CAPÍTULO 45
"OSCURO DESEO"
Hanna se levantó de la cama al ver que Sesshomaru no regresaba. Todavía no habían tenido la oportunidad de ponerse al día sobre los acontecimientos después del largo viaje desde las Tierras del Este. El primer encuentro tras varios meses sin verse había resultado de lo más pasional, teniendo en cuenta el carácter frío y distante que el Daiyokai siempre mostraba. Aunque su matrimonio fuese arreglado con el fin de unir las Tierras del Norte con las del Oeste, todavía albergaba esperanzas de que se enamorase de ella. Con el tiempo, sus sentimientos hacia él se habían intensificado, y por ello, la información de Yuki sobre la sacerdotisa la había sacado de sus casillas.
¿Dónde estaría escondida? ¿Sesshomaru tendría alguna información sobre su paradero? Debía preguntarle lo antes posible para paliar el dolor de su corazón.
Caminó por los grandes jardines del palacio donde logró vislumbrar a lo lejos, sentado junto a una piedra del lago, a su esposo, contemplando las pequeñas olas que ondeaban debido al viento de la noche.
—Deberías entrar. Hace un poco de frío —dijo ella, observando el brillo de sus cabellos plateados a la luz de la luna.
El Daiyokai se giró levemente.
—Ya casi es invierno.
—¿Cómo estás? No hemos podido hablar mucho desde que he llegado.
Sesshomaru se levantó para mirarla.
—¿Se sabe algo de Kirinmaru?
—Todavía nada, aunque posiblemente esté muerto debido a la enfermedad que padecía. Su pueblo no se resigna y siguen luchando porque tienen esperanzas de que regrese.
—No ha sido buena idea venir aquí, Hanna. Tu ejército te necesita en el Este.
Hanna bajó la mirada, dejando entrever una cierta decepción en su rostro. ¿Acaso no se alegraba de verla?
—He venido porque estaba preocupada —dijo, cabizbaja—. Hace un mes envié a un Yokai mercenario a deshacerse de Lady Minami, la reina del Sur. Me ha dicho que tú interferiste. ¿Por qué?
Sesshomaru la miró, fríamente.
—Deberías habérmelo consultado. Sabes que no soy partidario de deshacerme de mis enemigos por la espalda.
—Pero eso no importa. La guerra es la guerra.
—Debemos batallar con honor. Eso es esencial.
—¿Y qué hiciste con ella?
—Desapareció.
Hanna no acababa de creerse lo que le estaba contando. Pero tampoco era capaz de detectar su potente aura de sacerdotisa. Le acarició el cabello plateado, y él se giró para seguir contemplando el hermoso lago.
—¿Qué tal tus dolores de cabeza?
—Los voy soportando.
Volvió a acercarse a él, a pesar de que no le estaba prestando demasiada atención, ya que parecía concentrado en el paisaje.
—Me iré a la cama. Te esperaré despierta.
—No es necesario —contestó él, sin dejar de mirar el lago.
Hanna se retiró, decepcionada de nuevo al notar la poca atención que recibía de su esposo. No entendía nada. Cuando estuvieron juntos en sus aposentos, le hizo el amor como nunca antes se lo había hecho, y aquello la desconcertaba todavía más. ¿Por qué actuaba de aquella forma? Lo empezaba a querer, pero no debía confiar en él. Sus sentimientos podrían acabar siendo su perdición si no lograba mantenerse fiel a sí misma, como antes.
Al llegar a su habitación, pensó en ceñirse a los planes que había ideado junto a su padre. Debía estar al frente de las Tierras del Este, pero perdió la compostura al pensar que su esposo y la sacerdotisa podrían haberse reencontrado. El Lord del Norte no le perdonaría aquel cambio de rumbo, a igual que tampoco llegaría a comprender sus sentimientos.
"No te enamores, Hanna. Todo son piezas de este juego para ganar la guerra"
La frase de Lord Ryukotsu emergió de su cabeza para volver a entrar en razón.
"Ellos nos lo arrebataron todo, Hanna. Juntos nos vengaremos y dominaremos el mundo"
Sesshomaru debía actuar con extrema cautela ahora que Hanna se encontraba en el castillo. No se esperaba su visita, y debido a ello, apenas había tenido tiempo de llevar a Lady Minami a un lugar seguro. Aprovechó que su esposa dormía para acudir a la habitación de la joven.
El soldado de la puerta seguía en guardia, así que le hizo una ligera seña para que se marchara durante un rato. Golpeó la madera silenciosamente con los nudillos para no llamar la atención en exceso, pero no recibió respuesta alguna. Abrió la puerta con sigilo y encendió un pequeño candelabro que se hallaba encima de un robusto mueble de madera. En el fondo, tumbada en la cama, logró vislumbrar la figura de la joven reina, completamente dormida y medio destapada a pesar del frío.
La observó con sus ojos demoniacos, dorados y fieros como los rayos del sol. Parecía tranquila y serena, muy diferente a su encuentro en el campamento, donde experimentó la ira y la pasión de su mirada por primera vez.
Se fijó en su vientre, cada vez más protuberante, asomándose ligeramente por debajo del yukata. El kimono medio abierto dejaba entrever de forma sutil unos pechos más voluminosos. No lograba apartar la mirada de su bello cuerpo, sintiéndose poco honorable al haber traicionado mentalmente los votos de su matrimonio con Hanna.
¿Por qué aquella mujer despertaba tanto deseo y curiosidad en él?
Cuando estaba cerca, solo era capaz de pensar en recorrer la suave piel con sus labios, deleitándose con cada parte de su cuerpo para brindarle el mayor placer de su existencia.
Observar a aquella reina humana, tan salvaje en el campo de batalla y tan indefensa cuando dormía, no hizo más que magnificar sus ansias de poseerla y hacerla suya, sin existir nadie más que ellos dos. Su corazón se aceleró a ritmo frenético, desembocando su turbia fantasía en una inmensa erección que no era capaz de disimular. Se sintió rabioso y sucio por ello. Para él, el sexo siempre había sido un acto de apareamiento que le permitía tomar el control de la situación cuando quería. Lo disfrutaba, pero era lo suficientemente racional como para no perder la cabeza por esa causa... hasta que entró ella en su vida. Él, que nunca perdía la compostura por nada, empezaba a ansiar su aroma con urgencia, a la vez que descubría un fuerte sentimiento que iba más allá de la propia curiosidad.
Todo surgió de forma inevitable, cuando sus miradas se cruzaron por primera vez en el instante que intentó atacarle por la espalda.
En aquel momento comenzó su cruel venganza y su más absoluta perdición.
Se acercó a ella para intentar despertarla. Debía llevarla a una zona más segura durante la estancia de Hanna en el palacio. Al tocarle la espalda, la joven reina se exaltó, y en un veloz movimiento sacó un objeto punzante de su almohada a la vez que saltaba encima de él y lo empujaba contra la cama.
Sesshomaru se perdió en su mirada, que volvía a cobrar la fiereza del primer día en que se encontraron. Aquella situación, cuerpo con cuerpo, sus rostros tan cerca el uno del otro y el cuchillo rozando su garganta, no hizo más que aumentar su excitación.
—Tú... —dijo ella, al reconocerle de inmediato—. Te podía haber rajado el cuello.
Se apartó, avergonzada al notar que se estaban mirando y tocando demasiado.
—¿Siempre duermes con una daga debajo de la almohada?
—Estoy en un lugar hostil. Nunca sé qué sorpresas me puedo encontrar por aquí.
El Daiyokai se incorporó, recogiendo el candelabro que se había caído al suelo debido al ataque.
—Hanna está aquí.
Kagome le miró, intentando disimular su sorpresa.
—Bueno... es tu esposa. Supongo que te echaba de menos.
—Te está buscando. Fue ella la que envió a Yuki para matarte.
—¿Por qué se tomaría esa molestia?
—Eres nuestra enemiga. Pero no me encaja la forma en la que ha intentado llegar a ti. Podría haberse esperado a la batalla contra el Sur y haber intentado acabar contigo de forma honorable.
Kagome se tocó el estómago. Había oído hablar sobre las crueldades de aquella mujer. Si se convertía en un objetivo, debía andar con cuidado.
—¿Por qué me ayudas? —preguntó ella, finalmente.
—Recuerda que debo ser yo quien te mate —contestó, sin mirarla a la cara para ocultar su rubor y todos los pensamientos poco dignos de un demonio de alto rango como él—. Pero permitiré que intentes combatirme en una batalla justa.
"Honor" pensó Kagome. "Se mueve por honor y lealtad a sí mismo"
Aquel demonio era un ser noble que jamás aceptaría un combate por la espalda y debido a ello, fue apresada para reclamar más adelante su venganza. Pero aún así, le brindaría un combate final que le permitiría defenderse, prestándole una última oportunidad para derrotarle.
En el fondo le fascinaba esa parte de la personalidad del Daiyokai. Mucho más de lo que se atrevería a admitir jamás.
—¿A dónde me vas a llevar?
Sesshomaru le tendió la mano y la aceptó sin titubear. Había algo en él que le hacía ser merecedor de su confianza.
Kagome lo siguió con sigilo hacia la biblioteca, envuelta de oscuridad debido a las altas horas de la noche. La tenue luz del candelabro de Sesshomaru iluminaba ligeramente el camino, aunque ambos lo conocían bien. La joven solía acudir la mayor parte de los días para leer los antiguos libros de historia y de recetas curativas. Lo que desconocía por completo era la existencia de un pequeño pasadizo que se abrió al palpar una de las piedras de la pared del fondo del recinto.
Se sorprendió al ver que dentro del pasadizo, tras cruzar un pequeño pasillo, se escondía una bonita habitación de madera con una cama en el suelo.
—Aquí estarás a salvo. Nadie conoce este lugar. Solo mi madre y mis soldados de más confianza.
—¡Guaau! ¿Cómo puede ser que exista algo así, tan escondido?
—Se usaba en la antigüedad para ocultar a la familia de los monarcas en época de guerra.
—Es muy bonita. Y está cerca de la biblioteca. ¿Eso significa que vas a ser tú mismo quien me vigile día y noche?
Sesshomaru se acercó a ella y la empujó contra la cama para su sorpresa. Kagome se ruborizó al instante, sin entender las intenciones de su captor. El corazón le palpitaba con locura al ver que sus rostros se acercaban desafiantes, furiosos y tímidos al mismo tiempo.
—No puedo vigilarte, reina humana —murmuró con voz candente y sensual mientras la aprisionaba con unos grilletes en las muñecas, junto a las cuerdas mágicas—. Te quedarás en este lugar para no levantar sospechas con Hanna.
—Por favor... no me dejes aquí —suplicó.
Odiaba la idea de quedarse sola sin que nadie en el castillo fuese consciente de su existencia. Si a Sesshomaru le sucedía algo, no sobreviviría mucho tiempo allí dentro.
Kagome le agarró la cintura con sus piernas, hecho que desequilibró al Daiyokai, y provocando una caída encima suyo. Se miraron sorprendidos porque aquella situación ya la habían vivido en el pasado. Kagome sintió la necesidad imperiosa de ir más lejos con sus fugaces recuerdos, rozándole los labios con sus dedos, tan suavemente que parecían caricias para un demonio que estaba perdiendo el poco autocontrol que le quedaba.
—No... —murmuró él, cerrando los ojos para no mirarla. Se apartó porque si seguía cerca de ella, sería capaz de traicionar sus votos matrimoniales allí mismo, estando Hanna en el palacio.
—Lo siento... —dijo ella, avergonzada e intentando incorporarse, aún esposada con los grilletes que le hacían sentirse completamente indefensa.
El Daiyokai se incorporó, intentando mantener la compostura. Una fuerte rabia nubló su mente, por sentir aquella atracción tan primitiva hacia ella e intentando justificarse a sí mismo de que todo era fruto de una triquiñuela para escapar.
—Me estás utilizando —dijo el Daiyokai—. ¿Te crees que no me doy cuenta?
Kagome intentó incorporarse para poder hablar con él.
—Tienes razón —reconoció la joven, finalmente. —Te estoy utilizando pero no por el motivo que piensas.
Sesshomaru la miró con ira.
—¿Encima lo reconoces?
—Mi cuerpo reacciona de una forma extraña cuando estoy contigo. ¿No te sucede lo mismo? ¿Por qué no hemos sido capaces de matarnos el uno al otro? Quería acercarme más a ti para averiguar la verdad.
Kagome no estaba preparada para decirle que tenía la sospecha de que sus recuerdos fueron borrados. Por ello, no era capaz de explicarle claramente sus intenciones.
—¿Y pensabas que seducirme era una buena idea para aclarar los problemas de tu cabeza? ¿O más bien estás esperando a que caiga en algún estúpido sentimiento hacia ti para evitar tu muerte?
La miró a los ojos, lleno de furia.
—Llevaré a cabo mi venganza, Reina del Sur —sentenció, con voz amenazante—. Intentaste matarme de forma poco honorable y no serás perdonada. La batalla entre tú y yo sigue en pie.
—Pero te ofrecí mi sangre en la noche de luna llena. Hubiese podido escapar si quería.
—Yo te salvé la vida cuando Yuki intentó matarme. No te debo nada. Estamos en paz.
Sesshomaru abandonó la habitación, dejándola sola y ansiosa por todo lo que había experimentado.
"He notado que sentías lo mismo, Sesshomaru. Pero eres demasiado orgulloso para reconocerlo"
Kagome suspiró, sin saber cómo se libraría de la venganza de aquel frío demonio, pero su cansancio logró que conciliase el sueño rápidamente.
Sesshomaru llegó finalmente a su habitación. Hanna no se encontraba en ella, por lo que se imaginó que no estaría de humor para hablarle. Se tumbó en la cama con la imagen de la joven reina en su cabeza y cerró los ojos, rabioso por no poder quitársela de sus pensamientos.
"Me está manipulando" pensó. Pero no podía evitar sentirse atraído por ella en todos los aspectos. Su cuerpo también reaccionaba de una forma extraña cuando estaban juntos, y era cierto que no permitió que Yuki la matara cuando tuvo la oportunidad. Aquellas sensaciones jamás las había experimentado con Hanna, aun siendo su esposa. A pesar de haberse casado por conveniencia, se trataba de una mujer tremendamente bella y poderosa. Era todo lo que cualquier hombre podía soñar, pero por alguna razón inexplicable, la bruma de su cerebro le impedía poder enamorarse. Su mente, convertida en un rompecabezas, se negaba a experimentar esa clase de sentimientos. El encuentro con la reina humana empezó a unir peligrosamente las piezas, dando lugar a una fuerte atracción, tan insólita e inexplicable como su rubor cuando ella estaba cerca.
¿Pero por qué? ¿Qué tenía aquella chica que le hacía rozar el límite de la locura?
DOS MESES DESPUÉS DEL SECUESTRO DE KAGOME
MONTE AZUSA
—¡Boomerang! —gritó Sango mientras atacaba a un enorme Yokai que protegía las inmediaciones del monte Azusa. Inuyasha y Kyoko ayudaron con Colmillo de Acero y combate cuerpo a cuerpo, de forma que la unión de todos logró que acabaran fácilmente con él.
Escucharon un fuerte aplauso entre la maleza de los arbustos.
—¡Bravo! —exclamó una bella mujer Youkai de largos cabellos dorados y aspecto humanoide.
—¡Tú! —exclamó Inuyasha—. Eres la mujer que iba con mi hermano y Kagome en la era del futuro. ¡Sara!
—La misma —sonrió mientras hacía una seña.
Touma y Jaken aparecieron de entre los arbustos.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Inuyasha.
—Sabemos que estáis buscando una cura para Kirinmaru —dijo Touma—. ¿Cómo está?
—No muy bien, la verdad —respondió el Hanyo.
Kyoko se acercó a él.
—¿Podemos confiar en ellos? —le susurró en el oído.
—Sin duda, sí. Nunca han demostrado lo contrario. Además, Jaken siempre ha sido fiel a mi hermano.
—Por eso mismo. Es posible que busquen el paradero de Kirin para acabar con las revueltas del Este.
—No creo que estén aquí por esto.
—Inuyasha tiene razón —dijo Sara, que estaba escuchando la conversación—. No pretendemos atacaros ni venimos a acabar con Lord Kirinmaru. Nosotros también buscamos la cura a la maldición que sufre, porque Lord Sesshomaru también ha sido víctima de la misma.
El grupo se adentró en el bosque para hablar tranquilamente sobre lo sucedido.
—Teníamos sospechas de que algo sucedía con mi hermano —dijo Inuyasha—. De hecho, todos los seres humanos que conozco, se han olvidado de él.
—Exacto —confirmó Sango. Soy humana y no recuerdo nada de él. Y eso que me han dicho que luchamos juntos en la batalla junto a Naraku.
—Yo soy una excepción —dijo Kyoko—. No lo conocía mucho, pero recuerdo haber interactuado con él en la época moderna. El alma de Kikyo me protege de la maldición.
—Hace dos meses conseguimos localizar a Lady Irasue —prosiguió Touma—. Nos confirmó que Lord Ryukotsu fue quien lanzó el hechizo sobre Lord Sesshomaru. Es muy probable que hiciese lo mismo con Lord Kirinmaru.
—¿Y por qué motivo? —preguntó Kyoko.
—Este hechizo permite olvidar cualquier vínculo afectivo con los seres humanos. Probablemente les interesaba convertir a Lord Kirinmaru en una máquina letal que aniquilaría vuestra especie, o bien, perseguían acabar con su vida de forma lenta y dolorosa. O quizás una unión de ambas. Probablemente les interesaba poner a los Yokais del Este en contra de la humanidad, y ellos son fieles a Lord Kirinmaru. Ahora, Lord Ryukotsu y Lady Hanna han puesto precio a su cabeza.
—¿Cómo sabíais que estábamos aquí? — preguntó Sango.
—Encontramos a Myoga, la vieja pulga —dijo Jaken—. Él nos dijo que le habíais visitado hace poco.
—Buscamos a una hechicera llamada Neyma —continuó Inuyasha—. Ella nos puede explicar cómo romper esta maldición.
—Exacto —dijo Touma—. La última vez que la vieron, se encontraba cerca del Monte Azusa, según la vieja Pulga. Debemos luchar juntos. Todos perseguimos el mismo objetivo. Nuestros enemigos son Lord Ryukotsu y su hija, Lady Hanna. Ellos han jugado sucio en todo momento. Merecen ser castigados.
Inuyasha asintió con la mirada.
—¿Sabemos cómo avanza la guerra? —preguntó Sango.
—Lady Irasue se encuentra en el castillo del Norte, extorsionada por Lord Ryukotsu. Él puede hacer que la enfermedad de Lord Sesshomaru avance si no accede a quedarse junto a él. La última vez que supe de Lady Hanna, es que se encontraba en el Palacio de la Luna hasta que fue atacado por los sureños, que reclamaban a su reina, Lady Minami.
—Kagome... —murmuró Inuyasha.
—¿Lady Minami es Kagome? —preguntó Sara, sorprendida—. Debí imaginármelo.
—La sacerdotisa... —dijo Touma—. Yo la estuve entrenando en el Palacio de la Luna. Si se trata de Lady Minami, se ha convertido en una mujer muy poderosa. Desapareció hace dos meses, sin dejar rastro. El Sur cree que fue una venganza del ejército del Oeste por haber atacado ellos primero a Lord Sesshomaru.
Inuyasha pensó en Kagome y en todo lo que sentía cada vez que escuchaba su nombre. La recordaba tan lejana... Su amor por ella se iba desvaneciendo con el transcurso del tiempo, pero no así su preocupación. ¿Estaría en problemas?
Se sintió culpable por haber priorizado la búsqueda de la cura en lugar de acudir en su ayuda, pero en el momento que descubrieron que la joven era Lady Minami, no dudó en que era capaz de valerse por sí misma.
—Inuyasha —dijo Kyoko, intentando interrumpir sus pensamientos—. ¿Estás bien?
—S... sí. Me preguntaba dónde podría estar Kagome. Puede ser que necesite nuestra ayuda.
—Lo sé. Por eso necesitamos esta cura más que nunca.
—Gracias a Kaede y a tu sangre, hemos logrado mantener a Kirinmaru con vida, pero se encuentra muy débil —dijo Inuyasha—. Es urgente tratarlo lo antes posible.
—Debemos esperar a la noche —continuó Touma—. A Neyma le gusta bañarse en el lago que hay al lado del Monte Azusa.
—¡Sí! —exclamaron todos a la vez, pensando que todavía existía alguna posibilidad de romper la maldición.
Escucharon unas ramas moverse al fondo tras la conversación mantenida. Sara se levantó, acudiendo al lugar de donde procedía el ruido.
—¡Mierda! —exclamó.
—¿Qué ocurre, Sara? —preguntó Inuyasha.
—Me temo que alguien nos espiaba, pero ha huido. Es muy rápido.
—¿Vamos tras él? —preguntó Sango, empuñando el boomerang.
—Es inútil —contestó Sara —Por el olor, creo que ya sé quién es. Y es realmente rápido.
CASTILLO DEL NORTE
—Padre —dijo Hanna al ver a Ryukotsu sentado en su trono del castillo de los norteños.
—Hanna... ¡Cuánto tiempo! ¿A qué se debe tu visita?
—Debería estar en el Este, enfrentándome a los rebeldes, pero debo ponerte al día de los acontecimientos.
Ryukotsu sonrió.
—Adelante, hija.
—Desde hace un tiempo cuento con los servicios de Yuki, un Yokai mercenario que llegó a servir a Lord Kirinmaru.
—¿Confías en él?
—En absoluto. Desde que Lord Kirinmaru desapareció, ha estado trabajando para diferentes nobles a cambio de monedas de oro. Pero si le pagamos bien, nos será útil.
Ryukotsu se levantó del trono.
—Continúa.
—Conoce el paradero de Lord Kirinmaru.
—¿Y si es una trampa?
—Lo dudo. Hay otra cosa que también le importa, además del oro. Se trata de su esposa, Sara. Verás, padre. Antes de empezar a trabajar con él, mis espías le siguieron de cerca, y siempre acababa realizando misiones justo en los lugares donde ella se encontraba. Supongo que querría vigilarla por algún motivo. Lo curioso es que nunca se acercaba a ella. Me estuve informando, y descubrí que Sara es fiel a Lady Irasue. Se trata de una guerrera que fue traicionada por él, y debido a este percance, no han vuelto a hablarse.
—Eso es muy interesante, Hanna.
—Todavía hay más. La ha estado siguiendo y ha descubierto que el objetivo de Sara y de su grupo es encontrar a Lord Kirinmaru para unirse a su causa. ¡Está vivo!
—Eso es muy peligroso para nosotros. Si se descubre, el ejército del Este se sublevará por completo.
—Lo esconden en la aldea de la sacerdotisa Kaede, hermana de la difunta Kikyo. Debemos acabar con él antes de que logren romper la maldición.
—La maldición no se puede romper —dijo Ryukotsu, convencido de sus palabras.
—Buscan a una hechicera llamada Neyma. Dicen que ella puede deshacer cualquier tipo de hechizo.
Ryukotsu emitió una sonora carcajada.
—No la encontrarán porque yo la maté.
—¿En serio, padre?
—Lo que vaga por este mundo es un espíritu vengativo que no dudará en engañarlos para apoderarse de sus almas. Yo no me preocuparía. Si logran dar con ella, morirán. De todas formas, debo reunir a mi ejército y partir hacia allí. Lord Kirinmaru estará muy débil. Es nuestra oportunidad para acabar con él.
—Otra de las condiciones que me impuso Yuki para facilitarme la información es que debemos permitir que Sara viva. La quiere fuera de esto.
—Si no se interpone, así será.
Hanna observó la nieve caer a través de los ventanales del salón.
—Respecto al portal del tiempo, tengo que decirte que estamos intentando romper el encantamiento para poder viajar al futuro sin perder nuestros poderes. Lady Irasue se preocupó con sus brujas de no perturbar el equilibrio de la naturaleza. Pero nosotros somos menos que los humanos. Si queremos derrotarles, necesitamos conservar la fuerza.
—Estoy seguro de que encontrarás la manera, querida. ¿Y qué tal con Lord Sesshomaru?
—Todo bien, padre —mintió, resignada. Debo retirarme.
Hanna abandonó el salón para pensar en sus propios planes. Durante el mes que se alojó en el Palacio de la Luna, su esposo no volvió a tocarla después del primer encuentro que compartieron. Hubiese deseado quedarse más tiempo junto a él, pues el reciente ataque de los sureños le hizo sospechar que Sesshomaru le ocultaba la verdad sobre el paradero de la sacerdotisa. Pero la había enviado al Este para solucionar las revueltas, lejos de él sin posibilidad de seguir investigando.
"Ellos nos lo arrebataron todo"
Recordó el pasado, cuando el poderoso Perro-Demonio Toga Taisho aún vivía. Por aquel entonces ambas tierras eran enemigas. Fue Toga, el padre de Sesshomaru, quien mató a su madre en una de las innumerables batallas libradas por controlar los reinos.
"Me encargaré de que jamás tengáis descendencia" proclamó Toga, echando una maldición sobre su familia con la ayuda de una poderosa hechicera afín a Kirinmaru. En aquella época, Hanna era tan solo una joven Daiyokai que no sabía nada de la vida, y que también fue hechizada con el fin de evitar la perpetuación de su linaje. Sus sueños de formar una familia se rompieron en aquel momento, y Ryukotsu juró vengarse.
Sesshomaru desconocía el hecho de que Hanna fuese estéril. Toga lo mantuvo en secreto porque el uso de magia negra estaba prohibido en las tierras feudales. A Ryukotsu tampoco le interesó revelar la información ya que condenaría a su hija a no ser desposada por ningún noble. Una mujer maldita como ella ya no serviría en la alta sociedad Yokai. Su esposo, tarde o temprano reclamaría un heredero, y por culpa de su padre, no sería capaz de engendrarlo. Para entonces Kirinmaru ya estaría muerto y él se iría consumiendo poco a poco debido a la maldición. Su sueño de formar una familia le había sido arrebatado y debían pagar por ello.
Aquella fatídica información hubiese puesto en peligro la unión de las Tierras del Norte y del Oeste.
Sus deseos de venganza no le impedían sentirse decepcionada al no ser el centro de atención de su marido. Ryukotsu planeaba matarle más adelante, y ella debía seguir las intenciones de su padre. Si el Daiyokai no era suyo, tampoco sería de nadie más. Al fin y al cabo, fueron ellos los que le arrebataron todo lo que tenía.
Tenía que partir hacia el Este con el propósito de solucionar el problema con los ejércitos rebeldes, pero también enviaría a Yuki al Sur para averiguar más información sobre la sacerdotisa y sus aliados. Quizás lograría obtener respuestas sobre su desaparición, y conocer el verdadero motivo por el cual los sureños atacaron el Palacio de la Luna.
PALACIO DE LA LUNA
El Palacio había sido atacado por el ejército del Sur con el fin de rescatar a Lady Minami en una batalla liderada por Koga, el líder de los lobos. Sesshomaru logró defender la fortaleza heroicamente, a la vez que le ocultó a Hanna el verdadero motivo por el cual fueron atacados. Tras una cruenta lucha de Oeste contra Sur, Koga logró huir retirando a su ejército de medio-demonios, malherido por la contienda. Tardarían mucho tiempo en volver a recuperarse. ¿Sería el suficiente para poder llevar a cabo la venganza con su reina?
Hanna abandonó el castillo para partir hacia el Este, donde debía hacer frente a los ejércitos rebeldes que esperaban el retorno de Kirinmaru, aún desaparecido. Durante el mes que se alojó en el palacio, Sesshomaru decidió no visitar a Lady Minami para no levantar sospechas en su esposa. Su soldado y doncella de mayor confianza realizaban las labores de vigilancia, además de aprovisionarla de comida y agua. Por otro lado, el Daiyokai luchaba por olvidarla pasando más tiempo con Hanna. Pero todo fue inútil. Los encuentros con ella le resultaban poco interesantes, y no volvieron a tener encuentros sexuales debido a sus infinitas excusas sobre estar demasiado ocupado planificando estrategias de guerra.
Sesshomaru se reunía diariamente con su soldado y doncella para que le informaran sobre el estado de la joven reina, deseando en secreto ocupar su lugar y poder ser él quien la visitara, aunque fuese por una sola vez. Pero era muy peligroso. Hanna la buscaba y no dudaría en hacerle daño si la encontraba.
Con la partida de su esposa a las tierras del Este y la batalla ganada contra el Sur, ya no había impedimentos para que la joven humana siguiese retenida y oculta, por lo que ordenó liberarla.
—Mi Lord —dijo la doncella de confianza—. La prisionera está en vuestro jardín privado, tal y como nos ordenasteis.
—Puedes retirarte.
Sesshomaru empezó a perder la calma mientras caminaba hacia un balcón con vistas al jardín. La observó a lo lejos, vestida con un largo kimono de color turquesa con bordados dorados y mirada perdida en el infinito. Su cabello, recogido con una diadema de flores, le había crecido ligeramente, a igual que su vientre, cada vez más prominente y dotándole mayor aspecto de mujer embarazada. La contempló durante un rato, deleitándose con su belleza y embriagándose de su aroma.
Se odió a sí mismo por desear que Hanna abandonase el palacio para volver a encontrarse con ella, por haberla echado de menos de tal forma que le dolían las entrañas. Por no haber logrado despojarse de su imagen en su confundida cabeza y haber tenido pensamientos impropios en sus noches de soledad.
Se odió a sí mismo por llenarse de celos al preguntarse quién sería el padre del bebé que llevaba en su vientre, llegando a la conclusión de que podría ser Koga. Y aquello le llenaba de desazón.
Pero no tenía derecho a nada. Ni siquiera a preguntarle por su estado después de haberla mantenido encerrada durante un mes entero, alegando que era por su propia seguridad. La hipócrita seguridad de que Hanna no la matase todavía para poder hacerlo él en el futuro.
Odiaba reconocer que aquella mujer humana, su más ferviente enemiga, casi sin darse cuenta ocupaba la mayor parte de sus pensamientos.
El anhelo por probar sus labios aumentó a medida que la observaba, y en el preciso momento en que se cruzaron sus miradas, tomó la arriesgada decisión de saltar por el balcón y acercarse a ella.
Se le nubló el juicio por completo. Ya no existían normas, honores ni juramentos que respetar ante los escalofríos que le recorrían el cuerpo entero a medida que se aproximaba a la reina del Sur.
Odiaba reconocer que aquella mujer humana le había robado el corazón por completo, al percatarse de lo mucho que la había echado de menos.
Ya no sabía cómo comportarse con ella sin volverse loco.
"Te odio, Sesshomaru. He permanecido un mes encerrada y ni siquiera has venido a visitarme ni una sola vez ¿Qué pretendes? ¿Que te agradezca por haberme sacado de esa habitación? ¡Ni hablar!"
Kagome se sentía furiosa por todo el tiempo que había permanecido encerrada de forma estricta. Ni siquiera le habían permitido ir a la biblioteca o al dojo a entrenarse. No entendía por qué velaba tanto por su seguridad si finalmente pretendía acabar con su vida y así cumplir con su venganza.
¿Qué sería de su bebé si ella no estaba? Quizás podría intentar negociar ese término con él antes de su muerte. Entregárselo a Koga para que lo criase con la tribu de los lobos podría ser una solución para el futuro Hanyo que crecería sin su madre, o bien a cargo de Sango y Miroku. Pero ellos ya tenían tres preciosas criaturas. No quería ser una molestia.
Aquel pensamiento la entristecía. Le hubiese gustado verlo crecer... El Daiyokai, para no entender mucho de sentimientos humanos, sabía que su venganza dolería, y cada vez era más duro a medida que los días pasaban y cobraba más consciencia sobre el bebé.
Sus pensamientos se disiparon al escuchar un ruido cuando caminaba por los jardines privados del palacio. Su corazón dio un vuelco al distinguir a Sesshomaru a lo lejos, que la observaba desde el balcón. El Daiyokai saltó para acercarse a ella, consciente de que se había percatado de su presencia.
Empezó a ponerse nerviosa al verle caminar hacia su posición, con su largo y hermoso cabello completamente suelto, ondeándose al son del viento invernal. Llevaba un elegante kimono de seda rojizo con estampados dorados, semi-abierto de forma que podía ver parte de su torso de ensueño. Sus ojos felinos la intimidaban. Existía una fuerte llama de fuego en ellos, completamente opuesta a su gélido carácter de siempre.
Su bello rostro expresaba la pasión contenida por la situación que vivían, y aquella revelación confundió a Kagome por completo. Empezó a sentir calor, demasiado para el frío invierno que les estaba acechando, y su mirada penetrante la acabó de excitar por completo.
Había echado de menos al Daiyokai, mucho más de lo que jamás se hubiese imaginado.
"¿Tengo síndrome de Estocolmo?"
Se sintió idiota por albergar esa clase de sentimientos. Extrañar a su futuro verdugo rozaba el límite de la locura. Una locura que se había agravado con su estancia en aquella habitación en la que permaneció en la más absoluta melancolía. Pero no podía obviar lo que sucedía en su corazón cada vez que volvía a aparecer en su vida. Deseaba explorar las reacciones de su cuerpo cuando él estaba cerca, y sentir la locura de la pasión con solo rozarle la piel.
Su mirada de fuego expresaba lo mismo. Podía sentir el frenesí en ella, atravesándola fervientemente contra todo pronóstico al ser enemigos.
Caminó hacia él, sin dejar de perderse en sus ojos. Jamás en la vida había odiado y deseado tanto a la misma persona de una forma tan enfermiza.
La lucha por no sucumbir a su locura no había hecho más que empezar.
—Te odio —se atrevió a decir ella, cuando se encontraron frente a frente.
Sesshomaru le levantó suavemente la barbilla con los dedos.
—Mentirosa —respondió él, con voz firme y contundente.
Kagome notó la inmensa electricidad que le recorría por el cuerpo con solo tocarle mientras se perdía en su ardiente mirada.
—¡Te odio! —repitió, aún más alto, intentando obviar todo lo que estaba sintiendo en aquel momento.
Tenía miedo. Miedo de no poder ocultar su deseo, de dejarse llevar por lo que anhelaba su cuerpo. Presa de la rabia, Intentó abofetearle, pero los rápidos reflejos del Daiyokai paralizaron el golpe.
—¡Mentirosa! —exclamó, apretándole la mano fuertemente y acompañándola hacia su rostro. Su tacto era extremadamente suave y aterciopelado. Se deslizó lentamente por las marcas púrpura de Yokai, provocándole una caricia que le hizo cerrar los ojos y suspirar.
Era un gesto que no se esperaba viniendo de alguien como él. Una reacción tan sensual que la desarmó por completo.
Su corazón estallaría de un momento a otro si no lograba satisfacer el ansia que la mataba por dentro.
—Te odio... —murmuró Kagome, creyéndose cada vez menos las palabras que pronunciaba, mientras sus labios se aproximaban peligrosamente para besarse, sin vuelta atrás.
Pero ambos sabían que un beso no sería suficiente para apagar aquel fuego.
—Mentirosa...
Muchas gracias por leerme! :)
Si os ha gustado el capítulo no os olvidéis de vuestra review ;)
Paso a comentar algunas de esta semana:
Meka6489: Muchas gracias por tu review! Otra madre lectora! Somos varias por aquí ;) Sessh y Kag vuelven a acercarse... a ver qué les depara el futuro.
Annie Pérez: Gracias! En este capítulo nuestros protagonistas vuelven a tener interacción 3
Faby Sama: Muchas gracias, como siempre! Lo sé. Hanna no debería llevarse mucho la atención de Sesshomaru, pero estamos en el contexto de que es su esposa y ha olvidado a Kagome ;). Él no es un personaje muy sexual, pero al ponerse tan "cachondo" con Kagome y tener a su mujer a tiro... pues pasó lo que pasó, jeje. Este capítulo yo creo que te gustará más (espero) ;*
Aya: Gracias por tu opinión. Estás en lo cierto. Al final, no importa cómo, pero Sesshomaru y Kagome acaban reencontrándose y suceden cosas inevitables.
BitterCandy: La escena de Sessh teniendo sexo con Hanna y pensando en Kagome es una pequeña venganza, jeje. Ya puede Hanna intentar manipularlo que al final, nadie es dueño de su corazón. Muchas gracias por la review.
HimekoCQ: Bienvenida de nuevo! Muchas gracias por todas tus reviews. Te has leído unos cuantos capítulos de golpe. Me encanta! Me alegro que te parezca que se pone todo cada vez mejor. Se agradece mucho.
Yolotzin Taisho: Muchas gracias por la review. Me alegro dejarte con la intriga porque eso quiere decir que sigue interesante. Qué bien ;)
