CAPÍTULO 53
"EL FINAL DE LA BÚSQUEDA"

ERA FEUDAL

ÁRBOL DE LAS EDADES

Inuyasha acudió a su cita con Kikyo como de costumbre después de un duro entrenamiento con su hermano. Aquel día parecía más eufórico de lo habitual.

—Buenos días, Kikyo. Kyoko me contó ayer algo muy extraño. Dice que luchó con un Yokai idéntico a Kirinmaru. Tenía la misma voz, el mismo pelo… ¿Cómo es posible?

La sacerdotisa no contestó.

—¿Kikyo?

Inuyasha, notablemente alterado, rodeó el árbol gritando su nombre.

—¡Kikyo! —gritó con fuerza, pero nadie respondió a su llamada.

La anciana Kaede, que se encontraba cerca estudiando hierbas medicinales, acudió en su ayuda.

—¿Qué ocurre, Inuyasha?

—¡Kikyo no contesta! ¿Qué puede haberle ocurrido?

Kaede se acercó al árbol.

—No parece que haya nada fuera de lo normal, Inuyasha.

Lo observó atentamente.

—Vente a casa conmigo —dijo la anciana—. Debo contarte algo.

Al llegar a la cabaña, Kaede le ofreció un té para tranquilizarlo. Kyoko se encontraba dentro, haciendo señas a la anciana con el ánimo de no hablar para no ser escuchadas.

—¿Qué está pasando? —preguntó Inuyasha.

Ellas también parecían nerviosas.

Se sentaron en la mesa, en frente del Hanyo.

—No sabemos por dónde empezar —dijo Kaede.

—Suéltalo ya, vieja.

—Inuyasha… un poco más de respeto —sugirió Kyoko.

—Déjale, Kyoko. Estoy acostumbrada —contestó la anciana.

—¡Soltadlo ya! No tengo todo el día.

—Verás… —comenzó diciendo Kaede—. Creemos que todas las conversaciones que has tenido con Kikyo durante todos estos años son fruto de tu imaginación.

—¿Me estás llamando loco, vieja?

—No es eso. Es muy normal que después de un proceso traumático, las personas tiendan a crearse técnicas de defensa en su cabeza. Digamos que existe gente que inventa amigos imaginarios para no caer en la locura.

Inuyasha se levantó de la mesa, con indignación.

—Esto sí que es una locura.

—Inuyasha… Eres el único que puede escucharla. ¿No crees que es extraño?

—¿Entonces por qué ha desaparecido? ¿Por qué ya no está dentro de ti, Kyoko? Explicadme dónde diablos se ha metido.

—Hace ya mucho tiempo que descansa en paz —dijo Kaede.

—Inuyasha… —dijo Kyoko—. Sé que es muy duro. Pero ya es hora de dejarla marchar.

—¡No es verdad! Kikyo siempre ha estado conmigo. No me abandonaría ahora. ¡No tenéis ni idea!

—Lo siento, Inuyasha —dijo Kaede—. No sabíamos cómo decírtelo, pero es algo que realmente todos pensamos. No te dijimos nada porque creíamos que te venía bien para que no te sintieses tan solo.

—Todo esto es una idiotez. El alma de Kikyo sigue en el árbol.

—Ni siquiera Kohaku y yo somos capaces de hablar con ella —añadió Kyoko.

—¡Dejadme en paz!

Inuyasha se marchó, negándose a admitir que todos los momentos compartidos con Kikyo desde que se cerró el Portal del Tiempo habían sido invenciones de su cabeza.

"No tenéis ni idea. Os demostraré lo mucho que estáis equivocadas"


ERA ACTUAL

TOKIO

Kagome no había probado bocado en todo el día. Amy la invitó a comer en su casa, pero estaba demasiado nerviosa para que le entrase algo en el estómago.

—Estás demasiado delgada, Kag. Tienes que cuidarte más.

—Lo sé, Amy, pero los nervios me están traicionando demasiado estos días.

Amy le lanzó una manzana que Kagome recuperó al vuelo, justo cuando el teléfono de ésta empezó a sonar.

—¡Es Yuna! —exclamó Kagome.

Descolgó el teléfono para atenderla.

—Hola Kagome. Tengo noticias.

—Te escucho. Pongo el "manos libres" porque estoy con Amy.

—Mis efectivos han ido esta mañana a explorar las joyerías. Casi todas tenían registros de los años cincuenta, pero solo una coincide con el grabado de una esmeralda. Como ya te dije, este tipo de joyas eran muy escasas en Japón, por lo que hemos podido averiguar que el cliente que la encargó se llamaba Akira.

—Ese nombre no me suena de nada.

—Te envío la dirección del cliente que consta en el registro de la joyería. La he cotejado con la de la policía, y la casa pertenece actualmente a un hombre llamado Akira Takahashi. Está aquí en Tokio. Puedes ir a investigar.

—Está claro que si Sesshomaru se hubiese infiltrado en la era actual, se habría cambiado el nombre. ¿Podría ser Akira?

—He investigado los diferentes registros de la propiedad, y la casa pertenece a esta persona desde el año 1932.

—Muchas gracias por todo, Yuna.

Kagome colgó el teléfono con gran temblor en sus manos.

—¿A qué esperas? —dijo Amy—. Vayamos a la casa de Akira a investigar.

—No lo sé, Amy. ¿Y si resulta que es él y está viviendo felizmente con Natsuki?

—Si no lo averiguas, sabes que te arrepentirás. Le hiciste una promesa, ¿cierto? Es hora de que vayas a cumplirla.

Kagome asintió, finalmente, sin embargo se moría de miedo al pensar que existían posibilidades de que hubiese rehecho su vida al lado de otra mujer.

"Aunque os separéis, hallaréis la forma para que vuestros caminos vuelvan a cruzarse. Un amor como el vuestro no se desvanece ni con el espacio ni con el tiempo."

La frase de Neyma que había guardado en su memoria le daba confianza para seguir adelante, a pesar de sus temores.

Amy dejó a Kagome en la dirección que les había dado Yuna. Era una casa tradicional japonesa de dos plantas rodeada de un pequeño jardín.

—Te espero en el coche —dijo Amy, ante la posibilidad de que Akira Takahashi fuese Sesshomaru—. Si necesitas cualquier cosa me llamas, ¿vale?

Kagome asintió y, después de pensárselo durante un par de minutos, llamó al timbre, con la mano completamente temblorosa.

La puerta se abrió misteriosamente y escuchó una voz de mujer.

—¡Pasa! Te estaba esperando —dijo la voz, al fondo del pasillo de la casa.

Kagome miró hacia atrás, haciéndole una seña a Amy para hacerle entender que no debía preocuparse. El aura que notaba dentro de aquella casa le resultaba totalmente familiar.

"Qué extraño. Nunca he estado aquí, pero me inspira una agradable sensación. Puedo confiar en la persona que está viviendo en esta casa"

Se quitó los zapatos para no ensuciar el suelo. Caminó por el pasillo hacia donde provenía la voz, y al abrir la puerta, encontró a una mujer de cabellos largos y plateados sentada en un taburete, pintando un hermoso cuadro de un paisaje que le era completamente conocido. Se podía distinguir el pozo devorador de huesos junto al majestuoso Árbol de las Edades, al lado del templo de los Higurashi.

—Neyma… —dijo Kagome, con voz temblorosa—. ¿O debo llamarte Natsuki?

La mujer sonrió dulcemente.

—Siéntate Kagome. Es hora de que volvamos a hablar tú y yo.


ERA FEUDAL

PALACIO DE LA LUNA

Touma entró en los aposentos de Irasue, vestido con una reluciente armadura y cabello recogido con una coleta.

—¿Es que no sabes llamar a la puerta? —preguntó la diosa, mientras una doncella le peinaba su larga y cuidada cabellera.

—No sabía si iba a encontraros aquí, mi Lady.

—En poco rato me reúno con Lord Kirinmaru, por lo que cualquier cosa que quieras decirme, debes darte prisa.

—¿Vas a proponerle matrimonio?

Irasue se levantó, enfadada, despachando a la doncella para quedarse a solas con él.

—¿Cómo osas decirme eso?

—No sería la primera vez.

—No tenía elección. Ahora crearemos entre todos un estado completamente pacífico, Touma. Lo único bueno que saqué de mi matrimonio con Lord Ryukotsu es que ahora, los norteños me reconocen como reina.

—¿Y qué pasará con el Sur? Son peligrosos.

—Intentaré llegar a un acuerdo con ellos. El jefe de los lobos, Koga, está muy unido a ellos. Con él se puede dialogar. De hecho, éste va a ser mi próximo viaje, y me gustaría que vinieras conmigo.

—¿En serio?

Irasue asintió con la mirada, y se acercó a él, lentamente.

—No quiero que te cases, Touma.

El Hanyo la miró, con recelo.

—¿Puedo saber el motivo?

Irasue le dio un inesperado beso en los labios.

Fue un beso sincero, lo suficiente como para que Touma se olvidase de su propuesta de matrimonio para siempre.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó, desconcertado.

—Lo hablaremos más tarde, Touma. Era cierto que tenía prisa porque debo reunirme con Lord Kirinmaru de forma inmediata.

Irasue cerró la puerta, dejando al comandante solo y pensativo. ¿Significaba eso que la diosa estaba empezando a aceptar su amor?

Irasue caminó por el pasillo, rozándose los labios con sus dedos. Su sabor era dulce y seco, como él. Desconocía lo que le deparaba el futuro, pero si algo tenía claro, eran los celos que le invadían al pensar que podría casarse con otra mujer.

—Bienvenido, Lord Kirinmaru —dijo Irasue al verle entrar en el gran salón.

—Mi Lady… —contestó con una reverencia.

—Hoy anunciaremos vuestra coronación —prosiguió la diosa—. Todas las Tierras deben ser conscientes de tu vuelta.

—¿Qué les diremos? La noticia de mi fallecimiento se debió de extender entre humanos y Yokais.

—Cierto. Nuestra versión será que el cuerpo que se enterró pertenecía a otro Daiyokai. Vuestro aspecto es muy parecido al Kirinmaru que conocía. Solo se os ve algo más joven. Nadie lo va a notar. Las Tierras del Este necesitan un rey. Os aceptarán con los brazos abiertos.


ERA ACTUAL

TOKIO

Kagome se sentó en la mesa del comedor esperando a Neyma, que le preparaba un té. Se lo sirvió bien caliente.

—Has conseguido llegar hasta aquí, Kagome. La verdad es que no lo dudé en ningún momento.

—¿Quién eres? —preguntó la joven, con los nervios a flor de piel.

—Como has podido averiguar, mi nombre real es Natsuki.

—¿Fue Sesshomaru quien te regaló el talismán? —preguntó, removiendo el té, intentando disimular el temblor de sus manos.

—Sí. Fue él quien me lo regaló. Pero eso todavía no ha ocurrido si nos remitimos a los hechos de la era feudal.

—¿Naciste en Tokio?

—En efecto. Nací el 12 de septiembre de 1954.

—Igual que en el grabado…

—Me lo regaló mi bisabuelo.

Kagome se levantó de la mesa, sorprendida.

—¿Sesshomaru era tu bisabuelo?

—Exacto. Me lo regaló justo al nacer. He conservado esta reliquia desde que tengo uso de razón.

—Entonces…. ¿Tienes sangre de demonio?

—Poca sangre de demonio me queda. Mi madre era humana y mi padre un cuarto de demonio. También tengo poderes de hechicera, como habrás podido ver. Toga, tu hijo, era mi abuelo.

—¿Qué sucedió con ellos?

—Sesshomaru murió al poco de nacer yo. Logró sobrevivir al exterminio de los Yokais, pero dicen que se cansó de luchar. El tío de mi abuelo lo conocía bien, pues era su hermano, y decía que ya no fue el mismo desde que se selló el Portal del Tiempo para siempre.

—¿Eso quiere decir que el Portal nunca se volvió a abrir?

—No, lamentablemente. Yo casi no conocí a mi bisabuelo. Se lo encontraron muerto en su casa, después de haber ingerido un potente veneno que solo afectaba a los Yokais.

A Kagome se le empezaron a saltar las lágrimas.

—Conozco ese veneno. ¿Crees que se suicidó?

—En mi familia dicen que se le quitaron las ganas de vivir. Se volvió un huraño solitario y déspota con todos, encerrado en sí mismo y en sus recuerdos. Aun así, no es propio de él rendirse tan fácilmente. Sesshomaru tenía muchos enemigos. Probablemente lo envenenaron.

—¿Se llamaba Akira Takahashi?

—Exacto. Se cambió el nombre para pasar desapercibido.

—Pareces conocerle muy bien.

—Empecé a interesarme por la historia de mi bisabuelo cuando tenía diez años. Un día, jugando por casa, encontré un viejo baúl en el desván. Estaba lleno de viejos diarios que él escribió a lo largo de los años. Lo curioso es que iban siempre dirigidos a la misma persona.

Esa persona eras tú, Kagome.

Kagome empezó a respirar forzadamente, como si fuera a sufrir un ataque de ansiedad. Neyma le ofreció un vaso de agua.

—Sé que cuesta de digerir, querida. No te esperabas que tu amado tuviese un final tan triste, ¿verdad?

Los ojos de la joven brillaban, repletos de curiosidad y desdicha al mismo tiempo. Cerró los puños con fuerza.

—Nuestra despedida no fue agradable, Neyma. No le hice caso y me odia por ello. Me siento culpable porque fui yo la que decidí su destino en contra de su voluntad.

—Le salvaste la vida, Kagome. Cualquiera hubiese hecho lo mismo.

—No confié en él, y ahora pretendo que él sí lo haga. Me siento muy culpable, Neyma. Pero no me pienso rendir. Me es indiferente si el futuro ya está escrito. Le hice una promesa y voy a cumplirla.

Neyma abrió un escritorio repleto de libros.

—Mira. Aquí guardo todos sus diarios. En realidad son todos tuyos. Durante un tiempo me obsesioné con ellos. No sabes la cantidad de veces que me los habré leído. En él podrás leer toda su historia, desde que te escribió la primera carta hasta poco antes de su muerte. Estos diarios me hacen ver que el curso de la historia todavía no ha cambiado.

Kagome los hojeó con las mejillas empapadas de lágrimas. ¿Sesshomaru le había estado escribiendo durante siglos?

Neyma le ofreció leer algún fragmento mientras preparaba más té.

—No leas mucho, querida. Su pasado podría ser tu futuro, y no es bueno conocerlo.

Kagome,

Te odio.

Toga está creciendo muy deprisa, y tú no estás aquí para verlo. Odio que tenga tu nariz y tu sonrisa. A veces no soy capaz de mirarle a la cara porque me recuerda demasiado a ti.

Kagome,

Me duele odiarte y me duele quererte.

Los años pasan y yo no hago otra cosa que esperar a que pase el tiempo, sobreviviendo a esta era para que nazcas y así volver a verte.

Marzo de 1620

Querida Kagome,

Te echo tanto de menos que me quemo por dentro cada vez que pienso en ti. Por favor, cumple tu promesa y ven pronto. Te amo.

Septiembre de 1750

Querida Kagome,

Hace tiempo que no te escribo porque he estado muy enfermo. Los seres humanos planean acabar con nuestra existencia mediante el veneno que descubrimos tú y yo, y que han distribuido por todo el país. Bebí hace dos semanas de una copa que lo contenía, pero mis ansias de volver a verte me han hecho sobrevivir.

Agosto de 1945

Hoy ha sido un día muy triste para la humanidad. Dos bombas atómicas han caído sobre Hiroshima y Nagasaki. Aunque supongo que tú ya lo sabías. Los poderes de los Yokais se van mermando en comparación con la evolución humana.

Octubre de 1955

Querida Kagome,

Aún faltan más de treinta años para que nazcas. No son demasiados para un Yokai, pero pasan lentamente si no estás a mi quiero y siempre te querré.

Neyma observó a Kagome que lloraba desconsolada mientras leía algunos fragmentos de forma aleatoria.

—La última carta está fechada en octubre de 1955. Murió un mes después. Como ves, su intención no era la de suicidarse. Él siempre tuvo esperanzas de volver a verte. Incluso iba a esperar a que nacieses de nuevo para encontrarte.

Kagome se alegró de que su odio se fuese diluyendo con el tiempo, pero el futuro de su amado seguía siendo muy trágico.

—Eso significa que nunca logré reabrir el Portal del Tiempo, y él murió antes de que yo naciese, por lo que ya no había posibilidad de volver a encontrarnos en esta era.

Neyma le entregó un pañuelo ante los sollozos de la joven.

—Es muy duro escuchar esto, Neyma. ¿Qué fue de mi hijo?

—Tu hijo era mi abuelo. No quiero contarte mucho sobre él, porque me gustaría que lo fueses descubriendo por ti misma.

—¿Cómo?

—Querida… Por mucho que yo te haya contado esta historia, me has dicho hace un momento que no te rendirías.

—¿Pero es posible cambiar los acontecimientos?

La mujer se sentó frente a ella.

—El día que te entregué el talismán, pretendí cambiar el curso de la historia. Me obsesioné tanto con el pasado de mi bisabuelo que viajé a la edad feudal para conoceros. Pensaba que con mi ayuda, la mayor parte de los diarios desaparecerían ya que os volvisteis a reencontrar y entonces nunca fueron escritos. Pero los viajes en el tiempo son misteriosos, y los diarios siguen existiendo hasta un mes antes de su muerte. Si ha cambiado algo, nunca lo sabremos porque mis recuerdos también se verán modificados en mi mente. Mi abuelo me explicaba que nunca llegó a conocerte, por lo que todavía os sigue esperando el mismo futuro. Sé que no es muy digno por mi parte animarte a que tengáis una historia diferente, pero te he probado, Kagome, y sé que puedes hacerlo.

—¿Por qué no viniste a verme, sin más?

—Necesitaba saber si te rendirías en su búsqueda. Quería comprobar lo poderoso que era vuestro amor. Ya desististe una vez con Inuyasha, y tenía que saber si esta vez te lo tomarías en serio.

—Por eso estoy aquí.

—Viajar al pasado para cambiar los acontecimientos es algo abominable. Tienes que estar segura porque no hay vuelta atrás.

—Nunca había estado tan segura de algo en toda mi vida. ¿Qué debo hacer para regresar? El talismán ha perdido su brillo.

Kagome lo sacó de su bolso para mostrárselo.

—He intentado limpiarlo de todas las maneras posibles, pero se ha quedado totalmente opaco. No sé qué debo hacer.

—Este talismán es sólo un recipiente de tus poderes. Un catalizador donde se aloja mi esencia y la tuya. Mi bisabuelo me lo regaló sin ánimos de utilizarlo de forma mágica. Pero yo quería cambiar la historia, así que lo usé para este fin. En el momento que te entregué el talismán, se abrió una vía de poder regresar.

—Pero en tu pasado, el Portal del Tiempo llegó a cerrarse igualmente.

—Mi abuelo me explicó que su padre nunca le habló de tu desaparición. Es posible que el Portal se sellara sin la ayuda de este talismán. Al fin y al cabo, la historia siempre tiende a repetirse por mucho que intentemos alterar su curso. Mi intención fue introducir una variable con este talismán, una pequeña esperanza para que las cosas fuesen diferentes. Te corresponde a ti aprovechar esta ventaja para cambiar el futuro.

—¿Cómo puedo volver a abrir el Portal del Tiempo? Quiero regresar.

—Piensa un poco, querida. Como ya te he dicho, este talismán sólo hace de catalizador. El poder está dentro de ti.

Kagome se levantó de la silla y volvió a observar el cuadro del paisaje que pintaba Natsuki.

—Gracias por todo. Ahora sé lo que tengo que hacer.


ERA FEUDAL

BOSQUE DE LA ALDEA DE KAEDE

—¡Amo Sesshomaru! —gritó Myoga, la vieja pulga—. Por fin os encuentro.

Sesshomaru miró a su alrededor. Toga jugaba en el río con Inuyasha y Rin lo suficientemente lejos como para no ser escuchados.

—¿Qué quieres? —preguntó, fríamente.

—Tengo la información que me pedisteis.

—Te escucho.

—Se llama Yato. Es un poderoso demonio que te concede cualquier deseo a cambio de que le entregues su alma.

—¿Dónde puedo encontrarlo? —preguntó, sin titubear.

—Ahora mismo descansa cerca del monte Hakurei, en las Tierras del Norte.

Sesshomaru recordó que aquel monte era un lugar sagrado con una potente barrera de purificación a su alrededor. Si Yato era un demonio, él tampoco podría pisar la montaña sin ser purificado.

—Amo… ¿estáis seguro de lo que hacéis? En esta clase de pactos, el diablo siempre gana.

El Daiyokai no contestó. Se vistió con su armadura y recogió sus espadas, que se hallaban bajo un árbol.

—Diles que volveré al anochecer. No les cuentes nada sobre mi paradero, si no quieres morir.

—Pero amo…

Despegó del suelo, ante la atónita mirada de la pulga que se quedó sola, sin saber qué decir ni qué hacer.


ERA FEUDAL

ALDEA DE KAEDE

Shippo entró en la cabaña completamente alterado.

—¿Qué te ocurre, pequeño? —preguntó Kaede.

—¿Dónde está Kyoko?

—Estoy aquí —dijo la joven, saliendo de una de las habitaciones—. Estaba ordenando las maderas para el fuego. ¿Qué pasa?

—Tenías razón —dijo Shippo.

—¿Razón de qué?

—Hoy he ido al centro de la aldea a por provisiones, y todo el mundo habla de la coronación del nuevo rey del Este.

—¿Qué ocurre con el nuevo rey del Este?

—Dicen que Kirinmaru ha regresado del reino de los muertos.

Las maderas que transportaba Kyoko se cayeron al suelo.

Shippo y Kaede observaron el rostro de la joven que había empalidecido por completo.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Shippo.

Kyoko reaccionó al cabo de unos instantes, y empezó a desvestirse para ponerse el traje de exterminadora.

—¿A dónde vas?

—Necesito un favor, Shippo. ¿Puedes traerme a Kirara?

—No me digas que…

—Exacto, debo comprobar por mí misma que se trata de Kirin.


ERA ACTUAL

TEMPLO HIGURASHI

Amy llevó a Kagome al templo Higurashi, el hogar donde la sacerdotisa vivió desde su infancia hasta su adolescencia.

—¿Crees que funcionará? —preguntó Amy, antes de dejarla en su destino.

—Sé lo que debo hacer.

—No hagas locuras, ¿vale?

Kagome sonrió.

—Si es por amor, cualquier locura es bienvenida.

—No sabía que eras tan romántica.

—Hace cinco años que no le veo ni a él ni a mi hijo, Amy. Hablar con Neyma me ha hecho darme cuenta que él nunca se rindió conmigo, y yo no me pienso rendir con él. Puede ser que el futuro esté escrito y sea inamovible, pero no pienso desfallecer. Le encontraré aunque sea la última cosa que haga en mi vida.

—Le amas, ¿eh?

—Con todo mi ser.

Amy abrazó a Kagome con fuerza.

—Espero volver a verte.

—¡Claro que sí! —sonrió, con melancolía.

Kagome se adentró en la casa de los Higurashi. Su madre la recibió con los brazos abiertos, a igual que su abuelo y hermano, Sota. Se quedó a comer con ellos para ponerles al día de todo lo sucedido con el talismán, y la visita a casa de Neyma.

—Lo que nos estás contando, Kagome, es fantástico —dijo su madre—. ¿Crees que funcionará?

—Sé que funcionará.

—Hermanita. ¿Te irás para siempre? —preguntó Sota.

—Espero que no.

Kagome abrazó a su familia.

—Mamá, Sota, abuelo… Voy a reabrir el Portal del Tiempo. Si logro mi objetivo, espero poder venir a visitaros.

—Cariño… te echaremos mucho de menos —dijo su madre, con lágrimas en los ojos.

—Yo también. A partir de ahora necesitaré estar sola, si quiero que esto funcione.

Kagome subió a su habitación para vestirse con ropa más cómoda. Optó por unos jeans azules, zapatillas deportivas y un jersey morado algo grueso por si hacía frío.

Caminó hacia el pozo devorador de huesos con el talismán colgado en su cuello. Seguía opaco, igual que cuando regresó a la era moderna hace cinco años.

"Puedo cambiar el pasado, puedo hacerlo" pensó, decidida. Neyma le había facilitado una importante pista. El talismán era un catalizados que absorbía la magia de su alrededor.

Se acercó al santuario para abrir las puertas donde se hallaba el templo que escondía el pozo devorador de huesos. Permanecía intacto después de tantos años.

Recordó la primera vez que traspasó aquel pozo, cuando solo tenía quince años. Fue entonces cuando empezó su aventura en la era feudal y conoció a Inuyasha, su primer amor. Al cerrarse el pozo hace diez años, desapareció cualquier posibilidad de regresar al pasado, sumiéndose en una gran depresión que intentó superar empezando una nueva vida en Londres.

Pero sus recuerdos de la otra época seguían abrumándole por las noches, y el deseo de volver a ver a Inuyasha la inundaban de pesar y melancolía.

Intentó vivir una vida lejos de todo aquello, convirtiéndose en una chica triste que solo quería que transcurriese el tiempo. Enterró sus poderes en lo más profundo de su ser, intentando vivir una vida normal y conformándose con simplemente existir.

La aparición de Sesshomaru en Londres le hizo recordar que aún circulaba sangre por sus venas. A su lado fue capaz de superar todos los obstáculos, convirtiéndose en la mujer poderosa que realmente era.

Con aquellas cartas logró comprender el enorme sacrificio que había realizado al seguir viviendo en soledad, inmerso en la escritura con el único objetivo de contarle la historia que se estaba perdiendo. Era el deseo de dos amantes que el destino había puesto a prueba para ver qué tan fuerte era su amor. Dos seres separados trágicamente y luchando por el improbable ideal de reencontrarse sin importar la distancia ni el transcurso del tiempo.

Se acercó al majestuoso Árbol de las Edades. Era un árbol sagrado con una conexión especial entre la era actual y el pasado. Su madera fue usada para la construcción del pozo, y conservaba su nexo de unión intacto. Lo tocó suavemente, cerrando los ojos para percibir más allá de sus sentidos.

Se concentró en el Sengoku, segura de que hallaría las respuestas a sus inquietudes, y convencida de que el amor la ayudaría a superarlo todo.

—Kagome… —murmuró el árbol a través de su mente.

—Hola… Kikyo.

—Volvemos a encontrarnos después de tanto tiempo.

—Te sentí nada más llegar al templo.

—Te has convertido en una mujer muy poderosa —prosiguió Kikyo.

—¿Estás atrapada en el árbol?

—Cuando el Portal del Tiempo se selló, intenté aferrarme al deseo de quedarme con Inuyasha, provocando que mi alma se quedara encerrada aquí, sin posibilidad de salir.

—Me gustaría hacerte una pregunta, Kikyo. Debes responderme con sinceridad.

—Adelante…

—¿Viajarías en el tiempo para estar con Inuyasha aunque no lo conocieras?

—No sé a qué te refieres.

—En otras palabras. ¿Lo dejarías todo por volver a conocerle?

—Sí. Es lo que más desearía.

—Entonces te ayudaré. Lo prometo.

Kagome se concentró en canalizar la energía del árbol para que fuese absorbida por el talismán.

"El amor puede con todo" repitió en su cabeza, una y otra vez.

La esmeralda del colgante empezó a brillar con fuerza, tan vigorosa y reluciente como el primer día.

—Gracias, Kagome —dijo Kikyo.

—Gracias a ti.

Caminó de nuevo hacia el pozo, llevando el talismán en su cuello. La penumbra de su interior contrastaba con el brillo de la piedra, que la iluminaba hacia el camino que ella consideraba casa.

Saltó dentro del pozo con decisión, igual que tantas veces había hecho en el pasado, con las mismas ansias de antaño y anhelando cada momento vivido al otro lado.

Saltó por las personas que la estaban esperando, por cumplir la promesa realizada a su amado, por reencontrarse con su hijo y volver a abrazarlo.

Una luz cegadora surgió de la nada, rodeando su cuerpo conectado al talismán. Cerró los ojos concentrándose en sus recuerdos, en las promesas hechas y en el futuro que tanto deseaba cambiar.

"El amor puede con todo, ¿verdad?"


ERA FEUDAL

ÁRBOL DE LAS EDADES

—¡Kikyo! —gritó Inuyasha, abrazado al árbol con el que había estado conversando durante años—. ¿Por qué no me contestas?

Sus ojos, rojos de haber llorado, mostraban la gran tristeza de su alma.

—Vuelve conmigo… por favor…

Se sentó en el suelo, resignado y cabizbajo.

—Después de todo, es posible que me haya vuelto loco y seas fruto de mi imaginación. Pero me da igual, Kikyo. Te echo de menos, aunque solo vivas en mi cabeza.

Levantó la vista al sentir un dulce olor que le resultaba increíblemente familiar. ¿Acaso su mente volvía a jugarle otra mala pasada?

Acudió hacia el pozo devorador de huesos, pensando que se trataba de otra locura momentánea que desaparecería con el tiempo.

Logró vislumbrar una figura femenina a lo lejos, saliendo del pozo. Si sus ojos no le traicionaban, aquella figura era la de Kagome.

Cruzaron las miradas, felices y nostálgicos por haberse reencontrado después de tanto tiempo.

—¿Eres real? —preguntó, escéptico, pensando que estaba empezando a volverse loco.

Kagome sonrió, risueña.

—Hola Inuyasha.

—Lo has conseguido. Han pasado cinco años y estás igual que siempre.

La joven asintió con la mirada, alargando su brazo para ayudar a subir a alguien más.

El corazón de Inuyasha empezó a latir con fuerza al ver que Kagome estaba ayudando a Kikyo a salir del pozo.

—¿C… Cómo puede ser? ¿Esto es real?

—Se lo prometí cuando vi que su alma se quedó atrapada en el árbol.

Inuyasha abrazó a Kikyo fuertemente, con los ojos llenos de lágrimas. Se tranquilizó al percatarse de que sus largas conversaciones con ella a lo largo de los años habían sido reales, y ahora se hallaba frente a ella, sintiéndola más viva que nunca.

—¿Quién eres? —preguntó Kikyo.

—Soy yo, Inuyasha. ¿Has perdido la memoria?

—No exactamente —dijo Kagome—. La he traído a través del tiempo, justo antes de que os conocierais, hace sesenta años aproximadamente.

—¿Por qué lo has hecho?

—Me dijo que era lo que más deseaba.

Inuyasha observó a la sacerdotisa sin saber qué sentir.

—Kikyo… ¿Eres tú?

—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó, con recelo.

—Explícaselo todo, Inuyasha —dijo Kagome—. Me voy a la aldea. Nos vemos allí.

Kikyo se acercó a él para tocarle la cara.

—¿Por qué lloras? —preguntó Kikyo, inocentemente.

—No es nada. Se me ha metido una mosca en el ojo —respondió Inuyasha, intentando disimular sus lágrimas—. Te quiero hacer una pregunta. ¿Conoces la Perla Shikon?

—Nunca había oído hablar de ella.

Inuyasha empezó a comprenderlo todo. Por alguna razón, Kagome había conseguido hacer regresar a Kikyo de otra época pasada. Un mundo en el que la Perla Shikon quizás ni existía, o todavía no dominaba su vida.

Los recuerdos pasados con Kikyo le vinieron a la cabeza. Cuando se conocieron, ella le contó que solo deseaba ser una mujer normal. Ambos se enamoraron, e Inuyasha le prometió renunciar a sus poderes de Yokai para convertirse en un ser humano y vivir juntos para siempre. Sus deseos fueron truncados al sufrir el despiadado engaño de Naraku, que mató a Kikyo y le hizo odiar a Inuyasha para siempre.

Kagome le había brindado la oportunidad de empezar de cero y de conocerse sin preocuparse por la existencia de la Perla.

—Muchas gracias, Kagome… —murmuró para sí, mientras la observaba de lejos, caminado hacia la aldea.

Shippo se levantó apresuradamente al sentir el olor de Kagome cerca de la aldea.

—¿Qué pasa? —preguntó Kaede.

—¡Es Kagome! ¡Huele a ella!

A la anciana casi se le atragantó la comida de la boca al escuchar su nombre.

El pequeño demonio zorro salió de la cabaña, corriendo hacia su querida amiga, que empezó a verla acercarse a lo lejos.

Se fundieron en un inmenso abrazo, después de largos años sin verse, y llorando de la emoción.

—Estás muy guapa, Kagome —dijo Shippo.

—Tú estás igual que siempre —sonrió ella.

—Te hemos echado mucho de menos.

—Yo también.

La anciana se acercó a los dos.

—Bienvenida, Kagome.

—Hola, Kaede. Han pasado cinco años.

—Supongo que no querrás descansar para ver cuanto antes a tu familia.

Kagome asintió, con la mirada llena de júbilo.

—Ves hacia el río. Allí encontrarás a Rin y a tu hijo, Toga. Pero debo contarte una cosa.

—¿Ocurre algo?

—Sesshomaru desapareció ayer, sin dejar rastro.

—¿Cómo es posible?

Kagome soltó la mochila que llevaba en la espalda y salió corriendo hacia el río.

Shippo la seguía de cerca.

—¿A dónde vas, Kagome?

—Quiero ver a mi hijo. Después encontraré a Sesshomaru.

Al llegar al río, observó a una hermosa muchacha de diecinueve años de edad chapoteando alegremente con un niño de pelo plateado. Se fijó en el prominente vientre de la joven.

—Está embarazada…

—Sí —confirmó Shippo—. Kohaku y ella se casaron hace poco más de un año, y ahora esperan un bebé.

Kagome se alegró mucho por ellos. Rin parecía tan feliz que le costó acercarse para no romper el mágico momento que estaban viviendo ambos, divirtiéndose sin preocupaciones.

—¿No te acercas a decirles nada? —preguntó Shippo.

—Tiene su pelo y sus ojos… —respondió Kagome, emocionada—. Es un niño precioso…

—Es simpático, atento y muy risueño. Sesshomaru lo ha estado criando con la ayuda de Rin e Inuyasha. Ellos se quedaban a su cuidado cuando partía en secreto a buscar pistas para encontrarte.

—¿De verdad? Lo dudo… Él me odia.

—Sesshomaru te adora, Kagome. Nunca ha dejado de pensar en ti. Renunció al trono para ser libre y poder centrarse en lo que realmente le importaba, aunque nunca se lo haya querido reconocer a nadie. Ya le conoces. ¿Vas a acercarte a Toga?

—Lo haré cuando regrese con su padre. Si algo me ocurre, no quiero que me pierda dos veces.


ERA FEUDAL

CASTILLO DEL ESTE

Kirinmaru fue nombrado Lord de las Tierras del Este. Su regreso había causado una gran conmoción debido a que todo el pueblo pensaba que pereció en el combate contra Lord Ryukotsu. Pero las ansias de volver a tener a un monarca sentado en el trono lograron combatir la incertidumbre, y los rumores difundidos hablaban de él como "El Daiyokai que había desafiado a la muerte".

Irasue, que había asistido a la celebración, se encontraba en sus aposentos, después de la larga velada.

—No sé cómo agradeceros todo lo que habéis, hecho, mi Lady. Gracias a vos, todos mis súbditos confían de nuevo en mí.

Irasue sonrió.

—No ha sido difícil. Todos querían volveros a ver al frente de las Tierras del Este. Debemos firmar un tratado de paz cuanto antes. Las guerras no traen nada bueno, mi Lord. Yo estaré al frente de las Tierras del Norte y del Oeste. Mañana partiré con Sir Touma hacia el Sur para intentar hablar con el ejército de Koga. Esperemos que prosperen las negociaciones.

—Os iba a pedir matrimonio para afianzar la unión de los Cuatro Puntos Cardinales, mi Lady, pero os veo muy unida a vuestro comandante.

—Por primera vez me siento libre, y es algo que no pienso cambiar acordando un matrimonio de conveniencia. Si hay algo que he aprendido en este tiempo, es que el amor y la política no son buenos compañeros. Por cierto… tienes visita.

—¿Quién?

Irasue abrió la puerta de los aposentos para dejar pasar a una bella exterminadora de demonios que esperaba a que ambos finalizasen la conversación. Era Kyoko.

—Os dejo solos —dijo la diosa, sonriendo, mientras caminaba hacia la salida.

Kirinmaru se acercó a ella, con cautela.

—¿Has venido a matarme? —preguntó, al verla vestida de guerrera mata-demonios.

—He venido a hacerte unas preguntas.

Kirinmaru la observó, sorprendido.

—¿Por qué me atacaste en el bosque?

El Daiyokai se sorprendió al ver que la joven le había reconocido.

—Sentía curiosidad por conocerte.

Kyoko se acercó lentamente hacia él. Llevaba un kimono de seda azul, floreado con el escudo de las Tierras del Este. Sus cabellos rojos brillaban con la misma intensidad de antaño, además de sus verdes ojos, que la observaban con atención sin saber bien cuál era el objetivo de su visita.

La joven le rozó la piel con sus suaves manos, mientras le retiraba parte del kimono para dejar su pecho al descubierto.

—Solías tener una cicatriz en este lado —dijo ella, acariciando su torso de tal forma que le hizo estremecer.

Le tocó el rostro dulcemente hasta llegar a la mejilla derecha.

—Pero todavía conservas tu marca de nacimiento, que está justo aquí.

—¿A qué has venido? —preguntó el Lord del Este.

—Quería ver si realmente eras tú.

—¿Te he decepcionado?

Kyoko sonrió ligeramente.

—En efecto eres tú. Algo más joven, pero sigues siendo tú. Irasue me lo ha explicado, y ahora lo entiendo todo. Solo quería volver a verte, y comprobar que estabas vivo realmente.

Los ojos de Kyoko empezaron a humedecerse.

—Si me disculpas, debo ir a cazar demonios.

La joven dio la vuelta para salir de la habitación.

—¡Espera! —exclamó Kirinmaru.

Kyoko frenó y se giró para mirarlo a la cara.

—¿Qué quieres?

—Hay algo dentro de mí que me impide dejarte marchar—dijo Kirinmaru—. Si te vas ahora, puede que me arrepienta el resto de mi vida.

Kyoko sonrió dulcemente.

—Tú y yo tenemos una historia pasada, Kirin, aunque para ti, mi pasado es tu futuro.

—Lo sé. Por eso acudí a aquel bosque donde te encontré. Irasue me explicó cosas que quería comprobar por mí mismo.

—¿Y qué descubriste?

—Cuando te vi entrenando, descubrí que quería conocerte. En ese momento escapé porque me sentía algo aturdido, pero le he estado dando vueltas en mi cabeza desde entonces.

Kirinmaru se arrodilló ante ella, tendiéndole la mano.

—Sé que me conoces, Kyoko. Conoces a mi "yo" futuro que murió para salvaros de Lord Ryukotsu. Llevo muchísimos años lejos de aquí, ajeno a todo lo sucedido porque no me interesaba el trono ni el poder. Lady Irasue me convenció para volver, porque las Tierras del Este necesitaban un monarca para restaurar la paz en el reino. No estaba muy convencido de todo aquello hasta que te vi.

Verte entrenar para luchar contra los Yokais me hizo darme cuenta de que estamos batallando una guerra sin sentido. Humanos, Demonios… ¿Qué más da? Todos queremos vivir en paz sin tener que preocuparnos por nuestros seres queridos.

—Kirin…

—Tu mirada es sincera —continuó el Daiyokai—. Desde que te vi, no puedo pensar en otra cosa que en preservar esa mirada lejos de cualquier peligro a causa de una guerra absurda, y te necesito para conseguirlo. Eres la persona que podría hacer que no me desviase de mi objetivo, porque parece ser que me conoces muy bien. En cambio yo, no te conozco. Y aunque no lo haga, siento que puedo confiar en ti ciegamente. ¿Querrás estar a mi lado para ayudarme a preservar la paz en las tierras?

Kyoko asintió, emocionada, mientras le besaba la mano, atravesándola con sus ojos color esmeralda. Su corazón palpitaba con la misma fuerza de aquel día tan lejano en el que se arrodilló de la misma forma para pedirle matrimonio.

Fue el gran amor de su vida para ella, y un nuevo comienzo para él.


ERA FEUDAL

MONTE HAKUREI

El cielo se nubló por completo, y la tormenta llegó a los alrededores del Monte Hakurei. La intensa lluvia inundó las tierras, y Sesshomaru, con los cabellos completamente mojados, desenvainó la espada Colmillo Explosivo dispuesto a batirse en duelo con Yato. Había logrado dar con él fácilmente, bastando solamente una vez para llamarlo y aparecer al instante. El alma del Daiyokai era demasiado preciada como para no desaprovechar la oportunidad de ofrecerle un pacto lo suficientemente tentador.

Yato era un poderoso demonio-hechicero vestido con una túnica negra y una máscara blanca que le ocultaba completamente el rostro, a excepción de unos prominentes cuernos que emergían de su cabeza.

—¿Cómo osas llamarme y desenvainar tu espada delante de mí? —preguntó Yato, ofendido.

El rostro de Sesshomaru, usualmente frío como el hielo, mostraba ira y determinación. Yato era realmente bueno tratando de interpretar deseos humanos y de Yokais, y sabía que debía estar realmente desesperado como para prestarse a acudir a él en busca de un favor.

—He escuchado que concedes deseos a cambio de almas —dijo Sesshomaru, con voz imponente y autoritaria.

—Eso es cierto. Pero solo si el alma del que tengo en frente me interesa.

El Daiyokai sonrió ligeramente, con maldad en su rostro.

—Por eso he desenvainado mi espada en frente tuyo. Para que compruebes por ti mismo lo que valgo.

—No va a ser necesario, Sesshomaru. Sé quién eres. Tu fama te precede, y por eso no llego a comprender qué es lo que podrías desear tanto como para llegar a un acuerdo conmigo.

—Deseo que vuelvas a abrir el Portal del Tiempo que cerró una sacerdotisa humana hace cinco años.

Yato lo observó con tremenda curiosidad.

—¿Se puede saber por qué debería concederte un deseo tan ambicioso?

—Mis motivos no son de tu incumbencia.

—Claro que lo son. Abrir un portal tan poderoso puede poner en peligro el equilibrio de la naturaleza. Debo conocer la causa por la cual pretendes cometer tal locura.

Sesshomaru lo observó con ira en su mirada.

—Se llama Kagome. Pertenece al futuro de aquí a quinientos años. Ella misma cerró el portal.

Yato emitió una sonora carcajada.

—¿Todo este sacrificio y alteración del orden de la naturaleza… por una mujer?

—¿Puedes ayudarme o no? —gritó el Daiyokai, desafiante.

—Naturalmente que puedo ayudarte, pero eso tiene un alto coste. Me estás pidiendo un deseo muy complicado y peligroso para la naturaleza.

Yato se acercó y Sesshomaru arremetió contra él, tumbándole en el suelo con Colmillo Explosivo apuntando a su garganta.

—Quizás no me he explicado bien —dijo el Daiyokai—. Si me concedes este deseo, te permitiré vivir.

—Así no funciona, Sesshomaru. Mi magia no es efectiva sin tu alma. Por mucho que lo intente, no servirá de nada si no sellamos nuestro pacto con sangre.

El Daiyokai lo empujó con furia.

—¿Qué quieres de mí, entonces?

—Sé que puedes vivir muchos años, Sesshomaru. Quiero que cuando mueras, tu alma me pertenezca. Para ello es necesario acortar tu esperanza de vida. ¿Estarías dispuesto a renunciar a tus poderes de Yokai para convertirte en un ser humano para siempre?

Sesshomaru lo miró con desconfianza.

—¿Cómo sé que no me traicionarás?

Yato sonrió.

—No tienes otra alternativa si quieres volver a verla.

El Daiyokai se hizo un corte en el brazo con su espada.

—Entonces pactemos.

Sesshomaru ya no tenía nada que perder. Estar sin Kagome durante cinco largos años le hizo ratificar lo mucho que la amaba.

La había odiado por haberse tomado la libertad de decidir por él su destino, pero ya no podía más. Odiar dolía incluso más que amar.

¿Qué sentido tenía una larga vida de Yokai si ella, siendo humana, perecería algún día?

Renunciar a sus poderes era un gran sacrificio que merecía la pena si envejecían juntos hasta el fin de sus vidas.

Le ofreció su sangre y Yato la aceptó lleno de júbilo.

Pronunció unas palabras mágicas que elevaron a Sesshomaru del suelo, rodeándose de un círculo lleno de energía.

Sus orejas perdieron la forma, las marcas de Yokai desaparecieron de su cuerpo, dando paso a la apariencia de un ser humano que cayó al suelo, después de finalizar el ritual.

Yato empezó a reír.

—Te has vuelto débil, Sesshomaru. Ahora ya no vales nada siendo humano.

Sesshomaru se levantó del suelo, con el cuerpo empapado de la lluvia y repleto de sangre.

—No me importa lo que pienses. ¡Cumple con tu parte del trato y desaparece!

—Naturalmente que lo cumpliré. Pero antes me interesa dejarte al borde de la muerte. Tu alma es demasiado valiosa como para esperar tanto tiempo.

—¡Ese no era el trato! —gritó el Daiyokai.

Sesshomaru se dirigió a Yato para atacarle, pero éste le esquivó sin dificultad. Lo lanzó por los aires con un torbellino mágico, haciéndole caer contra unas zarzas puntiagudas.

—Yo siempre cumplo mis promesas, Sesshomaru, por eso te dejaré moribundo y será entonces cuando reabra el Portal del Tiempo que tanto querías. Me has decepcionado… Mira que perder la cabeza por una chica. El amor te ha hecho ser débil.

El Daiyokai se levantó, poniéndose en posición de guardia, recordando las palabras que le brindó Kagome en su día y que ahora cobraban más sentido que nunca.

"El amor nos hace más fuertes"

—¡Te equivocas. Y te lo demostraré! —exclamó Sesshomaru, con furia.

Logró asestarle un puñetazo en el rostro que le hizo saltar la máscara, partiéndola en dos.

—Me decepcionas —prosiguió el Daiyokai—. Pensaba que no te dejarías tocar por un ser humano. Cumple mi deseo si quieres mi alma.

El rostro de Yato no era humano, sino más parecido al de un primate repleto de pelaje en la frente y los pómulos.

—¡Te arrepentirás de haberme tocado! —exclamó, provocando otro torbellino de fuerza que tumbó a Sesshomaru en el suelo.

Se acercó a él, con mirada triunfante.

—Ya no te aguantas de pie, Sesshomaru. Ríndete de una vez por todas.

—No me rendiré hasta que no la vea… —murmuró débilmente, con la boca llena de sangre.

—Eres muy testarudo. Ten tu merecido.

Yato emitió una potente onda que no llegó a alcanzarlo debido a una extraña barrera que se lo impidió. Algo estaba protegiendo a Sesshomaru de una muerte segura.

—¿Quién eres? —preguntó Yato, al distinguir la figura de una mujer con ropajes extraños, cabello largo y mirada repleta de ira, apareciendo de la nada entre el Daiyokai y él.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Yato al sentir su aura. Aquella mujer era una sacerdotisa tremendamente poderosa, con un talismán colgado en su cuello.

—Me llamo Kagome, y he venido a por él.

—No puedes llevártelo. Ahora es mío. Ha firmado un pacto conmigo. Su alma es mía.

Kagome emitió una potente onda que lanzó a Yato más allá de los árboles.

Acudió a socorrer a Sesshomaru, que estaba tirado en el suelo.

—¡Sesshomaru! —exclamó, intentando incorporarle mientras la intensa lluvia caía sobre sus cuerpos.

—Kagome… —murmuró, sin fuerzas—. ¿Estoy soñando?

Le tocó el rostro dulcemente con sus dedos cansados de la lucha.

—He venido a por ti. Explícame lo que has pactado con ese demonio.

—Siento… haberte dicho….que te odiaba. No es cierto…

—Lo sé —susurró Kagome, conteniéndose las lágrimas.

—Quería… volver a verte…

—He cumplido mi promesa, Sesshomaru. Estoy aquí, y no pienso volver a separarme de ti.

—Bésame… —murmuró Sesshomaru, acariciándole el rostro.

Sus labios se encontraron ansiosos después de cinco largos años sin verse, sin poder tocarse ni brindarse las caricias que tanto habían ansiado durante tanto tiempo. La brecha que les separaba volvía a unirse, más fuerte si cabe.

—Nunca pude estar con otra… Te esperé, Kagome… y te hubiese esperado hasta el fin de mis días.

—Yo también —respondió ella, abrazándole fuertemente, con la lluvia cayendo sobre sus rostros mojados y ávidos de deseo por volver a besarse.

—Qué escena más conmovedora —interrumpió Yato, que había logrado levantarse del suelo—. Pero su alma me pertenece.

Kagome se levantó para enfrentarse a él.

—¿Qué te pidió? —preguntó la sacerdotisa, con seriedad.

—Solicitó abrir el Portal del Tiempo —respondió Yato.

—El Portal del Tiempo ya está abierto. Lo abrí yo antes de que tú lo hicieses. ¡No has cumplido con tu parte del trato!

—Ni hablar… Sesshomaru renunció a sus poderes. Quiso convertirse en ser humano porque así lo deseaba.

—Es un precio demasiado alto a pagar sin ni siquiera cumplir tu parte. ¡Devuélvele sus poderes y rompe el pacto ahora mismo!

Yato comprendió que aquella mujer era demasiado peligrosa. Debía huir del lugar antes de ser aniquilado.

Al intentar escapar, una enorme esfera apareció en el cielo, tragándoselo por completo hacia el más allá.

Kagome se giró, sorprendida al ver que se trataba de Sesshomaru, utilizando la técnica Meido Zangetsuha con Colmillo Sagrado para enviarlo al mundo de los muertos.

—¿Qué has hecho? Estás demasiado débil… —dijo Kagome, acudiendo en su busca.

—Ese era mi plan… —dijo el Daiyokai—. Una vez cumpliese mi deseo, iba a matarlo para romper el pacto. Sabía que me traicionaría, pero no tan pronto.

—Ha sido muy arriesgado.

—Merecía la pena el riesgo.

Kagome y Sesshomaru se abrazaron, y un destello mágico rodeó al Daiyokai.

—Estás recuperando tus poderes —dijo Kagome, con entusiasmo.

Recuperó la forma de sus orejas y las marcas de Yokai regresaron a su cuerpo.

La lluvia seguía cayendo intensamente sobre sus cuerpos. Sesshomaru la agarró por la cintura y la besó de nuevo, hasta que sus lenguas se encontraron llenas de anhelo después de tanto tiempo.

—No te marches nunca, Kagome. No podría volver a soportarlo.

—Te lo prometo.

—¿Cómo me has encontrado?

—Me ayudó el talismán. Te contaré su historia en otra ocasión.


ERA FEUDAL

ALDEA DE KAEDE

—¡Rin! —gritó Toga, con entusiasmo—. Papá está cerca. Puedo olerle.

La joven acompañó al pequeño Hanyo afuera.

—Kagome… —dijo Rin—. ¡Es tu madre!

—¿Mi… madre?

—Prometió que volvería, y lo ha cumplido —dijo Rin, con lágrimas en los ojos—. Ves a buscarles, Toga.

El pequeño los observó a lo lejos, tímidamente. Kagome extendió los brazos al verle.

—Toga… mi pequeño…

Lo abrazó fuertemente, y él la correspondió, sin entender muy bien lo que ocurría.

—Es tu madre, Toga —dijo Sesshomaru.

—Hueles muy bien… mamá.

El Daiyokai los observó abrazándose y respiró con tranquilidad.

Kagome había cumplido su promesa y estaban juntos de nuevo. Miró al Daiyokai con los ojos repletos de amor y devoción hacia él. Aquel hombre frío y sanguinario que temió en su día era ahora su compañero de vida. No podía ser más feliz.

Sesshomaru le devolvió la mirada con sus ojos dorados, que brillaban como el sol por primera vez en cinco años.

"Kagome…"

La molesta adolescente que intentó matar en el pasado era ahora su humana, su heroína, la madre de su hijo, su princesa, su "todo"…

Todas aquellas palabras se quedaban cortas para describir a la mujer que amaba con locura, y con la que compartiría sus aventuras hasta el fin de sus días.


ERA ACTUAL

CASA DE NEYMA / NATSUKI

Natsuki abrió los ojos, alterada. Se había quedado dormida en la butaca con un libro de historia de Japón. Al levantarse para apagar las luces, escuchó el timbre de la puerta.

—Nadoka…

—Hola Natsuki. ¡Cuánto tiempo!

—¿Sucede algo?

—Pasaba por aquí, y he pensado en ir a visitar a mi mejor amiga.

—Claro… entra.

Natsuki le ofreció un té mientras Nadoka observaba las fotos del salón.

—Cada vez que entro en tu casa, me quedo admirada con el cuadro de tu bisabuelo en el día de su boda. Esconde tanta hermosura y desprende tanto amor que es imposible no quedarse un buen rato disfrutando de él.

Natsuki contempló el majestuoso cuadro que pintó hace unos años. Eran Sesshomaru y Kagome perfectamente retratados, vestidos con kimonos nupciales. Él de negro y ella de blanco, mirándose el uno al otro, sonrientes al compartir aquel momento tan especial para ellos. En los brazos de Kagome dormía una preciosa bebé de cabellos negros y su abuelo Toga, que aparentaba siete años, posaba a su lado.

—Me dijiste que encontraste los diarios de tu bisabuelo —dijo Nadoka.

—Sí. Estaban guardados en un viejo baúl. Mi bisabuela estuvo ausente durante cinco años, y él no paró de escribirle hasta que se reencontraron.

—Eso es muy romántico.

—Desde luego. Era un hombre de pocas palabras, pero tenía un buen corazón.

Charlaron un buen rato hasta que se hizo tarde.

—Gracias por venir, Nadoka. Nos vemos otro día.

—Claro. Debo ir a ver a mi sobrina, que está muy sola desde que su hermana desapareció.

—Me dijiste que le dejó una nota —dijo Natsuki.

—De eso ya hace más de cinco años. Solo espero que esté bien.

—Algo me dice que recibirás noticias suyas más pronto de lo que te imaginas.

—Si tú lo dices, me lo creeré —dijo Nadoka, sonriente—. Siempre aciertas con estas cosas.

Ambas mujeres se despidieron, prometiendo verse en una semana.

Natsuki suspiró, dirigiendo su mirada a los cinco diarios que conservaba en perfecto estado. Uno por cada año en el que sus bisabuelos permanecieron separados.

—Sabía que lo lograrías —murmuró, apagando las luces del dormitorio para volver a conciliar el sueño.

FIN


Notas de la autora (Red Moroha).

Y La Búsqueda llegó a su fin.

Agradezco a todos/as mis lectores/as por el cariño que le habéis dado a mi historia. Es la primera vez que escribo un fanfic, y decidí hacerlo de Inuyasha para poder explorar los sentimientos de unos personajes tan fantásticos como son Sesshomaru y Kagome.

Me gustaría mucho que opinarais sobre la historia. ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha tenido enganchados/as hasta el final? ¿La volveríais a leer de nuevo?

Aprovecho para contestar algunas cuestiones que me habéis hecho por aquí y por las redes:

¿Harás un epílogo?

Sí. Me gustaría hacer la vida de los personajes un año después de lo ocurrido. Para ello, agradecería que me digáis qué es lo que os gustaría ver en él. ¿La vida de algún personaje en concreto? Dadme vuestras opiniones, porfa!

¿Escribirás alguna otra historia?

¡Desde luego! La experiencia me ha gustado mucho, y ahora he empezado a escribir otra historia, pero está muy verde todavía.

Muchos/as de vosotros/as sabéis que tengo dos hijas. Ahora estamos todos en casa en época de ver Ladybug hasta la saciedad. A mí me gusta mucho, aunque es para un público más infantil que lo que suelo ver. Así que he pensado en darle una vuelta y hacer un fanfic donde los personajes son más adultos dentro de una historia más oscura y madura que la serie original.

Os adjunto la sinopsis, por si le queréis dar una oportunidad:

Amenaza (Historias de Ladybug Vs Chat Noir)

Llevar una doble vida como superheroína no es tarea fácil para Marinette. Acostumbrada a ser despedida por ausencias injustificadas, empieza a trabajar como diseñadora en "Gabriel", una importante empresa de moda.

Marinette deberá luchar por conservar el trabajo de sus sueños bajo el mando de su guapo y enigmático jefe, Adrien, al mismo tiempo que Chat Noir llega a París con la intención de sembrar el mal para arrebatarle su prodigio.

Leéis bien. En mi historia, Chat Noir es el villano. Eso da mucho juego, ¿no creéis?

Agradecimientos

Agradezco a cada persona que ha hecho una review a este fanfic. En especial a Faby Sama porque me ha seguido desde el principio, comentando casi cada capítulo, incluso cuando hice sufrir tanto a Sesshomaru y a Kagome.

Estoy encantada por la aceptación que ha tenido la historia.

Un abrazo desde Barcelona.

Nos leemos :)