Resumen: Un extraño caso de robo de varitas a nivel internacional envolverá a Harry y Draco en una aventura que los hará enfrentarse a aquello que fervientemente han silenciado en sus corazones durante tanto tiempo. DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola! Como siempre, les agradezco a todos los que han comentado y añadido a alertas y favoritos. El capítulo de hoy va dedicado a Lula y sailorlavi por tomarse el tiempo de dejarme sus bellas opiniones. Ahora sí, los dejo leer.
Honor y Deber
4 de noviembre de 2009.
Veinticuatro horas. Habían pasado exactamente veinticuatro horas desde la discusión que habían tenido. Otro inquieto suspiro escapa de sus labios, a la vez que vuelve a mirar su reloj con impaciencia. Veinticuatro horas y un minuto, y aún no había señales de vida de Potter. No tiene idea del por qué, ni tampoco cree ser capaz de explicar cómo lo sabe, lo único que tiene en claro es que algo no está bien. Una extraña sensación oprime dolorosamente el pecho de Draco y le provoca un inexplicable temblor en sus manos. Sin importar lo que haga, no puede sacarse de la mente la idea de que algo terriblemente malo le ha ocurrido al terco Gryffindor. Es una sensación que no tiene justificación, sólo sabe que su inequívoca intuición la fundamenta.
Draco se levanta de su asiento y comienza a pasearse por todo el pequeño cubículo como un león enjaulado, sin dejar de mirar cada dos segundos el reloj que tiene en su muñeca. En su mente vuelve a repasar todos los intentos que ha hecho por dar con el despistado auror, aunque ninguno de ellos ha surtido efecto. Donde quiera que Potter se haya metido, es imposible acceder a él. Las lechuzas habían vuelto con sus notas sin una respuesta, y ninguno de sus amigos lo habían visto o logrado comunicarse con él. Y sin importar cuánto intenta obligarse a pensar con frialdad, Draco no puede apartar de sí esa desesperante sensación de que algo muy malo le había ocurrido a Potter. La sola idea de que Harry esté en peligro es capaz de aterrarlo a tal punto que siente el preciso instante en el cual su alma escapa de su cuerpo.
Inconscientemente, vuelve a mirar el reloj y se dice que ya ha esperado suficiente. Era hora de actuar, o esa tortuosa sensación de temor por lo que podría estarle ocurriendo al joven de la cicatriz iba a volverlo loco. Draco sale apresurado del cubículo y dirige sus pasos en búsqueda del único que puede ayudarlo en este momento. Rápidamente recorre el resto de cubículos de la oficina hasta dar con el que tiene a un aburrido Hufflepuff dormitando en su asiento. Sin darle tiempo a reaccionar, Draco toma del cuello de la túnica a Justin y lo levanta hasta golpearlo contra la pared. El sorprendido auror observa con algo de temor la exagerada reacción del Slytherin, pero sin atreverse a decir nada.
─Tienes una deuda de vida conmigo, Finch-Fletchley… ─Dice Draco con enfado contenido, aunque su aterrada mirada hace pensar a Justin que el disgusto del rubio auror no está dirigido hacia su persona. ─…y es hora de que me la pagues.
─¿Qué… qué es lo que quieres de mí? ─Pregunta Justin temeroso, no comprendiendo en lo absoluto el estado en el que se encuentra Malfoy.
─Potter no aparece. Ni siquiera sus amigos pueden ubicarlo. ─Suelta Draco con inusitada desesperación, dándole una idea a Justin del motivo por el cual el Slytherin parece estar tan alterado. ─Así que tú vas a ayudarme a encontrarlo.
─Pero… ¿Cómo voy a encontrarlo? ─Pregunta Justin con confusión, no queriendo hacer enfadar aún más al alterado auror que todavía lo sostiene dolorosamente del cuello.
─¡Tiene que haber una forma! ¡Piensa! ─Espeta Draco con frustración, soltando al indefenso auror. Rápidamente, comienza a deambular por la ordenada oficina de Justin, mientras pasa distraído una mano por sus cabellos. ─Tiene que haber una forma de ubicarlo, no pudo simplemente haber desaparecido.
Justin observa en silencio al aterrado joven pasearse por su cubículo, a la vez que siente un leve rastro de lástima por la desesperación que parece tener al creer que algo malo le ha ocurrido a Harry. Rápidamente, trata de pensar en una forma de localizar al auror estrella del departamento, pero todas las ideas que le proporciona ya han sido puestas en práctica por Draco y ninguna ha conseguido ubicarlo.
─Tiene que haber una forma de encontrarlo. ─Dice Draco en un aterrado susurro, aunque Justin es capaz de oírlo con claridad. ─Él… él no puede haber desaparecido.
La desesperación en el tono de voz de Draco hace que Justin comience a ver con otros ojos al Slytherin, como si al fin pudiera ver al indefenso humano escondido detrás de esa máscara de frialdad. Sintiendo un nuevo respeto por su rubio colega, Justin pone su mente a trabajar para encontrar una forma de hallar a Harry. Distraídamente, juguetea con la insignia de auror ubicada en su pecho, y es entonces, cuando una brillante idea acude a su mente.
─Creo que ya sé cómo puedes ubicar a Harry. ─Dice Justin con un temeroso susurro, esperando internamente que su idea funcione. Ante esto, Draco gira sobre sus pasos y lo observa expectante. ─No sé cómo se manejan en Francia, pero aquí, trabajamos en parejas. Cada auror tiene un compañero. Una vez que el jefe de aurores te asigna a tu compañero, éste lanza un complejo hechizo a las placas de auror de esa dupla.
─¿Y qué es lo que hace ese hechizo? ─Pregunta Draco con impaciencia, creyendo que están perdiendo un valioso tiempo de búsqueda conversando sobre insignias encantadas.
─El hechizo permite conocer la exacta ubicación de tu compañero, sin importar los sortilegios que eviten su localización. ─Dice Justin con rapidez, a la vez que observa los ojos de Draco abrirse con sorpresa y algo que reconoce como esperanza. ─Es una manera de asegurarnos de poder encontrarnos en caso de que, por algún motivo, nos separemos en una misión.
─¡Perfecto! Entonces, sólo tenemos que hacer que su compañero lo ubique. ─Se apresura a decir Draco, mientras vuelve sus pasos hacia el cubículo de Harry. No obstante, es detenido por un agitado joven que intenta alcanzar los apresurados pasos de Malfoy.
─¡Espera, Malfoy! No encontrarás a su compañero allí. ─Dice Justin sin aliento, no creyendo lo rápido que podía caminar el Slytherin. Cuando consigue detener a Draco, coloca una mano sobre su pecho para recuperar el aliento y dice: ─Harry no ha vuelto a tener un compañero desde que Ron Weasley dejó el cuerpo de aurores. Después de que Ron renunciara, quedamos un número impar de aurores, y a pesar de que Robards ha intentado hacer que Harry se una a alguna dupla, éste nunca quiso hacerlo.
Justin hace una pausa en su relato, como si recordara algo que le produjera cierta irritación, pero rápidamente retoma su explicación.
─El hecho de que Harry tenga mayor éxito en sus misiones al trabajar individualmente sin duda ayudó a que Robards le permita continuar sin un compañero. Aunque, si somos honestos, lo hubieran dejado estar solo incluso si no hubiéramos sido impares. Nadie parece ser capaz de negarle nada al consentido auror del departamento. ─Dice Justin con un dejo de envidia, como si los privilegios que le prodigaban a Potter le molestaran en demasía.
Sin embargo, a Draco no puede preocuparle menos los celos profesionales de ese incompetente auror, lo único que se repite en su mente es que esto no podía ser cierto. En cuestión de segundos, siente una desgarradora presión en su pecho que le roba el aliento, y Draco es capaz de percibir el preciso instante en el cual su mundo se viene abajo. Si Harry no tenía un compañero, iba a ser imposible rastrearlo. Inmediatamente, lo asaltan unos irrefrenables deseos de romper lo que sea que se interponga en su camino, a la vez que maldice al inconsciente y orgulloso Gryffindor por no haber aceptado otro compañero.
Un fuerte golpe contra la pared de la derecha sobresalta a varios aurores, incluyendo a Justin. Draco no tiene idea de lo que está haciendo, lo único que sabe es que descargar su frustración dando un puñetazo es lo primero que acude a su desesperada mente. Entre todo ese despliegue de enfado e impotencia, siente posarse sobre su hombro una temblorosa mano. Girando su rostro, observa la atemorizada figura de Justin.
─Tal vez… tal vez puedas convencer a Robards de que le asigne un nuevo compañero, al menos hasta que podamos encontrarlo. ─Dice Justin con un dubitativo susurro, como si temiera la reacción del iracundo auror. ─No tengo muy en claro la teoría exacta del hechizo, pero creo recordar que no es necesario tener la otra placa para hacerlo. Siempre y cuando Harry tenga puesta su insignia, el hechizo debería funcionar de todos modos.
Y al oír esto, una férrea determinación se apodera de los fríos ojos del Slytherin. Justin no tiene idea de qué pasa por la mente del rubio auror, sin embargo, esa mirada es más que suficiente para hacerle saber que Malfoy está dispuesto a todo con tal de salvar a Harry.
─Sabes, Finch-Fletchley… ─Dice Draco con un firme tono, a la vez que emprende camino hacia la oficina del jefe de los aurores. ─Después de todo, no eres tan incompetente como creía.
Y Justin no puede hacer más que soltar una divertida carcajada, a la vez que se dice que es lo más parecido a un agradecimiento que obtendrá de su parte.
─¡No hay por qué, Malfoy!
Draco no responde y simplemente acelera el paso hacia su próximo destino. El trayecto se le hace eterno, a pesar de que sólo transcurren unos pocos segundos. Una vez allí, detiene sus pasos frente a una robusta puerta de madera, y soltando un largo suspiro, golpea con firmeza tres veces.
─Adelante.
Draco toma el pestillo y lo hace girar. Una vez dentro, se acerca a paso firme y con gran determinación hasta el escritorio del jefe de aurores. Robards se sorprende al ver la alta figura de Malfoy desbordante de decisión, mas no dice nada y sólo se limita a hacerle un gesto para que tome asiento frente a él.
─¿A qué debo tu visita, Malfoy? ─Pregunta con desinterés, a la vez que toma uno de los pergaminos que tiene a mano para comenzar a leerlo.
─Potter ha desaparecido. ─Suelta Draco sin rodeos, esperando con ello que el jefe de aurores active alguna especie de alarma roja y ponga a todo su escuadrón en búsqueda del joven estrella del ministerio. Sin embargo, Robards se limita a rodar los ojos y observarlo con algo de incredulidad. Al ver que ese incompetente mago no cree en su palabra, Draco le lanza una furibunda mirada y espeta: ─¡No estoy bromeando! Potter ha desaparecido, no puedo ubicarlo por ningún lado. ¡Ni siquiera sus amigos pueden dar con él!
─¿No crees que simplemente pueda estar, no lo sé… evitándote? ─Responde Robards con un resoplido de risa, como si la simple idea de que el auror estrella del departamento estuviera perdido le pareciera la broma del año. ─Que yo recuerde, Malfoy, no ha pasado ni siquiera un día desde que lo viste por última vez. No puedes considerar desaparecida a una persona que lleva tan poco tiempo sin comunicarse. No le des más vueltas, estoy seguro de que Harry sólo se está tomado un respiro de tu agobiante personalidad.
El jefe de aurores hace un despectivo gesto con la mano como si apartara una mosca de su cara para darle a entender que no debe preocuparse, y esto sólo incrementa el enfado del auror. Sin siquiera detenerse a pensar en lo que hace, Draco golpea su puño contra el escritorio de Robards y le regala una letal mirada que, de ser un basilisco, podría matar al instante.
─¡Escúcheme! ¡Le digo que es cierto, Potter ha desaparecido! Lo sé, puedo sentirlo. ─Robards no pregunta cómo es que Draco puede sentir tal cosa, sólo se dedica a mirar con asombro al desesperado y aterrado muchacho que lo observa con odio difícil de contener. ─Si usted no quiere buscarlo, bien, no lo haga. ¡Yo lo haré! Sólo conviértame en su compañero para que pueda ubicarlo por medio de la insignia de auror.
Robards observa con suspicacia al agitado joven frente a él, y piensa que quizás deba comenzar a tomarse un poco más en serio la situación. Claramente no era normal una reacción así en el frío y calculador Slytherin.
─No puedo hacer eso, Malfoy. ─Dice Robards con paciencia, mientras observa la reacción del rubio auror.
─Mire… ─Comienza a decir con impaciencia Draco mientras aprieta entre sus dedos el puente de su nariz, con el único propósito de aplacar la frustración que siente recorrer sus venas. ─Me importa una mierda que Potter no quiera tener otro compañero…
─¡Oh, no! Potter no tiene nada que ver en esto, Malfoy. El problema eres tú. ─Dice con obviedad, como si fuera notorio el motivo por el cual no puede convertirlo en el compañero de Harry; pero Draco no parece entenderlo, con lo cual Robards debe explicarse. ─Tú eres un auror que sirve al ministerio francés. Por política de estado, no puedo convertirte en un auror de mi escuadrón a menos que…
─¿A menos que qué? ─Pregunta Draco con inquietud, sintiendo escapársele de sí la poca paciencia que le queda. A estas alturas, Potter bien podría estar siendo torturado, o algo mucho peor, pero eso es algo en lo que claramente no quiere ni pensar.
─A menos que renuncies al cuerpo de aurores francés. ─Dice Robards con desconfianza, como si esperara otro ataque de ira del auror. Sin embargo, Draco lo observa con los ojos abiertos y una expresión de amargura al comprender lo que esas las palabras significan. ─La pregunta aquí es, ¿qué tan dispuesto estás a perder para siempre tu lugar en el escuadrón francés? Porque sí, debes saber que, una vez hecho el cambio, ya no podrás volver a formar parte de ellos. Un cambio de esa magnitud es considerado una alta traición, no sólo al cuerpo de aurores francés, sino también al país en cuestión. Y, si te soy completamente honesto, no puedo asegurarte que vayas a tener un gran futuro aquí, Malfoy. A las personas con un pasado como el tuyo… bueno, digamos que aún no se hallan entre los más aceptados por la comunidad mágica. ¿Realmente estás dispuesto a perderlo todo por una simple intuición?
Las palabras de Robards lo golpean como si le hubieran volcado un balde de agua helada encima, sin embargo y a pesar de ello, cree que sí, sí lo hará. Draco cierra sus ojos un momento y sabe que está dispuesto a perderlo todo con tal de poner a Potter a salvo. Ni siquiera se detiene a pensarlo dos veces, no se le pasa por la cabeza el hecho de que, una vez convertido en el compañero de Harry, ya no podrá volver a su anterior vida. Jamás cruza por sus pensamientos el hecho de que deberá resignar lo único que le ha brindado una leve luz de alegría estos años, porque el hecho de no encontrar a Potter a tiempo lo aterra de tal manera que el resto de cosas pasan a un insignificante plano en lo más lejano de su mente.
En un intento por retener las traicioneras lágrimas que amenazan con salir, Draco aprieta con fuerza sus ojos, y reuniendo todo el valor que posee, posa su determinada mirada en el jefe de aurores.
─Lo haré. ─Dice con una inquebrantable convicción, a la vez que se quita la placa que descansa en su pecho y se la entrega a Robards. ─Sólo conviértame en el jodido compañero de Potter de una puta vez.
Robards lo observa en silencio por unos segundos, a la espera de que Malfoy cambie de parecer; pero Draco no se arrepiente, y simplemente se queda con la vista fija y cargada de determinación. Al comprender que nada de lo que diga convencerá de lo contrario al joven auror, Robards da un largo suspiro y toma la placa de Malfoy. Sin decir nada más, toma una pluma y se dispone a escribir una rápida misiva en un pergamino en blanco que encuentra a su izquierda. Cuando termina de redactarla, saca su varita y coloca su firma mágica. Luego, se la pasa a Draco para que haga lo mismo. Draco toma el pergamino sin siquiera leerlo y estampa su firma mágica con prisa. Una vez hecho esto, Robards toma la placa y la carta de renuncia, y acercándose a la chimenea ubicada a su derecha, lanza un puñado de polvos flu a la misma. Inmediatamente, las llamas adquieren una coloración verdosa.
─Ministerio francés, oficina de Laurette Bertrand. ─Suelta Robards contra las verdes flamas, y segundos después, aparece entre ellas el rostro de una bruja arrugada que posee una severa mirada, aunque Draco sabe que sólo es su expresión y que, contrariamente a lo que aparenta, la mujer es un ser amable y comprensivo. ─Un gusto verte, Laurette.
─¿Gawain? ─Pregunta sorprendida la mujer, aunque algo en su mirada parece indicar que, por extraño que parezca, sabe el motivo por el que la han contactado. Sin embargo, no dice nada y simplemente suelta una pregunta con un marcado acento. ─Quisiera poder decig lo mismo, pero siempre que llamas es para dagme una mala noticia. ¿Qué sucede?
─Al parecer, te has quedado sin tu auror estrella. ─Dice Robards con un encogimiento de hombros, mientras le pasa el pergamino y la placa por las esmeraldas llamas.
─¡Oh, sabía que eso pasaría! ─Responde con un fastidiado suspiro la mujer, a la vez que le dirige una irritada mirada al hombre, como si estuviera culpándolo de la decisión que había tomado su mejor auror. ─Me debes una, Robards. Que no se te olvide.
Y sin darle tiempo a responder, la mujer corta la comunicación. Robards suelta un irritado gruñido, sabiendo por dentro que eso va a costarle muy caro. Levantándose del lugar en el cual se había arrodillado para hablar, vuelve a su escritorio y busca en uno de los cajones la placa que Ron Weasley había dejado al renunciar. Una vez que la coloca en la mesa, saca su varita y apunta a la insignia. Draco observa en silencio cómo el metal cambia de forma, y donde antes se apreciaba el nombre del mejor amigo de Potter, ahora figuraba el suyo. A continuación, Robards murmura otro complejo hechizo que desprende una coloración dorada desde la punta de su varita. La insignia se ilumina por completo con este brillante resplandor, y Draco no necesita mayor confirmación que esta para saber que, a partir de ahora, se ha convertido en el compañero de Harry.
─Espero que valga la pena el incoherente sacrificio que has hecho, Malfoy... ─Dice Robards al entregarle la placa, regalándole además una suspicaz mirada que parece querer traspasar su alma. ─…porque ya no puedes arrepentirte.
Draco toma la placa en su mano derecha, y sale de la oficina del jefe de aurores sin mirar atrás, con la única idea de encontrar a Justin para planear juntos una misión de rescate. Una capaz de devolverle sano y salvo al terco y orgulloso Gryffindor del que se ha enamorado.
Notas finales: Les agradezco a todos por leer. Espero que este capítulo les haya gustado. Nos leemos muy pronto.
