Letra de The Jack por AC/DC (1975)
Lemy se arrastró por el suelo hasta llegar a la puerta principal, se dirigió hacia el sofá y se dejó caer en este con un gemido. Su cuerpo entero ardía y estaba adolorido, su espalda lo estaba matando, sus músculos habían trabajado más de lo que podían y sus ojos luchaban por mantenerse abiertos. Demonios, atender un puesto de limonada es más difícil de lo que pensé.
Lizy y Leia entraron después, con la hermana menor cerrando la puerta. Leia sostenía de manera protectora la caja del dinero; había poco más de cien dólares adentro… mucho menos de lo que ella esperaba. Parece que tendremos que hacer esto de nuevo mañana, dijo ella, necesito recuperar mi inversión.
Lemy la miró, y ella se lamió el labio inferior de una manera obscena. –Lizy.– dijo sin romper el contacto visual con él.
–¿Sí?
Leia le entregó la caja del dinero. –Lléva esto arriba, necesito hablar con Lemy.
El corazón de Lemy era un trozo de carne y las palabras de Leia eran un maldito mazo: él se sobresaltó un poco, y su estómago se encogió como si lo estuvieran apretando con un puño. Lizy miró la caja y después volteó a ver a Leia, entrecerró los ojos y… encogió los hombros en señal de desinterés para después caminar escaleras arriba.
Cuando se fue, Leia caminó hacia Lemy, sus pasos eran lentos y sus caderas se meneaban hipnóticamente de lado a lado. La garganta de Lemy se cerró y él se sentó derecho. Oh por Dios oh por Dios oh por Dios…
Puso una rodilla en el cojín del sillón al lado de él y se inclinó hacia adelante, su mano fue a un lado de su cara. Oh por Dios oh por Dios oh por Dios. Subió su otra pierna al sillón, atrapándolo completamente; el bulto de Lemy tocaba su feminidad desnuda mientras ella se relamía los labios. Ella tomó su cara con ambas manos y pasó sus dedos por su cabello al tiempo que una macabra luz bailaba en sus ojos. El corazón de Lemy explotó dentro de su cavidad toráxica con poder nuclear y su pene se convirtió en una de esas varas, ya sabes, al rojo vivo. Sus manos fueron torpemente hacia sus caderas, y ella se acercó aún más hacia él, su cuerpo frotándose contra su erección y haciéndolo temblar.
Sus ojos llenos de luz se abrieron, y él podía sentir su mirada tocándole el alma. Deslizó sus manos hacia arriba a través de su cintura y ella gimió.
–Fuiste un buen chico hoy,– dijo ella, su nariz rozaba con la de él y sus labios estaban tan cerca que dolía. Lemy pasó saliva. –¿Sabes lo que quiere decir eso?
El fuego consumía su cuerpo y el humo nublaba su mente. –¿Q-que?
Ella frotó suavemente su cabello y pasó sus labios muy cerca de los de él. –Tendrás tu limón.- Ella lo besó apasionadamente, y él correspondió el beso al tiempo que sus manos se deslizaban por debajo de su blusa. Su piel era más cálida y suave de lo que él pudo haber imaginado, y ella temblaba al sentir su toque. Cuando sus manos alcanzaron el contorno de sus pequeños senos ella ahogó un gemido en su boca. Sus cabezas iban de derecha a izquierda mientras el beso se volvía aún más intenso, como si fuera una necesidad. El corazón de Leia latía en la mano de Lemy y sus senos se sacudían con cada latido. Sus pezones rozaban la palma de su mano, y él empezó a frotarlos con sus pulgares.
Las uñas de Leia se empezaron a marcar en su cara y su piel se tensaba como un tambor: en su pecho, en su estómago, enviando electricidad a través de estos. Lemy levantó la falda y tomó su trasero con ambas manos, ella deslizó sus dedos por debajo del elástico de sus boxers y tiró de este. Déjame entrar. Él estaba perdido en la pasión y su conciencia había dejado de controlar su cuerpo. Leia no estaba tan lejos; desabrochó el cinturón y desabotonó su pantalón para poder tomar su pene y darle un apretón. Lemy contuvo el aliento. –Quiero esto,- susurró Leia en su oído, su cálido aliento envió un escalofrío por todo su cuerpo. –Dentro de mi.
–Lo quiero dentro de ti..– dijo él mientras besaba su oreja. –Demasiado.
–¿Qué tanto?
–Tanto que duele.– Besó su cuello, su mejilla y su oreja de nuevo, su cabello cosquilleaba su naríz como la más fina de las sedas. Ella lo apretó de nuevo, y soltó una pequeña risa cuando sus caderas se frotaron contra ella en un espasmo.
–Hmm...– dijo ella, rodando sus ojos de una manera adorable. –No lo sé. Dime, ¿por qué lo quieres?
La cabeza de Lemy estaba en las nubes mientras que su cuerpo ardía. Pensar no era la cosa más fácil de hacer en ese estado, así que dijo lo primero que le vino a la cabeza –Eres hermosa; eres la chica más hermosa que jamás haya visto, Leia, y me pones tan duro que siento que voy a morir.–
Ella lo miró. –¿De verdad?
El asintió.
–¿Qué me hace hermosa?
–Tus ojos,- dijo él. –Son el azul más hermoso y verlos me hace sentir tan débil. Tu cabello, tus labios, todo de tí. Eres perfecta.
Leia sonreía de felicidad. Se inclinó y besó la esquina de sus labios. –Di mi nombre.– susurró.
–Leia.
–Okay.– dijo ella. –Ya puedes follarme.
Lemy llevó sus manos hacia sus pantalones y los empezó a bajar. Trató de sacar su pene de los boxers, pero Leia apartó su mano y lo hizo por él. Sus pequeños dedos tomaron su miembro pulsante, Lemy razguñó el sofá al tiempo que sentía su cuerpo entero temblar. Maldita sea, se siente mucho mejor cuando alguien más lo hace.
Ella se separó de él por un momento, y lo miró con una amplia sonrisa. –¿Cómo se siente eso, Lemy Loud.?
–Bien.– sus palabras apenas y podían salir de su boca. –Bastante bien.
–¿Ya soy tu hermana favorita?
El asintió.
–¿Soy tu pequeña princesa?– llevó su mano a su entrepierna y usó sus dedos para abrir las puertas de su entrada; su delicioso néctar caía como miel de una colmena.
–Eres mi pequeña princesa.
Ella lo apretó firmemente, levantó su cuerpo y luego lo dejó caer sobre él. Cuando Lemy sintió la punta tocar la entrada a su jardín secreto dejó salir un gemido profundo. –Sólo un poco más, Lemy Loud.– Ella jugueteó mientras se inclinaba hacia él hasta que su naríz tocó la de su hermano. –Solo eso falta.– sus palabras salían despacio y con pasión. –Entonces tendremos sexo.
–Por favor hazlo, Leia.– Lemy suplicó. –Te necesito.– Él sentía cómo el calor que emanaba de ella consumía su miembro, sus dedos eran como un delicioso masaje mientras que sus ojos lo hipnotizaban, manteniéndolo dócil. Ella mordió su labio inferior, y empezó a acomodarse; la punta de su pene empezó a abrirse espacio mientras ella lo metía una fracción de pulgada. La sensación era indescriptible, casi embriagante.
La cara de la rubia estaba completamente roja, y su vista nublada por el deseo. –Di mi nombre.
–Leia.– jadeó. –Leia, Leia, Leia.
Ella pasó sus dedos a través de su cabello… y entonces se dejó caer sobre él. Sus paredes se pegaron a su miembro como satín mojado, y él dejó salir un fuerte gemido. Ella se levantó, y se dejó caer de nuevo, sus músculos se apretaban fuertemente alrededor de él. Ahora ambos respiraban pesadamente, ambos temblaban mientras sus caderas se movían pecaminosamente al unísono. Ella tomó su rostro y presionó sus labios contra su frente; las manos de Lemy fueron hacia la suave espalda de Leia, tocando, explorando… saboreando.
Una intensa sensación recorrió el cuerpo de Lemy; él nunca había sentido lo que eran 50,000 voltios recorrer su cuerpo, pero imaginó que no podía ser tan diferente a esto. Sus ojos estaban cerrados, pero inmediatamente se abrieron: el rostro de Leia llenó su mundo; sonrojada con pasión, sus ojos entrecerrados y brillantes, su cabello pegándose a su frente por el sudor… nunca había sido tan hermosa de lo que era en ese momento, y él se inclinó para besarla. Ella correspondió al beso, su cuerpo se derritió en sus manos y ella enredó sus brazos en su cuello. Ella incrementó la velocidad mientras su lengua peleaba ferozmente contra la de Lemy, saboreando y explorando cada rincón de su boca.
Lemy estaba embriagado; su cuerpo se sentía débil, tembloroso y su mente estaba ausente. Su cuerpo era regido por una necesidad primaria.
Leia rompió el beso y tocó su frente con la de él; su aliento golpeaba sus labios. Ella incrementó la velocidad; sentía el miembro de su hermano tocar sus paredes mientras que su cabeza golpeaba su cérvix; con cada empuje, un gemido escapaba de su garganta. –T-toca mis senos.– pidió ella. Las manos de Lemy se deslizaron debajo de su blusa y danzaron alrededor de su caliente piel; tomó sus senos con ambas manos y los apretó. Ella arqueó su espalda en éxtasis mientras que su cabello cubría su cara. –Oh por Dios, oh por Dios… Lemy… Lemy…
–Leia.– gimió. –Leia.
–Amo cuando dices mi nombre.
–Mi princesa.
–Tu reina.–
Inclinó su cabeza y ambos se besaron de nuevo. Lemy tomó sus caderas y acercó su cuerpo al de él. Podía sentir su orgasmo acercarse rápido, y trató de contenerse, pero éste era más fuerte, y todo lo que él podía hacer era quitarse del camino. –M-me vengo.
–Hazlo.– dijo Leia.
Él la abrazó y sucumbió completamente a su clímax: su miembro explotó dentro de ella con tal fuerza que dejó salir un grito/gemido/suspiro mientras su semilla inundaba su interior y llenaba el abdomen de su hermana. Leia apretó fuertemente a Lemy, temblaba fuertemente mientras sentía su propio orgasmo recorrer todo su cuerpo, una serie de "Uh's" salían de sus labios temblorosos. Lemy la abrazaba fuertemente mientras su pene dejaba salir un último chorro, para al final caer hacia atrás en el sofá. La mezcla resultante del sexo bajó a través de su pene y se derramó sobre su abdomen. Leia cayó sobre él, su cara ruborizada se enterró en su pecho y su cuerpo temblaba con la electricidad restante que lo recorría.
Lemy se sentó mareado y confundido como si esto fuera Texas en 1976; su pecho subía y bajaba mientras respiraba grandes bocanadas de aire. La niebla de lujuria que lo consumió hace poco se iba desvaneciendo mientras que su mente empezaba a recuperar el control de su cuerpo.
¡SANTO CIELO, ACABO DE TENER SEXO!
Lemy parpadeó al darse cuenta de esto. Volteó a ver a Leia, como si tratara de confirmar que de verdad estaba ahí y no era un fragmento de su imaginación; su espalda subiendo y bajando, y el cálido resultado de su amor bajando por sus bolas para derramarse en el sofá (se siente raro) le decía que, en efecto, esto no era un sueño.
Y no me corrí tan rápido. O al menos eso creo. Uf, gracias a Dios. Si lo hubiera hecho ella se habría burlado de mí y hubiera tenido que volarme la cabeza. Siri, ¿puedes cargar una escopeta calibre .20 con tubos transistores?
Leia se acomodó en su pecho, y él besó su cabeza.
–¿Qué tal estuvo?– preguntó.
–Hm… terrible.– dijo ella mientras levantaba su cabeza y besaba su cuello. Sus suaves labios se sentían bien contra su piel. –Apestas, Lemy Loud.
Sus palabras atravesaban su corazón como un cuchillo. Él la rodeó con sus brazos y escaneó su rostro buscando señales de decepción. Ella estaba agotada, sus mejillas rosadas, sus ojos brillantes y de su boca colgaba un hilo de saliva que bajaba hacia su pecho. Ella sonrió débilmente. –El peor sexo de todos.
Okay, él era nuevo en esto… pero algo le decía que estaba mintiendo. –Bésame.– demandó ella mientras levantaba su rostro. Pensé que apestaba.
Fuera así o no, él la besó. Ella tomó su rostro con sus manos y empezó a moverse sobre él; su pene flácido volvió a la vida una vez más mientras que sus paredes empezaron a apretarlo de nuevo.
Se dejó consumir por la pasión una vez más, entregando su cuerpo y dejando que la naturaleza siguiera su curso. La acomodó sobre el sofá, y sin romper el beso empezó a penetrarla de nuevo. Leia gimió, y rodeó a Lemy con sus piernas mientras sus manos se iban hacia su trasero y sus uñas se clavaban en su piel.
Ella dijo que apestabas, amigo. Una voz habló desde la neblina en su mente. Demuestrale que se equivoca.
Levantándose con un brazo, él empezó a trabajarla con más fuerza. Leia dejó salir un quejido agudo; su cuerpo se sacudía y su cabeza golpeaba el reposabrazos del sofá. Él sacó su pene y lo volvió a introducir, la punta llegaba a la entrada de su útero mientras que Leia no dejaba de gemir. –¡Sí! ¡Más rápido!
Okay. Lemy asintió y empezó a ir a un ritmo estable. Leia se aferraba a él con cada estocada, levantó su rostro y cerró sus ojos, exponiendo su suave cuello. Lemy la besó mientras seguía dándole, ella gemía mientras golpeaba sus caderas con las de él, llevando su pene al límite y apretándole con sus paredes.
Repentinamente, su túnel pecaminoso apretó su miembro fuertemente mientras que ella dejaba escapar un grito. Él empujó de nuevo, y su pene se hinchó doloramente otra vez dentro de ella… y se vino, enviando una gran cantidad de semilla caliente dentro de ella. Leia arqueó su espalda como un epiléptico en el suelo, entonces, su cuerpo se convulsionó: su boca completamente abierta, sus ojos cerrados con fuerza, y su rostro se retorció en la más hermosa agonía que jamás haya visto. Él le dio un beso en la barbilla, pasó sus dedos a través de su cabello, y empujó de nuevo y de nuevo aun cuando ya estaba cansado y su pene se estaba empezando a poner flácido de nuevo. No quería que ese momento acabara: él sobre ella, sus piernas rodeando su cintura, y sus hermosos ojos mirándolo a él, sus cuerpos entrelazados y temblando de cansancio. Ella lo volteó a ver; las lágrimas cayendo de sus ojos llenos de placer y satisfacción lo hicieron sonreír.
–E-eso fue aún peor q-que la primera v-vez.- murmuró.
Una carcajada explotó de la boca de Lemy. Él la miró, y suavemente apartó el mechón de cabello rubio de su cara llena de sudor. –¿Quieres hacerlo de nuevo?
Ella negó lentamente. –S-solo vas a arruinarlo de nuevo.– dijo con una sonrisa confiada. –Ahora apártate de mí, necesito una ducha.
A regañadientes sacó su miembro, y una combinación de sus fluidos bajó de la entrepierna de Leia hasta el sofá. Ella se puso de pié; sus rodillas temblaban y casi cae. Tuvo que extender los brazos hacia los lados para recuperar el equilibrio como si estuviera caminando en la cuerda floja.
–¿Estás bien?– preguntó Lemy.
–Estoy bien.– respondió Leia con somnolencia. –Solo que estoy toda pegajosa.
Caminó hacia las escaleras, y con un poco de trabajo logró subir sin que sus piernas cedieran ante su peso. Cuando se fue, Lemy se sentó en el sofá, una sonrisa empezaba a formarse en su rostro.
Intentó levantarse, pero cayó rápidamente, sus rodillas también estaban débiles.
Oh, maldita sea.
Liby caminó a través de un laberinto de apestosos callejones llenos de basura hacia una cerca metálica. Se movió rápidamente de un escondite a otro: Un basurero verde, un montón de cajas vacías, varios tarros de basura. Su corazón latía como loco, pero ella estaba relajada. Confiada.
La cerca acababa en un precipicio de más de cien metros; el concreto que la rodeaba tenía hierba que salía a través de las rupturas. Más adelante, había una fábrica con grandes hileras de ventanas; algunas estaban rotas, otras no. Eso era una buena señal. La van estaba estacionada a plena vista. Liby se arrodilló y presionó su rostro contra la cálida cerca de metal, sus ojos buscaban potenciales amenazas, pero no había ninguna. Estos tipos eran flojos.
Se quitó la mochila y metió su mano dentro de ella, sacando un par de binoculares. El cálido viento revolvía su cabello mientras ella escaneaba la entrada. No había nadie.
Si tuviera que adivinar, los tipos que se llevaron a Lacy (tenían que ser al menos dos, uno al volante y otro que la tomara) tenían que ser pedófilos. Y no eran muy listos. Guardó de vuelta los binoculares y cerró la mochila. Pretendía ponerse de pie, pero algo frío y duro la presionaba detrás de la cabeza. –Suelta el arma, puta.
Su corazón se estremeció. Maldita sea.
Ahora tenía dos opciones: luchar ahora y acabar muerta, o tirar el arma y luchar después. Lentamente, colocó la Ruger en el suelo junto a ella y el tipo la alejó con una patada. –Pon tus manos en la espalda.
Apretó los labios mientras obedecía. Bueno…esto iba a ser un pequeño inconveniente.
El tipo ató sus muñecas con una soga, y entonces la hizo levantarse. –Camina.– le ordenó mientras guardaba el arma. –A la izquierda.
Caminó con calma a través de la entrada. Cuando llegaron hasta unos escalones que llevaban hacia abajo, ella caminó sin que se lo ordenaran. Una vez abajo, el tipo habló a través de un radio. –La tengo.
Así que esto era una trampa.
Y ella cayó directamente en ella. Bien hecho, Lib, bien hecho.
–Okay.– dijo una voz con estática. –Traela.
Adelante, una cortina metálica se levantó y un hombre usando pantalón de vestir y una camisa verde olivo apareció. Usaba un pañuelo negro en la cabeza atado a su frente y gantes negros sin dedos. Sostenía una Heckler & Koch HK416 en sus manos; colgaba por un tirante de su hombro. Era negra, tenía una mira láser, empuñadura de ranger y cargador ampliado con uno extra atado. Una vez que se acabara el primero, todo lo que tenía que hacer era darle la vuelta y recargar. Una vez que el sujeto los miró, hizo una señal con su mano.
El tipo la empujó para que empezara a caminar. Dentro de la fábrica había un grán espacio vacío; la luz se filtraba a través de los cristales rotos y el polvo flotaba en el aire. Una escalera de incendios llevaba hacia el techo de la plataforma, y había una plataforma en medio del lugar. Típica trampa de bodega; ella la ha visto un millón de veces.
–Ponla con la otra.– dijo el tipo de los guantes sin dedos. Había más tipos alrededor, parados firmes como estatuas. Cada uno tenía un rifle de asalto y en sus cinturas había una pistola. Algunos eran blancos, otros negros, otros latinos; un arcoíris diverso de basura.
Sin decir una palabra, el tipo la llevó a través de una puerta, bajando una serie de escalones de piedra que llegaban hasta un pasillo angosto. Al final, un tipo con una AK47 resguardaba una puerta. Su postura era muy erguida y su barbilla sobresalía. Parecía más un guardia británico resguardando la entrada al palacio de la reina.
–Abre la puerta.– dijo el tipo, y el guardia obedeció. Cuando Liby vio a Lacy atada a una silla, su corazón se partió, pero se recuperó rápidamente. No era momento de ponerse sentimental; si lo hacía, no iban a salir de ahí con vida.
Lacy estaba cabizbaja, pero cuando el guardia trajo a Liby, levantó la mirada; su cara estaba pálida y sus mejillas manchadas de tanto llorar. No parecía haber sido lastimada, algo de lo cual Liby estaba enormemente agradecida.
El tipo forzó a Liby a sentarse en la silla de junto, cortó los nudos con una navaja y los volvió a atar detrás de la silla. Los músculos de sus brazos dolían y ella hizo una mueca de dolor.
Una vez terminó, el tipo caminó hasta ponerse frente a ella, y Liby pudo mirarlo de frente por primera vez: su nariz era grande y chata, sus ojos eran pequeños y tenía una cicatriz que recorría el lado derecho de su rostro. Vestía pantalones negros con una playera negra, un chaleco táctico y gorra negra. Sostenía una chrome .357. Sus labios formaron una sonrisa, dejando ver sus asquerosos dientes. –Ya te tenemos, perra.
Liby lo miró con enojo.
–Van a pagar.
El tipo se inclinó y colocó la punta del arma contra su mejilla. Lacy empezó a llorar débilmente, –Espero que les guste respirar agua de río, porque eso es lo que harán.– retrajo el arma y la guardó en su funda. Luego, miró entre ambas. –Solo espero que podamos tener algo de diversión con ustedes dos antes.
Una vez terminó de hablar, se volteó y caminó hacia la salida, cerrando la puerta trás de él.
Liby probó los nudos; estaban más apretados que una virgen de diez años.
Lacy empezó a llorar más fuerte, su cuerpo entero temblaba de miedo. Liby volteó a verla. –Lace, necesito que seas fuerte, ¿Okay? Voy a sacarnos de aquí.
–¿Quiénes son estas personas?
Liby pensó su respuesta. –No lo sé, podrían ser cualquiera. Eso no importa, vamos a salir de aquí.
Lacy empezó a llorar de nuevo, bajó la mirada y negó lentamente. –Vamos a morir.
–Claro que no.– Liby dijo con firmeza. –He estado en peores situaciones y he salido ilesa. No va a ser fácil, especialmente si vas a desmoronarte de esa forma.
La cara de Lacy, desde su perspectiva, se veía llena de terror, esto hizo que el corazón de Liby se rompiera. –Mira, vamos a estar bien.– dijo con un tono de voz más suave. –Solo necesito que sea fuerte, por mi. ¿sí?
Por un gran momento Lacy no respondió.
–¿Puedes hacer eso por mi?
Lacy asintió.
–Bien, solo…-
Antes de que pudiera terminar, la puerta se abrió y un hombre entró. Estaba rodeado a ambos lados por guardias fuertemente armados. Cuando Liby miró de quién se trataba, lo miró con enojo. Era alto y fornido, vestía un pantalón de vestir y un saco, ambos grises, sobre una camisa blanca con el último botón desabrochado. Una cadena de oro colgaba de su cuello y anillos adornaban sus dedos. Su cabello estaba bien peinado, y los lados dejaban ver una línea blanca de cabellos canos que se juntaban con su barba estilizada. Su piel era color caramelo y sus ojos cafés eran brillantes. Sus labios formaban una sonrisa burlona.
–Montoya...– gruñó Liby.
El tipo caminó hasta detenerse a menos de un pie de distancia, y colocó las manos en sus caderas. –Señorita Loud.– dijo con una voz suave y un acento apenas perceptible. –Nos volvemos a ver.
Ricardo Montoya era el más grande traficante de drogas del país. Él movía más cocaína dentro del país que cualquier otra persona, y era más brutal que La Familia Michoacana y los infames MS-13 juntos. Aquellos que se topara con él terminarían descuartizados luego de semanas de tortura inhumana, y cualquiera que se pusiera en su camino recibiría una sorpresa al estilo Boston: Cuando fueran a encender sus autos, detonarían una bomba en su lugar.
Su esfera de influencia se extendía desde Europa hasta Sudamérica, en especial Costa Rica, su país natal, donde más oficiales, jefes de policía y alcaldes le respondían a él antes que al presidente. Vivía en la cima de una colina en una lujosa mansión con vista al mar. Ahí entretenía a los ricos, famosos y poderosos. En América, él era el rey. En Costa Rica, era Dios.
Lacy miró a Montoya, luego a su hermana; sus ojos abiertos con terror.
–Te dije que esto no se había acabado.– dijo Montoya con una sonrisa grande.
La última vez que Liby miró a Montoya, él estaba siendo escoltado hacia un helicóptero que lo estaba esperando mientras que un almacén que le pertenecía en Detroit ardía en llamas. Ella había matado a cincuenta de sus hombres, y por poco a él. ¡Esto no se ha acabado! gritó mientras el helicóptero despegaba. No, claro que no.
–Te he estado esperando, Montoya.– dijo Liby. –y me alegra que estés aquí; pensé que iba a tener que ir tras de tí.
Montoya soltó una sonora carcajada, sus guardaespaldas rieron. –Eres graciosa, Liby Loud. También eres estúpida.– se volteó y llamó a alguien para que entrara. Era un hombre con jeans, una chaqueta de cuero y un gorro. Montoya lo señaló para que se lo quitara, cuando Liby vio de quien se trataba, no le sorprendió ver a –Padre O'Leary.
–Era una trampa,– Montoya dijo mientras volteaba de regreso con Liby. –Y tú caíste justo en ella.– negó con la cabeza mientras cerraba sus ojos. –Estoy decepcionado de ti. Pensé que eras una oponente digna, pero solo resultaste ser una niña cualquiera. Casi me siento mal de tener que matarte.– La miró de nuevo. –Casi.
Liby lo miró con rabia.
Montoya pasó su dedo sobre el aro de metal de su aparato dental. –Pronto, Liby Loud, pronto.
Se dio la vuelta y señaló a sus guardias para que lo siguieran. Una vez que se fueron, Liby comenzó a contorsionar sus muñecas contra la soga. A su lado, Lacy temblaba como un perro asustado ante la bota de su cruel amo. –No te preocupes, Lace, nos iremos de aquí en cosa de nada. Mira.
Lacy volteó para ver a su hermana, y sus ojos se abrieron con sorpresa: un pin blanco para el cabello estaba en sus manos mientras lo frotaba contra la soga. –¿De dónde sacaste eso? preguntó. Su voz ahora sonaba más viva.
–Un buen detective siempre está preparado.
–Bueno… ¿qué vamos a hacer cuando estemos libres? Ellos están armados.
Lacy soltó una carcajada. –Lacy, no me preocupan esos lanzadores de malvaviscos.
Lacy parpadeó. –P-pero…
–No te preocupes, linda,– dijo mientras seguía frotando el pin contra la soga. –estaremos en casa para la cena.
Lacy observó con asombro mientras Liby hacía lo mejor para poder cumplir su promesa. ¿Lograrán escapar? Averiguenlo en el siguiente capítulo de La Vida de M de Lemy Loud.
Lemy se encontraba sentado en su escritorio con sus manos sobre su regazo y su mente inundada de pensamientos. Una sonrisa sobre sus labios y sus ojos mirando hacia la nada.
Ha estado ahí casi una hora mirando hacia el infinito como Michael Myers en su celda en Smith's Grove, y aún no lo podía creer. Tuvo sexo. Con Leia. En el sofá. Su mente divagaba de vuelta a ese momento mientras él sacudía su cabeza. Todo era nebuloso, como un sueño placentero y… hombre, el solo pensar en ello lo hacía ponerse duro de nuevo. La sensación de sus suaves labios besando su piel, de su cuerpo contra el de ella mientras él la llevaba al orgasmo, la forma en la que sus húmedos ojos lo miraban mientras su cuerpo se quemaba en placer. Lo único de lo que se arrepentía era de no haberse quedado abrazándola luego de hacer el amor. Si, lo se, ¿dónde esta tu bicicleta, marica? Bueno, acabo de follar, perra. chúpate esa.
Eso era lo de menos; la mirada en sus ojos cuando se vino, el amor y la adoración… eso era todo lo que él buscaba todo este tiempo, y tan solo recordarlo lo hacía sentir un cosquilleo. Y ese primer orgasmo… amigo, se sintió como si lo hubiese dejado ir todo. El segundo también fue genial.
Sabes, e-estoy sin palabras. No se que decir, jajaja. Siempre hay una primera vez para todo, ¿cierto? Me siento… quiero decir, no me siento bien al cien por ciento, pero algo es algo. Estoy un poco cansado. Y hambriento. Y me siento adolorido, no mi pene, sino mis piernas y mi abdomen. Se siente como si hubiera hecho mil abdominales en educación física. Me pregunto cómo se siente Leia. Caminaba raro cuando la vi saliendo de la ducha hace rato, eso significa que fue bueno, ¿cierto? Si, debe de ser eso. ¿Viste su cara? estaba sonrojada y babeando y… demonios. Estoy duro de nuevo. ¿Cómo me comparo con papá? ¿Soy bueno? ¿Cómo se ve ella cuando termina de hacerlo con él? ¿Lo habrá fingido? No, no puedes fingir eso, y algo me dice que ella no es la clase de chica que le gusta jugar con tus sentimientos así. Si apestas, ella te lo dirá. Ella me dijo que apesto, pero eso es algo entre nosotros, ¿sabes?
Abrió el cajón y sacó su bolsa de mota y el papel para forjar. Tomó uno, lo puso en la mesa, tomo un poco de hierba, la colocó sobre el papel y lo forjó.
Hermano, eso fue asombroso. No hay forma en la que este día pueda ser mejor.
Tomó el cigarrillo al mismo tiempo que alguien tocó su puerta.
¿Ves? Siempre es cuando estoy haciendo algo importante. Casi una hora de estar sentado y nada. Estoy por fumar un churro y BOOM.
Espera un minuto, ¡Tal vez es Leia!
Su Pene palpitó. –Entra.
La perilla tembló y giró lentamente. Lemy giró en su silla, sus brazos en la espalda. Cuando la vio, su ánimo decayó.
No era Leia.
Era Lyra, vestida en una especie de gabardina y sosteniendo una grabadora. Su largo cabello castaño caía desde sus hombros y sus ojos con sombra púrpura lo miraban entrecerrados. Una sonrisa se posaba en su cara llena de pecas.
Uhm… me está mirando como Leia.
Su corazón casi se detiene.
–Uh, hola.– su garganta estaba seca y su pene estaba rogando por el tercer round.
Sin decir una palabra, entró a la habitación y cerró la puerta tras de ella. Cuando puso el seguro, Lemy pasó saliva.
Puso la grabadora sobre el buró y presionó el botón de PLAY. Un sensual riff de guitarra salió del parlante, y ella volteó a verlo con una sonrisa. Se quitó el saco y lo arrojó, y cuando Lemy dio un buen vistazo a lo que llevaba puesto, su mandíbula golpeó su pecho: un corto vestido de tirantes que llegaba a penas por sobre sus rodillas, y calcetas de lencería. Lyra se acercó; sus caderas moviéndose rítmicamente con la música.
She gave me the queen
She gave me the king
She was wheelin' and dealin'
Just doin' her thing
Parada frente a él, empezó a pasar sus manos por su cuerpo lentamente, empezando por sus piernas, hacia arriba en su estómago. Mordió su labio inferior y se inclinó hasta estar a centímetros de él; sus labios estaban tan cerca que por poco podía saborearlos.
She was holdin' a pair
But I had to try
Her deuce was wild
But my ace was high
Tomó sus senos y se dio la vuelta, le lanzó una mirada desde su hombro y con sus manos, tomó el borde de su falda para después levantarlo lentamente; Lemy pudo tener una perfecta vista de su hermoso trasero en forma de corazón y la tanga negra que lo adornaba.
But how was I to know
That she'd been dealt with before?
Said she'd never had a full house
Deslizó su dedo por su pierna, hacia su estómago; levantando la falda y dejando a la vista su abdomen, el piercing de su ombligo, su piel cálida, suave y llena de pecas.
But I should have known
From the tattoo on her left leg
And the garter on her right
She'd have the card to bring me down
If she played it right
Ahora le estaba dando la espalda a Lemy. Empezó a bajar entre sus piernas como una máquina bien aceitada. Quitó el cabello de atrás de su cuello y le lanzó una mirada que lo hizo temblar. –Quítamelo.
Lemy levantó su mano temblorosa hasta el cierre del vestido y empezó a bajarlo; más piel desnuda, más pecas, más perfección.
She's got the jack, she's got the jack
She's got the jack, she's got the jack
Se levantó completamente y se dio la vuelta. Lo miró con esos ojos que lo volvían loco y cruzó sus brazos en una X, tomó los tirantes de su vestido y los bajó mientras meneaba sus caderas de lado a lado. –¿Me lo quito?
–S-sí.
El vestido empezó a bajar agonizantemente lento, revelando cada vez más belleza; su sosten era negro, su piel blanca.
El vestido cayó completamente al suelo, y ella dio un paso al frente mientras daba una vuelta para mostrar la totalidad de su cuerpo. El sosten, las bragas, las calcetas… negro con blanco… el encaje sobre la seda… Lemy empezaba a jadear, sus manos imploraban por tocar esa tersa piel frente a él.
Poker face was her name
Poker face was her nature
Poker straight was her game
If she knew she could get you
Caminó hacia el frente mientras sus caderas danzaban de lado a lado hasta quedar frente a él. Se dio media vuelta y se inclinó hacia enfrente, ahora su hermoso culo estaba a la merced de él. Lemy estaba temblando, sentía que estaba ardiendo y batallando para respirar. No pudo soportarlo más, tomó sus caderas con ambas manos, el calor de su piel lo hizo temblar aún más. Lyra se levantó y dio media vuelta. –Tócame.
She played 'em fast
And she played 'em hard
She could close her eyes
And feel every card
Lemy posó sus manos sobre sus caderas y levantó la mirada para verla, sus ojos estaban cerrados y su cabeza levantada. Tragó saliva, se acercó más y recorrió sus manos hacia arriba. Ella se movía al ritmo de la música, sus muslos se frotaban uno contra otro mientras un ronroneo se formaba en su garganta. Lemy plantó un delicado beso en su abdomen, y ella gimió mientras pasaba sus dedos por el castaño cabello de su hermano. –Me gusta cuando haces eso.
But how was I to know
That she'd been shuffled before?
Said she'd never had a royal flush
Lyra cayó de rodillas ante él; sus narices se rozaron mientras que sus ojos se conectaron con los de él. Ella posó sus manos sobre sus piernas y las deslizó hacia arriba; aún sobre la tela, él podía sentir su toque dejando un rastro de llamas sobre su cuerpo. Su aliento golpeaba contra sus labios, y Lemy lo inhaló como si fuera el oxígeno que su cuerpo necesitaba tanto. Sin querer, un pequeño aullido salió de su garganta; sonó como un pequeño cachorro, y eso hizo que Lyra soltara una pequeña risa. Lyra se acercó aún más a su rostro, casi rozando sus labios con los de él pero sin romper el contacto visual. –¿Esto te gusta, hermanito?– preguntó con una voz que lo volvía loco. Sus dedos dibujaban círculos sobre su bulto, lo cual hizo que dieran un pequeño espasmo hacia adelante.
–S-sí.
But I should have known
That all the cards were comin'
From the bottom of the pack
Lyra desabrochó el botón y bajó el cierre de su pantalón. Electricidad pura recorrió su cuerpo cuando la castaña metió su mano dentro del boxer y tomó su miembro, liberándolo de su apretada prisión; la punta estaba morada y húmeda, mientras que el resto estaba rígido como un cable de alta tensión. Lyra se acomodó el cabello y lo miró nuevamente; su pecho subía y bajaba en un esfuerzo por respirar. –¿Quieres practicar, hermanito?
–Claro q-que si.– respondió con algo de trabajo.
Lyra puso sus labios sobre la cabeza, y con un movimiento lo puso todo dentro de su cálida y húmeda boca. Un torrente de sensación explotó en la base de su espina, y el castaño lanzó su cabeza hacia atrás mientras daba un gemido. Sus labios abrazaban la base, mientras que su lengua circulaba la punta como si fuera una paleta. Su pene llegó hasta su garganta, y ella lo sacó de su boca; una mezcla de su saliva y líquido pe-seminal lo bañaban totalmente. Lyra entonces lo volvió a meter, sus dedos pasaban por sus piernas suavemente, y cuando menos se dio cuenta, Lemy pasaba sus dedos por el castaño cabello de su hermana.
And if I'd known what she was dealing out
I'd have dealt it back
Lemy soltó un gemido mientras Lyra volvía a sacarlo de su boca. Se acomodó el cabello por detrás de su oreja mientras lo volteaba a ver una vez más con una sonrisa de satisfacción. De rodillas, con su escencia en sus labios, era lo más hermoso que jamás haya visto en su vida. Al demonio con Leia.
Lyra pasó su lengua por su labio inferior, atrapando su esencia y tomándola con gusto. –¿Cómo lo quieres, hermanito?
Por un momento, él simplemente la miró. ¡De cualquier manera que pueda!
Una idea pasó por su mente, y él se lamió los labios.
–Lo que tú quieras,– dijo Lyra mientras besaba la punta. –Solo dime.
–I-inclínate.
She's got the jack, she's got the jack
She's got the jack, and who knows what else
She's got the jack, yeah yeah
Estaba de pie cerca de la orilla de la cama, mirándolo desde su hombro mientras deshacía los broches de su brasier. Se lo quitó lentamente hasta que se deshizo completamente de él. Los ojos de Lemy se pasearon por su espalda desnuda; sus hombros, los hoyuelos en su espalda baja, cada peca y cada lunar, eran marcas de belleza en el lienzo de su cuerpo. Deslizó sus pulgares debajo de sus panties y las bajó; la tela besaba lentamente el satín de su piel cada centímetro. Cuando llegaron a sus tobillos, élla simplemente las arrojó con su perna. Lyra se acomodó el cabello y se inclinó, sus piernas estaban separadas, y él podía verla en todo su esplendor: rosada, húmeda y atrayente… y era toda suya.
She's got the jack, she's got the jack
She's got the jack, she's got the jack
She's got the jack, jack, jack, jack, jack, jack, jack
She's got the jack
Lemy tomó sus caderas, y presionó su punta contra la entrada; el calor que emanaba era increíble, pegajoso y lo golpeaba con la fuerza de una ola. Lyra lo miró desde su hombro, sus ojos reflejaban la lujuria que consumía su cuerpo. –Hazlo.– dijo ella. –Haz música conmigo.
Lemy apretó los dientes y la penetró, su miembro completamente rígido se abría paso a través de ella hasta llegar al límite. Ella se sobresaltó un poco y soltó un pequeño gemido, lo cual hizo que sus paredes apretaran aún más su miembro. Él lo sacó casi hasta la punta, y volvió a empujar. –¡M-mierda!– gritó ella mientras aferraba sus manos al colchón.
She's got the jack, she's got the jack
Hmm, it was a bad deal (jack)
She gave me the (jack) eh
She's got the (jack), she's got the (jack)
She's got the (jack), ooh, can you tell
Lemy se recostó, y Lyra se puso encima de él. Lo miró a los ojos mientras levantaba sus caderas para después bajarlas de nuevo. Lemy gimió mientras usaba sus dedos para frotar y dibujar círculos en los pezones de la castaña. –Así... – dijo mientras aventaba su cabello hacia atrás. –Por Dios, Lemy, sigue a-así…
(Jack, jack, jack, jack, jack, jack, jack)
(She's got the jack, she's got the jack)
Se tomaron de las manos mientras se veían el uno al otro; ambos sentían como se aproximaban a su límite. –¿Estás por correrte?– preguntó Lyra.
–S-sí.– respondió Lemy, mirando sus hermosos ojos cafés.
–Házlo conmigo.
Lemy apretó sus manos y arqueó la espalda, enterrándose más profundo en su lugar sagrado. Lyra empezó a temblar, y fue ahí cuando él explotó.
Aaaaaah
Luego de eso, él la sostuvo en sus brazos, al mismo tiempo que plantaba besos en sus hombros y detrás de su cuello; Lemy inhalaba profundamente por su naríz, absorbiendo su aroma y reteniéndolo como el humo de la yerba. Lyra rió. –Eso no fue tan malo.– comentó. –Buen trabajo, Lemy.
–Uh, gracias.
¿Acaso ella esperaba que fuera malo?
–Dime, lo... ¿disfrutaste?– preguntó el castaño.
Ella se volteó y lo miró a los ojos, su mano acarició su mejilla. –Si, como nunca.
Una gran sonrisa de satisfacción se posó en la cara de Lemy; era algo que no podía evitar aún si lo intentara. –¿En serio?
Lyra asintió. –Sí, aunque no se trataba de mi. Sé que te has sentido… ya sabes… mal, últimamente.
Ella no tenía la más mínima idea, pero ahora mismo, luego de hacer el amor apasionadamente, no importaba. –Un poco.
–¿Qué se siente ya no ser virgen?
–Uhm… bueno… de hecho, acerca de eso…
Lyra lo miró expectante.
–De hecho, ya dejé de serlo hace rato.
Lyra levantó las cejas con sorpresa. Una sonrisa se formó en el borde de sus labios. –¿Con quién?
–Leia.
–¿En serio? ¿Cuándo pasó?
Lemy pasó su mano por su nuca. –Como…hace una hora.
Ella lo miró por unos momentos con los ojos entrecerrados, entonces sonrió alegremente. –Dos chicas en un día. Genial.
Liby quitó sus manos de la soga, y extendió sus brazos. Lacy la miró, y abrió los ojos con sorpresa. –¿En serio lo lograste?
–Así es.– dijo Liby mientras masajeaba sus muñecas. La soga había dejado profundas marcas rosas, pero no serían permanentes. –Ahora mira esto.– removió el aparato dental, tomó la parte que va dentro de la boca, y la estiró. Sus manos se movieron tan rápido que fue imposible seguirles la pista, pero en menos de un minuto, logró hacer un bastón metálico de punta afilada. Lo sostuvo frente a Lacy para que lo inspeccionara.
Lacy sonrió; sus ojos verdes brillaron como esmeraldas. –¡Wow!– dijo con asombro, Liby se sonrojó. –No sabía que fueras tan genial.
Liby se sonrojó aún más. –Hay muchas cosas que no sabes de mi, hermana.– Se levantó, caminó hacia atrás de la silla de Lacy y rompió las sogas. –Aprendí esto de un agente de la DXS llamado Macgyver. Dame diez minutos y podré convertir esta silla en un reactor nuclear funcional.
–¿Qué es DXS?– preguntó Lacy, frotando sus muñecas.
–Una agencia del gobierno.– dijo Liby mientras se ponía de pie. –Es ultrasecreta, no debí haberte hablado de ella.– Caminó hacia la puerta y presionó su oreja contra ésta. Lacy se acercó y se paró junto a ella; sus puños estaban contra su pecho y mordía su labio con nerviosismo. Liby no escuchaba nada, pero sabía que el guardia estaba ahí… y con algo de suerte, dándoles la espalda. Volteó hacia Lacy y la señaló para que se pusiera detrás de ella. –Esto puede ser peligroso, no quiero que te lastimes.
Lacy parpadeó. –¿Qué vas a hacer?
Sosteniendo el bastón, Liby esbozó una siniestra sonrisa. –Sacarnos de aquí.– puso su mano sobre la perilla y la giró lentamente.
Sin seguro.
Miró a Lacy; se recargó contra la pared con sus brazos cruzados. –Estoy… estoy un poco asustada.– dijo mientras desviaba la mirada.
Liby fue con ella y puso su mano en su hombro. –No lo estés. No dejaré que nada te pase, te lo prometo.
–Sus ojos se cruzaron por un momento, y lo que Liby vio no era un poco de miedo, sino completo terror. Liby presionó su frente con la de Lacy, y la miró a los ojos. –Necesito que seas valiente por mi, por favor, solo así podré sacarnos de aquí.
–No pu-
–Sí, si puedes. Eres Lacy Loud, eres la mejor deportista en Royal Woods. Puedes hacer lo que sea.
Lacy bajó la mirada. –No, no lo soy.– dijo con tristeza; el tono de miseria de su voz hizo que el corazón de Liby se partiera. –Soy una perdedora que vive decepcionando a su madre.– Empezó a llorar, y Liby solo la observaba. Nada saca todas esas emociones reprimidas tan bien como ser abducida en una van y ser atada a una silla por narcos. El dolor en su rostro, su voz quebrada, hacían a Liby querer llorar también.
Sin embargo, este no era el momento.
–Shhh,– Dijo Liby poniendo su mano en su hombro mientras miraba la puerta, aún estaba cerrada. –Lacy, no eres una perdedora. He ido a tus juegos, he visto lo que puedes hacer en la cancha. ¿Recuerdas ese juego el otoño pasado, cuando corriste cincuenta yardas con el ovoide y esquivaste a cada uno de los jugadores del equipo contrario?
Lacy asintió débilmente.
–Yo estaba sentada al lado de tu mamá. ¿Sabes qué fue lo que ví en su rostro?
Liby la miró. –¿Qué?
–Orgullo.– dijo Liby. –Ví orgullo. Ella estaba emocionada. Eres veloz, fuerte, valiente… eso es lo que necesito ahora. ¿Puedes hacerlo por mi?
Ambas se miraron a los ojos; Lágrimas caían de los ojos de Lacy, y Liby quería abrazar a su hermanita, besar su frente y revolver su cabello.
–¿Lace?
Lacy asintió, y limpió sus lágrimas. –Está bien, lo haré por tí.
Liby sonrió, y acarició la mejilla de su hermana. –Gracias.
Una vez resuelto eso, Liby se pegó contra la puerta y trató de escuchar de nuevo. Y de nuevo no escuchó nada. Puso su mano izquierda en la perilla y la giró lenta, delicadamente, sin hacer el más mínimo ruido. Sostenía fuertemente el bastón con su mano derecha; su corazón latía rápidamente y su estómago se revolvió. Lacy cerró los ojos y volteó su rostro como una mujer esperando un cunnilingus.
Cuidadosa, muy cuidadosamente Liby abrió la puerta sin hacer el más mínimo ruido. El guardia, como lo esperaba, estaba volteado hacia el pasillo; tenía su AK 47 lista para la acción, y estaba quieto como una estatua. Liby miró a Lacy, quien la veía con ansias, luego caminó de puntas mientras sostenía su aliento.
Lacy asomó su cabeza desde el marco; Liby se acercó al guardia de cuclillas. Era mucho más alto, y grande que ella, ¿cómo iba a-
Saltando como una rana y, con un solo movimiento fluido, clavó el bastón en la parte de atrás de su cabeza mientras tapaba su boca, ahogando sus quejidos. Encajó el bastón una vez más, y sus rodillas cedieron; cayó al suelo sentado, mientras Liby lo sostenía. –Shhh,– susurró. –Ve a dormir.
Un quejido más, y dejó de moverse.
La mandíbula de Lacy cayó hasta su pecho y miró a Liby; acostó al guardia en el suelo y tomó el rifle de asalto de sus manos. Pasó el tirante sobre su hombro y miró a Lacy. –Lamento que tuvieras que ver eso.
Lacy abrió su boca para hablar, pero no dijo nada. La más rara combinación de terror y alivio fluyó en sus venas. Su corazón latía rápido y su cuerpo temblaba. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios. –E-eso fue asombroso.
Ignorándola, Liby observó el pasillo, estaba pobremente iluminado por lámparas que despedían luz naranja sobre el piso de concreto. –Muy bien.– dijo mientras volteaba a ver a Lacy. –Es un camino recto por las escaleras. Mantente cerca de mí y muévete rápido.– Miró de nuevo al guardia y tomó el arma secundaria que guardaba en su funda. –Esta es una Desert Eagle Mark I,– le dijo pacientemente a Lacy, y luego miró sobre su hombro. –Es israelí, y dispara el cartucho más pesado de cualquier pistola de cargador semi-automática. El retroceso es cabrón, pero si la sostienes con ambas manos estarás bien.
Lacy la sostuvo, y su cara palideció. –¿Q-quieres que le d-dispare a alguien?
–Libi asintió. –Sí, si es necesario.
Los ojos de Lacy fueron de la pistola al rostro de su hermana. Liby tomó el arma y la inspeccionó, sosteniendola con la misma confianza con la que se quita una bandita adhesiva. –El seguro está quitado, se muy cuidadosa. Solo apunta a lo que quieras matar. – Liby miró de vuelta al guardia muerto, y se arrodilló. Empezó a pasar sus manos por los bolsillos de su chaleco.
–¿Qué estás haciendo?– preguntó Lacy mientras miraba con nervios al pasillo.
Liby no respondió. Metió su mano debajo del chaleco y su cara se iluminó como el cielo en un cuatro de julio. Tomó algo y lo sacó. –Já.
Era negro y redondo, mas o menos del tamaño de una pelota de baseball. Lacy acercó el rostro un poco más y entrecerró los ojos. –¿Qué es eso?
–Una granada.– dijo Liby felizmente mientras se ponía de pie. –Pueden llegar a ser muy útiles.– dijo mientras la guardaba en el bolsillo de su falda, luego miró a su hermana. Lacy no era una super espía como su hermana (quien era como que, la persona más genial del mundo en ese momento), pero sabía que las granadas hacían BOOM, y eso le daba un poco de miedo, no podía mentir. –Ok, vamos, quédate cerca de mi, y no te quedes atrás.– empezó a correr agachada, y Lacy se apresuró a seguirla. Su corazón golpeaba contra su pecho, y la adrenalina corría por sus venas. Estaba tensa, y su respiración era lenta y profunda. Estaba aterrada, pero extrañamente también emocionada.
De pronto, una alarma se disparó, y el corazón de Lacy se detuvo por completo. Liby dejó de correr, –Maldita sea,– murmuró. Voces se empezaron a escuchar a lo lejos seguidas por sonidos de pasos. Liby levantó la mirada al mismo tiempo que dos matones se asomaron desde la escalera; la castaña disparó desde la cadera tat-tat-tat-tat. Uno de ellos salió volando hacia atrás, mientras que otro esquivó las balas. Los disparos eran ensordecedores en el pequeño espacio del corredor, y las orejas de Lacy pitaban. Liby plantó una rodilla en el suelo y acomodó la culata del arma en su hombro. Entonces miró hacia su hermana. –¡Abajo!
Lacy se escondió detrás de su hermana con los ojos cerrados; el arma habló de nuevo, y Lacy se sobresaltó con un pequeño quejido.
–Muy bien,– dijo Liby. –Sígueme.
Corrieron a través del pasillo, y Lacy aligeró el paso cuando llegaron al fondo de la escalera; había cinco tipos muertos en el suelo, sus extremidades dobladas en formas curiosas y sus rostros cubiertos de sangre.
Liby se cubrió contra la pared y tomó la granada de su bolsillo. El corazón de Lacy empezó a latir más fuerte. –Tápate los oídos,– dijo Liby mientras llevaba la granada a su boca. –Esto va a hacer algo de ruido.– sacó el pin con los dientes, entonces salió de su cubierta y arrojó la granada hacia la cima de las escaleras. Los tipos empezaron a gritar, uno de ellos decía –¡Retrocedan!– mientras que Lacy presionaba las palmas de sus manos contra sus oídos.
¡BOOM!
La pared tembló, y se escuchó un grito de dolor. –Vamos,– dijo Liby. Salió de cubierta una vez más, levantó el arma hacia la cima de las escaleras, y empezó a disparar hacia el humo. Empezó a caminar, y Lacy la siguió.
En la cima, partes humanas ardían en el suelo; un tipo afroamericano yacía muerto contra la pared; su cara estaba llena de metralla, y el estómago de Lacy se retorció.
–¡Ahí están!– alguien gritó. Un hombre salió de detrás de una pared de cajas que había cerca, Liby tiró a Lacy hacia el suelo, mientras que balas pasaban sobre sus cabezas entre el humo e impactaban en la pared, bañandolas de restos de piedra y polvo. –¡Arrástrate!– gritó Liby. Lacy se puso sobre sus manos y rodillas y siguió a su hermana hasta una van negra muy parecida a la que la trajo aquí. Liby se escondió detrás de unas de las llantas, Lacy se sentó junto a ella.
–Vigila mis seis.– dijo Liby.
–¿Tu qué?– preguntó Lacy.
–¡Mi espalda!– Lacy asintió y se giró hacia el frente de la van. –Asegurate que nadie nos sorprenda.– dijo Liby mientras recargaba el arma. Lacy trató de protestar, pero se detuvo; Liby necesitaba que fuera fuerte y valiente, y tal vez no sea fuerte y valiente por sí sola, pero sí podía hacerlo por su hermana. Sostuvo la Desert Eagle en sus manos temblorosas mientras la apuntaba hacia el frente.
Liby empezó a disparar a las cajas que se encontraban al otro lado de la van. Un hombre saltó y apuntó directo hacia ella, pero Liby se le había anticipado y disparó. El hombre voló hasta golpear contra una pared y caer al suelo. Una sonrisa siniestra se posó en su rostro, y sus ojos, que normalmente eran relajados ardían con fuego y furia. Esto era para lo que vivía.
Lacy sostuvo la Desert Eagle frente a ella; su corazón latía rápido mientras esperaba lo inesperado. Trató de regular su respiración pero-
Un hombre en negro apareció frente a ella, y por reflejo Lacy apretó el gatillo: fuego salió de la boca del cañón mientras que el arma retrocedió hacia ella. Fuertes vibraciones recorrieron sus brazos y los músculos de sus hombros dolían. ¡Ouch! Demonios…
Liby volvió a cubrirse detrás de la llanta y trató de escuchar. Nada. Volteó hacia Lacy, quien se había puesto de pie. –Bien, vamos.– Con eso, salió corriendo de la van hacia la salida, asegurándose que Lacy la estaba siguiendo. Afuera, dos hombres aparecieron de la nada y Liby disparó; logró darle a uno pero el otro esquivó la bala. Ir afuera no era una decisión óptima ya que no tenía la ventaja de terreno. Miró a su alrededor, y logró visualizar unos escalones metálicos que daban hacia la escalera de incendios. Reaccionó rápido, y logró dispararle a un par de tipos que resguardaban la escalera para después subir. Grandes ventanas techaban el lugar. Liby removió la mugre de uno de los paneles y miró a través; había hombres cubriéndose tras barriles rojos, cajas y una van. Se dio la vuelta e inspeccionó el piso de la fábrica, estaba vacío.
–Vigila las escaleras.– ordenó. Lacy obedeció, poniéndo una rodilla en el suelo y apuntando el cañón del arma hacia enfrente. Su hermana la había traído hasta acá, no iba a empezar a dudar ahora.
En la ventana, Liby miró hacia el patio. Tres hombres se acercaban al lugar, inclinados hacia el frente y moviéndose lenta y cautelosamente mientras los otros - al menos una docena de ellos - los cubrían. Vaya, estos tipos son tontos. Quien sea que contrate gente para Montoya es un idiota.
Casi se sentía mal por hacer esto.
Casi.
Levantando el rifle, golpeó la culata contra uno de los paneles para romperlo y sacó el cañón. Los tres chiflados se dispersaron; Liby empezó a disparar, y balas empezaron a llover hacia el suelo levantando nubes de polvo. Una bala golpeó a uno de los tipos en la pierna, llevándolo al suelo mientras lloraba y chillaba como animal. Otra bala golpeó a otro en el pecho y cayó al suelo pesadamente. El último fue alcanzado en la cabeza; una nube roja salpicó todo mientras el tipo se desplomaba hacia un lado.
El tipo detrás de los barriles devolvió el fuego; las balas volaron por el aire e impactaron los ladrillos. Liby no retrocedió ni se inmutó. En lugar de eso rodó los ojos. Uno nunca toma cobertura detrás de los barriles rojos. ¿No enseñan este tipo de cosas en la escuela de tontos? Levantó el rifle, alineó su tiro y disparó: los barriles explotaron en una bola de fuego que hizo temblar al mundo como si Cthulhu hubiera despertado de su letargo. La cerca metálica que rodeaba el lugar cayó, y restos de roca, tierra y partes humanas ardientes se regaron por el suelo.
Dirigió el rifle hacia la van y desató una lluvia de plomo; las balas golpearon el vehículo, rompiendo el parabrisas y reventando las llantas. Uno de los tontos trató de huir, pero Liby lo neutralizó. Liby estaba jadeando ahora, sonriendo con locura mientras sus ojos brillaban con fuego. Era un tiburón y, hermana, había percibido el aroma de la sangre. Golpeó el frente del vehículo con un torrente de balas, y la camioneta empezó a arder. Llamas salían del motor, danzando macabramente en el aire. Empezó a disparar de adelante hacia atrás, adelante hacia atrás mientras reía; una bala golpeó el tanque de combustible, y la van literalmente voló por los aires por la explosión resultante. Lacy estaba junto a ella, sus ojos abiertos y su mandíbula en el suelo. –Wow…
La voz de su hermana la trajo de vuelta a la realidad. Liby sacudió la cabeza. –Vamos.– dijo mientras empezaba a bajar las escaleras. Afuera, el crujir de las llamas y el humo negro del combustible quemado cubrían todo. Liby se detuvo y miró a su alrededor. –¿Dónde está ese bastardo de Montoya?– preguntó.
Respondiendo a su pregunta, el sonido de las hélices de un helicóptero se escuchó a su izquierda. Lacy y Liby voltearon en el momento justo en el que el vehículo aéreo despegaba del techo. Liby levantó el rifle y oprimió el gatillo.
Clic-clic-clic.
–¡Mierda!
La puerta del helicóptero se abrió, mostrando una ametralladora calibre .50. El corazón de Liby se detuvo. –¡Al suelo!– dijo mientras empubaba a Lacy justo al momento que el arma empezó a disparar. Lacy estaba pecho tierra, temblando y llorando; Liby la cubría con su cuerpo, presionando su cara contra su suave y perfumado cabello. El fuego cesó, y el helicóptero se alejó. Liby se puso de pie, y lo miró desaparecer en la distancia. Apretó sus puños mientras fruncía el ceño con impotencia.
–¡ESTO NO SE HA TERMINADO!– gritó al tope de sus pulmones, su voz hacía eco en todo el lugar. –¡ALGUN DIA TE ATRAPARÉ MONTOYA!
El sonido de las hélices se silenció, y ella y Lacy estaban solas, aún temblando. Miró a su hermana, la jóven estaba sentada en el suelo, su cara pálida y cubierta de tierra con rastros de lágrimas en sus mejillas. Liby extendió su mano hacia ella, y Lacy la miró, entonces tomó su mano y sonrió. –¡Eso fue genial!– dijo mientras Liby la levantaba. –¡Eres como un héroe de acción!
Liby la miró sobre su hombro con frustración. –Si.– dijo con pesar. –Un héroe de acción que perdió.
–¡Aún así! ¡Eres asombrosa!
Liby se sonrojó. –Solo hacía mi trabajo.
Caminaron juntas; al principio Lacy no paraba de hablar, pero eventualmente se guardó silencio cuando la adrenalina se filtró de su cuerpo y el peso de lo que acababa de presenciar se posó sobre sus hombros. Liby lo ha vivido miles de veces: Primero, no sientes nada, luego tu cuerpo empieza a resentirlo, era algo así como un vacío en el estómago. Al llegar a casa, se sentaron en los escalones de la entrada; el ocaso fue reemplazado por la noche y las lámparas a lo largo de la avenida Franklin empezaron a encenderse. Lacy miraba hacia abajo, mientras que Liby miraba hacia la distancia. En alguna parte, Ricardo Montoya se reía de ella.
Y planeaba su siguiente golpe.
–Realmente fuiste genial ahí.– decía Lacy, su voz pesada y resquebrajada. –Digo...sabía exactamente qué hacer y fuiste...no sé, tan valiente y confiada. Y-yo desearía ser así.
Liby recordó lo que Lacy dijo cuando estaban atrapadas en el calabozo, acerca de decepcionar a su madre y no ser lo suficientemente buena. Volteó hacia su hermana y tomó su mano en las de ella. –Sí eres valiente, Lace.– dijo Liby. –Tú también fuiste genial allá. Debo decir que me impresionaste; lo hiciste tan bien como un pez en el agua.
Lacy volteó hacia ella y sus miradas se cruzaron; Liby notó lo hermosos y encantadores que eran los ojos de su hermana: verdes con tintes de dorado y café.
Sintió algo en su pecho, y podía decir que Lacy sentía lo mismo.
Ambas se acercaron lentamente, respirando lentamente mientras sus labios se preparaban para lo inevitable. En ningún momento apartaron la mirada la una de la otra, y entonces se besaron, profunda y apasionadamente.
Las manos de Liby fueron hasta las mejillas de Lacy al tiempo que el beso se tornaba más apasionado, y Lacy pasó su mano por el cabello de su hermana. Sus lenguas peleaban una contra la otra, sus labios hacían un sonido húmedo mientras se frotaban frenéticamente.
No pasó mucho tiempo hasta que ambas se pusieron de pie y entraron a la casa...subieron las escalera...y fueron al cuarto de Liby. Cuando terminaron, ninguna seguía enamorada de Lemy.
Lemy estaba sentado en la mesa con una sonrisa mierdera en el rostro, un tenedor en una mano y un cuchillo de mantequilla en la otra. Al otro lado, Liby y Lacy se miraban la una a la otra mientras reían como colegialas (que, para ser justos, lo eran), mientras que papá las veía con curiosidad. Lemy no les ponía atención; él estaba concentrado en Leia, quien estaba sentada al lado de papá con sus codos apoyados sobre la mesa. Tenía el tenedor en los labios, lo lamía lenta y sugestivamente mientras miraba a los ojos de Lemy.
–Así que...– preguntó papá mientras ponía mantequilla a su comida. –¿Algo interesante pasó hoy?
–Uhm, no.– dijo Leia. –Fue decepcionante,– la rubia miraba a Lemy con una sonrisa burlona en su rostro. –Muy decepcionante.
Papá asintió. –Lamento oír eso, cariño. ¿Qué tal tú, Lemy?
Lemy sonreía. –Nope. Solo ayude a Leia.– respondió. –Fui de mucha ayuda.
Leia lo miró mientras negaba la con la cabeza. –Que te den.– susurró.
–Tal vez luego.– respondió Lemy.
Leia le sacó el dedo.
Lemy hizo lo mismo, y empezó a comer; mientras lo hacía, lanzaba miradas discretas hacia Lyra, y cada que lo hacía su corazón tintineaba con algo.
Algo como amor.
La historia terminó hace un buen rato, y sé que muchos de ustedes probablemente se desesperaron y fueron a leer a histora original. No los culpo, dejé esto abandonado mucho tiempo.
También quiero decir que aunque, como ya dije, la historia terminó hace rato, no es aquí donde acaba. Hay todavía mucho más contenido, y si el tiempo me lo permite seguiré traduciéndola con gusto.
Nos leems luego.
S.R.
