversión, en cambio, yo sólo tomaba para evitar tener que ver cómo ella se besaba con cualquiera sea el hombre que se le cruzara. No sé en qué momento ocurrió, lo único que sé es que, de un momento a otro, ese francés se me acercó y empezó a pagar por nuestros tragos. ─Faith hace una pausa en su relato, como si intentara recordar cada detalle de esa nebulosa conversación con el ladrón. ─Nos dijo que no tendría problemas en seguir pagando por nuestros tragos, a cambio de…

La chica se detiene y observa la mesa ratona ensimismada, perdida en sus recuerdos.

─¿A cambio de qué? ─Pregunta Draco, tratando de agilizar el interrogatorio.

─A cambio de que le digamos de qué estaba hecho el núcleo de nuestras varitas. ─Dice con molestia, posando su mirada en el rostro de los aurores que la observan expectantes. ─Agnes creyó que era una grandiosa idea. Tragos gratis a cambio de decirle algo tan simple como eso. A pesar de que algo me decía que esa era una extraña petición, acepté decirle sólo porque no quería borrar esa radiante sonrisa del rostro de Agnes. Después de que le dijimos eso, el francés se puso muy… amoroso con Agnes. Se la llevó a la pista, bailaron y no paró de susurrarle cosas que la hacían reír, aunque dudo que Agnes tenga siquiera idea de qué estaba diciéndole en el estado que se encontraba.

La chica vuelve a hacer una pausa, y se abraza a sí misma en un gesto que Harry reconoce como uno para infundirse valor. Sin duda estaban acercándose a la parte más escabrosa del relato.

─Después de lo que parecieron ser horas, volvieron al lugar donde me encontraba y Agnes insistió en que los acompañe al hotel. ─Un escalofrío recorre a la chica, pero continúa relatando todo con detalle. ─Recuerdo que no quería entrar al hotel. Traté de hacer que Agnes desistiera y volviéramos a casa, pero ella quería acostarse con el maldito francés. Le dije que esa no era mi intensión, pero tampoco podía dejarla allí, sola, en el estado de ebriedad que tenía. Y entonces, el francés se acercó y me dijo que Agnes también quería estar conmigo, sólo que ella no sabía cómo decírmelo.

Harry comprende claramente la manipulación que ha ejercido el ladrón para obtener lo que quería. Después de todo, es sumamente sencillo controlar a aquellos que están movilizados por un sentimiento de desesperación.

─Me dijo que, si subía con ellos, Agnes se atrevería a estar conmigo de la manera en que ambas queríamos. Me dijo que él había conseguido hacer que Agnes se sincerara y admitiera que estaba enamorada de mí, y que, en retribución, él quería que subiera con ellos. ─Un sollozo se escucha en la silenciosa sala, y los aurores esperan a que la joven se recupere para que pueda continuar con el relato. ─Subimos a la habitación y ellos… ellos… comenzaron a desvestirse, a besarse y tocarse. Y yo… yo no sabía qué hacer. No quería estar allí, no quería ver cómo la chica que amo era penetrada por ese imbécil, y, aun así, no me pude mover. Simplemente me quedé allí, viendo como ese tipo la hacía gemir.

La chica rompe en un llanto incontrolable, y Harry cree que ya han presionado demasiado. Sin embargo, Draco parece percatarse de las intenciones del moreno y le regala una fulminante mirada, advirtiéndole con ello que ni se le ocurra intervenir ahora que están a punto de conseguir una confesión.

─¿Qué pasó después? ─Pregunta Draco con suavidad, no queriendo alterar a la joven.

─Me dijo que me acercara. Lo hice. Y en ese momento, Agnes se dio cuenta de mi presencia. Pensé que iba a enfadarse conmigo por estar viéndolos tener sexo, pero contrariamente a lo esperado, me pidió que la besara.

─¿Y qué hiciste?

─¡LA BESÉ! ¡LA BESÉ! ¿Qué otra cosa podía hacer? ─Grita desesperada la chica, mientras se toma sus cabellos con fuerza y tira de ellos, como si quisiera arrancar ese recuerdo de sí. ─Debí saber que algo andaba mal, que nada de eso podría ser real. Especialmente… especialmente porque ella estaba llorando.

Harry observa a la desolada muchacha ahogarse en desconsolados sollozos, a la vez que se mece de atrás hacia adelante. La desgarradora imagen hace que una parte de sí se replantee el haber seguido una profesión como esta. Sin duda esta era la peor parte de ser un auror. Harry aparta la vista de la triste joven que tiene en frente, y gira su rostro en busca de la mirada de Draco para hacerle saber que ya ha sido suficiente. Sin embargo, Draco observa a la chica con una mezcla de suspicacia y confusión, como si algo no encajara en la explicación de la muchacha.

─Dice que Agnes estaba llorando, ¿verdad? ─Repite Draco con un receloso tono. ─¿Ella estaba llorando antes de que la besara, o comenzó a hacerlo cuando la besó?

─Yo… yo no… No lo recuerdo. ─Responde en un balbuceo la agobiada chica, mientras trata de evocar el recuerdo de esa fatídica noche. ─Lo único que recuerdo después de eso es que Agnes ahogó su orgasmo contra mis labios, y después… todo se volvió negro. Cuando despertamos, el francés ya no estaba, y nuestras varitas habían desaparecido.

Draco permanece en silencio unos segundos, y Harry es capaz se sentir los engranajes de la cabeza del Slytherin trabajar a toda marcha. Cuando parece poner en orden sus pensamientos, eleva la vista hacia la chica y pregunta:

─¿Por qué ocultó todo esto?

La chica lo mira con desolación y algo de inseguridad, como si no estuviera muy convencida de querer responder con la verdad. Sin embargo, suelta un suspiro y deja salir aquello que parece condenarla a perder lo que más ama.

─Porque Agnes me lo pidió. ─Dice con resignación, a la vez que cierra los ojos.

─Gracias por confesarme la verdad. ─Responde Draco con un tranquilo tono. ─Le doy mi palabra de que encontraré al ladrón y le haré pagar por lo que hizo.

Al escuchar esas palabras, Faith abre los ojos y los observa con derrota, como si ya nada le importara porque ha perdido algo más importante que una varita; y Harry piensa que, probablemente, así sea.

Sin decir nada más, los aurores se levantan del sofá y emprenden camino a la salida. Una vez que el frío viento golpea sus rostros, Harry posa la vista en el pensativo auror a su lado. Daría lo que sea por saber qué pasa por la mente del Slytherin en estos momentos, mas no tiene tiempo de siquiera comenzar a formular una pregunta, cuando siente una pálida mano tomándolo con delicadeza del brazo para desaparecerlos hacia un destino incierto. Sin embargo, Harry no tiene miedo, ¿por qué tenerlo, cuando siente el calor que desprende el cuerpo de Draco por todo su brazo?


Notas finales: gracias a todos por leer. Voy a robarles un segundo más de su tiempo para que me dejen sus opiniones en un comentario.

Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo martes.