Capítulo 65 - El duelo olvidado
Si alguien le hubiera dicho a Harry que su semana escolar terminaría con él siendo atacado por personas tan raras como él, en vez de morir a patadas por culpa de Dudley y su pandilla, nunca lo hubiera creído. Su experiencia se asemejaba a la de una de aquellas historietas de personajes de comic, los cuales había leído en ocasiones (había ese tipo de libros escondidos en la biblioteca de su colegio). Era una lástima que el dolor de la paliza fuera real, tanto como la rabia que sintió al ser incapaz de lidiar con los que querían hacerle daño, lo que provocó que fuera víctima (no sabía si en el buen sentido o no) de aquel poder tan extraño que le envolvió y protegió cuando más cerca estuvo de ver el fin de su vida (al menos esa era la idea hasta que se encontró con los cuatro adultos que intentaron llevárselo a una prisión).
Entonces, fue cuando volvió a su mente la espalda de aquella mujer de cabello rojizo que hizo frente a sus captores. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? Era todo en lo que podía pensar una vez abrió los ojos tras ser despertado por el ruido de una lechuza.
Le dolía la cabeza casi tanto como en los días donde su tío Vernon le pegaba porque una tarea no se hizo como debía, o porque no era capaz de controlarse cuando recibían la visita de su tía Marge, o cuando su extraño poder se manifestaba.
Recordando una vez más que toda su vida había tenido que vivir con sus odiosos tíos, Harry anhelaba deseos de que la persona que le había salvado la vida fuera ella. De ser así, aquel accidente de coche al que hacían alusión sus tíos cada vez que preguntaba por sus padres…¿Quedaría en una mentira?
Lo primero que pudo ver fue una vieja lampara de araña en el techo, con poca iluminación. Estaba acostado en una cama, manteniendo la peculiar ropa creada por su extraño poder. Las paredes eran de piedra (como las de las casas rurales que aparecían en las revistas vacacionales de tía Petunia), oscuras y con extraños dibujos los cuales Harry no conseguía entender. Había también una estantería llena de viejos y polvorientos libros, un escritorio de caoba…y una chimenea con poco fuego, donde a la luz de la luna, sentada en una cómoda butaca y con un libro abierto, había una persona.
- Oh, - dijo la mencionada, en un tono muy propio de una mujer adulta. - me alegro que por fin hayas despertado. -
Sacudiendo un poco la cabeza, Harry se puso en pie y se acercó lentamente hacia ella.
- Por un momento pensé que no llegaría a tiempo para evitar que los aurores te llevaran a Azkaban. - prosiguió ella con calma. - Parece que se han sentido muy humillados al no ser capaces de lidiar con un mago tan poco experimentado…y sin embargo, tan poderoso…incluso para ellos. -
Necesitaba saberlo, Harry quería estar seguro de que lo que estaba viviendo no era una mera fantasía, y que la mujer que le hablaba fuera la misma que aparecía en sus recuerdos, con él contemplando como recibía de lleno una gran luz verde.
- Mamá…- dijo Harry en voz baja. - ¿De verdad eres tú? -
Tan pronto como hizo aquella pregunta, la mujer pelirroja cerró su libro, dejándolo en una mesa auxiliar al lado de su butaca. A continuación, se puso en pie, y cuando se volvió pudo verla con más claridad.
Aún con poca luz, pudo ver que sus ojos eran azulados. Su hermosa cabellera roja llegaba hasta sus hombros, llevaba puesta una vestimenta roja escarlata con mangas marrones (con una extraña insignia de un ojo, parecido al de una imagen vista en clase cuando hablaban de Egipto) un cinto de cuero (donde pudo ver uno de esos palos mágicos), unos pantalones a juego y unas botas de cuero negras.
En la casa de sus tíos nunca pudo encontrar una sola foto de ella, ni de su niñez ni de su adultez, pues desde hacía años era evidente que tía Petunia la despreciaba. Todo cuanto sabía de ella era su tono de pelo y que, al igual que él, era otro "fenómeno".
De ser así, y teniendo en cuenta por lo que acababa de pasar, era difícil de creer que un accidente de coche fuera capaz de llevarse la vida de sus padres. Justo cuando comenzaba a preguntarse en donde podía estar su padre, en su madre se dibujó una sonrisa.
- A pasado mucho tiempo, - dijo ella con suavidad, mientras extendía sus brazos. - pero al fin te encontré, hijo…-
Sintió como si una carga muy pesada se hubiera soltado de una cuerda para caer cual losa se pierde en las profundidades de un pozo sin fondo. A Harry no se le ocurrió otra cosa más que aferrarse fuertemente a su madre y romper a llorar.
- Mamá…- lloró él sin contenerse, mientras que ella le abrazaba de manera confortable. - No… no puedo creer que…-
- Lo sé…- susurró ella, mientras acariciaba su cabello azabache. - he sentido tu sufrir, tu dolor…pero ya no más. -
Harry no pudo evitar avergonzarse de lo que acababa de hacer. Normalmente contenía las ganas de llorar, pues lo veía como una muestra de debilidad, pero había pasado por tanto en tan poco tiempo que, en parte, poco le importaba. Lo más importante para él era que volvía a tener a su madre a su lado, por lo que no podía hacer más que desahogarse (y empapar de lágrimas la ropa de ella).
- Lo siento…- susurró él con timidez, al mismo tiempo que se limpiaba las lágrimas. - Es solo que...¡Creí que estabas muerta! -
Ella suspiró. - Si, - dijo. - todos han creído esa pequeña historia por años. Es normal cuando quien ha divulgado esa "información" no es otro que Albus Dumbledore. -
- ¿Quién es ese? - preguntó Harry.
- Un mago, - gaznó su madre. - conocido como el más grande y poderoso de este último siglo. Poseedor de tropecientos títulos (de seguro que ya perdió la cuenta de cuantos posee), conocedor de muchos de los aspectos de la magia y aquel que derrotó en su día a Gellert Grindelwald. -
- ¿Quién es Grindelwald? -
- Uno de los magos oscuros más poderosos de todos los tiempos. - respondió su madre, mientras servía té en una taza muy desgastada. - Tenía una visión muy interesante sobre el mundo y nosotros, pero el precio a pagar por un bien superior para las brujas y magos era muy alto. Se llevó a muchas vidas por delante...-
- Ya veo...- dijo Harry, algo aturdido. - aun así, pareces molesta con el señor Dumbledore, ¿porque mamá? -
No dijo nada hasta que terminó de beber su té, dejando la taza encima de la vieja mesita auxiliar. Con la vista puesta en el leve fuego de la chimenea, volvió a hablar.
- Él te apartó de mí, - dijo. - al creer en mi muerte no tuvo una mejor idea que dejarte al cuidado de mi horrible hermana...-
Harry frunció el ceño. - Si conocías mi paradero, - dijo. - ¿Que te impidió ir a por mí? ¿Porque no me sacaste de…ese lugar? -
- Lo siento Harry...- dijo su madre tristemente. - No había forma de encontrar dónde estaba exactamente la casa. -
- ¿Que? ¿Pero cómo...? -
- Dumbledore introdujo algunos hechizos de protección para (supuestamente) mantenerte a salvo. - explicó ella. - No fue hasta que saliste de Little Whinging cuando al fin te pude encontrar. -
- ¿Hechizos de protección? - pregunto Harry, sintiéndose un poco tonto. A pesar de lo ocurrido aún le costaba asimilar que estaba rodeado de gente capaz de hacer magia, como él (supuestamente).
- Así es, - asintió ella. - pero claro, esa es solo una de sus muchas habilidades. Tú, por otra parte...tienes el potencial para ser mucho más que él...-
- ¿Yo? Pero...-
- Por si aún no habías alcanzado esa conclusión, si, eres un mago Harry. -
Tan evidente, y a la vez tan surrealista. Parte de él ya lo estaba asimilando, pero su madre se hizo cargo de que lo hiciera con más contundencia.
- De acuerdo, - dijo Harry con cierta timidez. - soy un mago, y más allá de hacer aparecer luces o algo así, ¿qué más hacemos? -
Su madre sonrió. - Mucho más de lo que te puedas imaginar. - dijo muy contenta. - Magos y brujas (si, las mujeres somos brujas, pero no necesariamente de las malas, no te creas todo lo que lees en los libros muggle) tienen en sus manos la capacidad de hacer cosas increíbles, maravillosas, que, por supuesto requieren de conocimiento, preparación, y también...un propósito. -
- ¿Y cuál es ese propósito? -
- Depende de cada uno, - dijo ella, encogiéndose de hombros. - podemos hablar de lo que quieres hacer con tu vida tras terminar tus estudios en una escuela mágica, como en Hogwarts...-
- ¿Te refieres a tener un trabajo? - sugirió Harry.
- Ese suele ser el objetivo más común. - asintió ella. - Hay una parte que acude a la escuela por puro protocolo (afortunadamente solo he contado a un puñadito de inútiles), la inmensa mayoría busca adquirir el conocimiento esencial para aspirar a una carrera (o varias) y luego...tenemos a unas pocas mentes privilegiadas que tienen visión, un objetivo que va más allá que la monotonía del resto. Grindelwald era un genio, un prodigio, le expulsaron de la escuela mágica donde estudiaba porque otros ignorantes veían sus ideas como un peligro para la comunidad mágica, cuando a la larga, no era para nada descabellado. -
- ¿Que quería hacer Grindelwald? - preguntó Harry.
- Él...quería la libre circulación de los magos por el mundo, - dijo su madre. - que ya no tuviéramos la necesidad de escondernos de...mostrar al mundo lo que podemos hacer sin que nadie, y mucho menos los muggles, puedan hacer algo para impedirlo. Para muchos de nosotros es frustrante que no podamos usar la magia con toda la libertad que nos gustaría, y que por no darle el gusto a la gente sin magia nos tengamos que ocultar. -
- Bueno, - dijo Harry, pensando en porque era importante para un mago ocultar sus poderes a aquellos que no tenían magia. - quizás ese impedimento esté allí para evitar que los no mágicos (les llamamos muggles, ¿verdad?) no se aprovechen de los que si hacen magia. ¿Te lo imaginas? Querrían soluciones mágicas todo el tiempo. -
- Por desgracia, - bufó ella. - si pueden hacer las cosas con mayor facilidad evidentemente que escogerán la vía mágica. Sin embargo, sigo pensando que no podemos simplemente quedarnos de brazos cruzados y conformarnos con esta "solución". Hay que dar con la manera adecuada para tener completa libertad en el uso de la magia sin que los muggles se en medio. La idea de Grindelwald no era tan mala… -
Harry frunció el ceño. No conseguía entender porque su madre, siendo nacida de gente no mágica, pensaba de esa manera. La única razón, posiblemente, sería el rechazo que pudo tener tía petunia hacia ella en su día. Después de todo, su tía, al igual que su marido y su hijo, detestaban todo lo que estaba relacionado con lo que no era normal, como podía ser la magia.
- Hace rato que me lo llevo preguntando, - dijo, en un intento de cambiar de tema. - ¿Dónde estamos? ¿Qué es este lugar? -
- ¿Hm? Estamos en el hogar del conocimiento y el misterio. - respondió ella, con una sonrisa leve. - Es una casa aislada del resto de los mortales mágicos que se encuentran deambulando por las vastas calles de la ciudad, y de las tiendas de magia oscura del Callejón Knockturn…-
- ¿Callejón Knockturn? - repitió Harry, sin tener idea de qué lugar era.
- De seguro que aún tienes muchas preguntas, - sonrío ella. - no te preocupes. Te adaptaras a este mundo (nuestro mundo) más rápido de lo que crees. -
- Ojalá tengas razón en eso...- dijo Harry, sintiendo que se ruborizaba un poco.
Ambos estuvieron charlando un par de horas, poniéndose al día sobre la actualidad del mundo mágico, y sin que apenas Harry se inmutara, ya había amanecido. ¿Cuánto tiempo había estado dormido? No lo sabía, pero sí que donde se encontraban su madre y él no era Little Whinging.
Tras bostezar, ella le dijo que le haría un recorrido por la vivienda, así que cogió su capa y ambos salieron de la habitación. Dieron una vuelta por la misteriosa casa, empezando por un largo pasillo con varias habitaciones, las cuales la mayoría pertenecía a alguien conocido como "El Guía". Pasando por ahí se toparon con otras personas que llevaban el mismo broche con la forma de ojo egipcio que llevaba su madre.
Cuando le preguntó por ello, ella le explicó que se trata del ojo de Horus, un obsequio concedido a los buscadores de la verdad para protegerles durante su investigación, ya que al igual que con la magia se podía hacer maravillas, también se podía provocar desgracias, como la muerte de su padre.
Precisamente esa era la pregunta que había rondado por su cabeza desde que descubrió a su madre con vida. ¿Qué había pasado con su padre?
Su padre había sido asesinado por los seguidores de un mago oscuro al que no quería mencionar. Simplemente se refirió a él como "El Señor Tenebroso". Explicó que cuando hubo la explosión ella aún fue capaz de cubrirse, pero como salió despedida y quedó inconsciente, no fue capaz de volver a tiempo a la casa que tenían en el Valle de Godric. Tras aquello, averiguó que Dumbledore la había dado por muerta, por lo que envió a Harry con los Dursley, la única familia que le quedaba ("Por desgracia", pensó Harry).
Entraron en una habitación con varios objetos que, para Harry, serían de un valor incalculable en una casa de empeño. Algunos de estos objetos se encontraban en expositores, y por su arquitectura daba la sensación de que provenían de diferentes lugares del mundo (¿Posiblemente más allá? Con la existencia de la magia más que confirmada era difícil de saber).
Viejas y polvorientas estatuas; jarrones, copas, monedas, joyas, y sin embargo algo tenían en común más allá de permanecer guardadas en una habitación que parecía más un museo: Todo, o casi todos los objetos emitían energía mágica.
Fueron avanzando por la alargada habitación, hasta que, dentro de un expositor, descansando en un cojín gris y rodeado por cuatro velas se encontraba una joya que captó como ninguna otra la atención de Harry.
Era una esmeralda, poco alargada, de cuatro lados con dos puntas de perfecto tallaje y decorada con trozos de diamante a su alrededor. Esta emitía una energía peculiar, incomparable a lo que había sentido respecto a los demás tesoros de la habitación, al mismo tiempo que se podía escuchar el susurro de alguien desconocido.
- ¿Cuánto tiempo llevas aquí? - le pregunto el muchacho a su madre, mientras examinaba la esmeralda.
- No mucho, - dijo ella. - estaba haciendo una investigación en Hogwarts hasta que Dumbledore y sus lacayos me descubrieron. -
- ¿Te infiltraste allí? ¿Cómo? -
- Adopté una nueva identidad como Patricia Rakepick. - explicó ella, muy contenta. - Así me pude infiltrar en la escuela. Ella fue alumna de Hogwarts (una de las mejores, por no decir la mejor), fuimos compañeras de casa en Gryffindor durante cuatro años, pero…hace mucho tiempo que no la veo. Ella es una poderosa rompe maldiciones, y en Hogwarts, algo o alguien volvió a abrir las Bóvedas Malditas, por lo que Dumbledore buscaba a alguien que pudiera investigarlas sin poner en riesgo a los estudiantes. -
- Entonces viste allí una oportunidad. - dijo Harry.
- Eso es, - asintió ella. - como ya te dije, yo he trabajado como rompemaldiciones en Egipto un tiempo...Dumbledore consideró que Rakepick era la indicada para el trabajo. Al estar desaparecida, decidí suplantar su identidad y así ofrecerme para el trabajo. -
- ¿Y conseguiste pasar desapercibida frente a las narices de Dumbledore? -
- Sorprendido, ¿eh? - dijo ella, presumiendo. - De seguro ni Albus se lo esperaba. Sé ocultarme bien...y además conozco muy bien a quien interpreto. Aunque ya no más, ahora mi equipo y yo nos centramos en nuestras investigaciones mientras buscamos la manera idónea para hallar la última bóveda maldita. -
- ¿Que esperas encontrar allí? - preguntó Harry con cada vez más curiosidad.
- Un poderoso instrumento que nos puede ayudar a acelerar nuestros planes. - dijo ella en tono misterioso. - Ahora que me tienen interceptada es difícil infiltrarme en los terrenos de la escuela más allá del bosque prohibido. Tengo que estar completamente segura de la ubicación de la bóveda antes de tomar el siguiente paso. -
- ¿Y qué paso es ese? -
- Ir a por el artefacto con todo lo que tenemos. - repuso ella con entusiasmo. - Y es ahí, donde tú puedes entrar Harry. -
- Err...esto...- farfullo Harry, dándose cuenta de que aún tenía otras responsabilidades. - Pero, ¿qué hay de mis deberes de la escuela? Aún ni he comenzado a hacerlos, solo tengo hasta el lunes para entregarlos. -
Ella frunció el ceño. - Ya puedes olvidar la idea de que vas a volver a esa escuela de buenos para nada. - dijo. - Tu aspiras a mucho más de lo que puedas soñar, y el camino empieza aquí, con tu preparación para ser en un futuro el mejor entre nosotros. -
- ¿Yo? - inquirió Harry. - Pero mamá...todo lo que sé hacer es agitar las manos sin saber que va a pasar. -
- Es evidente que nunca has sido entrenado para usar correctamente la magia. - dijo ella con tranquilidad. - Por eso la práctica es tan importante como entender lo que eres capaz de hacer. Las capacidades que tu posees no las tiene cualquier bruja o mago, en otras palabras, son únicas. -
- Oh...y, ¿por dónde empiezo? -
- De momento puedes empezar por algo de teoría. - sugirió ella. - Unos cuantos libros de magia de primer año deberían servirte como base para empezar. Desafortunadamente aún no tienes la edad mínima para tener una varita...-
- Oh…- bufó Harry con decepción.
- Sin embargo...- añadió ella maliciosamente. - Es posible que nada te impida, de manera inocente, el usar una varita robada...-
De su túnica, ella sacó uno de esos palos mágicos conocidos como varitas, y se lo entregó a Harry. Cuando este tomó contacto con la yema de sus dedos sintió una extraña energía que rodeaba la varita.
- Ven, - dijo ella, señalando con el pulgar la puerta. - practicaremos un poco los principios básicos de su uso, pero en otra parte. No creo que al Guía le haga gracia ver algún destrozo entre nuestros objetos de valor. -
Durante varias semanas, Harry estuvo estudiando los diferentes libros de magia que su madre le aportaba, adquiriendo conocimiento sobre Defensa Contra las Artes Oscuras, Encantamientos, Pociones, Trasformaciones, Herbología y demás materias que podían serle de utilidad antes de comenzar a comprender en qué consistía el extraño poder que, al mismo tiempo le había salvado la vida, también había hecho daño a personas que no tenía intención de herir.
Ambos pasaron varias tardes repasando la biblioteca de la casa, intentando hallar información sobre el extraño poder de Harry. Desafortunadamente no hubo resultado alguno, por lo que, tras una reflexión, su madre tuvo la idea de dar por sentado que, por causas desconocidas, el poseía magia oscura en su interior. ¿Qué podía haber provocado este extraño fenómeno en él?
- ¿Qué crees que sea, madre? - le preguntó Harry que su madre.
Ella seguía dando vueltas alrededor de la mesa redonda que presidía la biblioteca, con una mano en la barbilla y la otra en el lumbago, mientras murmuraba algo que Harry no conseguía entender.
- Quizás...- dijo ella de repente, lanzándole una mirada calculadora. - quizás haya sido por el ataque...-
- ¿El ataque? - repitió él.
- Si Harry, - repuso ella. - la noche en la que ellos nos atacaron y mataron a tu padre. Es posible que la explosión haya (de alguna manera) alterado tu magia, provocando que obtengas magia oscura sin tan siquiera practicarla. -
- ¿Eso es posible? -
Ella se encogió de hombros. - Tu caso debería ser el primero que se da de esta manera. - dijo. - Es difícil de saber, pues podríamos estar ante un nuevo descubrimiento. Investigaciones de este tipo pueden llevar años, Harry. -
Pasaron unas semanas hasta que llegaron a noviembre. ¿De verdad era él un caso único? Harry no sabía muy bien si sentirse "especial" en el buen sentido o en el malo. Algo tenía claro, deseaba encontrar en algún momento a los responsables de la muerte de su padre y hacerles pagar por lo que hicieron. Ya no era solo su pérdida, sino también la vida a la que fue condenado.
- Algún día los encontraré...- pensó con amargura, mientras cerraba un libro de hechizos propio de un estudiante de segundo año en Hogwarts. - y les haré pagar por lo que nos hicieron...Nadie más debería sufrir por culpa de esta gente. -
- Por ahora todo lo que podemos hacer es interpretar lo mejor posible tus habilidades especiales, - dijo ella, sacándole de sus pensamientos. - para que así seas capaz de tener un control sobre estas y darles un buen uso. -
- ¿Como puedo ser capaz de controlarlo si ni siquiera sé cuándo se manifiesta? - preguntó Harry, algo frustrado. - Mamá, necesito saber que habilidad poseo. -
- De lo único que estamos convencidos es que de trata de magia oscura. - dijo ella rápidamente. - Es del tipo de magia que cuesta más dominar, sin embargo, no es imposible. Eres un chico con un potencial increíble Harry, si alguien puede controlar y sacar el máximo provecho a esta habilidad eres tú. -
- ¿Tú crees? -
- Tienes el talento para ello. - repuso ella, muy contenta, al mismo tiempo que con su varita hacía levitar unos libros para devolverlos a la estantería más alta. - Solo han pasado dos meses desde que iniciamos tu adiestramiento, y mira el resultado. Cualquiera diría que tienes los dotes de un estudiante que acaba de empezar su tercer año en Hogwarts. -
- Te lo debo a ti, madre. - dijo Harry, orgulloso de su desempeño. - Con tu ayuda he podido controlar esta magia tan extraña, - añadió, mirando a sus manos. - creo que si surge algún problema en nuestra búsqueda podré ayudarte. -
- Lo normal sería mantenerte al margen. - dijo ella con una repentina seriedad. - No obstante, si hiciera eso solo provocaría que te entraran ganas de ir en mi búsqueda. Además, - añadió con una sonrisa. - eres alguien a quien le fascinan los grandes retos. -
- Sin duda me conoces bien. - se rió Harry.
- De hecho, - dijo su madre. - estoy a punto de reunirme con un grupo de aliados que nos van a proporcionar unas provisiones para seguir con nuestra investigación. -
- ¿Provisiones? -
- Así es, Harry. - bufo ella. - Si queremos seguir operando desde las sombras sin levantar muchas sospechas es lo que hay. -
- Bueno...- dijo Harry, encogiéndose de hombros. - De todos modos, llevo bastante tiempo encerrado aquí. No me vendría mal salir para variar. -
- Eso es, - sonrió ella. - saldremos en breve. Vuelve a tu habitación y prepárate. -
Sin perder mucho más tiempo, Harry fue a su habitación a buscar la capa con capucha con la que había llegado la primera vez a la casa. Por fin tendría que acompañar a su madre a una misión (aunque se tratara sencillamente de ir a por unas provisiones).
Durante el tiempo que habían pasado, además de comentarle que había estado trabajado un tiempo para el ministerio de magia antes del ataque de los seguidores del innombrable, pudo investigar algunos de los misterios que había tratado de resolver durante su aventura en Hogwarts. La mayoría de estos eran pistas que analizaba minuciosamente en su intento por hallar todas las bóvedas y su contenido.
Una de las pistas que más le hubiera gustado analizar es una que descubrió poco antes de marcharse de la escuela tras ser descubierta y traicionada por sus ayudantes (según ella, seguían "al que no debe ser nombrado"). Se trataba de un extraño dibujo de la silueta de un León, oculta en una pequeña cueva debajo de la escuela a la que solo se podía acceder por las aguas del Lago Negro. Además, tenía la creencia de que en el lago podía hallar alguna bóveda más.
Al final no pudo saberlo, pues tras ser descubierta por Dumbledore no tuvo más remedio que escapar.
- ¿Y a dónde vamos, madre? -
- Donde vamos es uno de los pocos puntos de reunión seguros que tenemos. - explicó ella, mientras le ponía una bufanda de Gryffindor en el cuello a Harry. - Hará mucho frío allí, tenemos que ir a una zona nevada al norte de la Isla Kulusuk, en Groenlandia. -
- ¿Siempre consiguen las provisiones desde ese lugar? - preguntó Harry, mientras se ponía un abrigo de piel de oso.
- No siempre, - respondió ella. - tenemos otros puntos de entrega de mercancía conectados con nuestros Trasladores. -
- ¿Qué es un Traslador? -
- Es un objeto hechizado para enviar a la persona que lo toca a un lugar en específico. - explicó ella brevemente. - Hasta ahora no ha habido ningún problema, pero no podemos descartar nada. Estamos bajo la lupa de los lacayos de ya sabes quién. -
- Entiendo, - repuso Harry. - no te preocupes mamá, te protegeré si hace falta. -
- Se supone que debo ser yo quien cuide de ti, Harry. - dijo ella, frunciendo el ceño. - Sin embargo, reconozco que contigo a mi lado me siento más segura. -
- ¿De verdad? - preguntó Harry, con más confianza.
- Así es, - repuso ella. - aquí empieza la ruta para saber si algún día...- en su mirada había un extraño brillo de satisfacción. - serás tú quien nos guíe hacía la grandeza...-
Harry sintió que se sonrojaba, pero decidió no añadir nada más. Asintió y siguió a su madre hasta la salida de la casa. Atravesaron el siniestro Callejón Knockturn, cuyos locales asustarían a cualquiera por la variedad de mercancía que vendían en sus tiendas.
Mientras doblaban una esquina, Harry le preguntó a su madre: - ¿Qué tipo de objetos son los Trasladores? -
- ¿Eh? Bueno, pueden ser cualquier cosa…- respondió ella, sin dejar de mirar con precaución a su alrededor. - Normalmente son objetos que no llaman (o no deberían llamar) la atención, para que especialmente los muggles no las cojan y jugueteen con ellas. En resumen, cosas que ellos puedan considerar inservibles. -
Tras doblar la esquina de una antigua tienda de calderos (bastante siniestros, en opinión de Harry), llegaron a una vieja y polvorienta casa.
Esta tenía un cartel de metal que ponía "For Sale" bastante oxidado. Harry siguió a su madre hasta saltar la pequeña verja que daba con el patio trasero, el cual estaba plagado de malas hierbas y de revoltosos dosis que, para suerte de ambos, no avanzaban más allá de los arbustos que infestaban la casa.
- Es aquí. - dijo ella, señalando un sucio y polvoriento guante de invierno. - Rápido, agáchate conmigo y agárrate a él. -
Sin rechistar, Harry (sintiendo que estaba haciendo algo estúpido) se agachó, y casi en consonancia con su madre agarró uno de los dedos del guante.
Ella contó hasta tres en voz baja, y cuando pronunció el tercer número sucedió algo increíble. Fue como si de repente un gancho invisible atrapara a Harry del estómago, y cual muñeco de feria lo agitó hasta que se formó una especie de tornado el cual succionó a ambos.
Estuvieron levitando dentro de aquel tornado luminoso durante un breve período de tiempo, hasta que su madre (quien parecía no sentir nada, a diferencia de él ya que su ritmo cardíaco se había disparado) le indicó con un giño de ojo que se soltara. Al principio el muchacho dudó, pero al ver que ella lo hacía decidió no dudar más y soltarse, hasta darse de bruces contra lo que parecía ser una gigantesca placa de hielo.
Era una suerte contar con un abrigo de oso polar (según le contó su madre, no estaban hechos de osos en sí, sino que los fabricantes se basaron en ellos para desarrollarlos y que fueran capaces de proporcionar el calor adecuado para los entornos más gélidos). El frío azotaba con fuerza su cara, por lo que una vez reincorporado se ajustó bien el abrigo y siguió a su madre.
- Esto...¿madre? - dijo Harry de repente.
- ¿Sí? -
- ¿Qué pasará si el guante queda enterrado en la nieve? - preguntó Harry, sin saber del todo cómo volverían al refugio.
- No te preocupes, - dijo ella, riendo un poco. - el guante está hechizado para ser encontrado incluso en un entorno hostil como este. Ahora vamos, terminemos con esto lo antes posible. Hace un frío de mil diablillos. -
Los dos caminaron por el extenso y congelado terreno, hasta que a lo lejos Harry pudo distinguir las figuras de tres individuos. Los tres iban encapuchados y con abrigos polares (como el que llevaban). Su madre hizo un gesto con la mano para que se detuviera.
- Escóndete detrás de esta roca. - le indicó ella, señalando a un enorme bulto cubierto de nieve. - Hablaré con ellos y volveré enseguida. -
- No parece que lleven un cargamento con provisiones. - observó Harry.
Ella se río. - Ay Harry, - dijo. - se nota que has pasado mucho tiempo con los muggles...Espera aquí, enseguida vuelvo. -
Harry asintió y se quedó escondido tras la enorme roca cubierta de nieve, observando ligeramente como su madre avanzaba hacia su encuentro con los "proveedores".
A pesar de la distancia, Harry pudo oír perfectamente la conversación de los adultos.
- ¿Y bien? - dijo ella. - ¿Lo habéis traído? -
- Si, - dijo la voz de una chica en tono enfurecido. - la reserva de una estupenda celda en Azkaban. -
- ¿Azkaban? - a Harry no le gustó escuchar eso. - Oh no...¡Madre! -
Se escuchó un ligero ruido de hechizo a lo lejos. La nieve había dejado de caer, y eso permitió a Harry ver con quienes estaba lidiando su madre. Había un hombre de cabellera negra que le llegaba hasta los hombros, con la nariz ganchuda; una chica joven de unos dieciséis años, de cabello corto castaño con un mechón anaranjado en la frente; y un chico que parecía tener la misma edad que la joven, de cabello corto y negro. Curiosamente ambos jóvenes llevaban túnicas con el escudo de la casa Slytherin de Hogwarts.
- Me temo que hoy no podrás escapar, Rakepick...- dijo el hombre de nariz ganchuda.
- ¿¡Que significa esto!? - exclamó su madre, desenfundando su varita. - ¿Que habéis hecho con los proveedores? -
- Vaya, - dijo de joven en tono despectivo. - parece que hay gente que le importa después de todo...-
- Si tanto te interesa saberlo, - dijo el hombre de nariz ganchuda. - tus proveedores se encuentran a salvo, tomándose una siesta en una celda de las mazmorras de Hogwarts a la espera de ser llevados a Azkaban una vez se les realice un...interrogatorio. No me sorprende en realidad, solo a alguien como tú se le ocurriría colaborar con traficantes de artefactos tenebrosos. -
Su madre sonrió. - ¿Traficantes? - se burló. - Solo venían a traernos comida y agua, ya que al parecer vuestros amiguitos del ministerio nos etiquetan de criminales. -
- ¿¡Y tú porque crees que es!? - inquirió el joven con furia. - Ya no es solo que pertenezcas a "R", ¡sino que tu mataste a Rowan! -
- ¿¡Que!? - pensó Harry, incapaz de creer en aquellas palabras. - Madre, ¿a quién mataste? -
Ella soltó una carcajada. - ¿En serio crees eso? - pregunto. - ¿Nadie se ha preguntado qué hacía allí para empezar? -
- El cometió la estupidez de seguirnos, - dijo la chica joven, blandiendo su varita y haciendo un ademán con el otro brazo. - si tan solo...¡ESO NO QUITA QUE INTENTARAS MATARNOS! ¡TE DEVOLVERÉ LA TORTURA DE HACE UNOS MESES! -
- ¿¡Tortura!? - pensó Harry, intentado no tragarse las tonterías que ellos decían. - Vaya sarta de tonterías que dicen estos sujetos. Esto no pinta bien, será mejor que intervenga...-
Sin pensarlo por más tiempo, Harry corrió contra el viento y se acercó a su madre para estar a su lado y cubrir su espalda, pues daba la sensación de que pronto tendrían problemas más serios.
- Mirad, - señaló el joven hacia él. - ¿Quién es ese? -
- Es...- susurró el hombre adulto. - ¿Un niño? -
- ¿Ahora secuestras niños, Rakepick? - inquirió la joven. - No haces más que caer bajo. ¿Pensabas hacer algún tipo de intercambio con los traficantes? -
- Pro-ve-e-do-res. - corrigió su madre, empezando a perder la paciencia. - Y a quien te diriges es ni más no menos que...a mi hijo. -
Los tres extraños se quedaron en shock, y se sorprendieron al ver cómo Harry blandía su varita, con toda la intención de confrontarles.
- Madre, ¿quiénes son ellos? - pregunto el muchacho, mientras sentía como la furia le invadía por dentro. Por un lado, necesitaba respuestas ante las declaraciones de aquellos individuos, pero también entendía de que estaban ante una trampa, por lo que al final todo podía quedar en puras mentiras. Para empezar, tenían que salir de allí, aunque sea enfrentando a los desconocidos. Si se atrevían a atacar a su madre él no lo iba a permitir.
- Lacayos de tú sabes quién, - respondió ella de un susurro. - parece que nos han pillado por sorpresa...todo lo que nos queda es sobrevivir, pero no temas. Si es necesario, usa todo tu poder...-
Harry asintió con firmeza, al mismo tiempo que se daba cuenta de cómo un enorme campo de energía mágica les tenía atrapados, ya que la nieve se quedaba suspendida en el cielo, no haciendo más que cubrir la barrera.
- Yo reduciré a Rakepick, - dijo el hombre de nariz ganchuda a sus compañeros. - no sé de qué sea capaz ese niño, pero tened cuidado. -
- Haces bien en recomendarles precaución Severus, - dijo su madre con arrogancia. - No tenéis ni la más mínima idea de lo que mi hijo puede hacer. -
- Siendo tu hijo me puedo hacer la idea. - dijo el muchacho con túnica de Slytherin.
- Descuida, - sonrió la muchacha. - a él solo lo dejaremos fuera de combate. La única que quedará hecha polvo serás tú...-
- Tócala, - musito Harry, con una voz más grave. - y te aseguro que lamentarás este día...-
Tan pronto como apretó los puños, su madre desapareció rápidamente de su lado, al mismo tiempo que el señor de nariz ganchuda. Se escucharon ruidos de hechizos colisionando, al mismo tiempo que algunas placas de hielo quedaban destrozadas. No fue hasta que reaparecieron con su madre dándole un puñetazo en la nariz al misterioso hombre cuando Harry los pudo volver a ver.
- Menuda velocidad…- pensó Harry, mirando momentáneamente aquel duelo sin descentrarse del todo del suyo. - espero ser capaz de desenvolverme así…-
- Llevo tiempo queriendo devolverte esta, Severus. - se burló ella a lo lejos. - Es la última vez que te atreves a entrometerte en mis planes. -
- Y yo...- con un gesto de mano, el hombre llamado Severus provocó que un bloque de hielo golpeara de sorpresa a su madre. - llevo tiempo deseando plantar tu epitafio una vez termines dentro de tu tumba...-
- ¡Madre! - gritó Harry, queriendo ir en su ayuda, sin embargo, los otros magos más jóvenes le bloquearon el paso.
- ¡Para alcanzarlos tendrás que pasar por encima de nosotros! - dijo el joven, haciendo un movimiento de varita. - ¡Depulso! - exclamó.
Una honda de aire le pegó de lleno en el rostro, haciéndole retroceder.
- Ustedes no me detendrán...- gruñó Harry, agitando su varita. - ¡Flipendo! -
La ejecución del maleficio rechazo fue muy buena, pero los jóvenes a los que se enfrentaba no tuvieron problemas para desviar su ataque. Entonces Harry comenzó a lanzar hechizos todo lo rápido que pudo, ya que con gritar no bastaba para que estos se ejecutaran correctamente.
Mientras tanto, no muy lejos de donde mantenía su duelo con los adolescentes, su madre luchaba de manera muy pareja con el hombre llamado Severus, el cual se movía tan rápido como el hombre murciélago que aparecía en algunos cómics muggles. A duras penas se les escuchaba gritar algún hechizo, por lo que daban a entender de que ambos contaban con una amplia experiencia en el combate mágico.
Por su parte, Harry solo era un pequeño mago que, a pesar de su gran empeño durante los últimos dos meses no era rival para sus oponentes, y por supuesto, estaba convencido que individualmente sería incapaz de vencerles.
Una vez más estaba siendo derribado y, sin embargo, no esperaba que ellos fueran tan benevolentes con él, ya que tenía la sensación de que a duras penas se esforzaban en hacerle frente. Saber esto irritaba a Harry, a tal modo que, ante la necesidad de ayudar a su madre, sentía que la ira volvía a adueñarse de su voluntad. Ella le había advertido que fuera cuidadoso con su poder, sin embargo, recordaba perfectamente lo que le dijo antes de que el duelo comenzara.
- No te contengas...- pensó Harry, levantándose una vez más de suelo y saltando rápidamente para evitar ser alcanzado por lo que parecía un encantamiento aturdidor.
- Será mejor que desistas, chico...- le advirtió el adolescente con seriedad.
- No me obliguen a...- gruñó Harry, intentando contenerse.
- Déjalo, - advirtió la chica. - si esto continúa así tendremos que hacerte daño de verdad. -
- ¿Daño? - repitió Harry, apretando los dientes. - ¿Porque no directamente decís "No nos obligues a matarte"? -
- No nos confundas con Rakepick. - dijo el chico con seriedad. - Nosotros no llegamos a esos extremos. -
Harry sintió dos venas palpitando en su frente. ¿Como podían ser tan hipócritas? - No esperaré...- gruñó, acercándose a ellos, mientras era testigo de cómo la magia oscura volvía a invadir su cuerpo.
- No hagas esto...- le advirtió el joven.
Sin embargo, Harry, cansado de tener a esos dos estorbando decidió quitárselo de encima cuanto antes para así ayudar a su madre. En su estancia en la casa del misterio pudo aprender un poco a usar aquel poder tan extraño que surgía, especialmente, cuando se enfurecía.
Fulminó con la mirada al muchacho, y tan pronto como lo hizo en cuestión de segundos estuvo plantado frente a él, solo para darle un golpe en el estómago todo lo fuerte que pudo. No pareció afectarle demasiado.
- ¡John, cuidado! - exclamó la chica, quedándose estupefacta.
- ¡Fuera de mi camino! - gritó Harry, maniobrando con la varita para apartar al joven utilizando el encantamiento Depulso.
Nunca imaginó que su hechizo sería tan potente, porque el joven salió despedido hasta rebotar contra la barrera que les rodeaba y les impedía escapar.
- ¡Maldito mocoso! - exclamó la chica, reaccionando rápidamente en contra de Harry.
De su varita salió un potente maleficio rechazo Flipendo. Harry recibió el hechizo, reteniéndolo todo lo posible hasta que salió despedido hacia atrás, con tal velocidad que impactó de lleno con un bloque de hielo.
- Parece que ahora me tomarán en serio...- pensó Harry, al mismo tiempo que se ponía en pie miraba desafiante a su oponente. - Mejor, pues es todo lo que harán antes de que acabe con ellos...-
- ¡Di algo, idiota! - le gritó la chica al joven llamado John.
- Solo...dame un minuto Mérula. - jadeo este a lo lejos, intentando ponerse en pie.
- Muy bien, - bufo la tal Mérula, volviéndose para mirar a Harry, desencajada. - mientras tanto prepárate, primero serás tú y luego ella. -
Furioso ante aquella declaración, Harry no perdió más tiempo. En el momento que agitó su varita para atacar a Mérula, hasta cinco hechizos Flipendo salieron de la punta, todos ellos dirigidos con gran potencia hacia ella.
Podría haber intentado devolver los maleficios rechazo, pero no lo hizo. En su lugar creó un enorme bloque de hielo para que este recibiera el impacto, siendo completamente destruido.
- ¿Qué clase de mocoso eres? - inquirió Mérula, alzando los trozos de hielo para lanzarlos a gran velocidad hacia Harry.
Alzando su mano, él no hizo más que evaporar el hielo recibido.
- Uno que te hará pagar por tus crímenes...- dijo el muchacho con dureza. - ¡Desmaius! -
Tan pronto como su varita brilló intensamente, lejos de salir de esta un solo hechizo salieron cinco al mismo tiempo. Esto pilló por sorpresa a su oponente, quien hizo todo lo posible por frenar su ataque, aunque de los cinco hasta tres impactaron en ella.
- Ugh...- gimió ella, logrando de manera sorpresiva soportar los tres impactos. - No creas que has ganado, esto acaba de empezar...- dijo con dificultad, al mismo tiempo que agitaba su varita bruscamente hacia arriba.
No pronunció ningún conjuro, y sin embargo ocurrió algo que Harry no esperaba. Una pequeña área la cual estaba pisando empezó a templar bruscamente, para luego desprenderse del suelo y saltar hacia el cielo, elevándose él también. A continuación, pudo visualizar a la chica murmurando algo, al mismo tiempo que maniobraba con su varita hacia él.
¡PLAS!
Fue un dolor insoportable, como si le hubieran pegado con treinta balones de cuero en pocos segundos. Dos grandes placas de hielo habían impactado en él, obligándole a caer de rodillas, sintiéndose incapaz de reincorporarse con mayor rapidez. También se dio cuenta de que estaba sangrando por la boca.
- ¿No crees que te has pasado? - le preguntó John a la tal Mérula, situándose junto a ella.
- No creo, - replicó ella rápidamente. - Esto no es normal, él no debería ser capaz de enfrentarnos así...-
Tardó unos cuantos segundos, pero con enorme esfuerzo Harry se puso en pie, no pudiendo evitar sonreír con orgullo al ver lo que pasaba. La chica llamada Mérula estaba comenzando a asustarse, lo cual podía significar que, en caso de insistir, Harry podía ser capaz de dar la vuelta a la situación y vencer a sus oponentes.
- Ahora...- susurro una voz en su mente. - es el momento de someter y cazar a nuestras presas...-
Harry no podía estar más de acuerdo. A una distancia considerable de donde estaban, su madre seguía luchando ferozmente contra el hombre llamado Severus. Anhelando poder acudir en su ayuda cuanto antes, se levantó nuevamente.
- ¿Qué le pasa? - inquirió Mérula, poniéndose en guardia, al igual que John.
- Lamentareis haberme desafiado...- gruñó Harry, con una voz más grave. - Ahora...voy a divertirme...-
A continuación, generó en sus manos dos ráfagas de energía oscura, las mezcló y de ellas salió una poderosa llamarada rodeada de dicha energía.
- ¡Cuidado! - gritó John, saltando sobre Mérula para apartarla de la trayectoria del ataque.
La llamarada impactó en un enorme bloque de hielo, provocando que este callera a trozos. A lo lejos, Harry pudo ver como el tal Severus estaba poniendo en aprietos a su madre, ya que ella salió despedida a gran velocidad hasta impactar en una pared de hielo.
No iba a contenerse más, si hacía falta deshacerse de ellos para salvar a su madre no lo dudaría.
- ¿Pero qué demo...? - gimió Mérula. - ¡Quítate! - gruñó, quitándose de encima a John, quien le había salvado. - ¡Tú te lo has buscado enano! -
Ella se levantó rápidamente, y agitando su varita y con un murmullo rápido provocó que los trozos de hielo más cercanos que rodeaban a Harry fueran tras él.
Reaccionó instintivamente pero no fue suficiente. El hielo fue más agresivo de lo común y cuando este impactó en él sintió lo mismo que si le hubieran lanzado un juego de canicas en la cara. Se cubrió lo mejor que pudo y con su poder consiguió reincorporarse rápidamente, solo para tener que defenderse nuevamente de la chica que no parecía tener la intención de darle un momento para respirar y ordenar sus ideas.
Ella volvió a agitar su varita con amplia velocidad, y sin apenas comprender lo que estaba conjugando, una gran ventisca de aire y hielo sacudió a Harry, golpeándolo con dureza.
Esta era sin duda una prueba más de que lo que estaba viviendo no era nada normal (o lo que sus odiosos tíos clasificarían como "normal"), pues Harry dudaba que un mero muggle fuera capaz de sobrevivir a un fortísimo impacto contra una gruesa capa de hielo. Su madre ya le había explicado que los magos y las brujas poseían una mayor resistencia, ya que de lo contrario sería muy sencillo matarse entre ellos.
Sentía dolor, y sin embargo no le importaba. Tan solo deseaba alcanzar a su madre para ponerla a salvo y evitar que los seguidores de Voldemort acabaran el trabajo de su maestro.
Harry gruñó de ira tan solo pensarlo. Dio un fuerte puñetazo contra el suelo y se levantó de un salto. No importaba que tan fuerte le azotara el viento o aquellos chicos de Slytherin, él no se iba a rendir ante nadie.
- Vais a lamentar esto…- musitó entre dientes, al mismo tiempo que miraba fijamente a su objetivo, esperando poder alcanzarla con tal rapidez que ella no pudiera reaccionar a tiempo para defenderse.
Una vez más, y en apenas unos segundos, Harry estaba frente a Mérula, dejándola pasmada. Sin perder más tiempo, apuntó con su varita hacia ella para darle un fuerte golpe con Depulso, lo que hizo que impactara hasta en tres placas de hielo.
- ¡Mérula! - exclamó a lo lejos el tal John, reincorporándose rápidamente. - ¡Desmaius! - gritó él, lanzando hasta tres encantamientos aturdidores en contra de Harry.
El muchacho se defendió lo mejor que pudo, pero los hechizos del joven más mayor fueron muy potentes, y más a tan corta distancia. Olvidando por un momento que era un mago, Harry desató su ira de la manera más practica que se le ocurría, con un puñetazo en la mejilla de su oponente.
Esto le cogió por sorpresa, pues no esperaba hacerle mucho daño, más teniendo en cuenta de que Harry era más pequeño que John.
El joven sacudió la cabeza rápidamente, quitándose de encima un poco de sangre y reaccionando con mucha fuerza. Su maleficio rechazo fue tan potente que alejó a Harry, obligándolo a volverse sobre sí mismo para usar su poder y evitar un impacto fortuito contra otra gran placa de hielo.
A lo lejos su madre seguía teniendo problemas para doblegar al tal Severus. No tenía ni idea de si ella conseguiría vencer o si su oponente, el cual tenía pinta de ser alguien calculador y frío, tendría un as en el manga reservado para inclinar el duelo a su favor.
Harry no tenía tiempo para especular, pues el derrotar a los dos seguidores de Voldemort que le hacían frente se había convertido en su prioridad.
Enfocando a John, Harry se acercó a él a gran velocidad, pero para su sorpresa su oponente le había lanzado un hechizo electrizante, del cual se tuvo que defender como pudo. Instintivamente utilizo su mano izquierda, la cual estaba rodeada de energía oscura, y con ella pudo retener parte del hechizo. A continuación, rodó hacia la derecha para esquivar otro hechizo y le devolvió el anterior, sorprendiéndole.
- Ahora verás...- Harry estaba listo para atacarle de nuevo, y con más potencia que antes, sin embargo, una fuerte ráfaga de hielo le azotó con fuerza, hasta tal punto que le mandó a volar. Su ira, sin embargo, era aún mayor, y la energía oscura que emanaba de su cuerpo hizo un extraño estallido en el cielo, evitando que saliera despedido del todo. Luego, antes de impactar, su energía lo retuvo durante un segundo en el aire antes de dejarle caer con seguridad.
- ¿Estás bien, Mer? - le preguntó John a Mérula rápidamente.
Ella estaba herida, pero no daba la sensación de que se había rendido. Al contrario, su rostro reflejaba rabia y a la vez miedo.
- ¿Qué demonios eres? - inquirió, mirando a Harry. - ¿Un experimento de magia oscura? -
Harry se burló. Era interesante escuchar a una bruja hablar de algo más propio de la ciencia muggle. - Yo…- dijo, con voz grave, caminando hacia ellos y quitándose la capucha. - no soy ningún experimento…-
Los dos jóvenes abrieron la boca con sorpresa. Claramente no se esperaban a encontrar al personaje detrás de aquel mito inventado por el mundo mágico sobre la caída de Voldemort.
- Mérula, - dijo el joven, retrocediendo un poco, al igual que ella. - ¿te has fijado en esa cicatriz? -
- No puede ser…- susurró Mérula, con la cara aún desencajada y ensangrentada.
- La persona que está allí me salvó la vida de vuestro querido Lord…- dijo Harry, en tono grave y señalando a su madre, quien a lo lejos seguía enfrentando a Severus. Al mismo tiempo, se preparaba para atacar de nuevo. - ¿venís a terminar su trabajo? Lamento informaros que hoy fallareis pues me encargaré de acabar con ustedes…-
- ¿Qué ella te salvó de tú sabes quién? - inquirió John, incrédulo. - Eso es una locura, de ninguna manera ella…-
- ¡ES MI MADRE! - rugió Harry. - ¡Y NO ME LA VAIS A ARREBATAR! -
No perdió más el tiempo. Harto de que aquellos chicos le estorbaran decidió usar todo cuanto tenía para deshacerse de ellos. Para empezar, con su energía oscura obligó a John a repeler un potente maleficio Flipendo. Así decidió deshacerse de quien más problemas le estaba causando, la tal Mérula.
Ella volvió a atacarle con hechizos de hielo, a los cuales poco a poco se fue adaptando, aunque no fuera lo suficientemente rápido como para esquivar todos los ataques que le lanzaba. Harry concentró su energía una vez más y combinándolo con un Desmaius potentísimo se lo lanzó a Mérula. Justo antes de que este impactara en ella, John se puso en medio y lo repelió con todo lo que tenía, hasta tal punto de que salió volando, impactando en el hielo. El joven estaba gravemente herido, pues el impacto fue tan fuerte que salía sangre de su pecho, como si le hubieran disparado con una escopeta de perdigones.
- ¡NO! - gritó Mérula, olvidándose de la batalla y acudiendo en ayuda de su compañero caído. - ¿John? ¿¡John!? Vamos, levántate…-
Era una imagen terrible y, sin embargo, disfrutaba viéndolo, disfrutaba contemplando el sufrimiento ajeno. Con una sonrisa arrogante en su rostro, Harry caminó hacia ellos, preparándose para asestarles el golpe final.
- Es vuestro fin, - dijo. - lacayos de Voldemort…-
- ¿¡Que dijiste!? - gritó Mérula, con lágrimas en sus ojos. - ¿¡Como te atreves!? ¡Nosotros no somos lacayos de ese cab**n! -
- ¡Basta de mentiras! - exclamó Harry, sintiéndose más furioso. - ¡Mi madre me dijo que todos los Slytherins están a su servicio, por algo me ha mostrado innumerables pruebas de que así es! ¿Qué es lo que te falta? ¿Un precioso tatuaje de una calavera con lengua de serpiente en el antebrazo? Apuesto a que te gustaría… -
- ¡CALLATE! - rugió Mérula, abrazando a John de manera protectora. - ¡NO SABES NADA DE MI! -
- ¡SÉ LO SUFICIENTE! - replicó Harry con dureza, a medida que la ventisca se hacía presente, azotando a los tres. - Por culpa de ese ser perdí a mi padre...¡No dejaré que me arrebatéis a mi madre también! -
Su varita brilló con un gran resplandor rojo, al punto que su mano comenzaba a temblar. Estaba listo para acabar con ellos, alzando su varita y pronunciando el encantamiento aturdidor a toda potencia.
- ¡ALTO! - exclamó el hombre llamado Severus, interponiéndose entre ellos. Estaba herido por su combate con su madre. - ¡Estas cometiendo un grave error! ¡Esa mujer no es Lily, te ha engañado para utilizarte! -
- ¿¡Que hiciste con ella!? - inquirió Harry, mirando al individuo con odio.
- No tardará en volver, - dijo Severus, sin dejar de apuntar con su varita hacia él. - escúchame, te ha mentido todo es tiempo. Ella es Patricia Rakepick, es una mujer que trabaja para "R". Al parecer quiere utilizarte como arma para seguir con sus planes. -
- ¿¡Qué clase de broma es esta!? - dijo Harry, pensando que todo lo que intentaba el sujeto era mentirle. - No me creo nada de lo que estás diciendo Slytherin, mi madre es Lily Potter, y ella…-
- Tiene tus ojos…- replico Severus, mirándolo de manera calculadora.
- ¿Eh? - Harry se quedó un poco aturdido. - ¿Pero que estas…? -
- Tú has nacido con los ojos de Lily, - dijo Severus suavemente. - eres todo lo que queda de quien fue en su día, mi mejor amiga…-
Harry pensó que todo lo que hablaba aquel señor era absurdo. Su madre le había rescatado de la asquerosa vida que llevaba con los Dursley, y con ella volvía a tener una familia. ¿Qué tenían que ver sus ojos?
- Ella se sacrificó para salvarte, - prosiguió Severus. - dio su vida a cambio de la tuya. ¿De verdad vas a dejar que una cualquiera te haga creer que es tu madre? -
- ¿Cómo te atreves a…? - justo cuando estaba por atacarle, Harry sintió un dolor parecido al de un pinchazo en su cabeza.
Entonces en sus recuerdos podía ver la imagen de una mujer, hermosa, joven, de pelo rojo y…No podía ser. Justo cuando ella le dejaba en su cuna para encarar al mago tenebroso Voldemort, pudo verlo. Sus ojos eran verdosos, como dos esferas de color esmeralda, como los suyos.
Y entonces, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Mérula lloraba mientras intentaba reanimar a John. Por lo que sabía, los seguidores de Voldemort no tenían tendencia a ser personas con ese tipo de sentimientos, por lo que quizás, al final, era cierto. Ellos no eran el enemigo, estaba cometiendo un error.
Tan pronto como la ventisca amainó, toda la ira que sentía se convirtió en dolor, en tristeza. Si lo que ese hombre le decía era verdad, entonces solo significaba una cosa. A pesar de ser quien era, seguía solo…
- No puede ser…- susurró Harry, dejando caer su varita y conteniendo las ganas de llorar para no sentirse peor. - Mamá…-
- Lo siento Potter…- dijo Severus, desviando la mirada.
- ¡Harry! -
A lo lejos, la mujer que se había hecho pasar por su madre le había llamado. Estaba herida, pero aun así no le importaba. Sintió una ira corrosiva salir de su interior tan pronto como la vio haciendo señas para que huyeran.
- Tú…-
Justo cuando estaba a punto de desatar su ira contra la mujer pelirroja que le había engañado, sintió un fuerte golpe en la espalda, y luego todo se desvaneció…
Capítulo 66 - Hay que encontrar el Santuario
Era sorprendente como en apenas unos instantes, muchas imágenes habían pasado por su cabeza, hasta el punto de doler. Harry no daba crédito a lo que había visto, ¿Cómo pudo pasar? ¿En qué momento? ¿Qué había sido de John? ¿Qué le había pasado a aquel chico? ¿Por eso Mérula consideraba que era peligroso? Solo sabia una cosa, su pérdida de control fue absolutamente terrible.
No fue hasta que las goteras de las mazmorras captaron la atención de su oído cuando finalmente su mente volvió al presente. Había presenciado aquel ser impulsivo y sin control que yacía en su interior, siempre ansioso por salir y entrar en acción. Alguien que si se descarriaba podía herir gravemente a otros o incluso…¿matarlos?
Sacudió la cabeza, un simple recuerdo había logrado lo que ninguna película de terror había hecho antes: darle miedo. Lo peor era que se trataba de sí mismo.
Cierto era que, haciendo memoria, solo tenía esos impulsos en determinadas ocasiones, como podía ser al borde de una derrota, o que Voldemort estuviera cerca de él (como había ocurrido tanto a finales de su primer año como en el segundo). No, había más…
- Todo cuanto tiene que ver con él me impulsa a actuar así…- pensó Harry, llevándose las manos a la cabeza.
- ¿Potter? -
Alzó la mirada. Hacía unos minutos, en esos recuerdos que había olvidado, (¿o se lo habían quitado? Ya no lo sabía) el mismo individuo que estaba frente a él le había convencido de detenerse, de hacer una rápida reflexión para entender que Patricia Rakepick le había engañado. Tres Slytherins persiguiendo a una organización que trabajaba para Voldemort, ¿había mejor prueba que esta de que lo que definía a las personas eran sus acciones? Al principio lo dudaba, pero entre Malfoy y su recuerdo recién recuperado le daban a Harry una buena razón para creer en ello.
Era sorprendente que entre ese momento y en el que se encontraban les separaran cinco años. No era lo mismo, había aprendido que era un mago, que existía toda una comunidad de gente como él, una escuela donde aprender a darle uso a sus poderes…y entre el aprendizaje, estaba uno en específico para dominar unos poderes que nadie más, a parte de él, poseía.
Aun así, también se sentía un poco contrariado. ¿Ellos sabían lo que pasaba en la casa de sus tíos? ¿el tormento por el que había pasado en aquel lugar y en su escuela muggle?
- Dígame…- dijo Harry, mirando los ojos oscuros de Snape. - ¿ustedes lo sabían? -
- ¿Hm? -
- ¿Lo sabían? - repitió Harry, empezando a impacientarse. - ¿Lo que pasaba conmigo en casa de los Dursley? ¿En la escuela muggle? ¿Y qué pasó con todo el desastre que provoqué cuando Dudley y su banda me acorraló? -
Sin perder la compostura, y con la misma tranquilidad con la que siempre se dirigía a los alumnos en clase, Snape dijo: - Si, Albus y yo analizamos la memoria para ser más cuidadosos con tu…protección. - se levantó de su silla y empezó a ordenar algunos frascos con pociones, mientras seguía hablando. - Fue muy afortunado que solo Rakepick conociera tu identidad. Dumbledore tuvo que dar varias explicaciones a los aurores, convenciéndoles de que el mago oscuro al que intentaron arrestar había sido derrotado por él. -
- Los aurores…- recordó Harry. - Dos de ellos me alejaron de la ciudad para pelear conmigo. Luego apareció…ella. ¿Qué pasó con los aurores? -
- ¿Tu qué crees? - preguntó Snape en tono sarcástico, al mismo tiempo que colocaba un caldero encima de la chimenea, a la cual prendió fuego. - Están muertos. -
- ¿¡Que!? - inquirió Harry, sin poder creérselo.
- Así era Rakepick, - dijo Snape. - primero humillaba a sus oponentes, y si no podía sacar ningún provecho de sus vidas pues acababa con ellas. Después de matarlos transfiguró los cadáveres en piedra, para ocultar las pruebas. Los aurores tardaron tres semanas en encontrarlos y transfigurarlos nuevamente para poder darles un entierro digno. Fue una lástima…Myers y Spooner fueron de los mejores aurores en tiempos recientes, pero la maldita Rakepick era muy hábil y astuta…- con su varita llenó de agua el caldero de la chimenea. - Debí acabar con ella en Groenlandia…-
Harry se sintió mal por los aurores caídos. No esperaba que terminaran así, sin embargo, aún le quedaba por saber el resto.
- Uno de nuestros confidentes nos alertó de tu desaparición, - prosiguió Snape. - pasaron dos meses desde entonces. Mientras te buscábamos seguimos el rastro de Rakepick y descubrimos la estrategia que utilizaba su organización para abastecerse. - antes de que Harry hablara añadió: - ¿Provisiones? Si, pero no solo ingredientes para pociones mayoritariamente prohibidas, estos individuos también comercializaban objetos mágicos, la mayoría de estos, con magia oscura…-
- Así que al final si eran traficantes. - bufó Harry.
- Si, - asintió Snape. - aunque ellos solo se encargan de comercializar ilegalmente con lo obtenido tras una serie de tratos con los Suopsittacus. -
- ¿Quiénes son ellos? -
- Entre muggles serían más conocidos como los piratas, - explicó Snape. - sin embargo, los Suopsittacus practican la piratería con material mágico. Son muy peligrosos, pues saben ocultarse bien no solo en los mares, sino también en los cielos…-
- ¿Qué? ¿En el cielo? -
- Eso es materia para séptimo año, - replicó Snape, frunciendo el ceño. - tengo entendido que quedan pocos hoy en día, pero nunca se sabe…En cuanto a lo que preguntaste antes…Después de encontrarte, extraerte el recuerdo y devolverte con los Dursley, Dumbledore se presentó en su casa. Habló con ellos para recriminarles el mal trato que te habían dado, exigiéndoles uno mucho mejor en adelante. Según me dijo Albus ellos se comprometieron a cumplir con lo exigido, pero…-
- No cumplieron. - dijo Harry amargamente. - A sus ojos yo no era más que un estorbo, pero bien que me usaban para hacer los quehaceres de la casa. -
- Algo que a estas alturas deberías entender, Potter, es que la vida no es justa. - Snape comenzó a echar Bundimun (un hongo verdoso con muchos ojos, que puede destruir una casa entera) molido al caldero. - Todo cuanto se puede hacer es lidiar con los problemas con cabeza…claro que los Gryffindors entienden otro concepto de cómo enfrentarlos…-
Harry sonrió levemente, todo Slytherin siempre optaría por soluciones más elaboradas que prácticas. - Lo sé…- dijo. - gracias…-
- ¿Por qué? - preguntó Snape, mientras añadía dos medidas de pasta venenosa de streeler (un caracol gigante que cambia de color cada hora y su rastro es tan venenoso que quema toda la vegetación por donde pasa) al caldero.
- Por aceptar darme clases extra, - dijo Harry, sonriendo con tristeza. - y por ofrecerme un poco más de verdad…-
- Hm…- Snape removió su caldero cinco veces en el sentido de las agujas antes de decir: - Te diría una de las frases de ese viejo loco, pero…creo que paso. Puedes irte, mientras tanto practica todo lo que puedas y prepárate para el siguiente curso. -
Asintiendo, Harry dejó que el profesor Snape siguiera elaborando una poción que comenzaba a oler mal. Avanzando por el pasillo de las mazmorras siguió pensando en lo ocurrido cinco años atrás. Saber esto no le dejaba tranquilo, sino al contrario, sentía que aquello que los Boggarts le mostraban cuando él estaba presente podía ser realidad en algún momento, a menos que le pusiera remedio. Era más importante que nunca el poder controlar su habilidad, la cuestión era si lo podía lograr…
Sus pensamientos se trasladaron hacia un año atrás, cuando Dumbledore le reveló que la noche que Voldemort le había atacado este, consciente de ello o de manera accidental, le había transmitido parte de sus poderes. ¿Era esta extraña habilidad parte de esos poderes? No era un pensamiento tan descabellado, después de todo, una de sus habilidades era la lengua Pársel. Esto le llevaba a preguntarse sobre que más podía hacer.
Algo que le hubiera gustado preguntar al profesor Snape era sobre lo sucedido con Rakepick, ya que él habló de ella en pasado. Esto daba a entender que lo que dijo Mérula cuando fue a visitar a Hagrid era verdad. Patricia Rakepick estaba muerta.
- Probablemente fue por venganza…- pensó Harry, mientras se llevaba una mano a la cabeza a medida que subía hacia el vestíbulo, esperando poder ver a Hermione en la Biblioteca. - En el recuerdo mencionaron la muerte de un tal Rowan, y luego Mérula dijo algo de la tortura de un año atrás…bueno, cosas así me dejan en claro que Rakepick era toda una lacaya de Voldemort…- siguió avanzando mientras intentaba calmarse.
….
El día era magnifico para hacer actividades al aire libre. A diferencia de días pasados, Chloe y sus amigas estaban listas para navegar en un bote por el Lago Negro. Aunque primero tuvieron que ir a por instrumentos para su pequeña aventura.
Los botes del cobertizo únicamente funcionaban cuando el director o algún profesor autorizado los hechizaba para que se movieran solos por las aguas. Al no estar hechizados, estos eran simples botes sin magia, por lo que cualquiera que quisiera usar uno de estos tenía que utilizar la metodología muggle, ya sea por medio de velas o, en su defecto, remos.
- Y, además… - pensó Chloe, mientras colocaba varias cañas de pescar en la parte trasera del barco. - tenemos esto para la captura del día. ¡Que emoción! -
Hacía meses que las chicas no iban en bote. No era la primera vez, pues ir en barco era otra de las actividades favoritas de Chloe. Para ella era decepcionante la idea de solo poder subir en los botes una vez en toda la estancia de un alumno en Hogwarts, pudiendo aprovecharlos para hacer más actividades al aire libre como, por ejemplo, la pesca "deportiva".
- Me gustaría contar con una red de pesca, - comento Luna, mientras ayudaba a Ginny a acomodar los remos y el cubo de pesca. - podría ser útil para capturar gusanos aquavirus. -
- ¿Qué clase de gusanos son esos? - le preguntó ella.
- Son gusanos muy parecidos a los cerebros humanos. - explicó Luna. Chloe se dio cuenta de que no llevaba zapatos otra vez, pero justo cuando iba a preguntar por ello su amiga siguió hablando. - llevo tiempo queriendo atrapar a uno para estudiarlo y así incluir la investigación en mi libro de magizoología. -
Antes de que Ginny cuestionara la existencia de aquella criatura, Chloe se subió al bote.
- Sería interesante encontrar algo así, - dijo ella. - ¿te lo imaginas? Todo un descubrimiento. -
- Eso si es que encontramos a esa criatura…- señaló Ginny, cogiendo un remo.
- Venga, - sonrió Chloe, cogiendo el otro remo. - ¡es hora de pescar! -
Era hora de zarpar. El sol estaba aún radiante (debían ser casi las cuatro de la tarde), y mientras iniciaban el avance por las calmadas aguas del lago, Luna ató un cerebro de rana en el anzuelo de su caña y lo lanzó por la popa.
- ¿Crees que conseguirás dar con un gusano aquavirus con un cerebro de rana? - le preguntó Chloe a Luna.
Ella asintió. - Las babas de rana estimulan a los gusanos aquavirus, - explicó. - así que este aperitivo les puede interesar. Intentemos acercarnos más a las sombras, quizás estén escondidos allí. -
Chloe reprimió las ganas de reír. Sonaba tan absurdo el intentar buscar a unas criaturas acuáticas que probablemente no existían (bastaba ver la mirada entrecerrada de Ginny), y sin embargo allí estaba, intentando contentar a una amiga y alejar a otra de la rutinaria búsqueda del conocimiento.
- Vale, - bufó Ginny. - ¿Qué tal debajo de viaducto? Es posible que allí encontremos algo interesante. -
- Cierto, - asintió Chloe. - aún no hemos pasado por allí. -
Con el rumbo fijado, giraron a estribor en dirección al viaducto. A medida que avanzaban, Chloe y las chicas se deleitaban con las vistas desde el bote en dirección a la orilla, algo de lo que no podían disfrutar desde tierra.
- Ojalá que no nos pillen…- pensó Chloe, lo que solía tener en mente cuando tenía claro que estaba en medio de una travesura.
A lo lejos se podía ver a un grupo de Hufflepuff desgnomizando el jardín de Hagrid, a la vez que el guardabosques no parecía muy contento. ¿Tenía que ver con que varias de sus hortalizas terminaron aplastadas? En especial, había un chico rubio con la cara contorsionada de ira, el cual no conocía muy bien, sin embargo, sí que recordaba la mirada sorprendida de Ernie Macmillan, el cual si parecía estar disfrutando de la actividad.
- ¿Qué crees que habrán hecho? - dijo Ginny, sonriendo con diversión.
- Si han intentado robarle hortalizas a Hagrid, - observó Chloe. - es muy probable que les haya puesto como castigo desgnomizar su jardín. -
- Al menos podrían intentar tirarlos al bosque prohibido, - bufó Ginny. - ¿Qué planean? ¿Ahogarlos? -
- Oh no te preocupes por eso, - dijo Luna, sin dejar de mirar al lago. - al Calamar gigante le gusta rescatar a gente ahogándose. Seguramente los dejará a salvo en la orilla para que vuelvan al jardín. -
Chloe y Ginny se miraron, antes de encogerse de hombros y seguir remando.
Las aguas seguían en calma, no había mucho viento como para tirar de una vela, aunque tampoco era posible pues los botes estaban diseñados para como mucho ser manejados con remos. Había una larga distancia a recorrer antes de alcanzar el viaducto. Siguieron girando a Babor hasta que perdieron de vista a Hagrid y al grupo de Hufflepuffs. Tan alejados del bullicio escolar, Chloe pensó que podía ser una buena oportunidad para hablar con sus amigas.
Cada vez que iba a darle los buenos días, Ginny ya se había levantado antes que sus compañeras de habitación. No era hasta que coincidían en el Gran Comedor o en clases donde entablaban una conversación, lo cual no era muy diferente a como interactuaba con Luna.
Cuando no estaba estudiando, ella se iba a las cercanías del bosque para visitar a los Thestrals, unas criaturas las cuales solo las personas que habían visto morir a alguien podían ver. ¿En serio le tranquilizaba estar rodeada de criaturas así?
- ¿Chloe? - preguntó Ginny de repente.
- ¿Eh? ¿Sí? - farfulló Chloe, saliendo de sus pensamientos.
- Siento mucho que no hayamos hablado tanto como deberíamos este año, - dijo Ginny, sin perder de vista la dirección que habían tomado. - es solo que…quería ver hasta dónde puedo llegar. -
- ¿Qué quieres decir? -
- Draco insistió en ello, - comentó ella. - él ve un gran potencial en mí y cree que si me preparo adecuadamente podría darle un buen uso de cara al futuro. Es cierto que desde que acepté tengo algunas dudas, pero…estoy encantada de que me acompañe durante las tardes de estudio en la biblioteca. Se me hace más cómodo estudiar a su lado y…creo que me ha ido bien. -
- Desde luego, - repuso Chloe, frunciendo el ceño. - los resultados están en el boletín. Te has lucido. -
- No es la única que ha estado con otras personas, - dijo Luna distraídamente. - gracias a Neville he mejorado mucho en Herbología, al mismo tiempo que ha estado acudiendo a mí cada vez que tenía dudas con los deberes de Cuidad de Criaturas Mágicas. -
- Y eso que estás en segundo. - dijo Chloe con una risita. - ¿Algo interesante más allá de lo académico? - preguntó, arqueando las cejas.
- Neville es un buen chico, - respondió Luna automáticamente. - es algo tímido, pero siempre que está conmigo se esfuerza en ocultarlo. Yo simplemente le digo que no necesita hacer eso, que si quiere puede ser el mismo a mi lado…-
- Dime…- Chloe sintió la necesidad de saber más. - ¿Te ha dicho si tu…? -
- ¿Qué si perdí los zapatos? - preguntó Luna, con su mirada soñadora. - Si, y admiro su intento por recuperarlos. Ha hecho todo lo posible para evitar que los Nargles sigan adueñándose de mis zapatos, pero no puede hacer mucho ante tan escurridizas criaturas. Solo me queda esperar a que me los devuelvan o a que él los encuentre, aunque si no lo hace no me importa, sé que es una pérdida de tiempo preocuparse por mi calzado. - Ginny se rió levemente.
- ¿Habrán sido esos dos de nuevo? - pensó Chloe, recordando a ciertos estudiantes de Ravenclaw a los que tenía en mente mientras rodaba los ojos. - Bueno, esto ya es el colmo, en cuanto los encuentre…-
- ¿Qué hay de ti con Harry, Ron y Hermione? - preguntó Ginny de repente.
- ¿Eh? -
- Has pasado mucho tiempo con ellos, - prosiguió ella, lanzándole una mirada más propia de sus horas de estudio. - especialmente con Harry…-
- Si, - dijo Chloe, encogiéndose de hombros. - mis queridas amigas estaban haciendo su vida y mientras tanto yo he estado bromeando con Ron, estudiando con Hermione (cuando no estaba encerrada en su muro de libros) y acudiendo a las prácticas de magia con Harry. Él dice que he mejorado mucho con respecto al año pasado y…-
Algo no iba bien, Ginny asintió y con el rostro medio descubierto siguió remando. ¿Había dicho algo malo? Antes de que pudiera preguntarle Luna habló.
- Ron y tú habéis sido muy traviesos este año, - dijo ella, tirando del anzuelo para descubrir que había pescado a un Plimpy (Un pequeño pez de cuerpo redondo y largas patas elásticas que solían pasear por el fondo del lago en búsqueda de alimento). - yo pensaba que los únicos que hacían bromas pesadas a la gente eran sus hermanos gemelos. Juntos sois una gran competencia…-
- ¿Eh? No lo había visto de ese modo…- farfulló Chloe, sintiendo por un momento que sus mejillas se calentaban. ¿Sería por el sol? - ¿Ginny? ¿Ocurre? -
- ¿Eh? - farfulló ella, sacudiendo la cabeza y con una extraña sonrisa - Nada…creo que me he mareado un poco, disculpa. Tch, no sé cómo lo haces para estar tan tranquila en el bote…-
- ¡Oh! Me gustan los barcos, - dijo Chloe, emocionándose al recordar la pequeña maqueta dentro de una botella de cristal que tenía en su habitación, en casa. - ojalá algún día tenga uno de los grandes…-
Pasaron unos minutos hasta que finalmente llegaron al viaducto, donde encontraron a un interesante cardumen de peces. Había nacidos de muggles que creían que en el Lago Negro solo habitaban criaturas acuáticas mágicas, pero no era así. También había algunas zonas del lago con criaturas más conocidas por el mundo muggle, como por ejemplo las truchas, los salvelinos o los piscardos.
Para las brujas y los manos no era muy complicado pescar, pues con magia se podía hacer fácilmente, sin embargo, no era lo mismo con los métodos muggles, y a Chloe le parecía fascinante la manera en la que ellos conseguían los peces. Transmitió algo de ese entusiasmo a sus amigas y allí se encontraban, debatiendo si por una vez podían quedarse con las trucas o simplemente dejarlas libres.
Finalmente se decantaron por lo último, pues de todos modos residían en un castillo con buena comida durante el periodo escolar y, además, estaban cerca de volver a sus casas.
Cuando finalmente se disponían a dejar sueltos a los peces, un fuerte golpe atizó la barca donde se encontraban, haciendo rebotar todo lo que había.
- ¡Oh no! - exclamó Chloe, cuando se dio cuando de lo que había saltado del bolsillo de su camisa.
Llevaba consigo un anillo adornado con rubíes y esmeraldas que le había regalado su madre, ya que el día de su cumpleaños aún no tenía pensado que regalarle y entre una cosa u otra no se decidía. Es por eso que aprovechando la visita se acordó de dárselo.
El anillo rebotó, y Chloe estaba aterrada ante la idea de que este se inundara en el agua. Para su "suerte", el anillo rebotó en una roca y se coló en lo que parecía la entrada a una pequeña cueva.
- ¿¡Que ha sido eso!? - inquirió Ginny, reincorporándose y salvando por poco los peces que habían atrapado en el cubo.
- El Calamar Gigante, - dijo Luna, saludando afablemente al Calamar. - habrá pensado que veníamos a darle de comer por el olor a truchas. -
- ¿Qué ha pasado Chloe? - le preguntó Ginny, al darse cuenta de que había empezado a remar desde la popa para acercarse a la pequeña cueva.
- El anillo de mi madre, - jadeó Chloe, soltando el remo justo cuando vio que había distancia suficiente para alcanzar la cueva de un salto. - se me calló allí. Descuiden, no tardaré. -
Saltando ágilmente hasta la entrada, Chloe se metió en la cueva y, al empezar a descender por lo que parecía una especie de escalera de rocas, blandió su varita y la iluminó con Lumos. Cuando finalmente llegó abajo se dio cuenta de que la cueva era muy grande, aparte de que, por alguna extraña razón, hacía algo de frío. Mirando a su alrededor, pudo observar cómo había varios objetos de considerable valor, como joyas de plata, vajillas, un espejo de bordeado dorado, pero con el cristal quebrado, varios cofres…y entonces, cerca de una roca polvorienta encontró su anillo.
- Vaya…- pensó Chloe, soplando su anillo y poniéndoselo en el dedo anular de su mano izquierda para no volverlo a perder. - este sitio está lleno de cachivaches muy interesantes. Quien quiera que entre aquí podría sacar tajada de todo esto…Oh no, esa mentalidad es más propia de mi padre…-
Otra cosa que había visto y que al principio decidió hacer caso omiso, fue la presencia de lo que parecía ser un rastro de sangre en el suelo, cerca de los objetos de valor. A continuación, empezó a oír varios gruñidos, muy parecidos a los de los gnomos. Haciendo una mueca, decidió marcharse del lugar, pero justo cuando se disponía a subir nuevamente recibió un fuerte golpe.
Chloe rodó sobre sí misma y rápidamente creó un escudo con el encantamiento protector, justo a tiempo para bloquear el golpe del individuo que le estaba atacando.
Se trataba de una criatura que por lo que sabía, no estudiaría hasta su tercer año. Era un Gorro rojo, el cual empezó a atacar de manera absurda con un mazo de madera anticuado. Chloe no quiso perder más el tiempo y rápidamente se lo quitó de encima lanzándole un maleficio rechazo. Empezó a subir, pero el Gorro Rojo fue tras ella, por lo que tuvo que seguir lanzándole hechizos para obligarle a retroceder, hasta finalmente lograr salir de la cueva.
Saltó sobre el bote, se sentó al lado de Ginny y le hizo un gesto para que, entre las dos, remaran de regreso al cobertizo.
- ¿Estas bien? - le preguntó Ginny, mientras observaba a Chloe de reojo.
- Si, - bufó Chloe, aun doliéndose del golpe que había recibido.
- ¿Quién te ha golpeado? - preguntó Luna, dándose cuenta (como siempre, o en la gran mayoría de ocasiones) de lo que pasaba.
- Un Gorro Rojo. - respondió Chloe a regañadientes.
- ¿Había uno allí dentro? - inquirió Ginny, con un repentino interés. - Mis hermanos siempre dicen que los Gorros Rojos atesoran objetos de valor en sus escondites. ¿Viste algo de…? -
- Si, - dijo Chloe, rodando los ojos. - pero no creo que sea buena idea volver allí. Creo que hay más de ellos. -
- Además, - añadió Luna. - no les gusta que le quiten sus cosas. Es mejor dejarlos tranquilos…-
Finalmente, Luna le pidió a Chloe que le dejara el remo para que ella pudiera recuperar su brazo del golpe, a medida que se acercaban al cobertizo. Mientras tanto, entre Ginny y Luna le comentaban a Chloe lo feliz que se veía el Calamar Gigante cuando le ofrecieron el cubo de truchas. A pesar de todo, había sido un entretenido día de pesca.
…
- Que tengas un buen viaje, Hedwig. -
Silbando muy contenta, la hermosa lechuza de Harry salió volando por la ventana de la biblioteca más cercana, la cual daba con el lago. Qué bueno era tener un día sin que la señora Pince se estuviera quejando de los ruidosos estudiantes que enturbiaban el buen ambiente de su salón plagado de libros.
Hermione estaba ilusionada ante la idea de que Harry pasara las vacaciones con ella y su familia. Era una excelente oportunidad para tener algo de convivencia alejados del mundo mágico (relativamente, ya que también tenían trabajo que hacer durante las vacaciones). Sus padres ya le habían pedido anteriormente que no dudara en invitarle, pues Harry había establecido una buena relación con ellos, aunque recordando las miradas que le dirigía su padre cuando hablaron del tema un año atrás, parecía que su interés iba más allá de conocer a su mejor amigo.
Sea lo que fuere la calma volvía a Hogwarts, sin Dementores, sin un fugitivo suelto y sin un loco con mascara (que a saber dónde estaba). Todo cuanto quedaba por hacer en su tiempo libre era encontrar alguna pista de la ubicación del Santuario de Gryffindor.
Ya era la segunda vez que tanto ella como sus amigos tenían que indagar en búsqueda de un lugar oculto en Hogwarts, aunque en esta ocasión la única pista que tenían era que se encontraba fuera del castillo, y que con la ayuda de la Espada de Gryffindor se podía hallar.
- El límite de los terrenos lo marca el bosque prohibido, - pensó Hermione, mientras salía de la biblioteca. - si tan solo tuviéramos… -
- Hola Hermione. -
Ella se llevó un pequeño susto, y sin querer uno de los libros de la estantería que tenía a sus espaldas se había caído. Alzando la vista pudo ver a Harry entrar en la biblioteca, pero algo no estaba bien. No parecía contento, pero tampoco irritado, más bien era como si hubiera visto algo terrible y estuviera tratando de esconderlo.
- ¿Está todo bien, Harry? - le preguntó Hermione. - ¿El profesor Snape te dio mucho trabajo? -
- Algo así. - dijo Harry rápidamente. - ¿Podemos hablar? -
- Claro. -
La Biblioteca hubiera sido un lugar agradable para tener una charla, pero Harry pensó que lo mejor era subir a la Torre de Astronomía, donde habían tenido no solo charlas serias, sino también agradables. Subiendo por la gran escalinata escucharon los llantos de alguien inconfundible.
- ¡AY! ¡ESTO ES INTOLERABLE! ¡PRIMERO SIRIUS BLACK Y AHORA ESE PEQUEÑO E IRRESPETUOSO BRIBÓN! -
Luego, pudieron ver a Peeves huyendo despavorido del séptimo piso, sin dejar de reír escandalosamente.
- ¡Vuelve aquí, alimaña! - le gritó Filch, mientras intentaba atinar al poltergeist con su escoba de barrer. - ¡Espera a que te coja! ¡Mira que dibujarle un ridículo mostacho a la Dama Gorda! ¡Te vas a enterar! -
- ¿Te imaginas la de bromas pesadas que habrá hecho Peeves? - le preguntó Hermione a Harry, esperando animarle. - Fred y George lo tienen muy crudo si quieren igualar su récord, ¿tú qué dices Harry? - pero él no respondió. - ¿Harry? -
Parecía bastante inmerso en sus pensamientos como para formular una respuesta. No intentó hablar con él hasta que finalmente llegaron a la Torre de Astronomía. En ocasiones, Hermione se preguntaba cómo es que siempre dejaban abierta el aula y el acceso al gran telescopio que había arriba del todo, más allá de tomar la exploración del espacio exterior como un entretenimiento (que por supuesto lo era). El sol comenzaba a descender poco a poco, pero no tan rápido como a principios del curso escolar. Su descenso era más propio de un día de verano común.
- ¿Qué ha pasado? - le preguntó finalmente ella, esperando ansiosamente una respuesta.
- Hermione, - empezó, hablando al fin. - ¿Recuerdas lo que hablamos el otro día? ¿Esa noche, donde hablamos de mí y de mi crecimiento como mago? -
- Si, - asintió Hermione. - ¿vuelves a preocuparte por eso? Harry, ya lo hemos hablado, no hay nada que…-
- ¿Recuerdas que me dijiste que Mérula Snyde te dijo que me conocía? ¿Qué yo era un peligro? -
- Por supuesto que lo recuerdo, - repuso Hermione. - pero no por eso ella…-
- Tenía razón. -
- Harry, ¿pero porque dices…? -
- No podía recordarlo…porque simplemente no tenía ese recuerdo. -
Hermione se quedó sin palabras. ¿Qué no tenía ese recuerdo? ¿Qué recuerdo? Iba a preguntarle por ello, pero Harry comenzó a contarle lo sucedido. Le explicó que había hablado con Snape sobre la importancia que tenía el que controlara sus poderes, y más después de ver lo que podía hacer si no lo hacía. Luego, el profesor le dio un recuerdo de cinco años atrás donde él había sido atacado por su primo y su banda, provocando que una misteriosa magia oscura conocida como Reiumta despertara en su interior. A partir de ahí, fue atacado por la policía muggle, huyó de un grupo de aurores, y luego fue "rescatado" por Patricia Rakepick, quien se hizo pasar por su difunta madre, pero resultó ser un engaño para sacar partido de los poderes de Harry. Todo eso no lo descubrió hasta que se enfrentó a Snape, Mérula y John (supuestamente el conocido John Anderson) en una zona remota de Groenlandia. Luego de aquello, Snape le extrajo el recuerdo de todo lo que había pasado durante los dos meses que estuvo desaparecido, dejándolo con recuerdos anteriores al de la pelea con Dudley, para así evitar una inestabilidad en él.
- ¿Quieres decir…que posees magia oscura en tu interior? - le preguntó Hermione, con toda la tranquilidad que pudo.
- Si, - asintió Harry. - se puede decir que esta es la gran "herencia" que me dejó Ryddle, la noche que intentó matarme…-
- Entonces, ¿es por eso que necesitas hacer clases extra con Snape? -
Él asintió. - Es importante que lo haga. - repuso. - ¿Sabes? Mientras iba a la biblioteca para verte lo he estado pensando. Quizás no sea buena idea que vaya este verano a quedarme en tu casa. -
Escuchar eso no le gustó nada a Hermione. - ¿Por qué? - preguntó, imaginando que probablemente su mejor amigo estaba actuando así porque no tenía seguridad en sí mismo y su capacidad de autocontrol.
- Hermione, - empezó Harry. - ¿Cómo te sentirías si tus peores temores se hicieran realidad? ¿Si descubres que a fin de cuentas eres y has sido un…monstruo? -
¿En serio se estaba llamando monstruo a si mismo? Ella simplemente no daba crédito a lo que escuchaba. Había recordado algo terrible, algo que claramente lo tenía muy preocupado, por lo que era evidente lo que necesitaba.
- ¿Piensas que por tener esos poderes eres un monstruo? - le preguntó Hermione, negando con la cabeza y sujetando sus manos. - Harry, un monstruo no tiene sentimientos como el preocuparse de las personas que le importan, protegerlos y mantenerlos a salvo…Un monstruo solo busca generar problemas por diversión, o por que disfruta con el sufrimiento ajeno…-
Harry suspiró. - No quiero hacerte daño…- dijo afligido. - ni a ti, ni a tu familia…ni a nadie…Bueno, excepto a quienes se lo buscan por ser unos cabr*nes y…-
Hermione se río levemente, lo que hizo que Harry saliera de esa triste burbuja que se había generado en su cabeza. Después de tres años acudiendo juntos a Hogwarts, él seguía siendo el mismo chico al que le gustaba los retos.
- Mira, - dijo ella, mirándolo con seriedad. - me harás daño de verdad si no pasas las vacaciones conmigo, ¿vale? - Harry cerró la boca ante la sorpresa y asintió levemente. Algo que no pasó desapercibido para ella fue ver que sus mejillas se habían puesto un poco coloradas, quizás debido a que sentía un poco de vergüenza. Entonces Hermione sonrió al ver que sus ánimos habían cambiado. - Vamos, eres el rey de los retos. Toma este problema como una prueba más que debes superar. -
- Pero…¿y si esta vez no consigo…? -
- Eres Harry, - dijo Hermione, cogiendo valor para darle un beso en la mejilla. - no el niño que vivió, sino alguien que no conoce retos imposibles. Además, si me necesitas ya sabes que yo…estaré aquí. -
Por fin había conseguido hacer sonreír a Harry, hasta el punto de que él le dio un abrazo. Entonces sintió como su ritmo cardiaco se había acelerado. ¿Por qué le pasó esto? No lo entendía, después de todo Harry era su mejor amigo, de ninguna manera podía…
- Sentir algo más por él…- pensó Hermione, aferrándose a él todo lo que podía. - No…yo solo soy su mejor amiga. Podríamos ser como hermanos, ¿no? Quizás sea lo mejor, después de todo, ¿Por qué iba a mirarme de esa manera? - suspiró con resignación y volvió a mirarle.
- Antes no te lo había dicho, - dijo Harry, extendiendo su mano. - pero tengo lo que necesitamos para encontrar el Santuario. -
- ¿Qué es? - preguntó ella, con repentino interés por lo que iba a hacer.
Harry dijo en voz baja "Custo Gladipredium". De repente, materializándose en su mano apareció la famosa espada de Godric Gryffindor.
- ¿Pe…pero como…? - farfulló Hermione.
- Según el Sombrero Seleccionador como heredero de Gryffindor tengo la capacidad de llamar a la espada con estas palabras. - explicó Harry, diciendo "¡Somnum Amigladio!" y haciendo que la espada desapareciera. - Eso me lo dijo en una de mis visitas al despacho de Dumbledore. Lo he estado pensando mientras venía hacia aquí...Necesito respuestas Hermione, saber qué es lo que Gryffindor quiere realmente de mí…-
- ¿Teniendo en cuenta que Voldemort es el heredero de Slytherin no es obvio? - dijo Hermione, apoyando los codos en la barandilla. - Debes acabar con esa herencia, antes de que provoque más problemas. - Harry iba a decir algo más, pero ella tenía una idea de que podía ser, por eso decidió seguir. - Ahora bien, teniendo en cuenta de que hasta ahora solo has recibido unas pocas respuestas y, además, te quitaron un recuerdo importante (ya solo faltaba que no te lo devolvieran), me lleva a pensar a que existe algo más detrás que no te quieren contar…-
- ¿Entiendes ahora la importancia que tiene el que encuentre ese Santuario? - preguntó Harry. - si siguen dándome información a medias no sabré que más envuelve a Voldemort…y quizás a mí…-
- Me gustaría creer que Dumbledore actúa así para no echarte encima esta carga. - dijo Hermione, sintiendo algo de tristeza. - No es justo que tengas que verte envuelto en esto…-
No le gustó ver que en los preciosos ojos verdosos de Harry deslumbrara brevemente una luz rojiza. Era evidente que él no estaba en esa situación por gusto, sino por cosas que sucedieron en el pasado…y por herencia.
- Voldemort lo quiso así…- dijo Harry con dureza. - y algún día se lo haré pagar…-
- Sé que tiene que ser eliminado pero…¿realmente tienes corazón para matar a alguien? ¿incluso…si se trata de él? -
- No puedo dejar que el sacrificio de mi madre sea en vano…-
No importaba cuantas veces lo hablara con él. Harry podía ser una buena persona, sin ánimo de herir a otros, pero lo había perdido todo por culpa de Voldemort, ¿o quizás era por su herencia? Si fuera así se vería obligada a darle credibilidad a las profecías, algo que desde luego no le gustaba, pues por lo que Harry le había contado anteriormente, el que Gryffindor le dejara este papel tenía pinta de formar parte de un plan a raíz de alguna predicción. Hermione deseaba que esta teoría fuera más fruto del estrés durante el curso escolar y el disgusto que tuvo con Trelawney a que fuera cierta.
- Lo sé, - asintió ella finalmente. - en cualquier caso, es importante encontrar ese lugar. No sabemos que más intentará Voldemort para volver y es posible que allí también encontremos alguna pista al respecto…-
- Entonces, ¿vamos mañana? -
- Si, mientras tanto haré los preparativos. En caso de encontrar la ruta tendremos que estar preparados. No me creo que Gryffindor haya dejado ese lugar sin protección. -
- Yo tampoco. -
Tras ponerse de acuerdo, ambos se quedaron contemplando la puesta se sol. Hermione no pudo evitar sonreír al recordar esas ocasiones donde por momentos pensaba que podía ir más allá con Harry. De hecho, tenía la impresión de que tal vez él se sentía igual, algo que no se atrevía a dar por sentado, pues viendo a las personas que rodeaban a su mejor amigo la posibilidad no estaba muy clara. ¿O quizás sí?
Y si así fuera, ¿Qué la detenía a hacer el intento? Hermione lo sabía. No quería perderle, que su relación dejara de ser la misma. Para ella era mejor ser su mejor amiga que arriesgarse a no serlo más, pues Harry significaba un mundo para ella. Fue el primer chico que la trató como a alguien querido más que como una sabelotodo a quien podías acudir para resolver tus problemas.
Solía ser así antaño, cuando estudiaba en la escuela primaria muggle, y sintió tanta confianza en Harry que se atrevió a contarle su experiencia. Después de escuchar el mal trato que Harry había recibido por parte no solo de sus parientes, sino de ciertos compañeros de clase, le provocaba hasta vergüenza. A ella nunca (por suerte) le habían perseguido para golpearla, a ella solo le buscaban para reírse de su cabello, de sus alargados dientes y para pedir soluciones a los trabajos que dejaban para hacer en casa.
Sintió deseos de haber estado ahí para ayudar a Harry, y si fuera posible sacarlo de aquel horrible lugar al que llamaba casa. A sus padres les caía bien, por lo que, en caso de plantear la posibilidad, quizás podía hacer que Harry viviera con ella en la misma casa.
De repente sintió que sus mejillas entraban en calor, ¿Por qué le pasaba esto? Por mucho que lo negara tuvo que reconocer que Harry estaba teniendo un buen desarrollo, tanto que hasta parecía volverse cada vez más apuesto. Mientras regresaban juntos a la Sala Común de Gryffindor intentó no mirarlo de manera directa, al mismo tiempo que intentaba poner en orden sus pensamientos.
No le gustaba pensar así, y más si estaba decidida a preservar su amistad. Esperaba poder mantener esos pensamientos al margen durante las vacaciones.
Con la llegada de la noche solo les quedaba prepararse para ir en búsqueda del Santuario. Mientras regresaban a la Sala Común, Hermione mantenía en su cabeza el hecho de que Harry podía llamar a la Espada de Gryffindor, pensando que aún era muy joven para tener al alcance un arma tan peligrosa ("Es cierto que con ella pudo acabar con el Basilisco, pero aun así…", pensó).
Sea como fuere, tenían la oportunidad de encontrar un lugar oculto más en el Castillo, y no solo eso. Encontrarlo había adquirido una gran importancia, tanto por quien era Harry como el conocer más sobre la misión que tenía con Voldemort. ¿Qué más había detrás de todo eso? ¿Encontrarían respuestas en ese lugar?
…
Había algo que sin duda Ron tenía que reconocer, y es que daba gusto dormir sin los chillidos de Scabbers, lo cual llevaba haciendo desde que se escapó meses atrás, para luego ser encontrado por Hagrid. Sin duda, pensar que había estado casi toda su vida conviviendo con un asesino en forma de rata le había dejado sin palabras, pero entre lo sucedido con Sirius Black, Lupín y el enmascarado no le dio cabida al asco que sintió cuando se enteró de ello.
No estaba en la labor de preocuparse más por eso, pues al traidor solo le quedaba cumplir con la condena que estaba por caerle. Una vez estiró los brazos para bostezar recordó lo que tenía preparado para el día de la graduación de su hermano Percy. Por un lado, una despedida "maquiavélica" por parte de Fred y George, y por el otro, su pequeño plan para darle una lección a Draco (Dragón engominado) Malfoy, con el fin de exponer su falsa madurez y convencer a su hermana (una vez más) de que no era buena idea ser tan cercana a él.
- Estaría mejor si no se le acercara ningún Slytherin, - pensó, mientras se levantaba de la cama para ir al baño. - pero bueno, de momento me voy a conformar con alejar a ese idiota…-
El plan daría inicio al terminar la Ceremonia de Graduación que se celebraría en el Gran Comedor. Para Ron no era muy importante acudir ("¿A quién le interesa ver a Percy dar un discurso presumiendo de sus éxitos? Antes me tragaría una clase más con Lockhart" pensó), sin embargo, sabía que, si tanto él como sus hermanos no lo hacían, su madre terminaría enterándose.
- Ahora que lo pienso, ¿y qué más da que Fred y George acudan o no? - pensó, secándose la cara con una toalla. - con la que van a liar…bueno, claro no podía faltar la broma de final de graduación, pero aun así…-
Al final consideró que por una broma épica por parte de los gemelos el acudir a la Graduación no sería un completo tostón. En años anteriores era una buena ceremonia para charlar entre estudiantes y despedirse de los graduados, sin embargo, con Percy no iba a ser lo mismo.
Pues para su hermano estaban su futura carrera en el ministerio y lo que esperaba de los demás. A Ron le molestaba porque no necesitaba a un idiota pomposo que le dijera lo que debía hacer una vez dejara Hogwarts.
Cuando volvió a la habitación, se dio cuenta de que había sido el último en levantarse. Ni Harry, ni Neville, ni Dean ni Seamus estaban en sus camas.
- ¿Qué hora es? - pensó, empezando a cambiarse.
No fue hasta que se puso la túnica cuando observó un viejo reloj de pulsera que Dean había dejado en su mesa de noche. Marcaba las diez y cuarenta y cinco de la mañana, es decir, no quedaba mucho antes de la ceremonia.
- ¡J*der! - se quejó mentalmente, poniéndose los zapatos con rapidez y saliendo a toda velocidad de la habitación.
Tan pronto como el retrato de la Dama Gorda le dejó salir, Ron se apresuró para llegar a tiempo a la ceremonia. No podía evitar sentirse emocionado ante lo que estaba por ver: Percy (por fin) lejos de Hogwarts y a Malfoy desenmascarado.
En el momento que sus zapatos tomaron contacto con el suelo del cuarto piso no consiguió mantener el equilibrio y resbaló. Había una enorme mancha de aceite en el suelo, lo que hizo que Ron se deslizará accidentalmente hacia la siguiente escalera, haciendo que por poco cayera cuando esta empezó a moverse.
- ¿¡Pero qué demo...!? - gruño Ron, aferrándose con fuerza a pasamanos de la escalera. Entonces escucho la escandalosa carcajada del que, sin duda, era el causante. - Oh no, ¡Peeves! -
- ¡Vaaaaya! ¡Pero si es el Weasleicillo más jovencillo y amante de ratoncillos! ¿Qué pensabas? ¿Qué encontrarías queso aquí? ¡Creo que lo único con lo que te has topado es con un buen respingón! -
- Chalado...- masculló Ron, sin mucho tiempo para darle su merecido al poltergeist. En su lugar le lanzo un potente Lumos para cegarlo momentánea, con la única intención de fastidiarle un poco.
- Quería aprovechar para prepararme de cara a las pruebas de cazador, - pensó Ron, mientras se cambiaba de ropa. - No sé qué es peor, pasarme todo el verano haciendo deberes para Snape o haciendo caso a mi madre…-
Tras recuperar el aliento y bajar los pisos que quedaban, finalmente consiguió llegar al Gran Comedor, donde pudo ver a la mayoría de alumnos en las mesas de cada casa.
Los restantes eran los alumnos de séptimo año. Mientras Ron respondía a la llamada de sus amigos en la mesa de Gryffindor, pudo ver que los graduados llevaban una vez más la túnica negra con cuatro barras de colores, las cuales representaban a las cuatro casas.
Por su parte, los premios anuales, quienes eran Penelope y Percy, aún conservaban sus trajes de premios anuales (Ron no pudo evitar hacer una mueca al ver a su hermano mayor presumiendo con el pecho al aire de su "grandeza").
- ¿Y bien? - preguntó Ron a Fred y George, quienes estaban en frente suyo. - ¿La tenéis preparada? -
- ¿Tu qué crees? - replicó George con una visita.
- No entres en muchos detalles Ron, - le advirtió Fred, mientras sacaba pecho. - vas a fastidiar la sorpresa…-
- ¿Y ahora qué estáis tramando? - pregunto Hermione, quien estaba a su izquierda al igual que Harry.
- Nada más radicalmente opuesto a nuestros más profundos deseos que darle un merecido reconocimiento a Percy. -
- Por sus siete años de incansable empeño...-
- En ser un auténtico pelmazo...-
- ¿Vais a despediros de él con una broma? - dijo Chloe, con su cabeza descansando sobre sus brazos cruzados en la mesa. - ¿No estáis siendo un poquito crueles con él? -
- ¡Hey! Pero es una buena broma. - repuso Fred.
- Estamos absolutamente seguros de que hasta el propio Percy se reirá. - sonrió George.
- Si hace eso no tendrá mucha gracia...- pensó Ron, haciendo un mohín.
- No podía irse (según vosotros) sin recibir su merecido, ¿eh? - preguntó Harry, con su típica sonrisa de tío arrogante.
- No. - respondieron Fred y George con rotundidad.
Mirando hacia la alargada esa de los docentes, la atención de Ron una vez más fue captada por Dumbledore.
- Gracias a todos los presentes por acudir como cada año a la ceremonia de graduación de los alumnos de séptimo curso. - empezó el directo. - Un acto que como ya sabéis se da en honor de aquellos que han tomado la decisión de seguir en Hogwarts hasta completar toda su educación aquí, con nosotros, y prepararse de esta manera para la siguiente gran aventura de sus vidas una vez salgan de los muros de este castillo para emprender el vuelo allá donde sus gustos, sueños, esperanzas y ambición les lleve. También creo que es de buen hacer el reconocer que, dada la situación por la que hemos pasado este año el acto estuvo muy cerca de ser suspendido, para facilitarles a todos un regreso seguro a sus respectivos hogares, afortunadamente el caso de la fuga de Sirius Black está resuelto y en unos días probablemente tendremos más noticias al respecto. Todo cuanto puedo decir es...¡Rayos y centellas, que ciegos y equivocados que estábamos todos! -
Hubo un murmullo que se generalizó por todo el comedor, al menos hasta que los profesores se pusieron en pie y Dumbledore prosiguió con su discurso.
- Creo que gente muy importante ha aprendido una nueva lección tras los acontecimientos de este curso como, por ejemplo, no sentar cátedra sin haber repasado todos los puntos previamente. Ahora, y una vez os hayáis tragado el discurso de este viejo procederemos con la entrega de diplomas. ¿Profesora McGonagall? -
El profesor Dumbledore cedió su sitio en el atrio a la profesora McGonagall, y él se situó cerca de una caja de mármol, la cual tenía un escudo de casa en cada costado.
A continuación, la profesora sacó un pergamino de su túnica, se puso sus gafas y dijo: - Ahora, los graduados seréis llamados para pasar por aquí a recoger vuestro diploma y recibir un cordial saludo por parte del director. Empecemos, ¡Oliver Wood! -
Ron, al igual que toda la mesa de Gryffindor se puso en pie para aplaudir al capitán del equipo de Quidditch. Un diploma sellado con un lazo de cuatro colores (cada uno representado a cada casa de Hogwarts) y un escudo de la escuela salió de la caja de mármol. Dumbledore le dedicó unas palabras que Ron no alcanzó a escuchar y le dio un apretón de manos. Wood, como no podía ser de otra manera, alzo su diploma como si se tratara de otra Copa de Quidditch.
- No sé cuántos se presentarán el año que viene para el puesto de Guardián...- pensó Ron, mientras veía al siguiente alumno en ser llamado. - solo espero estar a la altura. -
- ¡Serena Gómez! - dijo McGonagall, llamando a una chica morena de Ravenclaw. La chica sonrió con entusiasmo ante las palabras de Dumbledore y recibió muy feliz su diploma.
Tras los aplausos, la profesora siguió llamando al resto de graduados, y justo cuando Ron ya estaba por acompañar en el sueño a Chloe (la cual estaba siendo despertada por Ginny) llegó el momento estelar de Percy y Penélope.
Como Premios Anuales les tocaba recibir las palabras del director a la vez, recibiendo no solo el diploma sino también varias cartas de recomendación.
Luego, Percy se subió al atrio, y Ron tuvo que hacer un esfuerzo titánico para no parecer irrespetuoso a la hora de taparse los oídos.
- Debí aprender a usar el hechizo de Silencio...- pensó enfurruñado.
- No puedo hacer más que expresar mi infinito agradecimiento a la educación recibida en Hogwarts por parte de todos y cada uno de los docentes de este fantástico colegio. - hubo unos cuantos aplausos, entre ellos de algunos profesores. El más entusiasta, una vez más, fue Flitwick. - Hoy puedo decir que me siento más que preparado para atender responsabilidades que van más allá de lo realizado durante los últimos siete años, por eso, os ánimo a que esperéis unos pocos años antes de ver cambios importantes en el organigrama político de nuestro país. -
Percy empezó a mencionar algunos puntos que considera que se podría hacer para mejorar la seguridad y estabilidad de la comunidad mágica del país. Ron miraba con sorpresa a Harry, Hermione y a Ginny, quien al igual que varios estudiantes de séptimo año escuchaban a Percy con cierto interés. Era un discurso arrogante, pomposo y aburrido, y Ron tenía que hacer sobre esfuerzos para no quedarse dormido encima de la mesa, como hacía Chloe.
- ...y ya para finalizar, me gustaría agradecer una vez más al profesorado de la escuela y animarlos que sigan con su buen trabajo. Ojalá las siguientes generaciones puedan seguir aprendiendo al máximo, al igual que yo. -
- Oh venga, - se quejó Ron mentalmente. - cállate de una vez, cansino...-
Tras la exasperante charla de su hermano le llegó su turno a Penélope. Ella quiso dar su agradecimiento a los profesores y a sus compañeros por los años que había pasado en Hogwarts, con sus más y sus menos. Entonces Ron recordó que un año atrás ella había sido una de las víctimas del Basilisco.
Al final de tantos discursos, solo quedaba ver a Dumbledore hacer un gesto con sus manos (como si fuera a aplaudir) para que las banderas que colgaban del techo (estas también tenían los cuatro colores representativos de cada casa) desaparecieran (lo que hizo que Chloe al fin despertara). Entonces fue cuando comenzaron los fuegos artificiales (cortesía del profesor Flitwick y de Filch, quien cada año requisaba dichos artículos, además de otros artículos de broma) comenzaron a estallar ruidosamente por el Gran Comedor, además de confeti luminosos que caían del techo.
Con toda la gente distraída, Fred y George se levantaron para saludar a Percy. El momento de ejecutar su pequeño plan había llegado.
- ¿Qué es? - pregunto Percy a los gemelos, una vez recibió de estos el trofeo que habían preparado.
- Una recompensa especial. - dijo Fred.
- Por tus años de duro trabajo en Hogwarts. - añadió George.
- Vaya, - dijo Percy, sorprendido. - bueno, me alegro de haber servido de inspiración para ustedes. Quizás sí que lleguéis a hacer algo útil por nuestra comunidad una vez terminéis los EXTASIS y...- entonces leyó lo que ponía en el grabado del trofeo. - Pff, debí imaginarlo...-
- Como dirían los muggles...-
- Hasta la vista, Baby...-
Tan pronto como Fred hizo un movimiento de varita, el trofeo se accionó, y como si se tratara de un cohete este se encendió. Percy intentó soltar el trofeo, pero no podía, pues había quedado atrapado al "maquiavélico" artefacto que Fred y George habían fabricado.
El plan estaba funcionando. Los presentes en la sala estaban demasiado distraídos como para darse cuenta de que un extraño artefacto con forma de trofeo estaba arrastrando a Percy hasta la salida.
- Diffindo…- dijo Ron en voz baja y con disimulo apuntando con su varita hacia el techo, justo arriba de Malfoy. A continuación, y con rapidez siguió a los gemelos, al mismo tiempo que estos eran seguidos por Harry, Hermione, Chloe y Ginny.
Una vez en el patio, el trofeo-cohete se accionó del todo, y Percy se elevó por los cielos, dando varias vueltas de campana y siendo sacudido como si fuera un muñeco, hasta que tras un último giro el trofeo dejó caer a Percy cerca a la orilla del Lago Negro. A continuación, el trofeo estalló, y las luces de colorines que salieron de este formaron una frase: "Porque es un excelente pelmazo". Ron estalló en carcajadas, al igual que Chloe y Ginny (aunque no tanto como los dos anteriores). Hermione no parecía aprobar lo que acaba de ver y Harry parecía que contenía las ganas de unirse a las risas.
- ¡SE LO DIRÉ A MAMAAAAAAAAÁ! - gritó como pudo desde el lago, mientras nadaba hacia la orilla.
- ¿La señora Weasley no se enfadará con vosotros por esto? - preguntó Hermione a los gemelos.
- No te preocupes, - sonrió George, cogiendo un pergamino el cual era su lista de tareas y tachando la penúltima de ellas.
- Se enfadará de verdad si da con nuestros proyectos para el verano. - comentó Fred.
- ¿Qué proyectos tenéis? - preguntó Harry.
- Por el momento, planos. - comento Fred. - Los tenemos pendientes de desarrollo, pero ahí es donde empieza nuestra particular magia. -
- ¿Solo planos? - bufó Ginny. - Vuestra habitación es prácticamente un laboratorio, la de veces que mamá ha intentado limpiar allí sin éxito. -
- En fin, - bostezo George, intentando restarle importancia. - ¿Empezamos a correr Fred? -
- Pensé que no lo dirías, - se rió Fred, mirando hacia donde estaba Percy. Desde la distancia podía apreciarse su inconfundible cara roja llena de furia. - lo que faltaba, ahora parece un rábano andante. -
- ¡Oh! ¿Piensas lo mismo que yo? -
- Ya te digo, pero primero, ¿qué tal si nos piramos de aquí? -
- Tu primero. -
Justo cuando Percy empezó a correr por el gran puente de madera, Fred y George fueron corriendo hacia el castillo. Ron pensó que su hermano estaba tan enfadado que había olvidado el hecho de tenía una varita, y que con todo lo que sabía podía arrastrar a esos dos hacia él para darles un castigo. Una vez entró por la puerta principal, el grupo, salvo Hermione, se pusieron a reír.
- Tienen suerte de que no estemos en periodo escolar. - protestó Hermione. - De lo contrario Percy ya nos habría quitado puntos por dañar su ego. -
- ¿Entonces admites que a veces es un idiota? - pregunto Ron, sonriendo.
- No, - dijo Hermione. - solo pienso que es alguien que ha hecho un trabajo increíble pero que con el tiempo ha empezado a tener mucho ego. Por supuesto que de seguro esa no es la única razón por la que le han fastidiado la graduación. Apuesto a que si hubiera sido un bromista como ustedes e hiciera la vista gorda ante vuestras travesuras os caería mejor. -
- ¿Cómo sería un Percy así? - pregunto Chloe, sin dejar de reír.
- Creo que ya no sería Percy. - dijo Harry, sonriendo.
- Tienes razón. - se rió Ron, y entonces su plan había vuelto a su mente. - Hm..., esto me recuerda que...-
- ¡Weasley! -
- ¿Eh? -
- ¡Ron! ¡Agáchate! -
Fue escuchar el grito de Harry para que automáticamente Ron se agachara. Un resplandor había pasado por encima de él, y tras vez como había quedado la columna donde había impactado (básicamente era una pequeña rotura), se dio cuenta de que se trataba de un potente "Flipendo".
Ron alzó la mirada. De una columna apareció Draco Malfoy, y no parecía muy contento. Estaba cubierto de ectoplasma ("¡Por fin!", pensó triunfal) y de muchas plumas de pollo, todo gracias al último experimento (aunque no definitivo) de los gemelos: La bomba plumifera, la cual cubría de plumas a su víctima. La idea de Ron era que fuera más difícil para él quitárselas de encima, por lo que una vez más utilizó ectoplasma de fantasmas. Era fantástico, su plan había salido como esperaba.
- ¿Draco? - inquirió Ginny, mirándolo con sorpresa. - ¿Qué te ha pasado? ¿Y por qué le has atacado? -
- Eso es, - pensó Ron, sintiéndose victorioso. - ahora es cuando esa careta de falso niño bueno caerá…-
Nota del Autor: Hola a todos. Una vez más tengo que volver aquí para disculparme por el gran retraso con la entrega de capítulos, pero que le voy a hacer, ando bastante ocupado estos últimos meses. Lo bueno es que tengo más material listo para ser entregado en poco tiempo. Os aviso desde ya que en 2 semanas (quizás un poco menos, ojalá) estarán los dos siguientes capítulos (Una vez más recordar, hay 2 capitulo por página). Dicho esto, me despido, saludos a todos y una vez más, disculpen la tardanza ;)
