CAPÍTULO 47
"NUEVA VIDA"

PALACIO DE LA LUNA

Sesshomaru abrazó fuertemente a Kagome mientras dormía en sus aposentos. Parecía haber vivido un sueño del que no quería despertar, pero sus obligaciones como Lord del Oeste debían ser atendidas de inmediato. La miró con ternura hasta que la joven se despertó, algo desorientada con lo sucedido.

—Buenos días... —dijo ella, aún somnolienta—. ¿Te marchas?

—Buenos días... debo ir al gran salón. Pero volveré enseguida que termine la reunión. Puedes seguir durmiendo todo el tiempo que quieras.

—La verdad es que estoy cansada. Debe ser por el embarazo.

Kagome pensó que debía llevar unos cinco meses de gestación, aunque su barriga le parecía más abultada de lo normal. Le resultaba prácticamente imposible disimularla, ni siquiera con ropaje ancho.

Se miraron, vergonzosos, al pensar en lo sucedido la noche anterior.

—Quizás... deberíamos hablar luego de lo que ha ocurrido —dijo Sesshomaru, intentando disimular su rubor.

La dejó sola en sus aposentos, y ordenó a Tomoe, su guardia de confianza, que la vigilara.

Mientras caminaba hacia el gran salón, no paraba de darle vueltas a la cabeza. Había traicionado a su esposa, acostándose con su enemiga y dejándose llevar por sus encantos.

"¿Qué me pasa? Este no soy yo".

Los remordimientos le acechaban, y se sintió terriblemente vil por quebrantar su honor.

"¿En qué estaba pensando?"

Pero no era capaz de obviar lo que sentía. A medida que se alejaba de la habitación en la que había dormido con la joven reina del Sur, más se percataba de que ella era todo lo que quería.

Asestó un puñetazo en las paredes del palacio.

—¿Por qué? —se dijo a sí mismo—. ¿Por qué me convertí en rey? ¿Por qué me casé sin estar enamorado?

Era complicado encontrar respuestas a sus preguntas. Lo había hecho por el bien del reino. Pero las guerras no parecían cesar, y Hanna se había convertido en una mujer cada vez más codiciosa.

—¡Mi Lord! —dijo un soldado al entrar en el gran salón—. Nos ha llegado la terrible noticia de que Lord Ryukotsu ha muerto.

Sesshomaru lo miró, sorprendido.

—¿Cómo es posible?

—Murió contra Lord Kirinmaru. Ambos perecieron en el combate.

Al Daiyokai se le nubló la mente. No apreciaba en absoluto al padre de su esposa, pero Hanna necesitaría ayuda en los frentes del Norte y del Este.

—¿Alguna noticia más? —preguntó, fríamente.

—Sí, mi Lord. Vuestra madre, Lady Irasue, ha desaparecido del castillo del Norte.

"Muy típico de ti, madre. Ahora eres libre de ese tirano".

—¿Dónde está Hanna?

—En el castillo del Este, mi Lord.

Sesshomaru abandonó la sala sin dar explicación alguna, por lo que sus consejeros dieron por cerrada la sesión.


CASTILLO DEL ESTE

La furia de Hanna llegó a límites insospechados al recibir la noticia sobre la muerte de su padre, Lord Ryukotsu. Con el ejército del Este en contra, su posición al frente se complicaba debido a que había perecido al enfrentarse a Lord Kirinmaru.

—Mi Lady—dijo Yuki, que había acudido al palacio a ofrecerle la información—. Es peligroso que os quedéis aquí. Los rebeldes vendrán furiosos a por vos. Este castillo ya no es seguro para nadie.

—¡Maldita sea! —gritó—. Me las pagarán. ¡Todos me las pagarán!

Hanna tenía que pensar en un plan rápidamente. El funeral de Lord Ryukotsu se celebraría en el Castillo del Norte, y Sesshomaru no estaba a su lado para luchar con ella. Quizás, lo más sensato era retroceder, aun perdiendo las tierras del Este que tanto les había costado conquistar. Con la ausencia de su padre, los rebeldes no dudarían en unirse para atacarla.

—Todavía no he acabado con las noticias, mi Lady —prosiguió Yuki.

Hanna lo miró, sorprendida.

—Continúa...

—Estuve en el Sur, tal y como ordenasteis, junto con el ejército de los lobos. Escuché una conversación muy interesante acerca de su reina.

—¿Qué ocurre con ella?

Hanna odiaba profundamente todo lo que provenía de la sacerdotisa que le había robado el corazón a su esposo. Pero si podía utilizar cualquier información para usarla en su contra, sería bienvenida.

—Está embarazada.

—¿Cómo es posible? ¿De quién?

—Lo desconozco. Ni siquiera el líder de los lobos, Koga, sabía quién es el padre.

—Así que el bebé no es de él —murmuró Hanna, pensativa—. ¿Entonces de quién es?

—Por lo que he escuché, ya estaba embarazada cuando la nombraron Reina del Sur.

Hanna asestó un puñetazo en la pared, pensando que podría existir la remota posibilidad de que aquella criatura fuese de Sesshomaru. Al fin y al cabo, cuando su padre les maldijo, estaban enamorados.

—No me encuentro bien, Yuki. ¿Puedes salir de mis aposentos?

El Yokai se apresuró en abandonar el lugar, dejándola sola, sumida en sus pensamientos. ¿Por qué la vida era tan injusta? Hubiese removido cielo y tierra para darle un heredero a su esposo, y era ella, aquella estúpida sacerdotisa, la que podría cumplir su sueño, arrebatándole todo lo que le quedaba.

La ira le cegó. Debía partir inmediatamente al Norte para asistir al funeral de su padre. A aquellas alturas, Sesshomaru ya sería conocedor de su muerte y acudiría a su encuentro.

—¡Yuki! —gritó, esperando a ser escuchada.

—¿Mi Lady?

El Yokai había estado vigilando tras la puerta.

—Necesito que corrobores esta información. Ves al Palacio de la Luna y averigua si mi esposo la tiene escondida en algún lugar. Él asistirá al funeral de mi padre en el Norte. Así que tendrás vía libre para encontrar a la sacerdotisa y hacerle tomar unas hierbas que te daré.

—¿Para qué sirven?

—Provocarán que se ponga de parto.

—Pero si el bebé no está listo para salir, morirá. Según mis cuentas, debe estar de cinco o seis meses de embarazo.

Hanna sonrió. La gestación de los Hanyos era diferente a la de los seres humanos, por lo que si Sesshomaru era el padre, el bebé nacería sin problemas. En cambio, si se trataba de un bebé humano, moriría al ser prematuro.

—Si se trata de un Hanyo, el bebé no morirá. Quiero que me lo traigas.

—Pero mi Lady... Si es humano, esa criatura no se salvará.

—¿Desde cuándo tienes compasión por los seres humanos, Yuki? Recuerda que todo lo que importa es tu querida Sara. Sabes lo que le ocurrirá si no atiendes mis órdenes.

Yuki apretó los puños.

—Sí, mi Lady.

—Después de arrebatarle al bebé, debes matar a la sacerdotisa. Con tus dotes de espía, será muy fácil infiltrarte en el palacio y hacerles creer que murió en el parto. Por eso no puedes dejar pistas. Tiene que parecer un accidente.

—Pero la sacerdotisa es muy poderosa.

—Te equivocas. Si Lord Sesshomaru la retiene, lo habrá hecho con cadenas mágicas. Por eso es imposible de rastrear. Con esas cadenas, no es más que una simple humana sin poderes.

—Entendido.

—Una cosa más —dijo Hanna—. Antes de morir, necesito que se sienta traicionada por Lord Sesshomaru. Explícale que todo ha sido idea suya para arrebatarle el bebé.

Yuki asintió con la cabeza.

Los ojos de Hanna empezaron a brillar. Si el bebé era de Sesshomaru, todavía albergaba esperanzas de poder formar una familia.


PALACIO DE LA LUNA

Kagome empezó a notar fuertes patadas en su estómago. Sentir al bebé en su vientre la reconfortaba porque era signo de bienestar fetal. Se mordió el labio al pensar en Sesshomaru y en todo lo ocurrido durante la noche. ¿Cómo era posible haber sucumbido ante sus encantos? Tenía demasiadas ganas de volver a verle, y aquella sensación la mataba por dentro.

"Está casado con Lady Hanna. No puede volver a suceder" pensó, con las mejillas sonrojadas por el rubor al pensar en él. No podía evitarlo. La atracción era demasiado poderosa cuando estaban juntos. Nunca había sentido nada igual por nadie, hasta el nivel de perder la cordura y ser incapaz de pensar en otra cosa que no fuesen sus cálidos besos o suaves caricias en la piel.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el Daiyokai, que entró bruscamente sin llamar. El rubor de Kagome fue en aumento al ver que se dirigía hacia ella, con sus brillantes ojos felinos repletos de ira.

—¡No puede volver a pasar! —dijo él, jadeante, aunque sus gestos y mirada anunciaban lo totalmente opuesto.

Kagome se acercó a él, con una excitación voraz entre sus piernas. Estaba segura de que el Daiyokai lo detectaría con sus sentidos tan desarrollados. Le rozó la cara con sus dedos, y el corazón latía desbocado.

—Tienes razón. No puede volver a suceder, Sessh...

Kagome emitió un gemido al notar los labios del Lord del Oeste sobre los suyos, besándola con furia y pasión al mismo tiempo.

—He roto mis votos nupciales por tu culpa —dijo él, saboreando su suave piel con los labios —¿Qué más pretendes que haga, eh? ¿Eso planeabas? ¿Poner mi vida del revés para salirte con la tuya?

—Te equivocas... —murmuró Kagome, casi sin poder articular palabra.

—¡Cierra la boca! —gruñó sin perder la llama en sus ojos, tan bellos y amenazantes al mismo tiempo.

La tumbó sobre la cama, furioso consigo mismo por no ser capaz de frenar, y completamente incontrolable ante la situación de pensar en volver a poseerla.

—¿Te crees que el mundo gira en torno a ti? —dijo Kagome, con tono rebelde y sensual al mismo tiempo.

—¡Cállate! —exclamó de nuevo, tapándole la boca y aprisionándola con sus brazos.

La desvistió con determinación, sin apartar su mirada de fuego que la abrasaba en todos los sentidos. Kagome lo empujó sobre las pieles del lecho, montándose con fiereza encima de él mientras le despojaba de su kimono hasta dejarlo completamente desnudo. La embistió con furia y temor de hacerle daño debido a su incontrolable sed, recorriéndole los pechos con su lengua a la vez que sus caderas se movían con celeridad. Kagome se volteó para sentir su aliento en su cuello, que desembocó en pequeñas mordidas, caricias e interminables besos. Cerraron los ojos, sucumbiendo al repentino momento que les provocó un estado de glorioso éxtasis. Sus miradas volvieron a encontrarse, desafiantes y lascivas, mientras alcanzaban el orgasmo más intenso que habían experimentado jamás.


—Debo partir hacia el Norte.

Kagome se sobresaltó al escuchar las palabras del Daiyokai.

—¿Por qué?

—Lord Ryukotsu ha muerto.

—¿Qué ha ocurrido?

—Lord Kirinmaru lo mató, pero él también pereció en la batalla.

El corazón de Kagome se encogió al pensar en su amiga Kyoko y sus esfuerzos por volver a reunirse con él, que resultaron en vano. Le vino a la memoria que el Lord del Este se encontraba manipulado por una especie de maldición que había provocado que sus recuerdos sobre ella se borrasen. Aquella situación le resultaba tan familiar... ¿Por qué de pronto regresaban a su mente algunos episodios de su vida que aparentemente había olvidado? ¿Y si se trataba de la misma maldición?

—Yo también debo regresar —dijo la joven—. He olvidado parte de mi pasado, y creo que está relacionado con la muerte de Kirinmaru.

—Eres mi prisionera. No puedo dejarte ir.

Kagome le miró con ojos suplicantes.

—Mis amigos están en la aldea de la sacerdotisa Kaede. Ellos pueden hacerme recordar lo que me sucedió antes de convertirme en la Reina del Sur. Es muy importante para mí, Sesshomaru. Te juro por mi vida y la de mi hijo que cuando lo averigüe, volveré a ti como tu prisionera.

Sesshomaru la miró con temor de perderla para siempre.

—No puedes ir sola. Es muy peligroso para ti en tu estado. ¿Cómo vas a luchar embarazada? Sabes que Hanna te busca para matarte.

—Puedes enviarme con tus guardias para que me protejan.

—Ninguno es lo suficientemente poderoso para poder protegerte —afirmó, tajantemente—. Además, solo unos pocos saben que estás aquí. ¿Qué pasará si Hanna te encuentra? ¿Has pensado en lo que es capaz de hacerte a ti o a tu bebé?

Sesshomaru se levantó, poco dispuesto a seguir escuchando a la joven reina.

—¿Por qué no te intriga todo lo que nos está pasando? —preguntó, furiosa —. ¿Acaso te niegas a recordar el pasado? Estoy segura de que nos conocemos de antes, y ni siquiera te ha importado.

El Daiyokai apretó los puños.

—El pasado no importa... ¿Por qué debería preocuparme por él? Si eso me hace débil, prefiero olvidarlo.

—¿Te resignas así? Eres un cobarde. Temes lo que te puedas encontrar al descubrir la realidad. No has cambiado nada desde que te apunté con mi flecha. Por eso tu mente se niega a recordar lo que pasó.

—¡No sabes nada de mí! Y si lo supieras, parece ser que lo has olvidado. Así que piensa un poco antes de emitir juicios sobre mi persona.

Kagome se levantó, furiosa, poniéndose frente a él.

—Te conozco lo suficiente como para saber que estás luchando contra tus debilidades.

Le rozó la mejilla con sus manos.

—Tienes miedo a recordar—prosiguió la joven—. Te niegas a saber quién eres en realidad, a ser un demonio con sentimientos que realmente se preocupaba por la humanidad.

Las manos del Daiyokai se posaron sobre las suyas, y cerró los ojos.

—Me preocupa el ahora, y en lo que te harán si te encuentran.

Kagome se ruborizó ante sus palabras. Parecía angustiado por lo que pudiese sucederle, y eso la enternecía por dentro.

—Kagome... —dijo, con su penetrante mirada apuntando sobre ella—. Quédate, por favor. Cuando regrese del Norte, yo mismo te llevaré a la aldea de esa sacerdotisa para que averigües la verdad sobre tu pasado. No quiero que viajes con nadie más. Solo yo soy capaz de protegerte.

—Es la primera vez que me llamas por mi nombre —contestó, con una leve sonrisa en sus labios.

—O puede ser que no.

La joven reina lo abrazó fuertemente, intentando disimular las lágrimas. Aquel demonio había calado profundamente en su alma, y no sabía si tendría fuerzas para ser testigo de su partida al castillo del Norte.


—Estoy muy nerviosa —dijo Kyoko al dejarse besar el cuello y los labios suavemente.

Kirin la miró con sus preciosos ojos verdes.

—¿Es tu primera vez?

—Sí...

La voz de la joven sonaba temblorosa, a pesar de la ternura de sus caricias.

Kirin se levantó de la cama y le apretó las manos con las suyas.

—Tendrías que habérmelo dicho, Kyoko. Podemos ir todo lo despacio que necesites. No quiero que te sientas presionada.

—Pero quiero hacerlo, de veras. Solo es que me he puesto a temblar un poco.

La besó en la mejilla con el ánimo de tranquilizarla.

—Por ti esperaré lo que haga falta —dijo, abrazándola fuertemente—. No debes sentirte nunca presionada con esto.

—Pero...

La silenció posando el dedo índice en su boca.

—Tienes clase en un rato y me apetece entrenar un poco—dijo Kirin, cambiando de tema—. Recuerda que esta tarde me querías llevar a un sitio. Voy a prepararte el desayuno.

Kyoko asintió, feliz, sintiéndose afortunada de ser su novia. El sol brillaba más que nunca aquella mañana a través de la ventana del dojo de los Tanaka.


—¿Qué te ocurre, Kirin? Pareces serio...

La miró a los ojos mientras paseaban junto al lago del parque. Se sentaron en un banco.

—Dentro de poco debo partir —dijo él, con un brillo inusual en sus verdes ojos.

—¿Qué está pasando?

—Sabes que vengo de muy lejos. Tengo que regresar.

—¿Por qué? Pensaba que te encontrabas a gusto aquí en Tokio, junto a mí.

—Las cosas se han complicado bastante en el lugar donde pertenezco.

La joven no lograba evitar que las lágrimas se deslizasen por sus mejillas. Kirin la tomó de las manos.

—Te amo más que a nada en el mundo. Eso no ha cambiado. ¿Lo sabes?

—¿Entonces por qué te alejas de mí?

—El lugar de donde vengo es muy peligroso. No puedo pedirte que me acompañes hasta que no resuelva los asuntos que tengo allí. Pero volveré a buscarte, te lo prometo.

Se arrodilló ante ella, y le tomó la mano.

—Cuando regrese... ¿te casarás conmigo?

Kyoko lo miró, sorprendida ante su petición, y se lanzó a sus brazos.

—¡Sí! —contestó, besándole en los labios.


UNA SEMANA DESPUÉS DE LA MUERTE DE KIRINMARU

ALDEA DE KAEDE

Kyoko se despertó bruscamente del sueño, tan real como sus recuerdos, que regresaron de golpe tras la muerte de Kirinmaru.

Kaede e Inuyasha acudieron al escucharla.

—¿Estás bien, Kyoko? —preguntó el Hanyo.

"Vaya pregunta que acabo de hacer... ¡claro que no está bien! Ha pasado una semana desde que perdió al hombre al que amaba..."

La anciana Kaede le acercó algo de agua y comida, pero la joven decidió seguir tumbada y cerrar los ojos. No quería enfrentarse a la realidad. Prefería regresar a aquel sueño en el que compartieron tantos momentos únicos.

—Dejémosla tranquila, Inuyasha —dijo Kaede —. Acaba de perder al amor de su vida. Todos nuestros esfuerzos por mantenerle vivo han resultado inútiles, pero nos ha salvado. No hubiésemos podido hacer nada contra Ryukotsu.

—Kyoko ha recuperado la totalidad de sus recuerdos —dijo Inuyasha, pensando en la tristeza de su amiga si recordaba más momentos de su relación con el difunto Lord del Este.

—La maldición se rompe con la muerte del ser maldito —puntualizó Kaede—. Ahora debe lidiar sola con ellos. Estos días van a ser muy duros para ella. Debes estar a su lado por si necesita cualquier cosa. Eres su amigo, Inuyasha. Aunque te rechace, sé que te necesita.

Inuyasha asintió con la cabeza mientras Sara entraba en la cabaña.

—Tenemos visita.

El hanyo acompañó a Sara al exterior, donde vio a Touma arrodillarse ante una bella Daiyokai de cabellos largos y plateados.

—¡Es Irasue! —exclamó Inuyasha —¿Qué quiere ahora? ¿Busca venganza por la muerte de Ryukotsu?

—Lo dudo...—contestó Sara—. Irasue lo odiaba.

—No me fío de ella.

—Deja de quejarte tanto y escucha lo que tenga que decirnos.

—Mi Lady... —dijo Touma, profundamente feliz de ver a su amada—. Finalmente habéis escapado.

—No tengo mucho tiempo —contestó la Diosa, con aires de superioridad—. Tendría que haber venido antes, pero el funeral de mi esposo me hizo retrasar los planes.

Inuyasha y Sara se acercaron a ella.

—¿Qué quieres? —preguntó el Hanyo con desdén.

—He venido a salvar a mi hijo.

—Estás en el lugar equivocado—contestó Inuyasha—. No pudimos hacer nada por Kirinmaru.

—¿Dónde está Kagome?

Inuyasha se sobresaltó al escuchar su nombre en boca de Irasue.

—¿Qué quieres de ella?

—Lady Hanna planea invadir la era moderna para conquistar la humanidad. Está provocando agujeros en los encantamientos de las hechiceras que custodian el Portal del Tiempo para que los Yokais puedan traspasarlo sin perder sus poderes.

—¿Y por qué necesitas a Kagome?

—Se ha convertido en una sacerdotisa realmente poderosa. Si es capaz de controlar la magia del espacio y del tiempo, podrá sellar el portal para siempre.

—¿Qué tiene que ver con la maldición? —preguntó Sara.

—Tiene mucho que ver—contestó Irasue—. La maldición es una consecuencia de haber alterado el orden de la naturaleza. Si logra sellar el portal, la maldición también desparecerá.

Inuyasha apretó los puños.

—¿Significa eso que Kagome y Kyoko volverán a su tiempo?

La Diosa asintió con la cabeza.

—Sé que no le tienes mucho aprecio a mi hijo, pero ahora mismo está sufriendo. La humanidad también se va a enfrentar a un terrible destino si no logramos sellar el portal. Todos ganamos con esto. Debo llevar a Kagome con Neyma, una poderosa hechicera, que deberá averiguar si puede cumplir con este cometido.

—¿Neyma? —dijeron Touma, Inuyasha y Sara al mismo tiempo. ¿Está viva? Nos enfrentamos a ella hace poco.

—Debisteis enfrentaros a su señuelo—dijo Irasue—. Neyma está escondida en un lugar seguro. Intenté hacer un hechizo de localización con ella para encontrar a la sacerdotisa, pero no hay rastro de su poder espiritual. Es como si se hubiese esfumado.

—Nosotros también desconocemos su paradero —dijo Inuyasha—. La última vez que supimos de ella, luchaba por conquistar los territorios del Oeste.

Irasue le miró, recelosa.

—Hanna planea algo terrible. Esperaba encontrarme con Sesshomaru en el funeral de Ryukotsu para contarle la verdad sobre la maldición. Pero al acudir al lugar, Hanna y él ya no estaban. Es como si ella supiese que tengo la intención de contarle la verdad.

—¿Podría tratarse de un hechizo de desaparición? —preguntó Kaede, que acababa de salir de la cabaña.

—¿En qué consiste? —preguntó Touma.

—Si Hanna es una poderosa hechicera, no le habrá resultado complicado ocultar en el funeral a todas las personas que conocen a Kagome de la vista de Sesshomaru —dijo Kaede—. Es una forma de preservar el secreto de la maldición y anular las posibilidades de que la verdad salga a la luz.

—Esa furcia... —murmuró Irasue, con ira—. Siempre va a un paso por delante nuestro. Debemos encontrar a Kagome. Neyma me dijo que si no se detecta su poder espiritual, puede ser debido a que la hayan atado con una cadena mágica.

—¿Podría estar muerta? —preguntó Touma.

—¡Calla! —exclamó Inuyasha—. No puedes decir eso tan libremente.

—No está muerta —irrumpió Irasue—. Neyma detectó su espíritu en el mundo de los vivos, y en esta época. Por suerte, no ha usado el Portal del Tiempo. Si está atada, solo puede ser prisionera de alguien, y no es de Hanna porque ella la habría matado.

—¿Puede ser que Sesshomaru la haya capturado? —preguntó Inuyasha.

—Se lo quise preguntar yo misma —contestó Irasue—. Pero Hanna se encargó de que no nos viéramos.


PALACIO DE LA LUNA

Kagome se encontraba en la gran biblioteca leyendo unos antiguos manuscritos sobre pócimas elaboradas por famosos druidas de la era feudal. Intentaba ocupar la mayor parte del tiempo estudiando para olvidar lo mucho que extrañaba a Sesshomaru, que partió hacia el Norte a acudir al entierro de Ryukotsu. Después de una larga semana, no había regresado de su viaje y su soldado de confianza no le ofrecía tampoco noticias sobre él. El Daiyokai se había preocupado para que no le faltase de nada, pero no le permitió deshacerse de las cadenas mágicas que rodeaban sus muñecas. Al fin y al cabo, seguían siendo enemigos y él era un demonio bastante desconfiado.

Se centró en sentir las patadas de su bebé, pues le daban la tranquilidad de saber que seguía con ella, vivo y probablemente sano. ¿Qué ocurriría después de su nacimiento? ¿Debería enfrentarse a Sesshomaru como venganza por intentar matarlo por la espalda? Después de todo lo que compartieron, le costaba creer que quisiese hacerle daño. Pero no debía fiarse. El Daiyokai era un ser tremendamente orgulloso y cabía la posibilidad de que siguiese con sus planes por honor. Pensó en su futura muerte y se negó a aceptarlo. Lucharía por poder verlo crecer. De ello no existía duda alguna en su corazón.

Pensó en la relación que Sesshomaru tenía con Hanna. Sabía que la mayoría de los enlaces reales sucedían por interés para los reinos. ¿Sería ese su caso y por ello, tuvieron aquella aventura? No lograba quitárselo de la cabeza, aunque en el fondo sabía que él nunca rompería su matrimonio si era provechoso para la conquista de las tierras. Kagome no debía ser tan importante para él, y menos pretendía anteponerse a su esposa. Aún con todo, le costaba creer que un Daiyokai tan honorable se hubiese prestado a tener una aventura si realmente ella no significaba nada. Aquel pensamiento la acompañó durante la larga semana en su ausencia, deseando estar a su lado y poder partir juntos a la aldea de Kaede a buscar respuestas.

Una doncella desconocida se acercó a la joven para llevarle la comida.

—¿Quién eres? —preguntó Kagome, desconfiada.

—Me envía Miyuki. Está enferma y por eso he venido yo en su lugar —contestó la doncella.

Kagome observó la comida y el cuenco con agua. Notó un olor a hierba que era inusual en los platos que normalmente servían, por lo que decidió no tomar nada hasta encontrarse con Tomoe, el soldado de confianza que conocía su existencia. Agradeció a la doncella y ordenó que se retirase. Caminó hacia la puerta de la biblioteca, pero no había rastro de Tomoe. Los nervios se apoderaron de ella. Era todo muy sospechoso, así que decidió esconderse en la habitación donde Sesshomaru la mantuvo oculta durante la estancia de Hanna en el palacio. Al caminar hacia su destino, escuchó un ruido seguido de un extraño olor que la mareó hasta caer en los brazos de alguien. Los párpados empezaron a pesarle hasta que cerró los ojos, cayendo en un profundo sueño.


—Por fin despiertas —dijo una voz que le resultaba conocida.

Kagome se despertó atada con unas cuerdas en los brazos, encima de un lecho con pieles de animal. Se giró para ver a su captor.

—Yuki... —¿Cómo me has encontrado?

El Yokai sonrió levemente.

—Veo que me recuerdas. Es sorprendente porque el día que me conociste, ibas acompañada de alguien a quien has olvidado. No me ha resultado difícil rastrearte porque Lady Hanna siempre ha sospechado que Lord Sesshomaru te ocultaba en este palacio.

—¿Qué quieres?

—Lord Sesshomaru me envía para matarte.

—Vaya...—dijo Kagome—. ¿Pretendes que me lo crea? Veo que sigues vendiendo tu fidelidad al mejor postor. Primero fue Irasue, después Kirinmaru... ¿y ahora? Lady Hanna está detrás de esto, ¿verdad? Sara se moriría de pena al ver que sigues siendo una rata traidora.

—¡Cállate! No sabes nada.

—Sé que Sara te quería, y te dejó escapar cuando merecías morir. ¿Es así como se lo agradeces?

—Si pretendes salvarte utilizando el nombre de Sara, estás perdiendo el tiempo.

Kagome empezó a sentir fuertes contracciones en el vientre. ¿Cómo era posible?

—¿Qué me has hecho?

Yuki se acercó a ella.

—En un rato te pondrás de parto gracias a unas hierbas que te he hecho tomar cuando dormías, y entonces nacerá el bebé.

—¿Qué vas a hacer con él?

—Si nace vivo, me lo llevaré conmigo.

—¡No lo permitiré! —gritó Kagome entre contracciones cada vez más dolorosas.

—Ahora mismo no estás en posición de luchar, querida.

—¡Es Sesshomaru quien debe combatirme! Si me matáis, nunca os lo perdonará ni a ti ni a Lady Hanna.

—Le escondiste a Lord Sesshomaru que el bebé podría ser suyo. ¿Cómo crees que se lo tomó cuando se enteró que cabía la posibilidad de que fuese el padre?

—¡No es cierto! Sesshomaru no puede ser el padre.

—¿Por qué no? —preguntó Yuki con malicia—. ¿Acaso recuerdas el momento en que te quedaste embarazada? Por aquel entonces, él y tú ya os conocíais. Estabais juntos realizando una misión especial en el futuro. Aunque veo que la maldición te ha hecho olvidar estos detalles.

—¡Mentiroso! —gritó Kagome, con un tremendo dolor debido al inminente parto—. ¿Eso es lo que le has hecho creer para que me odie?

Yuki hizo entrar a una doncella desconocida para que la acompañase durante las contracciones.

—Una vez nazca, te lo llevas de aquí y yo me encargo de la sacerdotisa —le ordenó a la mujer.

—¡Nunca te saldrás con la tuya! ¡Sesshomaru no es así! No es cierto...

—Ya lo veremos. Será cuestión de comprobar si el bebé es un Hanyo. Su olor también le delatará.

Yuki abandonó la habitación, dejando a Kagome sorprendida ante lo que acababa de escuchar, y con la doncella esperando a que naciese el bebé para entregárselo a Hanna.


Tras varias horas de parto, Kagome dio a luz a una hermosa criatura Hanyo de cabello plateado y ojos completamente dorados. Las orejas eran humanas, así como su apariencia en general, más parecida a la de un ser humano que a la de un Yokai.

—¡Es un niño! —exclamó la doncella, contenta después del arduo trabajo.

Kagome lloró al verlo, completamente sano a pesar de haber nacido prematuro. Sus bellas facciones, así como su níveo rostro y color de sus ojos, le recordaron a Sesshomaru.

—Déjame abrazarlo, por favor...

La doncella le acercó el bebé para que pudiese sostenerlo. Se lo acercó al pecho para poder alimentarlo.

—Ha nacido prematuro —dijo Kagome, todavía dolorida por el parto—. Necesito hacer piel con piel para aclimatarlo.

La doncella salió de la habitación para avisar a Yuki.

—Ese bebé ha nacido antes de tiempo. Necesita estar con su madre —le dijo al Yokai—. Se parece mucho a Lord Sesshomaru.

—Gracias —contestó Yuki mientras le desgarraba el cuello—. Lo siento. No puedo dejar pistas sobre lo que ha ocurrido realmente en esta habitación.

Después de limpiar el cadáver de la doncella con el fin de no dejar pistas, entró en la habitación donde se encontraba Kagome alimentando a su bebé.

—Es la viva imagen de su padre —dijo, acercándose a ella—. Y también su olor. No hay duda.

—¡Aléjate de nosotros! —amenazó Kagome, con los ojos llenos de ira.

Yuki forcejeó con ella hasta que se hizo con la criatura, cediendo la joven ante el miedo de que pudiese hacerle daño.

—Lo siento, querida. Debo llevarme al bebé a un lugar seguro. Vendré a por ti más tarde.

Cerró la puerta ante ella, dominada por la ira debido al secuestro de su hijo. Una poderosa luz empezó a surgir de sus muñecas, tan pura e intensa que resultó imposible ser contenida por las cadenas que anulaban su magia. Su poder aumentaba a medida que las cadenas se quebraban, y una inmensa luz inundó la habitación. Kagome gritó con rabia, y las puertas se rompieron a su paso.

"No puede ser. Sesshomaru... ¿esa era tu finalidad? ¿arrebatarme a mi hijo para quedártelo y después matarme? ¿Por eso me mantuviste prisionera?"

Yuki presenció la explosión a lo lejos, sintiendo la gran aura de la joven, que acababa de resurgir de su letargo. Sería imposible regresar para darle el golpe de gracia, pues era demasiado poderosa para un Yokai como él. Llevaría el bebé a Lady Hanna, y ella decidiría la forma de enfrentarse a la sacerdotisa y a su destino.


El cielo se nubló sobre las Tierras del Oeste, dando paso a una potente lluvia que empezaba a inundar los prados y los bosques. El sonido de un relámpago ensordeció el ambiente, ajeno a la potente energía espiritual que emergía del cielo. Kagome, presa de la ira, aterrizó en la llanura situada bajo el Palacio de la Luna.

Un temible poder luchaba por surgir de su interior. El poder más fuerte visto en siglos de existencia. Tan desafiante e inmenso que hizo temblar el cielo. Pero como todos los grandes poderes, resultaba incontrolable para los seres humanos.


Comentarios de la autora (RedMoroha)

Queridas lectoras y lectores:

La historia está llegando a su fin. Me gustaría llegar hasta el capítulo 50 ya que me parece un número redondo y bonito. Se acerca el desenlace en el que Kagome, completamente destrozada y desconsolada, planea ir en busca de sus enemigos para derrotarlos. Veremos cómo reacciona Sesshomaru ante los últimos acontecimientos.

El sexo del bebé fue el votado por la mayoría, ganando niño por encima de niña. Así que os he hecho caso. Mil gracias por votar 3

Para aquellos/as que tenéis WattPad

Os hago saber también que estoy retocando los capítulos para dejarlos más bonitos y decentes. A partir de ahora, cada episodio tendrá una portada que podréis ver en incluso en atrasados, ya que lo voy actualizado poquito a poco. De esta forma queda más estético y agradable de leer. En Fanfiction no es posible porque no se pueden insertar imágenes, que yo sepa (sniff).

Espero que estéis disfrutando del casi final de la historia y sigáis siendo fieles a ella como el primer día.

Respondo a algunos reviews

BitterCandy: Muchas gracias por el comentario. Sé que Hanna y su padre son detestables. Por lo menos Ryukotsu ha tenido su merecido.

HimekoCq: Me alegro que te parezca que cada vez está todo más interesante. Muchas gracias!

AnniePerez: Es triste la muerte de Kirinmaru, pero necesaria para poder equilibrar las fuerzas contra los enemigos. Gracias por el comentario, como siempre :)

Meka6489: Gracias por la review. Por lo menos Kirinmaru recuperó la memoria, y Kyoko también :)

Cindyosorio: Sé que fue triste separar a Kyoko y Kirinmaru. Sorry! Gracias por la review.

FabySama: Muchas gracias por tus pedazo de reviews, como siempre. Me alegro que te gustasen tanto las últimas actualizaciones. Quedan ya poquitos capítulos. Gracias por mantenerte tan fiel a la historia a pesar del sufrimiento :)


Nos leemos en el próximo. Gracias por todo!