CAPÍTULO 50

"CERRANDO CÍRCULOS"

ERA FEUDAL

CASTILLO DEL NORTE

Kagome volaba por el cielo en brazos de Sesshomaru, dispuestos a frenar los planes de Hanna. Tocó el talismán de su cuello, que brillaba con cada roce de sus dedos. El Daiyokai le había explicado que aquella piedra pertenecía a Neyma, pero por alguna extraña razón, había acabado bajo su custodia.

—Si traspasamos el Portal, todos perderéis vuestros poderes. Volveréis a ser humanos —dijo Kagome.

—Lo sé. Pero tú no los perderás. Eres la única persona capaz de detener a Hanna.

—No puedo creer que se haya vinculado con nuestro bebé. ¿Cómo podremos acabar con ella?

—Colmillo Sagrado no funciona sin los poderes de Yokai. Las espadas demoníacas son inservibles en el futuro. Sería imposible resucitarlo si Hanna muriera.

—¿No te sabe mal acabar con ella? Después de todo, es tu esposa.

—Nunca la quise, Kagome. Me manipuló, nos borró la memoria y ha actuado de forma muy cobarde vinculándose con nuestro hijo. Es nuestra enemiga. No tendré piedad.

Kagome observó el frío rostro del Daiyokai, en el que percibió un atisbo de ira. Ahora que había recuperado sus recuerdos, era capaz de interpretar sus gestos y miradas tal y como hacía en el pasado. Lo abrazó fuertemente, sorprendiéndose a sí misma de lo mucho que vivieron desde que se reencontraron en Londres. Con su aparición en la era moderna, sus sentimientos dieron un giro de trescientos sesenta grados, entregándose a él en todos los sentidos que podía hacer una mujer. ¿Cómo había sido capaz de olvidar aquellos sentimientos? La maldición era muy poderosa, sin duda alguna.

Recordó con melancolía la conversación que mantuvo con Inuyasha antes de despegar.

—Cuánto tiempo, Kagome…

—¡Inuyasha, Sara!

El Hanyo le entregó el arco de Azusa.

—Estaba en casa de Kaede. Te servirá en tu época porque carece de poder demoníaco.

—Muchas gracias…

Sara se alejó para dejarlos a solas, y ambos se miraron tímidamente.

—Escucha… —dijeron a la vez.

—Siento haberte dicho todo lo que te dije en el pasado. Estaba muy dolido… —dijo Inuyasha.

—No importa. Sé que fui muy dura contigo… Yo también lo siento.

—No tienes que sentirlo. Gracias a tu sinceridad, he perdido toda esperanza de recuperarte. Cuando regresamos a esta era, sé que no te lo puse fácil. Me porté como un egoísta. Intenté acercarme, pero al ver que no había esperanzas, me alejé de nuevo, utilizando a Kyoko para darte celos. Debí apoyarte en vez de utilizar juegos estúpidos para llamar tu atención.

—Pero al final te hiciste amigo de ella.

—Exacto. Kyoko es una chica increíble. Me ha ayudado mucho a superar tu historia. Ahora yo debo ayudarle a superar la suya, pero no me queda mucho tiempo. Irasue nos ha explicado que sellarás el Portal del Tiempo para romper la maldición. Eso significa que Kyoko y tú desapareceréis de esta era para siempre.

Kagome sonrió amargamente.

—Por eso debes permanecer a su lado. No es necesario que me acompañes a por Hanna.

—Pero… ya te he fallado antes, Kagome. He sido un mal amigo. Has estado sola durante todo este tiempo. Déjame enmendar mis errores.

—Todavía puedes ser un buen amigo. Ella te necesita más que nunca.

Se abrazaron fuertemente.

—¿De verdad es una despedida? —preguntó Inuyasha, con lágrimas en los ojos—. Regresa viva, ¿eh? Quiero conocer a tu bebé.

—Por supuesto. Me encantaría que tú también cuidaras de él. Sesshomaru agradecerá cualquier ayuda, aunque por orgullo nunca la pedirá.

—Descuida. Sé que encontrarás la manera de volver —dijo Inuyasha, con melancolía en su voz—. Confío en ti.

Se le escapó una lágrima al recordar la conversación. Las palabras de Neyma fueron contundentes. Para romper la maldición, el Portal del Tiempo debía ser sellado. Era la única forma de que todo volviese a la normalidad. Tenía que renunciar a Sesshomaru y a su hijo para salvarle de una muerte segura.

"Aunque os separéis, hallaréis la forma para que vuestros caminos vuelvan a cruzarse. Un amor como el vuestro no se desvanece ni con el espacio ni con el tiempo."

Las palabras de la hechicera le vinieron a la cabeza. ¿Quién era realmente aquella mujer? ¿Por qué le había entregado su talismán?

Sara volaba junto a ellos, en completo silencio. Había decidido seguirles hasta dar con Hanna. Hubiese deseado continuar su vida en el pub de Londres, lejos de todo… pero sabía que con el sello del Portal del Tiempo, su plan carecía de sentido.


ERA FEUDAL

PORTAL DEL TIEMPO

—¡Suéltame! —gritó Yuki, con los ojos inyectados en sangre.

Irasue le observó, con aires de superioridad. Le había atrapado justo en el momento que se disponía a traspasar el Portal con Hanna y el bebé. El Yokai se encontraba atado con unas poderosas cuerdas, en los pies y en las muñecas, sin posibilidad de poder moverse.

Touma le asestó diferentes puñetazos para hacerle hablar, pero todo fue en vano.

—Mi Lady… Sabe que si habla, lo mataremos —dijo Touma—. La única salida que le queda es esperar a que Hanna acuda a por él.

—¿Tú crees que lo hará? —preguntó la Diosa—. Esa mujer solo piensa en sí misma.

Irasue se acercó a Yuki.

—Escúchame bien, rata inmunda. La única salida que te queda si quieres sobrevivir, es contarnos a dónde se dirige Lady Hanna. Si nos dices la verdad, puede que me apiade de tu alma.

Yuki la miró con odio.

—Sois todos iguales… Todos ansiáis el poder y la destrucción. ¿En qué te diferencias de Lady Hanna? Sois las mismas perras pero con diferentes collares.

—¡Ten más respeto! —exclamó Touma, asestándole un puñetazo en el vientre.

—Calma, Touma —dijo Irasue, girándose para devolverle la mirada a Yuki —. La diferencia principal es que yo me preocupo por mi gente. ¿Qué te pasará a ti, maldito traidor? ¿Acaso crees que Lady Hanna va a venir a rescatarte? Esa cobarde solo piensa en sí misma.

Touma se giró a sus espaldas tras escuchar un ruido en la entrada de la cueva. Se acercó lentamente, empuñando su katana, con el fin de sorprender a quien se atreviese a traspasar el umbral. Respiró aliviado al ver a Sesshomaru, Kagome y Sara.

—Mi Lord —dijo el Hanyo, arrodillándose con respeto.

—¿Está mi madre ahí dentro? —preguntó el Daiyokai.

—Hemos capturado a Yuki.

El corazón de Sara se aceleró al escuchar su nombre.

—¿Sabe algo de Hanna?

—No quiere decirnos nada.

Sara apretó los puños.

—Si me dejáis a solas con él, puede que logre sacarle la información —dijo Sara.

—¿Estás segura? —preguntó Kagome.

—Nunca he estado tan segura.


—Sara… —murmuró Yuki al ver a su esposa, acercándose lentamente hacia él.

Irasue se había marchado para dejarles a solas.

—Así que nos vas a complicar la vida hasta el final, ¿eh, Yuki? ¿Tanto me odias?

—No tengo alternativa, Sara —contestó el Yokai, sin mirarla a los ojos.

—¡Siempre hay alternativa!

—Yo ya estoy condenado. Te traicioné, y sé que ya no puedo volver atrás y dejar las cosas como estaban.

—¿Te arrepientes, Yuki? —preguntó Sara, acercándose a él, con los ojos llorosos.

—Solo me arrepiento de que no me vayas a perdonar jamás por todo lo que te hice.

—No es tarde para pedirme perdón. Todavía puedes enmendar tus errores. Solo tienes que decirme a dónde se dirige Hanna.

Yuki la observó, implorante.

—Sé que siempre has estado pendiente de mí —prosiguió Sara, palpándole la mejilla suavemente—. Me seguías en la distancia porque te arrepientes de lo que hiciste. Te conozco, Yuki. No eres mala persona.

—Ser bueno no te ayuda a sobrevivir en este mundo tan cruel.

—Lo sé…

Sara lo observaba con sus ojos del color del mar, intentando contenerse las lágrimas ante la persona que había sido su compañero de vida durante largos años.

—Te quiero, Sara…

—Lo sé.

Le abrazó fuertemente, por sorpresa, y Yuki aceptó el abrazo, sintiéndose traicionado porque en el fondo, sabía que no iba a ser rescatado. Ya no tenía fuerzas ni ganas de seguir luchando contra lo que más amaba. ¿Acaso habían merecido la pena todos sus esfuerzos? En una época de su vida, pensó que Kirinmaru era un buen líder, y no entendía la extraña devoción de su esposa por Irasue y Sesshomaru. Fue por aquel entonces cuando sus celos se volvieron enfermizos, hasta el punto de querer desvincularse de su reina e intentar convencer a Sara de su elección. Kirinmaru era un Lord por el cual merecía la pena morir. Él no dejaría a sus súbditos en manos de sus enemigos. Hanna había actuado de forma miserable, después de haberle abandonado y vincularse con un ser tan indefenso como lo era un recién nacido. Por aquella mujer, no merecía la pena luchar.

¿Cómo había podido estar tan ciego? Sara era increíble. Siempre había tenido el don de hacerle ver lo equivocado que estaba en muchas cosas, solucionando sus discrepancias con un beso u otro gesto de cariño. Pero aquel abrazo era diferente a los de antaño. Aun así, su don seguía intacto porque con sus acciones, sabía perfectamente lo que iba a venir después.

—Hanna se dirige a la mansión que tiene el señor Takashi en Tokio. Yuna sabe dónde está. Allí planea esconderse un tiempo hasta reunir un ejército. Pero también sabe que te lo diré.

—Gracias… —murmuró Sara, cerrando los ojos inundados de lágrimas.

—Es mi hora, ¿verdad?

—Será rápido, te lo prometo.

—No me importa. Me basta con estar así, entre tus brazos.

Yuki sintió una daga atravesándole el corazón, y los ojos se le llenaron de lágrimas. Permanecieron un rato abrazados, esperando a que el Yokai exhalase el último aliento.

—Hasta siempre… mi amor —le susurró dulcemente en el oído.

Desató a su marido con el cuerpo repleto de sangre, y le cortó la cabeza con la katana de Touma. Salió de la cueva con su cuerpo para poder enterrarlo decentemente, pensando en el pasado que compartieron, cuando ambos todavía eran felices.

"Tenías razón, Yuki. Vivimos en un mundo realmente cruel"


—¡Sara! —exclamó Kagome, al ver que se derrumbaba enterrando a su marido. Sesshomaru y Touma la habían ayudado a cavar una tumba para él.

—Déjala sola —dijo Sesshomaru —. Ha hecho lo correcto. Sabía que tarde o temprano tendría que tomar esta decisión.

—Hijo mío… —dijo Irasue, al ver que ni siquiera le dirigía mirada alguna.

—Debemos apresurarnos —interrumpió Touma—. Sara y yo os acompañaremos al otro lado.

—Muchas gracias —dijo Kagome—. La barrera protectora sigue activa. Perderéis vuestros poderes de Yokai si cruzáis el Portal.

—Somos conscientes de ello.

—¡Esperad! —exclamó Irasue cuando se disponían a entrar —. Voy con vosotros.

—No es necesario —dijo Touma —. Mi deber es protegeros, mi Lady. En la era moderna, no seré lo suficientemente fuerte para poder hacerlo.

Irasue observó el cuello de Kagome.

—¿De dónde has sacado ese talismán?

—Sesshomaru me ha dicho que es de una hechicera, llamada Neyma.

—Sé quién es la propietaria. Necesito que me confirmes cómo llegó a tu cuello.

Kagome le explicó la historia sobre su batalla contra el Daiyokai, en la que el aura se apoderó de ella y al quedarse inconsciente, logró contactar con la hechicera.

—Me lo imaginaba… Dudo que volvamos a ver a Neyma en esta vida —dijo Irasue—. Ahora eres la portadora del talismán. Ella ha confiado en ti para sellar el Portal del Tiempo. No puedes defraudarla.

—Lo sé —respondió Kagome, apretando el talismán con su puño.

—Me necesitáis en la era actual —prosiguió Irasue—. Dispongo de todos los contactos para encontrar a Hanna fácilmente. Además, este talismán tiene mucho más poder del que os pensáis. Yo puedo ayudarte a utilizarlo.

—Cualquier ayuda es bienvenida, mi Lady —dijo Kagome.

Sesshomaru giró su rostro con desdén, haciendo un ademán de no necesitar ayuda, aunque en el fondo era consciente de que los secretos y contactos de su madre podrían ser de utilidad en la era moderna. Pero jamás lo reconocería.

—¿Estás bien, Sara? —preguntó Kagome al verla entrar de nuevo en la cueva.

—Sí. Puedo continuar con la misión —contestó, decidida.

Los cinco se adentraron en el portal, conscientes de que aquella vez sería la última en la que viajarían a través de él.

Sara miró hacia atrás, despidiéndose de su esposo para siempre.

"Te quería, Yuki. Y todavía te quiero. Desconozco si alguna vez dejaré de hacerlo, pero debías responder por todas las traiciones cometidas.

En esta era tan cruel pagamos con sangre, levantándonos cada día con nuestras manos manchadas y sin saber si seremos perdonados por nuestros actos.

Si nos volvemos a encontrar en otra vida solo quiero que me abraces y me digas que todo está bien, que era lo que tenía que hacer.

Porque en nuestro mundo, el honor está por encima de todo, y es más valioso que cualquier vida."


ERA MODERNA

TOKIO

—Bienvenida, señorita Hanna —dijo el señor Takashi—. Me complace verla tan guapa como siempre a pesar de las circunstancias.

Hanna se había reunido con el magnate en un restaurante ubicado en el sur de Tokio.

—Siento el cambio de planes, señor Takashi. Al final apresaron a mi compañero, Yuki. Estoy segura de que a estas alturas lo habrán interrogado y les ha explicado sobre nuestra reunión en la mansión.

—Conozco a Yuki. No se dejará amedrentar con cualquier amenaza.

—Pero su mujer, Sara, está con ellos. Ese es su punto débil.

—Bien, señorita Hanna. Cualquier precaución es poca, entonces.

Hanna había traído al bebé consigo. Lo llevaba en un carrito para poder transportarlo cómodamente. Se lo enseñó a Takashi.

—Así que este es el bebé descendiente de los Taisho.

—Es un Hanyo. Ahora no se aprecia porque hemos perdido los poderes de Yokai. También es hijo de Kagome Higurashi, una poderosa sacerdotisa. Este bebé será muy poderoso en el futuro.

—Kagome Higurashi… —murmuró Takashi—. La conozco. Es una chica muy obstinada. Me extraña que te hayas podido llevar a su bebé.

—Por eso necesito su protección, señor Takashi.

—Humm… ¿Y qué gano yo con todo esto?

—Sé que no necesita el dinero ni las riquezas, por lo que es imposible contar con sus servicios de esta manera. También sé que era afín a la causa de Kirinmaru, pero él ya no está. Así que he pensado en ofrecerle algo que ahora mismo no tiene.

Takashi levantó la vista, mostrando interés.

—Continúa.

—Un heredero.

—¿Este bebé?

—Exacto. Si me permites que te tutee. Lo registraré como tu hijo, dándole tus apellidos y será tu legítimo heredero. Este bebé será muy poderoso en el futuro.

—Pero ha perdido los poderes.

—Por sus venas fluye la sangre de la sacerdotisa más poderosa de todos los tiempos. Si lo tienes de tu lado, serás invencible. Solo quiero tus medios para protegerme.

El señor Takashi sonrió, con mirada lasciva.

—Este niño necesitará mucha protección. Sus padres removerán cielo y tierra para encontrarlo. Permíteme que te tutee a ti también. Aceptaré a protegeros a los dos si te conviertes en mi esposa.

—Pero…

—No se hable más. Solo arriesgaré mi vida y la de los míos si lo hago por mi familia.

Hanna lo miró, intentando disimular su gesto de disgusto. Aquel hombre, que rozaba los cincuenta años, no se había conservado nada bien. Le aterrorizaba el hecho de pensar que compartirían la misma cama. Aunque una vez convertida en su esposa, podría deshacerse de él fácilmente. Tenía mucho poder. Si lograba ganar su confianza, podría asesinarle en el futuro y quedarse con toda su fortuna. No era un mal plan, después de todo.


ERA FEUDAL

ALDEA DE KAEDE

Kyoko y Kohaku se encontraban en el bosque entrenando, ambos vestidos con ropa de exterminadores. Rin los observaba sentada en una de las piedras, después de haberse pasado un buen rato recogiendo leña y frutas para la cena. Pararon el entrenamiento al ver a Inuyasha aparecer entre los árboles.

El Hanyo los puso al día sobre todos los acontecimientos, explicándoles el plan de recuperar al bebé, así como el inminente cierre del Portal del Tiempo para siempre.

—Vaya… —murmuró Kyoko—. Ahora que me estaba empezando a acostumbrar a este lugar.

—Tienes familia allí —dijo Inuyasha.

—Lo sé. Le dejé una nota a mi hermana diciéndole que me marchaba por un tiempo. Si no doy señales de vida, se preocupará.

—Kyoko… no puede ser —dijo Kohaku, entristecido—. ¿Te marcharás?

Kohaku la abrazó fuertemente.

—Tendrías que haber ido con Kagome, Inuyasha… —dijo la joven karateka, intentando contener las lágrimas.

—Ni hablar. Me necesitas más que ella, Kyoko.

—Quiero enseñarte algo, Inuyasha. ¿Me acompañas?

Kyoko e Inuyasha dejaron a Kohaku y a Rin atrás, adentrándose en el bosque hasta llegar al legendario Árbol de las Edades.

—¿Qué ocurre? —preguntó Inuyasha, algo extrañado.

—He estado pensando mucho todo este tiempo. Si yo desaparezco, Kikyo también lo hará. ¿cierto?

—Me imagino que sí. ¿Qué pretendes?

—Verás… Llevo unos días en este bosque entrenándome para evadirme de todo, y cada vez que me he acercado a este árbol, he sentido como si mi alma quisiese salir de mi cuerpo. Yo creo que es Kikyo. Quizás tienes una última oportunidad para despedirte de ella como es debido.

—Pero…

—Escúchame, Inuyasha. ¿Qué habría sucedido si Naraku no se hubiese interpuesto en vuestro camino?

—Ella no estaría muerta.

—¿Solo eso? ¿Acaso no recuerdas que hace más de cincuenta años, la querías?

—Sí. Hubiese renunciado a mis poderes de Yokai para vivir una vida juntos, lejos de la perla Shikon.

—Ella también te quiere, Inuyasha. Me gustaría que pasarais los últimos momentos juntos, despidiéndoos como es debido.

—¿Pero qué pretendes?

—Me haría muy feliz. Es una trágica historia. ¿Por qué no intentáis darle un final como es debido? Sin muertes, ni peleas ni rencores. Solo vosotros dos, conversando por última vez… o lo que queráis hacer.

Kyoko le guiñó el ojo.

—¡Espera! ¿Pretendes que utilice tu cuerpo?

Inuyasha se enrojeció por completo.

—¡No puedo hacer eso, Kyoko! No está bien.

—Es amor, Inuyasha. No puede estar mal. ¡Nos vemos en unas horas!

Kyoko le besó en los labios, y él intentó zafarse, pero el contacto cálido de la joven le hizo sucumbir a ella por completo. Sus hormonas le cegaron y ya no era capaz de pensar con claridad.

Volver a encontrarse con Kikyo en un cuerpo que no era el suyo siempre le había resultado extraño, pero la confianza que había adquirido con Kyoko le ayudaba a normalizar la situación.

—Hola Inuyasha… ¡Cuánto tiempo!

—Kikyo… Bienvenida.


ERA MODERNA

TOKIO

—¡Mierda!

Sesshomaru se encerró en el baño de las habitaciones de hotel que Yuna había reservado para los cinco viajeros. Irasue, Touma, Sara y Kagome viajaron sin percances, pero él, al poco rato de pisar Tokio, empezó a notar un fuerte dolor de cabeza. Sin duda, la maldición afectaba mucho más en el cuerpo de un ser humano.

"A este paso, no sé si aguantaré"

Touma abrió la puerta de una patada, preocupado porque habían transcurrido varios minutos desde que el Daiyokai había entrado en el lavabo. Ambos se encontraban solos en una de las habitaciones.

—Lord Sesshomaru… ¿Qué es todo esto?

Se asustó al ver la sangre que se hallaba en el suelo.

—No es nada…

—La maldición, ¿verdad? Deberíais volver a vuestra era si queréis salvaros.

—¡Ni hablar! —exclamó—. Es mi hijo el que está secuestrado… Te he dicho que estoy bien.

—Sigo vuestras órdenes, mi Lord.

—Entonces no le cuentes al resto lo que has visto aquí, ¿me oyes?

—Sí, mi Lord.


—Así que planeaban reunirse en la mansión que tiene el señor Takashi en Tokio… —dijo Yuna.

El grupo había quedado con ella en el comedor del hotel.

—Eso me confesó Yuki —dijo Sara—. Aunque me imagino que habrá cambiado de planes, sabiendo que lo capturamos.

—Exacto —dijo Yuna—. Olvidaros de encontrarla allí.

—¿Qué hacemos, entonces? —preguntó Kagome—. Es como buscar una aguja en un pajar.

La joven observó cómo Irasue se levantaba de la mesa. Se había convertido en una preciosa humana de oscuros cabellos y ojos dorados, igual que los de su hijo. Aparentaría treinta años de edad, como mucho. ¿Qué ocurría con los Yokais cuando perdían sus poderes en la era moderna? ¿Envejecían con la misma rapidez que los humanos?

—El talismán —dijo la Diosa.

Todos se giraron para escuchar sus palabras.

—Explícate, madre —ordenó Sesshomaru.

—El talismán magnifica los poderes de quien lo lleva. Es un objeto único en la hechicería. Posiblemente, si te concentras en el bebé, logres rastrearlo.

—Deberíais descansar esta noche —sugirió Yuna—. Viajar en el tiempo produce mucho desgaste.

—No puedo dejar pasar más tiempo, Yuna —dijo Kagome.

—Yo tampoco —añadió Sesshomaru—. Es ahora o nunca.

Kagome observó el rostro del Daiyokai, que se encontraba completamente pálido.

—Descansemos una hora y te explico cómo concentrarte en el talismán para poder rastrear al bebé —indicó Irasue.

Kagome y Sesshomaru subieron a la habitación a prepararse. El Daiyokai tosió un par de veces, y entró en el baño otras dos.

—¿Qué te pasa? —preguntó la sacerdotisa.

—No sé de qué hablas.

—Te encuentras mal, ¿verdad? Debería haber supuesto que la maldición afectaba más a los seres humanos.

—No es nada.

—Por favor, Sesshomaru… Tienes que ser sincero conmigo.

—Estoy algo mareado por el viaje en el tiempo. Nada más.

La besó en los labios, levantándola del suelo y empujándola contra la pared.

—¿Si estuviese mal, crees que me quedarían fuerzas para hacer esto?

Kagome lo abrazó con fuerza. Presentía que le ocultaba algo, pero debían concentrarse en lo realmente importante, que era salvar a su bebé. Se preparó con el arco del monte Azusa, dejando a Sesshomaru solo en la habitación.

El Daiyokai se miró al espejo. No soportaba la idea de tener que separarse de Kagome una vez lograran conseguir el objetivo de derrotar a Hanna. ¿Qué sentido tenía su vida si ella no estaba a su lado? ¿Qué ocurriría con su corazón si finalmente recuperaba sus recuerdos? ¿Acaso era posible amarla todavía más de lo que lo hacía? No se veía con fuerzas de soportarlo. Descargó su furia asestando un puñetazo al espejo de la habitación, y el dolor de cabeza volvió a apoderarse de él.

"Mierda… Si sigo así, solo voy a ser una carga…"

Irasue entró en la habitación.

—¿Qué quieres? —preguntó el Daiyokai con desprecio.

—¿Te crees que soy idiota, hijo? Podrás engañar a Kagome, pero no a mí. Soy tu madre y sé que la maldición te está afectando.

—Déjame en paz.

—No puedo. Ponemos en peligro la seguridad del grupo si te conviertes en una carga para nosotros. Pero tengo algo que podrá calmarte, de momento.

Irasue le ofreció unas hierbas.

—Tómalas con agua caliente. No te curará, pero logrará paliar temporalmente los síntomas que tienes. Llévalas contigo durante el viaje, y tómalas de forma continua en noches de luna llena.

La Diosa abandonó la habitación, sin esperar agradecimientos por parte de su hijo.


Yuna se encontró con el grupo en un descampado cercano al hotel, a la hora prevista.

—He intentado rastrear a Takashi en Tokio, pero no quiere ser encontrado.

—Me lo imaginaba —contestó Irasue, mirando a Kagome—. Solo nos queda la posibilidad de poder utilizar el talismán concentrándote en tu cachorro.

—¿Qué haremos cuando demos con Lady Hanna? —preguntó Touma—. Recordad que está vinculada al bebé. Cualquier ataque contra ella le afectará también.

Irasue tocó el colgante de su cuello.

—La piedra Meidou posee el poder de resucitar a los muertos, igual que Colmillo Sagrado, pero no funciona en esta época. La única alternativa que tenemos es devolver a Lady Hanna a la era feudal y allí, darle el golpe de gracia. Será entonces cuando pueda ejercer este poder.

—¡No! —exclamó Kagome—. No quiero hacerle daño bajo ningún concepto. Tiene que haber otra forma.

—No tenemos otra alternativa, Kagome —dijo Sesshomaru—. Necesitamos los poderes de Yokai para derrotarla. Aún no sabes usar ese talismán, y todavía no dominas el poder de tu aura.

—Si la apresamos viva y la enviamos de vuelta, tendremos posibilidades de derrotarla —dijo Sara.

Irasue se acercó a Kagome y le tendió la mano.

—Toca el talismán y concéntrate en el bebé. Te guiará hasta él. Debes aprender a utilizarlo antes de entrar en batalla contra Hanna. Te puede llevar un tiempo, pero si Neyma te lo confió, estoy segura de que lo lograrás.

Kagome cerró los ojos, resignada, intentando concentrarse en su hijo.

—Puede que no lo consigas de inmediato —dijo Sesshomaru—. Es difícil dominar la poderosa magia de la hechicería ancestral. Mientras Hanna pueda sacar utilidad de nuestro hijo, no le hará daño. Así que debes estar tranquila.


ERA FEUDAL

ÁRBOL DE LAS EDADES

—Así que esto es una despedida —dijo Kikyo, con melancolía en su voz.

—El Portal del Tiempo se sellará tarde o temprano, y tú regresarás con Kyoko a otra época —dijo Inuyasha, cabizbajo. Ahora mismo ella me necesita. Quiero pasar el tiempo que me queda junto a ella, porque es mi amiga.

—La verdad es que no sé lo que pasará conmigo. Pero no me importa, Inuyasha. Al menos he podido despedirme de ti.

Inuyasha se levantó, observando el inmenso árbol que tanto había significado en el pasado.

—Es curioso, Kikyo. Aquí fue donde terminó nuestra historia, odiándonos durante cincuenta años por culpa de un engaño.

Kikyo sonrió con tristeza mientras tocaba el árbol con sus manos.

—El mismo árbol, pero distintos sentimientos… La historia termina diferente.

Inuyasha la abrazó fuertemente.

—Si todo hubiese sido distinto, Kikyo… si Naraku no se hubiese interpuesto en nuestro camino…

—Todo tiene un fin. Gracias a ello, has conocido a Kagome y experimentaste el amor.

—También te quise a ti. Te juro que lo hice.

Los ojos de ambos se llenaron de lágrimas.

—Yo nunca dejé de quererte, Inuyasha, y siempre te querré. Aferré mi alma a este mundo por ti, para poder protegerte e ir en tu búsqueda a través de tus sueños. Pero ya va siendo hora de dejar mi alma libre y marcharme para siempre.

—Kikyo…

—Quiero besarte, Inuyasha. Déjame hacerlo por última vez…

Inuyasha la besó dulcemente en los labios, abrazándola por la cintura con el ánimo de no dejarla escapar. Su corazón se llenó de paz y tranquilidad al notar el inmenso amor que le profesaba a través de su piel. Un amor que había enterrado en lo más profundo de su corazón y que emergía para recordarle que ya era hora de dejar sus sentimientos por Kagome atrás.


Notas de la autora (Red Moroha)

Me he demorado bastante en publicar, y tengo un motivo de peso para ello. El final me estaba quedando tan largo que he decidido dividirlo en cuatro capítulos más.

Pero no os preocupéis porque ya los tengo todos hechos y los voy a ir publicando casi seguidos. Solo pido que le deis un poco de amor enviando alguna review y posiblemente, en menos de una semana estarán todos ya disponibles.

Un abrazo y gracias por vuestra paciencia.