CAPÍTULO 46
"LA PARTIDA"
Un gran perro demonio blanco con marca de luna violeta en su frente volaba por el cielo de las tierras del Oeste. Se adentró en el bosque, husmeando cada detalle para asegurarse de que no era seguido por nadie. Tres hechiceras le esperaban a su aterrizaje para dar lugar a una reunión repentina y secreta. El perro demonio esperó a estar seguro para volver a su forma humanoide y presidir la visita.
—Bienvenida, Lady Irasue.
La Diosa sonrió por haber podido llegar sin ser interceptada. Aprovechó que Lord Ryukotsu no se encontraba en el castillo para escaparse y llevar a cabo su plan.
La hechicera más antigua se acercó a su señora, arrodillándose en señal de respeto.
—Naiyah —dijo Irasue —Me alegro de que estés bien.
—Gracias, mi señora. Lo mismo digo. Hemos estado esperándoos con impaciencia.
—He venido porque ella me ha llamado.
—Sí. Desea hablar con vos.
La hechicera acompañó a Irasue a las profundidades del bosque.
—Lady Hanna ha intentado deshechizar el portal del tiempo —dijo Naiyah—. Pretenden poder traspasarlo con sus poderes de Yokai. Por suerte, hemos logrado paralizar los encantamientos, pero no tardará en reunir la suficiente magia.
—Eso sería fatal —contestó Irasue, mientras caminaban por un sendero hasta llegar a una llanura aparentemente vacía.
—No se debe alterar el orden de la naturaleza. Puede desencadenar en acontecimientos catastróficos.
—Pero antiguamente era factible viajar sin perder los poderes.
—La entrada que había en el pozo devorador de huesos, junto al Árbol de las Edades, fue sellada para siempre. Cuando la sacerdotisa que vino del futuro destruyó la piedra Shikon con el deseo correcto, decidimos cerrarlo y devolver a cada viajero del tiempo a la época donde pertenecía, pero Lord Kirinmaru se quedó atrapado en la era moderna al haber permanecido un largo tiempo allí como ser humano.
Irasue observó a Naiyah mientras realizaba un hechizo para descubrir la realidad escondida en la llanura. Una cueva apareció de la nada, y entraron en ella sigilosamente, a la luz de una antorcha que la hechicera encendió con su magia. Llegaron a un oscuro lago repleto de nenúfares con una pequeña isleta en el centro. La Diosa logró distinguir la figura de una mujer de mediana edad y blancos cabellos que se hallaba sentada, con las piernas en cruz.
—Es ella —dijo Naiyah—. Se encuentra meditando ahora mismo.
—No importa —dijo Irasue—. Debo apresurarme. Mi esposo no puede saber que he huido del castillo.
Naiyah la observó con aparente tristeza.
—Sabemos que conspiráis contra vuestro esposo, mi Lady. Pertenecemos al mismo bando. Pero desconocía que estabais en el castillo en contra de vuestra voluntad.
—Es una larga historia.
Naiyah levantó la mano e hizo una seña. La mujer se levantó para acudir de un vuelo al lugar donde se encontraban. Vestía ropajes de piel de lobo con un talismán turquesa en el cuello.
—Disculpad —se apresuró a decir la mujer—. Estos días he tenido mucho trabajo intentando mantener el hechizo del Portal del Tiempo. Lady Hanna está muy empeñada en destruirlo.
—Lo sabemos —respondió Naiyah—. No te interrumpiríamos si no se tratase de un asunto de gran importancia.
Dirigió su mirada a la Diosa.
—Lady Irasue. Es un honor.
—Cuánto tiempo, Neyma. Me alegro de que no te hayan encontrado.
La hechicera sonrió.
—Lo han intentado. De hecho Lord Ryukotsu cree haberme matado, pero le tendí una trampa. He dejado una marioneta en mi lugar, cerca del monte Azusa, que se deshará de todo aquel que se acerque. Gracias a eso, corren los rumores de que me he convertido en un espíritu vengativo.
—¿Y qué motivación tendría para matarte? —preguntó Irasue.
—Creemos que se mueve por venganza.
—Soy toda oídos —dijo Irasue.
—Veréis... —comenzó Neyma—. Los reinos de los Cuatro Puntos Cardinales llevan en guerra desde hace mucho tiempo. Cuando vivía Lord Toga Taisho, Lord Ryukotsu y él eran acérrimos enemigos. Por aquel entonces, ambos tenían opiniones muy dispares sobre cómo gobernar las tierras. Lord Toga siempre había tenido una debilidad por los seres humanos, y se negaba a declararles la guerra. Él creía en una convivencia pacífica con ellos. Su idea era completamente opuesta a la de Lord Ryukotsu.
—Eso ya lo sabía —dijo Irasue—. Lord Toga siempre ha tenido un corazón demasiado blando.
—Cuando Lord Toga derrotó a Lord Ryukotsu, éste, con la ayuda de Kirinmaru y mis conocimientos de magia negra, le ayudamos a que su linaje muriese con él.
Irasue la miró sorprendida.
—No me digas que... ¿Nadie de su familia puede engendrar un heredero?
—Exactamente. Lord Ryukotsu, después de perder a su esposa en la guerra y recibir la maldición, juró vengarse sobre todos los implicados.
—Lord Toga está muerto. Pero quedan Lord Kirinmaru y tú, Neyma.
—No son solo ellos. También juró vengarse de Lord Sesshomaru e Inuyasha, los hijos de Lord Toga.
Irasue empezó a comprender la magnitud del problema.
—Lord Kirinmaru y mi hijo están ahora sufriendo una terrible maldición.
—Lo sé —dijo Neyma, palpando el talismán turquesa de su cuello—. Puedo sentirlo. Sé que fue invocada por Lord Ryukotsu. Por eso también os he convocado.
—¿Sabes cómo deshacerla?
Neyma bajó la cabeza.
—Es complicado. Para poder anular el encantamiento, es necesario contar con un hechicero tan poderoso, que debe ser capaz de dominar el espacio y el tiempo.
—¿Qué significa eso?
—En primer lugar, el Portal del Tiempo debe volver a cerrarse. Es peligroso mantenerlo como está porque Lady Hanna no cederá ante nada para poder traspasarlo y llevar a cabo sus planes de exterminio. Esa chiquilla... Fue un daño colateral de su padre. Ahora la rabia la consume, y se mueve por el odio. Pero a la hora de la verdad, no creo que sea capaz de hacer daño a vuestro hijo.
Irasue miró a Naiyah, pensativa.
—Ese Portal del Tiempo... lo volvimos a abrir para rescatar a Lord Kirinmaru de la era moderna —dijo Irasue—. Pero al regresar, algo horrible sucedió ya que empezó a odiar a los seres humanos hasta el punto de querer exterminarlos. Alegaba que nos acabaríamos extinguiendo... Fue entonces cuando Lord Ryukotsu debió de maldecirle. Por eso decidí dejarlo abierto un tiempo más. Para poder forjar la espada que me ayudaría a derrotarlo con la sangre de la sacerdotisa más poderosa.
—Pero ahora las cosas han cambiado —dijo Neyma.
—Exacto —afirmó Irasue—. Con Lord Kirinmaru enfermo, está fuera de combate. Es mucho peor mantener el portal abierto y que los Yokais logren traspasarlo con todos sus poderes. Sería una catástrofe para la naturaleza.
—Ya va siendo hora de que lo cerremos, mi Lady —afirmó Naiyah.
—No va a ser tan fácil cerrarlo —dijo Neyma. —Lleva demasiado tiempo abierto. Solo el hechicero que sea capaz de controlar el espacio y el tiempo, será capaz de sellar el portal. Pero para ello, ha de quererlo de corazón.
—¿Me estás diciendo que el mismo hechicero que sea capaz de sellar el portal, podrá deshacer el hechizo de la maldición? —preguntó la Diosa.
—Una vez se selle, todo volverá a su orden. La maldición también es una consecuencia de haber alterado el orden de la naturaleza.
—¿Qué debo hacer ahora, Neyma?
—Traedme a la Sacerdotisa más poderosa.
—El alma de Kikyo se aloja en el cuerpo de una humana que desapareció con Lord Kirinmaru.
—No me refiero a Kikyo. Hay otra sacerdotisa que ya la superó hace tiempo. Es un diamante en bruto con un gran potencial. Puedo sentirlo en mi corazón.
—¿Te refieres a esa... humana...?
—Tiene nombre, mi Lady. Se llama Kagome.
Irasue se exaltó.
—Esa humana es consciente de las consecuencias de sellar el Portal del Tiempo para siempre. ¿Crees que va a querer hacerlo de corazón, sabiendo que de esta forma se separará de mi hijo para siempre?
—Kagome es fuerte. Sabe perfectamente distinguir entre el bien y el mal. No dudará en sacrificarse por el bien común, aunque ello implique separarse del amor de su vida.
—Desconozco si está viva o está muerta.
Neyma sonrió.
—Se encuentra perfectamente, mi Lady. Ahora mismo gobierna sobre las Tierras del Sur.
—¿Lady Minami? —preguntó la Diosa, incrédula.
—Exactamente. Ella sola ha logrado que los sureños la respeten. Yo creo que tiene mucho potencial, ¿no creéis?
—Es humana y a estas alturas no recordará a mi hijo. Esto puede ser una ventaja para sellar el portal, si olvidó sus sentimientos.
—Para sellar el portal, debe encontrarse en plenas facultades. No puede estar maldita. Lo mejor de todo es que no necesita deshacer la maldición. Sus poderes deberían ser suficientes para hacer que sus recuerdos vuelvan.
—¿Será capaz?
—Por eso necesito que me la traigas. Quiero ver lo que podemos sacar de ese diamante en bruto.
Irasue pensó en Touma, Sara y Jaken. Los tres habían emprendido un viaje para dar con Kirinmaru y averiguar la forma de romper la maldición. La información que tenía era crucial, y debían ser conocedores de ella lo antes posible. Por otro lado, también era esencial encontrar a la sacerdotisa. Con la ayuda de ellos sería todo más fácil. Ryukotsu estaría ocupado intentando derrotar al Lord del Este, así que ella podría seguir fuera del castillo durante un tiempo más.
—¿Podrías hacerme un favor, Neyma?
—Soy toda oídos.
—Necesito que realices un hechizo rastreador.
MONTE AZUSA
—¡Chicos! —dijo Sara, haciendo señas con sigilo para no ser descubiertos.
Inuyasha, Sango, Kyoko y Touma se acercaron al lago donde se encontraba la Yokai. Jaken se había quedado atrás, vigilando las pertenencias.
Sara señaló con el dedo hacia el gran lago, iluminado por las estrellas de la noche. Fijaron su mirada en una mujer de blancos cabellos que se bañaba tranquilamente en sus aguas.
—¿Podría ser Neyma? —preguntó Inuyasha.
—Su aura no es la de una hechicera —dijo Sara—. Es muy extraño. Se parece más al espíritu de un demonio.
—¿Podremos entablar alguna conversación con ella? —preguntó Sango—. Por lo que decís, parece ser peligrosa.
—No lo averiguaremos si no nos acercamos —contestó Inuyasha mientras caminaba hacia el lago.
Se paró junto a la orilla, justo cuando el espíritu se giraba al percatarse de su presencia.
—¡Eh tú! —gritó el Hanyo.
—¿Podrías ser más educado? —dijo Sango.
—¡Bah! Si está muerta, ¿de qué sirve ser educado?
—No tienes remedio.
El espíritu se acercó a ellos.
—¿Qué queréis de mí? —preguntó con una voz tan fantasmal que les causó un erizamiento en la piel.
—¿Eres Neyma?
El espíritu, al escuchar el nombre, se enfureció y empezó a volar hacia ellos. Sus ojos se volvieron demoníacos, asomándose grandes colmillos al abrir la boca para chillar. El sonido de su voz era tan desagradable que los Hanyos no lograban luchar sin taparse los oídos.
—¡Maldición! —gritó Inuyasha. Si sigue chillando, nuestros tímpanos no aguantarán.
Sango lanzó su boomerang hacia ella. A los humanos no les afectaba aquella frecuencia tan molesta.
El ser se giró, y Kyoko intentó alcanzarla con una patada. Pero era demasiado rápida. Tumbó a la karateka de un manotazo.
—¡Kyoko! —gritó Inuyasha.
—No te preocupes. Estoy bien —dijo mientras se incorporaba—. Sango no aguantará mucho.
Kyoko se rasgó parte de su ropa para hacer una cinta que ató en los cabellos de Inuyasha y Touma.
—Esto os tapará un poco los oídos.
—¡No es suficiente! —dijo Touma—. Me siguen molestando sus chillidos.
—Pero no tanto como antes —interrumpió Inuyasha, mientras saltaba con Colmillo de Acero—. ¡Viento Cortante!
El espíritu esquivó el ataque, dejando a Sango sola, que estaba a punto de ser derrotada.
Touma aprovechó para lanzarse sobre ella, pero el espíritu logró esquivarlo.
—¿Crees que se trata de un espíritu vengativo? —preguntó Kyoko.
—Eso parece, pero tiene un aura muy oscura —respondió Sara, que también saltó con su espada para intentar herirla, sin éxito. Neyma respondió cruelmente, lanzando a Touma y Sara por los aires, sin ningún tipo de miramiento.
—Debo enviarla al más allá —dijo Inuyasha.
—¡No puedes hacer eso! —exclamó Kyoko—. Nos tiene que dar la información que necesitamos.
—No pienso poner a nadie en peligro. Averiguaremos lo que necesitamos por otro lado. Este espíritu no parece que nos vaya a contar nada.
—Inuyasha tiene razón —dijo Touma—. Es muy peligrosa. No atiende a razones.
—¡Es la única pista que tenemos para romper la maldición! —insistió Kyoko.
La joven karateka se interpuso entre Inuyasha y el espíritu.
—¡Neyma! —gritó—. Necesitamos que nos digas cómo romper la maldición que ha caído sobre Kirinmaru.
—¡Aparta, Kyoko! ¿No te das cuenta de que no es Neyma? Nos dijeron que teníamos que buscar a una hechicera. Y esto tiene un aura demoníaca muy potente. Tenemos que deshacernos de ella.
Sango le tendió la mano.
—¡Kyoko, por favor! Ven conmigo. Encontraremos la forma de romper la maldición. Te lo prometo.
—¡No! Kirin no tiene tiempo. Morirá si no hacemos algo.
—Moriremos todos si Inuyasha no la envía al más allá.
El espíritu volvió a ponerse en posición de ataque. Lanzó un destello de energía que provocó que todos cayesen al suelo. La tierra empezó a removerse y se creó un maremoto con el agua del lago.
Inuyasha y Touma se hicieron una seña, a espaldas de Kyoko. Al lanzar la seña, Touma se dirigió a la karateka para apartarla de su camino. Inuyasha empuñó la espada.
—¡Meido Zangetsuha! —gritó con todas sus fuerzas, provocando que apareciera una puerta al inframundo.
¡No! —gritó Kyoko en brazos de Touma, mientras observaba cómo el espíritu entraba en el agujero provocado por la espada.
Cuando el agujero se cerró, transportando al espíritu al inframundo, Inuyasha guardó su espada.
—Lo siento —dijo Sango—. Era necesario.
Los ojos de Kyoko se llenaron de lágrimas, presa de la rabia.
—Encontraremos otra forma —dijo Inuyasha.
—Mentiroso.
Kyoko se marchó en busca de Jaken.
—No se lo tengas en cuenta, Inuyasha —dijo Sango—. Está ofuscada, pero más adelante seguro que entrará en razón.
El Hanyo observó cómo la joven abandonaba el lugar, sin mirar atrás.
—Supongo que es normal. Le hemos quitado la única posibilidad que quedaba de curar a Kirinmaru.
—Ese espíritu no era Neyma —insistió Sara.
—Si esa cosa no era Neyma, ¿entonces dónde diablos está ella? —preguntó Inuyasha.
PALACIO DE LA LUNA
JARDÍN PRIVADO
—Mentirosa...
El corazón de Kagome iba a estallar de un momento a otro con cada gesto y mirada del hombre que le había quitado el sueño durante sus largas noches encerrada en la habitación secreta.
—¿Por... por qué me miras así? —preguntó, temblorosa, sin ser capaz de obviar sus encantos, con sus labios cada vez más cerca de los suyos, atrayéndose como poderosos imanes.
Sesshomaru agarró a la joven reina por la cintura y la aproximó hacia su pecho, arrastrándole la mano a la altura del corazón.
—¿Lo notas? —dijo él, con voz firme, mientras sus labios se rozaban peligrosamente—. Explícame por qué late tan fuerte.
Kagome emitió un ligero gemido que excitó aún más al Daiyokai.
—¿Por qué? —insistió él—. ¿Por qué me siento así cuando estoy contigo?
Su voz era cálida y temperamental, como si la rabia se hubiese apoderado de su cuerpo, reprochándola por haber sido preso de su encanto.
—¿Por qué... me ocurre lo mismo? —preguntó Kagome, acercándole la mano a su pecho e introduciéndola bajo la ropa.
Sesshomaru lo sabía. Desde hacía rato había estado atento al sonido de su corazón. Pero no se esperaba el cálido tacto de su piel bajo la ropa del kimono, justo donde empezaban sus voluminosos senos de embarazada. Era demasiado tentadora como para no sucumbir ante ella, incluso para un poderoso Daiyokai como él.
La besó en los labios, mordiéndolos suavemente hasta empezar a sentir una fuerte ansiedad. Kagome respondió a su beso, recorriéndole la boca lentamente con la lengua para luego volverse más rápido e intenso.
Se separaron al instante al darse cuenta de lo que ocurría, mirándose con fuerte deseo. Aquello no estaba bien. Eran enemigos y no debían involucrarse sentimentalmente. Pero la atracción que sentían superaba cualquier cargo de conciencia.
Sesshomaru se acercó de nuevo para besarle los pechos, provocando que Kagome se estremeciese de placer. Los mordió con necesidad animal, mientras la empujaba contra una enorme piedra del jardín para no dejarla escapar. Kagome se sentía en el cielo ante los besos y caricias que le propiciaba desde los senos hasta el cuello. La sensación les resultaba demasiado familiar y cercana. ¿Cómo era posible?
—Mira lo que provocas en mí, humana... —le susurró con tono tremendamente gutural.
Kagome no podía creerlo. ¿Cómo era capaz de llegar a aquel extremo con su enemigo? Había fantaseado alguna vez con él debido a su atractivo, pero el odio siempre imperaba debido a sus amenazas y por haberla mantenido encerrada durante un largo mes. No debía permitir que la desarmara de aquella forma. Tarde o temprano se enfrentarían en el campo de batalla, y no lograba pensar en otra cosa que en quitarle el kimono para acariciar su esbelto y perfecto cuerpo.
Sus besos le ardían, y las caricias se convirtieron en fuego. Aquella sensación la habían experimentado anteriormente, y ya era imposible frenar. Kagome se ruborizó al sentir la tremenda erección del Daiyokai entre sus piernas, justo en el momento que le agarró la cintura con ellas.
Le rasgó la ropa con sus garras, necesitando aún más de ella. Los besos ya no eran suficientes para satisfacer su lujuria. Lo quería todo. Se moriría si no lograba tomarla en aquel instante en el que ya no importaban las promesas, los prejuicios ni los retos de guerra. Kagome jadeaba a la vez que su mente se empezaba a llenar de imágenes inconexas, como si brotaran recuerdos que habían permanecido enterrados durante un largo tiempo. Recordaba sensaciones, sentimientos semejantes que ya había experimentado, y un intenso dolor empezó a brotar en su cabeza.
Sesshomaru se percató de que algo le ocurría a la joven, y se frenó para sentarla encima de la hierba.
—¿Estás bien? —preguntó, con tono de preocupación en su voz.
Kagome no era capaz de levantarse. ¿Acaso empezaba a recordar episodios que había olvidado? Sesshomaru la llevó a sus aposentos, cerrando las ventanas para impedir que entrara luz en la habitación. Una potente aura emanaba de sus muñecas, justo donde las cuerdas mágicas tocaban su piel. Notó su poder, el más grande que había percibido en décadas. Si seguía aumentado, las cuerdas mágicas no aguantarían mucho tiempo y podría escaparse en cualquier momento. Pero ahora, al sentir el sufrimiento de la joven reina, poco le importaba lo demás. Lograba empatizar con ella debido a que sus dolores se asemejaban a los suyos cuando la noche de luna llena se acercaba.
—¿Cómo está mi bebé? —preguntó al despertarse y ver que el Daiyokai permanecía a su lado.
—Está bien.
Kagome sonrió, con los ojos prácticamente cerrados.
—Gracias por quitar la luz.
—Conozco esos síntomas. Yo también sufro de fuertes migrañas.
Kagome se reincorporó.
—Es algo más que eso. Yo te conozco, Sesshomaru. La primera vez que nos vimos, no fue la primera.
El Daiyokai la miró, incrédulo.
—Créeme. No te había visto en mi vida.
Sesshomaru se abrumó al pensar que de lo contrario, nunca se hubiese casado con Hanna. Se encontraba demasiado fascinado con la joven como para pensar en otra cosa que no fuese ella. ¿Cómo era posible poder olvidarla? Aquel pensamiento no tenía cabida en su cabeza.
—¿Desde hace cuánto que sufres esas migrañas? —preguntó Kagome. Estaba segura de que existía una conexión entre ambos.
—Desde antes de conocerte.
—Me ocurre lo mismo. Algo pasa con nosotros, Sesshomaru. ¿No lo sientes? ¿No crees que se han apoderado de tu mente y te han hecho perder parte de tus recuerdos?
—Dime tu nombre, humana. No creo que te llames Lady Minami.
—Me llamo Kagome.
—Kagome... —repitió él, rozándole el rostro con sus uñas.
—Minami es el nombre que me pusieron las Tierras del Sur. Kagome es el nombre que me puso mi madre.
—Es bonito... pero no lo había escuchado antes.
—¿Habías sentido antes esto?
Kagome le besó las manos dulcemente, posando sus labios en cada dedo hasta el punto de hacerle estremecer. Sesshomaru cerró los ojos, emitiendo un ligero gemido por cada roce de sus labios. Se tumbó encima de ella, con cuidado de no dañar su vientre, y la miró a los ojos. Se acariciaron en rostro mientras se observaban repletos de anhelo, excitados, descubriéndose y memorizando el momento para no olvidarlo jamás. Sus besos fueron tiernos, lentos y suaves hasta que ya no pudieron aguantarlo más, convirtiéndose en besos cada vez más apasionados y recorriendo el cuerpo de ambos. Se abrazaron fuertemente mientras sus piernas y manos se entrecruzaban, desnudándose lentamente, y fundiéndose en suaves caricias, cada vez más intensas. Kagome empezó a gemir más fuerte al notar la lengua del Daiyokai en su sexo, jugueteando con cada parte y maldiciéndose por no haberle conocido antes.
—Déjame que lo haga yo —dijo ella, con voz implorante. Si seguía lamiéndola de aquella forma, no aguantaría mucho más.
Se dio la vuelta, posándose encima de él. Sesshomaru jadeó fuertemente al sentir la boca de la joven en su miembro, sorprendido por el enorme placer que estaba experimentando. Kagome aumentaba el ritmo conforme él se lo suplicaba, ayudándose con sus manos y mirándolo a la cara. Jamás en su larga vida había presenciado una escena más excitante que la de aquella joven reina a su merced, complaciéndole con su boca y sacando su lado más sexual y salvaje en la cama.
—Para... por favor... —gimió él, con los ojos medio cerrados y un suspiro de voz. Si continuaba un poco más, no tardaría en estallar de placer.
Kagome se sintió tremendamente poderosa al ver el efecto que causaba en él, y decidió continuar, montándose encima suyo mientras le agarraba los prominentes pechos debido al embarazo. Sesshomaru la giró hasta tumbarse encima de ella, brindándole una mirada de fuego que le erizó la piel. Volvió a besarla, repleto de deseo, anhelando encontrarse con su lengua en una lucha sin cuartel, explorando cada rincón de su boca y probando sus labios del sabor de las cerezas. Su aroma era tan dulce y familiar que ya no era capaz de vivir sin volver a olerlo. La penetró con fuerza y deseo, fundiéndose ambos en largas caricias y tiernos besos. Sus cuerpos reaccionaban como si hubiesen nacido para estar juntos, al son del mismo baile que les haría volar hacia las estrellas. Una lágrima de Kagome cayó sobre la mejilla del Daiyokai, en el momento en que ambos alcanzaron el clímax.
—¿Estás triste? —preguntó él, deslizando suavemente los dedos sobre su rostro para limpiarla.
—Todo lo contrario —respondió la joven, al notar que aquellas lágrimas eran fruto de haber experimentado el orgasmo más intenso de su vida.
Se abrazaron fuertemente, desnudos y exhaustos, hasta caer dormidos. El mundo se paró a sus pies aquella tarde en la que no salieron de los aposentos del Lord del Oeste. Siguieron haciendo el amor al despertarse, como si sus cuerpos y almas sintiesen la necesidad imperiosa de recuperar el tiempo perdido, disfrutando incesantemente hasta la primera luz del alba.
ALDEA DE KAEDE
Inuyasha despertó al escuchar un fuerte ruido a lo lejos. Salió de la cabaña de Kaede con Colmillo de Acero a la vez que Touma y Sara.
—¿Habéis oído eso? —preguntó Inuyasha.
—Noto la presencia de un Daiyokai muy poderoso —dijo Sara—. Vayamos a husmear.
Los tres salieron de la aldea, donde el aura demoníaca era más poderosa. Los aldeanos huían despavoridos al ver a Ryukotsu llegar desde el cielo, arrasando todo lo que se cruzaba en su camino con esferas de fuego que surgían de su katana.
—¡Mierda! ¡Nos ha encontrado! —gritó Touma—. Está buscando a Lord Kirinmaru. ¡Sara! Vuelve a la aldea. Protégele, cueste lo que cueste.
Sara regresó tan rápido como pudo para advertir a los demás. Kyoko, Rin, Shippo, Kaede y Jaken se despertaron al momento de escuchar la voz de la Yokai.
—¡Rin, Jaken! —gritó Kaede—. Id a la aldea de exterminadores. Allí estaréis a salvo.
—¡No pienso dejaros aquí! —contestó Rin.
—Calla, niña. Es demasiado peligroso. Jaken, llévatela.
—No seas cabezota, Rin —dijo el pequeño demonio sapo—. Si te ocurre algo, mi amo me matará.
—¿Quién es tu amo? —preguntó la muchacha.
Jaken recordó que Rin también sufría la maldición de Sesshomaru.
Shippo apareció, somnoliento.
—¿Qué ocurre?
—Lord Ryukotsu está en la aldea —contestó Sara—.
Tú también deberías irte con Rin y Jaken.
—Ni hablar. Voy con vosotros.
—Escúchame, pequeño zorro—ordenó Sara—.
Estar por aquí dando vueltas solo nos distraerá.
—¡Yo me quedo con vosotros! —exclamó Kyoko—. No pienso dejaros solos.
Kaede suspiró.
—Esto es serio, Kyoko. Pero tú sabes luchar. Necesitaremos refuerzos. ¿Hace cuánto que no toma tu sangre?
—Una semana —mintió Kyoko. En realidad, le ofrecía de forma mucho más frecuente para mantenerlo con vida, aunque ello implicase que su cuerpo se debilitara con cada toma.
—Está bien —dijo Kaede—. Crearé una barrera protectora para esconder a Kirinmaru de Lord Ryukotsu. Con ello ganaremos tiempo.
Sara y Kyoko acudieron a las afueras de la aldea, donde Inuyasha y Touma intentaban batirse en duelo con Ryukotsu. El poderoso Daiyokai había tumbado con su katana a ambos Hanyos, magullados por el estruendoso ataque.
Inuyasha se levantó para contraatacar con su espada Colmillo de Acero, intentando conjurar el Meido Zangetsuha, pero Ryukotsu, al ser consciente del poderoso ataque, desapareció en la nada para posarse detrás de él y propinarle un puñetazo que intentó esquivar sin éxito. Al caer al suelo, Touma se levantó velozmente para asestarle un golpe con la espada. El Daiyokai lo esquivó, aprovechando la distracción para lanzarlo por los aires con un hechizo de viento.
—¡Mierda! Es demasiado poderoso —gritó Sara, empuñando su sable—. ¡Kyoko! Distráele que le atacaré por la espalda.
Kyoko asintió con la mirada, y acudió al campo de batalla para hacer de señuelo. Ryukotsu la observó a lo lejos, lanzando una bola de fuego que la joven logró esquivar escondiéndose tras unas rocas. Sara aprovechó su distracción para contraatacar por la espalda, pero su velocidad no era comparable a la del Lord del Norte, que manejaba la situación con gran soltura y dejando a sus rivales sin aliento.
—¿No tenéis mejores ataques? —preguntó Ryukotsu—. Francamente estoy decepcionado.
Señaló a Inuyasha.
—¡Tú! Hijo de Toga Taisho —gritó fuertemente—. Me encargaré de que ardas lentamente en el infierno para cumplir mi venganza.
—¿De qué hablas? No te he hecho nada —dijo Inuyasha con indignación. Se volvió a levantar para seguir luchando.
—Hanna también era una niña cuando tu padre nos maldijo, y no le importó. ¿Por qué debería tener miramientos contigo?
—¡Calla, imbécil! Me encargaré de que muerdas el polvo.
Ryukotsu emitió una sonora carcajada.
—Si me decís dónde se encuentra ese cobarde de Lord Kirinmaru, puede que les perdone la vida al resto de tus amigos.
Inuyasha se lanzó hacia el cielo, realizando el ataque de Onda Explosiva donde diversos torbellinos empezaron a brotar de su espada después de golpear el punto de la energía del Daiyokai con la técnica Viento Cortante. Ryukotsu fue interceptado por uno de ellos, lanzándolo contra las rocas del bosque.
Inuyasha y sus amigos celebraron el golpe, pero la alegría se esfumó al ver que el Lord del Norte se levantaba sin ninguna herida aparente. Sus vidas peligraban ante un rival que parecía no tener miedo a nada, motivado por la venganza hacia Toga Taisho y su descendencia.
—Shippo... —dijo Kaede—. ¿Todavía no te has marchado? Rin y Jaken están fuera esperándote.
—¿Estarás bien, venerable Kaede? Si Lord Ryukotsu busca a Lord Kirinmaru, ¿por qué no se lo damos? Ésta no es nuestra guerra.
La anciana miró a su alrededor.
—Lo sé, pequeño. Pero no podemos permitir que Lord Ryukotsu y Lady Hanna se apoderen de todas las tierras. El ejército del Oeste tiene esperanzas de recuperar a su rey.
—Pero Lord Kirinmaru también quería acabar con la humanidad.
—Hasta que apareció Kyoko. Algo ha removido en él. Yo creo que esperará a recuperar sus recuerdos para tomar tal decisión. Ahora mismo es muy valioso y debemos mantenerlo con vida. Nos será muy útil en la batalla final. Iré a crear la barrera para protegerlo.
Kaede abrió la puerta de la habitación de Kirinmaru. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que la cama se encontraba vacía. El Lord del Este había desaparecido sin dejar rastro alguno.
Kyoko acudió al lugar donde se encontraba Inuyasha, con el cuerpo magullado debido a los diferentes golpes recibidos.
—Márchate de aquí —dijo, suplicante—. No aguantaré mucho más. Es muy peligroso.
Touma y Sara seguían en el suelo, con imposibilidad de moverse debido a las heridas, y a la espera de poder regenerarse mínimamente.
—¡No puedo dejarte aquí!
—Me quiere vivo para torturarme por una venganza. No me matará todavía. Huye, por favor...
Kyoko lo levantó del suelo.
—Ni hablar. Te vienes conmigo.
—Por favor... tú eres humana. Morirás si sigues a mi lado. ¡Vete!
—¡Qué diálogo tan enternecedor! —interrumpió Ryukotsu, mofándose—. No os va servir de nada porque tú, humana inmunda, vas a morir ahora mismo. Quiero ver la cara de Inuyasha mientras te destrozo.
Kyoko lo miró con rabia, siendo consciente de que no podía hacer gran cosa teniendo en cuenta de que había derrotado a Sara, Touma e Inuyasha de una sola sentada.
Ryukotsu lanzó una bola de energía en dirección de la joven, pero Inuyasha la interceptó con su cuerpo, protegiéndola con su kimono de rata de fuego.
—¡Inuyasha! —gritó Kyoko, intentando levantar a su amigo.
—V... vete... —murmuró sin fuerzas.
Ryukotsu descendió de los cielos para acercarse a la pareja.
—Ahora ya no tienes ningún escudo, muchacha. Ha llegado tu hora. Dime dónde está Lord Kirinmaru y perdonaré la vida de alguno de vosotros.
—¡Vete al infierno! —exclamó Kyoko, pensando en que moriría de un momento a otro.
—¿Aún sigues con la fea costumbre de matar a jóvenes indefensas? —dijo una voz desde el aire.
Kyoko y Ryukotsu miraron al cielo, reconociendo la figura de un Daiyokai de ojos esmeralda y cabellos color fuego ondeando al viento.
—¡Kirin! —gritó Kyoko, al reconocerlo de inmediato.
—Por fin apareces, cobarde —sonrió Ryukotsu—. Te estaba esperando.
—Métete con los de tu tamaño, si es que puedes —replicó Kirinmaru.
Kyoko se asombró al ver que el Lord del Este no parecía enfermo. Pero sabía que era pura apariencia para intimidar a Ryukotsu.
Los Daiyokais saltaron por el cielo para luchar con sus katanas, de las que salían destellos de colores debido a la potencia del combate. Los ríos se desbordaron, y el cielo se tiñó de sangre. Ambas auras demoníacas manifestaban una potencia inaudita, que provocaba extraños efectos meteorológicos.
—Deberías estar muerto —dijo Ryukotsu, sin entender claramente cómo era capaz de luchar de aquella forma a pesar de la maldición.
—Moriré cuando te haya enviado al infierno.
El rostro de Kirinmaru se transformó, dando lugar a una enorme bestia escamosa con cuerpo de león, ante el asombro de su rival.
—¿Todavía tienes fuerzas para transformarte?
Inuyasha, Touma, Sara y Kyoko presenciaban la escena, asombrados ante tal muestra de poder.
—Lord Kirinmaru no aguantará —dijo Touma.
Inuyasha observó la expresión de tristeza de Kyoko.
—Es fuerte. Creo que puede con él —dijo, intentando consolarla.
Ryukotsu se transformó en un majestuoso dragón para el asombro de todos. Empezó a atacar a Kirinmaru con sus fauces, pero éste logró esquivarlo con rapidez. Un intercambio de energías y choque de titanes fluía en el cielo, como si de dos dioses se tratase.
—El combate está muy igualado —dijo Sara, con sorpresa.
—Quizás aún haya esperanzas —añadió Inuyasha.
Después de una larga lucha, el dragón cayó en el bosque, volviendo a transformarse en Ryukotsu, malherido por su rival. Kirinmaru volvió a su forma humanoide, empuñando su katana y apuntándole al cuello.
Inuyasha y el resto del grupo se acercaron sigilosamente para presenciar la escena en la que Ryukotsu parecía haber sido derrotado.
—¡Dime cómo deshacer la maldición! —exclamó Kirinmaru, amenazante.
—No te servirá de nada. Morirás igualmente —contestó el Lord del Norte, con un hilo de voz.
—Te dije que no moriría hasta enviarte al infierno.
—Hazlo...
Kirinmaru sabía que no le quedaba mucho tiempo. Si no se encargaba de darle el golpe final, la vida de los que habían intentado protegerle peligraba. Solo él era capaz de ser un digno oponente frente al Lord del Norte.
—¿Quieres decir algo antes de morir?
—Aunque yo muera, mi hija se vengará de todos vosotros. Pagaréis por todo lo que nos hicisteis.
—Eso ya lo veremos.
Kirinmaru le cortó la cabeza y le arrancó el corazón para asegurarse de que no sobreviviese.
—Quemadlo —ordenó, mirando al grupo de Inuyasha.
—¡Kirin! —gritó Kyoko, corriendo hacia él.
Se abrazaron con fuerza.
—Al menos he podido verte por última vez —dijo Kirinmaru con melancolía.
—¿Por qué me dices eso?
El Daiyokai se desplomó en el suelo.
—¡Kirin! —gritó Kyoko, desesperada—. Abre los ojos, por favor...
Touma miró a Inuyasha.
—La furia y su voluntad de protegerla han acabado con Lord Ryukotsu, pero a un alto precio.
—¿Sabía que iba a acabar así? —preguntó Inuyasha.
Touma asintió con su mirada.
—Eso es muy triste —dijo Sara—. Usó las fuerzas que le quedaban para derrotarle. Sabía que era un rival demasiado poderoso para nosotros.
Los verdes ojos de Kirinmaru se oscurecían lentamente, mientras Kyoko lloraba encima de él.
—Recuerdo... cosas... —murmuró, con pura tranquilidad en su voz—. Recuerdo el día en que me desafiaste a una batalla. Allí me di cuenta de que eras especial. Recuerdo la primera vez que nos besamos en tu dojo...
—Sí... yo también lo recuerdo.
—Nunca quise acabar con la humanidad. Siempre he apreciado a los seres humanos.
—Lo sé.
Le rozó las mejillas con sus dedos, intentando secarle las lágrimas.
—¿Cómo pude olvidarte, Kyoko? ¿Cómo he sido capaz de vivir sin amarte? Ahora lo veo todo tan claro...
—No te rindas, Kirin, por favor. Te llevaré a la aldea de Kaede. Ella sabrá que hacer.
Kirinmaru sonrió. Era la primera vez que sonreía después de mucho tiempo. Su rostro reflejaba una gran paz espiritual.
Inuyasha y el resto se acercaron a ellos.
—¡Tu hermano! —exclamó la joven mirando al Hanyo —¿No tiene una espada que resucita a los muertos? La usaremos.
—No podemos, Kyoko —contestó Inuyasha con tristeza—. Esa espada puede resucitar al poco tiempo de morir. Tardaremos días en encontrar a Sesshomaru.
—No es necesario —murmuró Kirinmaru—. Estaba preparado para esto. Inuyasha, por favor, cuídala...
—¡No! ¡Kirin! —sollozó la joven, impotente—. ¡No me dejes sola! ¡Toma mi sangre! ¡Te quiero!
Kirinmaru suspiró por última vez, inmensamente feliz al escuchar sus palabras.
Se marchaba feliz por haber protegido lo que más quería con su último aliento.
Feliz por haber aprendido a amar y ser correspondido.
Feliz de recuperar sus recuerdos mientras el dolor de cabeza se esfumaba.
Por un pequeño instante, llegó a ser feliz.
Siento el retraso en actualizar. Es lo que tiene al ser madre y tener a mis hijas en casa, jeje. Lo bueno es que los capítulos son más largos.
En el próximo episodio comentaré reviews, que si no, me demoraré en publicar.
No olvidéis de dejar algún comentario. Ya sabéis que me hace mucha ilusión. Un abrazo! 3
