Resumen: Un extraño caso de robo de varitas a nivel internacional envolverá a Harry y Draco en una aventura que los hará enfrentarse a aquello que fervientemente han silenciado en sus corazones durante tanto tiempo. DRARRY
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero agradecerles a todos los que añadieron a alertas y favoritos. El capítulo va dedicado a sailorlavi y Eviana por tomarse el tiempo de brindarme sus opiniones en un comentario. Ahora sí, los dejo con el final de esta historia.
Honor y Deber
5 de diciembre de 2009.
Un mes. Había pasado un mes exacto desde ese fatídico día. Y a pesar de haber transcurrido un prudente tiempo, el recuerdo de todo lo ocurrido en su oficina aun hace que se le nuble la vista en irrefrenables lágrimas. Harry suelta un desganado suspiro y posa su mirada en el pequeño espejo que tiene en frente. La imagen que le es devuelta es la de un triste y ojeroso muchacho, uno que lleva exactamente un mes sin poder dormir más de dos horas de corrido antes de que sus sueños se tornen en crueles pesadillas. Aunque Harry es capaz de reconocer, para sí mismo y con amarga ironía, que estos no son exactamente pesadillas. No, esos no eran más que verdaderos recuerdos del peor día de su vida.
Otro suspiro escapa de sus labios y se dice que, si le dieran un galeón de oro por cada suspiro que da al día, se tornaría asquerosamente rico. Harry abre el grifo y lava su cara con fuerza, tratando de refrescar un poco la deplorable imagen que le devuelve el espejo. El agua está fría y elimina con gran rapidez los caminos de lágrimas que han quedado adheridos a su rostro. Una vez que termina de secarse con la toalla que se halla a su izquierda, vuelve a posar la mirada en el espejo. Las grandes bolsas debajo de sus ojos aún continúan presentes, pero al menos ya no quedan rastros de esas saladas gotitas. Dando un último suspiro, sale del cuarto de baño en dirección a la habitación contigua para dar comienzo a su día. Uno en el que pasará todas sus horas tratando de encontrar al escurridizo y atractivo auror del que se ha enamorado.
Harry dirige sus pasos hacia la mochila ubicada sobre un pequeño escritorio, y de ella saca ropa limpia que ponerse. No tiene demasiado que elegir, no es como si fuera a estar mucho tiempo en este lugar. Una vez que termina de atarse las botas, se coloca la túnica de auror y sale de la modesta habitación de hotel que ha rentado. Una fría brisa lo recibe en el exterior, aunque no es ni remotamente parecido a los helados vientos a los que está acostumbrado en su país, con lo cual decide caminar en búsqueda de un lugar en el cual desayunar. A unas cuadras de distancia encuentra una pequeña y luminosa cafetería de la que puede apreciarse un agradable aroma a tartas recién horneadas. Harry entra con prisa, y después de luchar durante unos minutos con el idioma, consigue ordenar su pedido. Unos minutos después, una atractiva francesa se acerca a su mesa con una bandeja y deja sobre ésta una humeante taza de té, un pequeño pocillo con terrones de azúcar y un plato con una gran porción de tarta de melaza. Harry le da las gracias en un intento de francés, pero su pronunciación es tan espantosa que la chica suelta una risita antes de alejarse. Al oír esto, siente sus mejillas arder en vergüenza, mientras se dice para sus adentros que lo primero que hará una vez que Draco acepte salir con él es pedirle que le enseñe a hablar en francés.
Harry siente un agradable cosquilleo recorrerle el cuerpo con el simple pensamiento de ser el novio de Draco, sin embargo, se obliga a volver a la realidad y pensar con frialdad. Antes de perderse en ilusiones, primero debía dar con él. ¡Y Merlín que estaba siendo difícil hallarlo! Era como si la tierra se lo hubiera vuelto a tragar, y nadie supiera dónde está. Harry toma la pequeña cuchara del pocillo y añade varios terrones de azúcar a su té, a la vez que piensa con irritación en la altiva figura de Narcisa Malfoy. La condenada mujer sabía exactamente dónde se hallaba su hijo, sin embargo, se había negado rotundamente a decirle dónde encontrarlo.
─Si realmente le importa mi hijo, si en verdad lo ama tanto como dice, hará lo que sea para encontrarlo.
No puede evitar soltar un gruñido al recordar esa filosa respuesta por parte de la madre de Draco, a la vez que le cerraba la puerta de la mansión en sus narices. Sin duda esa soberbia mujer no iba a ponerle las cosas tan fáciles. ¡Oh, claro que no! Iba a cobrarse todas y cada una de las lágrimas que le había hecho derramar a su hijo, ¿y qué mejor forma de hacerlo que dándole terribles dolores de cabeza por dar con el paradero de Draco? Aunque no es como si Harry pudiera decir que no se lo merezca. Realmente se había comportado como un absoluto imbécil con Draco. De hecho, si debe ser completamente honesto consigo mismo, cree que su futura suegra ha sido bastante benevolente con él.
Harry toma una porción de tarta de melaza y la lleva a su boca, mientras continúa pensando en todos los intentos que ha realizado por dar con el paradero de Draco. ¡Vamos, que hasta había hecho a un lado su orgullo y les había escrito a Zabini y Parkinson, los dos mejores amigos del rubio! Claro que, sin obtener mayor respuesta que una carta embebida en una pócima que le provocó una terrible urticaria en sus manos. Un desagradable escalofrío lo asalta al recordar las asquerosas ronchas llenas de pus que le salieron a las pocas horas. Sin duda Zabini y Parkinson sabían del terrible error que había cometido, y habían decidido vengarse por el sufrimiento causado a Draco. Harry hace una nota mental de nunca volver a fastidiar a esos dos dementes, a la vez que apura el resto de su té. Una vez que termina su desayuno, deja sobre la mesa el equivalente francés a dos galeons, y sale con determinación de la cafetería.
Una vez fuera, camina por las atiborradas calles de un callejón mágico que no podría ser capaz de pronunciar su nombre ni bajo los efectos de un hechizo de traducción, mientras por su mente siguen pasando recuerdos de ese atareado mes que pasó. No, sin duda no había sido fácil encontrar la manera de dar con Draco. El Slytherin era sumamente astuto, sabía cómo mantener su ubicación en secreto, y eso sólo volvía todo más difícil. Harry continúa caminando distraído por esas interminables cuadras, pensando que nunca había estado tan agradecido de tener a Justin como colega del departamento. A pesar de que éste último sabía dónde estaba viviendo Draco, al igual que había ocurrido con Narcisa, se negó rotundamente a ayudarlo en su búsqueda. Sin embargo, y como bien había dicho Draco, el Hufflepuff dejaba mucho que desear como auror, por lo cual no le fue difícil colarse dentro de su oficina y dar en uno de sus cajones con una carta que provenía de Francia. Si bien no estaba firmada, Harry no necesitó más que un vistazo a la afilada y estilizada caligrafía para saber a quién pertenecía. Así que aquí se encontraba, un mes después de haber cometido la estupidez más grande de su vida, en un pacífico pueblo mágico de Francia, y en búsqueda del apartamento correspondiente al escurridizo auror.
Harry vuelve a sacar el sobre que tomó prestado de Justin, y relee la dirección. Bajo ningún concepto iba a admitir que lo había robado, simplemente lo había tomado prestado hasta que diera con Draco. Ya se lo devolvería a Justin cuando regresaran los dos a casa, y nadie se daría cuenta siquiera del tiempo que estuvo desaparecido del cajón en la oficina del Hufflepuff. Después de unos minutos de caminar por esas adoquinadas calles francesas, Harry eleva la vista en el cartel ubicado en una esquina, y para su sorpresa, descubre que ha encontrado la dirección.
Un elegante edificio con unos pocos pisos se alza frente a sus ojos, y se dice para sus adentros que va a sentirse sumamente decepcionado si no es Draco quien vive aquí, porque estos refinados y lujosos apartamentos son un lugar en el que alguien como Draco viviría. Una extraña sensación se apodera al instante de Harry, instaurando un gran nerviosismo en su interior. Siente sus manos temblar ligeramente y comenzar a sudar, su pecho sube y baja con nerviosismo, mientras que sus piernas parecen ser incapaces de sostener el peso de su cuerpo. Tiene un inexplicable deseo de salir corriendo, pero a la vez no quiere hacer otra cosa más que aparecerse dentro del apartamento del rubio auror, por muy grosero que eso suene, y besarlo hasta la inconciencia. Todos esos contradictorios pensamientos y sentimientos se entremezclan en su embotada mente, no obstante, su conciencia se mantiene fija y determinada a cumplir con su cometido. Sintiendo brotar de sí toda la valentía Gryffindor que posee, Harry se acerca a la entrada del edificio y se coloca a escasos centímetros del portero. Afortunadamente, no tiene que llamar al mismo, ya que una amable anciana ingresa al edificio y le deja la puerta abierta para que pueda pasar.
─Merci. ─Dice Harry con un terrible acento que delata su nacionalidad.
─¡Oh, Inglés! ─Exclama la anciana en un fluido inglés que hace ver el intento de Harry como una absurda broma. ─Déjame adivinar, buscas a Draco, ¿verdad?
Y en ese preciso momento Harry cree que podría alzar a la pequeña ancianita y abrazarla con fuerza, porque esa era la confirmación que necesitaba. ¡Al fin, al fin había encontrado a Draco! Algo de la emoción que siente debe haber traspasado hasta sus gestos, porque la anciana lo observa con sospecha detrás de unas gruesas gafas. No queriendo asustar a la vecina de Draco, se apresura a carraspear y poner una pose completamente solemne.
─Así es, madame. Estoy aquí por un asunto de trabajo.
Harry dice esto con seguridad, haciendo un rápido gesto hacia la placa de auror que descansa cerca de su corazón. La anciana entrecierra los ojos para agudizar la vista, y parece quedar conforme con lo que observa en su insignia, por lo que se despide del auror con una leve reverencia. Una vez que escucha la puerta del ascensor cerrarse con la anciana dentro de éste, dirige sus pasos hacia las escaleras a su izquierda con el único propósito de darle a la mujer tiempo suficiente para que ingrese en su apartamento antes de que él alcance el de Draco. Honestamente, no estaba seguro de cuál sería la reacción del Slytherin al verlo, y lo que menos desea es ser el responsable de que algún hechizo perdido lastime el frágil cuerpo de esa amable anciana.
Subir esos tres pisos se vuelve una tarea titánica. Harry puede sentir resentirse todos sus músculos, aunque ello no se debe a falta de estado físico, sino al nerviosismo que percibe crepitar por todo su ser. Sus manos siguen temblorosas, mientras que el aire que ingresa a sus pulmones parece disminuir con cada escalón que sube. Afortunadamente, Harry logra llegar al pasillo en el cual se halla el apartamento de Draco antes de lo esperado. Con pasos tambaleantes, se acerca hasta posarse en una puerta de madera oscura, la cual posee un pequeño número siete que está fabricado con un metal brillante y dorado.
Era aquí. Esa era la puerta. Harry siente sus manos sudar copiosamente, a la vez que sus piernas se aflojan. Internamente, se dice que aún está a tiempo de huir. Draco no tenía idea de que estaba aquí, parado en la puerta de su apartamento como un espeluznante acosador. Sin embargo, la molesta vocecita de su conciencia lo reprende de inmediato e insta a terminar con esto de una vez por todas. Harry inspira con fuerza y reúne todo el valor que posee para adquirir la confianza que necesita. Antes de que se arrepienta, saca las manos de los bolsillos y trata de secarlas contra la azul tela de su túnica. Una vez hecho esto, cierra sus ojos y golpea la puerta con fuerza tres veces.
Nerviosamente suelta el aire que ha retenido y aguarda de pie, lo más firme que puede dadas las circunstancias. A lo lejos, escucha pasos acercarse con parsimonia, y Harry cree que podría desmayarse en cualquier momento; pero no se desmaya, y la puerta se abre repentinamente.
Por la entreabierta puerta asoma la figura de un atractivo y sorprendido joven. Es difícil representar la atónita mirada que Draco le está devolviendo, y quizás ninguna descripción le haga justicia. En primer lugar, los ojos grises del auror se abren con estupefacción, como si no pudieran creer lo que ven, y, de hecho, quizás no lo hagan, porque de inmediato Draco parpadea en un intento por descubrir si todo esto no es más que un producto de su imaginación. Sin embargo, la sorpresa es rápidamente reemplazada por una desconfiada mirada, como si estuviera esperando una especie de ataque por parte del auror de la cicatriz.
Y es justamente eso lo que termina de quitar cualquier rastro de temor en Harry, para ser reemplazado por una absoluta sensación de confianza y determinación. No más temores, no más sentimientos acallados ni malas interpretaciones de los mismos, a partir de ahora, las cosas comenzarían a ser claras entre ellos. Harry piensa cómo empezar a dejar salir el preparado discurso que tenía pensado decir, sin embargo, lo único que puede hacer es observar al sorprendido auror frente a él, mientras su mente recuerda todos los sinsabores que han tenido que sufrir por obra de sus accionares. Y es entonces, donde otras palabras comienzan a salir a borbotones y sin tregua, como una especie de mar embravecido.
─Te odio. ─Suelta Harry con una voz quebrada, mientras aprieta las manos a sus costados. ─Te odio por no haber estado en San Mungo cuando desperté, porque eso nos hubiera ahorrado muchos malos entendidos. Te odio por no haberme dicho todo lo que hiciste para salvarme, por no decirme que renunciaste a todo por ser mi compañero.
Dice con enfado, a la vez que pequeñas saladas gotitas se aglomeran en su esmeralda mirada. Por su parte, Draco lo observa con confusión y algo que se asemeja a la tristeza, aumentando la confianza de Harry para soltar todo aquello que lo atormenta.
─Te odio por haberte ido sin más, aun sabiendo que estaba equivocado en todo lo que te dije ese maldito día. Te odio por todo lo que he tenido que hacer y soportar para poder encontrar tu jodida ubicación. ─Suelta Harry con enfado, a la vez que golpea el pecho de un sorprendido Draco con enfado. ─Pero por sobre todas las cosas, te odio por no haberme dicho que yo era el idiota del cual te habías enamorado porque… ¡porque yo también te amo, imbécil!
Una vez que suelta esta exclamación con un enfurecido tono, Harry acorta la distancia que los separa, y parándose en puntas de pie, lo besa como si no hubiera un mañana. Inmediatamente, siente unos brazos rodearlo con fuerza y apretarlo contra el cuerpo de Draco, y Harry cree que podría morir en este mismo instante y no le importaría en lo absoluto, porque moriría siendo el hombre más feliz del universo. Incapaz de quedarse quieto, eleva sus manos y las entierra en ese sedoso y rubio cabello, descubriendo la gloriosa sensación de tener esas finas hebras entre sus dedos. Un ahogado gemido escapa de sus labios al chocar ambas entrepiernas, y eso es todo lo que Draco necesita para asaltar con mayor violencia la boca de Harry. El beso se intensifica, y ambos quedan enredados en una lucha en la que sus lenguas son las protagonistas.
Lentamente, ambos comienzan a ingresar a trompicones dentro del apartamento, sin despegarse ni por un segundo de su compañero. No sabe cómo se las arregla para cerrar la puerta de una patada, mientras Draco no para de asaltar su boca en esa deliciosa danza sin fin. En silencio, se deja llevar por la alta figura del rubio auror, y Harry ve pasar por el rabillo del ojo una imagen desdibujada de la ordenada sala de estar. Segundos después, Draco los conduce por un pasillo, y cuando menos lo espera, Harry se ve empujado hacia atrás y termina cayendo sobre una amplia cama. Ni siquiera tiene tiempo de resentir la falta de contacto del otro, ya que Draco se apresura a cubrir su cuerpo con el suyo y vuelve a besarlo con intensidad. Un sorprendido gemido escapa de los labios de Harry al sentir un pequeño mordisqueo en su cuello que envía descargas eléctricas por toda su piel. Inconscientemente, arquea su cuerpo y sus entrepiernas vuelven a encontrarse. Ante eso, Draco se aparta de su cuello y suelta un ahogado sonido que lo enciende de manera incontrolable. Era una mezcla de gemido y gruñido que sonaba exquisitamente delicioso en la voz del rubio auror, y Harry cree que podría ser capaz de correrse sólo con oírlo gemir de esa forma contra su oído.
Aunque Draco parece tener otras ideas en mente más que rozar sus entrepiernas, por lo que comienza a desabotonar con prisa la túnica de Harry. Una vez que consigue abrirla, suelta otra especie de enfadado gruñido al encontrarse debajo de ésta con un sweater. Internamente, Harry se maldice por llevar tanta cantidad de ropa encima, por lo cual se impulsa lo suficiente como para quedar sentado y facilitarle, de esta forma, el trabajo a su ardiente compañero. Draco aprovecha esta invitación y con maestría, le quita la túnica y el sweater con unos simples movimientos. No queriendo quedarse atrás, Harry coloca sus manos en la parte baja de la remera de manga larga que tiene Draco y la levanta con prisa, asegurándose de rozar con sus dedos cada parte de esa descubierta piel que aparece frente a sí. Una vez que retira la prenda, Harry vuelve a besar por unos segundos esos labios de los que ya se ha hecho adicto, para luego comenzar un descendente camino hasta ese pálido cuello. Y es allí donde Harry cree tocar el cielo, porque en esa blanquecina piel puede oler el costoso perfume de Draco, provocándole una agradable sensación que se extiende por todo su cuerpo.
Draco deja que bese y lama su cuello por unos segundos, a la vez que intenta colar una mano por el pantalón de Harry. Sin embargo, la postura no le permite acceder con facilidad, con lo cual vuelve a empujar al ensimismado Gryffindor contra la cama para retomar su trabajo de desvestirlos. Nuevamente, se coloca encima de Harry y lo besa con parsimonia, tratando de marcar a fuego cada parte de la boca del auror. Luego, comienza un descendente camino por el cuello y el pecho del moreno, asegurándose de mordisquear y succionar cada uno de esas rosadas tetillas hasta que estas se endurecen y quedan completamente sensibles, a tal punto que un simple roce de los largos dedos de Draco arranca impúdicos gemidos de la boca de Harry.
Conforme con el trabajo realizado, Draco continúa su descendente tarea sin dejar de besar y mordisquear cada parte que descubre del cuerpo de Harry. Y para cuando alcanza la entrepierna, Harry se ha convertido en una especie de manojo de gemidos que no para de retorcerse y apretar las sábanas con fuerza.
─Draco. ─Gimotea, en un implorante tono mientras tiene sus ojos cerrados con fuerza producto de las intensas sensaciones que siente crepitar en su ser. ─Date prisa, no creo poder aguantar mucho más.
Draco suelta una divertida risita y le dirige una hambrienta mirada, sin dejar de masajear la parte baja de su estómago en un cadencioso movimiento. Harry abre los ojos y lo fulmina con la mirada, a la vez que intenta moverse lo suficiente para tomar su varita y desaparecer la ropa que aún les imposibilita el camino.
─Ni siquiera lo pienses. ─Lo detiene al instante, reconociendo las intenciones del otro. ─Lo haremos a mí modo.
Sin brindarle opción a réplica, Draco lleva sus manos hasta los pantalones de Harry y desabrocha el botón. Una vez hecho esto, baja la cremallera, y de un rápido tirón, consigue bajarle hasta los tobillos no solo el pantalón, sino también la ropa interior. Rápidamente, Harry patea lo suficiente para poder quitarse de encima las agolpadas prendas de sí. Una pequeña sensación de vergüenza lo asalta al encontrarse completamente desnudo frente al rubio auror, en especial porque este último aún tiene cubierta la parte baja de su cuerpo. Sin embargo, cualquier rastro de timidez desaparece al ver la hambrienta e hipnotizada mirada con la que Draco lo observa. Queriendo apresurar la situación, Harry le regala una seductora sonrisa y con lentitud abre sus piernas en una obscena pose, con el único propósito de dejar al descubierto toda su hombría.
Los ojos de Draco se oscurecen de inmediato con ferocidad ante la muda invitación, y sin perder tiempo, desabrocha con prisa sus pantalones. De un desinteresado movimiento, consigue quitárselos y arrojarlos a un costado junto con su ropa interior. Harry se dedica a observar ese hermoso cuerpo desnudo que se presenta ante él, deleitándose en el erecto miembro que se vislumbra entre las torneadas piernas de su compañero. Siente su boca llenarse de saliva ante tan caliente visión, a la vez que lo asaltan unos irrefrenables deseos por besarla y lamerla hasta hacer que se corra en su boca. Sin embargo, Draco parece tener otras ideas en mente, y sin decir nada, vuelve a besarle el cuello. Lentamente, realiza otro recorrido por el pecho de Harry, pero esta vez no es tan detallado como el anterior, por el contrario, parece ser un rápido camino que debe hacer hasta dar con el verdadero destino.
En unos pocos segundos, alcanza la entrepierna de Harry, y dándole una última mirada cargada de malicia, Draco lame con lujuria toda la extensión de su pene. Harry ni siquiera tiene tiempo de maldecir, porque de inmediato siente la boca del Slytherin tomarlo entero y darle fuertes succiones. Harry suelta un extasiado grito, a la vez que se arquea y aprieta con fuerzas las sábanas a su alrededor. Draco continúa su trabajo con destreza, lamiendo y succionando en los lugares correctos hasta volverlo completamente loco de deseo. Una pálida mano viaja con lentitud hacia la parte baja de Harry, dándole a entender lo que sigue a continuación.
Draco da una última lamida a la punta del miembro de Harry, y se aparta con rapidez de la cama. Harry gruñe en frustración y abre de inmediato los ojos para reclamar por ello. A lo lejos, ve a su rubio compañero rebuscar algo entre sus olvidadas prendas, y antes de que siquiera pueda comenzar a protestar por la ausencia del cuerpo de Draco, éste último regresa a la cama con una varita en mano. Una vez que vuelve a colocarse a escasos centímetros de su miembro, lanza un hechizo hacia el pequeño agujero de Harry y retoma las succiones sobre la pulsante erección. Harry suelta un ahogado gemido al percibir una fría sustancia llenar su trasero, pero las atenciones que Draco le está prodigando hacen que rápidamente olvide todo y sólo sea capaz de concentrarse en la boca que le está haciendo ver las estrellas.
Los ojos de Draco se posan en la figura de Harry, quien no parece ser capaz de hacer nada más que gemir su nombre y pedirle que no pare. Sin dejar de lamer su pene, cuela con delicadeza un dedo dentro de esa lubricada entrada y comienza a prepararlo. Los gimoteos de Harry se vuelven en abiertos gritos de placer al sentir cómo un segundo dedo acompaña al primero y realiza movimientos de tijera para expandir sus músculos. Cuando el tercer dígito ingresa, Harry se siente al límite de perder el control y dejarse arrastrar por el orgasmo. Draco se percata de ello a tiempo, y de un movimiento, retira todos los dedos y aparta su boca del miembro de Harry.
Harry respira entrecortadamente, a la vez que abre los ojos y los posa sobre la figura de Draco. Con impaciencia, lo observa lanzarse un hechizo sobre su miembro, mientras siente una expectante corriente recorrerlo entero por lo que está a punto de ocurrir. Rápidamente, Draco se acerca al rostro de Harry y lo besa con suavidad, como si estuviera pidiéndole permiso para entrar. Harry le devuelve el beso con pasión, y para terminar de borrar cualquier irracional duda del Slytherin, corta el beso y susurra contra los finos labios del auror aquello que tanto desea.
─Ya deja de torturarme y fóllame de una maldita vez.
Y dándole un último hambriento beso, Draco toma su miembro entre sus manos y lo dirige a la entrada de Harry. Una vez allí, comienza a ingresar con extremada suavidad dentro del tembloroso hombre debajo suyo. Harry lo siente abrirse paso en su apretado interior y no puede evitar pensar que sin duda había muerto, y este era el famoso paraíso del que tanto hablaban los muggles, porque sin duda nada en el mundo de los mortales podía sentirse así de bien… así de perfecto.
Harry debe hacer un esfuerzo sobrehumano para no gritar en éxtasis cuando lo siente enterrarse por completo en su interior. ¿Cuántas veces había soñado con esto? ¿Cuántas veces había deseado sentir dentro suyo a ese hombre que veía como un imposible? ¿Cuántas noches había fantaseado en la soledad de su habitación con entregarse en cuerpo y alma a Draco? Harry no tiene idea, sabe que han sido incontables las veces que ha soñado e implorado por vivir esto. Sin embargo, ninguna fantasía recreada por su imaginación podía compararse con la perfecta sensación que percibe en estos momentos. Quiere llorar de pura y absoluta felicidad, pero lo único que es capaz de hacer es aferrarse al cuello de Draco, y besarlo con intensidad.
─Muévete, Draco. ─Dice Harry contra la entreabierta boca de Draco en un insinuante susurro que elimina por completo el escaso autocontrol del Slytherin.
Sin darle tiempo a reaccionar, Draco se retira unos centímetros de Harry y vuelve a enterrarse con fuerza. Un ahogado gemido escapa del auror, mientras lo siente buscar ese punto dentro de sí que sabe que lo volverá loco. Y al tercer intento, Harry lo siente dar un golpe certero contra su próstata, arrancándole en el proceso un extasiado y obsceno grito que haría sonrojar al ser más depravado del mundo. Draco cierra los ojos con fuerza al escuchar salir ese precioso sonido de la boca de Harry, mientras comienza a realizar un continuas y precisas estocadas contra la próstata del auror. La ardiente danza continúa por lo que parecen ser horas, y la habitación se llena de jadeos y palabras expresadas en ahogados gimoteos por parte de Harry.
─Más, Draco. Sí, ahí. Así, no pares. ─Gime contra los labios del rubio auror, a la vez que se aferra al cuello de éste para impulsarse hacia abajo al encuentro de esas estocadas que lo están haciendo perder la cordura. ─Estoy… tan cerca… tan cerca, amor.
Draco entrecierra sus oscurecidos ojos y lo observa embelesado, como si no existiera ser más hermoso en el universo. Están cerca, ambos lo saben. Sus movimientos se tornan erráticos, mientras que los gemidos de Harry se convierten en abiertos y descarados gritos de placer capaces de hacer llevar al límite al Slytherin.
─¡Merlín! ─Gime entrecortadamente Draco, a la vez que cierra sus ojos en un intento por reprimir el inminente orgasmo. ─No creo poder aguantar mucho más, Harry.
Harry sólo necesita escucharlo llamarlo por su nombre, mientras le da una estocada particularmente fuerte en su interior, para soltar un extasiado grito y correrse como nunca antes en su vida. Draco siente los músculos del trasero de Harry apretar con fuerza su miembro, y segundos después está gritando su propio orgasmo contra la jadeante y entreabierta boca del auror. Harry siente una pegajosa sustancia llenarlo al instante, y se pregunta internamente cómo es posible que haya vivido tantos años sin experimentar esta perfecta sensación. Ahora entiende por qué le costaba tanto conciliar el sueño, sin duda lo que estaba echando en falta en su vida era esto, entregarse por completo y sin pudor alguno al amor de su vida.
Harry abre perezosamente los ojos y los posa en la jadeante figura de Draco, quien aún intenta recuperarse del intenso orgasmo, y piensa que sin duda podría acostumbrarse a esto. La molesta sensación de vacío, la cual lo ha incordiado durante tantos años, ha sido reemplazada por un cálido sentimiento que comienza a extenderse desde su corazón hacia el resto de su cuerpo. Unos irrefrenables deseos por apoderarse de los finos labios de Draco lo asaltan, y por ilógico que suene, cree que algo muy malo podría ocurrir de no llevar a cabo sus anhelos. No queriendo tentar a la mala fortuna, Harry utiliza los brazos que aún tiene alrededor del cuello de Draco para impulsarse y apoderarse de esa tentadora boca. El beso es cadencioso y está dedicado a expresar en él todo aquello que no son capaces de formular en palabras; pero, ¿quién necesita de las palabras, cuando esos labios parecen ser suficientes para decirlo todo?
Después de lo que parecen ser horas, ambos se apartan lo suficiente como para poder observarse en silencio. Una alegre sonrisa se extiende por todo el rostro de Harry, iluminando con ello esas expresivas esmeraldas. En cambio, las afiladas facciones de Draco se tensan y una dolorida mueca se instala en ellas.
─¿Qué ocurre? ─Pregunta Harry con gran confusión, sin comprender el motivo de esa extraña mueca en el rostro de Draco.
─Nada, es sólo que… no creo poder seguir mucho tiempo más en esta posición.
Deja salir Draco distraídamente, mientras comienza a tratar de desprenderse del firme agarre de Harry. Una vez que éste último lo suelta, impulsa su cuerpo hacia atrás hasta quedar sentado, y cuidando de no lastimarlo, sale lentamente del cuerpo de Harry. Luego, se deja caer pesadamente cuan largo es sobre la cama. Inmediatamente, siente un cuerpo acomodarse contra su costado derecho, y una acompasada respiración hacerle cosquillas contra el cuello. Draco rueda los ojos con diversión al percibir la posesiva forma en la que Harry se ha acurrucado contra sí, mientras comienza a trazar ininteligibles patrones sobre la desnuda espalda del Gryffindor. Harry suelta una especie de complacido ronroneo por estas atenciones, y deja pequeños besos en el níveo cuello que aún tiene rastros de ese costoso perfume.
No tiene idea de cuánto tiempo pasan así, brindándose delicadas e inocentes muestras de afecto, mientras tratan de recuperarse del intenso orgasmo. Lo único que Harry sabe es que no quiere que esto termine jamás, y en el caso de que sea un sueño, ruega a quien sea que esté escuchándolo por no despertar. Una fría corriente de aire proveniente de la abierta puerta frente a ellos le produce un involuntario escalofrío. Inmediatamente, siente a Draco rebuscar algo a su izquierda, y antes de que siquiera pueda preguntarle qué hace, nota un hechizo de limpieza recorrerlos a ambos. Luego, siente a Draco murmurar un simple Accio, y una sábana viaja presurosa por la cama para cubrir sus desnudos cuerpos.
─Gracias. ─Dice Harry en un adormilado susurro, depositando otro pequeño beso en el cuello del que se ha vuelto adicto. Draco, por su parte, suelta la varita con la que ha conjurado la sábana y retoma las caricias en la espalda de Harry, sin embargo, su rostro está teñido en confusión. Es casi como si estuviera tratando de resolver un complejo acertijo.
─¿Potter?
─¿En serio? ¿Vas a llamarme por mi apellido después de lo que terminamos de hacer? ─Suelta Harry con un resoplido de risa, mientras se eleva lo suficiente para poder observarlo con diversión. ─¡Merlín, Draco! Es absurdo que me llames así, siendo que acabas de tener cierta parte de tu anatomía dentro mío.
─No escuché quejas al respecto. ─Dice Draco con malicia, a la vez que golpea con su palma el respingón trasero del auror. Harry suelta un sorprendido jadeo, y se apega aún más al desnudo cuerpo del Slytherin.
─Y no las escucharás. ─Responde encogiéndose de hombros, a la vez que una de sus manos se acerca peligrosamente a la entrepierna de Draco. ─No mientras sigas haciéndomelo de esa forma.
─Eres insaciable. ─Dice Draco con un resoplido de risa, sin embargo, su voz suena algo distraída.
─¿En qué piensas? ─Pregunta Harry con preocupación al reconocer el ensimismamiento del otro. Draco lo observa unos segundos en silencio, como si no estuviera seguro de preguntar lo que lo inquieta, no obstante, suelta un suspiro y dice:
─¿Cómo me encontraste? Que yo recuerde, jamás te dije dónde estaba viviendo exactamente.
─Ciertamente no fue gracias a tu madre, eso puedo asegurártelo. ─Suelta Harry con un leve rastro de fastidio, resintiendo aún más la molesta actitud de Narcisa; porque sí, ella había atrasado un mes su reencuentro, y eso es algo que no puede perdonarle, no después de haber sentido la perfecta armonía que representa el estar junto a Draco.
─¿Fuiste a ver a mi madre? ─Pregunta Draco con incredulidad, soltando una fuerte carcajada en el proceso.
─¡No te rías, imbécil! ¡Claro que fui a verla! ¿Qué se supone que iba a hacer? Es obvio que ella sabría dónde estabas, pero jamás se me ocurrió que se negaría a decírmelo. ─Replica lanzando un enfurruñado mohín que aumenta las carcajadas de Draco. ─¡Oh, deja de reírte, tonto! ¿Tienes idea de todo lo que he tenido que hacer para encontrarte? ¡Merlín, hasta les escribí a tus amigos! Por cierto, Zabini y Parkinson están dementes, Draco. ¡Dementes!
─¿Les escribiste a Blaise y Pansy? ¿En serio? ─Dice Draco sin poder parar de reír, mientras se hace una idea mental de lo que sus amigos pueden haber respondido.
─¡Sí! Y los muy… imbéciles me enviaron una escueta carta que decía: ¡Vete a la mierda, Potter! Lo peor de todo es que ese pergamino estaba embebido en una pócima que me provocó ronchas que tenían una asquerosa secreción. ─Suelta Harry con frustración, cruzando los brazos sobre su pecho en un infantil gesto. Draco suelta otra risita al ver el enfadado mohín en el rostro del auror, y en silencio, descruza los brazos de Harry y toma una de sus manos entre las suyas.
─¡Oh, pobrecitas! ─Exclama con fingido pesar, a la vez que las acerca a sus labios y deposita un delicado beso en ellas, como si quisiera sanar con ellos la suave piel del auror. ─Vamos a tener que compensarles el sufrimiento por el que han pasado.
En un rápido movimiento, Harry se eleva de su posición y se pone a horcajadas en un lugar que está peligrosamente cerca de la entrepierna de Draco.
─Se me ocurren varias ideas con las que podrías compensarme. ─Susurra seductoramente contra los labios de Draco.
─Mmm… ¿en serio? ─Pregunta distraído Draco, masajeando con suavidad la cintura del joven que tiene a horcajadas. ─Aún no me has dicho cómo me encontraste.
─¿Acaso importa? ─Dice Harry sin darle demasiada importancia, ocupando toda su atención en acariciar con reverencia el blanco pecho de Draco.
─Sí, de hecho, sí. ─Suelta Draco con seriedad, arruinando por completo los intentos de Harry por desviarlos hacia otras actividades más placenteras. ─Si pudiste encontrarme tan fácilmente, significa que mis habilidades de ocultamiento dejan mucho que desear.
Harry suelta un derrotado suspiro al ver que no podrá tener la atención de Draco a menos que responda sus interrogantes, por lo cual se apresura a quitarle sus infundados miedos.
─Tus habilidades de ocultamiento no son el problema, Draco. ─Dice Harry con un frustrado gruñido, a la vez que pasa una de sus manos por su desordenado cabello. ─El que deja mucho que desear como auror es Justin.
─Maldito, Finch-Fletchley. ─Refunfuña Draco, a la vez que rueda los ojos. ─Ya no se puede confiar ni en un Hufflepuff.
─¡Oh, no! Él no me dijo dónde estabas, al menos no intencionalmente.
─¿A qué te refieres? ─Pregunta Draco con confusión, no comprendiendo las extrañas palabras de Harry.
─Tenías razón al decir que es un auror incompetente. No me fue difícil colarme en su oficina y revisar todo. ─Suelta Harry con un encogimiento de hombros. ─Justin no tiene ni siquiera un hechizo en los cajones donde guarda sus pertenencias. En uno de ellos encontré un sobre con una carta escrita con tu caligrafía. Así que lo tomé prestado, y viajé en el primer traslador que conseguí. Apuesto mi capa de invisibilidad a que aún no se ha dado cuenta de que falta ese sobre.
Draco rueda los ojos ante la estupidez que parece reinar en la mente del Hufflepuff, pero no dice nada. Simplemente se dedica a observar a Harry con intensidad, como si aún no creyera que éste se encuentra aquí, completamente desnudo y dirigiéndole una enamorada sonrisa.
─Por cierto, casi lo olvido. ─Dice Harry repentinamente, apartándose de un gran salto de su cuerpo. ─Tengo algo para ti.
Rápidamente, se baja de la cama y dirige sus pasos hacia las olvidadas prendas desperdigadas por todo el suelo de la habitación. Harry ni siquiera se percata de la provocativa postura en la que se encuentra sumamente ensimismado buscando algo del bolsillo de su túnica, hasta que siente una firme palma dar de lleno contra su trasero.
─¡Draco! ─Reprende Harry al instante, dándole una furibunda mirada por encima de sus hombros.
─No puedes ponerte en cuatro y no pretender que haga algo como eso. ─Dice Draco acompañado de un encogimiento de hombros. ─Y agradece que fue sólo eso, se me ocurren otras cosas mucho más interesantes que hacerte en esa posición.
Harry debe hacer un esfuerzo descomunal por no abandonar su búsqueda y simplemente hacer realidad ese velado ofrecimiento que provoca interesantes tirones en su pene. Por fortuna, logra dar con el bendito objeto unos segundos después. Antes de ponerse en pie y regresar a la cama, esconde la pequeña placa en su mano.
─Cierra los ojos. ─Pide Harry con una especie de inocente emoción que derrite inmediatamente el frío corazón del Slytherin. ─¡Y no hagas trampas!
─No lo haré. ─Dice Draco con un tono que pretende ser irritado, pero que Harry sabe que sólo intenta enmascarar la gran expectativa que tiene. ─Date prisa, ¿quieres?
Harry se trepa a la cama y vuelve a ponerse a horcajadas de Draco. Inmediatamente, el Slytherin se eleva hasta quedar sentado y lo envuelve con sus brazos, aunque mantiene los ojos cerrados en todo el proceso.
─Listo, ya puedes abrirlos.
Draco los abre y observa en las manos de Harry una insignia de auror que contiene su nombre grabado en ella.
─¿Mi insignia? ─Pregunta Draco con desconcierto, no comprendiendo cómo llegó a manos de Harry. ─¿De dónde la sacaste? Si mal no recuerdo, se la dejé a mi madre.
─Sí, sobre eso… no estaríamos aquí, de esta forma, de no ser por ella, ¿sabes?
─¿Por mi madre? ─Suelta con incredulidad Draco, como si fuera una broma de mal gusto aquello que ha salido de la boca del auror.
─Sí, por tu madre. Si bien no quiso decirme tu ubicación, fue ella la que vino a dejarme esto unas horas después de que tuviéramos esa discusión en mi oficina. ─Dice Harry con algo de vergüenza, recordando las hirientes palabras que injustamente le había soltado a Draco. Algo de pesar debe haberse traspasado a su mirada, porque de inmediato siente los labios de Draco besándolo con ternura. ─Nadie en todo el jodido departamento de aurores me puso al tanto de lo ocurrido. Ni siquiera Justin quiso decírmelo. En cambio, tu madre vino hecha una furia a mi oficina, y me dijo todo lo que habías hecho por salvarme. Y como si el conocer la verdad no fuera suficiente para destrozarme por dentro, ella se encargó de dejarme en claro algo que me haría sentir completamente insignificante. Sus textuales palabras fueron: ¿Sabe, señor Potter? Mi esposo y yo estábamos en lo cierto. Usted no es digno del amor de nuestro hijo.
─Harry…
Draco intenta hacerle comprender que nada de lo que su madre haya dicho tiene importancia para él, pero Harry se apresura a acallar esas palabras con un profundo beso que los deja sin aliento a los dos.
─Y tiene razón, ¿sabes? Tal vez no sea digno de tu amor… ─Dice Harry con un suave susurro contra sus entreabiertos labios. ─…aunque eso no significa que no pueda hacer lo imposible por merecerlo, ¿verdad?
Y con esas últimas palabras, Harry vuelve a conectar sus labios, sellando así su implícita promesa. Draco lo abraza con pasión de la cintura, haciendo que una deliciosa fricción se genere entre las entrepiernas que no paran de rozarse. Ambos se separan cuando el aire comienza a hacerles falta en sus pulmones, pero se mantienen unidos en ese enredo de extremidades.
─Te amo, imbécil. ─Susurra Harry contra los labios de Draco, regalándole la sonrisa más radiante del mundo.
─Y yo ti, idiota. ─Responde juntando sus frentes, a la vez que comienza a acariciar provocativamente la espalda baja de Harry.
El tiempo transcurre entre besos y mordisqueos, y los gemidos no se hacen esperar a medida que las caricias aumentan de intensidad. Y mientras dos jóvenes se entregan, una vez más, en cuerpo y alma al placer más carnal y primitivo, una insignia de auror queda olvidada entre las arrugadas sábanas. Una en la que relucen las palabras Honor y Deber a los costados de las tres entrelazadas varitas.
Notas finales: Si han llegado hasta aquí, les agradezco infinitamente por haber leído estas locuras que se me ocurren escribir. Espero que el final les haya gustado o al menos les sacara una sonrisa. Les envío un abrazo enorme a todos.
