NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola a todos!

Uff, bueno, bueno... saludos a todos. A quienes leyeron mi fic "Vistazo", aquí les traigo por fin mi nuevo proyecto. Me tomó más tiempo del que creía acomodarlo.

En un momento mientras lavaba los trastes con música de La Bella y la Bestia de fondo, me apareció la canción "Nevermore" y como tenía muy presente a los personajes de Star Wars porque aún estaba escribiendo "Vistazo" se me cruzaron los cables e imaginé que el tema quedaba muy bien en un Vader dejando ir a Padmé. La idea fue primero un one-shot, pero me agradó mucho y decidí hacerlo un long-fic.

He aquí el resultado, que espero les guste.

AVISO.-Esto es un UA (Universo Alterno) está fuertemente basado en La Bella y la Bestia, no será igual, pero sí intenté respetar la atmósfera de cuentos de hadas. Eso quiere decir que algunas situaciones, personajes o lugares podrán modificarse ligeramente por el bienestar de la historia, y no esperen que sea totalmente apegado a las normas del universo Star Wars, sin embargo, les aseguro que todas las libertades que me tomé fueron por el bien de la trama.

AVISO 2.-Este será más un Vader/Padmé, y no, Vader no será tan ruin como puede llegar a serlo (repito: atmósfera de cuentos de hadas) pero tampoco será bueno al inicio. Lo comento porque, si bien no habrá escenas realmente fuertes, si no les gusta el tipo de dinámica amor/odio entonces este fic no para ustedes.

Ah, también modifiqué sus edades. Padmé tiene 24 años y Vader 31. Ya verán porqué más adelante c:

Sin más que decir por lo pronto, los dejo con el capítulo 1, que es introductorio ¡Disfruten!


LA BELLA Y EL SITH

by

Nefertari Queen


Prólogo

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, un niño esclavo perdió todo lo que amaba y terminó siendo prisionero de un malvado Lord Sith. A pesar de las torturas, los castigos y las crueles enseñanzas del Lord Sith, el niño mantuvo la esperanza de que la oscuridad sería derrotada, y él podría ser libre. Al pasar los años, buscó la ayuda de un caballero Jedi, pero antes de que el muchacho pudiera explicarle que era un esclavo, el Jedi vio la oscuridad que lo rodeaba y creyó que era una amenaza, así pues, los dos pelearon. Desesperado e intentando sobrevivir, el muchacho usó la oscuridad para protegerse, y fue terriblemente herido. Avergonzado por sus fallas, cargando con la culpa de sus errores, el muchacho se desterró a sí mismo lejos de toda civilización, ignorando a todos los que lo necesitaban, y comenzando a odiar a la galaxia que lo había abandonado. En su aislamiento, el muchacho se volvió más solitario, y comenzó a perder todo rastro de fe, porque ¿quién podría algún día intentar comprenderlo?

Capítulo 1

Una chica rara

Mire, ahí va esa chica tan extraña

Es distraída como ves

No es de nuestra sociedad

En las nubes siempre está

No hay duda que una chica rara es

Padmé Naberrie no era una persona que se rindiera fácilmente, y quizá por su insistencia muchas personas en Theed la llamaban "rara"; caminando por las bulliciosas calles de la capital de Naboo, con cuadernos en sus brazos, Padmé no quitaba su vista de su objetivo: el enorme y precioso Palacio Real. Desde que era una niña, Padmé miraba al Palacio dejando que su magnificencia le quitara el aliento, y ahora que tenía veinte y cuatro años, ese sentimiento no había cambiado.

Llegó a la explanada del palacio y dio pequeños brincos al subir los escalones, sin importarle que algunas personas la vieran de reojo con extrañeza. Los Guardias la dejaron pasar a los corredores externos, donde todos los ciudadanos podían acudir para buscar ayuda o asesoría, y se movió con destreza hasta llegar a una puerta, la cual abrió sin siquiera tocar.

—¿Padmé? ¿Eres tú?

Un anciano de rostro sereno se asomó desde el escritorio al fondo de la oficina, y Padmé cerró la distancia entre ellos sentándose frente a él.

—¡Buenos días, señor Lorrein!—saludó Padmé—Aquí traigo corregidos todos los discursos que me dio el día de ayer, y también algunos borradores para otros temas que podrían ser de utilidad en el futuro.

El señor Lorrein, consular de la Reina, miró los apuntes de Padmé con asombro, cada anotación estaba perfectamente bien escrita y los borradores tenían anexados esquemas para simplificar los conceptos.

—¿Tiene otra labor en la cual pueda ayudarlo?

—No desde ayer—respondió Lorrein con una sonrisa—¿Cómo te las ingeniaste para terminar esto tan rápido?

—Es que no tenía muchas cosas que hacer en casa.

Lorrein asintió, viendo los diversos cuadernos llenos de manuscritos y ocultando una mueca. Era una pena que una mujer tan bonita e inteligente no pudiera desquitar sus habilidades, quizá de haber vivido en la época antes de la Crisis, los talentos de Padmé hubieran sido mucho mejor apreciados.

—Te agradezco esto, Padmé, tus atenciones siempre consiguen armonizar mi día—le dijo con una sonrisa—¿Por qué no vienes mañana temprano? Quizá mañana tenga algún deber que te pueda ceder.

—Claro que sí, pero ¿podría prestarme uno de sus libros?

—Desde luego, ¿cuál quieres?

—El Tomo V de las Leyes de la República, por favor.

El señor Lorrein asintió, y sacó el pesado libro del estante detrás de él, tendiéndoselo con cuidado. Padmé lo acurrucó contra su pecho, casi con cariño, despidiéndose y saliendo de la oficina. Sabía que esa muchacha conocía al derecho y al revés las leyes de Naboo, y al ritmo que iba, pronto todas las de la República. Era ingeniosa, y muy astuta, solo le faltaban un par de lecciones en diplomacia para ser una política completa; Lorrein suspiró, si los tiempos fueran distintos, ella sería una excelente adición al personal del palacio.

Padmé caminó por los corredores exteriores aún sonriente, el Tomo V era el último recopilatorio de las leyes de la República, y con este texto podría terminar sus estudios y apuntes sobre la legislación principal del gran cuerpo gubernamental de la galaxia. Bajó los escalones de la explanada, tristemente consciente de las miradas condescendientes que muchos guardias y políticos le dirigían, y haciendo lo mejor posible por ignorarlos.

—¡Padmé!—al escuchar su nombre, la susodicha se detuvo, pero suspiró cuando vio quien la llamaba: Palo.

Palo Andelerrie era tres años mayor que ella, y el político más joven en todo Naboo. Se conocían desde que eran niños, y en ese tiempo, había sido un agradable compañero de juegos. Pero ahora, Padmé tenía muchos sentimientos encontrados hacia él, y no ayudaba que Palo todo el tiempo intentaba acercarse a ella.

—Hola Palo—lo saludó, forzando una sonrisa—¿Cómo has estado?

—Muy bien, no me sorprende en absoluto verte por aquí—respondió usando esa sonrisa coqueta que siempre deslumbraba a las demás muchachas—¿Te molesta si te acompaño a tu casa? Yo también voy a la mía.

Lamentablemente, los dos vivían muy cerca.

—Está bien—dijo, sin encontrar una respuesta amable para rechazarlo.

—Déjame ayudarte con eso—Palo extendió la mano señalando hacia su libro.

—No es necesario.

—Insisto, podrías comprometer mi reputación.

—¿Cuál reputación?

—La de ser un excelente caballero.

Suspirando, Padmé le pasó el libro, ¿en qué momento ese chico de ojos dulces se volvió un sujeto pesado?

—Leyes de la República, Tomo V—Palo leyó el título con el ceño fruncido—¿Aún sigues leyendo estas cosas obsoletas?

—Hasta donde yo sé, la República aún existe—replicó ella.

—Hasta donde yo sé, lleva diez años en crisis—Palo acomodó el libro bajo su brazo—No hemos sabido nada de Coruscant ni de ningún otro Mundo del Núcleo en una década. Creo que eso califica como un gobierno ausente, por ende, inexistente.

Aunque Padmé quería con todas sus fuerzas argumentar en contra de él, debía admitir que Palo no estaba errado. El bloqueo ya se había extendido más de diez años, y cada vez menos personas tenían esperanza de que fuera a terminar.

—¿Tú crees que esta crisis terminará algún día, Palo?—preguntó en voz baja.

—¿Cuál crisis?—repuso él con una media sonrisa—Estamos muy bien aquí en Naboo. No nos falta nada, el pueblo está contento. No creo que debamos preocuparnos.

—No todos la pasan bien—continuó ella—Hay muchas personas que tenían familia viviendo en otros mundos, la propia Senadora Adele estaba en Coruscant cuando todo esto empezó, ¿qué será de esas familias? Ni siquiera sabemos si esos Naboonian siguen vivos.

—Ya pasaron diez años, supongo que entienden para este punto que ya no regresarán.

Padmé frunció los labios, por supuesto que no. Si sus padres, o su hermana, o alguna de sus sobrinas estuviera en los Mundos del Núcleo, podrían pasar cincuenta años sin que ella dejara de tener la esperanza de volver a verlos. Estaba convencida de que esas familias aún esperaban a sus seres queridos.

—Yo no lo creo.

—Siempre he admirado tu espíritu—dijo Palo—Tu gran optimismo es… reconfortante.

Palo pronunció la palabra casi como un insulto, y Padmé frunció el entrecejo.

—La República es uno de los más grandes logros en toda la galaxia. Siempre abogaré por hacer lo que sea necesario para mantenerla.

—Más bien, fue un gran logro—continuó Palo—En su fundación y primeros años, alcanzando un gran esplendor. Pero su decadencia era notoria, y la mayor prueba es su colapso actual.

—Puede ser.

—No, Padme, lo es. Sé que te gusta la política y adoras aprender, pero deberías enfocarte en otras cosas.

—¿Cómo cuáles?—preguntó con desdén—¿Casarme y tener hijos?

—¿Por qué no? Tu hermana Sola lo hizo.

—Sola es diferente.

—No tanto. Ella también aspiraba a una carrera política ¿no es verdad? ¿qué quería ser ella?

—Princesa de Theed.

—Sí, eso. Y no pudo, porque la política de Naboo es muy sencilla ahora. Sin la República, no hay muchos cargos que ocupar ni tantos debates que atender. Todo es más simple. Tu hermana lo entendió, y cuando no fue electa, decidió continuar con su vida y hacer su familia. Deberías considerarlo también.

—Pero no es lo mismo, Palo—la voz de Padmé sonaba contenida—Sola y yo somos distintas. Además, cuando se convocaron elecciones yo era muy pequeña para ser candidata. Habrá elecciones pronto, y yo podría postularme en ellas.

—¿Postularte en qué? Supongamos que te postulas, si no ganas esas elecciones, ¿esperarías otros cinco, ocho, o diez años para ser candidata de nuevo?

—¡Claro que sí! Lo que sea necesario—Padmé lo miró de frente—Yo sé lo que quiero, y no me importa esperar por ello.

Palo suspiró, su mandíbula tensándose por el mal humor, a él nunca le había gustado que alguien le llevara la contra. Francamente, Padmé no entendía cómo conseguía trabajar en el palacio, considerando que su carácter era todo lo opuesto a lo que un funcionario debería ser.

No volvieron a hablar en los diez minutos que tardaron en llegar a la casa de Padmé, una vez dieron la vuelta en su calle, vieron a Jobal Naberrie esperándolos desde la puerta, saludándolos con una mano.

—¡Palo, pasa!—dijo Jobal con una sonrisa encantadora—Gracias por acompañar a mi hija ¿no quieres almorzar? Ya voy a servir la mesa.

—Gracias, señora Naberrie, pero tengo que ir a mi casa, me espera mi madre—respondió Palo con tono galante—Nos veremos pronto, Padmé.

—Adiós.

Palo le regresó su libro y siguió caminando hasta su casa, cuando estuvo a una distancia prudente, Jobal miró a su hija con exasperación.

—No sé qué esperas, Padmé—dijo—Ese hombre no estará detrás de ti toda la vida ¿sabes?

—Mamá, por favor, no menciones esas cosas.

—Alguien tiene que hacerlo, cariño, debes comenzar a pensar en tu futuro.

—Estoy pensando en mi futuro—replicó Padmé, mostrándole el enorme Tomo V a su madre—Ya terminaré al fin mis estudios sobre legislación de la República.

Jobal Naberrie miró el enorme libro en las pequeñas manos de su hija con una mueca de resignación, nunca entendería de dónde había sacado Padmé tanta terquedad. En su juventud, Jobal y Ruwee habían sido funcionarios menores, y durante un tiempo Sola también lo intentó; pero los tiempos habían cambiado, Naboo ya no era lo que antes fue, y todos parecían aceptarlo menos Padmé.

—Eso es muy bueno, amor—dijo Jobal—Pero…

Las palabras de Jobal se perdieron cuando dos pequeñas niñas salieron corriendo de la casa, arrojándose a los brazos de Padmé.

—¡Tía Padmé!—saludaron ambas.

—Hola mis amores—Padmé besó la cabeza de cada una de las niñas, devolviéndoles su abrazo—¿Cómo estuvo hoy la escuela?

Ryoo, su sobrina mayor, tenía siete años y llevaba semanas hablando sobre las nuevas lecciones de música, mientras que Pooja, su pequeña consentida de cuatro años de edad, hablaba sobre todas las cosas que hacían sus compañeros de clase.

Jobal miró la natural interacción entre su hija y sus nietas, Padmé siempre había sido atenta con los niños, y cuando sus sobrinas nacieron, formó un vínculo con ellas en sus primeros meses de vida. Tenía el don maternal, Jobal no tenía la menor duda, y muchas veces se preguntaba cómo sería ver a Padmé cuidando o jugando con sus propios hijos, y en la indudable alegría que eso traería en su vida.

—¿Enserio dijo eso tu amiga Rubi?—Padmé miró con exagerado espanto a Pooja—¡Eso fue grosero! ¿qué le respondiste tú?

—Le dije que era mala, y le di un golpe en el brazo.

—Pooja, mi amor, sabes que no debes hacer esas cosas—intervino Jobal, haciendo lo posible por no reír.

—Lo sé, pero se lo merecía.

—Deja que Sola se encargue de eso, mamá—dijo Padmé divertida, sonriéndole a su sobrina—Vamos a almorzar, encanto.

Las niñas corrieron a la cocina, ayudando a su tía y abuela en cosas menores mientras éstas iban acomodando la vajilla en la mesa del comedor; una vez que las niñas estuvieron distraídas, Jobal retomó su conversación.

—Padmé, siempre contarás con mi apoyo—dijo—Pero, además de tus aspiraciones políticas ¿no has pensado en otros aspectos de tu vida? No sé, como…

—¿Casarme?—respondió Padmé con fastidio—¿Tener hijos?

Pooja comenzó a corretear a Ryoo hacia la sala, y ambas niñas giraron alrededor de la mesa, "Tengan cuidado" les dijo Padmé, mientras su madre seguía hablando.

—No estoy diciendo que lo hagas de inmediato hija, pero deberías al menos considerarlo. Palo es un buen hombre, y un gran partido. Además, trabaja en el palacio ¿no sería eso de ayuda si quieres dedicarte a la política?

Vio de reojo a su hija morderse el labio, conteniéndose de decir algo inapropiado con dos niñas presentes.

—Palo es agradable mamá, pero no lo veo así—dijo Padmé—Y tenemos puntos de vista demasiado distintos sobre política.

—¡Es mejor! ¿no? Alguien que te reta, que te empuja a ser mejor.

—Palo no me reta en absoluto, tenemos visiones distintas, pero sus argumentos no son originales, jamás ha conseguido hacer que yo cambie de opinión.

—¿Y qué tiene eso de malo?

—Supongo que nada—Padmé terminó de acomodar la vajilla y se dispuso a doblar las servilletas—Pero no es para mí. Siempre parece tan condescendiente conmigo, y eso me desespera.

—No lo sabrás si no le das una oportunidad—continuó Jobal, sin quitar el dedo del renglón—Y eso es todo lo que pido, que lo consideres.

Padmé no respondió, y comenzó a seguir los juegos de sus sobrinas. No mucho después llegó el resto de la familia para almorzar, haciendo que el pesado ambiente entre Padmé y su madre desapareciera.

.

.

.

Ruwee miró a su hija menor, era evidente que Padmé estaba frustrada; lavaba los trastes con desdén, sus movimientos siendo casi agresivos, y no había que ser muy inteligente para atar cabos: su hija y su esposa estaban de mal humor, y solo había un tema en toda la casa que podía poner a ambas en esa situación.

Suspirando, Ruwee Naberrie se quedó en el umbral de la cocina, pensando un poco antes de hablar con su hija. Sola era inteligente y bondadosa, hubiera sido una buena política, pero como su primogénita sabiamente dijo: ella no tenía tanta ambición. Para Sola, sentar cabeza era tan reconfortante como sentarse frente al escritorio a trabajar. Incluso si hubiera sido electa princesa de Theed, no habría intentado correr por otro puesto terminados sus periodos, viendo su objetivo terminado.

Pero Padmé era distinta, su hija menor era ambiciosa y no solo eso, voluntariosa también. Ella tenía en su mente muy claro lo que deseaba, no quería una vida tranquila, no, ella quería dedicarse al servicio público con una pasión que sería admirable en cualquier otra época. Era desesperante para él no poder ofrecerle a su hija los recursos para que desquitara su potencial, de no existir la maldita crisis, Ruwee hubiera llevado a Padmé a todo tipo de programas políticos para menores, incluso pudo haber sido reina.

La triste realidad era que eso no era posible ahora, Naboo estaba paralizado, como el resto de la galaxia, y no existían trabajos políticos en los que una joven, entusiasta e inteligente muchacha pudiera obtener experiencia.

Era como ver a una preciosa rosa florecer en medio de un basurero, cuando debería estar al centro de un jardín, donde todos pudieran apreciarla.

—Tu madre me dijo que trajiste una nueva adquisición a la casa—dijo Ruwee, buscando una forma de contentar a su hija.

—Sí, el Tomo V.

Al mencionar el libro, el rostro de su hija se iluminó, y se secó las manos para ir por el tomo y mostrárselo, Ruwee apreció el encuadernado por varios segundos.

—¿Ya lo empezaste?

—No, estaba terminando de limpiar.

—Ve, yo termino aquí—dijo, quitándole el trapo de las manos—Diviértete.

Padmé esbozó una enorme sonrisa y besó la mejilla de su padre, Ruwee la miró irse con una expresión resignada. Daría todo para que su hija fuera feliz.

Una vez en su alcoba, Padmé comenzó a preparar su mesa de trabajo, sacando sus apuntes y acomodando el libro en el atril; estudiar siempre la emocionaba, incluso desde que era una niña. Recordaba muy bien colarse al estudio de su padre –un profesor universitario– para leer los apuntes de su padre, Ruwee siempre la sentaba en sus rodillas y le mostraba grosso modo los libros y mapas de temas que veía en clases. Siendo una niña de papá, para Padmé no había nada mejor que recargarse en el pecho de Ruwee y escucharlo hablar con pasión sobre sus materias.

Acomodó sus apuntes en el escritorio, notando los cinco cuadernos que ya había llenado con sus percepciones sobre las Leyes de la República, y al encontrar una hoja en blanco, retomó su labor.

Las Leyes de la República eran muy apasionantes, porque habían cambiado bastante con el pasar de los siglos. Conforme más sistemas se unían al gobierno central, más cambios debían hacerse, en orden de que todos los sistemas fueran libres y estuvieran conformes. Padmé admiraba la democracia que había surgido en los Mundos del Núcleo, esa idea de debatir para llegar a un acuerdo en el que todos, o al menos la mayoría, estuvieran de acuerdo, para mantener la paz.

Naboo era un planeta democrático, a pesar de sus títulos reales. El pueblo elegía a sus gobernantes, que formaban una corte real, otorgándole así un tratamiento muy distintivo en el resto de la galaxia. Ese sistema había funcionado perfectamente mientras Naboo era parte de la República, pero con la actual Crisis, era evidente que las leyes internas del planeta tendrían que cambiar en el futuro, y Padmé deseaba ser parte de eso.

Anteriormente, las plazas políticas de Naboo eran numerosas y exigían un nivel de excelencia muy superior al de otros funcionarios en los sistemas vecinos. Pero ahora, sin necesidad de atender embajadas o consulados, y con pocos problemas internos, la política en Naboo estaba relegándose a una clase de élite que conseguía resolver todos los asuntos antes de que debiera debatirse. La Reina Kamila no necesitaba muchos consejeros o funcionarios para ayudarla, y las ciudades tampoco ocupaban mucha burocracia para mantener el orden dentro de sus jurisdicciones. La gente estaba dejando de debatir, de participar, confiando en sus gobernantes por la aparente ausencia de problemas.

Pero claro que había problemas, y Padmé lo sabía muy bien. La Crisis de la República había cerrado las rutas comerciales, aislando a los sistemas e impidiendo cualquier tipo de comercio. Naboo tenía la suerte de tener los recursos suficientes para sostener su propio planeta, pero había miles de mundos que no tenían esa suerte y que seguro estaban pasando momentos terribles. Además, el hecho de que Naboo fuera sustentable por ahora no significaba que no podría dejar de serlo en un futuro, la supuesta abundancia que ahora vivían se debía a que habían convertido todos los fondos del comercio en recursos públicos, ¿qué pasaría cuando esos almacenes de grano se acabaran, y las cosechas no dieran abasto a la población? ¿cómo conseguirían mantener su comercio interno, si no habían generado su propia moneda y los créditos de la República seguían usándose sin responder a un banco central? ¿cómo pretendían cambiar toda la estructura política y burocrática del planeta si la República dejaba de existir, cuál sería su plan de respaldo? El gobierno no decía nada.

Además, Padmé odiaba la pasividad de sus compatriotas, nadie parecía preocuparse por esos posibles problemas; faltaban ocho meses para las nuevas elecciones y para ese punto ya deberían haber lanzado las convocatorias para los nuevos candidatos, todos los rumores decían que la Reina iba a reelegirse, lo mismo que su gabinete, y eso no era constitucional, una reina no podía estar en gestión más de diez años. Padmé temía que, aplacado por una supuesta abundancia, el pueblo se volviera indiferente hacia el gobierno y se comprometiera la democracia que tanto tiempo y esfuerzo le costó a Naboo generar.

Solo de pensar en la democracia hacia que Padmé suspirara, ella había estudiado durante años todos los ideales de la democracia, así como de otros sistemas de gobierno, a través de tratados políticos e históricos, y estaba convencida de que era la mejor forma de gobernar. Recordaba cuando ella era niña y la República aún existía, todos parecían mirarla como si fuera una luz al final del túnel, cualquier problema trivial podía resolverse porque todos los conflictos parecían estar en Coruscant, y hablar de los Mundos del Núcleo era hablar de la zona más importante y grandiosa de la galaxia. No parecía quedar nada de ese esplendor.

No le importaba si la llamaban rara, Padmé no dejaría de pelear por sus ideales, y ella estaba convencida en que debía trabajar para que Naboo no sufriera en el futuro. Y con suerte, la República algún día superaría su crisis.

Pero mientras eso pasaba, Padmé estaba destinada a estudiar en su alcoba mientras su madre le insistía no sutilmente que hiciera su propia familia. Su padre parecía ser el único al que no le importaba en absoluto que ella quisiera aún esforzarse en la política; Padmé no era tan ingenua como muchos pensaban, sabía que su apodo de "rara" la limitaba, y que aún le faltaba hacerse de más amigos en el palacio si deseaba algún día tener un rol importante. Pero ocupaba trabajar, insistir, hacer que todos supieran su nombre y reconocieran su rostro, solo así conseguiría tener una oportunidad.


Canción del capítulo: "La Bella" (o "Qué lugar") de la película La Bella y la Bestia en su versión Español Latino.

¿Y bien? ¿Les ha gustado? Como pueden ver, este capítulo fue principalmente introductorio. No se preocupen, esta historia pasará a la acción muy rápido, ya en el próximo capítulo veremos la dirección de la trama.

Muchas gracias por darle una oportunidad a este fic, espero les haya gustado, ¡saludos y besos!