N/A: Sólo me queda dar un enorme GRACIAS si es que has llegado hasta aquí.


Un asunto provisional


Capítulo 27

Draco despertó con los rayos de sol que se colaban a través de las cortinas rasgadas y se filtraban a través de sus párpados. Pestañeó molesto y gruñó, frotándose los ojos; entonces se sobresaltó al descubrir que no se estaba solo: había un cuerpo desnudo abrazado a él.

Una mujer desnuda.

Mierda. ¿Qué cojones había hecho? Sus últimos recuerdos eran de Granger pisoteándole el corazón en la boda del maldito Potter. Después de aquello, Draco se había marchado con la rubia, pero no había pasado nada entre ellos porque la chica no olía como Granger, ni besaba como Granger, ni en definitiva, era Granger. Cuando logró que la chica –no recordaba ni su nombre y tampoco es que le importara– se despegara de él, Draco, cegado por la rabia y la pena, había volado hasta Escocia, adonde llegó prácticamente muerto de agotamiento. En lugar de descansar y dejar que su mente se enfriase, se había apoderado de todas las reservas de alcohol que quedaban en la despensa de la pequeña cabaña y desde entonces había subsistido bebiendo, bordeando el límite de la inconsciencia.

Draco no tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba así, ahogando en alcohol sus propias miserias, ni cómo había llegado hasta allí la mujer que en esos momentos estaba entre sus brazos. Retrayendo cuidadosamente las alas –tampoco sabía cómo iba a explicar ese detalle en particular– se arriesgó a bajar la cabeza. ¡Joder si se estaba volviendo loco! ¡Quienquiera que fuese ella incluso olía igual que Granger!

Un momento… aquel pelo enmarañado que provocaba cosquillas en su nariz… apartó la masa de rizos que ocultaba el rostro de la chica y descubrió estupefacto que se trataba de la mismísima Granger.

¿Qué demonios estaba haciendo ella aquí?

–Granger… –susurró, mientras la sacudía levemente– ¡Granger!

Aunque él había repetido su nombre en un tono un poco más fuerte, lejos de despertarse, Granger apretó su agarre en torno a su cintura y enterró la cara en su cuello.

¡Maldita fuera! ¿Es que aquella mujer quería matarlo? ¿Por qué hacía las cosas tan complicadas?

Draco inspiró hondo. Tenía dos opciones: podría tratar de volver a dormirse o quedarse despierto, disfrutando de la presencia de Granger; así que se acomodó mejor sobre la manta extendida en el duro suelo, rodeó a la chica con un brazo y hundió la nariz en su cabello. Ella abrió los ojos un rato después, arrugando la nariz en aquella mueca tan adorable que hacía al despertar tras una inusual cantidad de sueño. Draco contuvo el aliento, pero tras un instante de confusión, Granger hizo un gesto de reconocimiento que demostraba que era consciente de dónde estaba y con quién estaba, a lo que siguió una sonrisa tan amplia que era capaz de iluminar la habitación.

–Hola –dijo en voz muy baja mientras tomaba una posición más cómoda, apoyada sobre su pecho.

–Buenos días –respondió Draco, sin saber muy bien qué más decir.

¿Explicaría Granger, por fin, qué diablos estaba haciendo allí, desnuda entre sus brazos?

Para su sorpresa, ella se estiró hacia él, adelantando la cabeza para atrapar su boca en un beso. Después de vacilar un momento, Draco respondió con entusiasmo, enredando su lengua con la de Granger. Al fin y al cabo, las explicaciones aún podían esperar.

Estuvieron así mucho tiempo, simplemente besándose y retozando en el suelo de madera. Cuando por fin se separaron, Granger lo miró con el ceño fruncido.

–Draco ¿se puede saber por qué no me lo dijiste?

–¿De qué estás hablando? –la frase fue rematada por un bostezo; de pronto, Draco era consciente de todo el alcohol que había bebido: sólo deseaba abrazar a Granger y volver a dormirse; durante días si es que era posible.

–Theo vino a mi casa y me lo explicó todo ¿por qué no me contaste desde el principio que yo era tu pareja?

Maldito fuera Nott y lo bocazas que podía llegar a ser.

–Granger, yo… –Draco extendió la mano y recorrió con un dedo el contorno de su mejilla.

Así que por eso era por lo que Granger estaba allí: se había enterado que era su pareja y lejos de sentirse asqueada o salir corriendo, había acudido precisamente a su encuentro. ¿Podría ser que, durante todos aquellos meses, Draco hubiera estado equivocado en su modo de proceder? Sin embargo, aquel pensamiento le hizo caer en la cuenta de algo.

–¿Acaso eso importa ahora, Granger? Tú me dejaste ¿recuerdas? dijiste que yo solo había sido un pasatiempo para ti y que lo que mejor sería que terminásemos con lo nuestro, así que no veo la razón por la que el hecho de que tú seas o no mi compañera cambie las cosas.

A Draco aún le dolía el simple recuerdo de aquellas palabras y su enfadó no hizo más que aumentar cuando vio que Granger sonreía al escucharlas.

–¡Serás idiota, Malfoy! –hizo hincapié en sus palabras golpeándole en el pecho con un puño– ¡Te dejé porque quería darte la oportunidad de que encontraras a tu compañera y fueras feliz con ella! ¡Te dejé porque era mejor hacerlo lo antes posible y no sufrir cuando me dejaras por ella!

De acuerdo, ahora Draco comenzaba a comprender. Lo cierto era que los procesos mentales de Granger eran bastante similares a los suyos: ambos eran complicados, racionales y tendían a sobre analizar las cosas.

–Entonces ¿tú querías estar conmigo? –necesitaba asegurarse, necesitaba comprobar que todo aquello no era un espejismo– ¿Todo lo que me dijiste era mentira?

–¡Por supuesto que era mentira! ¿Cómo crees que después de todo lo que habíamos vivido juntos no sentiría por nada por ti? ¿Que tú sólo habías sido un mero entretenimiento? –Granger hablaba con demasiada vehemencia como para no creerla– ¿Acaso no te lo había dejado claro con mis acciones, Draco?

Draco se hacía una ligera idea de a lo que ella se estaba refiriendo; no obstante, era demasiado bonito para que fuera verdad. Él era un maldito bastardo, un mortífago que no merecía aquel repentino rayo de esperanza y felicidad que Granger le ofrecía en la palma de la mano. Como si fuera capaz de leerle la mente, ella se acercó aún más y le tomó la cara entre las manos.

–Draco, te quiero. Te quiero con locura. Te quiero como jamás habría imaginado que era posible querer a otro ser humano y quiero estar contigo. Quiero estar contigo y descubrir adónde nos lleva esto que tenemos, que estamos creando juntos.

–Granger… –Draco la apretujó contra su cuerpo hasta que prácticamente no quedó ni un milímetro de espacio entre los dos; con la luz del amanecer era capaz de contar cada una de las pintitas doradas que adornaban sus iris marrones– No quiero que creas que es tu deber estar contigo conmigo porque algún imperativo biológico…

–¡A la mierda los imperativos biológicos! Draco, te quiero porque eres la única persona con la que puedo pasar horas y horas hablando sin aburrirme, el único con el que puedo debatir sobre las consecuencias de la Caza de Brujas de 1674 sin que piense que soy un bicho raro, el único por el que puedo sentir deseos de abofetear y besar al mismo tiempo –los ojos de ella tenían un rastro de humedad y Draco pensó que nunca la había visto tan bonita–. Te quiero porque nadie me hace sentir como tú: viva, libre, feliz, capaz de enfrentarme al mundo si es necesario.

No necesitó escuchar nada más: se lanzó contra su boca, devastándola, devorándola, comunicándole con sus labios lo que no era capaz de expresar con palabras. La hizo girar en el suelo, cubriéndola con su cuerpo, pero entonces, Granger lo detuvo colocándole una mano en el pecho y Draco se congeló en el sitio.

–Espera, espera –y él obedeció como si le hubiera lanzado un Imperio– Primero hay algo que tienes que decirme ¿no?

Sus inquietudes se calmaron en cuanto vio la sonrisita de suficiencia que comenzaba a dibujarse en los labios de Granger; se inclinó un poco más hacia ella, lo justo para que sus narices se rozaran.

–Me sacas de quicio, Granger: me vuelves loco, me empujas al borde de mis límites y más allá. Gran parte del tiempo me caes mal porque eres tan perfecta que deberías ser ilegal. Te quiero. Quiero a cada una de las pecas de tu piel, a cada una de las células de tu cuerpo, amo cada pelo de tu cabeza, cada palabra que escapa de tus labios –Draco sonrió; una vez que había comenzado, era tan sencillo decirlo en voz alta–. Te amo recién levantada, cuando miras a tu alrededor desconcertada, sin saber muy bien dónde estás. Te amo cuando conoces la respuesta a una pregunta complicada y contestas con voz chillona. Te amo cuando tienes un orgasmo y estiras los dedos de los pies. Te amo cuando te enfadas conmigo y se te pone la nariz roja. Te amo, Granger, amo cada parte, cada rincón de ti, cada perfecto defecto, te amo simplemente por ser tú.

Draco no le dejó opción a réplica y sencillamente volvió a besarla mientras sus manos vagaban por su cuerpo desprendiéndola de la única prenda que aún llevaba puesta. Hermione se dejó hacer, jadeante y temblorosa en cuanto sintió que la barba de él le raspaba en el valle entre sus pechos, bajando por su estómago hasta más allá de su ombligo. Se aferró a sus mechones rubios, indicándole dónde más lo deseaba, pidiéndole más. Draco tomó todo lo que ella estaba dispuesta a ofrecerle y aún más; la llevó al límite una y otra y otra vez, no queriendo que aquel momento terminara nunca, deseando estar así para siempre. Cuando parecía que Granger día no sería capaz de aguantar más, la penetró de una sola estocada, en un fútil intento de quedarse grabado en su interior.

Fue, al mismo tiempo, igual que siempre y distinto a todo, porque Draco ya no se guardó nada para él, no se dejó nada dentro. La cubrió con su amor, la veneró como una diosa, murmurando su nombre, repitiéndole cuánto la amaba y que nunca jamás habría nadie como ella. Al notar que ambos estaban a punto de llegar, desplegó las alas a su espalda, sintiéndose más poderoso, más fuerte que nunca; mientras, ella, su compañera, su pareja, lo abrazaba con manos y piernas, como si no quisiera dejarlo escapar.

–Mi amor…

Yacieron en el suelo, desmadejados y sin aliento, simplemente mirándose a los ojos. Después de lo que pudieron ser minutos o incluso horas en los que ninguno de los dos se atrevió a romper el silencio, Granger se arriesgó a decir:

–Así que era esto lo que te estabas guardando durante todo este tiempo ¿eh?

–Créeme, Granger, si hubiera sabido que sería así, no hubiera esperado tanto.

Ella soltó una risita y se apretujó contra él, rodeándole la cintura con una pierna.

–Bueno, creo que acabamos de lograr un Top 1 –Draco soltó una carcajada y la colocó mejor en el hueco de su brazo, lo que provocó un ruidito satisfecho por parte de Hermione– Mmmmmm ¡qué bien se está aquí! ¡Incluso consigues hacer que olvide que has reducido la cabaña a pedazos y estamos tirados en el suelo!

–Estoy dispuesto a hacértelo olvidar durante unas cuantas horas más, Granger.

Y Draco acarició su cuello con la nariz, dispuesto a demostrarle cuánto la amaba durante unas cuantas horas más.

FIN


N/A: Esto no ha acabado del todo, mañana publicaré un mini epílogo (y ya sí que habremos llegado al final-final.