En el comienzo de las cosas, todo lo que era la creación estaba comprimida en nada menos que un punto minúsculo de espacio, un inconmensurablemente pequeño punto en la existencia que se expandió a velocidades tan descomunales como para dejar a la luz misma por detrás, como una explosión, se expandió y libro el terreno mismo para que los dioses plantaran sus frutos.

Lo único que existía era una descomunal masa amorfa de energía extremadamente potente, moléculas llenas de energía que empezaron a conglomerarse entre si, dando lugar a la creación de las primeras e inestables luces en el cosmos. En aquel caos primordial, la vida misma no podría existir hasta mucho después, no habría un ser físico que pudiera sobrevivir en un ambiente tan despiadado como lo era el universo en sus tempranas eras.

Sin embargo, lo había.

Algunos dicen que fueron creados directamente a mano por los dioses para ser sus sirvientes, sus soldados, sus juguetes.

Otros dicen que simplemente nacieron por si mismos en el primer momento que la creación se distrajo lo suficiente como para no aniquilarlos mientras aún eran bacterias flotando en líquidos, y muchos maldecirían la creación misma por no haber hecho eso.

Eran llamados los ogros de las estrellas, la realeza de las lunas, los dioses del plano terrenal.

El clan Ootsutsuki.

Entre todos los universos, los Ootsutsukis eran una de las razas más antiguas y evolucionadas que existen, en sus años más primitivos, empezaron a formar sus civilizaciones en el planeta más inhóspito imaginable, el único lugar donde seres así podrían formarse y solamente los más poderosos sobrevivirían.

Fueron bendecidos con poderosos cuerpos cuya fuerza excedía la que un ser físico podría tener, prácticamente invulnerables a los fenómenos más poderosos del universo, con vidas que podían extenderse por milenios y milenio.

Junto con ello, desarrollaron sus mentes de maneras que los seres que vendrían después de ellos se tardarían millones de años en alcanzar sus primeros pasos, haciendo que las fuerzas del universo mismo se doblarán a sus caprichos con un solo pensamiento.

Localizados en un enorme cúmulo de galaxias, el día que el primero de ellos miro al cielo de la noche y se pregunto que existiría más allá, fue el día en que el universo mismo tendría un cambio enorme.

Leyendas dicen que los Ootsutsuki fueron seres tan temibles que se revelaron a los propios dioses que querían manejarlos, pero que incluso con lo poderosos que fueron creados, los dioses mismos encerraron el mundo de los ogros de la luna en una eterna esfera de hielo y escarcha, poniendo las cadenas en los cuellos de los primeros Ootsutsuki cada vez más apretadas, hasta que el primero de ellos logro algo impensable.

En lo profundo del colosal planeta de los Ootsutsuki, uno de los más grandes mundos del universo, existía un igualmente colosal árbol, debajo de sus hojas habían encontrado asilo incontables generaciones de Ootsutsukis cuando los pies caminaron sobre sus ramas en búsqueda de algo más.

Se decía que ese árbol absorbía el sufrimiento y el dolor del planeta por incontables generaciones, para convertir todo eso en pura energía que luego liberaba en el ambiente, revitalizando el mundo en un ciclo de dolor y restauración.

Alguien rompió ese ciclo un día.

Alguien que buscaba libertad por su mundo.

El nombre de ese alguien fue Kisshoten, la primera, y la única, Diosa de los Ootsutsuki.

El primer ser en desafiar el destino.


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Un niño de cabello rubio y ojos azules se encontraba mirando el cielo estrellado, con la cabeza recostada contra el techo de una casa, mirando a la nada en el cielo, todas las luces en las calles que le rodeaban estaban apagadas, dejando una vista de las luces que habían arriba, brillantes y hermosas.

El nombre de ese pequeño era Naruto.

El pequeño no podría tener más de seis años, sin embargo, no recordaba un día en su vida en el que no se alejara de todo, y viera profundamente en el cielo nocturno, con una expresión completamente ida viendo al espacio, su corazón se sentía palpitar cada vez que veía ese cielo nocturno.

Extendió una mano hacia arriba.

Entonces lo vio de nuevo.

En su mano, el dedo pulgar y meñique habían desaparecido completamente, cubiertos solamente por enrojecidos vendajes, la punta de su dedo índice y medio igualmente habían desaparecido, dejando solamente trozos de hueso en ellos, el pequeño saco su otra mano, viendo algo similar.

Se quedó viendo sus manos con una expresión completamente neutra en su cara, sus ojos no parecían tener un brillo en particular.

Ese día era su cumpleaños.

Llevaba siete años desde que había nacido en ese mundo.

Llevaba una semana sin dedos.

Un shinobi, un Chūnin como les llamaban, le había hecho eso, justo después de lanzarle una botella de vidrio a la cabeza y darle una patada que le tiro tres dientes.

Fue la primera vez en su vida que había sido expuesto a maltrato físico.

El diez de octubre, según sabía, algo había atacado la aldea, un demonio. Un ser que causó mucho daño a la gente de la aldea, algo había pasado con ese demonio, algo que tenía que ver con él, y que habían causado que la gente de la aldea le viera y murmura eso, por tanto tiempo, desde que tenía memoria, que estaba más familiarizado con el nombre de demonio que con su nombre real, había escuchado primero antes de todas maneras.

Naruto era un niño, no sabía cómo lidiar con la gente simplemente viéndole con disgusto sin importar que hiciera, apartándose de él, insultándolo a la más mínima cosa, enojándose con él, despreciándole.

Le dolía cada día de su vida vivir en el odio de las personas, pero pensó, muy en el fondo, que las cosas podrían ser mejores, que las cosas podrían cambiar.

Tenía un par de personas que le importaban en la aldea, había un hombre importante, el líder de la aldea aparentemente, que le visitaba desde que ningún orfanato quería aceptarlo, le daba comida y dinero, pero la gente no quería venderle o había veces que le acusaban de robar.

Habían más, pero en esos momentos no podía pensar en nada.

Más allá de los gritos y el llanto por el dolor de sus manos cuando eso paso, no había reaccionado con nada.

Apenas el hombre que le hizo eso termino, personas con máscaras salieron, Naruto estaba al borde de caer inconsciente, y todo lo que vio fue como una cuchilla era metida en la rodilla del Chūnin antes de que su grito se quedará grabado en su memoria.

Cuando despertó, el hombre del sombrero rojo le hablaba, casi histérico, disculpándose, lamentándose, llorando enfrente suyo, diciendo como debería haber estado allí, como sus ANBU deberían haber llegado antes, que algo así jamás iba a volver a pasar mientras él estuviera vivo.

Podría hacer un comentario acerca de que no le quedaba tanto tiempo, juzgando por su edad, pero cuando despertó, Naruto no pensó en nada.

Bueno, eso sería un error, la primera vez que vio sus manos, había pensado en algo.

Esto no va a cambiar, ¿Verdad?

Al día siguiente de salir al hospital, noto como algunas personas miraban incrédulos sus heridas, algunos parecían tener más disgusto que antes, pero la mayoría… parecían contentos.

No importaban las palabras de aquel hombre, no importaba si tuviera a las personas con máscaras 24/7 durante toda su vida, no importaba para nada las promesas o las personas que no pensaran en odiarlo por algo que no entendía.

Ellos le odiaban, y no había cantidad de palabras, u órdenes, que cambiarán en lo más mínimo eso.

Se sentía vacío.

Movió lo que quedaba de sus dedos.

Había soñado en volverse un shinobi cómo los que le rodeaban a menudo, había practicado los sellos de mano, y había querido alguna vez volverse Hokage.

Ya no tenía dedos para formar sellos nunca más, ya no podía volverse un shinobi, era solo un niño huérfano y que apenas comía lo suficiente como para seguir viviendo, no tenía la inteligencia o educación para aprender ilusiones.

No había nada para él adelante o hacia atrás en su vida.

No sentía nada en lo absoluto.

Se había preguntado alguna vez que es lo que había hecho para que las cosas se volvieran así, que crimen había cometido como para haberse convertido en todos los males del mundo, ¿Había sido su crimen haber nacido? ¿Haber vivido? ¿Era por eso que ellos le odiaban?

¿Siquiera tenía algún valor o sentido el saber la respuesta?

Se preguntó por primera vez si su vida, o cualquier vida, en general, tenía sentido.

En la mente de ese pequeño, no había una respuesta extremadamente compleja, pero pensando en todas las cosas de su vida hasta ese momento, llegó a una conclusión firme y concisa.

No.

Ese día, una segunda voz sonó en su cabeza, mirando en una dirección en particular, sintiendo como si algo de repente… le llamara hacía allí.

Pero puedes encontrarlo.

La segunda voz volvió, sonaba tan tranquila, tan leve, como un susurro perdido al viento, sintiendo que estaba siendo llamado por algo más allá de lo que conocía, en la distancia.

La aldea escondida en la hija era todo lo que Naruto alguna vez había conocido, no sabía si había más allá de la aldea, por lo que sentía que estaba siendo llamado por algo más allá de su mundo, algo más allá de su conocimiento como humano.

Y sin embargo.

Algo en él se sentía como si debería ir allí lo más rápido posible.

Sin embargo, sabía que desde lo que había pasado, el líder de la aldea le tenía más vigilado que antes, por lo que no había manera en la que simplemente tuviera la capacidad para irse de allí caminando.

El pequeño Uzumaki bajo de la casa en la que estaba acostado para empezar a caminar un callejón en búsqueda de lo que estaba buscando, viendo a sus alrededores, en búsqueda de las personas con máscaras, sin embargo, sabía que si ellos no querían ser vistos, él no iba a ser capaz de verlos.

Lo que quedaba de sus dedos, con dolor, sujetaron la tapa de metal a sus pies.

Luego abrió los ojos cuando escucho pisadas acercándose.

—Bueno, bueno, miren a quien tenemos aquí— el rubio vio entonces como un grupo de tres Chūnin caminando justo enfrente suyo—. Hey, ¿No es ese el pequeño demonio que hizo que Kimachi fuera llevado con Ibiki?— pregunto un hombre de cabello azul plateado, con un tono plateado de veneno.

—Si… si lo es— respondió otro de ellos viendo al niño con desdén.

—Tan solo mira a sus dedos, en verdad que eres un pequeño fenómeno, ¿No es así? Ahora te vez más por fuera como eres por dentro, ¿No te parece mejor?— pregunto el peliazul con sorna, haciendo que Naruto se enderezara y se pusiera en guardia.

Uno de ellos, alguien de cabello castaño, le puso una mano en el hombro a su "líder"—Mizuki, deja al niño en paz, vas a hacer que nos metan en problemas.

—Mira a esa cosa, no es un niño, es solo una pequeña monstruosidad que ya ni siquiera sirve para lo que fue hecho— declaró el peliazul antes de preguntar maliciosamente—. Además, ¿No recuerdas acaso lo que le pasó a tus padres?

El pequeño aprovechó el momento de distracción que tuvieron.

Incluso aunque ya no tenía dedos, seguía siendo de origen shinobi, incluso un niño de ascendencia shinobi tenía una fuerza comparable a la de alguien mayor. Por lo tanto, lo primero que Naruto hizo… fue empujar la tapa del drenado con el pie y luego dejarse caer por allí.

Escucho arriba suyo exclamaciones, justo antes de entrar en el agua de desagüe llena de desechos, antes de empujarse hacía arriba manteniendo la respiración.

La primera bocanada de aire que tomo le dejo con el vómito apunto de salir de su garganta, para luego gruñir y cerrar los ojos, escuchando un susurro viniendo desde la parte más profunda de su mente nuevamente y se movió en la dirección de ese llamado.

No supo cuánto tiempo paso nadando en desechos, no sabía por que lo estaba haciendo, no sentía que había algo que pudiera justificarlo.

Pero, algo en su corazón palpitaba mientras se acercaba, más y más.

Más allá del horizonte, algo le llamaba.

Se arrastró por los canales de desechos guiado únicamente por la voz que escuchaba, hasta que salió por un tubo que sobresalía del suelo, mucho más lejos de la aldea de lo que podría haber notado a simple vista, el pequeño rubio ni siquiera vio hacia atrás mientras caminaba, y caminaba, y caminaba, y seguía caminando.

Parecía completamente hipnotizado, siguiendo la voz cada vez más fuerte, hasta ver a la distancia un bosque seco y completamente muerte a la distancia.

Sus pies bien podrían estar sangrando en sus sandalias, pero siguió caminando, no había notado que el sol había salido y había vuelto a bajar en su caminata, lo único que sabía con certeza era que necesitaba responder ese llamado.

Y entonces le miro.

Un árbol.

Era enorme, más grande que todos los árboles a su alrededor, pero al igual que todos los árboles allí, estaba prácticamente marchito, sin embargo, en su cima, parecían sobresalir hojas secas en dónde algo brillaba.

Finalmente haz llegado, te tomaste tu tiempo, ¿Eh?— una voz burlona se escuchó en el aire, haciendo que Naruto viera a su alrededor con una expresión confundida antes de suspiro exasperado saliera de ningún lugar—. Se que no es lo más normal que verás todos los días, pero no es como que haya mucho más aquí que yo, ¿O si?— pregunto la voz con un dejé de sarcasmo.

—…— el pequeño rubio guardó silencio antes de volver a mirar al árbol enfrente suyo y entrecerrar la mirada.

Bingo— afirmó el ser que parecía hablar a través del árbol—. Ahora, se que probablemente vas a tener muchas preguntas y que buscas respuestas, no puedo responderlas todas porque estoy esencialmente con el tiempo cortándome las raíces, literalmente. En mi cima, hay un fruto, si lo ingieres, obtendrás poder más allá de todo lo que haz imaginado, y tus preguntas serán respondidas, solo necesito que lo hagas.

—…— el pequeño no hizo nada.

Se quedó quieto por momentos y luego de un largo silencio, la voz nuevamente hablo, esta vez tratando de sonar más convincente—El trato silencioso no va a servir con alguien que puede leer tu mente, no es como que tenga una boca para empezar a hablarte, pero no te estoy mintiendo, el fruto en mi cima te dará gran poder para lograr lo que desees— Naruto inclino la cabeza a un lado con una expresión ilegible en su cara—….¿Por qué te llamé a ti, preguntas?

El pequeño rubio asintió suavemente.

—…Dentro de ti hay dos cosas que me pueden ser de gran utilidad a futuro— admitió el ser proveniente del árbol—. Un fragmento de mi antiguo ser con gran cantidad de energía que me ayudarían a seguir viviendo, y también… la sombra de un alma muy importante, eres el transmigrante de uno de ellos, un clan, muy importante, eso significa que la chispa de potencial brilla en ti. Eres alguien destinado a cosas grandes para este mundo.

Los ojos del niño no cambiaron.

Hace unas semanas habría estado escalando al árbol sin pensarlo, estaría embelesado por la información que le daba, de ser alguien.

Pero ahora no había nada de eso.

Información.

Quería detalles respecto a lo que quería.

El árbol con algo de molestia volvió a transmitirle su información—…Yo soy… yo era el dios árbol, el Shinju. Ahora mismo soy solo una semilla, un fragmento dejado por el original hace más de diez mil años en la época en dónde lo que ustedes llaman Chakra no había sido transmitido a este mundo, no pude germinar de manera correcta, la sola cantidad de guerras que ha habido, la desolación, el dolor y el sufrimiento, han sido demasiados para mí, llevo desde mi nacimiento purgando el sufrimiento de este mundo, pero es demasiado hasta para mi antiguo yo, lentamente me he terminado disolviendo por la energía negativa que las constantes guerras han dejado. Estoy muriendo.

—…

—Te llame a ti… por qué el alma que reside junto a la tuya, es una de las responsables de que las cosas sean de este modo, probablemente transmigro su alma a ti al saber que esto pasaría. Sin mi, este mundo sufrirá las consecuencias, tu raza entera, este mundo, los conflictos que tienen solamente crecen cada vez más con el tiempo, hasta que llega el momento en dónde destruyen sus civilizaciones en búsqueda de más grandes alturas, mucho antes de que el mundo shinobi existiera, ustedes humanos creaban artefactos de destrucción masiva, ahora con el chakra a su alcance ustedes solamente han elevado aún más el peligro. No solo son sus civilizaciones, toda la vida en este mundo, sufrirá las consecuencias permanentemente.

Naruto se quedó pensando en esas palabras.

El Shinju no podía creer que estaban teniendo esa conversación.

Era un niño, para todo lo que importaba, debería de haber comido la fruta mucho antes de haber siquiera dejarle hablar, pero la mirada en sus ojos, vacía y la falta de reacciones emocionales, el pequeño no parecía exageradamente emocionado… de ninguna cosa.

Sin embargo, en lo profundo de su ser, había buscado llamarle desde su nacimiento, pero… no por las razones que le dijo.

El Dios Árbol no sabía si era que habían sido destinados a conocerse, pero sabía que su ser, de una manera u otra, no podría vivir sin que él comiera su fruto.

El niño cubierto de desechos, tierra y sangre camino hacia el árbol seco y moribundo, con sus manos, empezó a sujetar la madera con sus palmas, sujetándose como si su vida dependiera de ello.

Sin dedos para sujetar, se sentía como escalar una montaña con cada movimiento que daba.

Se sintió como horas hasta que llegó a la cima, en dónde un solitario rayo del sol brillaba sobre él, como una especie de altar.

Naruto miro fijamente al fruto.

Era negro completamente, parecía tener bocas formándose en él, con ojos anillados de color morado y con tomoes en los anillos, parecía más algo vivo que un fruto.

El pequeño tomo el fruto en sus manos, gentilmente.

He visto tus recuerdos, ¿Qué es lo que más quieres? Respeto, adoración, poder, dinero, venganza, solo piensa en tu deseo, y con el poder de un Ootsutsuki corriendo por tus venas, lo conseguirás.

Naruto vio a la fruta con ojos perdidos.

—Yo solo quiero vivir tranquilo.

Entonces, se metió al fruto a la boca.


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Fue como si el mundo mismo soltará de repente un grito.

Eso… fue lo que la gente de todo el mundo mismo sintió instantes después.

Un temblor de gigantescas proporciones hizo que la tierra misma se sacudiera bajo un impacto colosal, mientras que un pilar de color plateado se erizaba sobre el cielo con una fuerza tal como para separar la tierra misma, hasta en los rincones más lejanos del mundo se sintió una presencia que parecía gritarles a todos aquellos que poseían Chakra en ellos.

Luego, como si no fuera obra del mundo, pero del universo mismo reaccionando, El sol se oscurecía en el horizonte, siendo ahora lo único que brillaba en el cielo era la luna.

Una luna carmesí con anillos y tomoes brillando en el horizonte como un segundo sol, pareciendo cada vez más grande ante todos aquellos que vieron lo que pasaba.

Pero entre todos los seres del mundo que contemplaron eso, el más afectado no era el que estaba más lejos, sino el que estaba lo más cerca posible en el momento que sucedió.

El Zorro de las nueve colas, la criatura sellada en Naruto, no sabría cómo siquiera explicar los sucesos que habían pasado en las últimas horas, a poca definición de las palabras, algo absolutamente imposible había sucedido con su tercer contenedor.

Nunca le habían importado los niños.

Los infantes siempre crecerían para ser simplemente iguales a sus padres, insulsos, cobardes y traicioneros. No eran más que una molestia, sin mencionar que un niño podía llegar a ser mucho más cruel que un adulto por no saber, y no importarle, nada acerca de la moralidad.

El niño humano que ahora le contenía no era diferente.

Seguro, técnicamente no le había hecho nada aún, pero el mocoso era su prisión. No podría encontrar compasión en su podrido corazón para los barrotes que le sostenían aprisionado.

Pero había algo más que eso.

A diferencia de Kushina que le veía como una arma, una bestia, y a diferencia de mito que le veía como una calamidad andante con apenas conciencia, el pequeño tenía algo que las dos Uzumakis no habían tenido.

El pequeño sufría.

Kushina había sido protegida como un activo valioso, todo lo que ella paso era por su apariencia física, y por el linaje de su clan, prácticamente nadie sabía que ella contenía a la bestia más poderosa ya que ella nunca usaba su poder, no es como si Kurama se lo hubiera dado en primer lugar.

Mito era peor, una princesa, una arrogante y creída reina de hielo que simplemente se pasó la mayor parte de su vida desarrollando sus sellos, su primer contenedor le había tenido cuando era ya una adulta.

Kurama había tratado de matar a su actual minutos después de que este había nacido, y había dado el golpe de gracia en contra de sus padres.

El único arrepentimiento de Kurama fue no mover su uña hacia arriba para partir al Cuarto Hokage y a su esposa en dos.

Sin embargo, el niño era el asunto, Naruto era odiado tanto como lo era el mismo, la única diferencia siendo que el mocoso no tenía el poder para defenderse, y no es como si lo hiciera. Una de sus muchas habilidades era la detención de emociones negativas, podía sentir las emociones de otros a su alrededor.

Se decía que el zorro de las nueve colas se reformaba dónde las malas intenciones se conglomeraban, eso era un error, Kurama simplemente iba a los lugares de mayor depravación humana y los borraba de la faz de la tierra porque sabía el tipo de reacciones que generaba al mundo mismo, por ello, había viajado por el mundo por milenios, tratando de mantener el mundo en orden, viendo civilizaciones crecer, caer y volver a levantarse una y otra vez.

Sin embargo, con solo 100 años de no tener acceso a su libertad, el mundo parecía resentir la falta de su existencia para traerle un semblante de balance, solo había cada vez más podredumbre infectando el mundo.

Pero, en toda esa oscuridad de emociones negativas, Kurama encontrarían que el único lugar donde no existían… era en su contenedor.

Era como una estrella, brillante y refulgente, incluso ante el sufrimiento que pasaba ante los que le rodeaban, el pequeño no odiaba o resentía ni siquiera tenía ira. Al contrario de eso, Kurama se encontró por primera vez incrédulo ante la esperanza pura que el pequeño emanaba aún cuando las cosas se miraban tan desoladoras.

Sin embargo, como la historia le había mostrado, los humanos rompían esa luz, no les importaba quedarse ciegos.

Si bien su Chakra era mandado en contra de su voluntad al niño, esta vez, a Kurama no le importaba. Hacer sufrir al niño con desprecio y soledad era una cosa, no le podía importar menos que su contenedor no fuera capaz de soportar que no todo el mundo le aguantase.

Pero mientras miraba a través de los ojos del niño los dedos faltantes y la sensación de los dientes fracturados, Kurama pensó que el niño simplemente sucumbiría cómo los demás al odio y el rencor.

Pero no había nada de eso.

No había nada.

La luz se había apagado como una vela al viento, el cuerpo del pequeño no aguantaría más Chakra del que mandaba, para cuando ya fuera capaz de mandar su Chakra lo suficiente como para sanar heridas de ese nivel, el pequeño ya tendría permanentemente muñones en vez de dedos.

Kurama se encontró… en una encrucijada.

Se repetía mentalmente que no se sentía mal por el niño.

Incluso si los humanos le odiaban por acciones que el zorro había cometido, no era su culpa que los humanos decidieran odiar a un niño por crímenes que no había cometido, no era su culpa que estuviera solo, no era su culpa que esa luz se hubiera apagado.

No, si su contenedor no había sido capaz de soportar esa pequeña cantidad de odio, significaba que esa luz simplemente no podría contra la oscuridad del mundo.

Pero había algo diferente.

Está vez, como una fantasma, como una sombra del pasado, Kurama juraría que le había visto. La silueta del hombre que había llamado padre, a las puertas de su jaula, incluso aunque no fuera más que una sombra, el zorro jamás podría olvidar a aquel que le había dado su nombre, pues tan pronto como le vio, escucho… un llamado, una voz primigenia le llamaba, como si fueran parte de su existencia.

Cuando logro conectar sus sentidos a los del niño, le vio, con algo que jamás podría creer que vería alguna vez en su vida.

El fruto que había originado su existencia en las manos de un infante.

Y entonces, escucho y sintió lo que vino después.

La luz volvió, casi cegando al zorro de las nueve colas, mientras el espacio mental en dónde se encontraba, la prisión que era ese sello, se llenó de blanco por todos lados, rompiéndose como vidrio al instante que la luz le rodeaba, rompiendo su prisión en pedazos, haciendo que el Kyūbi mirada como era rodeado por un mundo de luz de distintos colores.

Luego, algo apareció.

Una estatua de madera, no, una mejor definición sería una silueta humana hecho de madera, sin expresiones discernibles de hombre o de mujer, solamente un ser que emanaba un poder que el propio Bijuu se sentía por primera vez en su vida encogido ante su fuerza.

No creo que nos hayamos conocido formalmente, ¿No es así, Kurama-chan?— pregunto una voz suave mientras el zorro juraría ver una sonrisa torcida formarse en dónde iría el rostro del ser enfrente suyo.

¿Quién… que eres?— pregunto el Bijuu al tiempo que el ser simplemente se cruzaba de brazos.

Tu ya sabes quién soy, puedes sentir la resonancia en nuestras existencias, tu te originaste de mi yo original de todas maneras, Kurama. Puedes llamarme por el nombre que me han dado antes, Shinju— declaró el dios árbol al tiempo que simplemente miraba a su alrededor—. Asumo que te haces una idea de lo que está pasando ahora mismo.

—…El mocoso encontró una semilla de ti que el sabio dejo atrás, o simplemente no encontró, y consumió la fruta de Chakra— fue lo que supuso la enorme bestia.

Afirmativo— declaró Shinju aplaudiendo animadamente—. Sin embargo hay muchos factores que juegan en contra de nosotros en estos momentos. En primeras, incluso con tu intervención, la energía negativa que hay en el mundo ha sido demasiada para mí, por lo que para sobrevivir, tuve que fusionarme con el niño, lo cual es de hecho algo que ayudaría en este caso.

¿Algo que… ayudaría? La última vez que algo así sucedió, ¡Dio nacimiento al diez colas!— bramó el nueve colas al tiempo que Shinju simplemente alzaba una mano.

Déjame terminar y te lo explico, el fruto no fue hecho para ser consumido por humanos, mucho menos uno que ha germinado con una cantidad tan enorme de energía negativa y no por un niño de siete años, Naruto normalmente debería explicar y llevarse un 70% de la masa de este planeta junto a su satélite natural en una explosión— indico el Shinju haciendo que Kurama guardara silencio simplemente por esa mención—. Así que para controlar eso, simplemente estoy haciendo varias cosas ahora mismo con la energía que el pequeño no puede controlar. Enviarlas por las líneas de ley del planeta entero, alimentándome yo con ella y bueno, a ti y a este sello.

—….¿Qué?— fue todo lo que pudo decir el nueve colas viendo sus garras notando como una energía de color platinado empezaba a surcar como venas alrededor suyo, haciendo que el zorro se agitará.

—Justo ahora, todo lo que el chico tiene es poder bruto, poder bruto que deja el diez colas que conoces como una hormiga comparada con una bestia cósmica. El sello que te tiene prisionero fue hecho por el dios de la muerte en persona, tiene su esencia en él, estoy cambiando el sello en diferentes sentidos, sellara el poder del chico a niveles que pueda manejarlo y con el tiempo empezará a abrirse, pero mientras eso pasa, tu y yo tenemos que trabajar en equipo.

¿De que estás hablando? ¿Trabajar en equipo? No tengo deseos de volverme una bestia sin mente como lo fue el diez colas— gruño Kurama tratando de dispersar el Chakra platinado que surcaba su cuerpo.

No, no, no. Déjame explicarme primero, ahora mismo el chico está pasando por una transformación, un avatismo, su ADN mismo está cambiando a su forma más primigenia, sería un Ootsutsuki más puro que incluso tu padre mismo. Pero no tendría ninguna de sus habilidades, lo único que tendría a su alcance sería la capacidad de consumir otras cosas y ganar sus habilidades como algunos del clan antiguamente eran capaces, pero dejando las habilidades de lado, su simple Chakra sería suficiente para explotar una estrella como la que surca el cielo, estoy manipulando el sello actualmente para volverlo mucho más complejo y capaz de contener una cantidad de energía tan enorme.

Sin embargo, piensa por un momento Kurama. Los sellos capaces de contenerte fueron creados por aquellos que tenían un mayor manejo del Fūinjutsu que ningún clan que ha vivido en la faz de la tierra, para lograr algo similar, el dios de la muerte en persona tuvo que ser invocado. Aquí hablamos de algo millones de veces mayor a ti o al diez colas, no importa si el dios de los sellos en persona tuviera miles de años de planeamiento, no hay manera en la que tanto Chakra sea contenido por nada.

—…— Kurama guardo silencio ante la pequeña explicación que el dios árbol le estaba dando, antes de que su mente procesará todo lentamente—. Lo que estás diciendo es que la única manera de mantener al sello bajo control y que no todo explote…

Es primeramente devorando la mayor cantidad de Chakra en nosotros mismos como para que dicha explosión no suceda en primer lugar— termino la oración el dios árbol—. Piénsalo por un momento, 20 mil años de los momentos más oscuros de la humanidad, condensados en un solo fruto, algo como esto no se ha visto desde el primer fruto siendo devorado.

—…Suena a algo que podría ser beneficioso— comento el zorro al tiempo que pensaba detenidamente los detalles—. ¿Pero que pasará con nosotros consumiendo toda esta energía? ¿Qué pasará con el mocoso? ¿No le afectará el tenernos prácticamente de parásitos devorando su energía?

Tendrá suficiente para pelear por si mismo y para no matar a todo lo que se acerque a 500 kilómetros de él, el sello lentamente se abrirá, pero si queremos que esto funcione, no podemos tenerlo simplemente siendo un infante iluso que no sabe usar su propio poder, tendrá que ser entrenado para manejar su propia fuerza de un modo o de otro… y bueno, este chakra es especial, tanto por las propiedades de la segunda alma que transmigro aquí, como por la propia esencia del chico, ahora mismo estamos… podrías decirlo, evolucionando a seres más poderosos.

¿A qué te refieres con evolución?

Bueno, ¿Sabes acerca de cómo el Shinju original era un ser completamente sin género, pero Kaguya Ootsutsuki se fusionó con su esencia, y ella era una mujer?

—…No comprendo de lo que hablas.

Solo digamos que lo que les pasa a la voz de los niños en la pubertad te va a pasar a ti… en reversa. Pero bueno, antes de llegar a esa parte, el sello actualmente está abierto lo suficiente como para que interactúes con el exterior. Necesito que hagas algo antes de que humanos lleguen a interferir con el muchacho. Están destinado a más que ser la marioneta de una aldea.


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No había nadie allí que no estuviera alarmado.

Una cosa era haber tardado en intervenir cuando unos Chūnin parecieron intentar agredir al Jinchuriki del Kyūbi, otra muy diferente era perder completamente la pista de este cuando terminó lanzándose al desagüe sin pensar y ahora estaban siguiendo la única pista de su rastro que tenían.

La cual, hasta hace momentos, habían sido solo pisadas en una dirección en particular.

En dicha dirección, un pilar de energía plateada se levantó en el cielo, y el planeta mismo pareció sacudirse ante ello, dejando a todos congelados completamente ante lo que veían. El grupo de búsqueda, liderado por el Hokage en persona, solo pudieron ver, incluso los no sensores podían sentir la colosal muestra de Chakra, y los que eran sensores solamente podían sostener sus cabezas con un enorme dolor que parecía venir de todos lados.

Pero fue lo siguiente que vieron lo que jamás serían capaces de explicar.

Fue como si el mundo mismo fuera revitalizado.

En aquella dirección lo único que habían eran bosques muertos, nada de vida en los alrededores, pero de una manera inconcebible, líneas de color morado tenue se revelaron en el suelo como las venas de un cuerpo, extendiéndose por doquier, antes de que dichas venas pasaran de color morado a puramente plateadas.

El suelo empezó a llenarse de vida.

El pasto cubrió el terreno desolado, los árboles muertos volvieron a la vida, aguas cristalinas empezaron a surcar sin control por mareas, el mundo mismo parecía estar cambiando en aquella dirección.

Y entonces, una sensación de muerte llegó para los de Konoha, específicamente.

En lo lejano del bosque, una figura apareció.

El zorro de las nueve colas originalmente tenía cientos de metros, lo suficientemente grande como para parecer una montaña andante más que un ser que pudiera crecer para ser así de grande, pero incluso así, había seres en su nivel de tamaño.

En este caso, era algo totalmente diferente.

Un ser etéreo de chakra anaranjado se formó en el bosque, lo cuál sería alarmante de por sí, de no ser por algo.

Estaban todavía a kilómetros de llegar a dicho bosque, y podían ver al zorro de las nueve colas, creciendo y creciendo cada vez, llegando a niveles titánicos de tamaño que parecían no detenerse en lo más mínimo, los cientos de metros habían sido cambiados por miles, las nueve colas moviéndose con la capacidad de tapar el sol mismo, antes de doblar las rodillas, y… desaparecer completamente.

Al mismo tiempo que eso pasaba, Kurama se encontraba extendiendo su Chakra a través del sello, en su centro, un núcleo de color platinado brillaba, el zorro estaba sorprendido por su nueva velocidad y tamaño, siendo solamente una extensión de su chakra, y aún así, en menos de un segundo había dejado el país del fuego y ahora se encontraba surcando las aguas de sus océanos moviéndose a velocidades vertiginosas.

¿A dónde se supone que debo llevarlo?— le pregunto a su actual compañero de portador.

A un lugar donde no ha estado en su vida, un lugar seguro.


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Un par de ojos de color miel le regresaron la mirada a unos de color azul sin ninguna pisca de miedo o desprecio en ellos, al tiempo que ambos abrazaban sus rodillas y se veían el uno al otro fijamente, para que luego ella fuera quien se frotara los ojos primero.

Mah, mah, ¿Cómo puedes quedarte viendo las cosas por tanto tiempo sin parpadear? Me arden los ojos por un par de segundos— comento haciendo que él le viera confundido.

Una pequeña de cabello castaño y ojos miel llevaba un vestido de color azul andrajoso encima de su cuerpo, al mismo tiempo, un niño de cabello rubio y ojos azules le veía, confundido y temeroso.

Tu… ¿No me tienes miedo?— pregunto entonces, confundido.

¿Por qué te tendría miedo? Ni siquiera te vez tan feo— comento ella confundida, haciendo al pequeño rubio fruncir la cara por eso—. ¡Oye, no te ofendas, lo dije en el buen sentido! Es solo que todos los días te veo, todo mundo te trata de apartar y tú simplemente los dejas y te vas a sentar a ese columpio, es como el único amigo que tienes.

—…Todos dicen que mate a sus padres y por eso están aquí— comento el pequeño en la voz tenue.

Bueno, ¿Lo hiciste?— pregunto la pequeña castaña de regreso.

—…¿Eh?

Pregunte si los mataste, columpio-kun— le dijo ella con severidad, aunque igualmente con algo de sorna.

El rubio le frunció el ceño nuevamente—Mi nombre no es columpio— gruño antes de bajar los hombros y mirar hacia abajo—. Y… no lo sé, no recuerdo haber hecho algo así pero… todo mundo actúa como si lo hice.

¡Pues entonces solamente estás dejando que te lancen la culpa por algo que no hiciste columpio-kun! ¡Solamente te estás dejando pisar!

¡Mi nombre no es… mi nombre no…!— el pequeño bajo la voz al tiempo que procesaba las palabras que ella le acaba de decir.

Luego se paro y le dio una sonrisa traviesa—Mira, si no quieres que te llamé por lo único que se de ti, ¿Qué te parece decirme tu nombre?

Demonio— murmuró él pequeño—. Así es como todos me llaman.

Ella se le quedo viendo fijamente antes de simplemente poner los puños en su cintura con una expresión molesta—Ese es un nombre que no va con alguien tan lindo como tú— Naruto sintió como algo de calor le surcaba las mejillas ante esas palabras, sorprendiéndole, antes de que ella cambiará eso con algo que le molestó—. Te seguiré llamando Columpio-kun.

¿Y cuál es tu nombre entonces?— pregunto el rubio con molestia, cruzándose de brazos y viendo a otro lado.

Bueno, no tengo apellido, pero puedes llamarme…

—...Emiko— murmuró una voz seca en medio de un enorme prado lleno de pasto, alzando su mano al cielo de la mañana, antes de que sus ojos se dilataran por la luz que les golpeaba, se tapa la cara con los dedos sintiendo… sintiendo sus dedos.

Dos ojos con la iris de color azul metálico se abrieron, regulando la luz que pasaba por su retina, viendo una piel pálida como el mármol y cabello platinado que le pasaba por los ojos, pero viendo por encima de todo, las protuberancias de un cristal negro saliendo en forma de dedos, en forma de garra.

Uzumaki Naruto… no, ese nombre está un poco de lado considerando que ahora eres mucho más.

Una voz sonó en su cabeza, al tiempo que Naruto sentía como si empezará a volar en medio de ningún lugar.

Necesitamos hablar.