Capítulo 10: Una Última Esperanza para Isabelle

Habían transcurrido algunos minutos desde el último encuentro entre los tres adolescentes y el Demonio Nergal, poco a poco las calles y avenidas de Metrópolis comenzaron a vaciarse de transeúntes, quienes en su mayoría habían regresado a sus hogares para descansar y reponer fuerzas y energía suficiente para sus actividades laborales y académicas, pues el noticiero 24/7 News anunció que por órdenes de la Cámara de Comercio de Metrópolis y el Departamento de Educación todas las actividades debían reanudarse lo más pronto posible para reponer las perdidas, sobre todo las económicas.

Sin embargo, y a pesar del clima de paz y armonía que se vivía en la ciudad, el noticiero también reportó que en el Hospital General de Metrópolis aún estaban internadas algunas personas infectadas con el Virus del Coma, los cuales se encontraban recibiendo oxígeno a través de respiradores artificiales con el fin de mantenerlos con vida el mayor tiempo posible, pero esta noticia obtuvo tan poco eco entre los ciudadanos que al final los únicos interesados en ella fueron los familiares de los pacientes y las autoridades sanitarias, quienes no sabían que aquellas personas formaban parte de la ofrenda de paz que la Princesa Ayla y su madre la Emperatriz Helena habían ofrecido a Nergal para que este aceptara el trato, un trato que a primera vista parecía justo, pero que en el fondo ocultaba intenciones bastante oscuras.

Mientras tanto en una de las calles de la ciudad, cercana al Bank of Moolah, Zee Zatara se encontraba caminando en silencio y con la cabeza baja, la chica estaba sola y perdida en sus pensamientos debido a que por dentro aún se sentía dolida no solo por las crueles palabras de John Constantine, sino también porque se sentía responsable de la muerte de Isabelle Chandler, la Hermana Menor de Francis "Chas" Chandler y quien era la única persona que no había podido salvar de las garras del demonio con cola de serpiente.

Y si bien, la joven maga había considerado que lo mejor era dejar todo este asunto atrás, la realidad es que el sentimiento de culpa le carcomía por dentro y no la dejaba en paz, siendo esta la principal razón por la cual decidió bajarse de su limusina en cuanto esta llegó al centro de Metrópolis, pues la adolescente no quería irse a dormir sabiendo que había dejado a un alma inocente a su suerte.

-Realmente soy un asco como superheroína –se decía a sí misma la chica al tiempo que se paraba frente al aparador de una tienda de espejos, los cuales le mostraban su reflejo a la joven maga –Salve a Metrópolis de una epidemia, pero… pague un precio bastante caro por ello.

- ¿Y qué importa, Zee? Esa niña no tenía salvación y su caso ni siquiera te incumbía, será el fracaso de John, no tuyo –dijo el reflejo de uno de los espejos, el cual esbozaba una sonrisa burlona –Mejor vámonos a casa, veamos Make It Wayne en la televisión y olvidemos este asunto.

- ¡No lo hagas, Zee! ¡Eres una superheroína! –dijo un reflejo que se encontraba en otro espejo y el cual tenía un semblante triste - ¡Tu misión es salvar el Mundo y a las personas que lo habitan! ¡Sin importar quienes sean!

- ¡No le hagas caso a la Señorita Altruista! Solo te quiere dar lecciones de moral y todas esas bobadas infantiles –dijo el reflejo que le había hablado primero a Zee Zatara –Lo mejor que puedes hacer ahora es ir a casa, a papá no le gustaría saber que su hija anda en las calles tan tarde.

- ¡Ay, por favor! La Gran y Mística Zatanna ha salido de casa otras veces para salvar el Mundo –dijo el reflejo del otro espejo negando con la cabeza y cruzando los brazos –Además, papá no está en Metrópolis y por ende tiene más libertad para actuar como la gran maga que es.

- ¿La escuchaste, Zee? La Señorita Altruista cree que tu papá es un estorbo… ¡Ella es mala!

- ¡Yo no quise decir eso! ¡No pongas palabras en mi boca! –gritó enojado el reflejo del segundo espejo, luego volteo a ver a Zee Zatara diciendo –Tienes que hacer lo correcto, Zatanna… ¡Salvemos a la niña!

-Eh… ¡Toc, Toc! ¿Hay alguien en casa? –preguntó el reflejo del primer espejo golpeando el cristal del mismo –No sé si ya lo olvidaste, Señorita Altruista, pero John dijo claramente que lastimar a ese demonio implica lastimar también el alma de esa niña.

-Ya lo sé, Señorita Egoísta –respondió el reflejo del segundo espejo –Pero… ¿Acaso se te ocurre algo mejor?

-Sí, irnos a casa y ver Make It Wayne en la televisión –dijo el reflejo del primer espejo asintiendo con la cabeza para después voltear a ver a la joven maga diciendo –Entonces… ¿Qué opinas, Zee? ¿Nos vamos a casa?

-Yo… Yo… Yo… ¡No! ¡No puedo rendirme ahora! –respondió Zee Zatara negando con la cabeza y haciendo que sus dos reflejos desaparecieran de los espejos –Debe haber una manera de acabar con Nergal, toda criatura o ser de oscuridad tiene un punto débil que puede acabar con su existencia –se dijo a sí misma la joven maga al tiempo que continuaba caminando por la calle para luego dar vuelta en una esquina –Nergal es un demonio y un demonio odia todo aquello que esté relacionado con objetos sagrados, pero… lanzarle agua bendita lo lastimaría, ¿Cómo podría eliminarlo sin lastimar a Isabelle?

En ese momento, los pensamientos y divagaciones de la chica fueron interrumpidos por el sonido de las sirenas de las patrullas de policía y de un camión de bomberos, los cuales se encontraban estacionados cerca de un edificio de apartamentos que estaba localizado a unos cuantos metros del Bank of Moolah y frente al cual se encontraba una enorme grieta en el pavimento con algunos rastros de sangre que conducían a un callejón cercano al lugar.

Zee Zatara se acercó lentamente y con discreción a aquel sitio para ver más de cerca la escena y de paso escuchar las declaraciones de los vecinos del edificio, los cuales estaban siendo evacuados por los bomberos debido a que el apartamento del último piso tenía un enorme hueco en una de las paredes, provocando que parte de la estructura se debilitara y tuviera que ser clausurada por las autoridades de la ciudad.

- ¡Se lo juro, oficial! Ese apartamento explotó y de los escombros salió una criatura con alas de metal que arrastró a la dueña para estrellarla contra el pavimento –le decía un hombre de piel morena que vestía pijama a un policía, quien en un cuaderno de notas anotaba las declaraciones de los vecinos - ¡Fue espantoso! ¡Esa cosa la asesino literalmente!

- ¡Es cierto, oficial! Ese monstruo mató a la dueña para después agarrarse a golpes con otra criatura alada que era igual a él –dijo una mujer de piel morena, la cual cubría su cuerpo con una cobija –Yo… no pude hacer nada, tenía miedo y decidí esconderme en mi armario para que no me fuera a matar.

-Una criatura alada y asesina, ¿eh? –dijo el policía sin sentirse muy sorprendido por las declaraciones de los inquilinos del edificio –Este tipo de casos ya no me parecen tan extraños; desde que Superman, las Super Hero Girls y demás vigilantes estan en las calles ya cualquier cosa puede pasar.

-Pero… Atraparan a la asesina, ¿verdad? –preguntó la mujer de piel morena temblando y viendo el cielo nocturno debido a que tenía miedo de que esa criatura pudiera regresar y atacar el edificio.

-Ya veremos Señora, ya veremos –respondió el policía guardando su cuaderno de notas en el bolsillo trasero de su pantalón para después soltar un suspiro diciendo –Por ahora serán trasladados a otro edificio de la ciudad y sus objetos personales les serán enviados después.

- ¿Y qué pasara con nuestro edificio, oficial?

-El Ayuntamiento de Metrópolis nos ha dado instrucciones de demolerlo para construir otro más grande y que cumpla con todas las normas de seguridad –respondió el policía –Además, este viejo edificio tiene más de sesenta años y ya necesita jubilarse para dar paso al futuro ¡Jejeje!

Tras decir aquellas palabras, el policía caminó hacia su patrulla mientras que los inquilinos del edificio fueron escoltados y subidos a un camión del Departamento de Policía, el cual se los llevó lejos de ahí dejando el lugar completamente abandonado y solo, o al menos eso parecía, pues la joven maga se acercó a la grieta de la calle para inspeccionarla de cerca y así poder identificar el rastro de sangre que la conduciría a la criatura que lo dejó.

-Um… Esta sangre se ve fresca, el o la monstruo que la dejó como rastro debe estar herido y desangrándose –pensó Zee Zatara sobándose la barbilla para luego seguir el rastro de sangre, el cual la llevó a un callejón semiluminado y cuyas paredes estaban cubiertas de grafitis y carteles del Departamento de Policía de Metrópolis –Ahm… No sé porque siento que no debería estar aquí –se dijo a sí misma la joven maga sintiéndose nerviosa debido a que no le agradaba el ambiente que se respiraba en aquel sitio.

-No deberías estar aquí ¡HEHEHE! –dijo entre risas una voz masculina proveniente de una de las partes no iluminadas del callejón y de la cual salió un hombre robusto con pasamontañas que estaba acompañado por dos chicos más que igualmente cubrían su cara con la misma prenda – ¡Miren lo que tenemos aquí, chicos! Una hermosa y sexi adolescente en minifalda con lindas piernas, este… ¡Es nuestro día de suerte!

- ¡No se acerquen! ¡No saben con quién se estan metiendo! –gritó Zee Zatara asustada y caminando hacia atrás con el fin de planear su huida de aquel lugar.

-Será mejor que no nos amenaces mocosa, nadie va a venir a salvarte y créeme cuando te digo que esta epidemia nos dejó con muchas ganas de coger ¡HAHAHA! –dijo el hombre robusto con pasamontañas esbozando una sonrisa maliciosa para después intentar abalanzarse sobre la chica, la cual estaba bastante asustada como para conjurar un hechizo, pero repentinamente un aura mágica de color azul celeste lo envolvió y lo lanzó contra una de las paredes del callejón dejándolo inconsciente.

Los acompañantes del delincuente intentaron escapar, pero el aura mágica los persiguió y los atrapó para posteriormente golpearlos contra las paredes hasta dejarlos no solo inconscientes, sino también con los huesos rotos y sin dientes, cosa que asombró y a la vez asustó a la joven maga, pues ella nunca había visto una magia o poder de luz que actuara con tanta brutalidad.

- ¿Q-Qué haces aquí, Zee Zatara? –preguntó una voz femenina proveniente de una de las azoteas cercanas y la cual fue reconocida inmediatamente por la chica.

- ¿Tú otra vez? -respondió la joven maga levantando la vista y observando como la adolescente que había conocido en los vestidores de chicas del gimnasio descendía de la azotea con ayuda de sus alas - ¿Qué haces aquí, traidora? ¿No se supone que tú y tu hermana estarían ahora viviendo "felices" en su dichoso reino?

-N-No sé de qué me hablas, ¿Así es cómo le agradeces a tu salvadora? –preguntó la chica viendo con seriedad a Zee Zatara y presionando fuertemente su abdomen debido a que la herida que le había provocado su hermana seguía sangrando - ¿Y John? ¿Dónde está él?

- ¡Que cínica eres! ¿Lo engañas y lo traicionas solo para que minutos después te intereses nuevamente en él? ¡No tienes vergüenza, aliada de Nergal!

-Yo… n-no sé de qué me hablas… ¿A-Acaso le sucedió algo malo a Johnny?

- ¡¿Qué si le sucedió algo?! ¡¿Es en serio?! –exclamó Zee Zatara sintiéndose cada vez más molesta por la actitud confundida de la chica - ¡¿Qué acaso tu hermanita no te contó lo que paso?!

- ¿H-Hablas de… Ayla? ¿Q-Qué fue lo que hizo?

-Le ofreció el alma de Isabelle Chandler a Nergal a cambio de que no matara a toda Metrópolis con sus poderes malignos, tú y los tuyos ya estarán contentos con eso –respondió la joven maga cruzando los brazos y dándose la vuelta para ignorar a la chica –Ahora entiendo porque Angie no quiere saber nada de ustedes, son unos seres malvados y sin corazón.

-T-Te equivocas… yo jamás estuve de acuerdo con ese trato –dijo la adolescente caminando lentamente y recargándose en la pared –Ahora lo importante es… acabar con Nergal y… y…

En ese momento, la chica alada cayó en el suelo llamando la atención de Zee Zatara, quien al voltear hacia atrás pudo ver como esta se arrastraba en el suelo dejando detrás de sí un rastro de sangre, lo cual provocó que la joven maga sintiera un poco de lastima por ella, así que sin perder más tiempo detuvo su andar y la tomó entre sus brazos diciendo:

-Tú eres Stella, ¿no es así?

-S-Si, lamento no haberme presentado antes con mi nombre –respondió la chica esbozando una sonrisa y con un tono de voz que denotaba cierta debilidad debido a sus heridas –Aunque… q-quizás tengas razón, soy mala y me merezco esto.

- ¿Por qué tienes esa herida? –preguntó Zee Zatara viendo con seriedad a la chica y notando la herida que esta tenía en su abdomen.

-Ayla me incapacitó para que así no pudiera interferir en sus negociaciones con Nergal, tuve que hacer un esfuerzo extra para escapar y así evitar un escándalo con la policía –respondió Stella de Angelis –Lamentó que John, Francis y tú se hayan llevado una mala impresión de mí, pero… no pude hacer nada para ayudarlos.

- ¿Y por qué no te curas como mi amiga Angie?

-Las habilidades de curación son un don que poseen muy pocos miembros de la Legión, pero… ni mi familia ni yo lo tenemos debido a que… estamos acostumbrados a vivir lejos de los humanos –respondió la chica –Sin embargo, eso ya no importa ahora, la niña está condenada y creo que mi muerte será una manera de enmendar el daño que he provocado.

-No, esa niña no está condenada aún y tú no morirás tampoco –dijo Zee Zatara cerrando los ojos para después abrirlos mostrando un resplandor brillante de color rosado al tiempo que pronunciaba en voz alta - ¡Laiteslec Noicaruc!

De repente, un aura mágica de color rosa envolvió el cuerpo de Stella de Angelis haciendo que su herida se curara rápidamente y sin dolor; el aura mágica desapareció y el abdomen de la chica estaba totalmente limpio, no había ni un solo rastro de la herida, ni siquiera una cicatriz, lo cual sorprendió bastante a la adolescente quien no esperaba recibir la ayuda de la joven maga.

-No lo entiendo, ¿Por qué me salvas? –preguntó Stella de Angelis confundida y sin saber cómo agradecerle a Zee Zatara su ayuda.

-En un principio creía que tú eras mala como tu hermana o tu madre, pero ahora veo que es todo lo contrario –respondió Zee Zatara esbozando una tierna sonrisa –Tú recibiste una herida por tratar de defenderte de ellas, eso habla muy bien de ti y estoy segura que juntas podremos salvar el alma de esa niña.

-Yo… no sé qué decir –dijo Stella de Angelis sintiéndose alagada debido a que era la primera vez que alguien le decía algo así.

-No tienes que hacerlo, por ahora lo importante es que tenemos solo unas horas para acabar con esto –dijo Zee Zatara –Debemos acabar con Nergal y liberar a Isabelle si queremos librar a Metrópolis de sus garras.

- ¿Y cómo lo derrotaremos? Yo no sé mucho sobre demonología y creo que tú tampoco –dijo Stella de Angelis cruzando los brazos y haciendo que su armadura desapareciera para dar paso a su atuendo civil.

-Nosotras no, pero John si –respondió la joven maga al tiempo que sacaba su celular para luego marcar a un número conocido, en cuanto la llamada conectó dijo –Hola Francis, ¿Dónde estás?

-Ah… Eres tú, Zee –respondió Francis "Chas" Chandler soltando un suspiro para calmar su enojo y mantener la compostura –En estos momentos estoy preparando mi maleta para irme al aeropuerto, ya no tengo nada que hacer aquí y será mejor que borres mi número de tu lista de contactos, no quiero saber nada ni de ti ni de nadie que tenga relación con la magia.

- ¡Por favor, no cuelgues! Creo que aún podemos salvar a tu hermana –dijo Zee Zatara nerviosa debido a que ella temía que el chico le colgara.

-Si el petulante y bueno para nada de John no pudo, ¿Qué te hace pensar que tú sí?

-John tenía un as bajo la manga, si la traición de esa chica no se hubiera consumado, es muy probable que John lo hubiera sacado en ese momento para detener a Nergal –respondió Zee Zatara intentando ganarse nuevamente la confianza del amigo del Detective Ocultista –John aún tiene ese as y debemos convencerlo para que lo use, es la última oportunidad que tenemos y…

-Bien, bien, bien, ¿Dónde nos vemos?

-Antes que nada, debemos encontrar a John, ¿Sabes dónde está?

-No exactamente, pero sí sé dónde estará en unos minutos –respondió Francis Chandler –Ve a la Comisaría de Policía de Metrópolis, ahí nos veremos.

- ¿La Comisaría? ¿Y qué encontraremos ahí? –preguntó la joven maga confundida debido a que no esperaba que el chico la citara en aquel lugar.

-Ya lo verás, Zee, ya lo verás.


Al mismo tiempo en el Bar Hills, ubicado a unos cuantos metros del Lexplorium, una chica delgada de pelo negro con peinado de coleta, piel clara y vestida con camisa de vestir blanca, falda negra y zapatos de tacón del mismo color se encontraba recorriendo el lugar llevando en su mano derecha una charola con bebidas alcohólicas preparadas, pero su semblante, en lugar de ser amable o cordial como otras noches, era de hartazgo y cansancio, pues en los últimos minutos había estado atendiendo a un chico desaliñado de cabello rubio que vestía una gabardina sucia y el cual estaba sentado frente a la barra del bar bebiendo botella tras botella.

-Oye, otro más –pidió el chico tomando del brazo a la joven mesera, quien empezó a sentir miedo debido a que el adolescente lucía bastante tomado.

-Ah… ¿Otro qué? –preguntó la chica soltando un suspiro para así intentar calmar sus nervios.

-Lo que… quieras, amor –respondió el chico cerrando los ojos y moviendo uno de sus dedos, pero este no se dio cuenta que el hombre que atendía la barra le estaba haciendo una seña a un hombre de piel oscura, calvo y que vestía un elegante traje negro que lo hacía ver como un ser humano imponente y duro.

-Ya pasó su límite, hora de irse a casa –dijo el hombre de traje negro intentando razonar con el adolescente y haciendo que este soltara a la joven mesera - ¿Por qué no llama a un taxi?

- ¡Púdrete! Nadie me… dice cuál es mi maldito límite –respondió el chico de gabardina sucia esbozando una sonrisa burlona para después vomitar en el piso provocando que algunos clientes del lugar lo vieran con desagrado y asco, pero, para la mala fortuna del adolescente, aquel incidente fue la gota que derramó el vaso, pues el hombre de traje negro lo cargó entre sus brazos y lo arrojó a la calle. Sin embargo, el chico volvió a levantarse y se acercó nuevamente a la puerta, pero cuando estaba por tocar la manija decidió no abrirla, después junto sus manos diciendo –Abra… ¡Maldita cadabra! –en ese momento, un ligero viento sopló detrás de él –Claro, buen intento idiota –se dijo a sí mismo el adolescente para luego voltear hacia su derecha y ver que justo cerca de la entrada del bar se encontraba un bote de basura, el cual tomó entre sus manos para después aventarlo contra una de las ventanas del bar diciendo –Oh… ¡Así está mucho mejor! –de repente, el sonido de la sirena de una patrulla de policía se escuchó y fue entonces que el chico de gabardina sucia volteó hacia atrás y vio como unos oficiales se acercaban para arrestarlo debido a que el chico había cometido un acto de vandalismo.

El adolescente fue subido a la patrulla para posteriormente ser trasladado a la Comisaría del Departamento de Policía de Metrópolis, donde fue encerrado en el área de celdas para que así pudiera recuperar sus sentidos y prepararse para su traslado a la Penitenciaría de la Isla Stryker, noticia que fue bien recibida por el chico, quien pensaba que aquello era el castigo que se merecía por haber arruinado la vida de su amigo.

No obstante, la satisfacción y la paz que sentía duraron muy poco debido a que un policía llegó a su celda para abrirla, provocando con ello que el adolescente le dirigiera una mirada que denotaba enojo debido a que no quería ser liberado, pero el oficial no se inmutó y con una voz dura le dijo:

-Constantine, pagaron tu fianza, ¡Vamos!

-Dile a Nergal que no quiero su maldita fianza –respondió molesto el joven Cazador de Demonios para luego voltear hacia otro lado diciendo –Estoy muy feliz donde estoy.

-No me importa –dijo el policía cruzando los brazos y viendo con seriedad al chico –Aunque hasta donde sé, su nombre era Chandler.

En ese momento, John Constantine abrió los ojos debido a que no esperaba escuchar el apellido de su amigo, después se puso de pie y salió de la celda; el policía lo tomó del brazo y lo escoltó hacia la salida de la Comisaría de Policía, ya en las escalinatas lo soltó y lo dejo a su suerte para posteriormente volver a entrar al edificio y desaparecer de la vista del chico.

El Detective Ocultista bajó las escalinatas y pudo observar que al final de estas lo esperaban Zee Zatara, Francis "Chas" Chandler y Stella de Angelis, quien recibió una mirada de desprecio y desconfianza por parte del chico debido a la traición que se había suscitado minutos antes, pero el joven Cazador de Demonios se tranquilizó en cuanto noto que el rostro de esta reflejaba tristeza y vergüenza, lo cual le dio a entender que la chica se sentía culpable por lo sucedido y que estaba decidida a enmendar el daño.

-Debo admitir que son las últimas personas a las que esperaba ver –dijo John Constantine viendo con seriedad a los tres adolescentes.

-Estamos iguales, no esperábamos estar aquí –dijo Francis Chandler sorprendido por el estado en el que se encontraba su mejor amigo.

- ¿Cómo supieron dónde estaba? –preguntó el Detective Ocultista confundido debido a que no recordaba haber hablado con su compañero de aventuras.

-Te he visto hacer esto una docena de veces –respondió Francis Chandler viendo molesto a su mejor amigo –Si las cosas salen mal, terminas embriagándote… y peleando con la gente equivocada.

- ¿Y qué? ¿Acaso alguno de ustedes tiene una idea mejor?

-Sí, levanta tu trasero holgazán y salva a mi hermanita.

-Perdimos, Chas –dijo John Constantine agachando la cabeza y sintiéndose bastante deprimido para pelear –Nergal se quedará con Isabelle hasta que su cuerpo muera y quizás… también después de eso… -en ese momento, el chico se quedó en silencio durante algunos segundos para después levantar la vista diciendo –Mejor vayan a casa, tú también Chas, ve con tu madre y ruégale que te perdone por esto, tal vez salga algo bueno de todo esto.

-No, no le vas a hacer lo mismo que a Astra Logue –dijo Francis Chandler con rabia para luego agarrar la corbata de su amigo y jalarlo por la calle diciendo –Ven acá, ya perdimos suficiente tiempo.

- ¡Oye! –gritó John Constantine haciendo que su amigo lo soltara –No iremos a ninguna parte, no hasta que tengamos un plan.

-No te preocupes por eso, John –dijo Zee Zatara acercándose al chico junto con Stella de Angelis –Ella y yo ya nos encargamos de ello, solo hace falta que tú aportes algo.

Tras escuchar aquellas palabras, el Detective Ocultista simplemente asintió con la cabeza, pues, aunque se sentía culpable debido a que no le había pedido perdón a la joven maga por los insultos que le había hecho, él por dentro sabía que ella ya le había perdonado, por lo que ahora no quedaba más opción que escuchar el plan de ambas chicas y mejorarlo con la esperanza de que todo saliera bien esta vez.

Finalmente, los cuatro adolescentes se alejaron caminando por la acera de la calle hasta perderse entre la oscuridad de la noche, a la cual pocas horas le quedaban.

Continuara…

Y bueno, con esto concluimos el capítulo de esta semana que debí subir ayer, pero que preferí pulirlo hasta que quedara totalmente listo y debo decir que el resultado es mejor de lo que esperaba, por lo que espero les haya gustado, no olviden dejar su Review y agregar la historia a su lista de Favoritos y vayan alistando todo porque ya solo nos falta el Capítulo Final y el Epílogo para dar por terminada esta historia.