N/A: Holaaaaa! En primer lugar desearos un muy FELIZ AÑO NUEVO! Estoy segura de que el 21 va a ser mucho mejor que el 20 (tampoco es muy difícil).
Os preguntaréis que hago publicando una nueva historia cuando Lo que esconde tu interior está a medias. Yo también me lo pregunto. Es curioso, porque las historias con Draco veela nunca me han llamado especialmente la atención, pero todo esto surgió a partir de un FanArt con el que me obsesioné. La idea apareció en mi cabeza, me puse a escribir y salió sola. De momento llevo bastante escrito y sigo en ello (sorprendentemente estas vacaciones están resultando bastante productivas), por lo que espero actualizar con relativa frecuencia.
Os dejo el primer capítulo a ver qué os parece, mañana o el lunes publicaré el siguiente, porque me hace muchísima ilusión compartirlo. Como siempre, sentiros libres de comentar qué os parece, qué pensáis y qué opináis de los personajes.
¡Mil gracias por leerme!
Un asunto provisional
Capítulo 1
«Jamás se me debió ocurrir confiar en él para esto»
¿Cómo podía ser tan idiota?
Hermione lamentaba el hecho de haber delegado su última misión en Malfoy. Tras haber completado su octavo año en Hogwarts al terminar la guerra, los dos habían entrado a trabajar en el Ministerio de Magia: Hermione en el departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas y Malfoy en el de Cooperación Mágica Internacional. Dado que los asuntos de ambos departamentos muchas veces estaban estrechamente relacionados, no era inusual que les asignaran casos en los que trabajar conjuntamente. En su caso más reciente, que tenía como objetivo firmar un tratado de delimitación fronteriza con una colonia de veelas, Malfoy se había ofrecido voluntario para realizar el trabajo de campo: él iría a negociar con las veelas in situ y así Hermione, que en esa época se hallaba bastante ocupada, podría encargarse de todo el papeleo y asuntos de oficina. Lo que sin duda alguna había resultado ser un tremendo error.
Las conclusiones preliminares de su proyecto debían ser presentadas esa misma semana a sus superiores, sin embargo, Malfoy llevaba tres semanas sin hacer acto de presencia por la oficina y Hermione acababa de recibir una carta de Blaise Zabini en la que explicaba que su amigo se encontraba en su casa, enfermo, por lo que le iba a resultar completamente imposible acudir al trabajo.
«Enfermo, ¡mis narices!, ¡ni que se estuviera muriendo!» farfulló Hermione para sus adentros. En cualquier caso, ¿quién dejaba a cargo de su mejor amigo el avisar de que no iba a acudir a su puesto de trabajo? Probablemente llevaban semanas de juerga y Malfoy estaba tan borracho que era incapaz de escribir unas cuantas líneas. Estaba claro que Hermione se había equivocado de principio a fin: en esos seis meses que llevaban trabajando juntos para el Ministerio había llegado a pensar que Malfoy había cambiado, que había decidido desligarse definitivamente de su familia y su apellido y ganarse la vida por sí mismo, en lugar de depender de la fortuna de los Malfoy. A Lucius Malfoy, el cambio de mentalidad de Draco no le había sentado muy bien: condenado a arresto domiciliario de por vida, la deserción de su heredero, destinado a administrar y acrecentar el inmenso patrimonio de la familia, le había caído como una patada en el estómago. Ya que su hijo había decidido dar la espalda a sus deberes con su apellido y su linaje, Lucius le retiró su asignación económica mensual, por lo que Draco tenía que sobrevivir con su exiguo sueldo de becario en el Ministerio
Estaba claro que sus buenos propósitos habían durado poco más de medio año. Cuando Malfoy había comprobado lo duro que era madrugar, levantarse de la cama a diario para pasar más de diez horas trabajando a cambio de unos cuantos galeones que apenas servían para costearse un alquiler en un apartamento diminuto, había vuelto a las andadas, se había dejado seducir por la riqueza y las sofisticadas costumbres sangre pura y había dejado tirados a su trabajo y sus compañeros. Hermione lo comprendía; de veras que sí, cuando uno se ha criado con unos principios y unas ideas preconcebidas, era muy complicado dejarlo todo atrás y empezar de nuevo; muy pocos lo conseguían sin echar la vista atrás ni una sola vez. Pero el muy idiota al menos podía haberla avisado con tiempo.
Pero aquello no iba a quedar así. Por supuesto que no. Como que se llamaba Hermione Granger.
Puede que Malfoy hubiera dejado sus obligaciones a medias, pero le debía cierta información. Cuando tres semanas atrás –la última vez que recibió noticias de su propia mano–, llegó al campamento de las veelas, Malfoy remitió una carta exponiendo un informe preliminar de la situación: pese a que había dejado incompleta la misión, era muy probable que hubiera recopilado datos y apuntes muy valiosos y Hermione no estaba dispuesta a renunciar a ellos. Aunque tuviera que acudir a la misma Mansión Zabini a recuperarlos.
Así que ahí estaba, helada de frío, expuesta al gélido aire de febrero, con las manos metidas en los bolsillos del abrigo, frente a la imponente puerta de la casa. Cuando llamó, tardaron unos minutos en contestar. Abrió la puerta un mayordomo con aspecto muy distinguido: de porte altivo y expresión arrogante, a Hermione le extrañó que fuera humano y no elfo.
–Disculpe señorita, pero mi señor está demasiado ocupado como para recibirla ahora mismo, vuelva usted en otro momento.
Aquel hombre tan estirado ni siquiera le había dado opción a dar su nombre antes de despedirla con cajas destempladas, pero ella era Hermione Granger, no iba a rendirse a la primera, así que interpuso un pie entre el marco y la puerta, impidiendo al mayordomo cerrarla.
–No vengo a ver a Zabini, sino a Malfoy. Y no se atreva a negar que él está aquí.
El mayordomo la miró airado, con una mueca de malhumor, pero antes de que pudiera protestar, se oyó un ruido que les puso los vellos de punta. Un rugido que hizo temblar los cristales de la casa y se quedó mucho tiempo vibrando en el aire, como el de un animal furioso.
Alarmada, Hermione le dio un pequeño empujón al mayordomo y se abrió paso hasta el vestíbulo de la casa. No había hecho más que poner un pie dentro, cuando un campo de fuerza la escupió, haciéndolo caer de culo en el suelo del pórtico: las barreras mágicas estaban prevenidas contra visitantes indeseados. El mayordomo exhibió una expresión de triunfo, estaba a punto de cerrar definitivamente la puerta cuando una voz se escuchó a sus espaldas.
–Déjala pasar, Higgins, –Blaise Zabini surgió entre las sombras. Su rostro, habitualmente alegre y fanfarrón, lucía un aspecto cansado y preocupado–: si en algo conozco a Granger, sé que no dejará las cosas tal y como están. Le encanta meter las narices en asuntos ajenos.
Hermione se levanto del suelo y lo fulminó con la mirada al tiempo que se sacudía el polvo de los pantalones.
–Déjate de tonterías, Zabini ¿dónde está Malfoy?
–Ya te lo dije Granger, está enfermo –explicó el chico; era alto y moreno, su silueta elegante destacaba entre las tinieblas del vestíbulo–. Probablemente le encantaría recibirte, pero en estos momentos se halla indispuesto.
Algo no cuadraba y Hermione lo detectó el instante: había supuesto que Zabini y Malfoy se habían corrido la gran juerga y ambos estarían en cerrados en la mansión sobrellevando la resaca, pero el mago frente a ella se hallaba perfectamente sobrio y en sus cabales. Si eso era así, ¿qué le ocurría a Malfoy?, ¿y por qué no se dignaba siquiera a recibirla, aunque únicamente fuera para burlase de ella y su intensa dedicación al trabajo? Como para corroborar sus sospechas, otro rugido salió de la casa; fue sólo un instante, pero Hermione pudo percibir un brillo de incomodidad e incertidumbre en las miradas que cruzaron Zabini y su mayordomo.
–Por última vez, Zabini, déjame pasar o en diez minutos tienes aquí a todo la Oficina de Aurores haciendo un registro. Tu familia siempre ha estado en su punto de mira, así que no será difícil convencerles de que en esta casa se llevan a cabo actividades sospechosas.
–Perra –murmuró el aludido entre dientes
Hermione escuchó perfectamente el insulto de boca de Zabini, sin embargo, éste hizo un leve movimiento de varita, alzando las barreras de la casa y se hizo a un lado, dejándola pasar. Sin darle tiempo a replicar, echó a andar hacia un corredor lateral, lo que ella entendió como una invitación a seguirle. Por su parte, Higgins desapareció sin hacer ruido.
Zabini la condujo a través de un pasillo oscuro y de repente, Hermione sintió una punzada de aprensión. Siempre había tenido a ese chico por un mago inofensivo: tras la guerra, se le había investigado concienzudamente y no se había hallado ninguna prueba concluyente contra él, nada más que unos cuentos artefactos oscuros en el desván de su casa, antiguallas propias de toda familia sangre pura. ¿Y si se habían equivocado? ¿Y si habían pasado algún detalle por alto y Zabini se las había arreglado para engañarlos a todos mientras practicaba artes oscuras en su propia casa? Quizás la propia Hermione se había metido en la boca del lobo.
–¿Preparada, Granger?
Hermione tragó saliva. Perdida en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que habían subido por un estrecho tramo de escaleras destartaladas y se hallaban frente a una pesada puerta de madera oscura, rematada por remaches. Dentro, algo –o alguien– emitía quedos gruñidos, similares a los de un tigre enfadado. Hermione creyó escuchar el eco de uñas arañando la piedra.
Sin darle tiempo a echarse atrás, Zabini abrió la puerta y lo que encontró dentro de la habitación le dejó muda.
Acurrucada en un rincón, aovillada sobre sí misma, se hallaba la criatura más impresionante que Hermione hubiera visto en toda su vida. Pese a estar replegadas sobre su espalda, unas inmensas alas membranosas ocupaban casi tanto como su propio cuerpo, los pies alargados, mitad humanos, mitad felinos, estaban rematados por temibles garras. La criatura tenía la cabeza gacha, pero en cuanto percibió movimiento en la puerta, giró la cabeza hacia ellos y Hermione no pudo contener la exclamación de sorpresa. Aunque tenía los rasgos algo contorsionados y las pupilas verticales dilatadas, el ser que la miraba asustado desde el rincón de la habitación era Draco Malfoy.
Fue visto y no visto: tan pronto como sus miradas se cruzaron y Malfoy detectó su presencia, se abalanzó sobre ella, con las garras por delante. Sólo los rápidos reflejos de Zabini, que conjuró un rápido Protego y cerró la puerta de golpe, permitieron que Hermione se hallara al otro lado, en el pasillo, a salvo de la ira de Malfoy. Jadeando por la impresión, se apoyó en la pared y se dejó caer al suelo, tratando de asimilar lo que acababa de presenciar.
–¿Qué ha sido eso? –Hermione sentía la respiración pesada; el corazón le galopaba en el pecho.
–"Eso" ha sido Malfoy. ¿No tenías tantas ganas de saber la verdad, Granger?
Zabini se giró, dándole la espalda y se dirigió a las escaleras, sin mirar atrás ni una sola vez. Hermione le siguió; no tenía ningún deseo de quedarse sola junto aquella puerta.
–¿De qué hablas? ¿Por qué está así? ¿Qué es lo que habéis hecho?
–¿Que qué hemos hecho? Ahh por supuesto, los malvados slytherin, siempre cometiendo fechorías. –Zabini caminaba a paso vivo, a Hermione le costaba seguir el ritmo de sus largas zancadas, lo que para su inmensa humillación, provocaba que casi tuviera que trotar tras él–. Dime Granger, ¿dónde está ahora el famoso corazón compasivo y generoso de los griffyndor? ¿No se supone que veis el bien en el corazón de los demás? No, creo que ésos eran los hufflepuff.
Al fin, Zabini se detuvo hasta unas inmensas puertas dobles acristaladas que, al abrirse, dieron paso a un opulento gabinete.
–¡¿Qué hace ella aquí?!
Theodore Nott se levantó bruscamente de un sofá tapizado en piel, el vaso de whisky que hasta entonces descansaba en su mano, aterrizó en la mesa con un fuerte golpe; por suerte, no llegó a romperse.
«¿Dónde me he metido?» pensó Hermione. Lo que podría haber sido una apacible tarde de invierno, leyendo junto al fuego, había acabado en aquella lúgubre mansión, rodeada de serpientes. Y luego estaba el asunto de Malfoy.
–Tranquilo, colega. Ella se presentó de improviso haciendo preguntas y no hubo marera de echarla –explicó Zabini a su amigo–. Ya sabes lo molesta que puede llegar a ser.
–¿Qué ha averiguado exactamente? –Nott mostraba una expresión enfadada, de sus ojos parecían salir chispas.
–Hola, por si no os habéis dado cuenta, sigo aquí. –Hermione se hallaba verdaderamente furiosa ante el hecho de que los slytherin se comportaran como si ella no estuviera presente en la misma habitación–. Y no me pienso marchar hasta que me ofrezcáis una explicación convincente. Si es necesario, acudiré al Ministerio.
–Joder –Nott recuperó su whisky y dio un largo trago al líquido ambarino.
–¿Sabes Granger? Cuando empleas la misma amenaza varias veces seguidas en poco tiempo pierdes bastante credibilidad.
Zabini parecía repentinamente interesado en eliminar motas de polvo invisibles de su impecable chaqueta. La típica pose de indiferencia slytherin, Hermione la conocía de sobra. Pura fachada
–¿Que. Está. Pasando. Aquí?
Nott lanzó un suspiro exasperado y se pasó la mano por el pelo antes de dirigirse a su amigo.
–Cuéntaselo tío, sabes que, de cualquier manera, no va a parar hasta enterarse de todo.
Zabini se tomó su tiempo, se dirigió hasta un aparador de cristal, se sirvió un vaso de vodka y bebió antes de aclarase la garganta.
–Verás, Granger –carraspeó, estaba situado frente a Hermione, de forma que podía mirarla de frente. La chica podía jurar que sus ojos oscuros no mentían–. Draco… él es… una veela.
–¿Qué? –de todas las explicaciones que Hermione hubiera podido llegar a imaginar, aquella era sin duda, la más absurda e inverosímil.
–Que Draco es una, bueno, mejor dicho un veela –aclaró Nott.
–Mira, Nott he venido aquí buscando respuestas, pero no piensa aguantar ni una sola de vuestras tonterías, así que hacedme el favor de ahorráoslas y no me hagáis perder el tiempo.
–Es la verdad, Granger –se defendió Zabini, alzando las manos en un gesto de impotencia– sé que es difícil de creer y no tienes por qué hacerlo, pero dinos qué otra explicación encuentras a lo que acabas de presenciar allí arriba.
Hermione cerró los ojos y respiró hondo, tratando de poner en orden sus pensamientos.
–De acuerdo, ahora mismo vosotros dos me vais a contar todo lo que ha pasado en las últimas tres semanas –tomó asiento en una butaca de terciopelo verde, tenía el presentimiento de que iba a ser una larga charla– y tú, Zabini, me vas a servir una copa.
Fue la primera vez en toda la tarde que el chico tuvo algún gesto amistoso hacia ella: esbozó una amplia sonrisa que destacó en su rostro moreno como la del gato de Cheshire y acudió rápidamente al aparador. Mientras tanto, Nott unió ambos índices, frunció el ceño, como tratando de buscar las palabras precisas y por fin, se decidió hablar.
–Todo empezó con esa misión que vuestro Ministerio le ordenó, la de la colonia de veelas…
–¡No se lo ordenó el Ministerio! –se apresuró a replicar Hermione– ¡Malfoy se ofreció voluntario a ir!
–Como sea, Granger –Nott hizo un gesto displicente, molesto por la interrupción–, el caso es que Draco fue allí y a los pocos días algo en su cuerpo comenzó a cambiar. No se sentía bien, por lo que una semana después, volvió a Inglaterra y tuvo su primera transformación No siempre está como le has visto, sólo cuando esto… pierde el control.
–Y cada vez lo pierde con mayor frecuencia –puntualizó Zabini.
–Sí. En fin, el caso es que nos pusimos a investigar y entonces lo descubrimos: el árbol genealógico de Draco. Resulta que la tatarabuela de su tatarabuela por parte Malfoy fue veela.
–Y por una gran casualidad, una de sus antepasadas por parte los Black también fue veela –Zabini no perdió su oportunidad para meter baza.
–Pero los genes veela son recesivos y se transmiten principalmente por la línea femenina –atajó Hermione–: he hecho muchas investigaciones al respecto y en prácticamente casi todos los casos se pierden definitivamente con la quinta generación. Las posibilidades de que se manifiesten en los dos alelos al cabo de tanto tiempo son…
–¿De una entre un millón? ¿Entre dos millones? –en la voz de Nott había cierto matiz de sarcasmo–, pues resulta que Draco es la excepción de tu estudio.
–He leído muy poco sobre ello, las referencias son escasas y casi todas tratan a los veela masculinos como seres legendarios o míticos, no se registra la existencia de uno desde hace por lo menos…
–¿536 años? –Zabini exhibía una irritante sonrisita de suficiencia– Parece que hemos consultado las mismas fuentes, Granger.
Hermione frunció el ceño, tratando de procesar todo la información. Por fin, formuló la pregunta que rondaba su cabeza:
–¿Pero por qué ahora? Malfoy tiene diecinueve años, ¿por qué no se ha transformado hasta ahora?
–Tenemos una teoría al respecto –Nott parecía muy satisfecho de poder exhibir mayores conocimientos que Hermione en alguna materia–: Los genes veela masculinos tienen un principal propósito: la reproducción, transmitir el legado. Es lógico pensar que han permanecido latentes todo este tiempo y que no se han activado hasta no estar en contacto con su propia especie.
–Estuvo en contacto con Fleur Delacoeur en cuarto año y no pasó nada –rebatió ella.
Zabini resopló desde su rincón al tiempo que apuraba los últimos tragos de vodka
–Fleur Delacoeur posee únicamente un cuarto de sangre veela y Malfoy por aquel entonces tenía catorce años, difícilmente podría ser considerado como un adulto en edad de reproducción –prosiguió Nott–: al menos, no lo suficientemente para activar el gen.
Hermione bufó ante la aplastante lógica de la respuesta.
–De acuerdo, si eres tan listo, ¿qué propones hacer ahora, Nott?
–Theo, querida, cuando dices Nott parece que estás hablando con mi padre. Y me entran escalofríos –la expresión del chico se ensombreció ante la mención del señor Nott–. Creo que estamos hablando temas lo suficientemente profundos como para que comiences a llamarme por mi nombre de pila. Ahora llega la parte truculenta, Granger: si nuestras suposiciones son correctas, Malfoy necesita aparearse.
–¿QUÉ? –Hermione cada vez se hallaba más incómodo con la deriva que iba tomando la conversación–: Por favor, decidme que estáis de broma.
–Le hemos dado muchas vueltas al asunto y es la única solución plausible: si la parte veela de Draco ha despertado para cumplir su propósito reproductivo, lo más lógico es pensar que no va a poder dominarla hasta que no logre aparearse. Es biología pura.
–O para explicarlo de forma simple, Granger –intervino Zabini– Malfoy está en celo.
Durante toda la explicación, Hermione había ido alternando su atención de uno hacia otro slytherin, cuando ambos por fin se quedaron en silencio, fijó la vista en un punto de la moqueta del suelo.
–Habéis…habéis dicho que no siempre está así –balbuceó, incapaz de asimilar aún toda la información que acababa de recibir–, que no siempre está fuera de control.
–El problema es que cada vez lo pierde con mayor frecuencia.
–¿Y qué vais a hacer? –por fin se atrevió a pronunciar sus sospechas en voz alta–: y por favor, no me digáis que pretendéis buscar a alguien para que se aparee.
La amplia sonrisa de Zabini, le indicó a Hermione que no se hallaba muy desencaminada.
–Granger, Granger –canturreó el moreno–, tan aguda y brillante como siempre.
–No presumas tanto, Blaise –la expresión de Theo no parecía ni remotamente tan feliz– El problema es que no es una tarea precisamente fácil.
Hermione quería echarse a llorar, «¿en qué momento mi vida ha pasado a ser tan patética como para estar debatiendo sobre con quién debía "aparearse" Malfoy?». Tragó saliva antes de hablar:
–Bueno, y si me preguntáis, siempre, incluso bajo tortura negaré haber pronunciado estas palabras –acotó la chica–: pero no creo que Malfoy haya tenido nunca problemas que digamos para encontrar mujeres dispuestas a aparearse.
–Claro y si de repente en mitad del acto le surgen alas enormes a la espalda ¿qué va a decir? ¿qué está celebrando Halloween con retraso?
–Cállate, Blaise –Theo le dirigió una mirada severa, Hermione se percató de que había algo que aún le ocultaban–. El problema es más serio de lo que crees, Granger. 536 años sin que haya habido constancia de la existencia de un veela masculino, ¿cómo crees que reaccionará la gente si la situación de Malfoy salé a la luz? ¿Qué crees que dirá el Ministerio si se entera que precisamente es Draco Malfoy, exmortífago, hijo de mortífago y miembro del círculo interno de Voldemort de quien estamos hablando?
Theo le dirigió una mirada angustiada que se clavó profundamente en Hermione. La chica se mordió el labio sin saber muy bien qué decir.
–¿Sabes lo que pasará, Granger? Lo acusaran de practicar las artes oscuras y lo encerrarán en Azkaban, de por vida. En el mejor de los casos, llamaran a expertos de San Mungo para examinarlo y lo mantendrán como una rata de laboratorio: una criatura desconocida y extraordinaria, un excepcional objeto de estudio, sometida todo tipo de experimentos.
A Hermione se le heló la sangre en las venas: como miembro del departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, había tenido la ocasión de participar en investigaciones contra laboratorios clandestinos que se dedicaban a la experimentación y explotación de todo tipo de criaturas; Hermione había quedado horrorizada ante la crueldad que el ser humano puede ejercer contra otro ser vivo. Se le ponían los pelos de punta al pensar en lo que podían hacerle a Malfoy si llegaban a descubrir su auténtica condición.
–¿Y qué proponéis? Seguro que conocéis a alguna chica de confianza –sugirió– creo recordar que en Slytherin había varias que bebían los vientos por él.
–Eso fue antes de la guerra. Ahora, apuesto lo que quieras a que cualquiera de ellas lo delataría a cambio de un buen puñado de galeones.
–¿Qué hay de Pansy Parkinson? –inquirió Hermione.
–Pansy acaba de casarse con un ricachón ruso y está de luna de miel en Corfú –repuso Theo con gesto aburrido–. Dudo mucho que quiera colaborar.
–¿Y las Greengrass? En el colegio parecían bastante cercanas a Draco.
Zabini emitió una carcajada seca, desprovista de cualquier rastro de humor.
–Después de lo que ocurrió con el compromiso, no moverían un solo dedo para ayudar a Draco.
Hermione no tenía ni idea de a qué se estaba refiriendo el moreno al hablar del compromiso, aunque por la expresión de sus rostros, dedujo que los slytherin estaban verdaderamente desesperados.
–¿Y se os ha ocurrido alguna otra idea?
–Pues, ejem –Theo carraspeó, intentando ganar tiempo antes de contestar– se nos había ocurrido esto... contratar una profesional.
–¿Qué?
–Una puta, Granger –Hermione hizo una mueca ante el lenguaje vulgar y descarnado de Zabini– la contratamos, se aparea con Draco y si ocurre algo imprevisto la obligamos a guardar silencio con un Juramento Inquebrantable.
–Decidme que no habláis en serio. ¡Podrían deteneros por ello! ¡Decenas de cosas podrían salir mal, la chica podría encontrar algún resquicio en base al cual denunciaros, podrían causarse daños irreversibles!
–¿Acaso Doña Perfecta tiene una idea mejor?
Hermione calló porque, en realidad, no se le ocurría nada inteligente que aportar. Inexplicablemente la idea de Malfoy pasando aquel trance con una prostituta, una completa desconocida, le resultaba desagradable, sórdida. No le guardaba un especial aprecio al rubio –aunque en el tiempo que llevaban trabajando juntos habían logrado limar en cierta manera sus asperezas–, pero creía que en aquellos momentos, Malfoy merecía estar con alguien que se preocupara por su bienestar, que cuidara de él.
–Mira, Granger –Theo la miró, muy serio– el caso es que Draco ha entrado en contacto con las veelas y ese hecho ha despertado su auténtica naturaleza, lo que lo empuja a aparearse, a encontrar una mujer con la que procrear, perpetuar sus genes y su linaje. Y cada minuto que pasa sin hacerlo, la situación empeora.
A regañadientes, Hermione debía admitir que Theo comenzaba a caerle bien: era claro, directo y práctico, no se andaba con los típicos rodeos o segundas interpretaciones que tanto les gustaban a los slytherin.
–¿Qué creéis que podría ocurrir si sigue empeorando?
–Los precedentes que hemos consultado no decían nada al respecto, pero sospecho que nada bueno para Draco.
Una fugaz idea cruzó entonces la mente de Hermione:
–¿Los padres de Malfoy saben algo de esto?
–Draco no se encuentra exactamente en buenos términos con Lucius y Narcissa, así que no, no creo que apreciara que compartiéramos algo tan íntimo con ellos.
–Lo estáis compartiendo conmigo.
Zabini se encogió de hombros:
–Tu insististe, muñeca. Metiendo las narices donde no te llamaban.
Hermione comprobó que, efectivamente, se hallaban en un callejón sin salida. Sabía que aquél era un asunto privado de Malfoy y que, de hallarse en sus cabales, al chico no le haría ninguna gracia que ella estuviera implicada, pero no podía evitarlos: en aquellos momentos, Draco Malfoy era una criatura vulnerable y la inclinación natural de Hermione era tratar de protegerlo y mantenerlo a salvo.
–Bien, consultaré en la biblioteca del Ministerio. Veré si en la sección de Seres Extraordinarios hay algo que pueda ayudarnos. Trataré de volver lo antes posible a ver cómo están las cosas, de momento, no hagáis nada que pueda empeorar la situación.
Hermione dirigió una mirada de advertencia a Zabini, que asintió, de manera inusualmente formal. Theo se acercó a ella e, inesperadamente, la tomó de la mano.
–Granger, no sabes lo mucho que significa para nosotros que estés dispuesta a ayudar –al tiempo que pronunciaba las palabras, una expresión de auténtico agradecimiento se dibujó en las facciones del chico.
Por su parte, Zabini, visiblemente incómodo, palmeó a Hermione en la espalda.
–Sí, muchas gracias Granger y esto… por favor, si llamas a Theo por su nombre, lo justo es que también dejes de referirte a mí como "Zabini", me recuerdas a McGonagall.
Hermione se hallaba abrumada antes las efusivas muestras de gratitud de los slytherin, habitualmente fríos e impasibles. Como pudo, se escabulló de ellos y se dirigió a la puerta.
–Sí, yo esto… ¡de nada, chicos! Veré lo que se puede hacer y me pasará por aquí tan pronto como tenga algo de información. Mientras tanto, no hagáis nada de lo que podáis arrepentiros.
Les dedicó un gesto de despedida con la mano antes de desaparecer por la puerta.
Cuando supuso que ella ya estaba lo suficientemente lejos como para poder escucharlos, Zabini murmuró:
–¿Cuánto tiempo crees que tardará en saber la verdad?
–Tratándose de Granger, menos de lo que esperamos –Theo volvió a reclinarse en su sillón, concentrado tratando de encender un cigarrillo con la punta de su varita–. Pero estoy seguro de una cosa: si hay alguien que puede ayudarnos: ésa es Hermione Granger.
N/A: Y hasta aquí por hoy.
¡Buen Finde!
