UNA VIDA FELIZ
Disclaimer: Todos los personajes son propiedad de J.K. Rowling, solamente el uso es para entretenimiento.
Nota de Autora: Años sin escribir sobre HP. Pero bueno, adoro a Sirius y algún día tenía que volver. Por cierto, ayer veía que escribí algo sobre BlacKinnon hace tiempo y se me antojó escribir nuevamente sobre ellos. Siempre adoré esta pareja, y espero poder escribir más sobre ello. ¡Díganme si también son fans de la pareja!
Agradezco comentarios que quieran apoyarme a ello! :D
Cariños. Rose.
Mientras la noche cubre Grimmauld Place, y Marlene camina al lado del hombre de la capa de negro, se pregunta cómo sería si se casara con él.
Primero, piensa, su abuela estaría orgullosa.
Si, su abuela era una de esas odiosas mujeres orgullosas por tonterías como la "sangre pura" pero por eso mismo sabe que estaría feliz si se casara con el heredero de la noble y ancestral casa de los Black. Quizá, aunque estuviera muerta, sonreiría en su tumba y les daría su bendición. Aunque claro, ahora era él era un traidor y ella también, pero, ¿Eso no los hacía iguales? Incluso por ello supone que los perdonaría ya que un traidor a la sangre era mucho mejor que cualquier mestizo o muggle y él era uno de los de mayor superioridad en Sangre de todas las familias en Reino Unido.
Segundo, la comunidad de sangres pura se sorprendería.
Las mujeres desearían matarla, sobre todo las infinitas mujeres que solían ofrecérsele descaradamente desde antes que cumpliera los dieciséis años, en medio de las fiestas de su padre. También su prima, Bellatrix, aunque quizá le encantaría y trataría de que se arrodillaran ante el Señor Oscuro y si lo hicieran estaría encantada.
Luego de casarse tendrían hijos. Más que por la "obligación" que se les imponía como sangre pura, sabía que en su caso sería por el más puro amor, deseando tener bebés que tuvieran sus ojos grises y su gran corazón, y él que tuvieran el gran cerebro de ella, como decía.
¿Bebés? Se sonrojaba al pensarlo. Uno, dos o tal vez tres. Tres sería el ideal, ya que no eran muchos ni pocos y tendrían ayuda, claro además de la estabilidad económica que nunca les había faltado a ellos. Ya lo imaginaba; él, fascinado, cargando un par de bebés, suyos, de ellos dos; Black y McKinnon.
¿Y la casa? Heredarían una de las grandes mansiones de los Black. Estaba destinado a que los herederos se quedaran a cargo de todo y tendría que ejercer como la nueva señora de la Casa Black. Los imaginaba desempolvando finalmente esas reliquias antiguas y dándoles vida a las cosas que tenían aspecto muerto en todo ello. Sirius lo adoraría, ya que no le recordaría más a esas lúgubres mansiones donde había tenido que vivir en su infancia, y teniendo hijos no era necesario.
Sirius sería un padre estupendo. Siempre había comentado que había aprendido a serlo por el contraste que tenía con el suyo; duro, insensible, cruel. Al menos algo bueno había salido de todo eso. Ella, se esforzaría por serlo también, aunque Sirius insistiría que ella tendría más el control y conocimientos para serlo que él. Él tenía el corazón.
Vivirían hasta la vejez juntos. Sus hijos crecerían en los valores que les inculcaran, pero un día, finalmente, tendrían que irse y quedarían solos de nuevo. Sería un regalo luego de tantas aventuras. Lo vería envejecer, guapo como siempre pero eternamente enamorada de él como nunca.
Si, sería una vida muy feliz.
Ve la mirada curiosa de Sirius sobre ella. Aún puede reconocer sus ojos detrás del disfraz y la poción multijugos, y sabe que él puede hacer lo mismo con ella, debajo de toda esa tela y piel que no son las suyas. La conoce.
- ¿Estás bien? - pregunta, viendo sus ojos llorosos y Marlene se limpia rápidamente con el borde de la manga, sin soltar la varita que sostiene fuertemente mientras caminan por ahí.
- Claro, no bajes la guardia- dice, advirtiendo un grupo de sombras que caminan más allá. Sirius endurece la postura, sosteniendo la varita a punto de atacar debajo de la túnica.
Y sostiene su mano por un instante mientras caminan por las calles desiertas que tienen que vigilar.
