CAPÍTULO 51
"LA BATALLA"
ERA MODERNA
BARCELONA – ESPAÑA
Hanna bajó del vagón de metro de la estación de Ronda Universitat. Lucía una gabardina color beige, acompañada de gafas de sol y un recogido alto para sostener su larga y rubia cabellera. Llevaba al bebé consigo, durmiendo apaciblemente en un cochecito color negro. Caminó con sus altos tacones hacia el interior de la Universidad de Barcelona, situada justo en frente de la estación, hasta llegar a un largo pasillo repleto de puertas.
—Quiero ver a Xavier —impuso a la señora de la recepción.
La mujer le mostró un asiento, y en pocos minutos, apareció un hombre de mediana edad, con barba canosa y gafas.
—¿Qué haces aquí? —preguntó el hombre.
—Hola Xavier, cuánto tiempo —contestó Hanna.
—Vayamos a la biblioteca. Aquí no es seguro.
Hanna asintió con la mirada mientras empujaba el carrito. Salieron por una bella zona ajardinada, digna de un edificio neorrománico como era aquella universidad en la que se impartía filología y matemáticas, principalmente.
Entraron en la biblioteca, que se encontraba prácticamente vacía. Hanna se maravilló ante el conjunto de espacios interiores repletos de muebles de madera y libros históricos.
—No hay alumnos en esta época —dijo Xavier—. Los exámenes acabaron hace poco.
—Veo que se acerca la Navidad —dijo Hanna.
—Vayamos al grano, Hanna. ¿A qué has venido? ¿Y ese bebé?
—Me he casado con Takashi.
—¿Ese... loco? ¿Cómo se te ha ocurrido?
—Necesitaba protección, pero cada vez es peor, Xavier. Estoy pagando un alto precio por mantenerme a salvo.
—¿Y qué esperabas? Ese hombre es un sucio pervertido que solo piensa en faldas y poder. Me imagino que tendrás que haberle hecho grandes favores para mantenerte oculta.
—Ha sido un error, lo sé. Pero ya no puedo más.
—¿Qué insinúas? ¿Y ese bebé?
—Es mío, pero me buscan para arrebatármelo.
—¿Y por eso has venido aquí, a Barcelona?
—Está lo suficientemente lejos de Japón, pero necesito algo más.
Xavier la observó con resignación y curiosidad.
—¿Dónde está Takashi?
—Se ha quedado en Londres, por negocios.
—Ese hombre es muy peligroso, Hanna. Si huyes de él, te encontrará.
—No he huido de él, todavía. Créeme. Sabe que estoy aquí. De hecho le convencí para que me dejase venir a abrir una galería de arte.
—Si tienes que pedirle permiso para viajar, vamos mal.
—Exacto. He perdido mi libertad con él. Debo encontrar la forma de que no se interponga en mi camino.
—Pero es el único que puede protegerte de los que quieren arrebatarte a tu hijo.
—Por eso te necesito. He venido hasta aquí para proponerte un trato.
—Si piensas que deshacerte de él, te estás metiendo en la boca del lobo.
—Necesito tu veneno, Xavier. Puedo pagarte lo que quieras, pero debe parecer un accidente. Se trata del mismo veneno que me proporcionaste la última vez. Emula un infarto y es irrastreable. Nadie sospechará nada y mi hijo heredará todo su imperio.
—Ese veneno, en malas manos, puede ser muy destructivo.
—Lo usaré con cautela. ¿Dónde lo tienes? Te pagaré diez mil euros por él.
—Cien mil euros.
—¡Es mucho dinero! —exclamó la hechicera—. Ahora mismo no dispongo de tanto.
—¿Quieres el veneno o no? No puedo aceptar menos sabiendo que con esto, heredarás toda su fortuna.
Hanna lo miró a regañadientes, y sacó un teléfono móvil del bolso para realizar la operación.
—Veo que no te falta de nada con tu marido, Takashi. Un polvo de vez en cuando lo vale, ¿no crees?
—Eres odioso.
—Espera aquí. No te muevas.
Xavier miró a su alrededor para asegurarse de que nadie le observaba. Solo había un par de estudiantes leyendo libros encima de una mesa, además de la recepcionista, que se había quedado con el carrito del bebé, y un hombre que parecía estar buscando entre un conjunto de manuscritos. Caminó hacia uno de los pasillos y al fondo del todo, sacó un viejo cuadro colgado en la pared donde extrajo unos manuscritos, un viejo llavero con dos llaves y un pequeño frasco de cristal.
No le dio tiempo a llegar hasta Hanna. Los dos estudiantes se levantaron de la mesa, quitándose las gafas y asaltando a Hanna por sorpresa. Eran Sesshomaru y Kagome.
Xavier, al ser consciente del asalto, volvió a guardar todo lo que había sacado dentro del cuadro para intentar escapar. Con un poco de suerte no había sido visto y podría huir a la mínima.
Hanna acudió corriendo a donde se encontraba el bebé, pero la recepcionista se lo había llevado. Se trataba de Sara, que había salido afuera donde le aguardaba Irasue.
Touma era el hombre que aparentaba buscar manuscritos en la estantería, y acudió hacia Hanna, apresándola por la espalda. Sacó una navaja, apuntándola a su cuello.
—Nos vas a acompañar a la era feudal —dijo Sesshomaru, al verla atada.
Hanna sonrió con malicia.
—Hola, querido... ¿Me has echado de menos?
—¡Cállate! —gritó el Daiyokai.
—A juzgar por tu cara, te debe quedar poco tiempo.
—Viva o muerta, te llevaremos a donde perteneces —dijo Kagome con tono amenazante, y apuntándola con el arco del monte Azusa.
—Os creéis muy listos... —murmuró Hanna—. ¿Creíais que iba a venir aquí sola? A estas alturas mis hombres han vuelto a interceptar al bebé.
—Mierda... —dijo Sesshomaru, mientras corría hacia el exterior del edificio.
Sin los poderes de Yokai, todo resultaba mucho más complicado.
Al salir a la calle, se encontró con Irasue y Sara en el suelo, rodeados de personas usando el teléfono.
—¡Llamad a una ambulancia! —gritaban los transeúntes de la calle.
Sesshomaru acudió hacia ellas, y les tocó el pulso para asegurarse de que seguían vivas.
—Nos han disparado... —murmuró Irasue—. Se han... llevado... al bebé.
—¡Joder! —gritó el Daiyokai, con gran impotencia ante lo sucedido—. ¿Hacia dónde han ido?
—Han huido en coche... —dijo Irasue—. Sara está inconsciente.
Sesshomaru las examinó. Habían perdido mucha sangre.
"¡Maldición!".
—Deja que nos lleve la ambulancia —dijo la diosa—. Lo importante es el bebé...
La ambulancia llegó al cabo de pocos minutos.
—¿Es usted familiar? —le preguntó uno de los médicos a Sesshomaru, mientras otro intentaba reanimar a Sara.
—Son mi madre y mi hermana...
—Las llevaremos al Hospital Clínic. ¿Quiere acompañarlas en la ambulancia?
—No es necesario, hijo —insistió Irasue—. Te necesitan aquí...
Sesshomaru escuchó cómo los médicos intentaban reanimar a Sara, realizándole maniobras que parecían no tener éxito.
—¡Sara! —gritó el Daiyokai.
Su madre le tendió la mano.
—No te preocupes por ella... —murmuró, casi sin fuerzas—. Está en buenas manos... Ocúpate de tu familia.
Sesshomaru apretó los dientes y puños.
—¡Maldición! —gritó.
—Todo saldrá bien... hijo.
Corrió de nuevo al interior del edificio sin tiempo de conocer el destino de Sara. Hanna se había burlado de ellos una vez más, y se odió a sí mismo por no verlo venir. Kagome había practicado incesantemente para poder rastrear al bebé a través del talismán y ni siquiera habían logrado recuperarlo.
Al llegar a la biblioteca, Hanna había desaparecido.
—¿Dónde está? —preguntó el Daiyokai, preocupado al ver a Kagome en el suelo.
—Se esfumó por arte de magia —contestó Kagome—. No te preocupes. Estoy bien.
Sesshomaru se fijó en el cadáver del suelo.
—Era el tipo que hablaba con ella —dijo Touma —. Lo mató Lady Hanna cuando intentaba escapar, me imagino que por miedo a lo que pudiese decir de ella.
—Buscaba algo que estaba aquí escondido —dijo Sesshomaru.
—Inspeccionemos antes de que venga la policía. Estarán al caer —añadió Kagome.
Se fijaron en el cuadro que se encontraba en el fondo del pasillo. Al sacarlo, encontraron los documentos, el llavero y el pequeño frasco de cristal.
—Este debe ser el veneno del que hablaban —dijo Sesshomaru—. Nos lo llevaremos todo para analizarlo.
—Tenemos que huir —dijo Touma—. El recinto se ha llenado de policías, y querrán que les demos explicaciones. Se nos complican las excusas con un cadáver en en suelo.
—Mi madre y Sara están en el hospital. Las han disparado, y hemos perdido al bebé.
—Mierda... —murmuró Kagome—. ¿Viste si estaban vivas?
—Sí, pero Sara parecía más grave.
—Voy al hospital —dijo Touma—. Vosotros pensad en otro plan para atacar a Hanna. Investigad lo que os habéis llevado del cuadro por si hay alguna pista.
—Espera... no podemos dejarte solo —dijo Kagome.
—Ese bebé os necesita. Daos prisa.
—Podemos investigarlo desde el hospital —dijo Sesshomaru—. ¡Salgamos de aquí! Kagome... ¿Nos puedes teletransportar con el talismán?
—Lo puedo intentar si el hospital no está muy lejos. Lo he utilizado demasiado hoy.
Empezaron a escuchar gritos y pasos fuera de la biblioteca.
—Concéntrate en Lady Irasue y Sara, por favor —dijo Touma. Nos están rodeando.
Los dos se agarraron a Kagome mientras intentaba concentrarse para llegar al hospital a través del talismán.
Desparecieron en un destello de luz, justo antes de llegar la policía a la escena del crimen.
ERA MODERNA
BARCELONA – ESPAÑA
HOSPITAL CLÍNIC
El doctor se pasó por la habitación 302, donde se alojaba Irasue.
—¿Cómo está Sara? —preguntó, con debilidad en su voz.
—Ahora mismo la están operando. Ha perdido mucha sangre. He venido porque vendrá un inspector de policía a hacerle algunas preguntas. Es el protocolo al haber sufrido heridas de bala.
"Tengo que salir de aquí como sea"
—Por cierto... —prosiguió el doctor—. Tiene visita.
Touma, Kagome y Sesshomaru aparecieron tras la puerta, mientras el médico abandonaba la habitación.
—¿Qué hacéis aquí? Deberíais estar buscando al bebé.
—¿Cómo está Sara? —preguntó Kagome.
—La están operando en estos momentos.
Kagome y los demás respiraron con alivio. Aún seguía viva.
—Hemos traído todos estos manuscritos que hay en la caja fuerte —dijo Sesshomaru—. Hanna hablaba de un veneno. De camino aquí paramos en una cafetería a leerlos.
—¿Hay algo interesante?
—Sabemos por qué los Yokais se extinguieron tan fácilmente en esta era —dijo Kagome.
Irasue la miró, sorprendida, mientras Touma dejaba varios documentos encima de su cama.
—A lo largo de estos siglos, varios laboratorios humanos, en cooperación con los gobiernos de diferentes países, se unieron para producir un veneno completamente devastador en los demonios. Más poderoso que cualquier arma demoníaca. Los Yokais nos alimentamos y bebemos igual que los seres humanos, por lo que fue fácil ir extinguiéndonos poco a poco —dijo Sesshomaru.
—Este veneno, además, no afecta a los seres humanos—dijo Kagome—. Era perfectamente factible contaminar los ríos y las fuentes con el fin de hacer un exterminio lento, pero masivo. Lo suficientemente lento como para no despertar sospechas entre los Daiyokais más poderosos, y de una envergadura tan grande que acabó con la raza demoníaca completa.
—¿Qué tiene que ver Hanna con todo esto? —preguntó Irasue.
—Hanna planea acabar con Takashi y así apoderarse de su imperio. El tipo con el que hablaba heredó la fórmula del veneno. En estos papeles verás la ubicación de los laboratorios y las personas a cargo de los diferentes proyectos a lo largo del mundo.
—Pero estos papeles datan del año mil ochocientos. ¿Qué ha ocurrido con los laboratorios? —replicó Irasue.
—Yuna lo ha investigado. Ya no hay ningún laboratorio que pueda fabricar este veneno, pues no existen Yokais en esta época —dijo Touma—. Bueno... Ha comprobado todos los que había en estos papeles excepto uno, que se encuentra oculto aquí, en Barcelona.
—¿Creéis que Hanna va tras ese laboratorio? —preguntó la diosa.
—Creemos que buscaba el mapa del laboratorio oculto en la caja fuerte de la biblioteca —afirmó Kagome—. Este frasco de veneno era simplemente una excusa para obtener algo más grande, que es la ubicación de un centro de último nivel capaz de fabricar suficiente veneno como para volver a matar masivamente. Desconocemos si realmente quería utilizarlo en Takashi, o solo era una excusa para llegar a la caja fuerte. Lo que no entendemos es por qué intentaría matarle de esta forma si es un ser humano. No le afectaría el veneno.
Irasue se levantó de la cama.
—Hay muchas cosas que no sabéis, y ya va siendo hora de que os las explique.
—Tú siempre guardando los secretos, madre —se quejó Sesshomaru.
—Pensaba que no estaba relacionado con la misión...
Los miró a la cara para explicarles la verdad.
—Takashi es, en efecto, un Yokai —prosiguió Irasue—. Es cierto que hace siglos hubo una masacre con este veneno que extinguió a la gran mayoría de los demonios. Takashi es uno de los pocos que quedan y que se han infiltrado en la humanidad. Es muy complicado detectarlos porque con los años han aprendido a esconder su aura demoníaca, por lo que pasan desapercibidos incluso para otros demonios o sacerdotes. Con el tiempo también han aprendido a adquirir rasgos humanos y adoptar sus costumbres.
—Espera... —dijo Kagome—. Conocemos a otro Yokai capaz de infiltrarse en la era moderna...
Todos se giraron para escucharla.
—Kirinmaru.
—¿Lord... Kirinmaru? —preguntó Touma, algo incrédulo.
—Eres muy perspicaz, muchacha —dijo Irasue—. Sí. Él es otro caso de Yokai infiltrado en la era moderna.
—Kyoko me explicó que cuando se conocieron, parecía un ser humano normal y corriente—dijo Kagome—. De hecho, se quedó atrapado en esta era cuando se cerró el portal del pozo devorador de huesos. Esto solo puede significar que Kirinmaru pertenecía a este mundo, no a la era feudal.
—Exacto —confirmó Irasue—. Abrí yo misma el portal con mis hechiceras para traerlo de vuelta.
—¿Pero entonces, el Kirinmaru que conocemos, siempre fue el Kirinmaru del futuro? —preguntó Sesshomaru.
—El Kirinmaru que conocisteis pertenecía a la era moderna. Incluso tu padre se llegó a relacionar con él. Llevaba muchos años deambulando en la era feudal.
—Entonces... ¿dónde se encuentra el Kirinmaru del pasado? —preguntó Kagome—. No puede haber muerto porque entonces el Kirinmaru del futuro no habría existido.
—Esa información no es necesaria para nuestra misión —respondió Irasue, tajantemente.
—Basta de secretos, madre —interrumpió Sesshomaru—. Cualquier información puede ser relevante. Si Kagome te pregunta algo, debes responderle sin vacilar.
—Mi Lady... —dijo Touma—. Debéis contestar para que confíen en vos.
Irasue resopló. Había aprendido con los siglos a guardarse ases en la manga porque la información era poder.
—El Kirinmaru del pasado vive desde hace siglos alejado de la realeza y del poder. No quiere ser encontrado, y debemos respetar su decisión.
Kagome pensó en Kyoko. El Kirinmaru del pasado no la había conocido aún, pero le alegraría saber que de algún modo, existía, aunque no fuese (todavía) el hombre del que se enamoró. Aun con todo, Kyoko regresaría en breve a su época, una vez sellado el Portal.
—Debemos centrarnos en Hanna —incidió Sesshomaru—. Este veneno en sus manos puede ser terrible para la sociedad Yokai actual. Intentó convencer a aquel tipo de que lo necesitaba para deshacerse de Takashi, pero todos sabemos que ella se basta sola para matarlo sin pestañear. Lo más probable es que quiera usarlo para realizar otra masacre a nivel mundial, y así conseguir favores y protección por parte de los gobiernos. Esto nos da una ventaja sobre ella, pues tenemos algo que quiere: el mapa con la ubicación del laboratorio secreto.
Kagome extendió su mano para que la diosa contemplase el documento.
—Sus deseos de poder y de protección se verán truncados sin este trozo de papel... —murmuró Irasue, dirigiendo su mirada a Kagome—. Escúchame. Debes practicar con el talismán estos días para viajar en el tiempo.
Los tres la miraron, sorprendidos.
—¿Se puede hacer eso? —preguntó Kagome.
—Neyma solía hacerlo —afirmó Irasue—. La cueva o el pozo no son la única puerta para realizar estos viajes.
—Eso cambia mucho las cosas —dijo Sesshomaru—. Madre... ¿Otro de tus secretos?
—Kagome debía estar preparada para hacer viajes sencillos en la misma época. Una vez superado, ya va siendo hora de ir descubriendo los verdaderos poderes ocultos del talismán.
—Si practico viajando en el tiempo... es posible enviar a Hanna a la era feudal —dijo Kagome.
—Exacto —confirmó la Diosa.
—Devolveremos el mapa a la caja fuerte y haremos una copia del llavero —dijo Sesshomaru—. Hanna volverá a por él. Debe dar con el laboratorio secreto y allí le haremos una emboscada.
—Yo iré a hacer unas visitas —dijo Irasue—. Esta información tiene que sacarse a la luz y así conseguir refuerzos para derrotar a Hanna.
El doctor entró en la habitación.
—La operación de su hija ha ido bien —dijo, mirando a Irasue—. Ahora está dormida.
—¿Podemos ir a verla? —preguntó Kagome.
El doctor asintió.
Kagome y Sesshomaru entraron en la habitación de Sara, que se encontraba sedada.
—Yuki... —murmuró la joven guerrera, en sueños.
—Piensa en su marido —dijo Kagome, con tristeza—. Debió de ser muy duro para ella tomar esa decisión.
—Era lo que tenía que hacer —respondió el Daiyokai.
—Pero no deja de ser trágico.
Sesshomaru, a pesar de su frialdad, era capaz de ver a través de la tristeza de la joven. Llevaba una importante carga en sus espaldas y todos habían puesto sus esperanzas en ella. Su voluntad y perseverancia eran admirables. No se amedrentaba con nada, y menos si se trataba de salvar a los suyos. Pero había algo contra lo que ninguno de los dos podía luchar. Si rompían la maldición, también se rompían las esperanzas de un futuro juntos. Ella tenía claro que apostaba por su supervivencia. ¿Pero qué ocurría con sus sentimientos? La vida sin ella a su lado ya no era vida para él. ¿Permitiría que su hijo se criase sin su madre? No era noble por su parte aceptar aquella situación, pero tampoco debía reflejarla en su comportamiento. Odiaba sentirse débil, o que los demás atisbasen cualquier tipo de flaqueza en él. Se mantendría fuerte a pesar de que tarde o temprano su corazón se partiría en mil pedazos con su ausencia.
Y él no podía hacer otra cosa más que dejarla marchar. ¿Desde cuándo los demás decidían su futuro?
Le besó el cuello sensualmente hasta llegar a los labios, y a ella se le erizó la piel con su contacto.
Adoraba a aquella chica.
Tenía que hacer algo para no perderla, aunque ello le costase la vida.
CUARENTA DÍAS DESPUÉS DEL SECUESTRO DEL BEBÉ
ERA MODERNA
AVENIDA GAUDÍ
BARCELONA – ESPAÑA
—Hola cariño —dijo Hanna mientras caminaba por la Avinguda Gaudí, entre la calle Lepanto y la calle Marina—. Ahora mismo no puedo hablar. Te llamo luego.
—¿Todo bien, Hanna? —dijo la voz al otro lado del teléfono móvil que llevaba en su mano—. Ichiro te echa de menos.
—No es nada... he ido muy estresada estos días mirando locales para abrir la galería de arte, y la verdad es que los precios son muy caros en Barcelona.
—No te preocupes. Ya sabes que el dinero no es importante. ¿Por dónde andas?
—Voy de camino a la reunión que te comenté de patrocinadores.
—Cuídate, querida. Llámame después.
"Estúpido imbécil"
Hanna odiaba a Takashi, pero lo necesitaba para brindarse la mayor protección posible de cara a asegurarse un futuro en la era moderna. Sus planes iban según lo previsto. Había recuperado el mapa al haber regresado a la biblioteca y así dar con el único laboratorio que todavía existía. El idiota de Xavier no se percató de que gracias a un hechizo, le había estado espiando mientras retiraba el cuadro del pasillo para hacerse con el frasco de veneno que le había pedido a cambio de una importante suma de dinero. Finalmente, su ambición acabó con él. Tras el cuadro se encontraban los ingredientes e instrumentos necesarios para llevar a cabo su plan de volver a fabricar el veneno que acabaría con el resto de Yokais que quedaban en el planeta. Con aquella jugada conseguiría la confianza de los gobiernos más poderosos y ya no necesitaría la ayuda de su marido para poder ocultarse mientras criaba a Ichiro, el bebé robado de Sesshomaru.
Con la muerte de Takashi, aquel bebé heredaría su fortuna, y ya no tendría que preocuparse por sobrevivir.
El mapa del laboratorio la llevaba a unas escaleras de estación de metro, pero más bien parecía un hogar de jubilados. Al entrar, pudo observar a varias personas de avanzada edad jugando al dominó mientras una sirvienta atendía las mesas en una especie de bar.
Un largo pasillo se vislumbraba en el centro, el cual llevaba a diferentes puertas que estaban cerradas. Recordó el llavero obtenido de la biblioteca. ¿Funcionaría una de las llaves con la puerta 22, que es la que señalaba el mapa?
Tras dos intentos, logró abrir la puerta que daba acceso a una oscura habitación que parecía no haber sido usada en años. La suciedad del polvo le inundó los pulmones hasta el punto de toser. En el suelo, siguiendo el mapa, distinguió una puerta que encontró tras levantar una polvorienta alfombra. Trató de encajar la segunda llave del llavero encontrado en la biblioteca, logrando abrirla a la primera. Encendió una linterna para poder distinguir unas escaleras que guiaban hasta un sótano.
"Ya casi he llegado".
Caminó escaleras abajo hasta llegar a un enorme recinto bajo tierra bastante espacioso repleto de luces de emergencia. Dejó caer un suspiro de júbilo al ver que se hallaba en el lugar correcto. Solo debía encontrar la forma de encender el alumbrado para poder ver el espacio más detenidamente.
Un repentino ruido provocó que se girase de forma precipitada. Su linterna cayó al suelo y notó cómo unas manos se acercaban a ella para atarla con una especie de cuerda. Intentó zafarse de ella con su magia, pero no era capaz de hacer ningún hechizo.
"¿Qué es esto? ¿Es una trampa?"
Las luces del laboratorio se encendieron, dejando ver quiénes habían sido los partícipes del engaño. Se encontró rodeada por Kagome, Sesshomaru, algunos altos cargos de Daiyokais infiltrados de la era moderna, la Diosa Irasue y por último vio a Takashi, su actual marido.
—Así que era cierto que planeabas acabar con todos nosotros —dijo Takashi, conmocionado ante la escena.
—Te lo dije —señaló Irasue, que estaba a su lado—. Solo tenías que confiar un poco en mí.
Hanna emitió un grito desgarrador, intentando deshacerse de las cuerdas que rodeaban sus muñecas.
—Es inútil que te resistas —dijo Sesshomaru—. Son cuerdas mágicas que inhiben cualquier tipo de hechizo o magia. No puedes hacer nada contra ellas.
—¿Desde cuándo eres tan cobarde? ¿Acaso dejaste tu honor en la era feudal y vas a matarme estando atada?
—¡Cállate! —gritó Kagome, empuñando su arco.
Takashi se acercó a ella.
—Me has engañado, Hanna. ¿Es que mi protección no era suficiente?
—Me das asco —contestó ella, con los ojos inyectados en sangre—. ¿Dónde está Ichiro? Si no me lo devuelves, me suicidaré al mínimo descuido.
—Puedo ser un demonio ambicioso, querida. Pero no voy robando bebés y planeando un holocausto Yokai. Ichiro está donde debe estar.
—Esta mujer es un peligro para nuestra sociedad—dijo uno de los altos cargos—. Debemos deshacernos de este laboratorio junto con todas sus pruebas y muestras. Hemos convivido pacíficamente con la humanidad durante muchos años. No podemos consentir tal despropósito.
Sesshomaru y Kagome abandonaron el lugar junto con Hanna e Irasue. Takashi y el resto de Yokais se quedaron para deshacerse de todos los materiales del laboratorio y así evitar una gran amenaza.
—Touma y Sara han recuperado al bebé —dijo la diosa—. Yo me quedo con Hanna. Acudid al Café Adonis, a dos calles de aquí.
—Muchas gracias —respondió Kagome—. ¿Tan fácil resultó que Takashi os devolviera al bebé?
—No es buena persona, pero nunca robaría el bebé de otro Daiyokai.
Kagome y Sesshomaru entraron en el Café Adonis. En la planta superior se encontraban Sara y Touma meciendo un carrito. Se acercaron con sigilo para contemplar al precioso bebé que dormía plácidamente bajo una pequeña sábana.
—Os dejamos con él —dijo Sara—. Iremos con Irasue a vigilar a Hanna.
Kagome observó al bebé, emocionada. El parecido con su padre era incuestionable.
—Ha heredado tu nariz —dijo Sesshomaru, apretando su mano junto a la de la joven.
—Es precioso... Cuando lo vi por primera vez, su pelo tenía tu color. Ahora es negro como el mío.
—Al traspasar el Portal del Tiempo perdió los poderes de Yokai, y con ellos, su apariencia de Hanyo.
—No puedo matar a Hanna —dijo Kagome—. Si algo sale mal y el bebé sufre, jamás me lo perdonaré.
Sesshomaru la abrazó fuertemente.
—Nada va a salir mal. Cuando regresemos, mi espada y el colgante de mi madre funcionarán. Podremos traerlo de vuelta sin problemas.
—Quiero abrazarlo fuertemente, pero prefiero no despertarlo.
El Daiyokai pensó en el sufrimiento de su amada. Separar a un bebé de su madre era un acto cruel, y más si tarde o temprano el Portal del Tiempo se sellaba para siempre. Ahora Kagome y el bebé eran su familia. ¿Qué clase de hombre era si permitía aquella traumática separación?
—No quiero que se llame Ichiro —prosiguió Kagome, todavía abrazada a su amado.
Sesshomaru pensó en la promesa que se hicieron respecto al nombre del bebé. Pactaron no pensar en ello hasta que no estuviese completamente a salvo. De aquella forma solo se centrarían en la misión.
Le acarició el cabello hasta llegar a sus mejillas.
—Cada vez queda menos para darle un nuevo nombre. Juntos lo conseguiremos.
Sesshomaru no mentía. Realmente creía que junto a ella, superaría cualquier dificultad que se les presentase, a pesar de realizar sacrificios para conseguirlo.
Irasue se encontraba junto a Hanna en un descampado cercano al parque de la Sagrada Familia. Sonrió al ver que Touma y Sara llegaban al lugar acordado. Hanna los observó con desprecio.
—Sara... Te creía muerta.
—Siento no darte ese placer —contestó, con indiferencia.
—Me pregunto qué habrá sido de Yuki. Siempre tan fiel a ti, vigilando todos los pasos que hacías desde la distancia. Pobre infeliz...
—No te atrevas a hablar de él, o te mataré.
—Si me matas, también morirá el bebé.
—¿Tan poco te importa su vida?
—Lo importante es sobrevivir.
Hanna se giró mirando a Touma.
—Estúpido Hanyo... Siempre fiel a una diosa que odia a los de tu especie. ¿Cómo puedes vivir con eso?
Irasue le dio una bofetada en la cara.
—¡Cállate! ¿Qué sabrás de mí? —gritó la diosa, con ira.
—No le hagáis caso, mi Lady. Pretende enojaros para que perdáis los nervios.
Irasue se contuvo, pensando que la bofetada podría haber afectado al bebé. No era normal en ella perder los estribos tan fácilmente. ¿Quizás le estaba afectando su humanidad? No era la primera vez que viajaba en el tiempo y se sentía débil al perder sus poderes, pero aquello era diferente. Se había enojado al ver cómo Hanna insultaba a Touma, y aquella actitud no era digna de una diosa.
Kagome y Sesshomaru aparecieron con el bebé en los brazos de la joven. Seguía durmiendo plácidamente.
"Aunque mi puñetazo no le haya afectado, ¿cómo seremos capaces de deshacernos de Hanna sin que esta criatura sufra?" pensó la diosa.
—Ya es hora de regresar a nuestra época. ¿Estáis preparados?
Kagome tocó el talismán, concentrándose en la era feudal. Había estado practicando duramente a lo largo de una semana para poder viajar en el tiempo, y lo había conseguido con éxito en dos ocasiones. Por el bien de su hijo, no podía fallar.
Esta vez no.
ERA FEUDAL
TIERRAS DEL OESTE
Kagome aterrizó con el resto del grupo en una llanura cercana a las Tierras del Oeste. Todos recuperaron sus poderes de Yokai, incluido el bebé, que volvió a su normal apariencia de cabellos plateados igual que los de su padre.
Hanna continuaba atada con las cuerdas mágicas, y Sesshomaru partió al Palacio de la Luna en busca de sus espadas, por si el colgante de Irasue fallaba.
—Malditos cobardes... —dijo Hanna—. ¿Acaso no os atrevéis a luchar contra mí sin las cuerdas mágicas?
—Nos borrasteis la memoria a mí y a Sesshomaru para separarnos, ordenaste a Yuki que me matara cuando acababa de dar a luz y te vinculaste con mi hijo indefenso para salir ilesa de nosotros. ¿Quién es la cobarde? —dijo Kagome—. Desvincúlate si tienes agallas.
—¿Te crees que me intimas lo más mínimo?
—Si tuvieses algo de amor por ese bebé, no dejarías que sufriese hasta tu muerte.
—Sí que lo quiero, pero me quiero más a mí misma.
—No tienes corazón, Hanna.
—El corazón lo perdí cuando los Taisho me arrebataron cualquier posibilidad de formar una familia.
—Lo que haya hecho el padre de Sesshomaru, no tiene nada que ver con él. No le hagas pagar por los errores de su padre.
—¿Estás al corriente de lo que me hicieron?
—Me lo contaron todo, Hanna. Fue muy cruel que te quitaran la posibilidad de tener un hijo, pues tú no eras como tus padres. ¿Entonces por qué quieres hacerle pagar a Sesshomaru por un error que no cometió?
—La familia debe pagar con sangre.
—No eres mejor que ellos, Hanna, porque piensas igual que ellos.
—¡Mirad hacia arriba! —interrumpió Sara.
Todos observaron cómo las nubes se separaban para dar paso a un portal que se abría en medio del cielo.
Kagome apuntó a Hanna con su arco.
—¿Qué es eso, Hanna? ¡Explícate ahora mismo!
La Daiyokai soltó una carcajada.
—¿Os creéis que me iba a quedar de brazos cruzados en esta era? Todo mi ejército está viniendo a rescatarme.
—Pero si no pueden detectar tu aura con esas cuerdas...
—En cambio sí que pueden detectar la de Ichiro.
—¡Mierda! —exclamó Touma—. Son demasiados...
—¡Poneros en posición! —gritó Sara.
Irasue se convirtió en Perro-Demonio completo para atacar a la gran cantidad de Yokais que emergían del cielo, mientras Kagome disparaba al cielo sin perder de vista a Hanna y al bebé.
—¡Sara! ¡Necesito que te ocupes del bebé! —exclamó Kagome—. Somos muy pocos y necesito concentrarme para sellar el portal del cielo. De esta forma no seguirán viniendo.
—Lo protegeré con mi vida.
Sara se marchó del campo de batalla con la criatura, esperando que Sesshomaru llegase de un momento a otro para poder participar en la batalla. Eran demasiados demonios como para poder afrontarlos con éxito.
Kagome observó cómo diez Yokais acechaban a Irasue, lanzándola al suelo mientras intentaba liberarse de ellos. Touma luchaba sin espadas, pues acababa de llegar a la era feudal y aún no había recuperado la suya. Se concentró en crear una barrera espiritual que les resguardase a la espera de Sesshomaru. Por lo menos podría aguantar durante un rato.
—¡Lo has conseguido, Kagome! —exclamó Touma—. Estamos dentro de la barrera y los Yokais no pueden entrar en ella.
La sacerdotisa apuntó con la flecha hacia el cielo, y disparó con todas sus fuerzas para deshacer el portal. Necesitó tres intentos para acabar de cerrarlo por completo.
—Esto aguantará un rato —dijo Kagome—. ¿Podéis manteneros aquí a salvo mientras voy en busca de refuerzos?
Touma e Irasue asintieron con la mirada.
Kagome se dirigió velozmente a donde se encontraba Sara con el bebé para teletransportarse con ellos, desapareciendo los tres al cabo de unos instantes.
Hanna aprovechó su ausencia para salir de la barrera protectora, mientras Irasue volvía a su forma humanoide debido a sus heridas.
La diosa, al percatarse de las intenciones de Hanna, se abalanzó sobre ella con el ánimo de frenarla, pero estaba demasiado herida para mantenerse en pie. Touma acudió tras ella, interponiéndose entre los ataques de los Yokais para protegerla.
—¡Vuelve a la barrera, Touma! —gritó Irasue al ver que el Hanyo la protegía con su cuerpo—. Déjame ir tras Hanna, por favor.
—¡Ni hablar! Estáis demasiado herida como para poder perseguirla, mi Lady.
—¡¡Se va a escapar!!
Touma la arrastró hacia dentro de la barrera con todas sus fuerzas, forcejeando con la diosa para salvarle la vida y observando cómo Hanna había frenado delante de una mujer que le estaba desatando la cuerda mágica de las muñecas.
—¡Es una hechicera! —gritó Irasue—. ¡La vamos a perder!
Touma siguió reteniéndola dentro de la barrera protectora.
"Lo siento, Lord Sesshomaru y Kagome, pero no soy capaz de ver cómo se deja matar por una batalla que ya está perdida".
Las cuerdas de Hanna desaparecieron de sus muñecas, y una inmensa aura demoníaca emergió de su cuerpo. Con la ayuda de la hechicera, volvió a abrir el portal de los Yokais, que surgieron con velocidad para seguir luchando en el campo de batalla.
—¡Tendríamos que haber ido tras ella! —se quejó Irasue.
—¿Estáis loca? Nos hubiesen matado en diez segundos —replicó Touma.
—Vamos a morir igualmente.
—No si logramos aguantar dentro de esta barrera hasta que lleguen los refuerzos.
Hanna se elevó en el cielo, y dirigió una nube de energía contra el campo de protección que Kagome había creado. Consiguió resquebrajarlo débilmente.
—¡Maldición! —exclamó Touma—. Si sigue así, en poco tiempo destruirá la barrera.
Irasue se encontraba demasiado débil para pensar. ¿Era ese su final?
—Vaya forma de morir más vulgar —murmuró la diosa, con debilidad en la voz.
—Lo hicisteis por salvar a vuestro nieto...
—Pero no es comparable a ti, Touma, que vas a perecer por mí, una Daiyokai que odia a los humanos y a los Hanyos...
—Si odiaseis a los Hanyos, también me odiaríais a mí.
—¿Cómo sabes que no lo hago?
—Porque confiasteis vuestra vida en mí, mi Lady. No lo haríais con alguien a quien odiáis.
Irasue abrazó a Touma con las últimas fuerzas que le quedaban.
—No sé si te odio... Solo quiero que me abraces fuertemente. Si tengo que morir, que sea en tus brazos.
El Hanyo la abrazó con fuerza. El orgullo de la diosa le impedía brindarle más palabras que aquéllas que acababa de pronunciar.
Para él era suficiente.
Morir junto a ella era más que suficiente.
—¡Mi señora! —exclamó un Yokai, dirigiéndose a Hanna—. Debemos marchar.
—Solo un poco más —contestó, volviendo a atacar la barrera mágica con sus bolas de energía.
Matar a la diosa Irasue era uno de sus objetivos. La tenía atrapada tras aquel campo protector, gravemente herida y sin posibilidades de escapar. Era su oportunidad para acabar con ella para siempre.
La barrera protectora seguía resquebrajándose, a la vez que los Yokais la rodeaban a la espera de romperse para alcanzar a sus presas.
"¡Rómpete de una maldita vez!"
—¡No tan deprisa! —gritó alguien que se abalanzó sobre ella para impedir su magia. La rodeó con sus brazos sin intención de dañarla para no lastimar al bebé.
—Sesshomaru...
Hanna se giró al escuchar un estruendo en la llanura. Era Kagome, que acababa de aparecer de la nada con Koga y un ejército de salvajes lobos y Hanyos.
—¡Koga! —gritó la sacerdotisa —debéis atacar a los Yokais mientras yo me ocupo de Hanna.
Kagome acudió al lugar donde Sesshomaru había abordado a Hanna.
—¡Puedes hacerle daño! El bebé no sufrirá —dijo la sacerdotisa.
—¿Cómo es posible? ..preguntó Sesshomaru.
Hanna soltó un fuerte destello que lanzó al Daiyokai contra el suelo. Le señaló con el dedo índice, en dirección a su cabeza, provocando que las fuertes migrañas volviesen a aparecer.
—¡Maldita! —gritó —¿Qué me has hecho?
—¿No es obvio? He acelerado la maldición. No te queda mucho tiempo, querido. Así que descansa a un lado del campo de batalla.
Sesshomaru, a pesar del dolor, se lanzó al aire con todas sus fuerzas, empuñando a Colmillo Explosivo. Kagome disparó una flecha celestial al mismo tiempo que la alcanzó de pleno en el costado.
—Esperemos que tengas razón respecto al bebé, y no sufra con los ataques —dijo el Daiyokai, a pesar de la migraña.
—Confía en mí —respondió Kagome, abalanzándose sobre ella justo cuando caía al suelo—. ¡Apártate!
Kagome rodeó a Hanna con sus brazos, y una poderosa aura empezó a surgir de su cuerpo.
Pensó en todo el daño que había provocado esa mujer a ella y a los suyos. A medida que su odio aumentaba, el aura se magnificaba. Sesshomaru se apartó para no ser devorado por la misma, a la vez que observaba cómo los Hanyos y lobos del Sur aniquilaban a los enemigos.
La barrera protectora se había disipado, y su madre yacía inerte en los brazos de Touma.
—Ha muerto por proteger a vuestro bebé —murmuró el Hanyo, sollozando—. ¡Debéis salvarla con vuestra espada!
—No acepto órdenes de nadie —contestó, impasible ante las circunstancias.
Sesshomaru pensó en todo el odio que había acumulado hacia Irasue a lo largo de los años, pero no podía obviar que había luchado dignamente por rescatar a su bebé.
¿Qué es lo que había cambiado? Morir en los brazos de un Hanyo no era muy diferente a haber perdido la cabeza por una humana como Kagome.
¿De qué había servido su aversión a las otras especies cuando a la hora de la verdad, ambos ofrecerían su vida por sus seres amados, sin importar su raza o procedencia?
—Menuda broma del destino —murmuró, imperturbable, mientras empuñaba a Colmillo Sagrado.
Sesshomaru resucitó a su madre y acudió a ver cómo Kagome aniquilaba a Hanna. Se deshizo de los Yokais que las rodeaban, incluida la hechicera que había roto las cuerdas mágicas.
Hanna emitió un chillido desesperado al mismo tiempo que la sacerdotisa, en una especie de trance, la agarró por la cabeza hasta que le explotaron las córneas de los ojos.
Al poco tiempo, se desintegró en mil pedazos.
—¡Kagome! —gritó Sesshomaru al ver a la joven caer al suelo, desmayada, debido a la potencia de su ataque.
—¿Dónde estoy? ¿Me he desmayado? —preguntó Kagome al abrir los ojos.
Se encontraba en un escenario completamente blanco, igual que la vez en la que contactó con Neyma y le ofreció el talismán.
—No estás sola —contestó una voz que conoció a la primera.
—Hanna...
Se giró hacia ella, que estaba sentada observando a la nada.
—¿Estás en mi mente? —preguntó Kagome.
—No lo sé exactamente. Creo que estamos en una dimensión desconocida debido a tu talismán.
—Yo... no sé qué decir.
—No es necesario que digas nada. He luchado con uñas y dientes para poder sobrevivir y al final no lo he logrado. Te he subestimado.
—¿Crees que ha merecido la pena? Hiciste lo mismo que Toga Taisho, provocando que sus hijos pagaran los errores de sus padres.
—No me arrepiento de ello. En cierta manera, los deseos de venganza me han mantenido viva. ¿Qué podía esperar de la vida cuando mi mayor deseo era ser madre?
—Fuiste madre por un tiempo, y aun así, decidiste anteponer tu vida a la de él. Eso fue realmente cobarde.
—En realidad no me vinculé con el bebé. Pude hacerlo, pero no fui capaz. Sabía que si os amenazaba de esta forma tendría más posibilidades de sobrevivir. En cambio a vosotros no os importó sacrificarlo si con ello yo moría.
—Le di cloroformo para dormirlo mientras luchábamos y así evitar su sufrimiento. Sesshomaru fue en busca de su espada para poder resucitarlo.
—No necesito explicaciones. Una madre debe velar por la seguridad de su hijo, ante todo.
—¿Crees que no he sufrido? Ahora debo hacer otro sacrificio para evitar que Sesshomaru muera. El Portal del Tiempo debe ser sellado, y eso implica separarme de mi familia para siempre.
—Por lo poco que te conozco, sé que no te rendirás, Kagome. Encontrarás la forma de reunirte con ellos.
Kagome observó a Hanna, sorprendida. Estaba sentada con la cabeza entre las rodillas, y parecía no importarle nada ahora que había perdido la batalla.
—Si pudieses retroceder en el tiempo, ¿hubieses cambiado algo?
Hanna se giró para mirarla a los ojos.
—Luché por una causa que yo consideré justa al ser víctima de errores que no cometí. Causé daños colaterales para conseguir mi objetivo. No soy muy diferente a todos vosotros, Kagome. De lo que sí que me arrepiento es de haberme casado con Sesshomaru. Pensé que podía hacerle cambiar de opinión respecto a mí, pero por mucho que intenté que os olvidaseis el uno del otro, al final os habéis vuelto a conocer y enamorar.
Es como si vuestro destino ya estuviese escrito y por muchos impedimentos que existan, siempre encontraréis la forma de volver a conectar.
Hubiese deseado tanto amar y ser correspondida...
—Lo siento...
—No lo sientas Kagome. Soy consciente de mis actos y asumo las consecuencias. Lo sentiría si no hiciese todo lo posible por conseguir mis sueños. Así que ya sabes... Lucha por lo que crees si no quieres arrepentirte.
—Lo haré.
ERA FEUDAL
PALACIO DE LA LUNA
Kagome abrió los ojos lentamente.
"¿Qué ha pasado?"
Se encontraba completamente desubicada y tapada por unas sábanas.
"Es la habitación de Sesshomaru del Palacio de la Luna" pensó, al cabo de unos minutos.
"Qué estoy haciendo aquí?"
Escuchó el llanto de un bebé en la misma habitación. Se fijó en la cuna que se hallaba a los pies de su cama.
—Bebé... —murmuró al levantarse para acunarle—. ¡Estás a salvo!
Recordó la batalla y la conversación final con Hanna. ¿Había sido real? Con la ayuda de todos lograron acabar con ella. ¿Pero qué sucedió después?
Le tarareó una nana para intentar dormirlo de nuevo.
Pensó en Sesshomaru y en la única forma de liberarle de la maldición. Se separaría de su familia, pero le salvaría de una muerte segura. Con eso le bastaba.
Se asustó al tocarse el cuello y comprobar que el talismán no estaba.
"Sin el talismán no voy a poder salvarle"
Cuando salía de la habitación con el bebé en su búsqueda, observó una nota encima de un mueble de madera.
Se acercó para leerla.
Era de Sesshomaru.
CARTA DE SESSHOMARU
Kagome,
Sé que ésta no es la forma más digna de actuar, pero necesito que entiendas los motivos que me han llevado a tomar esta decisión.
No quiero curarme sellando el Portal del Tiempo.
El hecho de romper la maldición implica recuperar todos los recuerdos sobre nosotros, y ahora mismo, tal y como me siento, no soy capaz de afrontarlo sabiendo que regresarás a tu época. Sé que pensarás que soy un egoísta, que no confío lo suficientemente en ti... pero también lo hago por nuestro hijo. Os he visto juntos, y os necesitáis más de lo que crees. No puedo plantearme otra opción que no sea la de criarlo junto a su madre.
No logro concebir una vida sin ti a mi lado. Sé que me quieres, y ahora mismo te haré enfadar por no haber contado contigo a la hora de plantearme el futuro, pero no quiero hacer las cosas más difíciles de lo que son.
Esto no es una rendición. Es una nueva esperanza de que contigo a tu lado puedo lograr cualquier propósito. He partido en busca del remedio a la maldición sin necesidad de que debamos separarnos. No será fácil, pero no puedo tolerar otra opción que no sea la de luchar por ti y por nuestro hijo.
Te ruego que no me busques, ni busques el talismán. Cuando leas esta nota ya estaré lejos de aquí. Necesito que me entiendas y respetes mi decisión.
Te quiero más que a mi vida, y juro que haré lo imposible por volver a estar los tres juntos.
Porque sois mi familia y mi luz.
Siempre tuyo.
Sesshomaru.
Nota de la autora (Red Moroha)
Gracias por llegar aquí.
¿Qué os ha parecido el capítulo? Espero vuestros comentarios.
Un abrazo!
