Resumen: Un extraño caso de robo de varitas a nivel internacional envolverá a Harry y Draco en una aventura que los hará enfrentarse a aquello que fervientemente han silenciado en sus corazones durante tanto tiempo. DRARRY

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.

Notas de autora: ¡Hola! Antes de dejarlos con el capítulo de hoy, quiero darles las gracias a todos aquellos que han añadido la historia a sus alertas y favoritos. Siempre es lindo saber que hay alguien leyendo mis historias. Ahora sí, los dejo leer.


Honor y Deber

3 de noviembre de 2009.

Vacío. Esa era la más acertada descripción capaz de explicar esa desgarradora y angustiante sensación instalada en el mismo instante en el que Draco se desapareció. Ese asfixiante sentimiento pareció extenderse a cada rincón de su alma en cuestión de milésimas de segundos, a la vez que una opresiva presión se encargaba de comprimir su pecho con fuerza suficiente para quitarle la respiración. A pesar de que lo único que desea es dejar salir todo ese sufrimiento que desgarra su alma, no consigue que una sola lágrima escape de su esmeralda mirada. Y eso es lo que más le preocupa de toda esta oscura pesadilla de la cual no puede despertar, porque sin importar lo mucho que quisiera hacerlo, las saladas gotitas no acuden a sí. Era un hecho sumamente frustrante, y a la vez, aterrador; porque eso sólo podía significar una cosa… su corazón finalmente había resignado cualquier pequeña esperanza que hubiera forjado. ¿Y qué quedaba una vez que perdías lo único podría darle sentido a tu vida? Nada, sólo vacío.

Harry se halla inmóvil y con la vista perdida en la superficie de su ordenado escritorio, mientras piensa que parece que hubieran pasado siglos desde el regreso de Draco; pero sabe que eso no es verdad, ni siquiera han transcurrido veinticuatro horas desde que el rubio auror lo encontrara luchando contra el caos presente en su oficina. No tiene idea de dónde pueda estar el Slytherin ahora, tampoco está seguro de que éste vuelva a aparecerse por aquí. Conociéndolo, el atractivo auror ya estaría a cientos de kilómetros de distancia. Y ni siquiera el hecho de no volverlo a ver consigue hacer que una simple lágrima escape de su rostro. Lo sabe, sabe que ha tocado fondo y que le será muy difícil salir de este pozo de tinieblas en el que se encuentra, y quizás… una pequeña parte de sí no quiera hacerlo. Tal vez sería todo más simple y menos doloroso si simplemente se dejara abrazar por esa oscura sensación de soledad de una vez por todas.

Un suave golpeteo en el marco de entrada de su cubículo lo saca de ese mar de depresivos pensamientos, para traerlo de nuevo a una realidad en la que todo parecer continuar complicándose. Despegando la vista de la nada a la que estaba observando, gira su rostro y lo posa en la refinada y atractiva mujer parada en frente suyo. Y Harry cree que nada ni nadie podría haberlo preparado para lo que ve, porque a unos metros de distancia se encuentra la altiva silueta de Narcisa Malfoy.

─Buenas tardes, auror Potter. ─Saluda la hermosa mujer con un educado tono, aunque su mirada no consigue ocultar un leve rastro de desprecio, como si este lugar fuera totalmente indigno de su presencia. ─¿Puedo pasar? No voy a robarle demasiado de su tiempo.

Harry abre la boca, pero nada sale de ella. La sorpresa y conmoción que le genera ver a pocos metros de distancia a quien creyó muerta es más que suficiente para eliminar cualquier rastro de cordura de sí. No lo entiende, realmente no lo comprende; pero, siendo honestos, ¿acaso había algo que comprendiera de Draco? Todo lo que sabía era que, aparentemente, no tenía idea acerca de nada de la vida de él. Y eso dolía, claro que dolía, porque sólo incrementaba esa sensación de vacío al no ser alguien importante en la vida de Draco.

La altiva mujer parece ajena a toda la lucha interna que se está llevando a cabo en la mente del auror, e interpretando su silencio como una muda invitación a pasar, ingresa en el cubículo y toma asiento en la única silla desocupada del lugar. Harry la observa con desconfianza, no comprendiendo qué es lo que quería esa mujer de él, pero sin saber cómo formular una interrogante a ello sin sonar grosero. Afortunadamente, la bella mujer parece apiadarse del confundido auror y sin perder más tiempo, comienza a hablar.

─Seguramente estará preguntándose el motivo de mi… visita. ─Dice con una enigmática pausa en la última palabra, a la vez que remueve una inexistente mota de polvo de sus costosos guantes. ─Mire, señor Potter, créame cuando le digo que usted sería la última persona a la que recurriría, pero dadas las circunstancias en las que nos encontramos… no he tenido más remedio que venir en búsqueda de su ayuda.

La refinada mujer hace una dramática pausa y lo observa con seriedad, como si le estuviera costando horrores dejar salir cada una de las palabras que está diciendo. Harry la observa con desconfianza, no gustándole en lo más mínimo la presencia de una de las responsables de arruinar la felicidad de Draco; porque sí, el hecho de que Draco esté enamorado de alguien más aniquila cualquier oportunidad que pueda tener con él, sin embargo, jamás podría perdonarles a los padres del auror el que se hayan interpuesto entre la felicidad de su hijo, por mucho que eso lo aleje de tener un final feliz junto al rubio. Ante todo, Harry sólo quería que Draco sea feliz, sin importarle que no sea a su lado.

Harry posa la vista en la distante mujer y le regala una mirada de absoluto desprecio. Ya tenía suficiente con esa opresora sensación de vacío que no parece querer abandonar su pecho, como para encima tener que soportar cualquiera sea el maldito motivo por el cual esa molesta mujer se encuentra en su oficina.

─¿A qué ha venido, señora Malfoy? ─Responde abruptamente Harry, sin importarle lo impertinente y maleducado que suene su pregunta.

─Necesito que convenza a Draco de quedarse en la mansión mientras resuelve este caso. ─Dice la mujer de inmediato, comprendiendo que estirar aún más la situación sólo consigue eliminar la escasa paciencia del auror. Sin embargo, el tono que emplea es altivo y se asemeja más al de una orden que una petición. ─Como de seguro usted debe saber, nuestra relación con Draco no está en su mejor momento. No obstante, Lucius y yo seguimos siendo sus padres, y nos preocupamos por el bienestar de nuestro hijo.

Harry piensa con ironía que, si tanto les preocupara el bienestar de Draco, podrían comenzar por aceptar al hombre del que se ha enamorado su hijo. Sin embargo, retiene el mordaz comentario a último momento, y simplemente observa con desprecio a la mujer que intenta apelar a su sentimentalismo fingiendo ser una madre preocupada por su retoño. No soportando un segundo más esta dramática falacia, Harry eleva la vista y dice aquello que lo destruye por dentro con el tono más irritado que puede conseguir.

─En el improbable caso que decida ayudarla, ¿qué le hace creer que yo sería capaz de conseguir que su hijo acceda a tal petición? ─Pregunta Harry con enfado, apretando sus dientes con cada palabra que sale de su boca. Sin embargo, y para sorpresa del auror, la mujer no se intimida y simplemente lo observa con algo similar a la pena, como si Harry fuera el ser más obtuso del planeta y no pudiera ver la realidad aun si la tuviera enfrente suyo.

─Créame cuando le digo que usted es el único capaz de hacer entrar en razón a mi hijo. ─Dice la mujer con ambigüedad, dándole una significativa mirada al auror.

Harry no tiene tiempo de darle un significado a las palabras de la mujer, porque de inmediato percibe el característico perfume de quien le ha robado el corazón. Y al elevar la vista, lo ve allí, parado en la entrada de su cubículo como una especie de ángel vengador, y con una iracunda mirada dirigida únicamente a la mujer sentada a su lado.

─Esto es bajo, incluso para ti. ─Espeta Draco, fulminando con la mirada a su progenitora.

─Situaciones desesperantes requieren medidas desesperadas, cariño. ─Dice la mujer con parsimonia, observando desinteresada su enguantada mano, como si la situación estuviera muy por debajo de ella.

─Lárgate. ─El frío arrastre de palabras resuena en la pequeña oficina, provocándole a Harry un extraño escalofrío en todo su cuerpo. ─Y no vuelvan a molestarlo, o juro que se arrepentirán.

Narcisa observa a su hijo con una ceja en alto ante la velada amenaza, pero no dice nada. Regalándole una última mirada a su heredero, se levanta elegantemente de la silla y alisa su largo abrigo en búsqueda de posibles imperceptibles arrugas. Antes de salir sin mirar atrás, la mujer se gira hacia Harry y agradece por su tiempo. No obstante, Harry tiene la sensación de que la madre del Slytherin quiere decirle algo más con ello.

─Gracias por su tiempo, auror Potter.

Harry no puede evitar pensar con confusión en el extraño intercambio de palabras que se ha producido entre madre e hijo, como si hubiera alguna pieza faltante en la historia que estuviera evitándole conocer la verdad. Sin embargo, sabe que no puede preguntarle a Draco por ello. El Slytherin ciertamente no confiaba en él lo suficiente como para dejar al descubierto esa parte de su vida, y Harry cree que indagar más en el asunto sólo terminará por alejar al rubio auror por completo. ¡Pero Merlín, sí que era difícil! Harry debe hacer un esfuerzo sobrehumano por no soltar todas aquellas preguntas que quiere hacerle, sin pensar en las posibles consecuencias para su destruido corazón. Después de todo, nada podría ser peor que esta opresora sensación de vacío, y, ciertamente, no cree que ésta pueda ser capaz de empeorar.

Harry observa en silencio al atractivo auror frente a él, mientras éste da los pasos que los separan y se sienta en la silla que ha dejado su madre. El ceño fruncido en esas afiladas facciones lo hacen envejecer unos cuantos años, a lo cual siente nacer desde lo más profundo de su ser unos incontenibles deseos por borrar esa mueca. Un resignado suspiro escapa de los finos labios de Draco, y Harry no necesita mayor confirmación que esa para saber que, contra todo pronóstico, Draco hablará.

─¿Qué? ─Pregunta Draco con agotamiento, como si estuviera cansado de luchar contra su pasado y todas las personas que le recuerdan a éste. ─¿Qué quieres saber?

─¿De qué hablas? ─Finge no saber qué quiere decirle el otro, pero sabe que no ha conseguido engañarlo cuando Draco gira y le regala una exasperada mirada.

─Siempre has sido un pésimo mentiroso, Potter. ─Responde con un nostálgico resoplido, a la vez que su acerada mirada se tiñe de un melancólico sentimiento. ─Es obvio que te mueres por acribillarme a preguntas desde el mismo momento en el que hemos vuelto a vernos. Y como, al parecer, el pasado no quiere quedarse en el pasado… voy a responder a tus interrogantes. Al menos así podremos dejar de lado esto lo más rápido posible, para poder centrarnos en resolver el caso de una vez por todas.

Harry lo observa por unos segundos con desconfianza, preguntándose cuál es la trampa detrás de esas palabras. Sin embargo, el agotado semblante de Draco es suficiente para confirmarle que el ofrecimiento es genuino. No queriendo perder la única chance que quizás posea de responder a alguna de sus preguntas, Harry se apresura a comunicar lo primero que pasa por su mente.

─¿Por qué cree tu madre que soy el único capaz de convencerte de quedarte en la mansión?

La pregunta sale en un leve susurro, pero Draco puede oírla con inusitada claridad. Una amarga risita escapa desde lo más profundo del rubio auror, y Harry no puede evitar cuestionarse qué es eso que le causa tanta gracia.

─De todas las posibles preguntas que podías hacerme… ─Dice Draco con un resignado tono, mientras masajea su sien en un intento por mitigar el dolor de cabeza que comienza a formarse allí. ─…tenía que ser la única que no puedo responderte.

Harry frunce el ceño y se pregunta qué tiene de especial su pregunta como para generar tal secretismo por parte del rubio. Sin embargo, no le brinda mayor importancia a este hecho, de nada serviría insistir cuando sabe que Draco no dirá una sola palabra al respecto.

─Bien, si no quieres responder eso, no voy a obligarte. ─Harry observa que Draco hace un gesto que parece implicar que no hay forma de que pueda obligarlo a hacer nada que no quiera de todos modos, y decide plantear otra de las tantas preguntas que tiene en su mente. ─Creí que tus padres estaban muertos, ¿sabes?

Harry suelta una avergonzada risita, esperando no ofender con ello al susceptible auror a su lado. Al escuchar esta especie de afirmación, Draco suelta un amargo resoplido de risa y observa con una extraña mirada al joven de la cicatriz.

─¡Oh, puedo asegurarte que están muy vivos! Y continúan siendo igual de insufribles que siempre. ─Replica con fastidio mientras suelta un desganado bufido, como si el hablar de su familia lo disgustara por completo. ─¿Por qué creíste que estaban muertos?

─Bueno, el comentario que Justin hizo ayer pareció dejar en claro que no podías hablar con tus padres. ─Dice Harry con timidez, mientras siente sus mejillas comenzar a arder en vergüenza por su equivocación. ─Lo primero que pensé fue que habían fallecido. Nunca se me ocurrió que el motivo por el que no podrías saludarlos es porque no estás en buenos términos con ellos.

─Es una sutil manera de decir que me han desheredado, pero sí, supongo que puedes llamarlo así. ─Deja salir Draco con un amargo tono, mientras Harry lo observa con absoluta sorpresa, como si no creyera lo que sus oídos acaban de oír. ─Todavía no es oficial, aunque, eventualmente, es algo que ocurrirá.

─¿Por qué van a desheredarte? No has hecho nada que amerite tal cosa. ─Pregunta Harry con confusión, no entendiendo en lo absoluto el motivo de la visita de Narcisa con este nuevo descubrimiento.

─¡Oh, he hecho todo para que me deshereden! ─Suelta Draco con una ácida risa, a la vez que su mirada se carga de tristeza. ─Mis padres nunca aceptaron por completo mi sexualidad. No concebían la idea de que prefiriera mantener una relación con un hombre, en lugar de alguna sumisa y abnegada mujer capaz de brindarme un heredero. Sin embargo, no se opusieron y me dejaron ser, sabiendo que, tarde o temprano, haría todo lo necesario para continuar el linaje Malfoy. No hay nada que el dinero no pueda comprar, y, honestamente, existen infinidad de mujeres que prestarían su vientre para engendrar un hijo mío. Aunque yo no deseaba esa vida, traté de acallar mis deseos y fingir ser alguien que no era. Salí con mujeres y pretendí ser un digno heredero Malfoy, pero dentro mío sabía que nunca podría ser feliz. De modo que una noche decidí sincerarme con ellos y decirles la verdad. Ellos lo aceptaron a medias, sólo con la promesa de que traería un heredero al mundo.

Draco hace una pausa en su relato y observa un punto fijo en la pared, como si estuviera perdido en sus recuerdos. Harry lo observa en silencio, comprendiendo el motivo por el cual el rubio auror tenía un trato especial con Agnes. Sin duda ella le recordaba a sí mismo. Ambos permanecen en silencio unos segundos más, hasta que Draco rompe la quietud con un apesadumbrado suspiro, y Harry sabe que lo que viene a continuación le causa un gran dolor a su amor imposible.

─Continué con mi vida como si nada hubiera pasado, creyendo en mi ingenuo interior que mis padres me habían aceptado tal cual era. ¡Qué equivocado estaba! ─La amarga risa que escapa de sus labios eriza los vellos de Harry, quien comienza a pensar que esto quizás no fue una gran idea después de todo. ─Una tarde de finales de Julio, Pansy y yo estábamos hablando en el jardín. Ella no paraba de molestarme, incitándome a declararle mis sentimientos al idiota del que me había enamorado. Y fue allí, cuando mis padres se enteraron de quién era el responsable de desviar a su hijo de su escrito destino.

Harry siente clavarse aún más el puñal ubicado en su corazón al oír mencionar a ese desconocido hombre del que Draco se ha enamorado, pero no puede hacer nada más que observar con melancolía al pensativo auror.

─Jamás olvidaré los gritos de mi padre. Nunca lo había visto tan enfadado. ─Dice Draco en un suave murmullo, como si el simple recuerdo le enfundara miedo. ─Aún no sé cómo hice para calmar las aguas ese día. Supongo que el hecho de que jamás pudiera decirle lo que siento a esa persona fue suficiente para tranquilizar a mis disgustados padres.

Harry no quiere interrumpir al pensativo Slytherin, pero siente que es de vital importancia esclarecer esa duda que carcome sus entrañas, aún si eso signifique volver a lastimar su dañado corazón. Armándose de toda la valentía Gryffindor que posee, deja salir aquello que lo atormenta.

─¿Por qué no podías confesarle tus sentimientos? ─Pregunta Harry en un susurro, como si el hecho de elevar la voz asustara al otro. Draco lo observa por unos segundos en silencio, no del todo seguro de querer o poder responder, sin embargo, suelta un suspiro y contesta la pregunta.

─Porque él me odia.

La intensa mirada que Draco le dirige parece ser capaz de atravesar su alma. La tristeza y resignación en sus ojos es más que suficiente para terminar de destrozar el corazón de Harry. Y se dice que no es justo, realmente no lo era. ¿Por qué Draco tenía que haberse enamorado de alguien que no le correspondía, cuando él era capaz de dar su vida por el Slytherin? Pero más importante aún, ¿cómo podía haber alguien en este mundo capaz de odiar a Draco? Harry no tiene idea de quién es ese maldito hombre que ha robado el corazón de Draco, lo único que tiene en claro es que se ha convertido en la persona que más aborrece y envidia en esta vida, porque él daría lo que sea por ser el dueño de los sentimientos de Draco.

Los desolados pensamientos de Harry son interrumpidos por la pausada voz del rubio auror al retomar su historia.

─Sabía que no podía hacer nada con mis sentimientos, pero cada día que pasaba se volvía una eterna tortura. En un intento por alejar mi mente de esos pensamientos que amenazaban con ahogarme, decidí dejar esa vida de lujo y superficialidad, y poner todas mis energías en una causa más… altruista, por decirlo de alguna manera. Una que me mantuviera lo suficientemente ocupado como para no tener que pensar en esa molesta sensación de vacío que se había adueñado de mi pecho. Fue entonces cuando decidí unirme al cuerpo de aurores. ─Draco pasa una mano por su sedosa cabellera y se remueve en el lugar con incomodidad, con lo cual Harry deduce que este relato sólo continuará volviéndose peor. ─Y sólo bastó eso para terminar de destruir la tensa relación que había envuelto a mi familia. A mis padres no les agradó en lo más mínimo que quisiera convertirme en un auror. No comprendían cómo podía preferir dejar detrás la cómoda vida de fiestas y riquezas por ejercer una profesión como esa, la cual era en parte responsable de la caída en desgracia de nuestro apellido. Y fue allí, en ese mismo instante, en el cual me di cuenta que, sin importar lo que hiciera, jamás podría hacer que se sintieran orgullosos de mí. Jamás aceptarían nada de lo que era, porque era… soy todo lo que ellos no desean; pero por sobre todas las cosas, me di cuenta de que había perdido la única oportunidad de ser feliz con quien amo sólo por intentar cumplir con sus estúpidos estándares, porque para ese entonces, yo ya había hecho todo lo infinitamente posible por lastimar…

No termina de decir el nombre de quien se ha enamorado, en cambio, gira su rostro y observa a Harry con tal intensidad que siente sus piernas aflojarse. De no encontrarse sentado, Harry está convencido de que se habría caído. No tienen idea del tiempo que pasan así, con la vista fija en el otro en un mudo intercambio, lo único que Harry sabe es que esa acerada mirada está queriendo decirle algo más que lo que ha confesado en palabras.

Draco es el primero en romper ese hipnótico intercambio de miradas. Avergonzado, aparta la vista del otro y vuelve a masajearse la sien. Por otro lado, Harry debe parpadear varias veces para salir de ese extraño hechizo al cual lo ha sometido la intensa mirada de Draco. Un incómodo silencio se extiende en la pequeña oficina, y Harry no puede evitar cuestionarse por qué tenía que ser siempre todo tan complicado entre ellos dos.

Afortunadamente, un fuerte golpeteo contra el marco de entrada de su cubículo consigue romper el incómodo momento.

─Malfoy. ─Dice Justin con un molesto tono, evitando hacer contacto visual con ninguno de los dos. ─La información de las varitas robadas que solicitaste.

Justin le extiende al rubio auror una serie de pergaminos en los cuales se detalla la información de cada una de las varitas robadas en el último tiempo, y sin esperar por un agradecimiento, sale de la oficina con un molesto andar. Harry frunce el ceño ante ese extraño intercambio y se pregunta el motivo por el cual Justin parece tener mayor confianza en Draco, un auror de otro país, que con un compañero de su propia división.

─Hay algo que no termino de entender. ─Dice Harry con desconcierto, mientras saca su varita del bolsillo de su túnica y comienza a girarla distraídamente entre sus dedos. ─¿Por qué Justin parece saber tanto de tu vida?

Draco aparta la vista del informe que estaba leyendo y observa a Harry con suspicacia, como si no terminara de comprender a qué se debe la repentina intriga del Gryffindor. Sin embargo, niega para sí mismo y le adjudica dicha sospecha a la infinita curiosidad que caracteriza al moreno.

─A fines de Julio del año pasado me asignaron un caso en el cual tuve que trabajar en conjunto con un auror de tu departamento. Finch-Fletchley era ese auror. ─Responde Draco con un encogimiento de hombros, a la vez que deja el informe que tiene en sus manos contra el escritorio. ─Supuestamente, iban a enviar a otro auror de mayor jerarquía, pero a último momento decidieron que enviarían a Finch-Fletchley. No me preguntes a quién tenían pensado enviar ni el motivo por el cual no lo hicieron, porque nunca lo supe.

Ante esto, Harry siente volver a crecer en su interior unos irrefrenables deseos por golpear su cabeza contra el escritorio. Él sabía, claro que sabía a qué misión se refería Draco. Internamente, se dice que el destino está empecinado en separarlos y hacer lo imposible por evitar su reencuentro.

─Era yo. ─Deja salir Harry en un afligido tono, a la vez que maldice a todos sus impertinentes amigos. ─Yo era el auror al que iban a enviar a esa misión en Francia.

Draco gira su rostro en sorpresa, pero inmediatamente su mirada adquiere un resignado y apesadumbrado brillo. Harry no entiende el porqué de ello, lo único que sabe es que tiene que dejarle en claro a Draco el verdadero motivo por el cual no fue enviado.

─Había aceptado ir a la misión en el acto. No me habían dicho de qué se trataba o quiénes estarían, pero no me importaba en lo absoluto. Realmente quería ir. No lo sé, era como si algo me dijera que era de vital importancia tomar ese caso. De hecho, hasta había llegado a preparar un bolso con lo indispensable para pasar el tiempo que llevara resolver el caso. ─Dice Harry apresuradamente, mientras gira a mayor velocidad su varita entre sus dedos.

─¿Y por qué no te enviaron? ─Pregunta Draco con confusión, a la vez que posa su mirada en la oscura madera de la varita en las manos de Harry.

─Porque se acercaba mi cumpleaños, y mis amigos habían preparado una fiesta sorpresa para celebrarlo. ─Suelta Harry con algo que se asemeja a la frustración, pensando en la gran oportunidad que había perdido de volver a ver a Draco. ─Cuando Hermione se enteró de que me iban a enviar a una misión en mi cumpleaños, puso el grito en el cielo y convenció al ministro de magia para que me obligara a tomarme el resto de la semana libre.

Draco eleva una pulcra ceja con diversión, pero no dice nada más. Un agradable silencio se instala en la pequeña oficina, mientras cada uno permanece perdido en sus pensamientos. Y sí, Harry cree que podría pasar el resto de sus días así, sentado en su oficina en silencio, y sintiendo a su lado la acompasada reparación del hombre que le ha robado el corazón. Sin embargo, una divertida risita saca a Harry de esa pacífica sensación en la cual ha caído. Girando hacia su derecha, observa el entretenido gesto de Draco.

─Ahora entiendo por qué Finch-Fletchley parece estar tan molesto contigo. ─Dice Draco con un resoplido de risa, mientras observa al confundido joven a su lado. ─Si tú hubieras ido a la misión que te habían asignado, él no estaría en deuda de vida conmigo.

─¿Deuda de vida? ¿De qué hablas? ─Pregunta Harry con desconcierto.

─Finch-Fletchley no sólo deja mucho que desear como auror, sino que, además, es un completo y absoluto arrogante. ─Dice Draco con desinterés, mientras vuelve a pasar otra de las hojas que le ha traído el ex Hufflepuff. ─Le advertí que acercarnos por la parte trasera de la casa de los traficantes nos conduciría a una trampa, pero él no quiso hacerme caso. Así que no me quedó más remedio que salir detrás del imbécil, y, como había predicho, salvarlo de la clara emboscada que nos habían tendido. Nunca había estado tan cerca de morir como ese día, y es decir mucho, siendo que tuve que vivir bajo el mismo techo que un Lord psicópata obsesionado con la pureza de la sangre.

Harry observa con horror la tranquilidad con la cual Draco habla del hecho, y siente crepitar en su interior unos mortíferos pensares dirigidos hacia el idiota de Finch-Fletchley. Sin embargo, no tiene tiempo suficiente de pensar en las mil y una formas en las que le gustaría partirle la cara a Justin, porque Draco vuelve a hablar.

─Supongo que tener una deuda de vida con un Mortífago, y no poder pagarla, debe irritarlo en demasía; a tal punto, que sólo desea buscar maneras de molestarme cada vez que me ve.

─Tú no eres un Mortífago. ─Corrige Harry con vehemencia, a la vez que su semblante adquiere un enfadado mohín. ─Eres un auror. Y uno condenadamente bueno para el caso.

La sorpresa que le produce el cumplido prodigado por Harry provoca que una leve coloración se apodere de las pálidas mejillas del rubio. Aclarándose la garganta con un carraspeo, Draco toma el olvidado manojo de pergaminos y vuelve a intentar leer todo lo escrito allí, ignorando por completo al avergonzado auror a su lado que no para de pensar que ha arruinado todo.

Merlín, estoy completamente jodido.


Notas finales: Espero que les haya gustado el capítulo. Por mi parte, debo decir que realmente disfruté escribiendo esa conversación entre ellos dos. Como siempre, pueden dejarme sus opiniones acerca del mismo en un comentario. Nos leemos el próximo martes.