Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.
Esta historia está ambientada en el universo de la novela.
— Capítulo 30 —
Ley de cacería
El desastre de la cacería nocturna de cultivadores demoniacos escaló diversos niveles y trastocó numerosas visiones, esgrimiendo un universo de opiniones por un lado, mientras que por otro se tomaban distintas posiciones; desde un accidente lamentable y desafortunado, a una tragedia similar a la de siete años atrás en LanLingJin. Sin embargo, hubo un grupo reducido de cultivadores que adoptaron una postura acusatoria y señalaron como responsable a un solo cultivador, cuyo nombre se negaban a pronunciar. Porque a pesar de los testigos que dejó el incidente, fueron pocos los que pudieron confirmar sus versiones con pruebas concretas o declaraciones creíbles; tan solo dieron esbozos de un ataque súbito y violento a manos de un inescrupuloso cuya identidad no había logrado ser revelada.
La tragedia había golpeado a las sectas de forma transversal. Sin embargo, de entre las connotadas, una de las más perjudicadas fue la secta GusuLan. De los veinte cultivadores que asistieron a la cacería nocturna, solo seis sobrevivieron ilesos; cuatro resultaron heridos y otros dos desaparecieron. Lan WangJi, a pesar de portar el uniforme insigne de la secta —al igual que Lan HuiYing—, no fueron considerados como parte del grupo, y quienes sobrevivieron se aseguraron de mantener la distancia con ellos al tener vínculos con el principal sospechoso de la tragedia.
Los lamentos por la baja significativa de cultivadores enlutaron el ambiente y marcaron el tono de la conferencia de discusión de emergencia que se preparó en Qinghe al día siguiente. Por lo que en medio de tanta desolación, solo les quedaba rescatar los cuerpos de los caídos y orar por sus almas.
En uno de los salones del palacio de la secta QingheNie, bajo la tónica de una de las primeras reuniones que conformaban la conferencia de discusión de emergencia, las voces disidentes no tardaron en dejarse escuchar.
—¡Es inaceptable! —exclamó Lan QiRen—. No es posible que un sujeto haya hecho semejante barbaridad solo por capricho. ¡Esto fue obra de ese "demonio innombrable"!
—Concuerdo plenamente con Lan QiRen —comentó el líder de la secta Yao—. Ese demonio volvió del infierno, ¡y nada ni nadie nos hará pensar lo contrario!
Jiang Cheng llevaba un rato sin abrir la boca, mostrándose visiblemente indiferente a la reunión, pero la irritación que le estaba provocando semejante pérdida de tiempo, no tardó en obligarle a intervenir.
—Si ustedes no estuvieron presentes, no pueden asegurar tal cosa —espetó con tono áspero—. Quien realizó la masacre fue un hombre de carne y hueso, ¡no un maldito fantasma!
Los presentes parecieron creer en su abrupta declaración, pero rápidamente sacaron sus propias conclusiones.
—¡Es posible que haya tomado el cuerpo de un inocente! —señaló un miembro de la secta Baling.
—¡¿En serio van a creer semejante estupidez?! —masculló Jiang Cheng—. ¡Son todos unos ciegos!
Para Lan WangJi, la postura de Jiang Cheng no lo dejaba indiferente, al punto de creer que frente a sus ojos se encontraba alguien más. Días atrás era el enemigo principal de Wei WuXian, pero ahora parecía el defensor número uno. Sabía que habían conversado, y que los conocimientos de Jiang Cheng respecto a la identidad de Wei WuXian eran acertados, por lo que verlo actuar a su favor no podía dejar de sorprenderlo.
—¿Entonces ustedes pueden afirmar que se trató de un cultivador misterioso? —preguntó uno de los cultivadores que asistieron a la cacería.
Los ojos de todos recayeron en quienes podían asegurarlo.
—¡Mi tío no miente! —se apresuró a decir Jin Ling, saliendo en su defensa—. Yo también vi a ese sujeto, y según han descrito a Wei WuXian, no se trata de la misma persona. —Se cruzó de brazos y añadió: —¿Para qué ocultar su rostro si en el pasado no dudó en mostrarlo?
Un nuevo silencio invadió el salón al escuchar la conclusión de Jin Ling. Parecía tener sentido, pero aún no resultaba del todo convincente, y el primero en manifestar su incredulidad fue el líder de la secta Yao.
—Líder de la secta Jiang, tan solo hace unas semanas, durante la conferencia de discusión en Buyetian, usted aseguró que aquel cultivador llamado Mo XuanYu era en realidad Wei WuXian. ¿Qué lo llevó a cambiar de opinión?
El semblante irritado de Jiang Cheng se alteró tan solo un poco al recordar aquella situación. Para él no resultaba sencillo abogar por la persona que más odiaba en el mundo, pero tampoco podía ignorar el nuevo sentimiento de odio que había despertado en su corazón por el responsable de la masacre en el bosque, y que ciertamente tenía relación directa con la muerte de su hermana y cuñado. Y la frustración que le causaba haberlo dejado escapar era suficiente para dejar a un lado su resentimiento por Wei WuXian y hablar a su favor tan solo por esta ocasión.
—Porque él también estuvo presente cuando enfrenté a ese sujeto —contestó finalmente.
—¿Entonces ya no cree que Mo XuanYu sea Wei WuXian? —preguntó esta vez el líder de la secta Baling.
Jiang Cheng guardó silencio un instante y, tras un casi inexistente cruce de miradas con Lan WangJi, respondió:
—Solo creo que un enfermo planeó esto para tenernos aquí perdiendo el tiempo, en vez de ir por su cabeza.
Los líderes a cargo de la reunión intercambiaron miradas por un momento y, ante la ausencia del líder de la secta Jin, Lan QiRen tomó la palabra.
—Tenemos bajo custodia a Mo XuanYu, pues aunque no se sospeche de él como el responsable, sí tuvo que ver con la manipulación de cadáveres. Él será interrogado mañana y juzgado bajo los cargos de cultivación demoniaca.
—¡Pero él nos ayudó! —exclamó Wen Sizhui—. ¿Por qué lo castigarán?
—Su intervención a favor de ustedes no quita su responsabilidad como cultivador hereje —respondió Lan QiRen.
—Si estamos vivos es gracias a él —declaró Wen JingYi—. Los cadáveres que él controló fueron para protegernos.
—¿Estás justificándolo? —cuestionó el líder de la secta LaolingQin. Chasqueó la lengua y continuó—. No es de extrañar que un miembro de tan despreciable secta avale semejante comportamiento deshonroso.
Wen JingYi quiso replicar, pero Wei Sizhui lo interrumpió.
—Solo dice lo que sucedió y que nosotros presenciamos; nadie está faltando a la verdad.
Lan WangJi, como uno de los que tuvo oportunidad de estar cara a cara con el impostor y sus discípulos, participaba de la reunión como un espectador silencioso que masticaba solo cólera por dentro, porque después que el impostor desapareció ante los ojos de Jiang Cheng y los demás, los cultivadores sobrevivientes apresaron a Wei WuXian y, hasta ahora, no había podido verlo.
Conocía su responsabilidad como cultivador y el rol que cumplía participando en la reunión, pero no podía ignorar el dolor que se filtraba en cada rincón de su cuerpo al no poder estar con Wei WuXian. Necesitaba verlo, necesitaba abrazarlo, necesitaba ver sus ojos y aquietar su corazón que no paraba de latir con dolor desde que se separaron en las puertas del palacio de Qinghe.
Lan QiRen advirtió su semblante contrariado y le habló.
—¿Tienes algo que decir, WangJi? —Entornó la mirada con disgusto. —Tu participación durante la cacería ciertamente es cuestionable.
—Se equivoca —declaró Lan HuiYing—, HanGuang-Jun nos ayudó y enfrentó al verdadero culpable.
Lan QiRen clavó la mirada ofuscada en Lan HuiYing y su semblante se descompuso. No podía evitar el sentimiento de rechazo que le causaba su sola presencia, y, al recordar el caos que causó en el Receso de las Nubes el descubrimiento de su verdadero origen, no dudó en alzar la voz contra él.
—¡¿Te atreves a entrometerte y contradecirle a un superior?! —espetó enfadado—. ¡Será mejor que mantengas la boca cerrada y recuerdes las reglas de nuestra secta!
El rostro de Lan HuiYing apenas se alteró con su llamado de atención —ya estaba acostumbrado a estos—, pero eso no evitó que su tono despreciativo le causara un pinchazo en el corazón; después de todo era lo más cercano a un abuelo que tenía.
—No tiene que recordarlas ni aplicarlas —soltó de pronto Lan WangJi, apoyando una mano en el hombro derecho de su hijo—; no estamos en Gusu.
Un silencio sepulcral se generó en el salón mientras la quijada de Lan QiRen se desencajaba y los ojos se le abrían desorbitados. Todos conocían la rigurosidad con la que la secta GusuLan aplicaba sus reglas y se regían por ellas; en especial el apego de Lan WangJi a las mismas, por lo que escucharle responder con tanta insolencia solo confundió a los presentes. Jiang Cheng sin embargo no se sorprendió, pues conocía mejor que nadie su verdadera personalidad y su deshonesto pasado.
El ambiente de pronto se volvió tenso y perdió el enfoque principal de la reunión, por lo que Nie HuaiSang, como anfitrión de la conferencia, decidió intervenir.
—Podríamos... pasar al salón contiguo para cenar, ¿qué les parece?
Su atractiva intervención no surtió efecto, y desapareció entre los murmullos de los líderes de sectas y algunos cultivadores presentes en la reunión. Lan XiChen —también presente en el salón— decidió apoyarle y alzar la voz en su lugar.
—Podemos detenernos unos minutos —pidió con tono cordial—. Más tarde retomaremos la reunión y pensaremos en el siguiente paso.
Nie HuaiSang suspiró aliviado.
—Gracias, segundo hermano.
Lan XiChen le devolvió el agradecimiento con una amable sonrisa.
—No te preocupes —respondió—; te ayudaré a manejar la reunión.
Aliviado, Nie HuaiSang dejó escapar un profundo suspiro. Volvió la vista al frente para reiterar la invitación a cenar, pero se vio interrumpido por Jiang Cheng, que alzó la voz en contra de la acalorada discusión que sostenían los líderes de secta en ese momento. Lo vio chasquear la lengua, y supo que su paciencia había llegado a su límite.
—¡No pienso continuar con esta ridiculez! —espetó él, fastidiado. Dio media vuelta y caminó hacia la salida—. Iré tras ese maldito.
Jin Ling le siguió unos pasos más atrás y dejaron el salón.
Tras su abrupta salida, los líderes de secta no tuvieron más alternativa que suspender la reunión para ordenar las ideas. Y mientras eso sucedía, Wen JingYi aprovechó de acercarse a Wen Sizhui y se inclinó con disimulo sobre su oreja para susurrarle.
—¿No piensas decirles lo que pasó con la brújula?
Wen Sizhui negó de inmediato.
—Si les menciono su existencia me la quitarán, y de seguro la destruirán.
Wen JingYi comprendió su preocupación y no insistió en ello. Horas antes le había soltado solo palabras de desdén por su relación con Wei WuXian, pero tras el incidente su visión cambió por completo, y ya no podía responder con enfado al pasado que lo vinculaba con él.
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En uno de los calabozos subterráneos del palacio, Wei WuXian permanecía bajo custodia. Llevaba tres días encerrado sin comodidades ni visitas; solo un miembro de la secta QingheNie le arrojaba un plato con comida de rancio sabor y un tazón con agua, una vez al día. Y no era precisamente un encierro en contra de su voluntad, más bien fue su elección. Después que el supuesto impostor desapareciera en frente de todos, tomó la decisión de entregarse como el único cultivador demoniaco capturado de la noche, asumiendo la responsabilidad en la liberación y control de los cadáveres del templo. Lan WangJi fue el primero en oponerse, pero necesitaba ser capturado para torcer los planes del impostor, frenarlos, y exponer de una buena vez su existencia ante los líderes de las sectas.
En ese momento confiaba que su entrega voluntaria generaría una postura más condescendiente en los líderes de secta, pero se equivocó. Estos fueron los primeros en responsabilizarlo por la tragedia y no dudaron en encerrarlo y privarlo de cualquier comodidad, tomando incluso la precaución de inmovilizar sus manos con talismanes de supresión para impedir que utilizara algún "truco sucio".
—¿Cómo esperan que coma y me rasque? —protestó molesto mientras se frotaba la espalda contra el muro de piedra, en un intento por aliviar una incómoda picazón—. La próxima visita de ese odioso carcelero le pediré que me rasque.
El dolor en su cuerpo parecía haber menguado tan solo un poco en los últimos dos días, y a pesar de las complicaciones que vivió enfrentándose al cadáver acosador, agradecía la vaga cultivación que practicó Mo XuanYu durante su paso por la secta LanLingJin, de lo contrario habría muerto durante la cacería.
—¿Qué estará haciendo Lan Zhan? —se preguntó mientras observaba la muralla de su celda y contaba por enésima vez las piedras que la conformaban—. Es aburrido estar sin él, aunque en el pasado pensaba todo lo contrario. —Soltó una carcajada. —Debo estar loco para haberme enamorado de alguien tan aburrido como él... —Suspiró y esbozó una sonrisa. —Pero incluso así es lindo.
En medio de su embelesada reflexión, escuchó unas pisadas provenientes del corredor y, al voltear hacia el portón enrejado, vio que se trataba de Jiang Cheng.
—Creí que te tomaría menos tiempo venir a verme —comentó al verle detenerse frente a la celda y cruzar los brazos con arrogancia—. ¿Viniste a torturarme para que te dé información, o me dejarás ir? Las opciones no son sencillas para ninguno de los dos.
—Deja de decir estupideces —lo silenció Jiang Cheng.
Wei WuXian se encogió de hombros y continuó.
—¿Cómo están las cosas afuera? —Alzó las cejas con curiosidad. —Apuesto que todos están perdiendo la cabeza y me están culpando de todo.
—En eso no te equivocas, pero no vine a eso. —Hizo una pausa, observándolo de arriba abajo. —Eres un desastre.
—Qué puedo decir —respondió Wei WuXian encogiéndose nuevamente de hombros—; es molesto no poder siquiera rascarme por tener las manos atadas.
Jiang Cheng ignoró sus quejas y comenzó el interrogatorio.
—¿Qué pretendías esa noche? Dime todo lo que sabes.
La media sonrisa que Wei WuXian sostenía para amenizar el ambiente se borró y dio paso a un semblante cargado de seriedad.
—No sé más que tú —declaró—. Tuviste más oportunidad que yo de enfrentarte a ese sujeto. ¿Olvidaste que me disparó una flecha?
Jiang Cheng frunció el ceño con disgusto.
—Entonces tú no tuviste nada que ver con el despertar de los cadáveres.
—Si hablas de la formación mágica, no. Desperté los cadáveres del templo para atraer la atención del impostor. Y creo que funcionó.
Las cejas de Jiang Cheng se alzaron con sorpresa.
—¿Ese era tu plan?
Los labios de Wei WuXian se curvaron en una sonrisa.
—¿No te pareció fabuloso? —Sacudió la cabeza con aires de satisfacción. —Ahora ya no puedes decir que estoy detrás de todo. Viste con tus propios ojos al que ha estado trabajando a espaldas de todos ustedes.
—No es suficiente —espetó Jiang Cheng—; solo vi a un imbécil intentando llamar la atención.
—Un imbécil que no trabaja solo —le aclaró Wei WuXian.
Jiang Cheng volvió a fruncir el ceño.
—¿De qué hablas?
Wei WuXian dejó escapar un profundo suspiro antes de responder.
—Mientras tú perdías el tiempo desafiando al imbécil, alguien más se llevó el objeto que mantenía activa la formación mágica.
—¡¿Resulta que ahora son dos?! —Jiang Cheng se aferró con brusquedad a los barrotes—. ¡Responde!
—Puede que incluso sean más —contestó Wei WuXian—. Es un tipo astuto... tanto que se burló de ti con esa barrera que no fuiste capaz de romper.
Con un movimiento brusco, Jiang Cheng soltó los barrotes y retrocedió unos pasos, volviendo a cruzarse de brazos.
—Pudiste atraparlo —continuó Wei WuXian—. Yo no pude porque estaba herido.
—Suficiente de tonterías —masculló Jiang Cheng—. Ahora mismo iré a buscarlo.
Wei WuXian volvió a suspirar y descansó la espalda contra la muralla.
—Espero tengas suerte; se ha burlado de ustedes por siete años.
Jiang Cheng no cayó en su provocación. Lo miró fijamente y luego habló.
—Tu cómoda estancia en Qinghe terminará pronto. Por ley deberás ser trasladado a LanLing, y te aseguro que no será tan lindo como este lugar.
El rostro de Wei WuXian se descompuso un poco.
—Creí que me llevarías a Yunmeng.
Ahora fue Jiang Cheng quien manifestó desinterés. Se encogió de hombros y dio media vuelta.
—Ya obtuve la información que quería. —Dio un paso con la intención de marcharse, pero se detuvo y volteó hacia Wei WuXian: —¿Por qué te dejaste capturar? —Entornó la mirada con desconfianza. —¿Qué esperas conseguir aquí encerrado?
Wei WuXian curvó las cejas, como si la pregunta le hubiera sorprendido.
—¿Te parece que espero algo?
Jiang Cheng arrugó el ceño y volvió a cruzarse de brazos.
—Debiste mantenerte al margen.
Esta vez fue Wei WuXian quien frunció el ceño y negó con la cabeza.
—Si hubiera hecho eso no habrían convocado la conferencia de discusión, y solo estarían siguiendo un rumor. Además, no participé en la cacería siguiendo sus reglas; no pertenezco a su grupo de juegos.
Ofendido por su respuesta, Jiang Cheng chasqueó la lengua y volvió a darle la espalda con la intención de marcharse.
—Espera, Jiang Cheng.
Wei WuXian se apresuró a detenerlo.
—¿Qué quieres? —masculló hastiado.
Una media sonrisa apareció en el rostro de Wei WuXian, como si de pronto hubiera vuelto a sus viejos hábitos.
—¿Cómo está, Lan Zhan?
Su pregunta hizo que una vena comenzara a palpitar en la sien izquierda de Jiang Cheng. Contuvo una sonora carcajada ante su reacción y finalmente lo vio marcharse.
Una vez a solas, resopló y volvió a apoyar la espalda contra la muralla.
—Tengo hambre... y extraño a Lan Zhan.
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Las leyes respecto a la cacería nocturna, si bien aún tenían criterios por definir, los principios básicos eran claros: no existían límites en los métodos de captura de cultivadores demoniacos. Cualquier cultivador demoniaco era propiedad del cultivador que lo capturaba, y podía disponer de él a voluntad, lo que incluía desde interrogatorios a base de torturas hasta la ejecución del cultivador. Cada secta tenía sus propios métodos; una de ellas era la secta YunmengJiang, cuyo record de captura y exterminio superaba con creces a las demás.
Jiang Cheng no era conocido por su simpatía ni menos por su personalidad carismática, en especial después de la masacre que sufrió su secta a manos de Wen Chao, la traición de Wei WuXian y el asesinato de su hermana. Su resentimiento y amargura lo convirtieron en un líder implacable y frío, que no dudaba al ir tras un cultivador demoniaco para torturarlo y finalmente eliminarlo de la faz de la tierra.
Sin embargo, en esta ocasión su postura parecía diferente a lo usual. Sin métodos de tortura —los que muchas veces fueron cuestionados— ni una resolución definitiva sobre el destino de Wei WuXian, mantuvo en ascuas a los líderes de sectas que, tras la interrupción de la primera conferencia de discusión, decidieron retomarla al día siguiente.
Mientras tanto, encerrado en la misma habitación que le dio acogida por poco más de una semana durante su recuperación, Lan WangJi observaba la luna desde la ventana principal, en un intento desesperado por aquietar su corazón y su mente. Los tres días que llevaba sin ver a Wei WuXian habían comenzado a pasarle la cuenta, y la opresión en el pecho por su ausencia lo estaba ahogando. Podía burlar la seguridad del calabozo e irrumpir a hurtadillas —como lo había hecho la última vez cuando fue la conferencia de discusión en ese mismo lugar—, pero los riesgos en esta ocasión eran altos, y no estaba dispuesto a exponer la seguridad de Wei WuXian por su desesperación. Para la secta GusuLan, la paciencia era una virtud que se cultivaba permitiendo moldear el carácter de una persona, y Lan WangJi había pasado demasiados años fortaleciéndola, por lo que un par de días lejos de Wei WuXian no lo matarían, pero sí le dolerían.
Dejó escapar un profundo suspiro, como si aquello le sirviera para aliviar la opresión en su pecho, y cerró los ojos inhalando profundamente. A los pocos minutos, la tranquilidad en la que se había sumergido fue interrumpida por el sonido de la puerta del dormitorio.
—¿Papá?
El cálido llamado de Lan HuiYing fue un bálsamo para su corazón y le permitió volver a respirar sin pesar. Aguardó por su compañía, y depositó una suave caricia en su rostro cuando se sentó a su lado. Lan HuiYing agradeció el gesto y le regaló una sonrisa, pero al advertir su expresión apesadumbrada, sus ojos claros se llenaron de tristeza.
—¿Estás preocupado por el maestro Mo?
Lan WangJi asintió.
—Yo también lo estoy —continuó Lan HuiYing, observándose las manos con abatimiento—. Me pregunto cuándo nos permitirán verlo... —Guardó silencio al fraguar una idea, y su tono abatido fue reemplazado por uno de entusiasmo. —¿Y si vamos a verlo a escondidas? Si somos cuidadosos nadie lo notará.
Eran comentarios de ese calibre los que le permitían a Lan WangJi ver la gran similitud entre Lan HuiYing y Wei WuXian. Su naturaleza impetuosa y con cierto desdén por las reglas, fue un rasgo muy marcado en Wei WuXian durante su juventud y que sin duda Lan HuiYing heredó, por lo que no fue sorpresa escuchar de su boca semejante propuesta.
Negó despacio con la cabeza y respondió.
—No podemos arriesgarlo.
Lan HuiYing suspiró derrotado. Conocía bien las reglas de la cacería nocturna —así como también las injusticias encubiertas en ellas— y lo que arriesgarían si las rompían. Aun así, no podía ignorar sus deseos por hacerlo, reconociendo ese mismo deseo silenciado en su padre.
Alzó la mirada y contempló su rostro detenidamente. De pronto un pensamiento olvidado cruzó por su cabeza y tuvo la imperiosa necesidad de expresarlo en voz alta.
—Papá... ¿a ti te gusta el maestro Mo?
Lan WangJi contuvo la respiración un instante y las palabras se le atoraron en la garganta. Podía mentirle o fingir que su pregunta era poco entendible, pero, al ver sus ojos expectantes y llenos de inocencia, no tuvo forma de negar lo innegable.
Su amor por Wei WuXian era tan grande y evidente, que incluso su pequeño hijo fue capaz de ver a través de él.
—He visto la forma en la que lo miras... y en la que él te mira —continuó Lan HuiYing. Hizo una pausa y luego añadió—: Creo que le gustas al maestro Mo.
Para Lan WangJi aquello no fue ninguna sorpresa. Aun así, quería conocer la opinión de su hijo.
—¿Por qué piensas eso? —preguntó.
Lan HuiYing hizo un pequeño gesto con los hombros, como si su explicación no fuera del todo relevante.
—Los ojos del maestro Mo brillan cuando te ve. Normalmente tiene una mirada sagaz y traviesa, pero cuando te observa sus ojos se llenan de calidez, como si frente a ellos estuviera lo más maravilloso del mundo. —Se inclinó ligeramente frente a él y contempló su rostro. —Lo mismo te pasa a ti, papá. Cuando miras al maestro Mo o cuando escuchas su nombre, tus ojos se llenan de luz.
Lan WangJi permaneció en silencio mientras pensaba en la respuesta que debía dar a esa revelación. Había esperado esta conversación desde que comenzó a notar la forma en la que Lan HuiYing los observaba; después de todo Wei WuXian no tenía demasiado cuidado en disimular sus sentimientos. Y no pretendía confundirlo ni mucho menos continuar en silencio por más tiempo, pero conocía la inteligencia de su hijo y lo rápido que comprendía las cosas que lo rodeaban. Debía ser cuidadoso con la respuesta y el tono de las palabras para no lastimarlo.
—Papá... —Lan HuiYing se le adelantó alcanzando su mano derecha. —Si te gusta el maestro Mo... yo lo aceptaré.
La sincera declaración de Lan HuiYing conmovió el corazón de Lan WangJi. Sabía que su eterno silencio le estaba causando daño a su hijo. Llevaba más de seis meses viéndolo con la esperanza viva de encontrar a Wei WuXian, pero ahora que aceptaba "un nuevo amor" en su corazón, el escenario se tornaba extraño y peligroso. ¿Cómo explicarle que la persona de quien hablaba era precisamente la que le dio la vida?
Dispuesto a ser sincero, apoyó ambas manos sobre sus hombros y lo vio directamente a los ojos.
—HuiYing, amo a tu padre y lo seguiré amando hasta el final de mi existencia. Incluso más allá de la muerte.
Los ojos de Lan HuiYing se congestionaron y sus labios temblaron emocionados. Conocía perfectamente el amor que vivieron sus padres y cómo Lan WangJi lo mantenía vivo hasta hoy. Sin embargo, la llegada de Mo XuanYu parecía haber removido algo en su corazón.
—Pero quieres al maestro Mo, ¿no es así? —Bajó la mirada con pesar. —Mi papá después de todo no aparece. Tal vez no quiere volver con nosotros. Tal vez... ya no nos quiere.
—HuiYing. —Esta vez Lan WangJi alcanzó su rostro y buscó su mirada. —Nunca dudes de él. Su alma aún no está preparada para reconocernos.
—¿Y cómo sabremos cuando esté frente a nosotros? ¿Cómo nos reconocerá? ¿Cómo lo reconoceremos?
No era la primera vez que Lan HuiYing cuestionaba el regreso de Wei WuXian o manifestaba impaciencia por su regreso. Quería encontrarlo a toda costa, pero el tiempo transcurría y sus esperanzas comenzaban a ceder dando paso a la desilusión.
—¿Por qué no lo encontramos? —se preguntó con la voz quebrada—. Quiero verlo y abrazarlo.
Lan WangJi sentía cada palabra como un puñal en el corazón y pensó de qué manera confortar a su hijo. Podía simplemente decirle que no sucumbiera a la desesperanza y aquietara su mente, tal como lo dictaban las enseñanzas de la secta, porque si algo había aprendido de sus superiores y de su propia familia, era que las demostraciones de afecto representaban un acto innecesario y poco práctico. Sin embargo, con Wei WuXian aprendió que lo más importante era expresar lo que sentía el corazón y entregarse por entero a las personas que amaba. Y así como su madre le demostró alguna vez afecto con besos y abrazos, del mismo modo que lo hizo Wei WuXian mientras estuvieron juntos, él decidió continuar ese legado con Lan HuiYing.
Dejó su rostro y envolvió su cuerpo en un cálido abrazo.
—Sé paciente por favor.
Lan HuiYing correspondió su gesto y frotó el rostro contra su pecho, refugiándose en él.
—Lo soy, pero a veces solo pienso en lo mucho que quiero conocerlo y abrazarlo. —Suspiró profundamente y continuó. —A veces... imagino que el maestro Mo es mi papá, que finalmente está con nosotros. —Esbozó una cálida sonrisa y sus ojos se posaron en la luna que se veía desde la ventana. —Cuando el maestro Mo me abraza, imagino que es mi papá quien lo hace. —Alzó la mirada hacia Lan WangJi. —¿No te molesta que piense eso?
Un nudo en la garganta había silenciado a Lan WangJi. Intentó responderle, pero solo pudo depositar un beso en su frente mientras continuaba envolviéndolo con los brazos. Lan HuiYing no sintió aquello como indiferencia a sus palabras; más bien la confirmación de los sentimientos en el corazón de su padre.
Permanecieron unos minutos en silencio —algo muy propio de la secta GusuLan— y compartieron ese momento juntos en complicidad, hasta que un llamado a la puerta los interrumpió. La figura de Lan XiChen se hizo presente bajo el dintel de la puerta, y sonrió al ver el íntimo momento que compartían Lan WangJi y Lan HuiYing. Ellos rompieron el abrazo y se incorporaron para recibirlo.
—Lamento interrumpir —dijo Lan XiChen, viendo de reojo hacia el pasillo exterior—. No vengo solo.
Detrás de él, el rostro de Nie HuaiSang apareció como la de un invitado no deseado esperando ser perdonado.
—Sé que es algo tarde y están a punto de dormir —dijo como saludo—. Yo...
—No hay problema —declaró Lan WangJi, convidándolo a tomar asiento alrededor de la mesa dispuesta al centro de la habitación.
Con una sonrisa nerviosa, Nie HuaiSang ingresó siguiendo los pasos de Lan XiChen y se sentaron.
—Lo que ocurrió en la cacería nocturna fue una verdadera desgracia... para todos —comentó Nie HuaiSang.
—Se ha convertido en un escenario complejo que no supimos advertir a tiempo —dijo Lan XiChen mientras Lan WangJi les servía un poco de té—. Estamos pagando un alto precio por nuestros errores.
Nie HuaiSang asintió con pesar.
—Los líderes de sectas quieren al culpable, y solo pienso en el destino del joven maestro Mo. —Miró a los presentes, en especial a Lan WangJi y Lan HuiYing, y tensó las manos alrededor de su abanico. —Los involucré en todo esto por mi incompetencia... —Inclinó la cabeza. —Me siento responsable por eso.
—El líder del clan Nie no debe asumir esa responsabilidad —le corrigió Lan WangJi—. Nosotros decidimos colaborar por un bien mayor.
—Aun así... yo... —insistió Nie HuaiSang con inquietud.
Lan XiChen palmeó gentilmente su espalda para confortarlo.
—Es crucial que nuestras mentes estén enfocadas en lo que vendrá a partir de ahora. No hay espacio para errores ni pasos en falso.
Fue en ese momento que Lan HuiYing decidió intervenir.
—¿Qué sucederá con el maestro Mo? —Su pregunta inquietó a los presentes—. ¿Es cierto que podría quedar bajo la custodia de la secta Jin?
—Existe esa posibilidad —contestó Lan XiChen—. Todo dependerá de la decisión que tome Jiang WanYin.
A pesar de los avances que parecía haber adoptado Jiang Cheng desde el incidente en la serranía Xinglu, no sería fácil que mostrara condescendencia con Wei WuXian y accediera a dejarlo en libertad.
—Esto parece ir de mal en peor —se quejó Nie HuaiSang tras beber un sorbo de té—. Ese sujeto que masacró a nuestros discípulos y amigos debe ser desenmascarado cuanto antes.
—Un paso a la vez —señaló Lan XiChen—. Ordenemos nuestras prioridades; la liberación del joven maestro Mo es primero.
—¿Existe alguna manera de ver al maestro Mo? —preguntó Lan HuiYing—. Líder de secta Nie, ¿cree poder persuadir a los demás líderes?
Nie HuaiSang dejó su taza de té sobre la mesa negó cabizbajo.
—Aunque soy líder de esta secta, es poco lo que me escuchan. —Bajó la mirada. —Soy un fracaso.
—No lo es —le corrigió Lan HuiYing con prisa—. Usted ha sabido llevar con valor y entereza una de las sectas más importantes, y la ha mantenido en alto durante todos estos años. Debe sentirse orgulloso de ello y caminar con la frente en alto. —Le regaló una sonrisa y añadió: —Nunca dude de usted mismo.
La honestidad y sinceridad de esas palabras conmovieron a Nie HuaiSang. A lo largo de su vida solo había recibido críticas y denostaciones hacia su persona, y en los últimos años como líder de secta. Solo en la época que WuXian estuvo con vida pudo entender que no era el inútil del que todos se quejaban ni el peor cultivador en la historia de la cultivación. Su mejor amigo le había enseñado a creer en sí mismo; y ahora, después de diez años, le recordaban esa enseñanza.
Aclaró la garganta para tragarse la emoción y bebió un nuevo sorbo de té para diluirla.
—En verdad lamento no poder conseguir el permiso que necesitan, pero creo que puedo ayudarles para que lo vean sin que los demás se enteren.
Lan WangJi y Lan HuiYing se sorprendieron al ver la disposición de Nie HuaiSang de burlar la autoridad de los demás y pasar por encima de las reglas de la cacería nocturna.
—¿De verdad podremos verlo? —preguntó Lan HuiYing con entusiasmo.
Nie HuaiSang asintió vacilante.
—En teoría... —respondió—. Pero es prudente que solo sea HanGuang-Jun quien vaya.
La sonrisa de Lan HuiYing se borró de inmediato.
—¿Por qué no podemos ir los dos?
Lan XiChen alcanzó su hombro derecho.
—Por seguridad —le explicó—. Es menos probable que los descubran si solo va uno de ustedes.
Decepcionado, Lan HuiYing bajó la cabeza y permaneció en silencio.
—Podemos ir de inmediato —señaló Nie HuaiSang—. El cambio de guardia se producirá en diez minutos.
Lan WangJi asintió. La idea de ver a Wei WuXian lo había entusiasmado lo suficiente para reflejarlo en su rostro que minutos atrás solo mostraba aflicción. Se puso de pie casi de un salto y caminó hacia la puerta antes que Nie HuaiSang terminara de indicar la manera en la que burlarían a la vigilancia de los calabozos. Su prisa era evidente y Nie HuaiSang parecía comprenderla, por lo que no tuvo más opción que llevarlo con Wei WuXian de inmediato y explicarle en el camino la manera segura para verlo. Consistía en un pasadizo secreto que solo los miembros directos de la familia Nie conocían; una puerta oculta en la oficina de Nie HuaiSang conducía directo al calabozo.
El corazón de Lan WangJi latía a toda prisa conforme se acercaba más y más a Wei WuXian. Los tres días sin verlo resultaban un tormento que ahora parecía lejano, y al adentrarse al pasillo que lo llevaba directo hasta él, sintió que un enorme peso finalmente dejaba su corazón. Bajaron un puñado de escalones de piedra, llegando al fondo del pasadizo y, en la última celda, se encontraba Wei WuXian.
Al detenerse frente a los barrotes que sellaban el reducido cubículo, sintió las manos temblorosas y el corazón latiéndole en la garganta. Miró fijamente al interior de la celda mientras Nie HuaiSang manipulaba la copia del manojo de llaves que abría cada puerta de la prisión, pero la escasa luz del lugar mantenía el ambiente sumergido en una sofocante penumbra. Parpadeó un par de veces y logró distinguir la silueta de Wei WuXian sentada en el suelo... atado.
Wei WuXian dormitaba, por lo que no advirtió su presencia hasta que escuchó el sonido de la cerradura haciendo un sonoro clic. Parpadeó confundido y se sorprendió al verlo cruzar el portón.
—¡¿HanGuang-Jun?! —exclamó con sorpresa—. Creí que no tenías autorización para verme. —Hizo una pausa al darse cuenta de la situación. —No me digas que... ¡te metiste a escondidas! ¡Qué malos hábitos te he enseñado, HanGuang-Jun!
A Lan WangJi no le sorprendía la reacción tan liviana y bromista de Wei WuXian; su manera de enfrentar las cosas, por muy serias que estas fueran, era uno de los atributos que más le gustaba de su atractiva personalidad. Se arrodilló frente a él para alcanzar su rostro y lo acarició despacio. De inmediato, la expresión jocosa de Wei WuXian se relajó y sus mejillas pálidas se tiñeron de rubor, entibiándose bajo sus palmas.
—Ha-HanGuang-Jun. —Nie HuaiSang habló con cierta prisa. —Vigilaré la entrada; volveré en unos minutos.
Lan WangJi volteó a verle y asintió en agradecimiento. Una vez que lo vio marcharse, se concentró en Wei WuXian, escrutando detenidamente su rostro, como si hubieran pasado años sin hacerlo. Bajó la mirada de forma casual y frunció el ceño al advertir la ceñida atadura con talismanes y cadenas que aprisionaban sus manos tras su espalda.
—Debí suponer que estarías preocupado —dijo Wei WuXian mientras era examinado minuciosamente—, pero estoy bien; no es tan malo este lugar.
Lan WangJi no parecía convencido al ver su rostro pálido y ojeroso. Le echó un vistazo rápido al resto de su cuerpo, concentrándose en el vendaje que cubría su brazo derecho.
—No te preocupes —se apresuró a decir Wei WuXian—. El líder de la secta Nie ha sido muy considerado.
A pesar de todo, Lan WangJi seguía sin convencerse de su buena salud.
—HanGuang-Jun... —El tono de Wei WuXian cambió. —Esto es lo correcto.
—No debiste hacerlo —contestó él.
—Confía en mí.
Lan WangJi negó. Incluso cuando escuchó su plan luego que el impostor escapara, no estaba en lo absoluto dispuesto a avalarlo. Era todo menos un plan seguro y razonable, pero cuando se trataba de una idea de Wei WuXian, no existía manera alguna de disuadirlo.
—Pudo haber sido de otra forma —replicó.
—No nos creerán si lo intentamos de otra manera —insistió Wei WuXian—. El impostor nos puso una trampa y caímos en ella. Me equivoqué, pero incluso esa equivocación servirá para exponerlo frente a todos.
Su postura temeraria abrumó el corazón de Lan WangJi. Las manos le temblaron alrededor de su rostro y tuvo la imperiosa necesidad de besarlo y abrazarlo.
—Es muy peligroso —murmuró con pesar—. No quiero que te sigas exponiendo.
Wei WuXian sonrió. Inclinó la cabeza contra sus palmas y se frotó un poco en ellas.
—Pero tú me protegerás —señaló—. Confío en ti, HanGuang-Jun.
Su determinación finalmente terminó por convencerlo. A pesar de los riesgos, confiaba ciegamente en su juicio y en la increíble capacidad que poseía para sobreponerse a cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.
Sus miradas se encontraron en ese momento y olvidaron en dónde se encontraban. Wei WuXian ya había notado esa incapacidad de reconocer su entorno cuando se perdía en los ojos de Lan WangJi. Un sentimiento nostálgico se apoderaba de todos sus sentidos y se sumergía en él sin contemplaciones, consciente del peligro que eso implicaba. La adrenalina se colaba por sus venas y disfrutaba de la emoción que revoloteaba en su estómago al pensar que en el pasado pudo besar esos labios pálidos y bien perfilados y acariciar esa piel blanca y suave que tanto admiraba y en algunas ocasiones envidiaba.
De pronto sintió la respiración de Lan WangJi acariciándole la boca, como si se tratara de un beso, y movió rápidamente la cabeza, apartándose.
—¿C-cuándo... será el interrogatorio? —preguntó fingiendo indiferencia a su cercanía.
Lan WangJi reparó en su nerviosismo y dejó su rostro.
—Mañana —contestó.
Wei WuXian suspiró.
—Cuanto antes mejor.
Nie HuaiSang reapareció y los interrumpió con prisa.
—HanGuang-Jun, debemos irnos.
A regañadientes, Lan WangJi aceptó el tener que dejar a Wei WuXian en aquel calabozo. Podría liberarlo y escapar con él, llevarlo lejos a donde nadie pudiera hacerle daño ni menos juzgarlo, pero debía creer en él y seguir adelante... a su lado.
Antes de marcharse, volvió a acariciar su rostro, sintiendo que se le rompía el corazón en el proceso.
—HanGuang-Jun, confía en mí —pidió Wei WuXian—. Todo saldrá bien. —Él asintió en respuesta. —Dile a HuiYing que pronto estaremos juntos.
Lan WangJi volvió a asentir con la cabeza y dejó el calabozo con Nie HuaiSang. Una vez a solas, Wei WuXian suspiró profundamente y se recostó contra la pared.
—Lan Zhan... —susurró—. Qué ganas tenía de que me abrazaras con todas tus fuerzas... y decirte lo que siento.
Fue en estos tres días a solas que sus prolongadas reflexiones le llevaron a tomar la decisión de confesarle sus sentimientos a Lan WangJi. ¿Qué podía perder si lo hacía? Continuar fingiendo ya comenzaba a ser molesto, y aceptar amar y ser amado como Mo XuanYu no lo exponía. La vida le había dado una nueva oportunidad y no la desperdiciaría. Enmendaría sus errores del pasado y no volvería a arruinar su relación con Lan WangJi.
Cerró los ojos, sintiendo sus mejillas ardiendo luego que Lan WangJi las tocara.
—Es lo mejor —murmuró—. En especial para Lan Zhan.
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La audiencia para interrogar a Wei WuXian finalmente se llevó a cabo en el salón principal del palacio de Qinghe, conformada principalmente por los líderes de las sectas, más los miembros de mayor rango de cada familia. Lan QiRen encabezaba la reunión, pues era uno de los más respetados y, junto con Jiang Cheng, el más interesado en impartir justicia y arrancar de raíz la plaga de cultivadores demoniacos que había infestado los territorios.
A la reunión se sumó Jin GuangYao, quien tras dejar de lado algunos compromisos dada la gravedad de la situación, se hizo presente asumiendo su rol como cultivador en jefe. El resto de los asistentes solo participaron en calidad de espectadores, y Lan WangJi y Lan HuiYing eran uno de ellos.
Las puertas del salón se abrieron de pronto y se hizo el silencio al ver la figura de Wei WuXian ingresando en compañía de dos guardias del palacio. Estos lo situaron en medio de la habitación, forzándolo a arrodillarse y permanecer encadenado.
—Maestro Mo... —Lan HuiYing reaccionó con preocupación al verlo sometido a semejante humillación y reparó en su aspecto maltrecho—. No es justo —murmuró.
Lan WangJi lo consoló apoyando una mano sobre su hombro, mientras contenía la rabia que le ardía en las venas al ver cómo era tratado Wei WuXian. No podía soportar verlo así, pues de inmediato malos recuerdos acudían a su memoria y una opresión punzaba en su pecho. Wen Sizhui y sus compañeros tampoco reaccionaron con agrado al ver el maltrato hacia Wei WuXian. Wen JingYi fue uno de los primeros en querer protestar, pero Wen Sizhui lo contuvo, pidiéndole que se mantuviera en silencio pues tenía el presentimiento de que algo extraordinario sucedería. Jin Ling en tanto aguardaba a un costado de ellos, escuchando los murmullos de los presentes, quienes se dividían entre un castigo ejemplar y otros en una sanción menor.
—Hereje, revela tu nombre ante todos los presentes —demandó Lan QiRen.
Wei WuXian alzó las cejas con sorpresa y soltó una carcajada.
—¿Por qué tanta formalidad? —preguntó—. Ya todos conocen mi nombre.
—¡Insolente! —bramó Lan QiRen—. No estás en posición de burlarte.
—No es insolencia —respondió Wei WuXian—. Solo me parece ridículo tantas presentaciones. —Clavó su mirada en los líderes de secta. —Es mejor ir al punto importante de esta reunión, ¿no les parece?
Lan QiRen sintió que la vena palpitante en su sien izquierda reventaría de pronto, y no pudo evitar recordar las cientos de ocasiones en las que pasó por el mismo mal rato a causa de Wei WuXian.
—Joven maestro Mo —intervino Lan XiChen—. Debido al incidente durante la cacería nocturna en las inmediaciones de Qinghe, fuiste capturado. Quisiéramos conocer los detalles de aquella situación, y en especial el motivo por el que te entregaste voluntariamente.
Wei WuXian sonrió al ver la astucia con la que Lan XiChen abordó el tema. Eso ahorraría muchos preámbulos innecesarios.
—Fui apresado para que todos conozcan la verdad de lo que sucedió esa noche, ya que no fui yo quien cometió el ataque a las sectas.
—¡¿Te atreves a engañarnos?! —masculló Lan QiRen.
—No intento engañar a nadie —respondió Wei WuXian—. Es cierto que yo desperté los cadáveres del templo; no lo negaré y asumiré mi responsabilidad de ello, pero los cultivadores asesinados no fueron por mi mano, sino por el de un personaje que ha operado a espaldas de ustedes durante siete años.
Un revuelo de murmullos resonó en el salón.
—Eso es imposible —declaró uno de los líderes de una secta de menor rango—. De ser así lo habríamos descubierto hace mucho.
Wei WuXian negó.
—No lo han hecho porque han asumido todos estos años que el culpable es Wei WuXian.
Otra ola de murmullos se dejó escuchar con revuelo; esta vez con algunos alegatos de temor.
—No pronuncies ese nombre frente a nosotros —pidió el líder de la secta Baling.
—¿Por qué no? —preguntó Wei WuXian con falsa curiosidad—. ¿Tanto temor les provoca el nombre de un muerto?
—¡No estamos aquí para escuchar tus adulaciones hacia ese hereje! —masculló Lan QiRen—. Tú-
—Estamos aquí para que de una buena vez abran los ojos y vean que hay un traidor entre ustedes —le interrumpió Wei WuXian.
Todos se sobresaltaron.
—¡¿Cómo te atreves a decir algo así?! —exclamó Lan QiRen. Su tono ofendido fue acompañado por una expresión descompuesta, reflejando claramente su enfado.
—¿Cómo es posible que en todos estos años no hayan podido ver que alguien ha estado actuando a espaldas de las sectas? —Wei WuXian frunció el ceño, pero sus labios habían formado una sonrisa burlona. —Es tan simple darse cuenta de ello, pero ustedes no lo quieren ver. —Pensó detenidamente un momento y luego concluyó: —Tal vez ese sujeto es demasiado listo para ser descubierto... o ustedes son demasiado necios para notarlo.
—¡Insolente! —bramó el líder de la secta Yao. Lan QiRen estaba demasiado horrorizado para responder a sus palabras.
—¡No tienes pruebas de algo así! —añadió el líder de la secta Baling.
Restándole importancia a semejante declaración, Wei WuXian se encogió de hombros.
—Es cierto que no tengo las pruebas necesarias para que abran los ojos —contestó—, pero la cacería nocturna debería ser suficiente.
—¿De qué estás hablando? —De pronto el líder de la secta MolingSu intervino. Con sus ojos clavados en Wei WuXian, quiso desacreditar sus palabras. —Señalar la cacería nocturna como evidencia es infantil y poco útil.
A Wei WuXian no le fue indiferente la postura de ese líder de secta en particular. El tono de voz acusatorio, y las palabras lanzadas con cierto tinte de provocación, parecían más bien una crítica personal y no una acotación objetiva.
Entornó la mirada intentando recordar su rostro, pero le fue imposible. Estaba seguro que nunca lo había visto y que ni siquiera participó en la cacería.
—Los que participaron y sobrevivieron —respondió—. Ellos pudieron reconocer la formación mágica en el cielo y que despertó los cadáveres del lugar. ¿O me van a negar que no se les hizo familiar?
El líder de la secta MolingSu guardó silencio y su semblante se oscureció.
—¡La formación mágica de hace siete años! —señaló de inmediato el líder de una secta menor—. La misma de aquella noche en la que masacraron tantas sectas y murió el hijo del líder de la secta Jin.
Jin GuangYao entornó la mirada al escuchar aquello y clavó sus ojos en Wei WuXian. Algo no le hacía sentido al ver su desplante y la coherencia con la que se defendía y expresaba. No era propio del Mo XuanYu que vio y con el que habló la última vez.
—Muchos fuimos testigos de cómo alguien liberó esa formación mágica con el único propósito de asesinarnos —declaró uno de los cultivadores sobrevivientes de la secta GusuLan—. Nos guio directo a una trampa.
—Lo que dice es terrible —comentó el líder de la secta Nie.
—Pero es la verdad —reafirmó Wei WuXian—, y yo estoy detrás de ese sujeto.
—Eres un cultivador demoniaco —replicó uno de los cultivadores de la secta Yao—; estás de su lado.
—¿De qué están hablando? —cuestionó Wei WuXian—. Nunca dije que fuera solo un cultivador demoniaco.
Los líderes y mayores de cada secta parpadearon confundidos.
—¿Intentas confundirnos? —cuestionó Lan QiRen.
Wei WuXian negó con cierta indiferencia.
—Intento decir que él no actúa solo, y que alguien lo está ayudando.
—No tienes pruebas de ello —soltó el líder de la secta MolingSu.
—Yo las tengo —intervino Jiang Cheng.
Todos clavaron sus ojos en él.
—Esa noche alguien activó la formación mágica y alguien se encargó de distraernos para tomar el objeto que la creaba sin ser descubierto.
—Esa prueba no es suficiente —insistió el líder de la secta MolingSu.
—¿Por qué no? —preguntó Wei WuXian con curiosidad—. ¿Acaso cuestiona la palabra del líder de la secta Jiang? ¿O usted tiene una prueba mejor que aportar?
Su She, líder de la secta MolingSu, no pudo responder a ello y permaneció en silencio con expresión contrariada.
Era un hecho que no se podía poner en duda la palabra de Jiang Cheng, al ser quien más odiaba a los cultivadores demoniacos. Su testimonio podía tener más peso que el de cualquiera de los presentes en el salón.
—Entonces —continuó Lan QiRen—, líder de la secta Jiang, ¿usted nos asegura que fue testigo de dos individuos trabajando conjuntamente?
—No tuve necesidad de verlos a los dos —respondió Jiang Cheng—. Uno de esos malditos tiene un cadáver feroz bajo su control y el otro la capacidad de usar talismanes de transporte.
Un silencio sepulcral se instaló en el salón. Era bien sabido que pocos cultivadores tenían la capacidad manejar esos talismanes dado el alto costo de energía espiritual que se necesitaba para utilizarlos.
Jiang Cheng intercambió miradas con Lan WangJi, esperando que la reunión continuara. Jin GuangYao en tanto observó detenidamente a los demás líderes de secta; en especial uno, que cruzó fugazmente la mirada con él.
—Si lo que dice es cierto, líder de secta Jiang. —Lan QiRen salió de su conmoción. —El uso de talismanes de transporte es una cosa, pero la existencia del cadáver feroz...
—¡El general fantasma! —exclamaron algunos de los presentes—. Si él está con vida también lo está el patriarca YiLing.
—No —soltó Jin Ling—. Él no fue quien nos atacó.
Jiang Cheng le echó una mirada disgustada por su intromisión.
—¿Cómo estás tan seguro? —cuestionó uno de los cultivadores sobrevivientes.
A pesar de lo incómodo que resultaba admitir la verdad, no estaba en su naturaleza mentir; aun cuando fuera en contra de su orgullo.
—Porque... —Cerró los puños y tensó los labios. —El General Fantasma nos ayudó.
Exclamaciones y gritos ahogados de espanto resonaron por todo el salón.
—¡Eso es imposible! —vociferó Lan QiRen.
Jin GuangYao, al ver el revuelo que se estaba generando, decidió intervenir. Se puso de pie y dio un paso al frente, silenciando a la audiencia.
—Quisiera hablar a nombre de todos, en especial a nombre de mi familia y secta. Es mi deber, como cultivador en jefe, responder por lo ocurrido en la cacería nocturna. —Miró a Wei WuXian de forma casual. —No puedo ignorar el hecho de que un miembro expulsado de la familia Jin es el causante de este conflicto.
Lan XiChen miró de inmediato a Lan WangJi, temiendo que las palabras de Jin GuangYao fueran el detonante que le impulsaría a intervenir en la audiencia y lo arruinara todo. Pudo ver su semblante inquieto apenas contenido y que la presencia de Lan HuiYing a su lado le permitía mantener la compostura. Pero sabía bien que bastaría una mínima cosa para que el caos se apoderara de su mente, nublara su juicio y echara por tierra los planes de Wei WuXian.
Lan WangJi escuchaba atento mientras un sentimiento amargo inundaba su interior. Cada palabra que salía de la boca de Jin GuangYao le revolvía las entrañas, pues conocía a la perfección sus verdaderas y retorcidas intenciones ocultas tras su máscara de líder íntegro. Empuñó las manos, tensando cada músculo de su cuerpo, y trató de mantener la cordura por sobre sus impulsos frenéticos.
—Mo XuanYu fue un miembro de la secta Jin —continuó Jin GuangYao—. Es por eso que me siento responsable de su participación en la cacería nocturna como cultivador demoniaco, y tomaré responsabilidad en su nombre.
—No tenía forma de saber que se desviaría del camino —dijo Lan QiRen en su defensa—. Usted solo es una víctima más, como todos nosotros.
—Aun así quiero asumir la responsabilidad y tomar su custodia.
Aunque conocía de antemano su destino, Wei WuXian no pudo evitar sentir un vértigo en la boca del estómago. Una suerte de alarma interna gritó en su interior al imaginarse bajo la custodia de Jin GuangYao, como si aquello fuera extrañamente peligroso.
Entornó la mirada al ver tan repentino interés de su "medio hermano" por tenerlo bajo su custodia, y guardó en silencio al recordar las advertencias de Lan WangJi de mantenerse lejos de él.
—Podremos trasladarlo a LanLing y mantenerlo en prisión hasta esclarecer las cosas —continuó Jin GuangYao—. No podemos dejar que otros asuman una responsabilidad que no les corresponde.
—No estoy de acuerdo —espetó Jiang Cheng de pronto. Se puso de pie y, tras echarle una mirada despectiva a Wei WuXian, clavó sus ojos irascibles en Jin GuangYao—. Las reglas de la cacería nocturna son claras, ¿no es así, líder de secta Jin?
Jin GuangYao parpadeó vacilante.
—Lo son —respondió confuso—. Si ha decidido intervenir, líder de secta Jiang, quiere decir que he cometido un error, y me disculpo por eso.
—No necesita tanta formalidad ni menos llenarse la boca de disculpas innecesarias —contestó Jiang Cheng con apatía—. Simplemente pongo en uso las reglas de la cacería nocturna de cultivadores que usted mismo aprobó: quien captura un cultivador es dueño de este.
La expresión de Jin GuangYao apenas se alteró. Pareció de pronto que intentó disimular su sorpresa, o más bien su enfado por tan inesperada intervención.
—Tiene razón —se apresuró a decir, forzando una sonrisa—. Entonces, usted quiere asumir la responsabilidad.
—Más que responsabilidad —aclaró Jiang Cheng—; solo que quiero reclamar lo que me pertenece.
Desde un costado del salón, Wen Sizhui miraba con desaprobación la conferencia.
—Hacen ver a los cultivadores como un objeto —susurró contrariado—. No me parece correcto.
—Ellos se buscan ser tratados así —le aclaró Wen JingYi—. Pero en este caso hicieron oídos sordos a todo lo que dijimos. No lo entiendo. Mo XuanYu no es el enemigo.
Jin GuangYao continuó su intento por reclamar lo que creía corresponderle, pero la intrusión de Jiang Cheng en su objetivo lo dejó en una patética desventaja.
Volvió a su asiento y regularizó la respiración un par de veces.
—Entonces —continuó—, líder de secta Jiang, ¿qué desea hacer con su cultivador?
Jiang Cheng miró a Wei WuXian, luego a Lan WangJi, y respondió:
—Dejarlo ir.
El salón se llenó de golpe de protestos y reproches.
—¡Eso es una locura! —masculló Lan QiRen—. ¡¿Para qué reclamar algo que luego desechará?! ¡No tiene ningún sentido! —Señaló a Wei WuXian con un dedo acusatorio. —¡Ese cultivador debe ser castigado!
—Yo decido qué hacer con él —alegó Jiang Cheng—. Y decidí dejarlo ir, pero no libremente. Estará bajo vigilancia mientras se encarga personalmente de encontrar al verdadero responsable de la masacre en el bosque. De no lograrlo, y confirmar que estuvo detrás de todo, será ejecutado por mis propias manos.
Sin poder contenerse por más tiempo, Lan WangJi se acercó a Wei WuXian con la intención de liberarlo. Lan QiRen desaprobó su actitud y entornó la mirada con enfado.
—WangJi, debes mantenerte fuera de esto.
Él no contestó y lo ignoró deliberadamente.
—¿Por qué debería? —preguntó Wei WuXian.
—Su vinculación con herejes como tú es una mancha en su historial como cultivador —contestó Lan QiRen—. Él menos que nadie debería participar de esto.
Para Wei WuXian, esa respuesta fue suficiente para confirmar que su romance con Lan WangJi fue —y seguía siendo— el motivo por el que su propia secta lo había marginado, y que hasta el día de hoy lo miraba con desprecio. Lan QiRen sin duda solo se había endurecido con los años, volviéndose intolerante y despiadado con su propia familia.
—Él ha estado con ese lunático hereje todo este tiempo. —Un cultivador de una secta de bajo rango no dudó en acusarlo. —¡Son cómplices!
Bisbiseos llenaron nuevamente el salón y una treintena de pares de ojos indiscretos recayeron sobre Lan WangJi. Wei WuXian se dio cuenta del desdén con el que los cultivadores trataban a alguien que decían admirar y respetar. La hipocresía abundaba en este retorcido y maravilloso mundo, y no pudo soportar que, a pesar de ser un merecedor innato de todo desprecio incluso en su otra vida, pudieran hacerle lo mismo a Lan WangJi, mucho menos que lo apuntaran con el dedo por su causa.
—¡Se equivocan! —exclamó enérgico—. ¿Cómo pueden unos cultivadores con tanto prestigio ser también tan torpes? —Lan QiRen quiso gritarle pero no le dio la oportunidad. —HanGuang-Jun no ha hecho más que su trabajo todo este tiempo.
—Explícate, hereje —demandó el líder de la secta Baling.
Lan WangJi quiso detenerlo, pero Wei WuXian no se lo permitió.
—HanGuang-Jun ha cumplido al pie de la letra las reglas de la cacería nocturna —declaró—. Ha sido mi guardián después de capturarme en una de ellas. ¿No es así, líder de secta Jiang?
Los presentes clavaron sus ojos en Jiang Cheng que entornó la mirada con enfado y, a regañadientes, respondió.
—Es cierto.
Todos parecieron suspirar con alivio al ver que Lan WangJi, lejos de ser un cultivador deshonesto como algunos murmuraban a sus espaldas, era un cultivador que aún mantenía su integridad intacta.
—Lan WangJi continuará a cargo de vigilarlo mientras sigue la pista del maldito que masacró a nuestras sectas —continuó Jiang Cheng—. Si alguien tiene una objeción, que lo diga ahora.
La atención se concentró finalmente en Jin GuangYao, pues era él quien tenía la última palabra.
Él volvió a ponerse de pie y observó a los presentes. Su cargo representaba algo más que solo un líder para todas las sectas. En los últimos años se había convertido en la piedra angular de la unificación tras la caída de la secta QishanWen, por lo que su palabra era respetada sin importar su contenido. Nadie lo cuestionaba, nadie lo subestimaba; su autoridad e imagen eran por sobre todas las cosas un sello de integridad que todos y cada uno de los que lo vieron surgir de las sombras admiraban.
Con la sobriedad que lo distinguía, centró su atención en Wei WuXian y, tras observarle detenidamente por unos breves segundos, finalmente respondió.
—A pesar de no estar de acuerdo con la práctica de cultivación de Mo XuanYu, siempre y cuando la aproveche por el bien de las sectas, aceptaré la decisión del líder de la secta Jiang.
Esta vez no hubo murmullos; nadie tuvo el valor de cuestionar su decisión, a pesar de no creer que fuera la correcta. Pero si el cultivador en jefe lo aprobaba, no tenían más opción que aceptarlo.
Nie HuaiSang no dudó en darles una señal a los guardias que custodiaban a Wei WuXian para que lo liberaran. Una vez desatado, él se puso de pie con una sonrisa satisfecha.
—Podríamos habernos evitado todo esto —suspiró mientras se frotaba las muñecas—. Pero al menos ya estoy libre. —Volteó hacia Lan WangJi y le sonrió. —¿No te lo dije, HanGuang-Jun?
Él no respondió; a cambio le devolvió el gesto con un pequeño ademán con la cabeza y algo parecido a una sonrisa.
El interrogatorio se dio por terminado y, aunque algunos no estaban conformes —en especial Lan QiRen—, el incidente en el bosque fue "esclarecido" y el impostor dejó de ser un solo un rumor. El improvisado "plan B" que Wei WuXian decidió utilizar para desenmascarar al impostor luego que este se burlara de él dio resultado, pero sabía bien que no lo habría logrado sin la ayuda de Jiang Cheng y Lan WangJi que, pese a sus diferencias, pudieron llevar a cabo a la perfección sus respectivos roles.
Lan XiChen permaneció en su asiento y observó con gusto a Lan WangJi junto a Wei WuXian y Lan HuiYing. Durante la reunión fue poco lo que quiso intervenir pues conocía de antemano lo que se había planeado, y ver que todo había resultado bien lo tranquilizaba. Después de todo solo quería la felicidad de su hermano luego de haber soportado demasiado dolor por demasiados años.
Jiang Cheng apenas intercambió miradas con Wei WuXian; todo estaba dicho entre los dos. Cruzó el salón y lo abandonó seguido por Jin Ling. Ya no tenía motivo para seguir allí y perder el tiempo. Quien no lucía conforme con el resultado era Jin GuangYao; su expresión de insatisfecho si bien no logró llamar la atención de los presentes, Nie HuaiSang sí pudo percatarse de ello. Pensó en preguntarle el motivo de su descontento pero no tuvo necesidad de hacerlo, pues al recordar su última visita, pudo adivinarlo.
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Luego de la liberación de Wei WuXian, los participantes se reunieron en el comedor para cenar. Algunos dieron por finalizada la conferencia y retornaron a sus respectivas sectas para velar a sus muertos; otros simplemente optaron por aprovecharse de la invitación de Nie HuaiSang y disfrutar de la comida local. Jin GuangYao sin embargo fue el único líder de secta que tomó la decisión de partir pues no estaba cómodo, y justificó su abrupta partida de Qinghe con asuntos importantes por atender.
Tras dejar el salón, Wei WuXian fue a su dormitorio —el mismo de la última visita— y se dio un baño. La lesión en su brazo estaba casi curada y la de sus costillas era apenas un malestar menor. Los tres días en tensión ya eran parte del pasado; ahora debía enfocar su mente en el siguiente movimiento contra el impostor.
Salió de la habitación de baño secándose el cabello y sorprendió a Lan HuiYing esperándole sentado frente a la mesa de comer. Sonrió al verlo y se le acercó.
—¿Estabas esperándome? —preguntó mientras se sentaba a su lado—. Podríamos haber compartido el baño.
—Quería verlo antes de ir a cenar —respondió Lan HuiYing.
—¿No cenarás aquí?
Con cierta vacilación, Lan HuiYing negó.
—Es que... Wen Sizhui y los demás quieren que vaya con ellos. ¿No le molesta?
Wei WuXian sonrió con agrado.
—¿Por qué habría de molestarme? ¡Es una excelente noticia! —Frotó su cabeza. —Sabía que lograrías conquistarlos.
—Querían invitarlo a usted también, pero HanGuang-Jun...
—Lo sé, lo sé. —Wei WuXian resopló. —No quiere que me exponga; al menos por esta noche. —Miró alrededor. —Por cierto, ¿dónde está?
—Fue llamado por Zewu-Jun.
A Wei WuXian no le resultaba extraño que Lan WangJi aprovechara este tipo de encuentros para reunirse con su hermano. El viaje que los tres realizaban a ratos era solitario, y sabía que Lan WangJi tenía una relación muy cercana con Lan XiChen.
—Maestro Mo... —Lan HuiYing lo llamó despacio. Volteó a verle y notó su expresión conmovida. —Tuve miedo de que no lo dejaran volver con nosotros.
La sinceridad en sus palabras conmovió el corazón de Wei WuXian. Palmeó su espalda y le sonrió.
—Lo importante es que ahora estoy con ustedes, y no pienso volver a esa celda oscura y fría.
Resultó inevitable para Lan HuiYing padecer su ausencia durante sus días de captura, a pesar de conocer la estrategia para desenmascarar al impostor. Conciliar el sueño le fue casi imposible, y fue durante las tres noches en vela que confirmó lo importante que se había vuelto "su preciado maestro Mo" en su vida.
Sin responder a sus palabras solo lo observó contemplativamente, advirtiendo algo más allá de su sonrisa jovial y su mirada traviesa. Desde hacía un tiempo que sus ojos y su sola presencia sanaban su corazón y traían paz a su alma. El vacío que yacía en su interior desde su nacimiento parecía ser llenado por él, y el deseo de imaginar que Mo XuanYu era en realidad Wei WuXian cruzó una vez más por su mente. Sabía que podía considerarlo una traición a la persona que le dio la vida, pero el sentimiento iba más allá de sus principios. La relación afectiva con Mo XuanYu resultó ser un vínculo que superó sus expectativas. Su voz lo calmaba, su sonrisa lo alegraba, sus abrazos lo confortaban y sus enseñanzas lo alentaban. ¿Acaso no era todo eso el rol de un padre? Quizá podía considerarlo como un hermano mayor, pero el sentimiento latente en su pecho le decía que se trataba de algo más.
Al llegar a esa conclusión, el impulso de abrazarlo lo superó y le rodeó el cuello con los brazos, cerrándolos en un cálido abrazo. El calor que irradiaban sus brazos bajo la tela sobresaltó a Wei WuXian en contraste con su piel fresca. Su dulce e inconfundible aroma llegó hasta su nariz y su corazón se sacudió. ¿Cómo un niño podía agitarlo y desarmarlo de esa manera tan pura e inocente? Antes habría bromeado con algo así y se habría burlado de su propia debilidad, pero solo pudo corresponder su dulce gesto, disfrutando de este mientras imaginaba las dificultades que debió pasar Lan HuiYing con su personalidad abierta, radiante y apasionada bajo las enseñanzas de una secta conservadora.
Frotó su espalda y la palmeó despacio, sintiendo cómo Lan HuiYing afianzaba el abrazo alrededor de su cuello. Finalmente se separaron y sonrieron. No hizo falta decir nada; el espontáneo gesto había sido suficiente para ambos.
Lan HuiYing se puso de pie y caminó hacia la salida.
—Volveré en un rato, maestro Mo.
Wei WuXian asintió.
—Ve y diviértete con tus nuevos amigos. Y no beban mucho.
Su broma logró que Lan HuiYing soltara una carcajada. Lo vio marcharse y, tras quedar solo, se tendió de espaldas en el suelo. No tenía motivos para suponer que Lan WangJi volvería pronto, y aguardar por él resultaba demasiado aburrido. Pasar tres días encerrado le resultó suficiente como para no querer volver a estar entre cuatro paredes.
Con eso en mente se puso de pie, se cambió de ropa y dejó la habitación. Se aseguraría de no alejarse demasiado; solo lo suficiente para respirar aire fresco y estirar las piernas. Bajó al jardín trasero del palacio, lejos de la vista de los invitados y aguardó allí unos minutos. La brisa nocturna lo revitalizó incluso más que el baño, y se sentó en una pequeña banqueta a orillas de un estanque de peces koi.
A pesar de lo que había vivido en los últimos días, encerrado y sin un destino claro, su mente solo se había concentrado en los deseos de confesarle sus sentimientos a Lan WangJi. No resultó una decisión sencilla luego de lo que había elegido inicialmente tras descubrirse enamorado de él, pero su corazón ya no podía soportar más permanecer en silencio y Lan WangJi merecía conocer "esa verdad". Aun así, estaba dispuesto a solo confesarle sus sentimientos desde la máscara de Mo XuanYu. Sabía que podría soportar vivir así, aunque a veces dudara de su fuerza de voluntad y temiera a la curiosidad que le causaba saber qué tipo de reacción tendría Lan WangJi si descubría su verdadera identidad. En el peor escenario podría no creerle o despreciarlo por haberle mentido por tanto tiempo, y en el mejor se alegraría por su regreso y le confesara que jamás ha dejado de amarlo.
—No sé qué es peor, que me odie o me siga amando. —Miró su reflejo en el estanque. —De cualquier modo no quiero que sufra por mis estupideces. Quiero que Lan Zhan sea feliz y ame a quien realmente quiere.
Suspiró profundamente, dispuesto a buscar las palabras apropiadas para declararse, pero a los pocos minutos unas voces provenientes de un pasillo lateral llamaron su atención. Movido por la curiosidad, dejó la tranquilidad del jardín y se acercó para escuchar la conversación. De inmediato notó que se trataba de cuatro miembros de la secta GusuLan que intercambiaban palabras entre susurros.
—De seguro están hablando de sus sagradas reglas —pensó con desinterés mientras se disponía a regresar al jardín, pero se detuvo en seco al escuchar el nombre de Lan WangJi.
—No puedo creer que esto esté pasando nuevamente —se quejó un cultivador—. Una vez más nuestro nombre como secta se ve empañado por las desviaciones de Lan WangJi.
—Baja la voz —le reprendió otro.
—Aunque queramos quejarnos, no podemos, ya que el líder de nuestro clan es su hermano. Siempre tendrá preferencias.
A Wei WuXian le costaba creer que miembros de la secta GusuLan pudieran levantar la voz en contra de una persona —más aún si esta no estaba presente—. Incluso para cualquier secta era de mal gusto.
—Pese a lo que sucedió en el pasado, nada ha cambiado —insistió el primer cultivador—. Él sigue los mismos pasos que mancharon su reputación como cultivador en el pasado.
—¿Qué se puede esperar de alguien que rompió todas nuestras reglas para involucrarse con un cultivador demoniaco?
—Eso es imperdonable.
—Es más imperdonable lo que hizo después.
—¡Ni lo menciones! —exclamó el mayor del grupo.
—Es una de las peores vergüenzas que espero nadie sepa nunca.
—Atreverse a tener un hijo en semejante circunstancias... ¡es la peor de las deshonras!
Wei WuXian palideció y acercó la oreja para escuchar con claridad.
—Y todavía tiene el descaro de seguir portando nuestras ropas, y con ese niño a cuestas... ese niño del pecado.
El rostro de Wei WuXian perdió todos los colores.
—Es su hijo después de todo.
—¡No lo digas! —exclamó el mayor del grupo, susurrando—. Eso jamás puede saberse. Se dijo que ese niño fue adoptado, y así debe quedar. Si las demás sectas llegaran a descubrir que es el hijo biológico de Lan WangJi sería el fin de nuestra reputación.
Los murmullos cesaron, como si hubieran advertido la presencia de alguien alrededor, y se dispersaron.
Wei WuXian permaneció en su lugar, procesando y asimilando las palabras que había escuchado. Parecía una broma de mal gusto, algo que jamás podría suceder con Lan WangJi, pero las palabras fueron claras, y sus sospechas iniciales finalmente fueron confirmadas.
Un súbito vértigo en la boca del estómago le hizo apoyarse en la pared y respiró pesadamente.
—HuiYing... —pronunció—. HuiYing, él... es hijo de Lan Zhan... —El corazón se le apretó en el pecho y su voz se quebró. —Lan Zhan tuvo un hijo.
Sus pies permanecieron clavados en el suelo y su mente quedó en blanco.
...Continuará...
