Bailando en la Oscuridad

Capítulo Uno: Un Rumor sobre el Mejor Té de Ba Sing Se

Por DamageCtrl

Disclaimer: No soy dueña de Avatar: la Leyenda de Aang ni nada relacionado con él

N/T: Yo tampoco, ni de la trama :) Es de DamageCtrl, ya lo saben, ¿no? ;)


-Van… ¿de nuevo? –Sokka se volvió desde frente el espejo donde había estado examinando su apenas visible vello facial. Katara asintió, de pie en la entrada al cuarto de Toph, esperando que la joven estuviera lista para salir.

-¿Qué hay de malo con que vayamos de nuevo? –Inquirió Katara-. Da la casualidad que lo disfrutamos la última vez –porfió.

Sokka bufó y se volvió al espejo frente a él.

-Es solo que creo que es una gran pérdida de tiempo. Estar echado en una bañera de lodo… puedes hacer eso gratis afuera, ¿cierto, Aang?

-Como que los monjes nos alejamos de esa clase de cosas –replicó Aang secando una navaja contra la toalla y examinando su cráneo. Miró por encima del hombro y le ofreció una sonrisa a Katara-. Pero no tengo nada en contra de jugar en el lodo.

-No "jugamos en el lodo". Ustedes no lo entenderían –retrucó Katara. Se cruzó de brazos y echó un vistazo al interior de la habitación de Toph-. ¿Lista?

-Síp –la maestra tierra salió de su cuarto, metiendo un pequeño monedero en el bolsillo, deteniéndose junto a Katara.

-Regresaremos por la tarde. ¿A quién le toca hacer la cena? –preguntó Katara mientras ella y Toph se dirigían a la puerta.

-De Sokka –coraron Aang y Toph. Aang tomó su planeador y fue con los demás hacia la puerta.

-Sí, sí… -el joven Guerrero de la Tribu Agua cabeceó, sonriéndose a sí mismo al espejo. La puerta se cerró y Sokka se paró derecho, frunciendo el ceño, dándose cuenta de todo-. Esperen un segundo… ¡Yo cocine ayer! –Se volvió para confrontar a sus amigos y volvió a fruncir el ceño. La casa estaba vacía. Soltó un gruñido de frustración-. ¡Esto es exactamente lo que pasó ayer!

Afuera, Katara y Toph se alejaban de la casa con dificultad antes de que Sokka saliera furioso, despotricando que hacía cinco días venía siendo su turno para cocinar. Si se había dado cuenta siquiera. ¿Cuándo aprendería que él accedía a casi cualquier cosa cuando estaba ocupado en acicalarse? Y decían que las chicas eran las maniáticas de la apariencia.

-Un día, un día no muy cercano, eventualmente Sokka se dará cuenta de que ha estado siendo "su turno" para cocinar cerca del cincuenta por ciento del tiempo que hemos estado aquí –rió Katara ahogadamente, descendiendo por el camino hacia el spa-. Pero hasta entonces, tenemos todo un día libre. ¿Así que, qué quieres hacer después del spa?

-No sé –Toph se encogió de hombres-. Diría que vayamos a ver el zoológico que hizo Aang, pero realmente no puedo ver los animales.

-Quizás el cuidadote te dejé tocar algunos de ellos –sugirió Katara-. Oí que hay unos bonitos y tiernos cangunejos suaves y calientitos… -dejó de hablar de forma atrayente. Toph sonrió ligeramente.

-Está bien, quizás no nos hará daño pasar por ahí –acordó la joven maestra. La chica de la Tribu Agua rió tontamente mientras se acercaban al Spa.

Al mismo tiempo que Katara se recostaba contra su silla mullida, dejando que le hicieran los pies, Toph ya estaba en el cuarto de al lado, inmersa en una cuba de lodo burbujeante. Después de su última visita y de la demostración de Toph de sus habilidades de tierra control en la pobre pedicura, nadie la había obligado o siquiera sugerido que se sentara para otra sesión. Y eso estaba perfectamente bien con la chica Bei Fong.

Katara cerró los ojos con un pequeño suspiro de contento, dejando que la pedicura terminara su trabajo, cuando sorprendió una conversación entre dos mujeres sentadas justo detrás de ella.

-Es el mejor té en Ba Sing Se –exclamó entusiasta una de ellas-. Es muy malo que esté en el distrito bajo.

-Pero he escuchado que tienen un joven bastante apuesto como mesero –replicó su amiga-. ¿El mejor té en la ciudad y mozos guapos? Eso no se consigue aquí.

-Estoy segura que puedo hacer que mi esposo nos preste un par de guardias más –meditó la primera-. ¿Cómo oíste eso?

-Salió en el boletín informativo de esta semana y muchos lectores estaban elogiando efusivamente esa casa de té –le contó la segunda mujer-. Fei Chen fue con su hermana la semana pasada y todavía está loco por el té.

-¿Y el mozo? –rió la otra mujer entre dientes.

-Muy apuesto… al menos de un lado.

-¿Un lado?

-Tiene esta horrible quemadura sobre su ojo izquierdo…

Delante de ella, unos ojos azules se agrandaron. El cuerpo de Katara se tensó y frunció el entrecejo. ¿Había oído bien? Acomodándose cuidadosamente en su asiento, Katara se reclinó hacia atrás un poquito, intentando oír que más decían.

-… Estropea su cara, pero no disminuye su atractivo –explicó una-. Como sea, ¿te interesa ir conmigo mañana? Escuché que el anciano que trabaja ahí rechazó varias otras casas, incluso la de la familia Chi Huang.

-¿Su té es tan bueno?

¿Anciano? ¿Muchacho con cicatriz en el ojo izquierdo? Katara se mordió el labio inferior. Imposible. ¿Qué estarían haciendo en Ba Sing Se, de todos los sitios donde podían estar? ¿Por qué estaban ahí? ¡Aang! Levantó la mano y la apoyó en el pecho, presionado por el repentino peso de la preocupación.

¿Acaso sabían que ellos estaban allí? ¿Sabían dónde estaba Aang? ¿Cómo habían entrado?

-Estás lista, señorita –la voz de la pedicura cortó sus pensamientos y Katara se enderezó. La mujer estaba guardando sus herramientas en una bandejita-. ¿Te gustaría ir a las bañeras de lodo ahora?

-Eh… sí… -Katara asintió tontamente. Descruzó sus piernas y estaba a punto de pararse cuando la curiosidad finalmente la venció. Agarró el respaldo de su silla y se volvió hacía las dos mujeres-. Disculpen… no pude evitar escuchar su conversación.

Las dos mujeres se volvieron por encima de sus hombros, ojeándola con desagrado por entrometerse en su conversación,

-Estás disculpada –escupió una, molesta antes de volverse a su amiga.

La maestra agua ignoró su tono.

-Esta casa de té. Por casualidad, ¿sabrás dónde está o cómo se llama?

-No, no sé –siseó-. ¿Ahora te importa? Estás siendo un poco grosera –Katara entornó los ojos.

-Lamento por molestarle –giró su cabeza y se puso de pie. Al alejarse hacia el otro cuarto, levantó su mano suavemente. Un grito resonó detrás de ella cuando las piletas de agua donde tenían sus pies explotaron en el aire, empapando sus batas. Una sonrisa ladina iluminó su cara al entrar en la habitación.

-Ey, Toph.

La maestra agua, con los ojos cubiertos con pepinos y cubierta de lodo, viró su cabeza ligeramente al lugar de dónde venía la voz de Katara.

-Ey, Katara. ¿Tuviste una agradable pedicura?

-Fue… gratificante –sonrió Katara. No tenía que haber controlado agua, pero tampoco ellas debieron haber sido tan rudas con ella. Podía haber sido peor. Podía haber congelado el agua. Una asistenta la ayudó a quitarse la ropa y meterse dentro de la tina llena del lodo burbujeante-. Creo que encontré algo que hacer después de que terminemos aquí.

Un pequeño gruñido señaló el interés de Toph.

-¿Te gusta el té?

-Sí –Toph se encogió de hombros-. ¿Quieres ir a tomar té? –preguntó, sorprendida en cierta forma. Katara podía ser más femenina que ella, pero tomar té salía de lo normal.

-Algo así –respondió Katara. Reclinó la cabeza mientras la asistente se arrodillaba detrás de su cabeza y comenzaba a aplicarle una máscara de barro-. Te diré luego, ¿está bien?

-Bien –musitó Toph-. ¿Llevaremos a Aang y a Sokka?

Katara por poco se encoge al oír sus nombres. Aang querría ir y Sokka… Sokka probablemente sacaría las cosas de contexto.

-Eh… no para esto.

Treinta minutos después, estaban bañadas y cubiertas en suaves toallas beige. Katara cerró la puerta del sauna detrás de sí al mismo tiempo que Toph, llevaba más piedras al fuego en el centro de la habitación. Katara controló más agua sobre las piedras, antes de tomar asiento en los bancos de madera, frente a Toph.

-¿Así que querías decirme? –inquirió la chica fríamente.

Katara inhaló profundamente.

-Creo que Zuko y su Tío están en la ciudad –respondió sin rodeos –Toph agrandó sus ojos color espuma de mar.

-¿Qué? –Se sentó derecha-. ¿Por qué crees eso?

-Escuché a dos mujeres hablando detrás de mí cuando me estaban haciendo los pies –explicó la maestra de ojos azules-. Estaban hablando sobre una casa de té que tiene un anciano que hace el mejor té en la ciudad…

-Oh, gran cosa, Katara –bufó Toph, inclinándose contra el banco de madera-. ¿Un viejo que le gusta el té? ¡Suenen las alarmas!

-¿Me dejas terminar? –replicó Katara. Se inclinó hacia delante-. Dijeron un anciano junto con un mozo con una cicatriz en su ojo izquierdo.

Toph hizo una pasa, dejando que el comentario se perdiera. Giró su cabeza y se encogió de hombros.

-Pudo haber sido cualquiera con una cicatriz en el ojo izquierdo. Digo, ¿Cómo estás siquiera segura que es… qué era? ¿Una quemadura?

-No estoy segura, es por eso que quiero ir a la casa de té.

-¿Estás loca? –resopló Toph-. Ni siquiera sabes si lo que decían esas mujeres era verdad.

-Las oí hablar sobre este boletín que había salido –divagó Katara, sin escuchar a Toph-. Apuesto que puedo descubrir donde está esta casa si conseguimos una copia.

-¿Acaso me estás escuchando? –Saltó Toph, con el ceño fruncido-. Ni siquiera sabemos como conseguir el boletín. Y estoy segura que Aang y Sokka no van a dejarte entrar por la puerta para que tú te fijes. O conmigo.

Katara miró a la maestra tierra.

-¿Quién dijo que les íbamos a contar?

Toph cerró los ojos y negó con la cabeza.

-Esta es una mala idea…

-Oh, vamos, Toph, no es como si no pudiéramos manejarlos –persistió Katara-. Y si están trabajando en una casa de té, en Ba Sing Se, de todos los lugares, ¿realmente crees que podrán hacer nada?

-No tengo miedo de lo que harán… -murmuró Toph para sí.

-¿Qué dijiste? –inquirió Katara., agregando más agua al fuego.

-Nada, nada... –Toph se encogió de hombros-. De acuerdo, bueno, Princesita. Iré contigo – sólo para asegurarme que no hagas nada que luego lamentarás.

-No te preocupes por eso –le aseguró Katara-. Todo lo que haremos será echar un vistazo, ver si están ahí, y luego irnos. Nada de confrontación. ¡Ni siquiera nos verán!

Toph se sintió a si misma asintiendo, a pesar de la sensación de terror que crecía en su estómago.

-Lo que tú digas, Katara…


-¿Mesa para dos? –la voz de la joven fue acompañada por risitas tontas y el joven mesero luchó para no fruncir el ceño.

-Aguarden un momento –dijo en un tono bajo y rasposo. Se volvió para observar el pequeño salón de la casa de té, buscando una mesa libre y oyó una ola de risitas a sus espaldas. Trató de no poner los ojos en blanco. Eran el décimo quinto grupo de jovencitas que entraban a la casa de té esa mañana y tenía el presentimiento de que no estaban ahí por el té. Arrugando sus ojos dorados señaló una mesa vacía en una esquina-. Síganme.

Las dos jóvenes fueron tras él dentro del negocio. Por el aspecto de su ropa eran de una familia bastante rica. Que estuvieran en un hueco contra la pared en esa casa de té era completamente la culpa de su Tío.

Mientras Zuko las acomodaba en la mesa, le dirigió una mirada asesina al alegre anciano que servía té y hablaba con otro grupo de muchachas al otro lado de la habitación. Él había animado al dueño a entrar en un concurso con la premisa de atraer más clientes. Por supuesto, el té de Iroh había ganado el concurso y encima en la recepción por el premio, alguien notó al pequeño mesero.

El mesero en su delantalcito monísimo, que fruncía el ceño entre las mesas. De lo otro que se percató Zuko fue que mujeres de todas las edades aparecían en la tienda en bandada con la excusa de "probar el té ganador". Pero esas exuberantes propinas que recibía y las miradas lascivas que le dedicaban las mujeres de mediana edad le hacían pensar otra cosa.

En la última semana, la tienda había estado dolorosamente llena. Él, el dueño y su Tío podían apenas controlar a la clientela; pero tampoco era que el dueño se quejara.

-Tío –llamó Zuko, sin dejar nunca de fruncir el ceño-, tenemos dos más.

-¡Maravilloso, Lee! –Exclamó el anciano, volviéndose y sonriendo acogedoramente a las nuevas visitantes-. Gracias por elegirnos hoy, señoritas. Lee, toma su pedido.

-Bien –respondió. Respiró hondo y enfrentó a las jóvenes que aparentemente estaban comiéndose con los ojos su trasero mientras estaba de espaldas a ellas. Tan pronto se giró, se sentaron derechas en sus sillas y sonrieron dulcemente-. ¿Qué puedo hacer por ustedes hoy?

-¿Cuál es el especial? –preguntó una.

-El té de Jazmín es el especial de la casa, excepto los fines de semana, cuando es el té verde o de ginseng –repitió Zuko, habiendo memorizado la propaganda.

-Tomaremos eso entonces –cabeceó la muchacha y sonrió. Zuko asintió y estaba a punto de volverse cuando lo llamó una vez más-. Eh… ¿Cómo te llamas?

-Lee –murmuró antes de correr como una flecha detrás del mostrador.

-Estamos atrayendo a casi una multitud –anunció Iroh, uniéndose a su sobrino detrás del mostrador y preparando algo de ginseng para las chicas al otro lado de la estancia-. Sabía que el concurso sería bueno para el negocio.

-Bueno, gracias a tu gran idea, Tío, se desvaneció nuestra oportunidad de permanecer desapercibidos –escupió Zuko, disgustado-. No puedo caminar diez pies sin que una chica me detenga y me pregunte si trabajo aquí.

-Lo dices como si fuera algo malo –le reprochó Iroh con un jadeo falso. Zuko arrugó más el ceño-. Son solo curiosas ¿Qué hay de malo con toda esa atención?

-Tú sabes que hay de malo con ello –gruñó Zuko. Puso la tetera en su bandeja y se alejó del mostrador. Escuchó a Iroh suspirar profundamente detrás de él. Para la mayoría de los hombres, ser desvestido por los ojos de las mujeres donde quiera que pusiera un pie fuera de esas puertas sería extremadamente halagador, pero ellos no necesitaban esa atención en ese preciso instante.

Varios ojos estaban atentos a sus, o mejor dicho su, movimiento. Se estaba volviendo loco. Había momentos en que desesperadamente necesitaba practicar fuego control, solo para aflojar sus músculos o liberar algo de tensión. Pero prácticamente todos en la parte baja de la ciudad sabían como se veía ahora. La cicatriz lo dejaba completamente en evidencia.

En verdad, se preguntaba exactamente por qué le había tomado tanto agrado a él. ¿La cicatriz no les disgustaba lo suficiente como para hacerlas huir? Había oído algunas mujeres y muchachas suspirar sobre la tragedia que era la cicatriz en su rostro; como si fuera un pecado tenerla. Tales comentarios le molestaban.

La cicatriz lo hacía quién era. No sentía que debía estar avergonzado de ella. También, estaban esas otras muchachas que pensaban que era misterioso y sexy. Eso era incómodo. Nunca había pensado en ella de esa manera. En silencio, fue hasta la mesa y colocó las tazas en la superficie plana.

-Gracias –agradeció una tímidamente al aceptar la taza de porcelana y se sonrojó.

-De nada –contestó Zuko, automáticamente. Les sirvió algo de té y se dio la vuelta.

-Eh… ¿Cuándo tienes un descanso? –Inquirió una de las chicas a sus espaldas-. ¿Te gustaría estar con nosotras?

Permaneció estático junto a la mesa, no sabiendo como responder a pesar del hecho de que ya se lo habían preguntado al menos una docena de veces.

-Quizás en otra ocasión –respondió con calma-. Estamos muy ocupados y mi Tío necesita mi ayuda.

Los suspiros decepcionados llegaron a sus oídos, pero siguió hasta el mostrador. Y semi consciente, pensó en Jin. Aparentemente, cualquier chica que no estaba peleando o dando órdenes alrededor, si se tomaba el tiempo de notarlo, lo hacia sentir así. Y tenía el presentimiento que su Tío encontraba un enfermizo placer en verlo tartamudear y decir cosas embarazosas.

-Hola, Lee –casi dejó caer la bandeja que llevaba. Viró en un instante; sus ojos encontraron los familiares de una joven con una desordenada mata de pelo castaño atado en una cola de caballo-. Luces ocupado.

Una parte de él estaba contento de que ella hubiera regresado, especialmente después del final más que vergonzoso de su cita la semana anterior. Había parecido reticente; pero lo escondía todo detrás de un rostro feliz y sonriente, pretendiendo que nada tan descorazonado como que él huyera de ella en medio de un beso nunca había pasado. Él había hecho su mejor esfuerzo por actuar casi normal.

Pero aún así, cada vez que la veía, no podía mirarla a los ojos. Se había sentido tan terrible por lo que había hecho esa noche. Su Tío le había dado un exageradamente largo discurso sobre la fragilidad del corazón de las mujeres jóvenes y lo insensatamente que había destrozado el de Jin. Iroh juró que Jin tendría té gratis si alguna vez volvía.

Cuando lo hizo, casi tres días después del "incidente", Zuko se disculpó por su rudeza, pero no explicó mucho realmente sus acciones. Jin le aseguró que estaba bien y que todavía le gustaría que fueran amigos. Incluso había sugerido que salieran juntos de nuevo… como amigos. Él sonrió ligeramente y accedió. Ahora estaban bailando en esa delgada línea entre la amistad y una posible cita.

-Hola, Jin… -dejó de hablar, débilmente. Zuko tragó con nerviosismo, sus ojos por todos lados buscando una señal de su Tío. Encontró a Iroh parado y charlando con uno de los ancianos que frecuentaban la tienda al otro lado del cuarto. Iroh no lo podía ayudar ahora. No que lo hubiera hecho-. Sí… estamos ocupados... –perjuró mentalmente. Se empujó a sí mismo del mostrador y se paró derecho-. ¿Te gustaría algo de té? –preguntó estúpidamente.

Jin sonrió.

-Me encantaría. Gracias.

Zuko asintió y la guió hasta una mesa libre en una esquina. Mientras colocaba una taza frente a ella, la puerta se abrió tras él.

-¿Podemos ir al zoológico de nuevo, mami? –rogaba la voz de un chiquito.

-Fuimos ayer, cariño –replicaba una voz de mujer-. ¿Mesa para dos, por favor?

-Síganme –clamaba Iroh alegremente-. No sabía que había un zoológico aquí.

La mujer rió entre dientes, sentándose.

-Bueno, recientemente, el Avatar creo uno justo afuera de los muros interiores, en los campos –explicó la mujer. Zuko casi derrama el té.

-¿Estás bien, Lee? –inquirió Jin, preocupada por que el agarre del joven sobre la tetera vacilaba.

-Estoy bien –afirmó. Siguió sirviendo el humeante líquido en su tazo mientras escuchaba al niño divagar a sus espaldas sobre el nuevo zoológico que había sido creado.

-¡Y voló en su planeador! –finalizó el chico.

Zuko entornó los ojos. Así que el Avatar estaba en Ba Sing Se. Puso de nuevo la taza en la bandeja y se dirigió al mostrador.

-Lee –llamó el dueño, asomando desde el cuarto trasero-. ¿Puedes preparar estas tortitas para la multitud de esta tarde?

-Sí, señor –respondió Zuko respetuosamente. Colocó la bandeja en la mesa y miró la fila de pequeños pasteles que servían por las tardes, cuando la muchedumbre de la hora del té empezaba a llegar. Sus manos se movieron rápidas sobre los pasteles, mientras su mente daba vueltas con la nueva información. Tenía que investigar la presencia del Avatar en la ciudad.


-¿Y por qué tenemos que usar esto? –inquirió Toph, mientras bajaban por las atestadas calles de la parte baja. Ella y Katara estaban vestidas con sus ropas verdes y amarillas, con el maquillaje ligeramente aplicado sobre sus rostros, abriéndose paso por la zona.

-Porque si nos ven, no quiero que sigan el azul hasta Aang –porfió Katara-. De esta forma, nos mezclamos.

-Pero con mi ropa ya me mezclaba –discutió Toph con el entrecejo arrugado-. No veo porque no podía venir con mi ropa de siempre.

-Se vería raro si uno de nosotras iba vestida y la otra no –le aseguró Katara-. No te preocupes, nos mezclamos completamente.

A pesar de que Toph no podía ver, no se tragó la afirmación de Katara. Casi podía sentir la mirada que los plebeyos le estaban dando a un par de muchachas con ropas que indicaban que pertenecían a la parte más alta. Era tan obvio, incluso para ella. Aún así, simplemente, suspiró profundamente y dejó que su amiga siguiera con su plan.

Después del spa, Katara la había arrastrado a casa para cambiarse. Había tenido suerte. Él único en casa había sido Momo, y Momo estaba repanchingado en el alféizar de la ventana al lado de dos pumas pigmeo. Si Sokka o Aang hubieran estado en casa, le hubieran preguntado y consecuentemente detenido de salir solas.

Después de dos horas, finalmente habían llegado a la parte baja. Y les había tomado otros cinco minutos encontrar donde estaba la tristemente célebre casa de té. La primera mujer a la que le preguntaron les dio la dirección y antes de que pasara mucho, se encontraron frente al pequeño negocio y contemplando la vista de una docena de mujeres luchando por conseguir un asiento adentro.

-Umm… parece que es popular –indicó Toph sin gracia.

-No me digas que hay una fila… -Katara frunció el ceño-. Grandioso… simplemente grandioso…

-Parece que está lleno. Quizás ni siquiera puedas echar un vistazo adentro –Toph se encogió de hombros.

-De ninguna manera, caminamos todo hasta aquí y nos perdimos…

- te perdiste. Yo no creía que esto fuera una buena idea.

-Tú estabas conmigo, así que las dos nos perdimos –protestó Katara. Volvió a mirar la casa de té-. Como sea, no necesitamos mirar adentro, solo tenemos que echar un vistazo.

-¿No puedes simplemente mirar por la ventana? –bufó Toph. Katara estudió la calle frente a la pequeña tienda. Las dos ventanas a cada lado de la puerta tenían las persianas cerradas. Meneó la cabeza.

-No puedo, no puedo ver a través de la madera –Katara arrugó aún más el entrecejo-. Me fijaré en los costados.

Katara dejó a Toph parada en medio al otro lado de la calle, y cruzó el sucio sendero para mirar detenidamente el callejón. Gruñendo, volvió junto a su amiga.

-No hay ventanas en los costados.

-Siempre podemos esperar –sugirió Toph, apoyándose contra otro edificio-. Tarde o temprano esta gente se irá a casa.

-No podemos esperar para siempre –replicó Katara. alzó la vista al cielo-. Para la hora que lleguemos a casa, ya estará oscuro.

La joven maestra tierra frunció el ceño. Primero quería ir a ver, pero ahora estaba vacilando después de dos horas de caminata.

-¿Entonces que estamos esperando? –Rugió Toph-. ¡Podemos entrar y terminar con todo esto!

-¡No podemos entrar! –Jadeó Katara, escandalizada ante la mera sugerencia-. ¿Qué hay si realmente son ellos?

-¿Qué van a hacer? –Rebatió Toph-. ¿Combatirnos? Se realista… con los Dai Li por todos lados, no tienen oportunidad.

Katara respiró hondo. Toph tenía razón. Sus ojos azules miraron rápidamente el pequeño negocio. De repente, se sintió nerviosa y empezaba a meditar su idea.

-No sé…

¿Era reticencia lo que había en la voz de su amiga? Toph frunció el ceño.

-¿Primero me arrastras hasta aquí, diciendo que tenemos que ver pero cuando llegamos, ya no quieres entrar? ¡Eso es todo! –Toph se irguió y se adelantó. Sus manos agarraron ciegamente los brazos de Katara y tiraron de ella hacia delante.

Katara agrandó los ojos tambaleándose hacia delante.

-¿Qué haces, Toph?

-¡Caminé dos horas hasta aquí y te seguí mientras vagabas sin rumbo por la ciudad! No me escuchaste cuando dije que no debíamos venir; insististe en venir. ¡Bueno, ya estamos aquí, Princesita! ¡Es muy tarde para echarse atrás! ¡Vamos a tomar té! –proclamó Toph determinante.

-¿Qué? –jadeó Katara. Luchó para zafar su brazo, pero encontró con que la chica de doce años era más fuerte de lo que parecía-. ¡Toph! –rogó, solo para ser ignorada.

Llegaron hasta la multitud en la puerta y Toph azotó el pie contra el suelo. Una ola de alaridos atravesó la muchedumbre de mujeres que se vieron repentinamente separadas en dos grupos a ambos lados de la puerta, permitiéndoles a Toph y Katara un camino libre al negocio. Confundidas y molestas, las mujeres fulminaron con la mirada a las recién llegadas mientras avanzaban.

Desde la entrada, el ofuscado dueño parpadeó tontamente ante la imagen de una chica rica arrastrando a su amiga tras de sí.

-Lo siento, señoritas, pero hay una fila…

-¿Sabes quién soy? –Demandó Toph sin rodeos. Katara se encogió. Conocía ese tono-. Mi nombre es Toph Bei Fong –exclamó, sacando de sus ropas con su mano libre la documentación de sello dorado-. De la familia Bei Fong de Gaoling.

El dueño jadeó al ver el brillante sello dorado e inclinó su cabeza, inmediatamente ofreciéndole disculpas. Katara gimió mentalmente.

Por favor, no nos dejes entrar. Por favor, no nos dejes entrar…

-Perdóneme, Señorita Bei Fong. Por aquí.

¡Maldito! Katara cerró los ojos derrotada. Empezó una nueva súplica.

Por favor, que no sea Zuko. Por favor, que no sea Zuko.

-Je –Toph sonrió, arrastrando a Katara por las puertas. El cálido y acogedor olor del té y los pasteles recién horneados llenaron el aire con un aroma hogareño y placentero-. Y dudaba de que entráramos.

La maestra agua tambaleó hacia delante, tropezando con sus propios pies, mientras luchaba por sacar su brazo del agarre de hierro de Toph.

-Está bien, Toph. Puedo caminar yo sola… -su oración quedó interrumpida cuando su hombro chocó con otro ser. Katara instintivamente levantó la cabeza, lista para disculparse-. Perdón por…

Un jadeo agudo oyó tras de sí y Toph se volvió.

-¿Katara?

Unos ojos dorados perforaban los azules de Katara, clavada en su lugar, su cuerpo completamente congelado y tenso. Su corazón corría desbocado y su boca ligeramente abierta, con los ojos bien abiertos conmocionados ante el rostro familiar y con la cicatriz del Príncipe desterrado de la Nación del Fuego.

-Oh, Dios…


Zuko colocó una bandeja de pequeñas tortas frente a Jin. Lo miró con curiosidad.

-Gracias, Li, pero no pedí ninguna torta.

Volvió su cabeza y se encogió de hombros.

-Mi Tío dijo que estas van por la casa –explicó sin convicción. Una enorme sonrisa iluminó el rostro de Jin. Bajó los ojos y se sonrojó ligeramente.

-Entonces, por favor, dale las gracias.

-Seguro –Zuko se llevó la bandeja vacía contra el delantal que cubría su pecho y echó un vistazo alrededor. Estaba prácticamente lleno. Y por lo que podía escuchar desde afuera, había un grupo más grande esperando por el té de la tarde. Hizo un paso y sintió la tierra moverse levemente bajo sus pies. Frunció el entrecejo.

-¿Sentiste eso? –le preguntó a nadie en particular.

-¿Sentir que? –repitió Jin, mirándolo con un pedazo de torta del tamaño de medio dedo en su boca.

Entornó sus ojos dorados y negó con la cabeza.

-No importa.

-¿Sabes quién soy? –Zuko pegó un respingo. Había oído esa voz antes. Era joven y femenina y la había oído… ¿pero dónde? Curiosamente, estiró el cuello hacia la puerta, solo para ver al dueño del local inclinándose efusivamente.

Debe ser solo otro cliente rico… pensó Zuko. Dejó pasar la voz y se volvió, a punto de dirigirse al mostrador cuando otra voz, una mucho más familiar, cortó su psique.

-¡Puedo caminar sola! –agrandó los ojos, sus pies clavándosele al suelo.

No. De todas las casas de té en Ba Sing Se… los dioses debían tener alguna especie de venganza contra él. Agarró la bandeja en sus manos con tanta fuerza que sus nudillos empezaron a ponerse blanco, se volvió para verificar sus sospechas. Justo cuando una constitución más pequeña de una chica en verde amarillento chocaba con él.

Inmediatamente, él verificó a la persona. Cabello castaño. Comprobado. Piel oscura. Comprobado. Ella levantó la cabeza, sus labios pintados de rojo a punto de disculparse por atropellarlo. Agrandó los ojos. Ojos azules. Comprobado. Mierda.

Su mandíbula se desencajó cuando ella lo miró. Su mente dio vueltas, tratando de decirle que solo estaba viendo cosas. Después de todo, la chica no estaba usando ni una pizca de azul. Entonces sus ojos lo traicionaron cuando aterrizaron en la fina línea azul del collar que sobresalía detrás de la tela verde en su cuello. Eso era una señal de su identidad si alguna vez hubo una. Desesperadamente, trató de razonar lo que estaba pasando.

Al fondo de su mente algo calzó en su lugar. Ahora sabía por seguro que el Avatar estaba en la ciudad. La chica de la Tribu Agua estaba allí, por lo que el Avatar también estaba. Y esta era la chica de la Tribu Agua… debajo del maquillaje, el peinado, y vestido del Reino Tierra que abrazaba sus curvas. Estaba bastante seguro.

-Oh, Dios…

Solo eso era quedarse corto.

-¿Katara? –Los ojos de Zuko pasaron a una chica más joven a su lado que la llamó por su nombre. Él la estudió. ¿Esa era la maestra tierra que estaba viajando con ellos? Su Tío le había hablado sobre ella y podía jurar que no se veía como eso. Estaba parada allí, con los ojos entornados mientras permanecía en su lugar. Era ciega, pero sabía que estaba pasando.

El cuarto se vio repentinamente lleno por una atmósfera tensa y pesada. Dos enemigos en una pequeña casa de té. Y no era como el episodio con Jet. Estos dos enemigos habían recorrido un largo camino. Él la había capturado. Dos veces. La había atado a un árbol, la había hecho paralizar con un animal, la había dejado inconsciente y había tratado de capturar a su amigo el Avatar.

Ella lo había congelado en un cúpula de hielo, congelado a muros de puro hielo y dejado inconsciente, le había dicho que saltara al río y se apartara de su amigo el Avatar. Ella sabía quien era en realidad. Ella sabía que era un maestro fuego. Ella sabía su verdadero nombre. Y ella podía revelarlo al mundo.

Es el fin... musitó Zuko para sí. Juego acabado. Tanto para mantener en secreto mi identidad. Arrugó los ojos y tensó su cuerpo, listo para pelear en un segundo.

Ella retrocedió, con sus ojos todavía brillando con horror y sorpresa. Su boca todavía abierta. Sus manos bajas e hizo un movimiento hacia su lado. Agrandó los ojos un poco más al darse cuenta que no llevaba su cantimplora de agua. No combinaba con el vestido.

Una pequeña sonrisa de suficiencia iluminó su cara. Las posibilidades estaban a su favor en esa pelea. Entonces, antes de que pudiera siquiera tomar una posición de pelea, otra voz cortó la tensión que llenaba el cuarto.

-¡Bienvenidas, señoritas! –Estalló Iroh, acercándose, sonriéndoles ampliamente a las dos jóvenes-. ¿Puedo mostrarles el especial de la casa? Para ustedes, a mitad de precio.

Zuko casi cayó de espaldas. ¿Su Tío estaba loco? ¿No sabía quienes eran? Quizás no las había reconocido.

-¿Cuál es el especial de la casa? –averiguó la maestra tierra. Caminó hasta donde estaba la campesina maestra agua y la agarró del brazo-. Vamos, Katara.

La chica de ojos azules de la Tribu Agua se puso rígida. Él observó todas las emociones bailar en su rostro. Era como si de repente, ella se diera cuenta de lo que estaba sucediendo y dónde estaban. Apretando los dientes, se enderezó y como si nada, apartó una mecha de su cabello castaño de su rostro.

-Mis disculpas –le dijo con una cortes inclinación de cabeza. él aún podía detectar un ligero temblor en su vez-. Te confundí con alguien más.

Volvió su cabeza y fue tras Toph. La maestra tierra mantuvo el firme agarre sobre el brazo de Katara, asegurándose que no se volteara de repente y lo atacara. Zuko las siguió con la mirada, receloso. Iroh las llevó hasta una mesa en la esquina, cerca del mostrador, y les hizo señas para que se sentaran.

Toph se sentó en la silla más cercana y Katara contra la pared. Con la mirada baja, las cejas fruncidas en concentración, como intentando unir todo lo que estaba pasando. Mientras tanto, Toph hablaba animadamente con Iroh.

-Entonces tomaremos el té de jazmín –ordenó Toph al anciano-. ¿Quieres torta, Katara?

-¿Mmm? –levantó la vista, obviamente, todavía perdida en sus propios pensamientos-. ¿Torta?

-Corren por la casa para los viejos conocidos –le aseguró Iroh con una sonrisa cálida-. Regresaré con su té en un minuto, señorita –les hizo una reverencia con la cabeza y anduvo como un pato hasta ir detrás del mostrador.

Inmediatamente, Katara se giró a Toph. La joven maestra tierra sonrió.

-Bueno, ya tenemos lo que vinimos a buscar.

-Así no era como quería descubrirlo –siseó Katara en voz baja-. ¡No puedo creer que me arrastrases hasta aquí! ¿Qué pasó con el plan?

-Ey, querías descubrirlos y yo no quería perder más de mi precioso tiempo –replicó Toph fríamente, recostándose en su silla-. Sólo relájate. Disfruta el té.

-¿Y si trata de envenenarnos o algo? –insistió Katara. hizo una mueca al oírse, sabiendo lo absurdo que sonaba. Para alguien que peroraba sobre el honor, Zuko realmente no parecía del tipo que las envenenaría. Y su Tío… definitivamente tampoco.

-¿El viejo?

-Bueno, no, no él… -dejó de hablar. Sus ojos regresaron al viejo general retirado detrás del mostrador. Parecía completamente en su elemento preparando el té-. ¿Pero qué hay de él? –sus ojos atravesaron el cuarto, hacia el joven mesero con… ¿un delantal?

Si pudiera contarle a Sokka sobre el delante, lo haría.

-Él no intentará nada –le aseguró Toph-. Él tampoco esperaba verte aquí.

Katara arrugó los ojos.

-¿Qué es lo que estás diciendo entonces? ¿Qué ellos no sabían que estábamos aquí?

-¿Se veía sorprendido? –preguntó Toph. Por el silencio de Katara, asumió que sí-. No te preocupes. Yo manejaré esto. necesitas trabajar tu sutileza, Princesita.

-¿Yo necesito trabajarla? –Se mofó Katara-. ¡Fuiste tú la que me arrastró aquí contra mi voluntad!

-Parte de ser sutil es saber cuando usarla y cuando ser directa –afirmó Toph. Katara puso los ojos en blanco.

-¿Es otra de tus lecciones en modales de sociedad? –gruñó.

-Aprendes rápido –sonrió la maestra tierra. Una sombra apareció sobre ellas y Katara giró la cabeza hacia el viejo general que colocaba la tetera sobre la mesa junto con dos tazas-. Entonces… -empezó Toph-. Escuché que es el mejor hacedor de té de la ciudad.

-Oh, eres muy amable –rió Iroh, ahogadamente, obviamente complacido con el halago. Colocó una pequeña bandeja con tortitas frente a ellas-. Pero en realidad, cualquiera puedo hacerlo una vez que aprende.

-Ya veo –asintió Toph-. ¿Has estado en la ciudad mucho tiempo?

-Tres semanas ahora –les contó Iroh-. ¿Y ustedes, señoritas?

-Casi dos –respondió Toph-. Ah, pero estoy siendo grosera. Mi nombre es Toph Bei Fong y esta es mi ayuda de cámara, Katara

-¿Ayuda de cámara? –saltó.

-Ahora no, Katara –la calló Toph, levantando una mano. Katara se cruzó de brazos y frunció el ceño, indignada por el título innecesario-. ¿Cuál es su nombre, señor? –inquirió educadamente la doce añera.

-Mushi –Iroh cabeceó-. Y aquel joven por allí es mi sobrino, Lee.

-¿Lee? –Katara no pudo evitar repetir el nombre, burlona. De todos los alias, ¿había elegido Li? Ella había creído que hubiera elegido otro nombre.

-Pero nos gusta llamarlo Júnior –Iroh esbozó una gran sonrisa y Katara le devolvió una sonrisita de suficiencia. Miró por encima del hombro de Toph al joven. Zuko aparentemente había escuchado su conversación, y agarraba la bandeja con fuerza mientras tomaba la orden de otra mesa.

-¿Júnior, eh? –Katara sonrió de oreja a oreja. Casi podía ver el vapor saliendo de él-. Le queda.

-Somos refugiados aquí –explicó Iroh, bajando la voz-. Como mucha gente, estamos tratando de empezar una nueva vida.

-Ya veo... –asintió Katara. Así que no estaban tras Aang. Volvió a mirar a Iroh. El anciano siempre parecía honorable… ella no creía que él pudiera mentir tan descaradamente. Después de lo que había visto cuando pelearon con la maestra del fuego azul en ese pueblo abandonado y todos esos carteles de buscado, se dio cuenta que estaba diciendo la verdad. Eran criminales buscados en su tierra natal y atacadas por su propia gente. Katara agrandó los ojos, recordando algo de repente-. ¡Tu hombro! –jadeó.

-¿Mmm? –Iroh alzó una mano y se frotó el hombro que Azula había destrozado-. Ah… está mucho mejor. Gracias por tu preocupación.

Su mirada se suavizó.

-Lamento no haber podido ayudarte aquella vez –admitió, culpable. Sus ojos parpadearon hacia Zuko, cuando el pasó-. Hubo cosas… que se interpusieron.

Iroh cabeceó.

-Es comprensible –musitó con su bondad innata-. Bueno, debo regresar a mis labores. Si necesitan algo, llamen a Lee o a mí mismo.

Las chicas asintieron. Toph comenzó a beber su té y Katara a picar algunas galletitas. Estaban a salvo. Incómodas, pero a salvo.

-Sigue siendo… raro –susurró Katara

-Puedo imaginarlo –meditó Toph. Su primera experiencia con el ex general había sido placentera, incluso optimista, y la primera vez que había tenido un encontronazo con su sobrino, había peleado lado a lado.

Sin embargo, para Katara y los demás… bueno, Toph había escuchado a Katara mencionar algo sobre un árbol una vez. Los delgados dedos morenos de la joven se estiraron para tomar la taza de porcelana. Despacio lo levantó y apoyó el borde contra sus labios. Su corazón casi se detuvo al encontrar los familiares ojos del príncipe desterrado sirviendo té al otro lado del mostrador.

No te atrevas a decir nada. Sus ojos la estaban fulminando. Katara sorbió un trago de su bebida y enfrentó su mirada.

Creo que no estás en posición de decirme que hacer, niño delantal. Le devolvió la mirada asesina. Niño delantal... esa era buena.

Zuko apretó los dientes y volvió a fijarse en el té que preparaba. La audacia de la campesina… fulminarlo a él con la mirada. Ella había sido una espina en su costado desde la primera vez que chocaron en el Polo Sur. Dejó la tetera. Pero él también había agarrado a esa anciana y los había amenazado a todos.

-Gracias por el té –se volvió y vio el rostro sonriente de Jin. Ella le entregó algunas monedas por la bebida-. ¿Cuánto es por las tortas?

-Son gratis –le aseguró Zuko, tomando sus monedas y guardándolas-. No te preocupes.

-Ah, está bien… -dejó de hablar. Parecía, en cierta forma, nerviosa y jugaba con sus dedos sobre el mostrador-. Ey, Lee –empezó, levantando la mirada a él-. Hay un festival de aquí en dos semanas.

-Está bien –respondió Zuko, insensible, dándole la espalda y mirando alrededor del mostrador buscando algunas tazas limpias.

-Habrá un montón de comida y música… incluso baile –añadió Jin, oyéndose esperanzada.

-Suena divertido –apenas estaba escuchando.

-Estaba pensando en ir… -no completó la frase, sugerentemente.

El asintió, distraído.

-Deberías.

Desde sus asientos, detrás del mostrador, Katara y Toph escuchaban como si nada.

-Vaya conversador… -murmuró Toph. Katara rió por lo bajo.

-Apuesto que la está amenazando –respondió en voz baja, lo suficientemente fuerte para que Zuko escuchara-. Uno pensaría que un príncipe tendría más modales delante de una chica.

Una bandeja se azotó contra el mostrador y Zuko se giró.

-¡Si tienes algo que decirme, campesina, dímelo! –exigió. Katara se enderezó en su silla y la mitad de los clientes se volvieron para mirarlo. Jin echó la cabeza hacia atrás. Nunca lo había visto así antes.

Zuko estaba inclinado con la parte delantera del mostrador, sus manos aferradas al borde mientras asesinaba a la joven maestra agua con la mirada. Antes de que Katara pudiera contestar, Toph soltó un falso jadeo de conmoción. Se llevó la mano libre al pecho-

-¡Nunca había sido tratada tan rudamente! –exclamó Toph, bajando la taza y frunciendo el ceño. Katara miró a Toph con una expresión interrogante-. ¡Quiero hablar con el dueño inmediatamente!

Los ojos de Zuko se levantaron e instantáneamente se encontraron con los desaprobadores de su Tío. Iroh arqueó una ceja, como si le preguntara que había hecho para molestar a las pobres chicas. El dueño ya estaba yendo hacia ellos y Zuko perjuró mentalmente.

-Señorita Bei Fong, ¿Hay algo que puedo hacer por usted? –tartamudeó el dueño, ofreciéndole a Toph una sonrisa.

-Sí –empezó Toph, sacudiendo su mano despectivamente hacia el mostrador-. Su mesero le gritó a mi ayudante de cámara. Su rudeza fue más que innecesaria.

-Perdóneme, Señorita Bei Fong. Será despedido inmediatamente –una pequeña oleada de pánico atravesó a Zuko. ¿Quién era exactamente la maestra tierra ciega que era tan poderosa como para hacer que la ciudad hiciera lo que ella quería? ¿Bei Fong? ¡Nunca había oído de esa familia! Y era él, Príncipe de la Nación del Fuego. ¿Todo el mundo conocía a su familia y tenía que disculparse con una humilde maestra agua con ropas del Reino Tierra? La vida lo odiaba

-No, no –protestó Katara, sacudiendo las manos frente a él-. No es necesario. Una buena disculpa será suficiente.

El dueño miró a Katara y luego a Toph para confirmar.

-Una disculpa estará bien y de paso un poco más de esas tortitas de tres capas – para llevar.

-Por supuesto, Señorita Bei Fong –concedió el dueño. Se enderezó y le hizo señas a Zuko para que se acercara-. Lee, por favor discúlpate con la ayudante de cámara de la Señorita Bei Fong.

Le temblaban las manos de furia al rodear la esquina. Entornando sus ojos dorados, fulminó a Katara con la mirada.

-Lo siento –le dijo, apretando los dientes.

-Pedí una buena disculpa –replicó Katara con una sonrisita de suficiencia.

Un día, borraré esa sonrisita de tu… Zuko inhaló profundamente. Calma, Zuko... calma... piensa en tu Tío. Tú no quieres darle más problemas a tu Tío. Es un pequeño precio que pagar por Tío.

-Por favor, perdoneme, señorita.

-¿Ves, no estuvo tan mal, o sí? –Insistió Katara, solo para fastidiarlo. Por dentro, ella soltó una carcajada malvada-. Estás perdonado, Júnior.

Le dedicó otra mirada asesina antes de inclinar silenciosamente su cabeza y volver al mostrador. Ella había golpeado un punto sensible con el comentario sobre los modales. ¿Quién se creía que era? Decir tales cosas cuando era probablemente ella quién no tenía ni una pizca de modales. Estúpida… hacerle perder su concentración y casi perder su empleo.

Con eso arreglado, el dueño fue personalmente a empacar los bocadillos para las chicas. Iroh se acercó.

-Gracias por eso. Le hubiera costado mucho encontrar otro trabajo –confesó.

Katara y Toph rieron ahogadamente.

-Puedo imaginarlo.

En el mostrador, Jin miró de soslayo a las dos jóvenes.

-¿Las conoces? –inquirió, curiosa.

-Coincidimos con ellas una vez o dos…

-¿En el circo?

-¿El circo? –Zuko arqueó una ceja, mirando a Jin como si hubiera perdido la cabeza-. Qué demo… ah… -Zuko asintió tontamente, agrandando los ojos-. Sí… en el circo –Jin rió como tonta y también asintió.

-Como sea, quería saber si querías ir al festival conmigo en dos semanas. Como amigos, por supuesto –agregó a toda prisa.

-Oh… bueno… eso depende del horario aquí –balbuceó Zuko estúpidamente-. Tendré que preguntarle al dueño primero para ver si puedo.

-De acuerdo, no hay problema –concedió Jin, sonriéndole-. Vendré más tarde esta semana por tu respuesta. ¡Gracias de nuevo! –lo saludó con la mano y se dirigió a la puerta. Tan pronto ésta se cerró tras ella, soltó un suspiro de alivio.

-¿Cuánto es lo nuestro? –preguntó otra voz. Una joven de piel oscura de repente ocupó su campo de visión. Katara estaba buscando en un pequeño monedero, a unas pocas pulgadas del mostrador, frente a él-. Comimos té y algunas tortas –sacó algunas monedas y lo miró, tan calmada como pudo-. Tu Tío dijo que eran a mitad de precio –añadió, ignorando lo rápido que le latía el corazón, y el sentimiento de resquemor punzando en sus entrañas.

-¿Qué estás haciendo aquí? –escupió en voz baja.

-Estoy tratando de pagar nuestro té y bocadillos –replicó Katara, sosteniendo algo de dinero y tratando de permanecer serena y natural-. También un plato de tarta de frutas y.

-No te hagas la tonta conmigo –rugió Zuko a media voz, inclinándose hacia delante, entornando los ojos-. El Avatar está aquí, ¿no es así?

Katara entornó también sus ojos.

-Pensé que tu Tío había dicho que eran refugiados tratando de empezar una nueva vida –siseó quedamente.

-Eso no es asunto tuyo –gruño.

-Bueno, el Avatar no es el tuyo, Júnior –rebatió. Dejó el dinero en el mostrador y se volvió bruscamente-. Vamos, Toph. Se hace tarde. No queremos meternos en ningún problema camino a casa.

Zuko estaba que bullía. La maestra ciega se paró de su silla y prosiguió hacia la puerta, con Katara tras ella. Iroh las detuvo en la puerta, sonriendo acogedoramente.

-Espero verlas de nuevo. Tal vez la próxima vez, podamos sentarnos y tomar té juntos –ofreció.

-Me gustaría eso –accedió Toph. Katara miró por encima de su hombro. No podía resistir una última burla al joven que le regalaba miradas de desprecio al otro lado de la estancia.

-Por cierto –se dirigió al mesero, con una sonrisa de suficiencia en sus labios pintados-. Lindo delantal.

Zuko agrandó los ojos al ver que ella le restregaba su situación actual de plebeyo. Estaba a punto de gritarle cuando salieron por la puerta. Iroh suspiró profundamente.

-Es bueno ver rostros familiares de vez en cuando –sonrió al volverse hacia Zuko-. ¿No es cierto, sobrino?

-Sí… -Zuko frunció el ceño, comenzando a desatar su delantal alrededor su cintura. Lo levantó sobre su cabeza y lo colgó en un gancho en la pared.

-¿Lee? ¿A dónde vas? –indagó Iroh. Vio la expresión determinada en el rostro del joven y arrugó el entrecejo.

-Dile al dueño que me tomaré el resto de la noche libre –indicó Zuko. Se dirigió hacia el cuarto trasero-. Volveré tarde esta noche, Tío.

-Lee –llamó Iroh, apurándose tras el joven. ¡Dioses, por favor díganme que no va a seguirlas!- ¡Lee, aguarda un segundo! –si estaban con el Avatar, debían de estar quedándose en la parte alta. Por la apariencia de sus vestidos, era bastante visible que estaban allí. Y la parte alta estaba atestada de Dai Li. Iroh atravesó el cuarto trasero y llegó a la puerta trasera. Se detuvo afuera y frunció el ceño. Zuko había desaparecido.


N/A – Por favor lean mi largo descargo sobre esta historia en mi perfil. Sepan que estoy escribiendo esto cuando estoy realmente aburrida en el trabajo y no tengo nada mejor que hacer, así que no la actualizaré casi todos los días como RdLl. Hay una posibilidad de que tal vez nunca la complete. Pero no se preocupen, no será algo épico que consista en dos docenas o más capítulos donde un día simplemente desapareceré de la faz de la tierra. :) Todo lo que pido es que esperen nada. Esto es un fic muy PWP (Plot? What Plot? ¿Trama? ¿Qué trama?). Gracias. :heart: DamageCtrl

-.-.-.-.-.

N/T: Lo completo, jeje, y son 7 maravillosos Cáps., más largos que mi cabeza. Espero que hayan disfrutado, me digan que les pareció la traducción y no me maten por lo que voy a demorar con los otros. Son larguisímos y hace dos días reempecé el colegio, buah, Muchas gracias desde ya. Que les guste, un beso y mucha suerte.

(Lo de tardar va también para Maestros de Tormenta Control :S)