N/A: Vale, seguro que a estas alturas muchas no esperabais esta actualización. Yo tampoco,honestamente. Estos últimos meses he estado bastante desaparecida del mundo de FF, encontré un nuevo trabajo (que me encanta), pero hago muchas horas y otras las empleo en formación, así que tengo muy poco tiempo para escribir. Sin embargo, amo este fic y tarde o temprano lo terminaré (me faltan dos capítulos y un epílogo, y el 25 lo tengo a medias.

Así que nada, pedir disculpas por la desaparición, dar las gracias a las que seguís ahí y que ojalá sigáis bien.

¡Sin más, a leer!


Un asunto provisional


Capítulo 23

La fiesta estaba en su apogeo. Draco y Hermione se acurrucaban en un sofá acolchado en un rincón oscuro del cabaret. Era la noche de la inauguración del local de Zabini y el lugar se hallaba repleto de gente que bebía, bailaba y disfrutaba de la vida. Draco se acomodó mejor y echó un vistazo a sus alrededores; el lugar estaba decorado con colores oscuros, burdeos y verdes botella y en las tapicerías predominaban los tejidos lujosos como el terciopelo o los brocados. Lejos de resultar recargado, el estilo opulento ofrecía una sensación de acogedora calidez. De pronto, se escuchó el estallido de una bengala, chispas de colores saltaron por los aires y de detrás de un telón situado al fondo de la gran sala, apareció una fila de chicos y chicas semidesnudos, con el cuerpo cubierto únicamente con un intrincado conjunto de plumas, cintas, pedrería y lentejuelas. Como respuesta a un gesto coordinado de los bailarines, la música cambió a un tono aún más festivo y los vedettes y coristas comenzaron una complicada coreografía que exigía una flexibilidad inaudita. Draco bebió un sorbo de su cóctel, estupefacto ante tal despliegue y profusión de… todo. Entonces, como si hubiera sido capaz de leer sus pensamientos, Hermione musitó:

–¡Vaya! No hay duda de que Blaise sabe cómo celebrar una fiesta… –su frase se vio interrumpida cuando uno de los chicos emplumados levantó a otra de las bailarinas en sus brazos, haciendo que describiera un arco imposible en el aire; la chica frunció el ceño– ¿Cómo logran hacer eso cubiertos únicamente por un par de plumas y que no se les vea nada?

–Si quieres, lo intentamos esta noche en mi apartamento –Draco esbozó una sonrisita socarrona–, aunque por mí, ya sabes que puedes enseñármelo todo: no hay una sola parte de tu cuerpo que no me guste.

Ella respondió asestándole un golpe juguetón en el brazo, sin poder evitar ruborizarse de pies a cabeza, secretamente complacida. Hermione nunca había sentido ningún complejo especial sobre su físico, más allá de su pelo enmarañado, pero tampoco estaba especialmente orgullosa de su cuerpo, ni se consideraba una gran belleza; no obstante, Draco lograba hacerla sentir como si fuera la mujer más sexy y despampanante del universo. Miró en torno a ella para asegurarse de que nadie les prestaba atención y luego, se acercó hasta su rubio acompañante, tomándolo de la nuca y acercándolo a ella, hasta que sus labios colisionaron en un beso. Él se mostro claramente sorprendido ante el gesto tan repentino y apasionado, algo verdaderamente impropio de Hermione, pero no tardó más de un segundo en rendirse a ella y enredar su lengua con la de ella, al tiempo que colaba una mano bajo su falda.

–Tenemos salas privadas en la planta de arriba, aunque si queréis montároslo aquí mismo, por mi no hay problema: seréis otro de los activos del garito –al escuchar la voz visiblemente satisfecha de Zabini, ambos se separaron como si acabaran de sufrir una descarga eléctrica y el moreno levantó las manos en actitud defensiva– ¡Pero no os detengáis por mí! Al fin y al cabo, este lugar es un templo consagrado a los placeres.

Draco le dedicó una mirada furibunda y comentó, con tono gélido e impersonal:

–¿No tienes otros invitados a los que molestar, Blaise?

Cualquier réplica irónica por parte del aludido se vio postergada por la aparición de Theo, impecablemente vestido.

–¡Ah! ¡Ahí estáis! ¡Pensé que tendría que buscaros durante toda la noche! –con un movimiento fluido, el chico se sentó en el lounge al lado de Draco y Hermione, que esbozó una sonrisa amistosa. Theo le caía realmente bien.

–¡Pero bueno! ¿Qué es esto de tener los vasos vacíos? –inquirió Blaise, con una mueca exagerada– Algo así dice muy poco de mis virtudes como anfitrión: permitidme que os invite por cuenta de la casa.

El moreno chasqueó los dedos y uno de los apuestos camareros que circulaba por el local, se materializó ante ellos al instante. A Zabini le bastó un gesto para que, segundos después, una bandeja levitara hacia ellos cargada con unas copas gigantescas llenas de líquidos brillantes de diversos colores. Con una floritura de su mano, Blaise tomó una de las copas y se la tendió de Hermione:

–Y ahora, mi bella amiga, permíteme que te invite a la especialidad de la casa: la Petite Morte

Sin embargo, antes de que la chica tuviera tiempo de tomar la copa, Draco ya se la había arrebatado de la mano

–¡Ni hablar! –rugió el rubio con los ojos brillando de furia.

–¿Pero qué pasa? –Hermione estaba desconcertada por su exagerada reacción.

–Conozco a Zabini y no me fío un pelo de lo que haya podido añadir en ese brebaje –respondió Draco, volviéndose a su amigo en actitud amenazante.

–Vamos, vamos, tampoco es para ponerse así –Blaise retrocedió un poco, aunque su rostro no varió un ápice su expresión despreocupada– Al fin y al cabo, en un regalo para los dos…

–¿De qué demonios estáis hablando? –preguntó Hermione, cuya confusión comenzaba a tornarse en enfado.

–Ese cóctel es una de mis más reciente creaciones –explicó Blaise en un tonillo ligeramente pedante– estimula el sistema nervioso y provoca una reacción refleja: el orgasmo de un cuerpo se refleja en el de la pareja –se examinó las uñas, de manicura perfecta, al tiempo que con expresión satisfecha añadía– ¡No me miréis así los dos! ¡Estoy seguro de que os lo habríais pasado bomba gracias al tío Blaise!

–¡¿Pero tú estás loco o qué, Blaise?! ¡Cómo se te ocurre darnos una poción así sin consentimiento! –gritó Hermione, que hervía de rabia, como si parte de la furia de Draco se le había contagiado.

–Vamos, pensaba explicároslo… –Zabini tuvo la decencia de parecer ligeramente arrepentido, pero Draco no le dejó terminar

–Estoy cansado de tus tonterías, me largo –luego se giró hacia Hermione– ¡Vámonos, Granger!

–Tranquilo, colega, no era para ponerse así –Blaise le puso una mano en el hombro; por experiencia sabía lo violenta que podía llegar a ser la furia de su amigo.

–¿Qué no era para ponerme así? –bramó Draco–. Pretendías drogar a mi… –logró morderse la lengua y contener las palabras justo a tiempo y Hermione se preguntó que habría querido decir ¿Su novia? ¿su pareja? ¿su compañera? ¿su amante?

No obstante, el breve el lapsus no paso desapercibido para Theo, que hasta ese momento había sido un testigo mudo de la discusión; con su inquietante percepción, contuvo una sonrisa antes de intervenir para zanjar el conflicto:

–Venga chicos, ¿por qué no nos tomamos una copa de verdad para relajar el ambiente y calmarnos un poco? Después de todo, estamos de celebración ¿no es así? Nos ha costado mucho montar este tinglado como para fastidiar ahora la inauguración.

A regañadientes, Draco se dejó arrastrar por Zabini hacia la barra dejando solos a Theo y Hermione.

–Eso fue… raro –dijo la bruja, rompiendo el silencio sin poder encontrar palabras más apropiadas para lo que acababa de ocurrir.

–No se lo tengas en cuenta, Blaise no lo ha hecho con intención de provocarte daño o que te sintieras incómoda y en cuanto a Draco… bueno, ellos son así, llevan peleándose desde pequeños pero, en realidad, matarían el uno por el otro –Theo esbozó una sonrisa nostálgica–, mataríamos el uno por el otro.

–Así que Blaise, Draco y tú sois muy amigos ¿verdad? –Hermione se avergonzaba un poco por sus prejuicios: siempre había considerado a los Slytherin personas ambiciosas, movidas únicamente por sus propios intereses y conveniencia; el hecho de que pudieran mantener una amistad tan sincera como la de Harry, Ron y ella misma aún le resultaba algo insólito.

–Bueno –Theo se encogió de hombros al tiempo que se rascaba la nuca– podría decirse que estoy vivo gracias a ellos…

Sorprendida por la por la seriedad de su afirmación, Hermione se giró un poco más hacia él.

–¿A qué te refieres?

Theo permaneció unos segundos en silencio y cuando la chica ya pensaba que no diría nada más, comenzó a hablar.

–Como habrás podido comprobar, la sociedad sangre pura es muy conservadora, así que no te será difícil imaginar que mi orientación sexual no sea muy bien vista en mi entorno –mientras hablaba, Theo fijó la mirada en un punto distante del local–. Cuando mi padre lo descubrió… ¡Merlín, ni siquiera le hizo falta recurrir a una maldición imperdonable! creo que no dejó un solo hueso de mi cuerpo sin golpear –a Hermione le sorprendió el tono frío, casi indiferente con el que el mago relataba su trágica historia–. Casi toda la casa Slytherin me dio la espalda, me hacían el vacío cuando no estaban lanzándome maldiciones, algunos se contentaban con limitarse a ignorar mi presencia.

»Únicamente Draco y Blaise se quedaron; ellos siempre estuvieron allí: Draco fue el que me abrió las puertas de su casa y me dejó dormir en la habitación de invitados durante todo el tiempo que fue necesario mientras me recuperaba de la paliza que me dio padre. Ahora, gracias al Wizengamot está encerrado en Azkaban de por vida y nunca más tendré que mirarle a la cara –concluyó Theo con una expresión de perversa satisfacción.

Hermione se quedó sin palabras; conocía los fuertes prejuicios de la sociedad sangre pura, pero no imaginaba que llegaran a tal extremo. Su odio no solo alcanzaba a los nacidos de muggles, sino que podía provocar que un padre dejara a su hijo al borde de la muerte por el mero hecho de ser gay. Cualquier réplica que la bruja pudiera haber hecho se quedó en la punta de su lengua al ver aparecer a Blaise y Draco con dos vasos de whisky en cada mano. Hermione se alegró al comprobar que Draco parecía de mucho mejor humor: su ceño se había relajado y su mandíbula no estaba tan tensa. Al parecer, cualquier discrepancia que hubiera habido entre los chicos había sido zanjada por el momento.

La noche terminó resultando mucho más entretenida de lo que Hermione había previsto, los chicos recordaron cientos de anécdotas de su época de Hogwarts: los Slytherin habían sido incluso más traviesos que los Gryffindor, aunque bastante más escurridizos a la hora de ser descubiertos infringiendo las normas. Draco también parecía cómodo en aquel ambiente: divertido, relajado y mucho más informal de lo que Hermione estaba acostumbrada a verlo; aunque cuando él comenzó acariciar en círculos la porción de piel que la espalda de su vestido dejaba al descubierto, Hermione supo que para él la noche también estaba llegando a su fin. La bruja se moría de ganas por marcharse con él a su apartamento; bastó que cruzaran una mirada para que, como si hubiera empleado legeremancia, Draco se pusiera en pie y se despidiera de sus amigos, arguyendo que la semana había sido muy larga y que necesitaba unas cuantas horas de descanso.

Hermione no tardó en seguirlo, recogiendo su bolso y su chaqueta e ignorando la sonrisita de Theo y el murmullo de Blaise, que musitó algo similar a «descanso, mis cojones».


La madrugada estaba muy avanzada cuando la luna, colándose a través de los ventanales del ático, bañó de luz sus cuerpos desnudos, enredados en las sábanas. Sudorosa y jadeante, Hermione se desplomó sobre el pecho de Draco, depositando un ligero beso sobre su esternón. Aquellas pequeñas muestras de afecto, tan extrañas al comienzo de su acuerdo, se habían vuelto frecuentes y naturales entre ellos. La bruja se acurrucó contra su costado y emitió un suspiro saciado, mientras Draco se entretenía enredando los dedos en sus rizos.

–¡Wow! ¡Eso ha sido…!

–Un Top 3 –completó Draco por ella.

–¿A qué te refieres? –inquirió Hermione, incorporándose sobre un codo para poder verle la cara.

–Pues a eso, a que este polvo debería estar en el Top 3.

Ella lo miró con el ceño fruncido, sin duda disgustada ante la idea.

–¿No me dirás que llevas un ranking de tus encuentros sexuales?

–Por supuesto, Granger: todos los tíos lo llevamos.

–¿En serio? –inquirió ella, arrugando la nariz con desagrado.

–Sí –se encogió de hombros– ¡Oh, vamos! ¡No me mires así! ¿Me vas a negar que tú también lo pondrías en tu Top 3?

Hermione se giró y fingió que trataba de recuperar la camisa de él para cubrirse un poco. En realidad no quería que él viera su gesto de preocupación mientras un sabor a bilis le subía por la garganta. ¿Top 3? En el ranking de Hermione sólo estaba él –y tampoco es que quisiera que hubiera nadie más–, por su parte, Draco había estado con muchas mujeres: hermosas brujas de piernas largas, curvas voluptuosas y pestañas de gacela ¿cuántas de ellas ocuparían el ranking? ¿habría ocupado siquiera ella algún puesto antes de esa noche?

¡Mierda! ¿Por qué tenía que ponerse a pensar en eso en aquellos momentos?

–¿No me lo vas a preguntar? –preguntó el chico desde su lado de la cama cuando, al fin, Hermione emergió de entre la ropa.

–¿El qué?

–Qué veces ocupan las otras tres posiciones…

–Eso no es asunto mío –respondió ella, empleando un tono mucho más cortante de lo que pretendía; en un vago intento de mantener intacta su dignidad, se apresuró a añadir–: Tus historias pasadas son tuyas y de nadie más.

Draco no se dejó disuadir por el tono de aparente frialdad de la bruja y continuó hablando:

–La segunda es aquella vez que lo hicimos en los baños de El Caldero Chorreante después del trabajar. ¡Joder, me pusiste tan cachondo con tu ropa de oficina, sólo a unos metros de donde nuestros compañeros estaban tomando copas!

–¡Eres un pervertido! –replicó ella, divertida a su pesar y bastante aplacada al saber que ella también ocupaba su Top 2. Finalmente, terminó por atreverse a preguntar–: ¿y la primera?

–En las vacaciones de Pascua –contestó presuroso–, en aquella pradera al aire libre: solos tú y yo y la naturaleza.

La bruja no pudo contener la sonrisa evocadora recordando el momento: ella entre sus brazos, envuelta por sus alas, ajenos a todo y todos, como si fueran las últimas personas sobre la faz de la tierra. En aquellos momentos, había deseado que aquel momento durase para siempre.

Si Hermione hubiera podido colarse en la cabeza de Draco en esos momentos, hubiera sabido que sus pensamientos eran muy similares: aquella vez había sido única y especial y no sólo en lo que al sexo se refería, si no por la conexión que había sentido con ella. Hermione lo había visto en su auténtica forma, aquella que él tanto despreciaba, que tanto le horrorizaba y lejos de salir huyendo, lo había besado, lo había abrazado, había acariciado cada parte de él como si fuera algo único y precioso. Draco había estado tentado a confesarle la verdad aquel día: que ella era la única, su pareja, su compañera, su mitad; que quería estar así para siempre, pero a última hora le había entrado el pánico.

Aquella noche, con sus burdos intentos para forzar a Draco a confesar la verdad, empleando esa estúpida poción para que "conectaran mejor", Blaise había estado a punto de fastidiarlo todo. Un poco más de tiempo y se lo contaría a Granger: que era el amor de su vida, que lo que había entre ellos estaba muy lejos de ser un asunto provisional y que no quería que nada ni nadie se interpusiera entre ellos. Tampoco estaba preparado para admitir que aquella pamplina del ranking había dejado de importar hacía mucho tiempo: no importaba con cuántas mujeres Draco hubiera estado, ninguna de ellas podría compararse, ni siquiera acercarse a lo que sentía estando con Hermione.

Sí, necesitaba un poco más de tiempo, terminar con el maldito proyecto y entonces, joder, se lo contaría todo.

Con aquella resolución firmemente asentada y la nariz hundida en el pelo de Hermione, Draco se durmió mucho más tranquilo.