CAPÍTULO 43
"MÁS ALLÁ DE LA MEMORIA"
Inuyasha y Kyoko entraron en la pequeña cabaña donde se escondía Kirinmaru. El Lord del Este, postrado en cama, padecía fiebre y deliraba.
Kyoko se acercó a él para incorporarlo y poder tomar su sangre.
—¡No!
La apartó con fuerza.
—Si no la tomas, morirás —dijo la joven, seriamente.
—Morirás tú si la tomo —respondió con debilidad—.
Necesito mucha sangre para recomponerme. Podría no parar y matarte.
—Inuyasha está aquí conmigo para frenarte.
—No...
Le apretó las manos, y se arrimó a él.
—Kyoko... tengo demasiada sed... no puedo arriesgarme.
—Tranquilo. Confío en ti.
Inuyasha observaba atentamente la escena, para intervenir por si las cosas se torcían. Podría ser complicado lidiar con Kirinmaru completamente sediento.
La joven se rasgó la muñeca con un cuchillo, y él giró la cara para no ver la escena.
—Si no tomas de mí, pienso desangrarme ahora mismo —amenazó.
—No digas tonterías —contestó el Daiyokai, sin querer mirar las gotas de sangre que se deslizaban sobre su brazo.
Inuyasha empezó a ponerse nervioso al ver que Kyoko sangraba demasiado. ¿Hasta dónde llegaría la testarudez de ambos?
Kirinmaru olisqueó la sangre en contra de su voluntad y se lanzó hacia ella en un intento desesperado por tomarla. Kyoko cerró los ojos, intentando no marearse debido a la pérdida.
—Para... —dijo Inuyasha al ver que el rostro de la joven empezaba a empalidecer.
Los ojos del Daiyokai eran rojos como el carmín. Su rostro se había transformado debido al ansia que le causaba la toma.
—¡Frena! —gritó Inuyasha.
Separó a ambos como pudo, al ver que Kirinmaru no atendía a razones. Sujetó a Kyoko y le amenazó con su espada Colmillo de Acero.
—Aléjate de ella, o te mato —amenazó el Hanyo.
—Inuyasha... Estoy bien —dijo Kyoko, que no podía levantarse debido a su debilidad.
Kirinmaru recuperó la cordura al escuchar la voz de la joven.
—Kyoko...
Se acercó a ella, pero Inuyasha se interpuso entre ambos.
—¡No te acerques! —exclamó con voz amenazante.
El Daiyokai cerró los ojos.
—Comprendo... —dijo, alejándose en dirección a la puerta de la cabaña—. La próxima vez es posible que no me controle, así que no dudes como has hecho ahora. Si vuelve a suceder, debes matarme.
Kagome llegó al campamento acompañada de Koga y de sus lobos. Se lavó la cara en el riachuelo que usaban para aprovisionarse de agua, observando su reflejo bajo la luz de luna en busca de algún cambio significativo en su cuerpo que diese certeza a las palabras de Sesshomaru.
—Kagome... ¿te encuentras bien? —preguntó Koga, que iba tras suyo—. Has estado muy callada desde que hemos vuelto.
—¿Puedes acercarte a mí?
El demonio lobo asintió con la mirada y se acercó lentamente hacia el riachuelo donde se encontraba. La joven le hizo una seña mientras le agarraba la cabeza para acercarla a la altura de su vientre.
—¿Escuchas algo? —preguntó ella.
—¿A qué te refieres? ¿Qué tengo que escuchar?
Koga se sentía algo desconcertado.
—¿Como unos latidos...?
Kagome se sonrojó ligeramente.
—N... no me digas que...
Koga acercó su oreja al vientre de ella.
—Siento algo... como un corazón que late a toda velocidad.
Kagome suspiró.
—Esto no me lo esperaba...—dijo, confundida—. ¿Cómo es posible si yo no...?
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
—...No sé quién es el padre...?
Koga la abrazó fuertemente. Kagome se sintió arropada después del fuerte descubrimiento. No estaba preparada para todo aquello.
—¡Casémonos! —exclamó el demonio-lobo, ruborizado—. No me importa quién pueda ser el padre. Ese bebé se merece tener una familia.
La agarró de las manos y se arrodilló ante ella.
—Prometo protegeros con mi vida, Kagome. Uniremos nuestros ejércitos y seremos invencibles.
La joven reina lo miró con tristeza.
—Gracias por preocuparte tanto por mí. Me alegro mucho de habernos reencontrado, de veras. Has sido un gran apoyo. Pero hay algo en mi vida que debo arreglar. Tengo la extraña sensación de que mi cabeza no funciona correctamente. Llegué al Sur con vagos recuerdos en mi memoria. Ni siquiera sé cómo aparecí para después convertirme en reina. Es posible que se trate de algún recuerdo traumático que mi cuerpo quiso olvidar, pero ahora no paro de darle vueltas.
—Yo te puedo ayudar, Kagome. En todo lo que necesites. No estás sola en esto.
Kagome caminó hacia el tronco de un árbol y lo tocó hasta que un brillo apreció en la palma de su mano.
—Soy una sacerdotisa, Koga. Podría haberme dado cuenta de que estaba embarazada si me hubiese preocupado en escuchar mi cuerpo. Me centré en la batalla, perdí la noción de los días y ha tenido que ser él, que no me conoce de nada, el que me ha revelado la noticia.
Kagome se giró para mirar a su amigo.
—Lo usó como amenaza para intimidarme. Lo peor es que tiene razón.
—¿A qué te refieres?
Kagome apretó los puños y los dientes.
—Lo tenía a tiro. Podía haberlo purificado en aquel mismo momento. Le miré a la cara, y hubo algo que me hizo fallar. Como si mi cuerpo no quisiese acertar en el corazón. Y ahora me arrepiento de haber errado.
—Pero te esquivó, Kagome. No podías hacer nada.
—Con otro enemigo no hubiese fallado, créeme. Eso me hace pensar.
—Es muy poderoso. No es tu culpa.
—Por un momento pasó miedo. Sabía que podía haber acertado y por eso me amenazó tan severamente. Se sintió acorralado. Un perro acorralado es peligroso.
—¿Qué piensas hacer ahora?
—Debo volver a la aldea de Kaede. En ella guardo el arco del monte Azusa y un diario donde solía escribir mis pensamientos. Quizás me ayude a recordar.
Kagome se acercó a él.
—Respecto a tu propuesta... me gustas, Koga. Pero no sería justa contigo si no averiguo la verdad. Si estoy embarazada, debo averiguar quién es el padre. Quizás en la aldea logre obtener respuestas.
—Cuando te conocí, estabas enamorada de Inuyasha. ¿Podría ser él?
—Lo dudo bastante. Recuerdo que hablamos, y le dejé claros cuáles eran mis sentimientos.
—¿Qué sentías, entonces?
—Ya no le amaba.
—¿Por qué?
Kagome se llevó las manos a la cabeza.
—No lo recuerdo...
Sesshomaru suspiró profundamente, mientras se bañaba en una pequeña cascada cerca del campamento donde había sido atacado la noche anterior. Las aguas cristalinas reflejaban su rostro, que aparentaba una falsa impasibilidad. Casi no había dormido después de lo sucedido, intentando interpretar la causa de su malestar interior.
"Esa humana..."
Sus miradas se cruzaron en el momento en el que ella le apuntó con su flecha. Fue cuestión de segundos, y por algún motivo que no alcanzaba a comprender, erró en su tiro.
O no era tan temible como los rumores apuntaban, o esa chica no quiso matarle.
¿Pero por qué motivo le perdonaría la vida, habiendo sido tan implacable en el resto de batallas? Según sus informes, dejó a Tetsuo hecho un mar de cenizas. Se habían convertido en enemigos desde hace poco, y no había razón alguna para ser compasiva con él. Aquella mujer podría tener una razón oculta, o podía no ser nada en absoluto. No obstante, debía averiguar la verdad, y tenía que ser cauteloso para que no desplegase un ejército entero de lobos o Hanyos salvajes sobre él. Enviaría criaturas voladoras a rastrear la zona para descubrir el paradero de su campamento.
Nadie que le hubiese desafiado sobrevivía para contarlo, y mucho menos un ser humano como esa reina del Sur.
CASTILLO DEL NORTE
Jaken, el pequeño y fiel demonio-sapo súbdito de Sesshomaru, se había quedado en el Castillo del Norte para servir a Lady Irasue. No le agradaba aquella mujer, pero su devoción a su amo le obligó a quedarse con ella y de paso, estar al corriente de cualquier información que pudiese ser relevante para el Daiyokai. La Diosa le había encomendado la misión de que aguardara en un bosque apartado del castillo. No podía explicarle nada más debido a que se encontraban en territorio hostil y podrían haber sido escuchados. Esperó en la zona, intentando tararear una canción para no perder los nervios. No se fiaba de aquella mujer, pues podría tratarse de una trampa.
—¡Jaken! —gritó una figura a lo lejos, cuya voz le resultó conocida.
—¿Sara? ¿Eres tú?
La bella Yokai apareció en el bosque acompañada de Touma, el Comandante de Lady Irasue.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó el pequeño demonio.
—Hemos venido a romper la maldición —dijo Touma.
—¿Estáis al corriente de todo?
Jaken se alegró de verles. Ambos eran dignos de confianza, aunque todo el palacio de la Luna conocía el profundo amor que manifestaba el comandante por Lady Irasue. Aún así, era un hombre tremendamente honorable que no impondría sus sentimientos a su deber.
—Lady Irasue nos lo ha contado todo —dijo Sara—. Te necesitamos.
—¿A mí? ¿Cómo podría yo ayudar en todo esto?
—Necesitamos conocer el paradero de Lord Kirinmaru. Sabemos que está en búsqueda de la cura —dijo Touma.
—Pero yo no sé nada de Lord Kirinmaru. Desapareció del castillo del Este hace un par de meses, y ahora mismo Lady Hanna está gobernando sus tierras. El señor Sesshomaru ha viajado hacia el Sur para detener las revueltas que estaba provocando la nueva reina, lady Minami.
—Tú no sabes nada de su paradero, pero conoces a alguien que sí que podría saberlo —insistió el comandante —. La pulga Myoga te hará caso si le pides ayuda.
Jaken les miró, pensativo. Hacía tiempo que no tenía noticias de la vieja pulga, pero es cierto que siempre se habían ayudado, y la información que él poseía solía ser valiosa.
—Myoga suele moverse por las aldeas humanas. Es demasiado cobarde para esconderse entre Yokais.
—Necesitamos que la encuentres para averiguar su paradero. Debemos unir fuerzas para encontrar el antídoto lo antes posible.
Jaken asintió con un gesto. No podía quedarse quieto viendo cómo su amo se consumía lentamente debido a aquella horrible maldición.
Después de haber obtenido la información necesaria para conocer el paradero del campamento, Sesshomaru se esperó a la noche para acercarse sigilosamente y comprobar lo que estaba sucediendo. Podría haber enviado a sus soldados a por ella, pero la joven reina del Sur le causaba una curiosidad indescriptible. Se vistió con un kimono negro para pasar desapercibido, llevándose consigo la espada Colmillo Explosivo, que no dudaría en usar al mínimo ataque. Se ató el cabello con una coleta alta, y pensó en el extraño parecido que tenía con su padre al verse reflejado en el agua del lago.
El bosque susurraba con el ligero viento que provenía del Oeste, evocándole diferentes olores que le recordaban a su reino. Se concentró en la esencia de la joven reina para seguir su rastro, topándose con una poderosa barrera espiritual que le indicaba que se trataba del camino correcto. No le costó crear una pequeña brecha con su fiel espada, y se adentró en el oscuro bosque concentrándose en su rastro y escondiéndose tras los matorrales ante cualquier ruido sospechoso. Sorteó los lobos que vigilaban el camino hasta llegar a un pequeño manantial de aguas termales.
Aquel aroma, tan dulce como las cerezas y tan intenso como la lluvia de verano, lo sentía cada vez más fuerte y cercano. Un aroma que le estremecía inexplicablemente, reaccionando de forma poco usual en él. Se llevó las manos a la cabeza debido al dolor que empezaba a acecharle, sin comprender el motivo de su procedencia, ni el porqué de la emergente sed de sangre que se hacía cada vez más irresistible.
Algo extraño le sucedía desde hace un tiempo. Nunca antes había experimentado aquellas dolorosas migrañas ni había sentido tanta curiosidad por una mujer humana. Procuró no hacer ruido al acercarse a las termas, y tras un momento de tensión por no ser descubierto, se topó con su silueta bañándose desnuda en sus cálidas aguas.
Agudizó la vista para fijarse en ella y comprobar si se trataba de la verdadera reina del Sur con la que había peleado la noche anterior. Su rostro parecía relajado, en contraposición a su amenazante mirada cuando lo asaltó en el campamento y que no lograba quitar de su mente. Sus cabellos, rociados en agua y color azabache, brillaban a la luz de las estrellas de la noche. Aquella mujer parecía un ángel en medio de la oscuridad. Un ángel peligroso y letal que no dudaría en defenderse al mínimo ataque. Debía acercarse a ella y noquearla. Podría ser una valiosa rehén mientras averiguaba el verdadero motivo de no haber acertado en el tiro cuando tuvo la oportunidad. La mataría si se resistía, por lo que no iba a ser tarea fácil lograr su objetivo.
—¡Atchús!
Kagome estornudó mientras se bañaba en las aguas termales cercanas al campamento. Se tocó la barriga, pensativa, sin saber muy bien cómo digerir lo que le estaba sucediendo.
"¿Un bebé?"
Ahora que la batalla por conquistar las cuatro tierras había comenzado, no era el mejor momento para traer al mundo a una criatura si ni siquiera sabía si lograría sobrevivir. Por muchas vueltas que le daba, le era imposible recordar haber tenido sexo con nadie en los dos o tres últimos meses.
¿Y si no se trataba de un bebé y era un monstruo que crecía en su interior debido al hechizo de algún enemigo? Desde que era la reina del Sur, se había labrado una fama y ganado muchos adversarios con ganas de deshacerse de ella. No le encontraba otra explicación más lógica.
"Soy demasiado joven"
Pronto cumpliría veintiún años y no se sentía preparada para cuidar de nadie. ¿Cómo había podido pasar? Ella nunca quiso aquello, y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.
"Una criatura indefensa no merece vivir esta guerra. Tampoco se merece tener a una madre como yo, que no sabe si podrá protegerle"
Asestó un puñetazo a una de las rocas que hizo añicos con su poder espiritual.
"¡No quiero!"
El ruido de la roca destrozada espantó a las criaturas nocturnas que merodeaban por los alrededores. Todas excepto una que la estaba mirando atentamente entre la maleza de los matorrales.
Kagome se percató de que una poderosa presencia la observaba y por un momento, sintió miedo.
—¿Quién anda ahí? —preguntó al vacío mientras salía del agua y se vestía con un kimono ligero de color azulado. Necesitaba su arco, pero se lo había dejado en el campamento.
"Mierda"
—¡Sé que estás ahí! ¿Qué es lo que quieres?
Un silencio sepulcral inundó el ambiente, pero seguía notando aquella presencia que tanto la incomodaba. Kagome pensó en la barrera espiritual que había lanzado sobre el campamento. Cualquier demonio quedaría atrapado en ella si se atrevía a traspasarla, a no ser que estuviese rota.
Sintió un extraño olor mientras se ponía en guardia, y los pies empezaron a flaquear.
—¿Un somnífero?
—Algo parecido —contestó la figura que surgía entre los arbustos del bosque—. Primero se te paralizará el cuerpo, y después caerás en un profundo sueño.
—¿Quién eres? —preguntó con esfuerzo, debido a la paralización de los músculos de la cara.
—He venido a acabar con tu vida —contestó la figura, que avanzaba al lugar donde se hallaba la joven reina.
Kagome se fijó en su rostro.
—Eres... tú... —dijo, antes de caer al suelo completamente dormida.
Kyoko salió de la cabaña al ver que había recuperado las fuerzas. La tormenta había cesado ligeramente, pero no las gotas de lluvia que aún caían sobre el paisaje. Necesitaba encontrar a Kirinmaru, pues había salido de la cabaña al ver que suponía un grave peligro para ella. Lo encontró sentado, con los ojos cerrados, en una especie de ritual de meditación.
—¿Qué haces aquí? —preguntó él, sabiendo perfectamente que se trataba de ella.
—Quería saber cómo estabas.
Kirinmaru abrió los ojos enfocando al entorno. Las gotas de lluvia parecían fuego cuando se deslizaban por sus cabellos, rojos como el carmín.
—¿Cuánto tiempo pasará hasta que te mate?
Kyoko avanzó hacia él.
—Siempre lo dices, pero al final logras contenerte.
—Mi sed es cada vez mayor, Kyoko. No puedes ofrecerme tanta sangre sin que haya consecuencias en tu cuerpo.
—Pero sigo viva, Kirin. No puedo permitir que esta maldición acabe contigo.
Kirinmaru se levantó para alejarse de ella. Kyoko le siguió, siendo testigo de cómo asestaba un puñetazo a un árbol que partió en dos.
—¡Maldita sea, Kyoko! Ni siquiera te conozco y solo quiero morir para alejarme de ti.
La joven lo abrazó por la cintura, mientras estaba de espaldas.
—Habrás perdido la memoria pero tu corazón aún me recuerda.
Kirinmaru se giró hacia ella y le tocó suavemente el rostro con sus manos, mientras la lluvia se deslizaba sobre él.
—Te he olvidado, pero recuerdo tu aroma y tu tacto. Recuerdo la suavidad de tu piel y la sensación de erizarme entero cada vez que te toco. Mi corazón se acelera cuando te veo porque también perduras en su memoria.
—Kirin...
—Cada centímetro de mi cuerpo se niega a dejarte caer en el olvido, y es por esta extraña sensación que daría mi vida sin pensarlo, sin conocerte, pero con mi cuerpo y corazón amando cada parte de ti. ¿Cómo es posible?
Sus ojos verde esmeralda brillaban como las estrellas en aquella oscura noche en la que solo estaban ellos dos, intentando comprender la insólita situación. Kirinmaru la besó con ternura en los labios, ocultando sus lágrimas bajo las dulces gotas de lluvia que seguían sucumbiendo sin tregua en el paisaje.
Kagome yacía en el suelo indefensa mientras la figura atacante la observaba desde la lejanía.
—No es nada personal. Simplemente no puedes seguir viviendo.
Se lanzó sobre ella para rasgarle la garganta con sus afiladas garras. Cuando se encontró a pocos centímetros de su cuello, otra figura salió velozmente para interponerse en su camino, recibiendo el ataque en su rostro, que empezó a sangrar a la vez que su mirada se inyectaba de ira.
—¡Qué interesante! —dijo el atacante—. No me puedo creer que incluso habiéndola olvidado, hayáis salido en su defensa, mi Lord.
—¿Qué haces aquí, Yuki? —preguntó Sesshomaru, limpiándose la herida con las manos.
El Daiyokai no lo veía desde que viajó al futuro y les traicionó. Se llevó las manos a la cabeza al intentar recordar el motivo por el cuál acabó en la era moderna. Le resultaba muy complicado pensar en su pasado sin que hubiese dolorosas consecuencias. Lo agarró por el cuello, levantándolo del suelo.
—He venido a matarla, mi Lord. Me lo ha ordenado vuestra esposa.
—¿Desde cuándo trabajas para mi esposa.
—Lady Hanna siempre me da recompensas muy generosas.
—¿Por qué mi esposa querría matar a esta humana? —preguntó, enfadado.
—Lo siento, mi Lord. Ella no me ha explicado los motivos.
Sesshomaru apretó su cuello con más fuerza.
—¡Me hacéis daño! —se quejó.
—Habla o te mataré.
El Daiyokai se preparó para rasgarle con sus garras ante la mirada atemorizada de Yuki.
—Lady Hanna sospecha que es una poderosa sacerdotisa.
—¿Y por ese motivo te ordena matarla?
Lo lanzó con fuerza contra el suelo mientras desenvainaba su espada para partirlo en dos. Yuki, consciente de que no tenía ninguna posibilidad contra él, huyó despavorido.
—Maldito cobarde... —murmuró a regañadientes.
Podría ir tras él para acabar con su inútil existencia, pero algo le impedía alejarse de la joven reina.
Se tocó la herida de la cara, pensando en lo sucedido e intentando comprender la situación. ¿Por qué razón se había interpuesto entre Yuki y aquella humana que no significaba nada para él? Su cuerpo había reaccionado de forma innata para protegerla. No tenía sentido en absoluto.
Levantó a la joven con delicadeza. Su corazón latía lentamente, al contrario que el de su bebé, que lo hacía con fuerza. Aquella chica de la que se contaban grandes hazañas dormía en sus brazos, completamente indefensa y a su merced. Para él era todo un misterio, y más aún sabiendo que Hanna la quería ver muerta. Cerró los ojos para notar su aroma, que resultaba embriagador. Su corazón se aceleró, extasiado por la extraña sensación que emanaba de su interior y que no alcanzaba a comprender. Se la llevaría al Palacio de la Luna para investigar el motivo por el que su cuerpo reaccionaba de aquella forma tan inusual ante ella.
Hola a todos/as! Cuando pase el verano, habrá transcurrido un año desde que empecé a escribir este fanfic. Durante el mismo, he ido cambiando mucho la historia a como quería plantearla al inicio. He creado nuevos personajes que en un principio no iba a crear, y un poco todo sobre la marcha. Cuando lo termine me lo leeré de nuevo entero para corregir los desfases e incongruencias que pudiesen haber, ya que al escribirlo semanalmente, es muy posible que se me escapen cosas. Estamos ya en la recta final, ya que mi intención es acabar de escribirlo después de verano, por lo que nos encontramos casi en la recta final. Muchas gracias por leerme y haber sido tan fieles a la historia.
Ha habido personas que me han escrito preguntándome si seguiré escribiendo otros, o si tengo algo en mente. La verdad es que no tengo nada pensado. Es la primera vez que escribo un fanfiction, y seguramente me tome un descanso después de éste. Mi intención es corregir errores una vez lo termine, e incluso, si tengo tiempo, hacer algún webcomic con algunas escenas. Otra de mis aficiones (y que tengo abandonada debido a que soy una persona bastante ocupada) es dibujar. En mi trabajo me regalaron un iPad con Apple Pen, y he empezado a practicar un poquito con el dibujo digital. Buuf... es difícil, pero bueno, enseguida se va notando la mejoría si se practica.
Paso a comentar algunos reviews:
Marijo Garcia: Muchas gracias por el comentario. Sí... el embarazo de Kagome yo creo que no se lo esperaba nadie. Kirinmaru ahora se ha recuperado un poco, pero volverá a caer si no encuentran la cura.
Faby Sama: Muchas gracias por tu comentario. La historia va avanzando rápidamente, jeje. Me encanta el drama, sí, pero dentro de lo malo hemos de sacar una cosa positiva. Que de nada sirve que les borren la memoria. Este par están condenados a reencontrarse y a volver a enamorarse mientras respiren. ¿No es romántico? :D Tenías razón en cuanto al tiro de Kagome. Si hubiese sido otra persona, no hubiese fallado. Algo hay en sus cuerpos y corazones que les impide hacerse daño. De aquí el título "Más Allá de la Memoria" del capítulo.
Yami96: Gracias por el comentario. Nadie le ha dicho nada a Kagome porque lleva dos meses sola combatiendo en el Sur. No se ha encontrado con nadie de sus amigos. Solo a Koga, que él también sospecha que hay algo raro en ella porque no le cuadra que no recuerde a Sesshomaru. Ella también empieza a sospechar que algo le pasa, y por eso quiere regresar a la aldea de Kaede a buscar respuestas y leer su diario. Lo que ocurre es que de momento la tiene Sesshomaru, así que ahora es complicado que alguien le explique nada.
Aya: Gracias por la review. Exacto. Ni Kaede, ni Rin, ni Miroku y Sango recordarán a Sesshomaru. Rin no lo recordará nada porque tuvo mucho contacto con él, y el resto pues vagamente. Lo que Hanna y su padre no se esperaban es que el amor de Sesshomaru y Kagome va más allá de la memoria ;)
Didivet: Gracias por el comentario. No se recuerdan, pero hay algo que les provoca no querer matarse ni hacerse daño. Por mucho que les borren la memoria, están condenados a reencontrarse y sentirse atraídos irremediablemente el uno por el otro.
Cristin Kiki: Muchas gracias por tu opinión sobre la historia. He intentado que no sea cliché y también he procurado respetar el carácter original de los personajes. De momento es la primera historia que tengo. Un abrazo y espero que te siga enganchando! :)
