CAPÍTULO 52
"ATANDO CABOS"
ERA FEUDAL
TIERRAS DEL OESTE CERCA DEL PALACIO DE LA LUNA
Sesshomaru no miró hacia atrás.
Cualquier duda o flaqueza le hubiese provocado regresar a los brazos de su amada, arrepentido por haber tomado aquella dura decisión.
Algunos lo tomarían como un suicidio, ya que Hanna había acelerado la maldición, por lo que los dolores de cabeza eran constantes y en consecuencia, no le quedaba mucho tiempo de vida.
Tocó el talismán. Podía percibir la esencia de Kagome en él, pero no debía dudar bajo ningún concepto. ¿Quién era él para arrebatar a su bebé de los brazos de su madre?
La migraña regresó más fuerte que nunca. Sus ojos empezaron a sangrar y se tumbó en el suelo agonizando.
"Maldición... Tengo que continuar"
No había calculado la magnitud de los dolores hasta entonces, punzándole como cien espadas en el pecho. Se tocó la frente al notar la fiebre en su cuerpo, y los sudores fríos aparecieron. Las hierbas que le dio su madre ya no eran suficientes para paliar su sufrimiento.
¿Cómo sería capaz de avanzar si cada paso era peor que el anterior?
Necesitaba descansar. Si lograba pasar la noche, se encontraría mejor al día siguiente.
"¿Y si no sobrevivo a la próxima luna?"
Se tumbó junto a un árbol, jadeante. En su interior sentía que ya no le quedaba demasiado tiempo, mucho menos de lo esperado.
"Kagome... No me quedan fuerzas para cumplir mi promesa..."
Cuando disponía a cerrar los ojos para intentar descansar, notó una fuerte pisada en una de sus manos.
—¡Serás estúpido!
Sesshomaru lo miró sin ganas.
—Lobo... ¿Qué haces aquí?
—Todo el mundo te está buscando —dijo Koga, con enfado.
—Déjame en paz... Solo quiero descansar... —murmuró débilmente.
—Si sigues así, no llegarás al próximo amanecer.
—¿Qué más te da? Así tendrás vía libre para conquistarla.
—No digas estupideces. ¿Crees que ver a Kagome con el corazón destrozado me hará feliz? No tienes ni idea de lo que es el amor. Ella no te merece.
—¿Acaso se merece más a alguien como tú?
—Sé que dices estupideces para esconder lo que realmente sientes.
—No pierdas el tiempo en entenderme, lobo. ¿Qué más da lo que yo sienta? Voy a morir aquí igualmente al lado de este maldito árbol.
—¿Tu espada no sirve para resucitarte?
—Solo yo puedo usarla... Ni siquiera mi madre podría salvarme con su Piedra Meido.
—¿Por qué?
—Ya me resucitó hace años. Esa piedra solo permite regresar a la vida una sola vez, igual que mi espada.
—¿Te vas a rendir, así sin más?
Sesshomaru emitió una ligera sonrisa.
—¿De qué me sirve sobrevivir si me voy a pasar la vida entera echándola de menos?
—Así que es eso... ¿Es que no confías en ella? ¡Es Kagome, por dios! Encontrará la forma de volver a tu lado. Te has rendido, Sesshomaru. Ella no se lo merece. Después de todo lo que ha pasado, no puedes morir así, sin más.
Koga lo agarró por el cuello, descargando un puñetazo sobre él.
—¿Qué pasa, lobo? —preguntó, escupiendo sangre—. ¿Te has vuelto valiente de repente, ahora que estoy tan mal herido?
—Te he pegado para que sientas algo. Mientras sientas, la esperanza todavía no habrá acabado.
—Eres idiota...
Sesshomaru abrió ligeramente los ojos al notar el doloroso aroma de su perdición. La esencia de la cual se había querido alejar pero con la que moriría sin su existencia.
Ella era su todo... La vida no valía la pena si no la sentía cerca.
—Kagome...
La sacerdotisa acudió hacia él, y le abrazó con fuerza. Irasue la seguía de cerca, con el bebé en sus brazos.
—Sesshomaru...
—¿Cómo me has encontrado?
—Koga envió a sus lobos a avisarme mientras te distraía para que no escapases.
—Poco mérito, teniendo en cuenta de que no puedo moverme. Estoy muy cansado...
—Sé por qué lo has hecho. He encontrado tu nota y te equivocas completamente.
Sesshomaru la miró con enojo.
—A todos os gusta opinar, pero nadie mejor que yo sabe lo que se siente.
—¿Y cómo te crees que me siento yo si no confías en mí? Encontraré la forma para volver a estar contigo y con nuestro hijo. No puedes morir, Sesshomaru. Tienes que esperarme para volver a estar juntos.
—¿Y qué pasa si no lo consigues? ¿Me condenarás a vivir lo que me queda de existencia sin estar tú a mi lado? Duele mucho, Kagome. Duele demasiado pensar en esta posibilidad y no poder hacer nada para recuperarte.
—Debes creer en mí, Sesshomaru.
—¿Qué hiciste en los últimos cinco años separada de Inuyasha? ¿Intentaste hacer algo para volver o simplemente te rendiste? Escogiste la segunda opción.
Los ojos de Kagome se llenaron de lágrimas. Era la primera vez que Sesshomaru le mostraba tan abiertamente sus inquietudes y debilidades, y aquello la conmovía profundamente.
—Ahora soy diferente, Sesshomaru. He madurado. No pienso volver a cometer el error de conformarme con una vida infeliz sin que estés tú a mi lado. Porque sin ti, el mundo también acabará para mí. Te necesito conmigo ahora y siempre. Quiero que juntos podamos formar una familia y criar a nuestro hijo. No me importa cuándo ni dónde. Te quiero demasiado como para dejarte marchar y olvidarme de ti. Eso nunca pasará. Te lo prometo.
—¿Qué pasa con nuestro hijo? ¿Vas a condenarlo a vivir sin su madre?
—Será temporal. Mientras yo no esté, tú harás de padre y madre. Sé que lo conseguirás, Sesshomaru.
—No puedo, Kagome. Estoy preparado para afrontar cualquier batalla, pero no soporto la idea de alejarme de ti. ¿Cómo crees que me sentiré si recupero todos mis recuerdos? ¡No puedes hacerme esto!
—Yo los he recuperado, y eso me ha reafirmado en que lo único que anhelo es volver a estar contigo. Lucharé con todas mis fuerzas para que así sea.
Sesshomaru cerró los ojos, y unas lágrimas de sangre se deslizaron sobre sus mejillas.
Kagome le besó en los labios, preguntándose si aquellas lágrimas eran heridas de la maldición, o bien la pura expresión de la pena que se alojaba en lo más profundo de su ser.
El Daiyokai se llevó las manos a la cabeza, ahogándose con un potente grito. La sacerdotisa lo incorporó. Empezó a toser sangre encima de ella.
—¡Estás muy grave! Si no sello el Portal del Tiempo pronto, morirás.
—Dile a mi madre que me traiga hierbas más potentes. Solo necesito eso... aguantar con medicinas.
Irasue se acercó a ellos, al escuchar a su hijo.
—Esas hierbas solo te calmarán el dolor temporalmente. No puedes ir a buscar un remedio tú solo en este estado.
—¡Me da igual! Tráemelas.
—No puedo hacer eso...
Irasue miró a Kagome.
— Tienes que hacerlo ya —ordenó, preocupada.
Kagome abrazó a su amado.
—Lo siento... —le susurró en el oído al mismo tiempo que le arrebataba el talismán de sus manos.
—¡No! —exclamó el Daiyokai—. ¡No me hagas esto!
Kagome se levantó, con el talismán en sus manos. Se acercó a su bebé.
—Mi amor... tu padre te cuidará muy bien. Estoy segura de ello. Pienso volver a vuestro lado, así que espérame, pequeñín. Le dio un dulce beso en la frente.
Kagome miró a Sesshomaru por última vez.
—Deberíamos llamarle Toga —le dijo, con melancolía en su voz—. Su abuelo era un hombre fuerte, honorable y moriría por amor. Igual que tú, Sesshomaru.
—Amor... —susurró en un suspiro—. Amar... duele. No me condenes a esto, Kagome. ¡Nunca te lo perdonaré!
—Lo siento mucho —contestó la sacerdotisa, sollozando.
Koga se acercó a Kagome y la abrazó con fuerza.
—No te preocupes. Se le pasará —dijo el lobo—. Confío en que será un "hasta luego". Sé que lo conseguirás.
—En cierta manera le estoy traicionando. Él no quiere esto, y le estoy obligando a tomar una decisión.
—Ahora mismo no piensa con claridad —dijo Irasue—. No puedes hacerle caso y su corazón se está parando. Es hora de concentrarte en el Portal.
La sacerdotisa asintió con la mirada. Se arrodillo con el colgante en sus manos y cerró los ojos.
"Por favor, Portal del Tiempo. ¡Ciérrate!"
Nada sucedió.
—¡Kagome! —exclamó Irasue—. Para sellar el portal, no solo tienes que pedirlo. Debes quererlo de corazón.
—Pero... sí que quiero cerrarlo.
—Tu amor por mi hijo te ciega. No quieres separarte de él y se lo estás transmitiendo al talismán.
"Por favor, Portal del Tiempo. ¡Ciérrate!"
Escuchó a Sesshomaru toser de nuevo a lo lejos.
"Ciérrate... por favor"
—¡Kagome! —gritó la Diosa—. ¡Se le ha parado el corazón!
Koga miró a Irasue, sorprendido.
—Aún late...
—Lo sé —le susurró en voz baja—. Esa chica necesita un impulso para poder desearlo de verdad. Ama demasiado a mi hijo, y su subconsciente le está traicionando.
—¡No te vayas!—exclamó Sesshomaru, intentando que su voz llegara a los oídos de la joven—.Si te vas, pienso odiarte para siempre.
Kagome se arrodilló frente al talismán, desesperada, odiando haber escuchado la petición de su amado. Pero aquella frase lapidaria la acabó de destrozar por completo.
—Por favor, Portal del Tiempo... ¡Séllate para siempre!
Sus lágrimas descendieron hasta caer encima de la piedra, que empezó a brillar con fuerza.
Koga e Irasue observaron a la sacerdotisa elevarse, envuelta en un brillante halo que destellaba sin parar.
—Kagome... —murmuró Sesshomaru, agonizante.
—Sé que lo conseguirás —dijo Koga, confiando plenamente en su amiga.
Kagome desapareció en un hermoso mar de luces, tan cálido e intenso como los corazones de dos amantes que tendrían que luchar contra un trágico destino para volver a estar juntos.
CINCO AÑOS DESPUÉS DE LA DESAPARICIÓN DE KAGOME
ERA FEUDAL
ÁRBOL DE LAS EDADES
Inuyasha se despertó con el primer rayo de sol. Había pasado la noche durmiendo junto al Árbol de las Edades, como solía hacer últimamente desde hacía varios meses.
"¿Ya es de día?" pensó, frotándose los ojos con empeño.
Se levantó para acabar de desperezarse, levantando los brazos con un bostezo. Observó el árbol con cariño.
—Buenos días Kikyo. Te preguntaría qué tal has dormido hoy, pero sé que no duermes.
—Buenos días, Inuyasha —murmuró una voz a través del árbol.
—Hoy se cumplen cinco años desde que Kagome se fue para siempre. También sería una especie de aniversario para ti. Cinco años con tu espíritu encerrado en este árbol, sin poder hacer nada ni comunicarte con nadie excepto conmigo.
—Debes pensar más en ti, Inuyasha. Vienes todos los días a verme sin excepción. No es justo que pierdas el tiempo con "algo" como yo.
—No es cierto. Me gusta tu compañía —dijo con seguridad en su voz—. Además, cada uno de mis amigos tiene su vida. Si no estuviera aquí contigo, me sentiría muy solo.
—Tú y yo siempre hemos sido muy solitarios.
—Lo sé. ¿Te imaginas que pudiésemos retroceder en el tiempo? Volver a cuando nos conocimos...
—La Perla Shikon desapareció para siempre. Sin ella, habría podido ser una chica normal y corriente.
Inuyasha sonrió amargamente. Le encantaba regresar a aquella época en sus pensamientos en las que era un Hanyo sin preocupaciones al que solo le importaba la compañía de Kikyo.
—Debería entrenarme un poco. Hoy viene Sesshomaru a la aldea a recoger a Toga después de haber estado una semana en casa de Kohaku y de Rin. Querrá pelear conmigo.
—¿Cómo se encuentra Rin? Debe estar a punto de dar a luz.
—La verdad es que está algo cansada últimamente, pero son muy felices. Toga les adora, pues Rin es como una hermana mayor para él. Ha aprendido a leer y a escribir, ¿sabes? Antes de casarse, viajó mucho con Kohaku a lomos de Kirara, acompañando a Sesshomaru en alguna de sus misiones.
—Deberías estar por tu hermano, Inuyasha. No creo que haya olvidado qué día es hoy.
—Lo sé, pero no se deja animar. Desde que Kagome se fue, ha viajado mucho por el mundo haciendo ver que no le importa nada, pero no podemos hablar de ella en su presencia. Dejó el Palacio de la Luna en manos de su madre, renunciando de nuevo al trono que le pertenecía como primogénito.
—Tu hermano siente mucho más de lo que aparenta.
—Quizás está buscando alguna forma de reabrir el Portal del Tiempo —dijo Inuyasha.
—El Portal del Tiempo está rodeado de misterios.
—Cuando se selló, todos volvimos a la época donde pertenecíamos, y por una extraña razón, tanto Kyoko como tú, seguís aquí. Lo más probable es que hubo alguna especie de defecto al alojarse tu alma dentro de su cuerpo.
—Y mi espíritu se quedó aquí dentro, en este árbol, sin posibilidades de volver a tener un cuerpo. Pero no te preocupes. Estoy bien.
La conversación se vio interrumpida al escuchar los gritos de un niño pequeño que se dirigía hacia ellos.
—¡Tío Yasha!
—¡Toga! —exclamó, sonriendo—. ¿Qué haces aquí?
Sango y Rin caminaban tras el niño, que correteaba contento al ver al Hanyo. Sus cabellos eran largos y plateados, peinados con una coleta y vestido con un kimono de color violeta.
—Prometiste que me llevarías al lago a pescar peces con las garras —dijo el pequeño, de forma risueña.
Inuyasha lo observó con una mirada cándida. Aunque su pelo y ojos los había heredado de su hermano, la nariz y la sonrisa eran de Kagome.
—¿No ha llegado Sesshomaru aún? —preguntó Sango, vestida con la armadura de exterminadora—. Le he dicho a Kohaku que iría con él a la cueva del otro lado de la montaña porque hay un Yokai que está amenazando a los aldeanos.
—No te preocupes, Sango —dijo Rin, con una protuberante barriga—. Me puedo ocupar de Toga aunque esté algo cansada. Es un niño muy bueno.
—¡Ni hablar! —exclamó Inuyasha—. Ahora mismo me lo llevo al río. Se lo he prometido.
—¡Gracias tío Yasha!
ERA FEUDAL
PALACIO DE LA LUNA
La reina Irasue recibió al comandante Touma en el palacio, después de haber regresado de una misión diplomática para asegurar la paz en las tierras.
—Hace un mes que partiste. ¿Cómo ha ido? —preguntó la diosa—. ¿Lo tenéis?
Jamás lo reconocería, pero había echado de menos a su fiel súbdito.
El Hanyo se arrodilló ante ella.
—Al principio no quería venir, mi Lady, pero Sara y yo logramos dialogar con él, haciéndole ver que las Tierras del Este necesitaban un rey al que seguir.
—Hazle pasar.
Touma hizo un gesto con la mano y las puertas del gran salón se abrieron a sus espaldas.
Les dejó a solas, pues tenían temas pendientes que resolver.
Irasue observó al Daiyokai que gobernaría las Tierras del Este a partir de entonces, aunque al principio fuese reticente con aquella idea. Caminó hacia el trono, decidido, con la larga y rojiza cabellera al son del viento. Sus ojos verdes brillaban como zafiros, igual que su reluciente armadura. Se arrodilló ante ella, haciendo una reverencia.
—Mi Lady...
Irasue se levantó.
—Bienvenido, Lord Kirinmaru.
—Disculpadme si no me siento muy cómodo, pero es que todo esto es lo contrario a lo que siempre había anhelado. Me aparté hace siglos de la vida de palacio y del poder para vivir una vida tranquila, aunque Sir Touma me ha explicado que el ejército del Este solo atiende a razones si estoy yo al mando.
—Como bien sabéis, vuestro "yo" del futuro murió intentando salvarnos de Lord Ryukotsu. La verdad es que se os ve más joven, pero poseéis la misma mirada y coraje que él. Vivió los años suficientes como para poder camuflarse perfectamente entre la humanidad en el siglo XXI. Pero tenía muchas inquietudes y le gustaba viajar a través del tiempo. Cuando la perla Shikon se destruyó, también lo hizo el Portal del Tiempo hace diez años, y se quedó en la época a la que pertenecía en un momento complicado, pues las Tierras del Este necesitaban un gobernante.
—Lo sé, mi Lady. De hecho vinisteis a visitarme, pero yo no estaba dispuesto a renunciar a mi libertad regresando al palacio del Este.
— Por eso decidí reabrir el Portal del Tiempo con la ayuda de las hechiceras más poderosas. Para traerle de vuelta y ponerlo al frente de las tierras. Me pregunto qué es lo que os ha hecho cambiar de opinión.
—Sir Touma y Lady Sara me han explicado toda la historia. Nada de ello me llegó a mis oídos porque como bien sabéis, estaba viviendo una vida pacífica en las islas más allá del Sur, ajeno a la guerra que habéis estado viviendo. He pensado que ya era hora de volver a la acción.
—Ha sido una buena decisión, mi Lord. Volveréis a vuestras tierras como un héroe.
—¿Por qué confiáis tanto en mí, sabiendo que puedo volver a intentar arrebataros el trono? Eso es lo que sucedió con mi "yo" del futuro.
—Todo fue que debido a una desafortunada maldición, que le hizo odiar a la humanidad, decidiendo conquistar las tierras por su cuenta. Se convirtió en una auténtica amenaza. Ahora la maldición no existe. No hay pruebas de que en el futuro me traicionarás.
—¿Y creéis que eso será suficiente para frenarme?
—También hay una chica.
Kirinmaru arqueó las cejas, sorprendido.
—¿Una... chica?
—Ella le hizo cambiar su visión sobre las cosas.
—¿Ahora os dedicáis a hacer de casamentera? Lo siento, pero no necesito mujeres a mi alrededor.
Irasue sonrió.
—¿En serio no os causa curiosidad? Vive en la aldea de la sacerdotisa Kaede. Si vas a visitarla, puede que os haga cambiar a vos también. Se llama Kyoko.
Kirinmaru abandonó la sala, con gesto de indiferencia y acompañado por dos soldados.
"Una chica. ¿Pero qué se ha creído?"
Touma volvió a entrar.
—Mi Lady. Debo contaros algo.
—Dime, Touma.
—Solicito un permiso de matrimonio para desposarme.
Irasue lo miró, sorprendida con aquella revelación.
—¿De verdad?
—Tengo ganas de formar una familia, y ahora que la paz está regresando, había pensado en casarme.
—No me habías dicho que tienes novia.
—La he conocido durante este viaje.
Irasue avanzó hacia él, enfurecida.
—Pero si casi no la conoces. ¿Un mes con ella y es el amor de tu vida? ¿En serio?
—Mi Lady... Que me quiera casar no significa que lo vaya a hacer con el amor de mi vida, ¿no creéis? Además, tengo derecho a formar una familia.
—Ahora no es buen momento. Os necesito a mi lado más que nunca.
—Pero...
—Puedes marcharte. No hay nada más que hablar.
Touma salió de la estancia, con cara de pocos amigos. Afuera le esperaba Sara.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, curiosa.
—No me deja casarme.
—¿Y te extraña?
—Estoy harto, Sara. Harto de ser su perrito faldero y ver delante de mis narices cómo forjará una gran alianza con Lord Kirinmaru casándose con él. Tengo derecho a rehacer mi vida.
—Eres un idiota.
—¿Por qué? —preguntó Touma, inocentemente.
—En primer lugar, porque eso de que se va a casar con él, te lo estás imaginando. En segundo lugar, está celosa.
—Imposible. Ella nunca se pondría celosa.
—Me apuesto una cerveza a que sí.
ERA MODERNA
HOSPITAL GENERAL DE TOKIO
—Doctora Higurashi. Acuda a la sala número tres.
Kagome escuchó su nombre a través del altavoz del hospital justo en el momento en el que se encontraba atendiendo una visita.
—Has sido muy valiente, Soichiro —dijo amablemente a su pequeño paciente.
El niño sonrió.
—Muchas gracias. Ya tengo cinco años.
—¡Qué bien! Eres muy mayor.
—Gracias doctora —dijo el hombre que le acompañaba.
—Es posible que en dos días le dé fiebre, y si le duele el brazo, puedes ofrecerle paracetamol.
Ambos abandonaron la sala, dejando a Kagome sola y pensativa.
"Cinco años... ¿eh?"
Los mismos años que tendría su hijo en aquel momento.
Se levantó de la silla de la consulta para observar el paisaje a través de la ventana.
"Y yo hoy cumplo veinticinco"
Habían transcurrido cinco años desde que la joven regresó a su época. Cinco años sin recibir noticia alguna de la era feudal, después de la amarga despedida con Sesshomaru.
—Espero que estéis bien —murmuró para sí.
"Aunque me odies, yo te sigo queriendo"
Su turno estaba a punto de finalizar, por lo que se quitó la bata y los zuecos para volver a su ropa de siempre. Vestía con camisa blanca acompañada de una falda larga marrón y botas a juego. Se recogió los largos cabellos con una coleta y acudió a la sala número tres, donde la estaban esperando.
Al llegar a la sala abrió la puerta. Las luces estaban apagadas y no se escuchaba ningún ruido. Decidió encender el interruptor y al encontrarlo, apretó el botón, sin entender muy bien el motivo de la llamada.
—¡Sorpresa! —escuchó, exaltada al ver a sus compañeros de trabajo salir de entre unas camillas y muebles con un delicioso pastel.
—¿Qué es esto?
—Es tu cumpleaños. ¿No lo recuerdas? —preguntó un hombre de unos treinta años, delgado y con el cabello oscuro.
—Sí, Kyo, lo sé. Pero no me esperaba esto tan de repente —contestó Kagome, sonriente—. Muchas gracias.
—Vayamos a celebrarlo a un bar —ordenó Kyo.
—¡Sí! —respondieron la mayoría.
Kagome y sus compañeros acudieron a un bar cercano al hospital a celebrar su veinticinco cumpleaños. Eran ocho personas, cinco mujeres y tres hombres, todos ellos en unas edades comprendidas entre veinticinco y treinta años, y residentes del hospital.
—¿Qué te ocurre? —preguntó Kyo—. Pareces ausente en tu propia fiesta de cumpleaños. Deberías estar más alegre.
Kagome sonrió ligeramente.
—Discúlpame. Voy a fuera a tomar el aire.
Salió a la calle, abrumada por el alboroto del gentío dentro del bar. Miró la hora en su reloj.
"Las diez de la noche..."
La luna se hallaba en fase creciente. No resaltaba especialmente debido a la contaminación lumínica en Tokio.
Suspiró al pensar que ni siquiera la luna tapada por las más voluminosas nubes era capaz de impedir que pensara en él.
Su pensamiento se vio interrumpido por el sonido de su teléfono móvil.
—¡Hola Amy!
—Felicidades, Kag.
—Muchas gracias.
—Tengo noticias. Kaori ha descubierto algo en el laboratorio.
—¿Puedo venir ahora?
—Pero... ¿dónde estás?
—En un bar, celebrando mi cumpleaños.
—Disfrútalo, Kag. Mañana vente y te cuento tranquilamente.
—No puedo Amy. No puedo esperar. He esperado demasiado.
—Está bien...
—Cogeré un taxi. En veinte minutos estoy allí.
Kagome colgó, nerviosa. Entró en el bar y les dijo a sus amigos que no se encontraba bien, por lo que marchaba a casa. Kyo la siguió, agarrándola del brazo para frenarla.
—¿Te vas así, sin más? —preguntó, extrañado—. Estamos todos aquí por ti.
—Lo siento. Me duele mucho la cabeza. Llevo una semana haciendo guardias y necesito descansar. ¿Nos vemos mañana?
Se marchó en un taxi, sin posibilidades de que su compañero de trabajo la convenciese de lo contrario. No era capaz de pensar en otra cosa que en la pista que hubiese podido hallar Kaori.
Kagome pensó en Amy. Llevaba tres años viviendo en pareja con Kaori, la responsable de un importante laboratorio en las afueras de Tokio. Se habían conocido en el trabajo cuando Amy realizaba unas prácticas de la carrera en Japón. Le ofrecieron un puesto fijo en el departamento de finanzas y lo aceptó sin titubear. Se trataba de un departamento en el que los empleados hablaban en inglés, por lo que era ideal mientras aprendía japonés.
Amy estaba al día de todo lo sucedido en la época feudal, y estaba totalmente decidida a ayudar a su amiga a cumplir su sueño de regresar con su familia.
Kagome llegó al laboratorio con rapidez. A aquellas horas ya no había nadie excepto Kaori y Amy, que la estaban esperando. Amy y Kagome se abrazaron con fuerza al verse.
—Lo siento, chicas. No podía esperar —dijo Kagome, impaciente.
Kaori trabajaba como científica, y le fascinaban todas aquellas cosas que no era capaz de comprender, intentando encontrar una explicación lógica a cada una de ellas. Amy fue sincera con ella desde que la conoció, y más que tomarla por loca, se interesó enormemente por los viajes en el tiempo y la cultura de los Yokais.
Kagome recordó con tristeza el momento de su desaparición. Hace cinco años regresó a su era con el talismán en sus manos, cuya piedra se tornó completamente opaca. A partir de entonces ya no logró volver a usarla a pesar de los arduos esfuerzos por intentar que volviese a ser la brillante esmeralda de antaño. Pensó en las largas noches llorando encima de ella con desesperación, rogando a todos los dioses y a los diablos poder regresar, aunque fuese por una sola vez.
Hubiese vendido su alma al diablo por verles de nuevo y saber que estaban bien. Pero no se rendiría. Esta vez no huiría para olvidarse de su pasado, sino que le haría frente tal y como le prometió a Sesshomaru.
—He descubierto algo en la piedra —dijo Kaori—. No quiero darte falsas esperanzas, Kagome, pero quizás esto te lleve a algo, o bien a nada.
Kaori le hizo una seña para que se acercase al microscopio.
—Me dejaste la piedra para que la investigara. Intenté tratarla para que recuperase el brillo, pero fue inútil. Sigue siendo opaca. Lo que me llama la atención es un pequeño grabado que hay en ella.
—¿Un grabado? Pensé que era una rayadura —dijo Kagome.
—Al principio yo también lo creía, pero decidí investigarlo más de cerca.
Kagome observó la piedra a través del microscopio.
—Parece que hay una fecha... ¡Espera! ¿Y un nombre?
—Esto es lo que dice el grabado:
12 de septiembre de 1954
Para Natsuki
Eres como las flores que crecen en el río.
Con amor
S.T.
Kagome la miró asombrada.
—¿Quieres decirme que este colgante se fabricó en 1954?
—Por lo menos fue grabado en esa fecha —respondió Kaori—. Quizás se fabricó un tiempo antes, pero no parece tener tanta antigüedad.
—No entiendo nada... Transporté esta joya conmigo desde la era feudal. Pensaba que era mucho más antigua.
—Lo más probable es que el dueño de esta piedra fuese un viajero del tiempo.
—Neyma... —murmuró Kagome—. Me la dio ella. Irasue me contó que solía usar el talismán para viajar.
—Tiene también un pequeño logo —añadió Kaori—. Si te fijas, es como una flor.
Kagome se acercó al microscopio de nuevo.
—¡Espera! He visto este escudo en algún lado —exclamó Kagome—. Son tres crestas de flor de cerezo, igual que el de los Taisho. ¿Cómo puede ser?
—Podría ser casualidad —dijo Amy—. La flor de cerezo es muy típica, aquí en Japón.
—Pero las tres flores de cerezo están rodeadas por tres hexágonos. Sesshomaru solía llevar el mismo estampado en sus indumentarias.
Los nervios de Kagome aumentaron exponencialmente. ¿Qué tenían que ver los Taisho con todo aquello? Era una auténtica locura.
—Entonces las siglas "S.T." del grabado podrían ser de...
—Sesshomaru Taisho —interrumpió Kagome, con el corazón a punto de estallar.
ERA FEUDAL
ALDEA DE KAEDE
La anciana Kaede salió de la cabaña para recibir a Sesshomaru, que acababa de llegar de un largo viaje.
—Están en el bosque —dijo la anciana, refiriéndose a Inuyasha y a su hijo.
Sesshomaru, sumido en la frialdad que le caracterizaba, no contestó y dio la vuelta para acudir en busca de Toga.
—De nada... —murmuró Kaede, para sí.
Shippo salió de una de las habitaciones.
—¿Ocurre algo?
—Ha llegado Sesshomaru, pero se ha vuelto a ir.
—Vaya... ¿Tú crees que seguirá pensando en Kagome?
—Sesshomaru siembre se guarda las cosas para él, pero en el fondo es un demonio con sentimientos.
—Eso me dijo Kagome.
—Lo que no podemos imaginarnos es todo lo que habrá sufrido al recuperar los recuerdos perdidos y ver que su mujer se marchaba para no volver. Eso puede desestabilizar a cualquiera, incluso a un Daiyokai de alto rango como él.
—Los sentimientos son, al fin y al cabo eso, un recuerdo de que sigues vivo por dentro.
—Por muy frío que parezca, Shippo, debemos ser cautelosos con él. Preveo que puede estallar en cualquier momento.
Sesshomaru se despojó de sus ropajes para bañarse en el río. Necesitaba lavarse con urgencia después de un viaje de entrenamiento para adquirir mayor fuerza y destreza. Se miró en el reflejo de las aguas cristalinas. Su cabello era tan largo que le llegaba prácticamente por las rodillas, igual que cuando se encontró con Kagome por primera vez.
Observó el paisaje de su alrededor, malhumorado como de costumbre, pues la aldea entera le recordaba inevitablemente a ella. La gente que vivía en el pueblo también, e incluso ver a Inuyasha le dolía debido a que fue su compañera de viajes durante mucho tiempo.
Y Toga era su viva imagen.
"¡Maldición!"
El dolor en su corazón crecía a medida que los días transcurrían sin su presencia. La odiaba por haberle condenado a aquel sufrimiento que no cesaba con el paso del tiempo, por no haberle dado la oportunidad de resolver su situación y privándole de decidir su propio destino, cuando se trataba de su vida y de sus sentimientos.
Se sentía completamente impotente por no poder hacer nada, perdiendo las esperanzas a medida que los años pasaban sin novedades respecto al Portal del Tiempo.
La realidad era que Kagome seguía viviendo en su época, y él no era capaz de olvidarla.
"¿Por qué no estás aquí? Me lo prometiste" pensó, apretando los puños con fuerza.
La maldición se rompió con el sello del Portal del Tiempo, al mismo tiempo que su corazón se rompía por dentro con cada recuerdo olvidado y que hubiese preferido enterrar para siempre.
Recordó la primera vez que la vio en Londres, con la intención de secuestrarla para rescatar a Rin de su madre. Rememoró la noche en la fiesta universitaria, cuando sus ojos se posaron sobre los de ella y pensó que era la chica más guapa del lugar. Intentó frenar sus impulsos a medida que emprendían un largo viaje y huían de sus enemigos para regresar a la era feudal. Kagome había despertado de su letargo estando a su lado. Y él había experimentado lo que era el amor incondicional por primera vez, sintiéndose débil ante el miedo de perderla, y herido al recordar los momentos a su lado y que por su culpa había recuperado.
Pensó que sería capaz de superar todas las adversidades, e incluso sobrevivir durante el exterminio de los Yokais si con ello lograba aguantar quinientos años más para volver a verla. Pero los días sin Kagome se le hacían demasiado eternos como para plantearse aquella posibilidad.
La crianza de Toga le había ayudado a encontrar un motivo por el que vivir, aunque a veces le dolía estar a su lado debido a la gran semejanza con su madre.
Salió del agua para vestirse de nuevo y acudir al encuentro con Inuyasha y su hijo. Los vio a lo lejos intentando pescar en el otro lado del río.
—¡Papá! —gritó Toga al verle a lo lejos.
Corrió hacia él con la alegría de un inocente niño que no conocía el devastador mundo en el que vivían, y le abrazó con fuerza.
—Hola, hijo...
Toga se dirigió hacia el árbol donde Sesshomaru había dejado las espadas, entre otras pertenencias del viaje.
—¿Me has traído algo, papá?
Sacó un libro.
—¿Esto es para mí?
Sesshomaru se lanzó sobre él para quitárselo de las manos.
—¡No vuelvas a tocarlo! —exclamó con autoridad, provocando el llanto del pequeño.
—No deberías ser tan duro, Sesshomaru —dijo Inuyasha—. Te echaba de menos.
Sesshomaru escondió el libro y le ofreció un hermoso kimono con estampados de flores de cerezo.
—¿Es para mí? —preguntó Toga.
—Sí. Lleva el escudo de nuestra familia.
—Es precioso... ¿Puedo llevarlo ya?
—Claro.
Sesshomaru miró a Inuyasha.
—Este kimono lo he traído para Rin.
—Se lo puedes dar tú mismo —respondió el Hanyo, señalando a la joven que se acercaba hacia ellos.
—Señor Sesshomaru —dijo Rin, al verlo—. Estoy muy contenta de que estés aquí.
El olor de la joven había cambiado ligeramente debido a su embarazo. Por eso le había costado reconocerla al principio.
El Daiyokai observó a su hijo jugar con Inuyasha, estirándole de las orejas y completamente feliz vistiendo su kimono nuevo. Rin entró en el juego risueña como siempre, pero con la madurez de una futura madre que estaba engendrando una vida.
Verlos a todos juntos le tranquilizaba, y le hacía recordar que a pesar de todo, aún tenía motivos por los que seguir viviendo.
ERA FEUDAL
BOSQUE DE ENTRENAMIENTO
Kyoko se subió a lomos de Kirara para entrenar con Kohaku. Le había prestado un uniforme de exterminadora como el de Sango, y armas demoníacas para entablar un simulacro de combate.
Después de la lucha, cayeron rendidos al suelo, sonriendo y comentando los puntos fuertes y débiles de cada uno de ellos.
—Si regreso alguna vez a la era moderna, tengo que actualizar las técnicas de mi dojo —dijo Kyoko, con una sonrisa.
—¿Echas de menos tu vida de allí? —preguntó Kohaku.
—Bastante. Pero mientras no haya forma de regresar, me tengo que acostumbrar a este tipo de vida.
—Si el alma de Kikyo no hubiese estado alojada en tu cuerpo, las cosas habrían cambiado.
—Lo sé. Inuyasha dice que habla con ella todos los días, pero Kaede y yo pensamos que es fruto de su imaginación. No me importa si eso le ayuda a sanar las heridas.
—¿Tú crees que la quiere?
Kyoko miró al cielo.
—Yo creo que nunca dejó de quererla.
—Pero entonces, Kagome...
—Hay muchas forma de querer. Kikyo siempre estuvo a su lado. Su amor por él permaneció intacto, e incluso él, en el fondo, la ama, pero no se ha dado cuenta hasta ahora, cuando por fin ha logrado olvidar sus sentimientos por Kagome.
—¿Y tú cómo estás, Kyoko? Sé que no hemos hablado mucho sobre ello, porque tampoco me apetecía verte triste.
—Buena pregunta... —contestó, pensativa, mirando hacia las nubes—. El entrenamiento diario me sirve para no pensar mucho en mis sentimientos. Todavía no sé si estoy preparada para conocer a alguien, aunque quién sabe...
Se levantó del suelo para estirarse.
—El amor aparece cuando menos te lo esperas, ¿verdad? —dijo la joven, guiñándole un ojo—. Mi objetivo es entrar en el clan de los exterminadores. Así que tienes que entrenarme duro para lograrlo.
Kohaku asintió con decisión, levantándose también del suelo para volver al entrenamiento.
Ambos desconocían que estaban siendo observados por alguien muy poderoso, escondido en lo alto de un árbol.
—Lord Kirinmaru —dijo la pequeña pulga, Myoga—. Os he llevado a donde me habéis pedido. Me gustaría dar una vuelta por la aldea a ver a Kaede y al amo Inuyasha.
—Haz lo que quieras, pulga —contestó él, con voz autoritaria.
El Daiyokai bajó sigilosamente del árbol para acercarse a los dos exterminadores, que continuaban peleando.
"¿Así que perderé la cabeza por esta chica? ¿una exterminadora humana?" se preguntó, repleto de curiosidad.
Observó a la joven con detenimiento. Era una bella mujer de complexión delgada, más bien musculosa, de rasgos asiáticos y largos cabellos azabache recogidos con una coleta. Lucía un flequillo que le cubría la frente, completamente sudada por el entrenamiento.
"Lucha bien, pero no es suficiente para derrotar a alguien como yo".
Se tapó el rostro y cabellos con una máscara y una capa. Camino hacia los dos luchadores hasta que se percataron de su presencia.
—¿Quién eres? —preguntó Kyoko, al ver al hombre enmascarado—. ¡Muéstrate!
Kirinmaru tumbó a Kohaku de un puñetazo, sin darle oportunidad de reaccionar. Kyoko le lanzó el Hiraikotsu, el boomerang que les había prestado Sango para entrenar. El Daiyokai lo esquivó sin dificultad, por lo que la joven intentó una llave que logró tumbarlo en el suelo.
—¡Dime tu nombre! —le volvió a insistir—. ¡Te mataré si no me contestas!
Kirinmaru sonrió para sus adentros. Se había dejado abatir para observar a la joven de cerca. Su mirada inquisidora mezclada con el afán de lucha que tenía aquella chica era suficiente como para no arrepentirse de haber venido a conocerla. Desde luego se trataba de una mujer osada y temperamental.
—Volveremos a vernos —dijo él, apartándola hasta que logró escapar.
Kirinmaru huyó de ella, alejándose con velocidad.
Kyoko acudió a socorrer a Kohaku.
—¿Estás bien?
—Sí... —confirmó Kohaku—. No era un puñetazo tan fuerte. Su intención fue la de dejarme fuera de combate por un rato. ¿Te ha dicho algo?
—No me vas a creer —dijo Kyoko—. Su voz era igual que la de él.
—¿La de Kirinmaru?
—Sí.
— Eso es una locura, ¿no crees?
—¿Y esto qué es? —preguntó Kyoko, con un mechón de pelo rojizo en sus manos.
ERA ACTUAL
TOKIO
APARTAMENTO DE KAGOME
Kagome regresó a su pequeño apartamento en el barrio de Nerima, que alquiló al finalizar la carrera con el salario de sus primeras prácticas en el hospital.
Se metió en la cama sin ganas de dormir, pensando en todo lo ocurrido con la piedra.
¿Quién era Natsuki? Si Sesshomaru le regaló aquella joya... ¿qué tipo de relación tenía con ella? Parecían realmente cercanos. Ella era humana, por lo que aunque hubiese logrado averiguar cómo regresar a la era feudal, no sobreviviría hasta el año 1954. Probablemente, tras su muerte, encontraría la felicidad con otra mujer. Aquello era completamente lógico, pero no podía evitar sentir ciertos celos hacia Natsuki. ¿Y qué tenía que ver Neyma con todo eso?
Los últimos momentos vividos con Sesshomaru le venían a la cabeza continuamente.
"¿Me seguirá odiando?" pensó, intentando convencerse de que había actuado de la manera correcta al haber priorizado la vida de su amado.
Por suerte, libraba del trabajo al día siguiente, y había quedado con Amy para encontrar más pistas.
Contactó con Yuna para que averiguara cuántas joyerías existían en 1954. Necesitaban dar con algún rastro, por mínimo que fuese.
Cerró los ojos sin lograr conciliar el sueño aquella noche.
Yuna quedó con Kagome y Amy cerca de la comisaría donde trabajaba. Su interés por la piedra también era latente. Se sentó en la mesa de una cafetería a la espera de que llegaran.
Las vio aparecer al cabo de unos minutos. Sacó unos documentos de su cartera para mostrárselos mientras las invitaba a sentarse con ella.
—He sacado un listado de las dieciséis joyerías que había abiertas en 1954 —dijo Yuna—. Por aquel entonces, no todas realizaban grabados en las joyas. De este listado, hay cinco que han cerrado, pero ninguna de ellas realizaba trabajos de grabación.
—Es decir, ¿quedan once abiertas? —preguntó Kagome.
—De estas once, sólo cinco importaban esmeraldas en ese período.
Yuna les dejó ver el listado donde se veían las dieciséis joyerías, de las cuales habían tachadas seis.
—Sé que es poco ortodoxo, pero voy a enviar a algunos efectivos a estas joyerías. Les diré que me saquen un listado de todos los clientes que compraron esmeraldas entre 1950 y 1954. No era una piedra muy habitual, por lo que no será muy complicado obtenerlo. El problema es la antigüedad de los datos. Esperemos que lo tengan informatizado.
—Muchas gracias, Yuna —dijo Kagome—. Sé que no es tu lucha, pero siempre te prestas a ayudarnos.
—Le debo mucho a Irasue —contestó la mujer—. Si su hija política necesita ayuda, se la prestaré sin cuestionarlo.
Kagome se sonrojó al escuchar la expresión "hija política", dando por hecho que Sesshomaru y ella tenían una relación.
¿Y si él había rehecho su vida? No podía parar de pensar en Natsuki y su relación con el Daiyokai.
Demasiadas preguntas para su aturdida cabeza.
—Kag... aterriza —interrumpió Amy.
—Lo siento.
—Ahora solo tenemos que esperar a que Yuna averigüe algo en las joyerías.
Amy le tendió la mano a su amiga.
—Muchas gracias por estar aquí —dijo Kagome, conmovida.
—No hay de qué. Has pasado por mucho. Te mereces ser feliz.
—No me veo capaz de ser feliz sin él ni mi hijo a mi lado.
—Lo lograrás. Siempre sales airosa de las peores situaciones. Recuerda que no hace mucho archivaron el caso de Axel.
Kagome pensó en su amigo, asesinado hace años a sangre fría por los secuaces de Kirinmaru. Ya nadie pagaría por aquel crimen porque los Yokais habían regresado a su época. El único testigo de los hechos sucedidos por aquel entonces (incluido el secuestro de su jet privado) fue Takashi, pero no acusó a Kagome en ninguna de sus declaraciones. Otra persona a la que interrogaron fue a su amiga Jana, pues Axel la avisó del paradero de Kagome antes de ser asesinado.
Jana habló con la policía sobre aquella noche, y Kagome reconoció haber estado en casa de su amigo, pero mintió al declarar que durmió en casa de Amy, confirmando ésta su coartada para ayudar a su amiga.
El teléfono de Amy sonó, interrumpiendo los pensamientos de la sacerdotisa.
—Es Kaori —dijo Amy—. Tiene otra pista.
Conectó el altavoz del teléfono.
—¿Me escucháis? —preguntó Kaori.
—Sí —contestaron al unísono.
—Me he centrado en investigar un poco a Neyma.
—Pero si solo conoces el nombre —dijo Amy.
—Exacto. Su nombre me ha servido para intentar averiguar si tenía algún tipo de significado.
—¿Has encontrado algo? —preguntó Kagome.
—Es un nombre de origen Tarahumara, que son indígenas de la zona de Chihuahua, en México.
—Pero ella tiene rasgos asiáticos —dijo Kagome.
—Exacto. Supuse que era de origen asiático, por eso no concordaba que su nombre fuese real.
—¿Quieres decir que utilizaba un apodo? —preguntó Amy.
—Puede ser eso, o bien se cambió el nombre. Lo más interesante de todo es que Neyma significa "Flor que crece en medio del río". ¿Os suena?
—El grabado... —murmuró Kagome—. El grabado de la esmeralda decía:
12 de septiembre de 1954
Para Natsuki
Eres como las flores que crecen en el río.
Con amor
S.T.
—Las flores que crecen en el río —confirmó Kaori—. El nombre tiene que venir de ese grabado.
—¿Significa eso que Natsuki y Neyma son la misma persona? —dijo Amy.
—Es lo más probable —contestó Kaori—. Posiblemente se cambió el nombre en la era feudal, pero realmente se llamaba Natsuki.
—¡Nació en esta época! —exclamó Kagome—. Ella solía viajar en el tiempo, pero cuando el Portal se cerró, debió quedarse aquí. ¡Todavía es posible encontrarla!
—¿Sesshomaru le regaló el talismán? —preguntó Amy.
—Él todavía no sabe que se lo va a regalar, pues nuestro pasado es su futuro —dijo Kaori.
Kagome miró por la ventana de la cafetería, pensativa.
¿Qué relación tenía Neyma con Sesshomaru, entonces?
Notas de la autora (Red Moroha).
¿Qué tal? Espero que os esté gustando la maratón y que la espera haya merecido la pena. Dadle like al capítulo y comentadlo, por favor.
El próximo será el capítulo FINAL.
Un abrazo!
