CAPÍTULO 49
"FAMILIA"
PORTAL DEL TIEMPO
—¿Quién anda ahí?
Antes de partir hacia la aldea de la sacerdotisa Kaede, Neyma dejó a cargo de Naiyah la custodia del Portal del Tiempo, que se hallaba dentro de una cueva oculta entre la maleza de los árboles de las Tierras del Oeste. Vigilar la barrera que neutralizaba los poderes de Yokai se había convertido en su principal misión, y justo cuando estaba sola, empezó a escuchar unos pasos que se dirigían hacia ella.
—Volvemos a vernos.
Naiyah se puso en guardia al reconocer a la mujer que caminaba hacia ella.
—Lady Hanna…
—Cuánto tiempo, querida Naiyah…
—¿Cómo me habéis encontrado? —preguntó, intentando crear una barrera que la Daiyokai deshizo chasqueando los dedos.
—Tenía la sospecha de que Neyma no había muerto, y decidí investigar por mi cuenta. Ahora mismo sé que está lejos de aquí, y tú no harás nada para llamarla.
—¿Qué queréis de mí?
Hanna sonrió con maldad.
—Es más sencillo de lo que crees. Simplemente debes deshacer la barrera que neutraliza los poderes de Yokai del Portal del Tiempo.
—No puedo hacerlo sola. Necesito a Neyma.
—Yo puedo ayudarte. Soy incluso más poderosa que ella.
Naiyah hizo un gesto de desaprobación, sin atreverse a mirarla a la cara.
—Así que no vas a cooperar… —dijo Hanna—. Lo tenía previsto… ¡Yuki! ¿Estás ahí?
El Yokai apareció en la cueva, sujetando una katana ensangrentada. Hanna lo recibió sin dejar de observar a la hechicera.
—Verás, Naiyah… Mi fiel servidor, Yuki, se acaba de pasar por la aldea de tu hijo. ¿Haru se llamaba?
—¡Mi hijo no tiene nada que ver con esto! —exclamó Naiyah, con auténtico terror en su mirada.
—Yo tampoco tenía nada que ver en la pelea de mi padre contra los Taisho… y mira cómo he acabado. Ahora mismo soy estéril gracias a una guerra que no me incumbía. ¿Qué diferencia hay entre tú y yo, Naiyah? Ambas somos víctimas de los errores de nuestros padres. ¿De verdad quieres que tu hijo pague por tus errores?
Hanna se dirigió a Yuki, quien se adelantó para mostrar un dedo humano.
—Este es el dedo pulgar de Haru —dijo Yuki, amenazante—. He estado esta mañana en su aldea.
Lanzó un anillo al suelo, que Naiyah reconoció al instante.
—¡Por favor! ¡No le hagáis nada a mi hijo! —suplicó.
—Eso depende de ti —dijo Hanna—. Si colaboras con nosotros, te prometo que no volveremos a tocar a tu hijo.
—También sabemos que tienes un nieto —interrumpió Yuki—. He visto cómo jugaba con su padre con él cerca del lago de la aldea antes de cortarle el dedo.
—¡Basta! —sollozó Naiyah—. Haré lo que me pidáis, pero dejadles en paz.
—Ahora empezamos a entendernos… —dijo Hanna, triunfante.
ALDEA DE KAEDE
—¿Dónde está Kagome? —preguntó Sesshomaru al ver que su imagen se disipaba en el cielo.
—Se dirige hacia el Castillo del Norte —respondió Neyma.
—Hanna ya no está allí. Tengo que avisarla.
—¡Espera! —exclamó Irasue—. Es muy precipitado. Debemos localizar a Lady Hanna primero.
—¿Y eso cuándo pasará? Debo ir con Kagome.
—Lord Sesshomaru —dijo Neyma—. Vinisteis a buscar respuestas, y en esta aldea las obtendréis. Kagome se puede defender ella misma, y el Castillo del Norte está ahora mismo vacío. No le pasará nada. En cambio, vos necesitáis ayuda. La maldición se hace cada vez más fuerte a medida que pasan los días.
—Adelante… explicadme todo lo que me tengáis que decir— dijo el Daiyokai, resignado.
—Así que fueron Hanna y su padre.
Sesshomaru estaba furioso.
—¿Por qué no me lo contaste antes, madre? Los dolores de cabeza, la ansiedad de sangre… ¿Todo es fruto de la maldición y permaneciste callada mientras deliraba del dolor?
—Hijo mío…. Lo hice por tu bien.
—¡Déjame en paz! Seguro que si me manipulabais entre todos, sería mucho más fácil someterme a vosotros. ¿Qué más me ocultas, eh?
El Daiyokai se marchó, lleno de ira, después de haber escuchado la verdad sobre lo que le ocurría.
—¡Sesshomaru! —gritó la Diosa, mientras Touma la frenaba.
—Dejadle marchar, mi Lady —dijo el comandante—. Se siente herido porque todos le habéis ocultado lo que le sucedía realmente. Es difícil de asimilar.
Inuyasha no daba crédito a lo sucedido con Kagome y el nacimiento de su hijo con su hermano. Decidió alejarse de todos después de haber escuchado la historia. No se habían visto desde hacía bastantes meses y tenía demasiado que asimilar.
Se sentó al lado del viejo pozo devorador de huesos donde solía viajar a través del tiempo, sintiéndose extrañamente tranquilo mientras se acurrucaba en la vieja construcción de piedra y madera que tanto había significado para él y para Kagome en el pasado.
¿Por qué las cosas habían cambiado tan drásticamente?
"¡Mierda! Soy un cobarde…"
Una lágrima descendió por su mejilla. Volver a ver a su hermano había provocado que sus emociones enterradas saliesen a flote después de haberse contenido durante tanto tiempo… Quizás desde que el pozo se selló para siempre, perdiendo toda la esperanza de reencontrarse con su amada.
Pensó en el sufrimiento de Kagome por haber perdido a su criatura y en todos los obstáculos a los que se había enfrentado ella sola. Sus malas experiencias le destrozaron el corazón, pero también la habían convertido en la poderosa mujer que actualmente era.
Inuyasha se giró al notar el aroma de Sesshomaru a su alrededor, percatándose de que le observaba fijamente a lo lejos, con la mirada fría y distante de siempre. Recordó los viejos tiempos en los que se paseaba por la aldea a ver a Rin y lo retaba a luchar contra él como entrenamiento. Las palabras de la muchacha defendiendo al Daiyokai le vinieron a la cabeza:
"Sesshomaru nos aprecia a todos a su manera. No te esperes nunca una muestra de cariño por su parte. Pero eso no quiere decir que no se preocupe por nosotros."
¿Entonces qué pasó con Kagome?
¿Por qué permitió que sufriera tanto?
La ira empezó a apoderarse de él tras perderse en sus pensamientos.
Se levantó para enfrentarse a su hermano.
—¿Por qué la olvidaste? —preguntó Inuyasha, lleno de rabia contenida.
Sesshomaru no contestó. Simplemente le observaba desde la lejanía, sin expresión alguna en su rostro.
—¿¡Por qué la olvidaste?! —gritó, lanzándose sobre él para asestarle un puñetazo que el Daiyokai esquivó.
—No eres rival para mí, Inuyasha.
Sesshomaru lo empujó con una fuerte patada que lo dejó en el suelo.
Lucharon un buen rato como en los viejos tiempos, como si nada hubiese cambiado… desfogándose ambos después de todo lo acontecido.
—¡Debiste estar a su lado, protegiéndola! —gritó Inuyasha, sollozando.
—¿No será que te sientes culpable y lo descargas contra mí?
Sesshomaru tenía razón. La ira descargada contra él ocultaba la inmensa rabia que se daba a sí mismo por no haber ido a buscarla cuando más lo necesitaba. Le había fallado como amigo, dejándola sola todo aquel tiempo mientras se centraba en encontrar una cura para Kirinmaru.
—Yo tenía razones porque me manipularon la memoria… —prosiguió Sesshomaru—. ¿Cuál es tu excusa, hermano?
—¡Cállate! —gritó Inuyasha.
La lucha entre ellos continuó durante un largo rato.
Se tumbaron boca arriba en la hierba, contemplando el cielo exhaustos, después de haber descargado la adrenalina que necesitaban como rivales y como hermanos. Había sido liberador en todos los sentidos.
—Siento haberte echado la culpa… —dijo Inuyasha, interrumpiendo un largo silencio—. Ha tenido que ser muy duro para ti también.
—No importa —se limitó a decir Sesshomaru. Seguía siendo el demonio más parco en palabras que había conocido.
Inuyasha se incorporó hasta quedarse sentado. La suave brisa le hacía cosquillas en la cara.
—Sé que debes estar muy confuso con la situación. Pero quiero que sepas que ella te quería. Antes de regresar a esta era me declaré. Le confesé lo mucho que la había echado de menos y le dije que la seguía queriendo después de cinco años sin verla, pero ella me rechazó. La odié por haber sido tan sincera, pero en el fondo sabía que había hecho lo correcto. Gracias a eso perdí cualquier esperanza de volver a recuperarla. Intenté un acercamiento al haberos distanciado en la era feudal, pero fue inútil. Desde que os reencontrasteis, su corazón siempre ha sido fiel a ti, Sesshomaru. Puede que os hayáis olvidado el uno del otro, y por eso quiero recordarte lo que teníais, para que llegues a entender que el cachorro que ha traído al mundo es fruto de vuestro amor. Solo espero que seas merecedor de ella... Que la cuides, y que la ayudes a recuperar a vuestro hijo.
—Por eso estoy aquí.
—Tiene que haber sido muy duro que tu madre te lo ocultara todo, incluso haberte casado con alguien a quien no amabas… Todo por esta maldita guerra que no lleva a ninguna parte.
Sesshomaru pensó en las palabras de su hermano. No recordaba que en algún momento, Kagome e Inuyasha se habían amado hasta que él apareció. No parecía haberse recuperado del todo. Debió de haber sufrido intensamente por su culpa, y sintió una especie de remordimiento en su interior.
—Kagome se dirige hacia el Norte —dijo el Daiyokai, levantándose del suelo.— Hanna ya no está en el castillo. Se habrá escondido en algún otro lugar y debo advertirle.
—Espera —dijo Inuyasha—. Antes quiero enseñarte algo.
Se dirigieron a la aldea. Sesshomaru recordaba haber estado allí en bastantes ocasiones, pero no recordaba con exactitud cuál era el objetivo de sus visitas.
Rin salió de la cabaña de la anciana Kaede para recibirles.
—Supongo que no recuerdas a Rin, ¿verdad?
Sesshomaru la miró, pensativo.
—Encantada de conocerle… S… Señor…
—Fue tu protegida durante varios años —dijo Inuyasha—. Viajó contigo en la época de Naraku y después la enviaste a esta aldea para que conviviese con humanos. Pero nunca te desentendiste de ella. Cada vez que venías a este lugar le regalabas ropa y comida.
—Una especie de… ¿hija? —preguntó Sesshomaru.
—Exacto. Fue lo más cercano que tuviste a una hija.
Rin les acompañó al interior de la cabaña.
—¿Dónde está Kyoko?
—Ha ido a entrenar un rato con Kohaku —contestó la muchacha.
Inuyasha respiró, aliviado. La muerte de Kirinmaru había hecho demasiado daño a su amiga y entrenar era una buena forma de evadirse. Entró en una de las habitaciones, seguido por su hermano. En el fondo, a lo lejos, se distinguía un hermoso arco dorado.
—Es de Kagome. Lo necesitará para luchar.
Sesshomaru cerró los ojos para notar su olor en cada rincón de la habitación. Había pasado tiempo, pero el aroma de la sacerdotisa seguía impregnado ligeramente en algunos objetos. Inuyasha abrió un viejo baúl de roble donde encontró una especie de libro.
—Es de ella —dijo el Hanyo, con melancolía en su mirada—. Lo encontré hace no mucho. Parece una especie de diario, pero no he sido capaz de echarle un vistazo por el miedo de lo que pudiese decir en él.
Se lo entregó a Sesshomaru.
—Quizás te ayude a recordar.
Inuyasha abandonó la habitación, dejando al Daiyokai a solas con el diario de Kagome. Lo palpó con sus manos para retirarle el polvo acumulado, husmeándolo ligeramente para corroborar que sin duda, aquella libreta pertenecía a la joven reina. Hojeó las páginas con delicadeza, observando su preciosa letra en la que se reflejaban sus más íntimos pensamientos. Se sintió avergonzado por ultrajar sus secretos, pero estaban inmersos en una guerra, y necesitaba conocer quién era a ojos de ella. Había venido a encontrar respuestas, y aquel diario, sin duda, le ayudaría a entender la relación que mantuvo con Kagome en el pasado.
Un terrible dolor de cabeza se apoderó de él al empezar a leer sus páginas. Sería terriblemente duro seguir con su lectura y salir ileso.
—¿Sabemos algo de Lady Hanna? —preguntó Irasue a Touma, que acababa de llegar de las afueras de la aldea en busca de información.
Se encontraban cerca del Árbol de las Edades, donde podían tratar sus asuntos tranquilamente.
—No, mi Lady. Me he repartido las tareas con Sara. Ella ha ido a las aldeas del Norte y Este, y yo he visitado las del Sur y Oeste.
—Veo que os lleváis muy bien Sara y tú…
—Es fiel a vos y a vuestra causa. Debido a ello se separó de Yuki, su esposo, y no ha vuelto a verle desde entonces. Tiene toda mi admiración y respeto.
—Mi hijo me odia…
—Es cuestión de tiempo, mi Lady. Ha sufrido mucho, y todavía arrastra esta maldición. Lo único que podemos hacer por él es ayudarle a vencer a Lady Hanna, que tiene a vuestro nieto. Aquella mujer es capaz de cualquier cosa para conseguir su objetivo.
Irasue pensó en el objetivo real de Hanna. Su misión principal consistía en liberar al mundo de la humanidad para evitar la extinción de los Yokais, empezando por traspasar el Portal del Tiempo deshaciendo el hechizo que reprimía los poderes de los demonios. A su vez, su padre y ella habían planeado vengarse de los Taisho al ser los responsables de la muerte de Lady Lora, la esposa de Lord Ryukotsu, y de evitar la descendencia en su familia mediante magia negra. Para ello reclutó a Yuki, el esposo de Sara, que la había ayudado a secuestrar a su nieto. Tenía que ser una mujer muy retorcida para vincularse con un bebé indefenso, aún a sabiendas de que Sesshomaru no se lo perdonaría.
—¿En qué pensáis, mi Lady?
Irasue suspiró.
—Ese bebé… es mi nieto…
Touma se dio cuenta que la Diosa todavía estaba asimilando la noticia.
—Un bebé Hanyo, mi Lady, para ser exactos. Sé que no era vuestro ideal para perpetuar la pura raza… ¿Pero de qué serviría si vuestro hijo no es feliz? Espero que hayáis aprendido algo durante este viaje.
—¿Me estás reprochando mi comportamiento?
—Que os siga hasta la muerte no quiere decir que tenga que estar de acuerdo con vos.
—Nunca te has callado las verdades conmigo. Por eso confío tanto en ti.
Touma le tendió la mano.
—Mi Lady… Pienso seros sincero hasta el día de mi muerte.
—¡Lady Irasue! —exclamó Neyma, interrumpiendo la conversación.
—¿Qué ocurre?
—He encontrado a Lady Hanna. Naiyah corre peligro. Me ha enviado un mensaje de auxilio ahora mismo.
—¿Está con ella? —preguntó la Diosa.
—Planea deshacer la barrera que suprime los poderes de Yokai. Si lo consigue, su ejército podrá entrar y hacer una masacre.
—¡Mi hijo! ¡Tengo que avisarle!
—¡Esperad! —exclamó Touma —. Tenemos que idear un plan para contraatacar.
PORTAL DEL TIEMPO
Yuki caminaba de un lado a otro, aparentemente nervioso, mientras Hanna supervisaba a Naiyah. Un olor extraño le hizo sospechar que la hechicera estaba realizando algún tipo de encantamiento a sus espaldas.
—¿Qué hechizo es este? —preguntó Hanna, con voz amenazante.
—N… no sé a qué os referís —contestó Naiyah, temblando.
Hanna la levantó por el cuello con su fuerte brazo.
—¡N… no puedo respirar!
—Me has traicionado. ¿Era un hechizo de auxilio? ¿Creías que no me iba a dar cuenta? ¿Por quién me has tomado?
—Mi Lady… —dijo Yuki—. Si la matáis, la barrera mágica del portal seguirá en pie.
Hanna hizo caso omiso de su consejo, estrangulándola en frente del Yokai. La mujer cayó al suelo, muerta.
—Podíamos haberla vuelto a amenazar con su hijo.
—No hay tiempo. Los planes han cambiado, Yuki. Saben dónde estamos.
—¿Qué debemos hacer?
—Tráeme al bebé. Traspasaremos el Portal.
—Pero perderéis vuestros poderes de Yokai…
—Soy demonio, pero también hechicera. Perderé la fuerza, pero no mi magia. Sesshomaru es ahora mi enemigo, y no puedo competir en fuerza contra él. Posee una espada llamada Colmillo Sagrado con la capacidad de revivir a los muertos. Si me matan, el bebé fallecerá, pero tendrán una oportunidad de revivirlo. Si traspasamos el portal, no podrá usar la espada porque perdería los poderes demoniacos.
—Pero yo no puedo acompañaros. Sara…
—Sara ya no te quiere, Yuki. Olvídate de ella. La traicionaste y eso es imposible de perdonar.
—¿Y qué pensáis hacer allí sin un ejército?
—Tengo contactos. Me esconderé durante algún tiempo y criaré al bebé como si fuese mío.
—Kagome y Sesshomaru vendrán a por vos. No pararán hasta rescatarle. Os pasaréis la vida huyendo.
—Sesshomaru está bajo los efectos de la maldición, que le va debilitando poco a poco. No le queda mucho tiempo. De Kagome me podré ocupar cuando él muera.
A Hanna le costó pronunciar aquellas palabras, pero por mucho que se hubiese encariñado del Daiyokai, se amaba a ella misma por encima de todo. Su corazón jamás le pertenecería, así que le gustaba la idea de deleitarse con la muerte de los dos amantes, haciéndoles sufrir como venganza.
—¿Voy a por el bebé? —preguntó Yuki.
—Espera… Noto que Neyma está cerca.. Lleva un poderoso talismán en su cuello que nos puede ser muy útil en la era moderna. Se lo arrebataré cuando venga a visitarnos.
CAMPAMENTO CERCA DEL CASTILLO DEL NORTE
La gélida noche se acercaba y Koga ordenó hacer acampada para descansar. Kagome se encontraba sentada alrededor de una hoguera, intentando comer algo para reponer fuerzas. Casi no había articulado palabra desde que acudió a su pueblo. El demonio lobo, preocupado por su amiga, se acercó hacia ella, abrigándole los hombros con unas pieles.
—Este noche va a ser fría —dijo Koga, intentando conversar con ella—. Sé que aún estás en shock por todo lo sucedido, pero quiero que sepas que me tienes aquí para todo lo que necesites.
—Gracias— se limitó a contestar, cabizbaja.
—Tienes que haberlo pasado realmente mal, secuestrada en ese maldito palacio. Juro que me vengaré, Kagome.
La joven, con la mirada perdida en las cálidas llamas, no contestó.
—Mañana llegaremos al Castillo del Norte. Deberíamos ir a dormir.
Koga se adentró en el campamento, dejando a Kagome sola junto al fuego.
"Ahora que ya tienes lo que querías, ¿vendrás a matarme? ¿Cómo pude estar tan ciega?"
La ira de la traición se apoderaba de ella cada vez que pensaba en lo sucedido. Sabía que Yuki le podía haber mentido, pero Sesshomaru ya le advirtió sobre el desenlace de retarla a una batalla a muerte. Lo que más le había sorprendido es que enviase a aquel traidor a matarla, para así evitar tener que mirarla a la cara. Ni siquiera había podido darle un nombre a su bebé, ni despedirse de él. Aquel acto de crueldad hacia ella sería castigado.
¿Y si había sido todo un plan de Lady Hanna? Kagome pensó que no tenía sentido, pues si iba a morir de todas formas, ¿por qué le mentiría Yuki?
Se fue a dormir, intentando no pensar, pero era imposible.
Le costó conciliar el sueño aquella fría noche.
El sureño llegó a las afueras del Castillo del Norte. Kagome, subida a lomos de un demonio lobo, hizo una seña para atacar. Ascendieron por las murallas del castillo mientras la joven reina y Koga luchaban ferozmente contra los soldados que les impedían el paso. Las flechas celestiales cobraban una fuerza desmesurada ante la ira de Kagome, que no perdonaría a quien se interpusiese en su camino.
Derribaron la primera defensa sin mayor dificultad para adentrarse en lo más profundo del castillo. No había rastro alguno de Lady Hanna ni de Sesshomaru.
—Posiblemente han huido —dijo Koga, clavando su espada en el corazón de un soldado—. He interrogado a varios y no saben nada.
—No me rendiré hasta encontrarles —respondió Kagome, con furia.
—¡Lady Minami! —gritó un soldado Hanyo sureño.
Kagome se giró después de alcanzar dos flechas en el corazón de sus víctimas.
—¿Qué ocurre, Taro?
—El Lord del Oeste, Sesshomaru, está en las puertas del castillo.
Un ligero temblor se apoderó de Kagome. Escuchar su nombre la dejó perpleja, aun sabiendo que había venido a por él.
—¡Espera! —gritó Koga, al ver que la joven se marchaba hacia el exterior—. Sesshomaru es demasiado peligroso. No puedes hacerlo sola.
El aura de Kagome surgió de su cuerpo, haciendo caso omiso a lo que decía su amigo. Avanzó hacia las puertas principales, arrasando todo a su paso. El ejército norteño huyó de su lado por temor a abrasarse con la luz cegadora de su alrededor.
Kagome salió al exterior empuñando su arco, cegada por el inmenso poder que desprendía. Sus ojos observaban velozmente y con detalle la sangre de los soldados caídos, en contraste con el cielo teñido de un hermoso azul turquesa.
Allí se encontraba Sesshomaru, tan imponente como siempre, vestido con su usual kimono blanco de combate y obi dorado. Al fijar su vista en ella, empezó a descender sin dejar de perseguirla con su bella mirada, hasta aterrizar en un gran terreno completamente árido. Los soldados de ambos mandos se disiparon despavoridos ante la brillante luz que rodeaba a Kagome.
Inuyasha y Sara llegaron a la zona de combate.
—¡Allí están! —exclamó Sara—. Van a empezar a luchar.
—¡Mierda! —dijo Inuyasha, observándolos a lo lejos—. Debería haberme imaginado que al saber dónde se encontraba Hanna, iría a buscar a Kagome sin decirnos nada. Es muy rápido.
—Kagome parece estar en trance. Igual que aquella vez en Tokio, cuando explotó el hotel donde os alojabais.
—Sí, pero su aura se ha vuelto mucho más poderosa. Mi hermano morirá si no logramos frenarla.
—Ella es humana. Si tu hermano no la frena, puede acabar muriendo también consumida por su poder.
Inuyasha se acercó para interponerse entre ambos.
—¡Sal de aquí! —gritó Sesshomaru—. ¡Está siendo víctima de su propia fuerza! Debo detenerla antes de que se mate a sí misma y a todo lo que hay a su alrededor.
El Hanyo, obviando a su hermano, se dirigió hacia la joven.
—Kagome… No es lo que parece. Él no tiene la culpa. Cálmate, por favor…
La sacerdotisa, al verle, se sintió atacada y provocó que su aura explotase, haciéndole saltar por los aires y dejándole completamente fuera de juego.
Sara acudió en su rescate.
—Es imposible acercarse a ella —dijo Sara—. No reconoce a amigos de enemigos. Si sigue así, Lord Sesshomaru también podría morir. La ira la ha cegado.
—Necesitará años y duro entrenamiento para controlar semejante poder… ¡Auch!
—¿Te duele?
—Sí… Pero confío en mi hermano. Estoy seguro de que tiene un plan.
Sesshomaru, al ver que Inuyasha estaba a salvo, se acercó a la joven, provocando que ésta volviese a hacer estallar fragmentos de luz que empezaron a rasgarle la armadura y la ropa. El Daiyokai intentó protegerse con los brazos, pero no logró evitar que su protección y el kimono quedasen destrozados.
Siguió caminando hacia ella.
—Nos reencontramos en Londres, Kagome… —dijo el Daiyokai en tono alto para que ella pudiese escucharlo—. Se me había encomendado la misión de traerte de vuelta para forjar una espada con tu sangre.
—¡ Lo que nunca me hubiese imaginado es que acabaría enamorándome de ti! —gritó con todas sus fuerzas.
—¿Le ha vuelto la memoria? —preguntó Sara al escucharle.
—¡El diario! —recordó Inuyasha—. Se ha leído el diario. Allí estaban los pensamientos de Kagome…
La sacerdotisa provocó otro estallido que lo lanzó por los aires. De una voltereta cayó de pie, aunque había perdido una parte del kimono que dejaba al descubierto su fuerte torso.
—Te hice sufrir mucho, Kagome… Decidiste ir en mi busca porque huí de tu lado. ¡Pero lo hiciste porque me amabas!
—¡Cállate! —gritó la sacerdotisa, aumentando la intensidad de su aura y alcanzando de nuevo a Sesshomaru, que cayó al suelo.
Volvió a levantarse, repleto de heridas.
—No recuerdo si correspondí tus sentimientos…
La cabeza del Daiyokai empezó a sangrar de dolor.
—…Y no sé si ahora mismo tú correspondes los míos… No me importa el pasado. Solo sé que te amo…
—¡La maldición! —exclamó Sara—. La sangre de la cabeza procede de intentar recordar lo que sucedió entre ellos. Tiene que estar sufriendo mucho…
—¡Te amo! —gritó Sesshomaru.
Kagome emitió un fuerte grito que provocó que las piedras del suelo se levantasen. Sus ojos en trance mostraban el inmenso dolor que estaba sufriendo.
—¡Me da igual si te olvido mil veces…! —exclamó de nuevo, adentrándose peligrosamente en el aura de Kagome—. ¡Porque son mil veces en las que me reencontraré contigo y me volveré a enamorar de ti!
—No puedo escuchar esto… —murmuró Inuyasha.
—Debe dolerte…—dijo Sara—. Pero parece que está haciendo efecto. Ha logrado entrar en el aura de Kagome, y todavía no ha saltado por los aires.
Inuyasha cerró los ojos.
—Te amo… —insistió Sesshomaru al entrar en aquel campo de fuerza que podría acabar con su vida en cualquier momento. A medida que caminaba hacia ella, las heridas en su cuerpo crecían, y el dolor de cabeza aumentaba de forma exponencial.
—No va aguantar mucho más —dijo Sara—. Si Kagome no para, le matará.
—Mi hermano es fuerte… Tiene que conseguirlo —dijo Inuyasha.
Las heridas le quemaban hasta el punto de querer desmayarse. Estar dentro del aura de Kagome le iba matando lentamente, pero también era capaz de percibir su inmensa tristeza y decepción a través de ella. Quería abrazarla, decirle que todo estaba bien y consolar el profundo dolor de su corazón. Aquello le daba fuerza para seguir en pie y avanzar lentamente hacia su amada.
—No pienso morir todavía —murmuró Sesshomaru—. No te voy a dejar sola en esto. Recuperaremos a nuestro hijo y lo criaremos juntos, Kagome… Déjame formar una familia contigo… Déjame llegar hasta tu corazón…
El Daiyokai tendió la mano y le tocó la mejilla, que estaba inundada en lágrimas. Los ojos de Kagome se blanquearon, y un torbellino de recuerdos invadieron su cabeza hasta desmayarse.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Kagome, completamente desorientada. Todo era blanco a su alrededor—. ¿Estoy muerta?
—En absoluto —dijo una voz a sus espaldas.
Se giró sobre sí misma, distinguiendo a una mujer de mediana edad vestida de blanco, igual que el color de sus largos y ondulados cabellos. Se fijó en una especie de talismán verde que llevaba colgado en el cuello.
—¿Quién eres?
—Lo importante es… ¿Quién eres tú?
—Me llamo Kagome.
—Eso ya lo sé. Lo que todavía me debes mostrar es tu verdadero yo.
La mujer se acercó hacia ella.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó la sacerdotisa, sin saber si aquello era real, o bien un sueño.
—Soy lo que estabas buscando…
—¿Por… por qué tenía que buscarte?
—Eres la única persona capaz de hacer que todo vuelva a la normalidad. Has evolucionado mucho, Kagome… ¿No lo has notado?
—Sí. Mis poderes llevaban enterrados mucho tiempo y ahora que han brotado, no soy capaz de controlarlos.
—Ahora mismo te impera la ira y la rabia. Son malos sentimientos para poder controlar un poder tan grande como el tuyo. Al fin y al cabo, eres humana.
—¿Y qué puedo hacer? Tengo el presentimiento de que estoy hiriendo a alguien muy importante para mí.
—Es el padre de tu hijo… ¿recuerdas?
Kagome la miró, pensativa.
—Sí… le recuerdo. Lo recuerdo todo…
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Fueron Hanna y Ryukotsu. ¡Ellos hicieron esto! Nos separaron provocando que nos olvidáramos el uno del otro. Él me lo estaba diciendo… Me decía que me amaba…y yo le ataqué.
—Ha sido el poder de vuestro amor el que ha provocado que recuperes la memoria, Kagome. Ahora ya no estás maldita. Puedes hacerlo… Sé que puedes.
—¿A qué te refieres?
—Solo tú puedes acabar con todo esto…
—¿Cómo?
—Debes sellar el Portal del Tiempo para siempre. Es la única forma de vencer a la maldición. Todo debe volver a su lugar. Es la ley de la naturaleza.
—Pero no volveré a verle… Yo no pertenezco a este mundo. ¿Qué pasará con mi bebé?
—Tu bebé ha nacido en esta época, por lo que debe quedarse aquí.
La mujer se quitó el talismán de su cuello.
—Este talismán te ayudará a conseguir tu propósito. Para sellar el Portal, tienes que desearlo de verdad. Sé que lo conseguirás, Kagome. Eres altruista, y eso te ayudará a tomar la mejor decisión.
—No puedo… Soy una egoísta. Solo quiero estar con él y con mi bebé.
—La búsqueda ha llegado a su fin. En este viaje te has encontrado a ti misma, Kagome. Has madurado en todos los sentidos. Empezaste tu camino con tristeza, pensando en el pasado y viviendo una vida sin sentido. Ahora todo es diferente. Tú eres diferente. Has evolucionado, y sé que si todo va mal, no te rendirás tal y como hiciste la primera vez en la que decidiste enterrar tu pasado.
—Y no sirvió de nada. El pesar en mi corazón no se desvaneció con la distancia ni con el tiempo. Él me ayudó a encontrarme a mí misma, me aceptó tal y como soy… Me consideró su igual.
—Aunque os separéis, hallaréis la forma para que vuestros caminos vuelvan a cruzarse. Un amor como el vuestro no se desvanece ni con el espacio ni con el tiempo. Se lo debes, Kagome. Libérale de esta dolorosa maldición. Acaba con Lady Hanna y con el Portal del Tiempo para siempre.
"¿Dónde estoy?"
Los ojos de Kagome se abrieron de par en par. Notó cómo el aura que la envolvía se disipaba a su alrededor. Arrodillado a sus pies y tomándola por la cintura se encontraba Sesshomaru, repleto de heridas y la cabeza completamente ensangrentada.
—¡Sesshomaru! —gritó, mientras se desplomaba en el suelo.
Le abrazó con fuerza, desconsolada. Lo recordaba todo perfectamente. Sabía que el Daiyokai había entrado en su aura, aun siendo conocedor de lo peligroso que era, con el propósito de salvarla.
—¿Por qué lo has hecho? Podrías haber muerto por mi culpa.
Inuyasha y Sara se acercaron a ellos. Koga acababa de llegar y miraba perplejo la escena.
—¡Perro pulgoso! —exclamó Koga, al ver a su ex-rival.
—Yo también te he echado de menos, lobo apestoso.
Sesshomaru abrió los ojos, lentamente.
—K… Kagome…
—Hola… —sonrió ella, feliz de verle vivo. Le acarició el rostro con sus dedos.
—Lo recuerdo todo… Absolutamente todo…
—Me alegro…
—Sé cómo romper la maldición. Acabaremos con Lady Hanna y después, te libraré de tu dolor para siempre.
—Entonces sabes el precio que debemos pagar para romperla…
Kagome lloraba desconsolada. No lograba distinguir si aquellas lágrimas eran de alegría por saber que aún estaría a su lado un tiempo más, o bien de tristeza porque tarde o temprano, se enfrentaría a la decisión más dura de su vida.
—¿Escuchaste todo lo que dije? —preguntó, con algo de timidez.
—Absolutamente todo, Sesshomaru. Y lucharé porque así sea. Formaremos una familia con nuestro hijo, te lo prometo. No importa cuándo ni dónde. Solo sé que por ti y por nuestro hijo removeré cielo y tierra para volver a estar juntos.
— Yo tampoco me rendiré, Kagome. Te lo juro.
Kagome prefirió obviar el tema por el momento. Era demasiado doloroso para enfrentarse a ello, y Sesshomaru selló la conversación con un tierno beso en los labios.
Inuyasha y Koga se giraron para no presenciar la escena.
—¿Pero… no eran enemigos? —preguntó el lobo, perplejo por cómo estaban sucediendo los acontecimientos.
—Es una larga historia —contestó Inuyasha—. Vente un día a la aldea de la vieja Kaede y te la cuento.
Sara los observaba, contenta de que las cosas empezasen a ir bien entre ellos. Recordó la primera vez que los vio juntos. Ella era tan diferente… Las circunstancias del destino le habían hecho madurar, convirtiéndose en una poderosa mujer que no dudaría en luchar por los suyos hasta el final.
Kagome se tocó el cuello. Llevaba el colgante con el talismán verde que le había dado aquella extraña mujer en sus sueños.
—Este colgante… lo he visto antes —dijo el Daiyokai—. Pertenece a una hechicera llamada Neyma. ¿Cómo ha llegado a tu cuello?
—¿La conoces? Te lo explicaré por el camino.
Sesshomaru y Kagome se miraron, felices por haberse reencontrado, por librar juntos la última batalla para recuperar a su hijo… Por amarse con locura a pesar de las circunstancias…
Volvieron a fundirse en otro apasionado beso.
Juntos serían invencibles.
Lo sentían.
PORTAL DEL TIEMPO
—¿Qué ha pasado? —preguntó Yuki con el bebé en sus brazos—. He venido tan rápido como he podido.
— Neyma ha estado aquí —contestó Hanna—. No llevaba el talismán. Me miró y desapareció a través del Portal del Tiempo.
—¿Lo cruzó?
—Eso creo. Debemos darnos prisa.
Hanna decidió ocultarle a Yuki que Neyma y ella habían tenido una conversación.
—No me pelearé contigo Hanna. No me faltan ganas por haber matado a Naiyah, pero debo controlar mi furia por un bien mayor. Sé que has sufrido mucho, en parte por mi culpa al haber sido partícipe de tu maldición cuando solo eras una muchacha. Te pido perdón por ello. No cometas mis errores. Sesshomaru no es su padre.
—Es peor que su padre. Me ha engañado con esa sacerdotisa.
—Tú te entrometiste entre ellos. ¿Qué esperabas? ¿Que todo sería un camino de rosas si les arrebatabas sus recuerdos? No he visto nunca un amor tan fuerte y sincero como el de ellos. Una maldición jamás será suficiente para separarlos.
—¡Los mataré, entonces!
Neyma sonrió.
—Tú ya estás muerta, querida. La rabia y la envidia te acabarán matando.
—¡Espera!
La hechicera desapareció a través del Portal.
—¿En qué estás pensando, Yuki? Apresúrate.
El Yokai miró atrás, por un momento, dudando qué era lo correcto. Abrazó al bebé para darle algo de calor y decidió seguir adelante. Quedarse atrás implicaría su muerte, y él era un superviviente.
Vivir se había convertido en su máxima prioridad.
Queridos/as lectoras y lectores,
Si todo va bien, estamos a un capítulo del final de esta historia. Como dice Neyma, "La Búsqueda ha llegado a su fin". Muchas gracias a todos/as los que habéis llegado hasta aquí. Me llena de orgullo saber que seguís fieles a la misma.
Es posible que tarde un poco en subirlo, pues será bastante largo. Esperemos que merezca la pena la espera :)
¡Recordad que me encantan las reviews!
Comento algunas de ellas:
BitterCandy: Hanna actúa como un perro acorralado. Poco queda ya para saber lo que ocurrirá con ella. La vinculación con el bebé ha sido algo muy rastrero por su parte. Muchas gracias por comentar! ;)
Faby Sama: Muchas gracias por tu larga review, como siempre. Ahora ya tenemos el SessKag junto y unido para recuperar a su bebé. Espero que te haya gustado el capítulo :)
HimekoCq: Gracias por la review! Queda poco para conocer el destino de Hanna. Un abrazo!
Lita Mar: Hanna se ha convertido en la antagonista más odiada (esperemos que por debajo de Rashta de Remarried Empress, jajaja). Muchas gracias por comentar.
Anika-san: Ha habido varias batallas aquí. Todas necesarias para seguir adelante. Muchas gracias por comentar.
Annie Pérez: Me alegra que te fascinara el capítulo. Muchas gracias por la review!
