Mis más cariñosas salutaciones, lectores/as de lo paranormal... digo de Fanfiction. Regreso con un lemmon para Digimon, aunque este caso sí que será llamativo a su propia manera, ya van a ver.

Finge y lamenta

Era ya un buen momento para descansar. Todo un día de trabajo duro había hecho mella en los ánimos de Sora, la cual sólo se dedicaba a echarse aire con una revista y beber un té helado a sorbos mientras oía todo lo que Mimí le estaba diciendo... o por lo menos fingía oírle parte del tiempo. La cosa es que estaba física y mentalmente abatida, por lo que sólo quería desconectarse de todo y de todos por un rato, y Mimí, como gran amiga que es, estaba allí precisamente para no permitírselo.

─ ¿Y bien? ¿Vas a decir algo o te quedarás así todo el día? ─ dice Mimí bastante fastidiada cuando se da cuenta que Sora la evadía.

─ Lo siento, pero es que estoy agotadísima ─ se excusa Sora mientras se endereza ─. Este día me ha caído verdaderamente fatal. Tal vez deba llamar a Tai y decirle que nuestra noche queda para otro momento.

─ ¡Frénale a la caballería, Sora! ─ Mimí alza su palma para enfatizar su llamado a que Sora parase ─ ¿Cómo se te ocurre posponer tu encuentro con tu pareja? La única excusa para llegar a ese punto que puede ser válida sería por la enfermedad o muerte de un amigo o familiar. Cualquier otra circunstancia puede darte una imagen bastante sospechosa, por si no lo sabías.

─ ¿Cómo que sospechosa?

─ Se nota que no sabes nada. Cuando pactas un encuentro con tu pareja, se entiende que te ilusiona estar allí y que no hay manera de que lo canceles o pospongas de buena gana, por lo que incluso estando agotada tienes que hacer un esfuerzo adicional para presentarte, aunque sea para hacer la mitad de lo que haces habitualmente.

─ ¿Estás loca, Mimí? ─ Sora frunce el ceño, como si Mimí le quisiera proponer algo extraño ─ ¿Cómo crees tú que estaré en condiciones de pasar la velada con Tai? Yo no soy una máquina ni tampoco la Mujer Maravilla.

─ Tal vez no, pero sí eres una humana, y los seres humanos, gracias a nuestro intelecto superior, podemos hacer algo que ningún otro ser vivo puede ─ Sora no entiende lo que su amiga quiso decir, obligándola a ir al grano. ─ Chica, que puedes fingir un orgasmo cuando estés en la cama con él.

─ ¿De qué estás hablando, enferma? ¿Cómo voy a fingir un orgasmo, y encima con mi pareja?

─ Pero si es algo bastante común, mucho más de lo que crees ─ dice Mimí con una simpleza que aterraba a Sora ─. Oh, vamos ¿Acaso crees que las mujeres somos inmunes a las preocupaciones a mitad de un acto coital? A los hombres les puede pasar, causando que pierdan su potencia a mitad del acto, y naturalmente le pasa a las mujeres cuando les entra una preocupación o desvarían mucho mientras están con su pareja. Son cosas indeseables, sí, pero son totalmente naturales e inevitables, así que lo que debes hacer no es tratar de esquivar ese hecho sino asumirlo. A todas nos pasa que estamos pasándola bien con nuestro chico y pareciera que llegamos a la mejor parte, pero de pronto todo se interrumpe dentro de tu cabeza, surgen preocupaciones y otras cosas, y entonces te das cuenta que ya no vas centrada, y terminas pensando "no me voy a venir, no me voy a venir, no me voy a venir...", y es allí donde irremediablemente debes fingir el orgasmo. Así te libras de la carga del sexo que ya no estás disfrutando y dejas a Tai creyéndose que te ha dejado satisfecha.

─ ¿Qué me dices? Para eso es mejor dejar en claro las cosas y cortar con el acto.

─ ¿Estás tarada? ─ aparece Kari e interviene en la conversación ─ Tanto que nos molesta que a ellos se les llegue a bajar el ánimo una sola vez siquiera y nos pongamos a recriminarles por eso. Nos pondríamos en el más absoluto ridículo si a mitad del sexo admitimos que tenemos un bajón o que nuestra mente de pronto divaga en otro lado.

─ Exactamente como Kari dice ─ apoya Mimí ─. Incluso si Tai lo supiese, igual tienes que montar ese teatro, que él igual se lo tiene que tragar si no quiere ser él quien quede mal ante ti. Recuerda el código de los hombres, y que son precisamente ellos quienes más lo toman en cuenta. Regla número 1: La mujer siempre tiene la razón.

─ ¿Y si por alguna razón nos equivocamos? ─ Sora se cruza de brazos.

─ Ahí está la regla 2. Si la mujer se equivoca, aplica la regla 1. Así es como las cosas funcionan, y si no le gusta se expone a que la mujer lo deje. Tan sencillo como eso. Mira a Kari, que ella va feliz de la vida fingiendo alguno que otro orgasmo, como todas las mujeres.

─ De hecho, yo finjo casi la mitad de mis orgasmos ─ la respuesta de Kari le hace ganarse la mirada de sus senpais.

─ ¿Qué wea? ─ dice Sora.

─ Ehh... Una cosa es que de vez en cuando finjas los orgasmos, pero casi la mitad creo que es mucho ─ opina Mimí.

─ A ver, déjenme explicarles: Lo que pasa es que no me estimulo casi con el sexo normal, el vaginal, y por eso tengo pocos orgasmos cuando lo hago así con TK. Pero en cambio el sexo anal y las estimulaciones manuales sí me satisfacen mucho más.

─ Ah, bueno, aunque eso ya sería cuestión de mandarte a ver con un sexólogo o algo, a menos que así TK ande contento así ─ Mimí se encoge de hombros.

─ ¿De verdad se están escuchando ustedes mismas? ─ Sora no era capaz de entender cómo Mimí y Kari hablaban con semejante convencimiento de lo que para ella eran simples sandeces ─ A mí me da igual lo que ustedes digan. Además, Tai comprenderá que ahora mismo estoy más agotada que los boletos de la final de un mundial el día del juego, así que podemos dejar nuestro encuentro para otro momento.

─ Sí, lo que tú digas ─ dice Kari con obvio escepticismo ─. Vamos, que lo mismo pensaba yo con TK, y mira tú que casi no hay día en que no quiera que por lo mejor de haga un pete o algo. Y de Tai no te hagas muchas ilusiones de que se lo tomará a bien. Más de una vez lo he visto jalándosela múltiples veces en un día, y no tengo dudas de que se pondrá de mal humor si lo cortas hoy.

─ ¿Has visto a tu hermano masturbarse? Eso es para escribir una novela ─ Mimí se muestra emocionada.

─ Es que mi hermano no era ni es precisamente el rey de la discreción, Mimí. Pensé que eso también tú lo sabías, que sobran las veces que iba de acampada con ustedes, y ya a esa edad empezaba con eso.

─ ¿Con 10 u 11 años? Eso sí es fuerte. Menos mal que aquí estamos aisladas para que el tema lo tengamos nosotras.

Sora niega con la cabeza y prefiere terminarse su té helado para pronto irse de allí. Ya había tenido suficiente escuchando a Mimí, para que encima viniera Kari a hacerle el juego. No entendía cómo es que ellas, tan recatadas alguna vez, cayeran en semejante práctica tan tonta. Simplemente no veía sentido a eso de estar fingiendo un orgasmo.


Al día siguiente

Sora había tenido otro día para el olvido. Su trabajo la venía consumiendo lentamente, como una flama consume una vela. Y lo peor es que ya había pospuesto para esa misma noche su encuentro con Tai, pues estaba convencida de que ahí sí estaría totalmente disponible. Hacerle un segundo desplante consecutivo a su novio sería sin duda un golpe duro. El trabajo sería el detonador de que la relación entre ellos se arruine, y ella no quería eso. Pero no le quedaba de otra que llamar a Tai para acordar otro momento. Pero antes de marcarle, escucha el timbre de la puerta, y al ir a abrir se encuentra con Tai, y por su cara se notaba que estaba entusiasmado.

─ ¿T-Tai?

─ Hola, preciosa. Me alegra ver que estás todavía con tu ropa con la que vienes de la calle, que así te ves especialmente preciosa.

Sora estaba en un predicamento en ese momento. La única opción que tenía era decirle que estaba demasiado agotada como para siquiera ver una película, que si acaso podrían ir a comer y hasta ahí, pero en eso baja la mirada y nota que Tai ya venía excitado y listo para la acción. Estaba claro que Tai no era alguien de hacer preámbulos cuando se antojaba de algo, pero Sora no entendía cómo es que venía a querer con ella precisamente ese día. Todo lo que tenía que decirle era que lo dejaran para otro momento. Eran unas cuantas palabras que no tenían mucha ciencia pronunciar, pero por alguna razón Sora no conseguía pronunciarlas.

En lugar de ello, Sora cometió el craso error de seguirle la corriente a Tai y llevarlo de la mano a su habitación. Sólo esperaba que sí pudiera disfrutar un poco haciendo el amor con su novio, y entonces podría mantenerse digna ante Mimí y Kari.


Habitación de Sora

Sora estaba en cuatro patas mientras Tai la penetraba con ganas y la sostenía firmemente de las caderas. Hasta el momento todo había ido bien, Sora estaba gozando como se debía del momento con su novio. En cualquier momento alcanzaría el orgasmo, cuando...

Chica, que puedes fingir un orgasmo cuando estés en la cama con él ─ suena de pronto la voz de Mimí en su cabeza.

Tanto que nos molesta que a ellos se les llegue a bajar el ánimo una sola vez siquiera y nos pongamos a recriminarles por eso. Nos pondríamos en el más absoluto ridículo si a mitad del sexo admitimos que tenemos un bajón o que nuestra mente de pronto divaga en otro lado ─ ahora era la voz de Kari la que sonaba.

...y entonces te das cuenta que ya no vas centrada, y terminas pensando "no me voy a venir, no me voy a venir, no me voy a venir...", y es allí donde irremediablemente debes fingir el orgasmo.

Sora estaba aturdida por esa repentina invasión mental de parte de sus dos amigas, haciendo que perdiese de pronto la sincronización con el goce sexual que hasta hace unos segundos tenía junto a su amado. Por momentos incluso era capaz de ignorar del todo que Tai tenía su pene dentro de ella y que se estaba moviendo con todas sus ganas. Eso sí que no era para nada normal.

La única excusa para llegar a ese punto que puede ser válida sería por la enfermedad o muerte de un amigo o familiar. Cualquier otra circunstancia puede darte una imagen bastante sospechosa, por si no lo sabías.

De hecho, yo finjo casi la mitad de mis orgasmos.

Así no se podía. El momento ya no le era placentero en absoluto, daba igual cuánto pusiera Tai de su parte. Sora no estaba para nada en capacidad para aportar lo suyo en el sexo, por lo que, contra todo lo que ella juraba y creía, empieza a gemir con bastante fuerza, fingiendo que se corría fuertemente.

─ ¡Síii! ¡Me vengo! ¡Me vengo, Taiiiiii!

Al momento de detener su grito, Sora se separa de golpe de Tai, dejándolo completamente extrañado, y la razón para ello es que, a su parecer, Sora se había corrido bastante antes de lo usual. Quiso pensar que sólo lo había logrado hacer mejor que de costumbre, pero él seguía todavía con ganas, mismas que ve que no podían ser satisfechas cuando Sora se cubre con las sábanas.

─ ¿Te encuentras bien, Sora?

─ C-claro que sí, tonto ─ responde Sora dándole la espalda a su novio para que no notase su gesto de vergüenza absoluta ─. Sólo es que el agotamiento y que me sentía bastante caliente me hizo bastante efecto. Sí, es eso.

Tai estaba perplejo por esa justificación. En su vida se había imaginado que algo así pudiera pasar, pero tuvo que darla por buena y dejarla descansar mientras él iba al baño a descargar el ánimo que todavía acumulaba.

Y en cuanto a Sora, sobra decir que en silencio se lamentaba por cometer tan blasfemo acto precisamente con su novio.


Al día siguiente

Mimí y Kari se habían encontrado en una plaza y estaban hablando sobre cosas de ellas, destacándose los mensajes que habían recibido de sus digimon desde su mundo. Hasta ese momento todo parecía haber ido bastante bien, lo cual les alegraba mucho. Durante la charla se encuentran con que Sora aparece también y la saludan de manera efusiva, aunque la elegida del amor se notaba encabronada, y mucho.

─ ¡Ustedes dos son unas perras malas! ─ suelta Sora, no importándole que hubiera gente cerca ─ De tanto comerme la cabeza he cometido algo imperdonable con Tai anoche.

─ Déjame adivinar... ¿Fingiste un orgasmo anoche? ─ dice Kari cruzándose de brazos.

─ ¿C-cómo es que lo sabes antes de que te dijera?

─ Es obvio, desde que me uní a la conversación ya se tocaba el tema de los orgasmos fingidos. Raro habría sido que fuese otra cosa lo que te pasó, tomando en cuenta el modo en que nos saludaste.

─ De verdad me reiría, pero es que creo que de lo fuerte de mis carcajadas podría deshacerme de mi garganta ─ dice Mimí con una sonrisa burlesca ─ ¿Qué fue lo que pasó con la mujer perfecta y vanguardista, la que no finge orgasmos ni aunque el cielo y la tierra intercambien su orden? Parece que tu invicto se ha caído, pero no te sientas mal por ello, que nadie es invencible.

─ Ustedes de verdad son unas... ─ a Sora no se le ocurría nada adecuado para decirle a su amiga y a su cuñada, y es que pensaba que nada podría ser un epíteto lo bastante fuerte ─ Pues que sepan que esto no se va a quedar así.

─ ¿De verdad? ¿Y cómo pretendes darle la vuelta? ─ dice Kari.

─ Pues que sean entonces dos orgasmos, uno tras otro, consecutivos, y de ese modo pretenderé dejar todo este tema en el olvido ─ Sora se cruza de brazos mientras pone cara seria.

─ Eso no te lo vas a creer ni tú ─ se burla Mimí ─. Sora, como tu amiga, sabes que te quiero y aprecio como que si fuésemos familia, y por eso mismo te advierto que debes tomar este asunto con más visión. No siempre la vas a tener todas a favor. Todo el mundo tiene altibajos, seguro como que el Sol sale al alba y se pone al ocaso, y tú no puedes considerarte inmune a eso porque sí. Debes ir con la corriente a veces, y de vez en cuando fingirás los orgasmos. Tan simple como eso.

─ Me niego a aceptar semejante lógica tan degradante ─ refuta Sora con desagrado ─. No voy a estar frecuentando orgasmos fingidos ni pienso quedar como una falsa. Ya verán que esta noche sí recupero la normalidad.

─ Pues suerte en eso. Esta mañana vi llegar a Tai a casa, y dos veces lo vi masturbándose con ganas ─ dice Kari, y las demás la miran extrañadas.

─ Tantas veces coincidiendo mientras ves a tu hermano complaciéndose a sí mismo... ─ Mimí se rasca una mejilla ─ Kari, suenas como norteña.

─ Sólo un poquito. Es que él fue mi primera fantasía sexual, y de vez en cuando sigo fantaseando con eso ─ admite Kari algo sonrojada.

─ Mejor sigo de largo ─ Sora afianza sus cosas para retirarse ─. Es una suerte que hoy no tengo mucho trabajo. Con toda seguridad estaré en buena forma con Tai, y les aseguro que no volveré a fingir nada. Es una lástima que no me gusta la idea de grabarme en acción, porque les restregaría la cara mi salud sexual.

─ Eso ya lo veremos ─ Mimí saca un pote de jugo y empieza a beber de él ─. Oh, y Palmon te manda un saludo.

Sora se va de allí, con la determinación en mente de darle la vuelta a lo ocurrido la noche anterior. No iba a aceptar que aquello se repitiera. Muy por el contrario, iba a llegar hasta el final haciéndolo con Tai tendría sus orgasmos con la normalidad de siempre.


Por la noche

Nuevamente Tai estaba en casa de Sora. Como la chica había estado en mejor condición, perfectamente habían empezando viendo una película, seguida por una deliciosa cena que Sora había preparado con esmero de manera anticipada, aunque Tai quiso "poner" de su parte y compró unos dulces para que fuesen el postre de aquella deliciosa cena. Y después de todo aquello, ya estando Sora más que lista para ponerse a valer, es quien da el primer paso y se besa a Tai mientras lo desnudaba con frenesí.

─ Hmmm... Sora, se nota que estás ansiosa ─ dice Tai bastante sonriente.

─ Cállate y empecemos de una vez ─ ordena Sora.

Tai se siente excitado ante la provocación de Sora. Esa chica sí que sabía ponerlo, y por esa razón es que le costaba mucho hacerse a la idea de que alguna vez no la tuvo a su lado de esa manera. Sora lo lleva hasta su habitación, desde donde lo desnuda pronto y empieza dándole una mamada con intensidad y deseo. Sí que tenía ganas, y Sora misma pensaba que aquello era apenas el comienzo de lo que realmente le deseaba hacer al castaño. Iba a ser una noche de sexo con todas las letras.

Pronto Sora también se desnuda, y Tai aprovecha allí para devolverle el favor. Sora empezaba bien aquello. Lo estaba disfrutando con auténtica locura. Ahora sí que lo ocurrido la noche anterior parecía condenado al olvido. Al momento de pasar a la cópula como tal, Sora se pone arriba y lleva el ritmo para así gozar al máximo de la bondad física que tenía Tai para ofrecerle.

En unos cuantos minutos ya estaba Sora lista para llegar al clímax. Era algo grandioso, dando igual todas las veces que sienta aquello. Tai pasa a estar arriba, sabiendo que Sora ahora perdía un poco el compás de su ritmo al estar cerca del orgasmo. El chico se movía con vigor y llegaba hasta el fondo de la vagina de Sora, acelerando así la llegada de Sora, cuando...

No siempre la vas a tener todas a favor. Todo el mundo tiene altibajos, seguro como que el Sol sale al alba y se pone al ocaso, y tú no puedes considerarte inmune a eso porque sí ─ otra vez escucha la voz de Mimí en su cabeza.

Raro habría sido que fuese otra cosa lo que te pasó, tomando en cuenta el modo en que nos saludaste ─ y otra vez Kari venía a fastidiar también.

Parece que tu invicto se ha caído, pero no te sientas mal por ello, que nadie es invencible.

Es que él fue mi primera fantasía sexual, y de vez en cuando sigo fantaseando con eso.

¡Biyomon digivolves a...! ─ aquello sí que era el colmo, que Biyomon también ande molestando en su mente.

Sora, como tu amiga, sabes que te quiero y aprecio como que si fuésemos familia, y por eso mismo te advierto que debes tomar este asunto con más visión.

Sora lamentablemente llega a un punto en que simplemente no lo pudo aguantar más. Otra vez su noche se había ido al caño cuando estaba por llegar a la mejor parte. El sexo había pasado otra vez a un plano tan secundario que ni siquiera lo estaba gozando. Así no tenía caso seguir, y lo peor es que Tai estaba dando lo mejor de sí para que Sora terminase de la forma más placentera. Maldiciéndose mentalmente a sí misma, Sora vuelve a recurrir a lo imperdonable: Empieza a emitir gritos para pretender que estaba alcanzando el orgasmo, e incluso aprieta la espalda de Tai con mayor fuerza, diciéndole así que podía detenerse. Tai se vuelve a sorprender por esas señales.

─ ¿Ya está? Vaya, te tardaste un poco más que ayer, pero igual ha sido rápido ─ dice el castaño con la verdad por delante.

─ Oh... s-sí... Es que no sé... Tal vez sea que esté en esos días y estoy más sensible de lo normal ─ Sora se apresura en improvisar aquella mentira, esperando que Tai cayese ─. O tal vez sea la comida, no sé.

─ Pues tiene sentido ─ reflexiona Tai, contento de al menos haberse venido una vez y no haber quedado a medias como la noche anterior ─. Bueno, si así quedamos, supongo que no nos queda otra que descansar.

─ Sí. Buenas noches, Tai.

Ambos se dan un último beso, y Tai se queda profundamente dormido muy rápidamente, mientras que Sora tuvo bastante dificultad para conciliar el sueño. El sentimiento de culpa la estaba abrumando. Aquello definitivamente eso no podía ser normal.


Al día siguiente

Mimí y Kari coinciden en la puerta de Sora. Ni falta hizo que se dijeran media palabra para saber que era precisamente Sora quien las había llamado hasta allí. Por un momento pensaron que Sora iba a presumirles que tuvo como cinco o seis orgasmos legítimos, que ni falta hizo fingir nada, pero se quedan ligeramente boquiabiertas al ver a Sora enfadada y con ganas de matar a alguien.

─ No sé cómo le hicieron, no sé qué me dieron ustedes dos, pero ustedes deben saber que todo es su culpa.

─ ¿Otra vez fingiste el orgasmo? ─ dice Kari, y Sora suelta una mueca de rabia.

─ Kari, no hagas preguntas que ya sabes la respuesta. Eso se guarda para hacer que los hijos mal portados confiesen sus travesuras ─ le dice Mimí ─. Y por cierto, Sora, nosotras no te dimos nada ni nos hizo falta. Lo que pasa es que le estás dando demasiadas vueltas a todo. Nos das más importancia de la debida, y entonces es que terminas fingiendo los orgasmos.

─ ¡Entonces hagan el favor de no volverme a atormentar con los putos orgasmos fingidos! ─ explota finalmente Sora, haciendo que Mimí y Kari retrocediesen un paso ─ Estoy hasta arriba del temita ese, que en lo que sale me cuesta horrores sacármelo de la cabeza, y ya me ha arruinado dos noches seguidas. Estoy cansada de llevar esto en la cabeza, convirtiéndose en un problema cuando menos conviene que lo sea.

─ Se nota que tienes mucho que aprender en el camino de la vida, amiga ─ Mimí se da el derecho de entrar, y tras ella va Kari ─. En primer lugar, te dije que es algo natural e inevitable. Algún día tendría que pasar, pero no tiene que ser en noches consecutivas. Tu problema con todo esto es que tratas el tema con tanta aversión que terminas mostrando incluso miedo. Temes que de un momento a otro puedas decepcionar a Tai y que tu vida sexual se arruine de golpe.

─ Eso es verdad. Dice cierto refrán que las catástrofes son peores como amenaza que como realidad ─ apoya Kari ─. El cerebro es el mayor y más importante órgano sexual. Detalles que tenga el cuerpo aparte, los orgasmos frustrados son fundamentalmente procesos de la mente que te descentran del acto sexual, siendo usualmente miedos, ira o frustraciones los que nos hace perder el camino para disfrutar a tope del sexo. En vez de preocuparte por la idea de que simplemente te van a fallar los orgasmos, lo que tendrías que hacer es asumir que de vez en cuando pasa, y que no hay razón para temer, y verás que eso no te atormenta más.

Sora no sabía si creerles. Sus palabras fueron precisamente las que le hicieron descentrarse de su objetivo de disfrutar del sexo. Pero las sonrisas de Kari y Mimí se veían demasiado sinceras para decirles nada.

─ Sora, lo que tienes que hacer es relajarte y no tener miedo a esas cosas. Si ha de pasar, pues que pase y punto ─ dice Mimí con un tono casi maternal ─. Pero recuerda siempre dejar en claro quién manda. No permitas que Tai te vea débil, no importa qué, o puede que se haga la idea de que él te puede dominar en la cama, cuando esa tarea te debe corresponder a ti. Es derecho divino.

Ahí sí que Sora se resistía las ganas de reír. Al menos eso era algo que ellas tres tenían en común. Gracias a esas palabras de ánimo, Sora se sentía mejor. Esa presión por querer estar por encima de los bajones a mitad del sexo ya no la sentía en absoluto, y debido a eso estaba segura de que la próxima vez le iría mejor.

─ Sólo quiero pedirles una cosa: No toquen más ese tema conmigo. Sencillamente me desagrada.

─ Parece que contigo no hay manera de hablar de esto. Pero está bien, como quieras ─ cede Mimí.


Por la noche

La velada en esa ocasión era en casa de Tai. Era extraño que a esas alturas, ya teniendo empleo, todavía viviese en casa de los padres, aunque en cierto modo Sora lo comprendía, cuando ella misma había sufrido horrores para conseguir vivienda propia, y Tai y ella habían procurado no vivir juntos como tal hasta después del matrimonio. El caso es que Sora vino a visitar a su novio y aprovecharía a hacer de todo con él, puesto que Kari había conseguido sacar a sus padres con el pretexto de visitar a unos familiares.

La pareja ni tiempo se dio para estar ambos completamente desnudos. Otra vez empezaron con intensidad, y su primera posición era un 69 que prolongaron por algo más de cinco minutos. Teniendo la mente completamente despejada, Sora llega a recibir su primer orgasmo, y esta vez no le hizo ninguna falta fingir nada, ni pasó nada por su cabeza en el momento crucial para reencontrarse con el apogeo de su propio placer físico. Tai pudo ver que Sora se había corrido, por lo que pensó que Sora iba a querer parar, pero Sora no se lo permite.

─ Esta vez no, Tai. La noche es larga, y apenas empieza.

─ Pues parece que ahora sí eres la Sora de siempre ─ Tai sonríe encantado.

─ Sí. Esa tontería de antes ya se me pasó, y ahora vamos a compensar todo el tiempo perdido, que estoy más caliente que una plancha...

─ Pues prepárate, que lo que voy a hacer no es precisamente enfriarte.

Tai y Sora se acuestan juntos y se besan por momentos. Pronto llega la parte del coito, y Tai se mueve rápidamente, como si intentara correrse a contrarreloj, pero eso, lejos de incomodar a Sora, le causaba una tremenda fascinación, pues igual recibía un montón de placer cuando Tai bombeaba a toda velocidad, y siempre alcanzando la entrada de su útero para que la besase con la punta de su pene. Los gemidos sonaban parecían música a los oídos del propio Tai. Por bastante rato estuvieron disfrutando, probando toda la gama de posiciones que se sabían para así compensar dos noches seguidas de sexo incompleto. Tanto Tai como Sora adquieren felizmente varios orgasmos ¿Cuántos? Ni idea, y de todas maneras no estaban interesados en llevar cuenta de eso. Esa noche era simplemente para dejarse arropar por el placer, no había más que pensar ni razonar.

─ ¡Sí, Tai! ¡Hazlo más fuerte, que me vengo pronto!

En esta ocasión Tai sostenía una pierna de Sora en alto para hacer que su vagina le apretase un poco más, y es que él también estaba por terminar, y quería hacerlo por todo lo alto. En sus rostros sólo se podía percibir la lujuria fuera de control completamente. Parecía que era la mejor noche en la vida de ambos, y Tai finalmente acaba al mismo tiempo que Sora. Ambos sueltan gemidos que resuenan por toda la habitación, aturdiéndolos un poco en el proceso mientras se dejan desplomar sobre la cama. Ambos estaban sonrientes y sudorosos, producto de esa noche de acción pura y dura, como si no hubiesen tenido una oportunidad así desde hace tiempo.

─ Fantástico. Has estado mejor que de costumbre ─ elogia Sora.

─ Y tú no te quedas atrás. Ese modo de moverse no lo creía posible ─ responde el chico antes de besarla.

─ ¿Quieren algo de comer? A mí ya me está dando hambre ─ aparece Kari, asustando a la pareja ─ ¿Qué pasa? Tengo ya más de media hora viéndolos hacer sus cosas, y ahora es que les viene a entrar la pena.

─ ¿No te habías llevado a nuestros padres, Kari? ─ dice Tai en tono de regaño.

─ Exacto. Dije que los llevé, mas no dije que me quedaría con ellos ─ Kari se cruza de brazos ─. Pero no me evadan la pregunta ¿Quieren comer algo, sí o no?

─ Está bien, prepara lo que quieras ─ Tai se envuelve con una sábana y se levanta ─. Dame un momento, Sora. Ahora mismo voy al baño.

─ Tómate el tiempo que quieras ─ le dice Sora y espera a que su novio se fuera para encarar a Kari ─. Menos mal que esa tontería se acabó. Realmente he quedado a gusto.

─ Pues te felicito por ello ─ dice Kari con una sonrisa ─. Y vaya que compensaron todo. Estuvieron tan intensos que no pude evitar tocarme un buen rato mientras los veía.

─ Kari, no mates el momento.

Fin


Un OS menos en la lista de pendientes que tengo. Esto lo terminé precisamente para subirlo hoy, primero de octubre, por el cumple del colega que me hizo la solicitud de escribir esto, me refiero a MAZINGER-TAIORA. Una historia un tanto bizarra, en el sentido anglosajón de la palabra (de pronto soné como Dross), pero igual espero que les haya agradado aunque sea un poco. Todavía me queda un montón de peticiones, de pronto tengo mis dudas de si este año será suficiente para cumplirlas todas (es que también tengo ideas propias que no quiero dejar a un lado), pero saben que tarde o temprano algo bueno ha de salir.

Hasta otra