Resumen: Un extraño caso de robo de varitas a nivel internacional envolverá a Harry y Draco en una aventura que los hará enfrentarse a aquello que fervientemente han silenciado en sus corazones durante tanto tiempo. DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Se estarán preguntando, ¿por qué tenemos un nuevo capítulo si aún no es martes? Bueno, quise subir este antes para agradecerles por el gran apoyo que ha recibido esta historia, tanto aquí en Fanfiction, como en Slasheaven. El capítulo de hoy va dedicado a sailorlavi y a un Guest review por haberme dejado sus bellas opiniones el capítulo anterior. Ahora sí, los dejo leer.
Honor y Deber
3 de noviembre de 2009.
Calidez. Una agradable y reconfortante sensación de calidez era lo único que sentía crepitar en los confines de su alma al estar así, sentado a unos escasos centímetros de Draco, y escuchando su acompasada respiración. Y por más que intenta obligar a su cerebro a trabajar en el caso del robo de varitas, su mente parece ser incapaz de hacer otra cosa más que disfrutar del exquisito aroma proveniente de su derecha. Harry sabe que tiene un extraño fetiche con el costoso perfume de Draco, aunque eso es algo que negaría rotundamente a cualquiera que osara hacer una mención a ello. Un fastidiado suspiro lo despierta de la hechizante bruma en la que se halla atrapado, devolviéndole algo de sentido común a todo ese mar de pensamientos.
─Nada. No hay nada que relacione a las víctimas, excepto el hecho de que les han robado sus varitas. ─Suelta Draco con irritación, dejando de un manotazo los pergaminos que estaba leyendo.
─Tiene que haber algo que estemos pasando por alto. Si algo he aprendido en estos años como auror, es que los criminales siempre dejan cabos sueltos. ─Responde con optimismo, tratando de levantar el ánimo del frustrado hombre a su lado. Aunque, internamente, Harry se encuentra igual de perdido que Draco. El ladrón de varitas había sido sumamente cuidadoso y parecía saber lo que estaba haciendo.
─¡Oh, esto es una pérdida total de tiempo!
Draco suelta esta exclamación entre medio de un molesto gruñido, a la vez que descansa su cabeza contra la superficie del escritorio en un gesto para nada acorde al refinado heredero Malfoy. Harry observa ensimismado las rubias hebras de pelo que se adhieren a las mejillas del Slytherin, y no puede evitar sentir unos incontrolables deseos por enterrar una de sus manos en ese sedoso cabello que invita a ser acariciado. Tratando con todas sus fuerzas de reprimir esto, Harry vuelve a tomar su varita y la hace girar distraídamente entre sus dedos. Al menos de esta forma podría mantener sus manos ocupadas y se aseguraría de no cometer un acto del cual se arrepentirá más tarde.
Draco gira su cabeza en dirección a Harry y en silencio lo observa juguetear con ese fragmento de madera que tantos dolores de cabeza está produciéndole. Sin embargo, algo llama de inmediato su atención. Su calculadora mirada adquiere un brillo distintivo, y Harry puede ver el exacto momento en el cual las piezas del rompecabezas se unen en la mente del Slytherin.
─Potter… ─Dice Draco con tranquilidad, pero su semblante está cargado de una letal determinación que envía agradables escalofríos al cuerpo de Harry. ─¿De qué está hecha tu varita?
La extraña pregunta descoloca a Harry por unos segundos, haciendo que deje de girar la misma y la coloque sobre el escritorio.
─Mi varita es de acebo, y el núcleo es de pluma de fénix. ─Dice Harry con confusión, no comprendiendo el repentino interés del rubio por su varita. ─¿Por qué preguntas?
Sin embargo, Draco no responde y simplemente vuelve a sentarse adecuadamente contra el respaldar de su silla, a la vez que comienza a rebuscar entre los pergaminos desperdigados por todo el escritorio. Cuando reúne toda la información que buscaba, toma unos pequeños anotadores de colores y escribe la información de cada varita robada junto al nombre de las víctimas. Harry lo observa trabajar en silencio, no queriendo perturbar la inspiración del concentrado auror, y se pregunta con curiosidad a qué conclusión habría llegado. Afortunadamente, no debe esperar mucho más por una respuesta, ya que Draco toma su varita y adhiere con un hechizo cada uno de los distintos papeles de colores a la pared que tienen en enfrente.
─¡Lo sabía! ─Dice Draco con un victorioso gruñido, como si hubiera descubierto el origen de lo desconocido. Y Harry no puede evitar sentir otro agradable escalofrío al oírlo, encontrando ese sonido inapropiadamente erótico para el lugar y momento en el que se encuentran. ─Mira esto.
Harry observa los nombres de las víctimas de los robos, junto a los diferentes materiales que componen las distintas varitas, y no entiende qué es eso que se supone que debe ver. Frente a él, aparecen variados tipos de maderas y núcleos, aunque pareciera haber escrito un mayor número de varitas hechas de acebo.
─¿Qué es lo que se supone que debo ver? ─Pregunta Harry, no comprendiendo el emocionado estado de su compañero.
─¿Es que no puedes verlo? ─Dice Draco con incredulidad, como si no pudiera creer lo despistado que era el otro. Al ver que Harry continúa observándolo con confusión, suelta un irritado gruñido y señala el papel que contiene la información de la varita de Faith Williams. ─Mira esto. Faith Williams, varita de álamo y pluma de fénix. Elliot Tessier, asaltado en un bar de Francia el pasado martes, varita de manzano y pluma de fénix.
Draco observa con insistencia a Harry, esperando con ello que el auror arribe a la misma conclusión que él. Sin embargo, Harry no parece encontrar nada fuera de lo normal y comienza a verlo con algo de suspicacia, como si creyera que el caso comienza a afectarle a su compañero, a tal punto de ver cosas en donde no las hay. Al ver que no ha conseguido el efecto esperado, Draco vuelve a gruñir en frustración y continúa señalando los distintos papeles.
─Dominique Pelletier, varita de acebo y pelo de unicornio. Kassandra Mallet, acebo y pelo de veela. ─Continúa Draco con impaciencia, mientras Harry empieza a comprender a dónde quiere llegar el rubio con ello. ─Jordan Marchal, acebo y fibras de corazón de dragón pelo. ¡Todas las víctimas tienen algo de la descripción de tu varita!
Harry observa a Draco con desconfianza y algo de preocupación, no creyendo del todo en la teoría a la que ha arribado. A pesar de que no desea romper la emoción de su compañero, no puede evitar hacerle notar la gran falla en su suposición, misma que tirará abajo la idea del rubio auror.
─Supongamos que estás en lo cierto, y el ladrón tiene una extraña tendencia a robar varitas relacionadas con las características de la mía. ─Dice Harry en un conciliador tono, esperando con ello que Draco no se enfade demasiado al destrozar su descubrimiento. ─Eso no explica por qué robó la varita de endrino y pelo de unicornio de Agnes Jones.
Draco gira su cabeza hacia los distintos papeles de colores en busca del perteneciente a Agnes, como si no creyera en lo que Harry acaba de decirle. Una vez que lo encuentra, su ceño se frunce y su mirada se llena de concentración, como si el hecho de observar con intensidad el papel de color verde fuera a brindarle las respuestas que necesita. Una idea parece acudir a la mente del Slytherin, por lo que se gira hacia Harry y suelta aquello que justifica su teoría.
─Es obvio que lo hizo para despistarnos. No, no, espera. Déjame terminar. ─Dice Draco al ver que Harry rueda sus ojos y le regala una exasperada mirada. ─El ladrón nunca mostró interés real en Agnes. De hecho, según los testimonios que obtuvimos, él se acercó en primera instancia a Faith. Si hubiera querido robar una varita cualquiera, habría llevado únicamente a Agnes al hotel, siendo que era la única que podría haber aceptado sin más. ¿Por qué tomarse tantas molestias de insistir en que Faith esté presente?
─Porque era la varita de Faith la que realmente le interesaba. ─Dice Harry con un pensativo tono, no queriendo darle por completo la razón a Draco, pero sin poder encontrar algo que refute tal idea.
─¡Exacto! ─Exclama Draco con vehemencia, a la vez que una radiante sonrisa se apodera de sus facciones, iluminando por completo sus bellos ojos grises. ─Todo cuadra.
Y sí, Harry se dice que no puede hacerle mal a nadie si le sigue la corriente, todo sea por mantener esa hermosa expresión en la cara del auror. Sin embargo, su parte racional de su mente lo reprende internamente por dejarse llevar por sus emociones, y de inmediato lo insta a actuar de forma objetiva. Las suposiciones a las que había arribado Draco podían deberse a una simple coincidencia nada más, no había un coherente motivo que justificara el por qué alguien estaría interesado en conseguir una varita con características iguales a la suya. Avecinando la tormentosa discusión que se llevará a cabo, Harry inspira con fuerza y se arma de paciencia para explicarle sus sospechas de la forma más delicada posible.
─Sé que suena completamente acertado, pero realmente no creo que sea algo premeditado; de hecho, parece una simple coincidencia. ─Dice Harry en un susurro, a la vez que observa por el rabillo del ojo cómo el semblante de Draco pasa de una absoluta alegría a algo que se asemeja al enfado y decepción. ─Debes reconocer que no tiene mucho sentido. ¿Por qué alguien querría robar una varita igual a la mía?
─¿Y por qué no? No sería el primer mago con malvadas intenciones que está interesado en la magia de las varitas. ─Replica con un fastidioso gruñido y haciendo una implícita alusión a Voldemort en el proceso, pero Harry no puede evitar pensar que esta situación no tiene nada que ver con ello.
─¡Vamos! ¿En verdad crees que alguien está rastreando varitas con núcleos o maderas similares a la mía? Y según tú, ¿con qué pérfido motivo lo estaría haciendo? ─Dice Harry con un incrédulo resoplido de risa, a la vez que le dirige una exasperada mirada al rubio auror. ─Entiendo que estés frustrado por no poder dar con el ladrón, pero comenzar a imaginar irracionales teorías conspirativas no va a hacer que lo encontremos antes.
─Sigues negando mis suposiciones, pero aún no me has dado un verdadero motivo que refute mi idea. ─Suelta Draco con enfado, dirigiéndole una peligrosa mirada al incrédulo auror a su lado. ─Tienes que creerme. Sé que está relacionado con tu varita. Llámalo presentimiento o simple intuición, pero estoy seguro de que ese tipo quiere llegar a ti.
Harry observa a Draco con molestia, no comprendiendo el motivo por el cual parece tan decidido a confiar en una corazonada, lo único que tiene en claro es que no puede ceder ante ese irracional capricho. Su mente comienza a trabajar a toda marcha para encontrar el verdadero motivo por el cual el Slytherin se encuentra tan empecinado en hacerle creer en su supuesto. Un triste pensamiento asalta su cabeza, generando en su pecho una instantánea sensación de pesar e irritación. No había motivo alguno para que insistiera tanto en una descabellada idea, a menos que quisiera aferrarse a cualquier suposición que pudiera resolver el caso cuanto antes. Quizás Draco se había hartado de tener que estar aquí, por lo que haría lo imposible con tal de dar con el prófugo a la brevedad, a tal punto de comenzar a ver pistas y conexiones en absurdas teorías. Y esto destroza por completo el dañado corazón de Harry, porque entiende que Draco aborrece tanto tener que trabajar con él, que cualquier supuesto que pueda servirle para terminar con el trabajo es bienvenido, por más ridículo que éste sea. Una molesta presión vuelve a oprimir su pecho, a la vez que siente ese característico picor en los ojos nublándole la visión. Harry ni siquiera se detiene a pensar en lo que va a decir, lo único que sabe es que necesita gritarle a Draco en la cara toda su frustración.
─¡Basta, ya fue suficiente, Malfoy! Deja de utilizar incoherentes ideas como excusas para dar con el ladrón cuanto antes. ─Grita con enfado Harry, tomando su varita y levantándose de su asiento con tal fuerza, que vuelca la silla. ─Si tanto detestas estar aquí, entonces vete. ¡VETE! ¡LÁRGATE! No… no te necesito.
Y susurrando esas últimas palabras con un tembloroso tono, Harry sale hecho una furia hacia la salida. Detrás, queda estático en su lugar un rubio auror con la mirada perdida y cargada de desolación.
Harry no sabe a dónde se dirige, lo único que tiene en claro es que necesita alejarse de allí antes de que las traicioneras lágrimas comiencen a rodar libres por sus mejillas. En lo que parecen ser unos pocos segundos, consigue alcanzar uno de los desocupados puntos de desaparición, y cerrando los ojos con fuerza, se desaparece en dirección a un oscuro bar en las afueras del Callejón Diagon. No tiene idea de por qué está dirigiéndose a la entrada del mismo con intenciones de beber hasta perder la conciencia, lo único que sabe es que debe encontrar la forma de sacar de su pecho esa desgarradora sensación de vacío antes de que ésta se extienda a cada rincón de su alma.
Como un autómata, dirige sus pasos a la barra y se sienta en uno de los taburetes. Al instante, tiene en su campo de visión un mago ataviado con un negro delantal, el cual lo observa con algo de curiosidad.
─¿Qué le sirvo, auror Potter?
─Lo que sea, sólo asegúrate de que sea lo más fuerte que tengas.
El camarero eleva una sorprendida ceja en alto, pero no comenta nada al respecto. Sin perder tiempo, saca un limpio vaso de vidrio de uno de los estantes detrás de él y lo llena de un espeso líquido que tiene un color dorado muy intenso. Harry observa ensimismado el contenido por unos segundos, hasta que siente al camarero retirarse a atender a otro cliente a su izquierda. Tomando el vaso de un fuerte manotazo, vacía todo el contenido en su reseca garganta. El ardor es instantáneo, pero no es suficiente para mitigar esa asfixiante sensación que siente crepitar en su interior. Con una seña, llama al mago que le acaba de servir y le indica que vuelva a rellenarle el vaso.
Harry no tiene idea de cuánto tiempo pasa así, copa tras copa, bebiendo de un trago todo ese ardiente líquido, de lo único que está seguro es que nada consigue eliminar esa molesta opresión en su pecho. La alcohólica bebida amilana un poco el doloroso mar de pensamientos que corren salvajes por su mente, mas no es suficiente para acallar el vacío que siente en su corazón. Las imágenes comienzan a desdibujarse a su alrededor, a la vez que su cabeza se llena de una sensación de ligereza e inestabilidad. Los minutos pasan y cada vez se torna más difícil recordar el motivo por el cual está sentado allí, tomando de ese candente néctar que nubla sus sentidos.
─¿Mala noche? ─Pregunta un hombre rubio a su lado con un extraño acento en su voz, pero Harry no puede reconocer a qué país pertenece entre toda esa confusión dentro de su mente.
─Muy… mala. ─Suelta Harry en un arrastre de palabras, como si le costara sobremanera coordinar a sus neuronas para formular dicha frase. Girando su rostro hacia el camarero, toma su vaso y dice: ─Otra.
─Que sean dos, y corre por mi cuenta. ─Ordena su misterioso acompañante, aunque Harry no le brinda mayor importancia a esto, agradecido por la perspectiva de conseguir un trago gratis. A pesar de que una pequeña parte en la mente de Harry le dice que esa situación ya la había visto en otro lado, su embriagado cerebro no es capaz de recordarle dónde. Creyendo que de seguro ese recuerdo tiene algo que ver con el auror que tanto sufrimiento le está causando, y no queriendo hacer otra cosa más que olvidarse de él al menos por una noche, se encoge de hombros y toma sin desconfianza del vaso que le ofrece su acompañante. De no haber tenido la mente tan vulnerable producto de la preocupante cantidad de alcohol ingerido, Harry habría sido capaz de advertir el ligero cambio en la coloración de su bebida. ─Entonces, ¿mal de amores?
Harry observa a su misterioso acompañante con dificultad, como si no tuviera muy en claro dónde está ni quién es ese hombre que lo observa con un extraño brillo en sus ojos, uno que le provoca un incómodo temblor en su espalda. Sin embargo, su mente se niega a cooperar y de su boca sólo consigue salir un leve balbuceo que se asemeja a una afirmación.
El hombre a su lado le regala una sonrisa, pero Harry no puede evitar pensar que ésta no le gusta, hay algo en esa radiante mueca que le produce rechazo y miedo. No sabe el motivo por el que esto ocurre, sólo sabe que hay algo que le provoca unas inmensas ganas de alejarse de ese enigmático hombre. Llámenlo presentimiento, o quizás intuición, pero Harry tiene la certeza de que no puede confiar en él. Un pensamiento asalta la embotada mente del auror al recordar que, horas atrás, Draco había utilizado las mismas palabras para describir sus sospechas acerca del ladrón de varitas; y sólo necesita evocar el recuerdo del atractivo auror, para que su mundo se venga abajo y sienta deseos de huir de este lugar.
En un esfuerzo sobrehumano, Harry consigue dejar sobre la mesa varias monedas de oro y arrastra su tambaleante cuerpo hacia la salida del bar. La fría corriente de viento helado que lo recibe afuera le provoca un descomunal mareo en sí. Inmediatamente, siente sus piernas ceder y su cuerpo caer con pesadez hacia adelante. Afortunadamente, es sostenido por unos firmes brazos antes de que sus rodillas toquen el suelo. Harry eleva como puede la vista hacia su salvador, esperando encontrar la imagen Draco con una enfadada mueca en su bello rostro. Sin embargo, una despiadada sonrisa es lo último que Harry consigue ver antes de que todo se torne negro a su alrededor.
Notas finales: Espero que les haya gustado el capítulo. Saben que pueden dejarme todas sus opiniones en un comentario. ¡Anímense, no muerdo! XD
Nos leemos en la próxima actualización.
